AGLI Recortes de Prensa    Martes 28  Febrero 2017

La amenaza plurinacional y la identidad de España
Ricardo Chamorro gaceta.es  28 Febrero 2017

Tanto Podemos, como Izquierda Unida, como Pedro Sanchez, como la declaración de Granada del PSOE, como prácticamente toda la izquierda y el separatismo asumen el concepto de plurinacionalidad del Estado.

Este concepto, fraguado a lo largo de décadas, cuyo primer articulador fue el catalanista Prat de la Riba, es el pensamiento de dos padres de nuestra Constitución, de los siete que hubieron, que son Herrero de Miñón político de UCD y después de AP, y Roca Junyent político de CIU, lobista y abogado.

Herrero de Miñón afirma "yo que soy un apasionado devoto de la España grande, que es el resultado fuerte y vigoroso de la libre adhesión de todos sus pueblos, creo que Cataluña es una nación". Roca Junyent afirmó hace poco, taxativamente “¿Pero qué se han creído? Cataluña es nación"
¿España es solo algo entrañable o metafísico?

Lo explicó Jordi Pujol en los noventa cuando dijo que: "Cataluña es una nación; España no. España es una cosa entrañable". “Si Cataluña es una nación España no puede serlo”

Este pensamiento da al concepto de España un sentido metafísico y por lo tanto marginal, que se circunscribiría simplemente, en la actualidad, en la denominación de un Estado, el llamado Estado español, que tendría en su seno naciones verdaderas.

Este concepto, fue alimentado por definiciones difusas como el concepto de hispanidad de Maeztu o Vasconcelos, o la unión de pueblos con un destino en lo universal que esgrimía el anterior régimen.

Es curioso que la izquierda reivindique este pensamiento que es una mezcla de tradicionalismo mal entendido o dirigido y de liberalismo voluntarista de Ernest Renan o Giuseppe Mazzini. De hecho la izquierda jamás fue federalista y se enfrentaba en sus inicios en el siglo XX al concepto federal por conservador, que esgrimía gente como Pi Margall. La izquierda en sus inicios, reivindicaba el estado unitario.

¿España es una nación?
Entre conservadores con una idea distorsionada de lo que es España, entre liberales que solo creen en el pacto roussoniano y desprecian las identidades naturales que no formen parte la voluntad, entre nacionalistas separatistas que reivindican su nación negando España, y entre progresistas que relativizan cualquier concepto nacional, España como nación se encuentra en peligro.

Pero la pregunta es si España es una nación o no, y ante ello podemos afirmar que tanto en el concepto clásico de nación como el concepto liberal o político de nación, España es una nación con todos los requisitos.

España es una comunidad histórica y humana objetiva, con una identidad, con ciertas características culturales comunes, dotada de un sentido étnico-político, con unos rasgos externos hereditarios, expresados en una lengua que además es universal, una cultura diversa en sus regiones, un territorio y unas tradiciones comunes basadas en la tradición cristiana-europea, madurados a lo largo de nuestro proceso histórico. España poseería entonces una existencia objetiva que estaría por encima del deseo particular de los individuos que la forman.

El pueblo español es el sujeto histórico, étnico-político, que constituye la Nación Española, realidad histórica devenida a lo largo de la historia (Roma, Monarquía hispanogótica, Reconquista), conformada entre los siglos XVI y XVIII (desde el reinado de los Reyes Católicos hasta el de Carlos III) e instituida de forma moderna con el constitucionalismo nacional-liberal originado en 1812 hasta la actualidad.

España, a través de nuestra Constitución, es el sujeto político en el que reside la soberanía constituyente del Estado. La soberanía reside en el pueblo español definido anteriormente, el pacto voluntario está presente en nuestra Constitución por lo que además de ser una nación objetivamente en el sentido clásico, somos un Estado constitucional por voluntad propia, aprobado en referéndum por más del 80 % del pueblo español.

¿Cuál es el problema entonces?
Que en un mundo moderno donde se desprecian, relativizan y discuten todas las identidades objetivas o naturales, España no iba a ser menos.

La identidad de España es la que está en peligro, y por lo tanto el Estado que se asienta en un sujeto político relativizado como es el pueblo español también lo está. Defender la identidad de España y la verdadera identidad de su pueblo y regiones, es la única garantía de mantener el Estado constitucional.

Defender la identidad de España no es una opción marginal, sino la única opción.

Como decía Gustavo Bueno "Lo que corre peligro no es la unidad de España, es su identidad"

Pedro y el Estado plurinacional
Fernando Paz gaceta.es  28 Febrero 2017

Aunque estamos curados de todo espanto con respecto al nivel de nuestros políticos, lo de Pedro Sánchez es de grajo en plena helada. Asombrosa mixtura de ignorancia y ambición, Pedro escupe como nadie la vaciedad del mundo desde la oquedad de su cabeza, que diría don Antonio.

La verdad, alegaría un diablo togado, es que Pedro es sólo más evidente que el resto de nuestros políticos, pero es que ese es un pecado mortal en un medio, como el que nos ocupa, en el que el parecer lo es todo. Por eso, el quehacer de unos políticos que no creen en nada (pero absolutamente en nada) radica en plantar el estandarte con avidez de conquistador sobre el espacio libre, sea el que sea, siempre que exista algún cliente. Así que lo mismo nos da recortarnos sobre la rojigualda y prometer, como Prim con los borbones, que jamás, jamás jamás el populismo, que proponer la supresión del Ministerio de Defensa o el desguace de la nación en comandita con la consabida caterva de aldeanos periféricos.

Quiere uno pensar, en punto a evacuar culpa del ceporro, que Pedro es seguramente incapaz de entender tanto la dimensión sideral de la estupidez del "Estado plurinacional" como su peligrosidad. Porque a Pedro solo le interesa forjarse un espacio propio en la izquierda del partido, sabedor de que en el PSOE los militantes son más progres que los votantes y que, a la postre, quienes eligen son aquellos.

Pero la apuesta de Pedro Sánchez, que es peligrosa porque puede arrastrar al PSOE, implica la negación de la existencia de la nación española. En primer lugar, porque a la existencia de España -quiero pensar que se refiere a ella cuando menciona al "Estado"- en el discurso pedril se la relega a una confusa nebulosa; pero, sobre todo, porque no es posible que una nación esté compuesta de naciones. Una nación -y esta es una cuestión conceptual antes que ideológica- no puede estar formadas por distintas partes cada una de las cuales sea igual al todo.

La idea de que España es una "nación de naciones" es una frase sin sentido que apenas expresa algo más que un abyecto complejo histórico ante el desafío del independentismo catalán, al que se regala una inapreciable batería de razones, pues si Cataluña fuese una nación, ¿cómo no habría de tener un Estado? ¿acaso no sería lo propio, lo lógico y natural, y lo justo?

La vaciedad del "Estado plurinacional" supone, además, no distinguir entre el hecho de que España es plural (¿qué nación no lo es?) y el de que España sea un Estado plurinacional; vamos, algo así como el imperio austro-húngaro.

La verdad es que las naciones de la vieja Europa se han construido a partir de una cierta homogeneidad cultural, de un espacio de ayuda mutua, de una unidad de mercado, de una igualdad legal, de un compartir experiencias, de anhelos comunes...no enalteciendo la pluralidad, sino más bien sobrellevándola. Una pluralidad que ha sido siempre el burladero de los grupos sociales que buscaban protegerse de la voluntad igualadora de la corona, primero, y de la del Estado, después; una pluralidad, argumento de quienes se aferraban al goce de sus privilegios. No parece que la cosa haya cambiado mucho.

Lo que subyace en el planteamiento pedril es, claro, la cuestión de Cataluña. Una cuestión que se pretende problemática por causas que, justamente, no lo son, pues Cataluña tiene los mismos problemas que el resto de España. Los mismos y uno más: el nacionalismo. Ese es el verdadero problema de Cataluña. Por eso, la aplicación del artículo 155, si no se incluye como parte de un diseño más amplio, mucho más amplio, no servirá para nada; porque las soluciones técnicas nunca han arreglado otra cosa que los problemas técnicos.

La aplicación del 155 es un parche de tente mientras cobro; si eso es todo lo España tiene que decir, entonces, cuando despertemos, el dinosaurio seguirá ahí.

Ya es hora de que España se sacuda los complejos, considerando una refundación de nuestra convivencia sobre otras bases, que excluyan a quienes pretenden destruir nuestra comunidad política. Pasa en Francia, pasa en Alemania. No podemos resignarnos a ser Yugoslavia.

Como españoles hemos hecho algunas de las más grandes cosas de la historia universal. Sobreviviremos incluso a tipos como Pedro Sánchez.

Autonomías, autonosuyas, "Autorruina total"
Antonio García Fuentes Periodista Digital  28 Febrero 2017

Andalucía, mangoneada (por quienes se dicen “socialistas”) desde la desaparición de la dictadura del general Franco, hace ya cuarenta años; hoy la pueden presentar como la región más empobrecida y con menos recursos de las de toda Europa; puesto que está en los últimos puestos de todos los recursos, salvo “de sol” que es el que sostiene su mejor y más pujante negocio cuál es el Turismo, cuyo principal desarrollo viene de la época de la dictadura, que fue la que originariamente consiguió que ese negocio llegase a ser de los primeros en todo el mundo y a nivel de España, como nación competitiva en ello.

Cómo infelizmente "logrado el desastre” de establecerse en España, veinte parlamentos (diecinueve “autonómicos” y uno nacional) se establecieron igualmente “el día de la autonomía”; para que los políticos pudieran montar las parafernalias que montan, para su propio lucimiento y poco más (lo que nos cuesta cantidades muy importantes de dinero que mejor las emplearan en cosas mucho más necesarias) puesto que el ya esquilmado pueblo, le hacemos menos caso que por ejemplo hacemos al amanecer de cada día; pero tienen que mantenerlas como propaganda y nos aburren cada año con unos actos que apenas les prestamos atención por lo ya dicho.

Así en Andalucía se fijó el 28 de febrero de cada año y la verdad yo ni recuerdo el motivo por el cual se fijó este día, para hacerlo “memorable”, cosa que me importa un bledo, puesto que yéndome a la realidad de las cosas, ¿qué hemos ganado con pasar de un Estado centralizado a convertirnos en una veintena de entes virreinales que como tales, se han convertido en otras tantas cortes con sus sirvientes boato, coches oficiales e infinidad de parásitos? Nada, absolutamente nada.

Como también hemos ganado con los también absurdos “defensores del pueblo”; mantener una infinidad de parásitos que para nada nos sirven; sí para mantener una infinidad de oficinas y empleados que en conjunto, nos han llevado a la ruina; puesto que, “entre el jefe superior de cada oficina, el subjefe, los secretarios de los subjefes, los de las escalas inferiores, directores generales, que hay “hasta para los gatos de los parlamentos” (metafóricamente hablando); hoy en Andalucía, hay tanto empleado oficial como “Franco tenía para toda España”.

Por todo ello, los gastos “oficiales” son escandalosos y los impuestos que nos han puesto, ya llegan hasta a “confiscar las herencias de los muertos”, las que cargan tan confiscatoriamente, que llegan al grado en que los herederos, renuncien a hacerse cargo de las herencias, por cuanto no pueden pagar esos impuestos, que además los exigen en DINERO EFECTIVO y en muy corto plazo de tiempo, por lo que esas renuncias, terminan es subasta pública y en poder de lo que se dice es… “la hacienda pública”; sumemos a todo ello, los abusivos sueldos o salarios que se fijan los “mangoneadores de la casta política”, sean presidentes o simples empleados; en lo que entran igualmente los simples ayuntamientos de cualquier municipio, muchos de los cuales e imitando a los “entes mayores", se han formado “su corte municipal” con toda la parafernalia del “señor del feudo” y la categoría que este ha montado para lucimiento ante sus súbditos.

Todo ello ha traído consigo la total ruina del conjunto global de la nación Española, cuyos gobiernos sin poner coto y como debieran haber hecho hace muchos años, volver al control central; han acumulado tal cantidad de deuda pública, que ya se considera impagable, por lo que en realidad España está en quiebra, si bien de momento se sostiene por cuanto se sigue vendiendo deuda pública y con ello se pagan los intereses de la misma, con cuyo importe de intereses (sólo) se podrían regenerar el pago de pensiones, que dicho sea de paso, también está prácticamente en la quiebra.

A lo largo de estos ya casi cuarenta años, ha habido infinidad de avisos documentados para que el desastre no llegara al grado que padecemos, pero como “la casta” en realidad todos son “de panza y bolsillo”; todos y en complicidad de casta, han hecho caso omiso a todo lo ocurrido y por lo que vemos, piensan mantenerlo hasta que el hundimiento general les haga detener “la devastadora” plaga.

Hubo incluso un muy inteligente y agudo escritor, Fernando Vizcaíno Casas , que entre tantos otros libros interesantes, publicó el titulado “Las Autonosuyas”, que luego fue pasado a una muy jocosa y divertida película, de igual título (y que debieran ver todos los españoles) la que en realidad es como una veraz “autopsia” de lo ocurrido y que hoy resumo muy sucintamente; pero tampoco sirvió para nada el caletre de tan agudo escritor, puesto que en esta segunda época política de España, fue considerado como muy franquista y por tanto, muy adicto al régimen de Franco, y eso aquí sino “pecado mortal poco le falta”.

Pero la realidad sigue siendo la de siempre: “Sin disciplina, orden, austeridad, nada funciona”. Y de esas cosas en España estamos muy ayunos y desde ya hace mucho tiempo, DEMASIADO.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

El Madrid de Manuela Carmena y la democracia degenerada
EDITORIALLibertad Digital 28 Febrero 2017

El Ayuntamiento de Madrid ha dado a conocer este lunes los resultados de la consulta popular que pergeñó en su momento para poco menos que refundar la Villa y Corte, como con soberbia ridícula han venido vendiendo el disparate Manuela Carmena y su tan incompetente como irresponsable equipo de Gobierno.

Sin vergüenza, la portavoz del Gobierno municipal neocomunista, Rita Maestre, ha calificado de "éxito rotundo" una consulta ciudadana en la que no han tomado parte 93 de cada 100 madrileños llamados al voto, entre los que había menores de edad (16 años). Ocho días ha tardado el Ayuntamiento en contar los sufragios emitidos por 212.108 personas, que se han pronunciado sobre asuntos tales como la sostenibilidad de la capital, la remodelación de lugares emblemáticos de la misma –como la Plaza de España o la Gran Vía– o si les parece bien afrentar al Rey quitando su nombre de un parque público. A esta última demanda han respondido afirmativamente 2.528 sujetos, el 0,1% del censo, y Manuela Carmena y compañía tendrán la desfachatez de proclamar que van a infamar a Felipe VI en nombre del pueblo madrileño.

Esta payasada plebiscitaria que ha permitido al Ayuntamiento capitalino despilfarrar 1,1 millones de euros de los contribuyentes madrileños –para satisfacción de empresas como Agora Voting, que curiosamente también puso el cazo en la reciente Asamblea General de Podemos– tiene mucha más importancia de lo que pudiera parecer a primera vista. La izquierda liberticida que desgobierna Madrid es alérgica a las democracias liberales y fanática de las que tienen la desgracia de padecer en lugares como la Venezuela del infame Nicolás Maduro. Y estos plebiscitos manipulados desde su mera concepción y que no son sino versiones especialmente degeneradas de los procesos electorales dignos de tal nombre son una de las herramientas de que se sirve para tratar de socavar las instituciones democráticas a base de crear instancias paralelas pretendidamente legitimadoras de sus desmanes.

El Gobierno antisistema de la ciudad de Madrid es una amenaza de primer orden para la capital y sus muy sufridos y expoliados ciudadanos, e iniciativas tan peligrosas como estas consultas plebiscitarias –tan típicas de las peores tiranías– han de ser rechazadas con toda firmeza y contundencia. Lejos de dar un plus de legitimidad a unos gobernantes que de hecho ni siquiera fueron capaces de ganar las elecciones municipales que les auparon al poder, les ponen en clamorosa evidencia y, en el caso que nos ocupa, les impiden hablar en nombre de un pueblo que les ha dado la espalda de manera prácticamente unánime.

El PSOE tiene una tremenda responsabilidad en el desgobierno de la capital, que jamás habría caído en manos de personajes como Carmena, Maestre o el concejal Zapata sin su visto bueno. Si aún le queda un adarme de dignidad política, debería poner freno de inmediato a los planes abominables de quienes quieren convertir Madrid en una comuna bolivariana.

Que los echen de una vez
OKDIARIO 28 Febrero 2017

El PSOE de Madrid es el gran culpable de que Manuela Carmena y sus concejales de la marca blanca de Podemos campen a sus anchas por la ciudad. La última ocurrencia ha sido quitarle el nombre del Rey a una zona verde al norte de la capital de España. A partir de ahora, el Parque Felipe VI pasará a llamarse Parque Forestal de Valdebebas. Todo por obra y gracia de esa dictadura asamblearia que tratan de imponer desde Ahora Madrid. El nombre del Jefe del Estado desaparece del espacio natural por el voto de 2.528 madrileños. Una cantidad a todas luces insuficiente para tomar cualquier decisión de calado en una ciudad con más de 3 millones de habitantes. No obstante, el equipo de Gobierno local lo utiliza, de manera interesada, casi como un axioma. En total, sus “consultas a la ciudadanía” han tenido un pírrico 7,8% de participación y un coste de 1,1 millones de euros.

Un dispendio sin sentido para legitimar decisiones sectarias. No obstante, esta calamitosa dinámica gestora y procedimental podría acabar ipso facto. Bastaría con que los representantes socialistas del municipio entraran en razón, pensaran en sus convecinos y dejaran de ser los cómplices indispensables de Carmena y su caterva de malos aprendices de representante público. Por ahora, el grupo al que pone voz Purificación Causapié sigue sosteniendo a una alcaldesa en minoría que, a pesar de la fragilidad de su poder, ordena y manda en la ciudad con modos y maneras casi absolutistas.

Resulta oportuno recordar que en las últimas elecciones sacaron 20 concejales, uno menos que el Partido Popular, que fue la formación que se impuso. Sin los nueve apoyos del PSOE, la ciudad jamás habría vivido esta pesadilla y Ahora Madrid estaría del todo imposibilitado para hacer lo que está haciendo, que no es otra cosa que administrar la capital de España con el mismo caos que si se tratara de un Patio Maravillas cualquiera. La urbe es paradigma absoluto de la desorganización: la basura tatúa las calles, la circulación convierte el centro en una lata de sardinas y, para colmo, el Palacio Comunicaciones se acerca a una agencia de colocación privada para simpatizantes y miembros de esta marca blanca de Podemos.

La posverdad jurídica
Para reconstruir la confianza en la Justicia es menester que la propia Justicia empiece por respetarse a sí misma
Ignacio Camacho ABC 28 Febrero 2017

Para recuperar la confianza de los españoles en la Justicia, devastada por la extensión del prejuicio populista, no va a bastar con la pedagogía de la independencia jurisdiccional si la propia Justicia no se respeta a sí misma. Una gran parte del descrédito que impide la normal aceptación de sentencias como la del caso Nóos o la de las tarjetas de Bankia se debe al concienzudo esfuerzo que los partidos han dedicado a neutralizar la separación de poderes tratando de invadir el judicial desde el Gobierno y el Parlamento. Ese intervencionismo manifiesto, a menudo descarado, ha incrementado el natural recelo popular sobre las decisiones de los jueces, dándole un cierto fundamento -o más bien un pretexto- a la creación de una posverdad jurídica que en este momento constituye la más severa amenaza para el Estado de Derecho.

En una semana crispada por veredictos socialmente hipersensibles como los de la Infanta, su marido y los usuarios de las tarjetas opacas, la política ha enseñado sin pudor sus manazas colocadas sobre el aparato judicial. Por un lado, el Gobierno no encontró mejor oportunidad para proceder al nombramiento de nuevos fiscales y al relevo de los encargados de la acusación en sumarios de corrupción que afectan al PP. Por otro, un antiguo alto cargo de Chaves y Griñán -¡¡secretario general de Justicia, por el amor de Dios!!- resultó elegido ponente de la sentencia que debe absolver o condenar a sus antiguos jefes en el caso de los ERE, sin mostrar intención alguna de abstenerse ni señal de sentirse concernido por la más mínima susceptibilidad. Son episodios como éstos los que conducen al desaliento cualquier intento de reivindicar la honestidad de la administración de justicia, un compromiso en el que deben involucrarse en primer lugar quienes tienen la obligación de preservar el funcionamiento de las instituciones al servicio público.

Esta clase de actitudes irresponsables desgasta en circunstancias delicadísimas la reputación de un pilar esencial de la democracia. El grado de escepticismo y malicia de la población respecto a los tribunales se ha vuelto crítico. En un momento en que la calle, dolorida por los estragos morales de la crisis, se deja resbalar por la pendiente del linchamiento, el discurso nihilista ha logrado extender a la justicia su demagogia instrumental y está a punto de aniquilar la razón legal para sustituirla por un espíritu de revancha justiciera. Lo último que se puede hacer en un ambiente de reticencias emocionales tan extremadas es darles pábulo con decisiones tan faltas de tacto, cuando no tendenciosas y arbitrarias. Lo que está en juego es la legitimidad de un poder básico del Estado, en el que la apariencia de imparcialidad importa tanto como su ejercicio efectivo. Y resulta doloroso comprobar qué poco han aprendido de sus errores las autoridades encargadas de garantizar su prestigio.

La fracasada 'tercera vía' en Cataluña
Guillermo DupuyLibertad Digital 28 Febrero 2017

Resulta un tanto surrealista que algunos vean con esperanza la posición mantenida hace unos días en Madrid por Artur Mas, en la que ex presidente de la Generalidad aboga por una "tercera vía" para encarar la solución del desafío separatista en Cataluña, consistente –claro está– en hacer nuevas concesiones al nacionalismo catalán a cambio de que abandone su proyecto de ruptura total con el Estado español.

Y digo que es surrealista porque esta "tercera vía" no es otra que la que viene transitando el Gobierno español desde que Rajoy se dio en cuenta de que el chantaje del entonces presidente de la Generalidad y la multitudinaria manifestación de la Diada de 2012, bajo el lema "Cataluña, un nuevo Estado de Europa", eran algo más, mucho más grave que una simple "algarabía".

Por aquel entonces el presidente del Gobierno podía haber comparecido públicamente para denunciar el chantaje de que había sido objeto, así como para anunciar que suspendía toda financiación extraordinaria a la Administración en rebeldía y para advertir de las consecuencias penales y políticas que tendría la vía secesionista anunciada por las mandatarios de la Generalidad, incluyendo la suspensión de la Administración regional en aplicación del artículo 155 de la Constitución.

En lugar de abortar ese golpe de Estado institucionalizado con todo el peso de la ley y un discurso político, Rajoy tomó la tan cómoda como insensata e irresponsable vía del apaciguamiento y del intentar contentar al que no se va a contentar, primero accediendo al multimillonario rescate de 5.000 millones de euros que los gobernantes nacionalistas, que ya clamaban por la secesión, le exigían públicamente "sin condiciones".

Desde ese momento, la autonomía catalana se ha convertido, hasta la fecha y con gran diferencia, en la más privilegiada destinataria de los Fondos de Liquidez Autonómica, sin que sus mandatarios hayan hecho otra cosa que proseguir por la senda separatista y sufragar los cuantiosos desembolsos que el ilegal como carísimo proceso de construcción nacional reclamaba. Así mismo, el Gobierno de Rajoy trató de contentar a los golpistas a través del PP catalán, entonces liderado por Alicia Sánchez Camacho, con algo menos coyuntural que un Fondo de Liquidez como fue aquel "singular modelo de financiación para Cataluña", que no era otra cosa que una singular y maquillada cesión al originario chantaje de Mas, consistente, básicamente, en un nuevo incremento de los impuestos cedidos y en una mayor participación de la Administración regional catalana en los impuestos estatales. El documento del PP catalán, que también hablaba en términos bilaterales, de igual a igual, cuando se refería a las fórmulas de colaboración entre la "Agencia Tributaria de Cataluña" y la llamada "Agencia Estatal de la Administración Tributaria", fue, sin embargo, rechazado por los golpistas con el argumento de que la oferta "llegaba tarde".

No por ello el Gobierno del PP abandonó la tercera vía de la cesión y del apaciguamiento contraproducentes, como ilustran las oficiosas ofertas de reforma constitucional entonadas por algunos ministros de Rajoy y destinadas a "encajar el hecho catalán en la realidad hispánica", como literalmente dijo Margallo, o a "reconocer la singularidad catalana", como dijo el actual ministro de Justicia, Rafael Catalá.

Por otra parte, y para que los actuales procesos judiciales abiertos contra los antiguos dirigentes de la Generalidad no llamen a nadie a engaño respecto a la pusilánime condescendencia del Ejecutivo, hay que recordar que estas causas –por las que ya ninguno corre el riesgo de ir a prisión– no son más que un descafeinado residuo de una iniciativa en defensa de nuestro Estado de Derecho tomada en su día de motu propio por un fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, que poco tiempo después optó por dimitir, al ver cómo el Ejecutivo de Rajoy, tras no haberse atrevido a impedir la ilegal consulta del 9-N, insistía –como ahora sigue insistiendo– en llegar a alguna clase de componenda con los sediciosos por esta recurrente "tercera vía" del mal llamado "diálogo".

No voy a explayarme en el papel desempeñado en esta nueva legislatura por la vicepresidenta Sáenz de Santa María, a quien ciertamente se puede considerar una "ministra para Asuntos Catalanes", viendo el privilegiado trato que otorga a la Administración catalana en rebeldía. Sólo puedo añadir que también me parece surrealista que ahora Artur Mas hable de la tercera vía, teniendo en cuenta que fue el propio Artur Más el que la rechazó en octubre de 2013, alegando que "vía solo hay una: la que aprobó este Parlamento", en referencia a una de las primera resoluciones ilegales adoptadas por el Parlamento autonómico catalán.

Por mi parte, creo que no debe haber más vía para afrontar el desafío separatista catalán que aquella por la que en ningún momento el Gobierno de Rajoy ha transitado. A saber, la de sofocar política, judicial y financieramente las pretensiones y delirios nacionalistas. En definitiva, la vía del restablecimiento del imperio de la ley en Cataluña sin tener por ello que pagar un precio político a los que la violan.

Los ayuntamientos y la ilegalidad fiscal
Marta Ropero. Melchor Miralles Republica 28 Febrero 2017

Ya sabemos de la voracidad recaudatoria de Monotoro, el agujero negro del Gobierno, el ministro que utiliza la Hacienda Pública para perseguir a los discrepantes, el responsable del incumplimiento sistemático del déficit respecto a las exigencias europeas, el campeón en subir la carga impositiva de los españoles hasta lo confiscatorio mientras se muestra incapaz de recortar en gasto político. Montoro, ese hombre, ese vampiro de los impuestos que practica una política fiscal más propia de un régimen populista. El artífice de otra amnistía fiscal mortal para la confianza de los ciudadanos, letal en términos morales y escasa de éxito en la recaudación. Pero no es el único. Ahora toca hablar de los ayuntamientos que se pasan la ley por el forro para sacarle injustamente y a sabiendas un pastizal a quien vende su casa.

Sucede que el Tribunal Constitucional ha dictado hace días una sentencia en la que declara inconstitucional el impuesto de plusvalía que cobran sí o sí la mayoría de los ayuntamientos de España a todo aquel que vende una vivienda, aunque haya recibido una cantidad menor que la abonada el día de la compra, o sea, aunque se haya producido una minusvalía. El asunto es de fuste. Y lo grave es que los ayuntamientos ya han filtrado que van a hacer oídos sordos.

El Constitucional se ha pronunciado respecto a una cuestión planteada por el juzgado de lo contencioso administrativo de San Sebastián sobre el impuesto de plusvalía que cobra el Ayuntamiento de Irún. La sentencia considera nulo parcialmente el impuesto porque en su opinión “carece de toda justificación razonable” tener que pagar aunque no se haya producido un incremento del valor del suelo, o incluso cuando el mismo haya disminuido, una circunstancia que es muy frecuente en los últimos tiempos desde que se inició la crisis que nos asola. Además, el fallo establece que “en ningún caso podrá el legislador establecer un tributo tomando en consideración actos o hechos que no sean exponentes de una riqueza real o potencial”, o sea, que no podrán crearse impuestos que afecten a aquellos supuestos en los que la capacidad económica gravada por el tributo sea inexistente, virtual o ficticia. En conclusión, que el Constitucional establece que no debe aplicarse ese impuesto cuando el titular de la vivienda haya vendido la misma a un precio inferior al que pagó por ella.

Vale que, en términos estrictamente legales, esta sentencia solo afecta al Ayuntamiento de Irún, por lo que la traslación al resto de los consistorios no es directa. Pero en el mismo tribunal hay presentados recursos similares de otras corporaciones, lo cual hace pensar que el resto de las resoluciones se produzcan en igual sentido. Y a estas sentencias hay que sumar varios fallos de Tribunales Superiores de Justicia de varias comunidades que han resuelto en los mismos términos.

Si los ayuntamientos estuvieran gobernados por políticos con un mínimo sentido de la justicia y la equidad, y que tuvieran una brizna de sensibilidad social respecto a la crisis y cómo nos está afectando, una vez conocida la sentencia, aunque esta se refiera solo a Irún, tienen la obligación ineludible de dejar de cobrar el impuesto de plusvalía de modo inmediato a aquellos que vendan sus pisos por menos de lo que pagaron al comprarlo. Es igual que gobiernen el PP, el PSOE, IU, independientes o los populistas de Podemos.

Pero no. Siguen cobrándolo. En Madrid, por ejemplo, Manuela Carmena y sus podemitas, que se llenan la boca cada día con la mandanga del apoyo a los más desfavorecidos, que se gastan la tela en referéndums que no interesan a nadie en los que participa el 7% de los afectados, que coloca carteles de apoyo a los refugiados, en las oficinas del ramo se ha comunicado ya a los ciudadanos que se han dirigido a consultar si, tras esta sentencia del TC han de pagar el impuesto de plusvalía pese a haber perdido en una operación, que sí, que lo vayan pagando, y una vez abonado, que se gasten su dinero en un abogado y un procurador y que recurran. El camino que les espera es un interminable procedimiento judicial que tardará tres o cuatro años en sustanciarse, y ganarán, claro, pero habiendo abonado previamente el injusto impuesto.

No hay derecho. Es injusto. Es inmoral. Pero a los políticos que gobiernan los ayuntamientos les trae al pairo. Les importa una higa. Cuando pierdan las reclamaciones ellos ya no estarán. Gobernarán otros. Y por el camino ellos han recaudado el impuesto ilegal, y se han gastado nuestro dinero, probablemente en chorradas a mayor gloria suya. Y después que venga otro a devolverlo, tarde y quizá sin abonarnos un céntimo en intereses de demora. Esta es la fiscalidad que padecemos. Un abuso. Un sistema confiscatorio, en parte ilegal e insoportable.

La crisis política y el drama del periodismo
Javier Benegas vozpopuli.es  28 Febrero 2017

Cuando con el estallido de la crisis de 2008 todo pareció tambalearse, los medios de información, especialmente los digitales, parecieron entender el nuevo paradigma. La información convencional, esa que ilustra sobre lo que sucede en el corto plazo, sobre lo inmediato, no bastaba para explicar lo que estaba sucediendo; menos aún para prever el futuro o arrojar alguna luz. Era necesario añadir contenidos más reflexivos. Esa otra información, que podemos denominar “análisis”, no podía ser abordada por el perfil típico del informador centrado en la noticia puntual, en el suceso inmediato Así, durante un tiempo, los nuevos medios, en su afán por ganar influencia, parecieron dar cabida a otro tipo de contenidos de más alcance, más reflexivos e, inevitablemente en muchos casos, políticamente incorrectos, incluso, “antisistema”, en tanto en cuanto ponían en cuestión dogmas hasta entonces inviolables.

La crisis, que aún no ha sido resuelta, difícilmente podía explicarse mediante los actos de un puñado de delincuentes de cuello blanco que actuaban, al parecer, por su cuenta y riesgo, como los consejeros de las Cajas de Ahorro quebradas, los tesoreros de los partidos que manejaban cuentas en Suiza, los virreyes locales pillados con las manos en la masa, los enjuagues de la realeza o incluso los malos gobernadores del Banco de España que habían hecho lo contrario de lo que era su deber.

El público demandaba explicaciones más consistentes que, por ejemplo, aquella boutade de que la corrupción consistía en casos aislados o que la selección perversa que afloraba detrás de cada protagonista de un grave escándalo era algo aleatorio, circunstancial. Resultaba evidente que no era así. El sentido común y otros sentidos no tan comunes, pero sí racionales, apuntaban a problemas que desbordaban las siempre socorridas e inagotables cabezas de turco.

Había pues que tener el valor de ir más allá y dar cabida a análisis que no iban a resultar inocuos para el establishment, para las instituciones, para las élites, para los partidos políticos o para la propia monárquica. Hacerlo tenía sus riegos, desde luego, pero no hacerlo, no asumir esa tarea, podía acarrear la irrelevancia de los medios y dejar el terreno expedito para que los jugadores de ventaja construyeran su propio relato.

Así, durante un breve espacio de tiempo, otras visiones de más alcance que la información puntual, encontraron su hueco, enriqueciendo y dinamizando el debate y, por así decirlo, transformando la habitual visión de la información de dos dimensiones (inmediata) en otra de tres dimensiones (análisis de fondo). Ya no sólo importaba éste o aquel escándalo, importaban también las razones, los incentivos y, sobre todo, la mecánica perversa que había detrás de ese goteo interminable de malas noticias que, además, se revelaba global.

¿Cómo era posible que súbitamente tuviéramos ante nuestros ojos un panorama desolador, como si de un día para otro una gigantesca ola nos hubiera barrido? Esta era la gran pregunta que no podía ser respondida limitando los contenidos a un puñado de nombres propios, al mal hacer particular o a presuntos delitos individuales. Y los medios, mal que bien, parecieron dispuestos a colaborar en la resolución del enigma. Durante un tiempo recogieron el guante, se abrieron a nuevas formas de información, renunciando en alguna medida al secular control editorial, donde el fulanismo eran la norma; es decir, donde, llegado el caso, se podía poner de vuelta y media a un personaje pero no al sistema.

Sin embargo, abrir esa ventana de oportunidad siempre generó inquietud. Al fin y al cabo, crear contenidos a la carta, primar unas informaciones respeto a otras, dar salida a unas noticias mientras se dejaban a la espera de acontecimientos las incómodas, era el Santo Grial de la influencia, el camino más directo para incrementar la capacidad de negociación en un entorno de acceso restringido, donde el poder político y económico tenían la última palabra.

Además, la duración de la crisis fue reduciendo el pastel publicitario de forma dramática, tanto el privado como el de las administraciones. También limitó el volumen de subvenciones, directas e indirectas, formales o informales, que constituían una forma de pago discrecional. Lo que terminó colocando a los medios de información en una difícil disyuntiva: buscar por su cuenta y riesgo un modelo de negocio incierto dentro de una economía tomada, desafiando así las reglas no escritas, o asegurarse la supervivencia en el corto plazo contemporizando con el poder. Obviamente, la segunda opción era la más fácil. Además, la primera demandaba una visión global del negocio que los usos y costumbres del gremio hacían imposible.

Así, el viejo statu quo, lejos de continuar tambaleándose, fue recuperando el equilibrio, hasta que el centro de gravedad volvió a estar donde solía, aunque de manera más precaria que antes de 2008. Periodistas y políticos, si prisa pero sin pausa, reconstruyeron el viejo consenso. Y el control editorial se restableció sin dejar resquicio. Quedó, eso sí, la pátina de modernidad que la revolución tecnológica, el progresismo transnacional y la globalización habían impuesto. Pero más allá de estos matices, los contenidos volvieron a ceñirse a los personajes, a los nombres propios, a los hechos puntuales. Y los nuevos ejes de comunicación, más que desaparecer, mutaron a otros de carácter “social” que el statu quo sí toleraba, incluso, animaba porque servían para generar la ficción de normalidad, de modernidad y avance.

Hoy, en 2017, casi una década después del crac político de 2008, los motivos fundamentales que desembocaron en la crisis han vuelto al cajón. Los inanes partidos, con sus perversos sistemas de selección, sus líderes liliputienses, sus estrechos intereses particulares, sus patéticas luchas internas y sus cotilleos de salón, copan de nuevo los espacios informativos. Es verdad que no faltan los titulares que aluden a la inestabilidad política, el precario Estado de bienestar, la maltrecha cohesión social, la comprometida unidad territorial y la cargante igualdad, pero siempre relacionándolos con nombres propios, como si el problema fueran los personajes, no las ineficiencias de fondo. De esta forma, se dinamiza el voto en periodo electoral y se mantiene otros cuatro años la impostura. En realidad, el ciudadano está pésimamente informado porque por lo general se entera de lo que se dirimía entre bambalinas cuando ya es un hecho consumado.

Hoy, para cualquier persona inquieta no puede haber nada más tedioso y deprimente que el tono informativo general. La gran mayoría de las noticias parecen estar hechas para el consumo interno de los partidos y también para asegurar en su entorno la influencia de los medios. Es fácil de entender: cuando no existe una sociedad abierta, no solo las reglas del mercado se pervierten, también las de la información se dan la vuelta. Y un medio de comunicación será tanto o más influyente, no en la medida en que ilustre al gran público, sino en función de su capacidad de distracción. Ese y no otro es, a mi modesto entender, el drama de un periodismo que no encuentra ni su modelo de negocio ni su lugar después de 10 años de crisis.

La guillotina de carreras políticas
Cristina LosadaLibertad Digital  28 Febrero 2017

Cada tanto se oye el lamento de que la judicialización de la política está acabando, de un modo cruel y abusivo, con las carreras políticas de muchos. Cada tanto es cada vez que sale a relucir el caso de políticos investigados judicialmente por asuntos de corrupción. Y, sobre todo, cada vez que se plantea que deben dimitir de sus cargos desde el instante mismo en que son imputados.

Quienes discrepan de que ese sea el momento oportuno para su retirada alegan que sería una tremenda injusticia obligarlos a marcharse –voluntarios no hay– si luego resulta que son inocentes. ¿Quién les devolverá entonces la carrera política que quedó irremediablemente truncada? ¡Hay que ver cuántas carreras políticas se están cargando los jueces con su obsesión, poco menos que enfermiza, por investigar a políticos por un quítame allá esas pajas! ¡Cualquier mindundi puede presentar una denuncia y cercenar a voluntad la carrera política de alguien!

De hacer caso a estas protestas, que suelen oírse en las cercanías de los partidos con más imputados, habría en España centenares y hasta miles de carreras políticas prometedoras en peligro. En peligro, cuando no ya difuntas, por culpa de denunciantes sin escrúpulos, jueces deficientes o sesgados, partidos que exigen dimisiones tempranas, medios que aplican la odiosa pena de telediario y un público siempre dispuesto al linchamiento. Bien. Yo detesto como el que más el ensañamiento, pero al oír a las plañideras que así se desempeñan no puedo darles la razón. Que se trunque una carrera política no me parece que sea el fin del mundo ni para el afectado ni para el país. ¿O creen los que lloran por las carreras políticas cercenadas que nos estamos perdiendo, por esa vía, a muchos Churchills y Adenuaers?

No debería ser una catástrofe personal que la carrera política se suspenda o se acabe, pero es notorio que para muchos lo es. Lo es porque su vida depende absolutamente de la política. No hay nada de malo en dedicarse de manera profesional a la cosa pública. Al contrario. Los políticos profesionales son necesarios, como es necesaria la profesionalización en otros ámbitos. Pero el político profesional no tiene por qué ser un político que carece de otra profesión. Sin embargo, por azares nuestros, resulta que el político que se cría en el partido, vive sólo en el partido y sólo puede vivir del partido es una especie muy extendida en el ecosistema partidario. De ahí la extensión de la resistencia a dejar cargo y carrera. ¿Qué podrían hacer si no?

Yo entiendo mejor la resistencia a dimitir de los que no cuentan con más oficio y beneficio que la política, que la que presentan los que tienen alternativa. Recuérdese que una parte nada despreciable de nuestros políticos son funcionarios, por lo que no es ningún drama para ellos dejar el cargo. Los dos perfiles que dominan en la política española son los funcionarios de partido y los funcionarios en el partido. A pesar de lo cual, o justo por ello, luchan como gato panza arriba para no abandonar sus carreras políticas. Y, así, por no hacer el gesto noble de apartarse a la menor sospecha fundada, suelen acabar cubiertos, injustamente o no, de oprobio.

El islam tiene un problema con la mujer
Yolanda Couceiro Morín  latribunadelpaisvasco.com 28 Febrero 2017

Este verano pasado tuvo lugar una agresión por parte de unos musulmanes contra los usuarios de una piscina nudista en Alemania. Las mujeres fueron insultadas ("¡Putas!") y amenazadas ("¡Os vamos a matar a todas!"). Pocos meses antes, en Colonia fueron agredidas sexualmente un millar de mujeres alemanas por personas de cultura araboislámica.

Los musulmanes se comportan ya como amos en territorio conquistado, como la soldadesca de un ejército de ocupación. El sometimiento y el control de las mujeres ajenas es la práctica inevitable de todos los invasores, y es la marca del éxito de la conquista. Los "inmigrantes" y "refugiados" musulmanes de hoy no hacen más que reproducir las mismas prácticas que sus lejanos antepasados de los tiempos de Mahoma.

Pero más allá de los atropellos de esta invasión en marcha, el trato que están sufriendo de manera crecientemente repetida y masiva las mujeres europeas a manos de estos invasores nos remite a una cuestión central.

Estos dos episodios son otras tantas manifestaciones de ese grave problema que tiene el islam con la mujer. La cultura araboislámica mantiene desde sus orígenes una relación particularmente enfermiza con la mujer, basada en el dominio, el control, la agresión, la falta de respeto, el desprecio, el miedo... ¿Por qué las mujeres le generan tanta angustia a los musulmanes? ¿De dónde viene esa obsesión? ¿Por qué esa manifiesta dificultad del musulmán para mantener una relación "normal" con la mujer? Pareciera que no pudiera haber otro tipo de nexo con la mujer que no pase por la posesión, el rapto, el sometimiento, la violación... El vínculo turbio que alimenta el islamista con la mujer sin duda proviene del fondo cultural que incluso precede al surgimiento del islam (y del cual éste está impregnado desde sus mismos orígenes), una religión puritana, nacida en mentes tan áridas y resecas como sus desiertos, en tiempos de saqueos y pillajes, en que dejarse robar las mujeres era prueba de debilidad, y por lo tanto la mujer era la debilidad del grupo, del clan, de la tribu.

La mujer no es la mitad del islamista, sino la totalidad de sus problemas. Porque la sexualidad del islamista, retenida, dificultada, obstaculizada, está en el centro de su desequilibrio.

A través la educación religiosa, en las escuelas y en la casa, se inculca en la mente de los niños musulmanes que la dominación de las mujeres es cosa querida por Alá. La mujer es impura por naturaleza (lo dice claramente el Corán), debe ser sometida, velada y escondida. Pero las mujeres, al taparse no se ponen a salvo del deseo de los hombres, ocurre lo contrario. La ocultación de los cuerpos tiene por efecto el aumentar los crímenes y acosos sexuales, de exacerbar la lujuria de los hombres y los temores de las mujeres. Cuanto más se reprime la sexualidad, más se hace presente. Esta represión lleva a verdaderas desviaciones patológicas.

El sexo es la mayor de las frustaciones del musulmán, una fuente de permanente sufrimiento, una ansia insatisfecha, una obsesión lacerante que le taladra el cerebro y una fiebre que le enardece los sentidos sin posibilidad de aplacarla.

No es de extrañar que el centro de tanta frustración sea considerado malo en sí, un peligro que hay que evitar, una agresión que hay que responder, una amenaza que hay que combatir. No es sólo que el cuerpo de la mujer puede ser fuente de pecado: las mujeres somos un pecado en nosotras mismas. Somos una fuente de vicio y corrupción. La mujer sólo es considerada en su dimensión corporal, su única función es sexual y reproductiva. En el islam toda la mujer es un sexo. No únicamente las partes inequívocamente femeninas, en la interpretación extrema toda ella lo es: el pelo, los brazos, la cara, las manos... De ahi el niqab, el burka...

La mujer no es dueña de sí misma, carece de autonomía, siempre es una menor a perpetuidad, sometida a una autoridad ajena, el padre, el hermano mayor, los tíos, el marido. La mujer no es la otra mitad de la pareja humana, el complemento natural del hombre, la parte imprescindible de un todo: siempre es la posesión de un hombre, un objeto del que puede disponer a su antojo.

En la retrógrada cultura islámica, en la cual la mujer no es más que fuente de pecado, vicio e inmundicia, el sexo es generador de una tortura física y mental nunca aplacada. La represión sexual, el constante y punzante apetito reprimido, el deseo sin placer, la excitación sin satisfacción, aquí no es sublimado y dirigido hacia el terreno de la espiritualidad, de la creatividad, sino de la violencia pura.

Si el Corán dice que el cuerpo de la mujer no puede ser mostrado más que a su esposo, es porque la visión de la denudez equivale a un acto sexual en sí. Toda mujer que se desnuda en público (playas o piscinas nudistas) es por ello una mujer pecaminosa, una prostituta, ya que se ofrece a otros hombres que la poseen a través de la simple mirada y que son invitados a poseerla de manera física.

Que la mujer se pueda desnudar en espacios públicos y mostrarse ante todos es la máxima expresión de la pérdida de todo control del hombre sobre ella. En nuestra cultura, es una simple conquista sobre cierto concepto caduco de moralidad. La desnudez ya no es considerada pecaminosa o vergonzoza, sino un hecho natural desprovisto de connotaciones peyorativas para quién la practica. En Occidente hemos pasado por el "peace and love", el "haz el amor y no la guerra", los años hippies y el amor libre, los sex shops, el nudismo, el naturismo, las minifaldas, los escotes, el topless, la desdramatización del sexo y el abandono de los tabúes. El islam no ha pasado por ahí. Los occidentales han absorbido y digerido todas esas experiencias y viven en la relación entre el hombre/mujer de manera normalizada. Eso es algo totalmente impensable en el mundo islámico. Es otro planeta.

Entonces llegan centenares y millones de "migrantes" desde el fondo de sus polvorientos villorrios. En sus países las mujeres trabajan en los campos o están encerradas en sus casas. Aquí, en el mismo andén de la estación estos hombres que no se han acercado nunca a una mujer son recibidos por mujeres blancas que les gritan "Welcome refugees!" y los abrazan y los besan... Hasta Mamá Merkel se hace selfíes, mejilla contra mejilla, con hombres que vienen de otro planeta, que desembarcan en otro mundo. Les han dicho que aquí todas las mujeres son putas, que no esperan otra cosa que ser sometidas, usadas, tomadas, "consumidas". Y esas niñatas (y no tan niñatas) europeas los esperan con los brazos abiertos para confirmarles esta buena noticia.

En Occidente existen leyes que protejen a las mujeres y está grabada en mármol la igualdad entre el hombre y la mujer y el respeto para todos. Eso no impide los abusos y las agresiones, pero la ley enseña el camino. No podemos decir otro tanto de los sistemas en vigor en el mundo musulmán. Mientras siga vivo el dogma puritano, el cuerpo de la mujer seguirá siendo el objeto de todos los deseos y todos los peligros.

La solución musulmana al problema del deseo engendra un problema diferente: por medio de la ocultación del cuerpo de la mujer se elimina completamente la responsabilidad individual, tanto de la mujer como del hombre. El hombre no es considerado responsable de su lujuria y la mujer no es considerada como dotada de un deseo independiente. Estamos ante un simple mecanismo: sin el velo la mujer atrae al hombre y éste es atraído. Con el velo, no hay codicia ni riesgo de agresión. En el islam, el velo es pensado como la solución al dilema fundamental del deseo humano.

En Occidente la educación está basada en el opuesto exacto de esta visión mecanicista: es el individuo quien es considerado responsable de sus pulsiones y de sus deseos, no el objeto. Se puede y se debe resistir a sus deseos, y si no se consigue hacerlo, se pasa vergüenza. En el islam, ese sentimiento de vergüenza está totalmente ausente desde el momento en que el hombre no es culpable de sus actos ni está llamado a controlar sus deseos: la culpa es enteramente del objeto de sus deseos. Ante el deseo hay dos opciones, la primera opción es sinónima de libertad individual, la segunda es abandono al mecanismo del deseo. La civilización moderna ha elegido dejar el campo libre al deseo, para bien o para mal, apostando por educar a los sujetos que desean. El islam se inclina por la segunda opción, combatiéndolo con la disimulación del objeto del deseo.

Planteado en estos términos, el encuentro entre Occidente y el islam es un choque simbólico de una violencia inaúdita. Todo lo que Occidente ha construido sobre la base de la cultura humanista y la educación moderna, es inútil para el islam.

Entre nosotros la responsabilidad está en el que mira y desea. El islam opta por la responsabilidad de quién se exhibe ante la mirada concupiscente. El islam, por medio del ocultamiento del cuerpo de la mujer pretende resolver radicalmente el problema del deseo, impidiendo su aparición.

Para el islamista (los musulmes en su inmensa mayoria), la simple exhibición del cuerpo de la mujer (aunque sólo sean los brazos, las pantorillas, la cara, el pelo) es la señal inequívoca de que esta mujer es un bien público, una prostituta, y que nada de lo que le puede pasar es responsabilidad de un hipotético agresor, sino de ella misma. Su frustación sexual, sus fantasías acerca del cuerpo de la mujer occidental liberada, es decir "fácil", la convierte en un objeto de consumo disponible para todos. El violador musulmán sentirá tanta vergüenza y remordimiento por su agresion como un mirlo que se hubiera comido unas cerezas de un árbol. La fruta está ahí para su consumo. La mujer occidental, la puta para todos, la hembra disponible, la carne gratis, está ahí para aplacar su líbido: esa es su función.

Pero en este caso estamos todavía muy lejos de la imagen inocente y hasta bucólica del ave que picotea una fruta, que está ahí para cumplir con ese destino. Como estamos ante un escenario que implica una auténtica cacería, debemos hablar con mayor propiedad de presas y depredadores: dos categorías que no pertenecen al mismo universo moral. La regresión que estamos viviendo es espantantosa. El ser humano vuelve a ser una fiera para otros seres humanos ante el estupor de una sociedad que no acaba de entender este terrible retroceso tolerado y hasta fomentado por quiénes han hecho dejación de sus deberes de protección de los ciudadanos.

Si hay tantos desequilibrados y depredadores entre los musulmanes, no es porque su sistema educativo ha fallado, sino porque el islam, según el ejemplo del mismo Mahoma, es una dimisión asumida del individuo ante sus pulsiones, compensada parcialmente por una domesticiación violenta de los principales objetos del deseo, las mujeres. Mahoma, en tanto que modelo por excelencia del musulmán, el hombre perfecto, da un ejemplo de debilidad moral extrema: ¿Cómo pueden mejorar ese comportamiento sus seguidores? Europa ha puesto su reloj a la hora del oscurantismo, del retroceso, de la violencia, del despotismo islámico, y de la fascinación creciente que ejerce sobre enormes porciones de la población musulmana en todo el mundo el islamismo conquistador y expansionista.

El islam tiene un problema con la mujer. Mientras el islam estaba confinado en unos territorios concretos, allá fuera, del otro lado de la frontera, ese problema no nos afectaba en lo más mínimo. Ahora, con la irrupción de millones de musulmanes en Occidente, es la mujer occidental quién tiene un problema con el islam. En definitiva, es todo Occidente quién tiene un problema con el islam.

DOCUMENTAL PRODUCIDO POR LA AVT
Cómo vivir tras un atentado: las voces calladas de las víctimas de ETA
La Gaceta 28 Febrero 2017

"Te pasas la vida intentando recuperarte. Aprender a vivir con ello. Así es toda la vida". Es el testimonio de una víctima del terrorismo, una de las voces calladas que ahora rompen su silencio en un documental para narrar cómo se supera una experiencia que jamás quisieron tener.

'Voces calladas. El verdadero relato' es el título de esta producción iniciativa de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) que este lunes se exhibe en los Cines Renoir Princesa de Madrid.

Un documental que relata la experiencia de los heridos y familiares de las personas asesinadas por ETA, cómo afrontan la vida tras los atentados o el silencio que aún predomina en la sociedad vasca a consecuencia del miedo.

"Como ya no matan, son chicos buenos. Ahora sólo te pegan", dice una de las ocho víctimas que finalmente protagonizan la cinta -seis de ellas viven en el País Vasco-, aunque los realizadores recopilaron más de 70 testimonios de personas que sufrieron atentados de ETA, tanto selectivos como colectivos, explica Natalia Moreno, coordinadora del proyecto.

Se trata de atentados que tuvieron lugar desde mediados de los años 80 hasta principios de 2000. Heridos, madres, hermanos e hijos de los fallecidos fueron entrevistados para esta iniciativa.

Voces que narran su experiencia tras sufrir la violencia terrorista, la forma de afrontar el día a día, el futuro tras la tragedia o el trato que reciben como víctimas del terrorismo, a las que en ocasiones hasta los antes amigos les han dado la espalda.

"Luego fue peor; cuando eres una víctima del terrorismo es que encima ya estás sentenciado, estás en un bando que tú no has elegido", dice José Javier Motos Iceta, hijo de Lorenzo Motos Rodríguez, teniente coronel del Ejército asesinado por ETA en San Sebastián en 1980 mientras se dirigía al acuartelamiento de Loyola.

'Voces Calladas', explica Natalia Moreno, quiere rendir un homenaje a las víctimas, pero también concienciar a la sociedad y transmitir de una forma más fiel cómo viven las que residen actualmente en el País Vasco y el trato que reciben, para abrir un debate sobre si en la región sigue existiendo miedo, violencia y silencio.

El documental nace en 2015 tras la buena acogida que tuvo otro proyecto que recogía testimonios audiovisuales de las víctimas y que dio lugar a la publicación de dos libros. Ahora, la AVT, según resalta Natalia Moreno, se ha propuesto seguir el mismo camino con proyectos similares dedicados a las víctimas del GRAPO o de los ataques islamistas.

En 'Voces calladas' se recogen los testimonios de Resurrección Basarrate -perdió una mano al recoger una cartera bomba en la Playa de Muskiz-, Ángela Rosa Durán -viuda de Ángel Rodríguez, mecánico asesinado por ETA-, Antonio Malfeito -herido en el atentado de la Plaza República Argentina- y Lorena Díez -hermana del escolta de Fernando Buesa, Jorge Díez-.

Asimismo, se proyecta la voz de Genoveva Iglesias -madre del funcionario de prisiones Ángel Jesús Mota-, Nacho Parada -hijo del guardia civil Alfonso Parada-, José Javier Motos -hijo de Lorenzo Motos, teniente coronel del Ejército- y del presidente de la AVT, Alfonso Sánchez, guardia civil herido también en un atentado.


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Andalucía 28-F, 10 años del fraude autonómico
Javier Caraballo elconfidencial.com 28 Febrero 2017

Dos veces ha pasado el 28 de febrero por la historia reciente de Andalucía, la primera como ilusión y la segunda como fraude. La primera vez, el 28 de febrero de 1980, fue un grito de esperanza y de hastío, una movilización social extraordinaria que acabó en un referéndum en el que la promesa de una autonomía de primer nivel obtuvo un apoyo social mayoritario que no ha tenido paragón en ninguna otra comunidad de España, tampoco en las mal llamadas ‘históricas’, Galicia, Cataluña y Euskadi. La segunda vez, el protagonista fue otro referéndum, celebrado en febrero de 2007, al albur de aquella cita primera, pero ya no había ni ilusión ni movilización; el referéndum de febrero de 2007 lo que certificó fue el fiasco en el que se han convertido muchas autonomías, como el caso de la autonomía andaluza, abandonadas a un juego político superior que todo lo supedita a los intereses del Gobierno de la nación. Confrontación o sumisión, dependiendo de que sea del partido propio o del rival quien se pasee por los jardines del Palacio de la Moncloa. Y donde no existe esa dialéctica política, la malformación autonómica ha degenerado, como es sabido, en un despropósito mayor consistente en culpar a todo el Estado español de la pésima gestión autonómica desde que arrancó la democracia. Hagamos recuento de este despropósito.

Contemplando las dos fechas, la de 1980 y la de 2007, con suficiente perspectiva, podría afirmarse que en ambos casos existía una motivación política subyacente que nada tenía que ver con el objetivo que se manifestaba, pero la diferencia esencial entre las dos ha sido el paso de la ilusión a la indiferencia o el hastío. Como ya se ha apuntado aquí en otra ocasión, la gran relevancia política que tuvo el referéndum andaluz del 28 de febrero de 1980 es que rompió el esquema previamente pactado en la Constitución para que en España, tras la muerte de Franco, solo hubiera tres autonomías con competencias plenas, mientras que las demás se limitaban a una descentralización administrativa parcial. “Nacionalidades y regiones”, precisa, de hecho, la Constitución española en su artículo segundo.

La realidad de subdesarrollo en que el franquismo había dejado postrada a Andalucía y el agravio de esa distinción entre regiones fue el sentimiento que caló de forma extraordinaria en la población andaluza, y fue el PSOE de entonces, liderado por Felipe González, el que vislumbró en aquella movilización una posibilidad certera de desestabilizar para siempre al Gobierno de la UCD. Así ocurrió, y la hábil maniobra del Partido Socialista, que se desdijo del modelo territorial que tenía pactado con Adolfo Suárez, acabó rompiendo en pedazos al partido del Gobierno. Dos años después del referéndum andaluz, el PSOE ya gobernaba en toda España gracias a la ‘oleada del cambio’ que llevó a Felipe González hasta La Moncloa.

El problema fundamental de aquello es que el mapa territorial de España nació roto, ya en sus orígenes: de la distinción de “nacionalidades y regiones” se pasó al “café para todos”, que supuso para los nacionalistas, especialmente para los nacionalistas catalanes, un agravio intolerable, un insulto. De hecho, de ahí nacen todos los problemas de 'encaje' en el modelo territorial español a los que se refieren políticos e intelectuales catalanistas cuando hablan del ‘malestar’ de Cataluña: consideran que al igualar a todas las autonomías, lo que se provocó fue una degradación de la catalana, al equipararla a otras sin tradición autonómica.

¿Qué hubiera ocurrido sin el ‘café para todos’? ¿Se hubiera evitado el actual conflicto separatista de Cataluña? ¿O debemos pensar que los nacionalistas, por concepto, siempre se refugian en el agravio y en la reivindicación? Siempre he sostenido que todo se puede hablar pero que previamente, algún día, algún catalanista tendría que explicar en qué perjudica a Cataluña tener los mismos derechos y deberes que sus vecinos. Pero, en fin, esa es otra historia...

La cuestión principal es que, desde el origen, lo que se puede constatar en la corta historia de la democracia española es que el modelo territorial se ha manoseado y utilizado para justificar los fracasos propios y para lanzarlos como arma arrojadiza contra el adversario. Con más claridad que en el famoso ‘café para todos’, se puede ver en la oleada de reformas de estatutos que propiciaron tres presidentes autonómicos socialistas, Pasqual Maragall, Manuel Chaves y José Bono, durante la última legislatura de Aznar (2000-2004) en el Gobierno de la nación. Para desestabilizarlo, se alzó aquella bandera que acabó unos años después con la controvertida reforma del Estatuto catalán, anulada parcialmente en los tribunales, y de forma consecutiva en muchas otras autonomías.

En el caso andaluz, la reforma del Estatuto se aprobó en referéndum el 18 de febrero de 2007, al calor de la conmemoración del 28 de febrero histórico de 1980. Pero, a diferencia del primero, la reforma estatutaria ya no interesó a casi nadie en Andalucía. Chaves, entonces presidente andaluz, había dicho previamente, cuando las encuestas reflejaban el nulo interés del electorado, que “cuando se hace una reforma del Estatuto, o incluso de la Constitución, no es un problema de conocimiento; la gente intuye qué es lo que está en juego”, pero la verdad es que no acudió a votar más que un 31% de los votantes andaluces. ¡Ni un tercio del electorado fue a votar después de cinco o seis años de debate monográfico en la política andaluza! Pero es que en Cataluña, el referéndum de la reforma del Estatut, celebrado en 2006, no llegó a conmover ni al 50% de censo electoral.

El interés de la reforma del Estatuto andaluz, aquel 28-F que se quiso montar de forma artificial hace ahora 10 años, era exclusivamente de la clase política autonómica, nunca de la ciudadanía. Y transcurrido este primer decenio, se puede constatar todavía mejor la vacuidad de todo aquello. Muchos artículos se limitaban a un 'corta y pega' del Estatut de Cataluña, con una proliferación de 'competencias exclusivas' frente al Estado y frente a las demás autonomías que llegaron al absurdo inigualable de considerar el flamenco como una competencia exclusiva de la Junta de Andalucía.

En otros casos, la reforma sirvió para adaptar la redacción al lenguaje de género, contra el criterio de la Real Academia de la Lengua, o para incluir cursiladas del tipo de esta definición de Andalucía, que figura en el preámbulo: “La interculturalidad de prácticas, hábitos y modos de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinámico y cambiante, popular y culto, único entre las culturas del mundo”.

En otros casos, como en lo referente al empleo, el problema más grave que tiene Andalucía, acaso a la par con el fracaso educativo —porque podemos considerarlos vasos comunicantes—, la reforma del Estatuto sirvió para pasar de decir en el artículo correspondiente que se perseguía “la consecución del pleno empleo” a prometer la consecución del “pleno empleo estable y de calidad”. No solo no se ha conseguido ‘pleno empleo’, como es obvio, sino que, además, cuando se aprobó la ridícula reforma del Estatuto andaluz en 2007, en Andalucía había 477.784 parados registrados en las listas del Servicio Andaluz de Empleo y en la actualidad hay un total en 883.077 parados inscritos en esas mismas oficinas. ¿Hace falta decir más? Se aprobó la reforma del Estatuto y el paro se ha duplicado.

Diez años, sí, ese es el aniversario paralelo de este 28 de febrero, el del fraude de la reforma del Estatuto de Autonomía que se ofreció como “el vehículo esencial para el progreso de Andalucía”. Ya ven. Fraude total. Porque cuando se mira hacia atrás, se comprueba que la vacuidad inmensa de aquella jugada política solo ha provocado en Andalucía una mayor decepción del hecho autonómico y, en toda España, un desastre territorial mayor que el que ya existía.

¡Pero hombre, José María!
Vicente A. C. M. Periodista Digital  28 Febrero 2017

Parece algo común el que los expresidentes del Gobierno de España se sientan con el deber de aleccionarnos al resto indicándonos lo que deberíamos hacer y que ellos por supuesto no hicieron cuando pudieron. A eso se le llama “pontificar” y desde luego desde una posición muy cómoda donde ya no se tienen responsabilidades de Gobierno y además se disfruta de un estatus privilegiado compatible con servicios de asesoría en el mundo de la empresa privada. De los actualmente vivos, Felipe González, José María Aznar y José Luís Rodríguez Zapatero, los dos primeros mantienen una intensa implicación en la vida política española en la que no dudan de aportar sus doctas opiniones sobre cualquier asunto que consideran del interés público. Eso sí, realizadas a los medios de comunicación y fuera de lo que sería su ubicación natural en el Consejo de Estado.

En esas, aparece ahora José María Aznar para aconsejar más firmeza en la aplicación de la Ley al separatismo catalán. Y eso lo dice quien en su primera legislatura en la que necesitaba el apoyo de esos nacionalistas, para conseguirlo llegó a declarar que “hablaba catalán en la intimidad”. ¿Firmeza Sr. Aznar o baboso peloteo interesado con el “exMolt Honorable Jordi Pujol? Y no contento con su repentina vigorosidad, va más allá para sugerir el retraso de la jubilación hasta los 70 años y una reforma fiscal con una bajada del IRPF y un aumento del IVA. Y luego hablan del populismo y demagogia de otros. De paso podría haber pontificado sobre cómo acabar con la corrupción, la financiación ilegal de los partidos, lograr la independencia de la Justicia y otros temas a los que parece no prestar demasiada atención por el momento.

Seamos serios y, sobre todo, Sr. Aznar, seamos humildes a la hora de opinar sobre cuestiones que son muy complejas como si tuvieran soluciones simples. Esto no es la teoría de la relatividad y la fórmula magistral enunciada por Albert Einstein. Se trata de gobernar en una determinada situación económica y demográfica en una economía global donde España, país de la UE y dentro de la moneda común el euro, tiene muy limitados sus movimientos. Hay que ser serios y ser muy cautos a la hora de lanzar mensajes que pueden confundir a los ciudadanos, siempre dispuestos a creer a quien les ofrezca una solución fácil y simple a sus preocupaciones más perentorias.

Los temas de fuerte calado social como las pensiones no pueden tratarse a la ligera y decir lo primero que a uno se le ocurra, por muy ingeniosa que sea la argumentación. Simplemente es irresponsable no haber previamente presentado y debatido diversas alternativas y comunicar finalmente las conclusiones consensuadas por todos para ofrecérselo a los ciudadanos como la solución a ese grave problema y así despejar todas las dudas y temores. Y lo mismo podemos decir respecto a las “ocurrencias” sobre las medidas fiscales. Desde luego que puedo apoyar la bajada del IRPF bajo la perspectiva liberal de que lo mejor es que el dinero esté en manos del contribuyente. Lo malo es la subida del IVA, algo que la UE ya ha exigido a España para homogeneizarse con el resto de países, eso sí, sin tener en cuenta otros aspectos como los salarios, los servicios recibidos a cambio de los impuestos, etc.

Hay quienes nunca acaban de irse y no se resignan en el papel que se les ha asignado como ex Altos cargos del Estado, como es el haber sido Presidentes del Gobierno de España. Creo necesario el que de una vez por todas se fije el alcance de sus funciones institucionales y de las intervenciones públicas dada la indudable influencia y resonancia de sus manifestaciones en los medios de comunicación.

Desde luego que como ciudadanos tienen todo el derecho a la libre expresión y opinar como mejor les parezca sobre cualquier asunto que consideren oportuno. Sin embargo, deberían no aprovecharse de su relevancia política y mediática para inmiscuirse en asuntos de Estado que ya no son de su competencia. Y si quieren hacerlo, lo hagan a través de los cauces oficiales previstos en su cargo, si lo ejercen, en el Consejo de Estado.

Alguien de la judicatura se refirió el otro día en un tono netamente machista al papel de las que calificó de “mujeres florero” en clara alusión a la actitud fingida o real de una especie de personas que no parecen entender ni interesarse por cuestiones mundanas como de dónde proviene el dinero. En este caso no parece que los expresidentes estén dispuestos a ser calificados de “floreros” y se empeñan en demostrar su utilidad a la sociedad y sus fundados conocimientos. La experiencia es un grado y la ofrecen de modo altruista.

¡Que pasen un buen día!

Aquelarre separatista
JAVIER REDONDO El Mundo 28 Febrero 2017

Hace unos días Sociedad Civil Catalana presentó una encuesta con algunos apuntes que manifiestan por otra vía distinta de las ya conocidas que el independentismo es un negocio exclusivo de una élite. Además, revela que la llamada «desconexión» tiene muchos más hándicaps de lo que el aquelarre nacionalista prevé. No es sólo que el 78,4% de los catalanes tengan vínculos de tipo personal o profesional con el resto de España o que el 55,1% crea que el referéndum divide a los catalanes; o que el 50% reconozca que dispone de poca o ninguna información sobre las consecuencias de una hipotética independencia. Si la emoción tira hacia la estelada; la razón, de natural conservador, pondera otras cuestiones.

También parece natural que sean las personas con bajo nivel de estudios las que aseguren carecer de datos al respecto. A priori se pensará que eso beneficia la posverdad nacionalista. Pero no está tan claro. Ese mismo segmento considera -el 63%- que este embrollo genera conflicto. Por tanto, consciente o inconscientemente, entiende que el enfrentamiento es artificial. Lo es, porque es una tapadera. El nacionalismo es el negocio de unos pocos.

El problema de los ex convergentes es doble. Por un lado han tenido que sumar a la empresa a los revoltosos de la CUP, que se han tomado la alharaca en serio. Por otro, desconfían del partener ERC, que ahora quiere quedarse con todo el pastel. Esta vez, en lugar de sentarse a esperar, el Gobierno se ha puesto a enredar. Y, como a pesar del separatismo redentor, las instituciones funcionan, el aquelarre podría acabar en sacrificio.

Jóvenes y habitantes del medio urbano tienen dudas sobre el procés. Ante el juez, Mas, Homs y compañía cargan el mochuelo a los voluntarios. Su cobarde actitud les delata. Arrimadas lo recordó con gracia y rigor en el Parlament: «Tengan al menos respeto por sus voluntarios». El negocio se tambalea. La Familia lo dejó en manos equivocadas. La sociedad se cansa de la performance. Los alquimistas han confundido sus tubos de ensayo.

Homs se burla de la justicia
EditorialLa Razon  28 Febrero 2017

Francesc Homs admitió los cargos por los que se le incrimina en relación con la consulta independentista del 9 de noviembre de 2014, «e incluso podría añadir más porque fue mi obligación hacer lo que hice». Sin embargo, se escudó en que la resolución del Tribunal Constitucional suspendiendo el supuesto referéndum –luego presentado como «proceso participativo»– «no se entendía». Y que lo hiciera, además, con una arrogancia de la que hizo gala durante toda la sesión, como que dijera que se enteró de la providencia por los medios de comunicación.

No es serio que el que fuera consejero de Presidencia y de quien dependían los servicios jurídicos de la Generalitat desconozca las consecuencias inmediatas de un decisión del TC tan importante, que al admitir a trámite el recurso presentado por el Gobierno paralizaba automáticamente la consulta, tal como marca la Ley. Hablamos del día 4 de noviembre, cuatro días antes de la celebración de la consulta, y Homs, como responsable directo de la organización, ignoró la providencia del TC, al punto de que el fiscal debió preguntarle: «¿Qué no entendía de la providencia que decía textualmente la “prohibición de actos impugnados”?». Sólo supo decir que se trataba de un «conflicto de competencias» con el Estado.

Insistimos: Homs fue ayer intencionadamente desdeñoso con el Tribunal. Tampoco supo explicar que no diese indicaciones a la petición de la empresa proveedora de servicios informáticos, encargada del recuento, una vez anunciada la paralización de la consulta, y que llegase a advertirles de «que si no cumplían con las acciones contratadas obviamente ejerceríamos acciones legales». La argumentación de Homs fue la misma empleada por Artur Mas en la Audiencia de Barcelona: la consulta fue organizada por voluntarios y él no era consciente de estar haciendo nada ilegal.

La Fiscalía pide para él nueve años de inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos por organizar la consulta, sin embargo ayer no presentó pruebas convincentes que le eximan de estos delitos y pareció más interesado en su alegato político. A preguntas de su defensa, se explayó en acusar al Estado de querer inculparle a toda costa y en que la actitud de la Fiscalía sólo tenía la intención de perjudicarle, para acabar diciendo que «nosotros hemos acatado las sentencias del Tribunal Constitucional; el Gobierno español, no».

Sin duda está más allá de lo admisible, dicho por alguien que se sienta en el banquillo justo por no cumplir una sentencia del TC. El comportamiento de Homs durante la vista debe explicarse desde la calamitosa situación del partido del que es diputado en las Cortes, el PDeCAT, lo que ha quedado de la antigua Convergència, sin grupo propio y dejando la representación del nacionalismo catalán en ERC. Tanto Mas como Homs son los artífices de la caída de un partido que había sido central en la política catalana y que ahora puede ser laminado por el independentismo que con tanto ahínco han alimentado. Ahí están los resultados electorales en las autonómicas desde que Mas abrazó la causa secesionista: de 60 diputados en 2010, a 50 en 2012 y 30 en 2015, aunque camuflados en la coalición Junts pel Sí junto a ERC para paliar el golpe, justo con el partido que ahora tiene todas las posibilidades de heredar la Generalitat.

El radicalismo trasnochado de Homs sólo se explica desde esta realidad y desde la necesidad de ocultar el lado más oscuro de Convergència: el partido comisionista del 3% y el que asistió sin pestañear al saqueo del Palau de la Música Catalana, cuyo juicio empieza mañana. Hizo bien el presidente de la Sala que le juzga en recordarle que el Tribunal Supremo no era su casa, porque en toda su declaración hubo una demostración de que no tiene que dar cuenta ante la Justicia. Pues ya ha llegado el momento.

Quico, un tipo tortuoso
Pablo PlanasLibertad Digital  28 Febrero 2017

El hecho de que a Francesc Homs le haya resultado tan molesto que el fiscal Jaime Moreno le interrumpiese durante el interrogatorio del caso 9-N en el Tribunal Supremo resulta ilustrativo del carácter soberbio y pendenciero del personaje, actual jefe de la parte de CDC de la delegación separatista en Madrid, exconsejero de presidencia de la Generalidad y fontanero de referencia de Artur Mas, Oriol Pujol, David Madí, Felip Puig et alii del núcleo duro del partido de Pujol cuando el patriarca sesteaba con su presidencia de honor y sus fabulosas prebendas de jubilado de oro y rentista internacional. Para los antecitados, Homs era poco más que el mozo de los recados. Traía cafés y hacía fotocopias. Chófer, botones, recadero, de lo que fuere menester hizo hasta llegar a número dos de la Generalidad, habiendo demostrado en la escalada que lo suyo no era un caso de méritos sino de casualidad, cual Forrest Gump.

Sufrió muchos cortes, bromas pesadas y humillaciones por parte de quienes él consideraba compañeros e incluso amigos. Y lo llevó con montserratino silencio y severa autodisciplina, hasta que pudo echar los demonios fuera y le salió la rabia y el dolor acumulados en los años de continuado maltrato laboral en CDC. ¿O si no de qué era el único de la dirección cuyo apodo era público? Un diminutivo de Francesc, Quico, pronúnciese "Quicu", era el remoquete con el que los suyos le trataban en público y en privado. Maltrato verbal lacerante que no se producía con Turu (de Arturu Mas) ni mucho menos con Oriolete, porque en este caso nadie llamaba así al hijo de Pujol, sino L’Hereu, y siempre a sus espaldas y con el máximo sigilo.

Todo ese tratamiento basura de adolescentes de internado trasladado al ámbito profesional tiene que hacer mella, por mucho que en líneas generales la vida haya tratado de lujo a don Francesc y la relación entre coste y beneficio de sus actividades sea muy satisfactoria en comparación con las desventajas de la minería, la pesca de altura o no tener trabajo. Más cornadas da el hambre, debía de pensar el hombre mientras configuraba entre las risas de sus patronos un físico de fulano orgulloso de sí mismo y retador, abombado como un palomo en lugar de lucir la barriga en su sitio, que es lo propio de las personas cabales sin recovecos tortuosos ni cuentas pendientes con toda la humanidad.

Este lunes le salió a Homs la vena del cuello y le espetó al fiscal que le urgía a lo concreto que en su casa le habían enseñado a dejar hablar a los demás. Enorme. La gran educación catalana, ese tic de superioridad moral que se obtiene por posición económica o por servicios a la causa y comunión con la tierra. El presidente de la sala, Manuel Marchena, puso paz con un equitativo reparto de palos, con el que los jueces pretenden quedar de lo más neutral e imparcial. Al fiscal le afeó que no dejara terminar la exploración por las ramas del señor Homs y al diputado le recordó que el Supremo no es la idílica masía donde su padre le inculcó los valores cívicos, festivos y pacíficos que han conducido su vida de sacrificios y entrega al pueblo catalán, sino un tribunal en el que se le juzga por la comisión de posibles delitos de desobediencia y malversación en el expediente del 9-N. Un poco de conmiseración, señoría. Estamos ante un sujeto torturado y maltratado que reacciona de mala manera por la incredulidad que le produce el que alguien que no sea Mas le deje con la palabra en la boca.

Según acabe este miércoles la vista de Homs comenzará la del caso Palau de la Música. Cinco jueces pasaron por ocho años de pesquisas y cuatro de instrucción, 19 acusados, 115 testigos, decenas de millones volatilizados y la losa del 3%, con la crucial participación en los enjuagues del exgerente de Convergencia Daniel Osàcar. No confundir con Andreu Viloca, también exgerente del mismo partido investigado por otra derivada del frondoso sendero del tres per cent. Cuatro meses se calcula que durará el evento hasta el visto para sentencia del viaje a los orígenes de la mafia del catalanismo con lo mejor de cada casa, los apellidos más insignes, grandes familias que medraron con el franquismo, pelotas y espabilados que se subieron al carro en marcha del nacionalismo y los titulares, ya sean empresas o particulares, de los palcos más vistosos del mismo Palau, el Liceo y el Camp Nou. La cosa promete, aunque luego todo pueda acabar en un tremendo tongo, como en las matinales malabares de lucha libre para público infantil.

Sigue la pesadilla catalana
Pablo Sebastián Republica 28 Febrero 2017

A Francesc Homs le tiemblan las piernas en el Tribunal Supremo cuando declara sobre la consulta ilegal del 9-N. ‘Fueron los voluntarios’ dice el muy cobarde imitando la declaración de su líder y maestro Artur Mas ante la corte de Cataluña. Nada de gallardía, ni de valor para decir ‘lo hice por la Cataluña independiente’ y ya está.

Pero no, Homs es otro patriota acobardado y mentiroso que ahora se cree el ombligo de España y nos amenaza con la desaparición del Estado español si a él le condenan y lo inhabilitan los 9 años que pide el fiscal. O sea 500 años de la Historia de España se borrarían de un plumazo si se condena a Homs. Y cabe preguntar si este personaje no está en sus cabales y sufre un ataque de megalomanía temporal.

Al fondo del escenario se escucha tronar la voz campanuda de Aznar que pide ya y de una sola vez la aplicación del artículo 155 de la Constitución para anular la autonomía catalana y acabar con la pesadilla del desafío que deambula por los salones de la Generalitat, bajo cuyas alfombras se esconde la basura del 3% de las comisiones de los gobiernos de Mas y las mordidas de los Pujol.

Y en los camerinos del gran teatro español Mariano Rajoy se maquilla y se prueba diferentes atuendos para salir a la escena no sabemos bien si en el papel de un hada madrina o con las mallas de Superman en caso de que, en la víspera del ‘choque de trenes’, tenga que aplicar el artículo 155, la pócima que todo lo cura y que con vehemencia proclama Aznar.

A Homs le tiemblan las piernas en la impresionante sala del Supremo y a Rajoy le pone de los nervios tener que tomar una drástica decisión, pero cada día que pasa lo acerca a la hora de la verdad.

Ahora bien las mentiras y excusas de los encartados por el 9-N ya no les deja puerta de escape a Junqueras y Puigdemont si se lanzan de bruces al referéndum de autodeterminación, lo que les llevará de cabeza a las puertas de la Justicia, sin referéndum, sin independencia y con Cataluña y España mucho mejor de lo que están. Fácil no será y algunos buscarán tensiones y provocación pero ese será su problema. El del Gobierno el aplicar la ley si hay rebelión.

‘Se está imponiendo la cultura del odio’
Covite alerta del 'culto al terrorista' instaurado en el País Vasco
 gaceta.es  28 Febrero 2017

Un homenaje a 22 etarras en un instituto de Hernani; ver ‘pactos judiciales con ETA que favorecen la impunidad’; cómo Geroa Bai ‘humilla’ a las víctimas al rechazar condenar a la banda asesina, la 'pasividad' ante los homenajes a terroristas, que son recibidos como héroes, el acoso a la Benemérita en Alsasua y la brutal agresión a dos guardias civiles y sus parejas de esa localidad de Navarra… El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) tiene atragantados todos estos casos y otros muchos que se están dando. Alerta del 'culto al terrorista' instaurado en el País Vasco y de la nula aplicación de políticas de prevención de la radicalización violenta tanto en el País Vasco como en Navarra.

Esta denuncia ya se la trasladó a principios de febrero al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. Le hizo saber su enorme preocupación por la deriva que está llevando a cabo el Gobierno vasco sobre el relato de los 50 años de terrorismo y la convivencia al tratarse de asentar la teoría del conflicto. Le pidió que se refuerce la prevención de la radicalización que deriva en una cultura del odio y en casos como esa agresión el pasado octubre a dos guardias civiles y sus parejas.

Este pasado viernes ha alertado también de esta situación al cuerpo diplomático de Alemania y de que “el culto al terrorista que se vive en el País Vasco es un problema para la prevención de la radicalización en Europa”. El vicepresidente de la plataforma, Josu Puelles, ha mantenido un encuentro en Vitoria con el primer consejero de Asuntos Políticos y de la Unión Europea de la Embajada alemana en Madrid, Stefan Bantle.

En la reunión, celebrada a petición de la Embajada de Alemania, Covite ha informado a Bantle de episodios como los continuos homenajes a etarras salidos de prisión o la implicación de niños en actos de recuerdo a terroristas celebrados en institutos o colegios.

Puelles ha recalado también en la institucionalización del odio en torno a las Fuerzas de Seguridad y ha desgranado ante la diplomacia alemana cómo campañas promovidas por ETA contra agentes de la Guardia Civil han derivado en brutales agresiones como la registrada en Alsasua.

Ha insistido en que la presencia del brazo político de ETA en las instituciones y la justificación del asesinato selectivo de seres humanos contribuye a fomentar la radicalización entre los más jóvenes. Le ha contado que esto “no está siendo contrarrestado desde el Estado” y que “las políticas públicas de memoria del Gobierno vasco están tratando de construir un relato en el que la responsabilidad de ETA queda difuminada”.

«El problema de Cataluña lo es de toda España. Por favor, ayúdennos»
Seis «héroes de la resistencia» piden una reacción social frente al nacionalismo
Itziar Reyero ABC 28 Febrero 2017

Lideran la resistencia civil en la España del siglo XXI. Allí donde la mayoría silenciosa, a veces silenciada, no reacciona al pensamiento totalizante de los nacionalistas, ellos se rebelan. Son la voz de la conciencia nacional, que en territorios como Cataluña o el País Vasco se ha ido apagando por la fuerza dominante de quienes durante décadas se fueron apoderando del espacio público y han puesto la educación y los medios de comunicación públicos al servicio de su ideología única. Héroes anónimos, asumiendo un altísimo coste personal, que se comprometen con la defensa de España ahí donde el Estado se inhibió.

Fueron siete aldabonazos los que se escucharon ayer en Madrid en torno a la mesa-debate sobre «El fortalecimiento del coraje cívico para la defensa de España», que organizó la Fundación Villacisneros y Valores y Sociedad. El acto, coordinado por María San Gil, estuvo moderado por Ana Velasco Vidal-Abarca, que presentó a a sus invitados como «personas excepcionales, ejemplares, que no se resignan». Uno a uno fueron tomando la palabra en un auditorio a rebosar, al que se dirigieron con un mensaje unísono: frente a los atropellos e imposiciones del nacionalismo, y la «apatía» general, la sociedad civil tiene por tarea pendiente rebelarse para defender su dignidad. La de todos.

«Yo solo soy un granito de arena», se presentó la voz cálida pero enérgica de Dolores Agenjo. Ella es la directora del instituto de Hospitalet de Llobregat, que se negó a abrir su centro para celebrar el referendum ilegal del 9-N en 2014. «No te metas en líos, da las llaves», le advirtieron. Pero se rebeló. «Llegó el momento de decir no. Y no me arrepiento. Porque a pesar de que soy una oveja negra y debo estar en todas las listas negras del señor Santi Vidal y los comisarios políticos de la Generalitat, sé que hay gente que se siente representada por mí. Sé que mi acto no ha sido en vano, que algo se ha roto y esto puede cambiar».

El discurso y sobre todo el ejemplo de resistencia cívica frente al «establishment secesionista» en Cataluña de esta docente jubilada, llano y directo, enardeció a la audiencia. «Es necesario que esto no se quede en acciones individuales. Somos ciudadanos anónimos los que denunciamos que se ponen banderas esteladas en los ayuntamientos, multas a los comerciantes que no rotulan en catalán, que a los niños no se les deja estudiar en español. ¿Dónde está el Gobierno?», inquirió.

En todos hubo una preocupación común: el hastío generalizado de la sociedad española que, ante sus propios desafíos, desintoniza de la realidad. «Necesitamos el apoyo de la sociedad civil del resto de España. Nos desalienta pensar que el problema catalán cansa. Pero por favor, el problema de Cataluña lo es de toda España. Por favor, ayúdennos porque está en juego España y la libertad», apuntó Agenjo.

A Mariano Gomá también le avisaron de que se metía de lleno «en el punto de mira» del independentismo cuando en octubre de 2014 asumió el testigo al frente de Sociedad Civil Catalana. «Me dijeron: Mariano, te vas a meter en un lío. ¿Pero qué hace un arquitecto ahí? Pues muy sencillo. Estoy ayudando a apuntalar Cataluña y a construir España», dijo, arrancando más aplausos de una sala abarrotada. Gomá denunció que la espiral independentista ha hecho que los catalanes «se miren de reojo», incluidos quienes apelan al “seny”, el sentido común, que se desvanece en un paisaje social donde las banderas esteladas no encuentran oposición en los balcones de Cataluña. «Hay que despertar a la sociedad. Por eso les convocamos el 19 de marzo en Barcelona a la marcha “Por la libertad y por la democracia”. Lo que están haciendo es un golpe de Estado institucional. Y es la propia sociedad la que debe decir a sus propios mandatarios políticos que basta».

Contra ETA
A la rebelión llamó también José Antonio Ortega Lara, símbolo de la libetad contra ETA, al que se le presentó como «referente moral incuestionable». «Necesitamos mayor concienciación de la sociedad civil ante la inhibición de las autoridades», fue su mensaje central, respondido con aplausos del público como muestra de respeto y admiración a quien estuvo 532 días secuestrado por la banda terrorista. Ortega Lara advirtió que no solo los poderes del Estado y los medios de comunicación deben liderar la batalla de las ideas, sino que la sociedad civil «debe jugar un papel importante», en defensa pero también en gratitud a la casa común de todos: España. «Tenemos la obligacion de devolverle algo aunque sea en señal de gratitud. Por nosotros, por nuestros hijos y por la propia España».

Otro ejemplo de dignidad y «luchadora incansable» por la deslegitimación del terrorismo en el País Vasco es Consuelo Ordóñez, hermana del líder del PP en Guipúzcoa Gregorio Ordóñez asesinado por ETA, quien avisó de que «la libertad sigue secuestrada en el País Vasco». Ella, que viene de enfrentarse a los radicales en las calles de Alsasua (Navarra) conoce bien de lo que habla cuando afirma que «alzar la voz mientras la masa te invita a adentrarte en la espiral del silencio es peligroso. Salir de tu zona de confort es lo que diferenció a quienes se enfrentaron con valentía al silencio impuesto». «¿Qué paz se construye honrando a terroristas? Esa es la paz que nos quieren imponer. Derrotar a ETA es lograr que la juventud vasca cuando oiga el nombre de un etarra, sienta lástima,no admiración y orgullo», fue su retrato del paisaje sociológico hoy en el País Vasco. Y concluyó su intervención con otra llamada de atención. «Es la hora del coraje cívico».

Jorge Campos, presidente de la Fundación Nacional Círculo Balear, lleva desde los 19 años desafiando el «pancatalanismo» en Baleares. «Es surrealista, tenemos un nacionalismo que es de fuera. Somos víctimas del nacionalismo totalitario, casi un tercio de España sufre las consecuencias de un nacionalismo totalitario», dijo tras relatar las imposiciones del catalán en la enseñanza en las islas. Josep Bou, presidente de Empresaris de Catalunya, advirtió contra «los silentes» que no «se meten en líos» para no comprometerse.

El público superó el medio millar, alguno tuvo que buscar asiento en las escaleras del salón de Mutua Madrileña. Entre los presentes estuvieron Jaime Mayor Oreja (Fundación Valores y Sociedad), Íñigo Gómez-Pineda (Villacisneros), Esperanza Aguirre o Santi Abascal.
 


 


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