AGLI Recortes de Prensa   Domingo 25 Diciembre  2016

De la cláusula turrón a la indemnización mazapán
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 25 Diciembre 2016

Permítanme los escuchantes y podcasteros de esRadio que este año felicite las Pascuas en primer lugar a un misionero que me encontré el otro día en el aeropuerto y que me contó que nos escucha a diario desde Pekín. No se me ocurre mejor prueba del milagro de la Navidad que conservar la Fe pese a este Papa y predicarla en los páramos éticos del comunismo buitre.

Y los casi mil accionistas nuevos que, sumados a los más de mil ya existentes, han fortalecido nuestra independencia financiera, y los socios presentes y futuros del Club Libertad Digital, que este año, además de poder leer LD sin publicidad, recibirán semanalmente Ideas, el mejor resumen de lo que producen los think tanks liberales de todo el mundo, que, ante un año que se anuncia fatal, ruinoso, ominosamente socialista, permítanme felicitar muy especialmente a Manuel Llamas, Domingo Soriano, Olivia Moya y todos los redactores y colaboradores de Libre Mercado, que afrontan cada día, con acopio de argumentos y moral a prueba de soledades, la demagogia populista que exudan partidos políticos, periodistas y jueces. Mucho mérito tienen, muchísimo trabajo les espera.

El Partido Populista del Poder Judicial
Tras la felicitación navideña de la Audiencia de Madrid absolviendo a Rita Maestre de varios delitos evidentísimos contra la libertad y el culto católico, sentencia perpetrada por el mismo ponente que declaró legal el escrache a Soraya (según su doctrina, a casa del ponente podrá acudir uno o varios ciudadanos a abuchearlo; y en su Sala, desnudarse el justiciable), el Tribunal Supremo, por sentencia que ha debido respaldar, sin entrar en el fondo del asunto, el Tribunal de la UE, nos ha felicitado las Pascuas con el décimo premiado –o pedrea jurídica- de la anulación de las cláusulas-suelo.

Si ante la primera masacre fiscal del Gobierno del Partido Populista (sin Aznar, para qué llamarlo Popular) y, muy especialmente la segunda, en vigor desde Enero y perpetrada por el PP, PSOE y Cs, el grupo Libertad Digital ha criticado la voracidad montorita prácticamente sólo, ante la pedrea judicial del TS, sobra el casi: nos hemos quedado totalmente solos. Y sin embargo, tenemos razón.

Manuel Llamas ha explicado en LD el proceso por el que esta Navidad se ha celebrado con gran alborozo por los que atacan la propiedad –si no es suya-, ridiculizan el Estado de Derecho –si no les favorece- y se ríen del concepto, brumoso pero eficaz, de "seguridad jurídica", que es el que hace que a un país llegue dinero para invertir o lo abandone a toda prisa.

Recordémoslo: al principio del principio, con el precio de la nueva moneda llamada euro sujeto al albur de tan novedosísima circunstancia, las hipotecas bancarias establecieron una cláusula suelo –que evitaba a los bancos perder demasiado dinero si el Euribor bajaba- y una cláusula techo, que evitaba a los contratantes no perder demasiado si el Euribor subía. ¿No se enteró nadie de la existencia de estas cláusulas? ¿A nadie, cumpliendo la Ley, se lo explicó el notario? Mentira. Era razonable y todo el mundo lo entendió. La prueba es que nadie protestó hasta que el Euribor empezó a bajar de forma artificial, gracias a la política de dar dinero casi gratis a los Gobiernos de la zona euro para mantener artificialmente una demanda que no se justificaba por la economía, sino por la necesidad de los políticos de mantener el gasto público y alimentar a sus clientelas electorales. Conste.

Legalidad jurídica y artería judicial
Si el Euribor hubiera subido más del 15%, los bancos no hubieran podido quejarse. Pero cuando cayó por debajo del 3,5% hubo políticos que decidieron hacer demagogia alterando la lógica del contrato y pidiendo que las cláusulas suelo no se cumplieran por abusivas y engañosas. Tanto como las cláusulas techo, obviamente, pero de eso no hablaron. Se quiso cambiar una realidad jurídica, indudablemente legal y legítima, mediante una artería judicial que, Derecho alternativo mediante, interpretase la Ley a su antojo.

La novedad es que, esta vez, la demagogia antilegal no venía de la Izquierda sino de la Derecha, concretamente del PP de Rajoy entonces en la Oposición. Todo lo que ahora dicen Podemos, PSOE o Ciudadanos lo dijo entonces el senador del PP Francisco Javier Vázquez al llamar "abusivas" a las cláusulas suelo "toda vez que su finalidad es impedir que las cuotas de las hipotecas se reviden en su totalidad con los descensos del Euribor". ¡Pues naturalmente! ¡Igual que las cláusulas techo impedían lo contrario! ¿Dónde estaba, dónde está el abuso? ¿Nadie sabe al firmar una hipoteca lo que firma? Por lo visto, según Ada Colau y el PP de Rajoy, no. Los bancos son buitres que, ayudados por los notarios, roban al hipotecado desvalido.

¿No hay bancos que engañan a sus clientes y notarios que incumplen la Ley? Por supuesto. Por eso hubo ciudadanos que fueron a los tribunales diciendo que les habían engañado. Y en cada caso, el Tribunal decidió. Pues bien, esa gente que merece todo nuestro respeto porque confió en la Ley para remediar una circunstancia que le había perjudicado mediante la ocultación de la Ley, no tiene hoy derecho alguno, porque su caso ya se juzgó. En cambio, según el Tribunal Supremo en sentencia de 2013, a partir de esa fecha todos deben ser compensados por la diferencia de intereses entre lo que figuraba en su contrato hipotecario y la evolución del Euribor, según constaba en esa cláusula suelo en los contratos a interés variable.

¿Y por qué los contratos firmados a interés fijo quedan fuera de esta rectificación judicial? ¿No cabe decir que el banco no explicó o el notario no advirtió de que el interés variable les convenía más? Por supuesto que cabe, según la sentencia del Supremo, cátedra de chapuza y púlpito de arbitrariedad. Según estas togas demagogas, los bancos debían advertir al cliente del "comportamiento previsible del Euribor".

¿Y cómo podían saberlo los bancos? ¿Acaso lo sabe el Supremo? Acudiríamos a él para que nos orientase en el mercado de divisas. Pero no. Lo que único que sabe el Supremo es meterse en un jardín digno de Valdanágoras y Cappastóteles cuando dice que el banco debía "hacer simulaciones de escenarios diversos relacionados con el comportamiento razonable previsible del tipo de interés en el momento de la contratación". ¿Y cómo se hace eso, cráneos previlegiados? ¡Algún juez ha ido a pedir una hipoteca imponiendo que le "simulen escenarios"? Para que lo mareen diciéndole lo que no pueden saber, tal vez. Pero lo dudo. Pura demagogia.

Sólo somos libres si somos responsables
Lo que hizo el Supremo y ahora ha respaldado el TUE es una especie de Decreto Ley que enmienda la Ley Hipotecaria, al Banco de España, al Senado y al Gobierno de ZP sin tener la más repajolera idea de lo que hace. Sirve a la demagogia populista que nos niega la responsabilidad de saber lo que firmamos para arrebatarnos la libertad de firmar lo que sabemos. Es una infecta chapuza legal al servicio de una política fatalmente liberticida.

Pero dado el general aplauso cosechado por la demagogia populista al abrigo de la degeneración judicial y oyendo el aplauso atronador de los partidos y casi todos los medios de comunicación, propongo que a partir de ahora todos los contratos incluyan una cláusula turrón, que anule o endulce el perjuicio provocado al que la firma, si es pobre o se lo hace. Además, las Leyes deberán incluirán una enmienda mazapán que las anulará si estorban la feliz demagogia político-judicial y la total irresponsabilidad mediática. La única Ley será que no habrá Ley por encima de los que manden, sean políticos que nombren jueces o jueces que sentencien a lo político. El Estado de derecho quedará así definitivamente torcido, enmendado en mazapán y acogido a la cláusula turrón, para endulzar la amable dictadura.

Aquí, este año que acaba, el que viene y los que vengan, seguiremos defendiendo el Libre Mercado, digan lo que digan y desdigan los políticos y hagan lo que hagan y deshagan los jueces, porque no puede haber libertad sin propiedad, y tampoco propiedad sin libertad, bajo el amparo de la Ley.

¡Felices Pascuas y, a despecho de Montoro, próspero Año Nuevo!

La vejez prematura de los nuevos partidos
Es evidente que les ha sentado muy mal este año de bloqueo. Ahora Podemos y Ciudadanos están en plenos procesos congresuales, y todo lo que emiten suena rancio
Ignacio Varela El Confidencial 25 Diciembre 2016

Se dice que cada año en la vida de un perro equivale a siete años de un ser humano, de tal forma que un perro de 10 años sería tan mayor como una persona de 70.

El tiempo parece correr también así para Podemos y Ciudadanos, que en 2014 emergieron como los portadores de una forma nueva y distinta de hacer política y proclamaron no sólo el fin de la era bipartidista, sino la próxima extinción de PP y PSOE, víctimas en fase terminal de la arterioesclerosis y la corrupción.

Han pasado apenas dos años y medio desde aquella eclosión de los adalides de la nueva política, pero les han pesado como si fueran dos décadas. Si me permiten el símil, sería un caso de progeria (esa enfermedad de algunos niños que sufren un envejecimiento brusco en los primeros años de sus vidas), traído a la política.

¿Recuerdan aquella conversación entre Iglesias y Rivera en el programa de Jordi Évole, poco antes de las elecciones del 20-D? Cierto que no fue un debate real sino un producto televisivo concertado, pregrabado y editado; pero todo en él transpiraba frescura, lozanía y buenrolllismo. Daba igual el contenido, el mensaje eran las formas y el lenguaje. El impacto se agrandó por comparación cuando unas semanas más tarde vimos a Rajoy y Sánchez embarrados en una bronca sucia y navajera, no tolerada para menores. Fue el auge del eje “lo nuevo frente a lo viejo”.

¿Qué queda de aquello un año más tarde? Sugiero que Évole vuelva a sentar a Iglesias y a Rivera en el mismo bar y, por mucho que lo editen para embellecerlo, comprobemos el resultado.

Es evidente que les ha sentado muy mal este año de bloqueo. Los hemos visto adoptar las peores prácticas de la vieja política, tirarse frenéticamente vetos y líneas rojas, especular con las repeticiones electorales, jugar al póker con el futuro del país… Se han hecho tan cínicos como aquellos a los que denunciaban.

Ahora ambos partidos están en plenos procesos congresuales, y todo lo que lo que emiten suena rancio. Las engoladas proclamas ideológicas, las disquisiciones estratégicas intrincadas, las luchas por el poder disfrazadas de debates sobre el modelo de partido…hasta el lenguaje es ya de madera. Y en ambos se manifiesta la irresistible tentación caudillista, o César o nada.

Para quienes hemos vivido por dentro varias decenas de congresos partidarios y conocemos sus códigos y sus rituales, todo esto es como un mal remake. ¿En qué se diferencia la querella de Iglesias y Errejón de la que enfrentó a González y Guerra? Únicamente en la experiencia y estatura política de los protagonistas.

Es más, ¿alguien sabe sobre qué discuten Iglesias y Errejón? Para averiguarlo, he formulado la pregunta a varios votantes de Podemos. La respuesta obvia, inmediata y unánime: “por el poder”. Sí, claro, pero ¿qué mas? Algunos, más o menos confusamente, avanzan: “porque uno quiere discutir a la vez sobre las personas y las ideas y el otro quiere hacerlo por separado”. Ya, insisto yo, pero ¿qué ideas? ¿Cuáles son las discrepancias de fondo? Silencio cósmico.

No me extraña. Según parece, la tesis central de Errejón es que “la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”. Iglesias, por el contrario, habla de “la destrucción de las expectativas de los sectores medios” como base de su estrategia. Y Carolina Bescansa apunta que la solución está en “superar los binomios y pasar a los polinomios” (debo las citas a Teodoro León Gros). Esto está claro como el agua, señores. Pobre Gramsci, si viera lo que están haciendo con él…

He buscado en los textos y en las declaraciones sobre la próxima Asamblea Ciudadana Estatal de Podemos palabras como empleo, progreso económico, pensiones, sanidad, educación, derechos laborales, igualdad de hombres y mujeres, terrorismo, ciencia y tecnología, Europa… Nada, ni una mención. Se ve que esas son cosas de los socialtraidores que pactan con el PP. Lo nuestro es lo del núcleo irradiador, las expectativas de los sectores medios y los polinomios: una indigesta mezcla de ensimismamiento narcisista, intoxicación ideológica y una alarmante desconexión con la realidad.

Desde hace una temporada, Podemos es el monotema de Podemos. Además, usando la jerga de la tribu: esas que, como explicó Umberto Eco, sirven a ciertas sectas sociales para comunicarse entre sí y que sólo los iniciados puedan descifrarlas.

Es llamativo que esto le suceda al partido que revolucionó la comunicación política en España y se distinguió por la pueril pero efectiva claridad de sus mensajes binarios: gente o casta, arriba o abajo, los buenos contra los malos… Ahora están metidos en su campana neumática, hablando en clave mientras (se) ajustan las cuentas.

El problema de Ciudadanos es más sencillo de explicar. Por un lado, les ocurre como a todos los partidos que nacen para habitar en el centro: que el centrismo es una posición, pero no una ideología. No existe el libro que explique la ideología centrista. Por eso cuando se sienten obligados a definirse ideológicamente caen en tópicos tan gastados por el uso que ya no significan nada especial: liberal, demócrata, progresista…y podrían seguir así hasta la eternidad: de futuro, avanzado, reformista, moderado… Todo para explicar que son simplemente la tónica del gin-tonic o la coca-cola del cuba libre, un mezclador universal.

Por otra, se declaran partido de gobierno (como es lógico, para eso están en el mundo las bisagras). Pero ahora se dan cuenta de que por ir de puros hicieron el canelo: se comprometieron con el Gobierno de España y con unos cuantos gobiernos autonómicos, pero renunciaron a entrar en ellos. Por lo cual ahora no saben dónde están: ni son gobierno ni son oposición, sino todo lo contrario.

Si Rivera hubiera negociado una buena presencia en el Gobierno a cambio de sus votos, hoy ese gobierno tendría una sólida base estable de 170 diputados, él se sentaría en la mesa de las decisiones y no estaría enterándose por la prensa de las cosas importantes que pactan todas las semanas el PP y el PSOE.

Ahora dicen que en 2019 (próximas elecciones municipales y autonómicas) lo corregirán. No sé si están a tiempo, pero yo en su lugar lo intentaría arreglar antes, que estos de la vieja política saben latín y griego, y cuando quieres darte cuenta han cocinado el guiso y se lo han zampado sin invitarte.

La vida es lo que sucede mientras haces planes, esa es la lección que aún han de aprender estos nuevos partidos tristemente devenidos en viejos prematuros.

Montoro o el caso del liberal incomprendido
Jesús Cacho  vozpopuli.com 25 Diciembre 2016

El escenario es de sobra conocido para quienes hayan seguido el relato pormenorizado que Teresa Lázaro, responsable de la información macroeconómica, viene realizando en este diario. El Gobierno Rajoy lo ha vuelto a hacer. Ha repetido el bofetón fiscal que, vía subida de impuestos, propinó a los españoles en diciembre de 2011 nada más ganar las generales del mismo año. Las medidas adoptadas ahora por el Ejecutivo en materia fiscal, básicamente el aumento del tipo efectivo del Impuesto de Sociedades, la subida de los costes laborales con el incremento de las bases mínima y máxima de cotización, y el incremento del SMI en un 8% en materia social, no le van a salir gratis a nadie en términos de frenazo a la inversión, ralentización del crecimiento y menor creación de empleo, algo que incidirá de forma especial en los parados de larga duración y en los menos cualificados.

Obligado por el gendarme de Bruselas a continuar con el proceso de consolidación presupuestaria –vulgo reducción del déficit público-, el Gobierno Rajoy trata de hacerlo operando solo por el lado de los ingresos, con total olvido del gasto estructural. Si en diciembre de 2011 los golpeados fuimos todos como contribuyentes, en diciembre de 2016 el palo y tente tieso se lo llevan las empresas que, al parecer, no votan. Ni rastro de ese rigor liberal que debería suponerse en un partido supuestamente de centro derecha.

Confieso sentir una cierta debilidad por el ministro Cristóbal Montoro, un tipo no carente de sentido del humor en las distancias cortas. El hombre se considera un liberal tan convencido como incomprendido, un tipo al que le ha tocado bailar con la más fea de las crisis, lo que le ha obligado a hacer cosas, tal que subir impuestos directos a trote y moche, que jamás hubiera hecho en otra circunstancia. Don Cristóbal entiende que ese sacerdocio soporta un precio en términos de imagen personal, situación que acepta con la resignación del santo varón dispuesto a dejarse lapidar si de salvar a sus desagradecidos paisanos se trata. Lo que no sabe Montoro, o si lo sabe lo oculta, es que de liberal no le quedan ni las raspas, cosa que evidencia esa peculiar risita suya que aflora sacando colmillo cuando anuncia un nuevo asalto a mano armada al bolsillo del prójimo en nombre del Tesoro público. Él sería un perfecto ministro de Hacienda socialista, que hubiera dejado por peligrosos derechistas a tipos como Carlos Solchaga o, desde luego, Miguel Boyer. El problema, claro está, no es Montoro, sino, ya lo habrán adivinado, Mariano Rajoy, un tipo que preside un Gobierno del PP dispuesto a hacer las mismas políticas que haría cualquier Gobierno del PSOE.

Aunque el 26 de junio la derecha ganó las elecciones, a efectos prácticos es lo mismo que si las hubiera ganado el PSOE. Las políticas de corte descaradamente socialdemócrata han terminado por imponerse en la legislatura que empieza, sin resquicio para el menor aliento de corte liberal: nos gobierna, en efecto, una coalición de centro izquierda dispuesta a gastar a manos llenas y dar satisfacción a esa tropa de españoles para quienes el Estado está obligado a correr con el coste de las copas, porque el español medio es un sujeto tan blindado de derechos como carente de obligaciones que, simplemente, se lo merece todo. ¿Quién paga los platos rotos? La empresa, naturalmente.

Da la impresión de que agotada, por exprimida, la vía del IRPF, y vetada la subida del IVA por razones de imagen, la empresa es el pagano a quien sin mayor coste se puede esquilmar, puesto que deliberadamente hemos renunciado a operar sobre el gasto público. Hay que castigar a las grandes empresas, porque, según la versión que ha impuesto ese peculiar universo que componen las redes sociales, no pagan impuestos. Hay que laminar a ese ramillete de multinacionales de que, gracias al valor de sus cuadros directivos y a ciertas medidas fiscales que propiciaron la aventura en el exterior, un país como este, desprovisto de grandes capitales de raigambre industrial, logró dotarse en los años de bonanza económica.

Palo a la empresa. Lo quiere la izquierda, desde la más civilizada a la más cerril, y lo consiente la derecha mirando hacia otro lado. Esos 14.000 millones que el Gobierno le ha metido de clavo en solo tres meses al parque empresarial español es un castigo insoportable para muchas, que no hará sino matar la gallina de los huevos de oro. Con la peculiaridad de que van a pagar justos por pecadores. No solo van a sufrir las grandes, sino que se va a llevar por delante a mucha pequeña y mediana empresa. Van a destruir, sin construir nada nuevo.

Porque no son las empresas quienes pagan impuestos, sino los propietarios de las mismas, empresarios con nombre y apellido que van intentar trasladar esas subidas al consumidor final, van a tratar de repartir el castigo impositivo entre sus clientes y trabajadores y, en caso de no conseguirlo, van a reaccionar paralizando la contratación de nuevo personal, por no hablar de esos inversores que probablemente decidan llevarse su dinero a lugares menos hostiles a la actividad empresarial.

El PP se pliega a las exigencias del PSOE
El Gobierno se defiende enarbolando el argumento, bien cierto, de su minoría parlamentaria y la consiguiente necesidad de transar para sacar adelante los PGE y, en definitiva, poder gobernar. Asombra, sin embargo, la facilidad con la que el Ejecutivo se pliega a las exigencias de un PSOE en liquidación por derribo, esa aparente camaradería, esa mal disimulada complicidad con la que el PP asume como suyos postulados de la izquierda socialdemócrata. La subida del salario mínimo (SMI), por ejemplo, la mayor registrada desde 1980, unido al aumento de las bases mínimas y máximas de cotización, se traducirá en un importante aumento de los costes laborales que tendrá un impacto negativo directo sobre el empleo y la competitividad. De libro resulta recordar aquí que semejante aumento, sin un paralelo incremento de la productividad laboral, termina siempre provocando subidas de la tasa de paro, dificultando el acceso al mercado de trabajo de los colectivos más vulnerables.

“Es el precio que hemos tenido que pagar para lograr el apoyo del PSOE al techo de gasto”, argumentan en el Ejecutivo. Ideológicamente desarmado, el PP paga el precio que le piden y lo asume en silencio, renunciando a cualquier cosa que signifique un debate de ideas. El drama de las políticas económicas de la izquierda es que siempre terminan perjudicando a aquellos a quienes teóricamente dicen querer defender o cuya situación pretenden mejorar, no obstante lo cual sigue dando la matraca sin nadie en frente que le saque los colores. Esta derecha asilvestrada nuestra ha olvidado algo tan elemental como que la mejor forma de reducir la pobreza es generar crecimiento económico y crear empleo, de modo que calla, entregada de hoz y coz a las pulsiones populistas que reclaman a machete políticas redistributivas consistentes en freír a impuestos a particulares, los supuestamente ricos, y empresas, políticas que terminan en quiebras empresariales y en paro a mansalva. La gente debería saber que en términos de crecimiento y generación de empleo resulta menos gravosa la subida de un punto del IVA que el aumento del Impuesto sobre Sociedades, pero eso alguien debería explicarlo, alguien debería predicarlo desde el púlpito de los medios de comunicación que controla el Gobierno.

Llama la atención la ausencia en el Ejecutivo de una evaluación rigurosa del coste, en términos de crecimiento y empleo, de las medidas comentadas. El ministerio de Hacienda (el problema es particularmente acuciante en su secretaría de Estado, donde parece anidar un mar de ignorancia profunda sobre la realidad empresarial que sería necesario extirpar cuanto antes) no parece haber evaluado en profundidad ni estudiado con detenimiento el impacto negativo del sartenazo fiscal a las empresas. Cálculos conservadores cifran ese coste en dos décimas menos de crecimiento del PIB para 2017, y en 90.000 empleos menos de los que se podrían crear en otras condiciones. La economía sigue tirando, cierto. Las cosas van bien, porque seguimos instalados en fase expansiva, pero podrían ir mejor. Es el coste de oportunidad. ¿Cuánto más se podría crecer de haber hecho bien las cosas? ¿Cuánto empleo adicional se podría crear de no considerar a las empresas como sujetos dignos de toda sospecha?

¿Qué falta hace el PSOE?
El resultado es que, aunque dice gobernar el PP, quien lo hace de verdad es el destartalado PSOE y sus 85 diputados. La consecuencia es la misma. Rendición ideológica y sumisión práctica. “¡Es el precio de la gobernabilidad!”, sostienen en Moncloa. Sostienen más: rizan el rizo al decir que están prestando un servicio tan importante a España como la salvación del PSOE. Lo dicen y se quedan tan frescos, mientras, incontinentes, calan el chapeo, requieren la espada, miran al soslayo, se van y no hay nada. Salvar al soldado PSOE. Rescatarlo de la desaparición como pieza esencial para el funcionamiento de la maquinaria del régimen. Toca ración de populismo, política económica socialdemócrata y heroica labor de rescate del PSOE. Ese es el cuadro en el que se mira, embelesada, una derecha que ha perdido cualquier referencia liberal, dispuesta, eso sí, a seguir ocupando con mano de hierro y sin competencia alguna esa amplísima banda ideológica que va desde la extrema derecha hasta el centro izquierda. Con este PP, ¿qué falta le hace al régimen un PSOE? ¡Feliz Navidad a todos!

Los otros
RAFAEL MOYANO El Mundo 24 Diciembre 2016

Los últimos días de este convulso año para la política española han dado tres pinceladas con las que se puede dibujar cómo se va a repartir el juego, de tronos o no, esta legislatura: Cataluña, negociación y Podemos.

Uno. No se puede obviar el asunto de Cataluña, ganas no faltan, porque va ser clave los próximos meses. Es el tema que más incertidumbres provoca, porque la gama de colores que ofrece la paleta política catalana es tan variada que desemboca una y otra vez en un collage indescifrable. Ayer, una muestra más. Lo decía esta semana un veterano político ahora en retaguardia: con los nacionalistas conservadores en manos de los radicales de la CUP la cosa pinta tan mal que la única solución es disolver ya porque unas nuevas elecciones van a fabricar un mapa político muy diferente al que ahora tapona cualquier solución.

Dos. Presupuestos tendremos antes de que llegue la primavera. Lo contrario llevaría a otros comicios y no hemos pasado un año en el purgatorio para que el cielo, que tanto se hizo esperar, nos dure tan poco. Entendiendo por cielo estabilidad política. El Gobierno no está dispuesto a llevar nada al Congreso que le vaya a ser tumbado. Todo pactado y amarrado, aunque haya que hacer el paripé para facilitarle las cosas a quien te deja gobernar. Un poco de tacto con el socio para que pueda mantenerse erguido. Ciudadanos tiene difícil huir del estigma de "la colaboración, se le supone". Preocupa el errático PSOE. La única ventaja para los negociadores es que la actual dirección socialista no tendrá que rendir cuentas cuando se desate la batalla, si hay batalla. Para Moncloa, el PSOE tiene ahora liderazgo. Cuestión diferente es que tarden mucho en recomponerse porque, frente a "los otros", el PP necesita un partido socialista más fuerte.

Tres. PSOE, PP y Ciudadanos lo tienen claro. Podemos está a otra cosa, no es que no cuenten con ellos, es que consideran que ellos mismos se están descartando. Les renta más manifestarse contra la pobreza energética que participar en las negociaciones para evitarla. O se está o no se está, aprovechan el estar dentro o siguen haciendo política en la calle. Es el debate del que depende su futuro, y el combate se presenta igualado entre Iglesias y Errejón tras su primer cara a cara. Los que gobiernan afirman que en las últimas elecciones ganó la moderación frente a la radicalidad. Fue el triunfo de los "buenos" frente a los "malos", bromean. Pero sus "malos" no son tres pelaos, ocupan una parte importante de los escaños. Hasta ahora lo mejor que han hecho los "malos" es que nos han obligado a dudar de los "buenos". Lo más inteligente que podrían hacer los «buenos» es tratar de integrarlos.

Cultura frente al populismo secesionista
Tras el alud de libros independentistas, los autores no nacionalistas recuperan posiciones editoriales
SERGI DORIA Barcelona ABC 25 Diciembre 2016

Después de cuatro años de hegemonía independentista en los libros políticos -aunque algunos títulos de 2014 podrían adscribirse al género fantástico-, los antagonistas del «Procés» han recobrado posiciones editoriales en 2016. Al balance económico de Josep Borrell en «Los cuentos y las cuentas de la independencia», la «Historia mínima de Cataluña» de Jordi Canal, «Cataluña en España: historia y mito» del equipo académico de Gabriel Tortella, el testimonial «¡SOS! Secuestrados por el nacionalismo» que firma Dolores Agenjo, «Cuando pintábamos algo en Madrid» del exdiputado convergente Josep López de Lerma y la novela «El sanatorio» de Nuria Amat -alegoría sobre la sociedad cerrada catalana-, se añaden tres recopilaciones ensayísticas que sitúan al secesionismo en el amplio espectro populista: «Idiocracia» de Ramón de España (Ediciones B), «Totalismo» de Miquel Porta Perales (ED Libros) y «La seducción de la frontera» de Félix Ovejero Lucas (Montesinos).

Vayamos, primero a los neologismos. Inspirado en el título de una película de Mike Judge -«Idiocracy»-, Ramón de España describe cómo la idiotez se ha expandido en el planeta y en una España donde prosperó la corrupción, el populismo en sus diversas versiones, entre estas, el independentismo: «Dudo mucho que nuestra Transición fuera ese ejemplo para el universo mundo de cómo se hacen las cosas cuando toca cambiar de sistema político. Pero tampoco la considero esa mierda pinchada de un palo que ven los nacionalistas y los tarugos de la nueva izquierda», advierte. A los primeros, el autor les dedicó «El manicomio catalán» y «El derecho a delirar», mientras que califica a los segundos de «sarta de indocumentados que van de renovadores, cuando su discurso bolchevique ya me sonaba a viejo cuando los escuchaba en las asambleas de la universidad a principios de los años setenta del pasado siglo».

Aunque de la sátira no se escapa la izquierda, ni la Iglesia, ni el PP, ni los islamistas, Ramón de España ofrece el podio a los nacionalismos. La idiocracia catalana, asevera, es por hoy la más rutilante de Europa: «¿O es que hay otro lugar en el continente donde tanta gente esté convencida de que la independencia de su terruño no solo es posible, sino inmediata?»

Totalismo o totalitarismo
Nacionalismo y populismo, dos caras de una misma moneda que Miquel Porta Perales deposita en la hucha común del «totalismo». A diferencia del «totalitarismo», que emana de dogmas y regímenes políticos, el «totalismo» nace de la sociedad civil para «modular y controlar a la carta -esto es, en función de intereses y objetivos- la concepción del mundo, el pensamiento y la acción de los individuos».

En el catálogo «totalista», el secesionismo comparte con el populismo el abuso del lenguaje, la estimulación emotiva, la movilización permanente, el enemigo exterior a batir, el victimismo patológico, la Terra Prometida… Porta Perales advierte algo de soviético en el nacionalismo catalán: «Las asociaciones de la sociedad civil nacionalista, los artículos, las manifestaciones, los discursos, las proclamas, las pancartas, los lemas, las consignas y el lenguaje recuerdan la agitprop de los revolucionarios soviéticos». Con la «neolengua» de Orwell, el autor compone un glosario del «totalismo identitario»: la «astucia» (deslealtad institucional), el Barça (aparato de propaganda), la Brigada Aranzadi (ridiculización de la legalidad), el «derecho a decidir» -que no figura en ningún tratado jurídico pero que los secesionistas no cesan de repetir-, el «unionismo» que convierte a los adversarios en enemigos… Un «menú de la felicidad» con el que independentistas y la izquierda populista aseguran que la única democracia auténtica es la que ellos postulan.

En «La seducción de la frontera», tercera entrega del ciclo que bautizó «Contra Cromagnon», el profesor de la UB Félix Ovejero Lucas denuncia «la disposición de nuestra izquierda a comprar sin tasarla la mercancía nacionalista». Esa mercancía que juzga averiada, identifica secesión con democracia: «El ideal de ciudadanía, germen normativo de la izquierda, resulta incompatible con una mitología nacionalista que vincula la calidad moral de los ciudadanos -y sus derechos- con su grado de proximidad a una fabulada identidad colectiva… Mientras la ciudadanía, como la igualdad, no admite grados, la identidad, sí. Habría ciudadanos más puros que otros: vamos, que no hay ciudadanos».

El mantra del populismo de izquierda que dice asumir el «derecho a decidir» es desdeñar al «régimen del 78» como una continuación del franquismo y dar oxígeno a un independentismo que se presenta como víctima de la baja calidad democrática española. Unidos por el populismo, «presentan como ‘franquista’ cualquier medida de fortalecimiento del Estado, incluida la simple mención a España. Una práctica que la izquierda adquirió en el mismo lote en el que les compró el viciado relato que tanto ha contribuido a su desbarajuste». En opinión de Ovejero, «la respuesta del contentamiento es el nutriente del nacionalismo, incluso hasta le sugiere una estrategia ganadora, por dónde avanzar: subir la tensión para negociar mejores condiciones».

Con matices -de la comparecencia del catalanismo moderado de CiU que ve en el independentismo un formato más del populismo, a la izquierda no nacionalista que todavía no se había integrado en C’s, pasando por el análisis más académico de politólogos e historiadores- el argumentario antinacionalista recupera peso editorial.


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Una Cataluña desinformada
Gracias a periodistas, nacionalistas y comunistas
Miguel Massanet diarioalsigloxxi.com 25 Diciembre 2016

Hay una asignatura que, el Estado español, no ha sabido utilizar oportunamente cuando, en realidad, es la institución mejor pertrechada para poderlo hacer de la manera más eficaz, teniendo en cuenta que dispone de los medios más adecuados y efectivos para poder manejar, para conseguir la máxima eficiencia y los mejores resultados si es que dispone de las personas adecuadas y preparadas para utilizar el lenguaje como el mejor medio de propaganda. En realidad, en términos generales, la derecha o el centro derecha como se prefiera, siempre se ha demostrado bastante torpe para esgrimir sus logros y, todavía más incapaz, cuando se ha tratado de saber disimular sus errores. Hablamos del manejo de la información.

La batalla que hace años se está produciendo, entre el Estado español y el nacionalismo catalán, se ha venido caracterizando por el hecho innegable de que, los políticos catalanes, siempre han conseguido situarse un paso más adelante respeto a las reacciones del Gobierno español y otro paso más aventajado en cuanto a la escasa, débil y, en ocasiones, desatinada reacción de los tribunales de Justicia en relación a los, más que evidentes, casos en los que, por parte de los políticos separatistas catalanes, se ha forzado la Constitución, se han saltado sus preceptos y se han pitorreado de las leyes y las sentencias de los tribunales españoles; cada vez que han querido demostrar que están en condiciones de burlarse del resto de los españoles, confiando en algo que, cada día resulta más evidente, la mojigatería, la indecisión, la falta de valentía y la pasividad con la que los gobernantes, –en el caso que nos ocupa, el ejecutivo español –, representados por el señor Rajoy y sus ministros del PP, convertidos en verdaderos representantes del reino aviar cuando se trata de demostrar el valor y la energía que sería preciso que tuvieran para acabar, de una vez por todas, con esta insostenible situación que se está viviendo en la autonomía catalana.

Y es que señores, esta Cataluña de hoy en día tiene un verdadero ramillete de especialistas, todos ellos nacidos, evolucionados y sostenidos desde antiguos partidos revolucionarios, en ocasiones terroristas y de viejos militantes de la ERC, a los que poco les queda de izquierdistas, mucho de demagogos y un caudal inacabable de oportunismo que, generalmente, a base de mucho peloteo, servidumbre y sumisión a las ideas de aquellos que llevan el portante del separatismo, han conseguido situarse entre aquellos que no tienen dificultades para vivir de los “regalos” y “prebendas” con los que los revolucionarios les compran cada letra que escriben o cada palabra que pronuncian en defensa de sus ideas separatistas y en ataques, engaños, mentiras, ofensas e injurias en contra de todos aquellos que intentan defender la unidad de España ( a los que tratan de anti demócratas) atribuyéndose ellos, una minoría en el Estado español, la condición de ser los únicos verdaderos custodios de los valores democráticos.

Sujetos como, el periodista Cuní, este personaje melifluo, endiosado, ególatra y un ejemplo de cómo, el engreimiento, hace que los hombres sean capaces de decir las mayores barbaridades y emitir los más absurdos juicios cuando se les da un plató de TV para que puedan proclamar sus sandeces sin que, desde la protección de la pantalla, se les pueda contradecir cuando, por sus bocas, salen a torrentadas las más abultadas estupideces y erróneas conclusiones que, por estar entre sujetos de la misma ralea política, nadie está dispuesto a contradecir. Otro personaje de este variopinto circo mediático del periodismo y la televisión, es esta belicosa señora Pilar Rahola , supuestamente enterada de todo, fanatizada hasta la médula de los huesos y sectaria de la ERC; que se ha convertido desde su columna de La Vanguardia y sus tertulias televisivas dirigidas por Cuní, en la Torquemada de la nación española, de la que no parece que le guste nada y a la que, sin muchos miramientos, se ha erigido en su censora implacable del resto del país patrio, todo porque, señores, para esta señora la Constitución ( aprobada mayoritariamente por los catalanes), los tribunales, el TS y el TC, las leyes del Estado y todo lo que esté relacionado con lo que exista fuera de los límites de lo que, para ellos, son “els paísos catalans” , no debiera existir porque, para los separatistas nada más vale “el derecho a decidir” que consistiría en una encuesta sólo para los ciudadanos catalanes, sin permitirles al resto de los ciudadanos españoles el formar parte de aquellos con derecho a opinar sobre el destino que se le debe dar a este pedazo del territorio español.

La prensa catalana, en general y mayoritariamente, está comprada por las subvenciones de la Generalitat y, los informativos ( exclusiva de TV·), copados por los partidos extremistas, que son los que marcan las pautas de las noticias a las que se les ha de dar realce y aquellas otras que es conveniente que se silencien o, en todo caso, que se emitan con “sordina” para que causen el mínimo revuelo entre aquellos a los que les pudieran hacer sospechar de la viabilidad del camino, que los nacionalistas, han trazado, engañando a sus correligionarios, hacia su objetivo imposible, consistente en la separación de Cataluña de España.

El señor Puigdemont, cogido por los cuatro costados, habla de un posible referendo convenido con el Estado y lo mismo parece que piensa la señora Ada Colau, que sabe que, de momento le interesa jugar la baza del nacionalismo independentista, que le puede proporcionar un montón de votos procedentes de la izquierda nacionalista, (actualmente mayoritariamente integrada en el PSC, en ERC y en los partidos extremistas como la CUP de tendencias ácratas). De hecho, no se ve imposible que, según como rueden las cosas y, si los señores del PDEcat (antigua CDC) siguen en su deriva que tiende a conducirlos a convertirse en un partido en vías de extinción; cediendo el báculo independentista a las izquierdas, que dan la sensación de estar preparadas a recogerlo, pero para convertir a la nueva Cataluña independiente, en otra de las repúblicas, como la griega o la venezolana, en manos de gobiernos de extrema izquierda.

Y, en todo este laberinto político, ante unos que van directos al llamado choque de trenes y otros que están aguardando que se produzca para sacar beneficio de los restos del cataclismo, estamos los que nos sentimos españoles que residimos en Cataluña, que somos más de los que aparentemente nos manifestamos y que estamos viendo cómo, pasan los días, corren los meses y, si Dios no lo remedia, puede que llegue un momento en el que, la campaña nacionalista, contrariamente a los que piensan en Génova, que sostiene la imberbe Sáez de Santamaría sostenida por Rajoy, cuando intenten meter a los catalanes en cintura, se encuentren que ya no quedan más que soluciones drásticas que, muchos de nosotros, dudamos seriamente de que tengan el valor para tomarlas dada la forma negociante, dialogante, pactante y, evidentemente, con predisposición a ir soltándoles millones de euros a los catalanes, para que así, sin tener más que ir cediendo, puedan ir financiando todas las etapas de su camino hacia la independencia, mientras el resto de españoles ven, con ojos como platos, como a los 60.000 millones que ya ha recibido Cataluña a través del FLA, se les van añadiendo, como acaba de ocurrir, otros 1.300 millones más, para que el señor Puigdemón, el señor Juncadellas y el señor Mas puedan seguir burlándose de los españoles, desobedeciendo a los tribunales y mofándose de aquellos que no saben hacer otra cosa que utilizarlos ( muchos de ellos claramente politizados) para evitar lo que, por otros métodos más directos y previstos en nuestra Carta Magna, podrían haberlo solucionado ya hace bastantes años; cuando los catalanes no estaban tan adoctrinados y, los efectos de una suspensión del gobierno autonómico, no hubieran tenido las consecuencias que seguramente se producirían hoy si este procedimiento se llevara a cabo. El Gobierno no parece saber que la única verdadera amenaza que temen los catalanes es que les corten la aportación pecuniaria. Porque, señores, “la pela es la pela”

Mucho nos tememos que, ,mientras la señora vicepresidenta hace como si hiciera algo positivo en su despachito de Barcelona, los acontecimientos se van produciendo a pasos agigantados, cuando en el Parlamento los grupos de oposición se las hacen pasar canutas a los del PP y continúa la espada de Damocles sobre los populares, que se exponen a que, si llegara el momento en el que fuera necesario convocar nuevas elecciones, partidos como el mismo PSOE ya hubieran remontado parte de lo que han estado perdiendo hasta ahora y, los posibles resultados de los comicios, ya no garantizaran a los de Rajoy unos resultados como los que se les pronosticaban hasta ahora. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que los acontecimientos, una vez más, se adelantan a las medidas para hacerles frente. Algo intranquilizante.


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