AGLI Recortes de Prensa    Jueves 23  Febrero 2017

Desequilibrios económicos
Los diez problemas que ve Bruselas en la economía española
El alto nivel de deuda pública y privada y el paro hacen a España vulnerable a un cambio de sentimiento en los mercados.
Juan Sanhermelando El Espanol 23 Febrero 2017

Por quinto año consecutivo, la Comisión Europea ha situado este miércoles a España entre los países de la UE con desequilibrios económicos que podrían tener un impacto negativo para el conjunto de la eurozona. El elevado nivel de deuda externa e interna, tanto pública como privada, hacen que nuestro país siga siendo vulnerable a un cambio repentino de sentimiento en los mercados, una debilidad agravada por la alta tasa de paro.

En un exhaustivo diagnóstico de 77 páginas sobre la economía española, el Ejecutivo comunitario lamenta la paralización de las reformas en España en el último año y pide al Gobierno de Mariano Rajoy que tome más medidas para corregir los problemas que podrían poner en riesgo la recuperación económica.

1. El paro y el abuso de contratos temporales
La tasa de paro ha bajado rápidamente en los últimos dos años, pero sigue siendo la segunda más alta de la UE (18,4%), sólo superada por Grecia. El desempleo afecta especialmente a los jóvenes y a los trabajadores menos cualificados. Casi la mitad de los parados llevan más de un año sin trabajo.

Además, el empleo que se crea es de baja calidad. La Comisión alerta de que el "uso generalizado" de contratos temporales (el 26,5% del total) afecta negativamente al crecimiento de la productividad y a las condiciones de vida de los trabajadores. A su juicio, la reforma laboral de 2012 fue insuficiente a la hora de acabar con la segmentación del mercado de trabajo y por ello sugiere nuevos cambios legislativos que reduzcan las diferencias en las indemnizaciones por despido entre trabajadores fijos y temporales.

2. La ineficacia de las prestaciones sociales
Aunque el riesgo de pobreza o exclusión social en España empezó a disminuir en 2015, sigue siendo muy elevado (28,6% de la población), especialmente entre los niños, y el número de trabajadores pobres continúa aumentando (13,1%). La Comisión lo atribuye a la "cobertura limitada" y a la ineficacia de las prestaciones sociales, con la única excepción de las pensiones. Tampoco hay suficiente coordinación entre las comunidades autónomas y el Gobierno central ni entre los servicios de empleo y los servicios sociales. Las ayudas a las familias son escasas y no están adecuadamente concentradas en las que tienen rentas más bajas.

3. El elevado nivel de deuda pública y privada
España necesitará mantener su actual superávit por cuenta corriente durante muchos años para reducir su alto nivel de deuda externa, que expone al país a cambios repentinos en el sentimiento de los mercados, avisa el Ejecutivo comunitario. El sector privado progresa en la senda de desendeudamiento, aunque los avances son mayores en las empresas que en los hogares. Pero la deuda pública no se está reduciendo debido a los continuos desfases presupuestarios. Al contrario, seguirá aumentando hasta el 108% del PIB en 2027 si no se toman más medidas.

4. La baja recaudación por IVA
Al actual nivel del 21%, el tipo normal del IVA en España se sitúa en línea con la media europea. Sin embargo, la recaudación del impuesto está entre las más bajas de la UE debido al alto número de exenciones y tipos reducidos y súper reducidos que se aplican por ejemplo a alimentos, hostelería o transportes. Bruselas calcula que si se suprimen los tipos reducidos y el IVA de todos los productos se sube al 21%, los ingresos aumentarían hasta un 1,4% del PIB. Cualquier efecto distributivo negativo podría compensarse por otros medios, como ayudas sociales. La Comisión también ve margen para un aumento de los impuestos medioambientales.

5. La corrupción
Bruselas elogia la nueva legislación sobre transparencia en la financiación de los partidos políticos o sobre conflictos de interés. Pero denuncia que, pese al aumento de las investigaciones por corrupción, España todavía no ha puesto en marcha una estrategia preventiva que mitigue los riesgos de fraude con fondos públicos. Tampoco ha creado un registro de grupos de presión obligatorio ni prevé protección suficiente para los denunciantes.

Además, la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que limita los plazos de investigación "podría traducirse en impunidad en los casos de corrupción complejos". Finalmente, el Ejecutivo comunitario ve insuficiente la reforma de la ley de contratos públicos de Rajoy si lo que se quiere es prevenir la corrupción y el despilfarro de fondos públicos.

6. El descontrol regional
Entre 2013 y 2015, años en que España incumplió las metas fijadas por la UE, los Gobiernos regionales fueron los responsables de alrededor de un tercio del déficit público. Bruselas critica que el ministerio de Hacienda no aplique de forma estricta las sanciones previstas en la Ley de Estabilidad Presupuestaria para los incumplidores. Y reclama el fin del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) para que las comunidades autónomas vuelvan a financiarse a condiciones de mercado, lo que según la Comisión contribuirá a la disciplina fiscal por la subida de tipos de interés. También la reforma del sistema de financiación autonómica prevista para este año debe contribuir a reducir los desfases presupuestarios regionales.

7. El alto coste de los servicios portuarios
En pleno debate sobre la liberalización de los servicios de carga y descarga en los puertos, Bruselas vuelve a intervenir en apoyo del Gobierno, al que recuerda que debe aplicar la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), y en contra de los estibadores. "Aunque el sistema portuario español es rentable, el elevado coste de algunos servicios y las altas tasas portuarias constituyen un obstáculo para aumentar más el tráfico", dice el informe. El sistema de tasas portuarias es complejo y poco transparente y los puertos no tienen suficiente autonomía en su política tarifaria. Además, no hay competencia en la prestación de servicios de estiba.

8. La baja inversión en I+D
La inversión en I+D (tanto pública como privada) ha caído continuamente durante la crisis, desde el 1,35% del PIB en 2010 hasta el 1,22% en 2015. Y por ello es "muy improbable" que España alcance el objetivo de llegar al 2% en 2020, según Bruselas. La descoordinación entre los diferentes niveles de gobierno y la falta de una cultura de evaluación de resultados dificulta la eficacia de las ayudas públicas a la I+D. Además, persisten los obstáculos a la cooperación entre empresas y universidades, en particular por lo que se refiere a la movilidad de investigadores y las transferencias tecnológicas.

9. Las trabas burocráticas a las empresas
El coste y el plazo medio de crear una empresa en España es más alto que en la mayoría de Estados miembros y además varía mucho de una comunidad autónoma a otra. La aplicación de la Ley de Unidad de Mercado sólo registró avances menores en 2016 y la regulación de los servicios profesionales sigue siendo restrictiva, lo que se traduce en costes más altos. El ministro de Economía, Luis de Guindos, sigue sin presentar una norma para liberalizar los servicios profesionales, como le pide Bruselas.

10. Las carencias educativas
Pese a reducirse, la tasa de abandono escolar (19%) se mantiene entre las más altas de la UE, con grandes disparidades regionales. Las repeticiones de curso aumentan la desigualdad y los costes educativos. Además, España tiene la tercera mayor proporción de adultos con bajas cualificaciones laborales, lo que reduce la productividad y aumenta las desigualdades. Otro problema es la inserción laboral de los licenciados universitarios, ya que su tasa de empleo es una de las más bajas de Europa (el 68,7% frente al 81,9% de media comunitaria).

La Deuda, sin control
Primo González Republica 23 Febrero 2017

España no está en la peor de las divisiones de la UE en cuanto a datos macroeconómicos, según acaba de afirmar la Comisión Europea en un amplio informe sobre la situación económica de los países europeos. Los hay peores, claro está. Entre los grandes países que podrían asemejarse algo al nuestro y que padecen en mayor medida las carencias económicas más importantes se encuentran Francia e Italia, entre otros. España ha sido incluida en el grupo de países con desequilibrios económicos sin más, como Alemania, Holanda o Suecia. Ya es buena noticia que no formemos parte del pelotón de los torpes, en donde moran países como Francia. Italia, Portugal y algunos otros.

Pero del diagnóstico que acaba de publicar la Comisión Europea destaca por encima de todo el hecho de que la Deuda Pública española sea una variable sin control, desbocada, una gangrena que la excelente recuperación de la economía no ha logrado sanear porque los déficits anuales son demasiado elevado. La herida crece cada año y ya ronda el 100% del valor del PIB desde hace dos años, a pesar de que el PIB crece en estos dos últimos años en torno a un 3% y este año lo hará en proporción parecida.

La gangrena de la deuda del Estado y de las Autonomías, del conjunto del sector público en suma, no se está reduciendo a pesar de que la economía española se encuentra en unas inmejorables condiciones, con uno de los ritmos de crecimiento más elevados del mundo desarrollado y con los tipos de interés en una tesitura histórica, en torno a cero para muchas de las referencias e incluso en negativo en los plazos más cortos. Este martes, las Letras del Tesoro se han vuelto a emitir a tipos negativos, aunque como la tendencia de los tipos de interés está cambiando, lógicamente a peor por la presión alcista de la Reserva Federal y por las dudas sobre el futuro del euro, la benévola financiación de la Deuda Pública española nos está resultando muy beneficiosa, pero en trance de cambiar a peor de forma gradual y en poco tiempo.

Los costes financieros de la Deuda española están resultando muy favorables, pero esta satisfactoria situación tiende a cambiar y lo hará rápidamente, según las previsiones de la mayor parte de los expertos. Posiblemente el año 2017 sea el último en el que podamos convivir con tipos de interés bajos o negativos. Se está acercando el momento en el que la financiación del endeudamiento público se va a convertir en asunto dificultoso y tendrá que pasar a prioridad absoluta la reducción de la deuda.

Es esa perspectiva la que ha puesto en escena la Comisión Europea en su capítulo del informe semestral dedicado a España. La Deuda Pública (en menor medida también la privada, aunque esta se ha ido reduciendo en los últimos dos años de forma gradual y ya no presenta la gravedad de los momentos más crudos de la crisis financiera) es, por delante de todos los demás, el gran problema que deberá afrontar España en los próximos meses y años, ya que la falta de corrección del déficit actual empezará a contaminar otros aspectos de la economía, como la inversión y, derivada de ella, la capacidad para corregir el desempleo y por lo tanto para crear puestos de trabajo. Este es el complejo panorama al que se enfrenta España, sobre el cual la Comisión Europea acaba de llamar nuestra atención.

Rajoy y Puigdemont actúan como lo que son
EDITORIAL Libertad Digital 23 Febrero 2017

La misma semana en la que tanto el Gobierno central como la Generalidad de Cataluña han desmentido todas las informaciones sobre posibles contactos entre ambos, el encuentro secreto Rajoy-Puigdemont celebrado en La Moncloa el pasado 11 de enero, y revelado este miércoles por La Vanguardia, ha centrado la sesión de control al Ejecutivo regional.

El presidente de la Generalidad le ha quitado importancia asegurando que en ningún caso ha supuesto una negociación directa sobre la celebración del nuevo referéndum ilegal, previsto para el próximo mes de septiembre. El presidente del Gobierno también se ha resistido a confirmar el encuentro, y se ha limitado a recalcar en los pasillos del Congreso que su posición es "la misma de siempre", que se resume en la necesidad de abordar con la Generalidad todos "los problemas que afectan a la gente" pero en ningún caso fórmulas "para saltarse la ley" y celebrar una consulta que "liquidaría la soberanía nacional".

Aunque el secretismo en torno a dicha reunión haya provocado críticas a Puigdemont por "ocultar información a los catalanes", lo cierto es que la misma información ha sido ocultada por Rajoy a todos los españoles. Y no hay que olvidar que el Ejecutivo central ya mantuvo reuniones secretas con los sediciosos en vísperas del ilegal referéndum celebrado en Cataluña el 9 de noviembre de 2014, tal y como acabó reconociendo el propio presidente del Gobierno.

A la postre, Rajoy es un presidente que sigue sin atreverse a restablecer el orden constitucional en Cataluña, mientras Puigdemont –como Artur Mas en su día– es un mandatario regional dispuesto a seguir saltándose la ley a la torera, como vuelve a ilustrar el elocuente caso omiso que este miércoles la Generalidad ha vuelto a dispensar al aviso del TSJC para que suspenda la consulta secesionista.

La disposición de Rajoy a negociar 45 de las 46 exigencias de los sediciosos –todas menos la convocatoria del referéndum–, aunque aparentemente sensata, implica un temerario trato privilegiado a una Administración en rebeldía, que de esta forma ve que nada tiene que perder –y sí mucho que ganar– con su desafío al Estado de Derecho.

Cosa distinta hubiera sido si el desafío al Estado de Derecho iniciado en Cataluña en 2012 hubiera acarreado la suspensión de la autonomía y la asunción por parte de la Administración central de la financiación y las competencias que la Generalidad tiene encomendadas. En tal caso, el deseable abandono por parte de los secesionistas de su proceso ilegal y su público acatamiento del orden constitucional deberían llevar aparejado el inmediato restablecimiento de la autonomía catalana. Sin embargo, como este no ha sido el caso, Rajoy no se ha dado otra salida que ofrecerse a pagar un "precio político" por lo que no debería ser más que el normal funcionamiento de las instituciones y el normal cumplimiento de la ley.

Pensar que la negociación de dicho "precio político", como pago por evitar un nuevo desafío al Estado de Derecho en forma de referéndum, puede llevarse a cabo con luz y taquígrafos es desconocer la naturaleza misma del proceso de degradación institucional en el que estamos inmersos por culpa tanto de un Gobierno regional decidido a proseguir su proceso de desconexión del Estado español como de un Ejecutivo central temeroso a la hora de restablecer el imperio de la ley en Cataluña.

El trágala de Rajoy
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Febrero 2017

Artur Mas dijo la semana pasada que Rajoy tiene la fórmula para detener el referéndum golpista de Cataluña. Sin duda él ya la sabe, pero calla para que no se enteren el resto de los españoles. ¿Qué tipo de agua milagrosa o excipiente clave les dará Rajoy a los independentistas para que renuncien a su referéndum golpista? No lo sé, porque la historia es el dominio de lo imprevisto, pero me aventuro a predecir, o mejor, a ironizar que esa fórmula no puede ser otra que un trágala para que los ciudadanos españoles se hagan los tontos con los golpistas de Cataluña. El trágala por el que nos quieren hacer pasar está la vista de cualquiera que tenga un poco de inteligencia. Aunque Rajoy responde con evasivas sobre el excipiente clave de la entrega de España al mesogobierno de Cataluña, el periódico de cabecera del Gobierno nos daba el domingo pasado con pelos y señales los principales componentes de la milagrosa receta.

El Gobierno de España le dará al de Cataluña todo lo que pida y, seguramente, más de lo que nunca había imaginado. Le entregará prácticamente todo en materia de competencias autonómicas, infraestructuras y nombramientos consensuados. 45 reivindicaciones serían satisfechas casi al instante, naturalmente, si el actual presidente de la Generalidad consiente hacerse una foto pública con Rajoy. El Gobierno también celebraría Consejos de Ministros en Barcelona y haría extensiones en esta ciudad de los museos nacionales, etcétera. España tendría dos capitales y dos sedes de gobierno, ¿conocen algún país del mundo con dos capitales y dos sedes de gobierno? Da hasta vergüenza ajena plantear la cuestión. El camino abierto por Rajoy, el trágala para el que se nos prepara a los sosegados españoles, es la aceptación de la independencia de facto de Cataluña para dejar en suspenso la independencia jurídica.

Por ese obscuro sendero Rajoy estaría cumpliendo, punto por punto, la mini Constitución que les otorgó Rodríguez Zapatero a los independentistas por la vía del Estatuto de Autonomía. El trágala tendrá cien nombres, pero todos tienen el denominador común de la cobardía: independencia a la carta y sin que se despierten de su modorra los españoles. Lo más terrible de mi ironía, de mi respuesta subjetiva, y quizá arbitraria, a la seriedad golpista y estúpida del trágala de Rajoy, es que tengo la sensación de que el presidente del Gobierno no está solo en su plan. Lo acompañan prácticamente todos los medios de comunicación por un lado, y la oposición en pleno por otro. Apenas se mueve nadie con sentido crítico en la prensa y los líderes del PSOE y C’s, que serán puntualmente informados de los pasos del Gobierno, no dicen nada y aceptan la cosa como si fuera destino trágico. Terrible es el panorama.

Pero, sin duda alguna, puede ser más terrible para Rajoy, si en uno de sus obscuros movimientos hace ruido y despierta a los aletargados ciudadanos que tanto les cuesta defender lo común, España. Si eso sucediera, señor Rajoy, el primero en caer sería usted. Quizá me equivoque, pero, frente a todas las soluciones fáciles y secretas que propone su Gobierno, nunca abandonaré la desconfianza, la actitud crítica y la reticencia como los mejores caminos para defender la democracia, o sea España.

España, el 'dream team' de los corruptos
Javier Caraballo elconfidencial.com 23 Febrero 2017

Cómo no habrán sido los tiempos de alforjas llenas que se han vivido en España, que se ha llegado a reunir en los juzgados un auténtico 'dream team' de los banquillos: el 'dream team' de la corrupción. Políticos, empresarios, dirigentes sindicales, nobles, funcionarios, trabajadores, artistas… Desde Urdangarin a Isabel Pantoja, pasando por Miguel Blesa, Juan Antonio Roca, Jordi Pujol, Jaume Matas o Juan Lanzas, el sindicalista millonario de los ERE. Van cayendo cúpulas como si estuvieran infectadas de un mismo virus, la peste de la corrupción. Una plaga que, en cuanto se empieza a hacer recuento, solo conduce a una única exclamación, “¡dios mío, cuánto dinero se ha robado en España!”.

Nunca lo calcularemos, porque es imposible, y aunque se lograse alcanzar una cifra, lo que jamás conoceremos serán las oportunidades de progreso y de bienestar que se han desperdiciado por toda esa cantidad de dinero robado o malversado. ¿Cómo estaría España hoy si no se hubiera robado tanto? ¿Cómo estarían algunas autonomías, como Valencia, como Andalucía o como Cataluña, si no se hubiera malversado tanto? Nunca lo sabremos, no, pero sí tenemos esta certeza de que no debe existir otro país en el mundo en el que la corrupción de forma simultánea haya afectado a tantas instituciones y a tantos estratos sociales.

En esa generalización de la corrupción en España, quizá la más exasperante de toda la corrupción sea la avaricia. El rico que no se conforma y quiere hacerse más rico todavía. Como el escándalo que ha afectado a la Casa Real española, el caso Nóos. La ejemplaridad es la única exigencia que tiene un miembro de una monarquía como la española para que se pueda justificar la pervivencia de una institución anacrónica en un régimen democrático como el español. La decepción más grande se deriva de ahí, de la constatación de que en vez de ejemplaridad se utiliza la posición destacada que le concede la Constitución española para hacer negocios, para medrar, para enriquecerse. La infanta Cristina puede ser inocente de los cargos penales que se le imputaban en el juicio, pero su condena social no tiene que ver con el Código Penal sino con el despilfarro de su crédito como persona ejemplar.

Algo parecido puede suceder con los escándalos que han afectado a las cajas de ahorros, por ser entidades financieras que descansaban en la sociedad a través de ayuntamientos, diputaciones o fundaciones. Por ser esa su raíz, se caracterizaban por el hecho excepcional de destinar una parte de su beneficio a 'obra social'. El desfalco de las cajas de ahorros en España está por cuantificar en su totalidad; acaso solo sabemos que durante muchos años lo seguirán pagando, lo seguiremos pagando, los contribuyentes.

Conocer, como conocemos ahora, que pese al mal gobierno de las cajas de ahorros había tipos dedicados al enriquecimiento, al aprovechamiento impúdico, solo puede interpretarse como un insulto, una burla cruel. Hasta 250 directivos y consejeros han sido imputados por su participación directa o indirecta en los abusos de las cajas de ahorros. Ahí están los escándalos de los últimos cuatro o cinco años en Bankia, en Caixa Catalunya, en Novacaixagalicia, en la Caja de Ahorros del Mediterráneo, o en Caja Castilla-La Mancha. Ahí están las tarjetas 'black’ de Caja Madrid, con las que pagaban hasta la ropa interior que regalaban a sus parejas, y están también los directivos de Novacaixagalicia, que han sido condenados por inflar las cuantías de sus prejubilaciones antes de abandonar una entidad financiera que tuvo que ser rescatada por el dinero de todos con más de 9.000 millones de euros. ¿Cabe mayor desvergüenza?

Abusa el banquero y abusa el empresario, pero también abusa el sindicato que defiende al trabajador. En Andalucía, están aún en fase de instrucción dos grandes escándalos que afectan a los sindicatos, como los ERE y el fraude de los cursos de formación, pero nada podrá igualar en impacto social al caso de José Ángel Fernández Villa, el histórico dirigente del sindicato minero de Asturias a quien, pendiente de juicio, se le acusa de haber amasado una fortuna apropiándose del dinero de dietas de otros compañeros del sindicato y mediante certificaciones falsas de las obras de construcción de una residencia para mineros jubilados construida con subvenciones públicas.

La misma fortuna que, en el otro extremo de España, en Andalucía, han amasado tantos a costa de la política clientelar y sectaria de la Junta de Andalucía. Con el dinero de la formación de los parados, con las ayudas para la creación de empleo, se crea, en la región con más paro de Europa, una red clientelar con la que se despilfarran 2.000 millones de euros. Ahí están Manuel Chaves y José Antonio Griñán, también pendientes de juicio junto a otros 200 investigados. Y aunque en el futuro puedan salir absueltos en un tribunal de justicia —ya ha ocurrido recientemente con una sentencia absolutoria sorprendente sobre el enchufismo en Andalucía—, siempre serán responsables de las oportunidades perdidas por el dinero público malgastado durante tantos años.

Políticos, empresarios, dirigentes sindicales, nobles, artistas… Es el 'dream team' de la corrupción de España. Y una vez constatado el hecho, en vez de la desesperanza, lo único que cabe es el escarmiento. El escarmiento de la sociedad, de todos nosotros, para que en el futuro seamos más exigentes e intolerantes con la corrupción. La única ‘tolerancia cero’ que funciona es la de los votantes, que a nadie se le olvide. Así que, como en 'La peste', de Camus, solo cabe decir que “todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo”.

Los problemas que importan a los españoles.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Febrero 2017

Cuando a un político no le conviene hablar de algo que le incomoda, acude siempre al mantra de “de lo que hay que hablar es de los problemas reales de los españoles”. Y se quedan tan frescos soltando semejante gilipollez. Todos se apoyan en el mismo latiguillo como loritos bien aleccionados que parecen aplicar las consignas de los gurús de comunicación, que comparten las mismas fuentes y métodos. Eso da una idea de la mediocridad de una casta política incapaz de articular tres frases seguidas de modo coherente. Porque su principal problema es que se cumple el dicho de que “por la boca muere el pez” y el de “el que mucho habla, mucho yerra”. Ejemplos los tenemos a diario porque estamos en una época en la que la exposición a los medios de comunicación obliga a no permanecer callado, lo que conlleva a la genialidad de Groucho Marx “es mejor permanecer callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.

Pues algo así termina por ocurrirles a algunos. Por ejemplo, a Alberto Garzón, un sectario ultra comunista capaz de soltar verdaderas barrabasadas, de mentir descaradamente con tal de defender a sátrapas y regímenes dictatoriales como el de Maduro en Venezuela. Su acusación de golpista al líder político Leopoldo López encarcelado por sus ideas y la negación de las tropelías del régimen chavista de Maduro, confirman la reflexión de Groucho Marx. Por otra parte, tampoco es que Irene Montero haya tenido una gran actuación en su debut como nueva portavoz de PODEMOS en el Congreso. Fue antológica su patética y repetitiva explicación sobre la redistribución de escaños para dar “más visibilidad” a aquellos de su cuerda y desplazar al gallinero a los “traidores”.

Pero aparte de eso, como decía la canción de Luís Aguilé, la vida pasa felizmente si hay amor. En este caso, el amor es lo que empapa a los políticos de este País, que no hacen otra cosa que preocuparse de nuestros problemas. Siempre dispuestos a hablar de ellos, aunque ni encuentran el momento oportuno, - porque les distraen otros asuntos -, ni casi nunca se ponen a resolverlos, - porque surgen otros a los que deben dar más prioridad-. Y es que hablar no cuesta dinero, pero sí lo cuesta lo que se dice y sobre todo lo que se hace. Es muy fácil hablar de los problemas, lo difícil es su resolución, el cómo, el cuándo y sobre todo el cuánto, suelen ser ignorados en los debates. Simplemente el plan de PODEMOS y Pedro Sánchez para la mejora de las pensiones, nos puede costar unos 25.000 millones de euros solo en el incremento de impuestos del IRPF.

Y ni hablemos del famoso “diálogo” en esas reuniones discretas – secretas entre Rajoy con Puigdemont. ¿Cuánto más nos va a costar a los españoles contentar temporalmente a los secesionistas catalanes? ¿Es eso lo que más conviene a los españoles? Mucho me temo que no. Porque si las contraprestaciones fueran justas ¿a qué tanto secretismo y opacidad? Mariano Rajoy podrá hablar de todo lo que quiera, pero lo que no tiene es ningún derecho a favorecer a unos a costa de perjudicar a otros. Y si los secesionistas ganan en compensaciones, será solo porque el resto de comunidades de España,- salvo Navarra con sus Fueros y El País Vasco con su Concierto económico porque están a salvo, nunca mejor dicho, de los vaivenes fiscales -, pierde parte de lo que debería recibir. El 100% no puede transformarse en el 130% como si fuera el milagro de los panes y de los peces.

No, no se habla de aquello que importa a los españoles. Eso se oculta o lo que es peor, se intenta desviar la atención para confundir y engañar. Pero, como toda mentira, tiene las patas muy cortas y se acaba por pillarla antes de que llegue a la meta. Estos embaucadores también tienen las patas muy cortas y también se les acaba por pillar en las urnas.

¡Que pasen un buen día!

¿A dónde vas, PP?
Amando de Miguel Libertad Digital 23 Febrero 2017

Una democracia sana permite contar con dos o más partidos políticos en el Parlamento, pero debe estar claro que los hay de izquierdas o de derechas. La distinción se basa en que la izquierda pugna sobre todo por la igualdad y el estatismo. En cambio, la derecha lo hace por la libertad y el individualismo. Si solo predomina una de las alas, nos aproximamos a un régimen autoritario, la eterna tentación de los españoles.

En España contamos con más de una docena de partidos en las Cortes. Lo asombroso es que todos ellos se comportan como si quisieran ser de izquierdas. La explicación de tamaño corrimiento hacia el rojo (como el espectro de las galaxias) es que ha calado la falacia de que ser de derechas es fascista. No importa el absurdo histórico.

Bien es verdad que la derecha debe preocuparse de la nación y de sus símbolos. Por eso la izquierda española se atreve a ondear banderas de diseño en sus actos políticos. Para distinguirse por su defensa de la unidad de la nación española, el PP decide en su último congreso multitudinario que no ondee ninguna bandera. Parece una decisión absurda. Todavía hay quien considera que la bandera nacional es la de Franco.

En un plano material o de sustancia, el PP se apunta a la tesis progresista de que es conveniente elevar el gasto público. En eso sí que hay consenso entre todos los partidos y partidas. (No se tome como un exabrupto feminista). No importa que tal acuerdo represente el peligro de una hecatombe económica. Con más gasto público, los políticos todos pueden hacer más favores a sus afines, partidarios o clientes. Lo que se llama clientelismo es la antesala de la corrupción. Contrariamente a lo que se proclama desde el poder, los españoles no son iguales ante la ley.

En los asuntos morales o de conciencia (aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, ideología de género, vientres de alquiler, etc.), el PP se escora cada vez más a babor. No quiere que le recuerden sus orígenes franquistas o católicos. Es un extraño complejo de inferioridad. En todo caso, decide que sobre esas materias debe haber libertad de voto, pero eso es algo que ya proclama la Constitución; solo que es un precepto que no se cumple.

Cierto es que la opinión pública en España se halla dominada por los medios y grupos progresistas, pero todavía hay una mitad del país que piensa de forma conservadora. El resultado es que el PP no llegará a alcanzar la mayoría absoluta e incluso perderá el Gobierno central y los Gobiernos regionales que aún conserva si sigue en sus trece. Siempre resulta difícil entender las conductas que precipitan el suicidio, el de las personas o el de las organizaciones.

El PP podrá apuntarse el tanto de promover una modesta recuperación económica del país. Pero su tendón de Aquiles es el haberse contentado con paños calientes de corte jurídico frente al intrincado problema del secesionismo catalán. El pecado de omisión hace que el conflicto se vaya enconando hasta parecer insoluble. Realmente, la Generalidad catalana se comporta como si Cataluña fuera independiente. Por tanto, no cabe más que el recurso a la última ratio constitucional: que el Gobierno intervenga en la Generalidad de Cataluña. No lo hará. Será el fin del PP y, lo que es mucho más grave, la definitiva desmembración de España.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

El euro no será eterno
José García Domínguez Libertad Digital 23 Febrero 2017

El tercer rescate de Grecia, al igual que sucedió con el primero y el segundo, ha vuelto a fracasar. Y por mucho que ahora no interese hacer demasiado ruido con ese asunto (hay elecciones a la vista en Francia y Alemania), lo evidente para cualquiera es que la deuda griega, simplemente, resulta impagable. Desde que Syriza se rindió de modo incondicional ante la troika en julio de 2015, la situación del país no ha hecho otra cosa que degradarse todavía más. De nada le ha servido a Tsipras obedecer sin rechistar a cuanto se le ha ido ordenando desde Berlín y Bruselas. En apenas un año, el Gobierno de Syriza, esa izquierda que aún se dice radical en sus siglas, ha subido el IVA al 24%; ha reducido las pensiones públicas en nada menos que un 40%; ha aumentado todos los impuestos ya existentes; ha creado otros tributos nuevos que gravan, entre otros, la tenencia de los automóviles, los televisores, la gasolina, el tabaco, el café y hasta las latas de cerveza; y acaba de anunciar otra disminución, la enésima, de 5.600 millones de euros, en la nómina de los funcionarios estatales.

Todo un sacrificio draconiano con el propósito único de alcanzar el superávit primario (el saldo positivo de las cuentas del Estado antes de pagar el principal y los intereses de la deuda) que exige Bruselas. Superávit del 1,5% del PIB que, por cierto, han logrado conseguir. No obstante, la posición oficial de los acreedores es que, a partir de 2018, Grecia deberá multiplicar ese esfuerzo para elevar al 3,5% el superávit primario durante, agárrense a la silla, veinte años seguidos. Una quimera que nadie, empezando por el propio FMI, se toma en serio. Un FMI, por cierto, que ha publicado sus propios cálculos sobre el nivel que habrá alcanzado la deuda griega en 2060: el 260% del PIB. Dicho de otro modo, la posición oficial del mismísimo Fondo es que la deuda de Grecia no se va a pagar nunca por la palmaria razón de que es imposible que se pague. Mientras tanto, ya ha saltado del 120%, que ese era su nivel en 2010, hasta el 180% de hoy mismo.

En los últimos siete años, el PIB se ha contraído en un 33%. El desempleo afecta al 25% de la población. Desde 2012, una de cada tres empresas se ha declarado en bancarrota. No hay ni trenes ni autobuses en muchas regiones del país. Más de 25.000 médicos han sido despedidos. El nivel de vida del 15% de la población ha caído a niveles de pobreza extrema… ¿Qué se puede hacer con Grecia? Schäuble, el ministro alemán de Finanzas, era un decidido partidario ya en 2015 de sacar al país del euro, siquiera de modo temporal. Hace un año y pico, su postura, que coincidía con la de la patronal alemana, salió derrotada. Pero ahora hay muchas más voces en la élite de la Unión que se están sumando a la suya. En el fondo, todo el mundo sabe que Grecia no puede permanecer en el euro. Pero nadie está dispuesto, de momento, a asumir en primera persona la responsabilidad histórica de reconocer que la moneda común no era ni irreversible ni eterna. Lástima que la verdad no vaya a dejar de ser la verdad por mucho que los europeos nos empecinemos en no querer admitirla. Trump, al que, igual que sucediera en su día con Reagan, se intenta presentar como si fuese un palurdo ignorante, sabe muy bien lo que dice cuando augura el colapso próximo de la actual Unión Europea. Pero que muy bien.

Elogio de las fronteras
Rafael L. Bardají gaceta.es 23 Febrero 2017

El premio Nobel de economía, Milton Friedman, dijo una vez que se puede tener una política de fronteras abiertas o un estado de bienestar, pero que “no se puede tener fronteras abiertas y un estado de bienestar al mismo tiempo”. Con toda certeza, los más de cien mil manifestantes que recorrieron las calles de Barcelona el fin de semana pasado exigiendo a España y el resto de Europa acoger más refugiados, no lo sabían. De ahí, sin duda, que los medios de comunicación tradicionales, corrieran a aplaudir esta iniciativa cívica. Yo no. Defender la emigración descontrolada es de necios o de suicidas.

Sobre la emigración, en España, se han dicho muchas tonterías sobre la base de que somos un país de emigrantes. Normalmente nos quedamos con los vagos recuerdos de ese millón de españoles que salió a Europa, esencialmente Alemania, en los primeros 60 para forjarse un destino mejor. Pero la mayoría olvida cómo se encauzó legal y administrativamente aquel flujo. Lejos de ser un fenómeno incontrolado. Si nos fuéramos mucho antes en la Historia, con la colonización de América, nos deberíamos preguntar qué idea sacarían los indios nativos de nuestra llegada. Porque la emigración actual posiblemente tiene mucho más que ver con nuestra conquista, que con la migración económica que permitió el boom español de los 60. Pero eso es otra historia.

Oponerse a la emigración es un tabú en nuestro país. Desde la derecha, la arribada de emigrantes siempre se ha entendido como un hecho positivo ya que se considera al emigrante una unidad económica. Mano de obra barata; contribuyente a las arcas del Estado; consumidor. Desde la izquierda, refugiados y emigrantes son un asunto sentimental, emocional, donde plasmar nuestra bondad y buenos deseos de amor, paz, solidaridad y concordia. Es más, se trata de hacernos perdonar los pecados del colonialismo considerando a los de fuera tan dignos de derechos como los nacionales. Da igual si ese colonialismo fue benigno, modernizador o un desastre. Y, sin embargo, la racionalización economicista de la emigración es a todas luces incompleta y la emocional, sencillamente cultural y socialmente suicida.

Cierto, el emigrante que trabaja es un factor añadido de producción, pero también es una unidad de consume nuestros recursos. Y en una cantidad nada desdeñable. Dada la dispersión de contabilidades entre gobierno central, gobiernos autonómicos y ayuntamientos, es imposible hoy por hoy contar con una cifra realista de las subvenciones que se dan a los extranjeros en España. De vez en cuando, y de manera anecdótica, nos enteramos que tal o cual jihadista apresado por las fuerzas de seguridad del Estado, cobraba de aquí o allá. Por ejemplo, Ahmed Bourgueba, argelino de 31 años, condenado el pasado diciembre por la Audiencia Nacional por delitos de terrorismo, recibía del Gobierno Vasco 875 euros mensuales de su fondo contra la exclusión social. Igualmente, Said Lachhab, marroquí detenido en Vitoria hace unos pocos días, cobraba cerca de 1.800 euros en diversas ayudas sociales incluso mientras estaba combatiendo en Siria.

Otras estadísticas oficiales también resultan engañosas. Por ejemplo, suele citarse que las visitas a médicos de cabecera de la seguridad social por parte de los emigrantes, está por debajo de la media nacional. Pero se ignora que es porque acuden a urgencias por cuestiones médicas que los españoles tratan con sus médicos de cabecera. Las últimas cifras oficiales sobre aportación económica de la emigración datan de 2006 y su metodología está en entredicho. Costes asociados, remesas salariales que salen del país; economía sumergida; y otros intangibles, que no se contabilizan nunca.

Suele afirmarse que, dado que la mayor proporción de emigrantes proviene de América Central y del Sur, los problemas de integración que otras nacionalidades tienen en países vecinos, aquí apenas se dan. Pero no es cierto. Pero el idioma no lo es todo. De hecho, el castellano ha sido lo primero que ha sufrido, deteriorándose para acomodar modismos que nos han sido ajenos. Las formas también han sufrido. Claro, que estos aspectos suelen importar bastante poco incluso a los españoles. Hay otros fenómenos que llaman más la atención del español, como el turismo médico o las bandas criminales, maras o como se quieran autodenominar. No en balde casi el 30% de la población reclusa es extranjera. Según los datos de la Secretaria de Estado de Seguridad, mientras que los ciudadanos de origen marroquí no llegan al 2% de la población total en España, cometen casi el 20% de los asesinatos que tienen lugar en nuestro país. Sólo los rumanos, como colectivos, cometen más actos delictivos que los marroquíes, aunque son casi todos menos graves, al atentar más contra la propiedad que contra la persona. Y que conste que sólo hablamos de condenados, porque como bien sabemos, por desgracia, muchos delitos quedan sin su justo castigo.

El hecho de que, a pesar de la supuesta contribución neta a la riqueza nacional por parte de los emigrantes, el Estado continúe gravando a sus ciudadanos con más y más impuestos, contradice un poco la lógica economicista. Habida cuenta de que el estado se gasta las grandes partidas en programas sociales. ¿Si tanto y tan bueno aportan, no sería viable reducir esos gastos y los consabidos impuestos?

En fin, de la emocionalidad como base para obrar como si las fronteras no existieran, poco se puede decir. Es una respuesta egoísta de quienes quieren sentirse bien a costa del dinero de los demás. Marine le Pen puso colorada a la estrella de las entrevistas Ana Pastor cuando le preguntó cuántos emigrantes acogía en su casa. ¿Cuántos emigrantes acogen los 150 mil manifestantes de Barcelona? No, las quejas y las demandas siempre tienen que ser resueltas por otros, por las instituciones. O sea, por nuestro dinero vía impuestos y subvenciones.

Hay una app que cualquiera puede descargarse en el móvil que monitoriza los movimientos de los buques en la mar. Si uno se toma la molestia de analizar los movimientos de las naves de las ONGs que dicen rescatar a “refugiados” frente a nuestras costas, sólo puede concluir con que esa labor de socorro obligada por estar en nuestras aguas, es una completa falacia. Las mafias lanzan una señal de socorro tan pronto como las pateras dejan las playas y nuestros barcos se lanzan a socorrerlas no frente a nuestras costas, sino frente a las costas de Libia. Por eso cuando se produce una desgracia, como los 74 emigrantes muertos de ayer, los cadáveres fueron encontrados de donde nunca debían haber salido: una playa de Libia.

Quien defiende la acogida masiva de “refugiados” (aunque no vengan de países en conflicto) hoy es porque, consciente o inconscientemente, apuesta por el multiculturalismo y el relativismo. Es porque no le importa que se creen guetos donde la ley sea distinta, donde las costumbres sean distintas, donde la lengua sea distinta. Donde, y eso es lo verdaderamente importante, la concepción de la vida, de la sociedad, de las instituciones políticas, sea distinta. Donde, lo peor, no sólo no se quiera la asimilación en el país de acogida, sino que se rechacen las leyes y costumbres de quien les abren sus brazos. Que el nombre más común en el registro civil en Inglaterra sea Mohamed por cuarto año consecutivo, debería decirnos –y preocuparnos- algo. Que las piscinas municipales de Oberhausen, una ciudad media alemana que cuenta con más del 21% de su población que son refugiados, hayan tenido que cambiar sus usos para acomodar la separación por género y permitir el uso del burkini, también nos debería hacer pensar.

Nos guste o no, la verdad es que la ola de emigración que se ha abalanzado sobre Europa nos trae personas que no conocen nuestro sistema de vida, que nunca han podido vivir en una sociedad abierta y democrática y a muchos que rechazan tener que vivir como nosotros. Por eso, defender hoy una política de llamada o de puertas abiertas es simple y llanamente suicida. Es alimentar el cáncer antiliberal y antidemocrático en nuestro propio cuerpo.

Aún peor, como bien sabemos, muchos de los jihadistas que han cometido atentados en Europa, desde Alemania al sur de Francia entraron en la UE disfrazados como refugiados. Hoy Interpol sospecha de cientos de “refugiados” como infiltrados del terrorismo islámico, listos para cometer sus atrocidades en nuestro suelo y contra nosotros. La emigración descontrolada es también un asunto de seguridad nacional.

A nuestro impertérrito presidente, Mariano Rajoy, le hemos podido oír alto y claro en televisión “yo no creo en las fronteras”. Es una pena, porque nuestra cultura, nuestras normas, nuestra moral, vienen definidas por ellas. De hecho, siempre he creído que era la principal obligación de un Estado defender a su población y su territorio. Ahora veo que me equivocaba.

Rajoy lo ha dicho en el Senado: “No hay que magnificar”
Antonio García Fuentes Periodista Digital 23 Febrero 2017

Rajoy pide no "magnificar" el problema de la corrupción”: http://www.vozpopuli.com/politica/Rajoy-Iglesias-corrupcion-Congreso_0_1001601348.html Como español avergonzado ya de haber nacido aquí y mucho más de la clase política que he conocido a lo largo de mis casi ochenta años y de muchos siglos atrás por lo que cuenta la historia sobre esta casta; he respondido en un medio público (Vozpópuli 22-02-2017: lo pueden comprobar en la dirección arriba indicada) lo siguiente: “Un presidente que afirma esto, sencillamente, debe dimitir de inmediato e irse a su casa”.

Y debe dimitir simplemente por cuanto alguien que diga eso en esta España de hoy, o es cómplice de esa lacra o puede que sea incluso partícipe de la misma; otra explicación no cabe al interpretar semejante afirmación hecha además en el Parlamento de una nación que además se dice democrática.

La corrupción en el grado a que ha llegado en España (y aún siguen saliendo nuevos casos, lo que nos indica que puede haber mucho tapado y pendiente de que sea sacado a la luz pública) ya es incalificable pues faltan palabras en el riquísimo idioma español para poder darle un nombre que la denomine cabalmente; por tanto es entendible el que la mayoría de españoles la tengan por el principal problema que padecemos, puesto que de él nos vienen todas las lacras que nos han empobrecido y degradado en la amplitud en que nos han dejado esa corrompida clase política, a la que alcanza con plenitud, “puesto que es corrompido el que la hace, el que la consiente e incluso el que sabe de ella y calla por miedo a las consecuencias que le llegasen por denunciarla”.

Y lo incomprensible y que no deberíamos aceptar por nada del mundo, es el trato que se les da a los corrompidos, que incluso “se les premia” (a muchos) con esos retiros muy bien pagados, para que una vez “discretamente apartados del puesto que ocupaban”, los pasan a otros mucho mejor pagados, lo que ya es como dice el certero dicho español, que es el que dice aquello de “limpiarse en los cortinones”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

¡Españoles no, refugiados sí!
Vicente Torres Periodista Digital 23 Febrero 2017

La del título era una de las pancartas que se exhibieron en cierta manifestación habida en Barcelona. Esa pancarta es significativa, porque muestra el deterioro intelectual de quienes la portaban.

No se dieron cuenta de que con esa leyenda demostraban que los refugiados no les importan, sino que los utilizan como pretexto para ofender a quienes a pesar del enfermizo clima reinante logran mantener la cabeza en su sitio.

En otra de las pancartas instaban a los fascistas a marcharse de Cataluña, sin comprender, porque a ese nivel están, que los fascistas con ellos. Su insania les lleva a pensar que son dueños de las palabras y sus significados y, por tanto, pueden catalogar como fascista a quienes se les antoje. Pues no, no pueden. Los fascistas, los intolerantes, los insolidarios, son ellos.

Se creen los dueños de Cataluña y ni lo son ni lo pueden ser, porque no ha surgido con ellos, sino que se ha ido haciendo a lo largo del tiempo en virtud de muchas cosas a las que son ajenos estos dementes que se creen, más o menos, que son como Napoleón. El 19 de julio de 1901, Práxedes Mateo-Sagasta, en el Congreso de los Diputados, dijo esto:
«¿Quién duda que Cataluña se ha hecho rica por España y con España? ¿Quién duda que para hacerse rica, ha habido necesidad de concederla en las leyes ciertos privilegios, que le han dado ventajas sobre sus hermanas, las demás provincias de España?».

http://aps.unirioja.es/buscasagasta/registro.jsp?id=1687&cad=Sesi%F3n:%2019%20de%20julio%20de%201901&tipoBusqueda=alguna&resalta=0

Tengo escrito y lo repito una y otra vez que el agradecimiento es propio de los espíritus elevados. Obviamente, queda fuera del alcance de los dementes, que bastante tienen con pensar en sí mismos y se comprende que recurran al egoísmo, la intolerancia y la xenofobia, como modo de hacerse notar, para reclamar más privilegios, más mimos, más conmiseración.

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Separatismo catalán, espionaje y deslealtad
Editorial La Razon 23 Febrero 2017

Ciertos procesos políticos arrancan su declive con rapidez tras alcanzar su cénit. Ha sucedido con el separatismo en Cataluña, que parecía incontenible hace unos años y que, desde entonces, su decadencia va pareja al desinterés, el hartazgo y el abatimiento ciudadanos, como recogen incluso las encuestas de la propia Generalitat. En todo ese proceso declinante hay otro elemento decisivo como son las luchas intestinas de los socios secesionistas, los espionajes mutuos, las estrategias divergentes y los sabotajes en modo de fuego amigo. Y en ese campo las filtraciones interesadas se han convertido en instrumentos del juego sucio.

«La Vanguardia» desveló ayer un almuerzo entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont en el Palacio de La Moncloa el pasado 11 de enero. 40 días después, 40 días en los que el gobierno independentista mentía sobre la falta de voluntad de diálogo del presidente del Gobierno, la cita fue filtrada por los rivales internos del presidente catalán –bien de ERC o del propio PDeCAT– en medio de desavenencias y desconfianza crecientes en el independentismo. Igual que fue «reventada» la reunión discreta de Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras el 10 de enero por el entorno de Puigdemont.

Que se agite el referéndum para encubrir este pulso fratricida es una irresponsabilidad más de gentes que atienden sólo a sus intereses. El horizonte no es tranquilizador con un desafío promovido por incontrolados que no se soportan. El Gobierno ya sabe que la mano tendida nada garantiza si la otra parte está empeñada en la colisión.

De cabeza contra la pared
Aleix Vidal-Quadras gaceta.es 23 Febrero 2017

Empiezan a proliferar las noticias sobre reuniones secretas de Mariano Rajoy con Carles Puigdemont y también sobre las preferencias de la Vicepresidenta a la hora de elegir un interlocutor válido en el campo independentista para desenredar el ovillo catalán. Parece que el afortunado es Oriol Junqueras, que sin duda presenta la ventaja frente al actual Presidente de la Generalitat y su predecesor de que es un hombre calmado cuyo independentismo es pausado y reflexivo frente a la exaltación acelerada de sus compañeros de aventura. La diferencia entre el líder de Esquerra y los jerifaltes de la antigua Convergencia es que no está acuciado por los tribunales, las deudas y el peligro de jibarización de su partido. Por el contrario, observa cachazudo como sus expectativas crecen en las encuestas mientras las de la banda del tres por ciento se encogen día a día. Dado que el objetivo de Junqueras a corto plazo es reemplazar a Puigdemont y entrar coronado de laurel en la Plaza de San Jaime y el nuevo Estadito soberano lo contempla a mayor distancia en el tiempo y no digamos en el espacio, es muy posible que no le haga ascos a llegar a alguna componenda con la infatigable Soraya en forma de mayores competencias y más dinero para las exhaustas arcas autonómicas. Esta jugada se podría redondear con el apoyo, eso sí, bien remunerado, del PSC, dejando de paso a la CUP con un palmo de narices y a Ada Colau de vuelta a las telenovelas.

Esta hipótesis no es tan inverosímil como puede parecer a primera vista por la sencilla razón de que la separación unilateral es imposible se mire por donde se mire. En efecto, es inviable financieramente porque la Generalitat está quebrada, es impracticable jurídicamente porque su inconstitucionalidad es flagrante y es ridícula políticamente porque carece de apoyo internacional y condenaría a Cataluña a la condición de sin techo aterida de frío en la intemperie exterior de Naciones Unidas, la Unión Europea, la OTAN, el FMI y la OMC, o sea, a la irrelevancia pordiosera. Junqueras lo sabe al reunir dos características que, aunque en casos muy contados, son compatibles: ser nacionalista y conservar un rastro de racionalidad. Y nadie que no sea un orate se lanzaría de cabeza contra una pared de cemento como planean los aturdidos dirigentes del Partido Demócrata Europeo Catalán y de los grandes expresos irredentos. Por tanto, es muy probable que en Esquerra Republicana estén considerando una salida que evite la catástrofe dado que en su memoria corporativa está clavado el recuerdo del fiasco del Avi Maciá en 1931 y de Luis Companys en 1934 y no les debe apetecer demasiado repetir la mascarada, por mucho que se diga que no hay dos sin tres.

Son perfectamente conscientes de que incluso un Presidente del Gobierno con el dinamismo de un oso panda como el que ahora disfrutan los españoles, está obligado si el Parlamento de Cataluña entra en fase de delirio y lanza la proclama secesionista, a mandar media docena de directores generales que se hagan cargo de las consejerías clave y un comisario principal que tome el mando de los Mossos, con lo que se les acaba el sueldo y la fiesta. En cuanto a la amenaza de sacar los hooligans a la calle, eso es ruido durante un par de días, unos cuantos contenedores ardiendo, cuatro escaparates rotos y poco más. Al fin y al cabo, los catalanes no son las hordas de Atila y pasada la primera fiebre patriótica los niños han de ir a clase, las tiendas han de hacer caja y los funcionarios han de cobrar a fin de mes. Teniendo en cuenta que a partir de la intervención de la Autonomía, las nóminas las pagaría directamente Montoro, pues se aplica el viejo dicho de la tierra: “qui paga, mana” y la paz vuelve a reinar.

Aquí se van a juntar el miedo de los separatistas a perderlo todo y la inmensa pereza que le dan a Rajoy los líos para propiciar un arreglo provisional que les permita a todos salvar la cara y tirar adelante unos años más. El noble y en otras épocas laborioso pueblo catalán presenta una cierta alergia histórica al heroísmo, sobre todo cuando puede salir caro, y como de la épica no se come el resultado previsible de toda esta pirotecnia será un apaño vestido de gran ejercicio de responsabilidad por ambas partes. La pena es la cantidad de tela gastada en banderas esteladas, las energías desperdiciadas, las empresas huidas y el desgaste emocional acumulado. Hay viajes para los que verdaderamente no hacen falta alforjas, sino un mínimo de sensatez.

Soraya y el Círculo Vicioso
Pablo Planas Libertad Digital 23 Febrero 2017

De lo trascendido en las últimas horas en materia catalana se deduce que Puigdemont miente y que Rajoy toíto se lo consiente menos que le mente el referéndum. En la pugna por el relato, la operación Diálogo del Gobierno gana por goleada. El Govern está roto. Puigdemont es un florero en manos de Artur Mas y el tonto útil en las de Junqueras. O al revés, tanto monta. La unidad soberanista es la fábula del escorpión y la rana.

Mucho se ha hablado de las virtudes de la actitud contemplativa de don Mariano a la hora de abordar el expediente catalanista. Gracias a esa táctica no sólo se llevó a cabo el 9-N, el menor de los detalles, sino que persisten la inmersión lingüística, el adoctrinamiento escolar, la manipulación mediática, la historia falsificada, el odio a España, etcétera, etcétera.

Sin embargo, dista de estar claro que su actual resolución para abordar el conflicto vaya a contribuir a la disolución del grano. Es evidente que se ha cargado a Puigdemont, cuya credibilidad es nula tras haber perjurado, mírame a los ojos, que no se había reunido con el inquilino de La Moncloa. También resulta obvio que Rajoy parece dispuesto a pagar un precio en el que se incluiría la venta de España al diablo.

Según el argumentario del Gobierno, el susodicho está dispuesto a negociar 45 de los 46 puntos del memorial de agravios del catalanismo. Todos menos el del referéndum, que consta el último pero es el primero. Las reivindicaciones incluyen la renuncia absoluta, completa, definitiva y total del Estado a las mínimas competencias que no ejerce sobre lengua, enseñanza y cultura. Y dado que no las ejerce, ancha es Castilla.

El último capítulo conocido de esta serie es el almuerzo de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría con una estupefaciente congregación denominada G-16. La cosa es la suma de las entidades más distinguidas del Principado. A saber: el Real Automóvil Club de Cataluña, el Orfeó Català, el Ateneu de Barcelona, el Club de Polo, el Centre Excursionista de Catalunya, el Barcelona, el Espanyol, el Club Natación Barcelona, el Tenis de Barcelona, la patronal Foment, ex Fomento Nacional del Trabajo, el Instituto Agrícola Sant Isidre, la Cámara de Comercio y los Círculos Ecuestre, de Economía, del Liceo y el Artístico. La repera para perorar con la vice. Sólo faltaba el Círculo Vicioso.

El resumen de la comida (de tarro) es que los interlocutores del Gobierno representan a toda Cataluña y que no son ni mejores ni peores que sus pares de la peña gastronómica de Almendralejo o el consejo regulador del tinto de Valdepeñas, sino "diferentes". Otra cosa, oiga usted, señá Soraya. ¿Que no? Venga a nuestra próxima calçotada y verá cómo chupamos la cebolla temprana.

Los distinguidos príncipes de la sociedad civil agasajaron a la vicepresidenta con unas selectas alcachofas de El Prado de Llobregado mientras glosaban las grandes ventajas de la escolarización monolingüe, el NODO de TV3 y la discriminación lingüística como hecho diferencial. ¿Y el referéndum? Tiempo al tiempo y paso a paso. Las competencias exclusivas y excluyentes sobre la lengua son una auténtica ganga.

Secesión, estiércol
ARCADI ESPADA El Mundo 23 Febrero 2017

El proyecto secesionista pasa por su peor momento. La movilización ciudadana acusa el cansancio de tantos años estériles: Artur Mas llegó a juicio acompañado de una manifestación tan inmoral como fracasada; y parece que el secesionismo tenga que parasitar otros objetivos políticos, como el de la acogida a los refugiados, para mantener su presencia en las calles. El Estado, tras su primera reacción perpleja y torpe, ha empezado a actuar jurídica y políticamente. Mas y dos de sus consejeras han sido juzgados y es probable que tengan que hacer frente a una condena. Y la posibilidad de que la autonomía entre en una grave crisis institucional, si el Gobierno Puigdemont convoca un referéndum, ya está en boca de ministros que en el pasado defendían el 9-N como un ejercicio de libre expresión. La política española discurre por una relativa estabilidad, después de los dramáticos paréntesis postelectorales, y la situación económica ya no actúa como banderín de enganche de cualquier actividad contra el sistema.

Pero hay esperanza.

Aquel movimiento naïf de domingos por la tarde (hay literatura de domingos por la tarde como hay política), colorista y hasta plácido, aquella simpática xenofobia que ha sido la base de su éxito, concita hoy una respuesta endurecida. Ya no es la disidencia interior, sino la mirada exterior, la que identifica la secesión catalana como uno de los peligros de la época, junto a Trump, el Brexit, Le Pen y otros innobles aliados del antisistema. El secesionismo ha tenido que atender, estupefacto, a la siniestra imagen que le devuelve el espejo. Esa alianza de indeseables es su esperanza. Si la caída del comunismo llevó entonces a los nacionalistas a la fulgurante tentación de equipararse con las provincias bálticas soberanas ("abans que la Bàltica es glaci" desvariaba Pujol en sus sueños húmedos), la destrucción del proyecto europeo es ahora su impresionante esperanza. Los nacionalistas catalanes están en manos de Wilders, Le Pen o Grillo y en la suerte electoral que corran. Unas compañías con las que ya estaban familiarizados tras su alianza con la Cup, la cutre versión local del antisistema.

Ningún movimiento secesionista ha triunfado nunca sin una clave externa favorable. De ahí que solo el estiércol de Europa pueda alimentar su improbable primavera.

El fascismo catalán
Ramón De España cronicaglobal 23 Febrero 2017

Hace tiempo que el nacionalismo se confunde por aquí con el progresismo, hasta el punto de hay quien cree que España se divide en dos grandes bloques, los catalanes y los fachas. ¡Como si aquí no tuviésemos fachas! Nos lo ha recordado recientemente Josep Piqué y todo el mundo se lo ha tomado a pitorreo porque, como es del PP, partido fundado por el franquista Fraga, arrastra una especie de pecado original. Que le pregunten a Arcadi Navarro, secretario de Universidades de la Generalitat si hay fachas en Cataluña, pues los tiene a dos pasos: son los estudiantes que han colgado fotos suyas con la leyenda "recuerda que eres mortal" --que si no es una amenaza de muerte, se le parece mucho-- y los que ya montaron unas buenas tanganas cada vez que se manifestaban los alumnos de SCC en la UAB. Es en el frente de juventudes nacionalista donde se encuentran más intolerantes, más aspirantes a miembro de la Banda de la Porra, más fachas. Pero esos fachas se hacen llamar antifascistas, lo cual convierte en fascista a cualquiera que les caiga mal.

La revolución de las sonrisas se está llenando de gente con muy mala uva y escasísima paciencia ante las opiniones contrarias. Y como son catalanes, no contemplan la posibilidad de ser también fachas. Cada uno en su sector, van todos a una para imponer su criterio, ya sea amenazando a un alto cargo universitario, forzando la retirada de una instalación artística en el Fossar de les Moreres o friendo a tuits a cualquier tertuliano del panfleto nocturno de Xavier Graset que se les antoje mínimamente desafecto a la Gran Causa.

Contra lo que creen muchas de estas almas nobles nacionalistas, es perfectamente compatible la condición de catalán con la de facha, y el hecho de que Piqué forme parte de un partido lamentable no quita para que la verdad sea la verdad, dígala Agamenón o su porquero. La intolerancia se va extendiendo entre nosotros con la comprensión y la complicidad de los políticos al mando y sus medios de comunicación comprados o domesticados. Hace tiempo que la mitad de Cataluña intenta eliminar a la otra mitad. Y aunque no es cierto lo que dice el liante de Eduardo Inda sobre la situación de la convivencia en Cataluña, supuestamente terrible y peor que la que se dio en el País Vasco en su momento, sí lo es que hay un gobierno que solo respeta a los catalanes que les dan la razón. Y a los demás, que los zurzan. Y luego se quejan si por ahí fuera los meten en el mismo saco que a Marine Le Pen o Geert Wilders.

“Patria”: un retrato de Euskadi emocionante del miedo y del terror
José Oneto Republica 23 Febrero 2017

Lo han dicho muchos, pero es verdad. Cuando terminas de leer la novela de Fernando Aramburu (San Sebastian1959) “Patria” (Tusquet), más de 600 páginas, el fenómeno literario de los últimos meses (120.000 ejemplares en doce ediciones, desde el pasado mes de Septiembre) quedas tocado, sin comprender tanta crueldad, tanto odio, tanto miedo, tanta cobardía. Quedas tocado por tanta miseria moral, por tanta bajeza, pero quieres seguir leyendo, quieres más datos, más historia para comprender qué sucedió en Euskadi cuando ETA inoculó el miedo y el chantaje, entre gentes que siempre convivió en paz y que sufrió durante décadas el terror, y sobre todo, y es lo más grave, las consecuencias psicológicas, y morales, de ese terror.

Aramburu, un escritor guipuzcoano que jamás pensó que su novela pudiera producir el efecto catártico que ha producido en el País Vasco y en el resto de España, ha sido el primer sorprendido de su propio éxito, del éxito de una obra de ficción fundamental para comprender lo que ha pasado en Euskadi con ETA .Y no sólo lo que ha pasado, sino lo que es más importante, el efecto en una forma de actuar que ha producido en su población, en los pequeños pueblos en esa convivencia diaria entre vecinos que se conocen todos, y a la que la organización armada ha querido llevar a una situación de violencia soterrada, dominada por los silencios que produce el miedo, la amenaza oculta, la acusación que un día aparece como pintada en las paredes, y que se extiende como la pólvora, hasta que llega el asesinato por la espalda.

Sorprende que mientras todas las informaciones sobre ETA han producido un hartazgo en la opinión pública, que una novela como “Patria“, se haya convertido en una obra que explica, mejor que cualquier ensayo o trabajo histórico, todo el dolor de una sociedad que ha vivido y convivido con la muerte y con el chantaje desde el nacimiento de una ETA que, por fin, se ha dado cuenta de que ese camino conducía a la Mafia y no a la liberación Nacional. Pero en el camino ha dejado un dolor entre las víctimas, sus familias y su entorno, difícil de olvidar.

La novela, efectivamente, habla de ETA y de su mundo, utilizando a dos familias, que viven en el mismo pueblo y unidas por una gran amistad. Una de ellas con un padre y marido asesinado por la banda armada el Txato, y la otra con un hijo, de Mirem, amiga íntima de la mujer del Txato, en la cárcel por su vinculación con ETA y que fue el asesino de ese Txato que no pudo pagar el impuesto revolucionario y fue condenado a muerte. La trama, brillante, bien contada literariamente, con una gran honestidad, se desarrolla como si fuera un guión enriquecido de una película que aunque sea ficción, todos saben que puede ser perfectamente real, tan real que estás a punto de llorar, porque ves el inevitable desenlace y cómo se va deteriorando una amistad de años por la cerrazón, el miedo y las consecuencias de lo que llaman “el conflicto”. Se trata de la novela de las víctimas, por las que siempre ha luchado Aramburu, y resume perfectamente a través de la historia de esas dos familias más de 30 años de convivencia en el País Vasco entre víctimas y verdugos. El punto de partida de esta novela es el alto el fuego decretado por ETA, aunque el libro viaja hacia delante y hacia atrás para dar voz a personajes que, o bien pretenden olvidar su pasado, o bien buscan una redención.

En ese ir adelante y atrás y distribuido en 125 capítulos que parecen cuentos, se reflejan, de pasada, todos los acontecimientos de esos más de cuarenta años de terror, con los papeles que desempeñan los distintos partidos políticos, especialmente el PNV, la Iglesia Católica y un cura muy representativo de todo un sector eclesiástico que justifica las acciones de la banda. Y, cómo no, se refleja el atentado de Hipercor, el Gal, los casos de Laza y Zabala, o el asesinato de Gregorio Ordoñez.

Cuenta Aramburu, que verá convertida su novela en una serie de televisión para la que ya se han adquirido los correspondientes derechos, que como escritor ha querido dar una imagen global de la sociedad vasca y que aunque su comprensión está con las víctimas, también ha retratado a los victimarios con toda su densidad y contradicciones. “Uno de los etarras escribe a la mujer del Txato, víctima de la violencia para decirle: “Yo no entré en ETA para ser malo”. Y yo no he escrito ‘Patria’ para juzgar a nadie. No opero con personajes que son meros recipientes de ideas. Quiero entender por qué un muchacho que nace puro e inocente, se educa y crece en un entorno social determinado, poco a poco junto con otros de su edad entra en una organización armada y comete ciertos actos. Eso es también obligación mía. Colgarle el sambenito e influir en el lector orientándole ideológicamente”.

Lo que es evidente que ese retrato del miedo y el terror, remueve con fuerza las conciencias y conmueve, hasta el llanto.


 


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