AGLI Recortes de Prensa    Martes 4 Abril 2017

UN NUEVO Y DESCOMUNAL ABUSO PARA DAR “LA PUNTILLA” A ESPAÑA
Antonio García Fuentes Periodista Digital 2 Abril 2017

Suelo ceder mi espacio a seres inteligentes, luchadores y verdaderamente LIBERALES, que sin miedo alguno (cosa muy abundante en España y mucho más en estos tiempos de decadencia en la que el canguelo reina por doquier) alzan la voz, escriben y difunden la verdad para conocimiento de todos y gracias a que también existen medios LIBERALES que ofrecen sus soportes para que esa verdad se abra camino, en una España donde la mentira, el abuso, la corrupción, el engaño y la impunidad siempre reinaron y hoy más que nunca: vean, lean y difundan este contenido a ver si de verdad llegamos a un sistema digno de gobierno y donde el ser y sentirse español, sea verdaderamente un orgullo:

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El PP se cisca en el futuro de nuestros hijos.
El PP, ese gran fraude a todos los españoles, vuelve a jugárnosla.

En lugar de echar a todo el personal interino, contratado, sustituto, eventual, de confianza, etc., para así aligerar notablemente el gasto público (y porque son los únicos a los que se puede echar, dicho sea de paso), promete hacerles fijos, es decir funcionarios de carrera, o contratados laborales fijos. Con dos cojones.

¡Qué más da que andemos más cerca que lejos de los cuatro millones de empleados públicos, cuando hace más de cuarenta años, en 1975, no llegábamos ni al millón y medio! El papel lo aguanta todo…, y por lo que se ve, España y los españoles, también.

Basta con darse una vuelta por cualquier empresa privada, bancos, aseguradoras, etc., para darse uno cuenta de la gran cantidad de mesas vacías, y de la notable reducción de empleo que se ha realizado en todas partes, precisamente para reducir costes…, mientras que en el sector público es todo lo contrario: cada día hay más empleados (y digo empleados, para no ofender a los auténticos trabajadores), pasando la mañana, gastando calefacción, aire acondicionado, teléfono, y dando de comer a las cafeterías próximas al “trabajo”, que eso al menos es de agradecer.

Y ahora a RAJOY Y MONTORO, CHAPUZAS A DOMICILIO, no se les ha ocurrido otra brillante idea que hacer fijos a los 300.000 interinos que parece ser existen en España, “transformándoles” en fijos, supongo que a través de unos concursos-oposición, debidamente amañados, para que la práctica totalidad se quede en los puestos que ocupan, interina o temporalmente.

Excuso decirles que una buena parte de ellos son enchufados, es decir personas que deben su puesto a amistades, relaciones políticas, etc., y que por tanto lo único que se pretende es dejarles el futuro asegurado, ante el previsible cambio de gobierno en las próximas elecciones, pues este gobierno no creo que pueda aguantar toda la legislatura…

¿Y qué pasa con los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, en el acceso a los empleos públicos, tal y como predica la Constitución vigente…? Pues les importa una higa, y digo una higa por no decir una mierda. Que también.

Muy claramente lo han dicho los voceros gubernamentales, y lo han repetido hasta la saciedad los tertulianos a sueldo del PP: “se trata de hacer fijos a los interinos”.
Es decir, no se piensa en convocar unas oposiciones libres, a las que puedan concurrir nuestros hijos, por ejemplo, sino de transformar a los actuales empleados interinos y temporales en fijos, a través de algún procedimiento especialmente maquinado para la ocasión, supongo que un gigantesco concurso-oposición, en donde se valoren fundamentalmente los servicios prestados, con lo cual los opositores libres no tienen nada que hacer.

¿Hasta cuándo, Rajoy, vas a seguir agotando nuestra paciencia…?
Ramiro GRAU MORANCHO,
https://www.ellibrepensador.com/2017/04/01/pp-se-cisca-futuro-hijos/

Ramiro Grau Moracho es:
Abogado, Graduado Social (Premio Extraordinario) y Licenciado en Ciencias del Trabajo. Ha sido Juez, Fiscal y Secretario Judicial Sustituto durante una década. De 1989 a 1997 fue Profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad de Zaragoza. Actualmente es Profesor de Derecho Civil, Penal y Laboral en Universidades privadas de Madrid y Barcelona. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Ha publicado veinte libros y un millar de artículos en prensa y revistas especializadas e impartido un centenar de conferencias en universidades españolas y extranjeras, centros de formación, colegios profesionales y asociaciones.

Dastis y Romeva, 'cumbre' obligada
Pablo Planas Libertad Digital 4 Abril 2017

Como su predecesor Margallo, el ministro de Exteriores parece incapaz de no meter la pata.

Por razones que escapan del cabal discernimiento de los asuntos de Estado, el Ministerio de Exteriores juega un papel crucial en el caso del separatismo catalán. Pasaba con el incontinente José Manuel García-Margallo y ocurre con Alfonso Dastis, quien en teoría se parecía a su antecesor lo que un huevo a una castaña, pero sigue el procedimiento de rescatar a los nacionalistas cuando estos parecen dispuestos a disolverse en ácido fórmico en un supremo y radical derecho a decidir sobre su propia inconsistencia.

Al parecer, no hay manera de que un titular de Exteriores designado por Rajoy se ocupe de las cosas propias del servicio diplomático. Margallo, por ejemplo, sostiene que gracias a sus sacrificios personales decenas de Gobiernos mundiales le dieron la espalda al proceso. Enorme personaje, más grande incluso que el viejo reino de su digna representación durante un lustro. Así es que, según el exministro, España no pinta nada en el concierto de las naciones y fue él por su cara bonita quien logró que en las cancillerías de relieve hicieran oídos sordos cuando Mas llamaba a sus puertas.

Por no ser menos, Dastis hurga en el fenómeno margalliano y pondera las posibilidades de que Escocia se libere del Reino Unido y permanezca en la Unión Europea, que es el tipo de cosas sobre las que es mejor no teorizar cuando no se tiene ni p... idea de lo que se habla. Y menos cuando la premier May acaba de dejar fuera de su carta de divorcio con la Unión Europea el estatus del Peñón de Gibraltar. Tamaño fallo ha sido enmendado por el astuto Dastis al aventar el independentismo escocés en pleno Brexit, cosa que sólo se explica por las tradicionales buenas relaciones de la diplomacia nacional con Johnny Walker, los señores Justerini & Brooks y el clan Ballantine's.

Así es que donde el Reino Unido tenía un marrón espectacular con el Peñón por su mala cabeza, ahora amenaza con llevar el proceso separatista a la ONU, más que nada para tapar la boca a Dastis y provocar un conflicto con el sparring preferido, la España del sol, el sexo y el balconing. Con lo fácil que era contemplar sin más el espectáculo de la estulticia gubernativa del Reino Unido en relación a Gibraltar. En cambio, a Dastis se le fue la gaita y una palada más de tierra sobre los catalanes no nacionalistas, los "falangistas" de Sociedad Civil Catalana y la charnegada a la que le tira España.

Gracias, ministro. ¿Para cuándo una cumbre con el minister Romeva? Qué menos. Para tirarse piedras contra su propio tejado los nacionalistas tienen a Anna Gabriel, Puigdemont, Forcadell, Santi Vidal y la monja Forcades, entre muchos otros. Al Gobierno de Mariano le basta con Dastis para tapar los agujeros y mantener vivo el proceso. Cuando le nombraron, porque es amigo de un cuñado de Rajoy, decían que era imposible hacerlo peor que Margallo. Tiempo al tiempo. De momento ya luce méritos para la Creu de Sant Jordi, que no deja de ser un santo inglés. Dastis. Oirán hablar de él.

Encuesta, que algo queda
Santiago Trancón Pérez Libertad Digital 4 Abril 2017

No hace falta ser un Maquiavelo para darse cuenta de que lo que se pretende es convencer de la inexorable e inevitable necesidad de un referéndum.

Es asombroso cómo se contagia la estulticia (ignorancia + necedad). Va la Generalidad catalana, nos cocina una encuesta, la endilga a los medios, y hete aquí que casi todos se ponen a anunciar que el independentismo retrocede. Cuatro puntos a favor de los que no quieren la independencia han sido suficientes para anunciar la buena nueva. El bálsamo de Fierabrás. Así, sin más análisis, precisiones ni cautelas. Dice La Razón: "El independentismo se desploma". Para El Español significa que la corrupción desmoviliza al independentismo. Para otro opinador, esto demuestra que aplicar la ley (?) no crea más independentistas; y para los pesebristas del Gobierno, que la estrategia cabestril de Rajoy es la acertada. ¡Qué predispuestos están algunos a creer en los milagros!

La más elemental prudencia periodística y política obliga a distanciarse y tener en cuenta cosas tan cautas como éstas:

1) Toda encuesta es, ante todo y sobre todo, un instrumento de propaganda, un medio para inclinar la opinión pública o de la mayoría en una dirección.

2) Si esa encuesta la realiza un organismo como la Generalidad, no es aventurado suponer que su principal misión es servir a la causa separatista, a cuyo fin se dirigen todos los pasos, pasitos y pasodobles que lleva a cabo y para los que cuenta con el oro y el moro que generosamente le entregan Rajoy y Montoro.

3) Preguntémonos, ergo, qué fin persiguen los cocineros del barómetro del CEO al ofrecernos estos datos precocinados. Dado que no puede ser el reconocimiento de un hecho contrario a sus intereses y maquinaciones, hete aquí que debemos suponer que lo que han metido al horno es gato encerrado.

4) Esbocemos una posible explicación perogrullesca: nada más eficaz para que los incondicionales redoblen su labor coactiva y proselitista que hacerles ver que la victoria puede peligrar por puntos. Ahora que la tenemos al alcance de la mano, no la perdamos por falta de entrega o cansancio. A los que, como Rajoy, creen que eso de la independencia es un imposible metafísico, pues qué bien, ya veis, la cosa se arregla sola, así que a seguir durmiendo la siesta. Bastaría preguntarse por estos posibles efectos para no tragarse ese alucinógeno del 4,2%. (En junio de 2015 era el 5%, por cierto).

5) Para sospechar más de la ingeniería culinaria del independentismo, recojamos otros datos que los del victorioso 4,2 ni citan: un 63,3% piensa que Cataluña tiene un nivel insuficiente de autonomía, frente a sólo un 5,8% que piensa que tiene demasiada. Pero hay más: el 75% de los catalanes participaría en un referéndum unilateral, o sea, ilegal, y de éstos un 43,3% votaría a favor de la separación, frente un 22,2% que votaría en contra. Curiosamente, este dato, que de ser cierto sería el más relevante, pasa desapercibido.

No hace falta ser un Maquiavelo para darse cuenta de que, con unos datos y otros, lo que se pretende es convencer de la inexorable e inevitable necesidad de un referéndum. Tanto es así que ya he oído a no sé qué mendrugo del Gobierno insinuar que por ahora no es posible ese referéndum, pero que si se reforma la Constitución… pues ya veríamos. Puede que hasta le pase por la caberza a Rajoy que quizá no sea tan malo esto de permitir el referéndum, porque… ¿y si lo ganamos?

Ya ven si no hay motivos para no tragarse la pócima envenenada de esta encuesta, que no es más que otra muestra de cómo sabe utilizar todos los recursos el secesionismo, cómo ha ido construyendo la ola del proceso, con qué artimañas y alimañas contables y estadísticas, con qué artilugios, confundiendo, obnubilando a los pusilánimes, ingenuos y mentecatos, los que nunca han aceptado que hace más de tres décadas que el nacionalseparatismo decidió saltarse todas las leyes y normas democráticas, empezando por el respeto a la verdad, inventándose sus propias encuestas, leyes y lo que hiciera falta, porque su fin es supremo y todo lo justifica.

Gibraltar y los nervios infundados
Guillermo Dupuy Libertad Digital 4 Abril 2017

Un país como España, incapaz de hacer respetar su Estado de Derecho en una parte de su territorio, no constituye peligro alguno para Gran Bretaña.

No le faltaba razón a nuestro ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, cuando consideraba hace unos días que "alguien en Reino Unido está perdiendo los nervios": las belicosas declaraciones del exlíder del Partido Conservador Michael Howard, en las que aseguraba que la primera ministra May iría a la guerra para defender Gibraltar, tal y como hizo Thatcher en las Malvinas; o las más recientes de otro ministro de la Dama de Hierro, como Norman Tebbi, que ha propuesto nada menos que respaldar la independencia de Cataluña y llevarla a la ONU si España osa presionar en el asunto de Gibraltar, son síntomas inequívocos de un nerviosismo que es alimentado, además, por un hecho objetivo, como es el de que la salida de Gran Bretaña de la UE se lo puede poner, como vulgarmente se dice, a huevo al Gobierno español para reclamar la soberanía del Peñón.

Lamentablemente, sin embargo, tampoco le ha faltado razón a nuestro ministro de Exteriores cuando, a continuación, ha asegurado que dichos nervios "carecían de base alguna". Y es que, por mucho que Gran Bretaña se tome muy en serio sus intereses en Gibraltar, y por mucho que a España se le haya concedido un mal llamado poder de veto, que parece convertir el futuro de Gibraltar en una cuestión bilateral, el interés de la clase política española, en general, y del Gobierno de Rajoy, en particular, por el Peñón brilla totalmente por su ausencia.

No hace falta más que ver las declaraciones del propio Dastis, en las que aseguraba que España no vetaría "de entrada" el ingreso de Escocia en la Unión Europea ante una hipotética separación del Reino Unido tras la salida del bloque, para saber que este Gobierno es capaz de dar alas al secesionismo catalán pero en modo alguno de presionar a Gran Bretaña para que devuelva esa parte de nuestro otrora territorio nacional.

De hecho, la desidia de nuestra clase política y, en general, de la opinión pública española ante Gibraltar es muy anterior al ingreso de España en la Unión Europea, y es la que ha permitido que esa colonia, lejos de ser un lastre y una rémora de su época imperial, constituya para Gran Bretaña una pieza clave de sus intereses económicos y, sobre todo, defensivos.

Por otra parte, un país como España, que se muestra incapaz de hacer respetar su Estado de Derecho en una parte de su territorio como es Cataluña, no constituye peligro alguno para Gran Bretaña, por muy injusta y anacrónica que sea la presencia soberana de esta última en la Península Ibérica. Es precisamente esa diferencia de nervio entre un Gobierno como el español, incapaz siquiera de garantizar el derecho a la enseñanza en español, y el británico, al que no le tembló la mano a la hora de suspender la autonomía de Irlanda del Norte hasta en cuatro ocasiones, y que amenaza con una quinta si los partidos de la provincia no acuerdan la formación del Ejecutivo de poder compartido en un "plazo limitado" durante las próximas semanas, lo que debe llenar de tranquilidad a todos los británicos.

Y es que, con este Gobierno y con esta clase política, los únicos que deberían estar "perdiendo los nervios", y desde hace mucho tiempo, somos los españoles.

La diferencia
ARCADI ESPADA El Mundo 4 Abril 2017

CUALQUIER ministro del Gobierno de España debe participar en el foro público a partir de la premisa de que el nacionalismo es su primer enemigo político. El nacionalismo amenaza al conjunto de Europa y el nacionalismo amenaza concreta y gravemente a uno de sus lugares, que es España. Cuando el ministro Dastis, con una seguridad realmente conmovedora, profetiza que España no bloqueará el ingreso de Escocia en la Unión Europea (qué ingreso, qué Escocia, qué Unión Europea objetaría cualquier persona razonable ante semejante emboscada de futuribles) da muestras de que no sabe en qué mundo vive, asunto especialmente cómico cuando uno dirige Exteriores. De un ministro español preguntado se espera, en este momento de las cosas, que ponga al nacionalismo en su sitio, que es el de la basura; una vez realizada esta operación higiénica ya puede uno dedicarse a la profecía.

Si el propósito del ministro fue, por otra parte, contribuir sinuosamente a las dificultades del Reino Unido en esta su hora precaria tampoco le arriendo la ganancia: bastaba leer el domingo en el Telegraph al bravucón ex ministro Norman Tebbit amenazando con llevar el pleito catalán a la ONU. Y además: la consideración europeísta del nacionalismo escocés que se desprende de la profecía de Dastis habría que someterla a examen. Es verdad que el Brexit perdió ampliamente en Escocia (38/62): pero también es cierto que ese voto es no solo europeísta sino también anti inglés. Y que estarían por ver los efectos de un referéndum escocés que se celebrara en un Reino Unido definitivamente fuera de Europa: los desgarros internos respecto a Gran Bretaña se vivirían con una emoción mayor y más imprevisible.

Por último, y sin que esto tenga que ver específicamente con la entrevista de Dastis en El País, sino con la recurrente comparación política entre Cataluña y Escocia: las dos regiones europeas tienen mucho en común y debe desmentirse, por tanto, la insistencia retórica de muchos políticos españoles. En uno y otro lugar el separatismo ha partido por la mitad a la población. En uno y otro lugar los separatistas son minoría. Y en uno y otro lugar han aflorado mentiras iguales y la misma infectada herida narcisista de cualquier nacionalismo. Entre los separatistas escoceses y catalanes solo hay una diferencia, y ésa, al margen de historicismos groseramente mutables en derechos históricos, es la única a la que debe referirse cualquier político: al contrario de los catalanes, los separatistas escoceses respetan la democracia y la ley.

por un modelo de fin de ETA sin impunidad
Santiago González El Mundo 4 Abril 2017

Me envía amablemente la remera Pussycat un excelente manifiesto promovido por Fernando Savater, Joseba Arregi, Maite Pagazaurtindua, Teo Uriarte, Consuelo Ordóñez y Luis Castells. No puede ser más oportuno en un momento en que se tiene embobada a la opinión pública con el desarme y sus martingalas. Aquí lo tienen. Léanlo y suscríbanlo después.

Manifiesto
El 23 de noviembre de 2010 las asociaciones de víctimas suscribieron un documento en el que pusieron las bases de un modelo de fin de ETA sin impunidad. Como dijeron entonces, está en juego la fijación o no de los principios de la Verdad, la Memoria, la Justicia y la Dignidad de las víctimas de ETA, tanto de los asesinados, como de los heridos y los familiares de todos ellos, también de los extorsionados, secuestrados y amenazados por la violencia de persecución. Y del conjunto de la sociedad en cuanto que toda ella se ha visto afectada por el fanatismo identitario de ETA.

Nuestra sociedad no debería olvidar que en un Estado de Derecho el derecho a la justicia real no es negociable, ni relativo. El fin de ETA debe ser manejado desde los principios que inspiran el Estado de Derecho. Hoy, el anuncio por parte de la banda terrorista ETA de una entrega de armas mediática y propagandística - con una inequívoca connotación de autoblanqueo- requiere de una respuesta clara y determinada. Por un modelo de fin de ETA sin impunidad. Con ley y justicia.

No al proyecto político de ETA
Los fanáticos de la identidad nacionalista han buscado a lo largo de varias décadas destruir la pluralidad de la sociedad vasca y navarra para el cumplimiento de su delirio. Se han valido para ello de poderosos mecanismos de control comunitario, desde el amedrentamiento a la propaganda en sus múltiples formas.

Por ello, el futuro de la sociedad vasca y navarra no puede escribirse en la estela del miedo y la autocensura generados por ETA, aunque su acción terrorista haya dejado de amenazarnos. Si así ocurre, no habrá verdad en la memoria, ni dignidad, ni justicia para sus víctimas; porque las víctimas fueron asesinadas, heridas, secuestradas, extorsionadas, vejadas o amenazadas con el objetivo de conseguir la instauración del proyecto político de ETA y anular otras ideologías.

Sí a la justicia, no a la impunidad
En un modelo de fin de ETA que llegue a tolerar diversos grados de impunidad, el pretendido apoyo a las víctimas del terrorismo se convertirá en un cruel sarcasmo, por mucho que lleguen a instalarse en los medios fórmulas retóricas eufemísticas tendentes a enmascararlo. Existe en una parte de la opinión pública española la tentación de pedir "generosidad" a las víctimas del terrorismo, obviando que ello implica la renuncia a legítimas reclamaciones, entre ellas la reivindicación de justicia, que es a su vez un componente de la reparación. Esta demanda es un chantaje moral, que es un tipo de microviolencia tremendamente dañino.

Sí a la verdad, no a la falsificación de la historia
Lo primero que se debe exigir a la organización terrorista, y a su trama política, es la condena de la historia de terror de ETA, de toda su historia, para garantizar que no nos encontramos con una de sus habituales jugadas puramente tácticas. De no hacerse así, uno de sus objetivos clave para el futuro será seguir utilizando su depurada capacidad propagandística para establecer que esa historia del terror ha sido una historia legítima, un sacrificio heroico por la patria; lo que añade a la impostura y la tergiversación de la verdad el escarnio a tantas familias rotas como consecuencia del empeño de llevar a cabo su proyecto totalitario. Si los responsables del daño causado no asumen su responsabilidad y no repudian la historia del terror contribuirán a relativizar nuestra memoria y verdad, como si esta fuera una versión más a añadir a un muestrario de relatos equivalentes.

Es preciso evitar el establecimiento de un nuevo gran tabú comunitario: el de la repugnancia a escuchar la verdad del horror y sus ramificaciones en forma de violencia de persecución, extorsión o la experiencia traumática de los miles de niños que crecieron con un silencio obligado por la amenaza de muerte de sus padres.

La política penitenciaria no debe convertirse en una política de gracia
Una política penitenciaria que llegue a basarse en la excarcelación anticipada de presos juzgados y sentenciados, enmascarándolo en una aplicación laxa de la progresión de grados u otras medidas similares, supondría una forma de impunidad. Firmar interesadamente, a cambio de una recompensa, una petición de perdón, reconocer el daño personal causado o asumir el pago de indemnizaciones pendientes que nunca se efectuará, es un fraude. Es precisa la colaboración con las autoridades en el esclarecimiento de cientos de crímenes sin resolver, tal y como indica la ley. El requisito de la colaboración es el único que beneficia a las víctimas y que prueba el arrepentimiento real de los criminales. La reinserción es un objetivo deseable pero conlleva un arrepentimiento cabal respecto al pasado criminal, el único medio capaz de romper la identidad entre el asesinato (el acto) y el victimario (la persona).

Por un final de ETA basado en la dignidad
Los ciudadanos y los gobiernos no han de perder la brújula moral ni política, ni sobre ETA, ni sobre el Estado de Derecho. Un final de ETA que se sostenga sobre la dignidad de sus víctimas es la deuda contraída por el Estado de Derecho y que el Gobierno debe defender. Cuando se ha aplicado el Estado de Derecho, sin trampas ni atajos, es cuando se ha conseguido el mayor debilitamiento de ETA, culpable de la mayor conculcación de derechos humanos habida en la historia reciente de España. Un final basado en la dignidad de los acosados y asesinados es aquel que se construye sobre la verdad, la memoria, la justicia y la reparación. La deslegitimación del lenguaje de ETA es, simultáneamente, una condición inexcusable para afrontar otra cuestión pendiente: El miedo y el desistimiento de una parte de la sociedad durante los años del terror.

Para adherirse al manifiesto escribir a: balmaseda.javier@icloud.com

El enemigo común de Rusia y Europa
Editorial La Razon 4 Abril 2017

La brutal explosión en el interior de un vagón del metro de San Petersburgo y la muerte de diez personas y decenas de heridos causados ha vuelto a poner encima de la mesa la amenaza terrorista y su capacidad de destrucción en los más diversos escenarios. Aunque la autoría del ataque todavía no está confirmada, todo apunta, de nuevo, al yihadismo, en las conexiones que actúan en suelo ruso. Sólo siguiendo las huellas del atentado, puede concluirse que lo único cierto es que la voluntad de matar y causar el mayor daño posible es evidente: arrojar en un vagón de metro una mochila cargada de explosivos y metralla a una hora punta es un arma mortífera (se descubrió otra mochila sin explosionar).

Existe una evidencia más: la elección de Rusia y de San Petersburgo, su antigua capital imperial, tampoco es casual. Existe una clara intención de golpear a un país sobre el que se articula en estos momentos la paz mundial, pero también la guerra abierta en Oriente Medio. Es, además, una pieza clave en la coalición internacional que ha intervenido militarmente y con toda dureza en Siria, en el llamado califato impuesto por el Estado Islámico. En la lógica de los terroristas, estos hechos bastarían para ser un objetivo prioritario.

 Rusia, sin embargo, cuenta con un enemigo interior cuyas acciones violentas tienen el sello del terrorismo cuacásico y una obsesión criminal por atentar en el suburbano: los más recientes atentados en el metro de Moscú de 2004 y 2010 así lo demuestra. Más cercano es el ataque del pasado 24 de marzo contra una base militar rusa en la localidad chechena de Naúrskaia, que le costó la vida a seis soldados y fue reivindicado por el EI, en concreto su franquicia chechena Vilaiat Kavkaz. El ataque fue uno de los golpes más duros registrados en los últimos tiempos en Chechenia, donde al igual que en otras repúblicas vecinas de mayoría musulmana actúan grupos guerrilleros islamistas y se han detectado redes de captación y también de combatientes rusos en las filas del EI en Siria.

A la complejidad del terrorismo islámico en Rusia hay que añadir las consecuencias derivadas de la decidida intervención de Putin en Siria. El 30 de septiembre de 2015, cuando Rusia atendió la petición de ayuda de su aliado histórico Bachar Al Asad, acosado por el EI, pero también por los rebeldes contra la dinastía del partido Baaz, lanzó un ataque aéreo. Rusia, junto a Estados Unidos, Arabia Saudí y Turquía forma parte de la coalición internacional, pero tiene su propia planteamiento basado en perpetuar a Al Asad, además de mantener su presencia militar en el puerto sirio de Tartus y en la base aérea de Hmeymim.

Mientras el Estado Islámico va perdiendo territorio en el califato sirio, ha ido abriendo el frente en Europa, como los servicios de seguridad habían advertido y los atentados de Bruselas, Berlín y Londres han demostrado. El atentado del metro de San Petersburgo coincide con un momento de crisis en las relaciones entre Rusia y EE UU, precisamente con una desconfianza mutua en materia de seguridad, debilidad que el terrorismo siempre aprovecha.

Putin dirige su propia guerra en Siria y organiza su propia defensa contra el terrorismo, pero el yihadismo es un enemigo de gran complejidad que deberá atacarse compartiendo información, una estrategia con la que Rusia no está muy conforme. Lo cierto es que los ataques se están sucediendo a un ritmo pausado pero con gran efectividad y señalando al mundo la indefensión de la población. En estos momentos, tanto Rusia –más allá del terrorismo que actúa en el inaccesible territorio caucásico y de Asia Central–, como el que está atacando en las ciudades europeas tienen una conexión clara: el Estado Islámico. Por lo menos, existe un enemigo común.

Islam: La Tercera Guerra Mundial es inevitable, sólo falta saber cuándo tendrá lugar
Yolanda Couceiro Morín  latribunadelpaisvasco.com 4 Abril 2017

El mundo se ve confrontado a la probabilidad de un conflicto planetario que podríamos llamar la Tercera Guerra Mundial, apelativo que bien merecería, tanto por su más que previsible extensión como por la brutalidad de ese hipotético enfrentamiento de dimensiones colosales.

Esta Tercera Guerra Mundial, de una envergadura igual o superior a las dos precedentes, se está gestando y puede explotar en pocos años más. Algunos se atreven a señalar la fecha aproximada hacia el ecuador de este siglo. En todo el mundo, el islam no deja de cobrar fuerza y radicalizarse. Éste será un elemento decisivo de la explosión mundial inevitable.

Esta contienda se desarrollará (se está desarrollando ya) en distintos países en los cuatro continentes, con distintas intensidades según los diferentes escenarios donde se están fogueando los actores de este drama en camino. Prácticamente todas las tierras emergidas del planeta están implicadas en lo que debemos considerar los prolegómenos de la deflagración por venir. Todo Occidente, el mundo árabe-musulmán (desde Marruecos a los confines asiáticos, desde el corazón de África a las islas Filipinas), Rusia, China, la India… se encaminan resueltamente a las trincheras.

En efecto, nadie medianamente lúcido e informado puede negar ya el carácter belicoso que está tomando la agresividad islámica a través el mundo. El islam está implicado en la inmensa mayoria de los frentes de combate actualmente abiertos en el mundo. Igualmente, el terrorismo es un fenómeno casi únicamente islámico a día de hoy. Después de siglos de letargo, el islam ha despertado y ese despertar coincide con la decadencia de un Occidente que ha perdido tanto el orgullo de ser como la voluntad de permanecer.

Esta situación de un islam en plena expansión mundial encierra dentro de sí una novedad: por primera vez, el islam se ha hecho un hueco en Occidente no a punta de su victoriosa cimitarra, pagando con sangre su conquista, sino gracias a la negación de los occidentales de ver en esos actuales invasores sus enemigos de siempre. La Historia registra otros episodios de penetración islámica en territorio europeo, pero siempre fue combatida y finalmente rechazada: España, sur de Francia e Italia, los Balcanes, Rusia…

Nunca desde la caída del Imperio Romano, Europa había experimentado una situación tan dramática. Europa afronta la mayor amenaza de su historia sin saberlo o más bien sin querer darse cuenta de ello. Los europeos son invadidos, ocupados y colonizados por los pueblos del sur y por el islam de forma rápida y masiva. Las sociedades europeas se sumergen hoy en un caos étnico incontrolable.

El crecimiento de la oposición conflictiva entre el islam, cada vez más presente y en expansión numérica (realidad radical y atronadora en la historia de Europa, minimizado por una oligarquía a la vez asustada y ciega), y las sociedades europeas de origen es mucho más explosiva y potencialmente intensa que, por ejemplo, las guerras de religión entre católicos y protestantes del siglo XVI o que los conflictos ideológicos que han jalonado la historia reciente desde la Revolución Francesa. A esto viene a añadirse la dimensión étnica, muy agravada, resultado de la masiva inmigración africana y magrebí. Al antagonismo específicamente religioso, sociológico e ideológico, se suma la dimensión etnobiológica que tiene un enorme impacto en las mentalidades colectivas, por mucho que sea negada y reprimida por la censura de la ideología dominante.

Si nos centramos en nuestro continente asistimos actualmente en Europa a la puesta en marcha de todos los elementos de un conflicto interno violento prácticamente inevitable. Los ingredientes de la explosión están todos presentes. La cuestión ya no es saber si va a ocurrir, sino cuando tendrá lugar.

Tenemos una población millones de jóvenes (y no tan jóvenes) magrebíes y africanos en Europa en crecimiento constante, muy mal escolarizados, en situación de paro, de asistencia, de la cual una buena parte se dedica a la economía subterránea y a una delincuencia polimorfa (drogas, tráfico de objetos robados, etc…), que constituye la mano de obra, los gruesos batallones de un levantamiento general posible.

Esta población joven es adepta de un islamismo reivindicativo e identitario extranjero. En el inconsciente (o el consciente) colectivo de una parte importante y muy activa de esa población, se trata de manera muy elemental de llevar la yihad a Francia, como acompañamiento de una estrategia de revuelta, de revancha y de conquista.

A esto se le suma el crecimiento de un racismo anti autóctonos objetivamente observable en todas partes, con su secuela de agresiones diarias contra los europeos. Esa violencia cotidiana corre en paralelo a las manifestaciones diarias de rechazo de la cultura y de la pertenencia occidental y europea. La multiplicación de mujeres con velo, como señal de provocación, es un medio de desafío étnico y de marcaje territorial, la arrogante voluntad de hacer sentir a los colonizados el peso de su conquista en marcha: una yihad todavía “soft” mientras llega la verdadera.

Cuando Europa conozca los desordenes previsibles, con la violencia como realidad cotidiana, la numerosa inmigración, la musulmana, sobre todo, pero también las otras, poco o nada integradas, provenientes muchas veces de países históricamente resentidos contra Occidente y más particularmente contra ciertas naciones europeas, nos mostrarán su verdadera cara, y serán un elemento más de la crítica situación que viviremos, con un ejército de enemigos dentro de nuestra casa. La mayoría de los distintos colectivos de la inmigración se enrolarán de una manera u otra en el bando de nuestros enemigos, porque de hecho ya lo son, aunque de manera latente de momento, o simplemente se posicionarán en una actitud de espera, atentos a los beneficios que pudiera significarles nuestra caída.

La inmigración actual es una colonización poblacional, con frecuencia consciente y vivida como una revancha contra la civilización europea. Ésta se pretende, además, definitiva. La colonización de las maternidades es mucho más importante que la de las fronteras porosas.

Estamos ante una implacable realidad demográfica. Tenemos las fronteras abiertas desde hace décadas en Europa y una tremenda diferencia de fecundidad entre poblaciones autóctonas e inmigrantes, lo que está produciendo unas sustitución progresiva de la población original. La integración ha fracasado completamente, se han creado guetos étnicos y otras “zonas liberadas” bajo control creciente de la sharia (ley islámica) en algunos países. El fracaso era previsible. Es posible integrar a parientes etnoculturales, y en pequeñas cantidades, no a pueblos enteros de otras realidades etnobiológicas muy alejadas. Pero la oligarquía nos ha impuesto esta inmigración como una riqueza cuando el simple sentido común nos indica que vamos a pasos agigantados hacia un desastre.

A este fenómeno de colonización étnica masiva, se añade el hecho, ya señalado, de que el islam se pone a la cabeza de la ofensiva. Desde hace 1400 años, esta religión-ideología, totalitaria y agresiva, tiene como objetivo la invasión de Europa. Sufrimos la tercera acometida mahometana que se extiende hoy desde España a Indonesia. La primera fue detenida en Poitiers, Francia por Carlos Martel en 732, después de haber conquistado la mayor parte de la penísula ibérica. La segunda fue en 1684, ante las puertas de Viena. La tercera tiene lugar hoy, desde el Cabo Finisterre hasta Copenhague, desde la isla de Lampedusa hasta hasta los fiordos noruegos. Esta tercera yihad no sólo coincide en el tiempo con la Tercer Guerra Mundial en ciernes, sino que es su condición previa.

Los focos de tensión no dejan de multiplicarse y de agravarse. Nunca como ahora en la historia de la humanidad, los riesgos de un incendio generalizado han sido tan fuertes. La mundialización es un factor de confrontación gigantesca. Ésta no es una garantía de paz sino un factor de guerra generalizada.

Una guerra étnica y civilizacional es previsible en varios países europeos. Una guerra intestina, muchísimo más grave que el terrorismo, ya que un remplazamiento de la población, una especie de genocidio, la llamada Gran Susitución, está ocurriendo con la complicidad o la ceguera de las clases dirigentes políticas y mediáticas, cuya ideología está dominada por el odio hacia la identidad étnica de sus propios pueblos y la pasión enfermiza por el mestizaje, la multicultura y la “diversidad”.

La inmigración masiva que llega bajo la bandera del islam va a derivar progresivamente hacia una guerra étnica, un choque de civilizaciones. La incapacidad de Europa para frenar y canalizar la inmigración proveniente del Magreb y de la África negra llevará a una explosión demográfica que desembocará inevitablemente en un conflicto mayúsculo.

La enorme presencia en Europa de masas de jóvenes musulmanes cada vez más radicalizados, con una minoría formada militarmente en los distintos frentes abiertos (Oriente Próximo, Argelia, Libia, los países del Sahel, el Caúcaso, los Balcanes, Afganistán, Pakistán…), será un factor determinante en el más que probable caso de una espiral incontrolable de disturbios insurreccionales y de terrorismo en el corazón del continente: la yihad en casa. Todo musulmán es un muyahidin en potencia.

La confrontación entre islam y Occidente (con Rusia incluida) dominará poco a poco el paisaje y tomará una forma militar con conflictos multiformes. A escala planetaria, el islam no deja de reforzarse y de radicalizarse. Este balón no se desinflará: explotará. Pronto las hostilidades tomarán un decisivo impulso al calor de la dinámica expansiva y desenfrenada del islam en el tablero geopolítico internacional.

El problema de Israel, insoluble, desembocará ineludiblemente en una nueva contienda entre el Estado hebreo y sus vecinos, con el telón de fondo de los colonos judíos integristas y la subida imparable de las organizaciones islamistas. No hay que olvidar que Irán logrará muy posiblemente dotarse del arma nuclear. La erradicación de la “entidad sionista” es una idea fija de todo el mundo musulmán. Israel está en el centro del conflicto, y su arsenal nuclear no disuadirá a sus enemigo de lanzar un ataque aunque sea de caracter suicida, con las consecuencias que podemos suponer.

El mundo árabo-musulmán ha entrado en una espiral de caos que no va a dejar de acentuarse con dos frentes entremezclados; sunitas contra chiítas y dictaturas militares contra islamistas. Sin olvidar la voluntad de los islamistas de liquidar a todos los cristianos. Eso provocará una amplificación de la emigración hacia Europa y otros destinos occidentales. Los acontecimientos actuales de Siria e Irak que han visto el nacimiento de un autodenominado Estado Islámico salvaje (el Califato) son un paso más hacia la confrontación.

No podemos dejar de lado el conflicto latente entre la India y Pakistán, potencias nucleares ambos países, con las prolongaciones que suponen el juego de las alianzas regionales (Rusia, China, EEUU…) y los enormes intereses geoestratégicos y energéticos en juego en la región.

En Europa, el factor de la inmigración salvaje y completamente fuera de control, y no solamente de poblaciones de origen musulmán, también es un dato de primera importancia que entra en esa ecuación. El desorden social y el hundimiento económico que azotan grandes porciones de la población europea se ve agravado por la presencia de enormes masas de extranjeros cuya presencia no hace más que envenenar las relaciones entre unos y otros y añadir más leña a la hoguera del inevitable incendio que está en camino. Hay que mencionar los componentes agravantes, sobre todo de orden económico y ecológico, los recursos energéticos fósiles, el agua, los recursos mineros. El punto de ruptura física se situará posiblemente hacia la primera mitad de este siglo. No olvidemos el terrorismo de gran envergadura, sobre todo con medios nucleares “artesanales”, a lo que posiblemente no escaparemos.

El islam es la principal causa de desencadenamiento de una Tercera Guerra Mundial, ya que asistimos en todas partes a la subida imparable del radicalismo islámico, en gran medida financiado por Arabia Saudita y Qatar, que tiene un enemigo claro y definido: la civilización occidental, a la que Rusia es asimilada. En resumidas cuentas: en la mente de los islamistas del mundo entero, cuya ideología se expande como un virus, el principal enemigo es el “mundo blanco y cristiano”, aunque eso no corresponda a ninguna realidad sociopolítica.

Las líneas principales de confrontación y las alianzas serán complejas y a menudo cambiantes. Las principales zonas geopolíticas de explosión serán Europa entera, África del Norte, Oriente Próximo, Asia Central (desbordando hacia Pakistán y la India), posiblemente el Cáucaso (a pesar de la mano de hierro rusa). Habrá una multitud de focos y se sucederán las guerras civiles, interétnicas y entre Estados, sin descartar el uso del arma nuclear. Éste es el panorama… Nos podemos imaginar la carnicería que está en camino.

Debemos entender que los fanáticos islamistas no razonan como los occidentales o los rusos durante la Guerra Fría, con la retención de la disuasión mutua. Las diferencias ideológicas entre esos dos bandos no impedían un cierto grado de cordura en la gestión de esa enemistad.

La más que previsible confrontación mundial generará una catástrofe económica y energética, a causa de la ruptura del aprovisionamiento de pétroleo y gas desde África del Norte y de Oriente Próximo, y alimentaria a causa de las cosechas perdidas y el alza de los precios. La economía globalizada es muy frágil, ya que es muy compleja, y se base en las comunicaciones (marítimas, terrestres, numéricas…) que caerán como un juego de dominó en caso de perturbación de gran envergadura.

En esta inevitable choque que se avecina, los rusos, los estadounidenses, los israelíes, los chino y los indios (por no mencionar mas que los principales fuerzas opuestas a la ofensiva islámica mundial) enfrentarán al enemigo con firmeza y determinación. La principal debilidad de los europeos occidentales reside en su reblandecimiento mental, su pasividad, su temor a defenderse, su cobardía frente a la amenazas de sus enemigos. Seremos los más expuestos y los más castigados. Hasta que la violencia de la agresión nos haga reaccionar, aunque sea al borde mismo del abismo.

La Tercera Guerra Mundial podrá empezar con un acontecimiento muy localizado y seguir con un encadenamiento de hechos incontrolados, como una avalancha. Es posible que los recientes ataques llevados a cabo en escenarios tan distantes como Australia, Francia, Rusia, Pakistán y otros, respondan a ese inicio de la yihad planetaria que nos ha de llevar a la guerra mundial en ciernes.

El resultado de este conflicto es todavía incierto, aunque en toda lógica habrá un bando vencido y un bando vencedor, ya que la superioridad militar, técnica y económica de unos contendientes es infinitamente superior al del bando contrario. Dice Carl Schmitt que “el enemigo no está equivocado ni tiene razón: es vencedor o vencido”, nada más. Sólo nos debe preocupar perder esta guerra, no cómo ganarla. En todo caso, podemos asegurar que asistiremos muy posiblemente a un retroceso general de la humanidad, un derrumbe en varios terrenos, el demográfico, el económico, el sanitario para gran parte del mundo.

El mundo acaba de conmemorar el centenario de la Primera Guerra Mundial. Sería tiempo que empecemos a pensar seriamente en prepararnos para la Tercera Guerra Mundial. Los nubarrones que hoy se ciernen sobre nuestras cabezas no son menos oscuros que los de entonces, sino tal vez más. Lo increíble se va a convertir en lo cotidiano. Lo que Siria, Irak, Pakistán, Libia y otros escenarios experimentan cada día, nosotros, en toda Europa, lo viviremos pronto. Tenemos que estar listos para lo que se nos viene encima. Si vis pacem para bellum.

Un vídeo denuncia el adoctrinamiento en las aulas.'2+2=5' o cómo la ideología de género se ha impuesto sobre lo evidente
A. M-B gaceta.es 4 Abril 2017

Un vídeo denuncia la imposición de la ideología de género en las aulas, el adoctrinamiento a los niños desde edades tempranas y la forma en la que se castiga a aquellos que piensan diferente.

La asociación peruana defensora de la familia llamada Vida Viva Perú ha difundido un vídeo en el que se denuncia la imposición de la ideología de género en las aulas, el adoctrinamiento a los niños desde edades tempranas y la forma en la que se castiga a aquellos que piensan diferente.

Desde siempre, el resultado de 2+2 ha sido cuatro. Sin embargo, ahora puede que todo lo que nos han enseñado cambie para siempre, y lo que es peor, se castigará a todo aquel que no acepte ese "cambio". El vídeo que podrán ver a continuación explica cómo la ideología de género acaba con el sentido común y cómo la presión ideológica se ha impuesto sobre lo evidente.

El pasado fin de semana un padre denunció en Religión en Libertad el adoctrinamiento al que había sido sometido su hijo en un colegio de Madrid.

Sin conocimiento de las familias, denuncia este padre, “unos profesionales en su materia” impartieron charlas a los alumnos en las que se les instaba a elegir si querían ser niñas aunque fuesen niños o viceversa y se tachaba de fanáticos a quienes no estaban de acuerdo con esta ideología.

El padre que decidió compartir su caso también relató cómo su hija le contó que había recibido una charla y que le habían puesto un vídeo “precioso”. El vídeo en cuestión se llama HollySiz y muestra a un niño que quiere ser niña pero que se enfrenta a la “incomprensión” de sus compañeros de clase, de su profesora y de su padre. El vídeo termina con el padre vestido de mujer recogiendo a su hijo en el colegio para mostrarle su apoyo
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Navarra sin Pascual Tamburri
Óscar Elía gaceta.es 4 Abril 2017

Hay veces que la historia juega bromas de mal gusto, y hace coincidir los acontecimientos en la vida de una persona con los de la vida de una nación. La muerte de Pascual Tamburri y la deriva de Navarra y España son un ejemplo de ello.

Me viene a la cabeza una de las primeras veces que me veía personalmente con Pascual. Fue en febrero de 2011, en la presentación del libro “España, camino de libertad. La política antiterrorista entre 1996-2004” en Pamplona. El acto había sido organizado a medias entre el Partido Popular de Navarra, y Gota a Gota, editora del libro. Entre el valiente público que en medio del despliegue policial se juntó allí para escucharnos a Ignacio Cosidó y a mí mismo, se intuían tres tipos de personas. Por un lado, familiares y amigos que venían a saludar, muchos de los cuales se preguntaban qué había de positivo en meterse en a esas alturas de la vida en el lío de la lucha contra ETA. Por otro lado, había allí militantes jóvenes, que habían decidido arriesgar y apostar por el PP después de la traumática ruptura con Unión del Pueblo Navarro un par de años antes. Jóvenes valientes, con ganas, que se habían dejado más que la piel en un proceso de ruptura de la derecha navarra que a muchos les pasó factura no sólo en lo político, sino en lo personal. Pero que ahí estaban, fieles cada vez que el partido les convocaba para algo. Por último, un tercer grupo de personas lo componían algunos de los dirigentes del PP de Navarra, alineados ya pasivamente con Rajoy y que no sé si eran ya conscientes de que éste sacrificaría al partido en Navarra para satisfacer otras necesidades.

Además, entre el público había dos personas que, según se mire, pintaban mucho o no pintaban nada en aquella presentación. Pintaban mucho, porque ambos sabían muy bien qué es lo que está en juego detrás de la lucha antiterrorista contra el despotismo totalitario etarra: que no es la simple violencia física, sino valores y principios que van más allá de la política. Se habían partido la cara, y algo más, por ello. Y a la vez pintaban poco, porque estaban rodeados de políticos locales que, o les habían traicionado, o lo estaban haciendo, o lo harían justo después. Esas dos personas eran Pascual Tamburri y Salvador Ulayar.

En la presentación del libro yo repetía algunas ideas que me parecían banales, y que compartía con Tamburri: que en la lucha contra el terrorismo etarra no bastaba con detener comandos, sino que era necesario acabar con la superchería nacionalista que le daba sustento; que la actitud de PP, PSOE y UPN era suicida, porque el nacionalismo había avanzado considerablemente en Navarra ante su suicida inacción; y que no perseguir con todo y hasta el final a ETA supondría entrar en un juego que acabaría con la convivencia y las libertades en Navarra. Yo entonces pensaba en la oscura política de Zapatero, y no imaginaba que años después las mismas palabras se me vendrían a la cabeza a propósito de Rajoy.

Al finalizar el acto, charlé un muy agradable rato con Tamburri y Ulayar. Ambos poseían ese peculiar sentido del humor que sólo tienen los que han perdido tras jugar fuerte, pero que nunca se han arrepentido de haberlo hecho: esa mezcla de cansancio y fina ironía, de amargura y de confianza. De los tres charlando allí de pie, rodeados de militantes de un PP de Navarra que ya se hundía justo al momento de ser botado, anticipando el naufragio navarro, sólo yo mantenía cierta ingenuidad. Salvador ya era consciente entonces de que se estaba produciendo una monumental traición a las víctimas de ETA: tres años después publicó “Morir para contarlo” que puede descargarse aquí y que aconsejo leer.

Como historiador, Pascual era, y es, el mejor representante de una nueva generación de historiadores navarros, especialistas en Historia de Navarra, en Historia Medieval, o en Historia Militar que se mueve al margen de las convenciones historiográficas vasquistas e izquierdistas que han arruinado la disciplina. Intelectuales jóvenes, fogueados en institutos de educación secundaria que no quieren abandonar porque adoran a los chavales, y porque son adorados por ellos. Si el ejemplo de Tamburri puede cundir en alguien, debe ser en ellos.

Pascual era el maestro, el más completo, más incisivo y más profundo de ellos: como nunca quiso abandonar del todo su amor a Navarra, no dio el paso definitivo a jugar en la liga nacional, que es la que le correspondía. Pese a ser referente intelectual del conservadurismo navarro con una edad temprana, fue siempre visto por ésta con sospecha, siguiendo esa tradición tan típica en la derecha española: yo no sé si en 2011, en aquella sala del Hotel Iruña Park tenía más amigos que enemigos. Allí me advirtió, aguantándose la risa, de que mis palabras en el acto no gustarían en la mayor parte de la dirección del partido, y que en Navarra no haría muchos amigos con esas ideas, que a mí me parecían de sentido común. Salvador, que a la ironía inteligente suma un carácter propio de la casta carriquiri, me advirtió de que podía darme “por jodido” con ese tipo de discurso, que por otra parte era justo el que él esperaba que hiciese.

Pascual fue uno de los primeros navarros en reconocer que el gran peligro en Navarra no estaba en el nacionalismo vasco, siempre violento y agresivo, pero que, como toda ideología totalitaria puede ser derrotado. Conocía demasiado bien la historia navarra, española y europea como para saber que el triunfo del mal depende del despiste, la cobardía o la ingenuidad de los hombres buenos. Y de las tres cosas la Navarra contemporánea está repleta. Durante años Pascual advirtió, describió y denunció como nadie el desplome de la sociedad civil navarra: empresarios, medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos estaban perdiendo la cara del enemigo que crecía, como en las novelas de Tolkien que tanto le gustaban, de manera difusa a su alrededor.

Que el tiempo le ha dado la razón es tan evidente como doloroso, puesto que él ya no está para seguir batallando. No sólo ha sido el nacionalismo el que se ha infiltrado en puestos clave de la administración y la sociedad civil navarra: es directamente el abertzalismo, el que ha encabezado esta estrategia de infiltración, sostenida durante mucho tiempo a conciencia y en profundidad. Tamburri conocía bien el grado de manipulación en la educación pública Navarra, donde la enseñanza del euskera-batúa ha ejercido de caballo de Troya para el proceso anexionista.

En fin. Con el desplome de la sociedad civil Navarra, con la infiltración masiva de nacionalistas en la administración, en el mundo cultural, deportivo o empresarial, era solo cuestión de tiempo que la Navarra política e institucional se viniese abajo. Atrapados en el cortoplacismo, muchas veces en la necesidad de ganar in extremis unas elecciones al anexionismo vasco, ni PP ni PSOE ni UPN han sido capaces de elevar una alternativa constitucional, foral y española, a la ola populista que en los últimos años crecía y crecía en Navarra. La pesadilla Foral y constitucional, llegó en las elecciones de 2015, cuando todos los enemigos del régimen constitucional navarro cumplieron el sueño abertzale de expulsar a la derecha del poder en Pamplona, y hacer oficial el “Nafarroa Euskadi da”. Tamburri llevaba años advirtiéndolo.

Pero he aquí que todo sin embargo es susceptible de empeorar. La involución del régimen constitucional en Navarra, la erosión de las instituciones forales, la descapitalización económica de la comunidad en beneficio del País Vasco, podrían ser paliadas y limitadas con un gobierno de la nación consciente del valor estratégico de Navarra para el conjunto de España. La marea Bildu-podemita que asola el Viejo Reino podía ser equilibrada con una posición fuerte del Gobierno de la nación. No solo no ha sido así, sino que, como Tamburri explicaba en una de sus últimas columnas, la dirección tomada por el PP está siendo justo la contraria. Incapaz de mirar a largo plazo, impotente para ver más allá de la mayoría parlamentaria, y totalmente ignorante del simbolismo y significado de Navarra para la unidad nacional, Rajoy se dedica a pactar como sea con el PNV un apoyo que le permita mantener el gobierno unos meses, o unos años más. Ni en las peores pesadillas se podría pensar que la derecha fuese otra vez capaz de pactar con un PNV que, a través de Uxúe Barkos, desguaza Navarra de la mano de Podemos y el brazo político de ETA. Sin alternativa a cuadrar escaños, sin ideas para frenar el independentismo, ni interés por Navarra, Rajoy deja morir por inanición a su partido en el Viejo Reyno, eliminando incluso los recuerdos más heroicos del partido que tan mal casan con los nuevos tiempos.

En fin: la pérdida de uno de los grandes intelectuales conservadores navarros llega pocos meses después de la del viejo león del periodismo navarro, José Javier Uranga. Los dos competían en despertar el odio y a hostilidad nacionalista, y los dos aceptaban el reto sin dudarlo: nótense las diferencias. La desaparición de ambos coincide con el momento álgido del panvasquismo en Navarra, el sueño imaginado por ETA hace unas décadas: gobiernos, ayuntamientos, instituciones en manos abertzales. Nadie parece capaz, y los que parecen capaces no parecen dispuestos, a evitar el asalto sistemático del abertzalismo a las instituciones navarras. Y quienes, como Pascual Tamburri tenían al menos el coraje de hacerlo, se nos van antes de tiempo.

¿Nos juega o no la historia una broma de mal gusto quitándonoslo justo ahora?

Parlamentos

El chavismo maduro o la aspiración a un régimen sin instituciones
Jon Juaristi ABC 4 Abril 2017

La verdad es que resultaba muy curioso ver al podemita Pablo Bustinduy, hijo de ministra del PSOE y miembro del soviet supremo bolchivariano de España, haciendo filigranas para no incurrir en condena alguna del golpe de Estado de Maduro a las pocas horas de haberse producido. Era en no sé qué programa televisivo del jueves por la noche, pero me sonaba a algo muy conocido desde décadas atrás. A los escaqueos morales de los dirigentes batasunos ante cada atentado de ETA, sin ir más lejos.

El chavismo póstumo ha rematado esta semana el proceso de destrucción de las instituciones venezolanas, que no eran precisamente virgueras pero iban aguantando. Las de la vecina Colombia, con todo y narcoguerrilla campante, se han probado mucho más sólidas. El frágil Parlamento de Venezuela ha sido, sin embargo, la única barrera entre un turbio demagogo al frente de una banda de pretorianos corruptos y un pueblo desarmado. Lo ha sido, pero ya no lo es. La única institución que hoy sobrevive en Venezuela (el Tribunal Supremo no merece tal nombre; el de institución, quiero decir) es el Ejército, una institución, esa sí, pero meramente extractiva y parasitaria. Adivinen ustedes en cuántas guerras internacionales ha participado el Ejército venezolano desde la disolución de la Gran Colombia. No: su especialidad son los golpes de Estado, directos o, como ahora, por interpuestos simulacros jurídicos.

La única institución venezolana inclusiva y pluralista era, hasta la semana que hoy se cierra, la Asamblea Nacional de la República Bolivariana. Maduro se la ha cargado con un acto de fuerza teóricamente judicial, pero tras el que no es difícil oler la pólvora. Tan de fuerza, digo, que incluso la fiscal general, chavista acérrima, lo ha calificado de anticonstitucional. Maduro, a través de su tribunalito, ha invocado el desacato como pretexto, o sea, el desacato del Parlamento a su persona o a las de sus siervos togados o uniformados. Carlos I de Inglaterra no apeló a nada muy distinto cuando intentó cerrar para siempre el Parlamento de Westminster, pero aunque contaba con más parque que el terrorista islámico que atacó la misma institución el pasado día 22 de marzo, no consiguió otra cosa que iniciar una guerra civil que le fue adversa, y a consecuencia de la cual perdió la regia testa el 30 de enero de 1649. Porque Carlos I Estuardo, rey de Inglaterra, fue decapitado por traición al Reino representado en el Parlamento, y no a causa de la matanza de hugonotes en París, la noche de San Bartolomé, del 23 al 24 de agosto de 1572, en la que no tuvo nada que ver (ni siquiera había nacido por entonces), pese a lo que sostuviera en su día el profesor titular de la Universidad Complutense Juan Carlos Monedero, asesor bien pagado del chavismo y mentor del hijo de la ministra del PSOE Ángeles Amador, también este último encantado de haberse conocido.

Los legislativos democráticos no desacatan, porque representan a la nación, depositaria de la soberanía. Pablo Bustinduy Amador, la noche del jueves, evitándose condenar el golpe de Estado de Nicolás Maduro, se proclamó orgullosamente heredero del 15-M, aquel movimiento que surgió contra el Parlamento democrático español («¡No nos representan!»). Es un chollo, reconozcámoslo, esto de ser heredero a la vez del 15-M y de la mamá ministra. Uno juega a todas las cartas, a representar lo representable en los parlamentos que "no nos representan" y a apoyar tácitamente los parlamenticidios de los amigotes. Ya hacían algo parecido los parlamentarios batasunos desde los parlamentos democráticos, desde los autonómicos vasco y navarro y desde las dos cámaras del nacional (que despreciaban igualmente).

Los presos, en mi nombre, no Isabel San Sebastián
Isabel San Sebastián ABC 4 Abril 2017

Mariano Rajoy tiene cerrados los presupuestos del año próximo a medio diputado vista, todo indica que canario, según su propias palabras. Conocemos las cuentas salidas del Consejo de Ministros porque se han hecho públicas. Tenemos igualmente información de lo que Rivera ha pedido a cambio de sus treinta y dos sufragios en el Congreso: 4.000 millones de euros para ese cajón de sastre llamado "gasto social" y que no suban, en este ejercicio, los impuestos ya confiscatorios que soportan los trabajadores. Lo que no sabemos es el precio exigido por el PNV para apoyar con sus cinco diputados la ley llamada a mantener en pie la legislatura. No lo sabemos, pero lo sospechamos. Y la mera sospecha resulta intolerable.

Lo trascendido hasta la fecha es que el gobierno de Vitoria podrá finalmente renovar la plantilla de la policía autonómica, bloqueada desde hace tiempo por discrepancias técnicas con Madrid. Magro, muy magro estipendio por el oxígeno vital suministrado al Ejecutivo en esa votación crucial. ¿Es retorcido maliciarse que, bajo cuerda, como es costumbre, lehendakari y presidente hayan acordado facilitar el acercamiento de presos etarras que reclama con insistencia el partido de Sabino Arana? "Piensa mal y acertarás", dice el refrán. Especialmente, añado yo, cuando tus reflexiones transiten por el terreno de la política actual. Como es natural, no se trataría de un acercamiento repentino y masivo, sino de algo gradual, empezando por los enfermos y cuidando que los movimientos pasasen lo más desapercibidos posible al grueso de la ciudadanía. Poco a poco, los terroristas abandonarían las cárceles del sur para reagruparse a menos de 250 kilómetros de sus lugares de origen, siguiendo la propuesta de Urkullu, y en función de la tolerancia social a semejante tráfico se iría marcando el ritmo de las progresiones de grado y paulatinas excarcelaciones.

No estoy fabulando. Disponemos de indicios inquietantes y las demandas del PNV están ahí. La última pantomima de ETA anunciando su desarme proporciona un pretexto plausible al cambalache. El permiso otorgado a Francisco Javier García Gaztelu para visitar a su padre repugna al concepto mismo de justicia, tratándose del asesino más cruel, desapiadado y jactancioso de cuantos ha producido la banda en su largo historial sanguinario, pero parece destinado a medir nuestra capacidad de tragar infamia. Una capacidad aparentemente ilimitada, toda vez que, más allá de algún comentario crítico en prensa y radio, las vacaciones de "Txapote" no han causado mayor escándalo ni merecido un recurso por parte de la Fiscalía, adherida así por omisión a la claudicación del juez ante esta alimaña, perpetrada contra el criterio de la junta que rige la prisión donde purga sus crímenes. ¿No vivió Bolinaga dos años de feliz libertad merced a la "generosidad" de un Estado agradecido a la organización terrorista por perdonarnos la vida? ¿No está De Juana Chaos huido por idéntica razón? ¿Por que iban a ser menos los restantes sicarios de la serpiente, una vez consolidada la "paz"?

Me gustaría equivocarme. Pediría disculpas sinceras al Gobierno del que sospecho si veo que pasan los años y los etarras cumplen implacablemente sus condenas allá donde se encuentran ahora. Respiraría aliviada si alguien nos explicara en virtud de qué prodigio el separatismo vasco se compromete con lealtad en el futuro de España... gratis et amore. Hasta entonces, permítanme albergar dudas y pedir que, en mi nombre, nadie otorgue a un terrorista una medida de gracia. No hay presupuesto que valga la dignidad de una Nación ni la justicia debida a las víctimas.

¿Por qué se van a Madrid?
Xavier Salvador cronicaglobal 4 Abril 2017

En los dos o tres últimos años muchas empresas con base social (sede y fiscalidad, para entendernos) en Barcelona han trasladado a Madrid su cuartel general. El fenómeno no es todavía alarmante, pero sí indiciario de una tendencia que pone de manifiesto algo inexistente hasta la fecha: la capital catalana y su área de influencia han dejado de ser indiscutibles entre el mundo empresarial como el lugar más idóneo del sur de Europa para los negocios.

Las razones de estos traslados son diversas. Lo que sucede no tiene una sola explicación, sino varias. El poder político catalán actual minimiza el trasiego de sedes con estadísticas que les favorecen como los saldos netos de inversión extranjera en Cataluña o los movimientos interterritoriales de sociedades que se producen en España. Es cierto que la Generalitat y los políticos impulsores del proceso soberanista no son los únicos responsables de lo que acontece, pero sí tienen una porción elevada de culpa en todo el embrollo.

El empresariado adopta siempre sus decisiones de inversión, o de radicación, en virtud de múltiples variables. Barcelona era hasta la fecha una localización magnífica por su clima, sus recursos humanos bien preparados, sus bajos salarios comparativos con la Unión Europea, una fiscalidad correcta, una conexión marítima de primer nivel y un buen acceso terrestre a los vecinos del sur europeo. A todo ello se añadía la capacidad de generar ciertas sinergias (clusters les llaman ahora) con otras empresas, un tejido industrial propio en algunos sectores (miren la industria de la farmacia, por ejemplo) y un entorno geográfico y cultural de primer nivel para los directivos que aterrizaban aquí.

¿Qué ha pasado para que algunas empresas decidan envolver sus bártulos y cruzar el Ebro? Los mismos empresarios que daban valor a todas las condiciones enumeradas antes son quienes se encogen de hombros cuando vislumbran dificultades a su alrededor. El proceso soberanista y la hipótesis de un desenlace con enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España es para algunos mercados un riesgo inaceptable. Es una razón, ni la mayor ni la más intensa, pero que pondera. Igual que la fiscalidad, ámbito en el que Cataluña ha perdido cualquier atractivo por su alta presión tributaria, que afecta de manera especial a los directivos de cualquier compañía.

Si la política y los impuestos son importantes, la cuestión local no es menor. Los ayuntamientos, con sus normativas, ordenanzas y políticas de fomento económico, tampoco son ajenos al fenómeno. Es posible que Barcelona pierda más empresas por el miedo a Ada Colau que a la independencia. Los empresarios ven más eficaz, rápido y peligroso al equipo de gobierno de Barcelona en Comú que a los independentistas del otro lado de la plaza Sant Jaume. De hecho, unos viven una quimera que quién sabe si prosperará, mientras los otros ya han aplicado moratorias a las empresas turísticas, quieren remunicipalizar el agua, los cementerios y, si les dejan, hasta el aire que respiramos. Ser la empresa que proporciona el servicio eléctrico a la ciudad y encontrarse con la postura frontal del Ayuntamiento de Barcelona al contrato tiene que dar vértigo al primer ejecutivo de cualquier compañía.

El resultado final es un escenario entre el Gobierno autonómico y el local de una cierta inestabilidad subyacente o de una inseguridad jurídica y empresarial poco propicia para mantener inversiones en la capital catalana. No es Artur Mas, Carles Puigdemont, Ada Colau o Gerardo Pisarello, de forma individual, quienes ponen en peligro que la Ciudad Condal mantenga su histórica presencia y liderazgo empresarial. Pero juntos, como una especie de comando de asalto, suponen un riesgo y una amenaza para el mismo Estado del bienestar que dicen defender y para la justicia social que, supuestamente, pretenden. Su inconsciencia, su arrojo irreflexivo, es lo que da lugar al movimiento empresarial. Unos y otros no sabemos si pasarán a la historia, pero lo que no podemos dudar es que nos infringirán un terrible daño como ciudadanos. Y lo peor es que lo harán vendiéndonos justamente lo contrario. Una barbaridad, en definitiva.

Pedro J. Ramírez, en Pamplona: "Navarra está siendo el tubo de ensayo del nacionalismo y del populismo"
El director de El Español ha participado en una conferencia organizada por Sociedad Civil Navarra a la que han asistido más de 500 personas.
David Gracia elespanol 4 Abril 2017

El periodista, fundador y director de El Español, Pedro J. Ramírez, ha participado este lunes en una conferencia en Pamplona en la que ha alertado de los riesgos de los nacionalismos y el populismo exacerbado, poniendo como ejemplo el gobierno cuatripartito de la Comunidad Foral: "Navarra se ha convertido en una pieza estratégica en el pulso que nacionalistas y populistas le están echando al estado constitucional en España".

En la charla-coloquio, organizada por Sociedad Civil Navarra y a la que han asistido más de medio millar de personas, Ramírez ha valorado algunas de las iniciativas más polémicas del actual Gobierno foral, conformado por Geroa Bai (coalición del PNV en Navarra), EH Bildu, Podemos e Izquierda Unida. "Navarra está siendo el tubo de ensayo de la confluencia entre los planteamientos rupturistas de los nacionalistas que no ocultan su voluntad separatista y los planteamientos rupturistas de los populistas que no ocultan su voluntad revolucionaria", ha afirmado el periodista.

"Los problemas que han generado las urnas los pueden arreglar las urnas", ha continuado Pedro J. en su intervención, advirtiendo de la inestabilidad constitucional que supondría una segunda legislatura de nacionalismo en Navarra "en la que tuvieran más tiempo y capacidad de profundizar en sus proyectos, haciendo que toda la bóveda en la que reposa el equilibrio constitucional de España se tambalearía".

Entre las medidas que ha considerado más polémicas del Ejecutivo navarro presidido por Uxue Barkos, el que fuera director de Diario 16 y El Mundo ha señalado el cambio de la ley de símbolos "para permitir la entrada por la puerta de atrás de la ikurriña", la priorización del euskera para los cargos en la administración y la educación pública, o la amenaza de la presidenta de querellarse contra quienes publiquen informaciones sobre su juicio por un presunto cobro irregular de dietas, como ha realizado Navarra.com.

"Me parece muy nocivo que se intimide a los medios de comunicación como a nuestros amigos de Navarra.com con iniciativas legales para intentar callarles la boca respecto a hechos relevantes y veraces que afectan a todos los navarros", ha afirmado Ramírez.

El periodista ha instado a los asistentes a que, cuando los nacionalistas se refieren a Pamplona como Jerusalén, la sociedad navarra se implique para convertir Pamplona en las Termópilas, "en el baluarte de la libertad que hay que defender".

LA "DESGRACIA" DE SER NACIONALISTA
Ligado a la Comunidad Foral desde hace 44 años, cuando cursó los estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra, Pedro J. ha explicado que se marchó a Estados Unidos tras finalizar su carrera porque no quería convertirse en nacionalista.

El periodista ha relatado que descubrió en sus años en Navarra el nacionalismo. "Vi lo que era, y lo que sigue siendo el nacionalismo: una casa cuartel, un lugar de referencias cerradas, un espacio que atrapa al individuo y limita sus posibilidades de desarrollo", ha definido.

"Siempre pensé que ser nacionalista es una desgracia", ha sentenciado el fundador de El Español, "es algo de lo que hay que curarse y ser capaz de trascender a tu entorno". Pedro J. ha explicado que "el nacionalista en definitiva es alguien que pertenece a un pueblo real o imaginario, no es alguien que forma parte desde la libertad individual de un proyecto colectivo, compartido en un espacio temporal que a la postre es lo que acaba siendo una comunidad".

"TENEMOS UNA DEUDA CON QUIENES HAN DADO LA VIDA POR ESTA SOCIEDAD"
Sobre la banda terrorista ETA, el reconocido periodista afirma que "tuvo que dejar las armas y renunciar al terrorismo no porque llegaran al convencimiento de que aquello era moralmente inaceptable, lo hicieron porque se dieron cuenta de que estaban perdiendo y nunca iban a ganar". Tal y como ha reflexionado Pedro J. Ramírez, el fin de la violencia ha sido "mérito de la sociedad española".

Además ha considerado inaceptable que continúen sin esclarecerse aún 300 asesinatos. En su opinión, es "una injusticia que queden cientos de legajos desperdigados en la burocracia y no se lleguen a conocer las claves para esclarecer los 300 asesinatos que continúan impunes".

Al respecto, Ramírez ha considerado que "una sociedad que no es capaz de rendir homenaje a sus mártires y sobre todo que no es capaz de generar el sentimiento de culpa en los verdugos que han convivido entre nosotros es una sociedad muy poco civilizada". Ha afirmado que España tiene una deuda con quienes han dado su vida por defender este modelo de sociedad y que si las instituciones no reaccionan, "tendrá que ser la sociedad civil la que les impulse a hacerlo".

EL INTENTO DE ASESINATO QUE SUFRIÓ PEDRO J. RAMÍREZ
Con espacio para las historias personales, Ramírez ha rememorado el día que descubrió que ETA había intentado asesinarle en los años 80. Tuvo conocimiento de que estaba en el punto de mira a través del etarra arrepentido del Comando Madrid, Soares Gamboa. Precisamente ambos habían sido compañeros de clase en el colegio Maristas de Logroño.

Como ha relatado, Pedro J. recibió una carta de su antiguo compañero en la que le decía que diera gracias al destino porque le habían estado esperando en la puerta del pabellón Magariños (la cancha donde juega el Estudiantes, el equipo que seguía asiduamente Pedro J. Ramírez) con una bomba y aquel día no fue a ver el partido. Tras entrevistarse con el etarra, Ramírez ha señalado que comprobó la banalidad del mal: "Le preguntaba por qué lo hizo y no sabía responderme, solo decía que simplemente seguían órdenes y mataban a personas porque sus nombres aparecían en una lista".

El periodista también ha tenido un recuerdo para otros colegas de profesión que estuvieron en el punto de mira, como el asesinado José Luis López de la Calle o el que fuera director de Diario de Navarra, José Javier Uranga, que resultó herido muy grave cuando fue acribillado a tiros en la entrada de la redacción.

La infantilización de la democracia
Hemos ido permitiendo que el debate público se convirtiese primero en producto de entretenimiento y después en un recital infantil
Pablo Pombo elconfidencial 4 Abril 2017

¿Cuándo debemos explicarle a un niño que no basta con querer algo para conseguirlo, que no es posible tenerlo todo y que algunos deseos nos hacen daño? ¿Y cuándo fue que lo olvidamos nosotros mismos?

Me he pasado el fin de semana dándole vueltas a esas preguntas, las mismas según miraba a mi hijo y a nuestro país, a nuestro mundo. Todo conectado por la necesidad de evitar que el capricho se instale en la vida.

Recordaba a quien me enseñó que el antojo es el combustible de la pereza individual y colectiva. Y al mirar hacia atrás, creí darme cuenta de que nos ha venido comiendo en el terreno cívico.

Poco a poco fuimos dejando de hablar sobre política con quienes no piensan como nosotros, era lo más cómodo. Fue sencillo ir quedándose en la orilla de las cosas, sin sumergirnos en los argumentos de los otros. Y así estamos como estamos, 'tanagustito'.

Casi sin darnos cuenta, hemos ido permitiendo que el debate público se convirtiese primero en producto de entretenimiento y después en un recital infantil. Ya preferimos escuchar lo que deseamos oír en lugar de lo que necesitamos saber. Solo esa parte, por favor.

No solo aquí. Lo mismo ocurre en las cunas de la civilización democrática moderna. Francia, Reino Unido, Estados Unidos. La emoción parece estar sometiendo a la palabra, a la materia prima de la política. Los estados anímicos primarios eclipsan la reflexión cívica.

El desdén a los matices, el desinterés por el encuentro y el aplauso a los irrespetuosos conforman una victoria silenciosa del extremismo. Cada día vemos a los nacionalistas y a los populistas celebrar el retroceso de la política adulta. Es su juego. Reivindicar la soberanía del pueblo y tratar al pueblo como se trata a un crío.

Son ellos quienes creen que al pueblo/niño no se le puede decir la verdad. Mejor contar solo la parte de la culpa y no hablar de la responsabilidad. Nadie vivió en España por encima de sus posibilidades. Fue sensato hipotecarse por 40 años y meterse en otro coche nuevo a pagar en cómodos plazos. Fue razonable zambullirse en el culto a las apariencias y la cultura del consumismo insostenible. No le venga con la verdad, hombre, que me llora encima.

Son ellos, populistas y nacionalistas, quienes sostienen que al pueblo/niño no se le deben enseñar las cosas complejas. Mejor el sonajero de la distracción rápida. Ocultar lo que no es sencillo, reducir el debate a la identidad cuando la economía entera está globalizada y lo que hace falta es más política y no menos.

Tape eso, por lo que más quiera, acérquele el cuento de 'la trama' que se digiere como papilla, da igual que Caperucita Roja sea un tratado de ciencia política al lado del nuevo discurso de Pablo Iglesias.

Y nada de esfuerzos, por dios, que la frustración es dolorosa. Lo provechoso es alimentar las satisfacciones inmediatas. Fugaces. Falsas. Pegar cuatro gritos en la casa de todos da más gustito que trabajar para reducir la desigualdad y el aumento de la pobreza.

No le pida que se ponga en pie, hombre, que está bien en el corralito. No comparta un discurso honesto, un motivo para el compromiso efectivo. Pruebe con la fantasía. Es pronto para que el nene aprenda que los hechos tienen consecuencias. Habrá tiempo para eso, que se sepa más tarde que el Brexit tenía un coste, que nadie diga que la puerta del 'procés' también es la salida de la Unión Europea. Deje al crío desahogarse, gritar a todo pulmón, tiene derecho.

Los extremistas desposeen al ciudadano de la mitad de su naturaleza política. Esa mitad que, en mi opinión, tenemos que reivindicar y reconquistar. Porque no solo tenemos derechos, también compartimos deberes. Convertir el voto en la expresión de un desahogo emocional entra en la primera categoría. Informarse sobre las repercusiones reales que tiene optar por una opción política, pertenece al otro campo, al ámbito del deber cívico que populistas y nacionalistas nos quieren arrebatar.

Los que se han hecho plebiscitarios mientras pierden respaldos en las urnas de la democracia representativa exigen que el pueblo tome las decisiones sin que nadie le explique al pueblo lo que ocurrirá el día después.

La prueba está en que cuando un representante político decide leer en público la letra pequeña de lo que quiere venderse como democrático, llegan raudos los extremistas a tachar la información como una presión intolerable al votante. Una apelación al miedo inaceptable, dicen. Resulta llamativo, y hasta triste, comprobar que decir la verdad escandalice tanto a quienes pretenden aplastar el entendimiento mutuo a base de emociones que solo valen para separarnos.

Ha tenido tanto éxito el discurso que infantiliza la democracia, que hasta sorprende que se nos trate como personas adultas. Fue lo que pasó el otro día. Llegó Emiliano García-Page y simplemente le puso voz a un hecho. Nadie puede discutir que el voto a Sánchez no es inocuo, afecta a la posición de los presidentes autonómicos socialistas. Expresó lo obvio, dijo la verdad sin más.

La reacción del entorno de Sánchez no se hizo esperar. Puede dudarse de que la respuesta de Óscar Puente sea un ejemplo de compañerismo, pero desde luego hay claridad. La factura está sobre la mesa.

Se sabía que el voto a Sánchez implica una nuevas elecciones generales en otoño y que el PSOE tendría que competir con el mismo candidato de las dos derrotas anteriores, sirviendo a Rajoy en bandeja de plata un Gobierno con mayoría absoluta. Se sabía que estando Cataluña como está, los independentistas desean su victoria. Ahora las dos partes han dejado demostrado que votar a Sánchez implica torpedear a los gobiernos autonómicos socialistas. Es bueno votar en verdadera libertad, sabiendo lo que se vota.


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