AGLI Recortes de Prensa   Viernes 2  Diciembre  2016

De nuevo una subida fiscal en lugar de reducir el gasto
EDITORIAL El Mundo 2 Diciembre 2016

El Gobierno de Mariano Rajoy lo ha vuelto a hacer. Inicia su segunda legislatura con otra subida de impuestos. Esta vez no toca el IRPF ni el IVA, como en 2011, pero sí el Impuesto de Sociedades y algunos especiales, como los que gravan el consumo de alcohol y de tabaco. Además, establece una nueva tasa a las bebidas azucaradas, es decir, a los refrescos. El Consejo de Ministros informará hoy de los detalles de estas medidas, que tienen como fin cuadrar las cuentas para conseguir los 5.500 millones de euros de ajuste que la Comisión Europea nos pide para reducir el déficit público al 3,1% en 2017.

Lo primero que hay que considerar es que ese esfuerzo adicional obligatorio se debe a que el Ejecutivopopular no ha cumplido con sus compromisos previos. Es más, no ha sido capaz de adecuarse a la senda pactada con Bruselas en un solo año de la anterior legislatura, aunque hay que reconocer que el esfuerzo fiscal realizado- pasar del 9,6% de 2011 al 4,6% de 2015- en medio de una recesión ha sido muy grande.

Pero también hay que preguntarse si el Ejecutivo ha hecho todo lo que estaba en su mano por el lado de reducción del gasto estructural del Estado y la respuesta es claramente negativa. Y para botón vale una muestra: el número de funcionarios y personal laboral de las distintas administraciones es ahora mayor que en el inicio de la crisis. No hace falta recordar que medidas anunciadas en la anterior legislatura como la reducción de las innumerables empresas públicas o la racionalización del entramado administrativo, han sido simples operaciones cosméticas que no han servido para mucho.

No parece que la situación haya cambiado. Aunque el Gobierno ha anunciado algunas reformas para controlar el gasto, como un plan de ahorro de 900 millones de euros en la Administración el próximo año y un incremento de la lucha contra el fraude fiscal, el grueso del ajuste se va a volver hacer con otra subida de impuestos, que repercutirá sobre todo en las empresas.

En total, Hacienda planea recaudar unos 6.000 millones de euros con este incremento de los tributos, de los que unos 4.500 millones llegarán por el Impuesto de Sociedades por la vía de eliminación de algunas deducciones, que se suman a los 8.000 millones que ya han tenido que adelantar este año las compañías por los cambios en los pagos fraccionados del impuesto. Aunque es cierto que en España las empresas pagan de media mucho menos que el tipo del 25% sobre los beneficios establecido en la última reforma de Montoro, una subida de la presión fiscal cuando la tendencia en los países de nuestro entorno es la contraria, no parece la más adecuada.

François Fillon, recién elegido candidato de Los Republicanos para las elecciones presidenciales francesas, ha prometido una rebaja de 40.000 millones en los impuestos que soportan las empresas. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, ha anunciado una medida similar para el presupuesto de 2017. Y la premier británica, Theresa May, quiere reducir del 25% al 15% el Impuesto de Sociedades en su país, aunque en este caso, la razón tiene más que ver con el establecimiento de incentivos en el Reino Unido para evitar una desbandada de compañías tras el Brexit.

El resto de las subidas de impuestos serán casi testimoniales desde el punto de vista recaudatorio, aunque la mayoría de los españoles sí notarán en sus bolsillos los incrementos de precio de las bebidas alcohólicas y el tabaco. El Gobierno, además, aprovecha todos estos cambios para introducir una tasa al consumo de bebidas azucaradas que no existía en España. Sigue así una recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para luchar contra la obesidad, la diabetes y la caries. También en este caso la recaudación será muy limitada. En este caso, vemos adecuada esa nueva tasa porque esas enfermedades, probablemente evitables con hábitos de vida más saludables, incrementan el gasto público sanitario.

Con todo, el hecho fehaciente es que el Ejecutivo vuelve a incrementar la presión fiscal a una buena parte de los contribuyentes para remediar los males provocados por una deficiente gestión del Presupuesto. Y ello después de haber propuesto en las últimas campañas electorales una bajada de impuestos. Y esta vez, sin poder escudarse en la herencia de un Gobierno socialista, como sucedió en 2011.

El mito del cambio constitucional
EDITORIAL Libertad Digital 2 Diciembre 2016

Al escuchar a la inmensa mayoría de los políticos se puede tener la idea de que los cambios legislativos son capaces de solucionar cualquier problema. La verdad, sin embargo, es que subir el Salario Mínimo Interprofesional no hace que de repente todos los trabajadores sean más productivos, que las leyes contra la corrupción no acaban con la corrupción y que un par de presupuestos no son capaces de cambiar el modelo económico, por poner sólo tres ejemplos.

La idea del poder absoluto y milagroso de las leyes es muy del gusto de los políticos; precisamente, porque les otorga un poder descomunal y ceba el mito de la necesidad del control político sobre casi cualquier actividad.

Un marco legal que permita a los ciudadanos desarrollarse como individuos y profesionalmente es crucial, pero las leyes no hacen milagros por sí mismas, menos aún si son malas y jamás si pretenden ordenar cada aspecto de la vida.

Así las cosas, llama poderosamente la atención la fe de tantos partidos en un cambio constitucional que parecería que debe solucionar todos los problemas de España: los económicos y los provocados por el nacionalismo; la degradación de las instituciones y el fracaso del sistema educativo; el disparatado coste de la sanidad y el déficit de las pensiones.

Lo sonrojante es que se hable de reformar la Constitución cuando ésta se vulnera impunemente en asuntos fundamentales. Ahí está la Administración regional catalana como ejemplo, que está en la práctica fuera de la ley y vulnera con alevosía derechos constitucionales básicos como el de estudiar en la lengua común de todos los españoles y todos los catalanes.

Si no se respeta lo sustancial de la Constitución, es ridículo pensar que una reforma profunda o una nueva Carta Magna de corte socialista que gustara a los liberticidas de Podemos fueran a solucionar los problemas más acuciantes. Es absurdo creer que la reforma de corte federal que le gustaría al PSOE acabaría con el golpismo separatista. Y es demencial asumir que un texto que tendría un respaldo muy inferior del que obtuvo la actual Ley Fundamental en 1978 servirá para regenerar el sistema, tal y como pretende Ciudadanos.

España tiene suficientes leyes; de hecho, el de la inflación legislativa es uno de los más graves que tiene planteados. Una genuina nueva política no pasaría tanto por seguir el legislacionismo y el manoseo de la Constitución como por poner orden en tal maraña y velar por el cumplimiento de las normas más esenciales para el bienestar y la convivencia. Pero, claro, esta es una manera de ver las cosas que gusta menos a los políticos, a los viejos y a los nuevos.

SOLUCIONES ESTÉRILES
Bieito Rubido ABC 2 Diciembre 2016

En ocasiones creo que esa frívola manera socialista de acercarse al problema territorial de España es una especie de huida hacia adelante, que como todas las espantadas no lleva a ninguna parte. Lo preocupante es que esa solución ya no le suena mal al PP de Rajoy. Una cosa es el talante dialogante, y otra muy distinta abrirse a una reforma de la Constitución que, cuando se aborde tras el Congreso del PSOE, no aliviará ningún dolor de cabeza. El denominado «inmovilismo de Rajoy», referido de manera especial a Cataluña, no era otra cosa que el estricto cumplimiento de la Ley en defensa de la mayoría. Confieso que desconfío de esa posible vía socialista, sobre todo porque el grueso de los españoles, votantes de izquierda incluidos, no la piden. Sale de laboratorios políticos, no de la sociedad. Al menos en su planteamiento inicial, estamos ante algo innecesario y, por tanto, ante un error. El independentismo no se cura con cesiones; se vence por la fuerza de la razón democrática que nos hace a todos iguales. El secesionismo solo crece cuando percibe debilidad en los demócratas.

Cuando en la 'hucha' ya sólo quedan telarañas
EL MERODEADOR El Espanol 2 Diciembre 2016

El anuncio del Gobierno de que sacará 9.500 millones de la hucha de las pensiones para pagar la extra de Navidad a los pensionistas hará pasar a la historia al equipo de Rajoy como el Ejecutivo que consumió el Fondo de Reserva.

En lo que va de año se han retirado 19.200 millones de euros, lo que supone que las reservas se agotarán en unos meses. Además, el déficit que alcanzará el sistema -superior a los 16.000 millones de euros- no se podrá cubrir durante 2017. El panorama es desolador.

Con la paga de julio se produjo la misma situación: el Gobierno tuvo que acudir al Fondo para abonar la paga extra. Que se vuelva a repetir ahora la operación pone de manifiesto las deficiencias estructurales de un sistema comatoso.

Es hora de que España concrete un sistema de pensiones sostenible. Otros países europeos han encontrado la solución en un modelo mixto, que combina la financiación pública con la privada, facilitando que parte de la cotización de los trabajadores se ahorre para cuando pasen a ser pensionistas. Y el aumento progresivo de la edad de jubilación es ineludible.

El vaciamiento de la hucha de las pensiones es la prueba definitiva de un sistema que muere por ineficaz, y también de la incapacidad del Gobierno para resolver la situación. Ahora es necesario un pacto de Estado para tranquilizar a los ciudadanos porque en la hucha solo quedan telarañas.

Jumilla, nación soberana
JORGE BUSTOS El Mundo 2 Diciembre 2016

Al grito de mariquita centralista el último, ya no queda al parecer en España un solo partido que defienda la actual organización territorial del Estado. La Alta Comisionada para Hipersensibilidades Periféricas, doña Soraya, ha abierto despacho en Barcelona con permiso de don Mariano para negociarlo "todo" menos una consulta de autodeterminación, salvedad que tanto le agradecemos todos los españoles soberanos de la nación única e indivisible. Pero no dejaré yo de contribuir al debate constituyente, ofreciendo a nuestros legisladores algunos precedentes históricos a la luz del aviso marxista sobre la repetición de la historia primero como tragedia y luego como farsa, si bien desconozco en qué coño se convierte un país que parte ya directamente de la farsa.

Julio de 1873. España, queridos niños, es una república. Pero contra todo pronóstico, tan anhelada condición no ha pacificado los ibéricos ánimos. Al pie del granadino Arco de Elvira se prepara la tragedia cuando un carabinero pasado de copas se enzarza en una discusión con un republicano, al que termina matando. La noticia corre por toda Granada y prende la indignación de unos paisanos que deciden asaltar el cuartel, y lo consiguen. Se animan a tomar también el polvorín de El Fargue, el cuartel de la Guardia Civil y la sede del Gobierno. Ciegos de gloria nombran una junta revolucionaría, proclaman el cantón de Granada y redactan su propia Constitución, con los siguientes puntos: 1) imponer un tributo de cien mil duros a los ricos; 2) derribar todas las iglesias; 3) levantar una fábrica para acuñar moneda; 4) incautarse de los bienes del Estado; 5) cesar a todos los magistrados de la Audiencia. Lo que se dice el sueño húmedo de la democracia directa, señores.

No lejos de allí, el mismo año, los vecinos de Jumilla se proclaman nación soberana en los siguientes términos: "La nación de Jumilla desea la paz con todas las naciones extranjeras y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si ésta se atreve a desconocer nuestra autonomía y a traspasar nuestras fronteras, Jumilla se defenderá como los héroes del 2 de mayo, y triunfará en la demanda, y no dejará en Murcia piedra sobre piedra". En la provincia vecina, el brigadier Mariano Peco Cano declara el cantón de Jaén, que se suma a los de Bailén y Andújar, donde ya han ejercido el derecho a decidir. Sólo en Linares los soberanistas fiscales recaudan -atienda, don Cristóbal- 7.500 pesetas de entonces. Jaén riñe la frontera con Granada, y no habiéndose inventado aún el despacho de Soraya, ambas repúblicas se declaran la guerra; llegan a apartar una partida del presupuesto -atienda, don Oriol- para comprarle armas al extranjero. Las cercanas repúblicas de Sevilla y Utrera van más lejos: en su contienda mueren 300 patriotas. Ganó Utrera.

Pero la palma del hecho diferencial se la llevó Cartagena, desde donde el cabecilla de la sublevación, don Roque Barcia, mandó varias cartas al presidente Ulysses S. Grant solicitando la incorporación de Cartagena a los EEUU. Presidía España don Emilio Castelar, que escribe en sus memorias: "Aquel verano creímos completamente disuelta nuestra España. La idea de la legalidad se había perdido en tales términos que un empleado cualquiera de Guerra asumía todos los poderes y lo notificaba a las Cortes, y los encargados de dar y cumplir las leyes desacatábanlas sublevándose o tañendo arrebato contra la legalidad. Tratábase de dividir en mil porciones nuestra patria". Castelar. Menudo facha.

El coro de Montoro
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 2 Diciembre 2016

En el Parlamento español, las fuerzas con mayor representación son tres partidos socialdemócratas (PP, C's y PSOE) y una partida comunista, Unidos Podemos, aliada a las tribus separatistas. El separatismo presenta un rasgo político común: el odio y la persecución a la libertad e igualdad de los ciudadanos españoles que proclama la Constitución. Pero establecer el ideario económico del nacionalismo antiespañol (no hay otro, por mucho que se empeñen los enfermos prisaicos de castroenteritis y truebarragia (el último, Jabois; la peste avanza) es más difícil. Podríamos decir que su idea básica es robar a todos los españoles a cuenta del pasado inventado, pero la técnica va del socialcristianismo corrupto del PNV o la banda de los Pujol al comunismo sociópata de las Reducciones de los jesuitas en el Paraguay, que tanto recuerdan los disparates de ERC, la ETA y la CUP.

Políticamente, pues, hay dos bloques: el constitucional del PP, C's y PSOE (éste último, según la taifa autonómica) y el anticonstitucional de comunistas y separatistas. Pero en materia económica, que es también política porque afecta a la propiedad, indisociable de la libertad, se observa un frente de las tres socialdemocracias -la tecnócrata del PP, la populista del PSOE y la navideña de Ciudadanos- infinitamente más sólido que el que debería unirles en defensa de la Nación y la Constitución.

Nada lo muestra como el coro de Montoro, que hoy presumirá del atraco perpetrado a las Sociedades obligándoles a pagar 8.000 millones de adelanto para compensar su incapacidad de controlar el déficit y el gasto. El País, con una deuda de 3.200 millones de euros cuya ejecución impide Soraya, es el que más se distingue en presentar el atraco como una sabia forma de cuadrar las cuentas. Pero, en rigor, el socialismo populista del PSOE y el belenita de C's también truenan en el orfeón montoril contra las grandes empresas, a las que Rivera acusa de pagar poco... porque ganan menos.

Legalizar el atraco en Sociedades abre la puerta a hacerlo en el IRPF y demás impuestos y dibuja un horizonte terrorífico: el año que viene, cuando tenga que devolver lo atracado y lo haya gastado, Montoro cobrará dos años de adelanto, y dentro de dos años, tres, y así hasta la ruina. Pero las tres socialdemocracias, que son tres desgracias, dirán a coro: ¡Aaamén!

La coz carlista
RAÚL DEL POZO El Mundo 2 Diciembre 2016

Obsoleta, turnista, separatista, monárquica, un candado, una tiara, un caqui, cantón y taifa, hija de siete padres... Todo eso dicen de la Constitución del 78 y lo peor de todo es que creen que ha envejecido; y sólo tiene 38 años. El PP y el PSOE no sabían que hacer, si magrearla sin penetrarla o dejarla como está; al final parece que se van a poner de acuerdo en una reforma que les perdone y eternice. El bipartidismo ahora se parece a la escena final de Duelo al sol.

Ayer, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, que se ha convertido en la estrella refulgente sobre el abismo negro de la nación, declaró que se abre el debate de la reforma de la Carta Magna, con prudencia y consenso. Como de lo que se trata es de urdir un sucedáneo de referéndum pactado con los empaquetados -precisamente, por pisotear la Constitución, y aliviarles la deuda a lo Bangladesh-, la vicepresidenta prometió rebajar los litigios ante el Tribunal Constitucional, a cambio de lealtad. Dijo, además, que éste es uno de los países más descentralizados del mundo y sus palabras de tolerancia fueron contestadas por Francesc Homs con una coz carlista: "Ni descentralización ni puñetas". Soraya reconoce que el éxito de la Constitución del 78 es que pudo cobijarnos a todos. Pero ha estallado la fiebre del desguace o el efecto Werther, una pulsión suicida o destrucción de lo que funciona bien.

También Albert Rivera pretende actualizar la Carta Magna. Los jóvenes de Podemos pasan de la fiesta del Congreso y de la reforma; pretenden un periodo constituyente porque piensan que el mito de la del 78 y la Inmaculada Transición fueron construidos en los pasillos de la Complutense por unos profesores del Pleistoceno. El caso es que muchos quieren ensanchar una Carta Magna prodigiosa, resistente, la que más ha durado, la que ha resistido las botas y los tanques; quieren ensancharla para que quepan en ella los que quieren destruirla. La pisotean todos los días los independentistas. Y ahora el PSOE y el PP -eso no es consenso, es apareamiento-, están de acuerdo en darle un aire federalista granaíno a la Carta para retrasar con retórica el derecho a decidir.

Pasan las generaciones, los cánones; envejecen las palabras, se quedan sin música, aunque cada 14 años, vuelven a resucitar. Es lo que han descubierto dos investigadores del lenguaje después de rastrear cinco millones de libros digitalizados. O sea que la Constitución del 78 ha aguantado más de dos vidas. Tiene como el Fuero Juzgo muchos y pesados adverbios; sus adjetivos -lo primero que se arruga- aguantan, los sustantivos tardan más en envejecer, pero también se agotan. La gloria de la posmodernidad es efímera y se mide por la conectividad. La popularidad está en los followers. Los nuevos partidos quieren tirar las vigas maestras de nuestra democracia sin tener muy claro lo que van a construir después. Mientras, los dos partidos mayoritarios harán lo posible para que todo siga igual.

La conspiración secesionista para delinquir
Roberto L. Blanco Valdés La voz 2 Diciembre 2016

«Somos demócratas, y por serlo, tenemos una regla segura: la Ley. ¡La Ley! La Ley tiene dos caras. Es una norma obligatoria para todos los ciudadanos; y también un instrumento de gobierno, y se gobierna con la Ley, con el Parlamento, y una democracia se disciplina mediante la Ley, que el Gobierno aplica bajo su responsabilidad. No se puede gobernar una democracia de otra manera». Eso decía Azaña en un discurso pronunciado el 28 de marzo de 1932 ante la asamblea del Partido de Acción Republicana.

¡Cómo contradecir al gran intelectual y político español! No se puede gobernar sin la ley, ni gobernar contra la ley, ni poner la democracia por encima de la ley. Es esa una evidencia que, aunque parezca mentira, debe recordarse una vez más ante la locura desatada del secesionismo catalán, a quien la Constitución y la ley se la traen completamente al fresco. Tanto, que en su último proyecto de Presupuestos, el Gobierno catalán, tras incluir una suma camuflada destinada a la celebración de un referendo ilegal y claramente delictivo, ha previsto «habilitar las partidas para garantizar los recursos necesarios en materia de organización y gestión para hacer frente al proceso referendario sobre el futuro político de Cataluña».

Más claro, agua. Todo indica desde hace muchos meses que los secesionistas están dispuestos a llegar hasta el final, es decir, hasta proclamar de un modo unilateral la independencia de Cataluña tras un referendo que piensan ganar probablemente arrinconando a los partidarios de la unidad de España, a los que se acusaría por tierra, mar y aire de ser malos catalanes y traidores a su tierra.

Por eso, salvo que el Gobierno de España sea capaz de demostrar que el creciente desafío del secesionismo catalán es una bravuconada que llegado el momento, sus impulsores, dejarán, por voluntad propia, en agua de borrajas, resulta cada día más incomprensible la respuesta timorata del Estado, de una lentitud y falta de coraje exasperante, que no puede tener otro efecto que envalentonar al independentismo pendenciero. El Gobierno afirma que, de aprobarse, recurrirá los Presupuestos catalanes que prevén el referendo. Pero tal respuesta es a estas alturas claramente insuficiente. Ya no es hora de impugnar ante el Tribunal Constitucional las cuentas de la Generalitat, sino de acudir al fiscal solicitando la aplicación del artículo 17.1 del Código Penal que regula la conspiración delictiva, conspiración que se produce «cuando dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito y resuelven ejecutarlo».

¡Qué es, sino eso, lo que están haciendo, con una irresponsabilidad solo comparable a su desvergüenza, los miembros del Ejecutivo catalán y los diputados independentistas que lo apoyan! Proyectar, ante el país y Europa entera, la comisión, no de no uno, sino de varios delitos gravísimos y capaces de arruinar la convivencia secular de Cataluña y el resto del país.

Las tres pestes
Gorka Maneiro latribunadelpaisvasco 2 Diciembre 2016

Lo expliqué sucintamente en el acto organizado por Carolina Punset el pasado viernes en Madrid, “Populismo y Nacionalismo”, en el que participaron además Arcadi Espada, Maite Pagazaurtundua, Albert Boadella, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Cayetana Álvarez de Toledo: los tres problemas fundamentales que tiene a día de hoy España son el sectarismo político, el nacionalismo y el populismo.

El sectarismo político consiste en anteponer los intereses partidarios a los intereses de los ciudadanos y, por tanto, impide a los principales partidos sentarse a dialogar, negociar, acordar e impulsar las grandes reformas que, a día de hoy, siguen siendo indispensables de llevar a cabo. Porque, efectivamente, sobra un ingrediente y falta otro para que eso sea posible: sobra sectarismo político y falta voluntad política. Obviamente, los partidos políticos pueden tener opiniones diferentes sobre las cuestiones que nos afectan y, por lo tanto, soluciones diversas y a veces contrapuestas; sin embargo, en muchos casos prima la cerrazón, la pereza intelectual y el desprecio al adversario político frente al argumentario razonado, el análisis sosegado y honesto de la realidad en la que vivimos y la capacidad para convencer y dejarse convencer… y esto es lo que impide la puesta en marcha de determinadas medidas a través de una actitud más humilde e integradora que haga posible la confluencia de ideas.

Siendo el nacionalismo la segunda de las pestes, apunté que el gran problema no es tanto el nacionalismo de los nacionalistas como el nacionalismo de quienes, sin supuestamente serlo, se comportan como si lo fueran… y, desde luego, que quienes ciertamente no lo son hayan renunciado expresamente a plantar cara a quienes quieren abundar en la idea de que España es una suma de parcelas con intereses contrapuestos en lugar de un país de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones. Y que, bien por intereses electorales, ignorancia supina o vagancia intelectual, defiendan ya un proyecto asimilado al del nacionalismo. O utilicen argumentos semejantes a quienes no tienen otro objetivo que seguir obteniendo ventajas políticas y privilegios económicos a costa del conjunto de los ciudadanos españoles. En los últimos días y en relación al problema que todos tenemos en Cataluña, todos plantean una reforma constitucional para darles todo, casi todo, mucho o bastante a los independentistas que están incumpliendo la ley: desgraciadamente, no hay partidos con representación en el Congreso de los Diputados que digan que no hay que reformar la Constitución Española para darles nada a quienes quieren todo… sino para defender mejor lo de todos.

Frente a los localismos, regionalismos o nacionalismos, proclamé que es mejor unir que separar, derribar fronteras que levantarlas y vivir juntos que separados. Y diciéndolo me sé más progresista… porque no hay nada más progresista que defender el interés general y el bien común… frente a los que pretenden parcelar el Estado y enfrentar a conciudadanos. Así que no es buena idea confraternizar con los nacionalistas para lograr un puñado de votos… porque además a veces ocurre que cuando se abandonan determinados principios para supuestamente lograrlos… se terminan perdiendo los principios… y los votos.

El nacionalismo es un problema en España pero lo es igualmente en el conjunto de Europa: aquí padecemos a los nacionalismos que quieren romper España y en Europa a los nacionalismos de Estado que impiden la construcción europea.

El populismo no es patrimonio de un solo partido político en España, aunque sea Podemos el partido que mejor lo representa e incluso el único que reivindica serlo. El resto de partidos políticos, a lo largo de su historia, han hecho uso del populismo en sus diferentes versiones o facetas: consiste en plantear soluciones sencillas a problemas complejos… pero también en tratar a los ciudadanos como menores de edad, prometer hacer lo que no puede hacerse, incumplir la palabra dada, decir una cosa y la contraria, defender principios diferentes en función de la parte de España desde la que hablen y dar rienda suelta a la demagogia por un puñado de votos.

Para hacer frente esas pestes, sólo queda ejercer honestamente la “buena política” frente a la “mala política”, sea ésta nueva o vieja. Y hacerlo de manera proactiva y constructiva. Y cuantos más seamos los que lo hagamos, mucho mejor.

Odian a España pero cobran de España
OKDIARIO 2 Diciembre 2016

Odiar a España y al mismo tiempo cobrar, y mucho, de las instituciones públicas españolas es un ejercicio de deleznable hipocresía. El desprecio a la bandera suele ser práctica habitual en Podemos, demostración de ese odio por parte de un grupo político que se conchaba con tantas agrupaciones independentistas como existen a lo largo y ancho de nuestro país. Las marcas blancas podemitas en ciudades y provincias siguen al pie de la letra la demencia política que les imponen desde Madrid. Si Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se niegan a acudir al izado de la enseña durante el Día de la Constitución —ya se negaron a aplaudir al Rey en el inicio de la XII Legislatura— en Valencia, por citar el último caso que les ofrece en exclusiva OKDIARIO, suben la apuesta y anticipan la ignominia. Resulta impresentable que la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra y el alcalde de la ciudad Joan Ribó permitan que nuestra enseña esté tirada, arrinconada y reducida a mero guiñapo en un acto oficial donde participan 200 invitados y están representados 18 países de la Europa mediterránea. Sobre todo cuando el símbolo europeo permanece erguido con total normalidad.

Un país que en democracia se avergüenza de su bandera es un país pequeño, acomplejado y con pocas trazas de prosperar. El desprecio a los símbolos es también el desprecio a la propia historia de la nación. No se trata de hacer un alegato chauvinista o una fatua exaltación patria, sino de reivindicar el respeto a un emblema recogido en el artículo cuatro de la Constitución española. Afortunadamente, este tipo de personas son minoría en España pero, al mismo tiempo, tienen la suficiente presencia en las instituciones públicas como para desprestigiar nuestra imagen con sus fobias rancias y decimonónicas. En Podemos, imbuidos en su habitual irresponsabilidad, atizan el fuego separatista con constantes pactos y guiños. A la vez, desprecian todo lo que significa España casi como si hablaran de un enemigo. Es inevitable mirar con cierta envidia a naciones como Francia, Inglaterra o Estados Unidos, potencias mundiales donde sus ciudadanos profesan un respeto inquebrantable hacia los símbolos nacionales. Quizás, ésa sea una de las explicaciones a por qué siempre perseguimos sus respectivas estelas sin conseguir alcanzarlos jamás.

Castro. La supervivencia del comunismo
José María Marco Libertad Digital 2 Diciembre 2016

El fallecimiento de Fidel Castro pone punto final a una de las sagas más asombrosas de la historia del siglo XX: aquella mediante la cual el comunismo se sobrevivió a sí mismo durante casi cincuenta años.

El fallecimiento de Fidel Castro pone punto final a una de las sagas más asombrosas de la historia del siglo XX: aquella mediante la cual el comunismo se sobrevivió a sí mismo durante casi cincuenta años. Y fue gracias a Fidel Castro como eso pudo ocurrir.

Como ocurrió siempre con el comunismo, cualquiera que tuviera los ojos abiertos y la mente despierta podía comprender en un muy poco tiempo que la dictadura cubana era un régimen totalitario, criminal y radicalmente injusto. Claro que tener la mente despierta y los ojos abiertos requería, hace cincuenta años, haber apartado la fe en el advenimiento del mundo y el hombre nuevos que iba a traer el comunismo. Para mucha gente eso estaba fuera de su alcance. No importaba que se conocieran los crímenes, la miseria, las hambrunas y la brutalidad. Revel lo analizó como nadie: el velo de la confianza en el radiante porvenir lo cerraba todo…

… Hasta que llegaron las revueltas antiautoritarias de los años 60 y 70, la invasión de Checoslovaquia y las nuevas revelaciones sobre la realidad soviética, en particular la publicación de Archipiélago Gulag, en 1973. Fue entonces cuando se desplomó el Muro de Berlín interno, moral, y el comunismo, en los países europeos, perdió todo su glamour. Quedó a la vista el lado siniestro y cochambroso.

No por eso los jóvenes europeos de aquellos años iban a abrazar la confianza en la libertad que les ofrecían las sociedades que les habían asegurado un nivel de prosperidad y de educación desconocido hasta entonces en la historia de la Humanidad. No. Para aquellos señoritos, la ruina del comunismo soviético no iba a traer aparejado un realineamiento moral y político en torno a la defensa de la libertad y la responsabilidad. Había que buscar otra cosa.

Hubo quien se lanzó a explorar un totalitarismo alternativo al soviético con la mitificación de Trotski, otro totalitario asesino. En realidad, el trotskismo fue una puerta de salida, una forma de empezar a cruzar una línea que era muy fácil de traspasar porque la fe comunista lo impregna todo, hasta lo más íntimo, y lo que hay más allá produce demasiado espanto y desconsuelo.

Otros se adscribieron al maoísmo. En algunos casos se trataba de puro y simple esnobismo: la revolución cultural resultaba sumamente estética, con sus ideogramas y los poemas del Gran Timonel. En otros casos, Mao y la revolución china proponían una fe puritana y austera, de una seriedad aplastante, capaz de seducir a los que eran incapaces de frivolizar como entonces se hizo, siempre so capa de seriedad insondable, materialismo aquilatado y voluntad de negar a Dios. (El caso es que Althusser no había leído El Capital cuando se puso a escribir Para leer ‘El Capital’.)

Castro y la revolución cubana ofrecieron una alternativa más atractiva. Por entonces se conocía ya muy bien la putrefacción y el salvajismo de la revolución cubana. Había habido incluso algunos casos célebres de represión contra intelectuales, algo que siempre llama la atención. No importó, sin embargo, y Castro consiguió lo que parecía imposible.

Ernesto Che Guevara, al que el propio Fidel Castró envió a una muerte segura, infundió en la revolución un nuevo soplo de romanticismo, de que tan necesitado estaba el socialismo real después del prosaísmo imperante en la Unión Soviética, los países del Este y China. Los jóvenes occidentales se identificaban con o más bien deseaban a aquel hombre guapo y destinado, por un sino trágico, a morir en la flor de la edad. Era la imagen misma de la generosidad, el apóstol mártir de la fe renovada gracias a su sangre.

Sobre este icono se superpuso otro. Es el del propio Fiel, encarnación también del héroe romántico desde las campañas de Sierra Maestra, pero lo bastante inteligente para sobrevivir a ellas y, sin negar esta proyección ultrarromántica, abrirse a otra: la que le ofrecía el Caribe, la isla tropical, la sensualidad avasalladora y la estética, tan revolucionaria como la revolución castrista, del realismo mágico.
Los jóvenes occidentales, que combinaban el narcisismo con el odio a sí mismos (también el desprecio, se podría añadir), fueron incapaces de resistir una invitación que halagaba y redimía lo peor de su personalidad moral. Y así es como el comunismo logró sobrevivirse a sí mismo

Desde mucho tiempo antes América Latina andaba en busca de una estética que definiera su identidad como el 98 había definido la española: una identidad propia, distinta de la modernidad, que retomaba las visiones románticas y las proyectaba a un universo distinto, ajeno a los parámetros de racionalidad y libertad propios de Occidente. Los españoles habíamos conseguido dejar de ser modernos gracias al empeño de los nacionalistas noventayochistas. Los latinoamericanos lo consiguieron por fin gracias al esfuerzo de la generación del realismo mágico.

Así fue como se inventó –García Márquez es el genio de esta operación– un mundo alternativo, donde quedaban anulados los principios básicos de la realidad común. Se abría otro de infinitas posibilidades que no necesitan comprobación y absuelven de cualquier dilema moral. Quedaba instaurada la libertad absoluta y abolido el triste reino de la necesidad y el trabajo. Y se restauraba en toda su inocencia el buen salvaje revolucionario. En la Cuba de Castro todo fue posible: desde la zafra heroica a las vacas miniaturas. El comunismo –Carlos Alberto Montaner lo ha descrito de forma insuperable– se había vuelto exótico.

El mito de una identidad latinoamericana mágica, alternativa y anti (o post) moderna ofrecía además otra ventaja. Trazaba el perfil exacto de la posición ante la libertad, es decir ante Estados Unidos. La sociedad norteamericana tiene la ventaja –o el inconveniente– de no saber distinguir entre libertad y capitalismo. La posición de la Cuba castrista, que siempre se ha reivindicado como el nervio de la resistencia antiyanqui, ofrecía por tanto una fórmula viable para reconvertir el comunismo en reivindicación antiimperialista. La exaltación soberanista permitía también, como el realismo mágico a la que se acopla como un guante, olvidar las atrocidades del régimen de Castro: el exilio, las torturas, las ejecuciones, la reeducación de homosexuales en campos de concentración, el encierro de los enfermos de sida, la prostitución como negocio socializado. Las expectativas de las que habló Robert Conquest pasaban cualquier prueba.

Esa fue la plancha de salvación que Castro ofreció a los muchachos europeos y norteamericanos tras el naufragio del comunismo. Los jóvenes occidentales, que combinaban, como escribió Furet en El porvenir de una ilusión, el narcisismo con el odio a sí mismos (también el desprecio, se podría añadir), fueron incapaces de resistir una invitación que halagaba y redimía lo peor de su personalidad moral. Y así es como el comunismo logró sobrevivirse a sí mismo.

Lo hizo a cambio de una transformación muy profunda. En vez del proletariado, ahora el sujeto revolucionario serían las naciones y los pueblos sojuzgados, y muy pronto las minorías reprimidas por el auténtico totalitarismo, que no es otro que el capitalismo o (neo)liberalismo. Nada, nunca, volvería a ser igual, pero el apoyo político conseguido por Castro le permitió salir adelante tras la ruina del comunismo en Asia y en Europa. También pudo extender su revolución, en nombre de esa identidad latinoamericana humillada y explotada, por todo el continente. Y ayudó a que sobreviviera la religión comunista –transformada en postmodernidad, en ideología del deseo– en los centros de enseñanza y de cultura de las democracias liberales.

No es de extrañar que los podemitas, herederos y mantenedores del viejo culto rindan ahora homenaje a quien fue la clave de su vida sentimental y política. Claro que la frivolidad de los sesentayochistas, sus mayores, se ha transformado aquí en algo distinto. Nadie se cree ya nada. Los dogmas carecen de alma y los ritos se cumplen por expediente. La antigua frivolidad, tan estúpida que permitió rescatar la fe totalitaria, es ahora cinismo, sin más.

El mimado golpismo catalán
Guillermo Dupuy Libertad Digital 2 Diciembre 2016

Los golpistas catalanes no necesitan negociar nada con Rajoy para poder perpetrar una nueva consulta ilegal como la del 9-N.

Dice el principal titular de portada de El Mundo de este jueves que "Rajoy ofrece a la Generalidad negociar todo menos la consulta". La cuestión es que los golpistas catalanes no necesitan negociar nada con Rajoy para celebrar su nueva y no menos ilegal consulta secesionista del próximo mes de septiembre. Le basta con que este funesto Gobierno del PP les siga brindando impunidad y financiación con tal de evitarse el engorrosísimo deber de hacer cumplir la ley en Cataluña. Y a los hechos y a la pasada consulta del 9-N me remito.

La celebración de la ilegal consulta del 9-N no sólo no acarreó perjuicio alguno a la Administración regional en rebeldía, sino que la hizo privilegiada destinataria de Fondos de Liquidez Autonómica. A diferencia de lo que hubiera ocurrido en cualquier otro país civilizado ante tamaño desafío al Estado de Derecho, aquí ni la Administración autonómica ha sido suspendida ni ninguno de sus sediciosos mandatarios han sido encarcelados.

¿Por qué han de abandonar los nacionalistas catalanes su desafío al Estado si desde que lo han iniciado no han obtenido más que beneficios y ofertas, que incluyen incluso una reforma constitucional para tratar vanamente de contentarles?

Al editorialista de El Mundo aún le podrá parecer a estas alturas que lo más surrealista del proyecto independentista de la Generalidad sea la pretensión de ejecutarlo, pese a la grave situación económica que arrastra la Administracion catalana y recurriendo a los mecanismos de ayuda del Estado. Pero eso dejó de ser surrealista en 2012 para pasar a ser la realidad misma de lo que ha sido el proceso secesionista catalán desde entonces.

Cosas distinta es que haya quienes, con tal ocultar la decisiva responsabilidad de este funesto Gobierno de Rajoy en todo ello, finjan enterarse ahora.

Negros de Alabama en Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital 2 Diciembre 2016

Los nuevos negros de Cataluña no tienen derechos culturales, y para más inri la consejera del ramo del Gobierno de la Generalidad exige que los escasos que tienen se les retiren. Y lo exige al Ministerio de Educación del Gobierno de España con todo descaro, convencida de que nadie le afeará la indecencia. Al contrario, un ejército de mercenarios mediáticos del régimen la apoyará. En ningún caso, nadie levantará la voz.

A esto se le solía llamar en un Estado de Derecho ínfulas supremacistas; en Cataluña, "derechos nacionales". Es lo que tiene ser dueños del discurso mediático y tener la cara más dura que el cemento armado.

Aunque parezca mentira, la consejera de Educación de la Generalidad de Cataluña, Meritxell Ruiz, acaba de pedir al ministro de Educación del Gobierno de España, Íñigo Méndez, que se retire la ayuda económica a los padres que han pedido enseñanza bilingüe, ante la negativa del Gobierno de la Generalidad a garantizarles la enseñanza en español. El descaro es colosal: llevamos 35 años sin que la mitad de los niños catalanes puedan estudiar en su lengua materna tal como la otra media puede estudiar en la suya, y encima, cuando el Gobierno del Estado se aviene a subvencionar un miserable 25% de las clases en castellano en colegios privados, viene la consejera a exigir al ministro que retire la ayuda económica a las familias que han tenido la valentía de exigir tal derecho. O sea, peor aún que Artur Mas cuando dijo eso de: "Que monten un colegio en castellano para el que lo pague, igual que montaron uno en japonés". Pues ni eso quieren permitir ya.

No sé si se dan cuenta de la magnitud de la tropelía: durante años, en nombre de la "normalización" de la lengua catalana, han impedido estudiar en la lengua común de todos los españoles; durante años, en nombre de la "cohesión social", se ha impedido que los niños hispanohablantes pudieran estudiar en su lengua materna, no fuera que la sociedad se liara a palos; en nombre de la "construcción nacional", se ha considerado imprescindible eliminar la presencia del español en la escuela, en los medios de comunicación públicos, en el callejero, en los eventos deportivos y culturales, en ayuntamientos, iglesias, universidades, vías de comunicación, y en todo establecimiento privado subvencionable. En una palabra, en nombre de "la lengua propia", convierten en impropia la de los demás. Y con ella sus derechos lingüísticos, culturales y nacionales.

Su tramposa "cohesión social" solo sirve para tenernos callados, su cohesión social no conduce a la paz sino a la sumisión, su cohesión social es un marco mental diseñado para destruir la autoestima de tu propia lengua, las cadenas reales que convierten a la población hispanohablante en negros sin derechos civiles, tal como en lúcida contestación a Joan Tardà (ERC) denunció Félix Ovejero cuando aquel tuvo la desfachatez de comparar a los catalanes con los negros excluidos de Alabama. Hoy, le vino a decir Félix Ovejero, el equivalente de esos negros de Alabama de los años cincuenta son las familias que quieren escolarizar en castellano a sus hijos en Cataluña.

¡Al carajo con el cuento de la cohesión social! Cuanto antes acabemos con ese abuso semántico, más pronto se librarán los españoles en Cataluña de los dueños del algodón.

El Ministerio ha reconocido hasta ahora a 50 alumnos el derecho a cobrar los 6.000 euros estipulados en la disposición adicional 38 de la Lomce, con lo que la factura para la Generalidad asciende, por el momento, a 300.000 euros. El Gobierno aún no los ha reclamado. Ni se cumplen las disposiciones del Gobierno ni las sentencias de los tribunales que garantizan el derecho a estudiar en español también.

Y a todo esto, ¿dónde está C’s? ¿No tiene nada que decirle a la consejera? ¿Y el PPC? ¿Vuelve a confundirse con el paisaje a costa de los derechos civiles de los ciudadanos hispanohablantes de Cataluña?

El separatismo no descansa
Josep Maria Francàs Gaceta.es 2 Diciembre 2016

Lo peor del nacionalismo es que exista pero lo más irritante es que no paran. Cualquier acto debe suponer un pasito y provocar una tensión extra. Todo lo que hacen y dicen tiene una pequeña trampa que no da para mandarlos a paseo, y por tanto puede parecer hasta asumible, pero si picas, ya has cedido, y ellos ya han avanzado un pasito, del que jamás retrocederán y será el peldaño desde donde empezaran el siguiente movimiento. El nacionalismo catalán tiene una virtud de lo más eficaz: no para.

Evidentemente es más cansado no parar, que estar a por uvas. Es más cansado atacar, que estar solo a la defensiva. Es más cansado, pensar, diseñar, moverse y visitar a unos y a otros, que tomarse las cosas con calma y dentro del horario de trabajo. Es más cansado estar las veinticuatro horas de todos los días del año viendo como avanzar un paso más, que dar tiempo al relax y al merecido descanso.

Ahora y en vísperas de la negociación entre Junqueras, la Generalitat, y Montoro, el Gobierno central, sobre el déficit catalán, el gobierno de Puigdemont presenta los presupuestos donde, tensando la cuerda una vez más, contempla duplicar el gasto en embajadas y destinar 5,8 millones de euros al nuevo referéndum. ¿Qué hará el gobierno de España?

No entiendo nada. Unos no paran y los otros parece que no se enteran. Para el separatismo toda acción debe suponer un paso adelante. ¿Es consciente el Gobierno central de lo que nos hacen? ¿Alguien me lo explica?

¿Por qué un dictador de izquierdas no es un dictador?
Jaime Gonzalez ABC 2 Diciembre 2016

¿Qué extraña pulsión o arrebato mental lleva a muchos a condenar la represión y el asesinato perpetrados por dictadores de derecha y, sin embargo, les impulsa a justificar la represión y el asesinato que cometen los dictadores de izquierda? La respuesta no es sencilla, pero tal vez la clave esté en la instrumentalización marxista del concepto de revolución, entendido como ruptura y continuidad. Para el comunismo, la revolución tiene un comienzo temporal, pero como se encuadra en un largo proceso histórico, material y social, no termina nunca.

Para la izquierda, Fidel Castro no fue un dictador, sino un revolucionario. Y como un revolucionario está facultado para encarcelar o exterminar a quienes piensan distinto durante todo el tiempo que sea necesario para dar continuidad al proyecto, los dictadores de izquierda pueden dejar en suspenso los derechos humanos durante casi sesenta años sin que podamos llamarles asesinos.

Sin el castrismo, Cuba hoy podría ser una democracia imperfecta, pero una democracia al fin y al cabo. Y los cubanos disfrutarían de unas cotas de libertad y progreso que —por muy relativas que fueran— serían infinitamente mayores de las que gozan ahora. Por la sencilla razón de que no tienen ninguna. El futuro de Cuba permanece anclado en el pasado, varado en mitad de la nada, pero como Fidel Castro —según la izquierda— se murió siendo un revolucionario, la culpa de que el proyecto no haya terminado de cuajar no es suya, sino de quienes no le dejaron llevarlo a cabo. Habrá que darle tiempo a Raúl.

La inmensa mayoría de las dictaduras que existen en el mundo son de izquierdas, tal vez porque las detestables dictaduras de derechas no responden al viejo concepto marxista de revolución y, en cuanto que constituyen una gravísima amenaza, hay que combatirlas por una elemental razón de dignidad. La dignidad, para la izquierda, es un gigantesco embudo. Tanto que la muerte de Fidel les ha nublado la razón.

Rectifico: ya la tenían nublada. Algunos llevan así sesenta años.

Funeral
David Gistau ABC 2 Diciembre 2016

Los dictadores que mueren dócilmente en la cama, lo tengan o no todo atado y bien atado, provocan a veces una enorme frustración en quienes ansiaron deponerlos. E, incluso, en quienes fantasean con hacerlo décadas después, enfurruñados porque el destino no les dio la oportunidad y eso hubiera que compensarlo descabalgando estatuas. Es una patología que en España conocemos bien. Ha provocado la obsesión de la izquierda, sobre todo de la anacrónica cuyo estado mental no está acompasado con el temporal, por construir una máquina del tiempo con la que viajar a frentes obsoletos en los que corregir las derrotas dinásticas. Hasta Kirk Douglas, cuando una película de mi adolescencia lo colocó en Pearl Harbour la víspera del ataque a los mandos de un portaaviones nuclear, terminó negándose a intervenir por la futilidad del propósito de cambiar la historia.

Esa frustración corre el riesgo de prosperar entre la oposición a la dictadura castrista. Lo mismo entre los detractores de salón que entre los verdaderos resistentes que pasaron por la cárcel, se pudren aún en la claustrofobia de la isla o hubieron de exiliarse y en cualquier caso se encontraron con sus vidas despojadas por reconstruir. Entre éstos, hay quienes no atienden tanto al hecho de cómo murió Castro, sino a la desaparición, por fin, de uno de los dos impedimentos biológicos por los cuales la generación de Sierra Maestra mantiene el sentido patrimonial del fracaso cubano y posterga cualquier atisbo de transición a la española. Si para que ésta se produzca y surja un Suárez entre quienes no combatieron en la sierra había que esperar a que murieran por sus propios medios los Castro, ya sólo queda uno, de 85 años y menos inspirador para los rapsodas hechizados por ese culto a Polifemo que tiene los componentes masoquistas de un «vivan las caenas» tropical: «Comandante, ¡mándame parar!».

Entre otros sí ha cundido la desazón por el hecho de que Castro se haya ido «de rositas», salvado por su propia muerte de un final a lo Ceaucescu. Las tertulias españolas debatían ayer si el ex-Rey nuestro, contemporáneo de Castro, debía o no acudir a su funeral en representación española. Es curioso que esto se debata ahora después de décadas de fluidas relaciones bilaterales –salvo alguna tensión diplomática esporádica– entre los dos países y de convivencias en las numerosas cumbres iberoamericanas organizadas por España y en las que Don Juan Carlos coincidió con Castro sin que a nadie se le ocurriera pensar que debía, o no ir, o aprovechar la oportunidad para darle una patada de kárate letal. Esto de ahora suena a primer síntoma de voluntad a destiempo de deponer a un sátrapa ya muerto: lo del mozo de estoques y Despeñaperros. O sea, aislar a Castro cuando Castro está muerto y de lo que se trata es de jugar un papel en la salida cubana hacia su transición.

Es obligado terminar esto manifestando uno que no ubica las dictaduras de coartada roja en un plano moral distinto de las de coartada parda.

RAFAEL BARDAJÍ
'La identidad nacional versus el Islam será determinante en las elecciones'
El colaborador de La Gaceta y fundador del GEES analiza cuáles serían las posibles consecuencias de la victoria del candidato de derecha alternativa el próximo domingo: 'La defensa de la identidad austríaca es su mejor baza', asegura.
La Gaceta 2 Diciembre 2016

Las elecciones en Austria marcarán un antes y un después en la política europea. La posibilidad de que otro partido de la denominada alt-right llegue al poder ha sido el centro de atención en la agenda mediática internacional. El FPÖ parte como favorito en las encuestas y el discurso de Norbert Hofer está a comenzando a imperar dentro de la sociedad austríaca.

Rafael Bardají, colaborador de La Gaceta, fundador del GEES y ex Asesor Ejecutivo del Ministerio de Defensa hace balance de la situación electoral por la que atraviesa el país a pocos días de la cita con las urnas de la ciudadanía.

- Los sondeos continúan muy apretados y la diferencia en los anteriores comicios entre los dos candidatos fue de 35.000 votos. ¿De qué cree que dependerá el resultado final?
Las pasadas elecciones del mes de Mayo estuvieron muy influidas por el tema de la emigración y las oleadas de refugiados provenientes del Oriente Medio.La presión migratoria sobre Austria ha disminuido, en buena parte por las medidas más duras sobre la aceptación de refugiados, por una menor presión tras el acuerdo con Turquía y por una mayor eficacia para defender las fronteras.

Con todo, la población musulmana en Austria continúa dando enormes problemas (al igual que en el resto de Europa, dicho sea de paso). Por ejemplo, así como el año pasado la muerte de 17 refugiados en un camión en suelo austriaco conmocionó a la opinión pública, este año la violación en grupo por unos refugiados iraquíes de una joven alemana en Viena, también ha estado muy presente. Y el tema del aumento de la criminalidad vinculada a los emigrantes y refugiados juega a favor de un partido como el de Hofer, cuyo discurso se basa en la ley y el orden. Por tanto, yo creo que el tema de la identidad nacional versus el Islam seguirá siendo determinante en la votación.

- Hofer apuesta por el reforzamiento de las fronteras como método para paliar la crisis de refugiados. ¿Por qué cree que la ciudadanía apoya con tanto interés este tipo de medidas?
En 1971, la población musulmana en Austria no pasaba del 0'1%; en el 2001, ya era del 3'5% y hoy llega al 5%. Aún más, en Viena alcanza el 12'3% de la población, al igual que en determinadas zonas del país.

En segundo lugar, Austria ha sido parte del corredor de los Balcanes a través del cual los refugiados llegaban de Turquía y Grecia a Alemania. Se calcula que en 2016 cerca de 200 mil "refugiados" cruzaron Austria. En 2015, 90 mil refugiados fueron admitidos por las autoridades austriacas. Y aunque el flujo migratorio se ha frenado, en lo que va de año ya son cerca de 40 mil quienes han pedido el estatuto de refugiado.

La disminución de los flujos migratorios se considera coyuntural y, desde luego, no resuelta por la UE desde Bruselas. Todo depende de si Siria y Turquía colaboran o no. De ahí que Viena haya decidido poner los medios nacionales a su alcance para impedir el tránsito ilegal de emigrantes. Para eso ha levantado varías vallas, como con Eslovenia, por ejemplo, que están dando un buen resultado.

Como decía antes, hay una percepción de que la UE no ha sabido dar respuesta al problema de los emigrantes y refugiados y que sin actuaciones nacionales el problema se agravaría. La criminalidad y la participación de "refugiados" en ataques jihadistas en Francia, Bélgica y Alemania, lleva a que los ciudadanos busquen respuestas con urgencia entre aquellos líderes que están dispuestos a dárselas. Cosa que no hace la burocracia de Bruselas.

- Además, los partidos emergentes de derecha alternativa cuestionan el modelo de Europa. Una tendencia a la que también se ha sumado (con fines electoralistas) Matteo Renzi. ¿Cree que es un factor determinante a la hora de decidir el voto?
Desde siempre se ha dicho que la UR sufre de un déficit democrático. Ahora lo que se pone en entredicho es su capacidad para ofrecer soluciones a los problemas reales de la población europea, prisionera del buenismo imperante entre las élites y los funcionarios internacionales y sometida a una discriminacion negativa frente a cualquiera que llegue de fuera, legal o ilegalmente.

El sueño de los europeos tras de alcanzar una Europa federal, construida sobre el final de las naciones y una teórica identidad europea, se ha demostrado en realidad una pesadilla: cuando se silencia la identidad nacional, no se impone la europea, sino la de quienes vienen convencidos de quienes son, como los musulmanes. Que haya hoy más gente rezando los viernes en las mezquitas que los domingos en misa, debería forzarnos a una profunda reflexión. Pero la supuesta identidad europea se basa en la muerte de lo que siempre hemos sido los europeos: es secularizante y anticristiana; es multicultural y anti nacional; y es relativista, con un complejo de culpabilidad hacia nuestra propia historia, instituciones y valores.

No me extraña nada que se rechace el monstruo político en el que se ha convertido la UE que nubla las ventajas económicas de un mercado único y la libre circulación de bienes, capitales y personas.

- ¿Cuál cree que es la mejor baza del FPÖ para ganar las elecciones?
Sin duda, la defensa de la identidad austriaca como nación frente al Islam y a Bruselas. Es decir, Austria Primero.

En segundo lugar, hay un factor novedoso: tras el Brexit, el referéndum en Colombia y la victoria de Donald Trump ya no hay imposibles en política. Ni es un hecho natural que la corrección política siempre deba imponerse. En ese sentido, los electores austriacos podrían haber perdido el miedo a lo desconocido y poder votar con libertad de conciencia, sin servidumbres del pragmatismo.

- ¿Qué supondrá en Europa la victoria de un líder de derecha alternativa en un país en el que la cancillería la ocupa un representante socialista?
Una victoria de Hofer supondría, como mínimo, la constitución de un bloque centroeuropeo en el seno de la UE, con Hungría y Polonia, entre otros. Gobiernos que tienen en común su deseo de proteger sus identidades nacionales, disminuir la expansión del Islam en el espacio público y mantener a raya la emigración musulmana. La suma les haría más fuertes.

En segundo lugar, podría dar alas a que en otros países se produjera el mismo corrimiento electoral. Las presidenciales francesas de 2017 tal vez no le den la victoria a Marie Le Pen y su Frente Nacional, pero ella seguirá luchando para lograrlo en las siguientes.

Holanda puede ser otro país en el que, en la estela de Austria, la derecha alternativa o los post-conservadores pueden ser determinantes de la mano de Gerry Wilders. Y todo hace pensar, además, que la Alianza por Alemania seguirá creciendo dada la terrible gestión de Merkel en el tema de los refugiados. Algo está pasando que no entienden ni los partidos ni los politólogos tradicionales, quienes aún siguen intentando explicarse la victoria de Trump en Estados Unidos. Su confusión es la mejor garantía de que algo va a pasar también en suelo europeo.

El Gobierno y el PSOE pactan elevar el déficit autonómico y el salario mínimo
El CPFF sitúa el objetivo de déficit para las regiones en el 0,6% para 2017. Valencia, Baleares y Cataluña, únicos votos en contra.
Libre Mercado Libertad Digital 2 Diciembre 2016

Sí al 0,6%, pero sin unanimidad. El Gobierno no ha conseguido que todas las comunidades autónomas apoyen el objetivo de déficit para el año que viene. Valencia y Baleares, dos comunidades con un presidente autonómico del PSOE apoyado por nacionalistas y las marcas de Podemos, han dado un portazo en la cara al ministro Montoro… y a la gestora de su propio partido, que había pactado con el Gobierno esa cifra a cambio de una subida del salario mínimo para 2017 del 8%, nada más y nada menos que la mayor subida del salario mínimo interprofesional (SMI) en los últimos 30 años.

Los dos asuntos no tienen nada que ver. Uno es competencia de Empleo y otro de Hacienda y el nuevo Ministerio de Administraciones Territoriales. Pero la política tiene estas cosas y el PSOE ha decidido unir uno y otra en sus negociaciones con el Gobierno, que necesita a otros partidos para sacar los presupuestos adelante.

En el marco de las relaciones Gobierno-CCAA, todo esto es importante porque apunta a un nuevo escenario político. Este jueves, por ejemplo, tenía lugar en Madrid el primer Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) de la Legislatura, presidido por Cristóbal Montoro y Soraya Sáenz de Santamaría, que se estrena en este foro como nueva ministra de Administraciones Territoriales. Éste es un órgano al que desde Hacienda siempre se le ha dado mucha importancia, aunque en términos prácticos ha servido de más bien poco, entre otras cosas porque el ministro tiene la mitad de los votos, con lo que no puede aprobarse nada sin su consentimiento (y al revés, cualquier propuesta de Hacienda sólo necesita el apoyo de una región para salir adelante).

Quizás por eso, en la última legislatura se convirtió en un altavoz de reivindicación política de las autonomías, que protestaban pero no influían demasiado en los acuerdos del CPFF. La escena se repetía en cada reunión: las regiones del PP (más o menos, porque también había aquí tiranteces con Cristóbal Montoro) votaban a favor de lo que proponía el Gobierno y hacían declaraciones conciliatorias. Mientras, las regiones del PSOE y las nacionalistas votaban (casi) siempre en contra fuera cual fuera la cifra de déficit y abandonaban el edificio de la Plaza de Cuzco clamando contra la intransigencia del Gobierno. Luego, el grado de cumplimiento del déficit tampoco tenía demasiada relación con el enfado o las sonrisas mostradas por el consejero de turno. En realidad, todo aquello parecía más bien un teatro con más fondo político que económico.

Pero este jueves, parece que las cosas han empezado a cambiar. No tanto porque las reglas del CPFF lo hayan hecho (Montoro mantiene el 50% de los votos) como porque la aritmética política ya no deja lugar al ordeno y mando. El PSOE ha forzado la mano del Gobierno en el tema del salario mínimo y a cambio ha garantizado cierta paz en lo que hace referencia a las autonomías y a las exigencias de déficit de Hacienda. El CPFF ha fijado en el 0,6% el objetivo de déficit para 2017 para las CCAA. No es el 0,5% que quería el ministro, pero tampoco el 0,7% que buscaban los socialistas.

Eso sí, si en el pasado, con Hacienda enfrentado a las regiones y amenazando con la intervención, el grado de cumplimiento del déficit fue, siendo generosos, tirando a bajo. ¿Se puede esperar mucho para el próximo año, cuando las advertencias y amenazas de Moncloa estén suavizadas por su debilidad parlamentaria? También es verdad que nadie sabe qué va a pasar con el PSOE o Podemos, que tienen decisivos congresos a comienzos de 2017.

El SMI y el 0,6%

Aunque no tenga nada que ver con el CPFF, lo cierto es que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) se ha colado en la reunión de los consejeros y el ministro. Si todo sale tal y como está previsto, en los próximos PGE se aprobará una subida del 8%, que elevará los actuales 655,20 euros mensuales hasta los 707,6 euros.

A cambio, Hacienda cede y les da un margen del 0,6% del PIB para el déficit del próximo año, prácticamente el mismo nivel que el 0,7% que tienen como límite para 2016 y que el CPFF también ha dado por bueno este jueves. De esta forma, para el trienio 2017-2019, los objetivos de déficit serán del -0,6% del PIB en 2017, -0,3% para 2018 y 0,0% para 2019. Por su parte, los objetivos de deuda pública para el conjunto de las CCAA serán del 24,4% del PIB para este año, 24,1% para 2017, 23,6% para 2018 y 22,7% para 2019.

Los consejeros, remolones siempre a la hora de los elogios al Gobierno y con la eterna queja sobre lo exigentes de los límites de déficit, han saludado con evidente satisfacción la nueva cifra. Varios han elogiado la "flexibilidad" de Hacienda en este tema. Parece que, salvo algunas excepciones, ha llegado un cierto deshielo al CPFF. De esta manera, el PSOE consigue en parte su objetivo de que las regiones se beneficien del margen de dos décimas extra que Bruselas le ha dado a España para el año que viene y se apunta el tanto de una subida histórica en el SMI, una medida que genera controversia entre los expertos sobre sus consecuencias pero que es una reivindicación clásica entre el electorado de izquierdas que los socialistas disputan a Podemos.

También se ha hablado en el CPFF sobre la reforma del sistema de financiación autonómica, según informa EFE. En este sentido Sáenz de Santamaría ha emplazado a los consejeros a la Conferencia de Presidentes que tendrá lugar el próximo mes de enero, aunque por ahora sin fecha precisa. Algunas comunidades, especialmente las gobernadas por el PSOE, han insistido en que se acometa esta tarea con "urgencia" para asegurar una adecuada financiación y prestación de los servicios públicos esenciales, que es algo que requiere una reforma "profunda" y no sólo medidas específicas, como la subida del techo de déficit de 2017 al 0,6 %.

Los ‘culpables’

Ninguna administración pública ha salido indemne de estos años de restricciones presupuestarias. Pero las comunidades autónomas sienten que siempre pierden ellos. En primer lugar, porque les ha tocado la parte del león del ajuste. Desde hace años, los consejeros de Hacienda salen de cada CPFF con el mismo mensaje: el Gobierno central no se ajusta el cinturón lo que debe y obliga a las regiones a un esfuerzo extra.

Por un lado, sienten que ellos han hecho un esfuerzo superior y en servicios públicos esenciales (sanidad y educación), de los que más titulares se llevan y más castigan al Gobierno que tiene que aplicar esos recortes. Y además, creen que éste ni siquiera se ha visto compensado en términos de imagen. Porque para buena parte de la opinión pública, el principal problema en términos de gasto de las administraciones reside en las regiones, en sus empresas, en los chiringuitos autonómicos o en las televisiones públicas.

Y no es que no sea verdad que las CCAA han incumplido con sus objetivos de déficit una y otra vez desde que comenzó la crisis. No todas, eso es cierto, pero hay un puñado de regiones que no han logrado mantener los números rojos por debajo de lo pactado con Hacienda ni unas sola vez. Pero también es verdad que al final, en un sistema de financiación autonómica como el que existe en España, las cartas las tiene en su mano el Gobierno central, que fija los objetivos de déficit, que determina en cada ejercicio el nivel de transferencias y que establece la legislación marco a la que deben ceñirse las autonomías.

De hecho, alrededor de esta cuestión girará buena parte de la negociación sobre la nueva financiación autonómica: las regiones pedirán más margen para fijar sus propios tributos y los servicios que tienen que prestar. Montoro querrá mantener el control sobre los objetivos de déficit (que el Gobierno tiene que pactar con Bruselas, no lo olvidemos) y la preeminencia del CPFF en las relaciones Estado-CCAA, un organismo en el que Hacienda tiene la mitad de los votos (vamos, un derecho de veto sobre cualquier decisión).

Por ahora, lo que queda es la sensación de que volvemos a estar delante de una negociación política en la que el objetivo de déficit y su cumplimiento es lo de menos. En 2015, el conjunto de las comunidades autónomas tuvo un déficit del 1,66% del PIB, un punto por encima de su objetivo del 0,7% del PIB. Pero eso es la media, Canarias tuvo un déficit del 0,54%, Galicia del 0,59% y el País Vasco del 0,69%, en los tres casos por debajo del límite. Enfrente, Valencia llegaba al 2,51%, Extremadura 2,64% y Cataluña al 2,7%, casi cuatro veces más de lo permitido.

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Ministerio de Hacienda

Y la pregunta que cualquiera se hace es para qué sirve todo este paripé del CPFF si luego las consecuencias para los que cumplen y los que no son las mismas. No sólo eso, si uno puede terminar en el 0,54% de déficit y otro puede cerrar con -2,7%, por qué discuten tanto Montoro y los consejeros de las autonomías, para qué sirve la Ley de Estabilidad Presupuestaria y cuál es la razón de las acusaciones cruzadas que unos y otros se hacen. No hay respuesta a estas preguntas.

En cualquier caso, este comienzo de legislatura ha sido más tranquilo que el final de la anterior. Será por las circunstancias políticas que rodean a PP y PSOE (que, no lo olvidemos, siguen siendo la fuerza mayoritaria en la mayoría de los gobiernos regionales) pero este jueves se ha notado un claro cambio de tono.


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Si Buesa levantara la cabeza

Isabel San Sebastián ABC 2 Diciembre 2016

No hay marco legal posible para robar al pueblo español la soberanía que le pertenece

A Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez Elorza, los reventó un coche bomba accionado por los amigos de Otegui un 23 de febrero del año 2000. Era un dirigente del Partido Socialista de Euskadi y, como tal, «responsable directo del conflicto que se vive en Euskal Herría», según declaró en el juicio el terrorista Asier Carrera Arenaza, detenido unos meses después y condenado a 103 años de prisión. Desde hace casi un lustro disfruta de una celda próxima a su hogar, privilegio inherente a la «vía Nanclares» otorgado a cualquier terrorista dispuesto a firmar un papel diciendo que se arrepiente, aunque tal arrepentimiento no se traduzca en colaboración alguna con la Justicia. El mismo trato que el Gobierno de Vitoria quiere dispensar masivamente a los presos del hacha y la serpiente, incluidos los más sanguinarios, con el apoyo de la socialista Idoia Mendia.

A Fernando Buesa lo mataron, como a tantos otros representantes del Estado de Derecho, por defender de palabra y obra la legalidad constitucional en el País Vasco. Esto es, por negarse a ceder al chantaje de la banda y quebrar los dos artículos nucleares de la Carta Magna. El que consagra la inquebrantable unidad de la Nación española y el que residencia la soberanía nacional en el conjunto del pueblo español; en todos y cada uno de sus ciudadanos, de forma unitaria e indivisible. A este respecto conviene recordar, porque a veces parece olvidarse, que ETA no sembró muerte y terror durante décadas por una suerte de placer morboso, sino con el empeño de romper esa unidad. ETA no estaba ni está constituida por una cuadrilla de psicópatas, sino por separaristas dispuestos a llevar su fanatismo hasta las últimas consecuencias. Separatistas que hoy persiguen idénticos fines rupturistas con medios adaptados a los tiempos, de coacción «blanda», basados en sustituir la pistola o el coche bomba por la tergiversación y el engaño. Esa infecta manipulación del «relato», en la terminología al uso, que equipara la bala a la nuca e iguala a víctimas y verdugos. El hecho de que tal recurso a la demagogia falsaria sea habitual en el contexto de libertades en el que nos movemos no convierte los fines en lícitos. Ni lícitos ni democráticos. Porque la democracia no consiste únicamente en votar, como repiten machaconamente sus peores enemigos, sino en respetar las reglas del juego vigentes para los participantes en el mismo y utilizarlas, llegado el caso, para cambiar el tablero. Por eso, señora Mendia, Euskadi no puede arrogarse el título de nación, prescindiendo del resto de españoles implicados en la definición y su correpondiente territorio, y mucho menos pueden sus habitantes decidir unilateralmente de qué modo quieren interactuar en España, cuya soberanía no les pertenece. Ni ellos, ni los de Cataluña ni cualesquiera otros adscritos a una comunidad autónoma.

Costó mucha sangre y más dolor aguantar el embate terrorista durante los Años de Plomo. Demasiada como para traicionar ahora la memoria de los que cayeron aceptando lo inaceptable por unas migajas de poder. Entonces el PSE fue ejemplo de coherencia y coraje. Hoy se hinca de rodillas ante un PNV amenazado por Bildu, que le disputa el liderazgo en la carrera independentista. Y lo peor es que pretenden hacernos tragar su infame rueda de molino del «derecho a decidir dentro del marco legal». No hay marco legal posible para robarnos la soberanía (téngalo muy presente también Inés Arrimadas). Tampoco lo consiguió ETA a tiros. Puede que el expolio se consume ahora como consecuencia de la cobardía unida a la ambición fustrada, pero hagan el favor de llamar a las cosas por su nombre: Traición. A la Constitución, a los muertos y a España.

La Generalitat catalana y la deslealtad que no cesa
José Oneto Republica 2 Diciembre 2016

Mientras la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en su comparecencia este jueves ante la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados hacía un llamamiento a reducir los litigios entre la Administración central y las Autonomías, especialmente la catalana, dos de los principales partidos que trabajan por la independencia de Cataluña, JXSi y la CUP, debatían sobre distintas fórmulas para acelerar la escisión de Cataluña de España. El objetivo es que, entre la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y el Referéndum, que se celebrará, según pretende el gobierno de la Generalitat, en Septiembre del año que viene, transcurra el menor tiempo posible.

Esa parece ser la respuesta a la oferta de la vicepresidenta -que entre sus numerosas funciones se ha encargado, también, de la política territorial y del contencioso catalán-, en la que el Gobierno dice estar dispuesto a negociar 45 de los 46 temas que el Presidente de la Generalitat le planteó a Rajoy el pasado mes de Abril. Es decir, todo, excepto la convocatoria del Referéndum independentista. Los partidos que apoyan al presidente Puigdemont, han comenzado a debatir la posibilidad de que haya el menor tiempo posible entre la declaración de independencia y la celebración del Referéndum, para impedir al máximo la no haya posibilidad de intervención estatal.

Hasta ahora, el plan previsto era que en el mes de Julio como máximo, se aprobasen las leyes de desconexión de España para que el Referéndum se celebrase en la segunda quincena del mes de Septiembre, con tiempo suficiente como para hacer campaña, sensibilizar a la población sobre la consulta, e intentar encontrar los máximos apoyos internacionales. Ahora, cuando por fin, el Gobierno accede a abrir una amplia negociación sobre una serie de peticiones pendientes desde la anterior legislatura, la otra parte pretende acortar los tiempos para frenar cualquier reacción del Gobierno que paralice el Referéndum. Lo sorprendente es que todos estos movimientos se producen para que la CUP termine aprobando los Presupuestos de la Comunidad.

Ya el partido de Puigdemont ha pasado por la imposición de la CUP de aprobar una partida especial de seis millones de euros de los Presupuestos de la Comunidad, dedicada a la celebración del Referéndum. Las cuentas del Govern presentadas oficialmente, incluyen también una partida de 62,3 millones para la consejería de Asuntos Exteriores y Relaciones Institucionales, de los cuales 18,2 se dedican específicamente a la acción exterior. De igual manera, y en otro de los capítulos claves de las cuentas públicas en el que hace referencia al impulso de las llamadas “estructuras de estado”, el ejecutivo catalán reserva 57,4 millones para el desarrollo de la Agencia Tributaria de Cataluña (ATC), con un incremento de personal de 459 personas, hasta llegar a las 903.

Pero lo más condenable, desde el punto de vista de la “lealtad constitucional” que es como deben relacionarse las Autonomías con el poder central, es que mientras se aprueban partidas para pagar los gastos del Referéndum con el que se pretende llevar a cabo la escisión de España, se pide al Gobierno central 7.000 millones de euros con el que hacer frente al creciente déficit y a una situación económica tan deteriorada que las Agencias de calificación sitúan a la Comunidad catalana (con una Deuda Pública, que llega al 370% del PIB), al mismo nivel que Nigeria o Bangladesh. Es decir que estamos ante una deslealtad que no cesa.

Cuando la principal preocupación del Gobierno de la Generalitat debería ser actuar con contundencia para hacer frente a lo que es un auténtico “estado de emergencia económica”, no se entiende que toda su política se centre en ocultar qué es lo que se hace con el dinero que periódicamente está recibiendo del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y que ya se eleva a 40.000 millones de euros (el 4% del PIB nacional), mientras la Deuda Pública está a punto de superar los 17.000 millones de euros. Un disparate que se intenta ocultar con otro disparate: el de la separación de España para crear un nuevo Estado independiente, pagado por el Estado del que se pretende escindir.

Alsasua era un pueblo feliz
Cristina Losada Libertad Digital 2 Diciembre 2016

¿No merecerá más un pueblo tan modélico? Que lo propongan para el Nobel de la Paz o para un Princesa de Asturias.

Los de Podemos se superan. En su afán por defender la convivencia y la paz, la diversidad y el respeto al diferente, van a celebrar en Alsasua el Día de Navarra, 3 de diciembre. Lo anunció la secretaria general del partido allí, Laura Pérez, poniendo el acento donde se tiene que poner tratándose de un pueblo que ha soportado mucho desde que el 15 de octubre por la noche una cuadrilla dio una paliza a dos guardias civiles y sus parejas. Queremos, dijo Pérez, "poner en valor que no existe ningún problema de convivencia" en Alsasua. Y tiene razón. No hay allí ningún problema de convivencia con nadie siempre que no sea un guardia civil, amigo de un guardia civil o alguien que moleste de una u otra forma a los matones abertzales. Manténganse alejadas todas esas personas non gratas, instigadoras de conflictos y portadoras de la discordia, y Alsasua seguirá conviviendo en paz, respeto y amor.

La iniciativa de Podemos no es la primera que busca reivindicar la ejemplaridad de Alsasua en convivencia y todo lo demás. La plataforma vecinal Altsasuarra ta harro (Alsasuarra y orgulloso) y el Ayuntamiento organizaron una manifestación días atrás con similar propósito. El acto ciudadano puso el dedo en la llaga: el problema es que la imagen de Alsasua está siendo "gravemente dañada". No, precisemos, por quienes molieron a golpes a los guardias civiles y a sus parejas. Esos no dañaron en absoluto la imagen de Alsasua. Piénsese por un momento: de no haberse sabido nada de la paliza, la imagen del pueblo hubiera permanecido intacta.

No. Lo que ha dañado gravemente el prestigio de Alsasua en toda España y puede que más allá es la forma en que los medios de comunicación presentaron el pequeño incidente de octubre. Fue una simple "pelea de taberna" que han "sobredimensionado". Como la Guardia Civil, con su desmesurado despliegue de tropas al poco del trivial suceso. Ya la primera manifestación para vindicar que el pueblo es un dechado de virtudes se hizo bajo el lema: "Dejad a Alsasua en paz. No a los montajes policiales". ¡A ver si todo es un montaje! Hasta es posible pensar, y allí tal vez lo piensen los perspicaces, que los guardias civiles y sus parejas se autoinfligieron los golpes para perturbar la paz alsasuana que añoran sus habitantes.

Pongamos a la prensa en la lista de los que deben mantenerse alejados de Alsasua para que pueda recuperar su condición de lugar feliz, la que tenía antes de "las provocaciones e intentos de criminalización de todo un pueblo", como dijo Pérez, la de Podemos. Intentos perfectamente injustos si se consideran las aportaciones a la paz y la convivencia que ha hecho Alsasua mientras vivía un calvario. Contribuciones a las que hay que sumar la exigencia de la puesta en libertad de los detenidos por la agresión. Porque esto sí que revela el espíritu compasivo del pueblo. No compadecerse de los agredidos, sino de los agresores. Pensar en lo "indefensas y desamparadas" que están las familias de los agresores y no pensar en la indefensión y el desamparo de los agredidos cuando se vieron aquella noche ante la horda.

El partido Podemos aprecia la "entereza" con que ha respondido Alsasua a la agresión mediática y policial que ha padecido. Pero ¿no merecerá más un pueblo tan modélico? Que lo propongan para el Nobel de la Paz o para un Princesa de Asturias. Aunque los aguafiestas de siempre veremos más apropiado el reconocimiento a un caso singularmente repulsivo de los estragos que causa una comunidad del odio.
 


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