AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 30 Noviembre  2016

Los presupuestos del desgobierno español y del secesionismo catalán
EDITORIAL Libertad Digital  30 Noviembre 2016

Es lógico y natural que el Gobierno del PP negocie a varias bandas si quiere sacar adelante los Presupuestos y evitar la convocatoria de unas nuevas elecciones. En este sentido, nada hay que objetar a que el Ejecutivo busque un acuerdo con el PNV sin que por ello tenga que renunciar a conseguir la abstención del PSOE. El problema, en todo caso, será el grado de cesión y de desgobierno que Rajoy esté dispuesto a asumir con tal de evitar los comicios.

Si se tiene en cuenta que una de las razones por las que urgía la formación de un nuevo Gobierno era la de llevar a cabo los ajustes necesarios para poner coto al déficit y al endeudamiento públicos, no parece lo más responsable tratar de ganarse la abstención del PSOE tentando a sus mandatarios autonómicos con un techo de gasto menos exigente y con un menor rigor a la hora de cumplir con lo objetivos de reducción del déficit. A este respecto, conviene recordar que prácticamente todas las amonestaciones que Bruselas ha hecho a España por los incumplimientos a la hora de ajustar gastos e ingresos han puesto especial énfasis en el descontrol del gasto autonómico por la no aplicación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

Otro tanto se podría decir de un eventual acuerdo con el PNV: en el mejor de los casos, el PP deberá acceder a renegociar el cupo y financiar nuevas infraestructuras en dicha comunidad. Y eso si no hay otro tipo de cesiones, como la retirada por parte del Gobierno central de algunos recursos de inconstitucionalidad que Sáenz de Santamaría todavía no ha querido concretar.

Tiempo habrá de ver lo que cuesta a los españoles, en términos de impuestos y deuda pública, el "deshielo" de las relaciones con el PNV y la negociación del techo de gasto con las comunidades autónomas socialistas. Lo que ya se sabe es a cuánto va ascender la malversación de fondos públicos que la Generalidad de Cataluña quiere consignar en sus Presupuestos a la ilegal convocatoria secesionista del próximo año: 5,6 millones de euros. Eso, por no hablar de los 57 millones que los mismos presupuestos destinan al desarrollo de la no menos ilegal Hacienda propia, o los 64 millones para fomentar la actividad propagandística de las embajadas catalanas.

Por mucho que el ministro de justicia, Rafael Catalá, diga que" nadie está por encima de la ley" y que "en un presupuesto no se pueden destinar partidas económicas a asuntos que no son competencia de la comunidad autónoma", lo cierto es que el Gobierno de Rajoy no sólo está tolerando desde hace años que la Generalidad haga lo que es ilegal hacer, sino que, además, lo financia, indirecta pero de forma decisiva, a través del Fondo de Liquidez Autonómica o, ahora, con un todavía mayor techo de gasto para las CCAA.

Habrá que dar, sin duda, tiempo al tiempo. Pero sostener la ficción de que hay un Gobierno del PP por el hecho de que Rajoy haya sido investido presidente puede resultar a los españoles bastante más caro que la convocatoria de unas nuevas elecciones.

EL DERRIBO DE UPYD
El cambio era esto: más nacionalismo y menos igualdad
Rosa Díez El Espanol 30 Noviembre 2016

Es la historia de la España moderna. De este periodo en el que los poderosos se dieron cuenta de que la cosa iba de cambio y decidieron, como no podía ser menos, que ellos designarían quién era el cambio.

Como intentamos explicar durante los dos últimos años -sin que nadie nos prestara atención, los unos por ingenuidad y los otros porque estaban en la pomada- la operación para que Ciudadanos saltara desde Cataluña al resto de España se empezó a gestar cuando CIU se fue al monte con los independentistas. El establishment económico -propietario de los medios de comunicación españoles, entre otras cosas- y político -PSOE y PP, ambos dispuestos a seguir cediendo al nacionalismo lo que hiciera falta para tenerle tranquilo, pero sin que se notara demasiado que era a costa de la igualdad de todos los españoles- llegaron a la conclusión -tarde, recuerden aquel editorial conjunto de todos los medios de comunicación en Cataluña- de que hacía falta un partido que sustituyera a CIU con un dirigente dispuesto a jugar el papel de Duran i Lleida: catalanista en Cataluña y hombre de Estado en Madrid.

Y lanzaron la operación, primero apoyando el movimiento ciudadano para las elecciones europeas -decenas de portadas contando la gesta de Rivera por toda España, los miles y miles de afiliados, las pasiones que movía en foros y plazas- y después entrando a saco y colocándole como el líder indiscutible de eso que ellos mismos denominaron -el Presidente del Sabadell lo hizo- "el populismo de derechas". Todo ello adobado por panegíricos sobre su carisma, su juventud, su capacidad, su centrismo, su patriotismo....

Ese espacio de partido nacional centrado al que aspiraba Ciudadanos -bueno, más bien sus promotores del IBEX y de los medios de comunicación a su servicio- estaba sociológicamente ocupado por UPyD. Por eso la operación lanzamiento tenía que incluir el apartado derribo. Y también por eso durante año y medio -desde las europeas del 2014 hasta finales del 2015- lo único que se hablaba o escribía sobre UPyD era que nuestro proyecto estaba "agotado”. El principal argumento para demostrar que nuestro tiempo había pasado era que no salíamos en las encuestas, cosa normal puesto que ni siquiera preguntaban por nosotros.

Un partido que se negaba a fundirse con C's y que insistía en explicar que ambas organizaciones no eran lo mismo, que podían colaborar pero no a costa de la desaparición del primero -que era quien había roto el bipartidismo en España, que había demostrado tener un proyecto de país y lo había defendido en las instituciones- resultaba una molestia para que la operación maquillaje -por cierto, entre la dirección de C’s la llamaban Operación Pepino- tuviera éxito a corto plazo.

Por eso vinieron a por nosotros; salvando las distancias y para que me entiendan: ETA asesinaba a ciudadanos inocentes no porque les tuvieran manía, sino porque les estorbaban para conseguir sus objetivos totalitarios. Por eso nos mataron políticamente a nosotros: porque éramos un estorbo.

Aquella UPyD autónoma, que sentó a los capitostes económicos y políticos del país ante los tribunales, que se negó a aceptar que los testaferros de ETA se sentaran en las instituciones sin renunciar a su pasado ni colaborar con la justicia; que se querelló contra los independentistas catalanes por celebrar un referéndum inconstitucional; que no se doblegó nunca a los intereses partidarios y siempre puso por delante los intereses de España... era un incordio con el que había que acabar. Y sí, acabaron con nosotros para que Ciudadanos ocupara cómodamente ese espacio y para que nadie tuviera que escuchar ni rebatir en las instituciones la voz sensata, solvente, radical en lo importante, moderada en lo necesario, constitucionalista sin complejos. Para que nadie se tuviera que mirar en el espejo y les devolviera su verdadera imagen, la de un partido sometido a los intereses de quien les pagó la carrera y está obligado a devolver los créditos.

Ahora lo ve mucha gente, pero ya es tarde, porque el círculo está cerrado y los conseguidores del pacto con los independentistas que no respetan la ley pueden respirar tranquilos. Y Arrimadas discursea a favor del catalanismo, y su jefe de filas, Rivera, la apoya. ¿Se imaginan a un dirigente de un partido nacional definiéndose españolista? Ciudadanos ya busca claramente ocupar el espacio nacionalista que CIU dejó vacío en Cataluña y en el conjunto de España. No quieren una Cataluña más plural y más constitucionalista, sino una España más pequeña que conviva de igual a igual con una Cataluña en la que el constitucionalismo se diluya y su espacio sea ocupado por ese catalanismo que no es otra cosa que pura retórica para no llamarse a sí mismos nacionalistas moderados. Una vez más se prostituye el lenguaje al servicio del nacionalismo.

Y todo queda en su sitio, nada cambia. Necesitaban un partido en Cataluña que sumaran -el PP y el PSE solos no llegaban y CIU ya estaba en otra cosa- para hacer el pasteleo de cesión ante el nacionalismo excluyente que lleva años rompiendo la convivencia entre catalanes y destruyendo la sociedad plural en esa comunidad y ya lo tienen: en el Parlamento nacional y en el catalán. Ahora todos pueden respirar tranquilos, insisto. Y Susana Díaz puede proponer sin tapujos que “hay que cambiar la Constitución para Cataluña”; y Feijóo puede proclamar en Barcelona que “la ley no puede ser un impedimento”.

Necesitaban que en las instituciones no estuviera nadie dispuesto a seguir dando la batalla en pro de la igualdad de derechos de todos los españoles; necesitaban que no hubiera nadie que se pudiera levantar en la tribuna del Congreso de los Diputados para defender la Constitución, la causa justa y denunciar la flagrante traición que se está cocinando.

Así que nada, aquí estamos. Y a nadie parece importarle que en el pacto entre el PSE y el PNV se llame a los asesinos “personas presas” y se proclame la nación vasca o el derecho a decidir. Y todos están felices de que en el llamado asunto catalán no haya líneas rojas, que diría Feijóo, ni siquiera la ley. Y que Duran i Lleida se haya transmutado en un chico joven y con pelo, dispuesto a pagar la hipoteca antes de que le desahucien. El cambio era eso: menos España, menos progreso, menos igualdad. Pero pueden estar tranquilos porque ya nadie se subirá a ninguna tribuna para denunciarlo porque estos españoles sin complejos, incorruptibles y radicales en la defensa de la igualdad entre ciudadanos españoles, están todos es su casa. Y algunos, como yo, escribiendo estas cosas tan políticamente incorrectas.

La última esperanza de Europa
El Libre Pensador esdiario 30 Noviembre 2016

La victoria de Fillon ha sido un duro golpe para el Frente Nacional ya que las posibilidades de ganar las próximas elecciones se alejan tras la victoria de un candidato atípico en el país.

La formidable victoria de François Fillon en las primarias de Los Republicanos franceses, con el 67% de los votos, es sin duda, una de las mejores noticias que el liberalismo ha tenido en los últimos tiempos. En un país como Francia, con unas profundas raíces socialdemócratas, donde papá Estado es un miembro más de la familia, al igual que en el resto de los países mediterráneos, como España, Italia o Grecia, la sorprendente victoria de Fillon, proporciona algo de luz en una Europa, cada vez más amenazada por los populismos intervencionistas de toda índole.

En Francia, ya muchos lo colocan como el favorito para ser el próximo presidente del país galo, y es que su victoria, ha pillado a contrapié a la basura ideológica representada por Marine Le Pen y su infame Frente Nacional. Cuando el discurso elaborado, todo lo elaborado que puede ser un discurso de estos indigentes intelectuales, se centraba en atacar a Sarkozy acusándole de cobarde, y a Juppé, segundo en las primarias, de izquierdista, la victoria de Fillon ha sido un duro golpe para el Frente Nacional, ya que las posibilidades de ganar las próximas elecciones, se alejan tras la victoria de un candidato atípico en el país galo.

Su programa es atractivo, innovador y lleno de envidiables propuestas, para un país carcomido por las termitas intervencionistas. Representa una autentica revolución estructural para Francia. Sus propuestas más relevantes son elevar a 65 años la edad de jubilación (actualmente en 62 años), bajar los impuestos directos, la eliminación del ISF (impuesto sobre la fortuna), reducir el gasto público del 56% al 49%, reducir las subvenciones dirigidas especialmente a personas que se benefician de ellas durante un largo periodo, bajar el Impuesto de Sociedades del 33’3% al 24%, eliminar las barreras para los emprendedores y reducir la carga fiscal a los autónomos.

En las próximas elecciones francesas, está en juego no sólo el futuro de España (Francia es nuestro principal socio comercial y político), sino también el de la Unión Europea. La Unión Europea se sustenta en Alemania y Francia, y en el mismo momento en el que una de las dos patas se resquebraje, el proyecto europeo se verá arrastrado y engullido por el oscuro letargo que supone el populismo. Si los franceses son valientes y otorgan a Fillon la confianza para ser su próximo presidente, será una bofetada para todos aquellos líderes socialdemócratas que ostentan el poder en la mayoría de los países europeos y una demostración, de que el liberalismo, ni siquiera aplicado en su máximo exponente, es la única forma de erradicar el populismo que amenaza la libertad de los europeos.

En definitiva, el candidato de la derecha, a diferencia de lo que ofrece el Frente Nacional (más Estado y menos libertad), ofrece a su enfermo país una solución sin precedentes, menos Estado y más libertad. Ello servirá para hacer frente a los retos que el futuro presenta, que son muchos, otorgando a los franceses de mayor responsabilidad y libertad para hacer frente a los mismos. El éxito de las medidas de Fillon, será un una lección para el resto de los países de la Unión Europea, lastrados por el intervencionismo y la cobardía y así, de una vez por todas, eliminar paulatinamente el fantasma nacionalsocialista que acecha Francia durante décadas.

Como dijo Étienne de La Boétie: "Lo que los hombres más aman en esta vida es la servidumbre. De lo contrario no serían siervos".

Castrados
Ignacio Ruiz-Quintano ABC 30 Noviembre 201

La indignidad mundial que supone el tratamiento mediático de la «castroentiritis» es la obra maestra de la socialdemocracia (muy herida por la ruina de Obama y los Clinton): cultura de izquierdas, política de centro y economía de derechas.

Para los cuatro interesados en la locura de la libertad recomiendo, sobre castrismo, dos libros, trepidantes de humor (negro) y de amor (blanco) «a los cubanos sin Cuba, que son todos»: «Mea Cuba», de Cabrera Infante, que resumió el castrismo inaugural en un rizoma ideológico («el comunismo es el fascismo del pobre»), y «Del clarín escuchad el silencio», de Pardo Lazo, que resume el castrismo crepuscular en una carencia crónica de libertad que, contrario, dice, a lo que despotrican los infantilismos de izquierda, consiste en una costra de burocracia aburrida, de represión rutinaria, de esclerosis moral, de catatonia institucional, de apatía y anomia innatas: de no saber ni nombrar qué coño es lo que nos pasa.

–Nuestro siglo XX no acabará hasta que no enterremos a Fidel Castro y en Cuba sea legal bailarle encima una rumba de cajón, qué vacilón… Por mi parte ya no espero nada, ni siquiera la ausencia. Cuba será libre. Yo nunca lo fui.

Su muerte, profetizó, será táctil: el amén cubano de extremaunción le llegará con puntitos apretados sobre su piel verde oliva –tatuaje textil–, cosquillita castrólica de las manos mujeres del cardenal: Monseñor Jaime lo ama. Y los feligreses aman al monseñor con una felicidad falaz, de traducción trucada y sonrisita soez. «J’aime». Jaime.

Y este fogonazo de magnesio: «El caballo estaba atado a un coche en divisas convertibles de la Oficina del Historiador. Asumí que me había elegido a mí como testigo para morir menos solo. Sobre nuestras cabezas, la pancarta ideológi-comercial de un Fidel Castro anciano le sonreía ahora más picarón a los curiosos. La sorna no podía ser más helocuente, con hache himpronunciable: '¿ya lo vieron, cabroncitos? ¡yo sí que sobreviví!'»

Colombia, la última víctima de Castro
Emilio Campmany Libertad Digital 30 Noviembre 201

Mientras escribo, se debate en el Senado colombiano la rendición ante las FARC. El acuerdo, patrocinado por los Castro y toda la izquierda occidental, ha superado el escollo de haber sido rechazado por el pueblo colombiano mediante el expeditivo recurso de no someterlo esta vez a su consideración. Cuando Juan Manuel Santos decidió convocar un referéndum para ratificarlo no lo hizo por gusto, sino para blindarlo frente a cualquiera que en el futuro quisiera revisarlo. Pero, a la vista del obstinado empeño del pueblo colombiano en conservar su dignidad, Santos ha decidido que al nuevo acuerdo, un simple refrito del anterior, le basta la ratificación del Congreso, donde el presidente disfruta de mayoría. Dado su alcance, que incluye la creación de tribunales especiales para exculpar a los terroristas o la atribución de escaños a las FARC sin necesidad de tener que ser elegidas, Santos asume el riesgo de que el acuerdo, sin referéndum, sea tachado de inconstitucional. De hecho, Álvaro Uribe está pensando en abstenerse, en vez de votar no, para poner en evidencia la inconstitucionalidad del procedimiento.

Los tribunales especiales para la paz que crea el acuerdo no sólo están encargados de blanquear a los terroristas, sino que también podrían juzgar a los militares y policías que, en su lucha contra las FARC, hayan podido contrariar a Timochenko. Esta pesadilla que está sufriendo uno de los pocos países hispanoamericanos que, a pesar las muchas dificultades, ha logrado conservar su democracia como algo más que aparente sólo ha sido posible por el vergonzoso y abrumador respaldo que ha recibido desde Occidente. El patrocinio de los Castro debería haber bastado para que países como Estados Unidos, España o toda la Unión Europea se mostraran más recelosos. Pero como aquí cualquier cosa que se haga en nombre de la paz ha de ser necesariamente buena, Obama y, detrás de él, toda la progresía occidental han respaldado el oprobioso acuerdo.

Encima, todo ha tenido que ser amañado echando virutas para que Santos pueda presentarse en Oslo a principios del mes que viene a recoger el premio Nobel de la Paz con algo que ofrecer a los parlamentarios noruegos. Mucho más cuando Noruega, además de Cuba, es garante del dichoso acuerdo. Si a Obama se lo dieron sin hacer nada, cómo no se lo iban a dar a Santos después de haberse rendido al terrorismo de extrema izquierda. Mucho más haciéndolo con la garantía de Noruega. No obstante, deberíamos agradecer al país escandinavo que, a pesar de haber sido escenario de parte de las conversaciones que Zapatero mantuvo con la ETA, tuviera el detalle de no dar el Nobel a nuestro solemne.

Qué triste es ver cómo un pueblo empeñado en conservarla ve pisoteada su dignidad por sus dirigentes, calzados con las botas de una dictadura comunista y apoyados en el carcomido báculo de la izquierda occidental.

Castro I: la Historia lo disolverá
Zoé Valdés Libertad Digital 26 Noviembre 2016

Castro I se ha muerto otra vez. Aunque esta será la definitiva, puesto que su hermano Castro II lo ha anunciado con ese tono tan melodramático de telenovela trasnochada y esa voz gangosa de alcohólico empedernido. Se acabó la presencia opresiva, físicamente apabullante en la mentalidad de los cubanos, pero sólo nos daremos cuenta cuando haya pasado algún tiempo, años quizás.

Sí, porque el mundo se empeña hoy en revendernos una vez más aquel producto ya tan vencido. Podrido y maloliente. Ese producto de marketing inventado malévolamente por Castro I y comprado por el planeta entero: Él y su Revolución en un solo envase. Los compradores, por supuesto, confundieron a Castro con Cuba, y creyeron y creen todavía que la fiesta la inventó el tirano, y cuando hablan de Cuba sólo se refieren a la isla envuelta en esa especie de fiesta ridícula y bullanguera con la que los izquierdistas internacionales etiquetaron a mi país. No, Cuba no es Castro. Ni Castro entendió jamás lo que es Cuba. Ni los compradores del producto tampoco se podrán empatar con la verdadera cultura cubana, que sólo tiene de festivo aquella frase lúgubre y hermética de José Lezama Lima: "Nacer es aquí una fiesta innombrable".

Murió Castro I, y aquí en Francia, François Hollande intenta una suerte de maroma lamentable, y vuelve a citar el malvado embargo de Estados Unidos. No se entera de nada Hollande, pero ya es habitual en él que no se entere de nada. Ha muerto el tirano y el presidente encuentra la más patética de las bifurcaciones: el embargo. Por supuesto que no se ha referido al embargo que el castrismo le ha impuesto a los cubanos durante 57 años, pronto 58, campos de concentración incluidos, las UMAP; no, Hollande se refiere al embargo norteamericano que nunca impidió que Cuba fuera invadida por más de treinta años por los soviéticos y que comerciara, por otra parte, con el mundo occidental, con Francia también. Tampoco explica el origen de ese embargo, que nunca llegó a ser embargo, sino boicot comercial. Y así tendremos que quedarnos.

Pero Hollande no ha sido el único, ha seguido la comparsa de elogiosos, sobre todo de políticos, y la inercia ignorante de la mayoría de los periodistas de los miedos de comunicación que cuentan la historia de Cuba a conveniencia del tirano, a su imagen y semejanza, versión Comité Central.

Pensé que la muerte de Castro me iba a poner muy feliz, y que podría por fin aquí en Francia explayarme contando la verdad acerca de la dictadura castrista. Pues no. Sólo siento un gran asco. Un inmenso asco. Es todo. Por supuesto, archivo rostros y palabras, como las de Justin Trudeau en Canadá, y otros tantos, que algún día pagarán por sus ofensas al pueblo cubano.

Recuerdo ahora a mis padres, muertos en el exilio. Recuerdo a tantos hombres y mujeres ejecutados masivamente en los campos de fusilamiento, y evoco a los escritores, pintores, músicos, exiliados y muertos antes de poder vivir este gran instante de liberación personal que ninguno de estos lamebotas del Dictador Predilecto podrá entender.

Sí, muertes y más muertes. Doce niños masacrados en el año 1993, en el remolcador Trece de Marzo, líderes de la oposición asesinados, fusilamientos de los colaboradores más cercanos del dictador, entre los que se encuentran generales y antiguos esbirros.

Pero no. Así y todo lo llaman aquí el Gran Líder, Máximo Revolucionario, cuando lo único que ha sido es el peor de los gángsteres, el matón en jefe, el que ha vendido a Cuba primero a los soviéticos y ahora a los americanos. El indeseable que inoculó el veneno del comunismo en África, que usó armas químicas en aldeas africanas, el inventor de la guerra de guerrillas, el inspirador de las narcoguerrillas y de los terroristas de la ETA, el traficante de drogas que ha sabido escapar siempre, amparado por la complicidad internacional, de cualquier tribunal y enjuiciamiento, con sus mañas seductoras de revoltoso eterno. El que destruyó un gran país como Venezuela, le chupó el petróleo, le robó el oro, se apoderó de todas sus riquezas. Lo que hizo primero con Cuba, instaurando una de las peores dictaduras militares que han existido en el mundo.

Vuelvo a oír en la radio que si antes de 1959 Cuba era el burdel de los americanos, que si la burguesía huyó de la isla a la llegada del Gran Comandante de la Revolución. Cuántas necedades. Cuba es ahora el burdel del mundo, sobre todo de los europeos. Cuánto insulto a las mujeres cubanas, a las trabajadoras y a los trabajadores que contribuyeron a hacer de mi país uno de los más desarrollados países del continente en el año 1957. Cuánta mentira. La burguesía no escapó de Cuba. Los burgueses racistas y clasistas fueron los que pusieron en el poder a Fidel Castro, blanco y burgués, hijo de gallego terrateniente. Su amante burguesa, Natalia Revuelta, reunió dinero y joyas entre sus amigas para esa revolución de churrupieros inmorales. Su esposa burguesa, Mirtha Díaz-Balart, le consiguió con su cuñado, ministro de Fulgencio Batista, una típica botella, un salario fijo mensual sin hacer nada, o sí, para que hiciera de las suyas, para que pusiera bombas y se convirtiera en el terrorista que fue, que no se detuvo a la hora de asaltar un hospital de un cuartel militar y de hacer estallar bombas en los cines y en los comercios habaneros.

Sí, estamos hablando del padre de Osama ben Laden. Del mismo que cuando fue juzgado y condenado solamente a un año de prisión tras el asalto al hospital militar se le permitió defenderse como abogado, y pronunció aquella célebre frase copiada a Adolf Hitler: "La Historia me absolverá". No, la Historia no lo absolverá. La Historia lo disolverá. Basta ya de creerse Carlos Manuel de Céspedes, y de apropiarse de los versos de José Martí.

Mientras tanto, en Cuba, el pueblo finge como que llora mientras festeja por dentro, y en Miami los exiliados de diversas generaciones, sobre todo jóvenes, festejan mientras lloran por dentro. En Francia, en París, los cubanos tenemos que soportar las mentiras repugnantes de los admiradores del Sanguinario de Las Antillas. Pero yo me niego, me sigo negando. Colgué mi bandera cubana en el balcón, y junto a mi hija he gritado a todo pulmón: "¡Viva Cuba Libre!".

Por el único que he sentido pena es por el Diablo, se quedará sin empleo en el Infierno.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Ante el secesionismo, ley y zanahoria
El rugido del león El Espanol 30 Noviembre 2016

La inclusión en los presupuestos de la Generalitat de varias partidas por casi 6 millones de euros para la celebración de "procesos electorales y participativos" constituye un nuevo salto hacia delante del independentismo en su desafío al Estado.

Con estas asignaciones en su proyecto de cuentas públicas para 2017, Carles Puigdemont cumple con la CUP y demuestra que su compromiso de celebrar un referéndum unilateral de independencia en septiembre no tiene vuelta atrás. La misma intencionalidad política se desprende de la inversión prevista para impulsar la hacienda catalana, que pasa de 36 a más de 93 millones de euros pese a que es una de las estructuras de Estado contemplada en la ley de desconexión que el Tribunal Constitucional anuló hace cuatro meses.
Pulso al Estado

Al presentar estos presupuestos al Parlament, el Gobierno de la Generalitat deja claro que sigue apostando por una política de hechos consumados para doblarle el pulso al Estado sin importarle ni las sentencias judiciales ni la política de deshielo emprendida por el Gobierno.

No en balde, esta vuelta de tuerca al procés se ha hecho pública horas antes de que la vicepresidenta y ministra de Administraciones Territoriales, Soraya Sáenz de Santamaría, tenga que contestar una interpelación de Francesc Homs. Según sus allegados puede aprovechar la ocasión para ofrecer a los nacionalistas acuerdos e inversiones con los que engrasar el mutuo entendimiento.

Si va de suyo que el desafío secesionista exige audacia política y capacidad de seducción para reconducir el problema en lugar de que se siga enquistando como hasta ahora, vuelve a quedar patente que no habrá cesiones ni inversiones estatales capaces de contentar a quienes han hecho de la independencia de Cataluña su modo de vida y su razón de existir. Una cosa es intentar satisfacer las necesidades de Cataluña y otra no responder a los desafíos del independentismo.
Impugnación

La mano tendida del Gobierno hacia los nacionalistas debe ser compatible con intentar aplicar escrupulosamente las leyes y sentencias. En primer lugar, la vicepresidenta debe hacerles recapacitar para que desistan de asignar partidas de gasto a desarrollar materias sobre las que la Generalitat no tiene competencias. Y si el Govern catalán no se aviene a razones, en el mismo momento en el que la mayoría secesionista del Parlament apruebe estos presupuestos, el Consejo de Ministros deberás promover un incidente de ejecución para impugnar los presupuestos de la Generalitat ante el Constitucional. Será el cuarto en muy poco tiempo y todo augura que el choque de trenes será inevitable. Y en ese caso el Estado impondrá la legitimidad de su fuerza.

Cataluña, el truco del almendruco
Fernando Onega La Voz 30 Noviembre 201

Mientras la vicepresidenta Sáenz de Santamaría prepara su estrategia para quedar como la estadista que salvó la unidad de España en Cataluña; mientras el presidente Núñez Feijoo pide a su jefe político, el señor Rajoy, más teléfonos y menos líneas rojas para rebajar la tensión con esa comunidad autónoma, y mientras las encuestas indican que desciende alguna décima la voluntad popular de separarse de España, los independentistas (que son el Gobierno catalán y la mayoría parlamentaria) siguen con su hoja de ruta sin más preocupación que esta: ver con qué trucos y engañifas consiguen evitar los vetos del Tribunal Constitucional. A eso dedican su tiempo, su inteligencia y su imaginación.

Ayer, el señor Oriol Junqueras, gran padre filosofal de la república catalana, presentó los presupuestos de la Generalitat del año 2017 e incluyó en ellos una partida de 5,8 millones de euros para «procesos electorales y participativos». Y después se quedó tan ricamente al preguntar a los asistentes al natalicio de las cuentas: «¿Dónde está presupuestado el referendo?». Parecía uno de esos magos que dicen a su público: «Nada por aquí, nada por allá» y de pronto aparece en su mano una blanca e inocente paloma en forma de consulta popular. ¡Gran ingenio político! ¡Gran capacidad de prestidigitador! Todo el mundo ve que es la partida del referendo que exigen los antisistema de la CUP para apoyar los presupuestos. Pero ellos se creen tan sabios y tan astutos, que el Tribunal Constitucional será el único en no verlo. ¡Se la hemos metido doblada!, dirán mientras abren botellas de cava que ya tienen a enfriar.

Y ahí tenemos otra vez los resultados de muchos años de pensar que el soberanismo de Cataluña es un entretenimiento y de no hacer nada desde la Administración del Estado: los independentistas avanzan a su manera en su proyecto. Destinan a la construcción de su Estado propio y soberano un dinero que después repondrá el Estado español a través del Fondo de Liquidez Autonómica. Y un grupúsculo con diez modestísimos escaños en el Parlament (la CUP) parece que tiene la mayoría absoluta. Desde luego, tiene la mayoría suficiente para imponer sus caprichos y condiciones -también sus odios a España- a la coalición gobernante.

¿Qué le dirán ahora a la vicepresidenta? ¿Eso mismo de que no aparece la palabra referendo? ¿O le dirán aquello de «no se preocupe, señora, solo es para que la CUP apruebe el presupuesto, pero no vamos a hacer nada»? Veo estos trucos, asisto esperanzado a los propósitos de diálogo de Sáenz de Santamaría, escucho los buenos consejos de Feijoo, pero no puedo evitar una sensación: el tren de la independencia no se detiene y quizá sea tarde para intentarlo detener.

La Generalitat redobla su desafío al Estado de Derecho
Editorial La Razon 30 Noviembre 201

La Generalitat de Cataluña ha cumplido con la CUP al contabilizar en los Presupuestos una partida para celebrar el referéndum de independencia, tal y como la formación anticapitalista había puesto como condición para seguir sosteniendo a Puigdemont y a los vestigios de Convergència. Los independentistas no esconden sus intenciones, aunque se han protegido con alguna treta legal para que no sea recurrida, y han destinado 5,8 millones de euros a la consulta prevista para septiembre de 2017. Se podría decir que se trata de una «partida-farsa» destinada a evitar el control preventivo de la Administración del Estado y regulada por una disposición adicional por la que el Gobierno de la Generalitat se compromete a dotar de fondos y organizar «un proceso refrendario sobre el futuro político de Cataluña», según el propio texto presentado ayer por Oriol Junqueras como el cumplimiento «con el mandato democrático de las urnas».

Además, se ha incrementado en un 65% el fondo de contingencia, reserva de la que dispone el Gobierno para «imprevistos». Los nacionalistas parten de que estas partidas son difícilmente recurribles al usar conceptos tan genéricos como «procesos electorales» y «participativos», además de que son las fórmulas que se han empleado en otros Presupuestos. A diferencia de la consulta del 9-N, que fue presupuestada al departamento de Gobernación, la actual dependerá directamente de Junqueras. La Mesa del Parlament ha admitido a trámite las cuentas, desoyendo la advertencia de los letrados de Cámara, que consideran que a inclusión de partidas vinculadas al desarrollo del «proceso» puede ser ilegal.

Queda claro que la Generalitat busca la confrontación directa con el Estado y renuncia a cualquier vía de diálogo seria, como la que ha ofrecido la vicepresidenta del Gobierno Sáenz de Santamaría. Como prueba de que los independentistas quieren forzar la máquina –que es el combustible para seguir manteniendo vivo el «proceso»–, han presentado los Presupuestos dos días antes de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera, por lo que cabe pensar que el representante de la Generalitat tampoco asistirá, de la misma manera que Puigdemont no acudirá a la conferencia de presidentes autonómicos que Rajoy ha convocado para principios de 2017. No otro objetivo que el de dinamitar los puentes.

Estamos ante unos Presupuestos al servicio del «proceso» y que cumplen al detalle el desafío anunciado en la hoja de ruta soberanista, como queda claro con el incremento de la partida de Asuntos Exteriores y Transparencia, que pasa de 34 millones de euros en 2015 a 64, lo que hace suponer que se va a multiplicar la acción internacional, además de que dicho departamento se ocuparía de la «organización, gestión y seguimiento de procesos electorales». La provocación es evidente y ante ella sólo cabe la aplicación de la Ley, pero antes hay medidas parlamentarias que deben tomarse para impedir que dichas cuentas salgan adelante en febrero, la fecha prevista.

Una vez admitidas a trámite –con el apoyo, además, de la franquicia catalana de Podemos–, queda la presentación de enmiendas a la totalidad, cuyo debate se celebraría el próximo 20 de diciembre, aunque las fuerzas constitucionalistas no tienen la mayoría. Estamos de nuevo ante una burla inadmisible, que rompe las reglas básicas del Estado de Derecho y ante el que deberán dar cuenta los responsables de la Generalitat, que vuelven a demostrar su desprecio a a Ley.


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