AGLI Recortes de Prensa   Sábado 7  Enero 2017

El recurso fácil de Montoro: impuestazo
Rubén Santamarta La Voz  7 Enero 2017

Dos mil setecientos días después, un 22 de diciembre del 2011, Cristóbal Ricardo Montoro Romero volvía allí donde había estado tanto tiempo. Al sillón noble del Ministerio de Hacienda. Regresó tras unas elecciones ganadas por su partido gracias, entre otras, a proclamas como esta del jienense: «No hay que subir los impuestos porque esto frena el consumo, la inversión, y nos hace menos competitivos; hay que hacer una bajada selectiva de impuestos a las pymes y a los autónomos, a quienes nos tienen que salvar de la crisis». Son palabras en un mitin en Málaga en octubre del 2011, recogidas por los medios locales. Montoro era entonces coordinador de Economía del PP.

Solo una semana después de asumir su cargo como máximo responsable de las cuentas públicas españolas, aparcado (por el momento, ya lo veremos después) el perfil mitinero, Montoro ejecutó en las Navidades del 2011 una de las mayores subidas de impuestos que se recuerdan. Para cumplir con el déficit, argumentó. Obligados por esa cosa abstracta llamada Bruselas; no somos nosotros, vino a justificar.

Aquella promesa -«¿Cómo es posible que el PP hable de bajar los impuestos? Porque ya lo hicimos en 1996», dijo en aquel mitin- se convirtió después en 45 incrementos retributivos (cálculo del Registro de Economistas y Asesores Fiscales, no de la oposición). Cinco revisiones del IRPF, cuatro de sociedades, dos del IVA, IBI, patrimonio, tasas universitarias... El hombre de las cuentas del Estado tiraba de la vía fácil, la de apretar a ciudadanos y empresas, para contentar a Bruselas, claro. Pero no lo consiguió. Ni uno solo de los años de legislatura, y a punto estuvo de costarle una severa multa de Europa.

Para enjugar la mentira, agotó la legislatura el ministro con una especie de fiesta: una rebaja en el IRPF cuando asomaban las elecciones y el temor a la pérdida efectiva de la mayoría absoluta. Tiró del mismo recurso fácil, ahora para ganar: bajar los impuestos.

El 11 de junio del 2016 -sí, otra vez la hemeroteca, es lo bueno que tienen los periódicos, la memoria impresa-, nuestro hombre de los números aprovechó que estaba lejos del ministerio, enfundado en el traje de mitinero, en la campaña de las generales, para volver a destaparse: «Se bajarán los impuestos para cumplir el objetivo de que 20 millones de personas estén trabajando en este país [...] La gente de este país se ha puesto en marcha y hay que alimentar ese crecimiento bajando el IRPF y el impuesto de sociedades».

Seis meses después, ya saben: impuestazo a sociedades (lo que iba a bajar), alcohol y tabaco, una futura tasa a las bebidas azucaradas, y un nuevo tributo ambiental. Todo por Bruselas de nuevo, claro...

Volveremos a oír lo mismo de este ciudadano. Y el problema no es solo la mentira. Es la palpable demostración de la falta de recursos de este ministro, el de la vía fácil.

Hacer España
Gonzalo Duñaiturria okdiario  7 Enero 2017

Leía el pasado 2 de enero el conjunto de ignominias, falsedades y manipulaciones sectarias e interesadas vertidas por determinados elementos de la progresía radical (apoyados por la progresía “no tan radical”) con respecto a la conmemoración, en Granada, del 525º aniversario de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos en 1492, conocida como la Toma de Granada.

James Allen, poeta y escritor inglés afirmó que “No hay mal en el universo que no sea el resultado de la ignorancia”.

El problema reside en que esa conjunción de maldad e ignorancia no repercute en quien padece semejante mal, sino que vertida sobre la sociedad desde las instituciones acarrea dramáticas consecuencias.

No voy a entrar en profundidad a refutar los pueriles argumentos que contra dicha conmemoración se han vertido, pues resulta inútil y estéril. Tan solo baste, a modo de ejemplo, preguntarse si, I) Resulta fascista una conmemoración que se celebra desde hace más de 500 años bajo todos los regímenes y formas políticas incluida la II República? II) Es fascista una conmemoración cuando el fascismo apareció 430 años después? III) Es imperialismo el periodo de los Reyes Católicos cuando y desde Granada especialmente, penetró con exuberancia el verdadero pensamiento europeo? IV) Se puede hablar de genocidio cuando históricamente fue el Rey Boabdil entre sollozos, quien abandonó la plaza? V) Se puede afirmar que quienes defendemos un hecho histórico de trascendencia como la Toma de Granada fomentemos “el odio y la intolerancia” cuando, si no se hubiese producido, hoy nos encontraríamos con un sistema que dilapida a las mujeres, ahorca a los homosexuales y decapita a quienes no profesan la religión oficial? Y como estos, podríamos aportar decenas de argumentos que desde la lógica que siempre impone la historia llenaría de vergüenza a quienes sin tenerla, expanden desde el púlpito de la ortodoxia política y moral, exabruptos y mentiras (Pablo Iglesias tildó de “patrioterismo rancio, inculto y reaccionario” a los defensores de la conmemoración).

Aquellas naciones que afrontan, asumen y defienden su pasado sin avergonzarse tienden a crear sociedades más justas y por lo tanto, más libres.

No es posible hacer España sin educación. No es posible hacer una sociedad libre sin cultura. Ninguno de los problemas que hoy nos acucian quedará verdaderamente resuelto sin no solucionamos antes la educación de nuestros jóvenes.

Cuando hoy se habla de modificar la Carta Magna sin que los que lo proponen, se atrevan o no sepan decir que hay que modificar, yo propongo devolver las competencias en educación al Estado. Dejar la instrucción de nuestros jóvenes en manos de aquellos que manipulan la historia por zafios intereses ideológicos fue un error desde el principio, que ha supuesto como en Cataluña, que por lo menos una generación se haya educado en el odio a España y en el resentimiento hacia todo lo que significa la gran nación a la que pertenecemos.

Hemos padecido en distintos puntos de nuestra nación y desde hace décadas un vacío educacional que por mucho “Pacto por la Educación” que se alcance, únicamente se alcanzará pactar “la forma”, dejando “el fondo” en manos de una ideología recalcitrante y manipuladora, en unos casos, o en manos del independentismo antiespañol en otros.

La Leyenda Negra, como propaganda contra nuestra Nación, que empezó a fraguarse a partir de mediados del siglo XVI, nació fruto de la envidia histórica de franceses, holandeses y en menor medida de los italianos. Se trató de una conjura exterior y fue dura, pero más dura fue la complicidad de aquellos cainitas españoles que se sumaron a ella. Desde hace años vivimos una nueva leyenda negra, más difícil de combatir pues tiene su génesis en el interior de España. Se trata de una nueva leyenda que procede de sectores ideológicos inquisitoriales y fanáticos.

Ya no podemos recuperar lo que hemos perdido ni devolver la verdad a las generaciones educadas en la ignorancia y el odio. Pero si estamos a tiempo de rectificar el rumbo y hacer España desde la cultura, la educación y la verdad, sin miedos, complejos ni traumas.

La izquierda y su fracaso anunciado Carlos Herrera
Carlos Herrera ABC  7 Enero 2017

LE hemos visto la espalda al Rey Baltasar, con lo que podemos decir que esto se ha acabado. A la hora en la que usted está leyendo amablemente este artículo, en el caso de que sea tempranero, Sus Majestades andan camino de su casa habiendo sembrado previamente de ilusión y regalos la inmensa mayoría de los hogares españoles.

El tema hoy es ya otro, aunque llevemos no pocos años al retortero. Al grano: ¿va la izquierda española a conducirse por la senda del acuerdo y la negociación o va a dedicarse a la radical apuesta del todo o nada? Ayer reflexionaba al respecto Nicolás Redondo afirmando que sería muy conveniente para el PSOE y las centrales sindicales exiliarse del previsible fracaso que supone cerrarse en banda a cualquier pacto puntual sobre cuestiones importantes. El fracaso de la izquierda europea es, en cualquier caso, dominio de debates largos: tiene ocupados a muchos pensadores y no pocos políticos continentales, pero hasta ahora no ha llegado a ningún puerto intermedio desde el que se vislumbre a lo lejos alguna idea interesante.

En España aún anda la izquierda populista escribiendo reinvenciones acerca de la Transición y el supuesto conjuro con el que el maldito «establishment» franquista se perpetuó a sí mismo al objeto de seguir robándole al pueblo sus derechos y su dinero. Esa idiotez histórica se la han creído unos cuantos y lo malo es que hay una sección de la izquierda supuestamente moderada que también la subraya: es la izquierda del «No es No», la que quiere recuperar no sé qué PSOE, la que abre oficinas alternativas y la que entiende que su futuro está ligado a los populismos aterradores aunque no quiera calificarlos de tales. Mientras el socialismo racional no se separe de esa izquierda extrema emocional y pueril, habrá poco que hacer. Ahora mismo, víctima de su situación convulsa, el socialismo apuesta por desmarcarse de cualquier atisbo negociador que no suponga la demolición de todas las medidas tomadas por el Gobierno de Rajoy, bien sea en ámbito presupuestario o laboral.

Los datos de empleo de este último mes han demostrado varias cosas: que con elasticidad se crea empleo y que con estabilidad se podría haber creado más. Sin embargo el PSOE anuncia que su enmienda a la legislación laboral que ha favorecido la creación de casi 400.000 empleos va a ser total. Es decir, entre el todo o la nada, la nada. Sin flexibilidad, sin ganas de encuentro, sin matices. La nada. Aliado con individuos que la historia reciente ha demostrado que al PSOE no le conviene ni acercarse, la oposición socialista quisiera, según dice, revertir totalmente la situación y volver a la legislación que no impidió que se alcanzara el número de parados demoledor del que venimos. Otrosí las centrales sindicales, a punto de ser arrastradas por el viento de los días, incapaces de analizar desde un mínimo de optimismo la imperiosa necesidad de amoldarse a los tiempos laborales que nos ocupan. Deberían sindicatos e izquierda supuestamente moderada echar un vistazo a su alrededor con una agudeza visual mayor de la que emplean para analizar el presente. España se lo agradecerá y su electorado encontrará trabajo antes de perder el tiempo en escuchar las explicaciones que le dan por no haberles creado empleo.

¿Cuánto nos cuesta el Fondo de Liquidez Autonómico?
El Gobierno desembolsará este año otros 30.000 millones extra para asistir financieramente a las comunidades autónomas.
Jaime de la Casa Libertad Digital
  7 Enero 2017

Parece que este año nuevo viene con regalo, valorado en nada menos que 30.000 millones de euros. Es lo que el Gobierno prevé que necesitarán las comunidades autónomas en materia de asistencia financiera a lo largo de 2017. Sin embargo, el coste total del rescate autonómico, iniciado en 2012, es muy superior.

El Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) nace de un decreto ley de julio de 2012, en el que el gobierno del PP crea un "mecanismo de apoyo a la liquidez de las comunidades autónomas, de carácter voluntario y temporal, que permite atender a los vencimientos de deuda, así como obtener los recursos necesarios para financiar el endeudamiento". En otras palabras, un préstamo y avales concedidos por el Estado para que las autonomías puedan endeudarse sin necesidad de acudir a los mercados financieros, donde los inversores exigen mayores tipos de interés debido al claro riesgo de insolvencia que padecen ciertas regiones.

Su adhesión a este mecanismo requiere, en teoría, una serie de compromisos de estabilidad presupuestaria y reducción del déficit que, a la vista de los datos, no se han cumplido en la mayoría de ocasiones. De hecho, la agencia de calificación Moody's avanzó que las comunidades autónomas tampoco cumplirán el objetivo de déficit del 0,6% fijado para este año. Cabe recordar que a financiación del FLA se realiza mediante deuda pública, de modo que su carga recae sobre los hombros de todos los contribuyentes.

¿Cuánto dinero ha inyectado el Fondo?

En el año de su creación el Gobierno lo dotó de 18.000 millones, y en los años posteriores se ha incrementado de manera progresiva hasta los 24.000 actuales. La cuantía total del FLA desde su creación en 2012 hasta la actualidad asciende a 172.374 millones, pero si a esta cifra se suman los 30.000 millones previstos para 2017, su coste superaría ya los 200.000 millones de euros. Y ello, sin contar las otras vías de asistencia financiera facilitadas por el Gobierno, como el mecanismo de pago a proveedores.

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Las comunidades autónomas más beneficiadas hasta el momento han sido Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía, recibiendo 53.307, 36.777 y 27.682 millones, respectivamente. Sólo estas tres comunidades copan el 69% del fondo.

¿Ha servido para algo?

El propósito de esta medida, en teoría temporal, era posibilitar a las CCAA el acceso a liquidez a cambio de equilibrar sus cuentas públicas. Y si bien lo primero se ha hecho, lo segundo no tanto. La deuda de las CCAA se ha incrementado en casi 20 puntos porcentuales del PIB desde el año 2008.

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Por otro lado, de las tres comunidades más beneficiadas por el FLA, sólo Andalucía parece ir cumpliendo el objetivo de estabilidad presupuestaria, aunque a duras penas, al menos hasta 2015. Cataluña, por ejemplo, cerró con un déficit del 2,89% en 2015, un 35% más que en 2013, el agujero fiscal de la Comunidad Valenciana creció un 18% durante ese mismo período, mientras que el déficit andaluz bajó un 25%.

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La piedra del maximalismo
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  7 Enero 2017

Ha llegado el momento de propiciar encuentros y reencuentros con –y entre– todos los que rechazan la aventura secesionista.

No lo escribió un experto chino en artes bélicas en el siglo IV a. C., ni un especialista moderno en polemología o ciencia de la guerra. Lo repite la sabiduría popular desde que el mundo es mundo: "Cuida de no tropezar dos veces con la misma piedra". La sentencia es válida en todos los órdenes de la vida y, por lo tanto, también en política.
Demencia fratricida

Los tropiezos de España, a lo largo de su historia, han sido incontables, con las piedras más diversas. Pero hay una de la que por su magnitud, su proximidad y su naturaleza letal deberíamos precavernos con singular cuidado: la guerra civil. Afortunadamente, la ruptura que hoy nos castiga no llega, todavía, a tales extremos de demencia fratricida. Pero igualmente no estará de más extraer algunas lecciones de aquella hecatombe.

Una de estas lecciones, que será útil si deseamos preservar la cohesión nacional y nuestras libertades, concierne a la necesidad de que los partidos y los movimientos sociales comprometidos con la defensa de la convivencia dentro del marco constitucional depongan sectarismos y discriminaciones anacrónicas. No se trata de guisar una olla podrida como la que aglutina a los aliños secesionistas y la casquería antisistema, sino de sellar acuerdos constructivos en torno al eje de la racionalidad.

¿Por qué la evocación de la guerra civil? Porque un bando se condenó él solito a la derrota cuando sus integrantes se dividieron entre los que luchaban por la república y los que ambicionaban el triunfo de la revolución. Con el agravante de que los revolucionarios trotskistas combatían contra los revolucionarios estalinistas, alineándose con los revolucionarios anarquistas, o enfrentándose con estos, mientras todos ellos disputaban el poder a los socialistas de Prieto y los burgueses de Azaña. La derrota estaba cantada. La piedra del maximalismo con que tropezaban era descomunal.

Traidores y 'botiflers'
Hoy, los constitucionalistas debemos sacar las conclusiones apropiadas sobre los desastres a los que conducen las divisiones, aunque la situación no sea tan crítica. Volviendo a la olla podrida secesionista, hay algunos ingredientes que ahora descubren sus incompatibilidades con otros. Más aun: hubo nacionalistas que se negaron desde el principio a zambullirse en ella. Y quienes la denunciaron desde el vamos.

Ha llegado el momento de propiciar encuentros y reencuentros con –y entre– todos los que rechazan la aventura secesionista. La prueba de que cada nueva toma de posición contra el secesionismo debe ser bienvenida reside en que los empecinados acusan de traidores y botiflers a quienes se desengañan. No contábamos con Miquel Roca y Duran Lleida para devolver el castellano a la enseñanza. Para frenar el secesionismo, parece que sí contamos con ellos y sus acólitos. Cambiaron las tornas y cambia también el clima para el diálogo con los potenciales interlocutores civilizados y divorciados de los incorregiblemente atrabiliarios que todavía mandan.

Estos nouvinguts (a veces no tan nous) llegan con sus matices diferenciales, lo que no justifica apartarlos o imponerles juramentos de pureza de sangre. También entre los movimientos sociales opuestos al nacionalismo hubo y hay diferencias. Si no no serían tan numerosos, pero la necesidad los obliga a unirse. Pongo un ejemplo: sería una irresponsabilidad mayúscula menospreciar a Sociedad Civil Catalana, fogueada en la resistencia al secesionismo, porque su programa incluye la enseñanza del aranés, que muchos juzgan –juzgamos– absurda, por su impronta arcaizante y provinciana.

No es una herejía
En verdad, las disparidades que trae al bloque constitucionalista la incorporación de grupos desprendidos de CiU y afines debería interpretarse como un síntoma de crecimiento y no como un factor involutivo. Y lo mismo vale para los aportes del ala catalanista del Partido Popular. Leo un meduloso artículo de Josep Piqué ("¿Hacer política? ¿Qué política?", El Mundo, 27/12), implacable con el secesionismo, que ha sido injustamente maltratado desde el sector constitucionalista porque plantea algunas diferencias tácticas en la forma de enfrentar el alzamiento. Piqué, que encabezará junto con Francesc de Carreras y Josep Borrell un nuevo think tank sobre Cataluña (Crónica Global, 2/1/2017), critica que "la respuesta política al desafío independentista se ha limitado a la respuesta jurídica". Aprueba sin reservas esta respuesta jurídica, pero no la considera suficiente. No es una herejía que pida la respuesta política:

El nacionalismo catalán lleva décadas en un proceso de "construcción nacional" que, ahora, cree que ha llegado a un suficiente grado de maduración como para plantear seriamente la independencia. Y para ello ha utilizado tres palancas, sobre las cuales ha "hecho política". La primera es el sistema educativo. Y, en mi opinión, el principal error ha sido centrar el debate en la lengua y no en los contenidos educativos, sobre todo en Historia y Geografía. La segunda es la política de medios de comunicación, dejando que los medios públicos y privados subvencionados hayan contribuido, en contra de su obligación de reflejar la pluralidad de la sociedad catalana, a ese proceso de "construcción nacional", que se basa en el enaltecimiento de lo propio en contraposición a lo que se considera ajeno, es decir, la idea de España. Y tercero, la progresiva aceptación, implícita pero real, del "oscurecimiento" del Estado en Cataluña, de manera que en muchas zonas de su territorio, viven ya como si fueran independientes, puesto que la presencia de los símbolos estatales y/o nacionales españoles es inexistente.

Ojalá los dirigentes empresariales fueran tan explícitos. Después de ratificar que "la soberanía reside en el conjunto del pueblo español", Piqué concluye:

Lo más importante, a mi parecer, es hacer política de presencia de los símbolos y del sentimiento de España en Cataluña. Y que los catalanes que se sienten españoles, que aún son mayoritarios, no se sientan desamparados y faltos de arrope.

Barreras contra el secesionismo
Preocupa que, cuando el frente secesionista se resquebraja, e incluso la presidenta del Consejo Nacional de PDECat y de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa, pide "realismo" y admite la posibilidad de que no se celebre el referéndum y sí elecciones (El País, 17/12), quienes deberían contribuir a sumar fuerzas al constitucionalismo y no a restarlas pregunten, refiriéndose al hecho de que Piqué otorga más importancia a la enseñanza de la historia y la geografía de España que a la del castellano: "¿Es que ya han pactado que de los derechos lingüísticos castellanohablantes no se hable?"

Desde que empecé a escribir sobre política catalana, en 1982, nunca dejé de reivindicar la enseñanza del castellano en las escuelas de la comunidad autónoma, y seguiré reivindicándola, pero entiendo que un político o un estudioso pueda priorizar la importancia de las dos asignaturas que defiende Piqué, como barreras contra el secesionismo, sin despertar suspicacias descalificadoras. Escribe Pedro Antonio Heras Caballero en La España Raptada (Áltera, 2009):

Tenemos otros problemas relacionados con la división de nuestro sistema de enseñanza en diecisiete comunidades con –en la práctica– total libertad para enseñar lo que crean conveniente. Esta libertad aprovechada de forma sesgada y sectaria carece de controles y coordinaciones que limiten y pongan coto a un sistema que produce aberraciones transidas de excesivos localismos y particularismos en la enseñanza de las ciencias sociales y humanísticas en general, y en la historia en particular, en especial en aquellas Comunidades Autónomas en las que los nacionalismos niegan de forma orgánica y sistemática la existencia histórica de España como nación y como realidad y proyecto de futuro en común.
(…)
Para eso, han elaborado un discurso, lineal y monocorde, con afán globalizador para acotar y limitar los diversos espacios sociales, emocionales e histórico-políticos de la vida humana. Acotar, aislar, mutilar y empequeñecer –ese afán y ese deseo de fijar y achicar el campo real de la vida– de acuerdo con lo canónicamente nacionalista. Desafío totalitario para la sociedad abierta, que busca razones, ideas y no creencias, y desafío a la verdad histórica, aquella que más se aproxima a la realidad pasada y presente. Por eso, para los nacionalistas, el mito es necesario para deformar la realidad y hacerla irreconocible para los alumnos adoctrinados, sin pudor ni límites, en los valores y en el discurso nacionalista.
(…)
Por nuestra parte, nos hemos centrado en estudiar los textos de ciencias sociales e historia en el País Vasco y Cataluña. Lo hemos hecho así ya que son los ejemplos más reales de la situación arriba citada. No significa que el exceso de particularismo y narcisismo empobrecedor y estéril se limite exclusivamente a las autonomías estudiadas, País Vasco y Cataluña, pero es donde alcanzan los mayores despropósitos.

Cuando la enseñanza de la historia y la geografía de España esté garantizada en todas las escuelas de Cataluña, también lo estarán los derechos de los castellanohablantes… y de los catalanohablantes que quieran conocer a fondo el castellano para enriquecer su acervo cultural. Ya está demostrado que la piedra que obstruye el camino del progreso se llama maximalismo y que quienes tropiezan con ella salen derrotados. Se ruega no repetir la experiencia.

El incierto futuro de España
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco.com  7 Enero 2017

"Los nacionalismos vasco y catalán siempre tuvieron raíces totalitarias"
Iñaki Ezkerra: "Es necesario dar respuesta a la sobreideologización populista de la izquierda"

Iñaki Ezkerra es una de las personas de mayor honestidad intelectual que conozco. Escritor fecundo, articulista clarividente y con aguda ironía que revela una inteligencia fuera de lo común, no tiene reparo alguno para decir sus verdades del barquero, sin casarse con nadie, sin tener servidumbres de las que tanto abundan en el mundo periodístico. Su radical independencia le proporciona una autonomía de criterio y eso le define como intelectual con altura de miras y bisturí dialéctico que disecciona con agudeza todo lo que es relevante, profundizando en el análisis de las causas.

Iñaki Ezkerra es un escritor comprometido con la verdad y la justicia, con la lucha contra los totalitarismos y en la búsqueda de los caminos de la libertad, lo cual le hizo implicarse en la fundación del movimiento cívico antiterrorista en el País Vasco de finales de los años noventa del pasado siglo. Ha escrito numerosos ensayos sobre el nacionalismo y sus metástasis, convirtiéndose en uno de los más lúcidos analistas del fenómeno terrorista y sus orígenes, lo que le hace un profundo conocedor de las nuevas formas de totalitarismo que lastran las conquistas que tan dificultoso camino tuvieron para superar el régimen franquista, tras la muerte del dictador. Tampoco le va a la zaga el análisis del fenómeno nacionalista catalán, de sus causas y sus consecuencias entre la que está el proceso secesionista que tanto está perturbando el panorama político español y desestabilizando la propia democracia.

Entre sus producciones literarias están una decena de libros de poesía y de narrativa que le convierten en una figura referencial de nuestro panorama literario. Acaba de publicar Los totalitarismos blandos (Podemos, nacionalistas y otros enemigos de la democracia), el sexto de sus ensayos, en la Editorial La Esfera de los Libros. Un brillante análisis de las nuevas formas de totalitarismo que se van abriendo paso en el panorama político español y de otras que ya llevamos décadas sufriendo en las comunidades autónomas mal llamadas “históricas”.

¿Cuál es el motivo o preocupación que ha abocado a la publicación de este libro?
- El sistema nacido con la Constitución del 78 ha atravesado momentos en los últimos años en los que ha sido atacado de la manera más alegre e irresponsable. Este hecho es un motivo justificado de preocupación. Podemos ha sido la gota que ha colmado el vaso de las alarmas.

Mi primer propósito al escribir este libro fue hacer simplemente una reflexión sobre ese nuevo agente político al que se le ha puesto la etiqueta genérica de “populismo” y del que habla todo el mundo como si nadie tuviera ninguna responsabilidad en él. Aquí es que hablan contra el populismo hasta los populistas más groseros e irredentos. He tratado de hacer una reflexión independiente que huyera de los lugares comunes y superficiales; que fuera algo más lejos de lo que se nos repite constantemente y que indagara las causas del fenómeno. Es una reflexión que no es ni indulgente ni tremendista sino que intenta ser precisa. En el partido de Pablo Iglesias hay algo más que populismo: hay una amplia herencia tardía y edulcorada, blanda, de las ideas totalitarias que sembraron de horror el siglo XX. Como la hay también en los nacionalismos vasco y catalán de raíz etnicista. No son Hitler ni Stalin, entre otras cosas porque no pueden, pero tampoco son inocuos. De esas ideas no puede salir nada bueno.

Por un lado considera suave el término “populismo” al hablar de estos fenómenos, un eufemismo. Por otro lado, considera que llamarlos “totalitarismos” a secas tampoco es exacto sino excesivo…
- Sí. Hay en el libro una voluntad de matizar, de medir bien las palabras y no errar en el diagnóstico. La propia paradoja que hay en llamarlos “totalitarismos blandos” obedece a esa voluntad de matizar y diagnosticar. Son blandos por varias razones: porque se dan en democracia aunque vayan contra ella y porque la democracia los contiene, los frena, pero a la vez los alberga y los alimenta.

Por otro lado, abrazan todas las causas de la corrección política: el pacifismo, el feminismo, el ecologismo, el animalismo, el antirracismo, la causa gay, el respeto al integrismo islámico… Este afán por presentarse como políticamente correctos es nuevo en la “tradición totalitaria”. Todo vale para el convento, incluso banderas que, como se puede observar, son ajenas e incluso antitéticas del comunismo clásico y de los nacionalismos etnicistas así como contradictorias entre sí.

Aquí hasta los nacionalistas más sabinianos se erigen en látigos del racismo y la xenofobia. Aquí hay procastristas que olvidan que Fidel perseguía a los homosexuales. Hay quienes pretenden que la Unión Soviética era pacifista y naturista como si no hubiera existido la Segunda Guerra Mundial, la conquista militar de la Europa del Este, la Guerra Fría o el desastre ecológico y humano de Chernóbil.

En estos totalitarismos se mezclan, en fin, ignorancia e incoherencia. Un tercer aspecto que les otorga la condición de “blandos” es que son posmodernos, ideologías-basura, inconsistentes y a la vez capaces de sobrevivir digiriendo todo tipo de contradicciones. Hablan de derechos, pero a la vez desafían a las leyes que protegen estos.

¿En esta capacidad de absorción de banderas correctamente políticas y de contradicciones son iguales los nacionalistas a Podemos?
- Se imitan unos a otros. El origen del fenómeno está en la derrota histórica del marxismo, en la necesidad de la izquierda de llenarse de nuevos contenidos ideológicos que sustituyeran a las reivindicaciones clásicas y en las tesis de Laclau, el autor de “La razón populista”, que postulaba plantear esas nuevas reivindicaciones con un dramatismo similar al de la lucha de clases que no aporta nada positivo a esas causas.

La sociedad de hoy está por acabar con la violencia contra las mujeres. Está por la igualdad de derechos de éstas en el mundo laboral y en todos los aspectos de la vida. Pero no es necesario plantear esa demanda en términos de lucha de sexos.

En cuanto a los nacionalismos vasco y catalán siempre tuvieron raíces totalitarias, como he dicho, pero no populistas. Se han ido haciendo populistas en democracia. Han aprendido del populismo de izquierdas y últimamente de los antisistema, de Podemos y de la CUP. Un ejemplo de esa mutación posmoderna es que el PNV de Sabino Arana renegaba de los castellanos o los andaluces que aprendían euskera. El PNV de la etapa democrática no hace ascos a esa euskaldunización por maleabilidad, camaleonismo y pragmatismo posmodernos. Sin embargo, no habría tragado con un lehendakari que llevara un apellido castellano; con un Mario Fernández, por ejemplo. Es decir que el prejuicio etnocultural sigue latente y activo en el PNV por debajo y por arriba, entre sus bases “pata negra” y a partir de ciertos niveles de poder.

¿El discurso antisistema se ha acercado a los nacionalismos o han sido éstos los que se ha acercado a aquéllos?
- El acercamiento ha sido mutuo y táctico. El discurso antisistema se lleva bien con el referendismo nacionalista por intereses tácticos, por su afán desestabilizador y por su naturaleza asambleísta, por esa superstición falsamente democrática de que se puede plantear todo en todo momento como si asistiéramos a la fundación del mundo y la realidad fuera virtual, una pantalla de ordenador que se puede modificar desde un teclado. Por otro lado, los nacionalistas han jugado interesadamente a antisistemas y al discurso anarquista contra el Estado como si no tuvieran muebles que salvar y como si no quisieran crear un Estado propio.

Aunque esas ideas totalitarias no se muestren en la capacidad destructiva que tuvieron en el pasado, tampoco se puede decir que sus depositarios actuales sean un ejemplo de demócratas…

Tanto Podemos como los nacionalistas deberían hacer una revisión autocrítica de sus postulados ideológicos y renunciar explícitamente a esas herencias: la del modelo de “hombre nuevo” impuesto por el socialismo real, la del modelo racista de vasco o de catalán ideal de Sabino Arana o de Enric Prat de La Riba... Hablo de “modelos” porque el totalitarismo va más lejos de la abolición de las libertades y del racismo; propone todo un “nuevo arquetipo de sujeto” entrometiéndose en la intimidad y en la vida privada de los individuos, controlando hasta su ocio, sus costumbres, sus lecturas, sus afectos, las amistades que debe tener…

En los cursos de euskaldunización para adultos se ha llegado a presionar a éstos para que elijan en sus relaciones sentimentales a parejas que “sepan euskera”.

Felipe González hizo una revisión ideológica en el PSOE de 1979 y dio carpetazo a la herencia marxista para abrazar la socialdemocracia alemana e identificarse con Willy Brandt. A su vez el PC de Carrillo abrazó en la Transición la Monarquía y el Eurocomunismo de Enrico Berlinguer. Hoy esos partidos han involucionado. El zapaterismo fue un regreso sentimental al PSOE anterior a la Guerra Civil y el comunismo español anda llorando a Fidel. Lo curioso es la buena conciencia de toda esta gente. Podemos y los nacionalistas coinciden no sólo en creerse demócratas sino “los únicos demócratas”.

En una entrevista radiofónica, usted los comparó con los integristas católicos del siglo XIX que decían que ellos eran “los únicos verdaderos cristianos” y Salvador Sostres protestó diciendo que usted se estaba metiendo con la Iglesia…
- Lo gracioso y lo paradójico es que esa comparación nació de una conversación con un sacerdote gallego y además muy de derechas. Él fue quien me hizo reparar en esa similitud. Como ese sacerdote es un hombre con una verdadera conciencia cristiana conoce las imposturas de la fe y le duelen. Pero, bueno, siempre ha habido gente que es más papista que el Papa. Ése también es un defecto de muchos españoles. No. Yo no me metía con la Iglesia sino con un vicio muy español. Podemos y los nacionalistas dicen que “sólo ellos son los demócratas”. A su vez estos últimos también dicen que sólo ellos son los “buenos vascos” y los “buenos catalanes”. En el fondo los nacionalistas vascos y catalanes son eso: típicos españoles, con los peores defectos de los españoles, y que no saben que lo son.

¿Qué peligros e incertidumbres nos va traer esa amalgama de nacionalismo y grupos antisistema? ¿No hay peligro de que los totalitarismos blandos se conviertan en duros?
- La condición de “blandos” es intrínseca a ellos. No hay peligro de que se vuelvan “duros”, o sea de que se conviertan en nada parecido a los totalitarismos clásicos. Lo que sucede es que esa “blandura” también es un peligro en sí misma. Esa plastilina ideológica y mutante puede hacer verdaderos estropicios en la economía, en la imagen de seriedad y solvencia de un país. Pueden llevar a referendos y decisiones colectivas graves, a deteriorar la vida civil, a envilecer las democracias… Las serpientes no por blandas dejan de ser peligrosas. Ya lo dice el refrán español: “de las aguas mansas líbreme el Señor, que de las bravas ya me libraré yo”.

¿Cuál es el papel que desempeñan las nuevas expresiones de odio y lo que el filósofo Gustavo Bueno calificaba como “pensamiento Alicia” que dio nombre a uno de sus libros?
- Los populismos en general y más los totalitarios necesitan del odio ideológico, de enemigos sobre los que practicar su vudú político y social como lo explicaba Goebbels en su decálogo sobre la propaganda. Lo paradójico es que luego juegan al buenismo, al utopismo, al ilusionismo pueril que denunciaba Gustavo Bueno en su libro. Combinan, en fin, buenismo y malismo en su estrategia de poder. El Pablo Iglesias que habla de amor en el Congreso mientras lanza un discurso incivil de odio contra la casta o directamente contra la derecha reproduce el esquema del Zapatero que resucitaba los fantasmas de la Guerra Civil a la vez que invocaba el famoso “talante”.

En su libro hay un capítulo dedicado al amarillismo periodístico que ha potenciado estas nuevas expresiones. ¿Qué papel han desempeñado esos medios de comunicación que usted califica como “amarillos”?
- En mi libro defino el amarillismo como “populismo mediático”. Tanto Donald Trump como el Brexit, como Pablo Iglesias, son un genuino producto del sensacionalismo fatalista y apocalíptico con el que los medios de comunicación han tratado de superar su crisis en Europa y en Estados Unidos. ¿Por qué no probar a hacer un producto mejor, más refinado y más original en vez de empeorarlo y hacerlo más burdo?

Pero el origen de este auge del populismo no estaría sólo en los medios. En un reciente artículo que publicó en Expansión explicaba el auge del populismo con su “Teoría de las 6 crisis” en el que señalaba otros factores.
- Sí. Esa gran crisis de la publicidad en los medios de comunicación, que ha producido un auge desesperado del amarillismo, ha puesto en evidencia otra crisis anterior: la de la de la falta de una cultura democrática o de cultura a secas. Hay quienes creen que pueden embrutecer a la población sin que eso tenga consecuencias. Aparte de esas dos crisis, está la económica de 2008, que, a su vez, ha puesto en evidencia, otra crisis anterior: la de los Estados sociales en Europa, que ya había acusado la socialdemocracia alemana en los tiempos de Schröder. En Estados Unidos esa crisis del 2008 ha desvelado, no la debilidad de los Estados del Bienestar que no tienen, sino de unas estructuras de empleo en la industria que era anterior al colapso de Wall Street. Y a esas cuatro crisis se suma la de los partidos clásicos, que no saben dar respuesta a las primeras sino que han puesto en evidencia la crisis anterior y posmoderna de las ideologías. Los norteamericanos han logrado salvar el sistema bipartidista porque Trump ha crecido dentro del Partido Republicano como creció el Tea Party en su día, o sea que están resolviendo el problema a base de corrientes internas que conjuran el peligro multipartidista que ya ha llegado a España con Podemos y que sigue siendo una grave amenaza gracias a la progresiva hecatombe del PSOE.

¿Cuál es la solución a esta situación de desvertebración social y política? ¿Qué propuestas haría usted para superar esta coyuntura tan desestabilizadora?
- La solución no pasa por la desideologización táctica que han sufrido el PP y Ciudadanos sino por lo contrario. Pasa porque sepan dar respuesta a la sobreideologización populista de la izquierda y denunciar sus contradicciones, como la de querer salvar el Estado Social y a la vez el Estado Burocrático, como si fueran la misma cosa, cuando el primero es opuesto al otro y se sacrifica por culpa del otro. En España el Estado Social se está sacrificando en nombre de una Administración elefantíasica de la que se nutren los propios nacionalismos; de una burocracia que compite con las que hicieron inviable el socialismo real. Y la solución pasa también por una instauración general del respeto a la Ley, por una reforma del Poder Judicial como la que propone Francisco Sosa Wagner en su libro “La independencia del juez: ¿una fábula?”. Recomiendo ese libro fervientemente. Sin Ley y sin jueces independientes que obliguen a cumplirla no hay democracia.

¿La democracia engendra monstruos que después no puede combatir?
- Si Goya escribió en un dibujo que “el sueño de la razón produce monstruos”, el insomnio de la sinrazón ya ni te cuento. La democracia tiene todos los instrumentos necesarios para combatir los monstruos que se cuelan por sus fisuras.

El secuestro nacionalista de los Reyes Magos
Melchor Miralles Republica  7 Enero 2017

Es cierto que no ha sido para tanto, y que los ciudadanos de Barcelona, Vic, Badalona y demás ciudades catalanas, mayoritariamente, no han entrado al trapo del independentismo y la estrella de los Reyes Magos y de los tradicionales faroles con motivos típicamente infantiles brillaron ayer en la cabalgata muy por encima de los ridículos farolillos con la estelada que, pagados con dinero de todos, repartieron entre unos cuantos. La inocencia de los pequeños y la sensatez de la mayoría de los padres que deseaban una fiesta tradicional en paz se impuso al totalitarismo, pese al interés de la Generalitat y de TV3, el brazo armado de la propaganda secesionista que pagan todos los catalanes para que los disfruten solo unos cuantos. El secuestro de los Reyes Magos que pretendían los partidarios del desenchufe quedó en un ridículo fiasco.

Pero no estamos en este episodio chusco, reiterado y lamentable ante una anécdota reiterada anualmente, sino ante un asunto muy serio, como es la permanente manipulación por parte del nacionalismo y el separatismo catalanes, utilizando para su causa particular las instituciones y los servicios públicos que son de todos, y utilizando a los niños, a la inocencia de los más pequeños, para inocular su ideología y su sueño independentista, en un acto de pretendido adoctrinamiento desde una fiesta enraizada en la tradición cristiana de un modo obsceno que resulta repulsivo.

Pero claro, hace ya muchos años que el Estado, por la inactividad de los Gobiernos de González, Aznar, Rodríguez Zapatero y Rajoy, abdicó de sus responsabilidades en lo que se refiere a la aplicación de la legalidad constitucional en Cataluña y la defensa de los intereses de todos, y de esos barros vienen estos lodos. Veremos si los intentos del actual gobierno de Rajoy por comenzar a reparar el daño y a hacer política y aplicar la ley no llegan tarde, porque los nacionalistas y los independentistas estás más que crecidos y son muchos años ya actuando en la más absoluta impunidad en la expansión de su proyecto, cargado de totalitarismo, y excluyente de todo aquel que no piense como ellos.

Esta película ya la hemos visto y son muchos los teóricos de la cosa que tienen escritas piezas importantes sobre la materia. Todo lo que sucede en Cataluña ha sucedido ya en otros lugares. No es nada nuevo. Para quienes tienen un proyecto secesionista en marcha, es esencial la manipulación de los sentimientos para conseguir que el personal se siente parte del proyecto, y para ello la clave es comenzar con los más pequeños, con los niños, la labor de politización e inoculación del mensaje desde la escuela. Y no hay límite. Cualquier expresión social, cultural, religiosa, deportiva, es susceptible de ser manipulada al servicio de la causa. Se comienza por el idioma, que se aprende a la vez que se comienza la formación, y por ello las escuelas son el eje central de la actividad de reproducción del mensaje.

La agitación y la propaganda son la columna vertebral del proyecto. Y no hay rubor, no se cortan, y comienzan con los más pequeños, los más manipulables y moldeables. Y lo grave es que a estas alturas, ya es más de una generación, por lo que muchos padres que ya han sucumbido se sienten felices de cooperar en la manipulación de sus hijos.

Carlos Herrera ha calificado el asunto de la cabalgata de “pederastia política”. Quizá suene excesivo, pero la verdad es que me parece atinada la expresión. Termino citando palabras de Leonardo Sciascia sobre los totalitarismos en “El teatro de la memoria”: “un presente totalizante y totalitario que se presenta con tal abundancia e inagotables concatenaciones de bienes (de males) de uso y consumo, y generando tal abundancia e inagotables concatenaciones de insatisfacciones, que no deja ningún resquicio a la memoria o se esfuerza por corroerla allí donde sobrevive”. Pues eso. Que a ver cómo resuelven el problema Rajoy y Sáenz de Santamaría. Tan tarde.


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