AGLI Recortes de Prensa    Jueves 9 Febrero 2017

El suicidio de Europa
Rafael L. Bardají gaceta.es 9 Febrero 2017

La semana pasada, el presidente de la Comisión de la Unión Europea, Donald Tusk, escribía una carta a los aún 28 estados miembros, alertando de que el nuevo presidente americano, Donald J. Trump representaba “una amenaza existencial” para Europa. Al mismo tiempo, la diputada sueca Barbro Sörman, se atrevía a escribir “que los refugiados violen a las mujeres es mejor a que lo hagan los suecos”. Poco después, nuestro reacio-a-hacer-declaraciones presidente, Mariano Rajoy se sinceraba y confesaba a la prensa que él no está “a favor de las fronteras”.

Da igual que uno sea alto funcionario, sea feminista de izquierda, presidente de gobierno, reformista u oposición, a todos Trump parece haberles nublado su indudable capacidad de raciocinio. Y ese es el verdadero problema existencial de Europa, la ceguera de sus dirigentes, de su elite política y también económica. Un universo peculiar, despegado del mundo real, protegido por sus alianzas y absolutamente sordo al creciente clamor popular en contra de sus bien defendidos privilegios, su corrupción y sus oscuros tejemanejes. No han aprendido nada del Reino Unido del Brexit, del ascenso a la Casa Blanca de Donald Trump y de lo que se está cociendo en Holanda y Francia. Todo lo descalifican con la palabra mágica de moda: “populismo”. Todo lo que no pertenece a su mundillo, a los arcaicos partidos tradicionales, a las instituciones comunitarias, todo es populismo. Pero no se dan cuenta que lo que ellos arrojan como un insulto, es un orgullo para muchos. Por razones bien básicas.

Para Tusk, la diputada sueca, Mariano Rajoy y restos de integrantes del establishment político, populismo es hacer un elogio de las fronteras, por ejemplo; o rechazar la emigración, sobre todo si es musulmana; o defender la meritocracia y no un capitalismo de amiguetes, sobres e intercambio de favores; o querer que los gobiernos se comporten de una manera ética y moral, sin discriminaciones arbitrarias, tratando a todos por igual y defendiendo los intereses de las clases medias; o no olvidar las raíces judeo-cristianas que han hecho, a través de la Historia, que seamos lo que somos.

No vivimos en tiempos normales. Y no me refiero a la larga crisis del 2008 que aún sufrimos por la estulticia y cobardía de nuestros gobernantes. Nos encontramos al borde de un abismo civilizacional. Y ese abismo no es obra de Donald Trump. Se ha estado formando durante largos años donde los conservadores han asumido los presupuestos de la socialdemocracia y el socialismo, el infantilismo de mayo del 68. El problema no es que la UE sea un Frankenstein tecnocrático, sin alma ni valores. El problema es quienes han dejado que sea así.

Y la respuesta es bien clara. Los responsables de la traición a Europa son todos aquellos que prefieren ser violados por un refugiado, todos aquellos que no creen en las fronteras y todos aquellos que se niegan a ver que otra Europa no sólo es deseable sino que empieza a ser posible.

Europa y la UE son dos cosas bien distintas. Europa es el producto de una larga, rica y compleja Historia; es el producto y a la vez expresión de una civilización que hunde sus raíces en las creencias y valores judeo-cristianos; es un sistema político basado en la soberanía de los Estados y en la progresiva limitación de los poderes de los gobernantes; es una sociedad donde los individuos son iguales y deben enfrentarse a las consecuencias de sus actos y asumir sus responsabilidades; es la cuna de la democracia parlamentaria y de los derechos de la persona. Es el triunfo del bien sobre las ideologías de la muerte y la pobreza, como fueron el nazismo y el comunismo.

La UE nació como rechazo del nacionalismo a quien se acusaba de los horrores de la guerra. Por eso se creó y se expandió como un proyecto burocrático con el objetivo de trascender a sus miembros originarios, los Estado Nación. El mercado único, la zona de libre comercio, no eran suficientes. Para culminar el sueño de sus fundadores, la UE tenía que crear una identidad y una cultura que borrara las identidades nacionales. Afortunadamente, ni la bandera azul estelada, ni la apropiación indebida del Himno de la a Alegría de Beethoven, ni el erasmus, han conseguido generar esa supuesta “cultura europea”. Todo alrededor de la UE sigue siendo artificial. Desgraciadamente, la UE y sus dirigentes sí han logrado acabar con el orgullo patrio y el amor al país donde se nace. Chauvinista, se grita a quien antepone su nación a Bruselas.

El multiculturalismo rampante ha acabado por hundir las señas de identidad propias. Cualquier expresión cultural, por minoritaria o extravagante que sea, vale tanto como la española, inglesa o gala. Es más, las minorías no es que sean respetadas, sino que tienen que gozar de privilegios y de una protección que ya quisieran para sí las especies en extinción. Pero a quien se opone a los flujos migratorios actuales se le tacha de xenófobo, racista e ignorante, puesto que se supone que Europa se ha hecho sobre migraciones. Por no hablar de los Estado Unidos. Pero, en realidad, los ignorantes son estos dirigentes y su corte intelectual de descastados nacionales y socialistoides secularizados. Porque la verdad es que las migraciones de hoy nada tienen que ver con las de antaño. Porque antes, existía la Nación, que no era sino un proyecto de unidad y unificación, del que los emigrantes querían formar parte. Hoy, lo sabemos bien, eso no es así. Más bien todo lo contrario: las minorías musulmanas demandan la aplicación de su ley allí donde habitan con ciertos números. Aspiran a que los demás aceptemos como normal sus costumbres e, incluso, que nos avengamos a comportarnos como ellos creen que debemos hacerlo.

Hay que decirlo alto y fuerte, hoy por hoy, el Islam es una barrera objetiva para la integración en la sociedad europea. Sea una religión de paz o no. Simplemente sus valores básicos son incompatibles con la cultura democrática. Porque la democracia no es el producto de un dictado legal o de un acuerdo sobre una constitución y mucho menos, el hábito de votar. Lo formal es tan importante como lo cultural. De hecho, las democracias más avanzadas son aquellas donde la sociedad ha desarrollado instintos tolerantes e igualitarios, donde los gobiernos si están sujetos al control de las instituciones, y donde los dirigentes, sean políticos o económicos, se comportan con respeto, responsabilidad social y éticamente.

La UE nos está llevando inexorablemente no a una Europa federal, fuerte y próspera. Nos está conduciendo progresivamente a una Europa islamizada. Y no es secreto por qué y cómo. Es la obra de quienes no creen en nuestras fronteras; quienes ven en América una amenaza existencial; y quienes prefieren ser violadas por refugiados a por sus nacionales.

La suerte es que aún estamos a tiempo de corregir este rumbo suicida. Acabar con el espacio Schengen es viable; modificar las normas para acceder a la nacionalidad y hacer de ésta un privilegio hereditario también; cerrar las fronteras al Islam se puede hacer. Es el momento de defenderse siendo ofensivos.

La confesión inculpatoria del cobarde Mas: "No nos pararán ni tribunales ni constituciones"
EDITORIAL Libertad Digital 9 Febrero 2017

Las declaraciones de los testigos que han declarado en el juicio por la ilegal "consulta", "proceso participativo" o "referéndum" del 9-N han tumbado –todos ellos– la cínica y hasta cierto punto novedosa estrategia de defensa de los procesados, según la cual la organización de las votaciones, tras la suspensión del TC, quedaba en manos de voluntarios, por lo que la Administración regional catalana no tomó ninguna decisión relacionada con las votaciones.

Los inspectores de educación han descrito con gran precisión las presiones de los cargos del Departamento de Enseñanza, dirigido entonces por Irene Rigau, a los directores de instituto, y también muy elocuente ha sido la confesión del exdirector de Telecomunicaciones y Tecnologías del Gobierno autonómico de que no recibió ninguna orden de sus superiores para cancelar la página web de la Generalidad sobre el "proceso participativo" anulado por el Constitucional.

Paradójicamente, no menos letal para la estrategia de la defensa ha sido el testimonio del exconsejero Francesc Homs, que ha remarcado que, tras analizar la resolución del TC, informó al Gobierno regional de que no incumplían "ninguna irregularidad" ni incurrían en un "tipo penal", por lo que apareció ante los medios de comunicación para anunciar que la Generalidad mantenía el "proceso participativo".

Lo cierto es que pocas veces un delito ha tenido tantos testigos como el de desobediencia perpetrado en Cataluña el 9 de noviembre de 2014. De hecho, la del 9-N fue una desobediencia televisada, por lo que todos los españoles pudieron contemplar cómo lo que el TC había prohibido y el Gobierno de Rajoy había asegurado que no se iba a producir se producía.

Por otra parte, la voluntad de los acusados de desobedecer cuanto entorpeciera el proceso secesionista siempre fue manifiesta, tanto entonces como ya en 2012, cuando el presidente de la Generalidad afirmó públicamente: "No nos pararán ni tribunales ni constituciones". Y para qué recordar la posterior resolución de desconexión aprobada por el Parlamento autonómico, ya con Puigdemont al frente de la Generalidad, en la que se declaraba "solemnemente" el inicio del "proceso de creación del Estado catalán en forma de República" y se hacía un compromiso explícito de "no supeditarse a las decisiones de las instituciones del Estado español, especialmente del Tribunal Constitucional".

Sólo un apaño entre quienes no hicieron cumplir la ley y los secesionistas que las vienen violando desde antes incluso del 9-N puede absolver a quienes han hecho de la desobediencia al ordenamiento jurídico y a la Constitución su principal compromiso político.

La crisis de los partidos políticos
NICOLÁS REDONDO TERREROS ABC 9 Febrero 2017

La elección de Donald Trump en EEUU ha convulsionado al mundo. Son ya miles los análisis que pretenden explicar lo que parece inexplicable. Se han convocado causas de carácter general: el miedo a las consecuencias de una revolución tecnológica que remueve todos los consensos públicos y privados adquiridos durante mucho tiempo, las migraciones sin control o la paulatina e inevitable deslocalización de empresas que han disminuido drásticamente los empleos industriales clásicos. Otras son de carácter psicológico: la inseguridad que provoca un futuro impredecible en los términos que ha sido posible en un pasado reciente y la velocidad que han adquirido los acontecimientos que hacen imposible cualquier previsión para nosotros y aún menos para nuestros hijos. Todas estas causas juntas han impulsado a una gran masa de votantes americanos a desdeñar el sistema y refugiarse en un líder antisistema, autoritario y de ideas simples, que transmite con la seguridad del que sabe que miente o simplemente no sabe; tampoco es ajena a esta reacción que una gran parte de la sociedad estadounidense haya descubierto el desequilibrio entre la magnitud de la crisis, no sólo económica, y la capacidad de sus representantes tradicionales para enfrentarse a ella.

El americano no es un caso especial ni aislado; antes y en otros países occidentales hemos comprobado cómo la dosis de razón que contenía la política occidental se iba perdiendo. El Reino Unido opta, en un referéndum visceral, por separarse de la UE, siguiendo las pautas de líderes desaprensivos y mentirosos que prometieron para lograr el éxito de su causa volver a un pasado en el que los países poderosos fueran capaces de imponer sus condiciones; y en Francia Marine Le Pen se presenta como una opción realmente posible de encaramarse a la Presidencia de la República. En Holanda, Austria y otros civilizados países del norte de Europa hoy la política no se podría entender sin la influencia determinante de los partidos de extrema- derecha. Todo ello pone en grave riesgo el futuro de la UE, la obra política humana más sutil, sofisticada y cosmopolita, aunque inacabada y por tanto, deficiente, pero digna de todo reconocimiento si tenemos en cuenta que se ha ido realizando en base a acuerdos, en un marco de paz, sin guerras ni imposiciones militares.

Estos acontecimientos han venido precedidos por el debilitamiento del conflicto de clases institucionalizado en el que se ha basado, en gran parte y con formas peculiares, el progreso a los dos lados del Atlántico durante los últimos 70 años -me apresuro a decir para los menos adornados por la inteligencia que esa afirmación no implica creer en la desaparición de las diferencias entre ricos y pobres, ni que éstas no hayan aumentado en los últimos 20 años. Simplemente significa que las clases, claramente la trabajadora y la clase media, han perdido homogeneidad-. Muchos votantes que en el pasado atendían las reclamaciones de apoyo de sus partidos, fundamentalmente de los partidos socialdemócratas, han optado ahora, perdida la lealtad asegurada por la homogeneidad de la clase, por partidos claramente nacionalistas y por líderes autoritarios. Esta coherencia de las clases, que no impedía la movilidad social, dio estabilidad y una alternancia política segura entre partidos moderados de derechas y de izquierdas. Y es ese debilitamiento de las lealtades de clase el que ha permitido a Le Pen ser una alternativa posible en Francia, la victoria de los partidarios del Brexit o el triunfo de Trump en las elecciones estadounidenses.

En España tampoco nos hemos librado de esta crisis, aunque se desarrolle sin que nos demos cuenta y con la inquietante falta de ideas de siempre; así vemos a IU integrada en Podemos para sobrevivir, al PSOE deambulando en un laberinto oscuro del que no parece que pueda salir próximamente y a Podemos desgarrándose entre inscribirse en el grupo de las formaciones antisistema o convertirse en una opción política de izquierdas e institucionalizada.

Prestando atención a los partidos de la izquierda española vemos cómo en Podemos, en los prolegómenos de su congreso, mantienen un eje fundamental de discusión entre Iglesias y Errejón. Por encima de confusas polémicas organizativas, la discusión se establece entre una política más institucional, supongo que sin dejar las movilizaciones, unida a una política de alianzas que tenga en cuenta al PSOE, y otra, la de Iglesias, que ve el Parlamento exclusivamente como un instrumento más donde teatralizar su discurso y tiene como objetivo último, en esta etapa, sobrepasar al PSOE; importándole poco que gobierne el PP si consigue doblegar a los socialistas. Errejón, en cierta medida, ha sucumbido ante las posibilidades que ofrecen las instituciones, parece un pragmático inteligente dispuesto a entrar de lleno, aun con un lenguaje de madera, en las contradicciones de la democracia burguesa; Iglesias, por el contrario, desea aprovechar esas contradicciones en contra de una democracia que se le antoja corta y justificativa, una especie de corsé para sus aspiraciones. El debate planteado en esos términos y en el marco de un partido como Podemos no se puede solucionar con un pacto si Errejón quiere mantener cierta relevancia política y tiene las trazas de que, por mucho o por menos, terminará ganando Iglesias, líder autoritario, de ideas simples y análisis en los cuales los datos no cuentan. ¡Sí!, Pablo Iglesias tiene todas las de ganar, por desgracia para ellos y por suerte para el PSOE.

En el PSOE también se han adentrado en una polémica política que puede condicionar su futuro a medio y largo plazo. Por ahora no veo los ejes del debate, una vez que los dos dirigentes socialistas que se han presentado a las primarias defienden posiciones políticas parecidas, teniendo de esta forma que adentrarnos en la difusa cultura de partido para ver alguna línea diferencial -cierto es que en las primeras intervenciones López parece más claro mientras que Sánchez utilizará su dimisión de la Secretaria General y de diputado como un argumento moral, muy eficaz en un panorama político en el que pocos asumen sus responsabilidades-. Tanto Pedro como Patxi creen que el fracaso de la socialdemocracia en Europa ha sido causado por el abandono de los principios tradicionales, ¡volveremos a ser un partido de izquierdas! Yo, en contraste con ellos, creo que las dificultades del socialismo democrático se deben a su propio éxito, a que la doctrina partidaria se ha convertido en cultura política, aceptada por la mayoría. Ellos creen, coherentemente con su planteamiento inicial, que el reto está en volver a ser socialistas, desembarazándonos de las ideas neo-liberales que han contaminado el ideario socialista; yo, por mi parte, creo que el socialismo democrático se tiene que reinventar y adaptarse a una sociedad que no se parece, en Occidente por lo menos, en nada a la de hace 50 años. Para ellos la descontaminación neoliberal pasa por realizar una política de alianzas con la izquierda de nuestra izquierda, dando igual su naturaleza, y en España eso se plasma en pactos con cualquiera que no sea el PP. Yo considero que los socialistas fuimos útiles a la sociedad y pudimos imponer nuestra filosofía en la vida pública cuando fuimos posibilistas, cuando tuvimos en cuenta la realidad, cuando optamos por la vía de las reformas compartidas.

Creo que será más fácil volver al pasado que reinventar la socialdemocracia cuando nuestros pies se mueven en terreno movedizo. Pero volver al pasado, ser más rojo, más socialista, sólo supone cerrar nuestra puerta a nuevos grupos sociales, activos y dinámicos, que tienen voluntad reformista y no se asemejan a la vertebrada y coherente clase trabajadora de antaño. Podremos gobernar pero nunca contaremos con las mayorías que se necesitan para las reformas, podremos gobernar pero nos terminarán comiendo por la izquierda y por el centro, podremos gobernar pero a cambio de profundas divisiones sociales. Sin embargo, lo más probable es que siga gobernando quien gobierna con más respaldo y más tiempo. Volviendo al pasado nuestro papel nunca será de mayorías.

En España, los candidatos a su reconquista del pasado unen la alabanza al afiliado al desdén -desde mi interpretación, por la intensidad con la que halagan a "las bases"- por la democracia representativa. Pero el énfasis en las bases no es más que la manifestación de un ensimismamiento estéril; terminarán convirtiendo un instrumento al servicio de la sociedad en un fin, un partido político en una especie de religión. Si atendiéramos un poco nos daríamos cuenta de que ya el lenguaje es funcionarial, que las palabras han perdido su carga épica y sólo la rutina, no la emoción, mantiene la relación con el oyente. ¡No!, lo verdaderamente importante está fuera del partido. Si yo me afilié al partido no fue para buscar una familia que ya tenía ni para sustanciar mis frustraciones personales o para encontrar un modo de vida; fue para que voluntariamente, unido a otros que pensaban parecido y con la disminución mínima de mi libertad, pudiéramos hacer mejor la sociedad en la que vivíamos. Sabía entonces y sé ahora con más precisión que lo importante es el resto de ciudadanos que no están afiliados.

Del pasado sólo me importan los principios -adquiridos durante largo tiempo- de igualdad en equilibrio permanente con la libertad individual, el espíritu reformista -que se acompañaba mal antaño con los comunistas y hogaño con los nuevos populismos- y la capacidad de adaptación política unida a una inflexible ética personal de los viejos militantes. Todo lo demás suele encubrir un afecto nostálgico por un pasado hecho a la medida y, que por lo tanto, da una seguridad tan ficticia como prescindible.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Las barbas de Francia a remojar
Jorge Vilches vozpopuli.es 9 Febrero 2017

El próximo ciclo histórico de Europa pasa por Francia. Ni el Brexit ni Trump. Los grandes cambios en nuestra historia han procedido casi siempre de suelo francés desde 1789, y si apuramos, desde 1700, el momento en el que los Borbones heredaron el Trono español. La victoria del Frente Nacional, con la acertada consonancia entre líder, discurso y momento político, puede ser uno de esos episodios de la historia de Europa que todo lo transforma.

Las crisis políticas contemporáneas en Occidente son el resultado del agotamiento de un paradigma, y del surgimiento en consecuencia de una revolución cultural, en las mentalidades y en la percepción del mundo. La quiebra del mundo burgués, decimonónico, liberal y parlamentario de principios del siglo XX supuso el cuestionamiento, y luego el desprecio, de los pilares de la cultura oficial. Todo un modo de pensamiento, las costumbres que lo acompañaban y el establishment que lo sustentaba para su beneficio, se desplomaron.

El ariete fue una amalgama de nacionalismo tardío y socialismo totalitario que, con estilo populista, incluso nihilista, pretendía reconducir la comunidad hacia un supuesto paraíso. El paso previo era, claro está, acabar con la élite, su cultura, sus instituciones, y su lenguaje entonces “políticamente correcto”.

La frustración, el miedo y el odio fueron los tres sentimientos que guiaron la política hace cien años, y ahora no vamos muy desencaminados. El discurso de Marine Le Pen transita por las dos grandes vías de entonces: el rechazo a lo existente y la promesa de reconstruir la comunidad, todo adornado de un diagnóstico difícilmente rebatible y de sonoras palabras. Es el truco del populismo, al que hay que discutir las soluciones, no su análisis de la realidad porque es jugar en su terreno, con sus reglas y conceptos, dando al tiempo la imagen de inmovilista.

Marine Le Pen se hizo con el poder en 2011 en el Frente Nacional, tras dura batalla interna, y emprendió una renovación que sacó a la formación del encasillado fascista. La marginación política a la que le habían sometido el resto de partidos, y el perjuicio que le causaba el sistema mayoritario, le han valido para presentarse como la respuesta antiliberal a la crisis.

La transformación del viejo Frente fue casi completa. La modernización del estilo populista, con una política de comunicación más potente y personalizada con eficacia, ha sido la clave para actualizar el mensaje político. Su diagnóstico catastrofista de la situación política y económica, de desorden social, de amenaza terrorista, lo van confirmando las noticias.

Ese relato del derrumbe de Francia le está sirviendo para propagar una retórica del miedo, tan cara a todo tipo de populistas, desde Trump a Iglesias. Las ideas las sueltan en eslóganes publicitarios, tales como “Está en juego nuestra existencia como pueblo”, o “Francia, primero”. Generado el miedo, la sensación de riesgo a perder más aún el confort, pasa a señalar a los culpables.

El Frente Nacional asegura que la responsabilidad de que Francia haya perdido su esencia es de la globalización –“mundialización” dicen en Francia- y del fundamentalismo islamista, no la falta clamorosa de libertad política o el olvido completo de la individualidad.

La globalización la entienden como una ideología que “despoja a la nación de los elementos que la constituyen”, y sin nación no hay Estado, dicen falsamente, y sin Estado no existe la República. Marine consigue así atribuir al Frente un nacionalismo republicano, que asume las ideas de 1789, como los demás.

Ahora bien, como buenos populistas, vinculan la recuperación de los principios republicanos y del interés nacional con el reintegro de la soberanía hurtada por la Unión Europea, la OTAN y los organismos internacionales –agentes de la globalización–. No es sorprendente que esto se pueda leer también en el documento político que los de Pablo iglesias llevarán a Vistalegre II. Lo cierto es que ha muerto el mito contemporáneo de la Europa unida. Por eso, Marine Le Pen promete un referéndum sobre la UE y salir de la estructura de la OTAN para devolver al pueblo su soberanía.

La líder nacional-populista ha conseguido restaurar un decálogo identitario para el francés común, y define la situación como de emergencia nacional. Por eso, junto a palabras como “resistencia” y “reconquista”, o llamamientos del tipo “¡No nos dejemos intimidar!”, promete, al igual que Trump, cumplir su programa inmediatamente, no como los políticos al uso.

Este discurso con esta líder envuelta en un estilo populista de libro, ha conseguido sacar de la abstención a mucha gente, a esos franceses hartos de los casos de corrupción, del multiculturalismo obligatorio y de la integración bidireccional –no solo del extranjero, sino de la comunidad que lo acoge-. Pero también ha conseguido el favor, como cuando ganó las elecciones europeas de 2014, de los que culpan de su desempleo, o de su pérdida de poder adquisitivo, a la modernización tecnológica obligada por la globalización, o a políticas del bienestar que creen demasiado generosas con quien viene de fuera; sobre todo si éste atenta contra quien le cobija.

Al igual que el populismo tradicional norteamericano con el que Trump aprovechó el encono del country contra la city, es la “Francia periférica” la que muestra esa rebelión contra el paradigma oficial de “París”.

El panorama, en fin, ayuda al éxito del Frente Nacional. No solo por la victoria del Brexit o Trump, sino porque la derecha gaullista se ha hundido. La corrupción de Fillon ha sido la puntilla, con un Sarkozy, además, investigado por financiación ilegal. Juppé, el tercero, representa como nadie el criticado establishment con una carrera política iniciada hace casi cincuenta años. La izquierda de Hamon, por el otro lado, propone un estatismo incapaz de vencer la propuesta de Marine, que no pide empresas públicas –pasto de la corrupción-, sino más responsabilidad del Estado.

En momentos de crisis general de paradigma, como la actual, vence el que posee, propaga y organiza una identidad reactiva y fuerte. He aquí este éxito de los populismos nacionalistas, esencialistas, de reconstrucción de una comunidad aislándola del resto, que se está produciendo a ambos lados del Atlántico. A la libertad ni se la llama, ni se la espera, lamentablemente

Delenda est Europa
Vicente Benedito Francés vozpopuli.es  9 Febrero 2017

Ha transcurrido, hace pocos días, un año desde que con fecha 30 de enero de 2016, publicara, en este mismo blog, un artículo que titulaba “Delenda est Hispania”. El núcleo de la reflexión en él expuesta era la deriva que, en aquel momento, y todavía hoy, atormenta nuestras vidas, las de los ciudadanos comunes de este bendito país nuestro: la sempiterna cuestión catalana y la irresponsable actuación de los partidos políticos españoles, más pendientes de sus juegos de estrategia y poder interno que de salvaguardar los intereses de los ciudadanos en su conjunto.

Afirmaba que algunos de nuestros políticos replicaban a Catón el Viejo en su “Delenda est Cartago”. Que desearan lo mismo para nuestra Nación, que Roma con aquella maravillosa ciudad fundada por los fenicios. Y como la historia se repite, nos encontramos hoy con más de lo mismo, pero elevando el tiro hacia arriba. Ahora le toca el turno a la inacabada ambición de una Europa fuerte y unida. Siempre en crisis y siempre cuestionada. Siempre rememorando su decadencia, la del “viejo continente”. Y como entonces recordaba, al tiempo de la publicación del artículo que antes citaba, la célebre frase, atribuida a Den Xiao Ping, máximo líder de la revolución popular China, quién en 1985 dijo:” En el siglo que viene los EEUU nos dirán qué fabricar, los hindúes y chinos lo fabricaran e iremos a Europa de vacaciones.”

Los europeos no dejamos de dudar de nosotros mismos. Recuperamos con frecuencia viejos “demonios” que favorecen cuestionar el futuro integrador y en armonía de sus más de 508 millones de ciudadanos. Parece una aventura imposible, y por muchos indeseada, la de la una verdadera unión política, militar, financiera, fiscal y económica. Siempre, con recurrencia, florecen de nuevo los rancios nacionalismos, las ambiciones egoístas, la amalgama de Reinos de Taifas en el que cada uno va a la suya trabajando poco por el futuro de todos, e importándoles nada tener los mismos impuestos, un gobierno elegido por los europeos, derechos y obligaciones iguales, sistema financiero común, contratos de trabajo armonizados, educación de calidad y homologable y un Presidente de una Europa fuerte y unida que pueda hacer de contrapeso a las potencias de similar tamaño y no siempre iguales objetivos. Hoy EE. UU tiene un sólo presidente y la UE tiene cuatro: el de la Comisión (Jean-Claude Juncker); el del Consejo Europeo (Donald Tusk); el del Parlamento (Antonio Tajani) y el de la presidencia rotatoria semestral (Joseph Muscat)

Cada vez son más los indicios que nos señalan que no vamos por el camino correcto, faltando fe en una real y eficaz integración política. O Europa se hace, se termina de construir, o dejemos de perder el tiempo. Hay que poner patas arriba los sistemas estatales sino no tiene sentido mantener sólo una moneda única. Como dijera un antiguo Secretario del Tesoro norteamericano, “el euro será un gran éxito para los americanos que podrán viajar por Europa sin pagar comisiones de cambio”. EE. UU y ASIA, si se hunde Europa, ellos vivirán mejor.

Fiel reflejo de lo que digo lo tienen dos frases recientes pronunciadas por, una de ellas por D. Tusk quién afirmaba que “unidos resistiremos y divididos caeremos”, y la segunda por la “estrella” del momento, el singular presidente de la nación más poderosa del mundo, que sin pudor nos advierte a los que considera cándidos súbditos europeos, que nuestro ilusionante proyecto de una Europa fuerte no es otra cosa que un vehículo para Alemania. Efectivamente tenemos ciertos, e incuestionables, peligros internos y otros, no menos desdeñables, que nos amenazan desde el exterior. Los primeros son los rancios nacionalismos y los populismos de nuevo cuño; los segundos los frívolos e inexpertos primeros pasos de política de Trump; una China más segura en sí misma, la agresividad rusa y el islamismo radical.

Celebramos este año el 60 aniversario del Tratado de Roma. Una efeméride que llega en un momento de serias dudas con un grave abandono del proyecto por parte del Reino Unido, con incertidumbres más que preocupantes sobre el futuro electoral de países tan importantes para la consolidación de Europa como son los casos de Francia, Alemania y Holanda, en los que los nacionalismos aspiran a recuperar las viejas políticas del nacionalismo radical.

O apuntalamos, y pronto, lo que nos une, o debería unirnos, o Europa corre un serio riesgo de desaparición. Necesitamos un potente conjunto de naciones que apueste, indeleblemente, por más Europa en vez de más dudas. Precisamos confiar en nuestra moneda única y sostenerla y defenderla de la especulación interesada, incluso dentro de nuestra propia casa común. Es igualmente necesario combatir, con argumentos, las ideas y las posiciones de quienes pretenden destruirla desde posiciones nacionalistas, extremadamente peligrosas, y de sobra conocidas en la historia del último siglo.

Apostar por compartir soberanía sin remilgos, con convicción y acercarnos más al ciudadano común, a nuestra desilusionada clase media para seducirla y cautivarla con un proyecto europeo de éxito y bienestar para ellos y sus familias. De no ser así, continuaremos recordando aquella trágica frase de Catón el Viejo: “delenda est Europa”.

Personalmente, prefiero acabar esta reflexión con la sabiduría del Papa Francisco: “no estamos en una era de cambios, sino ante un cambio de era”

Y NAVARRA
Las víctimas de ETA alertan del incremento del 'culto al terrorista' en el País Vasco
La Gaceta  9 Febrero 2017

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite) ha pedido este jueves al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, reforzar la prevención de la radicalización que deriva en una cultura del odio y en casos como la agresión de octubre a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua (Navarra).

Juan Ignacio Zoido ha continuado este jueves la ronda de contactos con representantes de asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo. Según ha informado un portavoz de Covite por esta asociación han asistido su presidenta, Consuelo Ordóñez, y su responsable de relaciones internacionales, Irene Muñoz.

Las representantes de Covite han trasladado al ministro su enorme preocupación por la deriva que está llevando a cabo el Gobierno vasco sobre el relato de los 50 años de terrorismo y la convivencia al tratarse de asentar la teoría del conflicto.

Igualmente por el acoso y hostigamiento a las Fuerzas de Seguridad del Estado y el peligro del culto al terrorista que a juicio del colectivo va en incremento en País Vasco y Navarra y al apreciar que "se está imponiendo la cultura del odio".

En este sentido han reclamado una mayor implicación en la prevención de la radicalización "porque Alsasua no es una excepción y no se pueden permitir escraches a casas cuarteles donde no solo viven agentes sino también familias con niños". Covite valora que el ministro ha mostrado disposición a trabajar de forma conjunta con la asociación.

Juan Ignacio Zoido se ha reunido también este jueves con miembros de la directiva de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, presidida por Eugenia Paz, y con el presidente de la Asociación Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Víctimas del Terrorismo, Francisco Zaragoza.

Estos contactos continuarán en los próximos días y concretamente el miércoles próximo el ministro se reunirá con miembros de la Federación de Asociaciones Autonómicas de Víctimas del Terrorismo y luego seguirá con otras organizaciones.

El martes pasado ya se reunió con la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, María del Mar Blanco; el director de la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez, y el presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo, Alfonso Sánchez.

En estos encuentros el ministro, acompañado por la directora general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo, Sonia Ramos, ha tratado de conocer las inquietudes de estas organizaciones y les ha trasladado los compromisos del Departamento y que la atención a estos colectivos es una prioridad.


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La política o la fuerza en Cataluña
VICENTE LOZANO El Mundo 9 Febrero 2017

Hay una viñeta de Mafalda, la genial creación de Quino, en la que se ve cómo un trajeado anciano observa asustado a un hippie con melena, flores en el pelo, sandalias y una mochila. "¡Esto es el acabose!", grita el señor. Y Mafalda le mira circunspecta: "No. Es el continuose del empezose de ustedes". Pues eso. Estos días de declaración judicial de Artur Mas y dos ex consejeras nos retrotraen a 1984, cuando Jordi Pujol se envolvió en la senyera para defenderse de un problema personal con la Justicia. El resultado fue que quedó exonerado de sus responsabilidades en el desfalco de Banca Catalana. "Ahí se empezó a atacar el Estado de Derecho, ante el silencio general de la sociedad y de los partidos catalanes, con la complacencia de los dos grandes partidos españoles", escribía el martes Francesc de Carreras en El País. El lunes comprobamos que el discípulo ha aprendido la lección de su maestro... cambiando la senyera por la estelada.

Lo que sí ha cambiado en estos 33 años es que ahora tenemos la sensación de que el temido choque de trenes entre la Generalitat de Cataluña y el Gobierno central se acerca inexorablemente. Tarde o temprano, los políticos que ahora dirigen Cataluña tomarán una decisión que el Gobierno de la nación no podrá aceptar.

¿Se podrá buscar una solución segundos antes de ese big bang? ¿Es factible todavía lo que se llama la vía política, es decir, que ambas partes se avengan a negociar? Sólo si la Generalitat, que sabe que sus pretensiones son ilegales, da su brazo a torcer es posible el acuerdo, porque es lógico pensar que ningún representante del Estado va a acordar nada que suponga su desmembramiento. Apelar hoy a la vía política es pedir la rendición de la Generalitat. Quien lo ha apostado todo a la independencia no se va a conformar con un simple cambio constitucional que coloque a Cataluña como un primus inter pares con el resto de las autonomías, que es a lo máximo que puede llevar la solución política ante el proceso.

Por ello hay quien piensa que la negociación ya es una utopía, que tenía que haber empezado antes, aquel 20 de septiembre de 2012, cuando tras la excepcional demostración popular en una Diada perfectamente preparada al efecto, Artur Mas se presentó en La Moncloa con su propuesta de pacto fiscal. Rajoy se negó a considerarla y el entonces presidente de la Generalitat contestó que ese día se iniciaba "un proyecto nuevo para Cataluña".

Desde entonces se intensificaron las voces que pedían la vía de la fuerza para terminar con la deriva secesionista. Es decir, la aplicación del artículo 155 de la Constitución, por la que el Estado central asumiría todas o parte de las competencias autonómicas. Algo que, no nos engañemos, sólo podrá ser eficaz si, en algún momento, las fuerzas del orden -ya sean unos mossos dirigidos desde Interior, o la propia Guardia Civil- impiden el ejercicio de sus funciones a los dirigentes autonómicos. Pero ese big bangsería tan catastrófico para las dos partes que, probablemente, es implanteable. Por eso el independentismo tendrá que claudicar de sus postulados más radicales.

Es una pena este despilfarro de fuerzas, porque a Cataluña le va muy bien dentro de España. Martí Saballs escribía esta semana en el diario Expansión que la economía catalana ha crecido un 3,5%, más que la media española, gracias al incremento de la producción industrial: "Los defensores más acérrimos del proceso independentista aún van por ahí diciendo que los catalanes somos una colonia explotada y avasallada. Que se lo hagan ver, pero que no hagan el ridículo contando su peculiar deformación de la realidad". Tiene razón.

El imperialismo lingüístico de Cataluña toma las aulas de Valencia
Antonio Robles lavozlibre 9 Febrero 2017

Periodista, profesor y político

El decreto de Plurilingüismo del gobierno valenciano del 27 de enero de 2017, que supone una inmersión parcial, será el Caballo de Troya del imperialismo lingüístico catalán en la Comunidad Valenciana. De raza le viene al galgo, lo preside Ximo Puig (PSOE), y cuya consejería de educación la ostenta, Vicent Marzà de Compromís, un partidario de la independencia de Cataluña y de la entelequia de els països catalans.

Si hasta ahora los padres podían elegir libremente la lengua en que mayoritariamente querían estudiar sus hijos, ahora será el consejo escolar con mayoría de 2/3, o la propia dirección del centro, si no se alcanza esa mayoría, quienes determinarán en qué idiomas deberán estudiar sus hijos. Detrás de esa voluntad de despojar a los padres del derecho a elegir la lengua vehicular de sus hijos, se busca convertir el valenciano en la lengua prioritaria de la enseñanza y relegar al castellano, progresivamente, a un segundo plano. El modelo es un falso trilingüismo diseñado para priorizar la enseñanza en valenciano.

El juego de manos para llevar a cabo el atropello es un laberinto de seis itinerarios donde mediante el cebo del prestigio del inglés se induce sibilinamente a los padres a escoger el modelo donde se imparten más horas en este idioma. Es decir, en los itinerarios de valenciano. Con premio y castigo añadido: Los padres que estén por la “catalanización” obtendrán el certificado de B1 en Inglés de manera automática; y quienes opten por la lengua española, deberán acudir a academias o centros de idiomas privados si quieren obtener el título de inglés correspondiente. La coartada para legalizar tamaña cacicada reside en la imposibilidad de acumular las horas en inglés necesarias para obtener el título R1 si has optado por un itinerario de castellano.

No hace falta ser un lince para apreciar la mala fe y la falta de escrúpulos a la hora de utilizar la educación de nuestros hijos para sus fines nacionalistas. Desgraciadamente para los valencianos, estas tretas ya han contrastado ampliamente su éxito en Cataluña, donde nacieron, y replicadas en Baleares, País Vasco y Galicia. Con otros juegos de manos y maniobras simuladas, pero siempre con un mismo objetivo: convertir las lenguas regionales en las únicas propias, y excluir la educación en castellano.

Es posible que a los padres y madres de la comunidad valenciana les pueda parecer una exageración el diagnóstico, pero los hechos están ahí para quienes los quieran evaluar: En Cataluña comenzaron a introducir dos asignaturas en catalán a finales de los setenta, para irlas ampliando amparados en el victimismo, con la disculpa de la normalización y mediante la discriminación positiva, hasta convertirla en lengua única de la enseñanza. Lo que se conoce como inmersión. Importaba poco que fuera inconstitucional, importaba aún menos que robara a los padres hispanohablantes más humildes la única herencia que podían legar a sus hijos: su lengua; importaba aún menos que el abandono escolar y el fracaso fueran más del doble entre los niños hispanohablantes que entre los catalanohablantes; lo único que les importaba era cambiar de lengua a las futuras generaciones y adoctrinarlas en la pedagogía del odio a España. Si alguien tiene alguna duda, repase la realidad cotidiana: Hoy, a pesar de docenas de sentencias contra la inmersión, en la “nación del 3%” sólo se puede estudiar en Catalán. La limpieza lingüística ha sido total desde el callejero a la universidad, desde los sindicatos a las iglesias, desde los medios de comunicación públicos al fútbol. Las multas lingüísticas por rotular en castellano y la exclusión laboral con la excusa de la lengua han forzado un clima adverso cuyo fin es crear la ficción de una Estado propio, cuyos disidentes han acabado sintiéndose extranjeros en su país.

Este decreto de Plurilingüismo es el primer paso del nacionalismo lingüistico excluyente, con él vendrá el nacional. No es sólo ni principalmente una cuestión escolar, es el caballo de Troya para nacionalizar las conciencias.

Para quienes se quieran entretener en el laberinto del decreto, aquí les dejo enlaces que le pueden ayudar.
https://www.change.org/p/por-el-derecho-a-elegir-idiomas-en-educaci%C3%B3n

P.D. Ante la persistencia del despotismo de los gobiernos de las comunidades bilingües, ha llegado el momento de aprobar una Ley de Lenguas en el Congreso de los Diputados cuyo primer artículo proclame el derecho a la LIBERTAD LINGÜÍSTICA. Y un modelo general trilingüe para las comunidades bilingües donde los padres puedan elegir como vehicular una de las lenguas oficiales en un porcentaje del 50%, repartiendo el resto de horas lectivas en una proporción equivalente (un 25% para cada una) entre la otra lengua oficial y el inglés. Siempre reservando a los padres la posibilidad de acogerse por entero a la libertad lingüística de elegir una lengua oficial como única docente, teniendo a las otras dos lenguas como asignaturas. Este es el modelo del proyecto político de Centro izquierda nacional (CINC).

«Ahdhd vncis dtuiman republia Catalunya»

Jaime González ABC  9 Febrero 2017

La fórmula de juramento empleada por Robert Masih i Nahar para tomar posesión de su cargo como nuevo senador de ERC ha quedado plasmada en un sobrecogedor documento sonoro cuya audición, un día después del solemne acto en la Cámara Alta, todavía provoca escalofríos.

El indio Masih, originario del Punjab y fundador de la muy subvencionada federación catalana de críquet, juró en un idioma ignoto. Los más reputados filólogos no terminan de ponerse de acuerdo; unos defienden que fue una mezcla extraña de arameo, picto y akkadio, y otros que recurrió a una lengua muerta de la que no existen referencias.

Lo que dijo el indio independentista catalán —algo así como "ahdhd vncis dtuimam republia Catalunya"— sigue siendo un misterio. Pío García-Escudero, presidente del Senado, le preguntó dos veces antes de rendirse a la evidencia: aquello parecía un caso típico de xenoglosia, fenómeno paranormal por el cual un individuo se arranca a hablar en una lengua que le es completamente extraña provocando el canguelo de la audiencia. Un ejemplo de xenoglosia es el de la niña de "El exorcista", cuando el padre Karras pregunta a la supuesta entidad que había poseído el cuerpo de Regan y el demonio le responde en latín con un vozarrón que mete miedo.

¿En qué idioma juró su cargo de senador Robert Masih? No se sabe, pero da lo mismo, porque el presidente de la Cámara le dio la enhorabuena y prefirió quitárselo de en medio antes de decirle: "Mire usted, señor Masih, jure como quiera, pero que al menos se entienda". En aras del consenso —qué hermosa es la voluntad de diálogo— el senador indio independentista de ERC tomó posesión de su cargo sin necesidad de hacer rotar su cuello como hizo la supuesta entidad maligna que se apoderó del cuerpo de Regan. Pío García-Escudero no es el padre Karras y le dio la bendición por si las moscas.

La escena vivida en el Senado completa la semana grande del surrealismo catalán, muestra de la vanguardia político-cultural en la que está instalada el soberanismo: Mas y sus consejeros en el banquillo; Puigdemont haciendo el indio como Masih i Nahar, y Luis Suárez quejándose de los árbitros después de que al Atlético le anularan un gol constitucional sin posibilidad de recurso. "Ahdhd vncis dtuimam republia Catalunya".
 


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