AGLI Recortes de Prensa    Martes 28  Marzo 2017

Al auxilio del endeudamiento autonómico
Guillermo Dupuy Libertad Digital 28 Marzo 2017

De las muchas promesas electorales incumplidas por el Gobierno de Rajoy, pocas tan urgentes y necesarias como aquella destinada a llevar a cabo una "profunda reforma" de nuestro, más que insostenible, demencial modelo autonómico. De aquel compromiso de eliminar competencias, simplificar la gestión, coordinar los servicios y reducir el número de políticos nadie se acuerda, como tampoco de aquella Ley de Estabilidad Presupuestaria que exigía la vigilancia, la sanción e incluso la intervención de toda Administración regional que no cumpliera los topes de déficit.

Ya podrán el FMI o la propia Comisión Europea reclamar al Gobierno de España que aplique dichos mecanismos de intervención, tal y como de forma reiterada vienen haciendo desde 2013, que la única reacción de Rajoy y Montoro desde entonces ha sido la de establecer cada vez menos exigentes topes de déficit a la autonomías más díscolas, a las que también ha regado con miles de millones de financiación extraordinaria provenientes del Fondo de Liquidez Autonómica.

Lo peor es que ahora Montoro parece que se dispone a aplicar quitas a la deuda de nuestras manirrotas comunidades autónomas, no sabemos si para contribuir al espejismo de que, por fin, ajustan sus gastos a sus ingresos o para forzar a las autonomías menos gravosas para el contribuyente a que eleven sus impuestos a cambio de este caramelo envenenado.

Soy el primero en advertir que la encomiable competencia fiscal entre autonomías se torna en una auténtica tomadura de pelo si las Administraciones regionales no tienen prohibido por ley el déficit público, tal y como sucede con los ayuntamientos. Sin embargo, la solución no debe pasar por la mal llamada armonización fiscal, ni por la no menos criticable mutualización de deuda, sino por un modelo en el que cada palo aguante su vela.

¿Qué autonomía es esta en el que el gasto autonómico no se sostiene únicamente en los impuestos autonómicos? ¿Qué descentralización es esta que permite al gobernante autonómico gastar cuanto le plazca y pasar la factura a los que le sucederán o, mediante quitas de deuda, a la Administración central? ¿Qué grado de despilfarro e irresponsabilidad queremos que alcancen las CCAA en un país en el que las Administraciones regionales ya acaparan más dinero del contribuyente que entidades similares en cualquier otro de toda la OCDE?

Las autonomías, que han ganado terreno en España mancillando el buen nombre de la descentralización administrativa, se han convertido desde casi sus inicios en el cáncer de nuestra democracia, en el principal obstáculo para nuestra recuperación económica y para nuestra vertebración nacional. Sin embargo, está visto que son los niños mimados del sistema y, como ellos, juegan a la autonomía, incluso a la independencia, con el dinero de los demás.

La Europa que viene y el voluntarismo para necios
Javier Benegas vozpopuli.es 28 Marzo 2017

Ante el fenómeno de la inmigración masiva, desde el poder político se impuso una visión idealizada, irreal y, por encima de todo, infantil. Se trataba de un relato oficial según el cual las políticas públicas y los buenos sentimientos obrarían el milagro de una integración prácticamente perfecta.

En 1973, Jean Raspail escribía El desembarco, cuyo título original en francés, Le Camp des Saints, es una referencia al libro bíblico de Revelación. De hecho, la primera cita que aparece antes del prefacio es el canto XX:

"Se acaba la era de los mil años. Ya salen las naciones que están en los cuatro lados de la tierra y que abundan tanto como la arena de los mares. Partirán en expedición por la superficie de la tierra, ocuparán el Campamento de los Santos y la muy amada Ciudad."

La acción de El desembarco se situaba en un futuro indeterminado y su argumento era la toma de Occidente por una inmigración en masa y pacífica procedente del tercer mundo. Así, a través del recurso de la ficción, Raspail colocaba en el punto de mira la inmigración masiva y sus consecuencias… y lo hacía en 1973; es decir, hace más de 40 años. Pese a todo, el libro no habría tenido mayor relevancia si no fuera porque en 2011 regresó a las librerías para convertirse en un éxito de ventas.

Un falso pluralismo
En realidad, desde que publicó El desembarco, todo lo que escribe y dice Jean Raspail es escrutado con un celo extraordinario. De hecho, es calificado de “católico tradicional”, lo que en estos tiempos modernos le convierte en un tipo bastante sospechoso. Sin embargo, cabría preguntarse cuántos clases de católicos ha de haber para satisfacer a los amantes de las gradaciones peligrosas. Porque, como explicaba Magris, ser católico, calvinista, budista, sintoísta,… no es algo facultativo: o se es o no se es. No existe pues el “católico tradicional”, tampoco el “ultracatólico”, menos aún el “medio católico”.

Establecer grados, no solo para determinadas religiones sino para otras muchas cosas, tiene como fin disuadir a las personas de defender según qué convicciones con exceso de celo y, llegado el caso, etiquetar de forma negativa a quien, lejos de disimular, se expresa libremente. Un proceder que en una Europa pretendidamente plural no deja de resultar paradójico. Desgraciadamente, hace tiempo que en este viejo continente el "biempensar" sustituyó al pensamiento; y el prejuicio, al razonamiento.

Para colmo, Raspail fue demasiado lejos cuando en 2004 escribió en Le Figaro un artículo titulado La patria traicionada por la República, en el que criticaba sin miramientos la política de inmigración francesa. Este artículo le supuso una demanda por parte de la International League against Racism and Anti-Semitismue, donde se le acusaba de "Incitación al odio". Aunque los tribunales le exoneraron, Raspail quedó definitivamente marcado. Que fuera católico y describiera, en una novela, la inmigración masiva como un problema sin solución, ya eran motivos más que suficientes para que los mecanismos de exclusión, presentes no solo en Francia sino en toda Europa, se activaran. Pero criticar abiertamente en un diario de gran difusión la política migratoria del Estado francés, fue el suicidio.

Cuando decir lo obvio es delito
Sin embargo, cabe preguntarse qué terribles eran en realidad los delitos cometidos por Raspail. Así, en el prefacio a la edición de 1985, leeremos a propósito de la inmigración masiva lo siguiente: “¿Qué hacer, puesto que nadie puede renunciar a su dignidad de hombre a costa de consentir el racismo? ¿Qué hacer, puesto que, al mismo tiempo, cualquier hombre —y cualquier nación— tiene el derecho sagrado de preservar sus diferencias y su identidad en nombre de su futuro y de su pasado?”

Resulta evidente que su delito no es ni mucho menos odiar sino plantear un dilema incómodo pero absolutamente pertinente. De hecho, El desembarcono es un relato maniqueo, no hay en él una división entre buenos y malos, mucho menos incitación al odio: simplemente coloca al lector europeo frente a un dilema del que, más allá de sentimentalismos y políticas falsamente milagrosas, debía tomar conciencia. En definitiva, Raspail señala lo obvio: para la inmigración masiva no hay soluciones, y sus consecuencias, más allá de los análisis meramente economicistas, no son inocuas.

Sin embargo, en Europa decir lo que es evidente lleva prohibido décadas. Durante demasiado tiempo, políticos e intelectuales han trasladado a la sociedad la idea de que la inmigración era intrínsecamente “buena”… en términos económicos. Y hasta ahí se podía discutir. Pero la discusión no podía limitarse a discernir entre beneficios o perjuicios materiales, debía prepararnos para la realidad: la transformación profunda y radical que el fenómeno de la inmigración masiva supondría para Francia y para Europa. Un proceso de esta magnitud tendría por fuerza aspectos negativos que no debían ser ignorados. Pero esta parte se hurtó a la sociedad para entregarla en bandeja de plata a los populistas. Y de aquellos polvos…

Infantilismo de Estado
Ante el fenómeno de la inmigración masiva, desde el poder político se impuso una visión idealizada, irreal y, por encima de todo, infantil, que además era extraordinariamente reactiva y violenta ante la menor critica. Se trataba de un relato oficial según el cual las políticas públicas y los buenos sentimientos obrarían el milagro de la asimilación, de una integración prácticamente perfecta. Sobre este absurdo guion se instauró el multiculturalismo como dogma. Y el debate no solo se volvió imposible, sino que quienes se suponía más sensatos y racionales, pasaron de puntillas sobre él por temor a ser señalados. Así, los problemas quedaron envueltos en un manto de silencio, como una bomba de relojería que tarde o temprano terminaría explotando.

Ahora, cumplidos 60 años de la firma del Tratado de Roma, y transcurridos más de 40 desde que se publicara El desembarco, se apela al europeismo –lo que quiera que hoy en día signifique– para neutralizar la corriente nacional-populista. Y se acusa a Donald Trump de pretender la ruptura de la Unión Europea, para mediante el recurso del enemigo externo contrarrestar el creciente escepticismo. Lamentablemente, lo que hay detrás de estas soflamas es un voluntarismo vacuo, lleno de lugares comunes y verdades mutiladas; unas veces encarnado por un falso libertarismo (generalmente de derechas), que más que en la equidistancia se sitúa en la inopia; otras representado por un progresismo transnacional al que todo le parece estupendo siempre y cuando se salga con la suya. El caso es que el oscurantismo permanece y el infantilismo se exacerba.

No se puede construir, y menos aún preservar, no ya un continente, sino siquiera una simple comunidad y un puñado de principios cuando se impide que las personas maduren. El mundo no es bello ni bueno; muy al contrario, es increíblemente imperfecto, generalmente inasequible a la razón y, en muchas ocasiones, pavoroso. Y no va a cambiar por más que los europeos cerremos los ojos y lo deseemos con todas nuestras fuerzas. Tampoco lo hará, y a las pruebas me remito, con la aplicación de políticas públicas a discreción. Sucede que, en ocasiones, la vida nos coloca frente a disyuntivas endiabladas, situaciones para las que no hay, en un sentido u otro, soluciones, ni siquiera la opción del mal menor. Solo podemos escoger un camino… y asumir las consecuencias de esa decisión. Pero para hacerlo hace falta una entereza de la que los europeos hace tiempo que carecen. Por eso, para Raspail, todo no es más que una ficción emocional, una tempestad irresponsable que nos arrastrará sin solución.

Es muy probable que Europa frene al nacional-populismo, y que, en los Estados Unidos, Donald Trump desaparezca de la misma manera en que irrumpió en la escena política, es decir, con estrépito. Sin embargo, nuestro drama es que Europa, tal y como la conocemos, está desapareciendo. Que esta transformación del viejo continente en algo distinto sea para bien o para mal, lo dirá el tiempo. Entretanto, podemos solazarnos con discursos tan grandilocuentes como infantiles.

Agoniza un sistema, llega un tiempo nuevo
Sin haber terminado de morir la civilización europea, su sucesora progre y materialista ha empezado a agonizar. Porque ya tiene respuestas y alternativas.
Pascual Tamburri gaceta.es 28 Marzo 2017

Doña Emilia Pardo Bazán hablaba en Los Pazos de Ulloa de esa oprimente “tristeza inexplicable de las cosas que se van”. Se refería a los últimos restos de un tiempo y un modo de ser y de vivir que no iba ni a renacer ni a sobrevivir. En su caso, el de la hidalguía rural sin salida ya en el siglo XIX, como esa doña Nucha que se aterroriza sintiendo “que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo del sitial por su lado sin crujidos ni resistencia”. Y sí, cuando algo se deshace a nuestro alrededor lo notamos. De nada sirve negar la evidencia, cerrar los ojos o soñar una imposible involución

La liquidación de la sociedad tradicional, quizá más tardía en España pero ahora mismo tan completa como en el más moderno de los países, y más que en algunos, implica el triunfo no sólo teórico sino efectivo de los valores de la modernidad. Y su articulación progre, despiadada, hortera, llámese como se quiera. El proyecto mundialista triunfa hoy porque una sociedad desestructurada, sin firmes creencias, con valores relativizados, es mucho más fácil de manipular, es mucho más fácil que no se resista a perder la soberanía de su país, es mucho más fácil que no defienda la Patria, que no defienda la familia. Han creado un individuo indefenso, han creado sociedades indefensas que se convierten en verdaderos rebaños que pueden pastorear desde el poder sin la menor dificultad. Si a eso le sumas el asentamiento del dogma relativista, el “todo vale”, explicamos la situación actual. Junto a magros restos de las comunidades que fueron la PostModernidad afirma el egoísmo, materialismo, inmanentismo, mundialismo cultural, económico y político. Es decir, la nula preocupación por el mañana, por la comunidad, por lo permanente. De hecho, la misma idea de Permanencia es ya herética. Chirría en los oídos de un joven “bien educado” de hoy como chirriaban en un buen burgués progresista los restos de la hidalguía en la España del siglo XIX.

Pero la naturaleza humana no cambia, tiene demandas que la Modernidad (liberal capitalista o progre socialista, tanto da) no satisface. "El hombre sin historia, sin cultura, sin país, sin familia y sin civilización no es libre: está desnudo y condenado a la desesperación", escribe el filósofo quebequés Mathieu Bock-Côte. Y por eso resulta que el Sistema moderno, sin haber aún completado su victoria mundial, se enfrenta a la decepción, a la desesperación de su interior, y al surgimiento en éste de unas alternativas nuevas.

Es fácil caer en la desesperanza. Tenemos que tener claro que hay cosas que “se van”, es más, que se han ido ya, que no van a volver, que no van a ser como fueron. Que no volverán por sí mismas, ni por un milagro harto improbable, ni por una insistencia en la nostalgia de lo que fue o, mucho peor aún, de lo que algunos quieran

imaginarse que fue. La memoria es imprecisa y a menudo sectaria. Pero que el camino no vuelva atrás no quiere decir que no siga adelante, ni que haya que renunciar a ser, y a renacer, y a construir sobre los principios que la mezquina modernidad materialista ha tratado de destruir creando sólo tristeza y desilusión.

Giulio Meotti recordaba, sí, que los centros católicos de Quebec están vacíos, que “en la iglesia de San Judas de Montreal, los entrenadores personales ocupan el lugar de los sacerdotes católicos”. Pero el mundo progre, hecho de apariencias, de hipocresías, de gimnasio y de postureo, es tan insatisfactorio como el mundo capitalista, como el mundo marxista o como su caricatura separatista en España. Hay en la sociedad una insatisfacción tal, que no tiene respuesta en las Grandes Verdades Oficiales, que empieza a chirriar como todos los mundos que agonizan. Es verdad, “no ve uno sino las atrocidades de los señores de otro tiempo, parece que son las únicas que le dan de pensar”, pero la crítica al mundo de ayer es legitimación sólo muy menguante y muy parcial para los males de hoy, del mismo modo que la memoria sectaria del franquismo sólo justifica ante los más sumisos los desmanes del hoy, sea diestro o zurdo. Hay una demanda insatisfecha de respuestas a las grandes cuestiones, una demanda de Comunidad.

Al mismo tiempo que la Modernidad vence, se sienten ya en ella las grietas, que en algunos países se ven aunque oficialmente se nieguen. ¡Qué de gentes diversas en España coinciden en defender al progre Macron frente al primer partido en la voluntad de los franceses, por ejemplo! Pero las cosas son así: torpe, confusa, desorientada, no sólo hay una resistencia al Sistema sino que éste ve cómo las alternativas le surgen desde dentro. No regresos a nada, sino futuros por descubrir. Incompatibles desde luego con el simple juego a la nada de quien sólo quiere apuntarse un tanto sin renunciar a sus comodidades burguesas; pero futuros, al fin. Pobre mundo moderno, que se nos muere sin haber terminado de llenar todos los corazones. Quizá porque negó que los tuviésemos, o sólo quiso bolsillos y otros orificios.

El buenismo sólo favorece a los terroristas
OKDIARIO 28 Marzo 2017

Los islamistas radicales tienen España entre ceja y ceja. Si alguien piensa que estamos a salvo de la ola de terror y muerte que ha recorrido Francia, Bélgica, Alemania o Inglaterra en las últimas semanas y meses, o bien es un ingenuo o bien un irresponsable supino. Nuestro país se encuentra bajo el nivel 4 de alerta antiterrorista —el segundo más alto— lo que implica un riesgo muy elevado de atentado. La derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana que pretende el PSOE —con el apoyo o la abstención del resto de formaciones a excepción del PP— sería una temeridad, ya que dificultaría hasta el extremo la labor de prevención y seguimiento que desarrollan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El trabajo de esos agentes, que nadie lo olvide, es la causa principal de que la sinrazón yihadista no haya golpeado contra nuestra nación desde el infausto 11 de marzo de 2004. En agradecimiento a esa imponderable labor, y en honor a aquellas 192 víctimas, nuestros representantes políticos deben respaldar el trabajo de Policía y Guardia Civil y dejar de crearles dificultades innecesarias. Derogar la Ley de Seguridad Ciudadana supondría impedir, como especifica el artículo 18 de la propia norma, que dichos efectivos puedan “practicar comprobaciones para evitar que en sitios públicos se utilicen armas, explosivos o sustancias peligrosas”. Medidas que resultan fundamentales para desarrollar con eficacia el nivel 4 antiterrorista. Un contexto donde extremar la vigilancia callejera e intensificar la información interna se hacen indispensables.

De ahí que utilizar la mal llamada “ley mordaza” como elemento de desgaste al Gobierno —lenguaje propio de esos podemitas que quieren eliminar el delito de enaltecimiento del terrorismo— se pueda volver contra aquéllos que piensan más en los fines electorales que en la seguridad ciudadana. Los terroristas se hacen fuertes en el buenismo que se ha instalado en Europa y en el exceso garantista, a veces acomplejado, de sus políticos. España es modelo en todo el mundo de cómo prevenir y gestionar las acciones de estos asesinos. No obstante, si bajamos la guardia lo lamentaremos sumamente. Siempre que se respeten las libertades fundamentales de cada individuo, es mejor tener un país seguro y un Código Penal severo —la prisión permanente ha de ser innegociable para estos casos— que estar a cada poco llorando por nuevos muertos.

El separatismo crea el caos institucional en Cataluña
Barcelona convertida en la casa de Tócame Roque de la política
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 28 Marzo 2017

A medida que se va acercando la fecha fatídica del anunciado referéndum catalán por el “derecho a decidir”, anunciada para el mes de septiembre de este año, van surgiendo como hongos la serie de inconvenientes que, una actitud semejante, comportan. Los que se metieron de “hoz y coz” en la desafortunada aventura de intentar forzar la ruptura de Cataluña con el resto de España, sin tomarse la precaución de averiguar cuáles eran las posibilidades de tener éxito en tan peregrina empresa, ni medir las consecuencias jurídicas que iban a tener para quienes la promocionaran, ni los perjuicios que, una operación de tal magnitud y con tantas posibilidades de fracasar, iban a tener para la ciudadanía catalana; teniendo en cuenta el hecho de que, más de la mitad de los residentes en esta comunidad, no están por la labor de dejar de ser españoles e, incluso entre los que desearían una Cataluña independiente, hay una parte importante que aceptarían gustosos que el problema se solucionase con más autogobierno, sin que se llegara al extremo de una separación drástica de España.

Hoy en el periódico del grupo Godó, La Vanguardia, una de las puntas de lanza del intento de darle impulso a las ambiciones de CDC ( de la que depende económica y de cuyas subvenciones millonarias debe el haber superado periodos de problemática económica), aparte de los artículos cargados de fanatismo catalanista de la ínclita señora Rahola, y de las invectivas y críticas constantes contra el señor Trump, que parece que fuera uno de nuestros dirigentes si es que tenemos que tomar en cuenta la inquina, el fanatismo, la meticulosidad con la que intentan atacarle, hasta en los más mínimos detalles que, en cualquier otra persona, no merecerían la más mínima atención; hemos encontrado un artículos firmado por Alejandro Blanco Faraudo que, si no fuera porque ya conocemos el percal de estos independentistas, cegados a la realidad, obtusos en sus ideas y carentes de otra perspectiva que no sea la que les proporciona su cerrazón a cualquier argumento, explicación o consideración que no coincida con su mentalidad de “austracista” de pura raza; seguramente los trataríamos de despendolados.

Este señor pretende establecer un paralelismo entre el cruce del Rubicón por Julio César, gobernador de la Galia, a su regreso a Roma con su ejército, violando la prohibición de que, un general, cruzara las fronteras de su provincia con su ejército; comparándolo con la situación de los adalides del independentismo que siguen empeñados, en su desafío a España, en cruzar su particular “Rubicón”, en esta ocasión desobedeciendo la prohibición del propio TC de llevar adelante un referéndum, a todas luces anticonstitucional. Ya es tener una imaginación muy desarrollada el establecer cualquier tipo de intento de equiparar al señor Puigdemont o al señor Mas o, incluso, al señor Homs, con aquel victorioso general romano que tantas victorias había conseguido para su pueblo y que no pretendía, en ningún caso, como lo hacen ellos, independizar su provincia de la Galia Cisalpina del resto de las que formaban el extenso imperio romano. Él quería gobernar toda Italia.

Julio César lo que deseaba era evitar que Pompeyo le arrebatase el poder y el mantener su influencia sobre Italia. El asignarle el papel de Pompeyo al gobierno español y más concretamente al señor Rajoy, como se desprende del artículo mencionado, es conocer poco a Rajoy porque, si Pompeyo pecó de poco avisado y de no calcular los riesgos de que César se atreviera a cruzar el Rubicón; el señor Rajoy, por el contrario, es una persona extraordinariamente reflexiva, piensa cada uno de sus pasos y actúa con suma cautela, como lo está demostrando en esta ocasión ( muchos, precisamente, le criticamos esta aparente abulia que ha permitido que el problema catalán haya adquirido sus actuales dimensiones), en la que mide con precisión matemática cada paso que está dando respecto a los separatistas, valorando al milímetro cada reacción del gobierno ante los burdos intentos de violar la legalidad de los líderes independentistas, desesperados al ver que van directos al abismo y ya no tienen posibilidad alguna de volverse atrás, debido a que los ciudadanos, que arrastran tras de sí, no se lo iban a permitir.

Sólo aquellos que están desesperados pueden abrigar la menor esperanza de que, un intento revolucionario en Cataluña, puede tener el menor éxito y más, si todas las aspiraciones de mejoras económicas que pudieran albergar los catalanes, resulta que se les están poniendo en bandeja por el propio Ejecutivo que, hoy mismo, por medio del mismo Presidente del gobierno, en una reunión con la flor y nata de los empresarios catalanes, les va a dar cuenta de todas las obras e infraestructuras que, el Gobierno, tiene previstas para poner en marcha en los próximos meses. No piense el señor Blanco que muchos votantes del PP estamos de acuerdo con esta forma de actuar del señor Rajoy pero, sin duda, es por razones opuestas a las esgrimidas por el autor del artículo de La Vanguardia; muchos, al contrario, pensamos que se van con demasiadas vaselinas, con demasiadas ofertas y con demasiado dinero para una autonomía que, lo único que ha hecho, ha sido despilfarrar los millones recibidos de la financiación y del FLA al invertirlos en las infraestructuras paralelas a las del Estado para cuando se decidan a declarar su independencia.

No creemos que, para frenar el problema catalán, el resto de provincias españolas tuvieran que verse perjudicadas en sus legítimos derechos de mejorar sus carreteras o sus ferrocarriles, para que toda la financiación del Estado se vaya hacia Cataluña. Yo pienso que, a diferencia de Pompeyo que pecó de confiado y, por añadidura, no disponía de las legiones suficientes para enfrentarse a César; en el caso que nos ocupa, los que no disponen de las legiones, de los medios, de la potencia económica, del apoyo de todos los ciudadanos, del soporte de los empresarios y, mucho menos, del de las multinacionales, que están ojo avizor ( las que todavía no se han ubicado en otras provincias españolas) pendientes del más mínimo signo de que la anunciada separación de España tuviera algún pequeño viso de que se hiciera realidad, para marcharse inmediatamente de Cataluña; porque son conscientes que, si en estos momento es esta autonomía la que más carga fiscal hace soportar a los ciudadanos, en el caso de que tuvieran que depender de ellos mismos, fuera de Europa, pagando tasas por las importaciones y sin el aval de su deuda pública que ahora tienen del Estado español, los impuestos se dispararían y los productos que fabrican en esta región iban a sufrir un incremento de costes que no podrían seguir manteniendo.

A mí no me preocupan todos estos que siguen en la inopia o que se creen, a pies juntillas, lo que les dicen estos cuatro bocazas nacionalistas que, todavía, siguen engañando al pueblo, diciéndoles que fuera de España se iba a vivir mejor, que Europa nos acogería con los brazos abiertos y que, en este nuevo país, todo iba a ser Jauja. Sí me preocupan los que siguen siendo españoles, los que están soportando la presión de los que no soportan que, en territorio catalán, queden personas que quieran hablar en castellano, que sus hijos puedan estudiar en el idioma patrio y que no tengan que esconder su españolidad para no ser objeto de exclusión social. Es indecente que veas, por todas partes, las “esteladas” independentistas y que, por otra parte, en la mayoría de ciudades catalanas, la bandera española brilla por su ausencia en los edificios públicos cuando está ordenado que estén junto al resto de banderas.

O así es como, señores, cuando en periódicos que en otros tiempos gozaron de un cierto prestigio, tenemos el convencimiento de que están desarrollando un tipo de propaganda solapada, encubierta y, por supuesto, engañosa y tendenciosa,66 que no parece tener otra finalidad que la de animar a formar parte de este independentismo radical que, desde hace unos años, viene progresando de una manera continuada aunque, todo hay que decirlo, no estamos convencidos de que últimamente no se empiece a producir un movimiento de retroceso ante la inminencia de lo que pueda llegar a ocurrir en Cataluña, si los dirigentes catalanes no cesan en su intento de jugárselo todo a una sola tirada. Lo que puede ocurrir si se deciden a ello es lo que seguramente pensaría Julio César aquel día en que dio orden a sus legiones que vadeasen aquel pequeño río italiano, conocido como el Rubicone. Su frase, en aquella ocasión, fue ilustrativa: alea jacta est. César tenía la fuerza, tenía la inteligencia y amaba a Roma. Los separatistas catalanes nada más tienen fanatismo, palabrería y desesperación. No son bastantes arreos para enganchar el carromato del éxito.

El síndrome de la solidaridad suicida
Yolanda Couceiro Morín  latribunadelpaisvasco.com 28 Marzo 2017

Probablemente, muchos de nosotros, comentando casos y noticias de actualidad, hemos usado esta expresión: "Nuestra sociedad está enferma". Y efectivamente, hay muchos indicios de que eso es cierto, y que igual que los individuos enferman, las sociedades (que son un conjunto de individuos como los individuos son un conjunto de tejidos) también lo hacen.

Sin embargo, mientras que en los individuos puede haber enfermedades con síntomas claros e inequívocos (y también otras de signos difusos), en las sociedades siempre es mucho más difícil determinar las señales de la enfermedad. Según la RAE en su primera acepción, un síndrome es un "conjunto de síntomas característicos de una enfermedad o un estado determinado". Y en la segunda nos dice que un síndrome es un "conjunto de signos o fenómenos reveladores de una situación generalmente negativa". Pues bien: podemos afirmar que nuestra sociedad, europea en general y española en particular, padece lo que bien podríamos llamar el "Síndrome de la Solidaridad Suicida". Como en las enfermedades de los individuos, una vez establecido el diágnostico, poner o no remedio es nuestra elección. Pero de no hacerlo, las consecuencias pueden llegar a ser fatales.

Una de las mayores dificultades a las que nos enfrentamos en este caso es que no sólo no hay voluntad de curación, sino que desde instituciones y medios diversos comprobamos que este síndrome no sólo ha sido buscado, cultivado, fomentado y desarrollado por las clases dirigentes, sino que se castiga, sanciona y penaliza a todo aquel que intenta la curación del resto de sus compatriotas, o cuanto menos de advertirles de su mal. La finalidad parece clara, aunque hay numerosas teorías con mayor o menor fundamento, y es provocar lo que se ha venido en llamar "la Gran Sustitución", en todo caso la destrucción de los fundamentos culturales, raciales y étnicos de las sociedades occidentales. Y esto da lugar a una situación insólita y perversa: es el propio pueblo el que camina, feliz, a su exterminio, sin levantar la voz ni salir del carril por el que se le ordena caminar. Las escasas voces disidentes de los que pretenden despertar al rebaño de su letargo y forzarlo a rebelarse contra esta situación y llevarlo a su curación y supervivencia son enseguida extinguidas mediante leyes elaboradas a tal efecto.

En todo caso, al igual que muchas enfermedades no se adquieren de la noche a la mañana, sino que precisan de unos hábitos insanos mantenidos en el tiempo, el "Síndrome de la Solidaridad Suicida" no ha nacido en las sociedades de un día para otro. Ha sido necesario que durante décadas se lleve a cabo un trabajo que podemos llamar "en la sombra" (y ahora con mucho menos disimulo), encaminado precisamente a anular la capacidad de pensamiento y racionalización de los europeos en general y los españoles en particular, aunque es quizás en España uno de los países donde esta labor ha tenido más éxito, probablemente por el buenismo de matriz cristiana de un país que hasta hace poco se declaraba como tal. Y de hecho, esta labor de cretinización y estupidización del pueblo ha sido recompensada con unos resultados magníficos en nuestro país.

Veamos un ejemplo concreto, "recién salido del horno". La reciente manifestación en Barcelona en la que decenas de miles de personas han salido a las gritando que querían acoger inmigrantes, merece una reflexión.

Esta manifestación a favor de la acogida de los famosos "refugiados" ha sido hasta ahora la más numerosa, pero sin duda no será la última, vendrán otras de similar naturaleza y distinto calibre. Y eso es así porque nuestra sociedad está enferma de "solidaridad", afectada en grado profundo de eso que llamamos el "Síndrome de la Solidaridad Suicida". Pero nadie en su sano juicio puede creer un instante que el motor de ese despliegue de exhibicionismo indecente e hipócrita esté motivado por algún sentimiento noble y desinteresado. Se trata de otra cosa. El rebaño no se pone nunca en marcha más que en tropel. ¿Cuántos de estos "generosos" y "solidarios" se han ofrecido a acoger a un "refugiado" y costear su manutención durante el tiempo necesario? La respuesta es: ninguno.

Vivimos en un mundo dominado por la cultura de las apariencias, la superchería. La simulación, la representación y la exhibición substituyen la acción real. Con aparentar, con declamar buenas intenciones ya se ha cumplido, la gesticulación de nuestro tiempo dispensa de la verdadera acción, en realidad la sustituye. No hay aquí nada contradictorio con la pretendida dirección y motivación de esa tendencia. El "Síndrome de la Solidaridad Suicida" no tiene por qué estar basado en nada sincero, es más: la realidad apunta hacia lo contrario. Es una especie de desvarío, individual y colectivo. Pero dejemos este aspecto de la cuestión de momento, ya que la autenticidad o la falsedad que anima ese movimiento no cambia en sustancia gran cosa a lo principal. Estamos frente a un trastorno sicológico y moral: en definitiva, ante una auténtica enfermedad.

En cualquier caso, analicemos lo más objetivamente posible no ya la manifestación de ese día, y las que vendrán en días venideros, sino todo el conjunto de esta sociedad española que se muestra enferma de solidaridad. Porque la solidaridad, entendida así, no es una virtud moral, sino una enfermedad suicida que nos lleva a la destrucción. Estas palabras pueden sonar fuertes, pero seguro que a más de uno le ha venido a la memoria la conocida fábula de la rana solidaria con el escorpión, que no cuento aquí (y que en caso de que alguien no conozca, encuentra con una simple búsqueda en internet). La manifestación del otro día (y las que vendrán, sin duda, después) no pasan de ser una mera repetición de la fábula mencionada: una forma de entender la solidaridad que es suicida. No toda la solidaridad es suicida, claro está. Pero hay formas de ser solidario que llevan a la propia destrucción.

Aunque son numerosas y complejas las causas que han llevado a nuestra sociedad a padecer este "Síndrome de la Solidaridad Suicida", hay una sola consecuencia: la destrucción de la sociedad que lo padece. El genocidio silencioso de toda una civilización en beneficio de otras culturas y sociedades, a las que entregamos felices nuestra casa y el futuro de nuestros hijos. Esta crónica tampoco va a cambiar nada: cuando uno está empeñado en destruirse, lo consigue. Da igual que sea persona o sociedad, la única diferencia es que en el segundo caso el proceso es mucho más lento porque no todos los individuos que la conforman van al mismo nivel. Estas líneas sólo pretenden dejar constancia de que fuimos conscientes de lo que pasaba y aunque quisimos evitarlo, no pudimos.

Lo primero que viene a la cabeza al ver este tipo de manifestaciones como la de Barcelona es que allí se unen gentes de ideologías políticas o religiosas diversas y hasta contrarias, o incluso contradictorias. ¿Qué lleva a estas personas a elegir la destrucción del futuro de sus hijos? ¿Qué lleva a una sociedad a desear morir como tal, y ceder el puesto a otras culturas que se impondrán a la nuestra, eliminando muchos derechos conseguidos a lo largo de siglos? ¿Qué lleva a los padres a pedir un porvenir peor para sus hijos o sus nietos? ¿Cuáles han sido los pasos que han propiciado esta deriva letal? ¿Por qué una civilización que en tiempos fue racional, grandiosa, poderosa, invencible, hoy camina hacia su fin como un cordero al matadero sin hacer -y sin querer hacer- lo más mínimo por evitarlo?.

Por supuesto, la formulación que se hace la gente ante los medios no es tal y como la exponemos aquí. Ninguna de las personas que asistieron pensarían eso, pero la realidad tiene una característica esencial y única: es como es, aunque no queramos verla. Podemos disfrazarla de milongas y músicas celestiales, pero la realidad, tozuda y persistente, acaba imponiéndose con crudeza descarnada a los más sublimes ideales. Y la realidad en este caso es que somos la rana de la fábula, sólo que no es el escorpión el que nos pide que le llevemos, nosotros somos quienes le suplicamos que se digne subir a nuestra espalda para poder asestarnos el golpe final. Y, como en la fábula, cuando queramos darnos cuenta, ya será tarde. Apenas habrá tiempo para lamentarse.

Las gentes que participaron en esa manifestación lo hacían presuntamente por ansias de solidaridad. Curioso que esas mismas personas no se interesen -ni se manifiesten, por supuesto- pidiendo pagas dignas para los jubilados que se han pasado su vida trabajando duramente para verse luego en la vejez abandonados muchas veces por la propia familia, muchas más veces por los políticos de turno, y casi siempre por la sociedad que los considera un estorbo o incluso un lastre para que determinadas formaciones políticas tengan más votos. Curioso que esas mismas personas no se manifiesten tampoco por pedir un trabajo digno para los millones de españoles en paro. Curioso que esas mismas personas tampoco tengan la menor intención de protestar por los recortes en Sanidad, en Educación, en Infraestructuras, que sufre nuestro país cada año. Curioso que no les importen demasiado los niños españoles que, por estar sus padres en situación económica precaria, crecen bordeando la pobreza. Curioso que muy pocos se ofrezcan a dar unas monedas para la causa (ser solidario mola cuando se usa el dinero ajeno, por supuesto). Y ni mucho menos se ofrecen para acoger en su casa a uno o más refugiados.

No hay dinero para los jubilados, no hay dinero para escuelas ni hospitales, no hay dinero para contratar médicos en verano en muchos sitios, no hay dinero para crear empleo, no hay dinero, pero... ¡pedimos refugiados! Refugiados a los que hay que darles una paga que no se da a los españoles, una comida que se niega a los españoles, una casa que muchos españoles no pueden pagar, una Sanidad que muchos españoles no tienen gratuita y que cada día que pase será más escasa y de peor calidad al paso que vamos. Los recursos no nacen en las macetas, y los sufridores pagadores de impuestos ya pronto no tendrán ni para vivir dignamente.

Imaginemos el hipotético caso de una familia que, como no puede dar de comer a los hijos de su vecino y a los suyos, decidiera dejar morir de hambre a sus hijos para poder alimentar a los del vecino. Si el tema llegara a la prensa, muchos padres y madres se escandalizarían de que alguien decida dejar morir a sus hijos dando su comida a otros niños. Seguramente los servicios sociales les retirarían la custodia. Aunque los padres se defendieran argumentando que lo hacían por solidaridad, la condena social sería, con total seguridad, unánime. Sin embargo, cuando esto mismo se hace a nivel social, cuando un pueblo se desentiende de sus vecinos, de sus paisanos, de los jubilados, de los parados, para acoger a otros... ¡eso es solidaridad, de la buena y verdadera! Lo condenable ha pasado a ser lo encomiable. La sitemática inversión de los valores es el signo inequívoco de la decadencia de las sociedades.

Podemos entender a las oenegés, que viven del negocio de la solidaridad. Negocio que mueve millones y millones de euros y que deja seguramente buenas ganancias a algunos. No hay más que recordar cuántas oenegés han sido "pilladas" por no dedicar el dinero recibido a lo que se suponía que debía dedicarlo. E incluso hay oenegés que piden ¡hacer testamento! a su favor para que ellos puedan "seguir ayudando a otros". Los que viven de este negocio y reciben subvenciones por cada refugiado que atienden, es normal que pidan más. No moverán un dedo pidiendo mejores pensiones para los jubilados, o más parques para pasear, o menos recortes en Sanidad, o un salario digno para los trabajadores..., porque eso no lo pueden traducir en dinero: no les es rentable. Con ellos no se puede razonar: no renunciarán a su medio de vida, a sus privilegios. Entre ganar dinero y no ganar dinero, para ellos no hay dilema posible.

También podemos entender a los buenistas, que padecen una forma especialmente grave de estupidez. El buenista es el que dice que "todos somos iguales" o que "no hay fronteras" o que "todo el mundo es bueno", o que "el diálogo soluciona las cosas". Estos buenistas se olvidan de que no todos somos iguales, porque pertenecemos a culturas distintas, y si sacas a un hombre o una mujer de su entorno y lo pones en otro diferente, el proceso de adaptación puede ser largo y difícil o incluso puede no tener nunca éxito. La mayoría de los que vienen a nuestros países no se integran y no tienen interés en hacerlo. Siguen comiendo lo que comían, vistiendo como vestían, celebrando sus fiestas y escuchando sus músicas... y pensando y actuando como si nunca hubieran salido de sus países.

Estos buenistas también se olvidan de que las fronteras existen, y que existen para proteger a los que viven dentro, no para impedir que entren de fuera. Como las puertas de una casa están para proteger a sus habitantes cuando las cierran, y para impedir que entre o salga nadie de la vivienda sin el permiso de los dueños. Y seguramente, ellos, pidiendo que no haya fronteras, bien que cierran las puertas de su casa para dormir tranquilos.

Es curioso que los partidarios del "no hay fronteras" no se den cuenta de que eso es precisamente lo que quieren las multinacionales, los traficantes de personas, los mercaderes de almas, los compradores y vendedores de vidas: que no haya fronteras para que puedan seguir enriqueciéndose más. ¿Habrá algo más contradictorio y absurdo que una persona solidaria negando fronteras? Los buenistas también se olvidan de que no todo el mundo es bueno, pero hay más: las costumbres de unos grupos humanos, lo que para unas culturas está bien (un ejemplo actual, la ablación de clítoris), para otras puede ser aberrante. En fin, los buenistas se olvidan de muchas cosas porque su enfermedad mental les hace vivir en un mundo utópico y de fantasía que ellos creen real. Tampoco con ellos se puede razonar: no viven en esta realidad.

Podemos entender que en esas manifestaciones haya, como no, endófobos, es decir, gente que odia su propia cultura. Los endófobos consideran a su cultura -en este caso la europea- culpable de casi todos los males que suceden o sucedieron en el mundo: la cultura europea es para ellos opresora, esclavizadora, oportunista, imperialista, colonialista, o como se dice ahora más recientemente, heteropatriarcal y machista. La endofobia, como actitud, es estúpida y carece de razón de ser. Por un lado, porque es ridículo explicar la historia pasada con el pensamiento actual. Hacerlo demuestra una escasa capacidad de raciocinio, además de una penosa formación intelectual. Hoy, determinados hechos de la historia pueden parecernos anormales o aberrantes, pero en su época se consideraban normales. Juzgar a nuestros antepasados con las leyes de hoy es, cuanto menos, infantil. Esta actitud endófoba lleva en muchas ocasiones a entonar el "mea culpa" por cada niño ahogado, o por cada bomba puesta en países en guerra, o por cada niña muerta de hambre en países africanos, o por el descubrimiento de América o la victoria de los Reyes Católicos. Y la consecuencia final, el deseo de destruirla, poniéndose de parte de "los otros". Sin razones, por tripas. La endofobia es odio, y ese odio es algo inexplicable con la razón.

Por otro lado, la actitud endófoba es única y exclusiva de europeos hacia la cultura europea. Ninguna otra cultura o civilización actual renegará de sus antepasados, hicieran lo que hicieran: sacrificios humanos, canibalismo o cualquier aberración que se nos ocurra. Sólo los europeos reniegan de su cultura. Igual que con los anteriores, con ellos no se puede razonar: el odio ciega.

No podemos entender que en esas manifestaciones haya gente que no pertenezca a uno de esos tres grupos mencionados arriba: el interés, la estupidez o el odio. Nada sano, nada elevado, nada generoso, nada inteligente: lo contrario de la propaganda oficial.

Los medios han contribuido enormemente a pervertir el concepto de solidaridad. Primero, se ha sobrevalorado la solidaridad como la meta y el fin más deseable de todos los fines y metas. Ser solidario es "lo más". Aunque la solidaridad no pasa de ser una cuestión moral, un valor: se puede elegir ser solidario (y en ese caso, con quién o quiénes) o ser insolidario. Ninguna ley puede obligarte a dedicar tu tiempo o tu dinero a la lucha por la supervivencia de la foca ártica o la reproducción del caracol camboyano, por poner dos ejemplos. Elegir una causa u otra en la que volcar nuestro tiempo o nuestro dinero es algo voluntario que depende de nuestra formación, nuestros valores religiosos o éticos, nuestra personalidad, nuestro entorno.... Es algo elegido y elegible, particular por tanto. Sin embargo, por obra y gracia de los medios, ser solidario pasa a ser, de algo personal o particular, a un tema social con dimensiones diferentes. Lo que era una elección por tu parte ahora pasa a ser cuestión de "justicia": ser solidario ya no es una opción, es casi una obligación a cumplir nos guste o no, como pasa con la ley.

Esto se ve claramente si preguntamos a alguien qué es lo peor que puede ser una persona. Probablemente no responderá "asesino de ancianas, torturador de inocentes, violador de niños...". No. Es más probable que diga que lo peor de lo peor es ser intolerante, xenófobo, neonazi, racista, insolidario. Adjetivos que son del orden moral o simplemente conceptos intelectuales acaban convirtiéndose, por obra y gracia de la manipulación mediática, en delitos capitales; mientras que los auténticos delitos reales carecen de esa connotación.

El primer paso para destruir un valor e imponer su contravalor, es siempre la manipulación del lenguaje. Potenciar unos significados y denigrar otros. Así, convertimos en el mayor pecado de nuestros días la intolerancia, la xenofobia, el racismo, de manera que los peores delincuentes en el nuevo orden no serán los asesinos de ancianos, los violadores de niños, los torturadores de inocentes... Pero no, el peor y más grave delito es ser intolerante, xenófobo o racista, o lo que el Sistema entiende como tal. Porque ser racista, xenófobo o intolerante, es hoy en día cualquier idea, palabra u actitud contrarias a las leyes liberticidas de la corrección política y a los enunciados del pensamientos único de donde derivan aquellas. Por supuesto, la manipulación del lenguaje cuenta con la complicidad de los medios pesebreros, al servicio siempre de quién pague las subvenciones.

Una vez que la solidaridad deja de ser una cuestión personal y se convierte en social, hay que dar una vuelta de tuerca más. Porque claro, ser solidario sin más no interesa al Sistema. A nadie le importa que ayudes a focas o caracoles, o ya puestos, a otros españoles necesitados. No. Este nuevo paso manipulador consiste en convencernos de que para ser solidario entre los solidarios tenemos que acoger a "refugiados". Curiosamente, no se nos dice que esos refugiados vienen de países cercanos a otros prósperos, con medios para atenderlos y de cultura y religión similar, y que ir a esos países sería la opción lógica y natural. Parece que algo tan evidente lo ve cualquiera. Por eso es necesario nuevamente la complicidad de los medios. Pongo un ejemplo: sabemos que determinadas asociaciones ayudan con preferencia a españoles. En los medios, al hablar de ellas, siempre se les pone la coletilla de "neonazis", "extrema o ultraderecha", "fascistas"... . La consecuencia es que, como en un falso silogismo, la gente ignorante y sin capacidad crítica (es decir, la mayoría) acaba asimilando que ayudar a españoles es de neonazis o fascistas, y, como sobre esas palabras se ha asimilado una connotación negativa, nadie querrá ser tachado de neonazi o xenófobo, y por tanto, no querrán ayudar a españoles. A las focas las puedes ayudar, pero ¡no a españoles! Ese mensaje poco a poco va calando en el subconsciente colectivo: ayudar a extraños es solidario y progresista, en cambio ayudar a españoles es fascista y racista. Como tantas incoherencias que hemos ido desgranando en este texto, no deja de ser curioso que oenegés que sólo ayudan a extranjeros, y exclusivamente a extranjeros, jamás sean tachadas de racistas, cuando según ese criterio que ellas mismas aplican, lo serían. Pero el poder de los medios sobre la gente aborregada es casi infinito.

Por si alguien con neuronas aún razonara como lo hacemos aquí, los medios procuran cuidadosamente fomentar la visceralidad, el sentimentalismo, evitando escrupulosamente el aspecto racional de los hechos. Si la opinión pública empieza a preguntarse si realmente podemos acoger a tantos presuntos refugiados, los medios no tardan en mostrarnos alguna noticia convenientemente aderezada de sentimentalismo para revertir esa opinión. Los protagonistas de estas noticias suelen ser siempre niños: un niño ahogado en una playa, una niña rescatada en un bombardeo (se da el caso de que una agencia de noticias comprobó que se había usado a la misma niña en tres "bombardeos" diferentes en tres cuidades sirias distintas). La noticia es lo de menos, lo importante es una foto impactante que pueda incendiar las redes sociales, arrancando comentarios pasionales sobre la maldad occidental, acompañados de discursos lacrimógenos, golpes de pecho.... Si cualquiera investiga la veracidad del hecho o cuestiona que eso signifique tener que aceptar más inmigración, no se le da una respuesta racional, sino un simple y demoledor "¡No tienes corazón!" (como si eso fuera lo más grave) y finalmente el clásico "¡Eres un racista!". No hace falta más que poner la tele o leer cualquier periódico para ver cómo se manipula la sensibilidad hasta convertirla en sensiblería, y por tanto, en irracional. Porque con lo irracional no hay argumentos válidos. Por eso nuestra sociedad ha dejado de ser una sociedad racional. Una sociedad entregada a la emoción y al sentimiento por sistema y opuesta a la racionalidad es una sociedad acabada, destinada a todos los desórdenes, desequilibrios y conflictos.

Y ya lo hemos conseguido casi todo. Hemos conseguido una sociedad estúpida, sensiblera, incapaz de racionalizar los hechos. Una sociedad que acepta lo que dicen los medios sin cuestionarlos. Hemos conseguido que esa sociedad sensiblera reaccione visceralmente ante el dolor real o supuesto (mediáticamente aderezado) de los ajenos a ella, pero no ante el dolor de los que pertenecen a su propia sociedad. Hemos conseguido que ayudar a los ajenos sea "lo más", y que quien no lo haga, se convierta en un desecho social. Hemos conseguido que nadie se atreva a protestar. Hemos conseguido que la sociedad camine hacia su fin. Porque, en definitiva, cuando nos preocupamos más de los de fuera que de nosotros mismos, es que no nos sentimos pueblo, no nos sentimos sociedad, estamos disgregados, desunidos, atomizados. Si no nos importan los jubilados, los parados, los niños al borde de la pobreza o sumidos en la miseria, si no nos importan la cantidad de familias que pasan necesidad, los recortes continuos, los despidos, si no nos importan los nuestros, pero sí los que vienen de fuera, es que no somos sociedad, no somos pueblo, somos simplemente gente viviendo en un sitio, turistas en un hotel, nómadas sin destino, elementales organismos ambulantes sin verdadero contenido, sin auténtica alma, simples habitáculos vacíos, cajas de resonancia de los mantras y las consignas de los dueños del juego, los amos del discurso, marionetas y peleles de la voluntad de los que mandan de verdad.

Y eso es señal de que estamos enfermos, moribundos, acabados.
Sigue a Yolanda en Twitter: @yolandamorin

El catalán, caballo de batalla de las primarias
El PP balear se decanta por el catalanismo
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 28 Marzo 2017

El exconsejero y diputado autonómico Gabriel Company ha sido elegido presidente del PP de Baleares el pasado fin de semana con el 71,82% de los votos en el XV Congreso regional de Baleares. El otro candidato, José Ramón Bauzá, ha obtenido el 27,21% restante. Pero no ha sido sólo una disputa personal o de poder, también se ha producido un debate ideológico del que el regionalismo balear ha salido vencedor.

El catalán, caballo de batalla de las primarias
Ya durante la ponencia previa a las primarias se produjeron los primeros encontronazos entre las dos corrientes en liza. El principal de ellos, el idioma en el que estudiarán los niños baleares en la escuela. El expresidente Bauzà apostaba por garantizar la libertad de elección de lengua, un sistema que entraña importantes impedimentos legales en las Islas, al ser el catalán la lengua oficial de enseñanza en Baleares.

Gabriel Company, por contra, defiende abiertamente la inmersión en catalán. Al fin y al cabo, es la fórmula que aparece en el Estatuto de autonomía y el modelo que, según la coordinadora de la ponencia de Educación María Mercedes Celeste, "está basado en un consenso duradero y en la igualdad de oportunidades".
Aguirre lamenta que los dirigentes del nuevo PP de Baleares quieren catalanizar las islas

En este sentido, Esperanza Aguirre, se ha mostrado "muy triste" por el resultado del congreso porque, a su juicio, sus nuevos dirigentes "quieren catalanizar las islas: no quieren que se enseñe en español".
La ahora portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid ha asegurado que el PP de Baleares ha rechazado una enmienda "en la que se pedía que se cumpliese la Constitucion, es decir que los padres puedan elegir la lengua oficial en la que quieren que se eduquen sus hijos".

'Centralistas' versus 'regionalistas'
La campaña ha sido dura y con momentos de tensión, sobre todo en lo relativo a la cuestión identitaria. Bauzá, ha llegado a calificar al candidato Company, que contaba con el apoyo oficioso de Génova, de “catalanista y “soberanista”. Una acusación de la que Comapny ha tenido que salir al paso en numerosas ocasiones, aunque sin renunciar a un perfil regionalista: “Nosotros no somos catalanes, pero tampoco andaluces, madrileños o vascos”.

Una frase aplaudida por amplios sectores regionalistas, como el periodista del diario local ‘Última Hora’ Joan Riera, que celebraba el discurso de Company tanto como critica el presunto ‘centralismo’ de Bauzà: “En el fondo, el congreso del PP es un pulso entre los que creen en la autoafirmación y los que aspiran a ser malas fotocopias del paseo de Recoletos”. Así, Bauzá habría estado empeñado “en convertirse en caricaturas periféricas, incluso cómicas, de los madrileños más estirados, menospreciando su cultura, su lengua, su estilo de vida y su idiosincrasia”.

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Batasunización de Cataluña: la CUP y la dictadura del miedo
EDITORIAL Libertad Digital 28 Marzo 2017

En la mañana de este lunes un grupo de militantes de la rama juvenil de la CUP trató de asaltar la sede del Partido Popular de Cataluña en Barcelona. Varias decenas de ultras se concentraron a las puertas des dependencias populares y a continuación intentaron arrasarlas. Mientras perpetraban su asedio liberticida, los vándalos ultraizquierdistas lanzaban consignas a favor del ilegal referéndum separatista que pretenden celebrar en septiembre las fuerzas antisistema del Principado, sangrantemente encabezadas por el propio Gobierno regional.

Los ultras de la CUP han puesto en marcha la estrategia del miedo, con la que pretenden tomar las calles de Cataluña como lo hizo en el País Vasco el mundo de ETA, con el que tantas cosas comparten, empezando por el odio violento a España y una ideología criminógena. A principios de mes, la propia CUP evacuó un documento en el que avanzaba cómo iba a ser su estrategia totalitaria para imponer la República catalana.

En el documento, titulado 2017. Referèndum i República, se alude a la creación de los llamados Grups de Defensa Territorial, bandas criminales que impondrían su ley durante y después de que se perpetrara el referido referéndum ilegal.

Como ha empezado a comprobarse, no se trata de las bravatas de un hatajo de niñatos mimados por unos gobernantes regionales criminosamente responsables de lo que está sucediendo en Cataluña. Muy por el contrario, lo consignado en ese texto no viene sino a coincidir con los planes elaborados por la igualmente golpista Asamblea Nacional Catalana para la fase final del proceso separatista ya en curso.

Los despreciables matones de la CUP no han hecho más que adelantar el futuro, empezar a dar muestras de lo que sería la vida de los catalanes españoles en una Cataluña sojuzgada por esa chusma y sus corruptos aliados estupefacientemente tenidos por moderados.

A esta ofensiva literalmente violenta para hacer saltar por los aires el orden constitucional y la convivencia en Cataluña, el Gobierno sólo opone los ruegos patéticos de un Mariano Rajoy que denuncia que la legalidad está siendo sometida a asedio en el Principado como si él no fuera el principal responsable de que los golpistas hayan llegado ya a estos extremos.

La situación es extremadamente grave. El Gobierno no puede seguir consintiendo este asalto al Estado de Derecho. No puede ni debe callar, apaciguar a, dialogar con los enemigos de las libertades, sino hacer caer sobre ellos todo el peso de la ley.

El futuro de España se juega en Navarra
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 28 Marzo 2017

No sé si resulta sorprendente o admirable la persistencia a prueba de bombas de los proindependentistas vascos en su pertinaz empeño por hacerse con el control y dominio de Navarra para la unificación de su Euskal Herria deseada.

Un amigo me preguntaba una de estas semanas pasadas por qué escribo tanto sobre Navarra si yo no vivo allí. Mi respuesta fue clara: porque con Navarra nos jugamos el futuro de España, que es como hablar del futuro de nuestra casa. Es decir, la cuestión es, por ejemplo, si dejamos que se corrompan sus pilares y peligre la estabilidad de sus muros o , por el contrario, apuntalamos un edificio en ruinas y lo reconstruimos. Y, por tanto, sin España unida, es decir unificada en su diversidad, nada va a ser igual que hasta ahora, lo que es como afirmar que lo vamos a pasar muy mal.

Hace falta ser muy ingenuo o ignorante para desconocer los peligros que nos acechan. Europa en sí mismo es un polvorín. Si no solidificamos su unidad política y la cooperación volveremos a repetir la historia del siglo XX que fue el fruto de un siglo XIX regido por el romanticismo nacionalista, por la irracionalidad y la guerra entre países que comparten un territorio dividido desde las invasiones godas, unas fuentes comunes de civilización y una historia plagada de etapas gloriosas y también de enfrentamientos ridículos, siempre suscitados desde el reduccionismo, el disparate y la sinrazón. Y eso tiene un nombre, que se llama en España, al igual que en Europa, nacionalismo excluyente, carente de valores y de un mínimo humanismo que justifique sus objetivos desde una visión constructiva y positiva.

El Gobierno de Barcos, la presidente de una Comunidad Foral Navarra que va por la vía de ser fagocitada por las ansias provasquistas, está dando nuevos giros de la tuerca que asfixia a la mayoría de los navarros que quieren seguir disfrutando de sus fueros en España y no recorrer la ruta hacia la descomposición económica y la ruina social con la que se inauguró esta legislatura.

El euskera es la herramienta fundamental para esas políticas nacionalistas, al no haber otras razones de peso. Desde Federico Krutwig en su famosa obra “Vasconia”, el entramado que justificaría la nación vasca, con los territorios de los siete herrialdes, se basaría en el euskera, como lengua nacional. Por tanto, la idea de raza fue sustituida por la de la lengua, que junto a un constructo ideológico donde se mezcla lo sentimental y lo mitológico, serviría para producir la argamasa suficiente para edificar la idea nacional. Sin el euskera no sería posible lograr la cosmovisión nacionalista. Es por eso que es fundamental para este objetivo la euskaldunización, por las buenas o por las malas, de forma convincente o forzada.

Este sería el mapa de Euskal Herria según Krutwig:

En su libro “La cuestión vasca” se pergeñan los principales fundamentos que invocarían la acción subversiva y la insurrección que dio lugar a ETA-V Asamblea en cuya formación participó activamente como ideólogo, en sincronía con el Partido Comunista, y recogiendo el legado de Lenin que preconizaba la formación de grupos armados o taldes para lograr la “emancipación de los pueblos oprimidos”. Es bajo ese signo en el que insertan las políticas que se desarrollan para la formación de la Euskal Herria tan soñada y pretendida por el conglomerado nacionalista y los herederos del leninismo en busca de la fragmentación de naciones de evolución milenaria como es España.

En este contexto, el gobierno proindependentista navarro desarrolla una estrategia de amplio espectro para extender el euskera a todos los ámbitos de la vida política, social y cultural de Navarra, cuya finalidad es cambiar la idiosincrasia y el entramado cognitivo de la ciudadanía navarra. No ha culminado su proceso de implantación, con pretensiones de generalizarse al sistema educativo navarro, y ya se está poniendo en marcha la aplicación de los perfiles lingüísticos y la exigencia del euskera para acceder a los puestos de trabajo en la administración pública. Todo esto, precipitadamente, como si tuvieran prisa de dejar atado todo esto por si pierden el poder, cosa previsible. Están vaciando así de contenido la Ley del Vascuence que zonifica el territorio navarro según sea la implantación del euskera en los ámbitos sociales y culturales. Es decir, zona vascohablante, zona mixta y zona no vascohablante, a los efectos de las políticas lingüísticas tanto en el ámbito de la enseñanza como en el de las políticas culturales y de función pública. Por la vía de los hechos están superando esas barreras de respeto a la realidad social y cultural de cada zona para unificar en todo el territorio navarro las políticas lingüísticas, al igual que lo hicieron en su momento en Alava y otras zonas de Vizcaya de abolengo característicamente castellano-hablante.

Como bien decía Esparza, el portavoz de UPN en el Parlamento Navarro, se discrimina así al 87% de la población navarra a la que se le impide acceder en la práctica a los puestos de trabajo perfilados con exigencia del euskera. Y se prima al 13% restante que se coloca por la puerta falsa en dichas funciones, relegando a quienes tienen mayor cualificación profesional, más méritos y una solvencia superior para el desempeño de dichos trabajos de carácter público. Con ello se realiza solapadamente una malversación de fondos públicos, puesto que con un criterio recto y justo, el dinero recaudado para el servicio a los ciudadanos tiene como finalidad a éstos y la atención con la máxima eficacia a los mismos, y no las políticas partidistas o las pretensiones que van en otra dirección que no sea la del servicio público.

Ya lo vimos en Alava, y lo sufrimos, sobre todo aquellos que tuvieron que irse a otros lugares de España para no tener problemas ni complicaciones a la hora de poder trabajar desarrollando su vocación de servicio, bien lo fuera en la sanidad, en la educación, o en la administración. Y el resultado está a la vista. Hay generaciones de nuevos ciudadanos incorporados al voto y al ejercicio de la ciudadanía cuya cosmovisión antropológica nada tiene que ver con las realidades preexistentes a las políticas de adoctrinamiento y formación del espíritu nacional de los nuevos falangistas, en este caso de boina y tamboril.

Rajoy en Barcelona y el independentismo en desbandada
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 28 Marzo 2017

Cuando, primero, el TSJC, el 13 de marzo pasado, condenó a Mas y a dos de sus exconsejeras por desobediencia grave al Constitucional y, luego, el TS hizo lo mismo con Homs el 22 de marzo, nadie salió a las calles de Barcelona para protestar por las sanciones de inhabilitación impuestas por ambos tribunales. La reacción popular fue gélida e indiferente, y bien distinta al acompañamiento de ciudadanos abanderados que llevó casi en volandas al expresidente de la Generalitat a la sede judicial cuando en febrero dio comienzo el juicio oral.

Esa ausencia de reacción en la calle sugiere que las movilizaciones populares secesionistas las activan la ANC y Ómnium Cultural con no poco trabajo y abundantes medios, pero que permiten poner en duda la espontaneidad propia del carácter insurreccional —colectivamente desobediente a la ley y a los tribunales— de los sectores independentistas. Algo falla en el entusiasmo de esas masas multicolores y festivas de las Diadas y otras efemérides.

Los partidos de la secesión están imponiendo en Cataluña un sistema de gobierno bonapartista, es decir, autoritario, que les está restando reputación de manera continuada. La reforma del reglamento del Parlamento catalán, 'manu militari' (sin contar con la oposición), para aprobar, también 'manu militari' (es decir: sin debate, en lectura única), la denominada y clandestina —por desconocida— ley de transitoriedad que declararía la república catalana, ha sido un golpe serio a la credibilidad democrática del PDeCAT y de ERC (sobre la CUP no había dudas). Más aún cuando la precaria mayoría separatista en la Cámara aprueba un Presupuesto —con la ayuda medida de dos votos de los 10 de la CUP— tachado de ilegal tanto por el Consejo de Garantías Estatutarias como advertido como tal a la presidenta y la Mesa por los letrados del órgano legislativo. Ante la impotencia, autoritarismo. Una prueba no solo de falta de conciencia democrática, sino de auténtico despotismo.

Las autoridades de la Generalitat huyen, además, del debate y de las presencias que les son incómodas. El presidente Puigdemont no asistió a la conferencia convocada por Rajoy el pasado día 17 de enero. Tampoco acudirá al Senado porque, en vez de comparecer ante la Comisión General de las Comunidades Autónomas, lo que pretendía era pronunciar en el recinto de la Cámara Alta una conferencia, o, en otras palabras, deseaba, seguramente, que el propio Senado, con toda lógica, se negase a que su naturaleza se confundiese con un club de debate o con un ateneo.

Hoy, ni Puigdemont ni Junqueras estarán con el presidente del Gobierno en Barcelona, adonde acude para exponer planes de infraestructuras que son importantes para el desarrollo de Cataluña. Mañana, un dato para el contexto, Artur Mas comparece en el Parlamento catalán para explicar la financiación, presuntamente irregular, de la extinta CDC, suicidada con cicuta convergente para hacer de cortafuegos de las responsabilidades que no pocos de sus dirigentes contrajeron con comportamientos corruptos (ahí están el caso Palau, Pretoria y, muy pronto, el del 3%). El ruido de la corrupción es en Cataluña ensordecedor.

El Círculo de Economía de Barcelona acaba de advertir en un comunicado sobre los riesgos de la “vía unilateral” y reclama el cumplimiento de la ley: “Nada es democrático —dicen los empresarios catalanes— si se vulnera el principio fundamental del cumplimiento de la legalidad”. También denuncia que es peligroso que se convierta “en norma el hecho de poner en duda la actuación de la administración de la justicia”. Y atención a este párrafo: “Pese al cansancio acumulado, la creciente radicalización y la sensación de encontrarnos en un callejón sin salida, estamos convencidos de que pueden darse las condiciones para una negociación”.

Los gestores empresariales de Cataluña tienen razón. Como dejaba claro Carles Castro ayer en 'La Vanguardia' —citando la publicación 'Catalunya en proceso'—, la mayoría del secesionismo aceptaría una vía intermedia —tercera vía— porque solo una parte de los ciudadanos que apuestan por la separación se reconoce independentista 'esencial'. Hay muchos esencialistas, pero más aún 'independentistas estratégicos'. Y los que no lo son —los que militan en el autonomismo— también muy mayoritariamente desean mejorar el autogobierno catalán.

Esta tipología política transaccional en Cataluña favorece el llamamiento de los empresarios del Círculo y abona la tesis de la bondad de la negociación dentro de la Constitución y sin rupturas, ni afectación a la soberanía nacional ni a la unidad de España. Y favorece también a este planteamiento flexible la deriva bonapartista del secesionismo oficial al que la CUP acaba de amenazar con liquidar la legislatura si el referéndum no se convoca antes de otoño. En esas fechas, abandonarán el Parlamento catalán salvo que Puigdemont convoque y celebre la consulta.

Rajoy, el PP, el PSOE, el PSE y Ciudadanos disponen de las mejores condiciones de coyuntura para poner sobre la mesa —sin incoherencias, sin abdicaciones, sin ilegalidades— una proposición sugestiva y convincente a los muchos catalanes que están dispuestos a escucharla, decepcionados —incluso asustados— de la desbandada secesionista y de sus expresiones autoritarias.

La cuestión catalana —lo dicen también los empresarios del Círculo— es española, y el desentendimiento de ella —“que se cuezan en su propia salsa”— es una irresponsabilidad que terminaría igualando a la del directorio secesionista dependiente de los votos de la Candidatura de Unidad Popular, cuyos militantes quisieron ayer, nada menos, que okupar la sede del PP en Barcelona. Nadie en Cataluña llegó a pensar que todo un gran país como aquel fuese a depender de un grupo antisistema y ultraizquierdista. Es tarde para lamentarse, pero no para actuar tal y como recuerda el ecuánime comunicado del Círculo de Economía barcelonés. Rajoy sigue teniendo, al menos de momento, la palabra y los medios para hacerlo.

La violencia de la CUP deriva de la desobediencia de la Generalitat
EDITORIAL El Mundo 28 Marzo 2017

La democracia exige respetar todas las opiniones, pero en Cataluña hace ya mucho tiempo que se empezaron a cruzar líneas rojas. Ayer volvió a franquearse una más, tal vez la más grave en la medida que supone trasladar la tensión política a la algarada callejera y la violencia física. Alrededor de 40 miembros de la organización independentista y de ultraizquierda Arran asaltaron y ocuparon la sede del PP en Barcelona. Después empapelaron el local y lo llenaron de urnas de cartón. Su actitud de amendrentamiento no sólo refleja el clima de tensión en la que el independentismo ha instalado a Cataluña. Supone también un salto cualitativo extraordinariamente preocupante en el proceso soberanista, en la medida que introduce el señalamiento y la coacción física a quienes osan no seguir las directrices de los secesionistas.

La gravedad de la salvaje conducta de los cachorros de la CUP es aún mayor teniendo en cuenta dos factores. Primero, que los sucesos ocurrieron en la sede central de los populares y al día siguiente de que el PP clausurara su congreso regional en Cataluña. Y, segundo, que contaron con la participación de Anna Gabriel, actual portavoz de la CUP en el Parlamento catalán; y David Fernández, ex diputado de esta formación y uno de sus rostros más conocidos. La acción violenta de los jóvenes cupaires, por tanto, no puede considerarse un hecho aislado, sino un acto perfectamente diseñado para señalar a los supuestos enemigos del pueblo catalán, y para intentar acallar su voz. Este grado de hostilidad no es nuevo -en este periódico hemos informado durante los últimos meses de las pintadas amenazantes en sedes del PP, PSC y C's-, pero sí lo es que encuentre el respaldo de cargos políticos como Gabriel o Fernández. Este tipo de acciones, además de su carácter ilegal, rebasan por completo los límites de la protesta en una sociedad democrática y no consiguen más que aumentar la escalada de enfrentamiento. El presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, tachó ayer de "fascistas" a los agresores. "Representan lo peor y lo más rechazable de la sociedad catalana", añadió.

Ciertamente, el escrache de la rama juvenil de la CUP resulta despreciable y condenable. Pero sería un error entenderlo como el impulso de unos sujetos descontrolados. Es, en realidad, la consecuencia de la actitud desafiante de Junts pel Sí. Tanto la voluntad de ruptura como la estrategia de desobediencia de la Generalitat actúan de caldo de cultivo para que las facciones más extremistas de la sociedad catalana campen a sus anchas.

Aunque todos los partidos en Cataluña se solidarizaron ayer con el PP, lo cierto es que tanto Carles Puigdemont como Oriol Junqueras son los últimos responsables de lo que ayer ocurrió en la sede barcelonesa de los populares. Porque en el momento en que un Gobierno democrático se instala fuera de la ley, implícitamente, da vía a libre a la radicalidad callejera. Y fueron precisamente la extinta Convergència y ERC, tras el veto de la CUP a Artur Mas, los que decidieron formar gobierno apoyándose en los diputados de una formación que se declara antisistema y anticapitalista, y que propugna la salida del euro y de la OTAN. La dependencia de la CUP, además del intento de desviar la atención sobre la mugre de corrupción que socava al partido que fundó Pujol, explica por qué el Govern mantiene la amenaza del referéndum para este año y la aceleración imprimida del llamado proceso soberanista.

El Gobierno catalán no va a cumplir la hoja de ruta presentada en el arranque de la legislatura -el objetivo inicial era declarar la independencia en 18 meses-, pero sí ha redoblado la presión tramitando dos de las leyes de desconexión: la Hacienda y una Seguridad Social propias. La tercera de estas normas es la de transitoriedad jurídica, de la que dependen la consulta y la separación definitiva entre Cataluña y el resto del Estado. Y Junts pel Sí y la CUP, que disponen de mayoría en la Mesa del Parlament, no tuvieron empacho en modificar el reglamento para forzar que se aborde la ley de desconexión sin apenas debate y sin someterse al control de la oposición, al estilo de una república bananera.

En este contexto de ruptura, ilegalidad y enfrentamiento hay que insertar el asalto de ayer de la CUP. Lo último que le faltaba al desafío independentista, que ya de por sí plantea un reto de envergadura para el Estado, es traspasar el umbral de la violencia. En manos de la Generalitat está retomar los cauces del diálogo y de la normalidad democrática.

La náusea postETA
Alfonso Merlos Okdiario 28 Marzo 2017

Al terrorismo o se le combate o se le sufre. Hay una tercera opción: se puede ser colaborador, cooperador o cómplice de los pistoleros más repugnantes. Pero, incluso en el caso de ETA, quienes de forma tan miserable se han comportado han terminado rindiendo cuentas ante la justicia, aun no habiendo apretado el gatillo. Existe todavía una fórmula más, en las antípodas del rechazo a esta banda, que se antoja igualmente nauseabunda aunque de su ejercicio no deriven responsabilidades penales. Es a la que acuden numerosos dirigentes de Podemos y sus confluencias cuando ‘entienden’ la violencia política, cuando tratan de explicarla y se asoman al borde del precipicio ético de su justificación, cuando incomprensiblemente con la cabeza alta comparecen en actos públicos junto a etarras, filoetarras o, peor aún, ejercen de hospitalarios anfitriones de estas alimañas descapuchadas.

El episodio desvelado por OKDIARIO de toda una alcaldesa de Barcelona negando a la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas el uso de unas instalaciones municipales para rendir homenaje a los asesinados en el atentado de Hipercor es un monumento a su miseria moral y la retrata en su enanismo político y su menguante talla humana, ésta última —en clamorosa paradoja— de la que con tanta frecuencia ha alardeado en la defensa de ‘causas nobles’. ¿No lo es acaso la de atender las necesidades y las demandas, las reivindicaciones que salen de las entrañas, el sufrimiento y el dolor de quienes han sido durante décadas acosados, amenazados, chantajeados, extorsionados, mutilados o muertos? ¿Puede haber alguna causa más alta que la que encarnan los familiares de quienes han dado su vida por España, por la democracia y por la libertad de todos, incluida la de la otrora superwoman de la lucha antideshaucios?

No nos engañemos. El deplorable episodio del diputado podemita Eduardo Santos Itoiz explicando nada menos que en las Cortes Generales que a su partido le da “pánico moral” tener que elegir entre “estar con los terroristas o con las víctimas” ni por supuesto es un desliz o un patinazo o un lapsus, ni —lo que es más grave— puede ser encapsulado y aislado, reducido a desafortunada anécdota. Al contrario: es el vivo ejemplo que define a una camada de políticos que con el final de ETA se sienten cómodos cediendo centros culturales para que siniestros personajes como Otegi difundan sus abyectas soflamas, mientras a quienes este sujeto ha humillado les niegan el pan y la sal articulando toda suerte de pueriles excusas o propalando denigrantes e increíbles argumentos.

¡Qué razón tiene la AVT! Ahora que el puñado de asesinos que sigue campando por sus respetos parece dispuesto a montar un circo para entregar un puñado de pistolas oxidadas y unos cuantos paquetes de pólvora mojada es de vital importancia defender “el verdadero relato” de lo que ha pasado. Los partidos que han estado hombro con hombro luchando sin reservas, sin tregua y sin complejos contra estas sabandijas lo tienen fácil. Más ardua es la tarea de quienes, enfundados en camisetas moradas o en círculos antisistema no creen en la propia esencia de ese relato verdadero, que es simple y rotunda: quienes llevan manchadas las manos de sangre de la destrucción humana y material que han generado sólo merecen nuestra distancia y nuestro desprecio; quienes han caído a manos de estos verdugos, nuestra compasión y nuestra admiración.

¿Ilegalizar la CUP?
Pablo Planas Libertad Digital 28 Marzo 2017

Según las cábalas de Mas, Puigdemont, Nostradamus y Anna Gabriel, este lunes vencía el plazo de dieciocho meses para la proclamación de la república catalana. Los trabajos, como en las grandes obras de infraestructuras, van con retraso, de modo que el frente separatista se ha conformado con una performance de la Kristallnacht, pero a plena luz del día, en la sede del PP en Barcelona. Con las penúltimas modificaciones de la hoja de ruta, en el calendario de la CUP el 27 de marzo ha mutado de día después a primer día de la cuenta atrás de la fase unilateral preconstituyente. Y había que celebrarlo, qué coño. Según se mire, medio centenar de cachorros de la CUP al asalto de la sede de un partido es una chorrada en comparación con la proclamación de una república y la disolución de España. Sin duda.

Un grupo de chavales con unas camisetas violetas y el lema impreso "La organización es la llave de la victoria" lo mismo puede parecer una despedida de soltero que una concentración de comerciales de compropisoalcontado, pero eso supone confundir una serpiente con un gusano. Los Mozos de Escuadra impidieron la consumación del asalto tras un prudente retraso que permitió a las juventudes de la CUP encararse con el personal laboral del partido, proferir toda clase de amenazas, pintarrajear la fachada e improvisar un mitin para las cámaras. ¿Un lunes cualquiera del cívico, pacífico y festivo proceso? Sí, pero no.

Cuela que Romeva llame "falangistas" a todos y cada uno de los ciudadanos que fueron a la última manifestación contra el golpe de Estado en Cataluña y que el personal del PP, como el de Ciudadanos, esté acostumbrado a los escraches y el estigma social, pero no es precisamente normal que una formación parlamentaria recurra al matonismo callejero contra otra formación de la que sólo le separa metro y medio en el Parlament. Anna Gabriel, que junto a David Fernández, el amigo catalán de Otegui, dirigía el operativo, se sienta a la misma altura que García Albiol en el hemiciclo. A dos palmos de distancia, tan cerca que casi no necesitarían levantarse para darse la mano antes o después del momento sobaco, que seguro que Albiol también tiene sus cosas.

No hace falta llegar al contacto físico para tolerarse, entre otras razones porque el contacto físico puede ser escupir en la cara de una persona, romperle el tímpano con un insulto y propinarle uno de esos empujones tan molestos de todo forcejeo entre víctima y agresor. Y eso es lo que pasó ante la mirada de hierro de David Fernández, el que agarró del cuello a un segurata de una tienda de Telefónica, y Anna Gabriel, que nos cayó muy bien a algunos cuando se cepilló a Mas sin tocarle un pelo, pero que tampoco hace prisioneros entre los españolazos. A la vista está que no le hubiera importado un pijo que sus fans se colaran hasta donde García Albiol celebraba su primera reunión como flamante presidente del PP catalán y se liara la de las camisas pardas.

No parece muy plausible suponer que Anna Gabriel estuviera allí para proteger al colega diputado de las iras de sus patrióticas juventudes. Más bien se trataba de vigilar que los mozos (policías) no se pasaran ni un pelo en el operativo. ¿Que recuerda al totalitarismo...? Pues sí, qué le vamos a hacer. Tiene toda la pinta. Algún abogado del Estado se podría poner tiquismiquis y pretender la ilegalización de la CUP, más que nada por la alevosa actitud de la diputada autonómica, que dispone de las suficientes herramientas legales para llevar a cabo su pogromo sin incurrir en la violencia. Ah, ¿que no es violencia? Pues que se lo hagan a usted, señora. Que se plante en su sede una manada juvenil para llenarle la cara de bata con el aviso de que van a acabar con usted y todo lo que se supone que usted representa. Después nos lo cuenta.

El PP anuncia querella. Qué menos, pero la contención es la norma. Los nuevos convergentes están en contra de la violencia venga de donde venga y ERC apela al pragmatismo: chicos (y chicas primero), sed prácticos, el mal rollo no es buen karma para la causa. Como la CUP quiere provocar la aplicación del artículo 155 de la Constitución, Moncloa descarta la opción. Se decanta por engordar a la mafia del 3% con más inversiones en infraestructuras, terreno abonado al cultivo intensivo del intermediario.

En el PP, los halcones, sector ínfimo contrario a los palomos, blanden el pasado y recuerdan que cuando se ilegalizó Batasuna iba a arder Troya y no pasó nada. O sí, porque el PNV, la convergencia vasca, se codea hoy con el PP de Rajoy para enjuagar los presupuestos y tierra a los muertos.

Jergas
La lengua de madera del nacionalismo vasco se apodera de los telediarios
Jon Juaristi ABC 28 Marzo 2017

Horas después del atentado de Westminster, el presentador del noticiario vespertino de la Cuatro anunciaba que aquél había producido «cuatro víctimas mortales, incluido el agresor». La reacción no se hizo esperar, y un busto parlante de la primera cadena de TVE traducía el enunciado, un día después, como «cuatro muertos, incluido el agresor». Ya no había víctimas.

Una información veraz exigiría menos economía lingüística y más precisión. Algo así como: «El atentado se cobró tres víctimas mortales. El autor del mismo fue muerto por la policía». Recuerdo que hace treinta o cuarenta años, algunos periódicos del País Vasco utilizaban este tipo de clasificaciones: por un lado la víctima (o las víctimas); por otro, el agresor o agresores, a los que, en ciertas ocasiones, se llegaba incluso a calificar de terroristas.

Eran otros tiempos. La jerga del nacionalismo vasco triunfante no admite ya la distinción entre víctimas y terroristas. O todos víctimas, incluyendo los terroristas, o un intercambio de papeles: los guardias civiles terroristas, y los terroristas, víctimas del terrorismo de Estado. Es verdad que al nacionalismo vasco gobernante (que es sólo una parte del nacionalismo vasco triunfante) la segunda solución no le acaba de gustar. La primera, la nivelación de víctimas y terroristas suprimiendo esta última categoría, le parece menos incómoda con vistas a un piadoso olvido. Por eso es la que se promueve desde las tertulias de la Telebista.

La Euskal Telebista, o sea, la televisión autonómica vasca, tiene dos cadenas: una emite en vasco y otra en la lengua del opresor, que desgraciadamente es la de la práctica totalidad de los vascos de España. Tal circunstancia explica que la cadena en vascuence tenga una birria de audiencia, pese a su esforzada difusión de cocina vernácula, coros y danzas y hasta misa en vascuence los domingos y fiestas de guardar. La cadena en español es mucho más seguida y constituye el instrumento principal para la restauración de la convivencia pacífica en Euskadi, o sea, para la reconciliación nacionalista de los vascos en su condición universal de víctimas.

Por eso la Telebista en español se ha convertido en el modelo informativo de las televisiones españolas, privadas y públicas. La abolición de la diferencia entre víctimas y terroristas viene muy bien para moverse en un mundo donde prácticamente todo el mundo reclama la condición de víctima, sobre todo los criminales, que se consideran oprimidos, humillados o abandonados por el entorno, o miembros de una minoría oprimida, humillada o abandonada por el entorno. Hoy, la mención de tales minorías debe suprimirse cuidadosamente de toda información concerniente a atentados protagonizados por sus miembros (o miembras).

Esto no pasaba en la Antigüedad, hace treinta años. Se podía decir, por ejemplo, que los etarras eran nacionalistas vascos. Es más, se podía incluso sostener que ETA favorecía al nacionalismo vasco en su conjunto, aunque muchos nacionalistas vascos desaprobasen los atentados de la banda y ésta matase muy de vez en cuando a algún nacionalista vasco. Lo favorecía porque inhibía las críticas públicas al nacionalismo vasco, toda vez que actuaba casi siempre contra quienes no querían plegarse a dicho nacionalismo.

¿A quiénes favorecen los atentados como el de Westminster? A nadie, dirán los ingenuos: estos atentados perjudican a todos, y en primer lugar a los que sus autores pretenden defender. Bueno, las mismas tonterías se decían de los atentados de ETA. No son vascos, afirmaban de ellos los españoles en general. No son nacionalistas vascos, proclamaban muchos nacionalistas vascos. Y vaya si lo eran, como se ha comprobado.

El deseado PNV
Cayetano González Libertad Digital 28 Marzo 2017

El PNV ha celebrado este domingo un acto conmemorativo de los 40 años transcurridos desde la Asamblea Nacional que llevó a cabo en Pamplona en 1977, en los inicios de la transición política, y que le sirvió para marcar el rumbo político que siguió a partir de aquel momento. Esta conmemoración ha llegado en un momento en que el PNV vuelve a ser objeto de deseo, en este caso por parte del Gobierno del PP, como antes lo fue de los Gobiernos del PSOE o del de Aznar en 1996.

La historia del PNV en estos casi cuarenta años es la historia de un partido que ha tenido un poder omnímodo en el País Vasco: ha liderado en solitario o en coalición el Gobierno autonómico durante treinta y cuatro años; ha presidido siempre la Diputación Foral de Vizcaya y en muchos periodos de tiempo las de Guipúzcoa y Álava; ha gobernado también en los más importantes ayuntamientos vascos. Pero ese poder del PNV se ha extendido más allá de las instituciones políticas y ha llegado a las culturales, empresariales, sociales, incluso a los clubes de fútbol, como es el caso del Athletic de Bilbao, donde en algunas ocasiones ha hecho campaña por algunos de los candidatos a la presidencia.

En Madrid, el PNV se ha hecho en muchas ocasiones necesario para los diferentes Gobiernos del Estado, por seguir la jerga nacionalista. En la actualidad está siendo cortejado por Rajoy para conseguir su apoyo a los Presupuestos. Y en ese tipo de situaciones los del PNV, hay que reconocerlo, son unos maestros y suelen sacar las entretelas a sus interlocutores.

El problema es cuando se analiza en qué consisten esas entretelas. Por supuesto que siempre hay cuestiones económicas, con inversiones de por medio, aunque la ventaja en este campo respecto a Cataluña es abismal, debido al enorme potencial financiero que supone para el Gobierno vasco disponer del concierto económico. Otra entretelala constituye el que el PNV quiere desempeñar un papel relevante en lo que es el final operativo, que no político, de ETA, y la baza de los presos de la banda, su acercamiento al País Vasco, está ya de hecho en la mesa de negociaciones con Rajoy.

Aparte de estas cuestiones, en ningún caso menores, convendría recordar que el PNV, fiel a su ideario fundacional, es un partido independentista, y, que se sepa, no ha renunciado a ello. En el acto de este domingo, su presidente, Andoni Ortuzar, lo expresaba de forma nítida: "Queremos un Estado vasco, queremos ser libres, tan libres como los demás y dispuestos a compartir nuestra soberanía con otros"; y añadía: "Euskadi es una nación que quiere ser reconocida y respetada".

También convendría recordar que el PNV ha sido un partido profundamente desleal con la democracia española. En la Transición, el Gobierno de la UCD le dio prácticamente todo el poder en el País Vasco a cambio de que colaborara en la lucha contra ETA y respetara el marco institucional, definido por la Constitución y por el Estatuto de Guernica. Pues ni una cosa ni otra: el PNV ha ayudado más bien poco en la lucha que desde el Estado de Derecho se ha llevado contra ETA; hizo un intento fallido – el plan Ibarretxe- de saltarse la Constitución para llevar adelante el derecho de autodeterminación y ahora plantea una relación bilateral con el Estado, al considerar que el estatuto de autonomía es algo ya insuficiente.

Si el PNV sigue siendo decisivo para los Gobiernos de Madrid, otra consecuencia política inevitable será que los partidos constitucionalistas, PP y PSE, quedarán reducidos a ser meras comparsas, de hecho ya lo son, en el País Vasco, porque en la práctica han renunciado a dar la batalla ideológica y política contra el nacionalismo. ¿Qué piensa Rajoy de todo esto? Me temo que priorizará el apoyo a los Presupuestos ante cualquier otra consideración. ¿Y qué piensan los candidatos a dirigir el PSOE? Mejor no preguntar.

La fábrica de soplones
Ramón De España cronicaglobal 28 Marzo 2017

Gracias a la súper subvencionada Plataforma per la Llengua, cualquier patriota de piedra picada puede contribuir a generar mal rollo en Cataluña; para ello, le basta con descargarse la aplicación CatalApp, que en teoría es para valorar el uso del catalán en los comercios, pero en la práctica es una ventanilla para denunciar a los que se resisten a hablar catalán en su propia tienda. Teresa Giménez Barbat ya ha llevado el temita a Europa y está a la espera de un comunicado oficial al respecto, pues la cosa le suena a caza de brujas y fomento de la delación.

La tecnología es lo que tiene. A unos se les ocurren apps para pedir comida a domicilio o bajarse canciones, y otros prefieren desarrollar un arma para soplones patrióticos financiada con el dinero de todos. Y encima, ni una palabra de homenaje al pionero de la delación, Santiago Espot, acusica oficial de la Cataluña pre-tecnológica, al que muchos nos imaginábamos deambulando por Barcelona con un boli y un cuaderno, apuntando las tiendas a las que pensaba denunciar por no rotular en catalán o algo igualmente grave. ¿Tanto les habría costado bautizar la aplicación como SantiApp o CatEspot? Yo creo que el hombre se lo merece, pues lleva muchos años envenenando el ambiente sin recibir gran cosa a cambio. No sé cómo lleva lo de la multa por repartir pitos en los campos de fútbol, pero no registro una gran solidaridad hacia él y sus cuitas. A diferencia del Astut o de su fiel Quico, a Espot no lo acompaña al juzgado ni su padre, y alguna vez que se ha apuntado la posibilidad de un crowdfunding para ayudarle a pagar el contundente multazo, solo se han oído silbidos y se ha visto a gente --no mucha-- mirando hacia otro lado.

¿Tanto les habría costado bautizar la aplicación como SantiApp o CatEspot? Yo creo que el hombre se lo merece, pues lleva muchos años envenenando el ambiente sin recibir gran cosa a cambio

Espot contradice la teoría nacionalista de que todo vale para el convento. Al pobre no me lo tienen en cuenta ni los suyos, que parecen considerarlo un botarate dedicado a repartir silbatos, un bufón del prusés aún más siniestro que Toni Albá, que ya es decir. Para el buen Santiago, ni cargos, ni crowdfunding ni paseíllos gloriosos al juzgado. Ni tan siquiera el reconocimiento como el pionero de CatalApp, como el visionario que inició en Cataluña la delación patriótica, como el primer soplón de la nación oprimida y opresora a la vez. Todo ese amor a la patria tan poco correspondido me resulta descorazonador, francamente.

La gilipolítica
OKDIARIO 28 Marzo 2017

Podemos utiliza la gilipolítica como recurrente cortina de humo. El mismo día que Pablo Iglesias vuelve a defender a sus amigos proetarras y pide que se elimine el delito de enaltecimiento del terrorismo del Código Penal, sus compañeros de partido en el Senado exigen que se prohíba consumir Coca-Cola en la Cámara Alta. La política hecha circo. El circo hecho hábito. El hábito como forma de camuflar la realidad: Podemos es incapaz de desprenderse de sus espurias afinidades, ya sean políticas, económicas o mediáticas. De la misma manera que defienden a los violentos del País Vasco, justifican la dictadura venezolana de Nicolás Maduro y callan sobre el régimen teocrático de Irán. Ideas, dinero y medios para seguir perseverando en la vacuidad de ese populismo que intoxica nuestras instituciones públicas. Flaco favor le hacen a los trabajadores de la marca de refrescos con este tipo de iniciativas pueriles, fuera de momento y de lugar.

En estos días claves, cuando se negocia el futuro de los Presupuestos Generales del Estado y la crisis de la estiba que tanto dinero cuesta a todos los españoles, los senadores de Podemos no tienen nada mejor que hacer que tratar de imponer a sus compañeros qué beber. El show por el show es inherente a Podemos, que siempre escoge un momento señalado para hacer uso de él. En enero de 2016, con el inicio de la XI Legislatura, Carolina Bescansa incluso llegó a utilizar a su propio hijo para acaparar la atención mediática durante esa primera sesión. El más absurdo todavía llegó dos meses más tarde cuando, con motivo del Día Internacional de la Mujer, propusieron cambiar el nombre del Congreso para que dejara de apellidarse “de los Diputados”, ya que lo consideraban un acto de machismo. Disparate tras disparate —también lingüístico— con el que dejan bien a las claras que ni regeneración ni nueva política. Sólo un populismo que, de tan rancio, parece de hace 100 años.

Santiago, en verdad te digo que este país de ingratos no te merece.
'SÓLO OFRECE PASIVIDAD, DENUNCIAN DESDE VOX'
Abascal: 'Rajoy no ofrece respuestas a los grandes problemas de España'
La Gaceta 28 Marzo 2017

Santiago Abascal, presidente de VOX, y Rocío Monasterio, presidenta de VOX Madrid, han participado este lunes en la conferencia España en positivo, una Nación con futuro en el Club de LNE. Ante una sala abarrotada, los dirigentes de VOX han explicado el proyecto del partido para las próximas elecciones europeas de 2019, unas elecciones que deben marcar un debate en España sobre qué Europa queremos: “si la de los burócratas e instituciones supranacionales o la de las naciones libres”, ha señalado Santiago Abascal.

'Debemos defender la soberanía del pueblo español en Europa'
Rocío Monasterio ha comenzado la conferencia, presentada por Rodolfo Espina, presidente de VOX Asturias, afirmando: “Soy optimista con el futuro de España a pesar de los políticos que tenemos en el Congreso de los Diputados”. Ha añadido que “los partidos están alejados de la España real, no defienden los intereses del español que madruga todos los días para ir a trabajar”.

“Soy optimista con España porque sé que más temprano que tarde los españoles van a empezar a pensar lo que los políticos les dicen que no pueden: que los políticos ya no defienden los intereses de la clase media, que el impuesto de sucesiones es un atraco, que hay que recortar en el gasto político y eliminar miles de cargos públicos y que debemos defender la soberanía del pueblo español en Europa”. Ha concluido afirmando que “desde VOX estamos dispuestos a dar la cara por nuestras ideas. Vamos a pelear contra viento y marea porque tenemos la obligación de comprometernos con la sociedad, de mejorar España”.

'Rajoy no ofrece ninguna respuesta a los grandes problemas de España'
Santiago Abascal ha comenzado su intervención condenado el ataque que han sufrido los compañeros de Granada en su sede, con pintadas antisemitas: “No nos van a parar ni la violencia de los batasunos podemitas ni la de los batasunos pardos nacionalsocialistas”.

El presidente de VOX ha continuado señalando que “Mariano Rajoy no ofrece ninguna respuesta a los grandes problemas de España, solo pasividad. En estos momentos no ofrece una solución a la crisis estructural económica, ni a la crisis institucional, ni a la crisis del separatismo”.

'Los ciudadanos no están haciendo caso a lo que se les dice desde las élites'
Abascal ha dedicado buena parte de su intervención a analizar la actualidad política internacional: “A nivel internacional estamos en un momento muy interesante, todo lo imposible pasa. Resulta que los ciudadanos no están haciendo caso a lo que se les dice desde las élites. En EEUU las oligarquías han insultado a la gente, les decían que no podían votar a Trump y la gente que se sentía representada con lo que él decía votó a Trump”. “Los estigmas han terminado en Estados Unidos, están terminado en Europa y pronto acabarán en España”, ha reiterado.

El presidente de VOX, al ser preguntado por el espacio electoral de la formación, ha señalado que en “VOX nos dirigimos a todos los españoles, no hacemos distinciones entre los votantes de cualquier signo político", y ha criticado duramente los elevados impuestos que se hacen pagar a los asturianos, en especial los de sucesiones: “Vivimos en una dictadura fiscal. En Asturias la sufrís en especial con el injusto impuesto de sucesiones”.


 


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