AGLI Recortes de Prensa    Lunes 23  Enero 2017

Es malversación de fondos públicos.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Enero 2017

Siempre me ha sorprendido e irritado la actitud cómplice y sumisa, por no llamarla cobarde, del Gobierno de Mariano Rajoy, que, a través de su Ministro de Hacienda, Montoro, mantiene desde hace años la financiación de los múltiples agujeros de gestión de los Gobiernos de la Generalidad cuya deuda ya alcanza el 30%% de su PIB autonómico. Desde luego que no es nada comparable a la deuda de España que el Gobierno de Rajoy ha incrementado hasta superar el 100% del PIB. Pero lo cierto es que Cataluña es con mucho la Autonomía que ha recibido mayor cantidad de ayudas (más de 60.000 millones de euros) desde el FLA (fondo de Liquidez Autonómico) que estos días ha sido objeto de debate en la reunión de Presidentes, a la que por cierto no han asistido ni Urkullu por El País Vasco, ni Puigdemont por Cataluña.

Y la excusa no puede ser más demagógica, y es que el Estado no puede dejar a los ciudadanos que viven y residen en Cataluña sin los servicios garantizados para todos los españoles en Sanidad, Educación, etc. Por supuesto no habla del derecho fundamental a comunicarse en la lengua oficial que desee, a educar a sus hijos en la misma, a no sufrir discriminación, etc.Y claro, hasta hace bien poco, esas ayudas supermillonarias, consecuencia de una gestión inadecuada con su parte de financiación del “proceso independentista”, han sido “no finalistas”. Es decir, los fondos entregados para tapar los agujeros presupuestarios iban al mismo saco roto del que han salido subvenciones a ese proceso independentista. Y eso, no cabe duda de que es incomprensible, dudosamente legal y profundamente injusto con el resto de autonomías y ciudadanos españoles.

Porque un Gobierno autonómico no puede presupuestar, someter a aprobación, ni mucho menos subvencionar, a organizaciones que promueven la independencia de modo unilateral de una parte de España, ni destinar fondos para promocionar esa independencia a nivel internacional usando unas supuestas delegaciones comerciales como auténticas embajadas nacionales. Eso tiene varias calificaciones todas delictivas, deslealtad institucional, desobediencia, malversación de fondos públicos y prevaricación. Delitos como el de malversación, que hasta ahora ha sido obviado por la Fiscalía en los pocos casos en que los responsables máximos de cometerlos han sido imputados y acusados, como Artur Mas, Francesc Homs, etc. Queda fuera de modo inexplicable el actual Presidente Carles Puigdemont, que no solo sigue con las subvenciones públicas al proceso independentista, sino que además amenaza con la convocatoria de un referéndum ilegal como el realizado por su antecesor Artur Mas.

No podemos admitir el que el Gobierno de España siga pagando este inaceptable chantaje y menos, usar como excusa a los ciudadanos de esa Comunidad Autónoma como si fueran una especie de rehenes de unos mafiosos. Un Gobierno nunca puede ceder al chantaje de los delincuentes ni de los terroristas. Y los actuales dirigentes de la autonomía de Cataluña se comportan como auténticos mafiosos, donde clanes como el de los Pujol, han prosperado y se han enriquecido con la pasividad y complicidad de los diferentes Gobiernos de España, en un infecto quid pro quo de dejar hacer a cambio de no avanzar en las reclamaciones secesionistas. Y ahora, esa política de pago del chantaje ha dado paso a un desafío final de independencia por el que los secesionistas desean tomar todo el botín.

Si el Gobierno de Mariano Rajoy no actúa de forma firme dejando de esconderse en irrelevantes e inútiles sentencias de los Altos Tribunales, habrá cometido no solo un delito de omisión de su responsabilidad en la defensa de la Unidad de España y de la Constitución, sino también un gravísimo error histórico que puede acabar con nuestra Nación. Y eso se llama traición.

El Gobierno de Mariano Rajoy no puede seguir ignorando las tropelías cometidas por el Gobierno dela Generalidad y el actual Parlamento de Cataluña. No puede seguir financiando la malversación, ni la deslealtad, ni la traición de quienes solo buscan soliviantar a los españoles de esa comunidad degradando los servicios sociales a los que tienen derecho, echando la culpa de sus males al Gobierno de España, a que no reciben lo que les correspondería por lo que dan y a enarbolar la pancarta de “España nos roba” a fin de promover un sentimiento de odio, de rencor, de rechazo por todo lo español y fomentar el deseo de independencia como la única salida a sus problemas.

El Gobierno no puede seguir financiando la traición, la deslealtad ni el proceso de independencia. No con el dinero de todos los españoles. Para eso no son nuestros impuestos. Y si quieren garantizar los servicios y derechos de los españoles nacidos y residentes en Cataluña, deberán garantizar la gestión. La solución es fácil, tomar las riendas y castigar a los responsables con todo el peso de la Ley sin omitir ninguno de los delitos cometidos. No es una casualidad el que la cárcel de Barcelona se llame “Modelo”. Por ahí deberían ir desfilando todos estos delincuentes y ser sus huéspedes antes de que se traslade de ubicación.

¡Que pasen un buen día!

El frente-populismo
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 23 Enero 2017

Mientras la derecha europea duda entre volver a su idea tradicional del Estado (garantizar la vida, la propiedad, la seguridad y la igualdad ante la Ley) o abonarse al plebiscitismo británico para surfear la ola que la demagogia de Merkel sobre inmigración ha provocado, la izquierda inauguró anteayer su alternativa al populismo conservador: el frentepopulismo. Su puesta de largo, o de ancho, ha sido la manifestación en Washington y el resto del mundo contra el presidente recién elegido, cuya legitimidad niegan los mismos que criticaban las reticencias tuiteras de Trump ante Hillary, cuyo triunfo parecía garantizado por la parcialidad mediática y del aparato Demócrata contra Sanders.

Pero "la mentira es un arma revolucionaria", decía Lenin; y "mueve el mundo", añadía Revel. Así que los hackers rusos que descubrieron las trampas de Hillary contra Sanders y forzaron la dimisión de la presidenta del partido prueban el intolerable apoyo de Putin a Trump (que hubiera perdido con Sanders). Hillary respalda ahora en Twitter las violentas algaradas contra el presidente electo, pero Hillary es "la calle" y Trump "el sistema". Y medio millón de mujeres protestan contra las urnas, no contra la Arabia de Clinton ni contra el Irán de Obama, que esclavizan a las mujeres; ni contra quien basó su carrera presidencial en respaldar el abuso de poder de su marido con una becaria, a la que atacaron juntos. Madonna, nueva Hanna Arendt, critica así los "insultos" de Trump (no los Clinton) "contra las mujeres": "Fuck you!". Like a virgin!

La derecha duda y la izquierda se lanza por la barbacana soviética de los años 30: los frentes populares supuestamente antifascistas (aunque Stalin pactara con Hitler) que uncían al proyecto comunista a los socialistas -siempre esquizoides entre reforma y revolución-, la burguesía liberal -siempre pendiente de no parecer reaccionaria-; y la clave del agit-prop que creó Münzenberg: el star-system intelectual, mediático y artístico que da a los famosos "comprometidos" una gran proyección social siempre que apoyen a la izquierda.

El Frente Popular es una predisposición ideológica más que una política. Ejemplo: la diputada María Corina Machado no puede salir de Venezuela; pero aquí titulamos: "La primera exiliada de Trump llega a Madrid". El peor populismo es éste: el frente-populismo.

La izquierda y su gran cosa mala rubia
Pedro de Tena Libertad Digital 23 Enero 2017

En fechas tan lejanas como 1995, el filósofo liberal-izquierdista Richard Rorty publicó un artículo esperanzadoramente desafiante y crítico hacia el viejo socialismo acusando a las izquierdas de no haber entendido nada sobre la caída del Muro de Berlín. "No podemos seguir usando el término capitalismo para significar al mismo tiempo economía de mercado y el origen de toda injusticia contemporánea. No podemos tolerar por más tiempo la ambigüedad entre el capitalismo entendido como el nombre que damos a una forma de financiar la producción industrial y la innovación tecnológica y el capitalismo como el nombre de La Gran Cosa Mala responsable de la mayoría de la miseria humana contemporánea".

Más de veinte años después, ni la izquierda norteamericana ni la europea parecen haber reflexionado sobre el tema. Han persistido en la polarización política y exacerbación de la rigidez intelectual. La actitud de los demócratas en la transmisión de poderes en Washington ha sido, en general y encima, estúpida y banal. Acusando de ilegitimidad al nuevo presidente de Estados Unidos, elegido según normas aceptadas durante dos siglos por demócratas y republicanos, dan alas a quienes, dentro del séquito de Donald J. Trump, tienen esas mismas tentaciones respecto a la izquierda burocrática y tradicional. Es más, le han aportado otro precedente y un referente. A Nixon le tiraron piedras; Reagan fue caricaturizado como imbécil y a Trump, la Gran Cosa Mala Rubia, lo acusan de todo cuando ni siquiera han transcurrido cien días de su mandato. ¿Para qué esperar, cuando ya se conocen infusamente la intrínseca maldad del adversario y la bondad propia? Stultorum infinitus est numerus.

Además, Rorty puso, cuatro años después, el dedo en la llaga en otro aspecto esencial de lo que hemos vivido estos días: el abandono del patriotismo de una izquierda incapaz de comprender que su país tiene diferentes fuentes de inspiración política y moral, todas ellas legítimas, incomprensión que le despeña hacia un desprecio por la propia nación y patria. "El orgullo nacional es a los países lo que la autoestima (respeto por uno mismo) es a los individuos: una condición necesaria para mejorar (…) Implicarse emocionalmente con el propio país –tener sentimientos de vergüenza profunda o de orgullo pleno respecto a determinados acontecimientos o etapas de la historia del país o de diversas políticas nacionales– es necesario si se pretende que la deliberación pública sea imaginativa y productiva. Tal deliberación no se producirá a menos que el orgullo y no la vergüenza sea el sentimiento que prevalezca". Ni pensarlo.

El espectáculo de la izquierda norteamericana de estos días, desde actores, artistas a gamberros o violentos organizados, ha sido antipatriótico por despreciar la mejor de sus tradiciones: la alternancia democrática, las instituciones derivadas y sus valores y defectos. Es decir, han dejado el patriotismo en manos de Donald J. SuperTrump. Hay que ser mendrugo.

No es nada nuevo en una España donde, como he mencionado en otra ocasión, Menéndez Pidal ya subrayó el comportamiento absurdo de una izquierda que abandonaba "íntegra a los contrarios la fuerza de la tradición". Fue hace décadas, pero el socialismo español, y la izquierda en general, sigue en poder de sus prejuicios decimonónicos sin atención ni estudio algunos sobre la realidad del siglo XXI, enredados en esa su gran cosa mala nacional que es la derecha, si es liberal aún más mala, y despreciando la realidad nacional española, a veces hasta quemando banderas y otros símbolos. Ortega ya sentenció que no hay nada más conservador que pretender que el pasado se instaure en el presente. Pues toma castaña.

Blanquerna: retrato en sepia de la justicia con Supremo al fondo
Fernando Paz gaceta.es 23 Enero 2017

Fue Carlos Lesmes, magistrado y presidente del Supremo –vaya por Dios- quien confesó que la justicia española actuaba según un principio de discriminación por el que a la cárcel no iban sino los parias, a quienes denominó “robagallinas”.

Es muy posible que Lesmes, pese a que ha tenido tiempo para arrepentirse de su locuacidad o de su sinceridad, no lo haya hecho, quizá porque lo dijo en un momento en el que resultaba conveniente ceder en lo menos para salvar lo más.

Sea como fuere, la frase ya no tiene remedio, porque todo el mundo sabe que la justicia española, señora de distraída moral en tantas y tantas cosas, se aplica con rigor de gobernanta en el castigo a esos parias que carecen de padrino, de padre, de madre, y de perro que les ladre.

En la España de la corrupción galopante, en la que se han abierto casi mil cuatrocientas acusaciones por este motivo, poco más de ochenta políticos han ido a dar con sus huesos en la cárcel. O la justicia convertida en burladero del ultra garantismo legal que aprovecha a aquellos a quienes busca proteger.

Así que la tan trajinada inseguridad jurídica que padecemos tiene su razón de ser en una politización de la justicia que viola los más sagrados principios de esta. Los jueces han guardado disciplinado silencio ante la perversión –perpetrada por los políticos por mor de las leyes ideológicas y de género- de los principios de igualdad ante la ley y de presunción de inocencia, elementos absolutamente claves de toda la construcción legal occidental.

Una justicia que comienza por dividirse en banderías, una justicia que es “por la democracia”, “progresista” o “conservadora”, o lo que se tercie según el día de la semana; que presume de una sensibilidad social que suele traducir en una interpretación de la ley al gusto del poder.

Y en esto, la sentencia de Blanquerna. La sentencia tiene, naturalmente, mucho de esa interpretación. Blanquerna es la ofrenda al Moloch nacionalista catalán del sacrificio humano que este exige cada cierto tiempo y que el gobierno y los tribunales, por supuesto, están bien dispuestos a cumplimentar. La sentencia de Blanquerna es algo más que una indignidad, porque excede la indignidad el que unas personas que no dañaron a nadie entren en la cárcel.

Hubo más violencia en el asalto a la capilla de Somosaguas, protagonizado por grupos de extrema izquierda en los que estaba integrada Rita Maestre, que en Blanquerna; concurriendo, además, en aquella ocasión el agravante de ataque a los sentimientos religiosos y, por supuesto, una comparable “discriminación ideológica”; de camino a la capilla, los asaltantes corearon la consabida matraca de “arderéis como en el treinta y seis” y “vamos a quemar la Conferencia Episcopal”, algo que, en un país como España, en el que tuvo lugar un terrible genocidio contra los católicos hace apenas 80 años, debería encontrar algún mayor reproche legal que la lenidad judicial habitual.

Sin embargo, Rita Maestre fue absuelta de un modo que resulta incomprensible, salvo que lo interpretemos desde un punto de vista político e ideológico, que es cuando la absolución cobra todo su significado.

Pero hay más: el propio Supremo fue quien redujo la condena de doce años impuesta por la Audiencia Nacional, hasta dejarla en cuatro años y seis meses, a los responsables del comando anarquista que pusieron la bomba en el Pilar de Zaragoza en octubre de 2013. Miembros de un grupo anarquista conocido como “Comando Insurreccional Mateo Morral”, hirieron a una mujer y pudieron haber causado una verdadera matanza, ya que en el templo se encontraban casi sesenta personas entre turistas y trabajadores cuando hicieron estallar el artefacto. Lejos de arrepentirse, cuando les fue dictada la sentencia por la Audiencia Nacional, gritaron desafiantes al tribunal: “Muerte al Estado”.

Si la revisión del caso por parte del Tribunal Supremo fue considerada escandalosa en su momento, aún ha resultado serlo más desde que, apenas un mes después, ha impuesto la misma pena a quienes asaltaron la librería Blanquerna. Y en este caso, elevando, además, las penas impuestas de seis a ocho meses por la Audiencia Nacional. Es decir, que el Tribunal Supremo no encuentra diferencia entre estallar una bomba y propinar tres empujones.

De acuerdo a la sentencia emitida, el Supremo ha justificado su decisión apelando a que los asaltantes incurrieron en “discriminación ideológica”.

¿Discriminación ideológica? A la vista de los antecedentes citados –y salvo que alguien pretenda que es de justicia el que tres empujones equivalgan a la colocación y estallido de una bomba-, tras lo sucedido con Rita Maestre y con el grupo anarquista, discriminación ideológica es, exactamente, lo que ha perpetrado el citado Tribunal Supremo.

Un viaje a Coblenza, 1
Desmantelar la Unión Europea para salvar Europa
José Javier Esparza (Coblenza, Alemania) gaceta.es 23 Enero 2017

Hace diez años, los llamados “euroescépticos” eran unos señores que intentaban romper unos con otros en el marco de las instituciones comunitarias. Hoy, son un grupo bien avenido de partidos del corazón del continente que aspiran a desmantelar el entramado de Bruselas en nombre de la propia Europa. Protagonistas: el Partido por la Libertad del holandés Wilders, el Frente Nacional de la francesa Marine Le Pen, la Alternativa por Alemania de Frauke Petry, el Partido de la Libertad austríaco, la Liga Norte italiana… En efecto, no están contra Europa: son Europa y, aún más, reivindican ser la verdadera Europa, esa que ha sido traicionada por la burocracia de Bruselas. Y tienen grupo propio en el parlamento de Estrasburgo: Europa de las Naciones y las Libertades, donde a los mencionados partidos se añaden el Vlaams Belang flamenco, el Congreso de la Nueva Derecha polaco y dos europarlamentarios independientes, uno rumano y la otra británica. Todos ellos estuvieron en Coblenza, Alemania, el sábado 21 de enero, acogidos a la hospitalidad de Frauke Petry. Como invitado especial, una pequeña delegación del partido español VOX.

¿Qué ha cambiado en estos años para que la hostilidad hacia la Unión Europea pueda enunciarse ya no contra Europa, sino precisamente por ella, para salvaguardarla? Dos cosas fundamentalmente. La primera, una descabellada política de inmigración que en pocos años ha llenado nuestras ciudades con una población de cultura ajena, estructuralmente contraria a los principios de la cultura europea, y que ha dado lugar a un estado de violencia civil permanente. La segunda, una política económica orientada a hacer de la Unión Europa algo así como un “pueblo Potemkin” de la globalización, como aquellas bonitas aldeas de atrezzo que el ministro ruso Potemkin hacia levantar al paso de la emperatriz Catalina para alegrar los ojos de su majestad cuando transitaba por sus dominios, y que eran desmantelados inmediatamente después; la crisis financiera mundial de 2008 ha hundido el decorado del pueblo Potemkin de la Europa global, y lo que ha quedado al descubierto es un escenario de ruina con paro creciente, trabajo precario, pérdida acelerada de nivel adquisitivo, deuda pública desorbitada… Por primera vez desde que acabó la segunda guerra mundial, los europeos tienen la certidumbre de que la generación siguiente vivirá peor que la actual. El milagro que creó la gran Europa del bienestar se desvanece y lo que emerge es la imagen del malestar generalizado. Esa imagen sórdida no se ve desde las alturas de la elite global, pero se vive de manera dramática en el suelo. Es el pueblo quien se revuelve. A los que le dan voz los llaman “populistas”.

La hostilidad del establishment
El movimiento crece, pero las presiones del establishment son verdaderamente insólitas: hostilidad mediática generalizada, hostilidad institucional sin recato, hostilidad bancaria (por ejemplo, el Frente Nacional es el único partido de Francia al que ningún banco prestará dinero para la campaña de las presidenciales), hostilidad de la izquierda pro inmigración… Este encuentro de Coblenza fue un perfecto ejemplo de la animadversión del sistema hacia la nueva derecha identitaria europea. Relevantes personalidades políticas llamaron públicamente a impedirla. Una gran manifestación –que finalmente resultó bastante pequeña- se apiñó en la puerta de la sala de congresos de la vieja ciudad renana con el objetivo de no dejar entrar a los participantes. Desde la noche anterior, cuando los anfitriones agasajaron a sus huéspedes con un bien medido ágape en un pintoresco restaurante local, las medidas de seguridad eran sencillamente asombrosas: vehículos especiales para los traslados (a toda velocidad), decenas de guardaespaldas y policías, controles de la fuerza pública en todos los accesos, riguroso control de los invitados… Nada extraño: hace meses que Alemania vive la misma tensión antiterrorista que el resto de Europa. Pero aquí, además, estaba la tensión creada por la izquierda local.

Hablemos del ágape, que es seguramente el asunto del que nadie más va a hablar. Situémonos: la vieja Renania (Maguncia, Wiesbaden, todo eso), varios grados bajo cero, la humedad del Rhin helándote los huesos, campos nevados y árboles que agitan sombras en la noche, un hermoso villorrio de calles estrechas, una dotación policial en cada esquina y, de pronto, una vieja casona con ancho patio de caballerizas. Por ahí hay que entrar. Los automóviles llegan, escupen a sus ocupantes y a toda velocidad desaparecen: protocolo de seguridad. En el patio, varias fogatas a pleno rendimiento: hace un frío que pela y hay demasiada gente velando ahí fuera hoy. Los invitados pasan al interior de la casona. Yo me quedo un momento a la intemperie, con los guardaespaldas. He escuchado a alguien que había avisos del ministerio del Interior y quiero verificarlo. Y para eso, nadie mejor que ellos.

A los guardaespaldas les caen bien los tipos con parche: un par de palabras en un inglés que debe más a las películas de Jason Statham que a la escuela de idiomas, un cigarrillo negro en plan cuartelero y el resto ya es darle a la lengua entre monosílabos, gruñidos y sobreentendidos. “Me han dicho que hay muchos avisos de la policía”, les chapurreo. Se miran entre sí, desconfiados. “¿Quién se lo ha dicho?”, me pregunta uno que parece recién llegado de arrasar Inglaterra con Ragnar Lodbrok. “El staff”, le respondo, neutro. Sí, en efecto –me confirman-: cuatro advertencias, en diferentes grados de persuasión, para que el encuentro no se celebre, para que nos cambien de hotel, para que se suspenda la cena, para que… Se les ve irritados: no es grato verte acosado en tu propia casa. Termino el cigarro y la charla, dejo a los guardaespaldas con un gélido apretón de manos (“españolo”, dice uno), paso al interior y allí hay todavía más seguridad: policías alemanes y franceses que forman parte del dispositivo de Marine Le Pen y de la escolta que el Gobierno federal le ha puesto a Frauke Petry para este acto. El local es pintoresco: una vieja bodega de paredes abovedadas en piedra vista, habilitada hoy como restaurante “con encanto”. Decoración de palacete de caza del siglo XVII. Y al fondo, ella: Frauke Petry.

El milagro de Frauke Petry
Frauke Petry es una mujer asombrosa. Nacida en la Alemania comunista (Dresde, 1975), científica de gran prestigio, doctora en química, farmacología y toxicología, creadora de una empresa de poliuretanos laureada por su preocupación ecológica, condecorada por la República con la Orden del Mérito y, atentos, madre de cuatro hijos. ¿Algo más? Sí: toca el piano muy bien, según demostró en su acogida a los invitados de este congreso. Es esta mujer la que en 2013 fundó, con el democristiano Bernd Lucke y el periodista de izquierdas Konrad Adam, Alternativa por Alemania. ¿Para qué? Fundamentalmente, para salir del euro, combatir los milmillonarios rescates de la Europa quebrada y exigir la desburocratización de la Unión. ¿Un partido “ultraderechista”? Para nada. Enseguida, eso sí, nuevos acontecimientos vinieron a enturbiar las cosas: uno, la guerra de Ucrania, que empujó a Angela Merkel –con la bendición de Obama- a emprender una política frontalmente antirrusa, con los consiguientes efectos negativos para la economía alemana; otro, la ola de inmigración masiva y desordenada abierta por Merkel, que en pocos meses cambió por completo la faz social del país. Eran, en realidad, expresiones de las dos grandes fuerzas que atenazan a Europa: el globalismo y el multiculturalismo. El partido se dividió. Petry estuvo entre quienes criticaron tanto la política antirrusa como la inmigración masiva. Con ella, la gran mayoría de los militantes, que terminaron eligiéndola co-presidenta del partido junto a Jörg Meuthen. Y ha sido precisamente el descontento de buena parte de la población con la política migratoria lo que ha convertido a Alternativa por Alemania en una fuerza en ascenso.

¿Partido xenófobo, partido “racista”, partido “ultra”? Realmente Alternativa por Alemania no es nada de eso. Al revés, Frauke Petry blasona de tener una idea muy arraigada de la libertad. No en vano nació en un mundo, el de aquella opresiva Alemania comunista, donde la libertad no existía. “Lo característico de Europa –explica a gaceta.es- es precisamente la libertad: la libertad griega, cristiana, romana. Pero hoy esa idea atraviesa por una seria crisis porque el poder de las oligarquías amenaza la libertad personal”. Frauke Petry hace un singular paralelismo con el mundo soviético que ella vivió: “Hoy nos piden que tengamos confianza aunque todo se venga abajo, porque el sistema no puede fallar; lo mismo nos decían entonces”. Desde su perspectiva, Europa ha vivido un acelerado proceso de “des-democratización” desde la caída de la Unión Soviética, porque la Unión Europea ha ido convirtiéndose en un sistema regido por tecnócratas e ingenieros sociales que coartan la libertad personal. En nombre de la “diversidad”, los tecnócratas están erosionando la libertad y la identidad de los europeos. La “armonización social” que propone Merkel –ironiza Petry- se parece más a la Alemania comunista que la Europa de la libertad. Ha nacido un “nuevo materialismo alemán” –bromea evocando el materialismo filosófico de Marx-: una mezcla singular de capitalismo mundialista y multiculturalismo.

Como Alternativa por Alemania disiente simultáneamente del capitalismo mundialista y del multiculturalismo, que son los caballos de batalla de la derecha y de la izquierda (y su terreno de consenso), y como el asunto de la inmigración masiva parece haberse convertido en el nuevo criterio para juzgar el bien y el mal, el discurso mediático ha colocado sobre Alternativa por Alemania el sambenito infamante de lo “ultra”. Pero, ¿ultraqué? Alternativa por Alemania defiende la separación de poderes, las libertades públicas, por supuesto el sistema democrático, es abiertamente liberal y antiestatista en lo económico… Todo el mundo lo sabe, de manera que, cuanto más se fuerza el tono, más credibilidad pierden los medios y más simpatías despierta este movimiento que en apenas un par de años ha revolucionado la escena política alemana.

Al fondo está la cuestión de la identidad, por supuesto. “La Europa de Bruselas –nos dice Frauke Petry- se está construyendo sobre la obligación de abandonar nuestra cultura. Pero nadie habla de abandonar la cultura afgana o la nigeriana, no: sólo nosotros hemos de abandonar la nuestra”. Así la identidad se ha convertido en la bandera de todas estas derechas que la mayoría mediática llama “extremas”, como si estuviéramos todavía en los años de la descomposición de los fascismos. La realidad presente es muy distinta. Estas derechas –precisamente, identitarias- nacen de otra descomposición, a saber, la del Occidente cosmopolita. Ahí es donde guarda su razón de ser la reivindicación de las soberanías nacionales. Y ese ha sido justamente el estandarte de otra de las grandes invitadas al encuentro de Coblenza: Marine Le Pen, que hace su entrada en este restaurante rural de la Renania en el mismo momento en que terminamos nuestra conversación con Frauke Petry.

Marine Le Pen llega con una escolta extraordinaria: policías, asesores, su gabinete, sus europarlamentarios, un formidable revuelo de personal y ese aura inconfundible que rodea al poder, particularmente en Francia. Están ustedes ante la posible nueva presidenta de la República Francesa, sexta potencia mundial, tercera potencia nuclear, segunda economía de la zona euro… Frauke Petry, cortés, se levanta a recibirla. Nosotros, detrás. Marine Le Pen sonríe mientras expulsa bocanadas de uno de esos cigarrillos electrónicos que calman el síndrome del fumador arrepentido. Queremos preguntarle por su programa económico. Pero eso lo contaremos mañana.

El día de la Bestia
Rafael L. Bardají Libertad Digital 23 Enero 2017

En realidad, el día ha llegado para la Bestia, pero la Bestia no es Donald Trump, sino Barak Hussein Obama.

La CNN alucinaba con la posibilidad de que Donald J. Trump fuese asesinado durante la ceremonia de inauguración de su mandato, seguramente porque sus redactores viven más las fantasías de series como Superviviente Designado que la realidad del pueblo americano. Gracias a Dios no ha sucedido nada alarmante durante la ceremonia y Trump es ya el 45 presidente de los Estados Unidos. A tenor de la cara de la exprimera dama, Michele Obama, parecería que el día de la Bestia acaba de llegar. Puede que no estuviera tan equivocada.

En realidad, el día ha llegado para la Bestia, pero la Bestia no es Donald Trump, sino Barak Hussein Obama, un presidente que no sólo ha dejado a Norteamérica peor de cuando entró en la Casa Blanca, sino que ha llevado al mundo a un estado de violencia y peligro no visto en décadas. Su legado no será recordado y sus años de división política y racial, de abandono de sus aliados, de renuncias a los intereses de América y de concesiones a sus enemigos sólo pasarán a los anales negros de la Historia.

El presidente Trump ha prometido que hoy comienza una nueva era. En su discurso de inauguración ha dejado meridianamente claro que desprecia Washington y que odia la forma como el establishment ha gobernado el país hasta ahora, defendiendo sus privilegios a expensas de los ciudadanos. Si, un discurso que puede ser tachado de populista, pero que no deja de ser cierto. La democracia, al fin y al cabo, surgió como el gobierno del pueblo para el pueblo, algo que, en la actualidad, está muy lejos de ser una realidad en América como en Europa. El gran contrato social de la democracia liberal, a saber, creciente prosperidad, paz y seguridad para los ciudadanos, ha dejado de cumplirse. Por la inhabilidad para lidiar con la crisis, por el pacifismo acomplejado de nuestras élites y por la supeditación de los intereses de los nacionales frente a emigrantes.

Llevamos años, si no décadas, soportando líderes light –como dice José María Aznar-, descafeinados, sin fuelle, principios firmes y moral intachable. No es de extrañar que un presidente en la Casa Blanca que denuncia ese vacío político, que rechaza ser prisionero de lo políticamente correcto, que no rehúye fajarse con sus enemigos, sea visto como una amenaza por todo los institucional, políticos, medios de comunicación y organismos internacionales.

El Presidente Trump, en cualquier caso, no lo va a tener fácil. Es verdad, tiene al pueblo americano de su parte, pero el establishment se atrinchera fácilmente. El Congreso, por citar un ejemplo, puede querer frustrar muchas de las iniciativas que proponga. Salvo que convenza a un número significativo de demócratas y republicanos para que le apoyen, tal vez su única alternativa sea socavar ambos partidos y construir su propio partido. ¿Imposible? No, pero será algo que nunca hemos visto antes.

Trump no es Ronald Reagan, es un conservador revolucionario si se me permite la expresión. Posiblemente sea hoy más como Margaret Thatcher, odiada por todos, pero convencida de tener razón y dispuesta a pagar el precio político para llevar adelante sus ideas (¿recuerdan su lucha con los mineros en sus dos primeros años?).

Yo le deseo lo mejor a Donald J. Trump en su primer mandato. Los americanos necesitan liberarse de los años de Obama y el mundo necesita otra América. Pero tengo suficiente edad, me temo, como para saber que sus planes conllevan tantos cambios que las resistencias serán también enormes. Cuanto antes se ponga manos a la obra menos difícil será. Su propia elección nos tiene que hacer creer que lo imposible es ya posible.

Rafael L. Bardají, miembro fundador del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).

España / Terrorismo yihadista
Yihadismo en España: Un ejército de cien mezquitas
Madrid tiene más de 2000 templos, la mitad ilegales, que los radicales utilizan para captar combatientes.
J.M. Zuloaga. Madrid. La Razon 23 Enero 2017

La Comunidad de Madrid cuenta con 112 mezquitas y oratorios legales, 60 de ellos en la capital, en los que se imparte la religión musulmana, aunque la cifra de los locales clandestinos y, por lo tanto, sin un control de registro oficial, es similar, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas.

Es en estos últimos (garajes, locales y hasta pisos), que son objeto de la vigilancia de las Fuerzas de Seguridad nada más ser detectados, donde se cree que pueden estar actuando predicadores próximos al Estado Islámico o a Al Qaeda, que proclaman la sharia (interpretación más rigorista de la religión musulmana) y la obligatoriedad de sumarse a la «yihad» («guerra santa»).

De los legales, las citadas fuentes señalan que hay un 5 o un 6 por 100 (al menos cinco) en los que se ha detectado que se proclaman mensajes radicales, pero siempre de una forma discreta, fuera de los días de rezo (los viernes) con el fin de que su labor pase lo más inadvertida posible. Están situados en La Cañada (dos), el barrio de Tetuán, San Cristóbal de los Ángeles y Alcalá de Henares.

Los mensajes radicales tienen una creciente aceptación en determinados sectores de la juventud musulmana, sobre todo entre aquellos que se encuentran en una situación de desarraigo o –y esto es lo más preocupante– que han iniciado el proceso de radicalización hacia el yihadismo a través de las redes sociales.

Las citadas fuentes admiten que, pese a la labor de prevención que se realiza sobre los centros legales sospechosos de emitir consignas radicales, no se pueden judicializar, al menos por el momento, acusaciones concretas.

Madrid es la tercera comunidad, después de Cataluña y Andalucía, con mayor número de musulmanes declarados como tales, según las últimas estadísticas, aunque la cifra puede superar en la actualidad los 300.000.

Las investigaciones que realizan las Fuerzas de Seguridad detectaron que uno de los movimientos más radicales del islamismo, (con una cierta presencia en Cataluña), intentaba implantarse en Madrid. Se trata de Tabligh Wal Dawa, también llamada «Jamaat Al-Tabligh» (Fe y Práctica), o «Jamaat AI-Tabligh Wal-Dawa» (Sociedad para la Propagación y la Oración).

Es una organización sumamente rigorista, que si bien propugna la paz y el diálogo interreligioso, defiende un islam sumamente ortodoxo que resulta muy difícil de conciliar con algunos de los principales valores occidentales (igualdad de la mujer, libertad de expresión, etcétera), según las citadas fuentes.

Su obra de reislamización y conversión de inmigrantes es llevada a cabo por predicadores que realizan constantes «Dawas» (viajes) por todo el mundo. Cuentan con numerosas mezquitas y centros de formación religiosa en varios países, sobre todo en Asia, Europa y África. Dado que los tabligh organizan constantes viajes de predicación de unos países a otros, siempre existe el riesgo de que alguna de estos viajes sea aprovechado por potenciales terroristas, para moverse de forma segura entre países, sin despertar sospechas, agregan.

En torno a mezquitas «legales», incluida la de la M-30, se han producido en los últimos tiempos una serie de hechos relevantes. Los autores de los atentados del 11-M en Madrid se reunían, durante la semana (no los viernes), en algunas ocasiones, en dicho templo, según reveló a LA RAZÓN una alta autoridad del islam en España, lo que no quiere decir que los responsables de la mezquita les apoyaran o ampararan. Aprovechaban el recinto religioso para tratar de pasar inadvertidos, lo que consiguieron. Eran dinamizados por un imán que venía regularmente desde Argelia, según la misma fuente.

Está también el caso de la célula yihadista llamada «Brigada Al Andalus». Al menos tres de los 15 yihadistas que la integraban, constituida en 2011 en la mezquita de la M-30, viajaron a Siria para combatir en las filas del Daesh, el Estado Islámico, según el auto de procesamiento dictado contra ellos en su día.

El adoctrinamiento de este grupo radical corrió a cargo de un individuo considerado el principal líder operativo y religioso de la «Brigada Al Andalus» y del que se sospecha fue el organizador de los viajes de esos tres yihadistas y de otros dos que fallecieron en combate.

También viajó a Siria una persona que fue imán de la mezquita de Yunquera de Henares (Guadalajara) y que, según declaró su madre a los investigadores, su paso en 2010 por el Centro Cultural Islámico de la mezquita de la M-30, radicalizó su fervor religioso.

En España, gracias a la actuación de las Fuerzas de Seguridad no se han cometido atentados yihadistas desde las matanzas de marzo de 2004, a diferencia, por ejemplo de Francia. A este respecto, hay un dato relevante que se produjo el pasado verano en el vecino país: el entonces ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, anunció que las autoridades galas habían cerrado en los últimos meses 20 mezquitas y «salas de rezo» musulmanas en el marco de la lucha contra el islamismo radical y la prevención del terrorismo yihadista.

Por lo que respecta a las mezquitas y oratorios ilegales que hay en la Comunidad de Madrid, las unidades encargadas de combatir en yihadismo tratan, una vez descubiertas, de controlar todos los movimientos que se producen en torno a ellas, asistentes a los que ya se considera radicalizados, posibles vías de financiación, etcétera.

Si el Estado Islámico o Al Qaeda tratan de utilizar una mezquita u oratorio será una que no sea legal, ya que en las otras su labor podría ser detectada con mayor facilidad.

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Diálogo y ley en Cataluña

Editorial La Razon 23 Enero 2017

Insistir en que es obligación del Gobierno que los servicios funcionen en Cataluña y que la Generalitat sea partícipe de las decisiones que le afectan puede parecer una obviedad, pero entre los destrozos hechos por el «proceso» está el del lenguaje. La Ley no significa lo mismo en el ecosistema político independentista: sólo se cumple si no va en contra de la hoja de ruta secesionista. Así que hay que decir que es tarea del Gobierno que en Cataluña sea debidamente administrada. En definitiva: que se cumpla. La ausencia del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en la Conferencia de Presidentes autonómicos del pasado día 17 sólo fue una manera muy propagandística de desentenderse de aquellos asuntos públicos que sí están en manos de los políticos resolver.

Para enredar la vida política y las relaciones entre Cataluña y el resto de España, ya sabemos que el aparato propagandístico del independentismo está sobradamente capacitado. Un ejemplo que no es una anécdota: la Generalitat se va a gastar más de 120.000 euros (127.810,57 es la partida presupuestada) en promocionar la conferencia que Puigdemont pronunciará mañana en una sala del Parlamento Europeo, en Bruselas, y de la que la propia Eurocámara se ha desentendido. Es decir, publicitar un acontecimiento en el que se propugna un referéndum ilegal y, además, hacerlo con fondos públicos contraviene las obligaciones de cualquier responsable público. Cumplir la Ley es el primer principio político. Pese a estos desafíos al Estado de Derecho, el Gobierno mantiene abierta la «operación diálogo», que es una estrategia que no tiene más objetivo que visualizar la presencia del propio Estado en Cataluña y de mantener abiertos todos los canales para estar en permanente contacto con los agentes políticos, económicos y sociales.

El Gobierno sabe que la Generalitat no tiene más margen de maniobra que tensar la cuerda y forzar al Estado hasta tomar medidas de «excepción», o lo que los soberanistas consideran excepcional, que es la simple aplicación de la Ley. En este sentido, todo indica que se mantendrán dos líneas: impedir con todos los medios legales en la mano la organización de un referéndum ilegal y mantener la vías de diálogo para solventar los serios problemas de financiación de la Generalitat. Este último capítulo es sin duda especialmente insoportable por el alarde de deslealtad de los dirigentes nacionalistas: que toda la sociedad española tenga que financiar su plan secesionista. El Gobierno lo tiene claro, de ahí que, en lo que esté en su mano –en la de la Abogacía del Estado o en las atribuciones que le conceden sus recursos ante el Tribunal Constitucional–, hará cumplir la Ley. Ahora mismo, la agenda soberanista no tiene más objetivo que la realización de un referéndum «sí o sí» el próximo mes de septiembre, de ahí que la Generalitat y sus aparatos de propaganda –la ANC y Òmnium– estén plenamente en activo.

La sociedad catalana está dando sobradas muestras de hartazgo ante el estado permanente de movilización al que está siendo sometida. Por otra parte, dentro del propio independentismo hay disputas que se pondrán encima de la mesa si se acaba convocando elecciones: si gana ERC, como así anuncian todos los sondeos, la velocidad del proceso sólo dependerá de ellos. Pero el primer objetivo estaría cumplido: que un partido independentista «de verdad» alcance la Generalitat. El Gobierno es muy consciente de que algunos de estos problemas se podrían haber evitado de haber tenido el Estado la presencia que le corresponde. Ese error no se volverá a repetir. Cataluña es mucho más que la imagen que la Generalitat quiere transmitir y de la que se ha adueñado. Esa sociedad, abierta, plural y tolerante, necesita un interlocutor.

Colau se destapa: catalán como lengua única, separatismo y pujolismo
La ponencia fundacional de la formación de Colau propugna una república catalana que eliminaría el uso del español en todos los ámbitos públicos.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 23 Enero 2017

El próximo domingo se abrirá el proceso para la creación del partido con el que Ada Colau pretende extender su ámbito de influencia a toda Cataluña. Quienes quieran participar en el acto fundacional deberán asumir un documento titulado "Un país en comú", firmado por la "Comisión de relato" y que constituye la esencia del proyecto.

En ese texto, de 63 páginas, los ideólogos de la alcaldesa de Barcelona, con el diputado Xavier Domènech, del subgrupo catalán de Podemos en el Congreso de los Diputados, a la cabeza, se asientan las líneas ideológicas de un partido que tiene como objetivo "superar el procesismo" al tiempo que se define como "formación catalanista y de izquierdas".

En el modelo de los "comunes" de Colau, la república catalana es el reto prioritario, un Estado independiente que puede ser "solidario" con el resto de España sólo si los catalanes así lo deciden. De modo que el nuevo partido formará parte del bloque separatista y se sumará a la petición de un referéndum no pactado y vinculante.

Herencia convergente
Más allá de las fórmulas anticapitalistas de rigor ("intervención en el mercado social y ambientalmente", "democratización de las empresas") y del acento en promesas sobre el reparto de la riqueza y las instituciones abiertas, el documento es un homenaje a las teorías del fundador de Convergencia, Jordi Pujol, sobre la "construcción nacional" hasta el punto de plagiar la famosa frase de Pujol de que "catalán es aquel que vive y trabaja en Cataluña". En la versión Colau, "catalanes y catalanas somos todas las personas que residimos en Cataluña".

Donde más se aprecia, sin embargo, la impronta del pujolismo es en el apartado dedicado a la lengua y que parte de la afirmación de que "Cataluña es un solo pueblo". Sobre esa base, los redactores del texto se entregan a una encendida defensa del catalán como lengua única y de la inmersión lingüística como modelo: "Desde el final de la dictadura franquista, Cataluña ha intentado construir un proyecto de país con identidad propia, recuperando la lengua y la cultura catalanas con la ayuda decisiva de la administración, la escuela y los medios de comunicación. Este reto no se podría haber conseguido sin la ayuda de la inmersión lingüística, un programa iniciado en Quebec en una situación de contacto de lenguas como la que había en Cataluña en los años ochenta".

La inmersión y la igualdad de oportunidades
Gracias a dicha inmersión, "muchas personas de orígenes lingüísticos diversos han adoptado el catalán como lengua de uso habitual y se han identificado con la cultura catalana, de manera que la evolución del uso de la lengua se ha mantenido estable en la última década". Según los cálculos de los "comunes", más del noventa por ciento de los ciudadanos entiende el catalán y el ochenta por ciento lo habla.

También se glosa la "igualdad de oportunidades que ha supuesto para todos los catalanes y catalanas el actual modelo y la capacidad que ha tenido para construir una cultura común en base a una lengua compartida (...) por tanto, debemos mantener la soberanía en el ámbito de la lengua".

Enseñanza, medios, toponimia y administración
Por si no había quedado claro y a pesar de la amplia extensión del uso del catalán que reconocen los "comunes", en el apartado relativo a a la lengua remachan: "Podemos concluir que no existe ningún argumento que no sea puramente ideológico para no defender que el catalán es la lengua propia y oficial de Cataluña y merece un uso preferente dada su condición de lengua minoritaria. El catalán tiene que ser la primera lengua como mínimo en cuatro ámbitos: enseñanza, medios de comunicación públicos de la Generalidad, toponimia y lengua de la Administración pública de Cataluña".

Intérpretes en los servicios públicos
Habida cuenta de que el paraíso de Colau será "un país inclusivo donde todo el mundo tenga cabida", para quienes no entiendan el catalán se propone "levantar las barreras comunicativas en los servicios públicos, hospitales, juzgados, servicios sociales, escuelas (...) para lo que hay que regular la profesión de intérprete".

'La sociedad civil ya ha dicho basta'
Un grupo de juristas catalanes impulsa un manifiesto contra el proceso separatista
La Gaceta 23 Enero 2017

Un grupo de prestigiosos juristas catalanes impulsa un manifiesto en defensa del Estado de derecho y la democracia, que presentará el 2 de febrero, en un gesto contrario al proceso separatista, que se va a centrar en los próximos meses en el marco jurídico y las leyes de "desconexión".

Así lo han avanzado fuentes del ámbito jurídico catalán, en el que existe preocupación por la "falta de nivel jurídico" que observan en sectores secesionistas, cuando Cataluña se ha caracterizado siempre por el "rigor en la elaboración de sus leyes" en un ámbito jurídico de larga tradición.

En un momento de proliferación en Cataluña de plataformas y entidades contrarias a la ruptura de España, miembros de este grupo de una veintena de juristas, cuyos nombres se harán públicos durante la primera quincena de febrero, creen que las cosas están cambiando en Cataluña y que "la sociedad civil ya ha dicho basta".

Abogados, catedráticos, profesores de universidad, notarios y exmagistrados están preparando así un manifiesto en defensa del Estado de derecho y de la democracia, apelando a la tradición jurídica de Cataluña, "basada en el rigor y el respeto a la ley, y denunciando también que la actual situación de falta de respeto al Estado de derecho pone en peligro la democracia".

Estos juristas, según las fuentes consultadas, creen que su opinión puede ser relevante en los próximos meses, porque el debate se va a centrar en "las leyes de desconexión, con la tramitación del referéndum o los juicios sobre la consulta del 9N y la desobediencia de la Mesa del Parlament".
 


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