AGLI Recortes de Prensa   Sábado 31 Diciembre  2016

2016, el año en el que el mundo enloqueció
Javier Benegas. Juan M. Blanco  vozpopuli.com 31 Diciembre 2016

Un año muere y otro nace; es momento de recapacitar. Aunque 2016 termina planteando más preguntas que respuestas, desde luego ha sido un año especial, muy diferente a 2015 pues han comenzado a sustanciarse tendencias larvadas que, con cierta perspicacia, era posible vislumbrar. También ha resultado especialmente turbador para los politólogos, que quedaron en entredicho, ajenos por completo a la realidad, como si súbitamente la percepción del espacio-tiempo se hubiera dislocado y sus métodos para realizar proyecciones hubieran quedado obsoletos, anclados en el ayer. Roto el antiguo paradigma, tan estupendos analistas siguieron aferrados a sus tradicionales y estrechos enfoques, repitiendo como papagayos la misma cantinela, la misma explicación, la misma predicción... aunque todas ellas fallen más que una escopeta de feria.

El año que jubiló a los científicos sociales
En efecto, más allá de la política doméstica, donde también han patinado clamorosamente, los científicos sociales han sido incapaces, no ya de intuir, sino siquiera explicar convincentemente el triunfo de Donald Trump o el resultado del referéndum sobre el Brexit. Increíblemente, de un día para otro, todo era margen de error; todo, voto oculto; todo, materia oscura.

No obstante, lo más sorprendente es que, lejos de aceptar su imprevisión, la pérdida de referencias válidas, el deterioro de sus herramientas y, sobre todo, su enorme rigidez de pensamiento, han pretendido amoldar la realidad a sus errores, como un terco zapatero que ahorma la zapatilla de una bailarina para que encaje en el colosal pie del yeti. Según su criterio, si los análisis eran correctos; los pronósticos, honestos; la racionalidad, incuestionable, sólo quedaba una conclusión posible: el error no se les podía imputar a ellos sino a los votantes. No fue el impecable científico social sino el sujeto observado quien, renunciando a toda racionalidad, escogió el camino equivocado, en definitiva, no es el experimentador quien yerra: es la cobaya.

Así, las mentiras, las noticias falsas, las redes sociales que suplantan a los esforzados medios de información, las emociones, las creencias, la idiocia de las gentes, los mitos, los bulos, las fantasías, los deseos, los más bajos instintos… se convierten en los nefastos ingredientes que, arrojados a un tiempo en el puchero, desencadenan una alocada ebullición. De esta forma tan empírica, los sesudos investigadores sociales intentan explicar por qué, en 2016, la materia oscura tomó el control, cómo, de pronto, sin transición alguna, todo fue populismo, todo posverdad,

Sin embargo, tal y como hemos venido argumentando en este espacio, las explicaciones anteriores son absurdas, excusas propias de quien carece de pensamiento lateral, de visión de conjunto, meras conjeturas de sujetos sin ingenio que aplican mecánicamente las herramientas aprendidas sin saber siquiera cómo adaptarlas a un contexto distinto, a un marco cambiante. En el fondo, su problema no es la falta de inteligencia o formación, sino la autocensura, ese pánico a considerar argumentos o explicaciones que pudieran salirse de la senda que marca la corrección política. Y también, sus propias creencias e intereses.

El gran hartazgo
En realidad, lo que ha aflorado en los votantes es un sentimiento de hartazgo que se fue macerando durante largo tiempo y que acabaría provocando una violenta reacción contra la enorme y deliberada complejidad de la política, contra una acción de los gobernantes que se inmiscuyen cada vez más en la vida privada, contra la enorme censura del lenguaje y contra la discriminación (¿positiva?) de unos grupos con respecto a otros. Lo advertíamos en junio de 2016, con un artículo titulado “La corrección política: una bomba a punto de explotar”

“Durante décadas, los políticos han aprovechado el viento de popa de la prosperidad económica para desviarse de sus obligaciones y dedicarse a “defender al ser humano de sí mismo”, de su avaricia y capacidad de destrucción. Han utilizado la seguridad, la salud y el medioambiente como coartadas para perseguir sus propios intereses. Para ello, han promulgado infinidad de leyes y normas que se inmiscuyen cada vez más en el ámbito privado de las personas e interfieren de forma inexorable en sus legítimas aspiraciones.”

Y añadíamos
“Lo más grave, con diferencia, es la pretensión de políticos y burócratas de moldear la forma de pensar de las personas para evitar que se resistan a la arbitrariedad, al atropello. Generaron, para ello, una ideología favorable a los intereses grupales, una religión laica: la corrección política, que arroja a la hoguera a todo aquel que cuestiona su ortodoxia. Esta doctrina determina qué palabras pueden pronunciarse y cuales son tabú, aplicando el principio orwelliano de que todo aquello que no puede decirse... tampoco puede pensarse. Propugna que la identidad de un individuo está determinada por su adscripción a un determinado grupo y dicta que la discriminación puede ser buena: para ello la llama ‘positiva’. Pero toda persona consciente sabe en su fuero interno que ninguna discriminación es positiva.”

No obstante, aun siendo un texto provocador, sorprendió la furibunda reacción que desencadenó, tanto desde la izquierda como desde la derecha oficial, por afirmar que la corrección política es un gravísimo problema, un troyano diseñado para dinamitar los principios que alumbraron la democracia liberal. Tan virulentos ataques se explican porque existe un enorme negocio, una poderosa industria política montada alrededor de numerosas patrañas. Y también, quizá, porque los prohombres intuyen que la corrección política está tan imbricada en el statu quo que no hay manera de desmontar lo primero sin que se desmorone los segundo. Así, los investigadores sociales prefieren no dar ni una a exponerse a terribles críticas, a cerrarse las puertas que conducen a posiciones bien remuneradas.

A ese artículo le siguió el “El abuso de la política, el populismo y la rebelión de las masas”, que ponía el foco en la supuesta materia oscura que ciertos politólogos, ejerciendo como ancestrales brujos tribales, han señalado como origen del mal. Argumentábamos allí que la propia ingeniería social -que ellos mismos promueven- es la principal causa del caos. “La planificación civil genera millones de fricciones, contingencias, cambios de incentivos, accidentes y azares que, acumulados, constituyen una niebla de incertidumbre donde todo puede suceder. Todo… menos lo inicialmente previsto.”

Estuviéramos acertados o no, lo cierto es que meses después, Donald Trump ganaba contra todo pronóstico, consumándose así un cataclismo que generó enorme conmoción entre analistas, políticos e informadores. Sin embargo, lejos de hacer acto de contrición y arrojar alguna luz que de verdad explicara el fenómeno, perseveraron una vez más en el error. Los votantes estaban equivocados, insistían; es decir, la estúpida cobaya, pese al rastro de migas cuidadosamente dispuesto, había vuelto a tomar el camino equivocado para salir del laberinto. Olvidaron un sabio consejo: cuando empieces a creer que los votantes son en su mayoría idiotas, quizá debas preguntarte si el idiota no serás tú.

En este espacio intentamos explicar el verdadero motivo por el que Trump ganó, rechazando la explicación convencional de que sus votantes eran ignorantes, racistas, sexistas o simplemente malas personas. En su lugar, interpretamos su victoria como una reacción de buena parte de la sociedad contra una ideología gelatinosa, la corrección política, que se encuentra en las antípodas de los principios que alumbraron los Estados Unidos de América. A muchos americanos les molesta profundamente ser tratados según el grupo al que pertenecen, no por sus méritos. Y les enoja sobremanera verse obligados a adaptar su lenguaje a unos códigos que consideran absurdos. Un mes más tarde, el aspirante demócrata derrotado por Hillary Clinton, Bernie Sanders, apuntaba exactamente el mismo motivo para la victoria de Trump.

Como continuación escribimos “¿Y si Clint Eastwood tuviera razón?”, un análisis crítico de la corrección política que se convirtió en el contenido más leído y compartido de Vozpópuli en 2016, con 274.000 lectores. Dado que el tema tratado no es ni mucho menos viral o popular, más bien intelectual, su éxito sólo se explica por haber conectado con un estado de opinión muy extendido que, sin embargo, ha sido censurado, reprimido, ignorado por las estadísticas agregadas y, por supuesto, por la clase política, los científicos sociales y analistas. El mérito no estaba tanto en la perspicacia como en la osadía, en el atrevimiento de escribir públicamente aquello que mucha gente piensa, o intuye, pero pocos dicen porque constituye un terrible tabú, porque supone violar la ley del silencio.

En España, a verlas venir
Pero no es sólo el mundo exterior el que se agita. También España, con un sistema político inasequible a las inquietudes reales, se encuentra sometida a grandes presiones, a enormes incertidumbres. Pero ninguna de ellas figura en las agendas de los partidos. Muy al contrario, todo son temas menores, discusiones banales íntimamente relacionadas con la corrección política, tal y como señalamos en el penúltimo artículo de 2016, “¿Hemos sobrepasado el punto de no retorno?”

En los meses anteriores habíamos tratado los graves problemas de España, como la hiperregulación, que impide sistemáticamente al español común prosperar por sus propios medios (“La gran estafa legislativa que impide a la gente ganarse la vida”) o la bomba de relojería de las pensiones, guardada durante tres décadas en un cajón hasta que su inminente detonación ha impedido seguir obviando el problema (“Las pensiones que vienen: otra gran estafa política”). Pero, para nosotros, la pieza más divertida fue una sátira del modelo político español que publicamos con el título “El Régimen más estúpido de la historia de España”, del que extraemos este fragmento

“Se ha comparado el regimen juancarlista con el de la restauración canovista del siglo XIX. Y ciertamente hay muchas similitudes: el caciquismo, la corrupción generalizada, el clientelismo, las estrategias para comprar votos, la costumbre de enchufar en la administración a los partidarios, el control de la prensa, el turnismo, etc. Pero existe una discrepancia fundamental. En el régimen actual no han surgido políticos de gran talla sino mediocres sucedáneos sin carisma ni visión de futuro, auténticos zoquetes, vendedores de crecepelo, repetidores de consignas sin una idea propia. El perverso proceso de selección de los partidos ha alumbrado una clase política refractaria al debate de ideas, preocupada sólo por su permanencia en el poder y la consecución de estrechísimos intereses particulares.”

Como era de prever, provocamos el disgusto y posterior reprimenda de algún que otro padre de la patria. Estimados prohombres, ¡qué poco sentido del humor!

Sea como fuere, como usted querido lector podrá corroborar, en este espacio hemos desafiado las rígidas leyes del periodismo de ocasión al mantener nuestra agenda siempre lejos del oficialismo, de ese debate impostado, obligatorio y menor, donde un día es la regulación de los deberes a los niños, al otro la llamada “pobreza energética” y al otro los currículum anónimos lo que genera titulares y contenidos, mientras se oculta lo fundamental, aquello que tarde o temprano acaba desencadenando una reacción intempestiva.

Por suerte, al igual que usted, cientos de miles de lectores parecen apreciar y coincidir con esta poco ortodoxa selección de temas. El mérito, sin embargo, es más suyo que nuestro. Así pues, ahora que 2016 llega a su fin, es momento de agradecerles su seguimiento e interés. Y también habernos ayudado a no claudicar ante la marejada general. Ha sido duro, agotador; en ocasiones, una locura, pero, ¡qué demonios, ha valido la pena!

Ojalá 2017 sea una año con más luces que sombras.

2016: Rajoy, tres investiduras y un funeral
Pablo Sebastián Republica 31 Diciembre 2016

Comparecencia solemne de Mariano Rajoy en el salón central de Moncloa en presencia de todo su Gobierno para que los ministros comprueben lo listo que es su presidente frente a la famélica legión de periodistas sin respuestas que llevarse a la boca. El presidente tiene motivos de estar moderadamente satisfecho pero no para echar las campanas al vuelo como hizo ayer en su balance de fin del año 2016.

Porque son muchos los problemas que afectan a los españoles como consecuencia de la crisis que aún perdura: la cifra del paro sigue siendo muy elevada, la hucha de las pensiones está vacía, la deuda pública ha superado el billón y no cesa de crecer, como crece el precio del petróleo, han subido los impuestos y no se ve en el horizonte un pacto para los Presupuestos de 2017, mientras el desafío catalán progresa hacia el choque frontal con el Estado.

De todo esto ni de otras cosas dijo nada Rajoy durante su monólogo y en la simulada rueda de prensa, donde no respondió a nadie como debiera. Buena prueba de ello fue que Rajoy no ofreció un solo titular ni siquiera a su favor, lo cual es un error político suyo y de sus jefes de prensa porque todo aquel gobernante o dirigente político que convoca una rueda de prensa debe de llevar preparado al menos una noticia importante y un buen titular. Y Rajoy en la despedida de 2016 ni una cosa ni la otra. Mas bien regresó al ‘pase del desprecio’ a la prensa de sus tiempos de mayoría absoluta y se equivocó.

Claro, Rajoy pensará eso de ‘ande yo caliente y ríase la gente’. Sobre todo a la vista de como andan de mal algunos de sus adversarios mas notorios en Podemos, PSOE y PDeCAT, Iglesias, Sánchez y Mas, entre otros en los que a buen seguro que Rajoy sitúa a Aznar como otra de víctimas políticas y del que habrá dicho o pensado algo así: ‘¿Que se va de la presidencia de honor del PP? Pues que se vaya con viento fresco y mejor para mi’.

Es cierto que Rajoy ha sido el único superviviente político de un 2016 donde hemos asistido a una película titulada ‘tres investiduras y en funeral’. Pero el triunfo de Rajoy se ha debido mas a los errores de sus adversarios que a su propia pericia. Podemos pudo haber hecho presidente a Sánchez en aquella investidura fallida de marzo, pero no quiso; y C’s y PSOE pudieron exigir al PP otro candidato distinto a Rajoy para aprobar la investidura pero ambos partidos fracasaron en sus respectivas estrategias, y Rajoy solo tuvo que permanecer sobre el cajón de don Tancredo para triunfar y luego asistir al funeral de Pedro Sánchez, el adversario que lo insultó.

Dice Rajoy que quiere una legislatura de cuatro años y que en Cataluña no habrá referéndum de autodeterminación. Pero se niega a especular con la ausencia de Presupuestos y el posible adelanto electoral y con el choque de trenes catalán y la respuesta que en ese caso tendrá que dar el Gobierno. Y huye de las preguntas incisivas que no responde y no dice nada de reformar la Constitución ni sobre que pasaría si Aznar monta un partido político.

El presidente del Gobierno prefiere hablar de sus éxitos gracias a que él – presume- se lanzó a aprobar los Presupuestos de 2016. Y cita la mejora del paro y la caída del desempleo, el crecimiento al 3,2 y objetivo de déficit al 4,6, la mejora de las exportaciones, del turismo y de otros índices positivos mientras se olvida de los que le son adversos que citábamos al inicio de este artículo.

Rajoy está encantado consigo mismo y con sus ministros, que lo miran y lo admiran boquiabiertos y le ríen las gracias y los desplantes a los periodistas. El presidente ha sido el único superviviente político de 2016 y tiene su mérito pero quizás no tanto como para que al término de su disertación de este fin de año los asistentes se pusieran a aplaudir.

CRISIS DE REFUGIADOS
Cómo favorecer la xenofobia
José Carlos Rodríguez  vozpopuli.com 31 Diciembre 2016

Barack Obama llegó a la Casa Blanca con tres palabras: “Yes, we can”. Pablo Iglesias y su banda han creado un cascarón sobre el que vadean el proceloso mar político español y lo han llamado Podemos. En ambos casos se trata de apelaciones generales, sobre las que los votantes ingenuos vuelcan sus propios anhelos. Angela Merkel también ha dicho lo mismo. En particular, “wir schaffen das”; “lo podemos hacer”.

En el caso de la canciller alemana, sus palabras se refieren a algo concreto: la asunción de centenares de miles de refugiados; sólo en 2015, 1,1 millones de personas según el gobierno alemán. Angela Merkel ha repetido que el país lo puede hacer como si fuera un lema de campaña, pero durante meses. Más parece una invocación a los dioses o la expresión de un deseo que una muestra de confianza.

Asumir una población extranjera de esas dimensiones y en tan corto plazo supone un reto logístico y económico, pero ese es el menor de los problemas. Lo que somos lo compartimos con la sociedad en la que crecemos, y con ella asumimos un conocimiento del mundo, unas expectativas, unos anhelos, una idea sobre cómo es y cómo debe ser lo que acaece; en definitiva, una cultura. Y la que entra con los centenares de miles de refugiados e inmigrantes a Alemania, y a otras partes de Europa, es distinta de la que tenemos aquí y, en ocasiones, contrapuesta en cuestiones fundamentales.

Por ejemplo, ¿cuál es el valor de la persona? Y ¿es el mismo si es un hombre o una mujer? Estas cuestiones tienen la máxima importancia para las alemanas que este 31 de diciembre, en el que celebramos el fin del año, se plantean si salir o no a participar de la fiesta. Alemania va a desplegar en Colonia 1.500 policías para evitar que se produzcan más asaltos sexuales, entre otros delitos habituales. Durante el año, sólo en Colonia, se han denunciado 1.310 delitos, entre los cuales había 662 denuncias por ataques sexuales, 28 de ellos violaciones. Una parte de estos delitos han sido cometidos por los refugiados, en una proporción que no se corresponde con su número.

Pero el problema no se limita al último día del año. El ministro bávaro de Finanzas e Interior, Markus Söder, ha señalado que la situación en el país se ha deteriorado, y que “nuestras mujeres e hijas cada vez tienen más miedo de los asaltos” por parte de los refugiados, y reconoce: “Estamos empezando a perder el control de nuestras calles y plazas”. Y anima a acelerar las deportaciones.

Un refugiado sirio de 18 años, columnista del Huffington Post, tiene una visión distinta. Según explicó en la red social Twitter, los atentados sexuales masivos sufridos por decenas de mujeres en Colonia hace un año es por su culpa, porque “salen solas por la noche”. Puede que esta no sea la visión más común entre los sirios acogidos en Alemania, pero tampoco tiene porqué ser la menos moderada.

El problema no se circunscribe a Colonia, claro está. El diario británico The Daily Express recoge que en lo que va de año 2.125 personas han sufrido asaltos sexuales a manos de extranjeros, de los cuales 199 son violaciones. Y recoge también un mapa en el que se documenta cada caso, y ese mapa cubre toda Alemania. Según André Schultz, presidente de la Asociación Nacional de Detectives, el 90 por ciento de los crímenes sexuales cometidos en Alemania no se reflejan en las estadísticas oficiales. Es imposible apreciar cuánto hay de verdad en esas palabras. Pero el semanario Bild citaba una fuente de la policía de Frankfurt diciendo que “hay instrucciones estrictas desde arriba de no reportar delitos cometidos por refugiados”, y esa información se clasifica como confidencial.

Y tampoco se circunscribe a Alemania. En Austria el problema es mucho menor, aunque no para cada una de las 91 víctimas registradas hasta septiembre. En Suecia sí hay un problema muy acuciante, aunque en este caso no sólo por parte de los refugiados (en 2015 llegaron 163.000), sino también de la población inmigrante, llegada de oleadas anteriores. En cualquier caso, el número de delitos sexuales contra mujeres se ha doblado en los últimos tres años, según el Consejo de Prevención del Crimen. Y ahí la realidad también se oculta. El jefe de la Policía Central de Estocolmo, citado por The Spectator, dice: “A veces no nos atrevemos a decir cómo son las cosas en realidad porque creemos que sería un instrumento en manos de los Demócratas Suecos”, un partido de derecha nacionalista.

Por suerte, los refugiados que aprovechan la acogida en Europa para delinquir son una minoría. O, al menos, eso es lo que nos dicta el sentido común a falta de estadísticas oficiales. Su llegada es una oportunidad para hacer que prevalezca entre ellos, y de ellos con las sociedades de acogida, unos valores de convivencia; para que Europa vuelva a mostrar que las diferencias culturales pueden no ser un impedimento para la convivencia. Y es una oportunidad económica para Europa y para los refugiados, a pesar de que por ejemplo en Alemania sólo el 13 por ciento ha encontrado un empleo, y es una economía sin paro.

Pero para que sea así es necesario expulsar a quien ha demostrado despreciar esa convivencia. No hacerlo es injusto con los europeos y con los refugiados que sí quieren convivir en paz. Y ocultar la verdad le otorga el monopolio de la realidad a quienes tienen un discurso contrario a las sociedades abiertas y libres. Pero esa receta para favorecer la xenofobia es justo lo que estamos haciendo.

Las feministas y el islam
Yolanda Couceiro Morín latribunadelpaisvasco.com 31 Diciembre 2016

Hace un año de las agresiones sexuales multitudinarias que ocurrieron en Colonia y en otras ciudades alemanas por obra de inmigrantes y "refugiados" musulmanes durante los festejos de la Nochevieja. Se denunciaron más de mil violaciones y abusos sexuales de todo tipo contra mujeres alemanas durante esa noche.

Este brutal episodio, inédito en Europa por su carácter masivo (e impune, ya que apenas unas decenas de personas fueron detenidas por estos hechos), trae a la memoria hechos similares ocurridos en ese país en el fragor de una lucha apocalíptica en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

Estos ataques sexuales contra mujeres han puesto una vez más de relieve las contradicciones que socavan y desacreditan el movimiento feminista, y más allá de él a todos los supuestos humanistas antirracistas, siempre dispuestos a denunciar la xenofobia, el racismo y la islamofobia, siempre con la intención de avanzar en su agenda de acoso y derribo de la sociedad occidental.

El estatus de la mujer en Occidente impone a todos los ciudadanos europeos un deber de solidaridad con las mujeres que padecen en todo el mundo la opresión y la violencia por motivos religiosos que se basan y se confunden a menudo con culturas rancias y costumbres medievales. Cuando esa cultura religiosa/patriarcal/anti-mujeres pretende imponerse en nuestros países, debemos estar vigilantes y oponernos firmemente a todo intento de socavar los derechos y libertades que tan duramente hemos ganado las mujeres europeas en siglos de luchas y sacrificios.

La igualdad entre las mujeres y los hombres es una conquista fundamental de nuestra civilización. Sin esa igualdad, nuestro mundo no sería el mismo, nuestra especificidad dejaría de ser una realidad. El reconocido papel que tenemos las mujeres en nuestra sociedad es un logro de una importancia capital, que define, incluso por encima de otras diferencias con otras culturas, el carácter único de nuestra civilización.

Las feministas han errado el camino. Durante años han minimizado el avance del islam e ignorado su influencia negativa sobre los derechos de las mujeres. Para estas feministas sectarias y cegadas por su particular ideología, el opresor de la mujer no podía ser más que el hombre blanco, heterosexual, necesariamente racista, obviamente fascista, heredero del colonialismo, del comercio de esclavos, de la Inquisición, culpable de todo, hasta de la desaparición de los dinosaurios. Criticar la cultura islámica, que esclaviza a la mujer hasta en los más mínimos detalles de su existencia, convierte a cualquier ciudadano en un horrible nazi, un islamófobo, un racista, un servidor de Satán...

Hoy las feministas, así como toda la fauna progresista, se enfrenta a la realidad, sin que eso signifique que se sometan a ella. Todas las víctimas de Colonia describieron el mismo escenario: fueron rodeadas por grupos de hombres "de aspecto árabe o magrebí". Éstos se abalanzaban sobre ellas como si fueran fieras de presa, como animales en celo, como depredadores sin escrúpulos, como criminales en acción. Entre los pocos detenidos esa noche y en los días siguientes había una mayoría de "refugiados" sirios e iraquíes de la última ola recién llegada a Alemania, pero también argelinos y marroquíes, que obviamente no podían pretender estar huyendo de ninguna guerra.

En esas fechas y posteriormente, se oyeron voces "autorizadas" negando primero y disculpando después esas odiosas y brutales agresiones sexuales. El menos desafortunado de ellos nos recordó que para estos hombres que han nacido y crecido en una sociedad musulmana de valores arcaicos, el manosear a las mujeres no es motivo de reproche, el tratarnos como trozos de carne es un hecho aceptable: somos seres inferiores, no debemos esperar otra cosa, no merecemos respecto, no tenemos derechos. Para ellos una mujer que sale de noche no puede ser más que una prostituta -así que imaginen lo que podría ser yo misma que practico el nudismo usualmente-. Habría que añadir que la miseria sexual inherente a amplios sectores de cualquier sociedad regida por el islam no puede producir más que esta clase de desequilibrados y obsesos peligrosos. Otras voces han llegado a decir que es mejor que las mujeres europeas seamos violadas por "refugiados" que por nuestros compatriotas. Asistimos a una degradación de la moral y las costumbres sin precedentes, ante la justificación permanente de crímenes y aberraciones, siempre y cuando éstos sean cometidos por determinadas categorías humanas, inocentes por sistema y a perpetuidad.

Las sociedades patriarcales de valores medievales de donde provienen estos inmigrantes y "refugiados" son señalados como la fuente de estas agresiones. La denuncia del carácter oscurantista de esa cultura se convierte en una especie de subterfugio para no tener que llamar a las cosas por su verdadero nombre y señalar a la cultura islámica, que se expresa por boca de esas numerosas organizaciones del islam político que han echado raíces en nuestras sociedades, absurdamente acogedoras con todo aquello que las combaten y buscan destruir desde adentro, con las facilidades que sus propios anfitriones ponen a su disposición.

Ya patrullan en algunos barrios de ciudades europeas grupos de hombres encargados de vigilar las "buenas costumbres" de las mujeres, que obviamente no podemos ir vestidas de manera "indecorosa", ni entrar a tomar un café en un bar, ni siquiera caminar solas por las calles sin un acompañante masculino. El sistema que rige en Arabia Saudí y en otras comarcas de similar género ya ha puesto el pie en nuestros países.

Ese puritanismo extremo es otra cara de la locura islamista. Para estos fanáticos es la excusa para ejercer su violencia contra las mujeres. Nuestros progresistas en general y nuestras feministas en particular, siempre tan vociferantes contra el "macho blanco heteropatriarcal opresor", en esta ocasión guardan un silencio cómplice y culpable que sólo favorece el avance de esta intolerancia y oscurantismo medieval que están haciendo retroceder la condición de la mujer al siglo VII de La Meca y Medina.

Las feministas, para no cambiar de costumbre, se han vuelto a equivocar al transformar a los culpables en víctimas y viceversa. Lo vemos continuamente con ocasión de las violaciones que se cometen a diario por parte de agresores musulmanes, un fenómeno masivo que les deja indiferentes y que se las ingenian para invertir sistemáticamente los roles y las culpas. Para ellas, es necesario callar sobre estos hechos y tratar de tergiversar todo lo posible acerca de la identidad de los agresores y sobre los motivos de tanto desprecio y violencia contra las mujeres. Los agresores son inmigrantes y "refugiados", y esa circunstancia ya los exculpa de todo crimen, así sean violaciones o asesinatos. La culpa siempre será, de alguna manera, del hombre blanco, culpable por definición. Esa inversión perversa de los roles define a la perfección la impostura del discurso feminista y la desfachatez de quienes llegan al extremo de transformar a los culpables en víctimas y despreciar a las víctimas con un cinismo inaudito.

Ya son miles las agresiones sexuales de todo tipo cometidas contra mujeres de toda edad y condición en muchos países de Europa en los últimos meses. Europa se está convirtiendo en un lugar cada vez menos seguro para nosotras. Las feministas callan: la realidad contraría su discurso, sus objetivos y sobre todo su enfermiza ideología que las ha llevado a esa insólita y perversa alianza con el islam expansionista y conquistador.

A este callejón sin salida nos han llevado los desvaríos de estas feministas. Estas militantes izquierdistas, campeonas del relativismo cultural, han traicionado los valores de su propia sociedad y la causa que dicen defender. La causa de la mujer no tiene en las feministas únicamente a unas pésimas abogadas, sino a unas auténticas enemigas. Tarde o temprano, el islam político tendrá que ser puesto en el lugar que le corresponde, y sus colaboradores también. El feminismo degenerado de todas estas personas y organizaciones que se han puesto al servicio de la empresa de la destrucción de nuestros derechos y libertades, tendrá que responder algún día de su condescendencia y complicidad con la invasión islámica que padecemos.

la patria literaria
Miguel de Unamuno y el españolismo antinacionalista
Ochenta años de la muerte de una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX.
Carlos Mayoral El Espanol 31 Diciembre 2016

Bilbao cumple ya más de un mes asfixiado. El carlismo se ha abalanzado sobre la ciudad y las bombas llevan a cabo su particular baile nocturno, sin que nada sea digno de considerarse a salvo: lo mismo da una iglesia que un hospital, no importa si un granero o un colegio. Una ciudad sitiada es una ciudad con hambre, es una ciudad enferma, y suele mostrarse especialmente hostil con los niños, que asisten a la exaltación de la barbarie humana.

En algún lugar del casco viejo, la abuela esconde al pequeño Miguel de Unamuno en la bodega de la confitería que ella misma regenta, rezando fervientemente para que la muerte no se arroje sobre su hogar. Sólo cuando los estallidos se apagan, Miguel recuerda la figura de su padre recientemente fallecido. "De su padre apenas se acordaba; era una sombra mítica que se le perdía en lo más lejano; era una nube sangrienta de ocaso", en Niebla, capítulo III. Detrás de los ánimos carlistas, sofocados, reducidos a humo, quedaba mucho más que un niño asustado al amparo de las bombas. España se derrumba y la República no sólo no consigue que se sostenga, sino que forma parte activa de la demolición. El cantonalismo ha dividido el país en tantas federaciones independientes como uno se atreva a imaginar. Cartagena, Málaga, Cádiz, Alcoy... todas abandonan el barco. Para colmo, las guerras carlistas han aislado Aragón, Cataluña, las Vascongadas y el Maestrazgo del resto de regiones españolas. Corre el año de 1874 y el país, dicho de una manera llana, se ha descosido.

Pocos años más tarde, un joven Unamuno desembarca en Madrid para estudiar Filosofía y Letras en la universidad. En su mente, ya privilegiada a esa edad, hay un espacio para mantener a salvo el recuerdo: España se había desangrado junto a la conciencia política liberal que heredó de su padre. A partir de entonces, toda la corriente intelectual cultivada por Unamuno irá destinada a ahondar en el sustrato cultural español, en aquello que unió la nación tiempo atrás. Sólo quedaba un acicate, un nuevo resorte que hiciera saltar por los aires su obra.

Entonces, llegó el año que dio título a su generación, y con él la pérdida de las últimas colonias españolas. Ya no había marcha atrás, un grupo de intelectuales decidió abordar los problemas españoles desde la raíz. Y eligieron para liderarlo a ese hombre del que todo el mundo hablaba después de escribir varios ensayos sobre la relación entre lo vasco y lo español para atizarse con Sabino Arana, padre del nacionalismo. El grupo pasaría a la historia como la Generación del 98, y su líder como don Miguel de Unamuno. "Y que el alma de Bilbao, flor del alma de mi España, recoja mi alma en su regazo", en Paz en la guerra, prólogo a la edición de 1923.

Existencialismo Vs. Nacionalismo
A Unamuno no le hubiera gustado que le colocaran etiquetas, pues en su pretendida ambigüedad escondía un juego maravilloso gracias al cual sus lectores podían llegar a la verdad ("Antes la verdad que la paz") a través de preguntas, siempre contradictorias, que aún hoy uno debe hacerse al tomar contacto con sus párrafos. No obstante, este texto sí se atreverá a colocarle esa etiqueta: Unamuno cree en la condición humana, en el desarrollo individual, es casi (perdón, Miguel) un existencialista. Ante esta premisa, ante esta predilección por el ‘yo’, hablar de naciones parece casi un exabrupto. Sin embargo, su existencialismo (perdón, Miguel) tiene precisamente ese encanto: se apoya en los dilemas de España para potenciar al individuo. Asomándose a su obra uno puede ver cómo el escritor indaga en los grandes pilares de la cultura española para desarrollar su pensamiento. Pero también es necesario apuntar que cree en España como un conjunto de pueblos con identidad propia, que todavía más segmentados terminan por no ser más que un conjunto de individuos con identidad propia.

Todas estas identidades se reconocen al calor de sus rasgos comunes: la religión, que trazó indivisibles lazos cuando todos combatieron durante años la invasión islámica, y la lengua, motor principal del pueblo y verdadera frontera para sus habitantes. En ambas imposiciones tuvo un papel esencial, como se encargó de recordar el noventayochista, la región de Castilla, motor de la unión peninsular. Motor de la unión que promovió don Miguel.

"Pues sí, soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna, y mi Dios un Dios, el de Nuestro Señor Don Quijote, un dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue verbo español...!", en Niebla, capítulo XXXI.

Cristo, el salvador
La idea de la fe está siempre presente en su obra. Para él, los pueblos españoles se encolaron gracias a las bases cristianas que han ido macerándose en la mente de individuo a través de los siglos. Pero lo hace obviando los aspectos prácticos del mundo eclesiástico, rechazando a la Iglesia, y con la marcada ambigüedad que le caracteriza (en este plano, llegó a decir: "España necesita que la cristianicen descatolizándola").

Unamuno creía, como Dostoievski, en la salvación de Europa mediante Cristo, aunque el autor vasco alude a un Cristo particular. Un Cristo ibérico sufridor y terrenal, alejado de la trascendencia que le otorgó la Iglesia. Un Cristo moldeado gracias a esa larga tradición hispánica citada renglones atrás.

Quizás la obra que mejor explica su relación con la espiritualidad religiosa sea San Manuel Bueno, mártir, donde Unamuno despoja de su fe a un párroco de pueblo. El hombre, indefenso, sigue acudiendo cada mañana a su misa (es decir, a la fe renegada) porque no encuentra otra manera de mantener con vida a su gente. Es sobre esa ambigüedad, la que te obliga a plantearte los grandes dilemas del pueblo, donde el filósofo se balancea como un funambulista impredecible.

"-Y él, el pueblo- dije-, ¿cree de veras?
-¡Qué sé yo...! Cree sin querer, por hábito, por tradición. Y lo que hace falta es no despertarle. Y que viva en su pobreza de sentimientos para que no adquiera torturas de lujo. ¡Bienaventurados los pobres de espíritu!", en San Manuel Bueno, mártir.

Pensar en castellano
¿Y qué decir de la lengua? Unamuno blande el castellano como un arma que agita las adormecidas mentes decimonónicas. Sólo hace falta acudir a la introducción aquí escrita. Él ha visto cómo el pueblo se deshilacha, precisamente, por la falta de palabra: lo mismo se desangra en el Bilbao de principios de texto por los discursos anacrónicos carlistas que piensa que ha ganado la guerra del 98 contra EEUU por pura desinformación. Unamuno consigue que se piense en castellano, y que la meninge popular pueda empaparse de una filosofía nada teórica, muy literaria y enormemente inherente al hombre español. "No debéis dar a vuestros hijos una enseñanza en valenciano [...] el exclusivismo puede producir un grave conflicto entre la lengua regional y la lengua oficial de España, que no es una lengua castellana nacional, sino internacional, que hablan más de 20 naciones", explica en una conferencia en el Ateneo Mercantil de Valencia, en 1919. Esta revolución, planeada a medias por el pensamiento y por la lengua, tiene su principal mesías en la figura de Don Quijote. Unamuno consigue, como buen nivolista, despojar al personaje de su carácter fantástico y traerlo aquí, a la realidad. Porque, para él, el universal loco es casi un creador, que va dudando hasta dejar de creer, poniendo en duda, incluso, la ciencia y la razón.

De nuevo, entra en juego el individuo español: para Unamuno, éste es un pueblo que ha escapado con destreza de lo racional (zapatazo a la escala filosófica dominante) para adentrarse en el irracionalismo de la mano de la suave locura quijotesca. Porque Don Quijote representa la pérdida de fe en sí mismo, en su (¿loca?) idea, en Sancho, en el pueblo...

Unamuno le anima a creer en su locura, dejando atrás a Cervantes, porque un pueblo, y más el español, sólo prospera si cree en sí mismo. La pérdida de su credo le lleva hasta la muerte, lejos de Sancho, que con sus palabras se mantiene aferrado a la fe y a la vida.

"Oh, heroico Sancho, y cuán pocos advierten el que ganaste la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de la sensatez y sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe, Sancho, la fe de ti, que ni has muerto ni morirás! Don Quijote perdió su fe y murióse; tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en desengaño para que en engaño vivificante vivas tú", en Vida de Don Quijote y Sancho, capítulo LXXIV.

Muerto en vida
No sólo Don Quijote murió solo, tirado como un despojo en el sucio camastro de un lugar del que no quisimos acordarnos. Ese frío diciembre de 1936, un admirador visitó a Unamuno en su casa, sitiada ya a esas alturas de la guerra por los esbirros de Millán Astray. No todos los artículos pueden presumir de incluir al protagonista sitiado tanto en la primera como en la última escena del texto, pero así vivió Unamuno: sitiado, encerrado en sí mismo, ahondando en sus propias preguntas. La nieve envolvía la ciudad salmantina cuando Unamuno cerró los ojos, en expresión meditabunda. No se atrevió a interrumpir la meditación el admirador, que sólo alzó la voz cuando el olor de la zapatilla chamuscada llegó hasta sus narices. Ya era tarde, Unamuno había muerto dejando a España sola en el peor momento de su historia. Al menos, su muerte dejaba en el imaginario del lector español la sensación de que hay un hilo cultural que lo une con su semejante, y que para manejar esos hilos sólo hay que hacerse las preguntas adecuadas. Unamuno se marchó el 31 de diciembre de 1936, pero las preguntas siguen ahí, ochenta años más tarde.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Retrato de familia con terrorista al fondo
José María Albert de Paco Libertad Digital 31 Diciembre 2016

Si este individuo es alguien en el gotha nacionalista no es debido a su ímproba labor sindical, sino a que asesinó a Bultó en nombre de Cataluña.

El 9 de mayo de 1977, a primera hora de la tarde, los ?integrantes de? la banda ?terrorista Ejército Popular Catalán (Época) Carles Sastre, Xavier Barberà y Antoni Messegué irrumpieron en el piso de una hermana del industrial José María Bultó, donde éste se hallaba de visita, y le adosaron una bomba en el pecho? con esparadrapo??. O al día siguiente aflojaba 500 millone?s? de pesetas o la harían estallar.

Ya en su casa de la calle Casa Mora, en Pedralbes, Bultó se encerró en el baño y trató de despegarse el artefacto. Así dio cuenta La Vanguardia del desenlace:

Aunque no pudimos obtener información de primera mano, personas que estuvieron poco después en el baño [contaron que] el cuerpo del señor Bulto Marqués quedó materialmente destrozado, especialmente tronco y cabeza.

El párrafo anterior ha de ir igualmente adosado a todas y cada una de las menciones de Carles Sastre en la prensa. La última de que tengo constancia se produjo con motivo de su participación en la llamada cumbre por el referéndum, celebrada el pasado día 23 en el Parlamento de Cataluña. El Parlamento, sí: en su desprecio por las instituciones, el nacionalismo catalán no se para en barras, y del mismo modo que el Palau de la Generalitat acogió en noviembre de 2014 las reuniones preparatorias del 9-N, u ofició en julio de 2015 como sede del cónclave de partidos y entidades soberanistas para alcanzar un acuerdo de lista unitaria para el 27-S, y aun albergó en noviembre del mismo año las negociaciones entre JxS, la CUP y ERC para desencallar la investidura, hoy es el Parlamento el que hace las veces de batzoki del procés, al que Sastre se incorporó tras el preceptivo blanqueo en TV3 y Catalunya Ràdio de la mano de Xavier Graset y Mònica Terribas, respectivamente. El primero, recordemos, presentó al terrorista (al que describió como "gran reserva del independentismo") como un "activista que ingresó en prisión a raíz de la muerte del industrial José María Bultó", como si a Bultó le hubiera ?caído un rayo. La segunda lo calificó de "histórico del independentismo combativo".

La presencia de Sastre en la simera prenavideña puso de manifiesto, una vez más, la ambivalente relación de los prebostes del régimen, a quienes se tiene por prudentes, con la canalla filoterrorista, cuya función proppiana en el relato? procesista? es ennoblecer, siquiera por contraste, a sus mayores. Ni que decir tiene que el barrenero no acudió a la cita en razón de su antiguo oficio, sino como secretario general de la Confederación Sindical Catalana, sindicato independentista conocido por sus llamamientos al desacato de las sentencias favorables al bilingüismo y heredero de Solidaridad de Obreros de Cataluña, organización fundada a finales de los años 50 por Jaume Terribas, padre de la ex directora de TV3 y actual locutora en Catalunya Ràdio... Mònica Terribas.

Así y todo, el atributo que le franqueó a Sastre las puertas del Parlamento no fue, obviamente, el oficial, sino el oficioso. No en vano, si este individuo es alguien en el gotha nacionalista no es debido a su ímproba labor sindical, sino a que asesinó a Bultó en nombre de Cataluña. De ahí que resultara paradójico, por no decir esquizofrénico, que Terribas (y Graset) omitieran el único atributo de Sastre que justificaba ?que fuera entrevista?do?. En cuanto a la foto de familia de la cumbre por el referéndum, los responsables de protocolo del Gobierno de Puigdemont ?relegaron a Sastre al extremo? derecho de la última fila, lo que, por cierto, no es la primera vez que sucede. El 26 de junio de 2013, fecha en que se constituyó el Pacto por el Derecho a Decidir, a Sastre le asignaron la sexta fila, aunque aquel día, en lugar de ?situarlo en el extremo derecho, lo ?situaron en el izquierdo? (con camisa azul)?. El corolario resulta obsceno de puro evidente: ¿el terrorista? Que salga, sí, pero ?pónganmelo ?al fondo; esto es, que ?aparezca en la foto (porque así podemos ufanarnos de lo amplio, transversal e inclusivo que es nuestro acuerdo) pero ?sin que se note demasiado, ?no nos vayan a tomar por otra cosa.

Ésta es la clase de injertos de que se vale el soberanismo para construir eso que llama sociedad civil, consorcio donde todos sus miembros no son sino políticos profesionales o en excedencia (como esos tres exsocialistas –Elena, Arqué y González– a quienes han nombrado coordinadores) y cuyo objetivo es ir reemplazando al Parlamento autonómico como cámara de representación. Por de pronto, ya han ocupado el edificio. Y sin que nadie los haya votado. Sonría.?

¡Felicitaciones, señora ministra!
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 31 Diciembre 2016

La de poner en marcha un 'Erasmus español' es una magnífica idea.

La ministra de Sanidad y Servicios Sociales, Dolors Montserrat, anunció la creación de una beca para estudiantes de entre 14 y 18 años que les permitirá realizar un curso académico (desde 3º de la ESO hasta 2º de Bachillerato) dentro del territorio español, en una autonomía que no sea la de su residencia habitual, alojándose en casas de familia. La noticia aparece encabezada, en una de estas autonomías, la catalana, por un titular beligerante: "Un Erasmus entre autonomías dirigido a adolescentes crispa al Govern" (LV, 21/12). Informa este diario:

El nuevo programa de becas, que se llamará Cervantes, se justifica, según Montserrat, en la voluntad de favorecer la movilidad dentro del territorio español, para que los adolescentes conozcan las diferentes culturas, lenguas y costumbres de España e impulsar, mediante la experiencia, la independencia de los menores. (…) Montserrat explicó que se quiere favorecer que los menores "vivan nuevas experiencias y conozcan culturas" de otras regiones, lo que ocurriría en un intercambio entre un niño de Burgo de Osma (Soria) con otro de la comarca del Penedés. "Fomentamos la cohesión social y territorial" y se favorece que los estudiantes conozcan España, "un país que merece la pena conocer", indicó la ministra, que reveló que la idea del programa partió de ver la experiencia enriquecedora de los Erasmus internacionales para los estudiantes universitarios. "¿Por qué no la movilidad interior?", se preguntó.

Evidentemente, ¿por qué no la movilidad interior para fomentar la cohesión social y territorial? ¡Felicitaciones, señora ministra!

Reacción fulminante
La reacción de los maniqueos secesionistas fue fulminante contra la amenaza de intercambios cohesivos. Como la de los talibanes islámicos y la de los comunistas recalcitrantes cuando ordenan a los Guardianes de la Moral o de la Revolución que controlen las indumentarias, los espectáculos o la orientación de las antenas parabólicas para evitar contaminaciones heréticas o foráneas. O como la de los energúmenos del régimen inquisitorial polaco (LV, 27/10):

Polonia crea una fuerza paramilitar para defender su identidad nacional – La nueva unidad estará formada por jóvenes voluntarios ultranacionalistas – El cuerpo actuará contra las amenazas "no militares" a "la herencia cultural de la nación polaca".

A los chicos y chicas de la CUP les encantaría contar con una milicia como esta para imponer su identidad nacional en los Països Catalans. Por ahora, la están entrenando para tareas de intimidación en los recintos universitarios y espacios públicos. Y la tuvieron en 1934, cuando el fascista Josep Dencàs puso sus escamots (pelotones), uniformados y armados, al servicio del sublevado Lluís Companys. Mientras tanto…

Mientras tanto, el secretario de Políticas Educativas de la Generalitat, Antoni Llobet, denunció que la iniciativa responde a la "voluntad de homogeneización casi obsesiva" y "españolización" del Gobierno del PP. A su juicio, el chaval de Burgo de Osma llegaría al Penedés cargando ejemplares del ABC para catequizar a sus anfitriones, y el noi del Penedés volvería de Burgo de Osma recitando a Espronceda en perfecto castellano para mayor escándalo de sus vecinos.

En verdad, la voluntad de homogeneización obsesiva, sin el casi, se observa en la política educativa de la Generalitat, que ha abjurado de sus deberes para con los ciudadanos de Cataluña y está exclusivamente al servicio de la hoja de ruta del secesionismo sectario. El rechazo al intercambio de estudiantes no es más que otro síntoma, y no el más grave, de la tentativa de desconexión que cierra las aulas al castellano y a la historia y geografía de España y las abre a los mensajes de odio contra los compatriotas españoles.

Viven en Babia
Por supuesto, hoy, en tiempos de globalización cibernética, la homogeneización obsesiva es impracticable fuera de los regímenes totalitarios más bunkerizados, como el norcoreano. Ni siquiera el chino y el cubano son herméticos, y quienes, incluso desde la quimérica tercera vía, proponen que la también quimérica reforma de la Constitución "blinde" la cultura y la lengua catalanas viven en Babia.

Ya no hay culturas ni lenguas blindadas. A los fundamentalistas catalanes les espanta la cantidad de castellanismos que invaden su lengua, pero los castellanoparlantes cultos conviven sin chistar con catalanismos (desde capicúa hasta peseta y payés, y suman 4.000), galicismos, anglicismos y desprendimientos de todas las lenguas y argots del mundo, porque saben que fecundan su idioma. También lo saben los angloparlantes que asimilan vocablos libremente porque no los constriñe una Academia de la Lengua.

¿No quieres intercambiar cultura con adolescentes sorianos, manchegos, vascos, gallegos o madrileños porque crees que corrompen la tuya? Pues toma Black Fridays, Halloweens, Santa Claus, escraches, paparazzi y modas y melodías y cantantes cosmopolitas que no puedo nombrar porque en razón de mi vejez los desconozco, pero que atraen multitudes de jóvenes y llenan los estadios.

Rabo y cuernos
La ministra Dolors Montserrat, catalana, lo tiene claro, y por eso merece la gratitud y las felicitaciones de sus paisanos: es enriquecedor que sus hijos conozcan a sus compatriotas y que estos los conozcan a ellos. Verán, los unos y los otros, que en el terruño vecino nadie tiene rabo y cuernos, y que a los únicos a los que es justo achacarles burradas es a los demagogos que especulan con los enfrentamientos cainitas. Nos lo confirma Jordi Amat al reproducir algunas frases sabias que Josep Pla escribió hace más de 90 años ("Pla para Reyes", LV, 10/1):

Siempre ha habido un interés diríamos lateral, muy activo, para provocar la desunión de la gente de este país. Lo han conseguido y la ciudadanía ha caído en este insondable y confuso abismo, como moscas en la miel. (…) Se ha pretendido demostrar, consciente o inconscientemente, que este era un país de dementes. El hecho se ha demostrado porque ha puesto de manifiesto la ignorancia existente en muchísima gente de este país sobre lo que es la política en el Occidente europeo. La política es negociación, diálogo, tenacidad y una dedicación total. Muchos políticos que la gente pensaba que lo eran, resultaron de un vacío tumbal.

¡Escrito hace más de 90 años! Si el noi del Penedés es un estudiante espabilado, tal vez haya leído algunos textos de Pla antes de viajar a Burgo de Osma y hará un buen papel. Seguramente Dolors Montserrat los leyó, como lo demuestra su voluntad de aplicar la política racional del Occidente europeo. ¡Felicitaciones, señora ministra!

Revolución o muerte
JAIME IGNACIO DEL BURGO El Mundo 31 Diciembre 2016

Cuando estaba a punto de terminar el bachillerato en el Colegio de San Ignacio de Pamplona nos llegó la noticia de la caída de la dictadura en Cuba y la entrada triunfal de Fidel Castro en La Habana, hecho ocurrido el 9 de enero de 1959. Recuerdo la satisfacción de alguno de mis profesores, orgulloso de que el líder de la revolución hubiera sido antiguo alumno de los jesuitas. Valoraban sus sentimientos católicos y se dijo que había exhibido un rosario durante su victorioso desfile. Esto no es un hecho demostrado, pero sí lo es que el gran fotógrafo cubano Alberto Korda, autor del retrato del Che Guevara universalmente conocido, le fotografió por aquel entonces junto a un soldado revolucionario que portaba una gran imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

El júbilo jesuítico pronto se trocaría en enorme decepción. Fidel Castro no tardó en mostrar su auténtica ideología: el marxismo-leninismo. Por eso persiguió sañudamente a la Iglesia Católica. Ordenó la expulsión masiva de sacerdotes, frailes y monjas. Nacionalizó todos los colegios de religiosos. Cerró los templos y prohibió las manifestaciones públicas de culto. Fusiló a dirigentes y fieles católicos por el mero hecho de serlo. A los pocos sacerdotes que permanecieron en la Isla les prohibió toda actuación pastoral. Emprendió una sistemática campaña de descristianización y promoción del ateísmo. Este negro panorama comenzó a cambiar en 1991 con la apertura de una cierta tolerancia religiosa. En 1998, el Papa Juan Pablo II viajó a Cuba, donde tuvo una acogida apoteósica, que presentó Fidel Castro como una legitimación de su régimen. En 2003 hice un viaje a Cuba, lugar de nacimiento de la madre de mi esposa. Tuvimos la oportunidad de conversar en privado con el cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, en la sacristía de la Catedral, después de la celebración litúrgica del domingo de Ramos. Nos reconoció que el viaje del Papa no sólo no había producido efectos positivos para la Iglesia, sino que tras su marcha la represión se había intensificado. Así, tal cual.

Fidel Castro dirigió al pueblo cubano el 12 de julio de 1957 el llamado Manifiesto de Sierra Leona. La Revolución prometía devolver la libertad a los cubanos en el caso de acceder al poder, con el compromiso de "celebrar elecciones generales" en el plazo de un año para elegir presidente y los demás cargos del Estado, las provincias y los municipios. Todo fue un gran engaño. Los cubanos llevan casi 60 años privados de la libertad y padeciendo una dictadura totalitaria atroz. El régimen presume de haber conseguido la igualdad, pero oculta que se trata de la igualdad en la miseria. En 1959, Cuba era el país más próspero de Iberoamérica, con una renta per cápita similar a la de España. Después de seis décadas de Revolución, el salario medio de los trabajadores es de 24 dólares (22 euros) ¡mensuales!

La izquierda europea siempre ha prestado un gran apoyo a los Castro. Ha aplaudido y aplaude lo que califican como grandes logros en educación y sanidad. Durante el viaje al que ya me he referido, pregunté a un taxista -a quien pagaba el Estado- qué tal era la sanidad. "Hay tres hospitales muy buenos para extranjeros", me contestó. Le aclaré que quería saber qué tal era la sanidad del pueblo. Su respuesta se me quedó grabada en la memoria: "Sí, es muy buena, pero cuando hay gasas no hay anestesia y cuando hay anestesia no hay gasas".

En ese mismo viaje visitamos a un heroico y meritorio sacerdote, cuyo nombre guardo en el anonimato para no perjudicar su seguridad. Nos hizo un relato estremecedor del malvivir de los cubanos. Le mostramos nuestra extrañeza por el hecho de que Castro consiguiera suscitar en la Plaza de la Revolución el fervor popular de cientos de miles de personas. Otro nuevo engaño, nos dijo: "Hay en cada manzana un comisario de la Revolución, que se encarga de pasar lista de asistentes. Al que falte sin causa justificada se le quita la cartilla de racionamiento, lo que le condena a la indigencia total por una temporada".

La Habana fue una ciudad fascinante. Hoy ofrece un aspecto decrépito, salvo su belleza natural con un mar y un cielo indescriptibles y las zonas de la Habana Vieja cuyas fachadas se han restaurado con la ayuda generosa de países "capitalistas". Sus calles son como un gran museo de vehículos antediluvianos, los "haigas" norteamericanos de los años 40. El atraso de las zonas rurales es clamoroso. Hay escasez de artículos básicos. Fidel Castro acusó a Estados Unidos de haber convertido a Cuba en un burdel norteamericano. Bajo la Revolución se desarrolló el más abyecto "turismo sexual".

En 1991 Cuba dejó de ser un Estado subsidiado por los soviéticos y con ello se acabó el espejismo de la Revolución. Hay 11 millones de habitantes y unos tres millones de emigrantes o exiliados. Su suerte no conmovió nunca al gran tirano ni a su privilegiado círculo. Un diplomático europeo nos contó que las copiosas e interminables cenas del "Comandante" se servían los manjares más exquisitos y se regaban con los vinos más caros del mundo.

Los cubanos no tienen libertad de asociación, expresión, manifestación, educación, etc. Ni siquiera gozan de libertad de movimientos. La justicia está al servicio de un régimen opresor y corrupto. ¿Es ético que pactemos con él mientras no ponga fin a la represión, libere a los presos políticos y se comprometa a emprender el camino hacia la democracia?

Tal vez la muerte del tirano abra nuevas expectativas para el cambio democrático. De momento sus sucesores parecen fieles al ideal de antaño: "Revolución o muerte". Entre nosotros, los neocomunistas y los liberticidas abertzales lloran la desaparición del tirano. ¿Acaso temen el fin de la tiranía?

Jaime Ignacio del Burgo fue presidente de la Diputación Foral-Gobierno de Navarra, senador constituyente y diputado.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial