AGLI Recortes de Prensa   Jueves 5  Enero 2017

tribuna del editor
A gestionar, a gestionar, hasta enterrarlos en el mar
Julio Ariza gaceta.es  5 Enero 2017

Con Rajoy la política, esa actividad que consiste en legislar para propiciar La Paz, la justicia y la libertad en un colectivo humano, se ha delegado a los más radicales de la izquierda ideológica.

Mariano no quiere líos, él a gestionar lo que hay, con el menor número de sobresaltos y, sobretodo, a seguir en el castillo.

Esto de gobernar España es muy pesado y la gente no se conforma con nada. Por el contrario convivir con los "media" cada día resulta menos complicado: cuantas más opiniones publicadas existen, menos relevancia tiene cada opinión.

Gestionar es la palabra talismán, sacar de los bolsillos de la gente el mayor número de euros posible y gastarlos con la vista puesta en el rédito electoral. Es desconocido cualquier esfuerzo por diseccionar con mano prudente la relación de los gastos con el propósito de racionalizarlo y limitarlo.

Cuando hoy leía la noticia sobre la multa de 220.000 euritos de la comisión de la competencia a TVE por emitir publicidad encubierta, me ha costado contener una carcajada. ¡Reír por no llorar, claro! Resulta que el Estado sanciona a uno de sus entes, por él financiado, para que los españoles paganos cubramos la multita. ¡Glorioso! Este año serán 700 milloncitos más los 220.000 de la sanción.

Y TVE a comprar más partidos de fútbol, más películas, más contertulios estabulados, o más derechos de conciertos de Año Nuevo. Y así Antena 3 y Telecinco a repartir porquería televisiva a los espectadores y jugoso dividendo a sus dueños.

Pero sigamos con lo de la dichosa gestión. La priorización de los gastos en el presupuesto público es, en muchos casos, escandalosa por injusta. ¿O no es radicalmente injusto que se dedique dinero público a pagar abortos voluntarios, financiar películas, reducir el IVA de los diarios o los libros, pagar operaciones de cambio de sexo, donar dos mil millones a la agencia española de cooperación para proyectos que no pueden creerse, montar referéndums de independencia, dedicar mil millones a televisiones autonómicas, duplicar organismos en todos los niveles de la administración y sustraer esos recursos a la ayuda a los ancianos impedidos, a las familias con hijos pequeños en situaciones de extrema miseria, a las mujeres embarazadas sin recursos o a los parados de larga duración?

A eso le llaman "gestionar".

Pero no nos olvidemos de la Política con mayúsculas, esa que sobre todo sirve para buscar la convivencia en paz y la protección de los derechos fundamentales. Ahí las cosas se ponen peor si cabe. Veamos algunos ejemplos clarificadores:

Cifuentes amenaza con retirar el concierto a un colegio de ideario católico por una carta del director del centro a los padres de los alumnos que contenía críticas a la legislación de género. No sólo el concierto educativo se entiende como una "gracia" que los gobernantes donan a una institución educativa, sino que su concesión se condiciona a la sumisión ideológica al gobierno de turno. Mientras el "populista" Trump propone ya avanzar hacia el cheque escolar que garantice la libertad de los padres en la elección de colegio y potencie la competencia entre escuelas en la búsqueda de la excelencia educativa, la demócrata Cifuentes -y amigos y compañeros- utilizan el dinero de todos para embridar a los ciudadanos y limitar sus libertades.

Lo de los impuestos ya va clamando al cielo. Sin contar la insoportable carga que llega incluso a obligar a pagar IRPF incluso a los pensionistas por su pensión, el poder de la Agencia Tributaria sobre el contribuyente es arrollador en sentido estricto. Los ejercicios fiscales ya no prescriben nunca, la carga de la prueba recae en la "víctima", la interpretación de las normas fiscales es discrecional y mutable en el tiempo, se instituye la retroactividad en la aplicación de las leyes. ¡De locos!

Lo de la protección del derecho a la propiedad privada es digno de la codorniz. Tienes un piso, entran unos tíos con patada en la puerta y se meten dentro. ¡Ole! Ya tienen el título de "Ocupas". Enhorabuena ciudadano tu escritura de propiedad de la vivienda pasa a ser un título honorífico, como si te nombraran duque de Lepe, ahora eres el flamante propietario de un piso cuyo poseedor y usufructuario es el Ocupa. Y no te pongas tonto porque como te revuelvas contra la situación te puede caer la del pulpo.

Y las pensiones, ¡ay las pensiones! Que nos han roto la hucha, bueno nos la están "gestionando". Del cerdito, que algunos han rellenado de monedas durante decenas de años, no queda ni la cola. Mientras altos funcionarios del Estado de bienestar cuentan sobre una mesa los ahorros y deciden gastarlos en fomentar todos aquellos "modelos de familia" que no puedan reproducirse y procrear, no sea que haya más niños que puedan ayudar mañana a rellenar otra vez el cerdito. Osea, peligran las pensiones porque se ha invertido la pirámide de población, solución: potenciar uniones que para reproducirse deban consumir ingentes recursos del sistema de salud para alumbrar una criatura humana! La otra palabra clave es "refugiar".

Consiste en lo siguiente: gobernar y legislar de tal manera que vaciemos de nuestros conciudadanos más emprendedores y trabajadores nuestro país, obligándoles a emigrar, "refugiarse", a otros destinos que les ofrecen más oportunidades, mientras abrimos nuestras fronteras, y concedemos los subsidios que hemos montado con el vaciado de la hucha de las pensiones, a "refugiados" de culturas que proponen nuestra aniquilación. Otro caso paradigmático de "gestión".

Los esfuerzos por demostrar lo evidente son muy agotadores. Los ejemplos expuestos son una minúscula parte de los que se pueden encontrar en un desapasionado ejercicio de reflexión sobre la vida pública en España, pero su sencillo relato es estremecedor.

Se me antoja estar viendo una caterva de políticos de todos los colores, como decía Hayek en su Camino de Servidumbre, socialdemócratas de todos los partidos avanzando hacia nosotros al son de una soflama: "a gestionar, a gestionar hasta enterrarlos en el mar".

Un líder del siglo XXI
Emilio Campmany Libertad Digital 5 Enero 2017

¿Será Patxi López el próximo líder del PSOE? ¿Y qué cabría esperar de él?

No descubro nada si recuerdo que el PSOE atraviesa una grave crisis. Ya se ha visto que Pedro Sánchez carece de las aptitudes mínimas exigibles para sacarlo de ella. Y da la impresión de que a Susana Díaz le viene grande la tarea. Estas últimas semanas se ha hablado de la posibilidad de una tercera vía encabezada por Patxi López. Y algo debe de estar cociéndose cuando el vasco ha publicado en El País un artículo donde nos propone a los españoles una nueva política para el siglo XXI.

Según Patxi López, España ya no es una nación. Como mucho es "la casa común", que es como se titula el artículo. Y en cualquier caso no es una, sino varias. "España es una historia con muchas historias"; "España es un conjunto de sociedades plurales y diversas" (nótese que no sólo es plural y diversa España, sino también las sociedades que la integran). Según López, hay que sellar una nueva concordia, un doble pacto entre ciudadanos y territorios. "Los conceptos como nación o soberanía, en el siglo XXI, ya no tienen ni la carga ni el contenido del XIX". Hoy ya no existe, al parecer, la soberanía exclusiva y excluyente. Los dos retos básicos a los que hay que hacer frente son corregir la desigualdad territorial y gestionar la diversidad identitaria. Para lo primero, lo que hay que hacer es transferir rentas de un territorio a otro. En cuanto a lo segundo, su idea es prescindir de la identidad como elemento legitimador de la unidad social. Ya no hay identidad que nos una. El derecho a decidir, tal y como lo entiende López, consiste en que cada cual tiene derecho exclusivo a decidir sobre su propia identidad. Y los demás no tienen nada que opinar al respecto. Patxi López no da un ejemplo, pero parece que lo que quiere decir es que si yo me siento austriaco, kurdo o batusi, el Estado no es quién para recordarme que soy español. Por otra parte, para disfrutar de los derechos que en España tiene la gente, da igual lo que uno sea, entre otras cosas, porque será lo que le dé la gana de ser.

Esto deja al nacionalismo a los pies de los caballos. Si las naciones han dejado de existir, si la soberanía es un concepto prescindible, si cada cual tiene la identidad que le peta, ¿qué sentido tiene ser nacionalista? Lo que hace López es negar a los independentistas el derecho a serlo negando la nación, cualquier nación. Eso incluye desde luego a la nación española, pero también a la catalana y a la vasca y a cualquier otra que pudiera anidar en la imaginación de los nacionalistas. En medio de este piélago de disparates, a López se le olvida resolver un pequeño problema, el de señalar, abolida la soberanía, el origen de la legitimidad del Gobierno, cualquier Gobierno, para exigir impuestos y monopolizar el uso de la violencia. Pues, aunque no lo parezca, es una cuestión que es indispensable resolver, incluso en el siglo XXI.

La nueva izquierda y la culpa del terrorismo
Hay quien utiliza la violencia terrorista para construir un discurso político, o mediático, que sirva para derribar gobiernos, impulsar políticas, obtener notoriedad o mover a las masas.
Jorge Vilches  vozpopuli.com 5 Enero 2017

Todavía hay quien se sorprende de que las izquierdas no culpen de los asesinatos a los terroristas, sino al gobierno de la víctima. Los últimos atentados en Berlín, Estambul o Irak nos han mostrado una vez más el pensamiento del populismo socialista que anega medios de comunicación y políticos televisivos. Su discurso es previsible: la petición de más control hace crecer a la extrema derecha, la responsabilidad es de los gobiernos occidentales, y la necesidad de hacer pedagogía para comprender la justicia de la idea que está detrás del terrorista.

Nada nuevo, aunque sí preocupante. La Nueva Izquierda de los sesenta presentó los terrorismos como una reacción lógica y justa a la opresión imperialista, capitalista y occidental. Eran movimientos de liberación nacional o social, expresión popular de la imposibilidad de los regímenes para aceptar que una “mayoría social” estaba en contra de las élites extractivas, la casta, los privilegiados o la oligarquía. El asesinato, el boicot, el secuestro, la extorsión y el robo eran manifestaciones de un pueblo oprimido por otro o por el establishment. Y los occidentales aburguesados de entonces, esos que cantaban a la revolución con la guitarra comprada por sus papás, y llamaban “fascista” a todo aquel que no pensara como ellos, veneraban al asesino Che Guevara, a los genocidas Guardias Rojos maoístas, a los criminales Pol Pot y Fidel Castro, así como a cualquier grupo terrorista que se dijera de izquierdas, como ETA.

Esa izquierda justificadora del terrorismo ha existido siempre en España. Sin embargo, hasta ahora había sido algo propio de grupúsculos. La crisis del régimen del 78, sobre todo por el desmoronamiento del PSOE, que ha abierto el campo a opciones izquierdistas varias, ha permitido que ese discurso aparezca como dominante.

El populismo socialista ha tomado como buena la interpretación que de la Transición hacían los grupos terroristas izquierdistas y la está difundiendo con éxito. El relato es tan infantil como poderoso. La democracia actual es heredera del franquismo, dicen, porque no es nada más que un truco de las “élites extractivas” para seguir enriqueciéndose. Se quitaron de en medio un régimen, el franquista, que no encajaba con las inquietudes de la clase media española ni con el entorno internacional. Nació así la farsa del régimen del 78: una falsa democracia, “atada y bien atada”, para continuar la extracción. Con ello, dicen podemitas, cuperos y escritores progres de la izquierda mediática, se hurtó al pueblo el ajuste de cuentas con la dictadura y la posibilidad de decidir su futuro. Por eso, concluyen, hay monarquía y no república, democracia liberal y no democracia social, así como una unidad nacional impuesta y no el “derecho a decidir” de sujetos colectivos inventados.

Esta interpretación del cambio de régimen sigue el viejo y falso mecanismo analítico marxista: la contradicción entre la infraestructura económica y la superestructura jurídica obliga a una transformación pero que, con el típico victimismo izquierdista, ha sido hasta ahora un giro lampedusiano: que todo cambie para que no cambie nada.

Estos izquierdistas han diluido el concepto de violencia, y se les oye decir que es más violento un desahucio o una persona rebuscando en la basura que un atentado terrorista. Es más; sostienen que una persona se decide a matar porque es pobre, o porque siente que los derechos del sujeto colectivo al que cree pertenecer no son respetados lo suficiente, o porque no se le escucha.

El mecanismo es sencillo: si no es posible llegar por las buenas al paraíso socialista o a la comunidad homogénea imaginada, se impone por la fuerza. La violencia se convierte así en una manifestación política como otra cualquiera, donde las víctimas son tanto los muertos como los asesinos, pero el culpable es el gobierno que no escucha al grupo terrorista. Ya dijo la alcaldesa de Madrid que la solución al yihadismo era sentarse a hablar con ellos. Y vimos a Pablo Iglesias teatralizando su horror a la “cal viva” del PSOE de González, al tiempo que aplaudía a Otegi.

La segunda rebelión de las masas, ésta que vivimos, se produce contra esta concatenación de estulticias, esas mismas que nos están llevando al abismo, a una decadencia que, sin entrar en el organicismo de Oswald Spengler, es más que evidente. Todo este tercermundismo y multiculturalismo impuesto por el consenso socialdemócrata, y que se ha convertido en el mainstream, en lo políticamente correcto, está tocando a su fin.

El socialismo no fue el culpable de que una de sus interpretaciones, que fue la nacionalsocialista, sostuviera la necesidad de reconstruir su comunidad pasando por el genocidio. Tampoco el islam es culpable de que la interpretación yihadista del Corán lleve el terror a todo el planeta. Y menos aún las sociedades occidentales y sus gobiernos son culpables del terrorismo. Sin embargo, tenemos a quien utiliza la violencia terrorista para construir un discurso político, o mediático, que sirva para derribar gobiernos, impulsar políticas, obtener notoriedad, o mover a las masas.

Los culpables del terrorismo son única y exclusivamente los terroristas, pero hay gente que no lo quiere comprender, que miente, o que construye otro discurso para atacar a los adversarios políticos. ¿O es que hemos olvidado lo que ocurrió tras los atentados del 11-M en Madrid?

La cuestión catalana
El cansancio crece entre los catalanes, mientras sus problemas diarios se multiplican
José María Carrascal ABC  5 Enero 2017

Cuando el Sr. Puigdemont dice «en 2017 los catalanes celebraremos un referéndum legal» está pronunciando un oxímoron, término de moda que consiste en engarzar una palabra a otra de sentido opuesto. Algo así como «lo blanco negro». Ni catalanes, ni vascos, ni gallegos ni ninguna otra variedad del pueblo español pueden celebrar un referéndum legal de independencia, al ser ilegal por naturaleza. Incluso con permiso del Gobierno, que no tiene poderes para ello, al contradecir la unidad de España dispuesta en la Constitución. Habría que cambiar esta, algo que requiere la conformidad de todos los españoles, y la apropiación indebida por sólo una parte de ellos constituiría un robo a los demás. Eso lo sabe perfectamente el Sr. Puigdemont, pese a los informes de los expertos que le dicen que Cervantes, Colón, Santa Teresa y Leonardo da Vinci eran catalanes.

¿Por qué insiste? Pues porque su partido ha caído en su propia trampa: incluyó la independencia en el programa electoral y ya no puede dar marcha atrás. Así que viene trampeando desde hace años y retrocediendo hasta haber quedado en manos de quienes representan el polo opuesto en la sociedad catalana.

¿Y por qué Rajoy insiste en su oferta de diálogo, de negociación, de concesiones incluso? A estas alturas, le conocemos lo suficiente para imaginárnoslo. En vez de sentarse a esperar que el tiempo lo arregle, como suele presentársele, practica la estrategia opuesta a la de Aníbal, que colocaba en el centro las tropas más débiles para que el enemigo irrumpiera por esa brecha y rodearlo luego con la caballería por las bandas hasta destruirlo. Rajoy, en cambio, acoraza el centro -lo no transferible- y deja a los rivales atacar por las alas e incluso ir más allá de donde debieran, hasta quedarse aislados y sin fuerzas. En otras palabras: cargarse de razones, demostrar que él es razonable y sus rivales no. Es como los independentistas pierden terreno conforme el cansancio crece entre los catalanes que no ven avances hacia el soberanismo, mientras sus problemas diarios se multiplican, y la indignación se acentúa entre el resto de los españoles, hartos de tanta reclamación, de tanta soberbia, de tanto victimismo. Lo que hace cada vez más difícil que encuentren aliados para su causa, incluso entre los que simpatizan con ella, como ocurre con buena parte de la izquierda, que está descubriendo que nacionalismo no significa progresismo, sino todo lo contrario. Aunque falta todavía mucha labor pedagógica en este campo.

Naturalmente, este es un escenario racional. Y la política no es siempre racional, sobre todo la nacionalista y la izquierdista, que se mueven más en la utopía que en la realidad. Para esa eventualidad, Rajoy guarda una carta en la manga: nuevas elecciones, que dice no desear, pero que no tendrá más remedio que convocar si la izquierda y los nacionalistas siguen en las nubes, impidiéndole gobernar. Para entonces confía en haber demostrado que ni la una ni los otros son de fiar. Si es que antes no se han autodestruido en sus luchas internas.

Sospechosa dilación judicial en torno a los Pujol
EDITORIAL Libertad Digital  5 Enero 2017

El retraso de las sentencias en torno a los Pujol es de tal envergadura que cabe cuestionarse si no obedecerá también a la politización de la Justicia.

Como es público y notorio, pesan contra la familia Pujol desde hace mucho tiempo muchas y, sobre todo, muy graves acusaciones de corrupción, sin que ninguno de sus miembros haya sido hasta la fecha absuelto o condenado por tribunal alguno.

Algunos dirán que esta vergonzosa situación no obedece más que a uno de los dos grandes males que, ciertamente, aquejan a nuestro Estado de Derecho: la lentitud de la Justicia. Ahora bien, el retraso de los pronunciamientos judiciales en torno a la familia del expresidente regional es de tal envergadura que cabe cuestionarse si no obedecerá también a la otra gran lacra de nuestra administración de justicia: la politización. Sobre todo si se repara en noticias como la que este miércoles publicaba el diario El Mundo, según la cual la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) de la Policía habría presentado ante la Audiencia Nacional un nuevo informe en el que implica al exministro de Ciencia y Tecnología y exsecretario de Estado de Comercio Juan Costa y al exsecretario de Comercio José Manuel Fernández Norniella en la obtención de fondos públicos para la empresa Ibadesa, participada por Jordi Pujol Ferrusola y estrechamente vinculada a José Herrero de Egaña, sobrino político de la actual ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal.

El tiempo y los tribunales dirán, ciertamente, si las acusaciones de la Policía contra Costa y Norniella, según las cuales ambos habrían conseguido para los Pujol fondos públicos para "proyectos africanos", son ciertas y constitutivas de delito. Lo que sería una vergüenza es que esta presunta implicación de altos cargos del PP en la corrupción relacionada con los Pujol influyera en el retraso o en el sentido del fallo judicial.

La corrupción de los nacionalistas catalanes fue un secreto a voces durante mucho tiempo, como bien ilustró Pasqual Maragall con su célebre acusación del tres per cent. El hecho de que los nacionalistas tuvieran durante tantos años la llave de la gobernabilidad, con el PSOE y con el PP, explicaría el clamoroso silencio y la vista gorda durante tanto tiempo de los dos grandes partidos nacionales ante la corrupción de los nacionalistas o ante su no menos ilegal inmersión lingüística. El hecho de que los nacionalistas estén embarcados ahora en un proceso todavía más grave e ilegal, como es su desafío secesionista, hace todavía más injustificable una dilación judicial que cada día que pasa adquiere más tintes de impunidad.

La cabalgata de Vic y las técnicas de reproducción nacionalista
Uno los procedimientos de producción y reproducción del nacionalismo consiste, precisamente, en la politización de la vida colectiva
José Antonio Zarzalejos El Confidencial  5 Enero 2017

Se ha escrito que la cabalgata de Reyes de Vic, un acto de exaltación secesionista a través de la exhibición de símbolos inequívocos, resulta una manipulación “repugnante” y también “obscena” de una tradicional expresión de ilusión infantil. Es cierto, pero dejar ahí el análisis de la desfachatez del nacionalismo radical catalán, resulta insuficiente. Porque, siendo cierto que la manipulación es artera para los que no militan en el credo separatista, para los que sí lo hacen no lo es en absoluto. Forma parte de las muy estudiadas técnicas de producción y reproducción del nacionalismo, muy bien estudiadas a mediados de los años ochenta –si bien referidas al vasco- por el sociólogo Alfonso Pérez Agote ('La reproducción del nacionalismo. El caso vasco' de 1984 y 'El nacionalismo vasco a la salida del franquismo' 1987).

Aunque entre el nacionalismo vasco y el catalán hay que salvar muchas diferencias, en las formas de reproducción ideológica y sentimental de las emociones y percepciones de pertenencia excluyente a la –para ellos- patria catalana y vasca, existen numerosas coincidencias. Pérez Agote señala que uno los procedimientos de producción y reproducción del nacionalismo consiste, precisamente, en la politización de la vida colectiva. Para la expansión del nacionalismo –mucho más cuando se transforma en abierto secesionismo- no hay expresión social, sea de la naturaleza que fuere, que no sea susceptible de ser politizada, incluidas las infantiles. De hecho, las más rentables en la fase reproductiva ideológica, son las que impactan en los niños y en los jóvenes. El adoctrinamiento escolar es el instrumento más preciado de todos los nacionalismos para su arraigo y viabilidad, más aún si se supedita el idioma del territorio a ese objetivo de nacionalización.

En la politización de la vida colectiva juegan otros factores: el deporte, el folclore y la propia religión. Este último es un aspecto esencial en la reproducción del nacionalismo (como en su momento lo fue en la construcción del nacionalismo español bajo el franquismo). “Queremos obispos catalanes” o “vascos” ha sido siempre una consigna del nacionalismo que ha tenido en no pocos clérigos a los teóricos más radicales de su construcción mítica y romántica. En parte, la evolución de los acontecimiento en el País Vasco se explica por una nueva jerarquía eclesiástica que ha sustituido a otra extremadamente politizada (Uriarte, Setién), mientras que en Cataluña la huella clerical y confesional sigue siendo pronunciada, entre otras razones por la militancia, más o menos discreta, de los prelados de la región tarraconense (Barcelona, Tarragona, Girona, Lleida, Vic, Tortosa, Urgell, Solsona, Tarrassa y Sant Feliu). La cabalgata de Reyes es una manifestación que ha perdido connotaciones confesionales, pero sigue teniéndolas de manera incuestionable.
abalgata de Vic podía haber sido organizada perfectamente por un departamento de agitación y propaganda de cualquier régimen ultranacionalista. Conociendo algo a la sociedad catalana, hay que dar por hecho que la retransmisión de la cabalgata y el simbolismo secesionismo que incorpora ha incomodado a muchos, incluidos a algunos secesionistas. Pero allí reina la “espiral de silencio” y el “unanimismo” que con tanta destreza intelectual ha tratado el filósofo barcelonés Manuel Cruz. Hay silencios –y tenemos ejemplos recientes y mediatos en nuestra historia- que terminan pagándose a altísimo precio. La avenencia del Gobierno catalán a la celebración politizada de la cabalgata de Vic, retransmitida por la TV3, pública, le retrata mucho más que cualquier otra declaración o decisión. Y ofrece su imagen más declinante.

Entre populismo e islamismo
Zoé Valdés Libertad Digital  5 Enero 2017

Los sabios del lenguaje han elegido 'populismo' como la palabra del año. Es una elección políticamente correcta, así lo veo.

Los sabios del lenguaje han elegido populismo como la palabra del año. Es una elección políticamente correcta, así lo veo. Populismo no es ni remotamente la palabra más pronunciada ni la que mayor efecto ha causado en la población mundial. La palabra más usada y la que peores resonancias posee en la actualidad es islamismo. Pero ¿quién se atreve a reconocerlo? Nadie.

Detrás de la palabra islamismo podrían haber escogido terrorismo, pero tampoco. Huy, qué miedo. Y sin embargo, quién puede dudar de que de lo que más se habló en 2016 fue de terrorismo.

Sucede entonces que populismo es la palabra de moda entre la izquierda para designar al fenómeno ocurrido en Estados Unidos con Donald Trump, y basta. Entonces, hay que recordarla hasta el exceso y el aburrimiento. Por el contrario, islamismo y terrorismo son palabras que pudieran arriesgar verse contenidas dentro de los propósitos correctísimos de la izquierda, puesto que esa misma izquierda reacia frente al catolicismo y el judaísmo resulta muy benévola con y hasta defensora del islamismo, sin preocuparse de lo que sucede con las mujeres y con los homosexuales bajo la égida del islamismo, inquietándose a duras penas por el terrorismo cometido una y otra vez, casi a diario, bajo el amparo del Corán.

Ahora que están de moda las encuestas, debiera hacerse una encuesta seria sobre qué piensan los ciudadanos acerca de esas palabras y bajo cuáles de ellas se sentirían más inseguros. Creo que una gran mayoría se sentirían menos protegidos por el islamismo, pero ¿lo dirían?

Populismo nunca fue palabra del año durante las cinco décadas de populismo tiránico de Fidel Castro, seis con Raúl, incluso allí nunca ha aplicado, y tampoco durante la época de Hugo Chávez, y menos en la de Nicolás Maduro, ni en la de todos esos regímenes populacheros, como los de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina con los esposos Kirchner y Brasil con Dilma Rousseff. Qué va. Esos eran para algunos, y para los sabios de la lengua, regímenes más que normalitos para una región donde el caudillismo es apreciado como la única opción que se merecen los inditos, que ya bastante lejos han llegado con tener incluso hasta mujeres que los gobiernen y los metan en cintura robándoles todo y asesinando, como Cristina Kirchner en Argentina.

No, populista es Trump, según se dijo, por su forma de hablar, de acusar, de poseer, de ser capitalista, de insultar, y hasta de tuitear y de dormir. Populista no era Hillary, tampoco Obama, que usaron todos los medios que usan grandes populistas como los Castro para arengar al pueblo, como echar mano de conciertos protagonizados por artistas famosos de dudosa calidad que responden como soldados a su ideología, defensores todos del islamismo, sin tener en cuenta siquiera las otras causas por las que ellos mismos abogan, contra la homofobia, a favor del feminismo, etc., por las que el islamismo no está muy por la labor. No, a eso no lo llaman populismo.

Lo que es una realidad es que la funcionalidad del mundo se reduce hoy en día a esos dos supuestos contrarios: populismo e islamismo. Pero son pocos los que quieren ver y mucho menos aceptar la invasión nefasta y criminal del segundo.

Personalmente, yo no hubiera elegido populismo como la palabra del año. Yo hubiera elegido islamismo, por la connotación destructora y perjudicial para la vida que lleva implícita, siendo a mi juicio peor que cualquier populismo, aunque sean los populismos de extrema izquierda los que se hayan aliado al islamismo, viéndolo como una religión reivindicadora de justicia y demás tonterías izquierdosas.

Sin embargo, en verdad la palabra que más me ha gustado este año desde el punto de vista netamente literario la descubrí en Facebook, la inventó un amigo llamado Alfonso del Pozo y es cojoño, una mezcla de cojones con coño. ¡Cojoño! Es lo que hay que exclamar ante tanta corrección política frente al islamismo y al populismo de receta.

Piden dinamitar el Valle de los Caídos en 2017
La izquierda siembra odio hasta en su felicitación navideña

A. B gaceta.es 5 Enero 2017

Colectivos izquierdistas de la Memoria Histórica han vuelto a sembrar odio en la felicitación del nuevo año. La Federación Estatal de Foros por la Memoria (FEFFM), una organización constituida desde el espíritu revanchista en 2004 con el objetivo de "recuperar la memoria de los que lucharon por la República", ha felicitado el 2017 con una imagen en la que piden un año "sin calles franquistas" en Madrid.

Cabe señalar que esta asociación exige que se suprima la calle del Comandante Zorita, al que atribuyen su participación en el bombardeo de Guernica cuando en abril del 37 era un simple soldado de infantería, la calle de los Caídos de la División Azul, la plaza del Caudillo, la avenida del General Fanjul, la avenida del Arco de la Victoria, la calle Hermanos García Noblejas, la calle General Yagüe, entre otras, y reclaman que los Ayuntamientos hagan tabla rasa de la historia de España y eliminen las placas, todas las denominaciones de edificios públicos y los reconocimientos honoríficos.

Además, una de sus integrantes ha compartido un gif en el que un misil dinamita el Valle de los Caídos. "Os deseo un feliz 2017. ¿Os imagináis? Abrazos". La destrucción del Valle de los Caídos, un espacio de Memoria y de indudable valor arquitectónico e histórico, es una de las reivindicaciones de la izquierda en los últimos años. Así, medios como el de Ignacio Escolar pidieron su liquidación por ser "un lugar maldito" y ERC registró en el Congreso una proposición no de ley que pedía la exhumación de los restos de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco y el traslado de los últimos del Valle de los Caídos, así como que el lugar se convierta en un monumento "en honor real de las víctimas". "Si fuera por ERC, esta especie de mausoleo en honor al fascismo llamado Valle de los Caídos, por cierto, pagado y mantenido por todos, sería derruido", dijo el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián.

Foro de la Memoria está muy ligada a Izquierda Unida, formación que instó a la ilegalización de la Fundación Francisco Franco y registró una proposición no de ley en el Congreso para que éste repruebe su actividad y le acusó de organizar actos de "enaltecimiento" del general. En una nota, IU señaló que el cumplimiento de la ley era para todos y acusó al Gobierno de "pasividad cómplice frente a los flagrantes incumplimientos de una Fundación que actúa en contra de la legalidad vigente".

La Fundación respondió asegurando que es una organización legal que no tiene incumplimientos ante, por ejemplo, la Seguridad Social, “muy al contrario de lo que le ocurre a Izquierda Unida, tan preocupada en sus discursos por los temas sociales y laborales, que debe cantidades astronómicas a dicho organismo público en concepto de cotizaciones de sus propios trabajadores” y que “no organiza actos de enaltecimiento del dictador”, sino “actos de homenaje a quien fuera Jefe del Estado para dar a conocer los muchos logros alcanzados para España durante su gobierno”. Además, señaló que “no recibe en la actualidad ninguna subvención ni ayuda pública” y recordó que, sin embargo, “se cuentan por decenas las organizaciones que sí reciben dinero de todos los españoles y cuya única e inmoral finalidad es reavivar odios apagados y reabrir heridas cerradas hace muchos años".

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Navarra: entre la “inacción española” y la ofensiva panvasquista

José Basaburua latribunadelpaisvasco.com  5 Enero 2017

El pasado 13 de septiembre de 2016, con motivo del nuevo envite desplegado desde los partidos separatistas pancatalanistas, el diario Gara en su portada valoraba inequívocamente la situación global, y de una manera muy clara, de esta manera: "El proceso de ruptura se reaviva con la Diada y la inacción española". Y en caracteres de menor tamaño, concretaba más: "Madrid sigue sin respuesta alguna, más allá de la amenaza habitual, a la nueva demanda de consulta de Puigdemont. Junts pel Sí se reafirma en culminar el proceso en 2017".

La expresión de “inacción española” no viene siendo, para nada, excepcional en los titulares y análisis habituales de este medio separatista, en el que no se da puntada sin hilo. También por lo que se refiere a Vascongadas y Navarra. De este modo, para los separatistas radicales, la iniciativa estratégica correspondería siempre a las fuerzas secesionistas, respondiendo las fuerzas “españolistas” –conforme a su criterio- con unas respuestas tácticas meramente reactivas y carentes de calado.

Hemos mencionado a Navarra; una comunidad presidida por una presidente nacionalista panvasquista, apoyada por un “cuatripartito” radical-progresista-separatista, que viene arrollando en el Parlamento y en la calle, con una cascada interminable de iniciativas de todo tipo, a los “españolistas” de UPN, PP y PSOE.

El “cambio” en Navarra
Debemos realizar una primera precisión para entender lo que viene sucediendo en Navarra desde que se inició el denominado “cambio” hace ya más de un año. Así, tanto desde los partidos españolistas-constitucionalistas, como por parte de los radical-progresistas-separatistas, se “hace política” con mayor o menor fortuna, pero “no se juega a lo mismo”, ni en “la misma liga”. Tampoco ambos “bloques” persiguen idénticos fines, ni se sirven de los mismos medios. Y todos ellos lo saben; aunque, especialmente entre los primeros, muchos no quieran darse por enterados.

Un espacio común de reflexión para todos ellos tuvo lugar al hacerse público, en los primeros días del pasado mes de diciembre, en los medios de comunicación navarros el último estudio demoscópico relevante. No obstante, tales reacciones de los diversos partidos políticos navarros ante el barómetro de opinión del Departamento de Sociología de la UPNA no aportaron ninguna clave interpretativa original; no en vano, tal y como suele suceder en situaciones similares, todos se sentían beneficiados.

Como se recordará, este estudio demoscópico anticipaba un mínimo “baile” de escaños; de modo que UPN repetiría resultados (15 escaños al Parlamento Foral), los separatistas de Geroa Bai y EH Bildu mantendrían sus 17 escaños (produciéndose un mínimo pero significativo trasvase de 1 escaño desde los primeros a los segundos), el PSOE mantendrías sus 7 actuales, Izquierda-Ezkerra los 2 suyos, Podemos bajaría de 7 a 6 y el PPN ganaría 1, quedándose en 3. Ciudadanos continuaría fuera.

Ciertamente, un único escaño arañado por la oposición constitucionalista a la suma que sustenta al cuatripartito radical-progresista-separatista le alumbraría la posibilidad de que –siempre con el beneplácito del PSOE- recuperara en unas futuras elecciones parte de las posiciones perdidas con su desalojo del Gobierno y de la mayoría de las instituciones navarras.

Koldo Martínez, por parte del Gobierno Foral, respondió con el argumento de que el Ejecutivo nacionalista disponía –todavía- de buena parte de la legislatura para revertir tan leve retroceso. Y no le faltaba razón. No en vano, el hecho de que muchos consultados en las encuestas desaprobaran ciertas prácticas, de las políticas gubernamentales, no se ha traducido en nada parecido a un terremoto electoral; apenas una breve resaca.

De este modo se impone un hecho: la fortaleza del cuatripartito apenas se ha visto lesionada por las salpicaduras de la turbulenta y continua cascada de las políticas desplegadas, con no poca virulencia y polémica, en tantísimos frentes: lingüístico, educativo, simbólicos, modelo policial, memoria histórica, gestión hospitalaria (comidas, listas de espera, aborto), agenda “de género”, prácticas oligárquico-partitocráticas, reelaboración del “relato” del terrorismo, etc. Ello confirma lo que se viene percibiendo desde hace décadas: el electorado separatista, al margen de siglas de conveniencia, es muy fiel. Y el pseudo-populista, e igualmente radical-progresista de Podemos, no parece susceptible a cambios erráticos incoherentes con su natural tendencia.

La movilización obsesiva del separatismo
En este contexto, Navarra Confidencial, en su texto “La hipermovilización del cuatripartito” analizaba el omnipresente despliegue callejero, cultural y simbólico de los partidos y “organismos populares” afines al actual Gobierno, que configura en su conjunto un férreo control social informal, lindante con modalidades de coerción física en cierto modo herederas del terrorismo que perpetró durante décadas la banda que lideraba –si no lo sigue haciendo todavía hoy- a una de sus “patas” fundamentales, EH Bildu. Tal hipermovilización, y más una vez instalados en el Gobierno Foral, no correspondería, conforme su juicio, a la lógica propia de los partidos democráticos, centrados en una labor institucional “clásica”. Y, para explicar tamaña excepcionalidad, el editorialista les atribuía una “naturaleza totalitaria”, lo que les arrastraría a la hipermilitancia y una politización machacante en todos los ámbitos de la vida; un diagnóstico certero que compartimos. Pero, ¿cómo afrontar tal ofensiva? Pues al igual que cualquier enfermedad: en primer lugar, tomando conciencia de la misma.

Una precisión previa. Tamaña cadena trenzada de normas administrativas, posicionamientos públicos, decisiones políticas, imposiciones educativas, manifestaciones callejeras, etc., implementadas desde el cuatripartito y sus múltiples “brazos”, no son fruto de la improvisación: responden, por el contrario, a una estrategia perfectamente diseñada. Y otras muchas actuaciones, percibidas generalmente como irrelevantes juegos retóricos sin apenas trascendencia real –oscurecimiento del “relato del terrorismo” en el propio Parlamento y el revanchismo en fondo y forma contra el Monumento a los Caídos de Pamplona y los allí enterrados, por poner dos ejemplos- no han aterrizado de la nada: se venía trabajando para ello desde hace años. Además, ahora, controlando más instituciones, se les ha abierto muchas más puertas para su labor proselitista (y no sólo los Civivox y las bibliotecas públicas…). Y para los disidentes, ya sabemos cómo se las gastan: manifestaciones antifascistas (¡¡!!) de carácter “preventivo” y estigmatizador al mismo tiempo. Y “el que se mueva”, no es que no vaya a “salir en la foto”, sino que… ¡se le puede hacer la vida muy, pero que muy difícil!

El comentarista de Diario de Navarra Luis M. Sanz, al analizar el pasado 11 de diciembre de 2016 esos resultados demoscópicos, concluía, en cierto modo, cargando el peso de la responsabilidad político-democrática -que pudiera cambiar el actual estado de cosas mediante un futuro gobierno alternativo- en un PSOE en crisis de identidad y liderazgo. Ciertamente, la tiene. Pero depositar las esperanzas de cambio político en que el PSOE experimente una catarsis de sensatez, más un reajuste del centro-derecha navarrista con la progresiva desaparición del electorado de Ciudadanos en beneficio de UPN y PPN –circunstancias ambas que facilitarían un futuro gobierno constitucionalista en Navarra- no deja de ser una política de resignación y renuncia. De resignación en una leve esperanza de que los errores ajenos terminen revertiendo en la propia cosecha electoral; una ilusión desmentida por un electoral radical-progresista-separatista nada proclive a beneficiar en modo alguno a tan diabolizada derecha “cunetera”. Y de renuncia, a la “batalla de las ideas” y el consiguiente escapismo ante la presión social de unos “organismos populares” totalitarios –no confundir con la sociedad civil- que continúan ganando voluntades y espacio… sobre todo si no se les planta cara.

Esa necesaria toma de conciencia de la situación real, para afrontarla con respuestas e instrumentos adecuados, es responsabilidad de los partidos políticos, pero también de la débil sociedad civil navarra; poco dada a movilizaciones y, menos aún, a agruparse en torno a objetivos concretos a largo plazo y con continuidad. No en vano, el futuro se juega no sólo en parlamento y ayuntamientos; sino, sobre todo, en calles, plazas, teatros, mercados, centros educativos y de trabajo, en los bares, clubs deportivos…

Resumamos: en Navarra se está imponiendo una agenda panvasquista y secesionista cuyo resultado final sería una “Euskal Herria reunificada y euskaldún”…. ante la “inacción española”. Y si en este artículo hablamos de “imposición”, y no de “implantación”, no se debe a un mero capricho semántico, pues entendemos que en una situación democrática normalizada, las tácticas seguidas por los separatistas seguramente no habrían sido las que hemos conocido y que, en su conjunto, muestran esa faceta totalitaria y totalizante tan asfixiante que todos vivimos a diario en Navarra. De hecho, ¿qué hubiera sido de ellos sin el hálito narcotizante y exterminador del terrorismo durante décadas y las secuelas que padecerá nuestra sociedad en general, y tantas personas y familias concretas en particular, en todos los órdenes de la convivencia?

La “agenda” de la ruptura
¿Por qué nos servimos del término “agenda”? Ilustrémoslo con un ejemplo. El pasado 1 de noviembre de 2016, uno de los voceros de Diario de Noticias, Aingeru Epaltza, en un “breve” titulado «Ahora o nunca», afirmaba que en la Comunidad Foral de Navarra, con el desalojo de UPN de las instituciones, se estaría ejecutando un “cambio de régimen”. ¡Nada menos! Lo cierto es que, aparentemente, desde la realidad literal y ortodoxa del Derecho Constitucional, Político y Administrativo, no parece plausible tamaña afirmación. Y la respuesta “obvia” sería que la sociedad navarra estaría atravesando una fase “normal” de relevo entre partidos políticos. Algo bueno y deseable en democracia. Tranquilidad, pues, y que no cunda el pánico. Pero, ¿seguro que es así de sencillo?

Veamos que escribía entonces, con la contundencia que caracteriza, esta sagaz firma del separatismo en Navarra: «El cambio empieza a tener “relato”. Y no sólo por la propia acción del Gobierno. Es significativo que el primer libro que se publica sobre el nuevo momento político navarro haya sido escrito en euskera. El otro día se presentó en Pamplona "Nafarroa, orain ala inoiz ez" (“Navarra, ahora o nunca”) de Ion Orzaiz y Joxerra Senar, profesionales del diario Berria. Se trata de una crónica periodística sobre el último año y medio de historia de la Comunidad Foral, para lo cual han entrevistado a algo más de medio centenar de políticos y agentes sociales de todas las tendencias. Escrita en tono didáctico y alejada de enfoques académicos, la obra aborda no sólo los factores que han hecho posible que “el régimen” haya sido desalojado de las principales instituciones de la Comunidad Foral, sino también las condiciones necesarias para que esa situación se mantenga en el tiempo. Los ritmos para que el cambio se materialice en hechos es otro de los puntos en los que incide. Algunos con excesiva prisa debían de haber escuchado las palabras de los periodistas cuando, en la presentación del libro, se referían a la necesidad de “cambiar el chip” y de “tener más perspectiva” en el momento de juzgar la actuación de los nuevos gestores. En el acto se mencionó así mismo la situación de UPN, abundando en lo fuertemente condicionada que se encuentra por el Diario de Navarra. Por cierto, que en opinión de los autores del libro, las fuerzas del cambio otorgan al periódico de Cordovilla un poder mayor que el que -dicen- realmente tiene (…)». Toda una agenda estratégica y táctica, ¿o no?

Resumamos, pues los principales enunciados de esta “agenda”. El “régimen” desalojado sería la propia UPN; personificando en este partido de centro-derecha –según si criterio- la continuidad de cierta Navarra tradicional, más o menos española, más o menos liberal incluso, que habría que barrer; independientemente de los marcos legales de cada momento, en el camino hacia la Euskal Herria de sus sueños y pesadillas. En consecuencia, debe “trabajarse” en profundidad y en perspectiva; siendo la gubernamental sólo una fase y valorando sus efectos con una mirada en conjunto con el resto de “frentes”. UPN, sin Diario de Navarra, sería poca cosa; y si además tal medio no fuera tan influyente como generalmente se considera, pues mucho mejor para los separatistas. ¿A qué hechos se refiere cuando hablan de “materializar el cambio”? Pues al crecimiento de la contrasociedad panvasquista existente en Navarra –especialmente vía imposición del euskera batua- hasta el punto de que el “cambio” se haga irreversible. En suma: una batalla por las ideas, las voluntades y los espacios públicos en toda regla.

Por nuestra parte, nos preguntamos: esta “conciencia” del momento histórico que vivimos, ¿la tienen los líderes navarristas? ¿Les interesa realmente? Y, en caso positivo, ¿exploran al menos una iniciativa política y social propia que no sea una mera protesta reactiva?

Cambio cultural y cambio político
Para el separatismo y sus compañeros de viaje radical-progresistas -a quienes les encantaría un día deglutir al propio PSOE navarro- todo “cambio” social, cultural, mental y político debe generarse desde una clave transformadora, a su modo dialéctico-identitario de interpretar la realidad. Así, toda “grieta”, “contradicción”, “avance” legislativo, etc., serían unas etapas más a implementar; orientadas a la conquista y control posterior del poder social y político. Una perspectiva, sin duda, totalitaria y de facto independiente, en cierto modo, de “marcos legales” e “imposiciones externas”; no en vano, pudieran ser “revertidas” desde la dialéctica de los hechos, el uso alternativo y de autor del Derecho, etc. Por todo ello, siguen trabajando sin descanso desde todos los “frentes”; salvo el “armado”, es decir el terrorista -digámoslo sin eufemismos- al menos hoy. Y lo seguirán haciendo: junto al Gobierno Foral… o contra él. Y contra todo amago de respuesta social que se le resista.

Los partidos constitucionalistas (UPN, PPN, Ciudadanos; pues, por su parte, el PSOE comparte no pocos presupuestos ideológicos del radical-progresismo que le hace permeable a ciertos cantos de sirena procedentes de Podemos, además de desarrollar su propia agenda “gramsciana”) privilegian y se centran en las vías institucionales; pues entienden que los poderes ejecutivo y legislativo son la base apropiada para el ejercicio ordinario de la gobernanza, sin olvidar apaños e interferencias diversas con el judicial. Y, en casos deleznables, haciendo “negocios”; dando alas a los radicalismos de cualquier signo. Lo típico en nuestro entorno occidental; si bien no tanto, acaso, en el anglosajón. Por ello renuncian a la “batalla de las ideas”, que generalmente ni conocen ni les interesa, menospreciándolo; o empezando a entenderla una vez desalojados del poder. En suma: su acción política es cortoplacista.

Por el contrario, los partidos totalitarios, y sus respectivos movimientos sociales (“organismos populares”), son estructuras de sensibilidad paramilitar, en orden de combate, y con la mirada puesta en la siguiente generación; tratando, eso sí, de no desaprovechar ocasiones y de beneficiarse de toda conquista parcial en cualquier orden de la vida social.

Confrontación pura y dura, mal que nos pese
Se quiera ver o no, esa confrontación existe y existirá. Y, consecuentemente, las “batallas” políticas, incluso las victorias de hoy o de mañana, pueden estar abocadas a la derrota pasado mañana, por haber descuidado o ignorado esos “otros frentes” en los que se mueven de manera tan característica y desahogada los separatistas y comparsas.

Los constitucionalistas podrán seguir como hasta ahora: mirando hacia otro lado, mientras en la vida cotidiana, en los diversos ambientes, la lucha por la “hegemonía” cultural –en el sentido gramsciano del término- arrecia; presentando nuevas formulaciones, conquistando voluntades, ganando o creando espacios sociales alternativos. En definitiva, transformando la “mentalidad común”. Y, a resultas de ello, ensanchando su base electoral, aunque lo fuere muy lentamente; más no importa, pues esa mirada a largo plazo concibe que tales “avances tácticos”, que pueden ser simultáneos o no a otros éxitos sectoriales, e incluso compatibles con ciertos retrocesos, les aproximen, en suma, a su objetivo final.

A la sociedad civil navarra le corresponde tomar conciencia, organizarse y responder a esta agresión. Y a los políticos, ser su vanguardia. Les guste o no. En definitiva: pasar de la “inacción” a la protesta, la propuesta y la recuperación de la iniciativa.

Un regalo al ministro
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 5 Enero 2017

Llevo un tiempo dando vueltas a la última novela de Fernando Aramburu. Desde la primera lectura de Patria algo me rondaba por la cabeza y no he sabido durante este tiempo muy bien lo que era. Cierto que es una novela que redime en gran medida el año literario; he visto poca exigencia en los autores españoles consagrados o una vuelta a las fórmulas que les dieron éxito en el pasado, mucha autocomplacencia y poca voluntad de correr riesgos. Sin embargo, Aramburu nos lleva de la mano, sin exageraciones ni lirismos, a un espacio concreto y a un tiempo definido, inmediatamente pasado y desde las primeras páginas de su novela Patria se compromete sin tomar partido: "...evitar el peligro de detener el relato para tomar de forma explícita postura política. Para eso están las entrevistas, los artículos de periódico...".

Lo que se ha vivido en el País Vasco necesitaba un autor comprometido, pero sin ira, que tomara partido sin sectarismo, que contara lo que vivió la sociedad vasca sin exageraciones y sin disminuir la dimensión del dolor, la soledad en la que han vivido muchos vascos, la ignorancia y la falta de empatía de otros. Y desde un tiempo y un espacio concreto, basándose en una realidad muy determinada, con un lenguaje muy apropiado y una gran capacidad para reproducir los sentimientos y las sensaciones de unos mecanismos psicológicos condicionados profundamente por el ambiente que rodea a sus personajes, logra una interpretación universal sobre la culpa, la agresión, la soledad, el miedo, la violencia y los impulsos totalitarios, muy simples a pesar de los grandes traumas que provocan. La novela de Aramburu es un gran ejemplo de cómo universalizar una realidad y unos personajes que sin la sabiduría del autor podían haber quedado en un ajuste de cuentas o en un melodrama local; Aramburu logra una novela de contenido moral, alejada de rijosas mojigaterías y de posiciones monolíticas.

Los personajes principales de la obra son perfectamente reconocibles en el País Vasco, sus vicisitudes también. Una madre dominadora y sin inclinaciones políticas concretas toma partido por su descerebrado hijo etarra convertido en hombre de acción y en héroe de un grupo pequeño fanatizado y sectario; todo esto ante un padre-marido que no lograba comprender nada desde hacía mucho tiempo y unos hijos-hermanos muy diferentes al insensato protagonista.

Miren, así se llama la madre, nos muestra el prototipo de mujeres que han servido de argamasa a la organización de los presos de ETA, adquiriendo una ideología básica, agresiva, que se siente bien sabiendo que son los que mandan, los que tienen el poder en esa sociedad acobardada por los más jóvenes; compensa la pena de tener al hijo en la cárcel con la satisfacción de ver una sociedad pequeña pero homogénea que vive con seguridad en base a los tópicos más simples y a la falta de contestación a sus idearios. Es la forma, en realidad la única, de ver a su hijo no como lo que es, sino como un desinteresado luchador por la libertad de la patria. Y aparece claramente en la novela cómo a ese mundo pequeño, autosuficiente, violento, sin ideas, sólo le ha permitido sobrevivir estos 50 años la falta de calor humano hacia sus víctimas, la falta de empatía.

Por el otro lado, la familia del asesinado y su lucha por no olvidar, su batalla contra el miedo, al que en ocasiones sucumben, callando, haciéndose invisibles o huyendo donde no les conozcan. Relata la hija del asesinado: "Quiero mirarme al espejo y no ver la cara de una víctima". En pocas palabras, nos describe el combate universal de todas las víctimas que sobreviven. ¿Cómo seguir viviendo su ciudadanía sin toda la carga que supone ser una víctima? Pero la pretensión tiene un final asegurado: la derrota. Siempre será una víctima y justamente ese hecho, la existencia involuntaria de la víctima, produce la quiebra social que impide decir que después del cese de "la violencia terrorista" nos encontraremos, queriéndolo o no, de bruces con la paz.

Lo que me daba vueltas en la cabeza era que intuía, en medio de la niebla que provocan las sensaciones sin racionalización, que los continuos requerimientos para realizar un relato canónico de la historia reciente del País Vasco no eran ya, después de la novela de Aramburu, urgentes. El relato se puede y debe ampliar, se pueden acoplar brillantes páginas, eruditas películas o cuadros sobre nuestro pasado reciente, pero en el futuro si alguien quiere entender lo sucedido basta con que lea esta novela. Aristóteles otorgaba a la literatura la capacidad de enseñar de manera más profunda el pasado que la propia Historia. Dicen que la Historia la escriben los vencedores, pero la escriben si tienen la capacidad cultural e intelectual para llevar a cabo la tarea y en nuestro caso se unen los dos requisitos: hemos ganado el pulso siniestro al que nos sometió ETA y tenemos quién lo cuente.

Y justo cuando me encontraba escribiendo sobre la novela de Aramburu, me topo con una entrevista de dos páginas del flamante nuevo ministro del Interior. Saco la conclusión que éste sigue viendo a ETA como un problema y reflexiona como si todavía debiéramos derrotar a la banda terrorista con un gran ímpetu y un derroche de coraje que, al no tener correspondencia con la realidad, compone una imagen trasnochada, antigua y un tanto desagradable, admitiendo que la naturaleza humana lleva en ocasiones a ser más duro, más valiente con los derrotados que con los antiguos enemigos.

ETA hoy no es un problema porque ha sido derrotada por la combinación de la fuerza del Estado de Derecho y una reacción duradera y contundente de lo mejor de la sociedad vasca; y para que los incrédulos confirmen la derrota de la banda sólo tienen que ver los inciertos caminos que la sociedad colombiana se está viendo obligada a recorrer para llegar a la paz. Aquí no ha habido pacto, ni cambio de leyes, ni amnistía, ni nada que permita la más mínima duda sobre quién ha ganado y quién ha sido derrotado y la conclusión contraria sólo se puede mantener desde el dolor comprensible de las víctimas o desde la ceguera de algunos dirigentes. Justamente nuestra victoria abre una oportunidad para conseguir una sociedad que hable, que se quite los miedos y enfrente sus responsabilidades. Continúa el ministro la entrevista diciendo que no habrá acercamiento de los presos mientras no pidan perdón y se disuelvan, confundiendo la política penitenciaria ordinaria con las medidas extraordinarias de dispersión que un Gobierno socialista tuvo que tomar para defender la libertad y el Estado de Derecho ante los ataques de una ETA fuerte y envalentonada. Mucho se puede decir del perdón como reparación personal a las víctimas y de la responsabilidad política de un Gobierno, pero sólo tengo espacio para hacerle ver al ministro que la dispersión de los presos fue, como he dejado escrito en otros artículos, una medida legítima pero excepcional y que, una vez desaparecida la causa de excepción (no parece posible que la banda vuelva a ponernos contra las cuerdas), es razonable pensar en su desaparición. En la lucha contra el terrorismo, como en la guerra, siempre existe el riesgo de terminar contagiados moralmente por el enemigo y ése es justamente el combate, simultáneo al de la defensa de la libertad y el Estado de Derecho, que nosotros nunca debemos olvidar.

Por eso, si durante la defensa de la libertad, del Estado de Derecho y de la democracia toda la responsabilidad caía en el campo de ETA, su derrota nos hace a nosotros los primeros responsables de lo que ocurra en el futuro en Euskadi. Hoy somos nosotros, con la política como instrumento y los intereses de la sociedad como fundamental criterio de interpretación, los que tenemos la iniciativa y, por lo tanto, la responsabilidad. Estas consideraciones me hacen desear que el ministro reciba de este Año Nuevo dos regalos: el primero, la magnífica novela de Fernando Aramburu; el segundo, que no tenga que ir contra su discurso por un cambio de cromos en los próximos Presupuestos o en los del año siguiente. Sería muy contrario a los intereses de la sociedad española, además de inexplicable, que el ministro hiciera obligado por premuras políticas propias de la escasez parlamentaria del Partido Popular lo que puede hacer voluntariamente, tomando la iniciativa y fortaleciendo al Estado, abriendo así una puerta para que Bittori y Miren hablen y desde su lejanía se enfrenten al futuro con unos denominadores comunes basados en la verdad sobre el pasado y el respeto mutuo.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Los Magos Referéndum, Unilateral y Vinculante
Pablo Planas Libertad Digital 5 Enero 2017

Lo de la Cabalgata separatista de Vich da vergüenza ajena hasta a Rufián.

Los promotores de la brillante idea de convertir la Cabalgata de los Reyes Magos de Vich en un ensayo con niños de la próxima Diada no saben a qué viene tanto revuelo cuando ya va para cuatro años que organizan el recibimiento separatista a Sus Majestades de Oriente. Pasa que este año echarán la Cabalgata en directo por TV3 y entre eso y los farolillos de la estelada se ha montado un follón del copón de la baraja. La Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, las marcas blancas de los partidos separatistas, están anonadadas ante la zapatiesta, un caso que le provoca vergüenza ajena hasta a Gabriel Rufián, el ya famoso diputado en Madrid de ERC del que el último chiste dice que habla tan despacio que entre palabra y palabra se pueden poner anuncios y aprovechar para mear.

Ante la oleada de críticas, TV3 se ha reafirmado en su intención de emitir la Cabalgata nacionalista de Vich y la ANC y Òmnium, en su llamamiento a que "niños y grandes pidan a los Reyes Magos la República catalana para 2017". No se esperaba menos ni de la Generalidad ni de sus brazos civiles y mediáticos. Sin embargo, los remeros del viaje a Ítaca han empezado el año cero de la República, sexto de la Era del Proceso, con mal pie. A Puigdemont le han definido en el portal estadounidense Politico como un peligro público y The Economist compara a los separatistas con los Brexiteers, llama "cacique" a Pujol y afirma que en la región con más autonomía de Europa campan a sus anchas la corrupción y el paro.

A bote pronto, el procesismo presume de que en el mundo ya se han enterado del problema. El matiz radica en que dicho problema es precisamente su proceso y los riesgos que entraña para los ciudadanos de Cataluña y del resto de España en términos de libertad, democracia, igualdad de oportunidades, derechos y deberes, seguridad jurídica, bienestar social, prosperidad económica y garantías de futuro. En comparación con todo ello, lo de los Reyes Magos Referéndum, Unilateral y Vinculante es una manifestación menor de una patología mucho más grave. No es probable que el Washington Post se haga eco de la noticia, salvo que dedique su atención a las más primitivas formas de instrumentalización y adoctrinamiento político de la infancia que aún sobreviven en la Europa occidental e incluya una mención al asunto en un informe sobre la enseñanza en Cataluña, el experimento orwelliano de la inmersión lingüística, la manipulación mediática y la "primera expresión del populismo en España", según declaró Javier Cercas al antecitado The Economist.

De todas maneras y a decir verdad, tampoco es para tanto. Sólo son unos farolillos y unas cuantas banderas. No estamos hablando de bandas de traficantes y ampas escolares que se repartan el trayecto de la Cabalgata de Reyes en Vich para proporcionar a los niños caramelos de LSD envueltos en la estelada.

 


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