AGLI Recortes de Prensa    Lunes 16  Enero 2017

Las dos Españas eran otras
Ramiro Grau Morancho. Abogado. latribunadelpaisvasco.com 16 Enero 2017

Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Creo que fue don Antonio Machado quien dijo aquello de “españolito que vienes al mundo, uno de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Corríjanme si me equivoco, pues escribo de oídas, que ya se sabe que la cultura es el rescoldo que queda de lo que se sabía…, después de haberlo olvidado.

Pues bien, a lo que íbamos: hoy en día, y desde hace años, hay dos Españas en España. La España oficial, del todo va bien, la economía próspera, la macroeconomía va a mejor, el desempleo se reduce –dentro de cien años, todos calvos-, etc., y la España real, que basta con salir a la calle, escuchar las conversaciones ajenas, acudir a bares, preferiblemente de barrios, o a una oficina del INEM, y encontrarse con la triste y cruda realidad: las cosas no son como nos las cuentan, ni mucho menos.

Los medios de comunicación social, la mayoría de ellos (y este diario es una honrosa excepción), se dedican a hacer de botafumeiros del partido en el poder, o mejor dicho, de los partidos en el poder, pues hay un tripartito rampante que nos mal gobierna: el PPPSOE (o el PSOEPP), con el acompañamiento coreográfico de Alberto Rivera y su alegre muchachada…

No es cierto que la situación sea boyante, ni mucho menos. Sigue aumentando el paro, aunque cada vez hay más parados que ya pasan de inscribirse en el INEM, total, ¿para qué?, si ese inútil organismo no sirve ni para encontrar trabajo al 2% de quienes consiguen una colocación, la mayoría por relaciones personales, familiares o políticas. (Por no decir sexuales, que también, en muchos casos).

La práctica totalidad de los organismos oficiales han hecho dejación de sus funciones, y sólo hay que ver lo sorprendidos que andamos todos estos días de ver que el Consejo de Estado le tira las orejas al gobierno “reinante”. ¡Qué desfachatez! ¡Qué falta de “respeto” al poder establecido! Con lo fácil que es hacer lo mismo que hacen el CGPJ, el Tribunal de Cuentas, la Fiscalía General “del gobierno”, el Defensor del Pueblo, y no digamos el Justicia de Aragón, que no tengo ganas de descojonarme más…

Hace años aquí lo único que funcionaba más o menos bien era ese diario tan serio llamado el BOE, editado en papel (hasta que llegó una directora general, socialista por más señas, y se dedicó a robar con las compras masivas de papel, a precios de escándalo), y la Guardia Civil.

Publicado el BOE en formato digital, ya no es lo mismo, y sólo nos queda la Guardia Civil, con todos sus defectos, por supuesto, pero Dios quiera que dure muchos años.

Lo cierto es que tenemos dos Españas: la de las televisiones, radios y periódicos, y la España real. Y sólo hay que salir a la calle para ver la gran divergencia entre ambas. Distanciamiento que además se va ampliando con el tiempo, por lo que no es de extrañar el asco que nos producen los políticos a la gran mayoría de los españoles honrados.

Podrán robarnos, pero por lo menos que no se rían en nuestras narices, intentando que comulguemos con ruedas de molino.

La realidad es muy simple: los españoles de a pie, es decir los no políticos o funcionarios, estamos mal, pero vamos a peor.

www.ramirograumorancho.com

A los dos años del atentado de Charlie Hebdo
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es 16 Enero 2017

Hace pocos días se cumplieron los dos años del atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Fue el 7 de enero de 2015. Aquel atentado conmocionó a Europa y suscitó una oleada de dolor y solidaridad con el pueblo francés que sacó a miles de europeos a las calles. Por todo el continente, manifestaciones, concentraciones y símbolos de luto mostraron la condena por esta abominación injustificable. Recuerdo, en especial, la concentración frente a la Embajada de Francia en España. Había un clamor contenido de dolor y de rabia. Ondeaban banderas tricolores. Algunos habían llevado flores y velas. Abundaban los carteles con la consigna que se hizo famosa #JesuisCharlie.

Desde entonces, Europa ha tenido muchos días de luto como ese por los asesinatos a manos de los yihadistas. Al final de aquel año 2015, nos estremecimos de nuevo con los atentados de noviembre en París: el ataque contra la sala Bataclán y otros lugares de la ciudad. Volvimos a indignarnos y a concentrarnos. También recuerdo las banderas de la República Francesa - que entonces eran de todos nosotros- las velas y las flores, la Marsellesa brotando de todas las gargantas como una rebelión y como un grito.

Ha habido más jornadas así: Bruselas, Niza, Berlín, los atentados terroristas que pasan casi fugazmente por las pantallas de las televisiones españolas y caen rápidamente en el olvido. Estoy pensando, por ejemplo, en el asesinato del padre Jacques Hamel el 26 de julio del año pasado en Normandía. Semanas más tarde, el Papa Francisco lo proclamó beato. Quizás podría recordarse, también, la muerte de un policía y su compañera en Magnanville el 13 de junio del año pasado a manos de un terrorista y que el Estado islámico reivindicó. Se guardó por ellos un minuto de silencio en el Ministerio del Interior y en todas las comisarías del país.

Hace pocas semanas, el 19 de diciembre, hubo otro atentado en vísperas de las celebraciones navideñas. Esta vez fue en Berlín. De nuevo, vimos las muestras de duelo. Otra vez asistimos a las manifestaciones, los libros de condolencias, las fotografías y vídeos en las redes sociales.

Sin duda, Europa es un continente que se conmueve.

Ahora bien, se trata de ver si es también un continente capaz de afrontar el desafío que el islamismo y el yihadismo le han arrojado a la cara. Por una parte, la aplicación de la ley islámica como norma jurídica. Por otro lado, la generalización del terror entre sus ciudadanos. En ambos casos, Europa corre el riesgo de traicionarse a sí misma, bien por abandonar sus valores y principios bien por traicionarlos con sus propios actos.

Las sociedades europeas comparten unas normas básicas que más de veinte siglos de historia han ido elaborando. El sustrato del derecho romano, la filosofía griega y la tradición judeocristiana han terminado dando forma a una civilización fundada sobre la dignidad intrínseca del ser humano, la libertad y la razón. Incluso durante las guerras de religión de los siglos XVI y XVII, Europa ha conservado unas vigencias y unos principios que debemos defender frente al fanatismo.

El islam es una religión profundísima que ha alumbrado una civilización fascinante, pero no es europeo. Hay, sin duda, millones de musulmanes que viven en Europa, pero esto no coinvierte al islam en una religión europea como lo han sido el cristianismo y el judaísmo. Hay quince siglos de historia que demuestran cómo los pueblos europeos lucharon para no ser islamizados. En 1683, la última ofensiva islámica sobre Europa fracasó a las puertas de Viena.

Las tropas de Jan III Sobieski y Carlos de Lorena derrotaron al ejército otomano del sultán Mehmet IV y cerraron el ciclo de invasiones que había comenzado con la expansión islámica del siglo VII. Es absurdo pretender que la historia fue de otro modo. No, Europa no es islámica, aunque en ella vivan musulmanes.

Por eso, las sociedades europeas deben ser fuertes frente a los intentos de ir cediendo parcelas de la vida pública a las organizaciones islamistas que pretenden, so pretexto del ejercicio de las libertades, acabar con ellas. Es necesario detener la injerencia de Estados que financian y fomentan las versiones más radicales e intransigentes del islam desde los Balcanes hasta España. La enseñanza del islam no puede convertirse en el instrumento de la influencia de regímenes teocráticos que jamás permitirían la enseñanza -no digamos la predicación- de otras religiones en sus territorios. Europa es lo que es porque un musulmán puede vivir en libertad su fe, pero también porque puede renunciar a ella o cambiar de religión sin pagarlo con la vida.

Si las organizaciones islamistas quieren emplear las libertades de Europa para cercenarlas, los yihadistas quieren utilizar el miedo para asfixiarlas. Estas Navidades los dispositivos de seguridad en las ciudades europeas han abierto día tras día los informativos. Estos años nos han enseñado que los terroristas están dispuestos a todo. Sin embargo, debemos vencer el miedo y encontrar un equilibrio entre la seguridad y la libertad. Si renunciamos a ésta, los terroristas ya habrán ganado.

Trump fascista y, Podemos y nacionalistas, ¿qué son?
“Lo que realmente cuenta es lo que aprendes después de que lo sabes todo”. John Wooden, entrenador de baseball
Miguel Massanet diariosigloxxi.com 16 Enero 2017

Cuando un periódico, en teoría tenido por ecuánime, sensato y objetivo, dedica, desde que el señor Trump fue elegido, sistemáticamente y con rara persistencia la mitad de su información diaria a hablar de Donald Trump en la mayoría de sus artículos y colaboraciones y, en ninguna de ellas para favorecerlo sino para lanzar toda la caballería izquierdista y separatista contra el mandatario americano, para intentar descalificar a los millones de americanos que, democráticamente, decidieron votarle para ocupar el cargo de presidente de su nación; es el momento en el que empezamos a dudar de las verdaderas intenciones que se esconden detrás de una campaña de acoso y derribo de la intensidad, mala fe, parcialidad y evidente intención política de descalificarlo y negarle la capacidad para hacer frente a los desafíos a los que, indudablemente, va a tener que enfrentarse, aun cuando, estos reproches se formulan cuando ,todavía, no ha sido nombrado oficialmente para suceder al señor Obama (que tampoco ha dejado de hacer campaña en contra de él, a pesar de que, la campaña para las elecciones, ya hace tiempo que debió de haber acabado).

Y es que, señores, el diario del grupo Godó, además de cobrarnos por un periódico en el que la mitad de las páginas está ocupadas por anuncios y publicidad, se ha convertido en el verdadero líder de lo que podríamos calificar como: un apoyo incondicional al proceso soberanista, aceptando publicar toda la basura independentista de la que muchos de sus colaboradores y periodistas de la casa se valen, para justificar las salidas de tono de los dirigentes secesionistas, intentar captar más soberanistas para la causa o para verter sin el menor rubor una serie de inexactitudes, de intentos de desacreditar al resto de españoles, de utilización malévola de argumentos carentes de base o para sacar a relucir supuestas injusticias, con las que pretenden justificar su campaña para conseguir la independencia de España o de cargarles las culpas de la situación terminal en la que se encuentra este absurdo proceso que han emprendido, al gobierno central y al resto de españoles, negándose a reconocer que quienes han sido los que han creado esta situación insostenible han sido ellos mismos al no haber sabido valorar las consecuencias de enfrentarse a la Constitución española y a sus defensores.

Nos hubiera gustado que este periódico catalán hubiera hablado más de lo que le espera a Cataluña si la señor Colau y sus seguidores, como vienen intentando, buscan avanzar en la revolución comunista que están organizando, buscando apoyo en el resto de partidos extremistas de Cataluña y tanteando a otros muy cercanos a los separatistas, como son los anarquistas de la CUP, para buscar llegar a acuerdos con ellos para que el señor Puigdemont y compañía llegue un momento en el que se vea obligado, por la ingobernabilidad de Cataluña, a tener que convocar nuevas elecciones lo que, según los estudios estadísticos conocidos les daría una gran ventaja a los de ERC ya los señores de la franquicia de Podemos que, al parecer, lo que buscan es crear su propio partido en el suelo catalán, presidido, naturalmente, por la propia Ada Colau. Para estos defensores de una Cataluña libre y separada de España que ¡cuidado! Han conseguido convencer a los fanáticos que se han dejado convencer con sus argumentos de que esto de que no vayan a ser admitidos en la UE es una filfa y que ¿cómo se puede pensar que una nación tan importante como es la catalana pueda quedar excluida de la UE?

Sencillamente, como le va a ocurrir a la todo poderosa GB, una nación de gran prestigio y con un gran peso económico dentro de la comunidad europea que, no obstante, al no haber querido aceptar las normas que se dieron sobre acogida de inmigrantes, decidió, unilateralmente, renunciar a los beneficios que le otorgaban el pertenecer al club europeo.

Un caso como el de Escocia, una parte sumamente importante de la GB, fracasó en su busca de la independencia del RU a causa de que, las consecuencias económicas que se preveían si se hubiera llegado a la ruptura con el resto de partes del país y su exclusión automática de la UE, fueron más influyentes, en las intenciones de voto de la mayoría de ciudadanos escoceses, que sus deseos de ser un reino independiente, dentro de la gran isla británica. Y un añadido al respeto: Escocia, a diferencia de Cataluña, sí que tuvo épocas de su historia en la que fueron una nación independiente (1371 a 1603), bajo la dinastía de los Estuardo; algo que, a pesar de los intentos de inventarse una nación propia, no han conseguido probar los catalanes, que no pasaron de ser un simple condado del reino de Aragón y ¡ahí les duele!

Resulta, por lo menos, ilógico y demostrativo de lo que puede suponer el anteponer a la razón y la lógica, anhelos meramente sentimentaloides, aspiraciones utópicas y rencores injustificados; cuando vemos que, periodistas con muchos años en la profesión, se dejan arrastrar, no sabemos si por imposición de los directivos, por amor a la “pela” o porque les salga de su propio interior, a colaborar en poner de chupa de dómine al señor Trump, que no les ha hecho nada y, sin embargo, no sean capaces de advertir a los catalanes de las verdaderas consecuencias que para ellos tendría el quedar fuera de la UE, aunque fuera, en el mejor de los casos y siempre que ninguna nación de la CE se opusiese, entre ellas España, algo que sería lo más probable como es el caso de naciones como Francia y Alemania, que serían las primeras interesadas en impedir que tales veleidades enraizaran en la CE. Ya sin hablar de la posible pérdida del comercio con el resto de España que, si no estamos equivocados, se calcula en el 60% de las ventad de la comunidad catalana o de los aranceles y demás tributos fronterizos a los que se deberían enfrentar las industrias radicadas en la nueva nación catalana, si es que quisieran comerciar con otras naciones, no sólo con las europeas, sino con las del resto de mundo sujetas a las reglas establecidas por la comunidad internacional sobre estos casos.

Es posible que, siguen convencidos de la necesidad de que, Cataluña, sea una nación distinta de España; no tengan la percepción clara ( algo que, los ciudadanos de a pie que queremos ser siguiendo españoles, tenemos perfectamente asumido y, por ello, pedidos al Gobierno que tome las medidas adecuadas para evitarlo) de que Cataluña es mayoritariamente de izquierdas y que, en el inimaginable caso de que llegaran a conseguir lo que piden, sin duda alguna, quienes ostentarían el poder en la nueva nación salida de la escisión de España, serían los comunistas que, aprovecharían, la mayoría que las izquierdas tienen entre los catalanes, para hacer valer su experiencia para asumir el poder. Las consecuencias no es necesario explicarlas, porque basta que se mire hacia las naciones hispanoamericanas que gozan de regímenes como el que defienden los de Podemos o la CUP para que tengan una idea lo suficientemente explícita de en lo que se convertiría la “nación catalana” al poco tiempo que estuvieran bajo la presión de los comunistas bolivarianos que nos llegaron muy bien entrenados desde la Venezuela del señor Maduro

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, debemos reconocer que no dejamos de admirarnos de como, personas generalmente informadas, como señores que forman parte de la nómina de importantes rotativos o como ciudadanos catalanes de las élites del comercio, la industria, las letras, el funcionariado, la docencia o las profesiones liberales, en otros aspectos tan sesudos y sensatos, hacen el ridículo cuando se manifiestan, públicamente, sobre las supuestas reivindicaciones que los mantienen apartados del resto de los españoles. Pero, como es sabido y como nos explicó Friedrich Nietzsche: “Los fanáticos son pintorescos, la humanidad prefiere ver gestos que escuchar razones”.

¿Dolores Ibarruri y Sabino Arana se merecen una calle en Bilbao?
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco.com 16 Enero 2017

Trato de ver los problemas con la máxima objetividad, sabiendo que ésta tiene mucho de subjetivo en relación a los filtros mentales, experiencias previas, circunstancias y entorno en el que uno vive.

Sin embargo, intuyo que por una parte de mis conciudadanos se valoran mis diagnósticos de los problemas como si fueran realizados por un testigo de parte, no por un observador que actúa como el entomólogo con los insectos. Mi pasado político me debilita y distorsiona la percepción de una parte de los receptores de mi mensaje, pese a que trato de soportar mis afirmaciones sobre hechos concretos y evidentes.

Ese fenómeno del “efecto halo” se puede aplicar a la polémica suscitada esta semana pasada con el tema de la memoria histórica y el cambio de los nombres de las calles en Bilbao. La izquierda y los nacionalistas tratan de borrar cualquier testimonio de la historia que no responda a sus paradigmas. Su percepción de la historia adolece de rigor y de ecuanimidad, cuando no de justicia, pues eliminar todo lo que recuerda a nuestro pasado es borrar nuestra historia, no hacer un relato objetivo, que eso es ni más ni menos la memoria histórica, salvo que en lugar de llamarla memoria la llamemos “desquite histórico”. Por la vía de la nefasta memoria histórica nos quedaríamos sin patrimonio documental y monumental, pues habría que derribar casi todo en función de la forma de ver las cosas de cada cual. Eso no es historia, es manipulación y expolio de la historia.

Ha ocurrido que un concejal del PP de Bilbao, legítimamente, ha exigido, por la misma vía que la de eliminar cualquier referencia franquista o prefranquista, por muy dudosa que sea, eliminar del callejero a Sabino Arana y a Dolores Ibarruri. A mí no me molestan esos nombres en el callejero, como no me molestan los de José Antonio Primo de Rivera o José Calvo Sotelo.

Son personajes históricos que han marcado el periodo de la Guerra Civil o sus prolegómenos, salvo en el caso de Arana, con los que podemos estar de acuerdo o no. Pero, que yo sepa, a Sabino Arana y a Dolores Ibarruri no les asesinaron y a Primo de Rivera y a Calvo Sotelo, sí. Y lo que es más grave, lo hicieron asesinos protegidos por el poder, con la complicidad de éste. Y lo que es más grave aún, con el previo anuncio de ese asesinato por parte de “La Pasionaria” allí donde se representaba la soberanía nacional en la República.

Sabino Arana, rostro del totalitarismo nacionalista
Sabino Arana era un racista carpetovetónico y xenófobo que tenía odio a todo lo foráneo, como se demuestra su amplio repertorio de exabruptos y exageraciones verbales, como éstas a modo de ejemplo: “El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Y muerto y descompuesto así el carácter moral de nuestro pueblo, ¿qué le importa ya de sus caracteres físicos y políticos?” “Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen Euzkera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pudieran eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrán cambiarla...” “El bizkaíno es digno, a veces con exceso, y si cae en la indigencia, capaz de dejarse morir de hambre antes que pedir limosna (...); el español es vago hasta el colmo, y aunque se encuentre sano, prefiere vivir a cuenta del prójimo antes que trabajar.”

Y así podríamos seguir incluyendo citas hasta el aburrimiento. Aunque cada una de sus infelices ideas no nos dejara en absoluto impasibles. El "Mein Kampf" de Hitler nos parecería un plagio. Por tanto, no acierto a entender, al igual que le ocurre al concejal del PP, cual es el mérito del personaje para figurar en una calle, como no sea el haber sido fundador del Partido Nacionalista Vasco. Yo, sinceramente, si tuviera un fundador así o me cambiaba de partido o desistiría de ensalzar al progenitor de la criatura. Pero, el PNV, todo lo contrario, ha reaccionado con indignación, como si se hubiera cometido un ultraje a su dignidad. Allá ellos. Ahora bien, que no se extrañen de que al proponer el cambio del nombre de algunas calles alguien les recuerde esto.

Dolores Ibarruri, rostro del totalitarismo comunista
En lo que se refiere a Dolores Ibarruri debemos recordar que era una leninista y estalinista referencial y que fue copartícipe de las checas y purgas que se realizaron en la Unión Soviética, como bien nos recuerda Stephen Koch en su libro "El fin de la inocencia", de obligada lectura para saber las atrocidades cometidas en el mundo comunista. Por ejemplo esta cita:

“Mientras tanto, se avecinaba el Terror. Vista desde fuera del prisma totalitario, la lógica del Terror parece impenetrable. ¿Por qué? Un régimen desea cambiar un equipo de dirigentes por otro más satisfactorio. Pues muy bien, ¿por qué no cesarlos? ¿Reemplazarlos? ¿Hacerlos caer en desgracia si es necesario? Sin duda, a Stalin le hubiera sido muy fácil alejar del poder a sus camaradas en desgracia. ¿Por qué matarlos y en el proceso empezar una oleada de matanzas hasta alcanzar millones de víctimas en toda la sociedad? ¿Por qué? El terror rojo compite con el holocausto nazi como ejemplos magistrales de una malignidad sin motivo aparente.”

Yo, iluso de mí, quiero saber cuáles son los méritos de Dolores Ibarruri para dar nombre a una calle. Igual lo es el haber potenciado las checas en España, o haber contribuido al asesinato a sangre fría de muchos curas, frailes y monjas solamente por el hecho de serlo.

“Puede afirmarse que solo en Madrid funcionaron más de doscientas veintiséis checas, plenamente comprobadas, inspiradas en el modelo soviético; pero con la esencial diferencia de presentar cada una de ellas carácter autónomo, actuando según su capricho y gozando del apoyo de las Autoridades oficiales rojas, a cuyo efecto fueron dotados de carnets de agentes de la Autoridad numerosos chequistas, sin que las «checas» estuviesen por su parte jerárquicamente subordinadas a dichas Autoridades ni obligadas a dar cuenta a las mismas de su actuación ni de la suerte corrida por sus detenidos, sin perjuicio todo ello del mutuo auxilio que se prestaban estas «checas» entre sí, especialmente las pertenecientes a un mismo partido u organización sindical. De este extraordinario número de «checas» diseminadas por toda la capital madrileña puede inferirse la situación de ésta durante el movimiento y la seguridad personal de sus vecinos.

La complacencia del Gobierno del Frente Popular respecto de la actividad criminal de las «checas» oficiales y no oficiales resulta indiscutible ante la realidad de los hechos, y se vio confirmada por el premio concedido a los chequistas profesionales, que a los pocos meses ingresaron en masa en la Policía del Estado. Las hipócritas advertencias prohibitivas dirigidas por el Gobierno a las «checas» no oficiales, y publicadas alguna vez en la Prensa a efectos de propaganda en el Extranjero, eran puramente platónicas, y su propia reiteración de fe de su ineficacia y de su absoluta falta de sinceridad. Los marxistas y anarquistas sentían preferencia por los templos y conventos para establecer en ellos sus «checas», pudiéndose citar en Madrid como casos concretos que el Convento de Salesas Reales de la calle de San Bernardo, nº 72, el Convento de la Plaza de las Comendadoras, la iglesia de Santa Cristina y otros muchos templos madrileños fueron convertidos en «checas» por el Partido Comunista, independientemente de los edificios religiosos dedicados a la misma finalidad por otras organizaciones del Frente Popular.”

Solamente es una de muchas referencias de las barbaridades cometidas por aquellos comunistas, anarquistas o socialistas marxistas. No entiendo cómo sigue presidiendo la entrada al Ministerio de Trabajo una efigie de Largo Caballero, verdadero inspirador e instigador de la Revolución de Octubre y otras fechorías cometidas por los prosoviéticos desde la República contra el orden constitucional. Resulta sarcástico que fuerzas llamadas de centro no hayan tomado la iniciativa de retirar ese monumento a la barbaridad. Si abogamos por eliminar restos del pasado fallido hagámoslo en toda su extensión y así completaremos la memoria histórica, en lugar de la memez histérica.

Pero de Rajoy y sus muchachos, como Alfonso Alonso, no cabe esperar nada en ese sentido. Bastante tienen con sus complejos y temores o aspiraciones de poder puro y duro, si no, no se hubieran vendido nuevamente por un plato de lentejas a las exigencias del PNV, y posiblemente también a las del PSOE, obligando a su compañero de la corporación municipal bilbaína a retirar su propuesta.

Che, 50 años después de su muerte
El castrismo utilizó y usa la figura del revolucionario al que dejó morir en Bolivia como mito fundacional falseando la vida y obra de este burgués de nacimiento que firmaba sus cartas de adolescencia como «Stalin II», violento, dogmático y al que «le gustaba matar»
Jorge Vilches. La Razon  16 Enero 2017

«¡Pioneros por el comunismo! ¡Seremos como el Che!». Es el juramento público de los niños cubanos al comenzar los estudios primarios. El mismo castrismo que envió a Ernesto «Che» Guevara a morir a los montes bolivianos para quitárselo de en medio, usó su figura, al modo estalinista, para convertirlo en un mito; es decir, en una historia ficticia para la propaganda. Ese relato de la vida de aquel argentino está lleno de falsedades para encubrir lo que realmente fue, sintió, pensó y dijo. La figura castrista del Che, auxiliada por la comercial foto de Alfredo Korda titulada «Guerrillero heroico», que lo presentaba como un luchador romántico, una especie de Jesucristo Superstar, es la de un médico comprometido con la justicia social, un visionario, gran economista, que luchó hasta la muerte contra el imperialismo siendo un popular y victorioso guerrillero.

La Historia dice todo lo contrario, pero la propaganda comunista ha calado tan hondo que incluso hoy dirigentes de la «nueva política» se presentan como admiradores del Che. Y lo mismo pasa con periodistas, a pesar de que dijo: «Hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa».

Ernesto Guevara era un burgués, nacido en 1928 en Rosario, en una familia muy acomodada. Durante su adolescencia era ya una persona violenta y extraña que firmaba las cartas como «Stalin II», y al que divertía que le llamaran «cerdo» por su aversión al agua. Empezó los estudios de Medicina en 1948, pero no los concluyó al no completar los doce meses de prácticas. No le gustaba estudiar, y prefirió ver mundo. De la Argentina peronista salió convertido en un izquierdista antiamericano. Tras fracasar en su intento de encontrar trabajo como médico en tres países, llegó a Guatemala unos meses antes del golpe de Estado contra el procomunista Arbenz, en junio de 1954. Aquello le convenció de que era preciso acabar con el enemigo para conservar el poder. Escribió entonces a una novia que el golpe se habría evitado «si se hubieran producido esos fusilamientos...».

Guevara decidió convertirse en guerrillero y marchó a México para recibir adiestramiento. Allí conoció a los exiliados cubanos, entre ellos, a los hermanos Castro. Fortaleció entonces sus convicciones socialistas, hasta el punto de aplaudir la represión soviética de la revolución húngara de 1956. Se embarcó en el yate «Granma» como teniente médico acompañando a los cubanos, quienes fracasaron al tomar tierra. Escondidos en Sierra Maestra, el Che, mote que le pusieron en México, dejó ver su estilo: demagogia y mano dura, incluida la ejecución de los prisioneros y de los camaradas desobedientes o tibios. Entre las catorce personas que ejecutó estaba Eutinio Guerra, al que descerrajó un tiro en la nuca, tras lo cual «sus pertenencias –escribió– pasaron a mi poder». Ese día comunicó: «Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar».

Creía que la violencia era la «partera de las sociedades nuevas» e «indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario». La batalla de Santa Clara, que comandó junto a Camilo Cienfuegos, competidor de Fidel que murió poco después en extrañas circunstancias, se libró contra las desmotivadas tropas del dictador Batista. Una vez rendidas éstas, en tres días de enero de 1959 firmó 23 sentencias de muerte. Los Castro le llamaron a entrar en La Habana, y pensaron utilizarlo para crear el régimen de terror. Nombraron al Che director de la prisión de La Cabaña, donde dijo que los procedimientos judiciales eran un «detalle burgués arcaico», y que un revolucionario debía ser una «fría máquina de matar motivado por odio puro». En los meses de 1959 que dirigió dicho centro firmó 164 ejecuciones. Solía decir: «Ante la duda, mátalo».

Cruel represión
La destreza que mostró en la represión debió valer a Fidel Castro para nombrarle presidente del Banco Nacional de Cuba, a pesar de que nunca había estudiado economía. De hecho, el Che confundía el Banco Mundial con el Fondo Monetario Internacional. El desastre fue completo: el peso cubano abandonó su paridad con el dólar americano y entró en inflación. Aun así, se atrevió a decir en 1961 que la renta per cápita de los cubanos sería superior a la de los estadounidenses en 1980. Castro decidió reubicarlo en el Ministerio de Industria. Guevara pensó que la economía de Cuba no debía depender del azúcar, e ideó un plan para industrializar la isla. No solo consiguió que los pocos empresarios que quedaban se fueran, sino que dilapidó los fondos públicos. El desvarío llegó al punto de que compró máquinas quitanieves. En el campo no fue mejor. Los campesinos iniciaron una revuelta por la actuación de los paramilitares castristas, rápidamente sofocada, y el Che, en respuesta, eliminó el derecho de huelga y obligó a todos los trabajadores públicos a ir a los ingenios azucareros.

Sin embargo, la revolución debía extenderse por el mundo. Por eso, en la crisis de los misiles de 1962, el Che dijo que él los hubiera «utilizado contra el mismo corazón de los EE UU» porque «debemos andar por el sendero de la liberación incluso si cuesta millones de víctimas atómicas». Poco después, un 11 de diciembre de 1964, soltó en la Asamblea General de la ONU: «Sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando». El personaje se hizo desagradable para los soviéticos porque repetía eslóganes maoístas y trotskistas, a pesar de que el argentino nunca fue un teórico ni escribió nada reseñable. Aprovecharon su inclinación a la guerra total –de hecho, dijo que había que «crear uno, dos, tres Vietnam»– y favorecieron que dejara Cuba.

La aventura revolucionaria del Congo en 1965 fue un fracaso. El Che, llamado allí «Tatu», se unió a Kabila, corrupto y asesino. Derrotados, los cubanos huyeron hacia Tanzania. Fue entonces cuando los Castro le prepararon una expedición para que no volviera, la de Bolivia en 1966: pocos hombres y de dudosa lealtad, sin apoyo del servicio de inteligencia ni de los comunistas bolivianos. Deserciones, rechazo de la población campesina y persecución de la CIA. Fidel dejó que lo atraparan, porque a la guerrilla que envió esos mismos días a Venezuela, mejor pertrechada y más numerosa que la del Che, la rescató. Tampoco quisieron saber nada de él los países del bloque soviético.

El mito se desmonta desde su inicio. En realidad, cuando el capitán boliviano Gary Prado lo encontró «daba pena», según sus palabras. Abandonado por el castrismo, estaba, según refiere dicho militar: «Sucio, desgreñado, vestido en harapos, hambriento, enfermo... no era para imponer temor ni nada». Barrientos, presidente de Bolivia, decidió ejecutar al Che para que no se montara un circo con el juicio. Poco valió que se entregara sin luchar. Sin disparar un tiro salió de entre los matorrales y gritó: «Valgo más vivo que muerto». Tampoco acertó entonces Guevara: muchos se enriquecieron con su imagen y los Castro fortificaron su tiranía con una mentira.

«Reeducar» a los viciosos homosexuales
«El trabajo os hará hombres», rezaba el cartel al estilo nazi en los campos de concentración para homosexuales que abrió el Che a finales de 1960, llamados Unidades Militares de Ayuda a la Producción. El objetivo era lograr el «hombre nuevo socialista». Esto suponía acabar con la mentalidad, creencias, valores y costumbres burguesas, entre ellas la homosexualidad, que Guevara consideraba un vicio burgués. Era preciso, decía, «reeducar» a esas personas en prisiones, lo que se traducía en asesinatos, palizas, violaciones, mutilaciones y trabajos pesados. Por esos campos de concentración pasaron unas 35.000 personas desde su fundación hasta la muerte del Che. J. V.

¿Por qué me quité la camiseta del Che?
 La Razon 16 Enero 2017

Hoy son escritores, periodistas, intelectuales, y están entre lo más granado de nuestra sociedad, pero en su juventud no fueron ajenos al mito del Che. Muchos militaron en el PCE o portaron símbolos del guerrillero. Entonces, hace 50 años, Ernesto Guevara era como un nuevo mesías para la juventud europea y los resistentes antifranquistas, y Cuba, el lugar donde la utopía era posible. Sin embargo, la venda se les cayó de los ojos y el icono del Che quedó desnudo ante la realidad. Seis personalidades nos explican los motivos que les llevaron a enterrar la fe en el revolucionario

LUIS RACIONERO
«Apareció al lado de Fidel Castro, surgió después de él. Era como la imagen del Bautista», recuerda Luis Racionero. Se remonta a los 60. En aquella época, él estaba en el campus de Berkeley. Eran los años del «hippismo» y la contracultura, de vivir y probar experiencias. «Ver su retrato por todas partes formaba parte de mi ambiente, era como un sarampión, aunque yo jamás me puse, por ejemplo, una camiseta suya. La verdad es que no me la he puesto con la cara de nadie». Racionero vuelve a recordar cómo fue aquella muerte de Ernesto Che Guevera, que califica de «inesperada. Era la del primer guerrillero que salía en los periódicos. Pudimos ver su imagen, su cara, que nos era tan familiar. Y esa muerte valió por todas, se convirtió en un símbolo de las demás. Recuerdo cómo fue la conmoción que generó aquella fotografía».

El escritor tenía 22 años entonces. «Yo era muy joven pero no tonto», puntualiza. Ya había leido a Marx y extrajo una conclusión inmediata: «El marxismo era inhumano e intolerable. Y no solamente por haber leido al autor. Sabía también lo que había pasado en los juicios de Moscú, donde la gente se había autoinculpado. Yo sabía de aquello a pesar de mi juventud y no me impresionaban nada ni el Che ni Fidel. Repito que el comunismo siempre me pareció inhumano porque va totalmente en contra del individuo y no me gusta nada. Yo soy anarquista». De aquellos años de agitación juvenil asegura que quedan los mitos, los símbolos, «aunque hoy cuesta bastante creerlos.

Es lo que pasa con este tipo de personajes que trascienden, que una vez que los creas quedan ahí. Y el Che se incorporó al panteón de mitos del siglo XX. Antes de su llegada fue la revolucionaria Marianne quien ostentaba el podio». Ha pasado tiempo, cincuenta años, que arrojan un balance desigual. ¿Cuál es la vigencia hoy del Che? «Ninguna, no la tiene porque representa la revolución agraria en la jungla y eso hoy ya no tiene valor ninguno. Treinta años atrás no lo hubieran podido atrapar y fíjate hoy, con los drones sobrevolando por encima de nuestras cabezas, habría sido facilísimo dar con él». Gema Pajares

CARMEN POSADAS
A la autora de «Pequeñas infamias» le divierte recordar cómo fueron aquellos años enloquecidos, tan llenos de proclamas, tan libres, al cabo: «Era el tiempo de la rebeldía, del espíritu del pacifismo, del “Haz el amor y no la guerra”». Recuerda aquella época clarísimamente y con una anécdota que ilustra perfectamente el tema: «El Che muere en 1967, y como unos dos años después yo fui a Inglaterra al colegio. Llegué en plena efervescencia. Estaba en todos los sitios, en las camisetas, en forma de póster. Su cara te miraba desde cada esquina. Cuando aterricé allí me sorprendió el enorme éxito que tuve, pues mi rostro me delataba y consideraban que era alguien como la novia del Che con esta cara que tengo, lo que utilicé para apoyarme a la hora de hacer amigas. Yo tenía por aquella época 14 años. Una de aquellas chicas, precisamente, me invitó a su casa a pasar un fin de semana. Vivía en Carnaby Street y lo primero que pensé fue “no puedo desentonar y tengo que ir vestida de hippie para ser una más”. Dicho y hecho: me puse unos vaqueros anchos, una de esas camisas un poco desastradas, un pañuelo a la cabeza e incluso me pinté pequitas en la cara. Y ante mi asombro me di cuenta de que la única hippie que había allí era yo. Recuerdo que la gente se paraba delante de mí y me sacaban fotos. Era como si tuvieran delante a la novia del Che. No se me olvidará nunca», comenta. Posadas confiesa que sí tuvo una camiseta del guerrillero, «además, ten en cuenta que el conectar físicamente me facilitó el poder hacer amistades en un país al que acababa de llegar y yo era una muchacha excesivamente tímida». «Hoy –reflexiona– la vigencia de los mitos no es comparable porque los iconos modernos no existen, ya que uno aplasta al otro, se van solapando, aunque yo creo que el Che sigue teniendo un lugar como James Dean o Marilyn. Forma parte de nuestro imaginario colectivo. ¿Quién se acuerda hoy, por ejemplo, del comandante Marcos?». ¿Volvería a vestir la camiseta del Che? «Me encanta Ibiza y cada verano voy a la fiesta Flower Power, así que a lo mejor este año le puedo hacer un homenaje», señala divertida. G. Pajares

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
«Desde el momento en que Fidel y el Che entran en La Habana, se convirtieron en un mito para todos nosotros. En aquella época teníamos una imagen heroica, mitológica, del Che». Fernando Sánchez Dragó contaba con apenas 23 años. Ya había corrido delante de los grises y se había unido a la resistencia interna. «Tenía mucho prestigio en el PCE porque había estado en la cárcel y había fundado el partido en la Facultad de Letras». Hacía de enlace con tipos oscuros de la embajada cubana, que a veces resultaban ser confidentes del franquismo. «Recuerdo ver ‘’Viridiana’’ en la Embajada de Cuba cuando estaba prohibida en España». El Che es, por entonces «una especie de imagen de Jesucristo» para los antifranquistas, un redentor sin mácula.

«Sólo cuando me exilié en Italia, entre el 63 y el 70, me empecé a caer del burro», rememora el escritor. Junto a Caterina Barilli, su pareja de entonces, emprende la traducción de los diarios del Che para Feltrinelli. «Descubrimos que sus discursos estaban copiados al pie de la letra de los de Mussolini, lo que evidenciaba que lo de Cuba era un régimen fascista.

Me di cuenta de que el Che sólo era un psicópata, un asesino sediento de sangre, un monstruo comparable a Jack el Destripador». Aquella revelación lo pone en jaque ante sus antiguas amistades y hace cada vez más complicada la relación con Rafael Alberti en Roma: «Era imposible hablar con él de todo esto. Fue un buen poeta, pero políticamente muy sectario». Tras mayo del 68, en Vietnam cae la última venda, la de la pureza inmaculada de la izquierda. «Yo fui el primero que fue hasta allí. Me di cuenta de la gran mentira de la izquierda mientras los periodistas escribían desde la capital de Laos. Era una guerra inventada por ellos». Asqueado, manda una carta a 100 personalidades del comunismo español e italiano: «Cayó como una bomba, porque yo era uno de los fundadores del Partido Comunista y había estado 5 y 17 meses en la cárcel». Nunca más volvería a partir peras con la revolución. Gonzalo Núñez

ANTONIO PÉREZ HENARES, «CHANI»
El periodista era un hijo de obrero en la Universidad. Una rareza en los 70. «Estábamos Marcelino Camacho y yo». Se afilió al Partido Comunista y acabó siendo redactor jefe de «Mundo Obrero». El Che era, para ellos, «un icono absoluto, el revolucionario romántico por excelencia». Y Cuba otra cosa. Nada que ver con la Rusia estalinista. «La revolución cubana tenía una imagen distinta, era muy próxima para nosotros. Todo era maravilloso, romántico, y encima hablaban español y cantaban muy bien. Éramos más del Che que de Fidel, porque a este último se le veía más dentro del organigrama. El otro gran mito, además del Che, era Vietnam. Y encima al Che lo capturaron y asesinaron. Estaba también su estética: la barba, la boina, las canciones...». «Chani» visitó frecuentemente Cuba mientras militó en el Partido Comunista: «Recuerdo estar escuchando a la Vieja Trova con su canción sobre el Che (‘‘Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante Che Guevara’’) junto a Gabriel García Márquez en La Habana». Aquello, comenta, le sigue emocionando, porque, más allá de su desencanto con la Revolución cubana, «yo tengo un tremendo cariño por el pueblo de la isla».

Poco a poco, a medida que sus visitas a Cuba estaban menos programadas desde el aparato, Chani fue descubriendo disonancias, grietas... La caída en desgracia del general Ochoa, todo un héroe de la revolución y con quien el autor tenía muy buena relación, le dejó a las claras los usos totalitarios de Fidel. «Pasé del fervor al rechazo por la revolución cubana. Nosotros habíamos luchado contra la dictadura en España y había que estar muy ciego para no ver que lo de Cuba era eso mismo y que la gente lo estaba pasando mal». Considera que la imagen del Che se ha salvado un poco de la quema, «porque se fue de Cuba y se dice que le traicionó Fidel». Ahora, señala, ve con preocupación el uso que partidos como Podemos o Izquierda Unida hacen de falsos mitos como el guerrillero, Castro o Stalin. «La izquierda de antes ha sido más crítica que la de ahora», concluye. G. Núñez

RAMÓN TAMAMES
Fue en Ginebra, a la salida de unas conferencias de la ONU sobre Comercio y Desarrollo, cuando Alberto Ullastres –ministro de Comercio de entonces– hizo coincidir al Che con Ramón Tamames. Corría el año 64 y «estaba allí como una labor más de mi condición de técnico comercial del Estado y, casualidades de la vida, tuve la oportunidad de estrecharle la mano, primero, y reunirnos en un restaurante después», cuenta. De la intervención del revolucionario en el congreso recuerda cómo éste se enfrentó a EE UU por su dominio del comercio internacional: «Mientras los norteamericanos abandonaban la sala en medio del discurso, les recriminó: ‘‘Se marchan como cuando, tras perder Granada, la madre de Boabdil el Chico le dijo a su hijo que llorase como una mujer lo que no supo defender como hombre’’. Una frase terriblemente machista hoy, pero que quedó para la historia. Como cuando les dijo que eran ‘‘zorros libres entre gallinas’’». Son las imágenes que guarda de un hombre «parco en palabras y tímido en las distancias cercanas. No hablaba demasiado y, cuando lo hacía, era muy prudente. No se manifestaba como un revolucionario aunque fuese vestido de militar, como si hubiera bajado de Sierra Maestra», explica Tamames de unos episodios que ya recogió en «Más que unas memorias» (RBA). Como otro de los puntos que se le quedó en la retina, la pasión del argentino por el senderismo: «Aprovechó aquellos días en los Alpes para triscar por el monte». Son los recuerdos que le surgen de una figura a la que «se le notaba que quería a España» y que entonces representaba un ideal romántico de la Revolución de los Barbudos y de la reivindicación del Tercer Mundo, «hablaba de crear mil Vietnam cuando Fidel ya se estaba aburguesando». «Ahora le veo como una mitología de la izquierda, con sus luces y sombras.

Porque luego hemos sabido todos que tuvo mucha culpa en una represión muy dura y que no era ningún líder de las libertades. Era el adalid del marxismo, que puede ser interesante, y el leninismo, que es la dictadura total». J. Herrero

LUIS ALBERTO DE CUENCA, NI EN PINTURA
Luis Alberto de Cuenca, que nació en Madrid el 29 de diciembre de 1950, lo tiene muy claro y dispara sin rechistar nada más hacerle la primera pregunta sobre el célebre guerrillero. «Siempre me cayó mal el Che. Sólo recuerdo un poema de Joan Brossa titulado “Elegía al Che’’, que consistía en un alfabeto en el que faltaban tres letras, la C, la H y la E, fechado en 1967, precisamente el año de la muerte de Ernesto Guevara». ¿Tuvo alguna vez en su juventud un póster del guerrillero en su habitación o una camiseta? «Jamás. La verdad es que nunca, ni en mi cuarto ni en ningún sitio. Desde siempre lo único que llenaba las paredes eran libros» (en su casa de Madrid no guarda menos de 30.000 volúmenes). El escritor deja para el final una perla: claro que tiene un Guevara preferido: «Es Fray Antonio de Guevara, el maravilloso prosista del siglo XVI».


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Iglesias 'eta' Errejón
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 16 Enero 2017

Ahora que el imperio prisaico ha encontrado un candidato del Norte contra la candidata del Sur para resucitar al PSOE en 2018 (le regalan el 2017 a Rajoy), es posible que lo que Arcadi llama, no sé por qué, prensa socialdemócrata deje de insistir en que Errejón es el ala moderada de Podemos, para que Iglesias no parezca el único líder de la Izquierda. La única diferencia entre Iglesias y Errejón es que uno quiere llegar al Poder al modo de Lenin y el otro, siguiendo a Laclau, a la manera de Mussolini, Perón y Chávez. Pero, por supuesto, ambos han dicho lo mismo y lo contrario 100 veces, porque ambos son del género halitósico logorreico, enhebrando incansablemente argumentos apestosos y larguísimos. Lo único que les separa es quién manda en Podemos.

Pero lo que les une y los conecta con el PSOE de Zapatero, el que se cargó la Transición mediante la Ley de Venganza Histórica, es mucho más fuerte: el apoyo a la ETA. Yo comenté aquí mismo poco después del 14-M, hijo del 1-M, y tras el siniestro discurso de investidura de ZP recordando a un abuelo fusilado (lo fue por espionaje, y en 1934 estaba en Asturias a las órdenes de Franco y de la República reprimiendo a los golpistas del PSOE, pero eso lo calló el muy farsante) que lo que quería este nuevo PSOE, con el apoyo del viejo de González y Cebrián, era liquidar la Transición, hacer aquella ruptura que en 1975-77 perdió ante la reforma, fórmula pactada por Suárez y el PCE para traer la democracia.

El cambio esencial en el dibujo del régimen era volver al modelo masónico y sectario de la II República, declarando a la media España de derechas inelegible para el Gobierno y recuperando a la extrema izquierda terrorista. En 2004 eso era el "cordón sanitario" contra el PP y la reivindicación de la ETA como fuerza legítima por antifranquista. Daba igual que casi todos los crímenes etarras se hayan cometido en democracia. Lo importante era establecer que cualquier izquierda tiene derecho a todo y cualquier derecha no tiene derecho a nada.

Podemos sólo recupera la admiración de cierto PSOE por la ETA. Iglesias dice en su célebre video que sólo la "izquierda abertzale", vulgo ETA, vio que la Constitución era "un candado". Y Errejón llamó ayer a manifestarse en apoyo a los asesinos etarras. Si están de acuerdo en eso, lo están en lo demás.


 


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