AGLI Recortes de Prensa    Sábado 28  Enero 2017

Corrupción, sí, mucha corrupción
TEODORO LEÓN GROSS El Mundo 28 Enero 2017

En el ránking de corrupción, España es un mal país europeo pero al menos es un buen país africano. Algo es algo. Así se deduce del último informe de Transparencia Internacional. España está más cerca de Botsuana, que la supera en puntuación, Namibia o Sudáfrica, que de los países centroeuropeos o nórdicos. El Mediterráneo es, como los pueblos eslavos, un ecosistema degradado.

Claro que este informe no mide la corrupción sino la percepción de la corrupción. No se trata de un cómputo de casos reales. De hecho hay estudios -como Corrupción pública y calidad democrática, Círculo de Economía, 2015, con Lapuente, Costas, Orriols...- que cuestionan esas diferencias. En el CIS, el 36% identifica la corrupción como problema, pero menos de un tercio de ellos como afectado. En España, según el ensayo del Círculo, sólo un 2% reconoce haber pagado por un servicio público, a nivel de nórdico, por debajo de la media europea (4%). A esa coartada se aferra la clase política.

En la percepción, claro, hay factores psicosociológicos, y la crisis ha resultado determinante. El malestar envenena todo. En los años salvajes de corrupción del primer lustro del siglo XXI, con la burbuja en auge y el paro bajo el 10%, todo parecía de color de rosa también en este ránking. Sencillamente España iba bien; y nadie veía nada. Después el malestar alfombró el 15-M y el auge de Podemos, con la retórica de la casta, entre la demagogia y la realidad de regalías como las dietas abusivas. De hecho hay muchos perdedores de la crisis, víctimas masivas como los jóvenes, según acaba de mostrar un desolador informe del Banco de España. También Oxfam ha retratado el país donde más ha crecido la desigualdad, con el hundimiento de los salarios más bajos. Es difícil persuadir a ese público con un voluntarismo biempensante.

Por demás, tampoco hay que despreciar el efecto corrosivo del titular de cada día. Ayer, en este periódico, el PP de Valencia pagando la defensa de Gürtel con dinero público. O el cese de la presidenta del Parlament balear. O la Audiencia de Málaga que ordena mantener la investigación del caso Ático. O el retorno de Gómez de la Serna a Interior. O el abandono del juez de Púnica. Ese goteo, percutido en las redes sociales, resulta extenuante.

Y en todo caso la percepción de la corrupción va más allá de las sensaciones. En definitiva, ésta no se reduce a las mordidas a cambio de un servicio. La mala gestión de los recursos públicos, el tráfico de influencias, el abuso de la publicidad institucional, la opacidad de los partidos pocos democráticos... todo contribuye a deteriorar la confianza. Y hay un factor diferencial clave en España respecto a otros países europeos de referencia: la existencia de excesivos cargos a dedo del partido, algo que puede conformar redes clientelares pero además, va de suyo, es un espectáculo desmoralizador.

Y todavía algo más. Una mala administración abona el clima de corrupción, y no sólo moral. No se trata ya de esa mala administración que convierte emprender aquí, como retrata el Doing Bussinness 2017 del Banco Mundial, en un laberinto hostil, con cuatro veces más trámites que en Dinamarca o UK; sino el entramado de leyes, normas, departamentos que aboca a depender de arbitrariedades. Es el principio de Corruptissima re publica plurimae leges, formulado por Tácito en sus Anales.

En España hay corrupción, sí, de hecho gran corrupción. La clase política puede sostener, como el adúltero, que no es lo que parece. Pero la imagen no engaña: es lo que parece.

El PSOE debe enmendar los graves errores del pasado
EDITORIAL Libertad Digital 28 Enero 2017

La profunda división interna que sufren los socialistas, la crisis de liderazgo y la sangría de votos registrada en los últimos años no son fruto de la casualidad ni de una aciaga coyuntura de carácter temporal, sino el resultado directo de una trágica concatenación de errores cometidos en los últimos años que casi se llevan por delante un partido con más de un siglo de historia.

El guerracivilismo y el creciente extremismo que implantó en su día José Luis Rodríguez Zapatero iniciaron una deriva suicida de cuyo rumbo todavía no ha empezado a recuperarse el PSOE. El estallido de la crisis y la nefasta gestión económica que protagonizó el exmandatario socialista otorgaron a Podemos una oportunidad histórica para reclamar la bandera de esa izquierda, la más radical, caduca y retrógrada, que durante tantos años ondeó como suya Ferraz. El odio obsesivo e irracional hacia el PP, el sentimiento revanchista mediante el constante recuerdo a los tiempos de la Guerra Civil y la dictadura, enterrando con ello el noble espíritu de la Transición, así como los numerosos ataques ideológicos vertidos contra el capitalismo y el libre mercado terminaron por radicalizar a toda una generación de jóvenes y militantes que ahora, como es lógico, le dan la espalda a los imitadores para abrazar con entusiasmo a Pablo Iglesias y sus acólitos comunistas.

Y lo peor de todo es que, en lugar de identificar de inmediato a su verdadero enemigo político, Pedro Sánchez, en su infinita cortedad de miras, optó por aproximarse a Podemos, hasta el punto de imitar buena parte de su discurso, en lugar de combatirlo de forma frontal y sin ambages. Ahí están hoy los resultados de tamaña equivocación: un partido descabezado, sin rumbo y a un paso de perder el liderazgo de la oposición. La mediocridad e incompetencia de la que han hecho gala sus cuadros durante años y la calamitosa deriva izquierdista por la que apostó el PSOE a nivel ideológico, sumadas a ese especie de filonacionalismo suicida, del todo punto incomprensible, son algunos de los factores que explican la desastrosa situación que sufre hoy el partido.

Sin embargo, no todo está perdido. La destitución de Sánchez y las nuevas directrices que ha impuesto Javier Fernández al frente de la gestora constituyen un punto de inflexión muy propicio para corregir buena parte de los errores pasados. Y un primer paso en la dirección correcta es la ponencia marco que ha presentado el PSOE este viernes en Ferraz de cara a su trascendental Congreso, ya que el documento en cuestión no hace una sola mención a la "izquierda", pero reivindica en varias ocasiones el término "socialdemocracia".

Aunque, por el momento, no deja de ser una mera declaración de intenciones a la espera de que se materialice en medidas y propuestas concretas, el hecho de que los socialistas -o al menos una parte de ellos- aspire a recuperar el espacio de centro izquierda que tan gustosamente cedieron a sus adversarios es una buena señal. Los socialistas no deben mirar a su izquierda, sino repelerla con argumentos sólidos y convicciones firmes para frenar el auge de los radicales que tanto ansían destruirles. El referente del PSOE es otro muy distinto: el que en su día renunció al marxismo en España y el que tantos éxitos electorales ha cosechado en numerosos países europeos blandiendo como bandera una socialdemocracia abierta, moderna, democrática, integradora, constructiva, moderada y racional. Solo así podrán los socialistas reconquistar al español medio. Cosa distinta es que sus militantes, mucho más ideologizados que sus votantes, se lo permitan.

'La catástrofe eres tú, Mariano'
El vicepresidente del Frente Nacional respalda las críticas de Abascal a Rajoy
A.B. gaceta.es 28 Enero 2017

El líder de VOX, Santiago Abascal, ha censurado este jueves que el presidente del Gobierno tildara de "catástrofe" una hipotética victoria de las fuerzas de derecha alternativa en Francia y Alemania. En una serie de tuits, Abascal le ha reprochado la tibieza con el separatismo, la política antiterrorista y fiscal, y el mantenimiento de las leyes ideológicas de Zapatero. "Catástrofe eres tú, Mariano Rajoy, pero para España, con tu incumplimiento de promesas, y con tu rendición en Cataluña", ha dicho, antes de criticar que haya conseguido que "la gente le vote sin adhesión ni ilusión, únicamente agitando el espantajo podemita".

El jefe del Ejecutivo ha cargado en una entrevista en Onda Cero contra las formaciones emergentes alt-right que se reunieron el pasado fin de semana en Coblenza (Alemania) con el objetivo de compartir impresiones ante los desafiós que se presentan en este 2017. "No me puedo imaginar la victoria de Le Pen o Petry. Sería una catástrofe", ha explicado Rajoy, que ha considerado que estos partidos no van a ganar las elecciones que marcarán la agenda europea el próximo año porque "los ciudadanos creen en el proyecto europeo".

Además, ha remarcado que "si creen que Europa es el origen de todas las desgracias, quizás deberían visitar el resto del mundo", ha defendido la labor de la canciller alemana Angela Merkel, a pesar de las reiteradas críticas a sus políticas migratorias, y ha mostrado su respaldo al candidato de Los Republicanos a la presidencia de Francia, François Fillon.

Uno de los tuits de Abascal ha sido compartido por Louis Aliot, vicepresidente del Frente Nacional francés. La formación de derecha alternativa lograría según todas las encuestas la victoria en la primera vuelta de las presidenciales -el último barómetro publicado hoy por Europa Elects les otorga el 27% de los votos-. Asimismo, esta empresa demoscópica señala que el FPO en Austria subiría en intención de voto y lograrían el 29% -y la primera posición- y AfD en Alemania seguiría en alza y conservaría el tercer lugar con el 15%.

Cabe recordar que el presidente de VOX se reunió el pasado mes de noviembre con Aliot en el Parlamento Europeo de Bruselas (Bélgica) para analizar la victoria de Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos y sus consecuencias para la Unión Europea. Ambas formaciones, que coinciden en la defensa de la identidad nacional y la soberanía frente al multiculturalismo y el globalismo, se abrieron a “colaboraciones futuras”, según las delegaciones de ambos partidos.

Crónica de Coblenza, 5 y final
Abascal en Coblenza: 'Queremos formar parte de esta nueva mayoría alternativa'
José Javier Esparza (Coblenza, Alemania) gaceta.es 28 Enero 2017

El gran día: sábado, 21 de enero. Réprobos de Alemania, Francia, Italia, Holanda, Austria, Gran Bretaña y Rumanía confluyen en la vieja ciudad renana, que se llama así, Coblenza (“confluencia”), precisamente porque en ella confluyen también el Rin y el Mosela. En cuanto al calificativo de “réprobos”, se lo tienen bien ganado, a juzgar por la hostilidad que las instituciones oficiales –medios de comunicación incluidos- les tributan. Los soberanistas, los que desean preservar sus identidades nacionales en el mundo global, se han convertido en el enemigo mayor del orden establecido. Sin embargo, su fuerza social crece y ya no es posible seguir neutralizándolos con el silencio. Donald Trump, que es algo así como la variante americana de este sentimiento, acaba de ser investido presidente de los Estados Unidos. La “derecha alternativa” crece. En el autobús que la organización ha dispuesto para trasladarnos desde Maguncia a Coblenza, Santiago Abascal me comenta: “Muchos españoles están deseando que en nuestro país haya una fuerza de derecha alternativa. VOX quiere estar en esa cita”.

Crónica de Coblenza (I)
Precisamente por eso está aquí VOX, único partido sin representación parlamentaria invitado expresamente por el Grupo Europa de las Naciones y la Libertad del Parlamento Europeo. Abascal ya se ha reunido anteriormente con la cúpula del Frente Nacional francés en Estrasburgo. ¿Por qué VOX y no otro? Porque VOX está en la derecha, reivindica la identidad histórica española, quiere preservar la soberanía nacional y es un partido democrático. Hay que insistir en ello: contra el discurso hostil del “peligro para la democracia”, tan propagado desde el poder, la verdad es que ningún partido de este grupo pone en cuestión las libertades públicas ni la forma democrática de gobierno. Lo que pone en cuestión es el mundialismo y el multiculturalismo. Esos son los nuevos pecados capitales. Y aquí VOX también peca.

Manifestación hostil
Para acentuar la sensación de “pecado”, en Coblenza nos recibe una manifestación de protesta. Ha sido convocada por la plataforma “Koblenz bleibt bunt”, una de esas “instancias civiles” donde se agrupan los activistas del orden establecido. La voz no venía sólo de Alemania: “Que no os engañen los cantos de sirena como una amenaza de muerte y desolación”, ha clamado con llamativa sobreactuación la delegación socialista francesa en el Parlamento Europeo. Koblenz bleibt bunt quiere decir “Coblenza permanecerá de color (o colorida)”, expresión que ha de entenderse como una referencia implícita tanto a la doctrina del mestizaje étnico como a la movida LGTB. La protesta ha sido intensamente preparada por los medios de comunicación mayoritarios. Tampoco le han faltado padrinos de gran relieve como el vicecanciller federal Sigmar Gabriel, presidente del partido socialdemócrata alemán. No está mal: el viceprimer ministro llamando a boicotear

un acto público; por supuesto, en nombre de la democracia. En la calle, bajo las pancartas, de todo: desde funcionarios hasta estudiantes pasando por profesionales de la movilización y algún político. Alguno, sí, pero no muchos ni de importancia. El propio Gabriel, el que más ha calentado el ambiente, ha tenido que abandonar la protesta porque los protestatarios se han puesto a protestar contra él. Protestatario protestado. La policía ha dejado de controlar a los manifestantes para proteger a Gabriel, que se habrá marchado pensando aquello de “cría cuervos…”.

Como la manifa se ha puesto áspera, la policía alemana ha optado por establecer una suerte de “corredor de aproximación” para los asistentes al acto –o sea, para nosotros-. El objeto del “corredor” en cuestión es que los delegados y el público –porque el acto es abierto- puedan acercarse sin riesgo. Pero he aquí que el diseño policial parece concebido por un constructor de laberintos, porque obliga a los vehículos a dar varias vueltas por calles estrechas, controlados cada pocos metros por sucesivos cordones policiales, retrasando enormemente la marcha y provocando parones de varios minutos. Si alguien hubiera querido ametrallar alguno de los autobuses, por ejemplo, habría podido hacerlo a placer. Visto el despliegue de seguridad de la noche anterior, la consideración no es gratuita.

En fin, pelillos a la mar. O al Rin, para ser precisos, porque el centro de congresos de Coblenza está justo al borde del río: un edificio de vidrio y metal, exactamente igual que los millares de centros semejantes que hay en todas partes, y que, a falta de belleza, al menos ofrece originalidad. La organización lo ha dispuesto todo con maníaco método alemán: la cola de entrada, la cola del registro policial (sí, también aquí), la cola del guardarropa y, después, la credencial al cuello (“im-pres-cin-di-ble”, subraya una adusta dama), la puerta de acceso al salón de actos y, por fin, la silla donde cada cual ha de sentarse. Bien, henos aquí. Por fin. Abascal, a mi lado. El acto va a comenzar.

Crónica de Coblenza (II)
¿Qué Europa queremos?
Sube al estrado Markus Pretzell, el eurodiputado de Alternativa por Alemania, que va a ejercer de maestro de ceremonias. El salón, del tamaño de un cine de los de antes, está abarrotado: en el patio, delegados y público en general; en la grada, un despliegue de medios de comunicación que quita el aliento. Pretzell explica lo que va a pasar aquí. Hay, por supuesto, una referencia a Trump, que está en boca de todo el mundo. Abascal me comenta: “Lo de Trump es fabuloso: una reacción contra la dictadura de la corrección política, esa dictadura que ha impuesto la progresía mundial y que han asumido las derechas domesticadas. Trump ha desafiado al establishment dando una patada al tablero de juego y burlándose de sus tabúes, mostrándose auténtico e independiente. Es una reacción también en favor de la soberanía y de la propia identidad cultural”.

La primera en hablar es Marine Le Pen, que desgrana su bien conocido repertorio de reproches contra la forma en que ha evolucionado la Unión Europea. El argumento ha tenido en éxito en Francia, pero ¿y en España, país donde la “integración en Europa” es dogma de fe común desde el PP hasta Podemos? VOX no comparte la fe en ese dogma: “Creemos que ha de construirse una nueva Europa –dice Abascal-, muy distinta de la actual, sin instituciones lejanas, mastodónticas y carísimas, y sobre la base del respeto a la soberanía de los Estados. Los españoles no podemos disolver nuestra Patria en una UE de burócratas. La Nación española es indisoluble según la Constitución”. Cierto que la famosa “indisolubilidad”, cuando se redactó la Constitución se refería a una eventual “disolución por abajo”, no a la “disolución por arriba” que Bruselas ha provocado. ¿Y VOX va a ser capaz de explicarle eso al ciudadano español? “Nosotros decimos sí a la unión –subraya Abascal-, pero sin perder el control de nuestro destino. La UE es discutida y discutible, aunque nos lo quieren prohibir convirtiéndola en un nuevo tabú”.

Después de Marine Le Pen –ya hemos contado en otras entregas de estas crónicas cuáles son sus posiciones- sube al estrado el líder del Partido por la Libertad, el holandés Geert Wilders, que es probablemente quien más lejos ha llevado eso que antes se llamaba “euroescepticismo”: Wilders propone abiertamente que Holanda abandone las instituciones comunitarias. ¿Y VOX? “Entiendo a Wilders –dice Abascal-, aunque no sea nuestra posición. A nosotros nos bastaba una unión de jefes de Estado y de Gobierno donde cada uno defendiera sus intereses nacionales y pudiera buscarse el bien común. Para eso sobran los 700 eurodiputados y el 99% de la nomenklatura bruselense, y sobra Turquía, que es culturalmente ajena a Europa y representa un peligro mortal para Europa”.

Inmigración, islamización
La salida de Turquía de la OTAN, por cierto, es otro de los ejes argumentales del Partido por la Libertad, y Wilders lo incluye en su repertorio de medidas contra la islamización de Europa. Abascal reconoce que “la inmigración islámica ha demostrado en proporciones muy altas en Europa que ni sabe ni quiere integrarse. Se comporta como un caballo de Troya para socavar los cimientos de Occidente”. Pero esa islamización es consecuencia de un proceso socioeconómico muy concreto, y que hoy arrecia, que es la inmigración. VOX sostiene que “la inmigración ha de producirse únicamente en función de las capacidades de la economía nacional. Con 4 millones de parados España no necesita inmigración.

Y en todo caso ha de producirse en función de la capacidad de integración y voluntad de asimilación de las poblaciones inmigrantes. En ese sentido la inmigración de Hispanoamérica tiene puntos a favor”.

El que sube ahora al estrado de Coblenza es Matteo Salvini, el líder de la Liga Norte, un partido con el que todos los aquí presentes comparten referencias ideológicas pero que, desde el punto de vista de la soberanía nacional, presenta un problema no menor: en su defensa de un federalismo radical para Italia, no deja de prestarse a abanderar movimientos separatistas en otros lugares de Europa. Son bien conocidas las fotografías de diputados de la Liga Norte exhibiendo “esteladas” catalanas, por ejemplo. VOX, por el contrario, hace bandera de la unidad nacional española: “Vox no cree en el Estado de las Autonomías –subraya Santigo Abascal-. Cree en un Estado unitario con un sólo Gobierno, un solo Parlamento y un solo Tribunal Supremo. Lo que quieran hacer los italianos en Italia es cosa de ellos. Ahora bien, si los italianos quisieran hacerlo en España tendríamos problemas. Pero la esencia de estos grupos es respetar la soberanía nacional y no meterse en asuntos extranjeros”.

Habla ahora Harald Vilimsky, del FPÖ austriaco, que deja una frase redonda: “Europa es plural, pero la pluralidad de Europa es el pluralismo de los europeos”. Y enseguida toma la palabra la líder de Alternativa por Alemania, Frauke Petry, que recalca la defensa de la libertad como eje de la verdadera Europa: “Lo característico de Europa es precisamente la libertad: la libertad griega, cristiana, romana. Pero hoy esa idea atraviesa por una seria crisis porque el poder de las oligarquías amenaza la libertad personal. La Unión Europea ha ido convirtiéndose en un sistema regido por tecnócratas e ingenieros sociales que coartan la libertad personal. En nombre de la ‘diversidad’, los tecnócratas están erosionando la libertad y la identidad de los europeos”.

Desde este punto de vista, la soberanía nacional es precisamente una muralla para salvaguardar la libertad de los ciudadanos. Abascal también lo cree. La cuestión es si aún puede hablarse de “soberanía nacional” en ese marco que los predicadores del orden establecido llaman “mundo global”. Santiago Abascal cree que sí: “Es posible y es deseable reivindicar la soberanía nacional española. Y es una obligación como patriotas. Pero la soberanía de España se defiende en Barcelona y en Bruselas. No vale enfrentarse a Merkel y rendirse al separatismo como hacen los podemitas. Ni rendirse en ambos sitios como hace Rajoy”.

A Petry la despide una formidable salva de aplausos. Es el momento de las fotos, las flores, todos los líderes en el estrado… La liturgia común de los mítines políticos. Las próximas citas electorales en Holanda y Francia darán la medida de las expectativas reales de la derecha identitaria europea. Si algo ha quedado claro en esta cumbre de Coblenza es que su mensaje no va a ser el de una reacción conservadora, sino más bien el de una apuesta por la libertad y la identidad de los europeos. Las urnas dirán si los propios europeos son receptivos a este mensaje.

El peor caso de desvergüenza política
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 28 Enero 2017

Deberíamos formularnos algunas preguntas: ¿por qué el Tribunal Constitucional no ha dictado aún sentencia en el recurso contra la ley del aborto interpuesta por el PP en junio de 2010?, ¿por qué se demoró en resolver sobre el Estatuto catalán cuatro largos años invalidando con su sentencia, de facto, el referéndum de su ratificación?, ¿por qué el órgano de garantías constitucionales no ha fallado ya sobre el conflicto de atribuciones entre el Congreso y el Gobierno para determinar si este se sustrajo inconstitucionalmente durante más de diez meses al control del Parlamento? Podríamos seguir interrogándonos sobre las premuras y demoras, por los ritmos arbitrarios tantas veces, del Tribunal Constitucional. Pero todas ellas tendrían una sola respuesta: el máximo intérprete de la Constitución está sometido a una lógica político-partidista en vez de atenerse a la jurídico-institucional.
La propuesta del PNV para revertir la última modificación de la ley que afecta al Constitucional es tomada en consideración por 176 síes y 165 noes.

Populares y Ciudadanos se quedan solos
Si siempre el nombramiento de magistrados del TC y la elección de su presidente y vicepresidente han sido materias de transacción política —tanto con gobiernos del PSOE como del PP— la actual parecía una buena ocasión para detener esta deriva y propiciar una selección de los magistrados por su carácter técnico y por su reputación, al margen de su adscripción ideológica, y también de permitir que fueran los doce miembros del tribunal los que, sin indicación de los partidos políticos, eligiesen de entre ellos al que deba presidirlo. El Constitucional tiene por delante graves desafíos y el catalán es el más importante de todos. Más aún cuando —discutiblemente y solo gracias a la mayoría llamada “conservadora”— el órgano ha declarado constitucional la reforma de la ley orgánica que le dota de poderes de ejecución de sus sentencias (con medidas “no punitivas” y de carácter “temporal” como la suspensión de cargos públicos que las desacaten), de la que se encargaba la justicia ordinaria a instancias del Ministerio Fiscal.

El Senado debe ahora elegir cuatro magistrados y el tribunal, designar luego a su presidente y vicepresidente. El mercadeo ha sido más impúdico y desvergonzado que nunca. El PP ha renunciado, al parecer, a que Andrés Ollero asuma la presidencia por el veto del PSOE, ya que ese magistrado fue diputado popular y es miembro del Opus Dei. El PSOE habría propuesto a Cándido Conde Pumpido —ex fiscal general del Estado con Zapatero—, y socialistas y populares estarían ahora trajinándose la presidencia para hacerla recaer en un magistrado “indoloro”: el muy conservador Juan José González Rivas, alejado de la capacidad de persuasión interna del actual presidente, Francisco Pérez de los Cobos. En cualquier caso, los dos partidos —Ciudadanos no ha querido entrar en esta impúdica negociación— siguen imponiendo en el Constitucional una dinámica que los ciudadanos están en su derecho a considerar sectaria.

El Tribunal Constitucional lo destrozó —en términos de credibilidad— el Gobierno de Felipe González con la pírrica sentencia del llamado caso Rumasa. En 1983 el TC sentenció que el decreto ley expropiatorio del grupo de Ruiz Mateos —medida auspiciada por Miguel Boyer— se ajustaba a la Constitución. La resolución tuvo seis votos a favor y seis en contra y el Gobierno de González salió indemne gracias al voto de calidad del entonces presidente, Manuel García Pelayo. Este jurista había regresado del exilio y se volvió al exilio: murió en Caracas en 1991. Se marchó en 1986, entre otras razones, porque fue duramente presionado en el caso Rumasa.

No terminó su segundo mandato en el Constitucional y dimitió de su cargo cinco meses antes de que expirase. Luego se han sucedido episodios nada edificantes que han terminado por deteriorar seriamente la reputación del TC hasta llegar al mercadeo de estas semanas.

Una de las reformas que requiere nuestra Carta Magna consiste en la supresión del Tribunal Constitucional. Sería una medida drástica pero necesaria. Además de por la fagocitación de su reputación, por la irresponsabilidad de los partidos, también por sus frecuentes excesos de jurisdicción que protagoniza en detrimento del Tribunal Supremo y que han causado en algunos momentos graves crisis institucionales. Bastaría que una sala del Tribunal Supremo, integrada por magistrados vitalicios (como en EEUU) asumiese las facultades de interpretación de la constitucionalidad de las leyes, la resolución de los conflictos de atribuciones y competencias y la de los recursos de amparo. Máxima profesionalización y mínima intervención político-partidaria. Mientras no se aborde esta reforma —el TC es difícil que remonte el vuelo con el actual episodio de transacción del que es víctima— nuestro sistema de garantías constitucionales seguirá en entredicho. Y el secesionismo catalán —o cualquier otro—, en condiciones de dotar de verosimilitud a la descalificación de sus sentencias.

Cuando la "peste" se adueña de Cataluña
Graciano Palomo El Confidencial 28 Enero 2017

No parece que el viaje de Estado (sic) de Carles Puigdemont a Bruselas se pueda tabular precisamente como un éxito y mucho menos como algo esperanzador para sus intereses rupturistas. Su aparición en el Parlamento Europeo pasará a los anales de la soledad y el despilfarro. Ninguna autoridad comunitaria acudió a su conferencia, en la que lo más relevante fue reanunciar por decimonovena vez que habrá un referéndum en el año que transita. Para tamaña batallita podría haber mandado un remitido a TV3 que para ello le cuesta una pasta. ¡Pero no aprenden!

Lo más granado dentro del sempiterno quilombo catalán se producía a la misma hora pero en Madrid.

El presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane, cuyo 'lobby' conoce de primera mano los problemas de los empresarios catalanes en esta hora, no tenía reparo en afirmar esto: “Las empresas huyen de Cataluña como de la peste... Los empresarios huyen como de la peste cuando son los dirigentes políticos los que no cumplen con la ley...”.

Seoane no es un montaraz que ha bajado de la montaña como Puigdemont, Junqueras o Romeva. Se mueve al grito de la calculadora y de un cierto liberalismo. Añade: “Durante los últimos años un grupo de dirigentes catalanes ha generado una dinámica irracional y con astucia han sido capaces de conducir a parte de la población a creer cosas que son inciertas...". ¡Un desmadre! Para añadir que hay una relación directa entre la salida neta de empresas de Cataluña y la situación política absurda creada por esos dirigentes disparatados.

Lo cierto y tabulable es que en el pasado año un total de 802 empresas instaladas en Cataluña pusieron pies en polvorosa a otras regiones españolas.

El esperpento con flequillo se sustancia finalmente con el sometimiento del poder institucional autónomo a un conglomerado como la CUP.

Un periodista francés me preguntó la semana pasada si era cierto que hubo un tiempo en que los españoles creíamos que los catalanes eran los más europeos, modernos y listos de toda España.

El presidente de la comunidad judía arremete contra “la izquierda ignorante” en un acto de Carmena
OKDIARIO 28 Enero 2017

El presidente de la comunidad judía en España, David Hachuel, ha arremetido este viernes en el acto organizado por el Ayuntamiento de Madrid en recuerdo a las víctimas del Holocausto contra el antisemitismo tanto de los discursos “de extrema derecha y sobre todo ahora de una izquierda radical e ignorante” que, en este último caso, se oculta detrás de una “ola despreciable de campañas incitando a boicotear a Israel disfrazándolo con mensajes políticos de supuesto apoyo a Palestina”.

“Son una forma de antisemitismo”, ha declarado Hachuel ante el tercer teniente de alcalde de Madrid, Mauricio Valiente en un acto en el que han estado representantes de la comunidad gitana, LGTBi y de republicanos españoles deportados a campos de exterminio nazis.

Hachuel también ha denunciado en su intervención la existencia a día de hoy de “regímenes fanáticos como Irán“ que, no sólo niegan el Holocausto, sino que “se preparan para un genocidio nuclear”. Ha llegado a definirlo como “régimen con intenciones nazis”.

El presidente de la comunidad judía en España ha comenzado su intervención en la Plaza de la Villa, cuando se cumplen 72 años de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz, recordando a los más de seis millones de personas masacradas, de las que 1,5 millones fueron niños cuya única culpa fue ser judíos.

En su recuerdo también han estado los cientos de miles de asesinados por ser gitanos, homosexuales, discapacitados o disidentes políticos, entre ellos republicanos españoles. “Son nuestros hermanos en el sufrimiento”, ha exclamado.

“Creíamos que con la liberación del campo se había aprendido la lección…”, ha señalado. Sin embargo, ha apuntado, “la mayoría de los países árabes siguen intoxicando con un antisemitismo”, acompañado por una “oleada despreciable de campañas incitando a boicotear a Israel”, que se “disfrazan con mensajes políticos de supuesto apoyo a Palestina”, que no es más que “una forma de antisemitismo”.

Antisemitismo moderno
“El antisemitismo moderno es el antisemitismo aceptable de la Europa de antaño, el que brota en el discurso de la extrema derecha y, sobre todo ahora, de una izquierda radical e ignorante“, ha censurado.

David Hachuel ha defendido que la única manera de combatir esto es con un compromiso de los líderes políticos, con reformas legales para actuar de manera efectiva contra la incitación al odio y dar a conocer mejor el Holocausto y el legado judío en España. “Nunca seamos indiferentes al sufrimiento”, ha terminado.

La Mentira
Javier Somalo Libertad Digital 28 Enero 2017

Con la mano abierta como en los cinco lobitos contó Carlos Sánchez Mato los muertos del revolcón bolchevique de 1917. No le faltaba cierta razón al concejal de Carmena, pues cinco o a lo sumo seis fueron los caídos en el nada épico asalto al Palacio de Invierno. Fue un paseo sin apenas resistencia, según admitió el propio Trotski y la cosa acabó en bacanal y borrachera general como documentaron in situ cronistas rusos. Otra cosa es lo que aquello significó para la Humanidad desde entonces.

Ya en 1917 se denunció lo que empezaba a suponer la revolución. Lo sabían y lo contaban, sobre todo, socialistas rusos que llegaron a pedir auxilio mundial sin obtener respuesta. Eran ellos, precisamente, los que más información tenían desde el primer día y describieron el movimiento como represivo, vengativo y profundamente violento. Pero Europa, encabezada siempre en estas traiciones por Francia, por el puñado habitual de británicos –siempre con algún Churchill en contra– y con la ayuda de ciertos americanos mitómanos, remató la construcción del muro de silencio y la Mentira comunista con un blindaje de acero.

Pese a cualquier evidencia, la Mentira sobrevive y sí… se puede "engañar a todo el mundo todo el tiempo" por más que lo negara Lincoln; que se lo digan a su compadre Woodrow Wilson, que sucumbió al encanto bolchevique pese a los datos y sólo advirtió "fallos" en la desatada violencia revolucionaria. Quedan tan pocos que hagan válido el adagio del engaño que, para el caso, podemos concluir que el mundo entero ha caído siempre en la trampa del comunismo. "El engaño fue inventado por los engañados" dijo Jean François Revel.

El esquema lo veremos muchas veces repetido y no es patrimonio exclusivo de los bolcheviques porque ya se aplicó durante el Terror francés. La enorme violencia atraviesa varias fases desde su proclamación: la negación, la ocultación y la justificación, último paso que supone asumir aquello de que el comunismo es la "enfermedad infantil" que debemos sufrir –por millones de bajas que suponga– para llegar a un mundo realmente justo. De cuando en cuando se cierra el círculo volviendo a proclamar la violencia como herramienta válida siempre que sea necesario. La culpa de las muertes es de los muertos y toda represión desde el lado correcto es, en realidad, una legítima defensa. La violencia queda pues, protegida por el círculo de la Mentira: se niega, se oculta y se justifica.

En Francia hubo un periódico, L’Humanité, que empezó a contar con profusión de detalles la verdad de la revolución a través de su corresponsal Boris Kritchevski. Lo hizo hasta que decidió caer en ese círculo de la Mentira censurando a su cronista y entrando de lleno en la argumentación de la violencia ante un fin superior. En El conocimiento inútil, Revel arranca precisamente con el poder de la Mentira: "La primera fuerza que dirige el mundo es la mentira". Nunca faltó el conocimiento de los hechos en la revolución bolchevique ni, por supuesto, en episodios posteriores. Pero fue inútil. Europa es impermeable a ciertas denuncias por documentadas que estén.

La idea de Revel, tan sencilla como dramática, ya la había llevado George Orwell a 1984 con una frase: "La guerra es la paz". En ella se resume la máxima expresión de la Mentira a través también de la perversión del lenguaje. Pero es que, además, el comunismo se fortaleció en las guerras y se escondió y justificó en ellas. "La guerra es la paz", amén de su gran mentira, fue su mejor coartada, su visado de legitimidad europea tras el papel de Rusia en las dos contiendas mundiales y tras la asunción occidental de la revolución francesa sin matices ni preguntas.

Y dicen que ahora se han disparado de nuevo las ventas de 1984 por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, confirmación científica de las denuncias de Revel y Orwell y del dramático error de Lincoln en su apreciación sobre el engaño masivo y eterno. Parece que nunca vayamos a salir del círculo.

Por eso, por la Mentira y por el conocimiento inútil, también un multimillonario multipropietario puede atacar a los bancos y defender a los okupas, eso sí, hasta que toquen la puerta de su casa. Por eso, la inocente diferencia entre lo que costó un piso y lo que se obtiene al venderlo más caro no es un beneficio y no importa si se adquirió con precio protegido y privilegio. Por eso, el partido de los azotes sangradores a presentadoras de televisión, el que también expulsa a las que denuncian abusos es, por encima de todo, un partido feminista. Por eso, "Madrid está limpio –Manuela Carmena dixit– y no hagáis caso si os dicen lo contrario". Por eso, todo lo demás; porque si se puede lo más, se puede lo menos. No atendamos a la evidencia. No es lo que parece. "No hagáis caso".

Veinte millones de veces debió mover los cinco lobitos Sánchez Mato para contar de verdad los muertos que desde entonces ha cosechado aquella "maravillosa revolución" con la que el concejal celebra los cien años de los cien millones de muertos. Pero la Mentira, que perdura gracias a Europa, se lo puso así de fácil.

Javier Somalo es director de esRadio.

Las lecciones del Holocausto que no podemos ignorar
EDITORIAL El Mundo 28 Enero 2017

Entrevistas como la que ayer publicamos a Annette Cabelli debieran ser de obligada lectura en los institutos. A sus 92 años, esta superviviente de Auschwitz tiene fuerza para recordar cómo un oficial de las SS le dijo: "¿Ves el humo? Ahí está tu mamá", señalando hacia la cámara de gas de aquel infierno. Han pasado 72 años desde la liberación de aquel campo de concentración en Polonia. Y, con ese motivo, ayer se celebró en todo el mundo el Día de la Memoria de las Víctimas del Holocausto. Al menos seis millones de personas -en su mayoría judías- fueron exterminadas por un régimen que, siguiendo a Hannah Arendt, banalizó el mal como nunca antes en la historia.

Las magnitudes superlativas de horror y destrucción que asolaron al mundo durante la Segunda Guerra Mundial no acabaron con el fin de la contienda. En décadas posteriores se sucedieron barbaries perpetradas por regímenes totalitarios como el estalinista en la URSS, o el de los Jemeres en Camboya. Y, recientemente, genocidios como el de Ruanda. No estamos vacunados contra el mal en su máxima expresión. Por ello, durante mucho tiempo la comunidad internacional ha centrado sus esfuerzos en que atrocidades como el Holocausto no se repitan jamás. El establecimiento de un orden global sustentado en el Derecho Internacional y caracterizado por la cooperación multilateral busca conjurar fantasmas así.

Pero la distancia no siempre juega a favor. Como expresó Santayana, "aquéllos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo". La célebre cita da la bienvenida hoy a los visitantes del bloque número 4 del campo de Auschwitz. En la misma línea, el director de su museo destacaba ayer que "el tiempo inevitablemente nos aleja de la historia, y la memoria supone siempre nuestra lucha contra el paso del tiempo".

Viene muy a cuento la reflexión, porque hoy en Europa -en realidad, en todo Occidente, no hay más que ver lo que está sucediendo en EEUU- asistimos a una preocupante desmemoria colectiva. Cada vez tienen más eco las doctrinas ultranacionalistas, xenófobas y populistas que nos desangraron hace siete décadas. Es cierto que las circunstancias históricas, socioeconómicas y políticas son hoy muy distintas a las del periodo de entreguerras. Pero, sin caer en fatalismos o alarmismos, sí cabe angustiarse por el clima de odio creciente y de bilis chovinista que se está instalando en muchos rincones del Viejo Continente.

Es del todo comprensible que haya importantes capas sociales desencantadas y hasta indignadas con el sistema, porque la durísima crisis económica que nos acaba de zarandear ha incrementado la brecha de la desigualdad y ha expulsado a mucha gente hacia los márgenes de la exclusión. Y no nos cansaremos de decir que la falta de liderazgo político en la UE en estos últimos años ha dejado huérfanos de referentes a demasiados ciudadanos, y ha dado alas a los extremismos. Pero en modo alguno es una solución echarse en brazos de partidos que sólo ofrecen demagogia y promesas tan incendiarias como irrealizables, que polarizan profundamente a la sociedad.

Estamos en vísperas de unas elecciones en Holanda, en las que las encuestas auguran la victoria de la ultraderecha, y en Francia, donde el Frente Nacional lidera la intención de voto. Toda Europa, y desde luego sus máximos dirigentes, deben reaccionar. Hay que recuperar el espíritu de aquellos padres fundadores de la embrionaria UE que supieron ver que sólo la unidad política de Europa nos vacunaba contra la lacra de unos ultranacionalismos que nos habían llevado a tantas guerras. ¿Tan pronto hemos olvidado la lección?

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Las lenguas propias no existen

Jesús Laínz Libertad Digital 28 Enero 2017

Hace un par de semanas se reunieron en Sitges varias asociaciones de profesores separatistas de las nacionalidades históricas y sus colonias con el fin de redactar el así llamado Manifest de Sitges per les llengües pròpies.

De sus deliberaciones se deduce que en el único país del mundo donde, ante la delictiva parálisis de los gobernantes, se obstaculiza el uso de la lengua mayoritaria y común, las lenguas asediadas son las demás. Y, según parece, además de asediadas también están minorizadas, cursi neopalabreja sugeridora del siempre rentable victimismo y empleada para no decir de ámbito regional.

Sorprende, por otro lado, que proclamen que "las comunidades lingüísticas tienen el derecho y la obligación de organizar sus sistemas educativos en sus lenguas a partir de la realidad o las necesidades de la sociedad". Pues el hostigamiento a la lengua mayoritaria en todas sus regiones demuestra que sus camaradas gobernantes llevan décadas dando la espalda a una realidad y unas necesidades perceptibles con sólo sacar la oreja cinco minutos a la calle.

El intrínseco totalitarismo de estos paladines de la democracia se evidencia en su queja de que "estas lenguas propias todavía no están normalizadas". Hermosa confesión de inutilidad: cuatro décadas de ahogamiento, perdón, de inmersión, y siguen sin conseguir sus objetivos de construcción nacional.

La culpa de semejante desaguisado la comparten, evidentemente, Franco aunque lleve muerto cuarenta años, Felipe V aunque lleve trescientos, Fernando el Católico por casarse con aquella falangista, su tocayo de Antequera por dar el golpe de Estado de Caspe, el Cid por presidir la Asociación Nacional del Rifle, Recaredo por papista y César Augusto por no respetar el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Y la consecuencia ya se sabe cuál es: todo aquel que no mame en casa, emplee en la escuela y hable en su vida diaria la lengua endiosada por estos democratísimos linguócratas es un anormal. Por eso ha de ser normalizado.

Pero lo más enjundioso es, sin duda, la portentosa bobada de las lenguas propias. Se trata de un título nobiliario, consagrado estatutariamente en el gozoso amanecer del Estado de las Autonomías, sobre el que descansa la preferencia de la que gozan estas lenguas asediadas y el subsiguiente apartamiento de la lengua de ámbito nacional, fenómeno que provoca admiración entre nuestros socios europeos. Pero no por estar proclamada por un charlamento y plasmada en un texto legal una bobada deja de serlo.

Ya que estamos en Sitges centrémonos en el caso catalán, aunque el argumento sea extensible, punto por punto, a las demás regiones. ¿Por qué el catalán es una lengua propia y por qué es la lengua propia de Cataluña? ¿Acaso Cataluña habla? La respuesta será, obviamente, que lo que se quiso decir es que es la lengua propia de los catalanes. Pero entonces, ¿por qué no se estableció así en el Estatuto y por qué los reunidos en Sitges siguen hablando de "territorios con lenguas propias"? Porque de la afirmación de que una lengua es la de un territorio –una lengua, por lo tanto, inhumana– podría inferirse el derecho de dicho territorio a imponer su lengua a todos los que vivan en él o el de una lengua a tener hablantes obligatorios, como si fueran sus prisioneros. Y si no se quiso decir eso, habría que haber empezado siendo claros. Pero la claridad en la expresión es consecuencia de la claridad de ideas, y no sólo para elaborar textos jurídicos.

Si lo que se quiso decir es que se trata de la lengua propia de los catalanes, bastará con preguntarles qué lengua hablan. Pero si resulta que los catalanes hablan muy mayoritariemente dos lenguas, ¿por qué sólo una de las dos es propia de ellos? ¿La otra es impropia? ¿De donde viene la propiedad de una y la impropiedad de la otra? ¿De su porcentaje de uso tanto oral como escrito, tanto en el pasado como en el presente? Porque tirando de ese hilo quizá llegásemos a la conclusión opuesta.

Con esto llegaremos probablemente al quid de la cuestión: la precedencia temporal. Pero tampoco se comprende por qué razón se tiene por despreciable el hecho de que ya en tiempos medievales la lengua del reino central y más populoso de la península se conociese, usase y escribiese frecuentemente tanto en Cataluña como en otros territorios en los que se hablaban otras lenguas. Por no hablar de los territorios catalanes de reconquista tardía –Lérida, por ejemplo– en los que se habló el romance mozárabe –y el árabe, no se olvide– al mismo tiempo o incluso antes que el romance catalán.

Pero si la precedencia temporal es lo que otorga la categoría de lengua propia, entonces el catalán no es la lengua propia de Cataluña, pues antes que ella estuvo el latín. Claro que entonces la lengua propia de Ampurias no sería el latín, sino el griego. Y en Barcelona y Tarragona habría que tener en cuenta el cartaginés. Y con todavía mayor derecho, el conjunto de lenguas que hablaban los layetanos, lacetanos, ausetanos, ilergetes e indigetes antes de ser conquistados por las legiones portadoras del latín.

Lo mismo sucede en cualquier otra parte de Europa. Pues el francés, lengua producto de la conquista romana, no es la lengua propia de los franceses: Vercingétorix, el de Alesia, no hablaba francés. Los ingleses tampoco hablan su lengua propia, ya que la de Shakespeare es la lengua germánica impuesta por anglos, jutos y sajones a los nativos britanos, que hablaban una lengua céltica. Es más, la lengua propia de los ingleses que no hablan los ingleses es la que hoy hablan los bretones de Francia, descendientes de aquellos britanos. Y los florentinos, que presumen de hablar el mejor italiano, tampoco hablan su lengua propia, pues en la actual Toscana se hablaba etrusco antes de que fuera conquistada por sus vecinos del Lacio. Habrá que reescribir las historias de la literatura universal: Dante, el forjador de la lengua italiana, no escribió en su lengua propia.

Pero da igual. Cualquier argumento sobra. El catecismo nacionalista establece –y el rebaño bala y obedece– que sólo la lengua catalana es propia, autóctona, natural, inmanente, necesaria. La otra es de fuera, impuesta, contingente, extraña y, por lo tanto, prescindible, a pesar de que los catalanes lleven siglos hablándola. Un catalán castellanohablante es un error, un horror, un colono, un enemigo, un traidor. Un anormal.

Y si su fanatismo nacional-ideológico se lo permite, reflexionen los camaradas linguócratas reunidos en Sitges sobre el detalle de que, para entenderse entre ellos, hablaron, evidentemente, en serbocroata.

www.jesuslainz.es

El fascismo emboscado
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Enero 2017

Lo del secesionismo catalán es totalitarismo puro y duro.

A diferencia de algunos colegas, siempre me he negado a equiparar el movimiento secesionista catalán con el nazismo. A mi juicio, hacerlo implica trivializar un sistema criminal que encarnó, junto con el comunismo, el mal absoluto en el siglo XX. El secesionismo reúne todas las condiciones para definirlo como totalitario, pero no como nazi. Sin embargo, ahora leo en "La cara americana del fascismo", de Xavier Mas de Xaxàs (LV, 14/1/2017), los 14 puntos de la estructura básica del protofascismo que Umberto Eco describió en el artículo "Ur-Fascism" publicado en New York Review of Books, y aquí sí aflora la afinidad del entramado secesionista con este primo hermano del nazismo que era el fascismo. Mas de Xaxàs aplica el término a Donald Trump, pero no es necesario ser un lince para descubrir los contactos entre la mayoría de estos 14 puntos y la política hegemónica que desarrollan la Generalitat de Cataluña y el conglomerado que la acompaña y sustenta. Fascismo emboscado, pero fascismo al fin.

Argumentario maniqueo
Eco encabeza su lista con "Tradicionalismo. El fascista se agarra a una verdad nacional, original e inapelable, que marca los límites del pensamiento". Basta asomarse a los textos sectarios con que el secesionismo lava el cerebro de los habitantes del Principado desde la más tierna infancia, leer las soflamas con que los intelectuales orgánicos y vulgares plumíferos sacralizan míticas identidades arcaicas, y presenciar las ceremonias donde los popes del régimen canonizan héroes y epopeyas falaces, para encontrar el equivalente de la impronta tradicionalista del fascismo.

Eco destaca a continuación: "Rechazo de la modernidad. No de la tecnológica, pero sí del espíritu de la Ilustración". Trump debe de creer que la Ilustración alude a los dibujos que adornan los libros y revistas, pero, hablando en serio, el que rechaza la modernidad y el espíritu de la Ilustración es el argumentario maniqueo y arcaico con que los secesionistas justifican la erección de fronteras entre compatriotas.

No podía faltar en la lista de Eco el "irracionalismo", que se manifiesta nuevamente en el desdén por la Ilustración y en el marco intelectual delimitado por la quimérica verdad absoluta. No hay que pensar, sólo actuar, y en esto también coinciden los fascistas, Trump y los agitadores secesionistas.

Aparece en la lista el "pensamiento único. La discrepancia es traición". Un rasgo, este sí, que comparten nazis, fascistas, comunistas y secesionistas. Para comprobarlo basta consultar cada día las nuevas listas de traidores que ponen en circulación los inquisidores del procés. Clama Antoni Puigverd ("Niños en el espejo", LV, 25/1/2017):

Si alguien del sector independentista se atreviera a pedir tiempo muerto, se le tirarían sus compañeros de aventura a la yugular y lo crucificarían por botifler.

Llegó el pogromo
El "racismo" que denuncia Eco merece un capítulo aparte. Los secesionistas más sofisticados niegan que su movimiento padezca esta tara. Inicialmente los fascistas también lo negaban. Informa Stanley G. Payne (El fascismo, Altaya, 1996):

Cinco de los 191 fundadores de los Fasci en 1919 eran judíos, y de los nueve judíos que había en el Parlamento dos años después, tres eran fascistas. En 1938 había 10.125 miembros judíos adultos del Partido Nacional Fascista.

En un artículo dedicado a este mismo tema, Daniel Muchnik recuerda ("Los judíos fascistas italianos", La Nación, Buenos Aires. 26/8/2016) que esos más de 10.000 afiliados componían la cuarta parte de la comunidad judía italiana y cita los nombres de estrechos colaboradotes judíos de Mussolini en los comienzos de su régimen: Margheritta Scarfati, el represor Aldo Finzi y el fisiólogo e ideólogo Carlo Foà. Cuando, tras el pacto con Hitler, llegó el pogromo, tres prominentes judíos italianos se quitaron la vida al sentirse traicionados por Mussolini: el coronel Segre se pegó un tiro delante de su regimiento, el general Ascoli se suicidó en su casa y el editor Angelo Formiggiani se arrojó desde lo alto de la torre de la catedral de Módena.

Racismo lingüístico y violencia
Afortunadamente, nada parecido sucede en Cataluña. Aquí la discriminación no es racial ni religiosa. El racismo es más sutil, pero no por ello menos oprobioso: es lingüístico. Con añadidos identitarios. El castellano proscripto en la escuela y en los comercios, con el acoso a los padres que recurren a la justicia para defender el derecho de sus hijos a la enseñanza bilingüe, y con las multas y boicots a los comercios que dan prioridad al castellano en los rótulos, son dos de los muchos desafueros que traen a la memoria otro de los estigmas que Eco hace recaer sobre el fascismo: la violencia.

Violencia que los grupúsculos radicales calcados de los fasci di combattimento mussolinianos, de los piquetes de matones peronistas y de los guerrilleros de Cristo Rey franquistas, emplean en las calles y universidades contra las voces y los actos discrepantes. Los jóvenes de la CUP se jactan de este vandalismo en el cartel "¡Que tiemblen! Volvemos a las calles, somos la tempestad después de la calma". Miquel Porta Perales reproduce el texto íntegro en su libro Totalismo, y el ciudadano civilizado que lo lea temblará. ¡Vaya si temblará!

Es didáctico, en este contexto, que un defensor acérrimo del secesionismo, el histrión castellanohablante Gabriel Rufián, haya vivido en carne propia, como les sucedió a los judíos fascistas, aunque con efectos menos trágicos, el impacto de la discriminación. Lo recogió La Vanguardia (24/8/2016):

Una Cataluña independiente debería relegar la lengua castellana en el sistema educativo y en los medios de comunicación, y en ningún caso convertirla en oficial. Este fue el mensaje repetido por los participantes en una mesa redonda de la Universidad Catalana de Verano (UCE en sus siglas en catalán) que se ha celebrado estos días en Prada de Conflent (Francia). La beligerancia de estas posiciones molestó incluso a los diputados Gabriel Rufián (ERC) y Eduardo Reyes (JxSí), que según el diario digital El Nacional abandonaron la sala.

La noticia reproduce las propuestas castellanofóbicas de los catedráticos –más deleznables que las de Trump porque no siembran su veneno en Estados Unidos sino en España contra los españoles– y leerlas pone los pelos de punta a toda persona respetuosa de los derechos humanos. Una buena lección para los castellanohablantes domesticados de Súmate.

Totalitarismo puro y duro
Siempre según la síntesis que Mas de Xaxàs brinda de los razonamientos de Eco, el fascista está obsesionado por las conspiraciones. Trump es un ejemplo de ello cuando abomina de la prensa, y los secesionistas les atribuyen tanto las sentencias del Tribunal Constitucional que los sancionan por transgredir la ley como las acusaciones de los partidos opositores, incluidas aquellas de corrupción por las que los están enjuiciando con sobradas pruebas.

Mas de Xaxàs aporta más elementos extraídos del artículo de Eco para asociar a Trump con el fascismo y sería abusivo reproducirlos en su totalidad, pero hay uno, muy escueto, que basta por sí solo para demostrar que existe un cordón umbilical que conecta a Trump y el secesionismo con el fascismo:

Al fascismo le va la masa, no el individuo. No hay ciudadanía, solo pueblo.

Y Payne lo corrobora:
Lo que sí parecía claramente distinto era el gran hincapié que se hacía en mítines, marchas, símbolos visuales y rituales ceremoniales o litúrgicos, a los que en la actividad fascista se les daba un papel central y una función que iba más allá de lo que ocurría en los movimientos revolucionarios de izquierda. Con ello se trataba de envolver al participante en una mística y una comunidad de ritual que apelaba al factor religioso, además de al meramente político.

Vistos todos estos argumentos, el observador deberá hacer un esfuerzo para no simplificar la controversia calificando de fascista al movimiento secesionista, rico en componentes que justifican la acusación. He aquí algunos de ellos:

La movilización de masas tanto para festejar dudosas efemérides como para intimidar al Poder Judicial; la exhibición preferente de símbolos espurios como la estelada en sustitución de la senyera local y la rojigualda común a todos los ciudadanos; la manipulación de las mentes infantiles con adoctrinamientos cainitas y vetos lingüísticos; el contenido sectario de los medios de comunicación públicos; la profusión de consignas beligerantes contra los compatriotas; la convocatoria de asambleas de corporaciones que obedecen a la disciplina vertical, como sucedía bajo el régimen franquista en las Cortes; la propalación demagógica de mentiras para ocultar que la desconexión de España también lo será de la Unión Europea y, por fin, los chanchullos para eludir elecciones democráticas al Parlament, sustituyéndolas por referendos fraudulentos que nunca serán legales ni vinculantes.

Todo esto merece un calificativo contundente: fascismo emboscado. Y si preferimos evitar esta palabra chocante para no ofender a espíritus sensibles, conformémonos con sentenciar que se trata de un ejercicio de totalitarismo puro y duro,

Vidal muestra que Cataluña se halla en manos de irresponsables
EDITORIAL El Mundo 28 Enero 2017

Las gravísimas e inquietantes revelaciones de Santi Vidal, juez suspendido y desde ayer ex senador de ERC, constituyen un escándalo mayúsculo que exige la depuración de responsabilidades y explicaciones al detalle por parte del Gobierno de Puigdemont. Vidal desveló prácticas secretas e ilegales de la Generalitat para impulsar el proceso independentista. Y ante tamaña confesión no cabe echar balones, como ayer hizo la portavoz del Govern; ni tampoco desacreditar al susodicho por su incontinencia verbal, tal como hizo Esquerra. La Fiscalía de Cataluña acierta al abrir diligencias para investigar las palabras de Vidal.Pero, desde el punto de vista institucional, la obligación de Puigdemont y Junqueras es comparecer en el Parlament para dar cuenta de las revelaciones de quien hasta hace 24 horas era su correligionario.

Lo primero que merece la pena subrayar es que Santi Vidal no es un personaje menor en el entramado soberanista. En 2015, el Consejo General del Poder Judicial le suspendió para tres años al considerarle responsable de una falta disciplinaria muy grave por haber participado en la redacción de una Constitución catalana. Junto a Carles Viver i Pi-Sunyer, presidente del Consejo Nacional para la Transición, se ha erigido en uno de los principales arquitectos jurídicos del proceso secesionista. Por tanto, sus palabras pueden responder o no a la verdad, pero sí son verosímiles en la medida que proceden de una persona que ha estado en el cogollo de las decisiones del independentismo catalán.

En una conferencia enmarcada en un ciclo que arrancó el 24 de noviembre de 2016, Santi Vidal aseguró que la Generalitat dispone de los datos fiscales de los catalanes tras obtenerlos de forma ilegal violando la Ley de Protección de Datos que rige en todo el Estado. Además, desveló que las autoridades catalanas saben cuantos de los 801 jueces que ejercen en Cataluña son afines al independentismo. Y añadió que existe una partida camuflada de 400 millones en los Presupuestos de la Generalitat destinada a la creación de las estructuras de Estado.

Las declaraciones de Vidal no son fruto de un arrebato coyuntural. Lleva varios meses, al menos desde noviembre, jactándose en público de que la independencia de Cataluña bien vale vulnerar la legalidad. Una afirmación impropia de cualquier responsable político -Vidal era senador de ERC desde 2015-, pero más aún en alguien cuya carrera está consagrada al ejercicio de la magistratura.

En todo caso, su revelación pone en evidencia en manos de qué clase de irresponsables se encuentra el llamado procés. Porque por mucho que las formaciones independentistas y sus satélites mediáticos se esfuercen ahora en vilipendiar la figura de Vidal como si fuera un espontáneo en la política catalana, la realidad es que se trata de un asesor jurídico de primer nivel de la Generalitat. Y sus revelaciones concuerdan con la línea frentista y rupturista del Govern desde que en 2012 decidió desbordar el marco autonómico. De ahí la estrategia de desobediencia que permea la acción política de la Generalitat, que incluye la amenaza de una nueva consulta, la creación de una Agencia Tributaria propia y la presión política a los Mossos. El propio ex president Artur Mas será juzgado el 6 de febrero por saltarse a los tribunales en la organización de la pseudoconsulta del 9-N. Si el jefe de Gobierno en Cataluña no respetó la legalidad, no parece descabellado pensar en otro tipo de irregularidades en la Generalitat. Tampoco que en el futuro se elaboren listas de buenos y malos catalanes, a imagen y semejanza del sesgo con el que el separatismo catalán trata a los jueces.

Utilizar datos fiscales con fines políticos supone una práctica ilegal del todo inadmisible. Pero hacerlo además tras haberlos obtenido, presuntamente, con métodos que vulneran la legalidad supone un punto de inflexión en la ya de por sí irresponsable carrera del independentismo. El Ministerio Público señaló en su comunicado de ayer que, de confirmarse lo expresado por Vidal, la Generalitat habría incurrido en varios delitos de descubrimiento y de revelación de secretos. No basta, por tanto, con la dimisión de Vidal. Puigdemont y Junqueras deben disipar cualquier sombra de sospecha.

respaldo a los violentos
La 'batasunización' de la política en Navarra
A. B gaceta.es 28 Enero 2017

El PP de Navarra ha mostrado su indignación por la campaña impulsada por el Gobierno de Navarra -integrado por Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e IU- para promover a través del Instituto Navarro del Euskera-Euskarabidea la enseñanza en euskera y llamar a los padres a que escolaricen a sus hijos de 3 y 4 en esta lengua.

En declaraciones a La Gaceta, la presidenta de la formación en la Comunidad Foral, Ana Beltrán, ha manifestado que "desde el minuto uno de su mandato" Barkos ha querido implantar el vascuence, una lengua que habla el 12,9% de los navarros y usa el 6%. "Lo ha impuesto en la administración pública y ya puntúa más el conocimiento del euskera que del español".

Esta medida, que según el Ejecutivo regional busca que los padres “eduquen y socialicen” a sus menores en euskera con sesiones informativas de “sensibilización” y “concienciación”, incide según el PP en la idea de Barkos de "crear una educación pública, laica y euskaldún que elimine el espacio a otras opciones". En este sentido, ha censurado también que pretendan eliminar las horas lectivas de religión perjudicando al 60% de los alumnos y a más de 200 profesores. "Vulnera el derecho de los padres a elegir la educación religiosa o moral de sus hijos. La enseñanza religiosa es un derecho recogido en la Constitución".

Beltrán ha criticado la decisión del Parlamento vasco de estudiar que el 3 de diciembre, Día de Navarra y Día de su patrón San Francisco Javier, sea el Día del País Vasco. Ha tildado de "provocación" la iniciativa y ha manifestado que obecede al interés de los batasunos y de Podemos que quieren anexionar Navarra al País Vasco. "Nos preocupa la abstención del PNV, que manifestaron que su día era el del Aberri Eguna, no entendemos que no votaran en contra, pero no Podemos, pues están demostrando que son la marca blanca de Bildu". "Barkos no es contundente, debe decir que Navarra no se toca".

Sobre la decisión del Ayuntamiento de Pamplona, gobernado por Bildu, de no personarse en la causa contra los jóvenes radicales de extrema izquierda que atacaron a la policía con piedras, botellas y palos, y destrozaron un furgón policial, propiedad del propio Consistorio, el 17 de marzo de 2016 después de una manifestación convocada por el sindicato Ikasle Abertzaleak, ha dicho que "por desgracia pone de manifiesto que la violencia sigue presente en la región y confirma que un partido que ampara a los violentos y no condena los asesinatos, los secuestos y la extorsión de la banda terrorista ETA no puede sostener el Gobierno de Navarra".

Esta decisión ha provocado que durante el juicio, celebrado el pasado viernes, se llegara a un acuerdo favorable para los jóvenes violentos ya que no hubo ninguna presión por parte de "el principal perjudicado", el Ayuntamiento, cuyo edificio recibió pedradas durante los disturbios. El juez ha acordado la pena de prisión de un año para cada uno, que al no llegar a los dos años hará que no tengan que entrar en prisión a menos que comentan otro delito en los próximos 3 años.
 


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