AGLI Recortes de Prensa   Viernes 6  Enero 2017

La secesión no es un derecho ni en Cataluña ni en Baviera
EDITORIAL El Mundo 6 Enero 2017

Decía Pío Baroja que "el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando". Poco, por no decir nada, queda hoy del primero. Respecto al segundo, asistimos a un momento histórico en el que las ideologías más provincianas y antimodernas tienen un eco considerable en algunos rincones. En todas partes su afán es el mismo: tratar de convertir problemas identitarios locales en asuntos de trascendencia global. Hasta el punto de pretender algo tan inviable y peligroso para la convivencia como son los procesos de secesión que promueven los movimientos nacionalistas en algunos países de Europa, España incluida.

En su objetivo, vemos cómo por ejemplo el independentismo catalán recurre cada día a un falseamiento de la historia y a la invención de toda clase de mitos. Y no duda en presentar al Estado como un ente opresor que impide ejercer un supuesto 'derecho a decidir' poco menos que violentando con ello el ordenamiento legal universal.

Nada más lejos de la realidad. Son estos movimientos independentistas los que rechazan no sólo las normas nacionales, sino el mismo Derecho Internacional. Nos tememos que pocos políticos nacionalistas catalanes -tanto vale para los vascos u otros- seguirán el consejo de Baroja. Pero el reciente fallo del Tribunal Constitucional alemán sobre Baviera es la mejor lección que pueden recibir de hasta qué punto las mistificaciones independentistas chocan por igual en todas partes con la democracia y con los Estados de Derecho.

El Alto tribunal germano ha inadmitido el recurso de un ciudadano que pretendía convocar un referéndum de independencia en su länd, en nombre del Partido de Baviera, una formación ultranacionalista que apenas logra el 2% de los votos. El Constitucional ha sido rotundo al concluir que ni éste ni ningún otro de los estados federados que integran la República alemana pueden celebrar consultas de autodeterminación, puesto que con ello se conculcaría el orden constitucional vigente. La Carta Magna no recoge, como es lógico, el derecho de secesión de sus länder.

Pero, por si no fuera suficiente, el Constitucional germano recuerda que la soberanía reside en "el pueblo alemán", que en su conjunto, "en virtud de su poder constituyente y en libre autodeterminación", se otorgó la Ley Fundamental en 1949. Por lo tanto, corresponde a todo el pueblo alemán, y no sólo a una de sus partes, decidir sobre lo que siga siendo Alemania. Son razonamientos incontestables que nos suenan mucho por estos lares. Como se recoge en casi todas las constituciones avanzadas del mundo, también la nuestra consagra que "la soberanía reside en el pueblo español". Y es por ello, siguiendo los argumentos del Constitucional alemán, que un cambio en las reglas de juego fundamentales y un principio como el de la "indisoluble unidad" de la Nación son asuntos que atañen a los 46 millones de españoles, no sólo a los casi ocho millones de catalanes.

La situación política de Baviera respecto a Alemania tiene muchos paralelismos, aunque también notables diferencias, con Cataluña o el País Vasco. Estamos hablando del segundo länd en número de habitantes -más de 12 millones- y uno de los que tienen una renta per capita más alta de todo el país. Posee una cultura muy específica y goza de un elevado grado de descentralización administrativa, en este caso como el resto de los länder. Baviera posee su propio Parlamento regional, su policía y capacidad para regular y ejercer las competencias exclusivas del territorio.

Estamos hablando de una región con una fortísima identidad. No en vano, fue un Reino hasta 1918 -aunque algunas décadas antes se había incorporado ya al Segundo Imperio Alemán-. Y el hecho de que su población sea mayoritariamente católica, frente a la de gran parte de Alemania de mayoría protestante, ha reforzado a lo largo de la historia su singularidad. Y, sin embargo, lo cierto es que pocos ciudadanos bávaros no se sienten hoy alemanes. El partido local hegemónico, la CSU, es socio de gobierno del partido de Merkel desde hace décadas. Es un ejemplo de cómo las identidades regionales conviven con éxito y normalidad en el seno de los grandes estados-nación.

El derecho de autodeterminación, inspirado por el presidente Wilson, fue invocado por la Sociedad de Naciones para promover los procesos de descolonización en un momento histórico muy concreto. Pero que independentistas de algunas de las regiones más ricas de Europa, en las que rige la democracia plena, lo invoquen hoy, es un disparate anacrónico. Aquí, en Baviera, y todas partes.

La banca central como piedra angular del dinero fiat
Francisco Saavedra González okdiario 3 Enero 2017

El economista Francisco Saavedra carga de nuevo contra “la falacia socialista de que el neoliberalismo y el capitalismo se están cargando la humanidad” y denuncia el monopolio público del dinero que ejercen los bancos centrales.

El colaborador habitual de OKDIARIO recuerda que “el dinero desde 1971 es una institución que está en manos de los gobiernos y por lo tanto es un monopolio público. No hay dinero privado, ahora mismo todos tenemos que tragar con que nos haga una devaluación el venezolano de turno o el Mario Draghi de turno. Nos puede devaluar nuestros ahorros o el valor de nuestros bienes manipulando la tasa de interés, que es el precio del dinero.

Para Saavedra, el precio del dinero “es fundamental, porque pone en relación los bienes presentes, aquello que podemos comprar ahora mismo, con los bienes que se van a producir en el futuro. Y estamos haciendo valoraciones constantes en el tiempo para decidir si compramos o si vendemos”.

“Esa tasa la fija un banco central que ejerce de red de protección de un sistema basado en una divisa fiat, que no vale nada, simplemente el valor que nosotros le queramos dar”, denuncia el economista, que resalta que “no existe vinculación con ningún activo real como puedan ser el oro o la plata”.

“Estamos ante un monopolio público del dinero que sólo se puede mantener siempre y cuando haya un banco central que sea el que regule, manipule e inyecte o retire dinero en un momento determinado de la economía cuando se encuentra demasiado sobrecalentada. Y ese banco central tiene un consejo de administración nombrado por los presidentes de gobierno, los políticos y donde lógicamente el lobby bancario tiene mucho que ver”, concluye Saavedra.

¿Existen alternativas al euro? Ni lo sueñen
Manuel Alejandro Hidalgo  vozpopuli.com 6 Enero 2017

El euro no es un capricho, es una necesidad. El problema, sin embargo, no viene de su existencia en sí, sino de la dificultad para aunar las responsabilidades que exige. El euro es el mensajero.

Una moneda para gobernarlos a todos. Una moneda para integrarlos, una moneda para atraerlos a todos y atarlos en la estabilidad. O más o menos.

Como saben, esta semana nuestra moneda, el euro, ha cumplido quince años. Tantos ya, que parece que nunca hubiéramos estado sin ella. Durante estos tres largos e intensos lustros, los países de la moneda única han experimentado diversas situaciones como para poder comprobar qué efectos tiene la pérdida de la autonomía monetaria. Y no todas han sido positivas.

La Gran Recesión tensó de tal modo –aún sigue haciéndolo– a parte de las economías del euro que irremediablemente florecieron dentro de ellas voces contrarias a la moneda única. Debido a estas experiencias, y a otras muchas, el euro está siendo altamente cuestionado. Críticas que recorren todo el espectro ideológico, desde la izquierda más radical a la derecha más reaccionaria. Por un lado, y para la izquierda más combativa, el euro es un tentáculo más del capital que subyuga a los oprimidos. Para otros, el euro es una expresión más de unas instituciones que atosigan y coartan la libertad de los ciudadanos. Para los más libertarios, es un ejemplo más de una moneda fiduciaria que bajo la intromisión de un banco central al uso, lima y reduce el valor de los ahorros de los nuevamente subyugados (ahorradores) europeos.

Sin embargo, en este debate se dibujan caricaturas de una moneda única que obviamente es mucho más que esto. El euro no es más ni menos que el siguiente paso natural de un proceso de integración como es el que se construye desde 1957. Es el paso natural de un proceso mucho más relevante, un proceso que lo trasciende. Es la última cláusula de un contrato que compete a cientos de millones de ciudadanos y que, con este, se dotan de algo así como una póliza de seguros que nos cubra contra eventos posibles que amenazaban, y pueden aún amenazar, la convivencia europea.

En primer lugar, la integración tuvo como principal objetivo poner fin a la lucha interna europea, endémica en nuestro viejo continente y que se intensificó con el desequilibrio de poderes creado por el nacimiento del Segundo Reich. Las dos desgarradoras guerras mundiales de la primera mitad del siglo pasado fue más de lo que se podía soportar. Era pues inevitable diseñar una nueva relación basada en el acuerdo y en el aúno de fuerzas frente a la tradicional dialéctica basada en fuego y armas.

En segundo lugar, desde una vertiente más pragmática, la unión busca la fuerza. En este sentido, dos son las razones que justifican este pragmatismo. En primer lugar, la amenaza que se cernía desde el Este demandó un proyecto común en el Oeste que incorporara una gran variedad de sensibilidades políticas y económicas y que, paradójicamente, ofreciera a cambio estabilidad al proyecto. En segundo lugar, y desde un punto de vista más económico, la necesidad de capturar las externalidades y la eficiencia mediante la unión de mercados permitiría afrontar, gracias a la propia competencia entre las empresas europeas y un mayor tamaño de dicho mercado, la competencia cada vez mayor de empresas norteamericanas y japonesas, y posteriormente, las de los nuevos emergentes, en particular China. Para ello, junto con la convergencia regulatoria y el diseño de un verdadero mercado único, era necesario reducir los costes de transacción asociados a la existencia de diferentes monedas.

En este sentido, como ya he dicho, la integración económica demandaba el euro. No es posible la total integración si no existe una moneda única. Cualquier sistema de tipos fijos está abocado a su posible ruptura. No existe acuerdo lo suficientemente fuerte que, sin ser una moneda única, pueda perdurar ante los intensos envites de los ciclos económicos y financieros internacionales. Así, tenemos los ejemplos del Patrón Oro, Bretton Woods o los intentos de cuadrar un sistema europeo monetario sin moneda única a caballo de las décadas de los 70 y 80.

El euro por lo tanto no es un capricho, es una necesidad. El problema, sin embargo, no viene de su existencia en sí, sino de la dificultad para aunar las responsabilidades que éste exige. El euro es el mensajero. Al deficiente diseño de las instituciones que acompañan al euro y que deben sostener su adecuado funcionamiento, hay que unir el comportamiento distorsionador de los países que lo comparten. Para algunos, en especial los del sur de Europa, el euro es posible que haya venido algo grande. Y bien que lo están sufriendo. Otros, los del norte, simplemente no han entendido el compromiso y la altura de miras que exige. Para todos, el euro exige una pérdida de soberanía, más allá de la política monetaria, que pocos están dispuestos a aceptar. Este es el verdadero mal del euro. No reside en la propia moneda. El mal se encuentra en el edificio construido alrededor de ella. Y sus desagradables consecuencias quedaron desnudas en lo más crudo del ciclo.

Sin embargo, siendo realistas, el saldo de la moneda única, quince años después, es muy positivo, en especial para España. El euro nos ha permitido participar de pleno en un mercado integrado. Hemos sabido aprovechar en parte esta oportunidad, como muestran los datos de exportaciones españolas. Ha permitido encontrar una estabilidad de precios que se nos negaba por nuestra idiosincrasia de país del sur. A cambio, se nos exigía responsabilidad y compromiso, y en parte hemos fallado.

Por lo tanto, y al contrario de estas voces que surgen por cada vez más recónditos lugares en contra del euro, creo fervientemente en su necesidad. Aunque el apoyo que suscita sea aún elevado, cualquier mínima posibilidad de su desaparición puede conllevar una crisis de dimensiones desconocidas para el continente. Se rompería el mayor y más fuerte de los lazos que nos une. Atentaría contra la propia unidad de mercado. Debilitaría todas las economías europeas. Y todo ello en un entorno geo-económico que no depara nada positivo a una Europa desunida. Es el momento de dar impulso al proceso de unificación. Reconocer lo que está mal. Reajustar relaciones y regulaciones. Pero seguir hacia adelante. No mirar hacia atrás. Ni un paso atrás.

El teatrillo político español
Una vez más, el estrambótico teatrillo nacional, aparenta una solidez absolutamente discordante con el temporal cósmico que azota a la mayoría de las naciones.
José Luis González Quirós  vozpopuli.com

Que solo gobiernen unos pocos además de ser una ley casi física de la política, es, en las democracias, una consecuencia inmediata de lo que Benjamín Constant llamó la “libertad de los modernos”, la apuesta inicial por un régimen en el que se instaure la paz civil, se garanticen las libertades individuales, y se proteja la privacidad ciudadana. La verdadera cuestión política reside, por tanto, no en un imposible y quimérico “gobierno popular”, sino en la manera en la que los pocos elegidos se someten a la vigilancia y el control de sus electores, en último término a la ley.

El crecimiento de los Estados
La evolución histórica ha hecho muy difícil el mantenimiento del equilibrio liberal constantiano, porque los Estados han tendido a legitimarse en nombre de los muchos frente a las ventajas económicas obtenidas por los pocos, y de ahí el constante crecimiento de los aparatos estatales, hasta el punto de que el nuestro, se ha multiplicado casi por cinco desde los comienzos del actual régimen constitucional. Los supuestos beneficios para el común de un crecimiento de esa magnitud tienden a neutralizarse funcionalmente por la tendencia de esos aparatos públicos a suplantar a la sociedad a la que supuestamente sirven, y de ahí surgen dos fenómenos de enorme importancia: en primer lugar, la inoperancia de los legislativos y su sumisión a los ejecutivos, especialmente intensa cuando la cultura política imperante no favorece lo contrario, y la conversión de los partidos supuestamente representativos en una secta bien organizada que se protege de cualquier crítica arguyendo la bondad de sus intenciones y ocultando la naturaleza real de sus procedimientos.

Si eso se puede llegar a hacer, como ocurre en España, bajo el mantra de la gobernabilidad, los ciudadanos llegan a olvidarse por completo de su capacidad de decidir las cuestiones que les afectan, y la oscura y honda irritación que produce ese enajenamiento, cuyas razones no siempre llegan a comprender las mayorías, puede acabar con el precario fundamento de todo el tinglado, como ha ocurrido, por supuesto de manera parcial, en Inglaterra y en los Estados Unidos.

La suplantación de la voluntad política
En las fases avanzadas de este tipo de procesos, los partidos acaban por ser, fundamentalmente, clubes de iniciados que se dedican a anestesiar la conciencia cívica con toda una batería de medidas políticas y de propaganda. Si se les hace caso, resulta que no hacen nada que no sea del mayor interés general, suposición que llega al paroxismo con las políticas nacionalistas, que pretenden, nada menos, que los ciudadanos se entreguen por completo a su voluntad, que desparezca de sus vidas cualquier rastro de autonomía personal y de identidad privada, porque todo eso ha de ponerse necesariamente al servicio de la causa nacional, y a ese secuestro se atreven a llamarlo “derecho a decidir”; pero ese es un caso extremo de una ley más general, aquella por la que los partidos suplantan toda causa y cualquier iniciativa y pretenden convertirse en agentes únicos de la cultura, la actividad económica, el progreso tecnológico y la conciencia moral. Ahí tienen, por ejemplo, al PP de Rajoy proponiendo un “modelo ampliado” de familia, es decir, tratando de someter un nivel de comportamiento en el que la sensibilidad personal, las creencias morales y la decisión individual debieran ser insustituibles, a las ingeniosas pautas que dicte la mínima secta imperante.

El resultado de todo ese proceso es que la acción política deja de existir como una posibilidad real de los ciudadanos y se reduce drásticamente a las incesantes intrigas y embelecos que dirige, con mayor o menor habilidad, la cúspide del poder partidario, que es quien tiene la batuta y decide la melodía del baile. Ahí tenemos, para comprobarlo, a los podemitas discutiendo entre Iglesias y Errejón, a los secuestrados militantes socialistas forzados a tragar con la señorita del Sur con el calendario y los ritos que establezca una fantasmal gestora, o a los incautos del PP afanándose en escrutar los proyectos biográficos de Rajoy, las jugarretas de Soraya, o el pluriempleo de la Cospedal, y, en el colmo de la alienación más completa, discutir en torno a tan apasionantes alternativas para, finalmente, aplaudir con entusiasmo, como siempre que se les deja hacerlo.
La Ley es un juguete de los políticos

Una primera consecuencia de este nuevo absolutismo es que la Ley deja de ser una regla que todos han de respetar, y se convierte en una barrera que impide controlar, y en un instrumento que manejan a su antojo los partidos para que nada les impida lo que se proponen. El poder se sitúa por encima de la Ley, y, lo que es más gracioso, lo hace en nombre nuestro, en nombre de la soberanía que les hemos transferido efectivamente. Por eso los separatistas catalanes se ciscan en las normas o en los tribunales que pretenden procesarlos por incumplirlas, el PP y el PSOE se saltan sus estatutos cuando les viene en gana, gastan lo que sea necesario para su permanencia y boato aunque lo prohíban los presupuestos aprobados (de ahí la creciente deuda, no se confundan), lo que hace que, en último término, los políticos no se crean obligados por nada, ni a decir la verdad, ni a dar explicaciones, ni a rendir cuentas, o a someterse a tribunales comunes, y para eso se han preocupado previamente de sojuzgar al poder judicial a una estricta dependencia de sus voluntades omnímodas (que es la pieza que les falta, al menos parcialmente, a los soberanista catalanes para llevar a cabo con tranquilidad sus fechorías).

Si quieren comprobar un caso de libro, estén atentos a cómo se desarrollará el próximo congreso del PP, o el del PSOE, o el de Ciudadanos, o el aquelarre estético de los podemitas, procesos en los que las garantías debieran ser máximas, y que se apañan para que no haya otra alternativa que aplaudir al que ya manda.
Los medios de comunicación

En las naciones en las que queda en píe un mínimo de tradición liberal, los medios de comunicación constituyen una espita y preservan un cierto ámbito de libertad política y de opinión. En España, las televisiones, que continúan siendo determinantes, o están en manos de los partidos, o han sido otorgadas arbitrariamente por estos a sus mejores amigos, es decir que sirven a las políticas de las sectas partidarias, y a sus estrategias de legitimación, con un entusiasmo juvenil y desenfadado, al tiempo que cuidan de sus negocios que saben enteramente imposibles al margen del apoyo al poder ilimitado de los partidos. Recuerden, como paradigma, el descarado apoyo de las televisiones amigas a Podemos en su fase de larva, para lograr el propósito de que Rajoy quedara, a todo trance, por encima del PSOE que aún se veía como una alternativa. El costo de este proceso para todos todavía no se puede calcular con precisión, pero su éxito en términos partidistas ha sido colosal, y ahora tienen al rajoyismo tratando de restaurar los cacharros rotos, a ver si consigue superar la marca de permanencia que consagre su excepcional clase.

La segunda función que cumplen esos medios es la de mantener a todos los ciudadanos a su alcance, y no son pocos, en un estado de estupor político, entretenidos con las libertades narcóticas, escasamente capaces de articular una idea medianamente original, y, por ello, al servicio de los grandes ideales y narrativas que los partidos les endosan. Por último, los medios se ocupan de que los ojos de sus clientes no sobrepasen nunca los límites establecidos, el mundo, sencillamente, ha dejado de existir para ellos, salvo en la fórmula paródica de noticias que alimenten el tinglado y revitalicen el miedo.

La alternativa engullida
Hace un par de años fue posible que nuevas fuerzas políticas, nacidas del descontento general, pudieran alterar el desequilibrio partidista y dieran pie a ciertas esperanzas ciudadanas. Podemos jugó con una dialéctica anti-casta y se benefició de la decepción, pero su viejo desodorante les ha abandonado hace ya tiempo. Ciudadanos representó otra manera de alterar el cuadro con la viejísima monserga, más que centenaria, de la regeneración, y con la expectativa que suscitaba su brava ejecutoria catalana, pero su inverosímil apuesta por controlar a Rajoy, lo ha puesto al borde mismo del fracaso. Su capacidad de mover la dinámica del acorazado rajoyano, que se ha reforzado con un posible nuevo PSOE dispuesto a esperar pacientemente una herencia de inventario, se verá pronto que es absolutamente nula, lo que colocará al partido ante una prueba difícil de superar, como lo es siempre el reconocimiento de los errores de bulto.

Hay, pues, muy pocas posibilidades de que los españoles descubran la trampa de este retablo rajoyano de las maravillas, como lo muestra el crecimiento en las encuestas de este PP absolutamente insustancial y dispuesto a venderlo todo, porque el miedo a lo peor sigue siendo el gran repositorio electoral de una derecha a la que las ideas liberales le suenan a una mezcla extraña de pecado y música celestial.

Queda, sin duda, la posibilidad de que el peso de las mentiras, económicas y políticas, desnuden el teatrillo, pero no es seguro que cosa tal pueda suceder a corto plazo. Queda también, la posibilidad de que el PSOE decida resurgir de sus cenizas, una eventualidad más propia de la mitología que del tran-tran político que todavía promueven quienes dicen dirigirlo ahora. El caso es que, una vez más, el estrambótico teatrillo nacional, aparenta una solidez absolutamente discordante con el temporal cósmico que azota a la mayoría de las naciones. No veo claro que Rajoy sueñe con un papel heroico capaz de salvarnos de la tormenta perfecta, más bien lo imagino abandonando discretamente el foro cuando, si la suerte acompaña, se produzca el bocinazo que puso a Zapatero con los pies en polvorosa, pero las cosas están tan enredadas que hasta puede que, esta vez, con Trump al aparato, el monitor no funcione. Lo veremos en breve, no mucho más allá de los confines de este nuevo año.

Puigdemont se tira de la moto
EDITORIAL LD 6 Enero 2017

La primera semana de 2017, el año que puede arruinar Puigdemont según 'Politico', está resultando letal para el 'procesismo'.

La política en Cataluña es una montaña rusa. Los días pares, la República independiente es inminente. Los impares, algún dirigente nacionalista se descuelga con la constatación de que el proceso separatista es un dislate mayúsculo que no va a ninguna a parte. Ya va para seis años que Artur Mas y los Pujol se subieron al carro entonces minoritario de ERC y la CUP, que llevaban desde el 13 de septiembre de 2009 celebrando referéndums municipales por la secesión. El primero fue en Arenys de Munt y el entonces eurodiputado Oriol Junqueras era uno de los impulsores de la comisión organizadora. Cabe recordar que la jefa de la Abogacía del Estado en Cataluña que ordenó recurrir la consulta pionera, Pilar Fernández Bozal, acabó un año después como consejera de Justicia del primer Gobierno de Artur Mas.

De entonces acá, el separatismo se ha institucionalizado, al punto de haber celebrado ya un referéndum independentista (que fue un fracaso de organización y participación) y de preparar una reedición del fiasco para la segunda quincena del próximo septiembre. La inactividad del Gobierno, la complicidad de algunos altos cargos del Estado (Fernández Bozal, el exfiscal Martín Rodríguez Sol, partidario del "derecho a decidir"; el exjuez Santiago Vidal, ahora senador de ERC; el exinspector de Hacienda Joan Iglesias, fundador de la Hacienda catalana, etcétera), el incumplimiento sistemático de los fallos de los Tribunales (Superior de Justicia de Cataluña, Supremo y Constitucional) y la presión política a los jueces han degenerado en el principal problema político de España.

La acción del Gobierno en todo este expediente ha sido hasta el momento residual. La ignorancia acrecentó el separatismo y la denominada operación Diálogo no parece haber aplacado las ansias separatistas. Sin embargo, la primera semana de 2017, el año que puede arruinar Puigdemont según Politico, está resultando letal para el procesismo. A la inclusión del presidente de la Generalidad entre los villanos de medio pelo en la citada publicación estadounidense se añade un demoledor artículo en The Economist sobre el populismo catalanista y el obsceno caso de los farolillos de la estelada para los Reyes Magos.

Si a la suma se añade la coincidencia demoscópica en pronosticar un derrumbe radical de la vieja Convergencia, ahora con las siglas PDEcat, pintan bastos para el sedicente separatismo. La prueba más obvia es el anuncio de Puigdemont de que renuncia a presentarse a las próximas elecciones autonómicas. Sostiene que aceptó el "encargo" de llevar a Cataluña a la preindependencia, el Referéndum II, pero que su misión acaba ahí. Puigdemont, a diferencia de Mas, su padrino político, es consciente del deterioro de su partido, de los obstáculos jurídicos del proyecto separatista, del desprecio internacional y puede que hasta de la ausencia absoluta de crédito democrático del procés. Sea como fuere, este jueves ha anunciado que en lo del viaje a Ítaca pueden contar con él hasta septiembre y que a partir de ahí se tira de la moto. Siente en el cogote el aliento de Oriol Junqueras y advierte el veneno de la herencia. Dice que habrá referéndum sobre la base de que no será el primero y de que será "efectivo" si hay una mayoría del 50 por ciento más un voto. Lo de la participación ni se lo plantea. En 2018 ya no será presidente, declara ufano. Lo de convertir 2017 en una ruina, sin embargo, está claro. Y el que venga detrás ya se apañará.

Una porquería
Ayuntamientos separatistas y «del cambio» utilizan las cabalgatas de reyes para hacer ingeniería social
Isabel San Sebastián ABC 6 Enero 2017

Sin vergüenza, ni pudor ni siquiera disimulo. A calzón quitado y cara descubierta. Así es como asaltan los separatistas catalanes las tiernas conciencias de los niños, tierra fértil abonada para su siembra de división. Carecen de límites. No hay medio que les parezca demasiado infame en el empeño de construir su Arcadia soñada. Predicar la «patria» redentora justifica a sus ojos cualquier abuso, empezando por el adoctrinamiento burdo y falaz de mentes inocentes. Ante su sagrada misión mesiánica no hay derechos de la infancia que valgan. Tampoco barreras éticas. Ellos no ven en esos niños personas, sino futuros acólitos. Adeptos a la causa de la secesión. Y como la abstracción nacional está por encima de todos y todo, como Cataluña prevalece sobre cualquier individuo, esa instrumentalización se lleva a cabo sin un atisbo de culpa.

Tienen a quien parecerse. Los movimientos totalitarios del siglo pasado, desde el fascismo al comunismo, pasando por el nazismo, demostraron maestría en la manipulación de los chavales a través de una mezcla hábil de simbología e ideología sabiamente entretejidas. Los uniformes, las marchas con antorchas, las excursiones al monte y las acampadas de «camaradas» sirvieron de anzuelo para captar y encuadrar a los «pioneros» de Stalin, las juventudes hitlerianas o los integrantes de la O.J.E., mucho antes de que a Mas, Puigdemont, Junqueras y compañía se les ocurriera la brillante idea de alumbrar con «esteladas» la Cabalgata de Reyes. Lo de los farolillos portadores de iconografía nacionalista (léase con «c» o con «z», tanto da) nada tiene de original. Ha sido, con pequeñas variantes, un recurso ampliamente utilizado para contaminar el territorio virgen que es un chico de corta edad con el veneno propio de la política entendida en su peor acepción, como sinónimo de instrumento para el control de individuos, en este caso indefensos, carentes aún de anticuerpos capaces de protegerlos de ella.

La cabalgata secesionista de Vic no constituye una novedad, aunque sí una porquería. Un hecho repugnante. Digo Vic, pero debería decir Generalitat, porque no en vano se trata de la cabalgata que retransmitirá la televisión pública catalana, pagada con nuestros impuestos para servir de martillo pilón con el que incrustar el «prusés» hasta en el último rincón del pensamiento. No estamos por ello ante la iniciativa más o menos desafortunada de un alcalde o concejal, sino ante la enésima provocación de la máxima institución del Estado en Cataluña. Una manifestación palmaria, chulesca, de lo que el sistema educativo autonómico lleva a cabo día a día con tenacidad digna de mejor causa. Esa labor de zapa incansable destinada a producir separatistas mediante el falseamiento de la historia y la geografía, la utilización espuria de la lengua, la conversión de la enseñanza en puro y duro adoctrinamiento. Ingeniería social de la peor especie, a la que alguien desde el Gobierno de España debería poner coto antes de que sea irremediablemente tarde, si es que no lo es ya, como muchos tememos.

La democracia se asienta sobre principios irrenunciables, uno de los cuales había sido hasta ahora mantener a los niños al margen. Ya el año pasado vimos cómo los «ayuntamientos del cambio», encabezados por el de Podemos en Madrid, ponían todo su afán en convertir las tradicionales cabalgatas de los Reyes Magos en desfiles reivindicativos del multiculturalismo que abrazan fervientemente como ideología. Con idéntico entusiasmo el separatismo catalán se dispone a vender su mercancía averiada a través una celebración concebida para brindar ilusión a los más pequeños. Sin vergüenza, ni pudor, ni disimulo… ni nadie que se lo impida.

¿En la cabalgata también?
Fernando de Páramo//201612 6 Enero 2017

La primera cabalgata documentada celebrada en España nació de la pena de un hombre bueno, de la solidaridad de un puñado de intelectuales y del embrujo de Granada. Cuentan que corría el Enero de 1911 cuando a un socio del Centro Artístico de la ciudad granadina, ante la pena por la pérdida de uno de sus hijos pequeños decidió organizar una colecta de juguetes para que los Reyes Magos los entregasen en persona a quienes más lo necesitaban. El resultado fue un éxito y más de 250 niños recibieron sus regalos de manos de los Magos de Oriente. Una iniciativa a la que se sumaron intelectuales de la época que participaron disfrazados en la comitiva como el pintor Gabriel Morcillo, y años después, joven y vestido de beduino un tal Federico García Lorca. Sin duda, las cabalgatas nacían con un objetivo claro: hacer feliz a los niños.

Cuando esta semana navegando por Twitter vi la noticia de que Omnium Cultural y la ANC, socios de Convergència y Esquerra Republicana, querían inundar de separación la cabalgata que retransmitiría la televisión pública de Cataluña pensé, como seguramente también muchos catalanes: “¿Aquí también? ¿Ya está bien no?”. Y es que los políticos separatistas hace mucho tiempo que conducen sin frenos. No conformes con colgar la separación de las instituciones, de los espacios públicos de todos y de las escuelas públicas, proponen que los niños la lleven también en la cabalgata de los Reyes Magos.

“¿Habrán perdido el norte?” Me pregunté al principio. Quizás hubiese sido mejor intentar explicar, al igual que hicieron con Cristóbal Colón, que los Reyes Magos también eran catalanes. Pero bromas aparte, desgraciadamente con el separatismo no existen las casualidades. Todas las coincidencias que ustedes se imaginen están meditadas y confeccionadas de antemano. Cuando la maquinaria se activa es porque siempre hay una orden previa y una estrategia, nunca hay improvisación. Una ecuación en la que siempre suman los mismos factores: el Govern, sus asociaciones y su televisión pública. Una triple operación orquestada y dirigida con un mismo objetivo: meter el imaginario separatista en todas las esferas de la sociedad. Después, eso sí, vienen los que dicen que no les gusta y se intentan desmarcar, pero créanme, también forma parte de la estrategia. Es de primero de populismo.
Farolillos independentistas en la cabalgata de Vic (Barcelona).

“Recibamos a sus majestades con la luz del farolillo de la estelada. Le pedimos al 2017 que nos traigan la República Catalana”. Rezaba la propaganda. No sé cuántos niños habrán pedido este año a los Reyes que les traigan la “República Catalana”. Me imagino que los deseos habrán cambiado respecto a cuando algunos escribíamos la carta de puño y letra, pero en cualquier caso, no creo que, pese al trascurso de los años y la llegada del universo 2.0, los niños hayan cambiado bicicletas, videojuegos y muñecas por la Ítaca de Mas, Puigdemont y Junqueras. Quiero seguir pensando, y que los padres me corrijan, que los más pequeños siguen prefiriendo juguetes a los delirios de unos políticos que son incapaces de hacer política de verdad. Muy desesperados tienen que estar los políticos separatistas para que insten a los niños a que este año pidan un “nou país” a los Reyes.

Sin embargo, lo que no tenía previsto Puigdemont y los suyos es que iban a tener a alguien en frente para que, sin los complejos del PSC y sin las herencias de pactos y pactos de los Pujol y el PP, les sacase sus vergüenzas mientras representa a todos aquellos que nos sentimos catalanes y españoles. Básicamente porque el último líder de la oposición, antes de que llegara Ciudadanos a ocupar ese puesto, está ahora de Vicepresidente sentado al lado de Puigdemont. Que fácil lo tenía Convergència con Junqueras en la oposición y que difícil lo tiene ahora con Arrimadas. Afortunadamente para el ‘seny catalán’ hay un equipo de mujeres y hombres en el Parlament que no se callará ante los desafíos, que no mirará para otro lado ante los casos de corrupción y que no dará la espalda a la mayoría de los catalanes. Estoy convencido de que cada vez queda menos para que Cataluña deje de ser noticia por cabalgatas, fotos rotas, fraudes de ley, constituciones quemadas, y un largo etcétera de numeritos que pretenden tapar la mala gestión y la corrupción de los que han presumido siempre de ser los ‘verdaderos catalanes’.

Hoy, más que nunca, recuerdo la primera vez que fui a una cabalgata de los Reyes Magos. Precisamente fue en Granada, la misma ciudad donde nació esta tradición. Mucho frio, la mano de mi madre y el ruido de los caramelos cayendo contra el suelo. Espero que nuestros hijos las recuerden con la misma ilusión. Porque por mucho que algunos intenten ser los protagonistas, las cabalgatas hay que celebrarlas como se hizo aquella primera vez, pensando solo en la felicidad de los niños.

Fernando de Páramo es Secretario de Comunicación de Ciudadanos, miembro de la Ejecutiva, Diputado y Portavoz adjunto en el Parlamento de Cataluña.

Alstom Power abandona Cornellà y se lleva la sede a Alcobendas
La transnacional protagoniza otra sonora fuga empresarial de Cataluña
Gonzalo BaratechCronica Global 6 Enero 2017

La compañía Alstom Power ha situado su nuevo domicilio social en Alcobendas, en concreto en la avenida Valgrande número 8 de dicho municipio madrileño. La firma tenía hasta ahora su cuartel general en el World Trade Center (WTC) de Cornellà de Llobregat. En noviembre último, la dirección del grupo ordenó el cierre de las dependencias que ocupaba en el moderno complejo de oficinas de WTC y la plantilla abandonó los locales.

El traslado de la sede es consecuencia del cambio de propiedad de Alstom Power y de Alstom Renovables verificado a comienzos de 2016. Por esas fechas, el coloso norteamericano General Electric las compró al grupo francés Alstom. La transferencia del conglomerado Power-Renovables implicó a escala mundial a 60.000 trabajadores, que pasaron a depender de General Electric.
Mantenimiento de centrales térmicas

Alstom Power se dedica al mantenimiento de centrales térmicas. Su clientela se compone, por tanto, de las empresas generadoras de electricidad. Cuenta con 218 empleados en España.

En 2015, su cifra de negocio se situó en 43,8 millones de euros, con un beneficio neto de casi 5 millones. El volumen de activos de la entidad supera los 31 millones.

Por su parte, Alstom Renovables incluye dos divisiones: la producción de molinillos de viento para la producción de energía eólica y la construcción de turbinas para centrales hidráulicas. Su facturación anual en España asciende a 270 millones, con un millar de trabajadores en plantilla.

La división de renovables, la siguiente
Alstom Renovables mantiene todavía la sede social en Barcelona, en el barrio tecnológico del 22@. Pero no será por mucho tiempo. Fuentes de la empresa declararon ayer a Crónica Global que la multinacional estadounidense prevé dejar las instalaciones del 22@ y fijar su nuevo cuartel general en Bilbao.

Tras la venta de sus filiales de mantenimiento y energía, Grupo Alstom sólo retiene en España la manufactura de unidades ferroviarias de transporte.

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Queridos Reyes: me pido una república catalana
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 6 Enero 2017

Queridos Reyes Magos de Oriente: yo iré a la cabalgata de Vic con un farolillo que alumbre nuestra bandera secesionista porque quiero pediros que me traigáis una República Catalana Independiente que nos libre ¡de una vez! de los españoles. Y para que veáis que mi carta no es capricho, ni cosa rara, ni chifladura, deseo explicaros qué terrible situación padecemos los catalanes. Seguro que el rey Baltasar lo entenderá bien porque él, pobret, también es, como nosotros, minoría étnica.

En Cataluña todo es del Estado español y los de Cataluña tenemos que hacer lo que nos mandan. Hace cuarenta años los españoles nos impusieron una ley llamada Estatuto de Autonomía que nos obliga a elegir un Parlamento, y obliga a ese Parlamento a elegir un presidente de Cataluña y a ese presidente a nombrar un gobierno catalán. ¡Habrase visto! ¡Obligados a votar cada cuatro años y a elegir presidentes y gobiernos como unos galeotes! Y, por si eso fuera poco, nos fuerzan a decidir a nosotros solos en todos los asuntos de Cataluña. Los españoles únicamente se reservan para ellos la defensa. Es decir: ¡Nosotros a trabajar y ellos a rascarla!

Además, esos malvados del Estado nos obligan a enviar 47 diputados al Congreso de Madrid para que decidamos allí sobre todo lo que les afecta a los españoles. ¡Fijaos, queridos Reyes Magos, qué abuso más grande y más injusto! ¡Los españoles no envían ningún diputado a eso que le llaman el Parlamento de Cataluña y los catalanes tenemos que enviar 47 diputados (más que nadie, después de Andalucía) al Congreso de Madrid! Y no solo tenemos que enviarlos, sino que tienen que votar allí sobre las leyes españolas, y controlar al Gobierno español y decir si o no a los Presupuestos del Estado español. ¿Se puede ser más abusón? ¡Por qué no envía Galicia 47 diputados! ¡Por qué no los envían Murcia o La Rioja! ¿Siempre tenemos que ser los catalanes los más perjudicados? ¿Qué decís a eso, queridas Majestades?

Luego está lo de la lengua. Y esto es los más gordo. Porque en Cataluña los españoles ¡se empeñan en que subsista el castellano! Pero el catalán ¿no es la lengua de uso (le dicen vehicular) en la enseñanza primaria y secundaria?, os preguntaréis vosotros, queridos y admirados Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero ¿no es el catalán de hecho la única lengua oficial en todas las administraciones públicas?, os preguntaréis también. Pues sí. Pero a pesar de todos nuestros esfuerzos por extirpar el castellano en Cataluña, los españoles se resisten, demostrando su egoísmo, su sectarismo y su falta de respeto a los demás.

Y ya para rematar esta situación insoportable, los españoles nos obligan, queridos Reyes, a aceptar la monarquía. ¿Pero hay derecho a eso? No lo hay. Y por eso yo voy a ir a la cabalgata de Vic con mi farolillo estelado a pediros que me traigáis una república catalana y, a poder ser, y si no es abusar, también dos huevos duros.

Vic, la vergüenza del nacionalismo catalán
Editorial La Razon 6 Enero 2017

En cuestión de tradiciones, todo es ponerse e imponerse. El independentismo catalán más excluyente ha marcado en el calendario otra fecha para sus demostraciones de fe nacionalista: la cabalgata de los Reyes Magos. No satisfechos con imponer sus símbolos en cuanto espacio quede libre, despreciando al resto de los ciudadanos, ahora han decidido que una festividad de nula connotación política y centrada en el imaginario infantil debe formar parte de su agenda de protestas. Por más repulsivo que fuese el espectáculo que TV3 –la televisión pública catalana– retransmitió desde Vic, en el que una celebración que es de todos se convirtió sólo en otra demostración de los secesionistas, lo cierto es que es algo bastante común en Cataluña. La pérdida del sentido común y del sentido de la realidad por parte de los nacionalistas los lleva a apropiarse de festividades, acontecimientos sociales –el más abusivo tiene lugar cada domingo en el campo del F. C. Barcelona–y, lo que es más grave, de instituciones públicas que ponen a su servicio fondos públicos pagados por todos los españoles. La cabalgata de Vic exhibiendo miles de farolillos con «esteladas» independentistas, sólo demuestra la propia debilidad del «proceso», que no consigue la mayoría deseada, y su retrógrada ideología.

Contra la impunidad de ETA
La Fiscalía debe pronunciarse sobre el atentado contra «los novios de Cádiz», del que hoy se cumplen 38 años, el primer caso prescrito que el Proyecto Dignidad intenta reabrir. ABC describe el calvario de las familias de Antonio y Hortensia
Javier Chicote ABC 6 Enero 2017

La madrugada del día de Reyes de 1979, el guardia civil Antonio Ramírez, de 24 años, y su novia, Hortensia González, de 20, volvían a casa tras pasar unas horas bailando en una sala de fiestas de Beasain (Guipúzcoa). Antonio detuvo el coche, un Renault 5 naranja, en un stop, donde al menos dos etarras con una metralleta Sten y una pistola calibre 9 milímetros Parabellum los acribillaron. Antonio recibió ocho balazos; Hortensia, diez.

La escena fue dantesca: el coche parecía un colador y el cuerpo del joven guardia civil quedó sobre la bocina, que sonó ininterrumpidamente durante 20 minutos eternos sin que nadie los socorriera. Dos vidas segadas, una inminente boda que no se celebró y dos familias muertas en vida. Tras una exigua investigación, el Juzgado Central de Instrucción número dos sobreseyó el caso en dos meses por «falta de autor conocido».
300 muertes impunes

El asesinato de los novios de Cádiz -Antonio era de Tarifa; Hortensia, de San Roque- forma parte de las alrededor de 300 muertes a manos de ETA que no han sido resueltas. El crimen de Beasain ha prescrito, pero como el dolor que generaron los etarras no caduca, Aurora González, hermana de Hortensia, ha dado un paso al frente. Asistida por la Fundación Villacisneros y el despacho Milans del Bosch Abogados, ha solicitado a la Audiencia Nacional la reapertura del caso.

El recurso fue presentado el pasado 12 de octubre y está a la espera de que el fiscal se pronuncie sobre su viabilidad. Los argumentos que esgrime el letrado Santiago Milans del Bosch pivotan en que «España debe respetar los tratados internacionales, entre ellos el Convenio Europeo de Derechos Humanos, por el que estos delitos no prescriben», asegura a ABC. El escrito presentado en la Audiencia argumenta que el terrorismo «es un delito internacional» y, como tal, «imprescriptible». No depende de «las reglas que tenga en cada momento» un Estado, sostiene.

Santiago Milans del Bosch, magistrado en excedencia, incide en la contradicción que supone la prescripción de un asesinato como el de Antonio y Hortensia: «El paso del tiempo no borra las huellas de lo sufrido, sino todo lo contrario, provoca un aumento del estrés postraumático». Es el caso de su representada, Aurora, quien ha narrado a este diario sus 39 años de calvario. Mujer de Guardia Civil de Tráfico destinado en Villafranca de Ordicia, se llevó al País Vasco a su hermana pequeña, que se enamoró de otro integrante de la Benemérita, Antonio.

La mañana del atentado escuchó por la ventana a sus vecinos guardias que decían alarmados «el Antonio, el Antonio». Salió asustada y fue Miguel Maestre, el compañero de Antonio, quien la abrazó y le dijo que habían matado a Antonio, «que mi hermana también estaba pero ella no había muerto», recuerda. Aurora fue a la clínica de Beasain y allí se encontró de bruces con el cadáver acribillado de Hortensia. A Miguel lo mataría ETA solo cuatro meses después, cuando iba a recoger el correo del cuartel.

Aurora lleva 38 años tomando pastillas para los nervios. «Nos enterraron en vida», dice apenada. «Mi padre murió ocho años después diciendo mi niña mi niña, y mi madre, que falleció hace nueve años, ni siquiera pudo ir a las bodas de mis hermanos porque no soportaba ver a sus seis hijos juntos sin Hortensia», continúa el relato.

«Desde el atentado no ha habido Navidades en mi casa. El día de Reyes es mortal. Llegando noviembre, ya me pongo mala», remacha. Llama la atención que a la familia de Hortensia no le dijeron «nada de nada» de la investigación. Lo mismo le ocurrió a los familiares de Antonio. Su hermano, Diego, Guardia Civil en la reserva, recuerda para ABC que «ese día me hicieron hijo único», y corrobora que no solo no les comunicaron «ni una palabra sobre la investigación», sino que «mi padre pagó de su bolsillo la reparación del R5 de mi hermano, el chapista que tapó los agujeros de las balas».
Un altar de fotos y luces

Su testimonio es estremededor: «Aún conservamos el coche, porque es el único en el que mi madre, que tiene 90 años, no se marea». Diego lo usa para llevarla al cementerio de Sabadell (Barcelona), donde descansa Antonio junto a su padre, que también fue Guardia Civil.

«El dolor que sufrimos es el mismo que el primer día. Mi madre tiene una habitación que es como una sacristía, un altar lleno de luces y de fotos de mi hermano y de Hortensia». «Saber quiénes son esos "gudaris" -dice en tono despectivo- que mataron a mi hermano y a Hortensia y, sobre todo, que paguen, sería una descarga de adrenalina, una satisfacción», relata Diego emocionado, que estaba muy unido a su único hermano, con el que sólo se llevaba 18 meses. «No sé si los asesinos viven, si están felices o tienen remordimientos, pero sí me gustaría saberlo». Diego no figura en el escrito presentado en la Audiencia Nacional, pero apoya la decisión de Aurora de intentar reabrir el sumario «porque el no ya lo tenemos y el recurso supone una pequeña esperanza».

El Proyecto Dignidad de la Fundación Villacisneros, nació el año pasado con cuatro líneas de actuación: jurídica, literaria, cinematográfica y artística. La primera de ellas intenta «reabrir casos para meter en la cárcel a asesinos que se están paseando por los bares», en palabras de Íñigo Gómez-Pineda, presidente de una fundación que también tiene en su patronato a la exlíder del PP vasco María San Gil y a Ana Velasco Vidal-Abarca, hija del comandante Jesús Velasco, asesinado por ETA en 1980.

Para este propósito, la Fundación Villacisneros, domiciliada en Madrid, ha llegado a un acuerdo con el despacho de Santiago Milans del Bosch, que además del atentado contra los novios de Cádiz, ya trabaja en otro sumario también «cerrado sin apenas investigación».

La ex cabalgata de Vic
SERGIO FIDALGO El Mundo 6 Enero 2017

Uno de los gags más populares de los Monty Python tiene como escenario una tienda de mascotas. John Cleese se queja al dependiente (Michael Palin) porque le ha vendido un loro muerto. El tendero asegura que no es cierto y que está vivo. Al final el cliente insatisfecho lanza un alegato asegurando que el cadáver del loro es ya un ex loro. De la misma manera podemos asegurar que la cabalgata de Reyes que se celebró ayer en Vic (Barcelona), gracias al agit-prop de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, se ha convertido en una ex cabalgata.

La cabalgata de Vic, como el loro de John Cleese, ha muerto. O, mejor dicho, la han matado los dirigentes de la ANC y Òmnium al convertir una fiesta para los niños, una celebración de los más pequeños, en un acto de propaganda política. El matiz de última hora de Òmnium intentando limitar el apoyo a esta iniciativa de su sucursal local, pero desmarcándose a nivel catalán, resulta patético.

Las próximas generaciones de habitantes de Vic, cuando hablen de las cabalgatas del pasado, lo harán de la del 2017 no por la belleza de las carrozas, ni porque la decoración de ese año fuera espectacular. La cabalgata más famosa de la historia de la ciudad habrá conseguido ese título gracias a la vocación manipuladora de las entidades que dicen representar a la sociedad civil catalana, y que lo que hacen es dividirla cada día más. Es una barbaridad pedir la exhibición de símbolos secesionistas durante un acto infantil.

Por supuesto, el tendero de esta historia, el presidente de la ANC, Jordi Sànchez, intenta justificar lo injustificable. Por eso niega, sin ruborizarse, que su actuación tenga intenciones políticas y hace declaraciones de este tenor: "La estelada en Vic no se vive como un elemento de conflicto sino de normalidad. La prueba es que desde 2012 las cabalgatas han convivido con la presencia de estos farolillos. Por lo que sea, este año se ha generado una noticia y parece que nos hayamos vuelto todos locos". Queda claro. El tendero niega que el loro muriera ayer. En todo caso falleció en 2012, año en que en Vic la ANC y Òmnium decidieron convertir una fiesta para los niños en un aquelarre secesionista. Y el presidente de la ANC se asombra de que John Cleese (que representa a la mayoría de la sociedad catalana que no es separatista) se queje por algo, un loro muerto, que es lo más normal del mundo y que a nadie molesta ni extraña. Éste es el problema principal: para los independentistas radicales convertir una cabalgata de Reyes en una manifestación política es lo más razonable del universo. Por eso, cuando alguien protesta le tachan de ser un malvado unionista al servicio de la España post-franquista que quiere romper la armonía de la sociedad catalana.

¿Por qué tanto lío con la cabalgata de Vic? Porque TV3 la escogió para su retransmisión tradicional de la víspera de Reyes. En principio se podría pensar que la cadena no es culpable de la polémica, dado que si hubieran elegido otra ciudad catalana la ANC y Òmnium se habrían movilizado de la misma manera y habrían situado voluntarios alrededor del recorrido con sus farolillos con la estelada y sus símbolos secesionistas. Pero tras escuchar el argumento del tendero Sánchez para vender su loro muerto, es decir, que se exhiben farolillos con la estelada en Vic "con plena normalidad desde el 2012", la pregunta, entonces, es ¿por qué ha escogido la televisión de la Generalitat una cabalgata que desde hace años congrega a un buen número de activistas secesionistas que llenan el recorrido con símbolos separatistas para convertir una fiesta infantil en un acto político? ¿A qué juega TV3, que ya no respeta ni la ilusión de los más pequeños?

La respuesta parece obvia: la dirección de TV3 no considera la exhibición de símbolos separatistas en una cabalgata infantil un problema, sino algo positivo y deseable dado el papel que esta cadena ha asumido de punta de lanza del proceso secesionista. Basta con ver cómo introducen este tipo de mensajes a lo largo de toda su parrilla, sea en informativos, programas de entretenimiento, debates, comedias, programas de humor o series.

Es normal que ANC y Òmnium llamaran a somatén para que el sector secesionista de la población de Vic y alrededores se movilizara. Ambos colectivos daban por supuesto el apoyo de TV3 a su campaña propagandística, porque en el pasado esta cadena lo ha hecho con entusiasmo convirtiéndose prácticamente en coorganizadora de las manifestaciones multitudinarias de los 11 de septiembre. Semanas antes ya estaban dedicando reportajes a los preparativos de las vías catalanas, explicando cómo y dónde apuntarse a la mismas. Más que informaciones, eran publirreportajes gratuitos al servicio de la secesión sufragados con el dinero de todos los catalanes.

Por eso ANC y Òmnium estaban convencidos de que las cámaras de TV3 no evitarían enfocar las banderas y los farolillos con la estelada, y con toda la naturalidad del mundo pidieron a su gente que mostraran todo su arsenal de símbolos separatistas. Y ante las quejas de los partidos constitucionalistas, la magnífica pregunta a la Comisión Europea por parte de la eurodiputada Teresa Giménez Barbat para proteger los derechos de los niños catalanes que han sido llamados a usar símbolos independentistas en esta cabalgata, o las denuncias públicas de entidades como Societat Civil Catalana, se han limitado a exhibir el tradicional victimismo secesionista.

Como hace años que los políticos separatistas y sus terminales en la sociedad civil subvencionada han decidido ignorar la realidad para dedicarse a la ingeniería social y la propaganda, les da igual que la mayoría de los catalanes no aprueben esta iniciativa. "Si no les gusta TV3 que no la sintonicen y que vean la cabalgata en otra cadena", dicen. Consideran que la televisión de la Generalitat, como el dinero público de todos los catalanes, es patrimonio suyo y no les tiembla la mano a la hora de cerrar ambulatorios, o reducir el número de camas de los hospitales públicos mientras no faltan los fondos para embajadas de la Generalitat, acción exterior o para la maquinaria propagandística pro-secesión.

Los secesionistas juegan su papel. Tienen muy claro sus objetivos y usan todas las herramientas a su alcance. Somos los constitucionalistas los que hemos de tomar nota de su claridad de acción. Mientras unos dudamos, ellos actúan. Mientras unos avanzan, otros retrocedemos. La acción de la Justicia no les detendrá, porque van dos pasos por delante y siempre encontrarán alguna forma para seguir avanzando en su camino hacia la ruptura de España.

Sigo esperando, seguimos esperando, tal y como dije hace unas semanas en estas mismas páginas, un plan B, una hoja de ruta del Gobierno de España para reconquistar los corazones de los catalanes que han sido engañados por la propaganda secesionista. Hemos de reconstruir los lazos que ERC, la antigua Convergència y la CUP han conseguido debilitar. Estoy deseando comprobar que la llamada Operación Cataluña del Gobierno va más allá de lo que algunos denuncian: una maniobra a corto plazo para apaciguar con dinero público a los separatistas.

Soy optimista, y confío en que el Gobierno piensa en las futuras generaciones y quiere que Cataluña vuelva a tener un Gobierno autonómico leal que trabaje para el bienestar de todos los españoles, y no para enfrentarlos. Para conseguir este objetivo es necesaria mucha pedagogía y muchas ganas de desmontar la maquinaria de propaganda que ha engañado a centenares de miles de catalanes. Estoy deseando que la cabalgata de Vic sea la última ex cabalgata, y que los niños puedan ir a ver a los Reyes Magos, recoger caramelos y disfrutar del colorido de las carrozas. Y no para ser utilizados como carne de cañón propagandístico por parte de unas entidades políticas sin escrúpulos.

Sergio Fidalgo es presidente del Grup de Periodistes Pi i Margall.
 


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