AGLI Recortes de Prensa   Domingo 1 Enero 2017

Un testimonio proletario
Fernando Sánchez Dragó El Mundo  1 Enero 2017

Es anónimo, apareció en la web de Forocoches y lo recogió la revista digital El Manifiesto el día 28 de diciembre. No es una inocentada.

Yo ni quito ni pongo. Me limito a reproducirlo para que el lector, si lo hay, reflexione. Y más aún deberían reflexionar sobre lo que el texto dice quienes viven de la política sin saber nada de ella. ¡Hey, dormilones, que algo pasa en la calle y pronto os pasará a vosotros! Espabilad. Así están las cosas en la mayor parte de Europa y así, al parecer, empiezan a estarlo entre nosotros, que siempre llegamos tarde y jadeando a las citas con la historia.

El año que ahora empieza bien podría ser el del desmoronamiento de la Unión Europea. Los holandeses, los franceses, los italianos y los alemanes, por ese orden, tienen la palabra. ¿Recuerdan ustedes lo que pasó hace ya casi tres décadas con el Muro de Berlín y la utopía soviética? Plis plas, y en un instante todo eso se vino abajo. La historia, en la última fase de sus ciclos, funciona como una espiral descendente en la que todo se acelera...

elmanifiesto.com
28 de diciembre de 2016
"Vivo en un barrio obrero, el barrio más obrero de mi ciudad cuyo nombre no revelaré. Un barrio de esos en los que los edificios son casi todos iguales entre sí, donde las pintadas no se borran porque al día siguiente van a volver a aparecer y donde hay que tener mucho cuidado con salir a la calle a determinadas horas. Un barrio donde la policía pasa con mucha menos frecuencia que en los barrios de clase media del centro, un barrio donde tienes que tener cuidado al dejar el coche aparcado en la calle, pero donde tampoco tienes más remedio porque los edificios no tienen garaje. Un barrio donde por pura estadística te van a atracar de vez en cuando, y donde la crisis ha golpeado con más fuera que en ningún otro sitio porque aquí no ha habido mucha gente con la oportunidad de estudiar. Un barrio donde la inmensa mayoría, donde me incluyo, éramos votantes de Izquierda Unida. Yo mismo he perdido la cuenta de las veces que les he votado, incluyendo las locales de 2015. En las Generales de 2015 voté a Podemos, y en las últimas ni siquiera voté. Vamos: un barrio donde la gente sale en pijama a comprar el pan y donde todos nos conocemos y nos llamamos por el nombre.

Y, por supuesto, un barrio donde el porcentaje de inmigrantes ronda el 40% aproximadamente, en función de lo que veo cada día. Quizá si eliminamos la inmigración europea, pues hay italianos y portugueses, y a los chinos; nos pongamos en un 30 o 35% de moros, negros y sudamericanos.

¿Y sabéis que? Mi barrio no ha sido siempre así. Cuando yo era pequeño nos pasábamos horas en la calle sin temer absolutamente nada, más allá de los dos o tres yonkis pasados por la heroína a los que los propios adultos metían una hostia si se acercaban más de la cuenta a algún niño, aunque el adulto y el niño no se conocieran. Aquí había gente que dejaba las llaves puestas en el coche por la noche (sí, como lo escucháis) para asegurarse de no perderlas, y no se lo robaban. El dueño de la panadería la dejaba abierta todo el día aunque él no estuviera dentro, y tu cogías la barra que querías y dejabas el dinero en un cesto. Cuando se jodía algo y el Ayuntamiento tardaba en repararlo, éramos nosotros los que lo solventábamos. Éramos una familia. Y hoy en día, pasar por esas calles es desolador. Y claro, por entonces, los españoles éramos más del 99% del barrio.

De vez en cuando vienen partidos como Podemos a dar discursos. Partidos hechos para la gente de clase media que vive en los barrios del centro. Y todos nos vamos dando cuenta, poco a poco, de que no para nosotros. Están alejados de la realidad de los obreros, sin mencionan la lucha de clases en ninguna parte de su discurso.

Esos supuestos revolucionarios de izquierda giran su discurso alrededor de gilipolleces que a los cabezas de familia sin trabajo les suda tres cojones. Vienen hablando de la construcción de un carril bici, del ecologismo, de los autobuses eléctricos, de meter (aunque sea con calzador) a mujeres en puestos de responsabilidad para que sean el 50%. Vienen hablando del ecologismo, de visibilizar al colectivo LGTBI, de financiar los cambios de sexo. Viene hablando de la importancia de integrar a los musulmanes en nuestra sociedad, de construir mezquitas; a la par que atacan a la Iglesia Católica, de la que la mayor parte del barrio es seguidora (yo no lo soy). Vienen a hablarnos de acoger refugiados, como si esos refugiados fueran a vivir a los barrios del centro donde viven el grueso de votantes de Podemos. ¡No, van a venir a nuestro puto barrio, y que nadie lo dude, joder!

No es casualidad que en Francia mismamente, los socialistas arrasen en los barrios de clase media y alta, los conservadores anden en todos, y que Le Pen domine abrumadoramente en los barrios obreros. La gente de aquí quiere Paz, Trabajo y Pan. Quiere comer todos los días, un techo bajo el que dormir, y un nivel de vida digno para sus hijos. Los transexuales y los carriles bici nos sudan los huevos. Esos problemas son para vosotros, los de los barrios buenos, que podéis votar a Podemos para ser los más guays del grupo. Habría que ver qué pasaría si fueran vuestros barrios lo que están así.

Los únicos que hablan por el pueblo son los partidos de extrema derecha. Son los únicos que están entendiendo lo que sucede y que atacan al daño moral que supone ver tu cultura invadida, poco a poco, por terceros que no hacen siquiera ademán de integrarse y que han hecho del barrio la escoria que es hoy en día. No es un asunto de pobreza. Hace 30 años éramos pobres, mucho más que ahora, y el barrio era otra cosa bien distinta. Cuando mis padres vivían aquí antes de que yo naciera eran aún más pobres, y seguía siendo otra cosa.

Al final, incluso yo, un ex-militante del PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España) está desencantado con esta izquierda pro-LGTBI, pro-inmigración y que ataca constantemente al hombre blanco. Parece ser que si un hombre blanco entre un millón viola a una mujer todos son iguales; pero si 600 musulmanes entre 2000 se dedican a delinquir y a vivir de la puta paga, "eh, no generalices tío". (Paga que no dan ni a un pobre hombre que haya empezado a currar con 16 y que se haya quedado en paro a los 46, después de 30 años, teniendo mujer e hijos).

Y declaro: en cuanto aparezca en España un partido de extrema derecha serio, voy a votarlo. Y muchos en mi barrio pensamos igual. Ahora solo haya agrupaciones de rapados mononeuronales como España 2000 o casposos como los de Vox, pero tarde o temprano aparecerá uno. Vaya si lo hará, igual que en toda Europa ha sucedido y solo faltamos nosotros.

¿Y sabéis qué? A los que vivimos aquí nos la suda que venga un pijo gafapasta a llamarnos racistas, xenófobos e intolerantes. Nos la va a sudar completamente. Y por lo que se habla en las calles, ese utópico partido no va a tener pocos votos precisamente. Estamos hartos".

2017 puede hacer bueno a 2016
Federico Jiménez Losantos El Mundo  1 Enero 2017

Este año se cumple el centenario de la revolución soviética. Eso sí que es un motivo de luto universal, no el Brexit, Trump o Carrie Fisher.

Como dice La Varsoviana, aquella antigua Marcha de los Zuavos que en español, como himno de la CNT-FAI, se llamó ¡A las barricadas!, "negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver". Pero aunque el difunto 2016 se haya ido al cementerio de los años con malísima fama, fruto de los muchos famosos cuyos funerales ofició, este 2017 recién nacido ni se abstendrá de pasaportar estrellas hace tiempo apagadas ni de asustar a una opinión pública acostumbrada a hacer himalayas de granos de arena. Este año se cumple el centenario de la Revolución Soviética. Eso sí que es un motivo de luto universal, no el Brexit, Trump o Carrie Fisher.

Y si populismo es la palabra del 2016 según el Fundación del Español Urgente del BBVA, más vale que vayamos preparando sinónimos para el 2017, porque sobrarán ocasiones de uso: Francia, Holanda, Alemania y probablemente Italia, que son casi la mitad del PIB de la Unión Europea, tienen elecciones, con serias posibilidades de triunfo de los partidarios de la ruptura de la Unión. Y por una razón que nunca se tiene en cuenta los supuestos partidarios de la UE se niegan a reconocer los que buena parte de los europeos perciben como peligros intolerables: los inmigrantes ilegales y el Islam.

El peor populismo es el buenismo
Si grave es el populismo como solución inmediatista y demagógica a problemas complejos, peor es el desprecio despótico de la casta mediática y política a la inquietud popular sobre estos dos fenómenos, que no son fruto de la globalización, como se dice, sino de la inseguridad física y real para mucha gente que no vive en buenos barrios o en urbanizaciones protegidas, y de la indudable amenaza social y cultural que supone eso que la dictadura de lo políticamente correcto llama "religión de paz y amor", o sea, el Islam.

Algunos se quejan de que pese a la abrumadora mayoría mediática que a diario niega la evidencia, una parte creciente, tal vez mayoritaria, de la opinión pública norteamericana y europea vea íntimamente conectados el auge del terrorismo islámico y la llegada al centro de Europa de millones de refugiados musulmanes acarreados sin control alguno por Merkel y los peores populistas, los buenistas, asistidos en la justificación de la violencia islamista por la mayoritaria prensa progre y el coro vaticano del Papacisco.

Lo trágico de la situación europea en 2017 no es que los máximos responsables políticos y sus agentes mediáticos –o viceversa- hagan algo equivocado con respecto a la amenaza islamista, distinta pero inseparable de la de la inmigración ilegal, sino que quieran convencernos de que no hay nada que hacer. Peor: que criticar al Islam o a la inmigración incontrolada en Europa es algo moralmente repugnante, antidemocrático y liberticida.

Lo malo, nos dicen, no es que Merkel, sin avisar siquiera a Hungría, metiera de golpe a dos millones de refugiados en la UE para disputarle el Nobel de la Paz a la Narcolombia de Santos y las FARC. Lo malo, de creer a la aplastante mayoría de los medios apesebrados en el poder político y a los políticos recíprocamente apoyados en esos medios a los que apesebran, es que un político alemán de extrema derecha diga que los muertos del último atentado islamista "son de Merkel". O que el Presidente de Hungría se niegue a aceptar la cuota de refugimerkels que le adjudiquen y recurra a un plebiscito para respaldar su posición ante los países de la UE.

Malo es siempre, en mi opinión, el plebiscito, que en el fondo es la negación de la democracia parlamentaria, pero no será peor el criticadísimo de Hungría que el apoyadísimo de Santos y las FARC, hasta que perdieron. Luego han hecho un sucio apaño para que el derrotado Santos no dimitiera y el mayor cártel de cocaína del mundo –las FARC- pueda seguir trincando millones y triscando por las verdes praderas de la comunidad internacional.

Ningún medio -en España, sobre todo, PRISA- de los que aplaudían que se celebrase en Colombia un referéndum para demostrar que el Pueblo, con mayúsculas -no reaccionarios como Uribe o Pastrana que, por suerte, ya no representan a nadie- para respaldar el acuerdo de Santos y las FARC critica ahora que Santos se niegue a consultar de nuevo al pueblo, aunque sea con minúsculas, sobre el nuevo arreglo con la narcoguerrilla comunista, responsable de 40.000 muertos. La hipocresía progre no tiene límites. Y menos, narcolímites.

No hay año malo con un Castro menos
También me parece injusto que 2016 sea sepultado entre improperios cuando ha enterrado nada menos que al infame Tiranosaurio de La Habana. Cincuenta y seis años han fracasado en eliminar de la faz de la Tierra al más abyecto –por popular- de los dictadores comunistas. La despedida, eso sí, fue tan repugnante como esclarecedora de la situación moral del mundo, que oscila entre lo penoso y lo putrefacto. Su embalsamador y legitimador, el arrogante y siniestro Obama, también se está yendo de donde más daño hacía, la Casa Blanca, dejando un rastro de pequeñas fechorías –Israel, el numerito contra Putin- en línea con sus grandes infamias: las primaveras árabes, Irak, el Irán nuclear, Cuba y la Narcolombia de Santos y las FARC. Su única diferencia con Carter es que éste era un inútil pero sólo duró una legislatura. Y Carter trajo, de rebote, a Reagan. Obama nos deja a Trump.

Naturalmente, yo no sé lo que pasará con Trump en la Casa Blanca. Probablemente, él tampoco. Pero barrunto que alguien capaz de nombrar Secretario de Estado a un señor condecorado por Putin tiene la intención de subastar la OTAN y subarrendar la seguridad de Oriente Medio a Rusia, que a diferencia de la UE y el Congreso de los USA parece que sabe tratar a los islamistas. Eso supondrá un realineamiento de las alianzas en la zona del Gran Juego de entreguerras, con Turquía pasando de frontera a huerto de Moscú y Siria como modelo a la chechena de combatir al islamismo. Berlín y París han jugado a Moscú. Van a tener a Moscú hasta en la sopa. Y uno de estos años, me sorprendería que fuera 2017, tal vez Europa vea que si no se defiende del Islam y la ruina demográfica, nadie la defenderá.

España, más de la misma nada
El panorama internacional para España es peor en 2017 que en 2016, porque para un país débil lo peor es la incertidumbre, y salvo Bélgica y un par de repúblicas ex-soviéticas, no hay en la UE un país más débil que el nuestro. Pero lo que se anuncia en el horizonte nacional es una continuidad en la lenta demolición de las instituciones básicas del Estado, tarea en la que molicie y diligencia se unen milagrosamente bajo un nombre: Rajoy. Nadie más dispuesto a hacer menos. Nadie menos dispuesto a hacer más. Pero ese escombro ideológico va seguir siendo, salvo que algún cometa lo lleve a sestear a Marte, el rascacielos político de una España huérfana de ideas políticas y ayuna de valores, la cabeza hueca de un Gobierno que se sostiene en la incompetencia de sus adversarios y en el pánico que suscitan sus enemigos. Habrá referéndum catalán. O no. Habrá masacre fiscal. O sí.

En cuanto a los deseos para el año que viene en Libertad Digital y esRadio, los dejo para la semana que viene, o sea, en manos de los Reyes Magos.

Mariano Rajoy, el hombre del año 2016
Jesús Cacho  vozpopuli.com  1 Enero 2017

Todo lo decidirá este apasionante 2017 que hoy inauguramos. Todo dependerá, o así me lo parece, de lo que ocurra en Cataluña antes del deadline que el separatismo ha imaginado para septiembre.

“Usted se tiene que ir, don Mariano. ¿Va usted a pactar más gasto social con la izquierda para poder seguir en el machito? ¿Está usted dispuesto a arruinar las cuentas públicas? Por vergüenza torera o por patriotismo constitucional, tiene que irse. Usted no puede seguir siendo el tapón que tiene paralizado un país entero y que impide la regeneración del PP, si ello es posible, y el surgimiento de una nueva derecha liberal, reñida con la corrupción, cumplidora de la ley y comprometida con las reformas. Es verdad que nadie se atreve a decírselo en su partido, pero debe usted saber que el 95% del mismo está convencido de que con otro candidato en las generales del pasado 20D sus resultados hubieran sido notablemente mejores, y de que si insiste en ser cabeza de cartel en mayo acabará por hundir una organización presta a estallar en banderías en cuanto pierda las sinecuras del poder. Usted tiene que irse, e irse ya”. La parrafada anterior fue escrita por quien esto suscribe hace justo un año, el 30 de diciembre de 2015, apenas 10 días después de las generales del 20D, y cuando ya era evidente que estábamos condenados a volver a las urnas en torno a mayo/junio para deshacer el nudo gordiano de diciembre.

Es evidente que, en el supuesto de que mi ruego llegara a estar sobre su mesa de trabajo, Mariano Rajoy no me hizo ni puñetero caso, como, por otro lado, era de prever. Siempre he mantenido que esta es una de las –pocas- cosas buenas de este personaje cada día más inaprensible, más difícilmente clasificable: su negativa a someterse a los dictados de los mandarines de la información, ese plantel de estrellas del celuloide periodístico que se creen llamados a pastorear la voluntad de los presidentes del Gobierno y/o a tratar de derribarles si no cumplen sus dictados al pie de la letra. El caso es que Rajoy Brey sigue impertérrito, a pie firme, iniciado su segunda legislatura cuando hace un año nadie daba un duro por él. El fenómeno es tal que se puede afirmar sin miedo a la exageración que con 137 diputados, 52 menos de los que dispuso antaño, preside un Gobierno que se desempeña con la misma soltura que si dispusiera de mayoría absoluta. En su derredor, el PSOE sigue enfangado en una crisis de dimensión quizá terminal, mientras los chicos de Podemos, tal vez querían decir Pudimos, se acuchillan sin piedad en las redes y ante las cámaras, eso sí, con toneladas de amor entre las partes. El tercero en discordia del famoso cuarteto que llegó dispuesto a certificar el final del bipartidismo, profetas fuera, ve con horror cómo Mariano le ningunea mientras pacta lo habido y por haber con la gestora que dirige Javier Fernández. Es, sin lugar a dudas, el hombre del año.

Tras un convulso 2016, la España que durante 10 meses dio el cante a nivel global por su incapacidad para dotarse de un Gobierno, ofrece ahora una curiosa, si no llamativa, imagen de estabilidad institucional, con un Ejecutivo que los martes recibe palos, en forma de proyectos no de ley, de la airada oposición, pero que los jueves aprueba leyes previamente pactadas con la paleta de colores de que dispone en el Parlamento. En espera de lo que ocurra con los PGE, todo apunta a que estamos abocados a una legislatura larga en la que reina Mariano y su sequito mientras, en la izquierda, PSOE y Podemos riñen cruenta refriega –que también es interna, es también guerra civil- por un espacio cada vez más constreñido, puesto que el PP, sin enemigo a la vista por la derecha y convencido de tener asegurado el voto de sus fieles -rehenes del pánico a Podemos- haga lo que haga, ha invadido sin escrúpulos ese espacio del centro izquierda que para sí reclamaría cualquier partido socialdemócrata clásico. Lo que cual coloca al PSOE en una situación de esquizofrenia, obligado a radicalizar su posición y defender a mordiscos su cuota de voto frente a la tropa de Pablemos.

Socialdemocracia a palo seco para toda la legislatura, como parecen indicar las primeras medidas fiscales aprobadas por el Ejecutivo –de las que aquí se daba cuenta el domingo pasado- para hacer frente al ajuste obligado de pasar de un déficit público del 4,6% en 2016 al 3,1% comprometido para finales de 2017. Todo fiado al crecimiento de los ingresos fiscales, con criminal olvido del gasto público. Y, ante la imposibilidad de seguir metiendo la mano en el bolsillo de las clases medias vía IRPF o IVA, palo a la empresa que es de goma. Ni rastro de liberalismo. El reciente pacto contra “la pobreza energética” suscrito entre PP y PSOE es un buen ejemplo de cómo los dos grandes partidos de la Transición saben hacer populismo a palo seco sin haber pasado por ninguna Facultad de Políticas. Unas horas después de que Álvaro Nadal y Antonio Hernando firmaran el mismo, un frustrado Pablo Iglesias encabezaba la manifa que por las calles de Madrid reclamaba exactamente lo mismo. ¿Quién me ha birlado mi queso? Habrá que ver las consecuencias que para el crecimiento y el empleo tienen las políticas de gasto que lleva aparejada esa engañosa “democracia social” que ahora abraza el PP, olvidando que es el crecimiento, no la igualdad por decreto, lo que acaba con la pobreza. Es el crecimiento, resultado de la iniciativa de hombres y mujeres libres dispuestos a producir bienes y servicios para venderlos a cambio de un beneficio, lo que reduce las desigualdades, y ello desde el principio de los tiempos, antes de que Anthony Trollope y la heroína liberal de su Phineas Finn fijara su objetivo en hacer “men and women all equal”, antes también de John Rawls y su “Fair Equality of Opportunity principle”.

Un partido que ha renunciado a los principios
Un PP que se dispone a celebrar su Congreso en febrero a mayor gloria del líder máximo, el hombre sin atributos de Musil, frío hasta parecer témpano, sin sentimientos a flor de piel, sin ideología. En las antípodas del sabio popperiano. El perfecto antihéroe. Un tipo al que millones de españoles han renunciado a entender. Será un Congreso que no aportará novedad en el terreno del rearme ideológico de un partido que ha renunciado a los principios, liberales desde luego, para centrarse en el ejercicio del poder casi en régimen de monopolio, dado el estado de postración en que se encuentra la competencia. Es el momento, el ahora o nunca para que Ciudadanos, de la mano de un Albert Rivera que ha sido capaz de dar por fin el giro liberal que tantos le reclamaban, se afirme como una alternativa al PP. Es la anomalía española: el Gobierno está en manos –y parece que por mucho tiempo- del único partido que ahora mismo presenta un cierto perfil de unidad abrochada por las sinecuras del Poder, pero que, al mismo tiempo, transita por los tribunales de Justicia asediado por llamativos casos de corrupción que en apariencia no parecen molestar lo más mínimo a su dirigencia, dispuesta, pelillos a la mar, a seguir cabalgando hacia 2020 a lomos de la espalda rota de la izquierda.

¿Qué nos deparará el enfrentamiento que está teniendo lugar por el control del espacio político de izquierda? ¿Será el PSOE capaz de renacer de sus cenizas? El gran logro colectivo de este en tantas cosas patético 2016 ha consistido, sin lugar a dudas, en haber logrado evitar, casi in extremis, ese Gobierno de izquierda radical que con apoyo del independentismo del más variado pelaje estaba dispuesto a presidir ese insensato llamado Pedro Sánchez, un asunto que hubiera tenido consecuencias desastrosas para el futuro de España y la calidad de vida de los españoles. ¿En qué va a quedar el pulso que errejonistas y pablistas mantienen en el seno de Podemos? Del resultado del mismo podría derivarse un encuentro en la tercera fase entre las huestes de Sánchez y las de Errejón, para dar vida a un nuevo partido dispuesto a abrirse paso a codazos entre el PSOE de SusanaDíaz y el Pudimos de Pablo. Lo cual daría pie a pensar que los españoles, más sensatos de lo que algunos predicadores mediáticos creen, se han vacunado en poco tiempo y a un coste más que asumible, del virus de esa izquierda neocomunista que representa Podemos y que, a lo largo del nuevo año, podría iniciar su deriva natural hacia la ensenada de la que nunca consiguió zarpar el PCE e IU. Es el gran regalo que el populismo podría deparar a los españoles en 2017.

Mucho de lo que ocurra en España a lo largo de 2017 vendrá condicionado por lo que suceda en una Europa que despide un annus horribilis marcado por los atentados en París, Niza y Berlín, la vergüenza de los hacinamientos de Calais y el terremoto del Brexit. Las elecciones alemanas de septiembre, con Angela Merkel optando a la reelección, marcarán la pauta del futuro del continente, sin olvidar que bastante antes, entre abril y mayo, tendrán lugar las presidenciales francesas, donde compite un François Fillon convertido en la última esperanza de la derecha liberal europea, y las previsibles nuevas elecciones en Italia, tras el episodio Renzi. Todo podría complicarse si el déspota Tayyip Erdogan decidiera en enero romper el acuerdo migratorio suscrito entre Turquía y la UE y abrir las fronteras a un nuevo éxodo masivo hacia países muy sensibilizados por el problema y donde medran líderes radicales xenófobos como Frauke Petry (Alemania), Marine Le Pen (Francia), Geert Wilders (Holanda) y Beppe Grillo (Italia), que están exigiendo referéndums para sacar a sus respectivos países de la Unión. Las cosas, sin embargo, podrían tomar un rumbo muy distinto si, como parece indicar la sorprendente victoria reciente de Van der Bellen sobre el ultraderechista Norbert Hofer en Austria, se confirmara que el populismo ha alcanzado su cénit en Europa a partir del cual solo cabe el declive, con una mayoría de europeos votando seguridad frente a la radicalidad que ofrecen los populismos.

¿Será Soraya la Von Paulus de Mariano?
El envite del año tiene nombre propio y se llama nacionalismo catalán, ese decadente separatismo burgués en el que se han embarcado muchas de “las 400 personas que nos encontramos en todas partes y siempre somos los mismos” (Félix Millet), y que representa como nadie Artur Mas, un tipo que ahora camina sujeto por el ronzal de las CUP, tras haber alcanzado éxitos tan notorios como la destrucción de Convergencia, apenas un apéndice hoy de ERC. La CUP es la versión 3.0 de aquella CNT que en los años 30 del siglo pasado puso al catalanismo burgués en fuga camino de Burgos, para pedir de rodillas a Franco que pusiera a buen recaudo sus vidas y haciendas. En un callejón sin salida aparente, los Mas, Homs y compañía han visto en la iniciativa de Sáenz de Santamaría la mano del ángel capaz de rescatarles del monstruo que ellos mismos han engordado. Soraya es la generala que en el Burgos madrileño de 2017 puede acabar con la pesadilla sin necesidad, todavía, de salir corriendo a pedir auxilio. Y Soraya parece decidida a regar con dinero la deslealtad de estos cobardes (no harían faltan tanques ni cañones; bastaría una pareja de la Guardia Civil para obligar al señor Homs a cumplir la ley o, en su caso, forzarle a poner pies en Polvorosa). Soraya sueña con devolver el seny a un nacionalismo que se ha echado al monte, pero Barcelona podría terminar siendo el Stalingrado de esta ambiciosa mujer con vistas a la presidencia del Gobierno, que no son pocos los que, conociendo el paño, quieren entrever en ella al Von Paulus de un Mariano que desde su búnker de Moncloa se apresta a liquidar a otra aspirante al trono.

Todo lo decidirá este apasionante 2017 que hoy inauguramos. Todo dependerá, o así me lo parece, de lo que ocurra en Cataluña antes del deadline que el separatismo ha imaginado para septiembre. Cataluña es el filo de la navaja por el que camina una España capaz de convertirse en un gran país para muchos años si las cosas se hacen medianamente bien, pero que también podría despeñarse por el abismo de la irrelevancia y, lo que es peor, de la miseria, tal vez incluso de la guerra, si cometiéramos el error de volver a liberar los viejos demonios familiares históricos hispanos. Nada que esperar en el terreno de la regeneración, ergo en la mejora de la calidad democrática, el gran problema de Cataluña y del resto de España. Seguiremos padeciendo esa corrupción que nos humilla como humanos dispuestos a practicar “el paso erguido” del hombre sobre el que teorizó Block. No cabe imaginar reforma constitucional alguna en tanto en cuanto el PSOE no salga de su laberinto. Alguien ha escrito que “uno puede entender las muchas ventajas de las cerillas, y al mismo tiempo estar en contra de que se prendan dentro de una habitación que huele a gas. España huele a gas y cualquier intento de reforma haría saltar chispas”. Queda implorar que los dioses tengan a bien hacer realidad la promesa formulada el viernes por el hombre del año, al anunciar “progreso y estabilidad” para los españoles en 2017. Menos da una piedra. ¡Feliz año nuevo a todos!

Las CCAA no frenan: 40.000 empleados públicos más que al inicio de la crisis
Las comunidades autónomas son quienes más han incrementado sus efectivos, mientras que la Administración estatal y la local han aligerado levemente sus plantillas
Juan Cruz Peña El Confidencial  1 Enero 2017

El funcionariado español vive ajeno a la coyuntura laboral del conjunto del país desde el inicio de la crisis. El empleo público prácticamente se ha mantenido en los últimos nueve años: en julio de 2016 había 2.522.819 trabajadores por los 2.512.038 de enero de 2007 (falta personal de las universidades que se contabiliza desde 2012). Así lo reflejan los datos del último Boletín Estadístico del personal al servicio de las administraciones públicas, publicado por el Ministerio de Hacienda. Por el contrario, en este periodo, la población ocupada en España se ha reducido drásticamente. Desde 2007 hay dos millones de trabajadores menos. La Encuesta de Población Activa (EPA) registra una caída que va de los más de 20 millones de trabajadores justo antes del estallido de la crisis hasta algo más de 18 millones en la actualidad.

Si se separa por administraciones públicas, son las comunidades autónomas (más de la mitad de los trabajadores públicos están en ellas, 1.298.132) las que más han aumentado sus efectivos. Los trabajadores públicos de las regiones son hoy casi 40.000 más que en 2007. Esto es un repunte del 2%. Por contra, el Estado ha reducido su personal casi un 6%. Antes de la debacle financiera mundial había 553.206 efectivos; en julio de 2016 había 524.314. De estos más de 25.000 empleos eliminados (Hacienda apunta que 14.133 empleos destruidos corresponden al ajuste y reestructuración de Renfe Operadora en 2014), en Madrid se pierden unos 10.000 y en Cataluña se dejan alrededor de 5.000. También se ha contraído el personal del conjunto de las administraciones locales. De 602.001 han pasado a 547.825. Esto representa una disminución del 13%.

Estos cambios son dispares si atendemos a la dedicación de cada uno de los funcionarios. Los recortes han recaído principalmente en puestos dedicados a la Administración general del Estado y a las consejerías. En este apartado más dedicado a la burocracia hay un descenso del 11%, unos 55.000 empleos. Caen en casi todas las categorías que gestiona el Estado: menos gente en ministerios, en la Seguridad Social, en Patrimonio Nacional y en la Agencia Tributaria. Se mantiene dentro de esta categoría el personal de docencia no universitaria y aumenta un 15% los trabajadores de los centros penitenciarios, con una cifra de 3.000 efectivos más.

Sin embargo, hoy hay alrededor de 25.000 agentes más de los distintos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y las CCAA, un 17% más. Hay un 8% más de personal sanitario. En esta categoría hay hoy 489.302 trabajadores por los 452.982 de enero de 2007. También ha crecido el personal en el área de la docencia no universitaria un 3%. Hay 17.000 empleados más: 530.619. Las CCAA experimentan un repunte de 4.000 trabajadores en personal de administración de justicia. En el Estado, la administración de justicia se mantiene. También es prácticamente invariable, con un mínimo repunte, los 120.000 puestos de trabajo que tienen las Fuerzas Armadas.

Se han reducido puestos en la parte administrativa y ha aumentado el personal sanitario y docente, así como las plantillas de los distintos cuerpos policiales

En cuanto a las diferencias de género, la Administración pública es hoy menos paritaria de lo que lo era hace nueve años. A diferencia de lo que ocurre en gran parte del sector privado, las mujeres son mayoría y las diferencias se han ampliado. En 2007 había 1.214.326 hombres y 1.297.712 mujeres. En 2016 hay 1.141.684 hombres y 1.381.135 mujeres. Disminuyen los trabajadores varones y aumentan las empleadas féminas. Hay una notable mayoría de mujeres en docencia y sanidad. En el resto de categorías existe más paridad, a excepción de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y Fuerzas Armadas, donde casi toda la plantilla está compuesta de hombres.

En lo que respecta al personal que trabaja en los ministerios, hay un descenso notable del 18%: han pasado de 230.996 empleados públicos a 190.858, 40.138 menos. De todos ellos, destaca la jibarización del Ministerio de Defensa. En enero de 2007 este ramo tenía 31.189 trabajadores mientras que en julio de 2016 había 18.086 efectivos. 13.103 menos, un descenso del 43%.


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Así converge el secesionismo catalán con Podemos para jaquear el sistema
Los soberanistas saben que no tienen mayoría para ejecutar sus planes y se han entregado con armas y bagajes, no solo a la CUP, sino también al populismo de los comunes de Colau
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  1 Enero 2017

Las dos amenazas al sistema constitucional se están haciendo una realidad cada día más consistente. En la medida en que se debilitan, se radicalizan —y esto es quizá lo más grave— funcionan como vasos comunicantes.

En Cataluña, el secesionismo pierde adeptos (véase la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat) y, simultáneamente, incrementa el desafío contra el Estado y la Constitución. El enjuiciamiento en febrero de Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, y el muy próximo también de Francesc Homs en la Sala Segunda del Tribunal Supremo, en todos los casos por desobediencia y prevaricación, ha espoleado el alma insurreccional del separatismo que ha llegado a una cota verbalmente virulenta por el proceso penal también a Carme Forcadell, presidenta de la Cámara legislativa.

Su respuesta a la acción de la justicia ha consistido en un acuerdo entre Junts Pel Sí y la CUP sobre la ley de transitoriedad llamada a regular la situación interina entre el referéndum previsto y la eventual declaración de independencia. Unilateralismo absoluto. El texto del anteproyecto es secreto —increíble, pero cierto— para apuntalar la precaria relación entre los exconvergentes, ERC y la CUP eludiendo, al tiempo, la segura impugnación gubernamental ante el Tribunal Constitucional. Esta circunstancia es compatible con el hecho inédito de que el Gobierno catalán no haya logrado que los anticapitalistas aprueben el Presupuesto.

Pese a la denominada operación Diálogo liderada por la vicepresidenta del Gobierno, Carles Puigdemont permanece firme en su decisión de no asistir a la Conferencia de Presidentes que se celebrará en enero, en la que Rajoy planteará la financiación autonómica y, al hilo de esta, adelantará las líneas maestras de los Presupuestos Generales del Estado. Además, el Parlamento catalán no presentará candidatos para sustituir a cuatro magistrados del Constitucional cuyo mandato vence de inmediato.

Los secesionistas, en este contexto, han “fichado” para su propósito a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que, aunque con el matiz de que el referéndum sea “legal y acordado”, algo inviable constitucionalmente, suma fuerzas con el separatismo (tres de cada cuatro votantes de Colau están por la independencia, según informaba 'La Vanguardia'). La edil barcelonesa es el nexo de unión entre el separatismo y las plataformas del populismo izquierdista que lidera Podemos en el resto de España.

Los soberanistas catalanes saben que no tienen mayoría para ejecutar sus planes y esa es la razón por la que se han entregado con armas y bagajes, no solo a la CUP, sino también al populismo de los comunes de Colau en Cataluña y a la apuesta por la “plurinacionalidad” de Podemos, que pretende abrir un proceso constituyente que altere los fundamentos de la actual Constitución, entre ellos, la indisolubilidad de la nación española y la forma monárquica del Estado.

La crisis de los morados, que en estas dos últimas semanas ha alcanzado su fase más aguda, ha radicalizado aún más a los seguidores de Pablo Iglesias frente a los de Íñigo Errejón, elevando aquel el diapasón de sus propuestas rupturistas y marginales que enlazan con la otra corriente populista y anticonstitucional que es la que representa el secesionismo catalán. En el cónclave que Podemos celebrará en febrero —y que seguramente vendrá precedido de una noche de cuchillos largos en la organización— se plasmará esta especie de entente entre separatistas y populistas para jaquear el sistema.

La convulsión catalana va a ser muy intensa y quizás exija del Estado medidas extraordinarias que podrían ser la gran coartada de los secesionistas para “explicar” su fracaso e ir a unas elecciones anticipadas en las que, muy probablemente, el poder en Cataluña pasaría a manos de una coalición entre ERC y Junqueras (primer hombre fuerte de Cataluña) y el partido que ya tiene en el horno Ada Colau amasado por Xavier Domènech (segundo hombre fuerte en Cataluña), estrechamente vinculado a Podemos.

Desde una Generalitat dominada por separatistas y populistas —con el peso cuantitativo y cualitativo que comporta— se producirían dos fenómenos: el primero será la liquidación del catalanismo burgués y moderado (que lo fue hasta 2012) y el definitivo ostracismo de Mas y Puigdemont; y el segundo, una alianza izquierdista de conveniencia para seguir hostigando al sistema constitucional de 1978.

La aparente tranquilidad con la que se encara 2017 suponiendo que los soberanistas catalanes están ahogados en sus contradicciones –lo cual es cierto, pero no desalentados— y los populistas de Podemos, deteriorados por su crisis interna pero decididos a buscar la quiebra institucional, es solo un espejismo, una voluntarista interpretación de los acontecimientos. La energía de la debilidad puede ser feroz.

Los procesos de radicalización de los unos y de los otros tratan de localizar en sus respectivos dogmatismos la fuerza que no han obtenido en las urnas ni en las instancias sociales, económicas y culturales del país. Comprueban ambos, además, que buena parte de su futuro depende de que sus objetivos, siquiera temporalmente, converjan en el hostigamiento a la Constitución de 1978 y en la deslegitimación de la transición.

En esta tesitura es urgente que el PSOE, además de componer su relación con el PSC, se dote de un líder y que Rajoy y Rivera solidifiquen su muy líquido acuerdo de investidura. Porque el PP, el PSOE y Ciudadanos son los tres contrafuertes del sistema. Si este desfallece, lo harán también los tres partidos que apuestan por su continuidad y reforzamiento. El momento es mucho más crítico de lo que algunas apariencias sugieren, incluido el sosegado balance y rueda de prensa que celebró en Moncloa el presidente del Gobierno.

dignidad y justicia presentará el informe
El Defensor del Pueblo respalda la acusación por lesa humanidad contra los jefes de ETA
El informe sobre las víctimas elaborado por el organismo se unirá a la investigación que dirigen los tribunales argentinos contra los responsables de la banda por este delito
Roberto R. Ballesteros El Confidencial  1 Enero 2017

El informe elaborado por el Defensor del Pueblo sobre 'Los derechos de las víctimas de ETA' llegará a la Corte Federal argentina que investiga a los jefes de la banda terrorista por el delito de lesa humanidad. La asociación Dignidad y Justicia, que presentó la querella que dio origen a la causa instruida por el juez Rodolfo Canicoba, presentará ante el tribunal el mencionado estudio con el fin de mostrar lo que consideran una vía judicial señalada por el Defensor del Pueblo para seguir avanzando en el procedimiento.

El estudio del departamento dirigido por Soledad Becerril, de hecho, enmienda la plana al último auto de la Audiencia Nacional que se negó a remitir a la corte federal argentina información sobre las causas rastreadas en España alegando que lo que reclamaban desde el otro lado del Atlántico era cosa juzgada. "Esta causa, que comenzó a dar sus primeros pasos en marzo de 2016, primero deberá acreditar que los atentados de ETA han sido investigados y juzgados en España, nunca desde la perspectiva de la lesa humanidad", subraya sin embargo el informe, que contradice al alto tribunal español y añade que, "aclarado este hecho, llegará el momento de proceder contra los querellados, cuya extradición será previsiblemente solicitada para interrogarles en Argentina".

El Defensor del Pueblo recuerda que "la Cámara Criminal y Correccional Federal de Argentina anuló el pasado mes de marzo el archivo de la querella presentada por Dignidad y Justicia contra 22 miembros de Batasuna y 19 jefes de ETA por lesa humanidad". "Tras esta resolución, el juez tendrá que admitir y abrir un procedimiento contra todos ellos para investigarles como inductores y partícipes de los crímenes de la organización terrorista ETA", subraya el documento, que agrega que el juez Canicoba llevará a cabo estas diligencias "por el principio de justicia universal una vez constatado y acreditado que en España la investigación por lesa humanidad se limitó a los crímines perpetrados a partir del 4 de octubre de 2004, que es cuando se incorporaron estos delitos a la legislación española".

Esta línea que aventura el Defensor del Pueblo replica a la apuntada por el mencionado auto de la Audiencia Nacional, que argumentó que Argentina no podía seguir por ese camino debido a que ya se había recorrido en España, algo que rechaza frontalmente también Dignidad y Justicia, que critica también las nulas diligencias seguidas por el alto tribunal español durante el último año, en el que la Audiencia Nacional ni siquiera a comunicado a los cinco procesados su situación.

En concreto, la Audiencia Nacional respondió a la comisión rogatoria remitida por Argentina que los tribunales de Buenos Aires "carecen de jurisdicción" para investigar estos hechos "conforme a la legislación interna". "Nuestros tribunales han rechazado la calificación jurídica de estos hechos como delito de lesa humanidad, pero han investigado y enjuiciado de forma efectiva a cientos de individuos por su participación" en los asesinatos cometidos por ETA, argumentó el alto tribunal español.

El informe del Defensor del Pueblo contradice el auto de la AN que consideró la investigación de Argentina contra ETA por lesa humanidad como "cosa juzgada"

Y es que en paralelo a la investigación abierta en Argentina existe otra instrucción iniciada meses antes en la Audiencia Nacional. En concreto, tras la admisión a trámite ordenada en julio de 2015 por el juez Juan Pablo González -entonces al frente del Juzgado Central 3- de la querella interpuesta también por Dignidad y Justicia. El magistrado procesó a cinco jefes de ETA por el mencionado delito de lesa humanidad. Se trataba de José Antonio Urruticoechea Bengoechea 'Josu Ternera', Garikoitz Aspiazu Rubina 'Txeroki', Mikel Carrera Sarobe 'Ata', Aitxol Iriondo Yarza y Aitor Elizarán Aguilar.

El instructor los consideraba los máximos responsables de los asesinatos en masa cometidos por la banda terrorista desde octubre de 2004 -que fue cuando se incorporó el tipo penal a la legislación española- hasta la actualidad. Se trataba de una investigación pionera en España no solo por el hecho de acusar a los jefes de ETA de un delito tan grave, sino también por hacerlo a través de la teoría de hacer responsable de un asesinato no solo a quien aprieta el gatillo sino también a quien ordena el crimen.

"El juez consideró que los máximos dirigentes de la organización terrorista no solo tuvieron conocimiento de la planificación de los atentados antes de que se cometieran, sino que impartieron a sus autores materiales las instrucciones para que los ejecutaran y eludieron intervenir para frenarlos", explica el Defensor del Pueblo en el citado informe. "Estos actos en modo alguno pudieron ser ejecutados sin que los autores materiales recibieran órdenes concretas y precisas de los máximos dirigentes", argumentó el auto del juez González que procesó a los cinco jefes de ETA mencionados en octubre de 2015.

Sin embargo, la causa ha avanzado a trompicones en la Audiencia Nacional tras el mencionado procesamiento. El juez González fue sustituido por la magistrada Carmen Lamela al frente del Juzgado número 3. La nueva inquilina, sin embargo, no tenía las mismas ganas de impulsar la causa contra ETA que su antecesor y sus hechos lo fueron demostrando. Nada más llegar a su nuevo despacho, protagonizó uno de los episodios más rocambolescos vividos en la Audiencia Nacional. Uno de los procesados, Aitor Elizarán, cumplía su condena en Francia, por lo que las autoridades galas decidieron enviarlo a Madrid. Sin embargo, y a pesar de que el juez de enlace con Francia Javier Gómez Bermúdez avisó de su llegada, ningún miembro de las fuerzas de seguridad le esperaba en el aeropuerto Adolfo Suárez.

La Fiscalía pidió su detención cuando Dignidad y Justicia lo solicitó, pero el dirigente etarra ya había desaparecido. La cambiante posición del Ministerio Público, que luego dijo que en realidad no había motivos para arrestar al etarra, y unas extrañas conversaciones entre la letrada del procesado y la Audiencia Nacional enturbiaron aún más el asunto, que derivó en una serie de recursos de los querellantes que aún no han sido ni resueltos por la jueza Lamela.

Luego la magistrada decidió trocear el procedimiento y repartir la causa en diferentes juzgados de la Audiencia Nacional que habían investigado asuntos relacionados con los cinco procesados. Argumentó la titular del Juzgado número 3 que de esta forma se evitarían "retrasos injustificados" y se aceleraría la instrucción. Sin embargo, desde que Lamela tomó esa decisión, la causa ha permanecido paralizada. Ninguno de los jueces que se repartieron el procedimiento ha tomado decisión alguna en relación con la investigación más allá de la que tomó la propia Lamela de excluir de la causa a Elizarán porque algunos informes le sitúan como número dos de la banda, y no como máximo responsable, resolución recurrida por los querellantes, que entienden que lo importante no es que fuera el jefe, sino que estuviera en la cúpula, en el órgano que dictaminó asesinar.

Pero no es solo que los jueces responsables no hayan tomado decisión alguna, sino que la propia Lamela ha seguido pronunciándose sobre determinados extremos de la causa a pesar de haberse inhibido de la mayoría de ellos. En concreto, sobre el mencionado levantamiento del procesamiento a Elizarán. La jueza lo ordenó el pasado 20 de abril, 19 días después de que la Sala de lo Penal confirmara la inhibición que antes había acordado la propia Lamela a favor de los juzgados 1, 4 y 6, que únicamente dejaba a la magistrada la competencia para investigar el asesinato de Isaías Carrasco cometido el 7 de marzo de 2008. Quedaba al margen de sus atribuciones, por lo tanto, la actuación de Elizarán, que se sitúa en la cúpula de ETA únicamente desde mayo de 2008 hasta octubre de 2009, cuando es detenido. Esta supuesta falta de competencia seguirá peleándola jurídicamente Dignidad y Justicia, que prepara ya acciones legales en ese sentido.
 


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