AGLI Recortes de Prensa   Lunes 26 Diciembre  2016

Adiós, Aznar
Juan Pina  vozpopuli.com 26 Diciembre 2016

Al irse del PP sin irse del PP, José María Aznar ha hecho un gesto vago, es decir, concordante con su trayectoria. Como presidente, privatizó —cuaderno azul en mano— las principales empresas públicas, pero no liberalizó sus sectores. Se enfrentó a la socialdemocracia en lo superficial, pero siempre dentro del contexto socialdemócrata generalizado. Como Aguirre, se proclamó liberal-conservador y, en consecuencia, actuó al servicio de un Estado grande y poderoso porque en realidad el conservadurismo es una forma de estatismo, y lo de “liberal-conservador” es una máscara rota. Se llaman así los cobardes que no se atreven a asumir plenamente ninguna de las partes de ese falso binomio. En todo lo no económico, Aznar fue conservador y nacionalista. Y en lo económico, difícilmente puede calificarse de liberal a quien infló la mayor burbuja de nuestra historia, origen de la crisis posterior. O a quien sentó a Cristóbal Montoro en Hacienda para devorar la riqueza que producimos. Sí, fue en época de Aznar cuando Montoro comenzó a imponer su distopía de amedrentamiento y control total.

Como presidente del PP, esa misma forma suya de hacer las cosas a medias provocó la pérdida paulatina de identidad política hasta caer en lo que ese partido es hoy: una maquinaria burocrática ajena a toda corriente de pensamiento y pretendidamente englobador de cuantas se sitúen —en la manida y falaz escala convencional— a la derecha del socialismo. Como si aglutinarlas en una misma formación fuera viable o deseable. Por eso Aznar destruyó al CDS, que estorbaba a sus planes de hegemonía del “centroderecha”, y el PP, mientras pudo, siguió por ese camino respecto a cuantos nuevos partidos fueron surgiendo en la zona que prácticamente considera suya por derecho divino.

Se nos habla constantemente —desde ciertos sectores, páginas y micrófonos— de un PP de Aznar, bueno, y un PP de Rajoy, malo. Nada más alejado de la realidad. Ambos son el mismo PP. Fue Aznar quien colocó a Mariano Rajoy. A dedo, que es como se hacen las cosas en esa organización castrense, mande quien mande: véase el inminente pseudocongreso. En 2004, Aznar estaba tan pagado de sí mismo y tan orgulloso de guerrear junto a Bush, que pensó que daba igual a quién pusiera de candidato: la población, agradecida, saldría en masa a ratificar su designio en las urnas. Y no, los sucesos del 11M no justifican por sí solos la debacle. Rajoy era una pésima elección ya entonces, y Aznar fue el responsable, por lo tanto, no sólo del PP de Rajoy y del consiguiente gobierno, sino de haber hecho posibles los siete años de Rodríguez Zapatero en La Moncloa.

En su vida de ex, Aznar recorre el ancho mundo pontificando sobre las bondades de la libertad económica, y se supone que su fundación la impulsa. Sin embargo, los informes que emite promueven generalmente el mercantilismo corporativista que en Norteamérica se conoce como crony capitalism. Es decir, una versión distorsionada del capitalismo, sometida a los intereses de los cárteles regulatorios. Un capitalismo de Estado, impulsor de national champions y demás delirios de grandeza, y tan jerarquizado como la propia sociedad estamental y de orden con la que sueñan los conservadores. Así, leímos con estupor la posición de FAES sobre la contención de algunos impuestos como medio, no de aliviar a los contribuyentes, sino de recaudar más en virtud de la curva de Laffer. O su informe contra la autogeneración de energía, al que sólo le faltaba poner los logos de la eléctricas como patrocinadoras.

Aznar ha llegado incluso a hablar del sistema de capitalización para las pensiones, tras haber desaprovechado la oportunidad de oro que tuvo de iniciar la transición entre sistemas cuando alcanzó la mayoría absoluta. Si él hubiera tenido los arrestos necesarios, hoy tendríamos un sistema de capitalización, así que menos lobos.

De quien ha ejercido funciones tan importantes se espera más claridad. ¿Se va o no se va? ¿Piensa o no montar otro partido de “centroderecha”, o alentarlo? Y en el fondo, ¿por qué se va? La carta es un cúmulo de vaguedades, como todo en él y como todo en el PP. ¿Le faltan también los arrestos necesarios para expresarle a Rajoy sus discrepancias, abiertamente y a las claras? Escudarse en la independencia de una fundación que ha estado tan vinculada al PP es una broma de mal gusto. Además, la presidencia de honor no es un cargo orgánico. Esa excusa no se sostiene, ni Aznar pretende, en realidad, que se sostenga. Nos invita a leer entre líneas. Pero lo que se vislumbra mediante ese ejercicio arcaico, más cercano al obsoleto lenguaje diplomático que al digital, es patético.

Aznar se va multado y señalado como evasor, con el objetivo evidente de impedir una posible operación retorno. No parece que se marche asqueado por la corrupción pestilente, extrema, que desciende desde Génova 13 y alcanza implacable los más recónditos engranajes del partido en el que, dice, seguirá militando. No parece, tampoco, que su decepción se deba al montorato que, insisto, inauguró él. No, no es por los impuestos, que al final sirven como barreras de entrada para proteger a la élite directiva de la gran empresa entremezclada con el Estado, es decir, a sus amigos. Los exégetas y psicoanalistas del gran hombre nos dicen que es por Cataluña. Acabáramos. Pero si lo de hablar catalán en la intimidad lo inventó él cuando le hizo falta. Que Soraya esté tratando ahora de alcanzar acuerdos en Barcelona es un hito más de un curso histórico inexorable, como lo fue también el pacto de Aznar con la élite convergente en el hotel Majestic. Es que, sencillamente, han pasado dos décadas y la situación se ha complicado mucho. Así pues, los motivos de su gesto quedan tan difuminados como el gesto en sí. Pero mueven a una reflexión sobre la reducida talla de los sucesivos presidentes que hemos soportado desde 1978 —todos burócratas, por cierto, ni uno solo empresario—. Y tal vez eso explique bastantes cosas sobre nuestra deriva como país.

El mito de Aznar
Iván Vélez gaceta.es 26 Diciembre 2016

Presentado como enemigo de Cataluña, el expresidente fortaleció de facto el catalanismo.

Desencantado con la política seguida por su heredero deíctico, Mariano Rajoy, José María Aznar ha vuelto a protagonizar numerosas portadas, dando de este modo materia de análisis a una profesión fuertemente arraigada en su familia. Al cabo, tanto el padre como el abuelo de quien presidiera España entre 1996 y 2004, se desempeñaron en tareas periodísticas. Aznar regresaba a la más inmediata realidad mediática, logrando lo que muchos, siempre prestos al análisis psicologista, han interpretado como su mayor anhelo: la avidez de notoriedad que si ahora se alcanza con la dimisión como Presidente de Honor del Partido Popular, se consiguió en su día con aquella imagen en la que el madrileño apoyaba sus presidenciales pies en la mesa del emperador George W. Bush durante una reunión del G-8.

La decisión de Aznar sucedió a la emisión por parte de FAES de un análisis en el que los populares aparecen como un partido acomplejado que ha asumido «el relato de sus adversarios» particularmente en lo tocante al desafío independentista puesto en marcha por las sectas hispanófobas que tienen su asiento en las instituciones políticas catalanas y en su enorme red clientelar financiada con dinero público. La gota que habría colmado el vaso de la paciencia de Aznar, acogido, cuando no inspirador, de las tesis del informe de FAES, habría sido la actividad desplegada en Cataluña por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, a quien, por otra parte, se atribuye la protección de una serie de medios que dibujan con los más siniestros trazos la figura de Aznar al tiempo que predican las bondades taumatúrgicas del diálogo, panacea del adalid de la Alianza de Civilizaciones: José Luis Rodríguez Zapatero.

Empleando tan simplista como maniqueo esquema, muchos son los que han respirado con impostado alivio al conocer el retiro, aparentemente definitivo, de Aznar, que recibiera el calificativo de «asesino» por su adhesión a las iniciativas bélicas de un célebre trío del que formó parte: el de las Azores, cuyos integrantes parecen estar hoy condenados a un ominoso olvido. Un calificativo, el de asesino, que mostraba las vergüenzas analíticas, no exentas de una impúdica exhibición de odio y sectarismo, de quienes así tildaban al Presidente del Gobierno, pues si bien es cierto que toda guerra, por más que se califique como «misión de paz», lleva aparejadas numerosas muertes, quienes las declaran lo hacen como representantes de naciones en lugar de como individualizados sanguinarios que vieran realizados sus deseos más inconfesables al sembrar de cadáveres la tierra bajo la cual se hayan las bolsas petrolíferas.

Sea como fuere, el abandono de Aznar, figura oscura percibida como una suerte de conciencia del pasado que operaba en la sombra del Partido Popular, puede favorecer el ya citado diálogo planteado por los catalanistas con Cataluña y España como interlocutores, en evidente y habitual manipulación de las proporciones, del todo y la parte, en definitiva. Sin embargo, los datos desmienten el mito de un Aznar presentado como a un feroz anticatalanista que habría contribuido a la crisis que, en forma de interminable proceso, venimos padeciendo los españoles a cuenta de las ansias independentistas de un importante sector de la sociedad catalana. Un simple repaso a la acción de gobierno desarrollada por Aznar en relación con esta comunidad autónoma lo muestran como todo lo contrario de lo que se pretende transmitir ahora.

Fue Aznar y no Rajoy quien permitió que las comunidades autónomas, con el pacto del Majestic sellado con Pujol como trasfondo, pasar del 0% al 35% en la recaudación del IVA. También fue su Gobierno el que propició que el IRPF transferido a las comunidades autónomas ascendiera del 15% al 33%. Es indudable que tales dineros no se han empleado para fortalecer el patriotismo entre los avecindados en Cataluña. Al margen de estas cesiones económicas, fue Aznar quien frenó al Tribunal Constitucional y al Defensor del Pueblo cuando se pusieron en marcha las sanciones lingüísticas que prácticamente han erradicado el español de la cartelería comercial catalana. Si el asunto de los rótulos es importante, qué decir de su inacción a la hora de garantizar contenidos educativos comunes y enseñanza en español en toda la Nación.

Fue también nuestro hombre quien limitó las competencias de la Guardia Civil en favor de unos Mozos de Escuadra que los más aguerridos independentistas ven como garantes de la culminación de la secesión. Difuminados los tricornios del paisaje catalán, Aznar tomó una decisión que encaja mal con la caricatura bélica de la que es objeto, pues no en vano fue él fue quien eliminó el servicio militar obligatorio, decisión pactada con la propia CiU, que de esta manera conseguía que los catalanes no engrosaran las filas de un ejército cuya misión es «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».

Ante tales datos, difícilmente puede definirse a Aznar como enemigo implacable de Cataluña. Antes al contrario, y al igual que sucede con Felipe V, el expresidente favoreció enormemente los intereses de determinados colectivos radicados en esa región. Pese a ello, don José María debe cargar con la losa del anticatalanismo, un peso acaso liviano en comparación con el que supone la íntima certeza de saberse parte del principal problema nacional.

Posdemocracia
Fernando Paz gaceta.es 26 Diciembre 2016

Los grandes cambios que se han producido en la historia han venido siempre precedidos de una transformación de las mentalidades. Dicha transformación, a su vez, es el resultado de una variación en las condiciones económicas, sociales y culturales, y no siempre por ese orden, ni necesariamente estando presentes todas ellas.

Pero, en todo caso, que hoy asistimos a uno de esos cambios no es un secreto para nadie. Los acontecimientos de los últimos años han alterado el sistema en el que vivimos hasta mutar su naturaleza y convertirlo en otra cosa. Cualquier que se asome a la realidad política constatará dicha mutación con facilidad.
El fin de una era

Aunque era un argumento clásico, la noción de que todas las ideas son igualmente defendibles y tienen derecho a ser expresadas, hace mucho que murió; su muerte fue el primer clavo en el ataúd de la democracia, aunque en su momento no faltaron quienes quisieron ver en esto una metamorfosis hacia una democracia con valores (válgame Dios) cuando lo que estaba sucediendo era exactamente todo lo contrario.

Porque la naturaleza última de la democracia es el totalitarismo -en realidad, el totalitarismo está en la base de la edad contemporánea-, y las formas liberales que la acompañaron durante un tiempo han perecido; su esencial carácter de religión política la hace, a corto o medio plazo, imposible de conjugar con toda idea permanente.

Pues el totalitarismo democrático que surge desde hace ya unas décadas, no se impone gracias a un Estado policial, ni tampoco mediante una inflación del aparato burocrático-administrativo; el totalitarismo, hoy, triunfa gracias a las series de televisión, los guiones de Hollywood, las oenegés, los agentes lgtbi, la prensa, las fundaciones privadas y las editoriales, las universidades y los planes de estudio.

Pero no es solo la licitud de todas las ideas y el derecho a ser expresadas lo que ha perecido, con ser esto suficientemente alarmante. Es también la presunción de inocencia, vía protección de los derechos de las minorías y combate contra la violencia doméstica, de género, o machista. En el mundo occidental son multitud los Estados en los que basta la acusación de una mujer para llevar al hombre al calabozo sin mayores explicaciones. En lo sucesivo, difícilmente podrá argüirse -en esta sociedad de cuotas y de denuncias a la carta en la que el varón debe justificar su inocencia-, la injusticia que suponía en el pasado el distinto tratamiento legal entre hombres y mujeres.

Precisamente ha sido a través de la discriminación positiva como se ha destruido la igualdad, concepto que consiste, exactamente, en la ausencia de toda diferenciación, distinción o separación. Una discriminación positiva, además, que se efectúa en perjuicio inevitable de la otra parte conformante del todo social. Hace tiempo que la

igualdad ante la ley es un lejano recuerdo del pasado, triturada a manos del legislador plegado a los intereses de los lobbys homosexualistas, feministas y de género.

En consecuencia, la libertad de expresión ha sufrido una enorme merma. Y no solo –y casi, ni principalmente- en el terreno político sino, lo que es mucho más grave, en el intelectual. Casi cualquier expresión que se refiera a las mujeres, a los negros, a los homosexuales y las distintas variantes de la heterosexualidad habidas y por haber, a los inmigrantes, a los musulmanes, a los judíos…que rebase el canon de la corrección política más estricta, se convierte en peligrosa.

¿Defensa de los derechos de las minorías? Según y cómo. Hay minorías, algunas muy amplias, a las que se les niega cada vez más derechos, como a los fumadores o a los católicos (y en tono menor, a los taurinos y a los cazadores). La ya casi abierta persecución de estos grupos ha sido un experimento de la capacidad del poder para suprimir derechos con el aplauso social. Y se ha saldado con éxito.

¿Es democrático un sistema en el que no todas las ideas son respetables, en el que no todas las ideas pueden expresarse, en el que no existe la presunción de inocencia, en el que la igualdad ante la ley es solo un vago recuerdo que no todos añoran, en el que la mayoría impone su ley frente a unas minorías a las que se está muy cerca de privar de todo derecho, en el que el poder judicial que ha de fiscalizar al poder político depende de este, en el que se impone una visión de la historia a conveniencia y una peculiar filosofía toda la sociedad por razones ideológicas, en el que los poderes públicos suplantan a los padres en la tarea de transmitir los valores a los hijos? ¿Realmente alguien puede sostener que esto democrático? ¿Con qué argumentos?

Un sistema así no es democrático. Podrá tenerse de la democracia la idea que se quiera, pero lo que se ha descrito más arriba no es democrático en ninguno de los casos. Es otra cosa que, en ciertos aspectos, puede coincidir con la democracia. Pero no lo es.
Una guerra contra el pueblo

Lo que estamos viviendo es una auténtica guerra de las élites contra su propia población. En esa guerra, el desprecio por el pueblo se está haciendo crecientemente patente por parte de la casta, que no es solo política, sino también financiera y mediática. Resulta inevitable que el divorcio entre la población y la casta supranacional que nos gobierna sea cada día mayor.

Un ejemplo resplandeciente ha sido el trato que la Unión Europea ha dado al rechazo a la Constitución europea en 2005, que había de ser aprobada por todos los Estados de la unión antes de entrar en vigor. Nada menos que Francia y Holanda la rechazaron, con lo que todo el proyecto abortó.

¿Cuál fue la respuesta de la eurocracia bruselense? Una burla apenas disimulada en forma de Tratado de Lisboa, un mal remedo de la Constitución europea, concebido para ser aprobado sin engorrosos referéndums de por medio. De este modo, la UE pudo aprobar un texto muy semejante a la Constitución europea, que los europeos habían rechazado, a espaldas de estos.

Procedimiento muy semejante al utilizado por el presidente colombiano Juan Manuel Santos, tras el revés experimentado en el referéndum convocado en octubre de 2016 al respecto del acuerdo con las FARC. Después de una campaña nacional e internacional que quizá admita el cotejo por su uniformidad con la que se orquestó contra Trump –y en la que Santos afirmó que el “NO” suponía la guerra (sic)-, la casi increíble derrota del oficialismo se saldó con la decisión de aprobar los acuerdos con las FARC, apenas modificados, por otra vía que no incluía referéndum alguno. Según Santos, ya no convenía convocar a los colombianos a las urnas porque la gente votaba por causas muy complejas y muchas veces contra lo que realmente pensaba, así que las consultas debían estar muy justificadas; esa era “una lección que había aprendido”.

Pinochet perdió un referéndum y dejó el poder; los eurócratas de Bruselas y el señor Santos han perdido los suyos y se han burlado de la opinión pública, aprobando por la puerta de atrás y con nocturnidad lo que sus propios pueblos habían rechazado. ¿Se puede imaginar algo más antidemocrático? El viejo general chileno resultó ser más respetuoso de la opinión popular que los eurócratas o que el premio Nobel de la Paz.

Con el Brexit las cosas no van mucho mejor. La decisión del pueblo británico ha sido tan contraria a la conveniencia de la oligarquía mundialista, que la elite británica lleva meses dándole vueltas a cómo burlar la expresión mayoritaria de la población, pasándose la pelota del poder judicial al parlamento. El que el Supremo británico obligue a que un parlamento contrario al Brexit lo apruebe, evidencia que para este sistema la democracia es una coartada.

Particularmente llamativo es el caso de los Estado Unidos. Todo lo concerniente a las últimas elecciones en el imperio norteamericano ha sido tan escandaloso, que imposibilita siquiera un somero recuento. Como corolario del inmenso escándalo, las manifestaciones tras la jornada electoral de noviembre, con la llamada a la insumisión contra los resultados electorales por parte de la izquierda representan nada menos que la llamada a ignorar la voluntad del pueblo norteamericano. En este caso, la movilización ha tomado un aspecto popular que trasciende la anécdota y que nos devuelve al comienzo del artículo.

Quizá sea pronto para afirmarlo, pero a lo que seguramente asistimos es a la sustitución de la fase liberal de la edad democrática por la fase totalitaria. Una parte sustancial de la población hace mucho que no cree en la democracia tal y como la conocen, y ese fenómeno es universal.

Eso no significa que crea en otra cosa. Las opciones que apoya son, no puede resultar sorpresivo, muy variadas, particularmente entre las más recientes generaciones. Las últimas prospecciones demoscópicas sobre las inclinaciones de la población arrojan una inequívoca desafección entre las generaciones más jóvenes al sistema, a cuyo formalismo consideran más una traba que otra cosa.

Todos los grandes cambios –decíamos al principio- venían precedidos de transformaciones en las mentalidades.

En nuestro caso, eso YA ha sucedido.

Medios adecuados para enfrentarse al terrorismo yihadista
EDITORIAL El Mundo 26 Diciembre 2016

El terrorismo yihadista está obligando a las Fuerzas de Seguridad de los países en los que ataca a activar protocolos de defensa de la sociedad y de los propios agentes que proporcionen mucha más seguridad. Es distinto enfrentarse a un delincuente que empuña un arma blanca y que su primera intención es huir si es localizado que a un terrorista que tiene un kalashnikov y que está dispuesto a morir antes que ser atrapado. Como informamos hoy, fue doloroso ver en el atentado contra la revista Charlie Hebdò a los policías franceses enfrentándose con armas cortas a los terroristas que portaban fusiles de asalto.

Incluso en el caso español, donde la Policía y la Guardia Civil han estado entrenadas durante decenios para combatir el terrorismo de ETA, los modos de actuar del yihadismo mortífero exigen también nuevos protocolos de prevención. ETA mataba con pistolas, solía avisar previamente en los atentados con bombas y sus militantes buscaban una huida tras cometer sus asesinatos. Los yihadistas usan armamento de guerra, colocan los explosivos allá donde pueden y están dispuestos a morir si son interceptados. Nada que ver con la forma de actuar con la que están acostumbrados a enfrentarse nuestros agentes de los cuerpos de seguridad. Los protocolos varían, por ejemplo, cuando hay que defenderse de fanáticos asesinos con kalashnikovs que secuestran a ciudadanos que están en una discoteca para asistir a un concierto, como ocurrió en la sala parisina Bataclan.

Por eso hay que aprobar las nuevas medidas de prevención que el Gobierno está impulsando en la Policía y la Guardia Civil. Una de ellas es que los agentes ya empiezan a patrullar con armas de asalto en los espacios públicos, como aeropuertos y lugares de ocio. Ahora portan fusiles, lo que les otorga mucha más capacidad para hacer frente a los terroristas o repeler posibles ataques.

La fiereza de los atentados yihadistas exige también una respuesta adecuada de los cuerpos de seguridad. Así, se está entrenando a los agentes para que cambien su mentalidad y sean capaces de «neutralizar» a los terroristas a los que se enfrenten. Es decir, se trata de que los agentes no contemplen ya disparar contra el terrorista como el último recurso. Ello implica permitir que, en el caso de que un terrorista intente estrellar un camión contra una multitud, como ocurrió en Niza y la semana pasada en Berlín, los agentes puedan disparar al conductor si se le detecta antes de que perpetre la matanza.

Éstas y otras medidas -como incrementar el número de efectivos que realiza cada patrulla- que vemos lógicas para proteger a la sociedad de los terroristas. Teniendo en cuenta que estos servicios los llevan a cabo unidades de intervención debidamente preparadas, estos cambios en los protocolos de actuación son necesarios porque también han cambiado las formas de hacer de los fanáticos. Aunque hemos comprobado que con los modos de actuar del terrorismo yihadista es relativamente fácil atentar indiscriminadamente contra la población, no deja de aportar cierta tranquilidad observar que la Policía y la Guardia Civil van sacando conclusiones de las experiencias vividas y adecuando sus procedimientos para vigilar por la seguridad de los ciudadanos, que a la postre supone salvaguardar su libertad.

La Europa que muere, engaña y tiembla frente a la Europa que viene
Yolanda Couceiro Morín latribunadelpaisvasco.com 26 Diciembre 2016

La sangre aún tibia de los muertos corre por el empredado de las calles y plazas de Berlín. Los gemidos desgarrados de los heridos todavía resuenan en el aire frío de diciembre. Pero lo que preocupa a los gobiernos y los medios a su servicio, a los tertulianos de TV y a los opinadores profesionales, a los políticos y ONGs de todo pelaje, no es la tragedia de esa nueva matanza en el corazón de Europa y en el centro de nuestra conciencia. Su dolor es otro, su angustia no es la nuestra, nuestra cólera les deja indiferentes.

A la casta gobernante, a su servicio doméstico y a la manada bienpensante que sigue balando detrás de las consignas oficiales, les importan muy poco las víctimas, salvo que alguna de ellas sea por casualidad un alienígena, un afgano o un marciano. La gran preocupación de estos canallas es que este atentado (y los que le precedieron y los que le seguirán) puede generar un crecimiento electoral a los partidarios de combatir la invasión de Alemania y Europa y su islamización galopante.

Los muertos siguen en la morgue y los heridos en los hospitales, pero ya se oyen las consabidas voces pidiendo "no confundir islam y terrorismo", haciendo acto de contrición por "no haber sabido integrar" a estos "pobres refugiados", y lanzando alertas contra el "discurso del odio". Lo importante y urgente es tomar consciencia de que hay que abrir aún más las puertas, que hay que redoblar esfuerzos para acoger a cada días más "refugiados", que hay que estar vigilantes contra la extrema derecha, que el verdadero peligro es el racismo, la intolerancia...

La política suicida de Alemania en particular y de Europa en general al permitir el asentamiento de millones de gentes extrañas e inintegrables en nuestros países nos está llevando directamente al caos y la guerra. Esa colonización, piadosamente maquillada como "inmigración" y "refugiados", es en realidad la puesta en marcha de un plan para aniquilar a los pueblos europeos y arrasar con su civilización para dejar el campo libre para otro tipo de sociedad, de pueblo y de cultura.

Los colonizadores están impacientes por quemar etapas. Ya tienen el peso numérico suficiente, la masa crítica necesaria para desafiarnos con posibilidad de éxito, por lo menos eso creen ellos. Los más excitados consideran que ya ha llegado el momento de pisar el acelerador, con actos impactantes y brutales que desmoralicen a los colonizados y galvanicen a los soldados de Alá, que esperan, "dormidos" o despiertos, la orden de pasar a la acción. Todas las acciones son válidas, todas las armas son buenas: el cuchillo, el hacha, el camión, la bomba, pronto el kalashnikov... Cualquier sitio sirve: los conciertos, las plazas, las estaciones de metro o ferrocarril, los mercadillos de Navidad, los paseos marítimos, los restaurantes o las salas de redacción... En cualquier momento incendiarán un cine o un gran almacén con cientos de personas dentro, o atacarán una iglesia repleta de fieles o acribillarán una escuela a la hora del recreo. Es la Europa que muere.

A escasas horas del nuevo atentado, hemos oído ya las habituales justificaciones del crimen, las elucubraciones masoquistas de unos cerebros enfermos que celebran la masacre de europeos en su propia tierra por "refugiados" acogidos a su generosidad. Esos tontos útiles del islamismo, esos compañeros de ruta de la islamización de sus países son inmunes a la realidad, ciegos ante el fanatismo asesino de sus protegidos, sordos al estruendo de las bombas y los gritos de los despanzurrados. Son los criminales que piden "una segunda oportunidad para los yihadistas que regresan a casa" (¿por Navidad?), los dementes que piden que miremos a los ojos a los terroristas, los que prefieren refugiados violadores a horribles "fascistas blancos heteropatriarcales", los que le abren alegremente los brazos y sus casas a los recién llegados de los campos de la muerte, los chiflados y las chifladas que los recibieron hace pocos meses con ramos de flores y cartelitos de "Welcome Refugees", impacientes por abrirse de piernas y de nalgas para esa simpática y glamurosa humanidad con olor a pólvora y sangre. Son también los medios de comunicación que cocinan las noticias para encubrir la identidad de los "refugiados" que comenten crímenes a millares todas las semanas. Es la clase política que ha permitido y organizado esta invasión y destina sumas enormes a mantener el parasitismo de este ejército de asistidos desagradecidos y arrogantes, en detrimento de los habitantes del país. Es la Europa que engaña.

El atentado de Berlín es el enésimo bofetón a todos esos europeos, saturados de propaganda inmigracionista, hipnotizados por la droga mental servida en dosis diarias por los medios del Sistema, que la violencia y su creciente frecuencia no logran hacer despertar a la dura realidad de un mundo que se está encaminando a marchas forzadas a su reencuentro con la Historia, adormecidos por la cantinela de la integración, el multiculturalismo, la apertura al "otro", la tolerancia, la diversidad, el universo de la Srta. Pepis, el "We are the world, we are the children"... Ya estamos en el "Pray for Berlin", otra vez con las velitas y los osos de peluche, en los mágicos y ridículos conjuros contra el miedo. Es la Europa que tiembla.

Pero poco a poco, los europeos van a tener que salir de esa modorra hipnótica en la que los mantiene el lavado de cerebros, los restos de su menguada prosperidad y la castración mental que han padecido desde hace décadas. Van a despertar quieran o no quieran a golpe de machetazo, de bombazo, de balazo, por mucho que los amos de la situación se empeñen en hacerlos comulgar con ruedas de molino. Pero frente a este rebaño amorfo de bueyes mansos y de borregos dóciles que ha logrado crear el Sistema, por encima de esa masa humana inerme y mistificada que constituye el ejército de reserva de la oligarquía para ejecutar el plan de someter a las poblaciones europeas a la rueda de la esclavitud, camino de su completo exterminio, están subiendo a escena otros actores que pronto cobrarán un protagonismo determinante. La reacción está en camino, la rebelión aumenta... Vencer o morir. Resistir y prevalecer o rendirse y someterse, ser amos o esclavos, ser martillo o yunque. Es la Europa que viene.

DEUDA A LARGO PLAZO
Vuelve la fiesta de la deuda autonómica para financiar más déficit
 gaceta.es  26 Diciembre 2016

El Consejo de Ministros ha autorizado hoy a las comunidades de Madrid, Castilla y León, La Rioja, Aragón y Navarra a formalizar préstamos y operaciones de deuda por un importe conjunto de hasta 454 millones de euros, tras recordar que estas comunidades incumplieron la regla de gasto de 2015.

El acuerdo del Ejecutivo permite a la Comunidad Foral de Navarra formalizar operaciones de deuda a largo plazo por un importe máximo de 34 millones. La cuantía se destinará a financiar la parte de desviación del déficit en 2015.

El pasado octubre el Consejo ya había autorizado a la Comunidad Foral a emitir deuda pública y formalizar préstamos por un importe de 81,75 millones, también dedicado a atender un primer tramo de la desviación del objetivo de déficit de 2015 y que aún está pendiente de financiar.

Asimismo, Madrid y Castilla y León han sido autorizadas a formalizar préstamos a largo plazo y operaciones de deuda por un importe máximo de 279,16 millones y 83,58 millones respectivamente, ambas con la finalidad de financiar el importe restante de la desviación del objetivo de estabilidad de 2015.

En la misma línea el acuerdo aprueba que La Rioja pueda emitir deuda pública y préstamos a largo plazo, por un importe máximo de 8,13 millones de euros.

Aragón, por su parte, ha sido autorizada a formalizar operaciones de deuda a corto plazo por un importe máximo de 50 millones de euros, con objeto de renovar cuentas de crédito de su administración.
Todas las comunidades autónomas que ahora han sido autorizadas a emitir deuda incumplieron la regla del gasto en el año 2015

Todas las comunidades citadas incumplieron el objetivo de estabilidad presupuestaria y la regla de gasto en el año 2015, razón por la que precisaban de la autorización del Estado para realizar las correspondientes operaciones de endeudamiento.

El Ejecutivo recuerda que las operaciones de deuda que pueda formalizar Aragón estarán supeditadas a que la comunidad cumpla con el objetivo de deuda fijado para el año 2016 y el próximo 2017.
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Girauta: 'Podemos, Batasuna e independentistas son una alianza destructiva'
Atribuye a una "venganza" la decisión del PSOE de quitar poder al TC para sancionar a los que le desobedece
Europa Press La Voz Libre 26 Diciembre 2016

Madrid.- El portavoz parlamentario de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados, Juan Carlos Girauta, ha asegurado en una entrevista con Europa Press, que ve en Podemos, Batasuna y los independentistas catalanes una "alianza de facto" con el proyecto común de destruir España.

En su opinión, estos partidos tienen "apasionantes proyectos destructivos" y buscan las debilidades del país para "darle más fuerte a ver si se cae la casa (España)".

Según Juan Carlos Girauta, la verdadera línea divisoria entre los políticos "no es de ideología", sino que se traza entre la gente que quieren construir y la que "quiere destruir". En el primer grupo, en el que se incluye, estarían los que advierten de los problemas, de las cuestiones que necesitan reforma y se disponen "rápidamente" a formar alianzas para hacer esas reformas.

En el grupo de los que quieren destruir, el dirigente de la formación naranja encuadra a los "populismos de índole nacionalista o de índole de extrema izquierda". "No cito a la extrema derecha porque no está en el Congreso afortunadamente", puntualiza.

DEROGACIÓN DE LA REFORMA DEL TC
Juan Carlos Girauta también se ha referido a la decisión del PSOE de votar en el Parlamento para quitar atribuciones sancionadoras al Tribunal Constitucional para los que le desobedezcan, precisamente en un momento en el que en Cataluña existe una resolución de su Parlamento regional para "desobedecer al TC".

En su opinión, se trata de "un asunto penoso". "¿Con este desafío, vamos a quitar en el Congreso funciones ejecutivas al TC?. ¿Nos hemos vuelto locos", exclama.

Girauta dice no sentirse extrañado porque una decisión así la apoyen partidos "antisistema o secesionistas", pero sí le extraña que lo haya hecho el PSOE, un partido que califica de "serio". En su opinión, se debe a una "venganza" de los socialistas contra el PP por no haber contado con ellos para reformar el TC y darle atribuciones sancionadoras.

HA HECHO PAGAR AL PP UNA "JUGARRETA ELECTORAL"
El dirigente de Ciudadanos considera que el PSOE está haciendo pagar "una jugarreta electoral del PP" en las "carnes de todos los españoles, porque toda España queda perjudicada con esto". En este sentido, recuerda que el anuncio de esta reforma del TC, para darle funciones sancionadoras al alto tribunal, lo hizo el presidente del PP catalán, Xabier García Albiol, en plena campaña electoral.

Girauta no ve mal que el PP hiciera esa reforma, pero se pregunta "qué necesidad tenía de presentarlo un candidato, un político catalán" advirtiendo además de que se había "acabado el cuento".

En su opinión, la reforma se tenía que haber hecho fuera de la campaña y haber sido presentada por un ministro o por la vicepresidenta del Gobierno "en términos estrictamente técnicos" o poniendo como ejemplos a Alemania o a Austria, donde se reguló este asunto y se dieron funciones ejecutivas a sus respectivos tribunales constitucionales para aplicar sus sentencias.

El portavoz de la formación naranja se muestra convencido de que si se hubiese hecho así "no habría habido el resquemor" que se ha producido. "Se utilizó como baza electoral y ahora hay otros que se quieren vengar", sentencia.

Insiste en que a su partido tampoco le gustó la forma en la que el Gobierno popular hizo las cosas, pero considera que hay que hacer un "ejercicio de responsabilidad" porque se trata de "una herramienta útil".

HAY MINISTROS EN LA CULTURA DEL BIPARTIDISMO
El dirigente de Ciudadanos cree que sería "un juicio precipitado" decir que el PP prima al PSOE para los pactos ninguneando a Ciudadanos, pero sí admite que "hay ministros" en la "cultura estricta del bipartidismo".

"Hay ministros y ministros", exclama Girauta para acto seguido referirse al titular de Energía, Álvaro Nadal, a quien acusa de faltar a la verdad cuando dijo que Ciudadanos no le había enviado la propuesta sobre la pobreza energética, un asunto que después pactó con el PSOE.

En su opinión, Nadal tiene un "tic bipartidista", mientras que hay otros ministros que "son más sensibles a los nuevos tiempos", entre los que cita a la titular de Trabajo, Fátima Báñez.

Al ser preguntado por Cristóbal Montoro --quien también pactó el techo de gasto, la senda de déficit y las medidas para enviar a Bruselas con el PSOE--, Juan Carlos Girauta afirma que éste "es otra cosa". Según afirma, la "avidez recaudatoria" del titular de Hacienda le llevó a "buscar al PSOE" porque "sabe que para subir impuestos el PSOE siempre está disponible".

Según el dirigente centrista, no hay una "estrategia deliberada" entre el PP y el PSOE para mantener el bipartidismo, pero sí cree que "es un tic". No obstante, considera que Rajoy está "menos" en el "tic" y le elogia asegurando que el presidente "no está ahí por casualidad", sino porque "lee las cosas más rápido de lo que la gente cree".
 


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