AGLI Recortes de Prensa   Sábado 17  Diciembre  2016

La miopía de los políticos: nadie cuestiona el gasto
Editorial Libertad Digital 17 Diciembre 2016

El Congreso de los Diputados ha validado esta semana el techo de gasto para 2017, los objetivos de estabilidad presupuestaria y el decreto que incluye el último sablazo fiscal a empresas, consumidores y cotizantes por un importe próximo a los 7.500 millones de euros. Con estas medidas, el Gobierno se compromete a cumplir el objetivo de déficit del 3,1% del PIB acordado con Bruselas para el próximo año, pero, por desgracia, se trata de un nuevo papel mojado, cuyos efectos, además, amenazan con lastrar el ritmo de crecimiento y de creación de empleo.

En primer lugar, cabe recordar que España ha incumplido todos y cada uno de sus compromisos presupuestarios y si el Gobierno del PP, con una amplia mayoría absoluta, apenas logró reducir el déficit en 20.000 millones de euros entre 2012 y 2016, se antoja casi imposible que logre un recorte de 15.000 millones en tan sólo un año. Pero es que, además, el problema de fondo es que tanto el PP como el resto de formaciones políticas yerran en el diagnóstico, puesto que insisten en señalar que el agujero fiscal se debe a la falta de ingresos y no al exceso de gasto.

Los datos oficiales, sin embargo, demuestran justo lo contrario. No en vano, tal y como admite el propio Ministerio de Hacienda, el sector público ingresará unos 440.000 millones de euros en 2017, una cifra ligeramente superior a la registrada en 2007, en el pico de la burbuja inmobiliaria. Así pues, la Administración ya ha recuperado toda la recaudación tributaria perdida durante la crisis, mientras que el gasto, lejos de reducirse, ha aumentado en más de 60.000 millones de euros en este período, a pesar de las dificultades económicas, evidenciando así la falta absoluta de austeridad.

Como resultado, la deuda pública supera hoy el 100% del PIB, tras aumentar en más de 750.000 millones de euros durante la crisis, y el déficit sigue rondando el 5% del PIB, el segundo mayor descuadre de la zona euro tras Grecia. Todo ello demuestra que la burbuja pública todavía no ha pinchado, lo cual constituye un importante factor de riesgo en caso de que se desaten nuevas turbulencias financieras a nivel internacional. En lugar de recortar el gasto sobrante, primero el PSOE y luego el PP se han afanado en disparar los impuestos para mantener un insostenible sector público en pie, dañando con ello el bolsillo de los contribuyentes y, por tanto, la capacidad de ahorro e inversión de familias y empresas, es decir, la base del crecimiento futuro.

Pero lo más preocupante de esta particular senda ya no radica siquiera en la errónea y perjudicial política fiscal por la que avanza la nueva legislatura, sino en el hecho de observar que nadie la cuestiona a nivel político ni mediático -salvo contadas excepciones, como Libertad Digital-. Al PP le ha costado muy poco alcanzar un acuerdo con el PSOE sobre el techo de gasto a cambio de disparar el salario mínimo, conceder un mayor margen de gasto y déficit a las comunidades autónomas y aplicar un nuevo hachazo fiscal a los españoles. Y los que han cuestionado la subida tributaria, como Ciudadanos o Podemos, no han puesto el acento en el gasto, sino en perseguir el fraude fiscal o elevar aún más la tributación a los ricos, los dos comodines habituales y absolutamente inútiles que sacan a pasear todos los políticos cuando les conviene.

Y puesto que nadie cuestiona el bochornoso despilfarro y la gran ineficiencia que sigue existiendo en el sector público, lo único que cabe esperar a partir de ahora es más gasto y muchos más impuestos, tal y como parece vislumbrar la negociación entre PP, PSOE, Ciudadanos y PNV de cara a los próximos Presupuestos Generales del Estado. Esta irresponsable miopía política y el servilismo mediático que la aplaude acabarán pasando, tarde o temprano, una elevada y muy dolorosa factura al conjunto de los españoles.

Santo Mario Draghi de Fráncfort
José María Gay de Liébana okdiario 17 Diciembre 2016

Lo de la manguera monetaria de Mario Draghi sigue presente, seguirá entre nosotros y de momento no se espera una retirada de los estímulos monetarios hasta que acabe el verano de 2018. Eso sí, las inyecciones de dinero serán menos fluidas al pasar de los actuales 80.000 millones de euros mensuales para comprar bonos y deuda, tanto pública como privada, a los 60.000 millones de euros a partir de abril de 2017, con lo cual el Banco Central Europeo aportará una liquidez complementaria, sobre las cifras inicialmente manejadas de 540.000 millones de euros. Así que como afirmaba Mario Draghi: “El BCE va a permanecer en los mercados”. Aviso para navegantes que esperaban el principio del final de una retirada ordenada de la expansión cuantitativa.

Draghi pide a cambio un esfuerzo por parte de los Estados miembros de la Eurozona, clama en favor de las reformas estructurales e implora que se invierta y se cree empleo. Y es que Europa y más concretamente la Europa del euro parece que no está por la labor… Seguimos en período de incertidumbres en el plano internacional. Si digo que Mario Draghi es romano, nacido en Roma, no descubro nada nuevo. Si añado que es italiano, tampoco hago una aportación rompedora. Si agrego que Draghi es y se siente italiano, igual usted, amable lector, ya capta por dónde voy.

Mario Draghi da el paso hacia delante de seguir manteniendo las inyecciones de dinero porque mira atrás y ve lo que Reino Unido votó, pone la vista en el retrovisor y se percata de que Trump será a partir de enero el presidente de los Estados Unidos. Constata que en Austria ha costado lo suyo que no gobiernen fuerzas de la derecha más radical. Intuye que en las elecciones francesas de 2017 puede haber algo de sarao. Otea el paisaje político de Alemania y teme movimientos extremistas. De reojo observa a Holanda y denota ciertos tics que simpatizan con el Brexit, y se percata de que en España, a trancas y barrancas, se ha formado gobierno y aunque se quiera vender optimismo asegurando que ésta será una legislatura larga al final todos sabemos que la estabilidad política pende de un hilo… Así que tipos de interés del 0% y a seguir dándole a la maquinita del dinero. ¡Qué por el BCE no quede! Por eso lleva inyectados ya 2,2 billones de euros a través de la expansión cuantitativa.

Mario Draghi es consciente de que la economía de la Eurozona crecerá en 2016 a una tasa del 1,7% pero que en 2017 se contraerá al 1,5% y que en 2018 se prevé algo más de repunte, al 1,8%. Draghi sabe que a las grandes potencias del euro les cuesta crecer en estos momentos. Alemania, si todo va bien, lo hará este año al 1,9%, salvo sorpresas de última hora, aunque el año que viene moderará su paso al 1,5%; Francia, tímidamente lo crece en 2016 al 1,3% y si todo pinta formidablemente en 2017 crecería el 1,4%. Su Italia natal se encuentra económicamente en encefalograma plano, con un aumento de su PIB en 2016 del 0,7% y en 2017 del 0,9%. Salva los muebles de la zona euro nuestra España, cuarta potencia, que yendo viento en popa crecerá en 2016 al 3,2% y en 2017 al 2,3%. Y Draghi ve cómo otros países de los 19, cuyas economías son más modestas, progresarán en 2016 a unas buenas tasas, como Irlanda (4,1%) o la pequeña Malta (4,1%) o Eslovaquia (3,4%) No obstante, el peso económico de esos otros países es poco significativo en el contexto de la zona euro que cerró 2015 con un PIB de 10,4 billones de euros.

Empero, los niveles económicos no rezuman grandes alegrías y, a mayor abundamiento, el viento de cola propiciado por el precio del crudo parece tener fecha de caducidad, el resurgir de los tipos de interés ya se advierte en el horizonte al descontarse en los mercados financieros que esa bella historia del precio del dinero tan barato finalizará tras el verano de 2018, y las bajas tasas de inflación, o inflación negativa o incluso deflación, se empiezan a evaporar y eso irremisiblemente frenará el consumo privado. Con todo, conseguir que la inflación en la zona del euro se anime es el gran objetivo de la política monetaria del BCE. En 2016, la tasa de inflación en los 19 países del euro será positiva en el 0,3%, en 2017 las previsiones apuntan al 1,4% y en 2018 se replica el 1,4%.

Pero Mario Draghi pide otro tipo de medidas, porque la economía de la zona euro no puede depender exclusivamente de esa respiración monetaria asistida que impulsa el BCE, no basta con la oxigenación monetaria. Estuvo Mario Draghi por Madrid y habló bastante bien de las reformas acometidas aunque puso el énfasis en que nuestro país no podía permitirse una tasa de paro tan elevada que, por más que se proclame eso de todo va bien, sigue rondando el 20%.

El Fondo Monetario Internacional está por la labor del BCE. Desde Washington saben que el objetivo es el de conseguir que la inflación de la eurozona remonte el vuelo porque eso será sinónimo de reanimación económica. En suma, que cuando el próximo año 2017 toque a su fin, el BCE embalsará en el activo de su balance nada más, y nada menos, que 4,5 billones de euros entre deuda soberana y deuda empresarial. La pregunta, entonces, es muy simple: ¿Quién será el guapo que mientras santo Mario Draghi vaya inyectando dinero y más dinero para amortiguar los impactos que tanto el endeudamiento público como privado exagerados comportarían en los mercados financieros de no mediar su beatífica intervención, emprenderá reformas? Las reformas pueden esperar; el dinero no… ¡Gracias, Mario!

Entre asesinos
Gabriel Albiac ABC 17 Diciembre 2016

¿Qué hacer ante dos asesinos que se enfrentan en duelo a muerte? La respuesta nos viene enseguida; demasiado. Dejarlos que se maten. Sin mover un dedo. Y aguardar que su fin sea rápido.

La política, sin embargo, no es un juego tan limpio como el de los combates singulares. Sus duelos se tramitan siempre a través de personas interpuestas. De personas que ocupan la posición desesperada de una población rehén, tras la cual puedan parapetarse bien los contendientes. Y antes de que los dos asesinos -o uno de los dos, al menos- caigan fulminados, son ya miles los parapetos humanos que habrán caído en su involuntaria defensa.

En Alepo se vienen enfrentando, desde hace ya cuatro años, dos inmisericordes asesinos. Ambos parapetados tras el escudo eficacísimo de esos cientos de miles de habitantes sobre los cuales tanto horror seguirá cayendo, bien gane uno de los contendientes, bien el otro. Porque es esta una guerra de exterminio. Proyectar simpatías o justificaciones sobre cualquiera de ambos bandos es adornar obscenamente la universalidad del crimen que allí despliega sus estrategias.

Dos asesinos. Fácil de enunciar, el primero: Bashar al Assad, segundo de la dinastía que inauguró en 1971 su padre, quien ejerció oficio de déspota despiadado, bajo el paraguas hermético de la Guerra Fría. Hafez primero, como su heredero Bashar a partir de 2000, han aplicado en Siria -durante más de cuarenta años- un principio sencillo y funcional para el mantenimiento del poder: dar muerte a todo aquel que cuestionara su dominio. La tortura, la prisión arbitraria, la matanza masiva de poblaciones sospechosas de desafección al Jefe, han sido allí rutina. Como lo ha sido el uso represivo del armamento químico. Rusia ve hoy en Siria la ocasión de asentar su nueva hegemonía en el Cercano Oriente, tras los catastróficos repliegues de Obama. Nadie pedirá a Putin contención humanitaria. Apuesta por el clan Al Assad.

Dos asesinos. Menos sencillo de retratar, el segundo. Tras lo que la prensa europea llama «rebeldes» sirios, hay una heteróclita amalgama, que va desde fuerzas bajo control de las potencias occidentales hasta las variedades más brutales del yihadismo. Decir «rebeldes», al hablar de Alepo, es decir muy poco. Hay que hablar de sus dos alas: la coalición yihadista que lidera la rama siria de Al Qaida, el Frente Al Nusra, por un lado; la coalición soldada entre los Hermanos Musulmanes y el Ejército de Liberación de Siria, por el otro.

La verdadera tragedia internacional es hoy esta: se apoye a quien se apoye en esa guerra, se apoya a un asesino ilimitado. Si alguien cree que ese asesino podrá luego ser reducido a criterio, estará cometiendo el error crítico que llevó, en Libia, a asesinar a un dictador controlable, para acabar poniendo en pie un despotismo múltiple, incomparablemente más peligroso e incomparablemente menos previsible.

Los contendientes que cruzan armas sobre Alepo aspiran por igual a aniquilar a su enemigo. Nada habría que lamentar en ello, si ese combate se llevase a cabo en la soledad autista de los duelistas. Pocas lágrimas se le ocurriría verter a nadie sobre la tumba de Al Assad o de Al Qaida. Pero una guerra no es nunca un limpio duelo. Es siempre una matanza delegada. Entre Al Assad y Al Qaida hay una población civil de varios cientos de miles de personas. A la cual, metódicamente, asesinan todos. Ante el frío abandono militar que la Administración Obama deja planificado para el Cercano Oriente. Esto es, para el Mediterráneo.

El golpe al aparato logístico es la octava operación contra ETA desde la tregua
OKDIARIO 17 Diciembre 2016

El golpe contra el aparato logístico de ETA en una operación iniciada este viernes en Francia supone la octava detención de un responsable o grupo de miembros de ETA desde que el 20 de octubre de 2011 la organización anunciara el cese de su actividad armada, y a poco más de un mes de producirse la última.

La Guardia Civil, en colaboración con la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) francesa, ha detenido hasta ahora a cinco personas en una operación que llevan a cabo en Francia contra la logística de ETA, los depósitos de armas y explosivos de la banda terrorista.

Según han informado fuentes de la lucha antiterrorista, a los tres detenidos a primeras horas de esta noche, cuya identidad no ha sido facilitada pero que podrían ser miembros legales de la banda -no fichados-, se ha unido el arresto de otras dos personas.

Se trata de la dueña de la vivienda de la localidad francesa de Louhossoa, en el Departamento de los Pirineos Atlánticos donde se arrestó a los tres “legales”, que se encontraba fuera de la casa y a otra persona que la llevó en el coche.

La anterior detención de miembros de la banda sucedió el pasado mes de noviembre, el día 5 de noviembre en la localidad francesa de Ascain (Francia) cuando se detuvo a Mikel Irastorza, considerado el líder de la banda terrorista y el jefe de su aparato logístico militar.

Previamente, fueron capturados en la localidad francesa de Saint Etienne de Baigorry el 22 de septiembre David Pla e Iratxe Sorzábal, considerados máximos responsables de ETA en el momento de su arresto.

El 27 de mayo de 2012 fue detenido en la localidad francesa de Cauna el presunto número uno del aparato militar, Oroitz Gurruchaga Gogorza, en compañía de Javier Aramburu Sagarminaga.

El 28 de octubre de 2012, la policía francesa arrestó cerca de Lyon a Izaskun Lesaka considerada responsable de las reservas de armas y explosivos e integrante, de la dirección de la banda terrorista.

El 7 de julio de 2015 la policía detuvo a Iñaki Reta de Frutos y Xabier Goienetxea, presuntos dirigentes del aparato logístico de ETA, en la localidad francesa de Osses.

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El chantaje del separatismo, un reto que exige una firme respuesta
EDITORIAL El Mundo 17 Diciembre 2016

La espiral de deslegitimización de los tribunales emprendida por el independentismo catalán tuvo ayer su enésimo capítulo con Carme Forcadell como protagonista de una ópera bufa a caballo entre el bochorno y la irresponsabilidad. La presidenta del Parlament acudió al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) a declarar acusada de desobediencia y prevaricación tras autorizar en julio la votación sobre las conclusiones del denominado "proceso constituyente", que abría la puerta a una vía unilateral hacia la independencia. Forcadell permitió que el Parlament abordara este asunto pese al veto expreso del Tribunal Constitucional y en contra del informe de los letrados de la Cámara. Y si ya resulta muy grave que la máxima autoridad parlamentaria de Cataluña se salte la ley, aún lo es más cuando trata de camuflar su desobediencia con el peregrino argumento de que el Pleno tenía derecho "a debatir sobre la independencia".

Esta afirmación, además de pueril y demagógica, resulta falaz. Primero, porque el debate en la asamblea catalana está monopolizado por la independencia desde hace cinco años, lo que hace ridículo levantar la voz sobre una supuesta agresión a la libertad de expresión. Y, segundo, porque Forcadell no está investigada por permitir un debate parlamentario, sino por desobedecer un fallo judicial. De ahí que resulte sonrojante que, en lugar de limitarse a responder ante el tribunal, se dedicara a buscar subterfugios para justificar su conducta. No sólo acusó al Estado de "utilizar el poder judicial" para intentar que la cámara catalana "se autocensure", sino que advirtió de que una eventual inhabilitación de su cargo sería "un gran ataque a la democracia".

Las palabras de Forcadell se enmarcan en la estrategia frentista del soberanismo de presentar las acciones de su hoja de ruta como un choque de legitimidades entre España y Cataluña. Se trata de una falsedad palmaria. Porque es la Generalitat la que ha exhibido una desobediencia contumaz a la hora de cumplir sentencias de los diferentes tribunales -por ejemplo, en materias tan sensibles como la lengua-. Y porque es el Gobierno catalán el que se empeña en promover una senda separatista que desborda los límites fijados en la Constitución. La Carta Magna señala al conjunto del pueblo español como depositario de la soberanía nacional. En consecuencia, a nadie se le juzga "por poner las urnas en la calle" o dejar a los parlamentarios "debatir sobre independencia", sino por violar la ley.

En su declaración de ayer, tal como ocurrió en ocasiones anteriores con otros líderes soberanistas, Forcadell estuvo arropada por la plana mayor del independentismo y por el presidente de la Generalitat. Ante cientos de seguidores y delante de las cámaras de TV3 -que realizó un despliegue especial- la presidenta del Parlament fue aclamada como una víctima de la Justicia. Desde luego, fue una exhibición de uniformidad -en contraste con la pluralidad de la sociedad catalana-, pero también un ejercicio de agitación y propaganda inadmisible en dirigentes responsables. Tal comportamiento permite certificar la extraordinaria gravedad de la deriva de la política catalana, Las consecuencias de ello son imprevisibles. Pero, en cualquier caso, exige unidad política y firmeza institucional.

El portavoz del Gobierno recordó que nadie puede tener carta blanca para desobedecer la ley, mientras PP, Ciudadanos y PSC criticaron la romería en la que el soberanismo convirtió la declaración de Forcadell. Pero la reacción más preocupante volvió a ser la de la izquierda, que sigue lastrada por su tacticismo y ambigüedad. Pablo Iglesias aseguró que le "avergüenza como español y demócrata" que se juzgue a Forcadell. Y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no acudió ayer a apoyar a Forcadell a las puertas del TSJC, pero sí ha confirmado su asistencia a la cumbre de partidos que el soberanismo tiene previsto celebrar para relanzar su quimérico proyecto.

A estas alturas ya no sorprende la huida hacia adelante de las fuerzas separatistas, ni siquiera de la extinta Convergència. Lo que sí resulta preocupante, a la vez que extraordinariamente negativo para cohesionar la respuesta del Estado ante del desafío soberanista, es el papel de tontos útiles al que Podemos y su confluencia catalana parecen decididos a prestarse. Porque lo que está en juego ante el reto soberanista no son libertades ni la calidad de la democracia española, tal como torticeramente arguyen los líderes independentistas, sino la garantía de la cohesión nacional y la igualdad de los españoles.

Esa fotocopia de nazi con coleta

Jimmy Giménez-Arnau Okdiario 17 Diciembre 2016

Cualquiera con dos dedos de frente, y una pizca de sensibilidad, se habrá ofendido ante lo que sentenció Pablo Hiena Iglesias. A dicho energúmeno, con tal de zaherir al prójimo, no le importó exponer el verdugo que esconde en sus adentros. Esta fétida frase, expurgada de su delirante insensatez, lo retrata: “El holocausto fue una decisión administrativa, un mero problema burocrático”. Por si fuera escasa su psicopática crudeza, también manifestó que “la caída del muro de Berlín, fue una mala noticia para todos”. Para todos los iletrados que lidera, entiéndase, gentuza que echa en falta las purgas estalinistas.

Por mucho menos, por decir “Amo a Hitler”, la casa Dior despidió a su diseñador estrella, el gibraltareño John Galliano. Sin embargo, en España, un imbécil puede soltar la barbaridad abominable que se le antoje, que ningún político ni ningún juzgado lo tomará en cuenta. Justificar el exterminio de gitanos y judíos, de razas al por mayor, pasa desapercibido en nuestra democracia del siglo XXI. Si acaso, la mansa voz de la comunidad hebrea se hace oír y critica la salvaje actitud del Ché de todo a 100: “Su aberrante pensamiento alimenta a las fuerzas totalitarias”. Pero la protesta se diluye como un eco.

Nadie frena a la bestia pestilente. El bicho goza de patente de corso. Muchos ríen sus gracias tras haber untado con “cal viva” a Felipe. Tan sólo algunos bravos piden que le apliquen la ley. No obstante, esa fotocopia de nazi con coleta campa a sus anchas, escupiendo sobre la bandera, pasándose por el forro la Constitución, despreciando a la familia real, llamando gente guay a los etarras y torturadores a los miembros del Cuerpo General de Policía, mofándose del Ejército y de la Legión y, en fin, vitoreando entre carcajadas histéricas la procesión del chumino insumiso. ¿Cuánto falta para abrir la veda de la hiena?

Del mismo modo que el tipejo exhibe su cola de poni para ocultar la chepa que nació con él, disimula otras deformidades psíquicas en los pliegues de su petulancia nauseabunda. Desde el inflado ego al corto rabo, desde la cola a la coleta, todo es falso en este andrajo que sólo busca enriquecerse a costa de una revolución tan antigua como el odio que destila, pues él y sus secuaces carroñeros, se la han sacado de la manga. De ahí que el proyecto podemita consista en extraer la máxima cantidad de pasta posible de una casta que tanto vituperan, pues el puto amo de semejante esperpento ideológico, carece de un guión alternativo y desconoce el inestable y errático paradero final de una estafa sostenida sin cimientos.

Escraches y chulería secesionista.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Diciembre 2016

¿Y quién habla de impedir el debate? Carme Forcadell se defiende aludiendo al derecho del Parlamento de Cataluña a debatir sobre la independencia. Con ello quiere justificar su desobediencia a la sentencia del Tribunal Constitucional de no realizar ni permitir cualquier acción encaminada a dar soporte legal al proceso independentista. En la sentencia ya advertía a los responsables del Parlamento que “La Cámara autonómica no puede erigirse en fuente de legitimidad jurídica y política, hasta arrogarse la potestad de vulnerar el orden constitucional que sustenta su propia autoridad”. En la sentencia publicada en el BOE del 2 de diciembre de fallaba declarando inconstitucional y nula “la resolución 1/XI del Parlamento de Cataluña, adoptada el 9 de noviembre de 2015 (publicada en el Boletín Oficial del Parlamento de Cataluña» de la misma fecha), «sobre el inicio del proceso político en Cataluña como consecuencia de los resultados electorales del 27 de septiembre de 2015 y su anexo”.

A pesar de ello y tras públicas declaraciones de desobediencia, finalmente Carme Forcadell como Presidenta de la Mesa del Parlamento, apoyada por los componentes de la misma, mayoritariamente de fuerzas secesionistas permitieron el debate y la posterior votación de una resolución encaminada a avanzar en ese proceso político de independencia. Hecho que se produjo y que se llegó a aprobar y publicar posteriormente en el Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma. Tras lo anterior el TC a propuesta del Gobierno procedió a suspender cautelarmente la resolución y a abrir la causa penal contra los responsables de su tramitación, entre ellas y como máxima responsable la Presidenta de la Mesa del Parlamento, Carme Forcadell.

Y desde luego que la excusa de que esa resolución y otras son solo “la expresión de un deseo” es falsa pr la propia naturaleza del poder legislativo que tienen por delegación las Cámaras autonómicas dentro de las competencias que tienen transferidas, entre las que por supuesto no está la de favorecer ni iniciar un proceso de independencia, ni tampoco el de realizar referéndums ilegales. Esta última causa por la que están siendo juzgados el expresidente Artur Mas y dos de los Consejeros de su Gobierno. Y esta actitud victimista acusando de falta de democracia y enarbolando la bandera del derecho de los pueblos a decidir democráticamente su futuro, solo esconde la cobardía de no querer asumir las propias responsabilidades y querer convencer de una falsa legitimidad no reconocida por la Constitución de España.

El hecho es que estos secesionistas desprecian la Ley y se atreven a desafiar al Estado de Derecho mediante sus actuaciones delictivas de las que, además, esperan salir impunes. Frases de Carme Forcadell como la de que “lo que está en juego es la democracia, no el futuro político de una persona u otra.” Y que “En ningún país se puede perseguir el debate de ideas por la via penal en sede parlamentaria”. Sigue en su mitin personal declarando que “Ningún Tribunal puede impedir que se debata en un Parlamento sobre independencia”. Y se niega a admitir las sentencias del TC diciendo que “Ningún Tribunal puede pedir ni a la Mesa, ni a la Presidencia del Parlamento que actúen como un órgano censor”. Reincide en la desobediencia advirtiendo que “si abrimos la puerta a la censura, ya no la podremos cerrar. Y no permitiremos que esto suceda”. Finalmente, termina por querer evitar el proceso penal y su inhabilitación diciendo que “es hora de la política y no de los tribunales”.

Creo innecesario resaltar la tremenda hipocresía que existe en estas declaraciones de quien quiere confundir a la opinión pública de lo que no es sino un atentado contra la integridad territorial de España lanzada por una mayoría parlamentaria puntual de coalición de partidos anti sistema e independentistas que sobrepasan sus atribuciones y competencias delegadas por para dotar de legitimidad a su proceso soberanista. Para ello no dudan en usar el Parlamento autonómico y al Gobierno de la Generalidad como instrumentos para sus fines, llegando a convocar referéndums ilegales y aprobar, apoyados en su mayoría parlamentaria, resoluciones inconstitucionales. Y a eso le llaman democracia.

Creo que Carme Forcadell, al menos en sus declaraciones posteriores a las realizadas ante los jueces que instruyen la causa contra ella, que no tienen por qué coincidir con las reales en la Sala, ha dado suficientes argumentos para su inmediata inhabilitación, y quizás para otras sanciones penales derivadas de sus actos de desobediencia a los Tribunales a los que no reconoce como órganos legítimos para dirimir sobre asuntos que son de su competencia exclusiva. Un hecho que no nos sorprende, pero que ya resulta vergonzante por la pasividad demostrada por los diferentes Gobiernos de España al permitir que, en esa Comunidad y otras donde el nacionalismo secesionista gobierna con el apoyo de formaciones anti sistema y radicales de izquierda, se violen los derechos fundamentales de los españoles y se inculque a los ciudadanos el odio a todo lo que es y significa ser español. Ya no es hora de política, como pretende el Gobierno con su despliegue ministerial y su “Alta comisionada” en Cataluña, sino hora de aplicar la Ley e impedir que el proceso de secesión sea una realidad. Gobiernen y apliquen la Constitución poniendo fin a esta vergüenza.

Carme Forcadell acude a la política porque teme a los Tribunales. De hecho, su tratamiento privilegiado lo ha obtenido precisamente por el cargo institucional logrado por ser precisamente una política que no duda en usarlo para sus fines políticos y los de su partido.

¡Que pasen un buen día!

Las tres patrias de la izquierda
La izquierda española perdió el discurso de sus líderes históricos, que supieron combinar sus ideas y el sentido de orgullo y pertenencia a una colectividad nacional
Alberto G. Ibáñez El Confidencial 17 Diciembre 2016

Hay que agradecer a Podemos que haya recuperado el término “patria” para la izquierda 'española'. Es verdad que emplea un concepto algo ambiguo, exclusivamente económico y social, y que encuentra los enemigos del pueblo español (compuesto esencialmente por los desfavorecidos) tanto en españoles (la casta política o económica) como en extranjeros (la troika, Merkel, el conglomerado financiero y las multinacionales). Pero algo es algo. Esta es la patria de Podemos.

Hay un segundo patriotismo más amplio que lo ejerce la izquierda separatista-nacionalista. Aquí se incluyen sin complejos la promoción de los sentimientos de pertenencia colectiva de todos (ricos y pobres), un profundo respeto a los símbolos 'nacionales' (aunque algunos sean de reciente incorporación) y la exaltación inmoderada de una historia pasada que incita al orgullo 'nacional', poco importa si aquella resulta ser exagerada o parcialmente falsificada. Una parte importante de la izquierda española ve con simpatía a esta otra izquierda nacionalista (e incluso a la derecha separatista) aunque entre sus fines se encuentre romper la “comunidad de todos” y la igualdad, además de menospreciar que esos procesos rupturistas puedan afectar negativamente a los derechos de los pobres en otros territorios. Esta es la patria de ERC, la CUP y EH Bildu.

Un tercer patriotismo es el que ejercen los partidos nacionales de izquierda con naturalidad y sin complejos… en otros países de nuestro entorno. Esta sería la patria del Partido Socialista francés, el laborismo británico, el Partido Democrático italiano y la socialdemocracia alemana, o incluso de los partidos comunistas (donde existen) en esos mismos países. Se ha hecho poco hincapié en la curiosa y radical transformación que experimenta una parte importante de los miembros del PSOE o de Izquierda Unida cuando viajan a Francia. Entonces olvidan todos sus apoyos a las reivindicaciones nacionalistas y regionalistas, se instalan contentos a vivir en París o en la campiña y se deshacen en halagos hacia el modelo francés, pasando por alto su carácter claramente centralista, olvidándose de que allí también viven catalanes y vascos, bretones y corsos. Les parece incluso bien que el francés sea la única lengua vehicular para la educación o el instrumento clave de la “gran” cultura francesa. Aplauden igualmente que el modelo educativo sea único para toda la república como instrumento para asegurar la igualdad y el laicismo.

Vuelven a España y defienden un sistema de financiación particular (el cupo vasco) que implica hoy que unos ciudadanos en un territorio reciban un 60% más de financiación pública que el resto de españoles (algo inimaginable para la izquierda de otros países). Consideran igualmente poco aconsejable defender la bandera o sentir el himno nacional, contaminados por un pasado franquista (como si el resto de las naciones no hubieran tenido también dictadores). Pasan de nuevo la frontera y empiezan a entonar la Marsellesa, aunque no sea su himno…., sin importarles que incluso emperadores-dictadores como Napoleón también lo hubieran cantado. África no empieza en los Pirineos, pero ciertas contradicciones tal vez sí.

Y sin embargo, esto no tiene por qué ser así. De hecho, históricamente no lo ha sido: Besteiro y González en el PSOE, Jesús Monzón y el Carrillo de la Transición en el PCE supieron combinar sus ideas de izquierda y el sentido de orgullo y pertenencia a una colectividad nacional llamada España. Ideas típicas de la izquierda como comunidad, comunitarismo, ciudadanía cooperativa y solidaria o incluso el movimiento antiglobalización apuntalan la idea de un patriotismo donde no haya ciudadanos de primera y de segunda, y donde no existan privilegios… porque todos somos socios del mismo club con los mismos derechos y obligaciones.

Todo ello nos llevaría incluso a poder recuperar, desde la izquierda, una visión de nuestra historia menos pesimista y desoladora, donde seamos capaces de resaltar nuestras luces (que las hemos tenido) y sepamos poner en cuestión las sombras dentro del contexto y espíritu de la época. ¿Por qué no puede reivindicar la izquierda española las más de 25 universidades fundadas por españoles en América o el sinfín de hospitales en los que se atendía de igual forma a indios y españoles? ¿Por qué no defender con orgullo que fueran los españoles (la Escuela de Salamanca) los que inventaran los derechos humanos, precisamente aplicándolos a los indios, o que nuestros reyes redactaran la primera legislación laboral moderna reconociendo derechos a los indígenas de los que carecían gran parte de los europeos? Otra cosa es que esas normas siempre se cumplieran, como por cierto sigue ocurriendo hoy.

¿Por qué no poder reivindicar desde la izquierda nacional un patriotismo transversal e integrador donde con toda naturalidad un ateo, homosexual, comunista y federalista pueda sentirse tan patriota español como un católico, padre/madre de familia numerosa, de derechas y jacobino? ¿Por qué no? Es lo que garantizaría mejor la igualdad, la paz y el progreso, lo que sucede en “todos” los demás países, en definitiva, lo que a todos nos conviene. ¿No resulta posible acordar lo esencial, que siempre es común, y seguir debatiendo y peleándonos por los matices que puedan mejorar el conjunto? Cada vez que dos españoles se pelean alguien se ríe de nosotros y se frota las manos.

Todos saldríamos ganando, especialmente nuestra cohesión y progreso social, pero sobre todo la propia izquierda, que saldría fortalecida y legitimada de este sano proceso de autocrítica.

 


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