AGLI Recortes de Prensa   Domingo 18 Diciembre  2016

El partido de Aznar
Javier Somalo Libertad Digital 18 Diciembre 2016

Lo único que aleja al PP del destino sufrido por el PSOE es la matraca de que es el partido más votado, que no es poco además de cierto. En el PSOE, los pésimos resultados consiguieron que las voces de pasillo dejaran de ser anónimas y se erigieran en alternativa. No sé si eso regenerará al partido acéfalo socialista pero su caída completa y estrepitosa era necesaria. Felipe González fue uno de los artífices de la defenestración de Pedro Sánchez y por ello se ganó el apodo de golpista y hasta le volvieron a mentar la bicha del GAL.

Ahora alza la voz hacia su partido otro ex presidente: José María Aznar, o FAES, o sea Aznar pero sin firma y contra el nuevo Poder Fáctico Fácilmente Reconocible, mucho más reconocible, de hecho, porque antaño era el Poder político de su partido. Detrás de un nuevo patronato que estatutariamente ya no es del PP, el ex presidente del Gobierno se ha dirigido directamente a la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría por su renuncia pública a los principios del partido en la relanzada política de apaciguamiento con el separatismo catalán. La respuesta oficial del aparato ha sido la habitual: FAES ya no es… Pero, ¿y Aznar? ¿Es o no es? La firma explícita del presidente de honor les habría dejado, al menos, sin la manida coartada de que los que molestan ya no son o ya no están.

Antes de caer en la tentación de vislumbrar un gobierno formado por el Patronato actual de FAES conviene analizar si estamos ante otro toque a rebato sin espadas. Casi todas las veces que Aznar, por él mismo o bajo el paraguas fundacional, ha analizado la actualidad de forma crítica pienso dos cosas: que tiene razón y parte de culpa. Es muy difícil explicar por qué no resolvió ciertos asuntos cuando pudo hacerlo.

Una vez más, la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero ayuda a responder muchas de estas interrogantes: nadie esperaba que fuera posible hundir España como él lo hizo. Las debilidades y cesiones sucedidas en la era absoluta de Aznar fueron aprovechadas al milímetro por Zapatero para voltear a España y al PP. Es triste reconocerlo pero el socialista sentó cátedra: todo lo que él discutió ahora es discutible para el PP gobernante, hasta las armas de resistencia usadas por el propio PP contra aquel Zapatero del Estatut que hoy huele a fotos y banderas quemadas. A golpe de Estado. Zapatero no era Sagasta, fue Fernando VII y Aznar no supo o no quiso preverlo.

"No se preocupe Alteza, usted no podrá gobernar como yo", le dijo Franco al entonces Príncipe Juan Carlos cuando ya estaba casi seguro de su sucesión y del destino de España. Pero el joven Juan Carlos preguntaba por mera cortesía y por si la camarilla de El Pardo hacía de las suyas aprovechando con nocturnidad alguna fiebre. El Príncipe tenía un plan trazado, apoyado en brillantes informes, análisis y comentarios de muchas personas de valía para caminar hacia la democracia después de cuatro décadas de dictadura; Zapatero también tenía un plan: destruir el modelo de esa España que se alcanzó. Aznar ni se planteó que Zapatero podría cosechar tanto éxito como el Príncipe Juan Carlos –esta vez destruyendo lo construido– porque de hecho, nada invitaba a pensar que Zapatero llegaría a gobernar hasta que el 11-M catalizó el desastre. El relevo que no llegó era Mariano Rajoy y fue ahí donde se rompió la cadena que Aznar tenía pensado engranar desde su condición de ex presidente. Estando inesperadamente en la oposición, Rajoy fue destensando la tutela de su mentor hasta moldear un partido propio cuyo parecido con el fundacional es ya mera coincidencia, siempre salvo heroicas excepciones.

Recientemente FAES se desvinculó orgánicamente de su partido. FAES era el PP de Aznar, pues con las fundaciones hizo lo mismo que con el partido: unirlas bajo unas siglas que albergaron a conservadores, liberales, democristianos y los sempiternos socialdemócratas que moran en todos los partidos. Así como existía la AP, el PDP o la UL también estaban las fundaciones Cánovas del Castillo, Humanismo y Democracia y tres dedicadas a Iberoamérica. Las derechas en España siempre han tenido que aliar sus tendencias. Lo hizo la CEDA, lo hizo AP y lo hizo el PP. También las izquierdas pero de otra forma, más a su estilo, con más cadáveres, como tendremos oportunidad de recordar en el año que se nos viene encima, centenario de la revolución bolchevique.

El caso es que ahí andan liberales, conservadores y democristianos –y cada vez más socialdemócratas autóctonos– jugando al centro reformismo con tal de no ponerse enfrente de la izquierda y que les digan de derechas. Pero sin duda fue en Elche, en marzo de 2008 y tras el segundo fracaso electoral, donde la refundación del PP, de la derecha, se fue al garete por orden verbal y pública de Mariano Rajoy:

"Quiero que este partido sea lo que es,un partido popular, moderado, abierto e integrador, y no un partido de doctrinarios (…) Quiero estar donde estamos, en el Partido Popular Europeo, en el grupo popular en el Parlamento Europeo, teniendo como socios a Merkel y Sarkozy, y si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador que se vaya".

La prueba inequívoca de que la obsesión era ya entonces borrar la huella de Aznar es que tales partidos señalados como puerta de salida no existían, salvo en la memoria congelada de Rajoy, desde que el propio Aznar los refundó en el PP. Tras aquel discurso llegó el incesante goteo que acabó en copiosa fuga. Así que la orilla más cercana para los náufragos fue FAES, siempre más liberal que otra cosa y, en todo caso, lo más parecido a esos "doctrinarios" que no quisieron perder las señas de identidad del PP. FAES siguió elaborando papeles semanales, cuadernos mensuales, cursos y editando interesantes libros… pero perdió lectores dentro del partido. De hecho, muchos de los asuntos tratados empezaron a tocar seriamente los principios ideológicos –abandonados– de la formación política bajo la cual actuaba la fundación. FAES dejó de ser el tanque de ideas del PP cuando Rajoy les señaló la puerta en Elche y a partir de entonces, la mayor parte del PP se ha dedicado más bien a defenderse del trabajo de su Fundación.

Los argumentos "doctrinarios" eran los mismos antes que ahora, más aun en el asunto de la soberanía nacional: el separatista es inintegrable, el separatista no depone su actitud por dinero; lo coge y sigue avanzando con más dinero. El separatista necesita serlo siempre. Nada ha cambiado jamás frente a un separatismo con el apaciguamiento por más que quiera revestirse de una concienzuda realpolitik que, en caso de fiasco, daría paso presuntamente al inexorable imperio de la Ley. Aun si fuera cierto que el último cartucho es la Ley, ¿por qué unos merecen más oportunidades que otros ante el incumplimiento? ¿Por qué la aplicación de la Ley no es la primera instancia para la derecha actual en el gobierno? Aznar apaciguó, consciente de que entonces no era necesario –los mayores errores se comenten con abultadas mayorías absolutas porque se baja la guardia– y creyendo sinceramente que el liberalismo había llegado a España para quedarse con el cambio de siglo. El abrupto zapaterismo posterior a la tragedia del 11-M despertó de ese sueño a Aznar y anestesió a su partido.

Dicen que la vicepresidenta critica a Aznar en círculos privados acusándole de aquello del "catalán en la intimidad" y de haber sacrificado a Vidal Quadras en el altar de Jordi Pujol. Siendo eso cierto, ¿cómo puede Soraya reprochar nada a Aznar y luego triplicar la apuesta, quemar cuatro millones de firmas, naturalizar el golpismo y tratar de enjugarlo con nuestro dinero? En todo caso, la vicepresidenta ya ha sido respaldada oficialmente y sin ambages por Rajoy así que seguimos en Elche 2008, con el partido de Rajoy y reservado el derecho de admisión.

La única pega al escrito de Aznar es que no estuviera firmado por Aznar. Vuelve a tener razón y ya está más repartida la culpa. A ver qué pasa.

El «derecho a decidir» como derecho a delinquir
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 18 Diciembre 2016

Los mismos que en su día se mostraron convencidos -y se equivocaron por completo- de que la única manera de parar el desafío secesionista vasco consistía en negociar con Ibarretxe sobre el cumplimiento de la ley, sostienen hoy que la sublevación institucional del secesionismo catalán exige imperiosamente, y como única salida, negociar... sobre el cumplimiento de la ley.

No solo eso. Todos ellos se sitúan en una posición de superioridad moral respecto de quienes defendemos que el cumplimiento de la ley no es negociable con los políticos independentistas por la misma razón que no lo es con los estafadores, los incendiarios o los aluniceros: porque si el respeto a la ley debiera comerciarse con los que deben acatarla no habría sociedad libre que pudiera subsistir.

Ante tan obvia afirmación, los devotos de la componenda (llámese negociación, pacto o diálogo) se autoproclaman de inmediato los auténticos demócratas, los verdaderos adalides de la libertad de las personas y los pueblos. Los demás, los defensores de esa cosa tan prosaica que es la igualdad ante la ley, sobre la que se sostiene el Estado de derecho, seríamos, al decir de esos mirlos blancos, unos autoritarios de siete estallos, cuando no, directamente, unos fascistas. ¡Sí, sí: unos fascistas!

Pero que nadie se equivoque. El objetivo de esa estrategia de desautorización política y moral no es otro que acobardarnos para que nos pleguemos a un argumentario demencial según el cual los mismos que exigen en Cataluña ahora, y antes en el País Vasco, que se cumplan las leyes autonómicas no estarían obligados a cumplir la Constitución y las leyes que vinculan a todos los españoles.

Pues bien: con coraje democrático y sin complejo de inferioridad moral alguno hay que decir que no a tal bazofia argumental. ¡Que no! Que la señora Forcadell, presidenta del Parlamento catalán, miente cuando dice que en él no puede discutirse sobre independencia, cuando afirma que España no es una verdadera democracia y cuando proclama que en nuestro país se persigue el debate de ideas por vía penal.

España en un Estado plenamente democrático donde puede discutirse sobre la independencia, fuera y dentro de cualquiera de sus 18 parlamentos (uno estatal y 17 autonómicos), pues la defensa de la independencia de sus territorios no está penalmente perseguida. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Lo que no puede hacerse en España es conspirar desde un parlamento para delinquir; manipular las instituciones y organizar desde ellas una sublevación contra el Estado, sus leyes y su Constitución; desobedecer a los tribunales; malversar fondos públicos y prevaricar abiertamente. Nada de eso cabe en España, lo mismo y por idéntico motivo que no sería posible en Estados Unidos, Francia, Alemania o Gran Bretaña: porque todos esos países son Estados democráticos, en los que las leyes deben respetarse, y no repúblicas bananeras donde la ley es una coña que solo obliga a los que no tienen bastante poder para violarla.

La decadencia de España
Juan Laborda  vozpopuli.com 18 Diciembre 2016

España está sumida en una profunda decadencia que afecta a casi todos los terrenos y ámbitos de nuestra sociedad. Se trata de un declive político, económico, social, y moral. La democracia ha sido secuestrada por y para unos pocos. Las élites, bajo su instinto de clase, no han cedido ni un ápice de su posición de poder y riqueza. Fueron ellas quienes decidieron en su momento ser rentistas, jugar a la especulación, y favorecer una economía de sol y playa. Como consecuencia, España endeudada hasta las cejas, con un sistema financiero inestable, y un potente tejido industrial exportador asaltado y despiezado desde fuera sin ningún rubor.

Una vez que las burbujas financieras generadas por los bancos centrales vuelvan a estallar, se pondrá de manifiesto que nuestra deuda es impagable, nuestro sistema financiero insolvente, y nuestro sistema productivo endeble. Bajo este escenario, sin soberanía monetaria, es absolutamente imposible cambiar nuestro modelo productivo y salir del pozo al que unas élites miopes y antipatriotas nos han arrastrado. Como consecuencia, estamos abocados a reptar en una profunda y continua recesión económica. Y tal como las gastan las élites, volverán a ser los ciudadanos quienes sufraguen la misma. Como resultado, enésima vuelta de tuerca, más paro, más desigualdad, más pobreza. Al final, como resumen de todo, una profunda decadencia moral, y sus habitantes sumidos en la desesperanza.

Para hacer frente a este triste devenir es necesario reaccionar. Frente a una máquina de propaganda institucionalizada a través de medios de comunicación aduladores con el poder, la ciudadanía debe buscar fuera de los canales habituales su propia opinión. La jerarquía de noticias de los voceros mediáticos del poder en la sombra hace tiempo que dejó de coincidir con la percepción de la realidad de una gran parte de la ciudadanía. La realidad está siendo muy dura. La pobreza, la miseria, el paro, la precariedad, las mentiras y los abusos continuados de quienes en un principio fueron elegidos democráticamente para hacer todo lo contrario, configuran el escenario alternativo al de los medios dóciles. Y los voceros mediáticos hacen incluso afable y amable al poder.

Como se las gastan las élites
Han sido fundamentalmente nuestras élites económicas, alrededor de eso que algunos denominan Ibex 35, representadas por las sociedades no financieras y las instituciones bancarias, quienes se apalancaron sin ningún control del riesgo, o bien alrededor de un colateral cuyo precio acabó colapsando, o sobre un negocio cuyos retornos son y serán muy inferiores a los que se suponían por el precio pagado. La inmensa mayoría de nuestra deuda a principios de la crisis correspondía a las empresas no financieras y a las sociedades financieras. Pero fueron estas empresas, con la complicidad de los acreedores foráneos y la genuflexión de sus brazos políticos patrios, quienes decidieron que los ciudadanos financiaran vía deuda soberana y salarios sus desaguisados.

Lo peor es la impotencia de saber que desde el inicio de la actual crisis sistémica había soluciones mucho más justas y eficaces al problema de la deuda privada y recesión de balances. Además de la incompetencia estructural de una ortodoxia económica que mamaba de una teoría neoclásica basada en hipótesis de partida falsas, el problema de fondo era otro, el instinto de clase. El 1% más rico, aquellos que de verdad han dirigido nuestros destinos, acabó imponiéndose definitivamente en la resolución de la actual crisis sistémica. Nos referimos a aquellos que nos aseguraban que cualquier ruptura radical con las políticas del pasado acabarían en catástrofe. En realidad la catástrofe ha sido inmensa, más allá de lo que algunos pesimistas preveíamos.

La estructura del poder
En España el ejecutivo democrático constituye, en definitiva, un agregado de poderes de distinto origen, muchos de éstos de naturaleza no electoral, como las grandes empresas o determinados organismos de la Unión Europea. Dicho agregado de poderes contrasta con la teórica separación de los mismos en cualquier democracia avanzada.

El problema es que esos poderes continúan diseñando cambios radicales que les permita mantener su statu quo. Su objetivo último es proteger su riqueza y su poder, y no duden que si hiciera falta promoverán un desmantelamiento político radical de lo que queda de nuestra democracia. Intentarán conservar y consolidar su control sobre el sistema de la deuda. Saben que si perdieran este control, automáticamente, se arruinarían y perderían el control del poder. Es aquí donde deberíamos ser proactivos y presionar hasta que emerja una nueva clase política que rompa de una vez por todas con esta dinámica.

Además, esta superclase intentará que definitivamente el poder de regular los distintos oligopolios deje de corresponder a los gobiernos y sea efectivamente controlado por las corporaciones. El principio rector de las élites gobernantes era, es y seguirá siendo trivial: cuando el cambio amenaza con imponerse, entonces se cambian las reglas. No obviemos en nuestro posibilismo esta regla elemental. Anticipémonos, reaccionemos, cojámosles a contrapié.

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La chavización de España

EDUARDO INDA Okdiario 18 Diciembre 2016

Uno de los más monumentales pollos que se recuerdan en la Francia contemporánea se desencadenó en 1987 cuando el animal de Jean-Marie Le Pen, a la sazón líder del partido de moda, manifestó públicamente que las cámaras de gas nazis “son un detalle de la historia”. Más que local, el escándalo fue internacional porque el fenómeno Frente Nacional subía en las encuestas como la espuma y se observaba con una mezcla de miedo y estupefacción en toda Europa. Fue el as que se sacó de la manga François Mitterrand para retrasar la llegada del RPR de Jacques Chirac al poder. El tan típico como tópico “divide y vencerás” que algunos han imitado por estos lares con los resultados por todos conocidos.

Pero hete aquí que en el país de Napoleón estas barbarités no salen gratis. Fue condenado por un delito de odio. Tres cuartos de lo mismo ocurrió 18 años después cuando insistió en sus tesis con su patanería habitual. Parafrasearse e insistir en sus odiosas tesis antisemitas le costó esta vez 30.000 euros de multa, más los otros 5.000 que le impusieron por apuntar que la presencia de gitanos en suelo galo le resulta “olorosa y urticante”.

OKDIARIO ha resucitado esta semana el blog que Pablo Iglesias quiso borrar. Intento de borrar pruebas que quedó en un gatillazo más de un personaje que olvida que en la red todo pasa… pero todo queda, que diría el poeta. El sujeto de los dientes color carbón escribió en su blog El gesto de Antígona que “el Holocausto fue una decisión administrativa, un mero error burocrático”. Por si acaso quedaba alguna duda de su maldad, de la banalización de un genocidio que costó la vida a 6 millones de personas, dio una vuelta tuerca de más al comparar a los miembros del Cuerpo Nacional de Policía con los carceleros de los campos de concentración. “No hay tanta diferencia entre los agentes que detienen migrantes en nuestras metrópolis y los guardias de las SS”, comentó segundos antes de rebuznar una frase casi tan miserable como la anterior: “Ni los unos son comprometidos y honestos servidores de la ley ni los otros eran monstruos terribles”.

“Rajoy forzado a dimitir tras afirmar que el Holocausto judío fue ‘un mero problema burocrático'”. Éste sería el titular de los periódicos si el presidente del PP hubiera vomitado semejante animalada. Ciudadanos le habría mandado a esparragar y el PSOE le habría puesto bola negra con toda la razón del mundo. La continuidad del Gobierno popular pasaría por la salida del pontevedrés de Santiago: “O él o nosotros”. Y al partido de la calle Génova no le hubiera quedado otra que tragar para evitar perder el poder. Feijóo, Cospedal, Casado, Soraya o el tapado o tapada de turno se habría colado por la rendija de las ventanas de La Moncloa antes de la medianoche.

En democracia más perverso aún que pensar determinadas cosas es expresarlas. Soltarlas públicamente. Hay límites que no se pueden traspasar. Y uno de ellos es el del antisemitismo, el del negacionismo, el del revisionismo y el de la banalización de una de las mayores tragedias colectivas de la historia de la humanidad. El pogromo. La masacre de seis millones de personas. El forzado suicidio de decenas de miles que, tal y como relata el gigantesco Viktor Frankl, preferían autoelectrocutarse contra las alambradas antes que pasar por el calvario que supone aguardar días y días una muerte trágica segura.

Que Pablo Iglesias piense así es lo normal en una mente totalitaria y estalinista como la suya. Lo que no es precisamente normal sino anormal es que estas palabras le salgan gratis en una sociedad democrática. Claro síntoma de la degradación ética de una sociedad. Degradación ética que tiene en buena parte de la clase periodística su más triste epítome. Pocos diarios de ámbito nacional, excepción hecha de La Razón, Abc, Esdiario, Libertad Digital y Periodista Digital, ha dedicado una mísera línea a esta revelación de nuestro reportero Miguel Ángel Ruiz Coll. Ni una sola de las grandes televisiones ha reservado un segundo para tamaño disparate verbal. También se hicieron los suecos cuando destapamos que en el chat interno de la cúpula podemita Iglesias declaraba textualmente: “Azotaría a Mariló Montero hasta que sangrase”.

Todo ello demuestra el penoso estado de la libertad de expresión en un país que olvida con demasiada frecuencia que el único periodo democrático de verdad que ha vivido en toda su historia es el que va de 1977 a 2016. Item más: certifica que padecemos una dictadura podemita encubierta en la opinión pública. Sus descomunales errores de gestión en los ayuntamientos que presiden, sus tra-ca-tra-cas, sus chapuzas, sus lamentables espectáculos machistas, sus coqueteos con los asesinos etarras o con sus marcas negras y sus fascistoides provocaciones no encuentran prácticamente eco en la mayor parte de los media. La mayoría está podemizada por acción (unos muchos) u omisión (unos pocos).

El miedo es libre porque algunos no se han enterado que, tal y como advertía Roosevelt, “sólo hay que tener miedo al miedo”. Ése es uno de los factores que explican el silencio ante el matonismo, el totalitarismo y el golfismo de esta banda. Matonismo, por cierto, que más allá de Eduardo Inda ha tenido su máxima expresión en periodistas de la talla y la raza de Alfonso Rojo o Antonio Martín Beaumont. El director de Esdiario tuvo que soportar que el político de los dientes color carbón le amenazase a través de un intermediario por osar publicar que pagaba en negro a los trabajadores de La Tuerka, por desvelar la financiación venezolana y por repicar su enésimo flirt con una de sus subordinadas. “Si sigues hablando de esto, te vamos a montar una campaña en las redes sociales para conseguir tu muerte civil”, fue el mensaje que recibió por persona interpuesta. Días después, en la sala vip de La Sexta Noche, el hombre de la mina de carbón en la boca le espetó: “Ya sabes lo que hay, ¿no?”. Las sicilianas advertencias se repitieron con el ex corresponsal de guerra. A los dos les tocó un pie porque han seguido contando lo que hay. Desgraciadamente, son la excepción que confirma una triste regla.

Las consecuencias de la chavización de España en términos de gobernabilidad no se dejarán ver a corto plazo. Seguramente tampoco a medio. La serpiente aún es pequeña. Tardará pero, a este paso, y con este incesante ritmo, algún día veremos a esta gentuza en el poder convirtiendo España en un Estado fallido en el epicentro de la Unión Europea. Cuando Jordi Pujol se propuso someter Cataluña sabía, porque es tan golfo como listo (imagínense si es listo), que no era una carrera de 100 metros. Ni siquiera de 800. Tampoco un 10.000. Tenía meridianamente claro que transformar 180 grados una sociedad es un maratón. Vamos, que lleva su tiempo. Y que para ello es condición sine qua non disponer de dos herramientas infalibles: las aulas y los medios. Los podemitas controlan muchas de nuestras universidades y tienen en primera posición de saludo a algunos de los medios y grupos más influyentes. Y ya se sabe que quien determina la opinión publicada, fija la opinión pública. Y quien vota es la opinión pública. Moraleja: pasarán. Antes o después. Pero pasarán.

¿Qué pasará el día 23?
Alejo Vidal-Quadras  vozpopuli.com 18 Diciembre 2016

Tras la admisión a trámite por el Tribunal Constitucional del incidente de ejecución de sentencia presentado por el Gobierno sobre la resolución del Parlamento de Cataluña del pasado 7 de Octubre en la que se aprobaba la celebración de un referéndum de autodeterminación con o sin autorización del Estado, lo dispuesto en aquella queda suspendido hasta que el Alto Intérprete de la Constitución se pronuncie sobre el fondo del asunto. El Tribunal advierte en su decisión a las autoridades catalanas correspondientes, Presidenta, miembros de la Mesa y Secretario General del Parlamento, Presidente de la Generalitat y Consejeros del Gobierno autonómico, que “deben impedir o paralizar cualquier iniciativa que suponga ignorar o eludir la suspensión acordada” y les apercibe de las “eventuales responsabilidades, incluida la penal, en que pudieran incurrir”. Por tanto, la cosa está clara, sea cual sea la acción emprendida por las mencionadas instancias institucionales a partir de ahora que impulse o desarrolle lo contenido en la resolución del 7 de Octubre, sus promotores se situarán fuera de la legalidad y recibirán la pertinente sanción.

En este contexto hay que preguntarse qué sucederá si la reunión programada por Carles Puigdemont para el próximo día 23 de Diciembre tiene lugar desobedeciendo pública y flagrantemente lo dispuesto de manera inequívoca por el Tribunal Constitucional. A este cónclave, cuyo tema de trabajo es el referéndum de autodeterminación -no en vano el encuentro ha sido bautizado como Cumbre para el Referéndum- han sido convocados los integrantes del llamado Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, PEDC (antigua CiU), ERC, ICV, CUP y las entidades separatistas Omnium Cultural, ANC, AMI y Súmate. También está previsto, con el fin de que el aquelarre sea completo, que se invite a organizaciones empresariales, sindicatos y a Ada Colau. Es obvio por los asistentes llamados a participar en esta magna asamblea y por el tema que se proponen tratar, que no es otro que la coordinación de esfuerzos de todos ellos de cara a la organización y realización de una consulta inconstitucional e ilegal sobre la pertenencia de Cataluña a España, que la convocatoria y no digamos su materialización en forma de trabajos, ponencias y de las disposiciones que eventualmente se tomen, contravienen frontalmente lo mandado por el Tribunal Constitucional. Por consiguiente, será interesante ver si el Gobierno de la Nación adopta algún tipo de medida efectiva para parar este nuevo desafío a la legalidad o, tal como hizo en la charlotada de las urnas de cartón del 9-N, se queda quieto y agazapado dejando que los secesionistas, una vez más, se mofen del imperio de la ley. Si esa es su actitud, se supone que el Tribunal Constitucional cumplirá su advertencia y procederá contra los infractores, que como siempre harán caso omiso de las penas que se les impongan, lo que tampoco provocará ninguna medida coercitiva del Gobierno, y así sucesivamente hasta el choque inevitable.

En las dos estrategias elegidas por los separatistas y por el Gobierno, la de la provocación constante por una parte y la de la pasividad refunfuñona por la otra, llegará un momento en que o el uno o el otro se verán obligados a dar un paso con efectos tangibles. Hasta ahora este conflicto se ha dirimido utilizando como armas hojas de papel, recursos, denuncias, investigaciones, sentencias, resoluciones, sin consecuencias físicas visibles. Nadie ha sido detenido o encarcelado, multado o inhabilitado, ninguna competencia ha sido retirada ni ningún órgano ejecutivo o legislativo intervenido. Mucha cohetería verbal, muchos folios timbrados, muchas declaraciones campanudas, muchas apoteosis fervorosas en el hemiciclo del Parque de la Ciudadela, pero de hecho, nada de nada.

¿Cuánto durará este espectáculo mezcla de farsa y de tragedia? ¿Hasta dónde aguantará Mariano Rajoy sin salir de su impasible indiferencia? ¿Sigue el Presidente del Gobierno creyendo que la aventura subversiva de un catalanismo desbocado que ha mutado su naturaleza tradicional de posibilismo y gradualismo en una furia desatada de la mano de una horda de okupas anarcocomunistas, se disolverá en su propio absurdo y en sus contradicciones internas?

Un socialista que ha roto cadenas: Víctor Manuel Arbeloa

Pascual Tamburri latribunadelpaisvasco.com 18 Diciembre 2016
Los batasunos lo llaman trilero. El PSOE desperdició su cultura y su estilo. Y los políticos profesionales tienen miedo de su visión a corto plazo. Pero figura entre los mejores defensores de Navarra.

La pasada semana -con cierta lógica entrañable, el día 12 del mes 12- la Asociación Cultural Doble 12 entregó el Premio Cadenas de Navarra, en su primera edición, a Víctor Manuel Arbeloa. Difícilmente podía encontrarse una persona que más merezca ser premiada, y no lo haya sido, por haber representado y defendido durante las últimas décadas lo que Navarra es. Y es que entre nuestros hombres públicos no sobra, ahora menos que nunca, formación, cultura, curiosidad, estilo… y no digamos coherencia.

Víctor Manuel Arbeloa ha sido casi todo ya en la vida pública y cultural de Navarra. Y lo que le queda, porque para sí querrían su consistencia y coherencia muchos treintañeros. Hijo de caído en la guerra de 1936, inquieto contra el régimen en su primera juventud, estuvo en la Transición entre los protagonistas de que el PSOE dejase al menos por un tiempo su eterna tentación vasquista. Entre otras cosas porque los conoce bien, y nunca se ha arredrado frente a ellos.

Ha sido presidente del primer Parlamento de Navarra -y estuvo en medio del Amejoramiento- y después ha sido senado y eurodiputado. Hay que decir que es, además de navarro y español sin complejos, europeo de formación y convicción, y amigo de Italia con conocimiento de causa, lo que no es poco decir dado el nivel de formación y de horizontes de muchos políticos hoy. Seguramente porque es un político con vocación de servicio. Servicio que demostró mejor que nadie, más contra los suyos que contra los ajenos, cuando le tocó gestionar su entonces partido tras la dimisión de Javier Otano, el escándalo de Gabriel Urralburu en los años del GAL y de Luis Roldán y luego no fue ni pagado ni agradecido.

Por ese modo de ser y de hacer consistente merece el reconocimiento de todos los navarros que, desde todos los puntos de vista ideológicos, son y se afirman en la defensa de la identidad de Navarra. No se trata ya de matices, sino de lo permanente; porque la extrema izquierda internacionalista y todas las facciones abertzales no niegan una u otra forma de ser navarra, sino a Navarra misma, y es ahí, en el terreno que Arbeloa mejor conoce, donde ha de darse ahora la batalla. No es cuestión de unos votos o de unos escaños, sino de ofrecer una alternativa a largo plazo y atractiva a lo que ellos niegan; y centrarse en lo pasajero con pudor ante lo sólido no es más que una forma de suicidio político, y él siempre lo ha dicho y denunciado así.

Nada más justo que el homenaje de esta neonata Asociación Doble 12 a Víctor Manuel Arbeloa. Se trata de reconocer lo que ha aportado a la Navarra de hoy y de mañana tanto como político como historiador y literato. Es grato encontrarse, en este océano de mediocridades, una persona que es capaz de una investigación, de un verso, de un discurso, de una broma o de un ejemplo, y todo eso sin interrupción a lo largo de décadas. No estamos hablando de un reaccionario, de un nostálgico o de alguien que hable sin conocimiento de causa, sino de un hombre que ha buscado en el ayer y en el día a día la verdad sobre la que el nacionalismo vasco se obstina en la mentira.

Lo ha dicho él mismo en este fin de año y continuación de batalla, “Patria es Europa también / Patria entrañable, egregia, / que nació de Germania, / de las dos Romas y Grecia; / que buscó la unidad, siempre plural,… / que buscó la razón del ser y de la vida; / que escuchó la música celeste / de la divina transcendencia…” Y junto al Imperio y a la Fe, la Patria: “Tierra de tierras, Valle de valles, / Selva de bosques, Río de afluentes / fue desde el primer momento Hispania. / Crisol de lenguas, ingenios, memorias y proyectos, / Pueblo de pueblos, Patria de patrias…”

Y es que lo que está en juego, en España y en Navarra, no son unos intereses pasajeros, unos privilegios, unos impuestos, una riqueza, sino un Ser: “Romanizado de los pies a la cabeza, / los mártires de Roma / nos predicaron el Evangelio…” Y todos unidos en lo esencial: “Y aquí estamos, ya en el siglo veintiuno, / jóvenes y viejos / rojos y azules, descoloridos / o de color incierto / con muchas opiniones encontradas / y con algunos consensos”. ¡Los dioses nos den de ves en cuando algunos más como él, y les den a ellos la posición que navarra necesita que tengan! “…contra toda demagogia, / contra todo menosprecio, / contra el odio y la mentira, / -que nunca son lo nuevo-, / a todas horas sabiendo / que ahí nos jugamos / nada menos / que el pasado, el presente y el futuro / de nuestro sueño”.

“Navarros, españoles, / europeos, / habitantes del mundo, / hijos del Universo… / nada de conclusiones y recetas, / de estribillos simplistas / ni consejos” . Yerra quien crea que lo esencial es “volver” al poder, y más cuando en muchas cosas se ha tenido décadas y se ha usado mal, por ejemplo en mucho de lo que se refiera a educación, a cultura y a acción social. No es “volver”, sino revolver, y por eso es bueno tener presente todo lo que Arbeloa ha dicho y sigue diciendo. ¡Felicidades!

Cataluña, ante el desafío secesionista
La Generalitat de Cataluña se hermana con el Sinn Fein, el brazo político del grupo terrista IRA
La 'embajada' catalana en Londres e Irlanda sigue las directrices para 'internacionalizar' el proceso
Redacción La Voz Libre 18 Diciembre 2016

Madrid.- La Generalitat de Cataluña parece ya no saber qué hacer para 'internacionalizar el proceso'. La última 'ocurrencia' no ha sido otra que hermanarse con el Sinn Fein, brazo político del grupo terrorista IRA. Ha sido la propia Generalitat la que ha dado a conocer la reunión del delegado del Gobierno catalán en el Reino Unido con el Sinn Fein.

En las redes sociales, la Generalitat ha demostrado que no discrimina aliados y daba cuenta de la reunión de su delegado en la 'embajada' de Londres e Irlanda, Sergi Marcén, con Gerry Adams, líder parlamentario del Sinn Fein. El partido, que ha sido conocido por ser el brazo político del IRA hasta su disolución, está hermanado a su vez con Batasuna, brazo político de ETA. Al encuentro también acudió el responsable de política internacional del Sinn Fein, Sean Crowe.

En la reunión se abordó el proceso catalán así como la situación judicial de Carme Forcadell, presidenta del Parlamento catalán.

Un hermanamiento que se produce después de que Raül Romeva se reuniera con representantes de la extrema derecha finlandensa y de la de Carles Puigdemont con los extremistas flamencos. Y es que en su afán de 'internacionalizar' el proceso, no hay amigo malo.
 


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