AGLI Recortes de Prensa    Domingo 19 Marzo 2017

El 'teatrillo' que está detrás de Rajoy y Rivera
El Congreso no funciona. Pocas leyes aprobadas y bronca permanente. La calidad de las democracias también se mide por su capacidad para pactar leyes. Lo contrario, es el fracaso
Carlos Sánchez elconfidencial 19 Marzo 2017

Hans Magnus Enzensberger las denominó guerras moleculares. El ensayista alemán se refería a los conflictos armados de reducidas dimensiones surgidos tras la caída del muro. La nueva realidad política dejó vía libre a la aparición de pequeñas guerras y conflictos locales nacidos extramuros del anterior orden mundial.

Las guerras moleculares explican fenómenos como el conflicto de los Balcanes o el de Ucrania. O, incluso, las primaveras árabes por ausencia de superpotencias capaces de controlar el mundo mediante la política de disuasión nuclear. Pero también pueden asociarse a la aparición de conflictos económicos, como la crisis del euro. En este caso, agravada por ausencia de liderazgo y la quiebra del sistema de Bretton Woods.

Ese viejo orden también se ha quebrado en el terreno ideológico. El eje derecha/izquierda se ha ido fracturando a medida que las naciones se han hecho más complejas, fundamentalmente, en sociedades con reducidos niveles de desigualdad, como los países del centro y norte de Europa, donde la confrontación histórica entre capital y trabajo ha sido sustituida por intereses de grupo.

Una especie de micro conflictos sociales y económicos -las guerras moleculares de Enzensberger- que han desarbolado el viejo orden político surgido después de 1945.

Este proceso, sin duda, tiene que ver con la progresiva individualización de las relaciones laborales y la creciente dependencia por parte de millones de ciudadanos de las prestaciones públicas en la mayoría de los países avanzados. En el caso de España, 14 millones de personas viven, de una u otra manera, de las prestaciones del Estado a través de cobertura de desempleo, rentas de inserción, pensiones o empleo público, lo que determina su comportamiento electoral, ajeno al estrictamente ideológico.

Por decirlo de alguna manera, ya no se defienden intereses de clase, sino de grupo o, incluso, de etnia o comunidad, lo que sugiere cierto egoísmo social basado en defender el interés particular, no el de carácter general. Muchos de los que pagan impuestos sienten que su dinero se marcha por el sumidero del clientelismo político, mientras que quienes reciben la prestación están convencidos de que el Estado no es lo suficientemente generoso y privilegia a los ricos. En realidad, un debate de pobres contra ricos, toda vez que las rentas verdaderamente elevadas son cada vez más ajenas al esfuerzo fiscal.

Esta fragmentación ha dejado a los viejos partidos inertes ante los nuevos desafíos, lo que explica el progresivo alejamiento de muchos ciudadanos de la política convencional. Hasta el punto de que cada vez que se pregunta al pueblo sobre una cuestión de Estado -Brexit, ratificación de la Constitución Europea o referéndum constitucional en Italia-, el resultado es justo el contrario al que pretendían las élites políticas.

No es un fenómeno nuevo. Bertold Brecht publicó en 1953 un pequeño poema, tras la sublevación de trabajadores en la antigua RDA protestado por la carestía de la vida, en el que sugería una idea tan ácida como original: ¿No sería más simple disolver al pueblo? Es sabido que aquella revuelta acabó con los tanques soviéticos entrando en Berlín y Leipzig.

Atomización de la política
Como eso no es posible, lo que está sucediendo es un fenómeno cada vez más relevante: la fragmentación de la política, lo que explica la creciente atomización de los parlamentos. En las recientes elecciones holandesas, nada menos que 13 partidos (para un país con 12 millones de electores) obtuvieron algún escaño; en Suecia (6,1 millones de votantes), ocho partidos tienen representación parlamentaria. Y en el ciclo electoral que se avecina en Europa, todo indica que ésa será tendencia con la proliferación de partidos ecologistas, feministas, de mayores de 50 años, animalistas o, simplemente, antisistema. Partidos como Podemos están preñados de pequeños grupúsculos que actúan a la manera de 'lobby' con su propia disciplina de partido.

La tentación de algunos países ha sido elevar los umbrales de voto para expulsar del parlamento a las minorías, pero como Sartori puso de manifiesto hace mucho tiempo, niveles de voto demasiado elevados tienden a dejar desamparadas a grupos que no se sienten identificadas con las opciones mayoritarias. Eso produce desafección por la cosa pública y deslegitima la democracia. De hecho, esos electores desencantados son un buen caldo de cultivo para el populismo.

Sólo los países con sistemas electorales mayoritarios se mantienen al margen de ese fenómeno. Pero sólo en parte. Los grupos parlamentarios de los países con bipartidismos casi perfectos (Reino Unido o EEUU) son cada vez más heterogéneos entre sí, lo que explica muchas de las rebeliones internas contra el líder del partido.

Como es obvio, España no es ajena a este fenómeno. El Congreso, tras el desplome del bipartidismo, es hoy mucho más plural. Y hay razones para pensar que los nuevos partidos han venido para quedarse (otra cosa es su tamaño).

Ganadores y perdedores
Esto quiere decir que la política tendrá que plegarse a nuevos hábitos y procedimientos, lo cual no es siempre fácil en un país acostumbrado al ordeno y mando, y que ve los pactos exclusivamente en términos ganadores y perdedores. Y lo que ha pasado esta semana en el Congreso y, en general, durante lo que se lleva de legislatura, no invita, precisamente, al optimismo.

Habrá quien lo achaque a la fragmentación política -Alfonso Guerra dijo en una ocasión que en un tiempo se echaría de menos el bipartidismo-, pero eso sería lo mismo que decir, como en tiempos del dictador, que España no estaba preparada para la democracia.

La fragmentación política no es necesariamente sinónimo de inestabilidad en países con una elevada cultura de la negociación. La viabilidad de las democracias depende de la lealtad institucional. Pero también de madurez política. La polarización mal instrumentada, por el contrario, genera más conflictos que la fragmentación, ya que en el primer caso se opta por la competencia pura y dura -el enfrentamiento-, mientras que, en el segundo, los actores ven en la cooperación la única salida para resolver el conflicto. Algo que explica que las democracias de mayor calidad son, precisamente, las que tienen mayor costumbre de pactar.

Rivera y Rajoy, en este sentido, deben reunirse. Hablar y aclarar a los ciudadanos a qué juegan. Si están de farol o estamos ante un ‘teatrillo’, como dijo una vez el portavoz Hernando (PP) en medio de los contactos PSOE-C's-Podemos. Es un auténtico disparate que los dos partidos que sellaron un acuerdo de Gobierno hace apenas medio años anden todo el día a la gresca poniéndose la zancadilla, como si España -y dado que pelean por el mismo electorado- estuviera condenada a estar permanente en periodo electoral.

Un absurdo que tiene su origen en el pecado original de esta legislatura, que no es otro que no disponer de un Gobierno de coalición con 169 diputados (PP+C's), cifra más que suficiente para acabar el ciclo de reformas que este país necesita, como demostró UCD (con menos diputados) al comienzo de la Transición.

Y convocar elecciones de nuevo en medio del intento de secesión catalán no sólo es absurdo. Es una temeridad. Se podrá decir que también se celebraron el 20 de diciembre y el 26 de mayo, pero entonces era una exigencia constitucional. Ninguna legislatura puede durar más de cuatro años. Tampoco la estulticia puede durar eternamente.

Ni vicio ni virtud
ARCADI ESPADA El Mundo 19 Marzo 2017

Mi liberada:

Francisco Pérez de los Cobos, presidente del Tribunal Constitucional, se va del cargo como llegó a él: ligero de equipaje. Su discurso de despedida iluminó la perogrullesca intención política y la sorprendente levedad jurídica que caracterizó la discusión constitucional sobre Cataluña, el hecho más relevante de su mandato. Te agradará saber, por ejemplo, con qué vitalidad se acogió a la jurisprudencia nierga: «El diálogo político en democracia no puede ni debe ser una realidad episódica o coyuntural, a la que se recurra cuando las circunstancias la imponen, pues atañe a la esencia misma del sistema, su práctica debe ser permanente y a todos los niveles». La llamada al diálogo ya estaba en la sentencia de marzo de 2014 que anuló la declaración de soberanía del parlamento catalán y su llamado derecho a decidir. Decía allí: «Por ello, los poderes públicos y muy especialmente los poderes territoriales que conforman nuestro Estado autonómico son quienes están llamados a resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas que se desenvuelven en este ámbito [la voluntad de una parte del Estado de alterar su estatus jurídico]».

Las afirmaciones de Pérez de los Cobos, coherente y hasta tercamente expuestas a lo largo de su mandato, exigen preguntarse por qué el Gobierno envió la declaración separatista al TC. Y, sobre todo, exigen sobreponerse a la obviedad de la respuesta. Si el Gobierno recurrió a la justicia fue porque ese diálogo esencial, permanente y a todos los niveles había fracasado y porque después de ese fracaso la Generalidad pasó a los hechos. Pero la apelación al diálogo, teñida como de costumbre de superioridad moral y técnica, incluye la premisa equidistante de que el fracaso del diálogo se debe a los dos gobiernos por igual. Una premisa falsa para cualquier alfabetizado, como era falso e inmoral en la época nierga reclamar a Gobierno y ETA que dialogaran.

El discurso de Pérez de los Cobos aludió también al derecho a decidir: «Una aspiración política susceptible de ser defendida en el marco de la Constitución». Tres años antes, en la sentencia de marzo, no había ido más allá, excepto en el bullshit: «Estos principios [la parte constitucional de la declaración separatista], como veremos, son adecuados a la Constitución y dan cauce a la interpretación de que el 'derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña' no aparece proclamado como una manifestación de un derecho a la autodeterminación no reconocido en la Constitución, o como una atribución de soberanía no reconocida en ella, sino como una aspiración política a la que solo puede llegarse mediante un proceso ajustado a la legalidad constitucional con respeto a los principios de 'legitimidad democrática', 'pluralismo', y 'legalidad', expresamente proclamados en la Declaración en estrecha relación con el 'derecho a decidir'. Cabe, pues, una interpretación constitucional de las referencias al 'derecho a decidir' de los ciudadanos de Cataluña».

En la sentencia de marzo ya sorprendió la desenvuelta utilización que el TC hacía de la expresión derecho a decidir. Habría estado justificada con un concepto inscrito en el derecho político, como el derecho a la autodeterminación. Pero el derecho a decidir está lejos de gozar de semejante legitimidad. Hasta el momento, y a la espera de que Pérez de los Cobos, ahora ya con más tiempo libre, desarrolle doctrina, el derecho a decidir no es más que una añagaza eufemística ideada por el nacionalismo del Quebec e importada en España por el nacionalismo vasco, que el plan Ibarretxe incluyó en 2004 en una de las dos preguntas de su frustrada consulta y que entró en Cataluña, cual filoxera, poco después.

Las declamaciones del TC sobre el encaje constitucional del derecho a decidir están suspendidas en el vacío y ni en los autos ni en las declaraciones particulares de los jueces se advierte algo más que lirismo bien de precio, por más que se aliñe con las consabidas alusiones al carácter no militante de la democracia española, como si tuviera algún sentido concebir, más allá del amaneramiento juridicista, una democracia que no militara en sí misma. Según sus inventores y propagandistas canadienses, vascos y catalanes, el derecho a decidir es incompatible con la soberanía indivisible del pueblo español, de ahí que no quepa ninguna interpretación constitucional que pueda acogerlo. Salvo que no sea, claro está, la de redactar una nueva Constitución española, lo que reduciría al humorismo las elucubraciones de Pérez de los Cobos y magitrados símiles.

Sin embargo, el discurso de Pérez de los Cobos y su resolución favorita tienen el gran valor de iluminar la desafortunada y vacilante actividad catalana del TC al menos desde 2006, cuando se tomó cuatro años cuatro para resolver de modo mediocre el recurso contra el Estatuto catalán, el llamado Estulto. La demora facilitó la extensión de la consigna nacionalista que adjudica a la presunta injusticia de la sentencia el origen de la crecida separatista. La misma insolvente incertidumbre se advierte en la providencia del tribunal del 4 de noviembre que ilegalizó tibiamente la consulta del 9-N. Querría haberle preguntado a Pérez de los Cobos si como explican fuentes jurídicas y políticas era partidario de no dictarla y de que el Gobierno sustituyera su recurso por una campaña de menosprecio del entonces ya llamado proceso participativo, una campaña que en cierta forma el Gobierno desarrolló. Pero el magistrado no respondió a mi llamada. En cualquier caso el TC no acompañó su providencia de una advertencia sobre su incumplimiento, como le había solicitado el abogado del Estado, ni respondió tampoco a las peticiones de los letrados autonómicos para que aclarara el alcance de la suspensión. Detrás de la pasividad pudo haber desidia o cálculo, sin que sea fácil determinar qué es lo peor.

La época Pérez de los Cobos se cierra. Por serendipia encuentro para él esta frase de otro conservador, Barry Goldwater, en el reciente libro de Mark Thompson sobre el lenguaje político: «Quiero recordarles que el extremismo en la defensa de la libertad no es ningún vicio. Y la moderación en la búsqueda de la justicia no es ninguna virtud». Más allá de su último presidente, la evidencia es que el TC, lastrado por la falta de liderazgo intelectual, sigue sin producir un cuerpo de doctrina que decline el concepto de la ciudadanía española y provea de razón jurídica a la nación de los libres y los iguales; y que regido por la claridad, la firmeza y la asunción de responsabilidades trate de ir extrayendo, contra la tentación leguleya y el vaivén de la política, un orden de convivencia justo. Entre 1992 y 2001, Carles Viver Pi-Sunyer, el diseñador del plan jurídico del separatismo catalán, Gran Cruz de Isabel la Católica y Orden del Mérito Constitucional, fue miembro del TC. Es posible que se trate de una anécdota personal, cerebral. Pero, sobre todo, se trata de una categoría de Estado.

Y tú sigue ciega tu camino.
A.

Fuerza y violencia
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 19 Marzo 2017

La condición esencial para que dos seres racionales puedan comunicarse es que compartan un sistema de conceptos que les resulten mutuamente inteligibles. Si un grupo de extraterrestres llegara a la Tierra y su idea de lo que es la vida, la muerte, la bondad, la belleza, el amor o el odio no se correspondiera con lo que los humanos entendemos cuando pronunciamos estas palabras, el diálogo entre nuestra especie y la suya sería imposible y ello probablemente daría lugar a terribles consecuencias, sobre todo si su capacidad de destrucción fuese muy superior a la nuestra. A veces en el debate político español se produce un fenómeno semejante porque los mismos vocablos, utilizados por unos o por otros, aparecen con significados no ya distintos, sino mutuamente impermeables.

Véase el ejemplo muy actual de la expresión “democracia”. Según los separatistas catalanes, ésta consiste en el respeto a la voluntad mayoritaria de una colectividad de individuos manifestada mediante un referéndum, es decir, para ellos la democracia es sinónimo de “regla de la mayoría”. Y no se queda aquí su definición, sino que queda implícita en su reclamación que dicha colectividad puede ser identificada de acuerdo con criterios arbitrarios, tales como un territorio o una lengua, con independencia de que esta extensión geográfica sea fijada de manera accidentalmente administrativa o de que la lengua en cuestión no sea ni mucho menos la única en el sujeto que pretenden soberano. Si, como es natural, se les recuerda que los elementos que caracterizan la democracia no se agotan con el contaje de votos y que factores tales como el imperio de la ley o la garantía de derechos fundamentales son asimismo piezas indispensables de un orden social democrático, lo niegan airadamente y siguen insistiendo machaconamente en que a sus dirigentes se les ha encausado por “poner las urnas”.

Otra confusión frecuente es la de “fuerza” y “violencia”. Recientemente afirmé en un tweet que toda causa que necesita de la violencia para imponerse, es una causa injusta. Inmediatamente mi comunidad de seguidores -que superan los 35000- se alborotó y comenzaron a lloverme contraejemplos. ¿Qué hubiera sido del mundo, se me recordó, si no se hubiera utilizado la violencia para derrotar a los nazis?, y otras referencias similares. Sin embargo, este tipo de planteamientos nace de la confusión de dos conceptos, el de “fuerza” y el de “violencia”, que no son para nada lo mismo. Si bien ambos implican el uso de la coacción física para conseguir un fin, la violencia representa un recurso ilegítimo y maligno, mientras que la fuerza, si se apoya en la ley y se ejerce para preservar la libertad y los derechos básicos de los integrantes de la sociedad y para evitar la aniquilación de inocentes, es perfectamente legítima y por eso los aliados en la Segunda Guerra Mundial actuaron correctamente al oponer sus ejércitos a los de Hitler hasta derrotarle. El proyecto político de ETA, es decir, la construcción de un remedo de la Albania de Enver Hoxha en el sur de Europa, es de una perversidad tal y choca de forma tan flagrante con los deseos y las aspiraciones de la mayoría de los vascos, que únicamente podía ser realizado matando a mansalva y despreciando los mínimos principios de humanidad. De hecho, su misma barbarie acabó con él porque un baño de sangre tan absurdo y estéril era insostenible en la España democrática del siglo XXI.

Análogamente, la pugna testaruda de los secesionistas catalanes para liquidar la unidad nacional española, consagrada por la Constitución, matriz de nuestros derechos y libertades y condición indispensable para nuestro bienestar, seguridad y prosperidad, no ha encontrado otra vía de éxito que la vulneración de la ley, las quemas de banderas y de retratos del Rey, las amenazas broncas a los que se resisten a tan tremendo disparate, las multas, las discriminaciones, los sobornos, las listas negras, las pintadas vejatorias o la vandalización de las sedes de los partidos no nacionalistas, las manifestaciones callejeras destinadas a amedrentar y ahuyentar a los que no participan de su delirio, el falseamiento escandaloso de la realidad y la invención de la Historia. No disparan en la nuca de los que han reducido a la categoría de enemigos ni ponen bombas, pero todos los métodos que emplean cabe describirlos sin exageración como violentos.

En el otro lado, el de los que supuestamente tienen el deber de hacer cumplir la ley, tampoco rige un esquema conceptual claro y firme y se oscila entre las pusilánimes llamadas al diálogo y el refugio bajo las togas de unos magistrados cada día más acoquinados.

Cuando una sociedad se fragmenta en compartimentos estancos en los que las mismas palabras significan cosas completamente diferentes, el camino hacia la disolución y el enfrentamiento queda expedito. Este es el resultado de tres décadas de renuncias, confusión y cobardía por parte de los dos grandes partidos nacionales. En el momento en que uno deja de saber lo que es, difícilmente podrá orientar a los demás.

Leguina: «Es mentira que España sea una nación de naciones»
Convencido de que la Constitución contiene las soluciones para resolver los retos actuales, Joaquín Leguina apela a recuperar el valor de la política («no se puede admitir, llegar para robar») y elevar el nivel de quienes se dedican a ella.
Alejandra Clements.La Razon 19 Marzo 2017

–Usted fue el primer presidente de la Comunidad de Madrid. ¿Funciona el sistema autonómico?
–El Título VIII de la Constitución es un camello. Es decir, un caballo dibujado por una comisión. Está lleno de ambigüedades que impusieron los nacionalistas. Siempre hay que pactar con ellos el desarrollo legal: fue un error tremendo.

–¿Y esas ambigüedades no se han concretado a lo largo de los años?
–PSOE y UCD tenían las ideas claras, pero se avinieron a ese apaño por el consenso y lo hemos pagado caro. Las autonomías de primera y segunda no se sostienen en la lógica federal que está detrás de la Constitución.

–¿Vivimos en un estado federal?
–Sin duda, aunque no se nombre así. No ha traído problemas de funcionamiento, pero desde el punto de vista ideológico ha creado unos reinos de taifas que no se sostienen y le hacen el juego a los nacionalismos separatistas. Así se llega a la propuesta de Pedro Sánchez y de Podemos de que España es una nación de naciones. Y eso es mentira. La Constitución lo deja muy claro en sus artículos 1 y 2.

–¿Y cómo frenar al separatismo?
–Aplicando la Constitución. Cambiar esos dos artículos exige unos procedimientos muy complicados que ningún gobierno está dispuesto a asumir. Lo que tiene que hacer el Estado es ejercer sus competencias. No hace falta más, ni cambiar nada. Si los separatistas catalanes se dedican a echar el castellano de las aulas, tu intervienes y punto.

–¿Recurriendo al artículo 155, por ejemplo?
–Yo no creo que haya que recurrir a nada. Los independentistas catalanes están en una pelea interna, lo único que les une es el odio a España. El problema lo han creado ellos, así que tienen que solucionarlo ellos. ¿Qué diálogo cabe?

–¿Y si convocan otra consulta?
–Se manda a una pareja de la Guardia Civil...Yo no creo que hagan otro referéndum. ¿Qué van a hacer? ¿Repetir la jugada del 9-N? No creo que se les ocurra.

–Usted es un experto estadístico. ¿Cómo retratan las cifras a España?
–Las estadísticas económicas y sociales reflejan un país bastante moderno con un gran problema: el desempleo. También los bajos salarios y la desigualdad. Estamos en el pelotón de cabeza porque somos un país grande dentro de Europa.

–Hemos pasado un año con Gobierno en funciones. ¿No sabemos negociar?
–Para evitar este «impasse» absurdo, en la votación que elige al presidente dentro del Parlamento sólo debería votarse «sí» o abstención.

–¿Debería cambiarse la ley?
–Creo que sí y hay que retomar la idea de segundas vueltas, tipo Francia. Hay mucho votante que no vota «a favor de», sino «en contra de». Con una segunda vuelta el resultado es más real.

–¿Reconoce al PSOE actual?
-Poco.

–¿Por qué?
–Le falta liderazgo. Es un proyecto que está muy dividio en dos fuerzas muy disolventes, muy tóxicas

–¿Qué fuerzas?
–La de lo políticamente correcto y luego tenemos la situación del PSC. A ver si se resuelve esta situación...

–El último acuerdo entre PSOE y PSC no lo ha resuelto...
–No puede ser que un partido que se está disolviendo en Cataluña, aunque antes era fundamental para la gobernabilidad del país, sea ahora una carga para todo el partido ...

–¿Sobrevivirá el PSOE?
–No está escrito en las estrellas que los partidos duren siempre. Creo que sería muy malo para España que desapareciera una izquierda moderada y potente.

–¿Son las primarias un buen sistema para elegir al líder?
–No, no. Si las primarias no son abiertas, no sirven para nada. Además, tendrían que ser a dos vueltas y sólo ser válidas si participan más de dos millones. Yo no quiero la democracia de Pablito Iglesias, que no es democracia ni es nada. O votan muchos ciudadanos o no vale.

–¿Cómo es esa democracia de Pablo Iglesias?
–Vienen de dónde vienen. De la asamblea de facultad, de los escraches que trataban de impedir que la gente pudiera hablar... Podemos no es un partido, es un movimiento que surgió por la crisis económica y por la falta de nivel de la dirigencia de partidos constitucionalistas, como el PP y el PSOE. Tienen el voto del «no».

–Entonces, ¿tendrán un tope en las urnas?
–Espero que sí. Aunque las personas no siempre nos comportamos con racionalidad...

–Al final no hubo «sorpasso», pero ¿aún son una amenaza para el PSOE?
–Los líderes del PSOE tendrían que saber distinguir entre el enemigo que te quiere matar y el adversario que te quiere ganar. Éste es el PP y el otro es Podemos.

–Aún así hay quien en el PSOE le hace guiños a Podemos...
-Si se van con ellos, ya verán donde acaban... Es una locura políticamente hablando.

–¿Ha perdido prestigio la política?
–No llega al desprestigio, pero la corrupción ha sido una tara enorme. Lo que sí hay es una pérdida de la calidad media de la dirigencia. Para presentarse a cualquier cargo público tendría que haber una ley de partidos que exigiera haber trabajado fuera de la vida pública al menos diez o doce años. Es imprescindible.

–Y sobre España...
–Un recuerdo: el peor: España en la Guerra Civil. El mejor: los escritores españoles.

–Una palabra: patria, ¿no?
–El futuro: yo soy optimista.

–Un tópico real: demasiado corazón.
–Un tópico irreal: somos todos toreros.

La espiral de muerte de Francia
Guy Millière  latribunadelpaisvasco.com 19 Marzo 2017

Artículo Vía Gatestone Institute

2 de febrero de 2017: Una "zona de exclusión" en los suburbios del este de París. La policía que está patrullando oye gritos. Decide ver qué pasa. En esto, un joven los insulta. Deciden arrestarlo. Él les da golpes. Se inicia una pelea. Él acusa a un policía de haberlo violado con una porra. Una investigación policial determina rápidamente que el joven no fue violado. Pero es demasiado tarde: ha empezado un proceso tóxico.

Sin esperar a tener más pruebas, el ministro de Interior francés dice que los agentes de policía "han obrado mal". Añade que "se debe condenar la mala conducta de la policía". El presidente francés, François Hollande, va al hospital a mostrar su apoyo al joven. El presidente dice de sí mismo que su comportamiento ha sido "digno y responsable". Al día siguiente, se improvisa una manifestación contra la policía. La manifestación deviene en disturbios.

Los disturbios prosiguen durante más de dos semanas. Afectan a más de veinte ciudades de toda Francia. Se extienden al centro de París. Decenas de coches son incendiados. Tiendas y restaurantes son saqueados. Los edificios públicos y comisarías de policía son atacados.

La policía tiene órdenes de no intervenir. Hace lo que se le dice que haga. Se practican algunos pocos arrestos.

La calma está volviendo poco a poco, pero es fácil que los disturbios empiecen otra vez. Francia es un país a merced de las revueltas a gran escala. Pueden explotar en cualquier momento, en cualquier lugar. Los líderes franceses lo saben, y se refugian en la cobardía

Lo que está ocurriendo es el resultado de un proceso corrosivo iniciado hace cinco décadas. En la década de 1960, tras la guerra de Argelia, el presidente Charles de Gaulle dirigió el país hacia unas relaciones más cercanas con los países árabes y musulmanes.

Los flujos migratorios de "trabajadores invitados" de Argelia, Marruecos y Túnez, que habían empezado pocos años antes, aumentaron de manera acusada. No se alentó a los inmigrantes a integrarse. Todo el mundo asumió que volverían a casa cuando acabaran sus contratos laborales. Se establecieron en las periferias de las grandes ciudades. La economía era dinámica, con una fuerte creación de empleo. Parecía que no habría problemas.

Veinte años después, las graves dificultades se hicieron evidentes. Los inmigrantes se contaban ahora por millones. La gente del África subsahariana se unió a los que venían de los países árabes. Se formaron barrios formados íntegramente por árabes y africanos. La economía se había ralentizado, y se instaló el desempleo masivo. Pero los inmigrantes en paro no volvieron a casa, sino que recurrieron a las prestaciones sociales. Seguía sin haber integración. Aunque muchos de estos recién llegados se habían convertido en ciudadanos franceses, a menudo hablaban con resentimiento de Francia y Occidente. Los agitadores políticos empezaron a enseñarles a detestar la civilización occidental. Se empezaron a formar bandas violentas de jóvenes árabes y africanos. Los enfrentamientos con la policía eran comunes. A menudo, cuando un miembro de una banda resultaba herido, los agitadores políticos ayudaban a incitar a más violencia.

La situación se volvió más difícil de controlar. Pero no se hizo nada para arreglarlo, sino todo lo contrario.
En 1984, una serie de militantes trotskistas creó un movimiento llamado SOS Racismo, y empezó a definir cualquier crítica a la inmigración como "racista". Los principales partidos de la izquierda apoyaron a SOS Racismo. Parecían pensar que, acusando a sus adversarios políticos de racismo, podrían captar los votos de los "nuevos ciudadanos". La presencia de agitadores islamistas, junto a los agitadores en los barrios árabes y africanos, más el surgimiento del discurso islámico antioccidental, alarmó a muchos observadores. SOS Racismo señaló inmediatamente a quienes hablaban del peligro islámico como "racistas islamófobos".

En 1990, se aprobó una ley redactada por un diputado comunista, Jean-Claude Gayssot. Estipulaba que "se prohíbe cualquier discriminación basada en la etnia, nación, raza o religión". Desde entonces, se ha utilizado esta ley para criminalizar cualquier crítica a la delincuencia árabe y africana, cualquier cuestión sobre la inmigración del mundo musulmán y cualquier análisis negativo del islam. Se ha multado a muchos escritores, y los libros más "políticamente incorrectos" sobre estos temas han desaparecido de las librerías.

El gobierno francés pidió a los medios que acataran la "ley Gayssot". También pidió que los libros de texto de Historia se reescribieran para incluir capítulos sobre los crímenes cometidos por Occidente contra los musulmanes, y sobre la "contribución fundamental" del islam a la humanidad.

En 2002, la situación en el país se volvió dramática.
Los barrios árabes y africanos se habían convertido en "zonas de exclusión". El islam radical era generalizado y empezaron los ataques islamistas. Ardieron decenas de coches cada semana. El antisemitismo musulmán crecía rápidamente y condujo a un aumento de los ataques antijudíos. SOS Racismo y otras organizaciones antirracistas guardaron silencio sobre el antisemitismo musulmán. Por no querer que los acusaran de "racismo islamófobo", las organizaciones dedicadas a combatir el antisemitismo también guardaron silencio.

Se publicó un libro, Les territories perdus de La République, de Georges Bensoussan (con el seudónimo "Emmanuel Brenner"). Explicaba con precisión qué estaba pasando. Hablaba del odio generalizado hacia Occidente entre los jóvenes de origen inmigrante, y del odio explícito hacia los judíos entre los jóvenes musulmanes. Decía que las "zonas de exclusión" estaban al borde de la secesión y que ya no eran parte del territorio francés. Los principales medios ignoraron el libro.

Tres años después, en octubre de 2005, estallaron revueltas en todo el país. Se incendiaron más de 9.000 coches. Cientos de tiendas, supermercados y centros comerciales fueron saqueados y destruidos. Decenas de agentes de policía fueron gravemente heridos. La tormenta paró cuando el Gobierno llegó a un acuerdo de paz con las asociaciones musulmanas. El poder había cambiado de manos.

Desde entonces, el Estado apenas mantiene la ley y el orden en Francia.

Se acaba de publicar otro libro, Une France soumise, escrito por el mismo hombre que había escrito Les territories perdus de La République quince años antes, el historiador George Bensoussan. Ahora, la propia República de Francia es un territorio perdido.

Las "zonas de exclusión" han dejado de ser territorio francés. El islam radical y el odio hacia Occidente reina entre las poblaciones árabes y, de manera más amplia, entre las poblaciones de origen inmigrante. El antisemitismo musulmán hace la vida insoportable a los judíos que no se han marchado aún de Francia y que no pueden permitirse mudarse a zonas donde aún no se amenaza a los judíos: los distritos 16º y 17º, el Beverly Hills de París, o Neuilly, una rica localidad en la periferia de París.

En todas partes en Francia, los profesores de instituto van al trabajo con el Corán en la mano para asegurarse de que lo que dicen en clase no contradiga al sagrado libro del islam.

Todos los libros de texto de historia son "islámicamente correctos". Un tercio de los musulmanes franceses dice que quiere vivir conforme a la ley islámica de la sharia, y no a las leyes de Francia.

En los hospitales, los musulmanes piden cada vez más ser atendidos únicamente por médicos musulmanes, y a negarse a que sus esposas sean tratadas por médicos varones.

Los ataques contra agentes de policía se producen a diario. La policía tiene órdenes: no deben entrar en las "zonas de exclusión". No deben responder a los insultos y amenazas. Deben huir si son atacados. A veces, no les da tiempo a huir.

En octubre de 2016, dos policías fueron quemados vivos en su coche en Viry-Châtillon, al sur de París. En enero de 2017, tres policías se quedaron atrapados en una emboscada y fueron apuñalados en Bobigny, al este de París.

Unos agentes de policía sí respondieron al incidente del 2 de febrero. Cuando un hombre se puso violento, no huyeron. El gobierno francés no hizo otra cosa que declararlos culpables, acusando a un agente de policía de violar a su atacante. Pero el agente no era culpable de violación, era culpable de simplemente haber intervenido. El gobierno francés también declaró a sus compañeros culpables. Fuero todos acusados de "violencia". Ahora tendrán que ir a juicio.

El joven que destruyó las vidas de estos policías no ha sido acusado de nada. En todas las "zonas de exclusión", es ahora un héroe. Los principales canales de televisión le piden entrevistas. Su nombre es Theodore, o Theo. Hay pegatinas de "Justicia para Theo" por todas partes. En las manifestaciones ondeaban pancartas que rezaban su nombre. Los agitadores gritaban su nombre junto al de Alá.

Algunos pocos periodistas han dicho que no es un héroe; que las "zonas de exclusión" son reservas de odio antioccidental, antisemita y antifrancés a punto de explotar. Pero estos periodistas también son precavidos. Saben que podrían ser enjuiciados.

Georges Bensoussan, el autor de origen marroquí de Les territories perdus de La République y Une France soumise está siendo ahora juzgado. El Colectivo contra la Islamofobia en Francia (CCIF) presentó una demanda contra él. Lo demandan por haber dicho: "Hoy estamos viendo una población distinta en la nación francesa; está causando el retroceso de una serie de valores democráticos a los que nos adherimos" y "Este antisemitismo visceral, demostrado por la Encuesta Fondapol el año pasado, no puede seguir silenciado".

Se asignaron inmediatamente jueces al caso. El veredicto estaba fijado para el 5 de marzo. Si Bensoussan no es sentenciado, es seguro que el CCIF apelará. Bensoussan proviene de la izquierda. Es miembro de J Call (European Jewish Call for Reason), un movimiento que critica "la ocupación de Israel de la Margen Occidental" y pide "la creación de un Estado palestino viable". Ni siquiera esas posturas bastan ya para protegerlo. La Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA), organización fundada en 1927 para combatir el antisemitismo, apoyó al CCIF. Las organizaciones que supuestamente combaten el antisemitismo en Francia parecen en su lugar aferrarse a la vana ilusión de apaciguar a sus verdugos. Nunca mencionan el antisemitismo musulmán, y ahora se han unido de lleno a la lucha contra el "racismo islamófobo" contra autores judíos como Georges Bensoussan.

En abril se celebrarán elecciones en Francia. El Partido Socialista eligió a un candidato, Benoît Hamon, apoyado por la UOIF (Unión de Organizaciones Islámicas de Francia), la rama francesa de los Hermanos Musulmanes.

La extrema izquierda y los comunistas también tendrán candidato, Jean-Luc Mélenchon, admirador incondicional de Lenin, Hugo Chávez y Yaser Arafat, y enemigo decidido de Israel.

Hamon y Mélenchon obtendrá probablemente el 15% de los votos cada uno.

Y un tercer candidato de la izquierda, Emmanuel Macron, es exmiembro del gobierno socialista de Francia con François Hollande. Para captar el voto musulmán, Macron fue a Argelia y dijo que la colonización francesa era "un crimen contra la humanidad". Afirmó varias veces que la cultura francesa no existe, y que la cultura occidental no existe tampoco; pero añadió que la cultura musulmana árabe debía tener "su lugar" en Francia.

El candidato conservador, François Fillon, promete combatir el islam suní, pero dice que quiere una "fuerte alianza" entre Francia, los mulás de Irán y Hezbolá. Su reputación ha quedado muy perjudicada por un escándalo de "trabajos ficticios". Ha atacado a la comunidad judía francesa, presumiblemente para asegurarse el voto musulmán. Dijo que no respeta "todas las normas las de la República". Ha dicho que Israel representa una amenaza para la paz mundial.

Marine Le Pen, la candidata de la extrema derecha por el Frente Nacional, podría parecer la más decidida a enderezar Francia, pero su programa económico es tan contraproducentemente marxista como el de Hamon y Mélenchon. Le Pen también quiere atraerse al electorado musulmán. Fue a El Cairo hace unos meses para reunirse con el gran imán de Al Azhar. Como los demás partidos políticos franceses, su partido apoyó las posturas antiisraelíes del expresidente de EEUU, Barack Obama, así como la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el pasado 23 de diciembre.

Probablemente Le Pen gane la primera de las dos vueltas electorales, pero es casi seguro que será derrotada en la segunda vuelta: todos los demás candidatos apoyarán al candidato que se le enfrente, probablemente Macron o Fillon (si sigue en la carrera). Le Pen podría pensar que, en cinco años, la situación de Francia será aún peor, y que entonces tendrá posibilidades reales de ser elegida presidenta.

Hace unos meses, en el libro La Guerre civile qui vient, recientemente publicado, el columnista francés Ivan Rioufol escribió: "El peligro no es el Frente Nacional, que sólo es la expresión de enfado de un pueblo abandonado. El peligro son los vínculos cada vez más estrechos entre la izquierda y el islamismo (...). Hay que frenar ese peligro".

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Susana Díaz también se apunta a la guerra civil

Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 19 Marzo 2017

Ha decidido asegurarse el poder en el partido pasando a convertirse en digna hija política de Zapatero y tan radical como Sánchez.

Poco antes de ser quemado en efigie por sus camaradas, dijo Errejón: "la hegemonía cultural ya la tenemos: nos faltan la electoral y la política". Por desgracia, tenía razón. Y si llega a dársela su íntimo enemigo Iglesias, chequista familiar y vocacional, la situación de las libertades en España sería totalmente desesperada. No obstante, cuando Podemos se pierde en su ferocidad totalitaria, aparece el PSOE escorándose a la extrema izquierda en vez de al centro, como sería lógico en un partido democrático y relativamente normal.

Ninguna de las dos cosas es el PSOE. A lo largo de siglo y cuarto ha presumido siempre de democrático cuando ganaba y se ha mostrado como un golpista redomado cuando perdía. Provocó la guerra civil tras su derrota electoral en 1933, pese a que Besteiro, cabeza de un tercio del PSOE y la UGT, denunciara como criminal y tal vez suicida el proyecto de otro tercio, el encabezado por Largo Caballero, que, tras colaborar como Secretario de Estado con la dictadura de Primo de Rivera, quiso convertirse, asistido por los pro-soviéticos Álvarez del Vayo y Araquistáin, en el "Lenin español".

El golpe contra la República del PSOE
Lo que sus mismos autores llamaron la "bolchevización del PSOE" -a la que se sumó, el jefe de las JSU Santiago Carrillo-, no hubiera logrado su propósito si el tercio centrista del partido, dirigido por Indalecio Prieto, no se hubiera unido al sector guerracivilista en vez de respaldar a Besteiro. Sucedió al revés: el que muchos consideraban y aún consideran patriota y republicano más que socialista fue el organizador del golpe de Estado de 1934, falsamente llamado revolución de Asturias. Él compró las armas y diseñó el golpe contra la República, con el apoyo de Esquerra Republicana y el respaldo tácito de Azaña, masón desde 1932 y sectario siempre, que logró convertir su complicidad en brillante ejercicio de victimismo cuando fue juzgado, dejando como testimonio un libro, brillante como suyo, Mi rebelión en Barcelona, en el que solamente el título responde a la verdad.

En el exilio mejicano, donde vivió muy bien con el botín del "Vita" birlado a Negrín y que contenía parte de lo robado en las cajas de seguridad de los bancos de Madrid, Prieto pidió perdón a los españoles por organizar el golpe del 34, del que dijo arrepentirse todos los días de su vida. Más vale tarde. Pero de nada sirve la verdad cuando el PSOE decide reescribir la historia, la suya y la de los demás. Los centristas, los "españolistas" se convierten en feroces comisarios, en propagandistas del guerracivilismo.

Susana Hood, heredera de andaluces pobres
Susana Díaz pasa por ser algo parecido a Indalecio Prieto en el PSOE actual: una reserva castiza de cierto patriotismo español. Pero esta semana, como Prieto en 1934, ha decidido asegurarse el poder en el partido pasando a convertirse en digna hija política de Zapatero y tan radical como Sánchez. Lo ha hecho con dos actuaciones: la primera, en el Parlamento Andaluz, donde, para defender el mantenimiento de la Ley de Sucesiones en contra de lo que pedía el PP y hace la Comunidad de Madrid, que bonificando el 99% recauda más que Andalucía, dijo muy campanuda que "no consentiría que los ricos pagasen con el dinero de los andaluces Sanidad y Educación". No le basta con heredar a la fuerza a los pobres andaluces que no pueden pagar los impuestos de la herencia y renuncian a ella. Encima, los insulta.Sucede, además, que Andalucía es la mayor receptora de fondos del FLA junto con Cataluña, que comparte con el cortijo de ERE-Land el dudoso honor de aplicar la mayor presión fiscal de toda España a sus ciudadanos. ¿Cree Susana Díaz que al exhibirse como una demagoga intelectualmente harapienta conseguirá algún voto al norte de Despeñaperros?

Como Prieto, Díaz es populista pero calculadora, así que su gesto se ha entendido como un alarde izquierdista para competir con 'Snchz' en ese terreno de hegemonía cultural podemita que antes de convertirse en San Lamberto de Laclau, con la cabeza bajo el brazo, proclamaba Errejón. Sin embargo, al aceptar que compite con la horda morada, da por perdida la batalla por el centro, que es donde se supone que se ganan las elecciones, o al menos donde, cuando ha ganado, lo ha hecho el PSOE. Sólo hay una excepción, la de Zapatero, Largo Caballero redivivo, que fue quien entregó en bandeja la mayoría absoluta a Rajoy.

Susana la miliciana
Sin embargo, Susana Díaz ha perpetrado esta semana una fechoría tan atroz que, a mi juicio, la inhabilita moralmente como presidenta de un Gobierno de España. Es una Ley de Memoria Histórica de Andalucía, que deja en mantillas la siniestra e ilegal de Zapatero que sólo la cobardía patológica de Rajoy mantiene vigente, pero que por higiene democrática debería haber derogado al llegar al Poder con mayoría absoluta en 2011.

El articulado completo, interminable y norcoreano, lo ha resumido muy bien Pedro de Tena en LD. Pero hay varias cosas que no sólo son ilegales e ilegítimas sino, en términos cívicos, sencillamente criminales.

La primera es entender que en la guerra civil sólo se produjeron crímenes por parte del bando franquista, cuando la guerra civil fue buscada por el PSOE desde 1934 aunque sólo la logró tras asesinar a Calvo Sotelo en 1936 y provocar un alzamiento tan civil como militar. Y cuando nada puede compararse con la represión en las checas del bando republicano, o simplemente rojo, con masacres como la de Paracuellos, responsabilidad directa del socialista Santiago Carrillo, pasado al bando de Stalin.

La segunda es declarar ilegal, como si la Junta de Andalucía fuera una instancia superior al Parlamento, las amnistías de la Transición para los crímenes de la guerra y la posguerra, desde Paracuellos y las checas a los crímenes etarras, pasando por los cometidos en el bando nacional. Con este disparate, que parece redactado por Baltasar Garzón "El prevaricador", el parlamento andaluz se equipara al parlamento golpista catalán, que se ha proclamado superior a las Cortes y a esa legalidad constitucional que se supone defiende el PSOE y, dentro de él, la súbita miliciana Susana Díaz.

Del PCE de la Transición al de ahora
Si en vez de una oportunista cegata fuera una socialista decentilla, le hubiera sido fácil destrozar la propuesta de Izquierda Unida. Le bastaba recordar los discursos del PCE, desde Sánchez Montero a Camacho y al Solé Barberá del PSUC defendiendo precisamente la amnistía total como herramienta esencial y duradera de reconciliación nacional. Mal está que Izquierda Unida se empeñe en un viaje contra el tiempo y su mejor historia pero aún es más estúpido que ella rechace lo que defendieron los socialistas, empezando por Felipe González, al que, llegado al Gobierno y con tres mayorías absolutas, nunca se le ocurrió acabar con la amnistía y con el espíritu de la Transición, tan celebrado fuera de nuestras fronteras.

Pero entramos en el tercer crimen de lesa historia, que es extender el franquismo hasta 1982, cuando el PSOE llega al Poder y, repito, no intenta siquiera discutir la legitimidad de esa amnistía que votó y aplaudió. Ahora va a resultar que en España no hubo elecciones democráticas en 1977 y en 1979 ni se votó la Constitución del 78, nacida del Parlamento democrático. Por supuesto que las hubo y el PSOE se presentó y celebró su resultado en 1977 aunque mostró su mal perder en 1979, cuando dijo Guerra que "el pueblo español se ha equivocado". ¿Ahora va a resultar que la democracia que trajeron los antiguos franquistas de UCD y los comunistas del PCE, con el aplauso del PSOE, que ha sido su máximo beneficiario en 39 años, nunca ha existido? ¿Qué todo ha sido un inmenso, interminable, impune crimen de lesa humanidad, imprescriptible y sólo juzgable por la nueva legalidad emanada del comisariado de la Junta de Andalucía? Eso sólo lo ha defendido la ETA ayer y Podemos hoy, cuando imita a los etarras. ¡Y hete aquí a Susana Díaz sumándose al cortejo separatista y bolivariano!

Pero el colmo es que esta Junta de Andalucía para la reanudación de Guerra Civil pretenda incluir como asignatura obligatoria en primaria y secundaria el estudio de los crímenes del franquismo y sólo del franquismo, con el apoyo de un comisariado gramatical para vigilar el lenguaje instilado a los niños como virus mefítico y totalitario, para que aprendan a odiar y, algún día, lleguen a vengarse matando a los nietos o biznietos del otro bando, que, al ser también el de la mitad de los andaluces, es el suyo.

Y, de remate, la abstención del PP y Ciudadanos
Sólo hay una cosa que me ha parecido tan abyecta como la traición de Susana Díaz al PSOE socialdemócrata y su paso al bando podemita: la abstención del PP y Ciudadanos ante esa ley que, repito, no es una ley sino un crimen. Los grandes crímenes nunca se producen porque los perpetren los malos, sino porque los buenos no hacen nada para detenerlos. Es lo que está pasando en buena parte de España. También en Andalucía.

Rajoy en Vitoria, pero no en Pamplona. ¿Es Navarra el precio de los votos del PP y las armas de ETA?
Pascual Tamburri  latribunadelpaisvasco.com 19 Marzo 2017

PNV y PP negocian. El PP reúne sus poco poblados congresos. ETA hace teatro con sus armas. ¿Quién va a pagar el espectáculo de estos días? Rajoy no, pero puede que Navarra, sí.

Decía Manuel Fraga que "la política hace extraños compañeros de cama". Y él lo demostró abundantemente, sin demasiada consideración por los principios… a menos que sus principios fuesen cambiándose y convirtiéndose en finales, por el Imperio a la galleguización. No hay barreras en esto, desde la Transición democrática: un hombre tan limitado como Adolfo Suárez (en vías de canonización laica) negoció con PNV y CiU, sin importarle el precio. Un precio que, en términos de unidad nacional y de dinero, pagamos aún. Pero a su vez lo hizo Felipe González (y les dio la educación, y más dinero); y lo hizo José María Aznar, que los necesitó para ser presidente en 1996 (y lo seguimos pagando en impuestos y en dignidad); y lo hizo Rodríguez Zapatero, con la atenuante de que sus principios ya eran declaradamente antiespañoles. Ahora le toca a Mariano Rajoy.

No es una semana cualquiera
Por un descuido (o no), en una foto, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dejado al descubierto su agenda secreta para estos días. Incluyendo “una comida privada el sábado en Vitoria”. Una agenda desde luego intensa, porque el PP está celebrando sus congresos regionales y Rajoy va a ir al de Vitoria (donde desde luego hace falta gente) a respaldar el liderazgo de Alfonso Alonso. Pero ese sábado la agenda de Rajoy prevé una comida, y reunión, con comensales no definidos.

¿No definidos? El PP vasco, bueno, lo que queda del PP vasco que no es lo que fue con Mayor Oreja, acaba de votar los Presupuestos regionales del Gobierno vasco de Ínigo Urkullu. A cambio, el PNV ha votado con el PP en su intento torpe de liquidar al gremio de estibadores, y Rajoy espera tener los votos del PNV en los Presupuestos nacionales. Porque si no tendría que cumplir su amenaza de convocar elecciones. Pero eso hay que pagarlo.

Rajoy necesita los votos de los cinco diputados del PNV. A duras penas va a tener los de Ciudadanos, pero eso se compra fácil. Los del PSOE es imposible, porque estando en proceso de guerra civil nadie quiere quedar como amigo del PP, y eso es comprensible. ¿Ama el PNV a Cristóbal Montoro, ministro de España? Si Montoro y Rajoy pagan, sí.

Lo de Ciudadanos tiene su encanto. Han hecho posible el Gobierno del PP, pero el PP los maltrata. Acaba de decir, directamente, que a diferencia de ellos "el PNV sí es un partido serio". Dicen que las negociaciones con los nacionalistas vascos con respecto a los PGE "van por buen camino". Es decir que el PP pagará el precio necesario. Unos dirán que por España. Otros pensarán que será por conservar el poder. Habrá que remitirse a experiencias pasadas y a resultados futuros para saber la verdad.

Algo dudoso habrá en todo ello cuando la reunión vitoriana no está en la agenda oficial de Rajoy en La Moncloa. Si fuese algo presentable, estaría a la luz; si se oculta, por algo será. Y si coincide por un lado con la crisis catalana, por otro con el teatrillo de la ETA y sus armas y finalmente con la agonía parlamentaria del PP todo hace esperar malas noticias. O dicho de otro modo, que por razones políticas e intereses de los políticos (que no de España) se pague al PNV el precio de sus carantoñas.

Ya había habido reuniones entre el consejero de Hacienda y Economía del Gobierno del PNV, Pedro Azpiazu, y una delegación del PP vasco incluyendo a Nerea Llanos, al portavoz en el Parlamento, Borja Sémper, y a Antón Damborenea. Así que una parte de precio se mide en votos: yo te voto tus presupuestos, tú me votas los míos. Yo te voto tus leyes, tú me votas las mías.

¿Bastarán los votos? Por experiencia sabemos que no. El PNV en 40 años de libertades democráticas siempre ha pedido más competencias y más dinero. Y casi siempre los ha tenido. Dirá el presidente Rajoy “¿y quién soy yo para decir que no a lo que Suárez, González, Aznar y Zapatero dijeron que sí?”. Habría que decirle que el representante de la voluntad nacional española, pero eso no está muy de moda. Así que más competencias y más dinero, a cambio no sólo de votos sino de portarse bien mientras la ETA incordia y los catalanistas se revuelven.

Y que nadie se engañe. Lo decía Iñaki Ezkerra hace unos días en ABC: “El PNV es un partido fundado por un individuo que emborronó cientos y cientos de páginas explicando que el español es un ser inferior en todos los órdenes, desde el genético y fisiológico al intelectual y moral”, y además de ese mismo núcleo “surgió todo el nacionalismo vasco, su proyecto independentista y el propio terrorismo que ha asolado la vida nacional durante más de medio siglo”. Ellos son lo que son quieren construir un Estado independiente, con plena soberanía, una sola lengua y unas fronteras definidas por ellos. Lo querían y lo quieren. Y hacia ello avanzan, porque a diferencia de sus comensales hacen política a largo plazo.

¿Van a pedir benevolencia de hecho y de Derecho con los asesinos etarras? La piden, la siguen pidiendo y, según vemos, la van teniendo. Palo y zanahoria. Pero sin disimulo ni concesiones. Ellos no cesan a Miren Iturbe, la directora insultante de la ETB, pero el delegado del Gobierno Carlos Urquijo sí fue sustituido para mayor suavidad y ternura con el PNV.

¿Van a pedir avances de hecho, aunque sean discretos, en la “construcción nacional”? Como siempre. ¿Y van a pedir Navarra? No lo dudemos. Necesitan Navarra; pero en cambio Rajoy no, puesto que quiso un PPN blandito (y además no le importa mucho, puesto que el 18 va a Vitoria pero el 25 no va a Pamplona) y apto a bendecir cualquier entrega.

Buscarán la manera de suavizar la entrega de Navarra, y de así pedirla. Pero no dejarán de pedirla. Y siempre que alguien los necesite a ellos es de temer que, si no tiene principios, la entregue. Más aún cuando la única propuesta alternativa de UPN es “devolvednos al poder”. ¿Para que lo volváis a hacer como antes? Menuda semana, Mariano. Eso sí, recuerda que a Suárez esto se le atragantó, y no poco.

ETA se curra la página
Melchor Miralles Republica 19 Marzo 2017

Miles de víctimas después, tras cinco años del anuncio del cese de su actividad terrorista, con 320 asesinatos aún sin resolver, ETA anunció ayer su desarme unilateral e incondicional, pero eso sí, a plazos, de aquí al 8 de abril, fecha en la que unos intermediarios civiles notificarán supuestamente a la Justicia francesa la localización de los arsenales para que trinquen sus armas, bajo la supervisión de Comité Internacional de Verificación que se montaron ad hoc. Ya se lo había anunciado el lehendakari a Rajoy el pasado martes. Y le pidió al presidente que facilitara el asunto.

Estamos ante una nueva operación de propaganda de los terroristas de ETA, que se mueven bien en esto del marketing, casi tan bien como en el manejo de las armas, las bombas, el secuestro y la extorsión. Todo apunta a que lo que están haciendo es preparar el escenario y los actores para representar una nueva opera que sería bufa si no fuera dramática. Si fuera cierto que van a hacer entrega de TODAS las armas y material explosivo es verdad que sería una forma de decir que han acabado, o sea, de rendirse. Pero hay muchas cosas que aclarar. ¿Van a informar sobre todos los zulos o se reservan alguno por si acaso? ¿Van a posibilitar la entrega de todas las armas y explosivos o se guardan algo para el supuesto de que lo necesiten para matar a alguien más? ¿Quiénes están guionizando y escenificando este teatrillo controlan todo el armamento o se les escapa algo que queda en manos de quienes se resisten a rendirse?

ETA tiene un dilatado currículo de muerte y engaños. Lo han dejado unas cuantas veces, pero no se han disuelto ninguna. No cabe descartar que esta vez nos encontremos, de nuevo, frente a un intento de enmascarar la derrota que hace tiempo padecieron. Hay muchos etarras presos aún, y unos pocos dirigentes libres, y todos ellos tratan de aparentar que no han sido derrotados. Y queda la izquierda abertzale, bajo muchos disfraces, que quiere rentabilizar el final de ETA, y no lo hará si la rendición es obvia y anuncian que se disuelven, cosa que no van a hacer a corto plazo.

Sí. Asistimos a la enésima tomadura de pelo de los asesinos. Creen que con un Gobierno en minoría, que pasa ciertos apuros parlamentarios y tiene un incendio con los separatistas catalanes, quizá pueda sacar rédito montándose este numerito internacional, poco a poco, buscando ocupar portadas, ser actualidad de nuevo. Como dicen en el argot carcelario, se están currando la página.

El asunto viene gestándose hace tiempo. Jean Noël Etcheverry, activista abertzale, encargado de hacer el anuncio ayer, fue detenido en diciembre pasado cuando trataba de grabar la inutilización de unas armas en Francia. Su intención era entregar la grabación a las autoridades francesas. Tras este episodio, la policía francesa se hizo con varios zulos con unas pocas armas. Al frustrarse el enjuague, y con la intención de evitar que, al final, entre las Fuerzas de Seguridad francesas y españolas incautaran todo el arsenal que les resta, ETA se ha montado este anuncio. Y, de paso, tratan de sacar rédito de su fracaso, de capitalizar políticamente su final y de obtener alguna ventaja para sus presos.

El final de ETA es el final que no termina nunca. Están acabados. Han sido derrotados. Pero se resisten a desaparecer, y aún hay quienes les tienen miedo. Pero los asesinos, 60 años después de su nacimiento, lo tienen fácil. Que se disuelvan, que anuncien de una puta vez que desaparecen, que cierran el kiosko asesino, que la mafia vasca se autoliquida. Y que pidan perdón, y asuman su responsabilidad en todo el mal que han causado. Hasta entonces, ellos van a seguir currándose la página de vez en cuando. Y ojo, porque son muy pocos, están en el final, pero siguen teniendo armas y explosivos. Y algunos no están por desaparecer. Y esta película la hemos visto ya más de una vez.

ETA quiere rematar a las víctimas

EditorialLa Razon 19 Marzo 2017

Oír a los «artesanos de la paz», ese grupo que dice formar parte de la sociedad civil impulsora del desarme de ETA, que en la lucha contra el terrorismo no debe haber «ni vencedores, ni vencidos» es volver a la dialéctica perversa que quiere hacernos creer que la causa de los que mataban era la misma que la de los que morían.

Mas de cuarenta años de terrorismo y de silencio cómplice –también la de ese nuevo gremio de pacifistas– ha dejado sin duda huella en los que ahora quieren cerrar como sea un capítulo abominable del nacionalismo vasco, pero la memoria de las víctimas no se puede borrar, ni se debe. ETA fue derrotada por un Estado democrático al que quiso destruir; ETA fue liquidada por los demócratas que en el País Vasco plantaron cara a una dictadura del terror implacable; la causa de ETA, por último, era crear un país totalitario y tan euskaldún como xenófobo. Ésa ha sido su herencia.

Hablar, por lo tanto, de que víctimas y verdugos deben olvidar los más de ochocientos muertos, la extorsión permanente y el acoso a los que estaban fuera del mundo abertzale es un mal diagnóstico de lo que ha pasado. Los terroristas y los «artesanos de la paz» deben entender que una democracia no puede ceder jamás a la fuerza de la violencia. Ahora sólo cabe el perdón por el daño causado y la investigación de los asesinatos todavía no esclarecidos. Sólo así la democracia será generosa.

ETA, en el estercolero de la historia
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 19 Marzo 2017

Los matones de ETA practicaron durante décadas el terror del tiro en la nuca, el coche bomba, el secuestro y la extorsión, convencidos de que así obligarían al Estado democrático a dar la independencia al País Vasco. En tal delirio estuvieron flanqueados por todos sus amigos del nacionalismo antiespañol, para quienes ETA era la expresión de un conflicto territorial que debería resolverse negociando.

Ninguno reconoció su inmenso error de cálculo político y la inmundicia ética y moral en el que aquel se sostenía, cuando la acción del Estado democrático (legislativa, policial y judicial) derrotó a ETA de un modo estrepitoso: esa fue, de hecho, la única razón de su renuncia al terrorismo. ETA dejó de matar porque, judicial y policialmente acosada, estaba acabada, y porque la ley de partidos puso fin a la enorme vergüenza de que los terroristas pudiesen matar hoy y votar mañana en las instituciones.

Tras su derrumbe, los pocos pistoleros que le quedan aún a la banda pretenden, en un nuevo delirio, enmascarar, tras la entrega de sus armas, su fracaso colosal. Ya no se trata, como antaño, de negociar independencia y cese del terror, sino de obtener, a cambio de nada en realidad, ventajas para los etarras presos y huidos y de ocultar su rendición incondicional bajo la épica de un ejército que entrega las armas para acabar con una guerra.

Como era de esperar, de esa oferta se han hecho eco de inmediato los mismos que decían que sin negociación no acabaríamos con ETA. Unos piden «altura de miras», sin explicar para qué, aunque es fácil suponerlo. Otros -los que azuzan la memoria incivil de una guerra que finalizó hace 78 años-, reclaman cerrar ya las heridas de una guerra, esta inventada (pues no la hay donde unos matan y otros mueren), cuya última víctima se produjo hace apenas siete años.

También ahora, claro, se equivocan, aunque tampoco lo reconocerán: lo único que el Estado tiene pendiente con ETA es juzgar a los huidos y esclarecer los muchos crímenes que no lo han sido todavía. La democracia se ha ganado a pulso ese derecho resistiendo heroicamente al terrorismo y a los obscenos propagandistas de la negociación.

Cuando tal victoria culmine con la desaparición total de ETA, que no habrá conseguido ni uno de sus objetivos, solo quedará un inconmensurable rastro de dolor: más de ochocientos muertos, miles de heridos y extorsionados, viudas y viudos, huérfanos, familias destrozadas, pérdidas económicas multimillonarias y, como balance final, una sociedad, la vasca, que ha vivido con la ignominia de dejar a su suerte a los no nacionalistas -durante casi medio siglo perseguidos, humillados y aterrados- mientras unos nacionalistas miraban, sin parpadear, para otro lado y otros hacían de chivatos para ETA. Una cloaca, esa es la contribución de una banda de asesinos que ha acabado donde merecer estar: en el estercolero de la historia.
 


 


Recortes de Prensa   Página Inicial