AGLI Recortes de Prensa    Martes 7  Marzo 2017

La independencia de Cataluña, comedia bufa
Amando de Miguel Libertad Digital 7 Marzo 2017

Ahora resulta que los adalides de la independencia de Cataluña se ven juzgados por "desobediencia" en los tribunales por haber organizado un referéndum secesionista por libre. Parece algo pueril, y encima ellos se defienden arguyendo que no era tal referéndum sino una "consulta participativa". Puede que no sean niños, pero sí cobardes, como aquellos ridículos burgueses de La kermés heroica.

Así no vamos a ninguna parte. Esto parece una comedieta de barrio. Por si fuera poco, cunde la impresión de que los jefes secesionistas han sido unos ladrones. Ahora se explica que lanzaran el estribillo de "España nos roba". Díjole la sartén al cazo: "Quítate que me tiznas".

Cuando los que se consideran caudillos de una nación irredenta aspiran a independizarse, no tienen más que una salida digna: pasar por la cárcel. Así se ha hecho otras veces en la historia. Nada de "desobediencia". Su conducta debe ser de perfecta sedición. Solo así podrían ser mártires de la causa, verdaderos padres de la patria catalana. Por el actual camino de la sisa del 3% (como mínimo) no se llega a tal beatitud cívica. Se precisa algo más de finura, de grandeza.

Otro error del movimiento secesionista catalán ha sido agarrarse al argumento de la lengua propia, distinta del castellano, para un gran parte de los catalanes. Pero en Europa no es causa suficiente para separarse del resto de la nación. Sobre todo, porque el castellano es hoy una lengua de comunicación en el mundo. Es decir, la aprenden millones de personas que tienen otra lengua familiar. Por tanto, al intentar erradicarla se cae en el ridículo. En América hay una veintena de Estados con el español como idioma oficial. Algunos de ellos también tienen otras lenguas propias. No se les ocurrió suprimir el español, aunque México estuvo a punto de adoptar el francés como lengua oficial y Argentina el italiano. Por fortuna, se impuso el sentido común.

Se dice que Cataluña es la tierra del sentido común, pero los separatistas se han embarcado con mal viento y con el timón defectuoso. Habrá que esperar a una nueva generación de valientes independentistas, dispuestos a pasar por la cárcel para hacer méritos. De paso, cultivarán el castellano, como hicieron en su día los irlandeses con el inglés.

Los españoles vamos a terminar por aceptar que, en efecto, Cataluña es una nación con deseos de constituirse en Estado, solo que el Estado más corrupto de Europa. Ahora está claro por qué tantas prisas por la independencia. Sería la ocasión perfecta para que los políticos corruptos se libraran de la cárcel. De momento, solo por la presencia de los jueces y de los inspectores de Hacienda se puede advertir que Cataluña es parte de España.

El asunto de Cataluña empieza a ser fatigante para el conjunto de los españoles. Son muchos años comprobando que las noticias sobre Cataluña suelen abrir los periódicos informativos y telediarios de España. Es una donosa forma de no sentirse españoles.

En los últimos lustros son muchos los profesionales, directivos y técnicos que han salido de Cataluña hacia otras regiones españolas. Pocos son los que con gusto han hecho el camino inverso. Imagino que el éxodo de capital humano se reforzará el día en que Cataluña se declare independiente de verdad. Procederá entonces la pregunta que solía hacer Josep Plá: "¿Esto quién lo paga?".

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Votar en España es una estafa al votante
Antonio García Fuentes Periodista Digital 7 Marzo 2017

Que el sistema “parlamentario” actual es un rotundo fracaso, no se necesita mucha inteligencia para deducirlo; que el voto individual igualmente lo es, tampoco me merece ya muchas dudas; y aunque han querido llenarnos “los sesos”, con una monumental mentira, hay que volver a replantear temas tan cruciales, como son la gobernabilidad de los pueblos incluidos sus entes menores de cualquier categoría.

En España, para que un diputado, que además ha sido elegido en lotes sobre la base de listas cerradas y que el jefe (“que no líder, por lo que ya he dicho en anterior artículo”) y su camarilla más adicta, han dictado; es tan incalificable que a la vista está; puesto que nunca sabemos a quienes hemos elegido para que defienda nuestros intereses más cercanos, que es lo que preocupa al individuo; que sí… “a lo sumo patriota, pero mucho antes, es su casa, su familia, hacienda y en definitiva sus intereses más próximos”; y como tal elector, debe saber a quién elige para pedirle cuentas llegado el caso y si lo merece incluso felicitarlo; puesto que la felicitación en política no debe existir, ya que el servicio público debe ser un honor y no un negocio material, como aberrantemente lo sigue siendo y de ahí la abundancia en corrupciones.

De esta forma en que funcionan (“y lo de funcionar es una regalía inmerecida, puesto que no funcionan”) los parlamentos públicos; lo hacen de forma dictatorial y sin concesiones a nadie; curiosamente no se cansan de hablar de democracia, cuando lo que emplean es la dictadura más descarada e implacable, que impone el jefe o “caudillo”.

Tampoco me valen esas coaliciones de “distintos” (si bien ya los vemos a todos iguales, puesto que su interés es su panza y su bolsillo) que hacen cuando se conforma un gobierno, diciéndonos que… “es necesario para que el asunto sea gobernable”; cuando la realidad, es que se reparten el poder (traducido siempre a dinero a manejar) a cara de perro y cerrado “el trato de intereses mutuos”, es cuando van a gobernar; manteniéndose esos gobiernos mientras los intereses pactados se mantengan; del pueblo… simplemente lo olvidan una vez le han logrado el voto.

En democracia (verdadera) debe gobernar aquel que obtiene el mayor número de votos y si no obtiene la mayoría, que se prepare a plantear asuntos que afectando a la mayoría; el resto tenga que aceptarlos o “quedar con el culo al aire”; al pueblo le importa un rábano quién o quienes lo va a gobernar, lo que quiere es ser bien gobernado y pagar los mínimos impuestos… “o sea los justos”, para lo cual hay que vigilar al político.

Llegados a “parlamentar” los que indebidamente se dicen parlamentarios, puesto que llegados al asiento, aparte de calentarlo… se dedican a cumplir órdenes del jefe y apretar el botón que éste les ordena… ¿Para qué queremos mantener ese ejército de “apretabotones”? Que trabajen en su demarcación enterándose de los problemas que en ella hay y que en su grupo diluciden lo que hay que defender; así en el parlamento, con que vaya el portavoz y su suplente (“por si le da algo o se muere, que haya un sustituto”) es más que suficiente; el resto a trabajar y justificar el buen sueldo que les pagan… “y no me hagan reír con aquello que suelen decir que están mal pagados”; al que no le interese la política, que se vaya a la vida particular y entonces sí que va a aprender “lo que es bueno; en la vida privada y dando el pecho es como se aprende”.

En cuanto a la representación del electo (cualquier electo) ¿Cómo es permitido que un individuo sólo por haber cumplido los dieciocho años y ser electo pueda ocupar cargos para los que se necesitan unos conocimientos que no tiene ni por asomo? ¿Cómo se puede votar con esos dieciocho años y aun así estos inútiles en algunos países dicen de bajar la edad a los dieciséis? ¿Qué experiencia de la vida puede tener una criatura que en inmensa mayoría “aún ni han roto el cascarón de la vida?

Lo dijo Confucio hace ya dos milenios y medio… “y curiosamente hasta los nuevos “comunistas/capitalistas” chinos, han vuelto a sus enseñanzas y su obra ha sido rescatada y se está impartiendo en la escuela pública.

Este sabio mundial, dijo entra otras muchas verdades… “Que nadie que no sepa gobernar su casa y su hacienda, entre a gobernar hombres”.
Lógico por demás, ya que esa afirmación es todo un tratado de política, puesto que… ¿A qué edad se empieza a saber gobernar la casa, la familia y la hacienda y aquel que lo consigue? Los que logran ello, generalmente y salvo excepciones, lo logran más cerca de los cincuenta años que de los cuarenta; o sea cuándo ya se ha vivido (“y sufrido”) con amplitud todos los avatares de la vida.

Y además y como me decía un lector… “Si para conducir un vehículo, hacer una instalación eléctrica o de fontanería, despachar medicamentos o ejercer los múltiples oficios necesarios, necesitas una acreditación… ¿qué acreditación tienen la mayoría de políticos? Ninguna y por ello va tanto inútil a la política”.

Aquí en España, simplemente recordar al indeseable e inolvidable; José Luís Rodríguez Zapatero… “de la nada a nada menos que presidente de Gobierno”; lo ocurrido en su mandato a la vista está… “un elefante entrando en una cacharrería y así dejó España cuando por fin lo echamos”… no, no ha sido él solo, pero sí que ha sido el mayor culpable de todo cuanto hoy padecemos la mayoría de españoles.

Por tanto hay que estudiar de nuevo, este sistema caduco y fracasado, por cuanto el mismo no es posible sostenerlo más; salvo que nos quieran poner a todos los indefensos (“que es la enfermedad cancerígena peor, la indefensión en que se encuentra el pueblo en general”) a pedir limosna, como ya lo están muchos de ellos, precisamente por culpa de los indeseables gobernantes que rotundamente… NO SUPIERON GOBERNAR.

La política y no me cansaré de repetirlo… “es el arte de gobernar bien a los pueblos”; y el que no tenga ni preparación ni vocación para ello; hay que procurar que no toque nada público. Sencillamente no hará nada bien puesto que no sabe.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

Los hombres de bien.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 7 Marzo 2017

El PSOE y sus confluencias federales están contribuyendo a la desintegración de España. En la Comunidad autónoma de Valencia un Ximo Puig desatado en su involución independentista, acaba de legislar vía Decreto la imposición del valenciano como lengua exclusiva en la educación. Esa ilegalidad manifiesta viola lo establecido en la Constitución de España respecto a la convivencia de las lenguas en aquellas comunidades con otra reconocida diferente de la común, el castellano, conocido en todo el mundo como el español. Una medida represiva y lesiva para los derechos de los niños hispano hablantes que solo entienden y se expresan en esa lengua. Una ley cien por cien ilegal que debe ser de modo inmediato recurrida por el Gobierno de España ante el Tribunal Constitucional.

Ximo Puig y el PSV, rama federal valenciana del PSOE, está siguiendo la misma senda e incluso a un ritmo mayor que la de sus vecinos del norte en la comunidad rebelde e insumisa de Cataluña, donde otra federación, el PSC, liderada por un esperpéntico e histriónico Miguel Iceta, anda en una absoluta esquizofrenia en un equilibrio imposible entre el federalismo y la independencia. Ximo Puig es simplemente no ya un mero cómplice de formaciones independentistas, sino un entusiasta impulsor de las medidas tendentes a exacerbar la diferenciación cultural como apuntalamiento del sentimiento nacional, clave para la reivindicación independentista.

El PSOE se encuentra actualmente en una difícil coyuntura con un vacío de poder tras la creación de la Gestora Ejecutiva, con un largo proceso de retorno a la normalidad con la convocatoria de un Congreso extraordinario de carácter político, donde se intentará la redefinición y regeneración del partido y con un elemento distorsionador retornado tras su exilio forzado, Pedro Sánchez, centrado en recuperar su poder aupado por la militancia y radicalizar al PSOE terminando lo que ya intentó, su alianza política con el principal enemigo del PSOE, PODEMOS. Una situación dantesca que volverá a bipolarizar a España entre una derecha acomplejada y un Frente Popular formado por una ultra izquierda radicalizada que contaría con el apoyo del resto de enemigos de España, los partidos secesionistas de las comunidades autónomas como Cataluña y sus satélites Baleares y Valencia.

Estamos en un momento clave de la Historia de España donde, a la debilidad de un Gobierno casi en funciones por su dependencia parlamentaria, se suma la debilidad y fraccionamiento del PSOE. Una situación que todos los enemigos de España no están dudando en aprovechar, más aún, cuando ese Gobierno acomplejado el PP no se atreve a adoptar medidas firmes y decididas para terminar con la insumisión, la rebeldía y la violación sistemática de derechos de los españoles residentes en esas comunidades autónomas con independencia de su origen, lengua y afiliación ideológica. Porque como ya dijo el político irlandés Edmund Burke: “para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada”. Ha sido demasiado tiempo el que esos hombres, quizás no todos de bien, no han hecho nada para detener lo que ahora parece imparable.

Creo que la Gestora del PSOE debería, al menos, censurar la actitud de uno de sus más relevantes dirigentes como lo es Ximo Puig, ya que su política es totalmente contraria a la debería defender un partido como el PSOE comprometido con España, con la Constitución y con todos los españoles y que, por defender esas convicciones, ha pagado con la sangre de sus militantes bajo el terrorismo de ETA y de otros grupos terroristas en los años de democracia.

El PSOE tiene la misión histórica, junto al resto de las fuerzas democráticas de España que se declaran constitucionalistas, de formar un frente común de reacción contra el secesionismo y contra aquellas otras fuerzas políticas que solo pretenden la desmembración de la nación. España no es, y, si podemos impedirlo, nunca será, una entidad plurinacional formada con los despojos de lo que quedase tras la independencia de esos territorios lanzados en rebeldía e insumisión. Debemos ser fuertes y ser conscientes de que nos asiste la legitimidad que nos otorga la Constitución que, además, contempla las medidas a adoptar ante estos casos de grave deslealtad institucional como la protagonizada por la Mesa y el Parlamento de la Comunidad autónoma de Cataluña o como ahora la del Gobierno de la Comunidad autónoma de Valencia.

No hacer nada para cortar el mal de raíz es traicionar a los españoles. ¿Quiere el PSOE abstenerse de lo que es su deber y permitir que ese mal triunfe por su inacción y miope visión política?

¡Que pasen un buen día!

Europa da mucho miedo
Javier Benegas vozpopuli.es 7 Marzo 2017

“Francia está enferma y vive una terrible crisis de confianza”, ese es el recado que Alain Alain Juppé dejó a sus colegas y conciudadanos tras anunciar en rueda de prensa que no será candidato a las presidenciales francesas. A pesar de que las encuestas le colocaban como favorito entre los candidatos conservadores, y que en su entorno le animaban a presentarse, Juppé declinó, afirmando que para él ya era demasiado tarde, que no era la persona indicada para unir a la derecha y al centro en torno a un único proyecto.

Sean cuales sean sus razones, la renuncia de Juppé a postularse como futuro Jefe del Estado acerca a Marie Le Pen al Palacio del Elíseo. La desdibujada derecha francesa, con su principal candidato, Francois Fillon en serio riesgo de ser imputado por los presuntos empleos ficticios de su esposa y de dos de sus hijos, podría verse desbordada por el Frente Nacional, incluso arrasada. Sin embargo, en caso de que esto llegara a suceder, no será por la corrupción. La corrupción es solo un síntoma de que algo no va bien hace tiempo. De fondo está el divorcio entre la nación oficial y la real. Una circunstancia que no es exclusiva de Francia sino que, como se está comprobando, afecta a otros países occidentales. Y nadie parece tener la solución.

Hacia un Estado todavía más prepotente
Que exista un estado de opinión cada vez más favorable a políticas proteccionistas como las que apadrina Le Pen, es una mala noticia. El crecimiento económico, el bienestar y la paz están estrechamente relacionados con un comercio internacional pujante. Esto es así hoy y lo seguirá siendo mañana. Por lo tanto, poner barreras al intercambio económico no mejorará las expectativas del ciudadano común; lo más probable es que ocurra justo lo contrario.

Para muchos la defensa de la “identidad” consiste en una vuelta al viejo nacionalismo del siglo XX. Un peligrosos retroceso donde las fronteras dejarán de ser líneas punteadas en los mapas y se convertirán en auténticas barreras físicas para bienes, servicios y… personas. Lo que, lejos de generar riqueza, acarreará tensiones. "Si los bienes no cruzan las fronteras, lo harán los soldados" advertía Bastiat. Además, ese nacionalismo donde el poder político se legitima para fiscalizar todo, lo forastero pero también lo autóctono, acarreará un control estatal todavía más opaco y prepotente, pues siempre podrá justificarse con la existencia de la amenaza externa.

Ahora bien, la demanda de este proteccionismo deriva de otra sensibilidad más profunda, no exclusivamente económica. La globalización es un fenómeno mucho más que comercial. Pone en jaque la existencia del Estado-nación, pero no solo en cuanto a la jurisdicción sino, y muy especialmente, en lo que se refiere a la propia identidad de las sociedades o, mejor dicho, a sus raíces. Y ahí es necesario separar el trigo de la paja. No es posible mantener como único diagnóstico que el ciudadano común se está comportando de manera irracional y mezquina, inasequible a la razón.

Oídos sordos
Antes de que políticos como Le Pen aprovecharan la coyuntura, existía una demanda de principios y de defensa de los sistemas legales que las democracias liberales se dieron a sí mismas. No se trataba de una desconfianza irracional hacía la globalización sino de una desconfianza muy fundamentada hacia la clase dirigente, porque ésta no salvaguardaba valores fundamentales e, incluso, en muchas ocasiones renunciaba a aplicar la ley alegando razones de paz social, de tolerancia y de discriminación positiva.

En realidad, a mucha gente no le preocupaba tanto la apertura de las fronteras como verse privada de un orden lógico, sólido, reconocible y previsible que, además, se sustentara en valores tradicionales, como la responsabilidad personal y la igualdad ante la ley. Sin embargo, ante esta legítima preocupación, los gobernantes hicieron oídos sordos. Es más, se sumaron con entusiasmo a una corriente de progresismo transnacional empeñada en deconstruir primero a las sociedades y después al propio individuo, imponiendo una nueva y sofisticada dictadura: la corrección política, donde las personas debían confundirse con el paisaje.

De hecho, hoy quienes vienen a Europa lo hacen principalmente atraídos por sus sistemas de bienestar, por las prestaciones y derechos sociales, no por los principios –mucho menos los deberes– que alumbraron a las sociedades abiertas y que, pese a las apariencias siguen siendo muy necesarios para que la libertad prevalezca. Circunstancia que, por otro lado, se da en muchos ciudadanos originariamente europeos, acostumbrados a exigir derechos pero refractarios a asumir responsabilidades.

Así pues, esté Europa más o menos enferma, resulta evidente que el mix entre economicismo y progresismo sobre el que han discurrido décadas de globalización, desmanteló valores y cadenas de valores que eran fundamentales. Y ahora que se están invirtiendo las magnitudes, que el rancio nacionalismo enseña los dientes, todos se echan las manos a la cabeza o, como Alain Juppé, ponen pies en polvorosa, mientras Marie Le Pen se encarama a las rejas del Elíseo.

Dugin es el enemigo
Conviene no quedarse en las capas superficiales de la derecha alternativa, tanto en Rusia como en los Estados Unidos, porque entre bastidores acecha el fantasma de Julius Evola, representado hoy por el liberticida Aleksandr Dugin.
Juan Pina vozpopuli.es 7 Marzo 2017

No es la primera vez, ni será la última, en la que las sociedades humanas se vean sometidas a una fuerte convulsión ideológica que afecta a su autopercepción y a su modelo de organización en todos los terrenos. Esa convulsión siempre tiene su origen en el desgaste estructural del sistema vigente hasta entonces, agotamiento que obedece generalmente a su desconexión con la realidad cultural de su tiempo. Ésta, a su vez, se desarrolla en el marco establecido por la tecnología de interrelación, colaboración y distribución del conocimiento existente en cada época. No es casual, por lo tanto, que vivamos precisamente ahora el derrumbe del modelo socialdemócrata de Estado paternalista.

Ese modelo se ha caracterizado por un endeudamiento extremo y unos impuestos confiscatorios a todos los niveles de renta, ambas cosas destinadas a posibilitar una reasignación opaca y arbitraria de los recursos que mantiene en el poder a quien la dirige: la élite extractiva, la casta nucleada en torno a la macroorganización Estado y sus ramificaciones en la gran empresa bajo control indirecto pero efectivo del Estado. Es un modelo basado en una estructura social en red descentralizada, jerárquica, donde las interacciones entre los individuos se ven autorizadas, impedidas o condicionadas y distorsionadas por infinidad de nodos de paso obligatorio de diversos tamaños e intensidad. El Estado reina en una red así, y sus múltiples nodos propios articulan prácticamente el conjunto de la sociedad interviniendo cuanto en ella sucede.

El Estado socialdemócrata, que es el que tenemos en el mundo occidental desde 1945, se ha ido perfeccionando hasta producir una cuasidictadura cuyo abundante maquillaje de benevolencia y legitimación popular es cada día menos capaz de ocultar su dirigismo asfixiante y su inevitable corrupción. Pero, en ese mismo periodo, la revolución tecnológica ha ido empoderando al individuo incluso sin que se diera cuenta, y los nodos de paso se han ido disolviendo a un ritmo cada vez más vertiginoso en todos los terrenos (cultura, empresa…), hasta llegar a embestir al último de esos ámbitos: la política. La reacción del sistema ha sido bunquerizarse y caminar a ritmo frenético hacia un modelo prácticamente orwelliano, a sabiendas de que, al hacerlo, iría perdiendo primero el maquillaje y después el apoyo de gran parte de los súbditos.

Cuando la convulsión ocasionada por el declive del sistema agita las aguas, el fango del fondo asciende a la superficie. Adquieren así nueva vida los sedimentos depositados por el sucesivo descarte de sistemas anteriores de organización social, que obedecieron en su momento a cosmovisiones superadas y, por supuesto, menos compatibles aún que la socialdemócrata con la cultura de las sociedades actuales y con el marco tecnológico en el que se desenvuelve. Pero en este río revuelto pescan, y al principio pescan bastante, los nietos ideológicos de los viejos comunistas y de los viejos fascistas. En ambos casos se revisten de ropajes de libertad, pues no les queda más remedio si quieren captar la atención y el apoyo de la gente de hoy, la gente que precisamente cuestiona los excesos del estatismo socialdemócrata aunque no lo exprese así. Pero tanto las coletas y rastas de la izquierda alternativa como la rana Pepe y la aparente jovialidad de la derecha alternativa, enmascaran el simple regreso de los totalitarismos que asolaron Europa y el mundo hace un siglo.

En este contexto, resulta particularmente alarmante el ascenso de lo que internacionalmente se ha dado en llamar tradicionalismo, con o sin el prefijo “neo”. Y más alarmante aún es que sus versiones más lights hayan logrado incluso seducir a sectores minoritarios, “páleo” o simplemente ingenuos del liberalismo clásico e incluso del libertarismo. Estoy convencido de que esos sectores volverán a casa, escandalizados, tan pronto como se tomen la molestia de escarbar hasta el fondo para ver qué hay en él. En cualquier caso, la radicalización ya imparable del nuevo estatismo “de derechas” les va a obligar a elegir: la Libertad no es compatible con el orden arcaico que promueven los ideólogos de este tradicionalismo recesivo, que incluso habría horrorizado a conservadores convencionales como Thatcher o Reagan. La revisión histórica que inducen no se limita estas últimas seis o siete décadas de socialdemocracia, sino que cuestiona todo el camino recorrido desde el Renacimiento, y por supuesto la Ilustración entera y su logro máximo, que no fue la Revolución Francesa, sino la Americana.

Tal vez no sea exacto denominar fascistas o neofascistas a estos autores intelectuales del estatismo alternativo en la era Putin-Trump, porque se remontan a mucho más atrás y reivindican abiertamente elementos del feudalismo como las castas sociales, elementos del absolutismo como la exclusión total de los gobernados en el proceso de gobierno, y elementos de la teocracia como la imposición organizada de sus creencias y valores. Cuando uno no se queda en la llamativa superficie tuitera del movimiento neorreaccionario o Alt-Right y acude a sus fuentes, a sus pensadores de referencia, encuentra sobre todo la figura de Julius Evola, cuyo discípulo vivo más influyente es Aleksandr Dugin. Ambos comparten un rechazo extremo nada menos que a la modernidad en general (y eso incluye obviamente el capitalismo, la limitación del gobierno y otros cimientos básicos de la civilización actual). En su Cuarta Teoría Política —libro de cabecera de gran parte del putinismo pero también del trumpismo o al menos del influyente sector liderado por Steve Bannon—, Dugin ataca ferozmente la noción misma de individuo, a la que considera responsable tanto del liberalismo como del socialismo. Para él, sencillamente, los individuos no tienen derechos. Su colectivismo es absoluto y su programa político consiste en el imperio de “Eurasia” bajo el yugo ruso. Dugin no pasaría de ser un irrelevante nazi más (no lo digo yo, se lo llama él mismo) de no ser por la enorme influencia que al parecer ejerce en las altas esferas. Caracterizado como “Putin’s Rasputin”, este peligroso enemigo de la Libertad individual y del capitalismo de libre mercado está en nuestras antípodas ideológicas, exactamente igual que la extrema izquierda.

El despotismo dulce de la democracia
Roberto Esteban Duque gaceta.es 7 Marzo 2017

El poder propicia una viciosa relación con los ciudadanos, en orden a que ellos mismos consientan en renunciar a sus posibilidades. Se crea así una dictadura bajo apariencias e instituciones democráticas. Tocqueville se refirió en La democracia en América al despotismo blando, le doux despotisme:

“Pienso que la especie de opresión que amenaza a los pueblos democráticos no se parecerá a nada de lo que ha precedido en el mundo (…). Si quiero imaginar bajo qué rasgos nuevos podría producirse el despotismo en el mundo, veo una multitud innumerable de hombres semejantes e iguales que giran sin descanso sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres con los que llenan su alma (…). Por encima de ellos se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga por sí solo de asegurar sus goces y de vigilar su suerte. Es absoluto, minucioso, regular, previsor y benigno. Se parecería al poder paterno si, como él, tuviese por objeto preparar a los hombres para la edad viril, pero, al contrario, no intenta más que fijarlos irrevocablemente en la infancia. Quiere que los ciudadanos gocen con tal de que sólo piensen en gozar. Trabaja con gusto para su felicidad, pero quiere ser su único agente y sólo árbitro; se ocupa de su seguridad, prevé y asegura sus necesidades, facilita sus placeres, dirige sus principales asuntos, gobierna su industria, regula sus sucesiones, divide sus herencias, ¿no puede quitarles por entero la dificultad de pensar y la pena de vivir?”.

El efecto del reglamentarismo no es el de destruir las voluntades, sino el de ablandarlas, doblegarlas y dirigirlas. Tal despotismo, presente asimismo en la obra de Bertrand de Jouvenel, acecha a cualquier democracia. Consiste en anestesiar a la opinión pública, crear un imaginario colectivo, dirigir amenazas y demandas judiciales desde el establishment. A falta de tensión espiritual, de compromiso con la libertad y sin una vida virtuosa, ¿cómo puede ir bien lo público? La fachada democrática puede subsistir, pero es ineficaz de cara a promocionar la justicia.

La soteriología del Estado ha intentado unificar a la humanidad incorporándola a un cuerpo de tipo más bien grotesco. El debate supuestamente libre de la plaza pública está desproporcionadamente influenciado por el Estado. Esta semana ha sido noticia el autobús de “Hazte Oír” porque los manipuladores de los medios de comunicación buscan sus fuentes en portavoces gubernamentales o en expertos ligados al aparato estatal que desacrediten aquello que molesta al poder. Hasta el mismísimo Carlos Osoro, cardenal y arzobispo de Madrid, en muchas ocasiones decepcionante, ha reprochado a los medios de comunicación su inusitada cobertura con el autobús de la discordia: “¿qué nos pasa para no saber lo que nos pasa?”, fueron sus meditadas palabras. Es decir, ¿puede ocupar el locus primero de los telediarios de toda la semana un mensaje políticamente incorrecto? Naturalmente, pero sólo sucederá en un Estado empeñado en crear invisibilidad sobre todo aquello que recusa ser salvado por él.

El Estado moderno se ha definido a sí mismo mediante la usurpación del poder de los cuerpos comunitarios más pequeños. La creencia de que el Estado es una consecuencia natural de la familia y la comunidad se ha vuelto cada vez más falsa. Como señala Robert Nisbet, el Estado moderno surgió de la oposición a los grupos basados en el parentesco y a otros agrupamientos sociales locales. La historia del Estado occidental se ha caracterizado por la absorción gradual de unos poderes y responsabilidades que anteriormente residían en otras asociaciones, y por una relación cada vez más directa entre la autoridad soberana del Estado y el ciudadano individual.

Sin divisiones entre el Estado, la sociedad civil y la economía
¿Existe realmente un “espacio libre” fuera del Estado, un foro público que no sea tutelado por él? La regulación gubernamental alcanza a todas las facetas de la sociedad y a todas las actividades, sean del tipo que sean. El gobierno se ve cada vez más como un proveedor burocrático de bienes y servicios, cuya tarea principal es servir a sus clientes, confundiéndose entre sí los espacios en el Estado, en las empresas y en la sociedad civil. Los dioses de hoy no respetan las nítidas divisiones entre el Estado, la sociedad civil y la economía.

Hay una antropología que puede ser aceptada en un orden supuestamente democrático, pero que no es asimilable en una antropología cristiana, en la que los fines de la persona no se eligen sino que vienen dados por Dios. Si las “identidades públicas” de los niños cristianos están siendo educadas para ser ciudadanos del Estado, con una autodisciplina que evita el lenguaje de la naturaleza y el lenguaje público cristiano incluso dentro de las propias escuelas, ¿quién se atreve a sostener ya que existe un “espacio libre y público”, una democracia comunicativa y deliberativa, una “esfera pública polifónica”, en expresión de Habermas? Si el precio a pagar para ser admitidos en la sociedad civil es el sometimiento de las pretensiones de la verdad oficial a los niños, que se les educa conforme a la vara de medir de una razón pública ideologizada, asistiendo así al empobrecimiento del tejido social buscando la uniformidad dependiente del poder, ¿quién podrá manifestar que no estamos ya bajo el yugo del mito de un Estado policial que se presenta como salvador?

No se pueden silenciar las posiciones o afirmaciones impopulares y supuestamente minoritarias, sometiéndolas a alguna media verdad. No pueden ser amordazadas las propuestas encaminadas a cambiar los términos del discurso político, o de una política públicamente digerible, mostrando a sus agentes ante la opinión pública como casposos, ultras y disgregadores ante una plácida y benévola mayoría. El pragmatismo político puede propiciar una pobre capacidad de escucha y una intolerancia impaciente para los que hablan desde ángulos diferentes.

Los Estados ofrecen defendernos de las amenazas que ellos mismos crean, reprimiendo el ejercicio de la libertad de expresión con leyes ideológicas y totalitarias, recurriendo a fiscales, capaces de negar cualquier cultura que no quede absorbida por la cultura política y policial del Estado. Incluso se llega a imponer el lenguaje de la ciudadanía si no quieres permanecer en el ghetto.

Michel Foucault ha mostrado cómo en la práctica lo que Hegel consideró un ideal (el poder fluyendo del Estado a la sociedad civil) se ha convertido en una funesta realidad: las instituciones de la sociedad civil tienen una función educativa o disciplinaria que sólo consistirá en realizar el proyecto estatal.

IMPUNIDAD PARA LA VIOLENCIA DE LA IZQUIERDA
Arrasar Gamonal, dos años de cárcel; gritar en Blanquerna, cuatro años
Juan E. Pflüger gaceta.es 7 Marzo 2017

Entre los días 9 y 17 de enero de 2014, centenares de radicales de extrema izquierda asolaron el barrio burgalés de Gamonal. La excusa: protestar contra la aplicación del plan municipal de urbanismo que pretendía construir espacios verdes y soterrar gran parte de las plazas de aparcamiento y del tráfico. Los radicales, que consideraban excesivo el gasto de 8,5 millones de euros, generaron destrozos por valor de más de dos millones, además del coste que supuso el desplazamiento de doscientos efectivos de la Unidad de Intervención Policial (UIP).

Los vecinos, sufrieron incendios y rotura de vehículos, daños en sus propiedades y tuvieron que hacer frente al pánico que supone que grupos radicales conviertan tu barrio en un campo de batalla.

Ahora, empieza el juicio contra doce detenidos durante los incidentes y, después de sembrar el caos durante ocho días en un barrio, las penas que para ellos pide la Fiscalía son de dos años de cárcel y multas de entre 24.000 y 31.000 euros. Unas posibles penas que contrastan con los cuatro años de cárcel a los que han sido condenados los jóvenes que entraron al centro cultural Blanquerna y que han sido recientemente condenados por el Tribunal Supremo en una sentencia que revisaba la dictada en primera instancia.

Los disturbios de Burgos acabaron con más de medio centenar de detenidos y dos docenas de policías heridos, mientras que la protesta en la librería separatista Blanquerna no dejó heridos de ninguna consideración y los jóvenes que entraron eran identificados sin oponer resistencia a su salida del local.

La impunidad de la izquierda queda patente y, como viene siendo habitual, la petición de penas solicitada por la Fiscalía quedará reducida en la sentencia del juzgado de lo Penal número 3 de Burgos.

La izquierda, cada vez más violenta
Las movilizaciones del 15-M, pasando por las marchas de la dignidad, las ediciones de rodea el Congreso o los ataques durante la celebración de eventos, son solamente algunos de los ejemplos de los últimos años que dejan claro el aumento de la violencia de la izquierda radical en España. En las convocatorias anteriormente enunciadas apareció en España lo que la Policía empezó a denominar como el “bloque negro”. Grupos numerosos de jóvenes vestidos con ropas oscuras, generalmente de tipo deportivo, que cubren sus caras con pasamontañas negros. Unos grupos que van copando las primeras filas de las manifestaciones hasta que, cuando se sienten fuertes, inician las agresiones a los agentes de la UIP para provocar sus cargas y luego intentar manipular, a través de redes sociales y algunos medios de comunicación, acusando a los agentes de respuesta desproporcionada.

Los datos, sin embargo, son más que claros: la Policía Nacional tiene identificados hasta 130 grupos violentos de extrema izquierda en toda España. Están compuestos por más de 4.000 miembros activos. Hace una año eran muchos menos -120 grupos y cerca de 3.000 individuos- y la tendencia, según los expertos policiales es que sigan aumentando.

Fuentes policiales aseguran que los comportamientos violentos de estos grupos han cambiado. Si entre 2013 y 2015 se caracterizaban por aprovechar grandes concentraciones para generar momentos de violencia muy extrema al final de los eventos, en el último año las agresuibes son organizadas y aisladas y los objetivos tienen un mayor carácter político que institucional.

La Policía también considera muy llamativo el incremento de los actos violentos de este tipo de grupos en ciudades gobernadas por Podemos y sus confluencias, como Madrid y Barcelona. En este último caso, estos grupos radicales se han visto apoyados por concejales de grupos antisistema que campan en las instituciones. Tal es el caso de lo ocurrido en el barrio de Gracia de Barcelona, cuando los radicales que protestaban por el desalojo del denominado “banco espropiado” recibieron el apoyo de concejales de la CUP, como José Garganté.

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Telexenofobia
La televisión es parte esencial del proyecto nacionalista de deconstrucción ideológica del Estado
Ignacio Camacho ABC 7 Marzo 2017

Educación y propaganda. Planes de estudio y televisiones de cabecera. El éxito de los nacionalismos frente al Estado se debe sobre todo al concienzudo cumplimiento de un plan de evangelización que se inculca en la escuela y utiliza las cadenas autonómicas como caja de resonancia. Pedagogía para los niños y comunicación para los adultos: con esos instrumentos se ha ejecutado la demolición del concepto de España.

Poco tiene, pues, de asombroso que un programa de la ETB haya denigrado con estereotipos soeces la imagen, el carácter y los símbolos españoles. La tele vasca y, sobre todo, la catalana son máquinas expendedoras de telebasura política y de consignas al servicio de sus patrocinadores. En éste último punto, el de la exaltación sonrojante del Gobierno de turno, se diferencian poco del resto de emisoras regionales, en cuya comparación la complaciente TVE, siquiera por estar sometida a mayor presión, se antoja de una ejemplaridad edificante. También comparten el escandaloso despilfarro de dinero público y un balance deficitario que en total consume alrededor de 700 millones. Los ¡¡siete canales!! de TV3 son la principal herramienta de difusión del mensaje secesionista, impregnado de xenofobia, mentiras y distorsiones. La Generalitat regatea recursos a servicios fundamentales -¿se acuerdan de la deuda con las farmacias?- pero jamás discute inyecciones financieras a una estructura mediática cada vez más inflada en sus costes.

Con la excepción de Valencia, donde el PP cerró Canal Nou aunque el gobierno de izquierdas trata de reabrirlo, y de la quebrada Telemadrid postaguirrista, las autonomías tratan de blindar por todos los medios el juguete favorito de sus rectores. La televisión, con sus sobredimensionadas plantillas, es el último organismo al que aplican recortes. Para Cataluña y el País Vasco se trata de una cuestión estratégica, relacionada con la hegemonía del pensamiento dominante; parte esencial del aparato de poder que garantiza al nacionalismo no sólo el control efectivo de la información sino una posición de ventaja en la creación de marcos mentales. Justificados como difusores de la identidad cultural autóctona, los canales propios se han convertido en armas de intoxicación masiva, puros dispositivos de combate.

Todo eso ocurre en medio de una general pasividad política y pese al marco de intervención fiscal que impone severas medidas restrictivas del gasto. Ni siquiera los partidos de oposición, que en cada territorio aspiran a apoderarse del eficaz artefacto, levantan demasiado la voz y apenas se quejan de otra cosa que de parcialidad en el trato. En el ruidoso debate sobre el dispendio administrativo falta un cuestionamiento serio de estas fábricas de sectarismo que funcionan con el combustible de un déficit millonario. Ésta acaso sea la única nación que subvenciona la deconstrucción ideológica de su propio Estado.

No nos dejen solos

Cayetano González Libertad Digital 7 Marzo 2017

Quienes plantan cara en Cataluña a las fuerzas secesionistas merecen todo el apoyo y el respaldo del resto de España y de los poderes públicos.

Hacía tiempo –quizá desde aquellas multitudinarias manifestaciones en apoyo a las víctimas del terrorismo, cuando Zapatero estaba en pleno proceso de negociación política con ETA– que no asistía a un acto de tanta enjundia moral y cívica como el organizado hace unos días en Madrid por la Fundación Valores y Sociedad y la Fundación Villacisneros.

Fue una mesa redonda, denominada El fortalecimiento del coraje cívico en la defensa de España, en la que tomaron la palabra José Antonio Ortega Lara y Consuelo Ordoñez, auténticos referentes morales; Mariano Gomá, presidente de Sociedad Civil Catalana; Josep Bou, presidente de Empresaris de Catalunya, y Dolores Agenjo, directora del Instituto Pedraforca de Hospitalet de Llobregat, que se negó a entregar las llaves de ese recinto educativo para que se pudieran instalar urnas en aquella pantomima de referéndum del 9 de noviembre de 2014, convocado por Artur Mas y sus secuaces.

Si algo me impactó sobremanera fue el denominador común de las tres intervenciones de las personas procedentes de Cataluña. No fue otro que una petición clara y expresa, dirigida en primera instancia a los que allí estábamos, pero que tenía como destinatarios principales al Gobierno de la Nación y al resto de los poderes públicos, de que no se les dejara solos en esa batalla que de manera tan ejemplar como heroica están librando desde la sociedad civil contra los poderes públicos catalanes partidarios de la secesión.

Ese impacto se agudizó cuando al día siguiente pude contemplar la foto del jefe del Estado, la vicepresidenta del Gobierno y lideresa de la denominada operación Diálogo en una actitud más que complaciente con el vicepresidente de la Generalitat y uno de los principales responsables de ese pulso al Estado, el líder de ERC, Oriol Junqueras. Si puede sonar a tópico lo de que una imagen vale más que mil palabras, en este caso el contraste entre los testimonios de Gomá, Bou y Agenjo sobre la situación que se vive en Cataluña y lo que la citada foto transmitía era sencillamente brutal. ¿De qué se están riendo?, fue la lógica y natural pregunta que me planteé, a la que era muy difícil encontrar una respuesta que tuviera un mínimo de sentido.

Que el Estado ha claudicado en Cataluña como consecuencia de su ausencia durante tantos años es algo evidente que sólo los muy ciegos no querrán ver ni admitir. Esta situación ya se vivió hace años en el País Vasco, y entonces hubo no sólo una respuesta cívica importante –Foro de Ermua, Basta Ya, intelectuales, escritores–, sino que el Estado, el Gobierno de la Nación, sobre todo a partir de 1996, con Aznar, se implicó en una batalla política, jurídica, cultural para derrotar a ETA y a todo lo que la banda terrorista representaba. Esa batalla, que cuando Aznar abandonó la Moncloa en 2004 estaba a punto de ganarse, se dio por concluida con el nefasto Zapatero y su ya citado proceso de negociación política con ETA. Posteriormente Rajoy heredó ese estado de cosas, no hizo nada, como es habitual en él, y ahora en el País Vasco ETA está en las instituciones, el PNV en el Gobierno autonómico, ETB emite videos insultantes contra España y los españoles y el PP local es algo inexistente e irrelevante.

A los ciudadanos, el Estado no les puede pedir, y mucho menos exigir, que sean mártires o héroes. Las batallas políticas, legales, culturales e ideológicas las tienen que dar las instituciones que representan a todos los españoles, los jueces, los partidos, etc. Pero cuando esas instituciones fallan, entonces no queda otro remedio que apelar a la heroica, y eso es lo que actualmente están haciendo en Cataluña ciudadanos como Mariano Gomá, Josep Bou o Dolores Agenjo. No han sido los únicos, pero desde luego están en el grupo de los mejores. Tienen toda la razón: no se merecen que les dejemos solos.

La España de Pedro y Pablo
Pablo Planas Libertad Digital 7 Marzo 2017

Mas, Homs y Puigdemont todavía se están riendo del informe del Consell de Garanties Estatutaries de la Generalidad sobre la partida presupuestaria para el próximo referéndum. Hasta los juristas afectos sostienen que, como no es legal que la Generalidad convoque una votación de esa naturaleza, no cuela destinar seis millones de euros a tal efecto. Hace ya un tiempo que la legalidad es un detalle menor para los caudillos separatistas, de modo que, si no les para el Tribunal Constitucional, tampoco es previsible que lo haga el Consell de Garanties, otro organismo autonómico más de la tupida red de parapetos, tipo Comissió Jurídica Assessora y Oficina Antifrau, creados para disimular que todo eso de las leyes y su cumplimiento no va con ellos.

El añejo precedente del caso Banca Catalana, un fraude mucho más gordo que el del Palau de la Música también Catalana, anima a los herederos de Pujol a persistir en la estrategia de echar referéndums sobre el 3% para blanquear las mordidas con la lejía separatista. Lo que no debían de esperar es que su táctico desacato y sobrevenido independentismo no sólo les fuera a servir en su descargo, sino como programa político. Y menos aún que ERC y la CUP se fueran a comportar como se espera de los criados. Se sospecha que Oriol Junqueras tiene un as en la manga, pero le va a servir de poco tanto si se convoca el referéndum con su huella en el delito como si no hay referéndum por algún azar del destino que los convergentes puedan vincular a su flirteo con Soraya Sáenz de Santamaría.

Pujol y su tropa pueden morir como héroes en el trazo grueso de la política y habrán legado a quienes les sucedan, sean de ERC, de Con Colau Podem, del pedrismo catalán o de tots plegats, lo que todos ellos dicen condenar, la pura y dura corrupción, esa manera de mirar por encima del hombro a quienes se ocupan de velar por la ley de principio a fin de la cadena. Un guardia civil retirado escoltaba en Andorra a Marta Ferrusola y un exvicepresidente del Tribunal Constitucional, Carles Viver, testifica a favor de Mas. Dadas las circunstancias, conocidos los antecedentes y visto el panorama, lo de Nóos puede ser lo de menos en comparación con lo de Mas y los Pujol, un flashback de Banca Catalana con el premium del referéndum.

La operación retorno de Pedro Sánchez podría ser el detonante final del proceso catalán. Podemos avizora una moción de censura si el de Tetuán recupera la manija socialista. Están por la poética de la nación de naciones y dispuestos a jugarse unas birras en un referéndum pactado only catalans sobre el futuro de España. Y hay un PSOE en sintonía dividido en dos facciones pero unido en la vendetta del alero de Estudiantes. Unos creen que nadie se querrá marchar de la España de Pedro y Pablo. Los otros trabajan para la Generalidad, en prensa o en la presidencia del Pacte Nacional pel Referèndum, como el exalcalde socialista de Vilanova i la Geltrú Joan Ignasi Elena. Si gana Sánchez, sayonara, la que faltaba, baby.

El extraordinario caso del 'decrescendo' vasco
Juan Carlos Girautaelespanol 7 Marzo 2017

Unos intelectuales vascos nos han retratado. La crème de una tierra próspera y feliz ha puesto los puntos sobre las íes para recordarnos la insalvable distancia que nos separa. Tenían que quemar los puentes venciendo su natural contención, a ver si así nos enteramos. Somos, compatriotas míos, una mancha en el esplendor vasco. No nacimos salvos, Dios no está de nuestro lado. Somos fachas o progres trasnochados, catetos, chonis, opresores, atrasados, ignorantes, vomitivos. Un asco, como nuestra bandera.

El odio tribal pide sangre, y a la mínima brota. En la cronología habitual, luego hay más sangre, linchamientos, atentados y, eventualmente, crímenes de lesa humanidad. No se respeta nada porque el odio es una pasión. Ha sucedido mil veces. Lo insólito en el caso de la Academia vasca del odio es el orden seguido. Así:

Primero mataron a casi un millar, lesa humanidad. Luego vino el asesinato por goteo, la amenaza y la humillación siempre. De preferencia vejando al muerto en su ataúd, variante de la infamia que contó con la impagable colaboración de la Iglesia. Por fin, acabaron trabajando en la imposición de su "relato" (en resumen, los buenos eran ellos). Y entonces, cuando todo duerme, llega el programa. Humor televisivo, según el gobierno vasco. ¡Fuera modestia! ¡Una lección de humanismo eskaldún! El odio nacionalista vasco ha preferido el decrescendo. Qué capricho.

Lo peor del odio es que se te adhiere. Quisieras echarlo al olvido -a broma, lendakari-, pero el vómito ajeno apesta en tu ropa. O el PNV paga la tintorería, o no hay manera de disimular; debatir, por ejemplo, si ese odio va en serio, si llegado el caso matarían. Porque ya lo han hecho mil veces.

El modo de producción nacionalista vasco de odio (MPNVO) es tan particular que, si lo lleváramos a la ONU, no podríamos advertir que "esto va a acabar mal" porque mal es como empezó y como continuó. Y dada la composición de la instancia neoyorquina de derechos humanos, capaz de escandalizar a Hannibal Lecter, no descarto que nos pusieran una multa:

Ya no les disparan en la nuca, tiquismiquis, ya no les vuelan cuarteles con niños, ya no yacen sus cuerpos, paraguas y diarios sobre los adoquines húmedos, ya no descuartizan guardias veinteañeros, ya no vuelan supermercados, ya no amenazan mucho, ya no aíslan apenas a familias en los pueblos, ya han hecho el sacrificio de entrar en política, coño. Qué insultos ni que insultos... ¡Indultos, picajosos!

CORRUPCIÓN EN CATALUÑA
La trituradora del Procés
La trituradora del Procés no estaba ni en las cloacas del Estado ni en la caverna madrileña. Se encontraba, en realidad, en el despacho del tesorero de Convergencia i Unió. El liderazgo de corrupción de Cataluña destroza el proceso independentista
Miguel de la Balsa estrelladigital 7 Marzo 2017

La trituradora del tesorero de Convergencia i Unió guardaba, en infames tiras de papelito roto, una nueva sorpresa: otros tres millones de euros en contratos de obra pública entre 2009 y 2013, que se añaden al inacabable rosario en el que se ha convertido el afamado 3%.

Generalitat, ayuntamientos, empresas públicas, fundaciones y un sinfín de entidades que llegan al entorno de Artur Mas, si no a él mismo. Y ya no son los malvados españoles quienes lo cuentan. Los implicados en el caso Palau, los primeros, negocian con la Fiscalía la implicación de CDC.

Desde el caso Adigsa, empresa pública rehabilitadora de vivienda social, hasta el Palau, pasando por la investigación a los Pujol, una miríada de procesos han convertido a Cataluña en líder de la corrupción y los procesamientos.

Se acabaron los días en los que la independencia era necesaria para liberarse de la corrupción española. Todo el mundo la desprecia, pero todo el mundo, desde Junqueras y Rufian a Puigdemont, tolera a los corruptos: son imprescindibles para la independencia.

Liderazgo catalán en corrupción
Desde el caso Adigsa (700.000 euros) han ido creciendo el importe de las mordidas. Pretoria (PSC y CiU compartieron 20 millones de euros); Asociación Catalana de Municipios (1 Millón); Palau (18 millones): los diversos episodios Pujol y del 3% suman más de 2.000 millones.

Debe recordarse que los ERE rondan los 1.200 o que la Gürtel no llega a los 200. Las Black suponen 12 millones. Los doscientos y pico directivos de cajas de ahorro procesados no responden, ni de lejos, a las cantidades del caso catalán.

Sin duda Cataluña alcanza el liderazgo en materia de corrupción y las formaciones de la burguesía catalana abandonan el campo para dejar el terreno a los más radicales, lo que hará imposible el "procés", por más que Junqueras se empeñe. Esquerra y CUP siguen sin emplazar a Convergencia a asumir responsabilidades: esperan pescar en río revuelto.

Procesamientos y Condenas
El Consejo General del Poder Judicial ha iniciado un repositorio de casos de corrupción que inicia sus datos en la segunda mitad del año 2015 y alcanza hasta el tercer trimestre de 2016.

En ese periodo, se han abierto en España 166 procesos, que afectan a 1378 procesados y procesadas. 303 se corresponden con casos de Cataluña, el 22% del total. Debe señalarse que en esas cifras no se incluyen muchos de los afectados por los últimos casos.

En Cataluña se encuentran con condena firme y en prisión, siete de las 55 personas condenadas por cohecho y malversación de toda España, casi un 11%.

Condenas y prisión
Debe señalarse que 399 personas han sido condenadas en los cinco trimestres citados pero solo 81, con condena firme, han entrado en prisión por delitos de corrupción. Es por lo tanto una práctica judicial habitual que la prisión se desplace hasta el momento de la sentencia firme. Solo cinco se encuentran en prisión preventiva.

Todo el mundo decía que sí
Todos los actores políticos catalanes miran al techo, pero no parece posible que la agenda judicial y procesal en la que se verá inmersa CiU y, por extensión dirigentes de DemCat, permita evadir permanentemente la exigencia de responsabilidad. La aparición permanente de Germá Gordó, mano derecha de Mas, en las investigaciones del 3% cercan al expresidente de la Generalitat.

“Todo el mundo me decía que sí” asegura en una grabación Millet, procesado en el caso Palau, que investiga una desviación de recursos del Liceu. Los procesados, Millet y Montull, que afirman que Millet lo tenía todo hecho, parecen estar negociando con la fiscalía la implicación de CDC; una circunstancia en la que los integrantes del frente soberanista, por muchos esfuerzos de tolerancia que exija el "procés", no podrían decir que sí.

La estrategia de Esquerra Republicana es, precisamente, mantener atrapada a la formación de Puigdemont mientras espera que, en el peor de los casos, la situación obligue a un anticipo electoral en el que Junquera podría sustituir a Puigdemont. Una situación que, como muchas veces han recordado en Esquerra, beneficiaría al partido, pero difícilmente permitiría la continuación del proceso soberanista sin representación de DemCat.

El tres por ciento, los Pujoj y la financiación irregular de CiU, por diversos medios hace inútil la refundación de CiU y deja a la derecha nacionalista sin referencias. Más que ensanchar la base social, el mantra del nacionalismo en el gobierno, deberán ocuparse de mantener su endeble estructura.

Impulsado desde desde dentro
Así está avanzando el nacionalismo catalán en la Comunidad Valenciana
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 7 Marzo 2017

Reuniones de los consejeros de Educación de los pretendidos Països Catalans, visitas de Puigdemont, Oriol Junqueras y otros líderes independentistas a la capital del Turia, una nueva televisión dirigida por la antigua corresponsal de TV3 en la comunidad y, sobre todo, una nueva política lingüística creada a imagen y semejanza de la inmersión lingüística catalana. Así está avanzando el pancatalanismo en la Comunidad Valenciana.

La nueva televisión pública valenciana tendrá como directora a la que fuera corresponsal de TV3 en la Comunidad Valenciana, Empar Marco. Para una parte de los valencianos se trata de un perfil político con un objetivo tan claro en sus fines como discreto en los tiempos: la catalanización de la Comunidad.

A esto hay que sumar, por ejemplo, las reuniones entre los líderes separatistas catalanes y algunos altos cargos valencianos. Así, por ejemplo, el vicepresidente catalán Oriol Junqueras o Josep Rull protagonizaron el pasado jueves en Valencia una jornada pagada con fondos públicos bajo el lema: “La hora de las decisiones: balance de agravios y reivindicaciones conjuntas”.

Acudieron representantes de los Gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cataluña y Baleares -lo que en el imaginario nacionalista equivale a los Països Catalans- y el acto estuvo financiado con fondos públicos. No es el primer acto conjunto -ya han celebrado “cumbres” los consejeros de Educación de las tres autonomías-, y probablmente no será el último. Quizá consecuencia de estas reuniones ha nacido el polémico nuevo modelo de Educación en la Comunidad Valenciana.

Hacía la inmersión lingüística catalana
El pasado día 27 de Enero la Generalitat Valenciana, integrada por el PSOE y Compromís, aprobó el llamado Decreto de Plurilingüismo, una ley que se empezará a aplicar el próximo curso 2017/18. Se trata de un decreto controvertido en tanto que los padres no podrán decidir la lengua en la cual estudiarán sus hijos y serán los centros y el consejo escolar quienes tomen la decisión.

En la mayoría de los casos ni los centros ni las AMPAS están informando a las familias. “La opinión de los padres les es irrelevante”, lamenta una madre, M.L. (prefiere omitir su nombre y apellidos por temor a “represalias” contra su hijo), con un hijo en un colegio valenciano.

Valenciano e inglés en el mismo pack
Los centros se están acogiendo a los niveles con más valenciano. ¿El motivo? La consellería de Educació ha vinculado la enseñanza del inglés a la del valenciano, esto es: se discrimina a los alumnos cuyos colegios opten por las líneas con más castellano (llamados básico 1 y 2) al finalizar sus estudios no obtendrían titulación alguna en inglés, tal y como se puede apreciar en el cuadro. En los niveles llamados “avanzados” -con valenciano- terminarían, sin embargo, con el nievel B1.


Así las cosas, a partir del próximo curso, los colegios que opten por el estimulado modelo “avanzado”, distribuirán las horas lectivas de la siguiente manera: 14 a 16 horas semanales de valenciano, 4 horas semanales de castellano y 2 a 4 horas semanales de inglés.

El decreto es sólo aplicable a colegios públicos y concertados, quedando los centro privados exentos de una medida que M.L. llama “clasista”, amén de “discriminatrio”. Explica a La Gaceta que el decreto “va en contra de los informes de La UNESCO y UNICEF, donde defienden la educación en lengua materna para evitar la discriminación al estudiar”.

Se refiere también al recientemente publicado informe PISA en Cataluña, donde se pone de manifiesto que los niños que no estudian en su lengua materna “tienen un mayor fracaso escolar”. En definitiva, concluye, “lo que están intentando hacer es lo que ya se hizo en su día en Cataluña: una inmersión total”.
¿Están preparados los profesores?

Otro de los problemas potenciales que aparecen con el cambio en la Educación valenciana es la capacitación del profesorado, dado que en los niveles “avanzados” habrá más materias en valenciano e inglés, lenguas en las que no todos los maestros son competentes.

Así las cosas, se están formando numerosas asociaciones que como "No al Decretazo, Sí a la Elección" tienen por objetivo velar por los derechos lingüísticos de los niños y ejercer una labor de resistencia civil. A día de hoy se han interpuesto 3 recursos, por el momento, en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana por parte de los sindicatos CSI-F y USO y por parte del FCAPA (Federación Católica de Asosiciaciones de Padres de Alumnos). El PP, por su parte, también ha puesto también una queja ante el Defensor del Pueblo que ha sido admitida a trámite.
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