AGLI Recortes de Prensa   Domingo 4 Diciembre  2016

La verdadera razón de la subida de impuestos
EDITORIAL Libertad Digital 4 Diciembre 2016

Las televisiones públicas y la Administración paralela autonómica ya suman más de los 7.000 millones del último hachazo fiscal del Gobierno.

El reciente hachazo fiscal que el Gobierno ha decretado contra familias y empresas ha sido presentado como un hecho inevitable para consolidar las cuentas públicas y cumplir con el objetivo de déficit fijado por la Unión Europea. Como viene ocurriendo desde que el 2011 llegó al poder, el Gobierno de Rajoy justifica un nuevo golpe fiscal a los ciudadanos con el argumento falaz de que no hay ninguna otra posibilidad de realizar ajustes en las cuentas públicas por la parte de gasto.

La mera existencia de las comunidades autónomas, con sus administraciones paralelas y sus emporios mediáticos al servicio de los gobiernos regionales, ya desmonta por sí misma la pretensión de que es imposible realizar economías en el gasto público y, por tanto, no cabe más que infligir un nuevo castigo al contribuyente. Pero como sucede en España desde la propia Transición, todos los partidos políticos asumen que el gasto autonómico es intocablepor duras que sean las circunstancias que esté atravesando el país.

Esta confabulación política para mantener el mastodóntico engendro autonómico se pone de manifiesto con especial crudeza en las televisiones autonómicas, verdaderas máquinas de triturar la riqueza de los ciudadanos al servicio de la clase política que ejerce el poder en el terruño. Como ocurre siempre que hablamos de despilfarro, Cataluña se lleva la palma también en el terreno mediático. Si ya está plenamente injustificada la mera existencia de un solo canal autonómico en un mercado audiovisual pletórico de iniciativas privadas, TV3, el ente mediático al servicio del separatismo, mantiene nada menos que cinco canales, a pesar de la quiebra técnica del Gobierno regional catalán, que ya solo se mantiene con las constantes transferencias de riqueza del resto de España que le proporciona el Gobierno del PP.

Televisión Española, por su parte, tampoco sabe lo que significa la crisis económica. Año tras año sigue arrojando déficits de 100 millones de euros, a pesar de lo cual sigue manteniendo cinco canales nacionales, tres internacionales y otros dos en Cataluña, faltaría más, con seguridad el mejor ejemplo para demostrar la falsedad de los argumentos que el Gobierno utiliza para justificar una política fiscal que ya entra en el terreno de lo confiscatorio.

Dos mil millones de euros nos cuestan los juguetes mediáticos que la clase política utiliza para dedicarse elogios a sí misma o, en el caso de TVE, para dedicárselos durante una semana a un tirano criminal marxista con motivo de su fallecimiento. Los centenares de empresas públicas inoperantes, los miles de observatorios y e institutos públicos dedicados a los asuntos más peregrinos y, en general, la Administración paralela autonómica, suman en su conjunto más que suficiente para completar los siete mil millones de ajuste presupuestario que el Gobierno pretende realizar con esa brutal subida de impuestos aprobada en el último Consejo de Ministros.

El PP ha decretado este salvaje rejonazo fiscal y para ello ha contado con el apoyo de los partidos de izquierdas a los que se ha sumado con total convicción también Ciudadanos, poniendo así de manifiesto su vocación extractiva de la riqueza privada como una formación socialista más. Del Partido Popular ya apenas esperábamos nada en materia impositiva, pero Rivera ha fulminado esta semana la última esperanza de contar con un partido de corte liberal que defienda los intereses de la clase media y trabajadora. En las urnas recibirá el pago a su traición.

La masacre fiscal PP-PSOE, la dictadura mediática y el jaque a Ciudadanos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Diciembre 2016

Si Rajoy tuviera para el bien la misma astucia que este fin de semana ha demostrado para el mal o si Soraya empleara para resucitar al PP sólo una parte del talento que ha demostrado para, con una sola jugada, dar jaque, veremos si mate, a Ciudadanos, creería que España tiene arreglo. Por desgracia, lo que ha sucedido abona la hipótesis contraria: el triunfo de la táctica de Mariano sobre la torpe estrategia de Rivera y el aplastamiento de cualquier posibilidad de reforma del sistema tras el pacto PP-PSOE que Soraya y Montoro presentan como hecho consumado e irreversible auguran un futuro de desestabilización política institucionalizada, con una paulatina cesión de la soberanía nacional ante el separatismo catalán y vasco, y cuyo coste supondrá la lenta e irreversible consunción de la economía nacional.

Lo más curioso, lo que prueba que estamos ante una exhibición de talento para el mal, es que esta liquidación del Estado a costa del bolsillo de la Nación la ha perpetrado el PP utilizando la idea, mezcla de aprensión y conjuro mágico, que desde hace cuarenta años embruja a la opinión pública española: el consenso. Malo es que el Gobierno haga el mal o lo haga mal; peor, que la Oposición respalde las fechorías al Gobierno; y muchísimo peor que todos los grupos de comunicación, con la única excepción de LD-esRadio, hayan aplaudido la masacre fiscal PP-PSOE y la marginación de C´s, que supone el final de cualquier esperanza de reforma del sistema.
El triunfo de la casta política

El proyecto fiscal de Soraya y Montoro, con la bendición de Rajoy desde las alturas, supone la consolidación de todos los privilegios de la casta política, con sus dos partidos históricos PSOE y PP, a la cabeza. Son privilegios encastrados en la Administración Central y la Municipal pero, sobre todo, en el Estado de las Autonomías, cuyo techo de déficit se ha aumentado a petición del PSOE, que al fin y al cabo es un emirato andaluz de taifas catalanistas. Y esa ruptura de todos los límites de la presión fiscal, del gasto público y del mínimo rigor presupuestario, que suponen la subida imprecisa e ilimitada de todos los impuestos la pagará, inevitablemente, la clase media y media-alta, la más productiva, en beneficio de las "manos muertas" de un paro eterno, juvenil y de jubilados. Y esa apuesta por la subvención entierra toda posibilidad de supervivencia de la sociedad civil.

El PP, a diferencia de otros partidos, tiene una idea clara: cree que puede mantenerse en el Poder asumiendo la política económica del PSOE. Éste -ésta, porque el PSOE es ya Susana Díaz- debe limitarse, de momento, a una oposición cosmética al Gobierno de Rajoy y la reconstrucción de una organización capaz de heredarlo, como Rajoy heredó a ZP. Para ello, Díaz necesita tiempo y eliminar a Ciudadanos, que le estorba tanto como al PP. La forma de hacerlo era tan sencilla que no sé cómo no la vio un talento tan superlativo como el de Albert Rivera, que ha convertido al partido que ayer era la sombra fresca de un sistema de bochorno en una banda de autómatas con pinganillo, en un rebaño de políticos con asesores encima de la chepa. De no verlo, no creerlo. Pero yo lo he visto. Y mi obligación es contarlo.
Si sólo faltaba diálogo, sobraba Ciudadanos

Porque el PP se ha limitado a hacer lo que siempre ha querido y ha dicho hasta la saciedad Rajoy: pactar con el PSOE. Rivera le ha permitido, simplemente, alcanzar ese deseo sin pedir nada a cambio. Estaba tan feliz y satisfecho diciendo como Gema Nierga tras el asesinato de Lluch: "ustedes que pueden dialogar, dialoguen", que no pensó que iban a dialogar… pero sin él. Porque si el PP y el PSOE dialogan, ¿qué falta les hace Ciudadanos?

En realidad, Ciudadanos era, no sé si sigue siendo, un problema para el bipartidismo y una esperanza para la sociedad española, que no buscaba el diálogo entre los partidos responsables de la crisis, sino una lucha contra la corrupción que partiera de la independencia judicial, continuara por la limpieza de las cloacas de Interior y desembocase en la lucha implacable y continuada, con la ley en la mano pero con la fiscalía y la policía en ristre, contra el separatismo antiespañol, en lo lingüístico, mediático y económico.

Tras el pacto PP-PSOE, que va más allá del acuerdo sobre la ruptura del rigor presupuestario, olvidémonos de la independencia de la justicia, de la lucha antiseparatista, porque Soraya y Millo se rendirán mejor que Inés Arrimadas, de la reforma de la Ley electoral y de aliviar el saqueo fiscal, que Montoro continuará con más oficio y decisión que Latorre y Roldán. Si del proyecto reformista de Ciudadanos sólo quedaban las promesas de hacer realmente independiente al Poder Judicial y mejorar el trato fiscal a los autónomos, ya no queda ni eso. La primera, la ha vetado el PSOE. El segundo, lo ha matado el PP. De las demás, ya había prescindido Rivera en aras de la pureza centrista y de no renunciar a darnos lecciones sobre todo. Ha perdido la pureza en Cataluña y se ha quedado sin cátedra en Madrid.

El fin y el final de la recuperación económica
Los lectores de LD pueden seguir la descripción minuciosa de la masacre fiscal en el análisis de Domingo Soriano sobre la enésima burla a los votantes del PP, a los que el somnoliento gatazo Rajoy y sus mininos Sorayina y Cristobita convencieron en las elecciones de que la indudable mejora económica permitía bajar los impuestos. El fin del impuestazo anterior era lograr el final de la herencia de ZP. Y resulta que no, que el final nunca llega porque nunca se recauda lo suficiente para saciar el afán de gasto de los políticos. Mientras se hable, como hacen todos los partidos de que España tiene un problema de ingresos fiscales y no de gasto público, estamos condenados a no salir nunca de la crisis. Y para entender la terrible situación en que quedan los jóvenes, la verdadera naturaleza del caramelo envenenado del SIM, léase el análisis de Diego Barceló sobre cómo subir el salario mínimo interprofesional perjudica a jóvenes parados y trabajadores poco cualificados, abocados a convertirse en subvencionados permanentes.

En el fondo, el precio del pacto Rajoy-Susana será el de añadir un millón de jóvenes trabajadores del Norte a los dos millones de veteranos parados del Sur. Rajoy seguirá en el poder a cambio de que sus votantes sean como los de Susana. Porque eso es el socialismo en España: un gigantesco paro estructural tutelado por los sindicatos, unas sociedades y empresas maniatadas por Hacienda y las cotizaciones a la Seguridad Social y una enseñanza carísima y totalmente desconectada del mercado laboral que, en el mejor de los casos, produce emigrantes y, en el peor, sectas políticas destructivas como la de Podemos, nacida y pacida en la facultad de Ciencias Políticas de la Complutense.
¿Es posible una rebelión cívica sin partidos ni medios de comunicación?

Siendo terribles la insaciabilidad fiscal y la mendacidad patológica del Gobierno del PP, más grave es comprobar cómo todos los partidos y todos los políticos, del último diputadillo a la última senadorzuela, comparten la doctrina socialista de que subir impuestos y asignar salarios por decreto puede mejorar la vida de la gente. Vuelve el consenso progre, vuelve el poder sindical a través de los acuerdos de sector, vuelve la ruina.

Lo que es inimaginable en ningún país del mundo es que semejante masacre fiscal y dictadura mediática tan siniestra no hallen un solo partido, un solo político que encabece una rebelión cívica como la que tuvo lugar en España tras el 11M frente al Gobierno de ZP, en torno a las víctimas del terrorismo y al PP, con el respaldo de algunos medios de comunicación. La España de hoy es una sociedad amorfa sorda, ciega y muda, a la que, como era de prever, le están robando la cartera. A ver cómo nos defendemos.

La polémica de una reforma territorial que no quiere nadie
Editorial La Razon 4 Diciembre 2016

La encuesta de NC Report que hoy publica LA RAZÓN indaga sobre la percepción que tiene la sociedad española de la Constitución, su vigencia actual y, también, sobre el debate abierto en torno a su reforma. Ya podemos adelantar que, sumadas todas las respuestas, los ciudadanos se encuentran ciertamente cómodos con su Carta Magna y, sobre todo, con el modelo territorial autonómico, tal y como fue diseñado por los padres constitucionalistas en 1978. Por supuesto, una mayoría de los consultados, el 65,7 por ciento, considera que la Constitución se debe reformar, pero, cuando se les pregunta específicamente por las disposiciones que es preciso cambiar o modernizar –la sucesión a la Corona, el Senado, el blindaje de los derechos sociales, el modelo autonómico, las competencias del Estado o el sistema de libertades– , ninguna respuesta supera el 15 por ciento de apoyo. Quiere decirse que la idea instalada en la opinión pública española sobre la urgencia de un cambio constitucional no acaba de materializarse en cuestiones concretas, como si la sociedad fuera, en realidad, a remolque del debate político. Convendría que nuestros representantes parlamentarios tuvieran muy en cuenta este hecho a la hora de abrir una cuestión de tanta trascendencia y que, sin duda, puede provocar tensiones innecesarias. El sondeo refleja, por otra parte, la lógica fractura generacional entre quienes, por edad, pudieron votar la Constitución y quienes no habían nacido o eran demasiado jóvenes. Entre los primeros, el respaldo a la Carta Magna es muy mayoritario, mientras que entre los segundos –los menores de 44 años– son más quienes creen que ha perdido validez. Ahora bien, en el conjunto de la población con derecho a voto, el 57,8 por ciento de los encuestados la consideran perfectamente válida, y sólo un 37 por ciento cree que se debería volver a votar. Es importante retener estas diferencias de opinión, ya decimos que muy marcadas por el factor generacional, porque, frente a la intensa propaganda de los partidos nacionalistas, el sondeo de NC Report demuestra que el conjunto de los españoles, sin distinción de edad, está muy satisfecho con el modelo autonómico consagrado en la Constitución, no cree que sea necesario abordar su reforma y, sobre todo, se muestra contrario a cualquier cambio que suponga establecer desigualdades entre los ciudadanos por razón de su lugar de residencia. Así, a la pregunta de «¿cambiaría el modelo de Estado que recoge la Constitución?», el 68,1 por ciento de los consultados responde negativamente, frente al 21,7 por ciento que dice «sí». Y a la pregunta sobre si todas las comunidades autónomas deben tener el mismo trato, el «sí» es casi unánime: el 81,6 por ciento. Con las respuestas a estas dos preguntas de ámbito general no es difícil adivinar qué opina el común de los españoles sobre la llamada cuestión de Cataluña y el desafío independentista. El 77,7 por ciento se niega a reformar la Constitución para dar más autogobierno al Principado; el 80,5 por ciento está en desacuerdo con que Cataluña sea considerada una nación, y el 81,2 por ciento no cree que se deba reformar la Carta Magna para llevar a cabo un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Respuestas abrumadoramente mayoritarias que, entre otras cuestiones, explican las dificultades que encuentra el PSOE para conseguir explicarse ante la opinión pública y, sobre todo, buscar un encaje a su propuesta de modelo federal.

La generación perdida.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 4 Diciembre 2016

Se dice que PODEMOS es sobre todo un partido que ha sabido aprovechar la falta de ilusión de toda una generación de jasp (jóvenes aunque sobradamente preparados) para todo menos para una realidad alejada de la vida acomodada que el ambiente y el apoyo familiar les procuraba y protegía del exterior. Una irrealidad y un grave error educativo que les ha dejado totalmente indefensos en un mundo de competencia feroz en una época de crisis económica que ha afectado a millones de hogares españoles. Una situación de angustia y desesperación por un futuro incierto equiparable a la crisis que obligó a millones de españoles a abandonar España en la década de los años 60 del pasado siglo en busca de trabajo. Pero ahora no es tán fácil, las exigencias son mucho más restrictivas, requiere una alta especialización y, sobre todo, dominio del idioma del país anfitrión y el inglés de modo obligatorio. Uno requisitos que la mayoría de esa juventud no cumple y se ve forzada a permanecer y aceptar con suerte empleos “basura” mal remunerados y sin garantías de continuidad. Y así no hay forma de hacer ningún plan de vida ni solo o en común con una pareja.

PODEMOS representa la canalización de todos esos sentimientos de rechazo y por qué no, de odio hacia el sistema que les ha condenado a coexistir con una situación para la que carecen de armas con las que luchar y aumentar sus posibilidades. Un fracaso de toda una sociedad y un problema para millones de familias que deben soportar la convivencia prolongada antinatural de sus propios hijos hasta unas edades donde la emancipación hubiera sido lo normal. Una carga emocional y económica, a veces insoportable. Pero PODEMOS también representa a otra parte de esa juventud marginada que nunca tuvo la oportunidad para prepararse mínimamente, que fue desarrollando un sentimiento de frustración y se vio obligada a aportar a la economía familiar en una emancipación precoz común en otras sociedades.

El caso es que los fundadores de PODEMOS han sabido aprovechar y canalizar ese sentimiento como base para desarrollar su objetivo revolucionario basado en el comunismo más radical de corte bolivariano, a través de un discurso populista y demagógico plagado de promesas de un mundo mejor. Un cielo donde todos viviremos felices y cumplidas nuestras aspiraciones de un trabajo dignamente remunerado, el acceso a una vivienda y unas prestaciones sociales universales de calidad, todo gracias al “papá Estado” y a la desaparición de las clases opresoras. Un discurso que recuerda demasiado a los albores de ese comunismo romántico que dio paso a la más feroz y sanguinaria dictadura del llamado “proletariado”, dominada por una élite de verdadera casta burocrática asentada en el poder más absolutista.

Y si a ese discurso le añadimos el mensaje típicamente fascista del nacionalismo, tenemos un cóctel explosivo capaz de turbar las mentes de gentes ansiosas de creer las mentiras que oyen. No hay nada como halagar a los desesperados decirles que son especiales y que tienen derechos que el sistema no quiere reconocerles. Es por eso que PODEMOS intenta por todos los medios sumarse al carro de la autonomía plena e incluso de la independencia. Su objetivo es bastante pragmático, conseguir el poder total parcela a parcela. Incide en todo aquello que separa y critica ácidamente al que identifica como el enemigo y responsable de todos los males, el Estado. De ahí el que PODEMOS se haya convertido en una especie de hidra se de siete cabezas, cada una en busca de su presa de forma descoordinada e independiente, las llamadas “confluencias”.

Una situación de auténtico esperpento donde mensajes como el de Teresa Rodríguez proclamando que Andalucía es una nación, o la emancipación de Ada Colau con un partido propio en Cataluña, o el desplante de las Mareas en Galicia y COMPROMIS en Valencia, dan una idea de lo que se consigue con una concepción fundacional asamblearia, transformada en una “Duma” autoritaria y personalista.

Dicen que la juventud es una enfermedad que se cura con los años Sin embargo la de esta generación me temo que es una enfermedad incurable y en proceso terminal, fácil presa para charlatanes y embaucadores que prometen soluciones milagrosas imposibles. Somos todos responsables de esta generación perdida por un imperdonable error de sobreprotección.

¡Que pasen un buen día!

El programa antinacionalista
ARCADI ESPADA El Mundo 4 Diciembre 2016

En los primeros tiempos de Ciudadanos una de las preguntas recurrentes, incluso hecha con buena intención, era saber lo que iba a ser ese partido, además de antinacionalista. Muy bien, decían, ya sabemos que son antinacionalistas, pero deberán ser ustedes algo más. Deberán tener una política nuclear, una posición ante la lactancia materna, una idea de cuánto Keynes y cuándo. Eran preguntas importantes, y las había a cientos. Todas tenían su respuesta liberal o socialdemócrata y estaba a un tiro de Google. Una posibilidad interesante a la que se acogían algunos promotores del partido era, entre lo liberal y lo socialdemócrata, escoger lo correcto. Lo que recomendaba, exactamente, el politólogo italiano Giovanni Sartori. El inconveniente es que eso obligaba a estudiar cada asunto e impedía seguir la confortable instrucción publicitada por Eisenstein para los casos de duda revolucionaria. La sentencia inolvidable: "¡Aplica la línea general!".

Sin embargo, lo que tal vez obviaban nuestros interesados interlocutores es que ser antinacionalista en España es ser muchas cosas, y todas eminentemente prácticas. Una especie de cosmovisión inversa. Para empezar, ser antinacionalista es tener un punto de vista tajante sobre la desigualdad. El aumento o no de la desigualdad es un asunto debatido en medio mundo, en el medio mundo que puede permitírselo, por así decir. Pero no hay dudas, ni académicas ni políticas, de que la reivindicación nacionalista en España es básicamente una reivindicación de los ricos frente a los pobres. El "Espanya ens roba" que pusieron en circulación como banderín de enganche fetén los nacionalistas puede traducirse sin aparatosidad ninguna como "Los pobres españoles nos roban". Un lema aún más inmoral cuando se recuerda hasta qué punto la prosperidad de los territorios nacionalistas se debe también al trabajo de millones de españoles inmigrantes, cuya parte de soberanía sobre el territorio que quiere independizarse es bastante más que simbólica. Cualquier concepto de la solidaridad entre ciudadanos derrapa gravemente ante el acoso nacionalista, y este es el más grave de los problemas que debe soslayar la improbable, pero real, izquierda nacionalista.

Ser antinacionalista es también ser antiproteccionista. Como es evidente, el mercado global desencadena tensiones económicas aparte de las culturales. Y en muchas ocasiones las tensiones económicas acuden a la máscara cultural para disimular su feo rostro. El proteccionismo es el racismo de las mercancías y uno de los frenos de la innovación y de la igualdad de oportunidades humanas. El nacionalismo juega siempre en segunda división, porque crea sociedades alérgicas a la libre competencia, subvencionadas. Un caso local y paradigmático es el de los escritores en lengua catalana, incapaces en su gran mayoría de nadar a mar abierto pero cómodos y gordinflones como siluros en el cálido estanque de lo que ha venido en llamarse, sin precisión ninguna, la cultura catalana.

El nacionalismo es también una peligrosa palabra vacía. Muchos diccionarios tienen problemas para encararse con ella. Y se derivan de su carácter eufemístico. Porque siempre y en cualquier circunstancia el nacionalismo es la fabricación de una extranjería y la consiguiente expresión de una xenofobia. Hay obvias razones morales para oponerse a todo ello. Pero las hay radicalmente políticas. Del trágico siglo XX europeo nos surge la plegaria de que los hombres aprendan a vivir juntos al margen de sus lenguas, religiones o fronteras. La gran lección es política y los millones de muertos de las dos guerras llevan a pensar que no fue buena idea el principio de autodeterminación wilsoniano por el que a cada nación, cultural, étnica, le debía corresponder un Estado. Ser antinacionalista es una condición, puramente técnica, del buen gobierno. Y la única manera de ser europeo. Y, por supuesto, la premisa inobjetable para afrontar correctamente el formidable asunto de la inmigración global: para sostener que nadie debe tener más derechos que nadie en un lugar porque llegara antes y para sostener sin complejos y con igual radicalidad que el relativismo cultural es incompatible con la globalización.

Todo nacionalismo es también una fábrica de mentiras. Como te he explicado con enorme paciencia tantas veces la ventaja de las naciones antiguas es que sus mentiras fueron contadas hace mucho y su aire fétido se ha esfumado. Ser antinacionalista procura una saludable relación con la verdad. La verdad es una palabra en alza. Después de la siniestra campaña de Trump incluso algunos periodistas, gremio refractario a la verdad, a pesar de las apariencias, han descubierto que la verdad no tiene versiones. El propio New York Times hizo el descubrimiento deontológico del siglo al admitir que no debía poner en pie de igualdad una verdad y una mentira, como hasta entonces acostumbraba el periodismo hemos-de-conocer-su-versión-de-los-hechos. Ha sido necesario que las mentiras las pronunciara el que hoy es ya presidente de los Estados Unidos de América para que La Vieja Dama Gris quebrara su hipócrita tradición equidistante. Hay una cierta posibilidad de que The Trump after concite el desprestigio de la mentira política y acabe con ese grosero lugar común que identifica la verdad en la política con la ingenuidad de los principios. Los antinacionalistas, por lo general, son gente bien preparada para la verdad, porque el centro de su actividad ha sido el incesante decapado de las mentiras nacionalistas. Un partido antinacionalista español (y espero que celebres la malicia de que ponga estas dos últimas palabras a hablar) es el que ha de reclamar, por ejemplo, que los escolares aprendan una historia común objetiva, que no es la suma de los puntos de vista de los andaluces, catalanes o vascos, del mismo modo que la historia de la Guerra Civil, por ejemplo, no es la suma del punto de vista franquista y del punto de vista republicano... ¡para sacar después la media! Uno de los más graves problemas de la democracia es el de afrontar la circulación de las mentiras sociales y su influencia en la elección de los gobernantes. Los antinacionalistas pueden aportar un sólido know how. En España fueron los primeros en comprobar cómo las mentiras nacionalistas reducían la calidad (y la cantidad) de la democracia.

Así pues ser antinacionalista no es una defensiva desesperación. Ni la enfermedad infantil de Ciudadanos. Ser antinacionalista es un detallado programa político. Y que cose los retos fundamentales de la época. Ser antinacionalista, por último, es un realismo vigilante, y lo digo clavando mi pupila en tu pupila azul: la obligación derivada de que siempre habrá nacionalistas, con su lúgubre ademán fatal.

Y sigue ciega tu camino. A.

Política y fantasía
¿Será que nuestra especie no está todavía completamente programada para el pensamiento racional y sigue necesitando mitos consoladores, brujerías salvadoras y explicaciones oníricas de un universo que la atemoriza y la rebasa?
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 4 Diciembre 2016

Se supone que la política es la ciencia o el arte o la técnica de organizar la convivencia humana en sociedades amplias y complejas de tal forma que sus integrantes vivan en paz, armonía, libertad, justicia y prosperidad. Parece también razonable asumir que el ejercicio de legislar y gobernar se ha de apoyar en realidades tangibles y probadas, en hechos evidentes y en análisis objetivos, completos y racionales. ¿Cómo si no conseguir que millones de seres humanos se consideren parte de una sociedad y obedezcan las normas dictadas por sus dirigentes? Para ganar su adhesión y convencerles de que el orden establecido es el correcto y el que mejor sirve al interés general y al de cada uno de ellos en particular, habrá que proporcionarles argumentos sólidos e información veraz y contrastada que justifique las medidas a tomar, los impuestos que pagar, las reglas que seguir e incluso los sacrificios que aceptar. Eso sería lo lógico y lo natural.

Pues bien, desde esta perspectiva es conveniente saber que el 40% de los norteamericanos jamás elegirían a un candidato ateo, mientras que sólo un 6% rechazarían a un candidato católico, un 7% a uno judío, un 18% a un mormón y un 38% a un musulmán. Ahora bien, un 50% se negarían de plano a otorgar su sufragio a un socialista, lo que resulta sin duda estimulante. Ya puestos a enfrentarnos a los datos sociológicos de la democracia más poderosa del mundo después de la inesperada victoria de Donald Trump, es bueno constatar que el 81% de los estadounidenses creen que existe el cielo y el 76% creen que existen los ángeles. Tampoco sería prudente ignorar que el 42% creen que Dios creó al hombre directamente tal como es en la actualidad y que este acontecimiento extraordinario sucedió en alguna fecha concreta de los últimos diez mil años, mientras que un 31% también son de la opinión de que un Ser Supremo nos fabricó en nuestra forma presente, pero no en un único acto súbito y generoso, sino guiando un largo proceso evolutivo a lo largo del cual su diseño supremamente inteligente orientó la adaptación al medio y las mutaciones genéticas para que el resultado final fuese George Clooney, Kate Upton o, por qué no admitirlo, Charles Manson. Únicamente un 19% se inclinan por la evolución a lo largo de millones de años sin intervención divina como el mecanismo que nos concibió, lo que es un porcentaje apreciable si recordamos que tres cuartas partes de la población ven a los querubines, arcángeles, tronos y dominaciones tan verosímiles como al vecino al que prestan la máquina de segar césped.

Tales peculiaridades de nuestros amigos y aliados del otro lado del Atlántico podrían llevar a un europeo condescendiente -un parisino típico, sin ir más lejos- a la tentación de la burla ante semejante despliegue de ingenuidad simplista, pero antes de contemplar la paja en ojo ajeno es aconsejable reconocer la viga en el propio. Así, por ejemplo, en nuestro continente, cuna del método científico, de la democracia y de la Ilustración, más de dos millones de personas en el Nordeste de la Península Ibérica adoran a una deidad inventada llamada Cataluña a la que atribuyen poderes mágicos y por la que están dispuestos a arruinarse y a fastidiar a los cuarenta y dos millones de españoles restantes, fenómeno inexplicable a la luz de la razón. Es asimismo llamativo que una mayoría de europeos afirmen sin vacilar que es mejor cargar el esfuerzo fiscal en los tributos directos que en los indirectos, que el establecimiento de un salario mínimo interprofesional ayuda a los más desfavorecidos, que lo público es por definición preferible a lo privado y que el libre comercio global hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos, convicciones todas ellas abundantemente contradichas por la teoría económica y por la experiencia histórica. Si a estas quimeras añadimos la de la construcción de una imagen del Che Guevara como un héroe justiciero digno de figurar en el torso de innumerables camisetas y la de que hay que reconocer determinados derechos materiales con independencia de que su financiación por el Estado sea posible o no, tendremos que reconocer que antes de reírnos de los norteamericanos no estaría de más un examen de conciencia propio.

Si nos vamos a Oriente Medio, nos encontramos con multitudes absolutamente seguras de que Dios aprueba que se lapide a las adúlteras, que se castigue con la muerte a los apóstatas, que se cuelgue a los homosexuales y que se reduzca a las mujeres a un trato vejatorio en el seno de la familia y en el marco legal. A lo que se suma que centenares de miles de creyentes islamistas han interiorizado la escalofriante idea de que hacerse explotar forrado de dinamita en discotecas llenas de gente causando horribles matanzas garantiza una eternidad en un paraíso lleno de fuentes cristalinas, miel en abundancia, tiernos higos a granel y huríes que no desmerecen a las modelos de Victoria´s Secrets.

A partir de este panorama tan inquietante como inescapable, se entiende que no pocos políticos lúcidos se refugien en el estudio de las encuestas para a continuación articular sus discursos y sus propuestas de acuerdo con la sabiduría demoscópica, dado que la tarea de combatir tantas fantasías peligrosas les parezca inabordable por difícil y hercúlea. En cuanto a los conductores de pueblos que participan y se aprovechan de este mundo pletórico de pesadillas sangrientas y falsas ideas claras, son particularmente letales porque se entregan con entusiasmo a su propagación. Queda un reducido grupo de elegidos que, inasequibles al desaliento, se esfuerzan por traer la luz a los páramos mentales sombríos en los que tantos Homines Sapiens se mueven ajenos a las lecciones de la Historia y del conocimiento empírico. Su empeño rara vez alcanza el éxito y suelen acabar mal o refugiados en sus torres de marfil. La tecnología es cada día más sofisticada y el futuro cada día más incierto. ¿Será que nuestra especie no está todavía completamente programada para el pensamiento racional y sigue necesitando mitos consoladores, brujerías salvadoras y explicaciones oníricas de un universo que la atemoriza y la rebasa? Que Dios o Darwin nos asistan.

Regreso a la 'era neandertal'
GABRIEL TORTELLA El Mundo 4 Diciembre 2016

Los admiradores de la cultura anglosajona no estamos de enhorabuena. Tras el Brexit, la victoria electoral de Donald Trump (por precaria que sea) nos indica que en las cunas de la democracia y el parlamentarismo ha triunfado la reacción visceral sobre el voto cerebral. Es sabido que a mediados del siglo XIX se descubrió en el valle de Neandertal, cerca de Düsseldorf, en Alemania, la existencia de restos humanos que diferían de los del Homo sapiens convencional. Los neandertales eran sapiens, pero menos. Su cerebro era algo menor y en general tenían rasgos algo simiescos. Habían habitado en Europa, habían coexistido con los sapiens sapiens, pero se habían extinguido por causas poco claras, que quizá estuvieran relacionadas con su inferior inteligencia. Su ausencia sin duda era un alivio, pero más tarde se descubrió que, antes de desaparecer, algunos neandertales se habían apareado con sapiens sapiens, por lo que muchos de nosotros tenemos algunos genes neandertalenses. A uno se le ocurre que quizá este triunfo del populismo anglosajón tenga algo que ver con un salto atrás genético.

Es cierto que en Estados Unidos y el Reino Unido los votos del bando triunfante provinieron de las capas menos educadas y urbanas de la población; que Trump proclamó durante la campaña que le encantaba la gente poco educada y que Michael Gove, un tory partidario del Brexit, dijo poco antes del referéndum que la gente ya estaba cansada de los expertos. Y, en efecto, en ambos países la prensa más sesuda, sobre todo la de papel, se alineó claramente contra las opciones populistas. Estos votantes poco pensantes nos recuerdan aquella frase de Maquiavelo: "Los hombres son tan simples y tan pendientes del presente que quien los quiera engañar siempre encontrará alguno que se deje".

Esta amarga observación de un pensador muy desengañado del siglo XVI se ha verificado una vez más cinco siglos más tarde. Porque la sarta de mentiras que han soltado los populistas ganadores en ambas orillas del Atlántico nos han hecho pensar en Goebbels: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. O en posverdad. Que se lo pregunten a los nacionalistas de toda laya. Y estas posverdades, convenientemente repetidas (que Obama no era estadounidense, que todos los mexicanos son violadores y asesinos, que el comercio nos perjudica, que Europa nos roba, o que España nos roba, y un larguísimo etcétera), se convierten en potentes armas electorales, en el mundo anglosajón, en el francés y, por supuesto, en el catalán y en el vasco, donde tan fácil es engañar a los neandertales.

Dos preguntas se plantean inmediatamente ante esta situación alarmante: la primera, a qué se debe esta vuelta atrás electoral, esta regresión a neandertal de los votantes; la segunda, si este irracionalismo visceral lleva visos de extenderse a otros países adelantados, en particular de Europa. La segunda pregunta tiene una respuesta en dos partes: que en Europa hay partidos populistas dispuestos a llegar al poder mintiendo a diestra y siniestra es innegable. En Grecia Syriza lleva año y medio en el poder, tragándose sus mentiras una tras otra. Esto le ha desprestigiado allí, pero en el resto de Europa no parece haber afectado a los votantes populistas. Por lo tanto, y ésta es la segunda parte, es muy posible que el populismo triunfe en países como Francia, Holanda, e Italia, y partidos de este pelaje ya están en el poder en Polonia y Hungría. La situación, por tanto, es extremamente alarmante, lo cual nos lleva a la primera pregunta: ¿a qué se debe el auge del populismo? Porque la única manera de resolver un problema es estudiar sus causas.

Se atribuye el arrebato populista a la Gran Recesión. Esto es cierto sólo en parte, porque no hay recesión que 10 años dure. Tanto Estados Unidos como el Reino Unido, con muy bajas tasas de paro, hace tiempo que dejaron atrás la recesión, aunque quedaran secuelas que pesaron mucho en la rebelión de los votantes y favorecieron el neandertalismo electoral. Pero hay un factor concreto que pesó decisivamente en uno y otro país, y que sigue pesando en el auge del populismo europeo: la inmigración. La promesa (por supuesto, mendaz) de Trump de construir un muro en la frontera con México fue decisiva en su victoria. La de Boris Johnson y Nigel Farage asegurando que el Brexit pondría fin a la entrada de trabajadores extranjeros fue igualmente eficaz para dar el triunfo en Gran Bretaña a los enemigos de la Unión Europea. Cosas parecidas proponen los populismos en Francia, Alemania, Holanda, Dinamarca, etcétera. En Hungría, el Gobierno de Viktor Orbán se distingue por su nacionalismo radical y su oposición frontal a la inmigración. Sólo en la Europa del sur el componente xenófobo del populismo está más diluido, aunque la presión demográfica en el Mediterráneo alcance dimensiones pavorosas.

Muy posiblemente el problema más grave con que se enfrenta el planeta en el siglo XXI sea el excesivo crecimiento de la población humana. Esto es algo de lo que la mayoría, preocupada, como decía Maquiavelo, de su realidad inmediata, apenas es consciente. A partir de la Revolución Industrial (fines del siglo XVIII) la población humana ha crecido de manera desbocada. Si en 1800 había en la Tierra unos 900 millones de seres humanos, en poco más de 100 años la cifra se había doblado, y durante el siglo XX se dobló varias veces más, de modo que en la actualidad el número de humanos sobre la Tierra está en torno a los 7.500 millones. Y sigue creciendo; aunque la tasa de crecimiento se haya moderado un poco, lo más probable es que, si no se hace algo drástico para limitar el crecimiento, a fines de la presente centuria seamos cerca de 10.000 millones. Si las cifras actuales ponen ya en serio peligro la integridad del planeta, 2.500 millones más (el número total de habitantes en 1950) crearían una tensión inconcebible. Porque estamos como en el camarote de los hermanos Marx: cada vez entra más gente, pero el espacio no aumenta.

Peor aún que las cifras totales es su reparto geográfico. Las zonas templadas están muy llenas, pero su población no crece. Lo más alarmante es que son los países pobres, los ecuatoriales, África y Oriente Medio, aquéllos donde más crece la población. De ahí los éxodos masivos, los millones que están dispuestos a jugarse la vida por abandonar su tierra y alcanzar los países ricos para trabajar por un salario que es mísero en el país rico, pero espléndido en el país de origen. De ahí también el odio a Occidente de muchos habitantes de esos países (ISIS, Al Qaeda, Boko Haram...), que prefieren volver a la Edad Media a aceptar la superioridad de la civilización cristiana. Es el neandertalismo del subdesarrollo. Japón hizo lo contrario y hoy, con todos sus problemas, es uno de los países más desarrollados.

La bomba demográfica en el tercer mundo está dividiendo el planeta con una profunda brecha entre países ricos y pobres. La solución no está en levantar muros y alambradas que agraven la división. La solución está en atacar la causa del problema: la superpoblación de los países más atrasados. Es responsabilidad del resto del mundo luchar por que estos países progresen económicamente y se estabilicen demográficamente. Se precisa más educación (incluida la sexual) y menos armamento, más comercio y más puestos de trabajo in situ. No seamos miopes como los contemporáneos de Maquiavelo: pensemos planetariamente, porque sólo tenemos un planeta y los destinos de la humanidad están fuertemente entrelazados: todos viajamos en la misma nave. No tratemos de encerrarnos en nuestros pequeños castillos e ignorar los problemas de nuestros semejantes. No escondamos la cabeza, como la proverbial avestruz. No volvamos a la era neandertal.

Gabriel Tortella es economista e historiador.

Francia, al borde del colapso
Guy Millière Lagaceta.eu 4 Diciembre 2016

Francia está en estado de ebullición. Los migrantes que llegan de África y Oriente Medio siembran el desorden y la inseguridad en muchas ciudades. El enorme arrabal conocido popularmente como "la jungla de Calais" acaba de ser desmantelado, pero se crean otros nuevos cada día. En el este de París, las calles se han cubierto de láminas onduladas, hules y tablones abigarrados. La violencia es el pan de cada día. El número de no-go zones del país, oficialmente definidas como "áreas urbanas sensibles", es ya de 572 y sigue creciendo, y los policías que se acercan a ellas suelen sufrir las consecuencias. Recientemente un coche policial fue objeto de una emboscada e incendiado, y a los agentes que iban a bordo no se les dejaba abandonarlo. En caso de ser atacados, en vez de contraatacar, los agentes deben huir, según les dicen sus superiores. Muchos policías, indignados por tener que comportarse como cobardes, han organizado manifestaciones. No se han producido atentados desde el asesinato de un sacerdote en Saint-Etienne-du-Rouvray, el pasado 26 de julio, pero los servicios de inteligencia ven cómo los yihadistas han regresado de Oriente Medio y están listos para actuar, y que los disturbios pueden estallar en cualquier parte, en cualquier momento, con cualquier pretexto.

Aunque se ve sobrepasado por la situación doméstica, el Gobierno francés sigue interviniendo en los asuntos internacionales: la del Estado palestino sigue siendo su causa favorita, e Israel su chivo expiatorio preferido.

La primavera pasada, a pesar de las terribles circunstancias que atravesaban tanto Francia como los territorios palestinos, el ministro galo de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, declaró de todas formas que era "urgente" relanzar el "proceso de paz" y crear un Estado palestino. Francia organizó a tal fin una conferencia internacional, que se celebró en París el 3 de junio. Ni Israel ni los palestinos fueron invitados. La conferencia fue un fiasco. Concluyó con una anodina declaración sobre la "imperiosa necesidad" de "avanzar".

París no se detuvo ahí y decidió organizar una nueva conferencia en el inminente diciembre. Esta vez, con Israel y los palestinos. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declinó la invitación advirtiendo que Israel no necesita intermediarios. Los líderes palestinos aceptaron. Saeb Erekat, portavoz de la Autoridad Palestina (AP), felicitó a Francia y añadió que –como era de esperar– la AP había "sugerido" la idea a los franceses.

Ahora Donald Trump es el presidente electo de EEUU, y es probable que Newt Gingrich desempeñe una función clave en su Administración. Gingrich dijo hace unos años que no existía un "pueblo palestino", y la semana pasada añadió que los asentamientos no eran en modo alguno un obstáculo para la paz. Por lo tanto, parece que la conferencia de diciembre podría ser otro fracaso.

No obstante, los diplomáticos franceses están trabajando con las autoridades palestinas en una resolución de la ONU para reconocer un Estado palestino dentro de las "fronteras de 1967" (las líneas de armisticio de 1949), pero sin ningún tratado de paz. Supuestamente están esperando que el presidente saliente de EEUU, Barack Obama, no utilice el poder de veto estadounidense en el Consejo de Seguridad y permita así que se apruebe la resolución. No es en absoluto seguro que Barack Obama quiera terminar su presidencia con un gesto tan abiertamente subversivo. Es casi seguro que Francia volverá a fracasar. Otra vez.

Durante muchos años, Francia ha parecido construir toda su política exterior alineándose con la Organización de Cooperación Islámica (OCI): 56 países islámicos más los palestinos. Es posible que, en un primer momento, fantaseara con desplazar a Estados Unidos como potencia mundial, con acceso a energía barata, acuerdos comerciales con Estados islámicos ricos en petróleo y la esperanza de no sufrir terrorismo doméstico alguno. En esas cuatro cosas también ha cosechado fiascos. Asimismo, es evidente que tiene problemas más urgentes que resolver.

Francia insiste porque está intentando desesperadamente contener unos problemas que seguramente no se pueden resolver.

En los años cincuenta, Francia era diferente a como es ahora. Era amiga de Israel. La causa palestina no existía. La guerra en Argelia se intensificaba y una gran mayoría de políticos franceses ni siquiera estrechaban la mano a terroristas no arrepentidos.

Todo cambió con el fin de ese conflicto. Charles de Gaulle entregó Argelia a un movimiento terrorista llamado Frente de Liberación Nacional. Después procedió a elaborar una reorientación estratégica de su política exterior y dio a conocer lo que denominó "política árabe de Francia".

Francia firmó acuerdos comerciales y militares con varias dictaduras árabes. Para seducir a sus nuevos amigos, se aprestó a adoptar una política antiisraelí. Cuando, en la década de 1970, los palestinos inventaron el terrorismo aéreo y asesinaron a los atletas israelíes en las Olimpiadas de Múnich de 1972, la de los palestinos se convirtió de repente en una causa sagrada y en una útil herramienta para cobrar ventaja negociadora en el mundo árabe. Abrazando la causa, Francia se volvió rígidamente propalestina.

Los palestinos empezaron a utilizar el terrorismo internacional, y Francia optó por aceptarlo mientras no se viera afectada. Al mismo tiempo, recibió una inmigración masiva del mundo árabe-musulmán, obviamente parte del afán musulmán de expandir el islam. Las cifras de la población musulmana han crecido desde entonces, sin que se haya producido una asimilación.

Francia no se dio cuenta entonces, pero se metió en una trampa, y ahora la trampa se está cerrando.
La población musulmana de Francia semeja antifrancesa si se tienen en cuenta los valores judeocristianos de la Ilustración y profrancesa sólo en la medida en que el país se someta a las exigencias del islam. Como los musulmanes locales también son propalestinos, en teoría no debería haber ningún problema. Pero Francia infravaloró los efectos del auge del islam extremista en el mundo musulmán y más allá.

Cada vez más, los musulmanes franceses se consideran en primer lugar musulmanes. Muchos afirman que Occidente está en guerra contra el islam, y como ven que Francia e Israel son parte de Occidente, están en guerra contra ambos. Ven que Francia es antiisraelí y propalestina, pero también ven que varios políticos franceses mantienen lazos con Israel, así que probablemente piensen que Francia no es lo suficientemente antiisraelí y propalestina.

Ven que Francia tolera el terrorismo palestino, y no entienden que luche contra el terrorismo islámico en otros lugares.

Para complacer a los musulmanes, el Gobierno francés podría creer que no tiene más remedio que ser lo más propalestino y antiisraelí posible, aunque esta posición salga muy mal parada en las encuestas.

El Gobierno francés, sin duda, cree que no puede evitar lo que parece cada vez más un inminente desastre. El desastre ya se está produciendo.

Tal vez el actual Gobierno tenga la esperanza de poder retrasar un poco el desastre y evitaruna guerra civil. Quizá espere que las no go zones no estallen, al menos bajo su vigilancia.

Francia tiene hoy seis millones de musulmanes, el 10% de la población; porcentaje que va en aumento. Las encuestas demuestran que un tercio de los musulmanes franceses quiere que se aplique íntegramente la sharia. También revelan que la abrumadora mayoría apoya la yihad, especialmente la yihad contra Israel, país que quisieran ver borrado de la faz de la Tierra.

La principal organización musulmana del país, la Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia, es la rama local de los Hermanos Musulmanes, movimiento que debería ser clasificado como organización terrorista por sus abiertos deseos de derrocar a los Gobiernos occidentales.

Los Hermanos Musulmanes están principalmente financiados por Qatar, país con fuertes inversiones en Francia que tiene la comodidad de contar con su propia base aérea estadounidense.

Los judíos están abandonado Francia en cifras históricas. Sammy Ghozlan, presidente de la Oficina Nacional de Vigilancia contra el Antisemitismo, insistió durante muchos años en que es mejor "marcharse que huir". Fue atacado. Prendieron fuego a su coche. Se marchó, y ahora vive en Israel.

El resto de la población francesa ve claramente la extrema gravedad de lo que está sucediendo. Algunos están indignados y en estado de agitación; otros parecen haberse resignado a esperar lo peor: que el islamismo se apodere de Europa.

Las próximas elecciones francesas se celebrarán en mayo de 2017. El presidente François Hollande ha perdido toda la credibilidad y no tiene posibilidades de ser reelegido. Sea quien sea quien llegue al poder, tendrá una difícil tarea por delante.

Los franceses parecen haber perdido la confianza en Nicolas Sarkozy, así que probablemente elegirán entre Marine Le Pen, Alain Juppé o François Fillon. [Nota de la traductora: finalmente ha sido Fillon el vencedor del proceso de primarias en la derecha].

Marine Le Pen es la candidata del ultraderechista Frente Nacional.

Alain Juppé es el alcalde de Burdeos, y suele aparecer en sus actos electorales acompañado de Tareq Ubru, imán de esa ciudad. Hasta hace poco, Tareq Ubru era miembro de los Hermanos Musulmanes. Alain Juppé parece creer que el actual desorden se calmará si Francia se somete plenamente.
François Fillon es el candidato de la derecha moderada. Hace poco dijo que el "sectarismo islámico" crea "problemas en Francia". También dijo que, si no se crea pronto un Estado palestino, Israel será "la principal amenaza para la paz mundial".

Hace tres años, el filósofo francés Alain Finkielkraut publicó un libro, La identidad desdichada, en el que describía los peligros inherentes a la islamización de Francia y los graves trastornos que generaría. Juppé eligió un eslogan de campaña destinado a contradecir a Finkielkraut: "La identidad feliz".

Desde la publicación de la obra de Finkielkraut, se han publicado otros libros pesimistas que han sido un éxito de ventas en Francia. En octubre de 2014, el columnista Eric Zemmour publicó Le suicide français ("El suicidio francés"). Hace unas semanas publicó otro libro, Un quinquennat pour rien ("Cinco años de legislatura para nada"). En él describe lo que ve que le está ocurriendo a Francia: "Invasión. colonización y explosión".

Zemmour define la llegada de millones de musulmanes a Francia durante las últimas cinco décadas como una invasión, y las últimas hordas de migrantes como la continuación de esa invasión. Presenta las no go zones como territorios islámicos en suelo francés y parte integral de un proceso de colonización.

Escribe que las erupciones violentas que se han extendido son la señal de un estallido inminente; tarde o temprano, la revuelta ganará terreno.

Se publicó hace poco otro libro, Les cloches sonneront-elles encore demain? ("¿Doblarán mañana las campanas de la iglesia?"), escrito por un exmiembro del Gobierno francés, Philippe de Villiers. En él, De Villiers da cuenta de la desaparición de las iglesias en Francia y su sustitución por mezquitas. También habla de la presencia de miles de armas de guerra(fusiles de asalto AK-47, pistolas Tokarev, armas antitanque M80 Zolja, etc.) en las no go zones. Añade que es probable que ni siquiera tengan que utilizar esas armas: los islamistas ya han ganado.

En su nuevo libro, "¿Doblarán mañana las campanas de la iglesia?", Phillipe de Villiers advierte de la desaparición de las iglesias en Francia, y de su sustitución por mezquitas. El pasado 3 de agosto la policía antidisturbios francesa expulsó a un sacerdote y a su congregación de la iglesia parisina de Santa Rita, antes de su prevista demolición. La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, dijo furiosa: "¿Y por qué no construyen parkings en las mezquitas salafistas, en vez de en nuestras iglesias?". (Imagen tomada de un vídeo de RT).

El 13 de noviembre de 2016, Francia celebró el primer aniversario de los atentados de París. Se descubrieron placas en cada lugar donde hubo asesinatos. Las placas decían: "En memoria de las víctimas muertas y heridas en los atentados". No se hacía mención alguna a la barbarie yihadista. Por la noche, la sala Bataclan reabrió sus puertas con un concierto de Sting. La última canción del concierto fue "Insh' Allah" ("Si Alá quiere"). Los responsables de la Bataclan impidieron la entrada a dos miembros de la banda estadounidense Eagles of Death Metal, que actuaba en el escenario cuando empezó el ataque. Unas semanas después del atentado, Jesse Hughes, líder de la banda, se atrevió a criticar a los musulmanes involucrados. El director de la Bataclan dijo sobre Hughes: "Hay cosas que no se pueden perdonar".


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Gaizka Fernández Soldevilla, historiador
“ETA quiere negociar su disolución”
El autor del libro La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA analiza el discurso de la banda terrorista, las razones por las que aún no se ha disuelto y las posibilidades de un resurgir en los próximos años.
Carlos Fonseca Gaceta.es 4 Diciembre 2016

Gaizka Fernández (Baracaldo, 1981) es uno de los nuevos historiadores vascos. Responsable del área de Investigación, Archivo y Documentación de la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, acaba de publicar La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA, en el que analiza los orígenes del terrorismo.

¿Por qué nace ETA?
A finales de los cincuenta y principio de los sesenta surge una nueva generación de nacionalistas vascos que se encuentran con unas circunstancias muy concretas: una dictadura, inmigración del resto de España, marginación del euskera... Al principio se afilian al PNV, pero terminan considerando inoperante su política, chocan con las viejas generaciones y en 1958 acaban rompiendo con el partido y creando el suyo propio, ETA, que al principio no se diferencia mucho ideológicamente. Se distinguen en que ellos quieren hacer una oposición activa al franquismo y entienden que sus mayores se han acomodado y en algunos casos incluso han prosperado con el régimen. Pese a ello, desde el 58 hasta que empiezan a matar pasarán diez años.

¿Por qué se perpetúa más allá del franquismo?
ETA ha conseguido una imagen a nivel internacional y también en España de ser la organización antifranquista por excelencia. ETA se opone a la dictadura, ETA mata a Carrero Blanco que era el delfín de Franco, ETA es la que más valientemente se enfrenta a Franco desde ese imaginario, pero la propia ETA dice en sus boletines que no es una organización antifranquista, sino una organización antiespañola, y afirma literalmente que si el día de mañana se proclamase la III República también lucharía contra ella porque su lucha es contra España, sea cual sea el régimen. Cuando llega la democracia un sector de ETA capitaneado por Mario Onaindía y Juan María Bandrés acepta las reglas del juego y se disuelve, pero el resto dice que la democracia no existe, que es una dictadura encubierta, un franquismo sin Franco, y deciden seguir matando. En su discurso siguen hablando de Franco, aunque ya esté muerto.

¿Cómo se explica que durante muchos años haya contado con un amplio apoyo social?
Una de las claves por las que ETA ha durado tanto tiempo es porque ha tenido un apoyo social enorme. Ni el GRAPO ni Terra Llliure lo tuvieron nunca. Hay algunos elementos que lo explican. En primer lugar, durante la dictadura adopta la estrategia de acción-represión-acción, es decir los atentados provocaban una represión indiscriminada del franquismo que afectaba a mucha gente que no tenía nada que ver con la banda y que empieza a simpatizar con ella. Otra cosa que hace muy bien ETA es crear mártires. Txabi Etxebarrieta fue el primer etarra en matar y en morir y fue convertido en un héroe. Txiki y Otaegi, los últimos fusilados del franquismo, fueron convertidos en mártires y puestos como ejemplos a seguir por las nuevas generaciones. Y, finalmente, el nacionalismo vasco radical es mucho más que una ideología, tiene su música, sus bares, una estética a la hora de vestir que crea una subcomunidad muy cohesionada. Ningún otro partido tiene algo parecido, es una maquinaria perfecta en la que la piedra angular que los une a todos es ETA.

¿Por qué cree que ETA no se ha desarmado y anunciado su disolución pese a haber transcurrido cinco años desde el anuncio del cese definitivo de la violencia?
Intenta negociar. ETA quiere disolverse a cambio de algo, no a cambio de nada. Disolverse ahora mismo aceptando su derrota sería decir que todo lo que ha hecho en estos 50 años ha sido un fracaso. Contra esa imagen, lo que intenta es negociar unas condiciones mínimas para sus presos, no hacer la foto de la entrega de armas como perdedores, sino hacerla como ha hecho el IRA o pueden hacer las FARC, como un pacto entre dos iguales. Y entonces no sería la historia de una derrota, sino de un éxito. Al Gobierno no le interesa porque ETA es una organización que está totalmente derrotada, policialmente cercada, que no tiene activistas, que no tiene casi armas. ETA está esperando un milagro, que es una negociación, que yo creo que ya no va a ocurrir, porque no tiene nada que ofrecer.

¿Debería hacer algo el Gobierno para facilitar ese desarme y disolución?
El Gobierno ha dicho que puede revisar la política de dispersión de presos siempre y cuando ETA se disuelva. Es decir, no dar algo para que ETA se disuelva, sino primero se disuelve y entonces podremos pensar en ser generosos en ciertos aspectos. El Gobierno se ha contenido, no ha cedido a las presiones para negociar y participar en esos foros que se han creado con mediadores internacionales, que creo eran una trampa, y ha sabido mantenerse firme. Lo que ha ocurrido es que ETA se ha debilitado cada vez más. ETA es ahora mismo como un azucarillo, se está disolviendo poco a poco. Va a llegar un momento en el que no va a haber nadie para cerrar la persiana.

Tras cinco años sin atentados, ¿podemos hablar de normalización de la convivencia?
La superficie parece que es la normalidad, un mar en calma después de décadas de auténticas tormentas y maremotos. Pero de vez en cuando ocurren remolinos y pasa lo de Alsasua, pasa lo de Vitoria y vuelve a haber pintadas. Uno se pregunta si aunque la superficie esté en calma, qué está ocurriendo por debajo. Creo que, aunque estamos en una situación infinitamente mejor que hace veinte años, el imaginario de ETA sigue vivo. La transmisión de propaganda a los jóvenes sigue en activa y todo ese caldo de cultivo sigue ahí y no creo que vaya a producir violencia mañana, pero puede producirla dentro de diez, quince o veinte años porque el odio es la gasolina que hace que la violencia funcione.

¿Me está diciendo que cree que en diez años podríamos tener una nueva ETA?
Creo que si no desactivamos ese odio puede pasar que dentro de diez o veinte años un chaval, movido por el odio, cometa un asesinato. Ese odio, la manipulación de la historia, la transmisión de que ETA lo hizo bien, de que no ha habido una derrota sino que ETA lo dejó porque quiso. Si alguien le dice a un chaval que ETA cogió las armas para defenderse de la agresión española, que estuvo bien matar y le transmiten ese odio generacional, dentro de diez años ese chaval va a tener las mismas condiciones mentales que tuvieron los etarras en los años sesenta. Lo que tenemos que hacer es desactivar el odio, luchar contra la narrativa de que ETA fue buena, contra la impunidad, contra las falsas excusas de que el Estado fue el que provocó la violencia o de que hubo un conflicto entre vascos y españoles. Todas esas mentiras hay que desactivarlas y una de las formas de hacerlo es dando voz a las víctimas, haciendo historia, investigando, divulgando. Hay que transmitir a las nuevas generaciones la historia como fue.

Marinaleda, viaje al centro del castrismo
Fidel nunca estuvo aquí, pero todo el pueblo está consagrado a su memoria, como una añoranza, un deseo o un imposible. “Marinaleda, una utopía hacia la paz”
Javier Caraballo El Confidencial 4 Diciembre 2016

Al llegar, he querido imaginar cómo era Marinaleda hace 60 años, cuando Fidel Castro llegó a Cuba a bordo del Granma para iniciar la Revolución. Un recorte de 'ABC', de unos años más tarde, lo describe con pocas palabras: “Este modesto rincón, este bello rincón de Sevilla, estaba muy abandonado”. Es el principio de una crónica del 20 de marzo de 1962 que relata la visita a la comarca del arzobispo Bueno Monreal y del gobernador civil Altozano Moraleda.

¿Cómo sería la realidad para que la crónica adepta al régimen franquista dijera que aquel pueblo estaba “muy abandonado”? Aun así, y a pesar del mal tiempo de aquel día, el pueblo recibió al gobernador civil con una ‘pancarta míster Marshall’: “Marinaleda saluda a su gobernador”. En las aceras, detalla la crónica, a los dos lados de la pancarta, todo el pueblo, con los niños delante, los recibió agitando banderitas al paso de la comitiva oficial. “Repican las campanas. Sigue lloviendo, pero nada impide el homenaje de un pueblo que ve cumplida una vieja aspiración”. En aquel año de 1962, Juan Manuel Sánchez Gordillo, que nació en Marinaleda en febrero de 1952, sería uno de aquellos niños. Fidel Castro iniciaba la Revolución en Cuba y Sánchez Gordillo esperaba al gobernador con una banderita de Franco en la mano.

Jorge Luis Borges, que creía en los pliegues de la historia, dejó dicho que “el tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez”. Las lunas que serán y han sido. Por eso, entra este escalofrío al llegar a Marinaleda hoy, en plenos fastos del funeral de Fidel Castro, cuando se imagina la escena repetida, con todo el pueblo entregado, con sus banderitas, recibiendo al comandante. Fidel nunca estuvo aquí, pero todo el pueblo está consagrado a su memoria, como una añoranza, un deseo o un imposible. “Marinaleda, una utopía hacia la paz”. Una utopía, que es el término más citado en todos los rincones del pueblo, plagados de pintadas y pancartas que hacen de Marinaleda una Cuba pequeña y de Sánchez Gordillo, un comandante campesino. Alguien definió alguna vez a este pueblo como un parque temático del comunismo y eso es, ciertamente, lo que parece cuando se pasea por sus calles.

Muros repletos de pintadas ‘libertarias’, contestatarias, como si vinieran todos en excursión a plantar sus consignas. “Contra el capital, guerra social”. Desde los radicales de “Vallekas” hasta los solidarios Grecia con el 15-M, pasando por Catalunya Lliure, Euskal Herria o Asturies: “Nun Llores, llucha”. Pintan la estrella roja de cinco puntas y un lema común: ¡Hasta la victoria siempre! También la sala de conciertos de Marinaleda reproduce la coreografía roja, uniforme, del pueblo: se llama ‘Palo Palo’ y está decorada en su entrada por una gran guitarra de lata oxidada, con los contornos de Andalucía como nación independiente, y la estrella roja en el centro. La banda local se llama “Molestando a los vecinos” y en diciembre celebra la sala el quinto aniversario de ‘Al Andalus, promotora musical andaluza autogestionada’.

La marginación y la pobreza en la que estaba sumida esta comarca durante el franquismo puede hacernos comprender que haya anidado aquí tras la muerte del dictador un potente movimiento jornalero, cansado de la explotación del señorito y de malvivir con dos mendrugos entre los olivos. Pero tras 40 años de ‘gobierno revolucionario’, Marinaleda sigue siendo el segundo pueblo más pobre de la provincia de Sevilla.

Los últimos datos, de septiembre pasado, del Ministerio de Hacienda, detallaban que Marinaleda presenta una renta bruta anual por habitante de 12.738 euros. De los 2.700 habitantes, hay 997 declarantes a Hacienda y 121 personas apuntadas al paro. “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”, también lo dijo Borges y al llegar a Marinaleda uno se da cuenta de la terrible certeza de esa sentencia.

Cuando llegó la democracia, muerto Franco, en Marinaleda se sublevaron los jornaleros, liderados por Sánchez Gordillo, como en la Cuba de Fidel, y se apoderaron de la finca emblemática de quien siempre ha dominado el pueblo, el duque del Infantado, el mayor propietario de tierra de Marinaleda, un título nobiliario que se remonta a los Reyes Católicos. Después de múltiples ocupaciones, la finca 'El Humoso', que en el ideario del movimiento jornalero viene a ser como Playa Girón, el Gobierno andaluz expropió la finca y cedió la explotación de las 1.200 hectáreas a Marinaleda. “Por fin alcanzábamos el viejo sueño de ‘la tierra para quien la trabaja’ por primera vez en 5.000 años de historia en Andalucía. Alcanzar el medio de producción tierra significa un salto revolucionario de primera magnitud puesto que es tocar la clave del sistema capitalista de producción que iba a permitirnos a disponer de un instrumento esencial para liberarnos como clase”.

En la semana en la que Cuba se despedía de las cenizas del Comandante, 'El Humoso' aparece casi desierto, apenas media docena de obreros descargan en los alrededores los tractores de aceituna que acaban de llegar. En el muro de entrada, a cada lado de la puerta, dos pintadas: “Tierra Utopía” y una enorme leyenda: “Este cortijo es para los jornaleros en paro de Marinaleda”. Lo que ha ocurrido en todos estos años es que 'El Humoso', es verdad, se ha convertido en el principal sustento del pueblo. Cultivan habitas, alcachofas y pimientos del piquillo, además de producir aceite de oliva virgen. Es el mayor sustento económico, sí, pero sin subvenciones públicas no resistiría la competencia del mercado; esa es la gran mentira de Marinaleda.

De hecho, en los 24 años que han transcurrido desde su ‘conquista’, han acumulado una deuda de más de cinco millones de euros con la Junta de Andalucía porque ni siquiera abonan los cánones de explotación establecidos. Ahora que el Gobierno andaluz ‘amenaza’ con vender 'El Humoso' por los impagos, el Ayuntamiento de Marinaleda lo que exige es que, por completo, la finca le sea entregada al pueblo y que la propiedad pase a manos de sus habitantes: un 33% para “que los jornaleros que llevan años trabajando en la finca se puedan jubilar aquí”, otro 33% para los trabajadores en paro del sindicato jornalero de Sánchez Gordillo y el 33% restante “para los pensionistas que lucharon por la conquista de la finca y que todavía están vivos”.

Se ha muerto Fidel y su clónico de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, está desaparecido. Hace tiempo que enfermó y no aparece ni en entrevistas ni en actos públicos; ocasionalmente salen algunas declaraciones suyas en las que amenaza con una huelga de hambre por 'El Humoso'. En las últimas elecciones, en contra del criterio de algunos dirigentes de su partido, se volvió a presentar, o lo volvieron a presentar, por décima vez como candidato a la alcaldía, en la que se mantiene desde 1979 con una absoluta mayoría absoluta; la oposición no existe aquí.

De hecho, no hay un solo cartel o pintada en el pueblo que no sea del partido de Sánchez Gordillo, con sus correspondientes banderas de conveniencia, Izquierda Unida y Podemos. Es curioso observar un tablón público para propaganda de todos los partidos en el que han arrancado todos los carteles menos los del partido único de Marinaleda. Un poco más adelante, junto a la Avenida de la Libertad, cubierta de baldosas verdes, blancas y rojas, como la bandera que exhiben los independentistas andaluces, un cartel herrumbroso de Sánchez Gordillo despide al viajero como un testamento de realidad.

Los independentistas no soportan ni que 50 familias prefieran el castellano en clase
Exigen al Ministerio de Educación que elimine la disposición de la LOMCE relativa a la impartición del español para lograr el pacto.
Cincuenta familias catalanas han pedido la escolarización en castellano este curso
Joaquín Vera El Espanol 4 Diciembre 2016

No habrá pacto nacional por la educación si el Ministerio no desbarata los planes del ex ministro Wert de “españolizar a los niños catalanes”. Tras una semana de supuesta paz educativa, los partidos han comenzado a trazar las líneas rojas que no están dispuestos a sobrepasar en el texto que sirva de base al Gobierno para sustituir su contestada LOMCE. Los nacionalistas piden eliminar cualquier referencia a la disposición 38 de la ley, la relativa a la impartición del castellano en Cataluña.

Después de enterrar las polémicas reválidas y antes de que la LOMCE sea sustituida por una nueva ley fruto del consenso -si lo hubiese-, el ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, va a analizar con los nacionalistas una de sus primeras exigencias durante la negociación. Así lo admitió el ministro el lunes tras la reunión de la Conferencia Sectorial con las comunidades autónomas, en la que la consejera catalana le pidió cargarse la polémica disposición 38.

Este precepto de la norma educativa obliga a la Generalitat de Cataluña a garantizar la enseñanza en castellano como lengua vehicular en la red pública o concertada de colegios para todas las familias que lo soliciten o, de lo contrario, financiar la matrícula de un centro privado con 6.000 euros. Algo que para la responsable de Educación en la Generalitat, Meritxell Ruiz, “atenta contra el modelo lingüístico y el sistema educativo catalán”.

Desde que se puso en marcha la medida que enfrentó al gobierno autonómico y el central, las guerra de cifras de familias que habían presentado la solicitud y cuáles de ellas tenían derecho -o no- a la ayuda ha sido una constante. Según los últimos datos, un total de 154 familias -40 este curso académico- han presentado al Ministerio la solicitud para recibir la escolarización en castellano. De esas, 50 han sido estimadas favorablemente, siendo recurridas por la Generalitat todas y cada una de las peticiones de 6.000 euros que contempla la LOMCE.
"Las familias están asustadas"

Desde Convivencia cívica catalana explican a EL ESPAÑOL que el proceso de las solicitudes es “muy farragoso”. Esto sumado al “miedo y desconfianza” que, según denuncian, impera en ocasiones ha hecho que desde la misma organización no cifren en más de 40 las familias que han pedido la ayuda este curso. “Las familias no lo hacen porque están asustadas, se ha creado una atmósfera en la que ha habido manifestaciones en las puertas de los colegios”, se queja un portavoz de esta asociación.

Convivencia cívica catalana es “pesimista” y considera que la disposición adicional 38 de la LOMCE “tiene los días contados”. “Se la van a cargar y se habrá completado la muerte del cisne; el camino jurídico estará totalmente perdido”, explica a este diario José Antonio Martínez.

Este cierto pesimismo está fundando en parte en los acontecimientos que se han sucedido en materia educativa durante esta semana. El lunes, cuando Méndez de Vigo se reunió con las comunidades autónomas para abordar la eliminación de las reválidas y la vuelta de la Selectividad, la consejera catalana pidió la eliminación de la disposición 38. El ministro comentó, según fuentes consultadas, que no era el momento ni el lugar donde abordar el asunto y emplazó la posible cesión en este polémico aspecto a la Comisión educativa.

Ya en el Congreso de los Diputados, Miriam Noguera, del PDECat -la antigua Convergencia- durante su intervención criticó la figura centralizadora del documento por el que se creó la subcomisión para lograr el pacto educativo, un acuerdo que no se logrará, insiste, si no se respetan las competencias de las comunidades autonómicas.

“Nunca nos ha gustado el concepto de pacto nacional, y el tiempo nos ha dado la razón de que los firmantes de estos pactos siempre han entendido el concepto de nación muy sui géneris”, criticó también en el seno de la subcomisión el diputado del PNV Joseba Andoni Agirretxea.
El TC tiene que pronunciarse

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha estimado esta semana un recurso de la Generalitat y ha pedido suspender el procedimiento de las ayudas de 6.000 euros hasta que se resuelva el recurso y el conflicto de competencias presentados por el Ejecutivo catalán ante el Tribunal Constitucional.

La providencia de la Sección Sexta de la Sala de lo Contencioso-administrativo, a la que tuvo acceso Europa Press, atiende la petición de suspensión hasta que el TC resuelva el conflicto, "debiendo informarse sobre el estado de sendos procesos constitucionales cada tres meses".

El TC admitió a trámite en abril de 2014 un recurso de inconstitucionalidad contra diversos preceptos de la LOMCE y en noviembre de ese mismo año un conflicto positivo de competencias por la disposición de la ley que regula el reconocimiento de la compensación de los costes de escolarización en castellano.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial