AGLI Recortes de Prensa    Lunes 20  Febrero 2017

MAFO arruinó España, pero está acusado por su menor pecado
Roberto Centeno elconfidencial.com 20 Febrero 2017

Miguel Angel Fernández Ordoñez (MAFO) es culpable principal, junto con Zapatero y Solbes, de haber llevado a España al mayor desastre económico y social jamás ocurrido en tiempos de paz; de destruir el gigantesco edificio de las cajas de ahorro —referente del ahorro popular durante 170 años—; de mentir a los españoles negando la existencia de una burbuja inmobiliaria, lo que arruinaría a millones de personas, y de permitir la manipulación ilimitada de los balances de las entidades financieras bajo su supervisión. MAFO ha sido procesado por la salida a bolsa de Bankia, de lo que nos congratulamos, pero, si duda, es el más leve de todos sus delitos; a semejanza de Al Capone, que fue procesado y encarcelado por evadir impuestos.

España entró en el euro en 1999 —una unión monetaria diseñada para favorecer a Alemania— de forma absolutamente irresponsable, sin el menor análisis de las ventajas e inconvenientes que para nuestro futuro económico representaba tal decisión política. Desde 1961, y gracias al economista norteamericano Robert Mundell, autor de la teoría de las áreas monetarias óptimas, eran bien conocidos los efectos de las mismas, y en nuestro caso gravemente perjudiciales, algo que Aznar ignoró por completo. En 2002, el BCE inicia una fortísima expansión monetaria para beneficiar a Alemania, lo que origina una serie de burbujas en los países del sur de Europa, donde gobiernos y bancos insensatos ponen en marcha la mayor orgía de deuda de la historia europea.

En el caso de España, la deuda externa del sistema bancario pasa de 109.256 millones de euros en 2001, a 374.474 en 2004 y a 1,068 billones en 2008. Se multiplica por 10 en solo siete años; expansión que se dedica, en su mayor parte, a financiar la burbuja inmobiliaria. Este desastre iniciado por Aznar, lo acelera Zapatero desde 2004, y con la frivolidad y la ignorancia oceánica que le caracterizaban, hizo caso omiso de las voces que en su partido pedían deshinchar la burbuja, y en lugar de ello continuó incrementándola sin control alguno. El exceso de liquidez hizo pasar al sistema financiero “de la moralidad a la amoralidad y de ahí a la inmoralidad” (1).

Si España no hubiera entrado en el euro, la banca no hubiera tenido acceso a tan enorme volumen de financiación exterior y tendría que haberse financiado con sus depósitos y la burbuja no se hubiera producido, como tampoco se habría podido financiar la expansión internacional de las empresas del Ibex, otro desastre. Compraron muy caro, en el momento equivocado y en los países equivocados. El coste de ambos dislates ha recaído íntegro sobre el pueblo español, que ha acumulado y sigue acumulando una deuda que será la ruina de las generaciones futuras, convertida en un infierno fiscal para la clase media y la clase trabajadora.

En este camino hacia el abismo, primero Caruana y después MAFO como responsables de la supervisión bancaria, que estaban obligados a poner coto a tales disparates, han incurrido en serios delitos por “grave incumplimiento de sus obligaciones”, por negar al pueblo español la existencia de una burbuja que les arruinaría, por permitir la manipulación ilimitada de los balances de las instituciones financieras y por estafar a cientos de miles de pequeños ahorradores, delitos que son de cárcel en cualquier Estado de derecho que funcione como tal. Estas son las razones para procesar a MAFO, a Solbes y a Zapatero.

PRIMERA. En 2006, los inspectores del BdE le enviaron una carta en la que advertían de que iba a producirse una enorme crisis, por la irresponsabilidad con que bancos y cajas estaban concediendo créditos al sector inmobiliario, y no con dinero propio sino ajeno. Caruana era el gobernador 'de jure' pero estaba haciendo las maletas y el gobernador 'de facto' era MAFO, que además ya estaba en el consejo del BdE. MAFO, que disponía de mecanismos de sobra para cortar estas prácticas, hizo caso omiso de los inspectores. Fue su primer gran delito.

SEGUNDA. En abril de 2007 se produciría el desplome de la inmobiliaria Astroc. FT diría entonces que “el problema acabará afectando a todo el sector inmobiliario y a la solvencia de la banca”. En lugar de tomar medidas, Solbes y MAFO optaron por mentir masivamente animando a los españoles a endeudarse: “Los pisos solo pueden subir de precio, cuanto más se endeuden las familias para la compra de pisos, más ricas serán”. Solo por eso ambos deberían haber sido procesados.

TERCERA. En agosto de 2007, estalla la crisis financiera internacional, el BCE convoca una reunión de urgencia de los gobernadores de los bancos centrales de la eurozona. Asisten todos menos MAFO, que estaba de vacaciones y no le da la gana ir. A mediados de agosto, de la mano de Solbes, afirmaría que la crisis no tendría efecto alguno sobre nuestro país. Es decir, que a España, el segundo país con mayor deuda exterior, la crisis financiera internacional no le afectaba en absoluto.

CUARTA. En febrero de 2008, MAFO falsea las cifras de crecimiento de PIB del 4º trimestre de 2007 para ayudar a Zapatero a ganar las elecciones. Proceso de falseamiento que se ha convertido desde entonces en 'procedimiento habitual', y que ha llevado a día de hoy, como hemos demostrado más allá de toda duda razonable un grupo de profesores y economistas independientes, a que el PIB real sea un 17,5% inferior al oficial, algo que supone que la relación deuda/PIB es del 170% y no del 100% como falsamente afirman el Gobierno y los medios a su servicio, y la presión fiscal del 45% del PIB y no del 37%.

QUINTA. Pero lo peor fue que en una mezcla explosiva de ignorancia, incompetencia y voluntarismo suicida, Zapatero y Solbes, asesorados por los grandes banqueros, llegaron a la increíble conclusión de que los precios inmobiliarios iban a recuperarse en dos años. Este disparate justificaría los dislates mas inauditos, desde el falseamiento masivo de los balances bancarios al PIB, ya que como la crisis era de corta duración y los brotes verdes ya estaban a la vista, daba lo mismo la magnitud de las mentiras ya que en poco tiempo el retorno a un vigoroso crecimiento les absolvería de todos sus pecados. Tomar las medidas restrictivas que se estaban adoptando en el resto del mundo era tontería.

En el BdE, donde conocían perfectamente la realidad de los balances bancarios, incluidas todas aquellas triquiñuelas empleadas por los banqueros para ocultar la realidad patrimonial. Se sabía, sin la menor sombra de duda, que tal planteamiento era sencillamente de locos y MAFO como responsable de la regulación, de la inspección y de la estimación del PIB —que luego el politizado INE confirma siempre cuadrando las cifras a martillazos— no solo podía sino que era su obligación grave haber cambiado ese estado de cosas. Haría exactamente lo contrario. Fue nuestra sentencia de muerte, que llevaría al paro y a la miseria a millones de personas, la deuda crecería exponencialmente, hundiéndonos definitivamente en la mayor crisis económica y social de nuestra historia en tiempos de paz.

En la primavera de 2010, Aristóbulo de Juan, director general del BdE y gran experto en solucionar crisis bancarias —la de 1980, a la órdenes de Mariano Rubio, el último gran gobernador de la institución— realiza un detallado análisis en el que demuestra a MAFO que “el ajuste sería sumamente lento, sin alcanzar los precios que tenían en el pasado”. Propone un mecanismo de rescate y la financiación del mismo. “Está en juego la salud de todos, cajas, bancos y cooperativas”. Pero, sobre todo, concluyó que “el rescate no debe salir gratis (a las entidades), sino que debe haber un cambio sustantivo de la propiedad y de los equipos directivos de las entidades rescatadas, que presidieron su descapitalización o la consintieron". "Cuando la economía va hacia abajo, la tolerancia es suicida”. Su propuesta de rescate, que hubiera cambiado nuestra historia económica, fue directamente a la papelera.

Lo que hace MAFO, en un caso inaudito de prevaricación y malversación de fondos públicos, delitos penales gravísimos en un gobernador de un banco central en cualquier Estado de derecho, es que a pesar de que el BdE poseía de largo los mejores profesionales del país, “en un auténtico golpe en la sombra, MAFO impuso que fueran sus amigos quienes diseñaran el mecanismo de rescate. El grupo estaba integrado por Cándido Paz-Ares, socio de Uría & Menéndez (a cargo de la parte jurídica), Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales, AFI (diseño de la operación) y José Pérez (como Intermoney y en representación de las entidades)".

El 'plan de rescate' de los amigos de MAFO ha arruinado la vida de la nación entera. Mientras, a los responsables no es que les saliera gratis, es que cuando se cambiaron los directivos estos no solo no respondieron de nada, es que recibieron indemnizaciones escandalosas. Y el cambio sustantivo en la propiedad fue que los grandes bancos se quedaron con muchas cajas con el dinero de los españoles. ¿Los perdedores? Los propios empleados de banca, donde decenas de miles han sido despedidos, mientras los culpables o se fueron de rositas o continuaron en sus puestos repartiéndose cada años bonus escandalosos por su 'buena gestión'; los ciudadanos hemos pagado la cuenta.

Aristóbulo de Juan estimaba el año pasado en 103.000 millones de euros el coste del rescate para los ciudadanos, y ello sin incluir el coste adicional que representará el desastre de Sareb, y sin que la banca haya recuperado su solvencia -en 2012 se quebró la confianza internacional en la banca española, y desde entonces el BdE ha tenido que endeudarse con el eurosistema (Target 2) en 328.000 millones para facilitar liquidez a la banca para sus pagos exteriores, estamos al borde del abismo- y lo que es peor, sin que se haya restablecido el crédito a la economía. Aristóbulo de Juan es probablemente la persona que más luz podría arrojar en sede judicial sobre las responsabilidades políticas y penales de Zapatero, Solbes, MAFO, CNMV y todos los implicados en el mayor desastre económico y social de nuestra historia.

SEXTA. En tono menor, pero a título de ejemplo, aunque la Inspección le había pedido por tres veces la intervención de CCM, MAFO se negó y la permitió falsear sus resultados. Cuando la intervención fue inevitable, todo se haría de la forma más opaca y chapucera y nos costaría mas de 9.000 millones. El PP decidió pedir en el Parlamento una comisión de investigación, pero en el último momento, tal vez porque el marido de la señora Cospedal era uno de los responsables, ante el asombro de toda la bancada del popular. Montoro, que iba a presentarla, dio un brindis al sol y no lo hizo: “Son órdenes de arriba”, diría a sus indignados compañeros, que no salían de su asombro.

SÉPTIMA. Finalmente, el tema Bankia, por el que MAFO ha sido procesado, es la menor de sus tropelías, no por lo repugnante de los hechos —engaño masivo a los pequeños ahorradores por miles de millones en 'acciones preferentes' de un banco inviable que sabían que no podrían devolver— sino porque, al contrario que el resto de sus fechorías que afectaron a la nación entera y a las generaciones futuras, este engaño 'solo' afectó a unas decenas de miles de personas. Y también porque aunque el BdE y la CNMV fueron quienes dieron luz verde a la gran estafa, esta fue urdida 'a la luz de unas velas' por los grandes banqueros del país que para ayudar a Rato, idearon el proceso y no tuvieron el menor reparo en engañar a sus propios clientes, a quienes colocaron las preferentes de Bankia como activos libres de riesgo, cuando en realidad eran activos basura. Si de verdad se pretende hacer justicia, los grandes banqueros tienen necesariamente que comparecer en el juicio.

(1) Aristóbulo de Juan, director general del BdE.

Iglesias, Errejón y las purgas
EDITORIAL Libertad Digital 20 Febrero 2017

Como era de prever, la victoria de Pablo Iglesias en Vistalegre II se ha traducido en una auténtica purga de los partidarios de su rival, Íñigo Errejón. El propio Errejón ha sido apartado de la portavocía del grupo parlamentario y a partir de ahora será la pareja sentimental del líder supremo, Irene Montero, quien ejercerá esa importante función. La imagen habla por sí sola y retrata a la perfección a esta partida de hipócritas que pueden dar un paso sin quedar en evidencia.

Junto con Errejón, Iglesias ha desplazado a la mayoría de los que se atrevieron a plantarle cara en Vistalegre y tan sólo ha permitido una presencia anecdótica de errejonistas en la dirección del partido. Una vez más, las decisiones de los capos de Podemos desmienten las continuas prédicas con que pretenden presentarse ante la sociedad, como un partido democrático en el que las decisiones las toman las bases y todas las corrientes están representadas. Más bien es todo lo contrario: Podemos es un partido de corte autoritario en el que quien se atreve a cuestionar al caudillo sufre ostracismo y escarnio.

En movimientos ultras como Podemos, la democracia asamblearia es el pretexto de los déspotas que los manejan para para imponer su criterio y eliminar cualquier oposición. Una vez conquistado el favor de las bases utilizando la presencia mediática, las tácticas populistas y el sentimentalismo más grotesco, Iglesias se ha alzado con el poder hegemónico en una organización que, supuestamente, venía a dar ejemplo de pluralidad. Desde el minuto uno, era fácil saber que mentían. Ahora, lo difícil es mostrar sorpresa y no quedar como un auténtico estúpido.

En los partidos comunistas, la purga del discrepante ha sido siempre una práctica crucial. Iglesias se ha hecho con el control de un turbio movimiento que amenaza las libertades en España para actuar como el déspota que es. Nada de qué sorprenderse. Menos aún cabe lamentarse por la suerte de Errejón y sus secuaces, tan liberticidas como los que les han defenestrado. Ojalá Podemos implosione en el corto plazo, comido por los resentimientos y las querellas internas. Es el final que merece un partido tan perjudicial para España y que vive, precisamente, de excitar las peores pasiones en la ciudadanía.

¿Consenso socialdemócrata?
Fernando Paz gaceta.es 20 Febrero 2017

Una de las evidencias palmarias de la política europea en nuestros días es el retroceso del socialismo. En ciertos sitios, ha desaparecido; en otros, se ha convertido en una fuerza residual, y apenas en un puñado conserva aún alguna cuota de poder -generalmente en coalición, y gracias-, mientras en los más sólo aspira a prolongar una agonía huérfana de todo horizonte.

La verdad es, sin embargo, que el socialismo ha muerto de éxito. Pero no, como suele repetirse, porque haya triunfado eso que algunos llaman con cansina insistencia “el consenso socialdemócrata”, que a lo mejor también (¿existía alguna alternativa realista a la construcción del Estado de Bienestar en Europa después de 1945?)

El socialismo ha triunfado porque ha impuesto su visión del mundo y su concepción de la existencia. No puede reconocerse sin admiración que ese triunfo -a través de la seducción que destila el mal- lo ha obtenido sobre la propia naturaleza y sobre creencias sostenidas durante milenios, aunque otra cosa, acaso, sea la duración de dicha victoria (y el daño que, entre tanto, pueda producir).

En definitiva, el socialismo ha triunfado porque ha impuesto su filosofía, porque los partidos conservadores, los demócrata-cristianos y los liberales –estos, claro, los que más- han asumido como propio el discurso pansexualista y hedonista propugnado por aquél, y lo han hecho con el entusiasmo del aspirante dispuesto a enviar a la lona al vetusto campeón.

Por eso, el triunfo socialista no debe llevarnos a la errónea creencia de que es la socialdemocracia la sustancia de lo que ha triunfado.

Lo que venía resultando más rechazable de la socialdemocracia era su intolerable intromisión en el ámbito privado, pero eso, justamente, es lo que hoy todos comparten. Temo que los actuales detractores de la socialdemocracia estén pensando en otra cosa cuando realizan su exordio contra el “consenso”. Básicamente, en abominar de su apuesta por las políticas sociales, cometiendo, como poco, una gran equivocación, al tiempo que desperdician una gran oportunidad.

¿Consenso socialdemócrata en la España de hoy? No parece que en un escenario de desregularizaciones y reformas, de supresión –por franquistas- de las ordenanzas laborales que protegían al asalariado, de los módicos despidos y la contratación basura, de las crecientes privatizaciones, de la precariedad, de las etetés, y de los sindicatos amaestrados, podamos hablar en serio de “consenso socialdemócrata”.

Pues con parecida justeza podría hablarse, en su lugar, de “consenso neoliberal”, que viene a ser un proyecto teledirigido de globalización en el que el poder adquisitivo y los derechos de los asalariados se han pulverizado en favor de proyectos mundialistas (más recientemente concretados en las masas de desheredados a los que se ha impulsado con plena conciencia a emigrar) y que destruyen las identidades de los pueblos y todo sentido comunitario.

Los socialistas están, por supuesto, en ese proyecto, y de hecho, son sus principales impulsores. ¿Es tan risible como podría parecer a primera vista el que hayan transferido su militancia desde el internacionalismo proletario al capitalismo transnacional?

El fracaso del socialismo como partido no es consecuencia, como algunos pretenden, del mantenimiento de las viejas políticas sociales, sino de su abandono. Cuando se acusa a todos los partidos de compartir cierta forma de socialismo –un diagnóstico algo maniático- se ignora que son las políticas sociales, tanto como las experiencias comunes compartidas, sobre lo que hoy se construye la nación.

Sea socialdemócrata, sea neoliberal –o hasta las dos cosas a un tiempo-, lo que verdaderamente caracteriza al discurso único del consenso es la orquesta zombi que ejecuta la melodía.

La paradoja del asunto es que, no pocas veces, quienes atacan ese “consenso” son, precisamente, quienes abrazan con un característico fervor de conversos el núcleo duro de su filosofía.

La Infanta, a devolver
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 20 Febrero 2017

No entiendo cómo la máquina del elogio político y la trola mediática pide, con extraña insistencia institucional, que la Infanta Cristina renuncie a sus derechos dinásticos. Los mismos que sostienen el triunfo del Estado de Derecho y la apoteosis de la presunción de inocencia se empeñan en que alguien cuya inocencia, dicen, ha quedado demostrada, cuyo mérito inmaculado ha sido atacado infructuosamente por el fangoso juez Castro y la sucísima representante de Manos Limpias que usurpó el papel acusador que la Fiscalía, obedeciendo a Rajoy -"a la Infanta le irá bien"- se negó a desempeñar, esos mismos que celebran el triunfo de la virtud de la Infanta, le piden que renuncie al sexto puesto en la sucesión en la Corona de España.

Me parece intolerable que pidan que la Infanta devuelva lo que es suyo después de esa sentencia justísima, que no justiciera, que condena al pueblo español a devolver 300.000 euros de la fianza que Castro le impuso. Un juez al que atacó la Zarzuela dentro de la "irreprochable actitud" de la Corona (Campechana, mas Corona) que hoy aplauden casi todos los partidos y medios anejos. Una Zarzuela que respaldó abiertamente la tesis de Horrach, según la cual Cristina era una enamorada como canta Shakira: "Ciega, sorda, tonta y muda". Y ello, pese a su esmeradísima educación, gozosamente sufragada por todos los españoles: idiomas, Ciencias Políticas, máster en algo internacional, treinta años en La Caixa (aunque engañada: le dijo al repelente Castro que no sabía lo que era una cuenta corriente), más dos en régimen ganancial con Urdanga en Telefónica, tres en la Fundación Jaguar, digo Aga Khan, y otros avales intelectuales. Ser tonta analfabeta está al alcance de cualquiera. Con ese nivel académico, tiene un mérito enorme.

¿Y el valor moral? Supo que el Duque de Em-Palmado tonteaba con una que le llamaba "ojos azules", y, según la sentencia, sabe ahora que la engañó vilmente, la hizo vivir como millonaria sin tener ingresos y la forzó a comprar y habitar un palacete, más dos casas, la nave y la pasta fuera. ¡Y aun así, mantiene su matrimonio en régimen de gananciales!

Después de lo que ha sufrido, aunque la sentencia le haya salido a devolver, creo que en vez de renunciar a sus derechos, debe acrecentarlos. Roca, cuando deje de levitar, le dirá cómo. Y cuánto.

Todo vale para los falsos demócratas
Se ha puesto de moda saltarse las leyes a la torera para desafiar la democracia
Miguel Massanet diariosigloxxi.com 20 Febrero 2017

Sé que lo que voy a comentar no me va a granjear más amigos ni, posiblemente, merecerá las felicitaciones de quienes tienen un concepto muy distinto sobre la palabra democracia del que, mi experiencia de muchos años, me ha enseñado a respetar, un pensamiento que se puede resumir en aceptar como menos malo y, posiblemente más sensato, lo que las mayorías han decidido que puede ser más beneficioso para el país aunque, existan intentos fraudulentos que intentan demostrar que sumando ovejas, leones y jirafas se puede conseguir una mayoría, sólo de número,(no de comportamientos, instintos ni métodos de supervivencia) que pueda sustituir a lo que fuera una mayoría de cebras que superase al número de ovejas, leones y jirafas considerado de forma independiente para cada tipo de animales. Queremos decir que, esto de juntarse partidos con distintas ideologías, incapaces de entenderse entre ellos, con ideas diametralmente opuestas respecto a importantes temas y problemas que afectan a la ciudadanía, sólo con la intención de impedir que, el que más votos consiguió de todos ellos, no pueda gobernar, ateniéndose a la falsa idea de que, los que no piensan como ellos no tienen derecho a gobernar el país, aunque una mayoría los consideren aptos para ello.

Unos, a esta clase de sujetos, los llamamos absolutistas y otros los califican de totalitarios, pero, en uno y otro caso, no son más que verdaderos cánceres que intentan acabar con la idea genuina de la democracia tal y como fue concebida en su origen, por quienes la eligieron como la mejor forma de gobierno posible. En realidad, lo que está sucediendo en estos momentos de inestabilidad política por los que está pasando gran parte del mundo que calificamos como “civilizado”, se debe a una minusvaloración de los regímenes democráticos que está afectando a un número de países en los que han irrumpido, con fuerza las ideas de un neocomunismo; reavivado, principalmente, por las consecuencias de más de siete años de crisis que, para muchos, se ha debido a que los gobiernos democráticos han sido incapaces de afrontarla de modo que las clases obreras, entre las cuales se viene incluyendo a la clase media, han salido muy perjudicadas mientras que, para los que sostienen estas ideas, los “ricos” los grandes empresarios han conseguido sobrepasarla sin grandes daños para su statu quo personal.

Es cierto que quienes así opinan se olvidan de los cientos de miles de empresas que tuvieron que cerrar, los millones de empresarios autónomos que se quedaron sin trabajo y la multitud de puestos de trabajo que, debido a las circunstancias de la crisis, se perdieron precisamente porque los empresarios no pudieron soportar las pérdidas originadas por una situación de estancamiento de la demanda tan prolongada. Fuere como fuere, quienes han intentado romper las reglas del juego, quienes han achacado al libre mercado y al “capitalismo”, entendido como un tipo de situación en la que los “ogros” empresarios se dedican a apabullar, robar y aprovecharse de los “indefensos obreros”, sólo por el gusto de hacerse cada vez más ricos; han venido haciendo su agosto inculcando a quienes se han dejado seducir por sus peroratas cargadas de tópicos, inexactitudes, imprecisiones, falsedades y frases hechas, todas ellas cargadas del virus del odio y de la ojeriza hacia los emprendedores, gracias a los cuales el mundo ha conseguido alcanzar las cotas de progreso, civilización, adelantos y nivel de vida de los que gozamos.

Nadie se fija en la cantidad de puestos de trabajo que, gracias al sistema capitalista, se crean ni tampoco considera los millones de personas que consiguen crear una familia y vivir dignamente mediante los sueldos que perciben de las empresas en las que desempeñan sus oficios o profesiones. Apenas los gobernantes de la derecha española, a costa de verse mal vistos por todos los que se han visto perjudicados por sus medidas restrictivas y también, por qué ocultarlo, por las campañas que toda la izquierda española ha impulsado en su contra, en lugar de apoyar la única política que era posible llevar a cabo, si no querían verse afectados por la quiebra que amenazaba la economía española y que, el señor Rodriguez Zapatero, se empeñó en ocultar a los españoles para no perjudicar a los socialistas. Pero, señores, en España tenemos nuestra propia parcela de pruebas políticas, desarrollo de intentos revolucionarios, de ensayos de restablecer lo que fue, en su día, aquella república del Frente Popular, en la que los dislates estaban a la orden del día, las injusticias se prodigaban, la inseguridad jurídica de los ciudadanos los mantenía en continua alerta y las libertades individuales proscritas, mientras la seguridad personal y la vida de las personas se había convertido en una especie de ruleta en la que, el salir a las calles, se había transformado en una aventura, de la que nadie sabía si iba a salir indemne.

Cada día, en Cataluña, se llenan las calles para protestar contra algo o para pedir imposibles, sin que haya nadie capaz de impedir que, en ciudades como Barcelona, los que han decidido vivir sin dar golpe, ocupar las viviendas de otros, protestar en contra del turismo ( uno de los más saneados negocios de los que goza la capital catalana), robar a los transeúntes o atracar bancos, sean convenientemente erradicados e ingresados en las cárceles; porque lo que, de verdad, existe es una Administración en la que campan por sus respetos verdaderos antisistema que salieron de las protestas callejeras, de los antidesahucios y de los minoritarios partidos de la extrema izquierda que, no obstante, han conseguido imponer su ley en el Parlamento catalán. Pero, lo que sucede es que, junto a esta izquierda frente populista, existen otros grupos, no menos peligrosos, que intentan por todos los medios a su alcance, el convertir Cataluña en un país independiente, alejado de España y dispuesto a dar la campanada sediciosa a la menor oportunidad que el Gobierno central les diese.

Acabamos de ver una manifestación muy numerosa. Alguien dice que fueron 160.000 (aunque ya se sabe cómo se valoran estos acontecimientos según sean vistos objetivamente o sean los interesados quienes den las cifras) insistiendo en esta idea, promovida por las izquierdas (que ven en ellos un magnífico caldo de cultivo para conseguir votos), de que en España nos tenemos que convertir en el lugar de acogida de todos cuantos refugiados, inmigrantes, buscadores de trabajo y huidos de países que no son capaces, a pesar de su riqueza natural, de mantener a sus oriundos en un nivel decente de bienestar debido a que, los dictadores que los gobiernan ( la mayoría de procedencia comunista), se quedan para sí todas las ayudas que les envían los países del mundo que se considera civilizado y, en lugar de repartirlo entre los necesitados, mantienen a sus ciudadanos en el nivel de la pobreza, facilitando su desplazamiento a otros países para evitarse problemas de reclamaciones y protestas en sus propias naciones.

Cuando veo multitudes como éstas, variopintas, llenas de agitadores y activistas encargados de crear un ambiente de protesta, se me ocurre lo fácil que sería que, el Ayuntamiento o la Generalitat, pusieran a disposición de los ciudadanos unos impresos en los que, todos aquellos que tanto insisten en que los inmigrantes se apoderen de nuestro país, se comprometieran a recibir en sus hogares a una o varias de estas personas, que piden que las acojamos. Luego, cuando hubieran transcurrido unos meses, se volviera a hacer una encuesta en la que se comprobara lo que ha sucedido en aquellos hogares en los que se recogieron a algunos de estos recién llegados. Sería importante saber los resultados. A propósito, conviene recordar lo que está sucediendo en el sur de España, en ciudades fronterizas como Ceuta y Melilla. En un solo día (9 de febrero) entraron en Ceuta, forzando las puertas y saltando la valla 438 inmigrantes subsaharianos; todo ello en una segunda intentona que la semana anterior había fracasado.

Como avanzó el señor Pablo Iglesias de Podemos, el propósito de estos comunistas bolivarianos es el de tomar las calles mediante manifestaciones, algaradas, marchas de protesta, ocupaciones y cortes de tráfico, para forzar a las autoridades a que se vean obligadas a negociar y a ceder, en su caso, aunque las leyes las amparen y los que intentan extorsionar estén manifiestamente incumpliendo la ley. Una táctica que ya se está poniendo en práctica y que tuvo una de sus pioneras en la alcaldesa de Barcelona Colau que, por si alguien no lo recuerda, fue la gran impulsora de las actuaciones antidesahucios, siendo la primera en ser arrastrada por los suelos por querer impedir la acción de la Justica. Una observación al respecto: esta señora, hoy desconocida, le ha cogido gusto a la vida burguesa y, miren por dónde, no le hace ascos a salir en revistas de moda exhibiendo su embarazo o presumiendo de sus peinados. Resulta gracioso y, a la vez, irritante, que estos que presumen de comunistas, que piden que los ricos repartan sus riquezas, en cuanto consiguen hacerse con su “rinconcito”, no les parece mal gastarse el dinero en gastos superfluos cuando lo lógico, en personas que presumen de comunistas, sería que repartieran sus ganancias con el resto de ciudadanos que siguen estando necesitados de ayudas.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, les diré que duele ver cómo, quienes piden que el Gobierno se haga cargo de gastos que no está en situación de asumir, debido a que nuestra deuda pública está muy cerca del PIB y, en consecuencia, en la necesidad de ajustarse a los gastos presupuestados; lo hacen desde la perspectiva de aquellos que quieren continuar viviendo sin pagar más impuestos ni que se les imponga una tasa especial para mantener a unos señores que vienen sin tener un trabajo, que tendrán que espabilarse para coger el que sea que se les ofrezca, aunque no tenga protección social y sea ilegal. Es muy fácil ser magnánimo con el dinero de los demás y caritativo con el del Estado que, en definitiva, es el que pagamos todos con nuestros impuestos, aunque, como seguramente ocurre, los que salen a las calles a protestar en contra del gobierno sean aquellos que no pagan ni un céntimo al erario público y viven a su costa.

Cien mil payasos y sesenta mil tontos útiles
Ramiro Grau Morancho.  latribunadelpaisvasco.com 20 Febrero 2017

Abogado. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Siento decirlo, pero la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo.

Yo solo doy aquello que me sobra; llámenme egoísta, pero es lo que hay.

O, aunque no me sobre, no me importa compartir con la familia, los parientes, los amigos, y con cualquier español que tirite de frío en una esquina, o no tenga algo que llevarse a la boca.

No hablo de mis aportaciones a otras personas, pues creo es demagógico e hipócrita. Creo que dice el Evangelio que lo que des con una mano no debe saberlo la otra, o algo parecido… Aquellas personas que se vanaglorian de lo mucho que ayudan a los demás siempre me han parecido absolutamente falsas y presuntuosas. Como dice el refrán, dime de que presumes y te diré de qué careces. Pues eso mismo.

Leo en la prensa digital que 160.000 personas se han manifestando en Barcelona a favor de los refugiados, y denunciando que en España “únicamente” se admite a un 30% de los que piden asilo o refugio. La verdad es que a mí la cifra me parece muy elevada, excesiva, y estoy seguro de que dentro de ese 30% se están colando muchos terroristas y maltratadores de mujeres, por ejemplo. (En esto coincido con el Cardenal Cañizares, a quien todo el giliprogresismo puso a parir, a pesar de que tenía más razón que un santo).

Quiero suponer que de esas 160.000 personas, 100.000 son pijos-progres, izquierdistas de salón pero burgueses en la intimidad, y el resto, 60.000 personas, son tontos útiles, el acompañamiento coreográfico de las izquierdas, los típicos imbéciles herederos del buenismo zapateril: la tierra sólo es del viento, todos somos hermanos y yo quiero ser Consejero de Estado, pues soy tonto perdido, y de algo tengo que vivir. (Y el tipo lo consiguió, obviamente cambiando la Ley para dar acogida en el mismo a los ex presidentes del gobierno). Tonto, tonto, pero de los que fabrican relojes, es decir, siempre pensando en su propio beneficio.

El problema de los refugiados tiene fácil solución: que esos 160.000 manifestantes acojan en sus casas a un refugiado, por supuesto a pensión completa: desayuno, almuerzo, cena y cama.

Y como quiera que los refugiados son personas, y también tienen sus necesidades, les permitan compartir a su esposa o a su marido, o a alguna de sus hijas, para que les atienda en sus “necesidades básicas” y humanas, porque aquí todos somos muy humanos.

Pero no, da la casualidad de que estos “solidarios” de boquilla lo único que quieren es que “papa Estado” se haga cargo del sostenimiento de todos los refugiados, de forma permanente, pues han venido a vivir de nosotros, que no es lo mismo que con nosotros.

En ese caso, parece evidente que tendremos que opinar todos los españoles, no solo los 160.000 manifestantes. Y yo voto que no. Que se vayan por donde han venido, que aquí nadie les ha invitado.

O, alternativa y subsidiariamente, como decimos los juristas, que se obligue a todos y cada uno de los manifestantes a hacerse cargo de un refugiado, a pensión completa, y de forma permanente.

Seguro que a la próxima manifestación acudirían menos payasos, tontos útiles incluidos.
www.ramirograumorancho.com


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El choque de trenes secesionista es inevitable
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 20 Febrero 2017

Cada palo habrá de aguantar su vela ante la historia. El PSOE es cómplice y responsable directo por acción de la fragmentación a la que está abocada España. El PP es responsable por omisión, o más bien por cobardía en ese “proceso”.

No solamente es Cataluña, aunque sí es el motor que guía el despedazamiento de nuestra patria. También está ocurriendo en Valencia, Baleares, Galicia, y País Vasco. Sobre todo, en esta última comunidad no es que se esté abogando en primera línea por la ruptura, pues en este momento el protagonismo y la batuta están en el lado catalán, pero se está a la espera para el momento propicio dar el último hachazo a lo que nos queda de unidad constitucional. Lo sabe hasta el más ignorante, otra cosa es que se mire para otro lado con más o menos disimulo. Y el hilo que guía ese desarrollo es el de las lenguas regionales como vehículo para desplazar y eliminar el español en las sociedades a las que se les somete a una inmersión lingüística que empieza por la escuela y terminará en el resto de la vida económica y social de esas tierras invadidas por lo rústico, lo pueblerino; por la falta, en suma, de cosmopolitismo y enfoque amplio de la vida.

Lo ve cualquiera salvo nuestros políticos, que huyen de los problemas y evitan así los compromisos audaces.

Si en su día se hubiera canalizado este problema, y medios había para haberlo hecho, no se habría llegado a una situación como el fenómeno paradigmático de que parte muy activa de la sociedad catalana bajo la dirección subversiva de la secta secesionista que gobierna la Generalitat, insulte y amenace a la fiscal jefe de Barcelona, hecho inaudito en cualquier democracia con un mínimo de ingredientes que la legitimen. ¡Sin que suceda nada! ¡Sin consecuencias! ¡Es simplemente sorprendente y rocambolesco!

Tampoco, como ya escribí en mi anterior artículo, se permitiría la impunidad en el acoso que sufre una de los testigos, Dolores Agenjo, por haber cumplido su obligación cívica.

Tampoco se consentiría que el “caso Faisán”, en el que unos policías, con órdenes supuestamente expresas, fueron conniventes con el entramado de extorsión de ETA, se hubiera quedado en el limbo sin desentrañar los responsables de aquella decisión patética y, sorprendentemente absurda e ilegítima, en un Estado de Derecho, con una impunidad que me llena de perplejidad.

Puigdemont persiste en su intención de celebrar el referéndum y reta al Estado a impedirlo, sugiriendo un enfrentamiento que va más allá de lo meramente declarativo.

En definitiva, se ha llegado a un punto en el que el choque de trenes es inevitable y si queremos salvar la democracia tendrá que aplicarse el artículo 155 de la Constitución, cosa que habría sido evitable si se hubieran articulado medidas para que el nacionalismo no se extendiera, es decir si se hubiera impedido por la vía de los tribunales y la acción de la Alta Inspección de Educación, -y no lo olvidemos la acción de la fuerza legítima del Estado- el adoctrinamiento que se ha realizado sobre la población, aprovechando la inmersión lingüística que ha erradicado el castellano de la aulas; incluyendo en esta actuación a comunidades autónomas como Baleares, Galicia y Valencia.

Llevo décadas argumentando con todo un bagaje de pruebas documentales y empíricas que las lenguas regionales utilizadas por el nacionalismo llevan a la secesión. Ningún político con responsabilidades de gobierno, hasta ahora, me ha hecho el más mínimo caso. Lo he predicado en el seno del Partido Socialista hasta la extenuación. Se lo he dicho a aquellos a los que he tenido acceso del Partido Popular. He escrito decenas de artículos sobre esta cuestión sin tener ni una sola réplica o contradicción a mi argumentario. Siempre el silencio ha sido mi eterno acompañante. Y ahora tenemos por delante un órdago que va a tener muchas salpicaduras sobre el entramado jurídico-constitucional y político, y no va a salir gratis la puesta en marcha de las medidas necesarias para restablecer el orden institucional, jurídico y político. Y eso tiene responsables concretos.

Por ejemplo, responsables como los socialistas Puig y Armengol que se alían con los secesionistas catalanes en el desafío al Estado, sin que hayan sido corregidos por los órganos rectores de su partido.

Por ejemplo, responsables como el presidente del Gobierno español, que se ha dedicado a comentar los hechos en lugar de gobernar al país haciendo frente a la secuencia de desafíos directos y expresos que se han producido hasta ahora, sin un solo atisbo de determinación concluyente con este proceso que culminará, si nadie lo impide, con un referéndum de separación. Y si se impide, se hará in extremis y con el cuerpo de nuestro Estado constitucional ya exánime.

Responsable el principal irresponsable que produjo este desenvolvimiento de sucesos cuando afirmó que lo que decidan los catalanes se cumplirá y que “la nación española es un concepto discutido y discutible”. Me refiero, como todos ustedes saben, queridos lectores, al “cerebro gris”, al inefable e irrepetible Zapatero.

En definitiva, nuestra democracia española está enferma, en eso estoy de acuerdo con Puigdemont. Es en lo único que coincido con él.
Mientras tanto el acoso a las familias que piden más español en las aulas sigue siendo implacable. Lo dice Sonia Sierra, diputada de Ciudadanos. Por fin alguien con presencia institucional es capaz de escapar de la moqueta y poner los pies en la realidad.

“[…] Por si fuera poco, una vez que consiguen [los padres] hacer valer sus derechos en los juzgados, suele empezar el verdadero calvario. Es tal el calvario al que se les somete a estas familias, que en la mayoría de los casos acaban por renunciar lo que la justicia les ha dado, y, en no pocas ocasiones, acaban incluso cambiando a sus hijos de centro escolar.

Hace mucho tiempo que estamos denunciando esta situación y, hasta ahora, todo lo que habíamos conseguido había sido una retahíla de descalificaciones que suelen ir del socorrido ‘facha’ hasta los típicos ‘queréis dividir la sociedad catalana’ o ‘queréis que desaparezca el catalán’. Y, por supuesto, ni la más mínima empatía por esas familias señaladas, por esos niños a los que dejan de invitar a cumpleaños.

[…] La resolución del sindic de freuges que, entre otras cosas, insta al Departament d’Ensenyament a que ‘se den instrucciones para que en el futuro en situaciones similares se asegure la protección de los derechos de todos los alumnos y el cumplimiento de los principios de pluralismo, inclusión y cohesión social’ es una victoria moral pero no podemos seguir exponiendo a los menores y sus familias a este tipo de situaciones. Seguiremos trabajando para que todas las opciones sean respetadas y seguiremos volcando todos nuestros esfuerzos en proteger a los menores que, a día de hoy, no están protegidos en Cataluña”. Y yo añado, ni en el País Vasco, ni en Valencia, ni en Galicia a pesar de que gobierna el PP, ni en Baleares…

De todas formas, ¡¡¡Bravo!!!, por Sonia, Diputada de C’s. Por fin alguien con predicamento público habla al respecto. Ahora lo que toca es que C’s pase de las palabras a los hechos. Pero eso es otro cantar. No deposito ninguna esperanza en esa expectativa.

Sigo esperando.

Retirar el referéndum, la única vía
Editorial La Razon 20 Febrero 2017

La idea de «tercera vía» en política apareció en los años 90 como una fórmula para hacer compatible soluciones de la tradición liberal y de la socialdemócrata. La cosa se complica cuando no se comparte el mínimo consenso político y una parte quiere deslegitimar el orden constitucional. En el respeto al Estado de Derecho no hay equidistancia posible: o se está a favor o en contra. De ahí que hablar de «tercera vía» para solucionar el desafío independentista es falsear el verdadero problema que está planteando el nacionalismo catalán: la construcción de un Estado propio pasando por encima de la soberanía del conjunto del pueblo español.

Conviene dejar claro para no cometer errores que la única vía es la retirada por parte de la Generalitat de la propuesta de referéndum aprobada por el Parlament el pasado 6 de octubre y que el Tribunal Constitucional ha suspendido. Es decir, hay que restablecer la legalidad como única vía para una diálogo productivo y asentado en bases leales. Hace unos días, Artur Mas habló en una conferencia en Madrid de que entre «nuestro Estado o quedarnos como estamos», puede haber «algo en medio», y ese algo ignoto lo debe «proponer el Estado español». De ahí a que el ex presidente de la Generalitat esté ensayando una posición más moderada hay una enorme distancia.

Mas no tiene credibilidad política alguna y sus palabras nos resultan una pura falacia, incluso una mera estrategia para situarse de nuevo en el tablero político catalán, sobre todo cuando tras la misma conferencia llegó a hablar de que el Estado está preparando un plan para «intervenir» en Cataluña. ¿Es eso la «tercera vía»? Insistimos, todo indica que Mas está actuando como posible candidato a la Generalitat para resarcirse de su enorme fracaso político y conseguir con los votos lo que la «justicia española», según sus propias palabras, le ha arrebatado.

El Gobierno ha basado la llamada «operación diálogo» en fortalecer sus vínculos con todos los sectores de la sociedad catalana y dedicarse a actuar en la política «no identitaria», terreno enormemente improductivo en el que el nacionalismo catalán es avasallador y actúa sin ahorrar medios. La única política que cabe aplicar es la de hacer funcionar a la sociedad, la que parte de problemas reales y tiene soluciones efectivas, posibles y presupuestadas. Ése es el mejor diálogo que se puede establecer con Cataluña, por lo menos por ahora.

El Gobierno ha estudiado las 45 peticiones que el presidente de la Generalitat presentó el pasado abril; todas son asumibles, o por lo menos se pueden negociar porque hablan de infraestructuras y competencias, política, al fin y al cabo, menos la última: la realización de un referéndum independentista. Hay sectores dentro del nacionalismo que están convencidos de que la secesión es un plan irrealizable, por lo menos en los plazos inmediatos en que sus líderes lo están vendiendo, que el coste social es altísimo, que la ilegalidad del «proceso» es insensata, llevando a la radicalización antisistema al viejo votante más moderado.

Algunos acontecimientos acaecidos en las últimas semanas han dejado al independentismo como un movimiento que está demostrando estar peligrosamente fuera de la realidad: el demencial Estado que, según el ex senador Vidal, se está construyendo; el aislamiento internacional y la negativa de Bruselas a aceptar la segregación dentro de un Estado miembro y el espectáculo antidemocrático que Mas ofreció en su marcha hasta el TSJC. No hay más vía que aceptar las reglas del juego. Optar por el choque de trenes puede ser para la Generalitat una operación electoral, pero sin duda el coste puede ser demasiado alto.

Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas
Juan F. Arza vozpopuli.es 20 Febrero 2017

El gran Javier Pérez-Cepeda, fallecido prematuramente hace poco más de un año, era un arquitecto coruñés estimado por quienes lo conocían personalmente y por todos los que lo seguíamos en Twitter, red social en la que nos deleitaba con sus reflexiones y sentencias, la más conocida de las cuales es seguramente esta: “En cada generación hay un selecto grupo de idiotas convencidos de que el fracaso del colectivismo se debió a que no lo dirigieron ellos”.

En efecto, uno de los rasgos más exasperantes de la “nueva izquierda” es la incapacidad para comprender las lecciones de la Historia y para reconocerse en sus dramas y personajes protagonistas. Las nuevas generaciones izquierdistas defienden con ardor pueril lo que no son más que ideas viejas y desahuciadas, nos fuerzan a reproducir debates superados, y amenazan con provocar nuevos desastres. Para desarbolar su fraseología debería bastar con una pregunta: ¿en qué lugar y momento han funcionado las ideas que defienden? Pero los representantes de la “nueva izquierda” no son demasiado empiristas. Lo suyo es el debate de grandes ideas y principios, en donde alardean de bondad y superioridad moral sin verse forzados a demostrar nada.

En el interior de esa ensalada de siglas y personalidades llamada En Comú Podem se produce desde su origen un debate entre los partidarios de romper España y los de reformarla. Los netamente independentistas se unen al bloque nacionalista para reclamar una ruptura con el Estado español. Para ellos, una República independiente sería una oportunidad para hacer tabla rasa con el pasado y construir una sociedad “más justa y más igualitaria”, es decir, para llevar a cabo sin dilación sus experimentos de ingeniería social. Los segundos se declaran partidarios del “derecho a decidir”, pero están dispuestos a aplazar o atenuar sus reivindicaciones a la espera de un triunfo de sus ideas en el conjunto del “Estado español”; sueñan con un gobierno “frentepopulista” que reconozca la “plurinacionalidad del Estado”, y que permita ensayar inéditas formas de organización territorial. Ada Colau, líder de la cosa, lo ha intentado sintetizar: quieren un referéndum de autodeterminación para que Cataluña se convierta en un Estado, que después se confederaría (si quisiera) con el resto de pueblos del actual Estado español. ¡Toma ya!

Sin ser conscientes de ello, nuestros “colaus” reproducen el debate que a principios del siglo XX se produjo entre los defensores del “socialismo en un solo país” (Lenin, Stalin y otros) y los defensores de la “revolución permanente” (Trotsky). Cuando uno oye expresiones como “país de países”, “repúblicas confederadas”, y otras similares en boca de enemigos confesos de la democracia representativa, de la libertad individual y del capitalismo, no puede dejar de pensar en la URSS.

Syria is not Spain
JORGE BUSTOS El Mundo 20 Febrero 2017

Exageramos un poco cuando decimos que el hombre es un animal racional. No lo será tanto si se hace nacionalista. Claro que cada cual afronta como puede las dos desdichas seguras que incluye la vida: la muerte y los impuestos. La fe nacionalista aún no salva de la primera, pero promete la emancipación de los segundos. Y permite a un manifestante echarse a la calle convocado por el sufrimiento sirio y volver a casa reafirmado en la necesidad de un Estado propio, milagro que resolvería a la vez los problemas de los sirios y los de los catalanes.

El compromiso con los refugiados que justificó la manifestación de Barcelona parecía razonable: España -y por tanto Cataluña- puede hacer más. Puede por lo pronto cumplir con la cuota comprometida de asilados. Pero tan justo propósito quedó transubstanciado, por obra y gracia de la clerecía indepe, en pretexto de la enésima reivindicación de sí mismos, para estupefacción de Siria. El diputado Rufián proclamó: "Somos un pueblo de pueblos. La nueva república catalana será un país de todos y para todos". Donde la segunda proposición niega la primera y confirma nuestra sospecha de que Cataluña es todavía de unos pocos y para unos pocos.

Abundó en la paradoja el señor de Cuixart de Òmnium, para quien la manifestación demostraba el espíritu de acogida del pueblo catalán... que sólo la expresará del todo a través de un Estado propio. O sea, extranjerizando a la mitad de su población. Únicamente en la ciudad de los prodigios la defensa de la solidaridad puede convertirse en la defensa de la insolidaridad, en virtud de esa perversión sentimental que lleva al progre a poner el grito en el cielo por la doliente humanidad remota mientras a diario profesa la más blindada indiferencia -cuando no la intimidación activa- con el vecino que piensa y vota diferente. Sólo la religión puede explicar cómo una marcha por la integración del ajeno termina en solicitud de exclusión del propio. A ver si no se trata tanto de catalanizar sirios como de refugiar lejos de Cataluña a los catalanes que se sienten españoles.


 


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