AGLI Recortes de Prensa    Martes 21  Febrero 2017

El ansioso podemita.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 21 Febrero 2017

No ha tardado mucho en destaparse Pedro Sánchez y lanzar junto a sus huestes, tan radicales como él, su programa para un PSOE que lo que menos necesita en estos momentos es seguir el camino que este sujeto le marca. Tiene excesiva prisa y muchas ganas de revancha este soberbio ególatra que disfraza su ambición desmedida con mensajes populistas y demagogos emulando al que, en el fondo, admira por su poder. Es esta la segunda vez que, sin nombrarlo expresamente, se dirige a PODEMOS y propugna una alianza junto a los sindicatos para formar un Frente Popular que desplace del poder a la “derecha”. Y para ello, no duda en abrir nuevos frentes de discordia ofreciendo modificar en su esencia la Constitución asumiendo la mentira de que España es un país “plurinacional”, aludiendo al ambiguo, inapropiado e indefinido término de “nacionalidad” recogido en el artículo 2.

Pedro Sánchez es justo lo que no necesita España, al igual que tampoco necesita la radicalidad de Pablo Iglesias y de PODEMOS. Los españoles no necesitamos crispación, ni revanchismo, ni que se nos azucen los más bajos sentimientos enfrentándonos en disputas y reclamaciones que lo único que fomentan es la insolidaridad y la desunión en un objetivo común de país. Porque estos bastardos quieren hacernos confundir la multiculturalidad y la diversidad con una plurinacionalidad que lleva siglos olvidada desde que España se constituyó en un Reino único hace ya más de 500 años. Estos bastardos quieren confundir la división administrativa territorial de provincias y regiones, ahora convertidas en autonomías, en realidades nacionales y en pueblos diferenciados con derechos inalienables.

Estos son apátridas que además quieren disfrazarse de libertadores de una hegemonía de una tópica y maniquea derecha a la que culpan de los males que ellos mismos han provocado en la sociedad. Y lo más cínico es que se proponen como la solución. Eso sí, no avisan de que, en un país federal, donde nadie asegura la permanencia de todas y cada una de las autonomías, no habrá igualdad de derechos y homogeneidad en los beneficios sociales partiendo de una descentralización que no garantiza la solidaridad inter territorial. Lo que este mesías del caos pretende hacer es consolidar la desigualdad, la insolidaridad y debilitar la fuerza que España tiene ahora como una nación pujante dentro de la UE. Porque lo que no explica es que PODEMOS, su aliado de referencia, lo que pretende es sacarnos de la moneda única y de la UE con la excusa de recuperar la soberanía, pero solo para dividirla y diluirla.

Lo que Pedro Sánchez propone no es un programa social de progreso, sino un panfleto infecto que de aplicarse llevará a España a fracasar como Nación y a los españoles al empobrecimiento y perdida de las libertades conseguidas con tanto sacrificio. La ambición, el revanchismo y el orgullo de un solo hombre y su pandilla de sectarios negacionistas de la política de consenso, nunca puede ser el revulsivo que el PSOE necesita para reencontrar su espacio encuadrado en la verdadera social democracia, y no la que Pedro Sánchez pretende colar como “nueva social democracia”, que solo es una burda imitación del ideario bolchevique y estalinista practicado por su pretendido aliado PODEMOS.

Pedro Sánchez ha lanzado su carrera a toda prisa como si fuera un a prueba de velocidad en vez de lo que es en realidad, una carrera de fondo cuyo pistoletazo de salida aún no se ha dado por el partido, ni tampoco están todos los participantes colocados en la línea de salida. Y es que le puede el ansia, porque sabe que esta es su última oportunidad antes de desaparecer definitivamente de la vida política española o de integrarse en el partido que parece coincidir más con sus ideas, PODEMOS.

Los españoles podemos ser tachados de viscerales, de expresivos, de gentes de sangre caliente, de pasionales, con todos los topicazos al uso que otros perciben de nosotros. Pero lo que nunca seremos por mucho que se empeñen es ser radicales. De hecho, incluso cuando se nos ha herido salvajemente como pueblo con los atentados terroristas, hemos sabido responder desde la serenidad y nunca con la violencia. Pero lo que estos impresentables pretenden es llevarnos a esa violencia que nos enfrente y nos destruya. No debemos consentir que falsos profetas consigan lo que nadie ha conseguido hasta ahora. No necesitamos a sujetos tan radicales como Pedro Sánchez, ni Pablo Iglesias, ni Monedero, ni extranjeros advenedizos como Echenique que nos digan quienes somos ni lo que debemos ser.

¡Que pasen un buen día!

“Todo va bien”
Javier Benegas vozpopuli.es 21 Febrero 2017

Ralph Kauzlarich era el prototipo de militar obediente, con nulo espíritu crítico, que durante décadas fabricó West Point. En 2007, él y el batallón bajo sus mando, fueron destinados a Bagdad. Sobre el papel, se suponía que Kauzlarich iba a Bagdad para proporcionar seguridad en un sector ya pacificado. Su trabajo principal consistiría en coordinar proyectos de reconstrucción proporcionando seguridad y recursos a los líderes locales.

Lamentablemente, las cosas resultaron ser muy distintas a lo previsto por Washington. El sector asignado no estaba pacificado. Y las patrullas a menudo terminaban en violentos tiroteos, emboscadas o atentados. En cuanto a la misión de reconstrucción, la corrupción local era de tal magnitud que drenaba los recursos proporcionados a Kauzlarich a un ritmo insostenible. Tenía que sobornar a todo el mundo y, aún así, el material era sustraído sistemáticamente y lo que construían a lo largo de una semana, a la siguiente había sido desmantelado.

No había día en el que no se produjera un sabotaje, un tiroteo, un atentado o las tres cosas simultáneamente. Sin embargo, a pesar de que las emboscadas eran cada vez más cruentas o de que los atentados con artefactos explosivos causaban tremendas carnicerías entre la tropa, para el teniente coronel Kauzlarich “todo iba bien” siempre. Incluso, cuando en Washington ampliaron la permanencia del batallón en ese infierno de 12 a 15 meses, Kauzlarich se mostró públicamente satisfecho y dijo: “más tiempo para ganar”, añadiendo al final el “todo va bien” acostumbrado.

Hasta el último día de despliegue, y para desesperación de sus soldados, Kauzlarich continuó repitiendo “todo va bien”, incluso en los protocolarios funerales de los compañeros muertos o durante las visitas a los mutilados. Es de suponer que, a esas alturas, Kauzlarich sospechara que nada iba bien, pero seguramente ya no sabía decir otra cosa.

El síndrome de Hubris
Es muy probable que Ralph Kauzlarich padeciera el síndrome de Hubris, una afección que acecha a quienes ostentan el poder en el terreno militar, político, empresarial o religioso. “Hubris” tiene su raíz en la palabra griega ‘hybris’, que significa desmesura. Y alude a los actos crueles que cometían los poderosos y que les convertían en seres insensibles, prepotentes e irracionales. En In sickness and in power, David Owen analiza la estabilidad mental de algunos líderes, cuando, según la expresión de Bertrand Russell, el poder les intoxica. Para Owen, el comportamiento “hubrista” se delata en la excesiva confianza, tanto en los políticos como en líderes empresariales o militares, y concurren factores como el aislamiento y la autocomplacencia.

Para desarrollar este síndrome no es condición imprescindible ser incompetente, aunque en no pocas ocasiones se de esta circunstancia, sino creer que uno lo sabe todo y que siempre tendrá la situación controlada. Un líder afectado por el síndrome de Hubris puede tener efectos devastadores sobre la moral del conjunto de la sociedad y minar su confianza de forma irreparable.

Owen pone como ejemplo a George W. Bush, Tony Blair y Margaret Thatcher, por su conducta imprudente, mal juicio, delirio de infalibilidad y cierto entendimiento divino de la responsabilidad política. Y propone soluciones bastante discutibles para mantener a raya los excesos de los políticos afectados por el síndrome de Hubris.

Es probable que a muchos les venga a la cabeza Donald Trump, Marie Le Pen, Geert Wilders o Heinz-Christian Strache como potencialmente “hubristas”. Pero también se podría aplicar perfectamente a otros gobernantes en apariencia mucho más sensatos. Si nos atenemos a los síntomas descritos por Owen, la lista puede ser inquietantemente amplia, y señalar a políticos que a priori parecen equilibrados. Después de todo, el poder tiende a aislar a todos los gobernantes, tengan ideas mejores o peores, convicciones más o menos aceptables.

Por ejemplo, el teniente coronel Ralph Kauzlarich no era originariamente un mal comandante; tampoco insensible o cruel, sino más bien lo contrario. Aún así, terminó sucumbiendo al síndrome de Hubris. Es probable que en su caso la obsesión por cumplir una misión imposible tuviera algo que ver con su progresivo distanciamiento de la realidad. En el caso de otros líderes quizá ocurra algo parecido: que se impongan tareas imposibles de llevar a cabo, como le sucedió a Barack Obama, que al final se mostró alejado de la realidad y con cierta ascendencia divina, como si se considerase a sí mismo un político irrepetible, cuando en realidad fue un presidente del montón, aunque que sus acólitos lo nieguen.

En España, también nuestro presidente, Mariano Rajoy, demuestra un exceso de autocomplacencia y un alejamiento de la realidad muy preocupantes. A juzgar por sus palabras, diríase que se considera irremplazable e irrepetible. Y lo mismo cabe decir de sus adversarios y de los líderes secesionistas. Con todo, lo peor es que no solo son los políticos los que parecen estar afectados en alguna medida por el síndrome de hubris; muchos prohombres, periodistas, opinadores y ciudadanos viven de espaldas a la realidad, satisfechos de sí mismos, incapaces de articular la menor crítica cuando se trata de las causas e intereses que a ellos les convienen. Unos y otros, igual que Kauzlarich, repiten incesantemente la misma letanía: “todo va bien”, mientras la confianza entre españoles, lejos de fortalecerse, se deteriora de manera irreversible.

El "bizcochazo real"
Antonio García Fuentes Periodista Digital 21 Febrero 2017

El 18 de febrero entre las 19 y 21 horas, en “Mega TV” se transmitió un muy amplio informe o investigación, sobre el tan difundido caso “Nóos” cuyos principales protagonistas son el yerno (Urdangarin) y Cristina (hija menor) del ex rey de España Juan Carlos I, el que considero abdicó en el actual, empujado por este gran escándalo de corrupción nacional, protagonizado por los mentados y que considero es de los mayores escándalos ocurridos en España, en la época actual y después de “enterrada la dictadura del general Franco”.

El citado informe, que seguro está insertado en Internet y por tanto lo podrá ver y analizar aquel que quiera… contiene tal abundancia de datos e imágenes que abruma, puesto que en el mismo se dice que no ha terminado el caso, pese a los once años ya transcurridos y que el mismo está pendiente de otros juicios que afectan a los implicados y cara a impuestos y la Hacienda Pública española.

Unamos a todo ello, lo publicado en prensa a lo largo de esos once años desde que “saltó” a la vista de la opinión pública; a la abundantísima cantidad de implicados y las múltiples formas de “sacar dinero” de las arcas públicas a través de políticos “complacientes” y que atendieron a los estafadores, por cuanto fueron encabezados por nada menos que el yerno del rey; y por aquello de que “por ser vos quien sois”, quién es el guapo que se niega al negocio que proponía, “el tal yerno real”.

Tras dictar la sentencia, elaborada por tres magistradas de la Audiencia Provincial de las Islas Baleares, las condenas publicadas resultan algo así como en España significa la metáfora “del parto de los montes”; puesto que hasta lo que pidiera el fiscal del caso (“considerado por muchos más que como fiscal, como abogado defensor de “la pareja real”) se reduce de forma excesiva, y queda en sentencia carcelaria que visto cómo funcionan estas aquí “en ciertos casos”; “el yerno real”, puede entrar en la cárcel y, “en menos que acerrea un asno”, estar disfrutando de permiso de estar en la cárcel sin estarlo y prácticamente estar en la calle en muy corto espacio de tiempo. A la hija del Rey la declaran inocente (“entiéndase que por ser vos quién sois”) puesto que “la muy ignorante señora firmaba lo que le presentaba su esposo y no sabía nada de nada del muy productivo negocio de ambos”; cosa que imagino que no se la cree el más tonto de los mortales y por muchas cosas que “lo dice la propia deducción de las muchísimas cosas publicadas a lo largo del tiempo procesal”.

Por todo ello he titulado lo del “bizcochazo”, puesto que deduzco que todas “las cocinas” de las leyes españolas, habrán sido puestas al máximo rendimiento para “hacer la monumental bizcochada”, que nos han presentado a los españoles, ya demasiado “envenenados” por tantísimos otros “bizcochos”, que con este recibimos “nuevos venenos a acumular” y por tanto, a negar con toda convicción que aquello que el propio rey reinante nos dijo, en aquel mensaje de Navidad, que “la ley es igual para todos los españoles”; hay que echarse a reír a carcajadas bien sonoras y soltar el grito culminante de ¡“tururuuuuuuuuuu”!
Lo que sí es seguro es “la condena de desprecio total que el pueblo dicta aunque sea en ese silencio terrible que da la impotencia, pero aun estando en ella tiene el valor y la fuerza de una mucho mejor justicia humana”.

También que pese a lo que hagan, todo lo recoge la historia y estos hechos denigrarán aún más el periodo “reinante” de un rey de España, que ha reinado en una de las más corrompidas épocas de esta muy corrompida España a lo largo de su ya muy larga historia.

Y la peor de las sentencias que cae sobre todos los implicados, es las consecuencias dentro del seno de las familias, sobre todo en el devenir de todos esos menores de edad, los que por mucho que quieran aislarlos de todo, “las basuras les caerán encima de por vida” y de ellas y sus consecuencias no los librará nadie.

Y lo más terrible para mí; “se necesita ser idiota en grado sumo, meterse en esos berenjenales, personas que no lo necesitan para nada, ya que las vidas materiales, las tenían resueltas de por vida… “simplemente por aquello de ser vos quién sois”; por lo que se necesita ser tontos en extremo, el meterse de grado en esos fangos que ahora les llegan dos cuartas por encima del pelo de la coronilla”. Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes


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El referéndum que no se va a celebrar
Cristina Losada Libertad Digital 21 Febrero 2017

Hará dos semanas, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría dijo en el Senado de forma taxativa que "no puede celebrarse y no se va a celebrar" un referéndum de autodeterminación en Cataluña. En su respuesta a dos senadores, uno de Convergencia y otro de Esquerra, dijo además que tampoco se van a celebrar referéndums de esa clase en Baviera y en el Véneto. Yo, que no sabía que en Baviera hubiera una movida en pro de un referéndum separatista, he ido corriendo a informarme.

He visto, así, que el Bayernpartei, el partido más próximo a una reclamación separatista, no quiere levantar fronteras dentro de Alemania, aunque sí pretende mayor autonomía, y que sus resultados electorales son más bien simbólicos. De todo lo cual deduzco que la vicepresidenta metió en el saco a Baviera y al Véneto sólo para ampararse de la acusación mil veces repetida por los nacionalistas, y no por ello cierta, de que no dejarles votar la autodeterminación es antidemocrático.

Yo prefiero que, en lugar de ampararse, el Gobierno ampare la Constitución en el caso de que ese referéndum se vuelva a convocar en Cataluña, y es precisamente por lo que sucedió la primera vez que las palabras de la vicepresidenta pierden fuerza: se pronunciaron idénticas e igual de taxativas antes del 9-N, y el referéndum que no se iba a celebrar se celebró. De aquella manera, pero se celebró.

Qué hacer, la pregunta clásica, fue asunto de debate político y jurídico aquellos días, y aunque de nada sirvió, porque el simulacro se hizo, la opinión más extendida fue que no se debía aplicar el artículo 155 de la Constitución. Bueno, pues las cosas han cambiado. Y sorprende en qué zonas de la opinión están cambiando las cosas a favor de aplicar ese artículo de la Constitución, ya que son aproximadamente las mismas donde antes lo declaraban tabú.

Alfonso Guerra, por ejemplo, ahora lo ve mucho más claro que hace unos años: "No es fácil entender que Gobierno y partidos constitucionalistas no exploren" la posibilidad de aplicarlo, ha escrito en la revista Tiempo. O Juan Luis Cebrián, quien ha dicho en una entrevista en El Mundo que si el referéndum se convoca hay que prohibirlo, y si se ignora la prohibición, "el artículo 155".

¿Estaremos asistiendo a una normalización del artículo 155? ¿Al reconocimiento de que es aplicable y que aplicarlo no provoca el Apocalipsis? Los indicios aún no son suficientes como para afirmar que se acepta de manera generalizada que el 155 forma parte de la normalidad democrática. Ahora bien, de que se acepte, y de que el Gobierno esté por aplicarlo si es preciso, depende el desenlace del nuevo episodio del separatismo catalán. El desenlace, el nudo y la introducción, en realidad. Porque yo no sé si los independistas van de farol cuando dicen que convocarán otra vez, y pronto, otro referéndum que no pueden convocar. Pero es natural que piensen que el Gobierno va de farol cuando dice que no se va a celebrar. El precedente.

Ni rojos ni azules, Albert Rivera
Antonio Robles Libertad Digital  21 Febrero 2017

El congreso Ni rojos ni azules de C’s, celebrado en Coslada los pasados 4 y 5 de febrero, ha sido la culminación de un larvado empeño de Albert Rivera por sustituir el legado cívico que hizo posible el nacimiento de C’s en 2006 por uno personal. Que nadie se engañe, hoy Ciudadanos sólo conserva la carcasa, el aura mediática de aquella voluntad largos años reivindicada para hacer de los excluidos del nacionalismo ciudadanos de primera.

Tres impulsos, entre todos, fueron los que generaron su necesidad: la oposición al nacionalismo para lograr una sociedad posnacionalista plenamente democrática; segundo, la recuperación de los derechos lingüísticos de todos, y tercero, acabar con la corrupción económica (dos años antes se había destapado el escándalo del 3%) y política (era preciso sustituir al PSC, devolver a las clases más desfavorecidas el control de sus votos y su dignidad cultural). De ahí el ideario compartido entre el socialismo democrático y el liberalismo progresista. Y todo ello llevado a cabo con determinación formal, hacer de cada uno de los ciudadanos un líder, consciente, capaz, sin amos ni pastores. Ya habíamos tenido bastante con la élite catalanista del PSC pastoreando a la población obrera castellanohablante, mayoritariamente inmigrante, ninguneada, alienada, convertida en rebaño y utilizada para la construcción nacional. Ahora queríamos una organización consecuente con el valor de ser ciudadanos, y con la capacidad de gestionar por nosotros mismos las propias ideas e intereses sin caudillos propios ni chantajes morales ajenos. Estábamos empeñados en luchar por los derechos civiles.

Cuando brotaron de la impotencia el grito y la rabia: ¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!, o ¡toma tres, teve tres!, como respuesta a la tensión acumulada y arrastrada a lo largo de 25 años, la noche electoral del 2006, la determinación de los tres diputados arrancados a la supremacía del nacionalismo fue llevar ese espíritu al Parlamento. Y a fe que lo hicimos. Con coraje ilimitado y sin cálculos electorales. Era preciso hacer aflorar la discriminación lingüística, la exclusión nacionalista, la corrupción, y denunciar la pedagogía del odio contra España. La sugestión colectiva de una etnia incapaz de apreciar su propia intransigencia pronto tuvo que encajar intervenciones parlamentarias en la lengua que habían expulsado de las escuelas e instituciones y trataban como extranjera en los medios públicos de comunicación. Ya nunca más se atrevió nadie a dramatizar la salida del parlamento porque alguien se atreviera a hablar en español como ocurrió en 1996. En aquella ocasión, diputados de ERC y CiU salieron escandalizados porque el delfín de Vidal Quadras, Julio Ariza, se atrevió a improvisar su intervención en castellano. El escándalo fue mayúsculo (para más detalles, Hª de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña, págs. 351, 352 y 353). C´s lo hacía a diario en español y catalán con libertad y criterio propio, con la convicción de quien no vendería nunca su alma al diablo. Y cuando digo al diablo, digo a las encuestas, a las previsiones del equipo de comunicación del partido, o a las expectativas electorales.

Se empezaba a visibilizar una España borrada, y la pluralidad de la sociedad catalana negada por la identidad supremacista del catalanismo. De ese Ciudadanos ya no queda casi nada. En su lugar, se ha erigido una pirámide inmensa. Hoy C’s es Albert Rivera.

Para llegar hasta aquí ha sido preciso manosear las palabras para hacerles decir cualquier cosa con tal de justificar la renuncia a la beligerancia lingüística y el cambio de ideario. Ahora la necesidad de justificar el nuevo rumbo llega hasta a denigrar los principios fundacionales reduciéndolos a historia y convirtiendo el giro hacia el centro en el futuro. La letanía debía venir envasada al vacío por el área de Comunicación, por lo bien aprendida y sincronizada que la tenían los responsables oficiales del partido. Inés Arrimadas, nueva portavoz nacional de C’s, lo repitió en cuantos medios tuvo oportunidad cada vez que le preguntaban por su empeño en confundirse con el paisaje catalanista: "[El ideario de Ciudadanos] no es para pensar de dónde venimos, sino a dónde vamos, que es el futuro". Ya tenían la palabrería de mercadillo para ocultar la vergonzosa renuncia a las ideas que justificaron el nacimiento de C’s. Y lo que es peor, en un momento en que son más necesarias que nunca.

El ejercicio de clarificación política de este congreso, sin embargo, era puro maquillaje. En realidad, la renuncia a combatir la exclusión lingüística y lo de liquidar la socialdemocracia del ideario ya se ejercía de facto desde hacía dos años, en el primer caso, y desde la crisis de Libertas, en el segundo. La salida del partido de miles de militantes en 2009, escandalizados ante ese pacto, marcó el devenir de su presidente. No en vano, cuando sus adversarios políticos y los medios comenzaron a catalogar a C’s de marca blanca del PP, o de Podemos de derechas, llovía sobre mojado. Después del Congreso de Coslada, la cuestión será dilucidar quién tenía razón, si Pablo Iglesias cuando dijo "Albert Rivera no es de derechas ni de izquierdas, si no de lo que convenga", o liberales como Juan Carlos Girauta, que ha sostenido y defendido desde que fue fichado por Rivera que el partido se tenía que definir para hacerse con el espacio de centroderecha ocupado por un PP desautorizado por la corrupción. Nada que objetarle, nunca engañó a nadie, es un liberal consecuente; y precisamente por ello fue fichado por Albert.

Otra cosa bien distinta es si ese cambio de camisa de la dirección es honesto y eficaz para salvaguardar los derechos culturales, lingüísticos, laborales y nacionales en Cataluña, frenar sus delirios separatistas y servir a la regeneración política de España. Hay quien, como Pedro J. Ramírez, pone su pluma a disposición de un proyecto personal que no es lo que parece, aunque lo argumente y justifique aún mejor que sus responsables. Por el apoyo explícito que ha hecho al giro personal de Rivera, bien vale contrastar las ideas vertidas en su carta "C’s entre héroes y urnas" con una respuesta desde Cataluña. Imprescindible darle réplica a una de las personas que más ayudó a C´s a lograr sus primeros 3 diputados de aquel Ciudadanos épico, que ahora quiere descafeinado en la creencia de que son preferibles las urnas (éxito electoral) a los héroes (los principios). Es una cuestión de pundonor y dignidad cognitiva. Lo haré en un próximo artículo.

Si bien el abandono de la socialdemocracia cierra definitivamente toda posibilidad de recuperar al electorado del PSC, utilizado como carne de cañón del nacionalismo mediante el edulcorante tramposo del catalanismo, es la renuncia a la beligerancia lingüística lo que hace de C’s un instrumento caduco, inservible, incluso tramposo para recuperar los derechos en Cataluña y regenerar España. Inés Arrimadas ha sido la voz amable de ese abandono desde su coronación con 25 diputados en las últimas elecciones autonómicas. Fue una apuesta personal de Albert. Como todo lo que es angular en C’s.

Desde entonces, no ha perdido ocasión para borrar de su vocabulario la palabra inmersión, olvidarse de la beligerancia lingüística en la escuela y tender puentes al catalanismo de baja intensidad. Sólo el ruido estridente del golpe de Estado institucional le ha permitido simular la dejación, con su oposición al delirio. ¡Qué menos! Amparada en ello simula el vaciado, pero no oculta el vacío: "No hay una oposición más firme contra el separatismo en Cataluña que nosotros".Y con ello se justifica, sin darse cuenta que eso debería venir de serie en cualquier partido constitucional.

No se ha enterado de nada. No se trata de oponerse al independentismo, que también, sino a sus fundamentos y consecuencias. Sus fundamentos están cimentados en el adoctrinamiento escolar, en la exclusión lingüística, en la impunidad del 3% que garantiza la nación asediada, y en el incumplimiento de la ley. ¿Para qué sirve sacar pecho contra el separatismo, si mientras llega sus efectos reales están excluyendo cada día a más de la mitad de ciudadanos de Cataluña y levantando muros laborales al resto de los españoles? Ese es el independentismo real, el de cada día, no su amenaza, que tan bien le viene para justificar su silencio ante la inmersión o sus guiños al catalanismo de baja intensidad.

Se suma al olvido de los principios de C’s, en su caso, la ignorancia sobre la naturaleza del nacionalismo. En su último artículo de El Mundo, "El espíritu del 92" muestra una y otra cosa. La crítica a los excesivos barracones, al precio de los libros de texto y la escasez de becas de comedor es todo lo que se le ocurre cuando aborda los problemas de la escuela catalana. Ni una palabra de la segregación lingüística ni el adoctrinamiento escolar. Nada contra la inmersión y el fracaso escolar de los más desfavorecidos. Después el estriptis cognitivo con su admiración hacia una Cataluña olímpica, idílica, productiva y capaz que le lleva a escribir:

Corría el año 1992. Yo tenía 11 años y vivía en Jerez de la Frontera, donde nací y crecí (…) Yo recuerdo muy bien la admiración que siempre sentí por la que hoy también es mi tierra. Me fascinaba su apertura al mundo, su marcado europeísmo, sus oportunidades, la innovación de sus empresas y su patrimonio histórico y cultural (…) Hace 25 años de aquello y reconozco que entonces era inimaginable que se pudiera llegar a la situación política actual en la que la Generalitat nos ha metido a todos los catalanes.

Son esos lugares comunes que todos tenemos de la Barcelona de los años sesenta, setenta tan bien relatados por Mario Vargas Llosa y por Gabriel G. Márquez en artículos heridos por la nostalgia de lo que el nacionalismo se llevó; o por Federico J. Losantos, quizás el más prolijo y exacto en su retrato de esa Barcelona cosmopolita, con su libro La ciudad que fue. Inés no había nacido. Para cuando lo hizo ya no existía lo que a sus 11 años le vendieron de lo que la ciudad fue. En 1992, Barcelona ya solo era una granja escolar de nacionalistas impulsada por la ingeniería social ladina del honorable presidente de la Generalidad, Jordi Pujol. Por esos años se filtraba a la prensa el Programa 2000 del honorable, donde se diseñaba con detalle minuciosamente totalitario la total nacionalización de las conciencias de los responsables de los medios de comunicación, de escuelas y hospitales, consejos de administración de bancos y empresas, clubs deportivos, colegios profesionales, organizaciones cívicas o cualquier otro ámbito de la vida social. O sea, la doctrina que ya estábamos sufriendo de construcción nacional (se decía entonces, hoy, procés). En esos años insospechados para Inés, las madres de Salou se organizaban en una asociación (Cadeca) en defensa de la educación en lengua materna para sus hijos. Como ahora, pero peor. Fueron satanizadas, acorraladas, excluidas socialmente y agredidas. A la vicepresidenta la secuestraron, la llevaron a un descampado en su propio coche, le dieron una paliza de espanto y le quemaron el vehículo. Y a todas le hicieron la vida imposible. Mientras, en la escuela horneaban niños para el procés, la verdadera fábrica de independentistas.

No quiero ser prolijo (ya te entregué un libro que lo es), mientras tanto, repara en la réplica que te hace este militante de C´s de tu misma edad, aunque con una vivencia muy diferente a tu idílica versión de Cataluña:

En 1992, cuando yo tenía doce años, en mi colegio nos explicaban la Guerra de Sucesión como si fuera de Secesión, me contaron la Guerra Civil como si hubiese sido una guerra contra Catalunya (por supuesto, no me explicaron que Lluís Companys fue un golpista ni que firmó sentencias de muerte), me hablaban de países imaginarios como los Països Catalans como si de verdad existieran y, tal y como ocurría en la novela 1984 de George Orwell, en los libros de la escuela nos cambiaban el pasado y nos hablaban de la Corona Catalano-Aragonesa, incluso un profesor me dijo que yo no era un buen catalán porque simpatizaba con el Real Madrid. A mi hermano menor, que vivió un catalanismo 2.0 de mayor intensidad, le dijeron que ya no se llamaba Javier y que, a partir de ahora, se llamaba Xavi y trataron de cambiar su identidad para catalanizar su pensamiento.

Donde no había una posición más firme que la de C´s contra el nacionalismo hasta que llegaste tú era en la lucha por los derechos civiles y la recuperación de la libertad lingüística. Pero ninguno de esos derechos se han conseguido aún: la inmersión sigue intacta, las sentencias de los tribunales que obligan al Gobierno de la Generalidad a dar al menos un 25% en lengua española no se cumplen ni se hacen cumplir, las multas por rotular en español siguen aumentando y la limpieza lingüística de callejeros, instituciones y empresas es una manera sutil de desprecio y extranjería; las instituciones controladas por la Generalidad son más intransigentes cada día contra los derechos lingüísticos, nacionales y laborales de la mayoría de ciudadanos de Cataluña, el adoctrinamiento escolar y la pedagogía del odio contra España se camufla en libros de texto y se legitima a través de la instrumentalización política de la lengua propia. ¿Cuándo y dónde se ha logrado eliminar la exclusión cultural y lingüística para renunciar de manera tan vergonzosa a los principios por los que nació ciudadanos? Es como si la lucha contra la desigualdad de la mujer se hubiera abandonado antes de lograrse la plena igualdad, en nombre del futuro.

Pero no nos equivoquemos, Inés Arrimadas no es la causa, sólo el fenómeno. Como no son causa sino fenómeno sus colaboradores más estrechos. No lo es su jefa de prensa, Clara Melo, a pesar de su enfermizo temor a la mirada del nacionalismo; tampoco lo es el portavoz del grupo parlamentario en Cataluña, Carlos Carrizosa. Ni siquiera es causa de ese giro el mayor responsable de la sustitución de la doctrina de C’s por la ficción mediática que más convenga en cada momento, el jefe de comunicación del partido, Fernando de Páramo. Él, como todos los demás, son el fenómeno, la causa es Albert Rivera. Y si están ocupando esos cargos es porque Rivera los ha elegido expresamente para ellos. No los exime de nada, fueron elegidos porque tenían ese perfil y a él se han adaptado. Quien crea que Inés es un verso suelto y culpable de la dejación lingüística en Cataluña, que repare por qué Albert la ha nombrado portavoz nacional de C´s. No parece una decisión para desautorizarla, a pesar de las críticas que ha recibido por traicionar los principios de C´s, más bien parece que quiere reafirmar su deriva y, de paso, controlar la sintonía total con las decisiones de la dirección nacional.

Rivera necesita votos del catalanismo moderado para llegar a ser presidente de España. Nada nuevo que no hayan hecho antes PSOE y PP. Y ese espacio no tolera que se cuestione el modelo de escola catalana, ni que se toque la lengua. Por eso estamos así.

¿Hay alguna esperanza? ¿Hay alguna esperanza para que la política cambie las cosas en lugar de cambiar las cosas para hacer política? 125 delegados al Consejo General, todos de la candidatura de Rivera, no dejan lugar a dudas. Las minorías han sido obviadas. ¿No es paradójico exigir un lugar a las minorías en los Estados de Derecho y laminarlas en un partido? ¿No es sospechoso despojar al actual Consejo General de C’s de la autoridad para destituir al presidente, contraviniendo los anteriores estatutos? ¿Se imaginan un Congreso de los Diputados que no pudiera plantear mociones de censura al presidente del Gobierno? Con ese nuevo ideario, la gestora del PSOE nunca hubiera podido destituir a Pedro Sánchez.

¿Hay esperanza? A juzgar por las declaraciones de Fernando de Páramo invitando a dejar el partido a todos los que no sintonicen con el nuevo ideario y sean cargos electos, no parece que mucha: "Lo que a veces no se entiende es que alguien no esté de acuerdo con unas ideas o unos planteamientos concretos, pero sí esté de acuerdo en seguir manteniendo un sueldo y una serie de privilegios". Cuando uno "no se siente identificado con el proyecto, lo más honrado sería dejar el acta". Rediez con el rapaz, acaba de llegar y cree que el mundo empezó con él. De todas maneras, aplicándole el cuento, si él no estaba de acuerdo con la socialdemocracia, ni con la recuperación de los derechos civiles, por qué fichó por C’s, aceptó un cargo y no renunció al sueldo. Creo que, ahora mismo, si alguien está legitimado para seguir en su cargo es aquel que no ha renunciado al ideario con el que se presentó a las elecciones. Otro caso será en las próximas, pero hoy por hoy, cualquiera que deje el partido tiene el derecho de conservar su acta con más legitimidad, que él conserve la suya después de haber cambiado el ideario con que se presentó a las últimas elecciones. ¿O lo que pretende decir Páramo es que los que no pasen por el aro, puerta?

Lo peor no es que el grupo que controla el partido de forma absoluta tenga la voluntad de sustituir a Convergencia en Cataluña, lo peor que le pudiera pasar a quienes necesitamos una fuerza política que se enfrente al nacionalismo por los derechos civiles es que los representantes más visibles de la lucha sin cuartel contra el racismo cultural del nacionalismo aún en C´s quieran consciente o inconscientemente desempeñar el papel engañoso que Manuela de Madre o José Montilla hicieron en el PSC, de símbolos de la inmigración castellanohablante para retener el voto obrero hispanoblante del cinturón industrial. Porque en el actual C´s no tendrán más papel que ese. Hoy, C´s es una agenda de colocación, y quien se mueve no sale en la foto. Con esas credenciales, cada tuit atrevido, cada acto de coraje vertido en un comentario de Facebook sin respaldo real de la dirección, serían meras salvas para mantener al redil amansado y al votante engañado.

Ni rojos ni azules. Esa es la metáfora del giro de C's a Cs. Creo que Albert ha desvirtuado por completo el toque de frescura, tolerancia y eficacia, cuando en los inicios de C´s quisimos romper con el cainismo cerril de unas izquierdas y unas derechas guerracivilistas, encarceladas en sus propios dogmas, incapaces de apreciar y reconocer valor alguno en el contrario. Tratar de conciliar posiciones, salvar lo mejor de cada ideología, reconocerse mutuamente con respeto y adaptar sus respuestas a la realidad de nuestro tiempo, para nada elimina las ideologías, ni las miradas, ni las vivencias. Todavía hay ricos y pobres, todavía hay millones de personas a las que les angustia no encontrar trabajo mientras otros viven en la abundancia. Mientras haya ricos, gente acomodada y pobres, sueldos miserables, gente marginada y mucho paro, habrá lecturas y respuestas diferentes. Y todo eso no se puede solventar con la última ocurrencia de comunicación servida en una frase vacía en labios de un experto en retórica.

El malentendido catalán
Pablo Planas Libertad Digital 21 Febrero 2017

Sostiene Enric Millo, delegado del Gobierno en Cataluña, que hay reuniones entre representantes de Moncloa y de la Generalidad, contactos privados, citas secretas, encuentros en una tercera fase sobre la hipótesis de un acuerdo que satisfaga tantísimo a los separatistas que renuncien al programa nuclear del "referéndum o referéndum". Por la propia naturaleza de los hechos, Millo no pudo ser más concreto a la par que menos discreto. El Govern lo niega todo y la sección catalana del PP, casi todo. Creen que los ciudadanos se cayeron ayer de un guindo, se chupan el dedo y van con un lirio en la mano. ¿Pues cómo no va a haber contactos? Cataluña es un hervidero de conspiradores, un nido de agentes dobles, enviados especiales, comisionados, comisionistas, mediadores y mamporreros.

Convendría al Gobierno que el bloque separatista se apeara del maximalismo referendario antes de sentarse a repasar con la contraparte las inversiones a fondo perdido, las nuevas oportunidades en infraestructuras para consolidar el sistema 3% y el listado de más competencias (lengua y enseñanza en exclusiva) con las que satisfacer el apetito catalanista. Pero no es el caso. La Generalidad lo quiere todo, lo quiere rápido y con un referéndum, por lo que el Gobierno dialoga y negocia en inferioridad de condiciones, igual que los psicólogos policiales ante el atracador de bancos que toma rehenes y suelta de entrada un "cuidado conmigo que estoy muy loco". Le ofrecen benevolencia si se entrega y el fulano pide dos pizzas, un coche en la puerta y un yate en Marbella.

Rajoy, al igual que sus antecesores, pretende comprender Cataluña a través de los nacionalistas, lo que lleva aparejado la adquisición de apriorismos tales como la supuesta existencia de un conflicto de fondo basado en un teórico desequilibrio fiscal y un no menos teórico hecho diferencial. Con ese fardo en la mesa, el español es un idioma extranjero y Cataluña una nación sojuzgada, oprimida y menospreciada por la grosera, zafia y churretosa España. Enric Millo se jacta de que la operación Diálogo no se limita a la Generalidad, que hay interlocución directa con alcaldes, entidades sociales, intelectuales y empresarios. Ocurre que esos saludables y bienintencionados encuentros parten de la premisa de que el proceso separatista es la reacción a un cúmulo de injusticias y desafueros del Estado contra el concepto Cataluña en vez de un ataque del nacionalismo a la convivencia ciudadana para tapar la corrupción, endosar el mal gobierno y los recortes a Madrit y salvar los muebles del conglomerado caciquil del pujolismo. El malentendido es tan crucial como recurrente. Por lo demás, Junqueras está en contacto permanente con Montoro y Soraya Sáenz de Santamaría se empecina en confundirse con el ambiente.

Cebrián, Guerra y el artículo 155
Guillermo Dupuy Libertad Digital 21 Febrero 2017

Rajoy sigue instalado en "una complaciente espera bajo la creencia de que las cosas se arreglarán solas, postura cómoda e irresponsable".

Dice Pablo Montesinos que "Rajoy negociará con Puigdemont sobre partidas económicas pero no permitirá el referéndum"; lo que traducido significa lo mismo que con la ilegal consulta secesionista del 9-N: que, a pesar de que no iba a permitirla, el Gobierno de Rajoy, a través del FLA, negoció y brindó ayuda financiera extraordinaria a la administración autonómica en rebeldía para que cubriera los agujeros que el procés estaba dejando en materia de gasto farmacéutico, educación e infraestructuras.

Y es que si, con tal de evitarse "el lío" de suspender la autonomía catalana, Rajoy permite nuevamente que los separatistas perpetren otra ilegal consulta secesionista, el presidente del Gobierno no va a tener otra opción que seguir financiando de forma extraordinaria a la Administración en rebeldía a fin de evitarse "el lío" de la suspensión de pagos a la que le arrastra la gestión de los nacionalistas y el costosísimo proceso de construcción nacional.

Así las cosas, el Gobierno del PP sigue instalado, como bien ha dicho Alfonso Guerra, en "una complaciente espera bajo la creencia de que las cosas se arreglarán solas, postura cómoda e irresponsable".

No es que Alfonso Guerra sea santo de mi devoción, precisamente, pero lo cierto es que, con lo de la "cómoda irresponsabilidad" de Rajoy, lo ha clavado. Es la misma comodidad e irresponsabilidad, no obstante, que al propio Guerra le llevó a votar con su partido, en tiempos de Zapatero, a favor del inconstitucional estatuto soberanista de Cataluña; la misma irresponsabilidad que anida en su partido por no pedir al Gobierno de Rajoy la aplicación del artículo 155, tal y como el exdiputado socialista sostiene y reclama ahora.

Otro tanto podríamos decir de Juan Luis Cebrián, quien ahora se muestra partidario de que Artur Mas vaya a la cárcel por el 9-N o de que el Gobierno de Rajoy suspenda la autonomía de Cataluña, también en aplicación del artículo 155 de nuestra Carta Magna. No puedo estar más de acuerdo con el presidente del Grupo Prisa al denunciar la "inacción del Gobierno" y la renuencia de Rajoy "a afrontar el desafío" y a "ejercer su poder para hacer cumplir la ley". O al señalar la conveniencia de la aplicación del artículo 155 para que "el debate ya no sea cuándo van a lograr la independencia sino cuándo van a recuperar la autonomía".

Fantástico, Cebrián. Lo único que cabe preguntar al presidente de Prisa es por qué ningún medio de comunicación de su grupo ha hecho editoriales denunciando lo que ahora denuncia de Rajoy en la entrevista que este lunes le hace El Mundo. Porque lo cierto es que los medios de Prisa, y el ABC, y El Mundo, y La Razón, jamás han criticado editorialmente a Rajoy por no cumplir su deber de hacer cumplir la ley en Cataluña. Y lo cierto es que tampoco se lo han reprochado al presidente del Gobierno el PSOE, Ciudadanos, Podemos ni ningún partido con representación parlamentaria. Y es que, desengañémonos, la postura "cómoda e irresponsable" de Rajoy que denunciaba Guerra tiene tantos partidarios entre nuestros políticos y medios de comunicación como detractores tiene la suspensión de la Administración autonómica catalana, por muy en manos que esté de unos golpistas.

Moraleja radical tras un sucedido en Cataluña
Javier Caraballo elconfidencial.com 21 Febrero 2017

Dicen las crónicas catalanas que, hace unos días, un grupo independentista de ultraderecha reventó con éxito una exposición sobre la pobreza que se había instalado en una plaza de Barcelona. La noticia es interesante porque, inesperadamente, retrata la sinrazón del independentismo en sus aspectos más inesperados, menos examinados. Eran estudiantes de la Universidad de Barcelona que, sensibilizados con el drama diario de las personas sin techo, idearon una exposición callejera que pudiera conmover a los ciudadanos. Se trataba de una muestra fría, conceptual, desangelada como la realidad que querían denunciar, una serie de carritos de la compra dispuestos en un semicírculo y cargados de piedras. Al anochecer, los carritos desprendían chispas, gracias los elementos de pirotecnia instalados en cada uno de ellos, en una alusión al “calor del hogar itinerante” de los 'sin techo', según la interpretación artística de los estudiantes de Bellas Artes. La exposición se instaló en una de las plazas más concurridas, el Fossar de les Moreres, el antiguo cementerio de las Moreras, y ese fue el problema, el gravísimo problema que acabó con una enorme bronca política y la retirada abrupta de la exposición de las personas sin hogar. Ese lugar, esa plaza, es uno de los símbolos del independentismo porque allí fueron enterrados muchos de los combatientes en la batalla de Barcelona del 11 de septiembre de 1714, durante la Guerra de Sucesión española, y los independentistas consideraron que era una falta de respeto que se colocara allí esa exposición. Como tal, la muestra conceptual acabó con esa metáfora cruel que expulsa a los ‘sin techo’ hasta de un antiguo cementerio. Primera ironía trágica de lo ocurrido: en el sectarismo independentista, ni la memoria de los pobres es bien recibida.

Los primeros en lanzar una piedra en las redes sociales procedían de los sectores de la ultraderecha independentista, vinculados al partido de Artur Mas, y la secuencia a partir de entonces fue exponencial. En el diario ‘El País’ se daba cuenta el pasado fin de semana del estudio realizado por una empresa especializada en redes sociales que analizó lo sucedido: tan solo tres personas, apoyadas en una docena de cuentas falsas, 'trolls', pusieron en marcha una campaña de descalificación de la exposición que, en muy poco tiempo, llegó a propagarse con casi 40 millones de impactos potenciales (las veces que los usuarios de Twitter vieron el mensaje). En esas pocas horas en las que la campaña contra la muestra artística se propagó por Barcelona, por Cataluña, se fueron sumando algunos de los principales líderes políticos, todos ellos indignados. La ultraderecha independentista sembró la semilla y todos fueron a regarla; desde la histriónica Pilar Rahola (“Señora Ada Colau, ¿nos puede explicar qué obsesión enfermiza tiene con los símbolos nacionales? ¡Deje en paz la memoria!”) hasta el institucional director del Programa Internacional de Comunicación y Relaciones Públicas de la Generalitat de Cataluña, Joan María Piqué (“Esto es un cementerio. Aquí hay patriotas enterrados. Es nuestra tumba del soldado desconocido. ¡Vergüenza! ¡Basta!”), pasando por portavoces de Esquerra Republicana y de la CUP, todos ellos reclamando “respeto” y clamando contra la “vergüenza de aquella exposición". Segunda ironía trágica de lo sucedido: la exclusión es el rasero que iguala a todos los independentistas catalanes, de ultraderecha o de extrema izquierda.

Tan abrumadora es la secuencia de la campaña, tan aterradoras son las practicas chantajistas, 'borrokas', que se están volviendo cada vez más frecuentes en Cataluña, que la exposición de homenaje a los 'sin techo' se inauguró un jueves, el pasado día 9, sin que se produjera ninguna protesta hasta el sábado 11 a las 12 y media del mediodía, cuando se lanzó a las redes sociales el primer mensaje. Lo que no había ocurrido en dos días, se precipitó en dos horas. Decenas de miles de catalanes de a pie pasaron por la exposición, porque se trata de una plaza muy concurrida, y a nadie le pareció una ofensa, pero el incendio se produjo igual. A las 17:14 del sábado (hora fetiche del independentismo) se convocó una protesta contra la exposición, en la misma plaza del antiguo cementerio de las Moreras, y por miedo a que aquello desembocara en graves incidentes, el ayuntamiento decidió retirar de forma inmediata la exposición. Produce hasta escalofríos: a las 12:32 del mediodía del sábado se lanzó el primer mensaje en las redes sociales y cuatro horas después ya se había retirado la exposición. De hecho, cuando algunos profesores de Bellas Artes acudieron a la plaza a retirar los simbólicos carritos de los pobres sin techo que recorren todas las ciudades, ya había algunos independentistas esperando para increparlos. Núria Gual, profesora de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, que estaba al frente de los alumnos que idearon la exposición, replicó irritada: “Nos vamos porque no queremos polémica, pero nos sentimos completamente censurados. Esta obra se pensó para este espacio. La retiramos, pero si no puede estar aquí, no tiene sentido en ningún otro lugar”, añadió en alusión a la ‘invitación’ que le habían hecho en el Ayuntamiento de Barcelona para que recolocaran la muestra en un lugar que no incomodara a los independentistas.

Tercera ironía trágica de lo sucedido: la moraleja es muy antigua, se aplica al silencio, el conformismo o el desinterés con el que muchos presencian el acoso progresivo de los radicales, pensando que nada tiene que ver con ellos. El poema de Martin Niemöller acaba así: “Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar”.

¿Por qué 1714 y no 1640? El 'olvido' histórico del discurso separatista catalán
Alberto G. Ibañez elconfidencial.com 21 Febrero 2017

La argumentación histórico-separatista ha puesto su foco en 1714 como el momento clave en el que Cataluña habría perdido injustamente sus privilegios y derechos políticos. Sin embargo, esconde un hecho en principio mucho más relevante: que Cataluña únicamente ha sido formalmente independiente de España (o de la Corona de Aragón) durante 12 años, de 1640 a 1652. ¿Por qué este paradójico olvido en el discurso legitimador y reivindicativo?

La rebelión de 1640 se produjo por la resistencia catalana a la Unión de Armas que propuso Olivares y que consistía en un reparto más justo de la aportación de los diversos territorios al ejército de la Corona. Cataluña se negó en varias ocasiones, si bien no tuvo luego reparos en pagar a Francia lo que demandó para defenderla de España. Los fondos que los catalanes entregaron a los franceses para financiar un ejército de 3.000 hombres fueron utilizados para conquistar el Rosellón, que ya nunca volvería a ser catalán, ni por tanto español, lo que pone en entredicho su fama de hacer negocios y su habilidad estratégica para elegir aliados.

Poco después de la rebelión (1645), el obispo de Vic escribía al rey español pidiendo que interviniera de inmediato y que impusiera “la justicia como en Castilla” para acabar con los fueros y abusos arbitrarios de los grupos poderosos internos. Son también famosas las quejas del campesinado (¿'els segadors'?) frente a los abusos de la Generalitat y las cortes catalanas ('les corts'), una deriva de las primeras asambleas de Europa como fueron las cortes de León. Los nacionalistas modernos no han reivindicado su nombre histórico tal vez para evitar cualquier veleidad que las pudieran relacionar así con el resto de España, aunque sobreviva como distrito de Barcelona. Al final, cuando Felipe IV decidió entrar en Barcelona en 1652 y enfrentarse a la oligarquía catalana, fue recibido por masas empobrecidas y sangradas por sus señores al grito de “Vivan la santa fe católica y el rey de España... Y muera el mal gobierno”.

Pero es más, durante la rebelión de 1640-1652, la supuesta independencia de Cataluña fue más ficticia que real, pues pasó de depender de la Corona española a hacerlo de la francesa, que se reveló mucho más terrible y egoísta que la ingenua monarquía patria. El 'presunto' héroe nacionalista Pau Claris murió después de haber proclamado al centralista Luis XIII conde de Barcelona. Para este viaje no hacían falta alforjas. Resulta todavía más curioso que años después, los mismos que habían corrido a pedir la ayuda y ofrecer su vasallaje al Borbón francés Luis XIII rechazaran al Borbón español Felipe V.

Por todo ello, el discurso separatista oculta estos hechos históricos, pidiendo que fijemos nuestra atención, cual hábil trilero, sobre 1714. Pero aun aquí toda la estrategia se revela igualmente falaz. La guerra de 1702-1714 no fue de Cataluña contra España, sino de Europa contra Europa. En 1701 comenzó la primera guerra mundial de Europa, con un millón de muertos. En España se desencadena un año más tarde con el desembarco aliado en Cádiz. A partir de ese momento, estallará la primera guerra civil que afecta a todos los españoles, azuzados estos por las potencias extranjeras (no será la única vez): las que apoyaban al que hubiera sido Carlos III de España, y las que hacían lo propio con el que de hecho fue Felipe V.

En realidad, Felipe V había tomado posesión legalmente de su cargo antes de que estallara el conflicto, y había sido aceptado internamente por todos, incluidos los propios catalanes. Por tanto, más que guerra de sucesión nos encontraríamos ante una guerra para deponer al rey ya reinante, por presión fundamentalmente de las potencias que veían con preocupación el peso excesivo que Francia ganaría con esta operación en la política internacional y en el comercio con América. En España nadie había pedido internamente que intervinieran Austria e Inglaterra para cambiar de rey.

Otra cosa es lo que ocurre, una vez iniciada la guerra, cuando unos y otros reciben promesas de futuro y hacen sus propias cábalas respecto a posibles ganancias extra. La victoria de Carlos no era deseada solo por 'algunos' catalanes sino también por muchos castellanos y habitantes de otras regiones de España. Paralelamente, defensores del Borbón los había también dentro de Cataluña, y hasta había catalanes en las tropas del duque de Berwick que tomaron finalmente Barcelona. Es más, quien suprimió la Generalitat no fue Felipe V sino el propio Consejo de Ciento, enfrentado a la primera dentro de una lucha interna entre distintas oligarquías catalanas. Pero del enfrentamiento secular entre Barcelona y el resto de Cataluña tampoco se habla. Ni se menciona que Cataluña experimentó un crecimiento espectacular gracias precisamente a las políticas de los Borbones, llegando incluso a doblar su población de 1718 (407.000) a 1800 (900.000). Se ve que no toca.

Estos son los hechos, a partir de aquí comienzan la memoria selectiva y las interpretaciones sesgadas. Se trata de ensalzar las mentiras que nos separan y ocultar las verdades que nos unen. Puestos a reescribir la historia, hágase, pero de forma objetiva y completa. Por ejemplo, reconozcamos oficialmente que siempre ha habido (y sigue habiendo) grandes catalanes en el ejército español, desde Requesens en el siglo XVI hasta Prim en el siglo XIX. Por no hablar, en tiempos de Felipe II, del comendador Guimerán (caballero de Malta), célebre por su participación en la batalla de San Quintín y responsable de la derrota de una escuadra de siete galeras en Sicilia (1561) ante una emboscada montada por Dragut cerca de las islas Lipari.

La manipulación histórica es grave no solo porque supone alterar arteramente la memoria colectiva de una sociedad, sino porque impide que la historia cumpla su principal función: mostrar el pasado para no repetir errores. Hemos descrito lo que pasó cuando Cataluña fue independiente: ¿sería muy diferente hoy? Debátase, pero con todas las cartas sobre la mesa, no solo con cartas marcadas.

Alberto G. Ibáñez es autor del libro 'La conjura silenciada contra España'.


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