AGLI Recortes de Prensa    Jueves 6 Abril 2017

PGE 2017: Más gasto, más impuestos y más deuda
EDITORIAL Libertad Digital  6 Abril 2017

Lo mejor que se puede decir del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2017 que presentó el martes el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en el Congreso es que son unas cuentas públicas "más políticas que económicas", eufemismo con el que se dulcifica el hecho de que aplazan clara e irresponsablemente las reformas estructurales que España necesita para reducir la deuda pública y para estimular sanamente el crecimiento mediante la reducción de la asfixiante presión fiscal y el desproporcionado tamaño de la Administración.

Así, la cacareada mejora en educación o sanidad no se obtiene mediante reformas que permitan obtener más provecho de cada euro dedicado a esas partidas, sino por el cómodo recurso de dedicarles más dinero, como si los recursos del Estado fueran ilimitados. Algo parecido se puede decir de las pensiones, capítulo al que ya va a parar nada menos que el 40,7% del gasto total del Estado, y donde el incremento del 3,2% en el pago de las prestaciones se va a llevar a cabo mediante el delirante procedimiento de pedir un préstamo de 10.100 millones de euros que evite al Gobierno de Rajoy el baldón político de ser el que ha terminado de vaciar la llamada "hucha de las pensiones".

Otro tanto se puede de la política de "fomento del empleo", que no descansa en la liberalización de la economía ni en la reducción de impuestos sino en un cheque de 1.200 millones de euros, tal y como el Gobierno del PP pactó con Ciudadanos a cambio de su apoyo a las cuentas.

Al margen de una muy desigual y arbitraria distribución en la inversión por comunidades autonomas, que van desde los 405 euros por habitante destinados a Castilla y León a los 119 que se van a dedicar a la Comunidad Valenciana, los PGE mantienen básicamente una línea continuista que va a imposibilitar el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit si no es mediante su renegociación al alza a mitad del ejercicio, tal y como se hizo el año pasado. Otro tanto se puede decir de la presión fiscal, que no sólo se mantiene sino que se vuelve a incrementar en el caso de los autónomos. Así, y a pesar de la extendida defensa que los partidos políticos hacen de un sector tan decisivo para el empleo como el de los autónomos, el Gobierno ha aumentado un 3% la base mínima de cotización para los trabajadores por cuenta propia, cuya aplicación está prevista para el próximo mes de julio. De este modo, la base mínima, que es a la que se acoge más del 80% de los autónomos, subirá de los actuales 893,10 euros hasta los 920, con lo que tendrán que abonar unos 8 euros extra al mes o, lo que es lo mismo, unos 96 euros más al año. En concreto, la cuota mensual subirá de 267 a 275 euros mensuales.

Lo más lamentable de todo es que no hay oposición alguna en el Congreso a estos presupuestos típicamente socialdemócratas que no sea la que proviene de un extremismo de izquierdas al que se ha sumado el PSOE, partidario de incrementar, todavía más, el gasto, los impuestos y la deuda pública.

Exceso de confianza y fragilidad de España
Juan Laborda vozpopuli.es  6 Abril 2017

La situación actual de nuestra querida España se parece muchísimo a la de los años previos al colapso de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, esta vez, el proceso de endeudamiento de nuestra economía es alrededor de un colateral no tan nítido, claro y palpable como en su momento fue el precio de la vivienda. Nos referimos a la deuda soberana. El colapso de sus precios en ausencia de soberanía monetaria -como es el caso actual de nuestro país- generaría una crisis de incalculables consecuencias. Si caen los precios de los bonos soberanos, en un entorno de aumento de los tipos de interés e incremento de las primas de riesgo, la economía española recaerá. Al perder la soberanía monetaria, dentro del Euro, las probabilidades de este cisne negro son mayores de lo que prevé el consenso.

Nuestras élites -políticas, económicas, académicas…-, en plena orgía urbanística, miraron para otro lado. Ahora, en pleno proceso de ensimismamiento, dentro del euro, vuelven hacer lo mismo, desacreditar con eufemismos –agoreros, cenizos,…- a aquellos que osamos poner en duda el oráculo monclovita. Si se hiciera un sencillo análisis de riesgos, se podría percibir algo obvio. En el caso de que se activara el mecanismo endógeno de aversión al riesgo en los mercados financieros, caerían los precios de los bonos y se produciría una crisis de deuda soberana y bancaria “a la griega” y las consecuencias para nuestra ciudadanía serían todavía más dramáticas que La Gran Recesión. En realidad sería la segunda fase de la misma.
Neoliberalismo, igual a deuda

En la primera fase de la Gran Recesión el problema era la deuda privada y la fragilidad bancaria. Nuestra situación se asimilaba a la de Irlanda. Y de aquellos barros estos lodos. Si se hubiese hecho lo correcto para hacer frente a una recesión de balances –reestructuración del sector bancario a costa de bonistas sénior, quitas de deuda privada, control de capitales, expansión fiscal, subidas salariales…- se habría limpiado esa porquería generada en las últimas décadas, bajo el predominio del pensamiento único, llamada deuda. Pero no fue así. Como consecuencia, en el momento actual, se añade la deuda soberana alrededor de la cual se concentra la mayor parte de nuestra deuda externa. La fragilidad bancaria es todavía mayor. ¿Quién compra bancos españoles cuando el p/e del bono soberano a 10 años patrio es mayor de 100? ¿Quién compra bancos españoles cuando las ganancias de capital de sus carteras de deuda más los cupones representan casi el 100% de los beneficios antes de impuestos?

Desde 2008 la deuda privada se ha reducido en casi 754.000 millones de euros, en un proceso de desapalancamiento de familias, empresas y entidades financieras. Por el contrario, se ha producido un fuerte incremento de la deuda pública, en casi 1 billón de euros. Ello se debe básicamente a dos razones. Por un lado, la intensa recesión de balances acelerada por las políticas económicas implementadas desde mayo de 2010, y que activaron los estabilizadores automáticos. Por otro, a un incremento del stock de deuda pública correspondiente a fondos que se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros (rescate bancario).
Por qué es importante la soberanía monetaria

En el rescate del sistema bancario irlandés, el Fondo Monetario Internacional, bajo Strauss Kahn, propuso quitas. Pero hete ahí que el BCE y el hombre de Wall Street, Timothy Geithner, se opusieron. Defendieron a los acreedores bancarios, y como explicaba Morgan Kelly, un académico irlandés que participó en las discusiones sobre el rescate irlandés de finales de 2010, lo que realmente subyacía en el mensaje de Irlanda era lanzar un aviso a España de no tocar a los acreedores bancarios. En aquel año nuestra deuda externa era básicamente bancaria. Teníamos que haber aplicado un mecanismo de resolución donde la juerga bancaria no la pagaran los contribuyentes (bail-out) sino la gerencia y los acreedores (bail-in).

Los alemanes, los mismos que especularon en torno a la vivienda y suelo patrio, no quisieron asumir un euro de las malas inversiones de sus bancos. Como consecuencia se socializaron pérdidas privadas, aumentando exponencialmente la deuda pública patria. Si ahora aumentan los tipos de interés a largo plazo, la deuda soberana de España estaría sometida a una carga financiera que nos haría inviable como país. Seguiríamos los pasos de la malograda Grecia.

Para que ello ocurra bastaría con que el Banco Central Europeo dejara de comprar en secundario deuda soberana española, especialmente si las primas de riesgo aumentan. El efecto sería explosivo. Y eso puede ocurrir, tal como le pasó a Grecia. Estamos bajo la espada de Damocles de los caprichos del banquero central de turno o de esos que constantemente sugieren que somos unos vagos y parásitos. Y miren que ya ha quedado demostrado que al final, con el Euro, en realidad les hemos subsidiado –véanse los indecentes superávits por cuenta corriente de Alemania-.

Por todo ello, hoy en día, el concepto de soberanía monetaria es tan importante. Por el futuro de nuestros hijos, debería abrirse al menos un debate y no asumir como dadas ciertas premisas. Pero de ello no se habla, se oculta a la ciudadanía dónde estamos y las alternativas existentes. Y los excesos de confianza suelen acabar muy mal. Nunca olviden la hipótesis de inestabilidad financiera Hyman Minsky, y como la estabilidad aparente genera inestabilidad.

Leviatán
Aleix Vidal-Quadras gaceta.es  6 Abril 2017

El Gobierno acaba de presentar los presupuestos del Estado para el año en curso con seis meses de retraso debido al largo período en que ha estado en funciones tras la intratable situación parlamentaria surgida de las elecciones de Diciembre de 2015. La característica más destacable de este proyecto de cuentas públicas es que, dentro del margen de cumplimiento de reducción de déficit marcado por Bruselas, vuelve a la alegre senda del gasto. Así, por ejemplo, se crea un considerable número de puestos fijos para funcionarios destinados a proporcionar una plaza vitalicia a un significativo porcentaje de interinos, se incrementa el salario de los empleados públicos en un 1% y se aumentan también determinadas partidas del capítulo social.

Aunque nos hemos acostumbrado a la ingente magnitud de la riqueza nacional que ponemos en manos de las Administraciones y la mayoría de los ciudadanos no es consciente de ello, las cifras, si se examinan fríamente, son mareantes. El total del dinero que Montoro repartirá entre Autonomías, Ayuntamientos, pensiones, desempleo, servicios básicos, intereses de la deuda y activos y pasivos financieros ascenderá a 443133329500 euros, es decir, el 40% del PIB español. De cada cien euros que producimos con nuestro esfuerzo, dedicación, talento y ahorro, el Estado se apropia de cuarenta y con esta suma estratosférica paga la sanidad, la educación, la defensa, las jubilaciones, el subsidio de paro, la seguridad y muchas cosas más. Si España fuese una empresa privada, sus propietarios o sus accionistas velarían, por razones obvias, por el buen y eficiente uso de este dispendio. Si detectasen partidas superfluas o sueldos abusivos de los directivos o cualquier tipo de despilfarro o mala gestión que fuese en detrimento de los beneficios y pusiese en peligro la viabilidad del negocio, procederían de inmediato a tomar medidas correctoras para evitar posibles desmanes o muestras de incompetencia.

En el caso que nos ocupa, los dueños de la compañía somos los cuarenta y siete millones de ciudadanos que poblamos nuestra nación y como es imposible que llevemos a cabo directamente el control del correcto manejo del fruto de nuestro trabajo elegimos a unos representantes que lo deben hacer en nuestro lugar. Estos diputados y diputadas designan a su vez un Gobierno que dirige a tres millones de servidores públicos encargados de ejecutar para nuestro bien el presupuesto en cuestión. El problema surge cuando advertimos que ni los miembros de las Cortes ni la multitud de funcionarios y cargos diversos que deciden en qué se invierte y cómo se invierte lo que hemos puesto en sus manos y que, no hay que olvidarlo, no es suyo, sino nuestro, tienen objetivos, intereses y propósitos diferentes cuando no contrarios a lo que aconsejaría una utilización honrada y sensata de nuestros recursos. Sus fines son básicamente ampliar su poder, ser reelegidos y colocar a tantos parientes, correligionarios y amigos como puedan. En otras palabras, no sólo son juez y parte, sino que además se convierten rápidamente en lobos al cuidado de un rebaño de ovejas. Las ovejas, no hay necesidad de explicarlo, somos los sufridos e indefensos contribuyentes.

Son tantos los ejemplos que demuestran esta dolorosa realidad, que su enumeración ocuparía un libro entero. Infraestructuras inútiles construidas con el único motivo de conseguir votos y/o cobrar sustanciosas mordidas, nóminas hinchadas hasta el escándalo al servicio del clientelismo más descarado, prevaricaciones y malversaciones sin cuento para enriquecerse ilícita y obscenamente, una estructura territorial concebida para beneficio de los partidos y para aplacar reivindicaciones particularistas que, lejos de calmarse, se han exacerbado, miles de entes públicos de todo pelaje absolutamente innecesarios creados para ensanchar el pesebre, subvenciones sin cuento ni medida para alimentar estómagos agradecidos y, para que la maniobra de saqueo sistemático resulte más fácil, un sistema electoral que elimina cualquier asomo de vínculo entre representante y representado y que transforma el Parlamento en un agregado lanar de rebaños pastoreados por el jefe de filas de turno.

Ahora que la Unión Europea sufre tantos ataques y que fuerzas retrógradas y oscuras pugnan por deshacerla, demos gracias por la existencia de una instancia superior y externa que vigila para que la voracidad fiscal de ciertos Gobiernos nacionales no nos arrastre a la ruina irreversible. No taxation without representation, clamaron los colonos de las trece colonias norteamericanas hace dos siglos y medio contra una metrópoli depredadora antes de construir una democracia con separación de poderes, libertad de prensa y de culto y responsabilidad del elegido frente al elector. Es vano esperar que alguien lance ese grito justiciero en la España partitocrática y autonómica que nos ha tocado padecer. El Leviatán nacido de la Transición y convenientemente alimentado durante cuatro décadas es ya tan gigantesco e insaciable que solamente nos queda la esperanza de que un día muera de indigestión.

El hombre que odiaba el islamismo
Javier Caraballo elconfidencial  6 Abril 2017

El hombre que odiaba el islamismo se ha muerto. Y ya solo queda como epitafio grabado en el aire de nadie aquello que dijo con templada y contundente irritación. Que nuestro mundo está en guerra y no se entera; que peligran los grandes logros de la civilización; que Europa se despeña por una pendiente de indolencia y conformismo; que no somos conscientes de la amenaza real que representa en este nuevo siglo la globalización del terrorismo islámico.

Muchas veces he pensado en la mirada de los muertos, por la curiosidad que jamás se verá satisfecha de conocer qué sucede tras la muerte y, si hay otra vida más allá de esta vida, cómo contemplarán los acontecimientos mundanos que ya no les afectan. Giovanni Sartori se ha muerto y el vacío que deja su desaparición se agranda con la odiosa sensación de que, pasado el tránsito de este mundo, pueda estar observándonos ahora con más socarronería aún de la que ya empleaba cuando estaba entre los vivos.

Sartori odiaba el islamismo. Lo odiaba porque entendió la amenaza que supone para lo que hemos conseguido como civilización y porque le irritaba el riesgo inmenso de lo políticamente correcto para camuflar esa amenaza con la excusa banal del multiculturalismo. Odiaba el islamismo extremo, la utilización de un dios para justificar la violencia, la dictadura y la opresión; no odiaba la religión, condenaba la barbarie en nombre de la religión. “La religión católica ha sido durante mucho tiempo intolerante, hoy no se lo puede permitir. Aunque muchas veces quisiera. Ya ha perdido para siempre la ocasión de serlo. Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada. Y la obligación en estas religiones es distinta. A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no lo permite”. ¿Existe alguna lógica histórica más sencilla y abrumadora que esa?

Antes de que en septiembre de 2001 se produjera el atentado de las Torres Gemelas, que lo cambió todo, Giovanni Sartori publicó un libro imprescindible, 'Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros', en el que ya advertía de un peligro real que, entonces, muy pocos veían y, menos aún, se atrevían a denunciar. Se trataba, simplemente, de reconocer que el buenismo de las palabras no conduce a la solución de los problemas reales de integración en nuestra sociedad; que las políticas que proclamaban, y proclaman, el multiculturalismo son cínicas excusas para no hacer nada; la falsa tolerancia hacia el intolerante.

Sartori solo atendía a la historia, a lo que tenemos aprendido, y sacaba conclusiones, a veces con el trazo grueso de la provocación para ser escuchado: “¿Se pueden integrar los inmigrantes musulmanes en una democracia occidental europea? No se han integrado jamás en ningún lado. Mire usted el caso de la India. El islam llegó allí hace más de 1.000 años y, después de todo ese tiempo, los musulmanes aún no se han integrado en absoluto. No se integran porque si uno obedece la voluntad de Dios, no puede obedecer la voluntad del pueblo ni respetar el principio de legitimidad de la democracia. Y el islam es un sistema teocrático cuyos miembros están obligados a cumplir la voluntad de Alá”.

Desde el terrible atentado de las Torres Gemelas, el terrorismo islamista se ha extendido por Europa y, ante el impasible desconcierto y dejadez de la clase política, cómodamente instalada en las doctrinas de lo políticamente correcto, lo que han proliferado son los movimientos políticos xenófobos que solo pueden agravar el conflicto y extender la violencia como nunca la ha conocido esta generación de europeos. “El problema no es el islam, pero está en el islam”, escribí aquí mismo hace uno año, tras otro atentado del terrorismo islamista, la matanza en una discoteca gay de Orlando en la que un fanático, reclutado por el Estado Islámico, acabó a tiros con la vida de 50 personas.

Unos meses antes, Sartori había vuelto a insistir en una entrevista: “Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico (…) Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en la que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política. ¿Y cómo acabará? Veremos: este es un mundo que se está suicidando”.

La inmensa mayoría de los 1.500 millones de personas que profesan el islam en el mundo detestan y condenan el terrorismo y la violencia, pero una vez más habrá que insistir en que el problema no está en ellos, pero sí en su religión, que es la que ha producido el cáncer de fanatismo islamista. Tawfik Hamid, uno de los escasos pensadores musulmanes que se atreven a mirar de frente el problema, no es de los que, tras cada conflicto, se limitan a recitar la parte del Corán que condena toda clase de violencia: “Matar a un inocente es matar a toda la humanidad”. No se queda en los versos coránicos, porque sabe que el problema no es el islam, pero está en el islam. Por eso exige esfuerzos, que no se producen; por eso exige una autocrítica, que no se da; por eso pide una evolución que está muy lejos de comenzar.

“Propongo —dice Tawfik Hamid— que cada musulmán exija a su mezquita o a su escuela coránica que rechace públicamente estos cinco puntos que definen a los radicales: el asesinato de apóstatas, golpear o lapidar a las mujeres que han cometido adulterio, llamar a los judíos cerdos o monos, matar a judíos, declarar la guerra a los no musulmanes, esclavizar a seres humanos y matar a homosexuales. Si son verdaderamente moderados, lo rechazarán sin problemas”. ¿Alguien, algún musulmán de buena fe, podría negarse a suscribir esas mismas palabras? ¿Cuánto se avanzaría en la lucha contra el fanatismo terrorista si todos los países islámicos hicieran suyos esos propósitos tan elementales? ¿Cómo puede nadie calificar de ‘civilización’ a quien promueve o encubre lo contrario?

Se ha muerto el hombre que odiaba tanto el fanatismo islamista como la gilipollez de la complacencia, el buenismo y lo políticamente correcto. Se ha muerto Giovanni Sartori y solo queda que, en su memoria, colguemos en el aire una sentencia de Séneca que el ser humano nunca acaba de asimilar: “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.

Giovanni Sartori, 1924-2017
Alicia Delibes Libertad Digital  6 Abril 2017

Conocí a Giovanni Sartori en la primavera de 2003. La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) aprovechó que había venido a Madrid a presentar uno de sus libros para organizar con él un encuentro al que tuve la inmensa suerte de asistir.

Después de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, Sartori había publicado La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros. La inmigración era uno de los temas políticos y sociales que más interés despertaban entonces entre los españoles, y FAES pensó que sería interesante que escucháramos al famoso profesor italiano.

En aquella reunión, Sartori explicó con claridad las razones por las que, en su libro, defiende el control de las fronteras y habla de la dificultad de integración de los musulmanes y de las trampas del multiculturalismo. Unas ideas que, sin duda, resultan incómodas para la progresía biempensante, que, al menos entonces, consideraba al profesor un liberal de izquierdas, o sea, uno de los suyos.

Sartori siempre ha mantenido que la mejor defensa contra el terrorismo islámico es la firmeza en nuestras convicciones liberales y en los valores de nuestra civilización occidental. El mes pasado recordaba yo en este periódico una conferencia que envió al Parlamento en 1998, con motivo de los veinte años de nuestra Constitución. En ella, Sartori llamaba a la defensa de la "representatividad" frente al "directismo", es decir, de la democracia representativa frente a la llamada democracia directa.

En el año 2008 Lorenza Foschini, periodista de la RAI (televisión pública italiana), convenció a Sartori para grabar un programa que llevara como título Lecciones de democracia. Se trataba de que el profesor saliera ante las cámaras y, durante no más de cuatro minutos, hablara al público sobre algunos de los interrogantes que la gente se plantea cuando se habla, precisamente, de democracia. De aquellas charlas salió un libro, La democracia en 30 lecciones, que hoy debería ser de lectura obligatoria en España.

Lorenza Foschini cuenta que, cuando estaban preparando el programa, un día preguntó a Sartori:

–Profesor, ¿pero usted se considera de derechas o de izquierdas?
A lo que el profesor italiano sonriendo contestó:
–Buena pregunta. Yo también quisiera averiguarlo desde hace mucho tiempo pero aún no lo he logrado.

Giovanni Sartori fue, y lo seguirá siendo a través de los numerosos libros y artículos que ha publicado, un luchador por los valores de la civilización occidental que dijo siempre lo que pensaba o lo que creía que tenía que decir, sin importarle si podía resultar molesto a la izquierda o a la derecha. Lo que hace aún más valiosa su opinión y necesario su criterio.

La tolerancia en la sociedad democrática y Giovanni Sartori
Pedro de Tena Libertad Digital  6 Abril 2017

Que cualquier cosa es susceptible de manipulación es algo profusamente demostrado. Una de las pruebas más lacerantes fue la superchería del "talante" lanzada "al viento" por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Con ella se pretendía eludir el concepto democrático de tolerancia para encubrir cesiones al totalitarismo de todo punto inadmisibles en una democracia pluralista que se respete a sí misma. Recuerden el gigantesco fraude del 11-M, las concesiones a ETA o, últimamente y para abreviar, la resistencia del personaje a admitir la ejecución de un golpe de Estado en Venezuela o el carácter de preso político de Leopoldo López.

La demagogia del "talante", que parecía dirigida propagandísticamente contra el Partido Popular de José María Aznar, al que se atribuía algo parecido a la intransigencia y a la rigidez, era, en realidad, un eficaz ataque contra la solidez y la necesidad de la tolerancia en las sociedades abiertas y democráticas, una tolerancia que nada tiene que ver con el chiste simplificador y manipulador del "talante".

Giovanni Sartori ha sido uno de los pensadores que más hincapié ha hecho en el concepto de tolerancia y quizá quien lo ha precisado con mayor claridad. Julián Marías, asimismo, de siempre preocupado por la convivencia, sobre todo por la que llamó "convivencia sin acuerdo", distinguió con claridad entre coexistencia y convivencia. Lo hizo así:

El acuerdo no es necesario, se puede diferir, discrepar en muchas cosas; se puede ver la realidad con diversas interpretaciones. Los proyectos pueden y deben ser plurales. Pero nada de eso es posible sin concordia, sin la profunda, radical decisión de convivir, de vivir juntos, no meramente coexistir. Convivencia es una espléndida palabra española. La mera coexistencia –de cosas o de personas con cosas– no basta. Pienso a veces que esa palabra, convivir, ha sido la clave de casi todo lo bueno realizado por españoles, y el ejemplo máximo ha sido América.

Sartori, más ceñido a la política como experiencia y como ciencia, ha desentrañado el carácter trágico y amargo del pluralismo, hijo histórico y legal del valor de la tolerancia. La aceptación del pluralismo –que no tiene nada que ver con el supuesto multiculturalismo coexistente y no conviviente– hunde sus raíces en las feroces guerras de religión que asolaron a Europa en el siglo XVII como consecuencia de la escisión de cristianismo entre protestantismo y catolicismo. "Aquel baño de sangre entre católicos y protestantes fue terrible, y Europa, que quedó extenuada, demandó e impuso la tolerancia", el valor que exige el pluralismo, el reconocimiento del otro como diferente en un marco común acordado donde la convivencia es posible.

Hay quien admite que la tolerancia es indiferencia respecto al otro, lo que conduce al relativismo. Todo vale y todo vale lo mismo. Sartori rechaza esta concepción. Ni la tolerancia es indiferencia en el sentido de que lo de los otros no nos interesa, ni es relativismo porque ni todo vale ni todo vale lo mismo. Tolerancia es disposición a convivir con quien tiene creencias equivocadas, según nuestro juicio. Tolerar es "reconocer el derecho que otros tienen de creer algo diferente a lo que nosotros creemos". Quien tolera, escribió Sartori, tiene creencias y principios y los considera verdaderos. Es más, es que el hecho mismo de tolerar ya es disponer de un arsenal de creencias no relativistas sobre la esencia de la convivencia.

Por ello, una convivencia digna de tal nombre exige que todos en una sociedad o una nación puedan realizar sus proyectos, naturalmente y cómo no, el nuestro también. Pero la tolerancia no es ilimitada y tiene tres condiciones sin las cuales no puede inspirar y preservar una convivencia digna y equilibrada.

Un texto del italiano, que sigue esencialmente a Popper, expresa estas condiciones con sencillez y claridad:
Primero: rechazo de todo tipo de dogma y de toda verdad única. Yo estoy siempre obligado a argumentar, a dar razones para sostener lo que sostengo. Segundo: respeto al denominado harm principle. Harm significa "hacerme daño", "perjudicarme". El principio es, por tanto, que la tolerancia no comporta ni debe aceptar que otro me perjudique. Y viceversa, por supuesto. Tercero: el criterio de la reciprocidad. Si yo te concedo a ti, tú tienes que concederme a mí: do ut des. Si no hay reciprocidad, entonces la relación no es de tolerancia.

La primera de estas condiciones es la racionalidad. Ha costado mucho a la civilización occidental a la que pertenecemos situar a la razón como terreno de juego del entendimiento por encima de las creencias irracionales e incluso de la fe religiosa. Precisamente, para posibilitar la convivencia de diferentes opciones cristianas se apeló a la razón frente al fundamentalismo. La experiencia, las pruebas, los resultados y las consecuencias son elementos decisivos del comportamiento racional frente al misterio, la arbitrariedad, y la superstición.

Dicho de otro modo, lo que no puede ser razonado o no quiere ser razonado no puede ser tolerado. Esto es, el fanatismo en cualquiera de sus formas no puede ser tolerado en una sociedad abierta y democrática. Lo que se dice o afirma tiene que poder ser verificado, analizado, estudiado y razonado. Si no estamos de acuerdo con algo, tenemos que poder explicar por qué, y eso es sólo posible cuando media una explicación racional de la propuesta que rechazamos o, en su caso, admitimos.

La segunda de estas condiciones es la exclusión de la convivencia de aquellas personas o grupos que causan dolor a otros. Con quien nos daña no podemos ser tolerantes porque, entre otras cosas, se lograría que el hacer daño fuese considerado algo rentable y beneficioso para el grupo o las personas que lo ocasionan. Naturalmente, sigue Sartori, todos tenemos que corregir nuestras actitudes si se demuestra que infligen daño a otros, pero no aceptar que los proyectos de otros perjudiquen el nuestro propio. Eso no sería convivir sino retroceder en la convivencia.

La sociedad abierta y democrática tolera la presencia de opciones políticas diferentes porque acepta que es posible formular el interés general de formas distintas. Pero no puede tolerar a quienes pretenden imponer sus preferencias políticas por la vía del terror o de la negación del derecho de los demás.

La tercera de las condiciones que limitan la tolerancia en una sociedad pluralista es la reciprocidad. No se puede tolerar a quien no está dispuesto a tolerarnos a nosotros. Naturalmente, o hay relaciones recíprocas de respeto y aceptación o no hay tolerancia posible. Por ello, una sociedad abierta tiene que tener un exquisito cuidado en no facilitar avances de quienes no desean convivir, sino imponer sus creencias o ideas.

Puede creerse que una sociedad abierta y pluralista es una sociedad débil, desguarnecida ante los ataques de la intransigencia y asediada por los resucitadores de la irracionalidad y el dolor. Pero Sartori cree lo contrario. La sociedad pluralista y tolerante es un paso adelante en la convivencia posible, y sólo en lo que llamamos Occidente o sociedades occidentales se ha efectuado este extraordinario experimento político o social que ha logrado las más altas cotas de libertad y prosperidad, de manera simultánea, que se conocen en la Historia.

En su libro La sociedad multiétnica, donde trata más concienzudamente estos conceptos de pluralismo y tolerancia, expone:

Que la variedad y no la uniformidad, el discrepar y no la unanimidad, el cambiar y no el inmovilismo, sean cosas buenas, éstas son las creencias de valor que emergen con la tolerancia, que se adscriben al contexto cultural del pluralismo y que tiene que expresar una cultura pluralista que haga honor a su nombre.

En estos momentos de la historia de España, la reflexión del lamentablemente fallecido Sartori tiene gran interés y proyección de futuro. Ciertamente, la tolerancia admite una cierta elasticidad, pero dentro de unos límites, precisamente aquellos que la preservan de quienes pretenden destruirla. Convendría tenerlo muy presente.

Giovanni Sartori, la valiente lucidez
Santiago Navajas Libertad Digital  6 Abril 2017

"El mundo se ha convertido en algo tan complicado que se escapa a la comprensión incluso de los expertos". El lema de Giovanni Sartori resulta paradójico porque precisamente un experto como él ayudó a hacer más diáfano este mundo tan complejo. Profesor en varias universidades, alternaba la excelencia académica con la polémica de combate desde las páginas del Corriere della Sera y esos ensayos en los que por otro lado cultivaba una aristocrática distancia, al fin y al cabo había nacido en Florencia, con respecto a la deriva entre vulgar y demagógica de la civilización tecnológica.

Especialista en sistemas democráticos, tachó el gobierno de Berlusconi de "sultanato" y describió la reforma constitucional de Renzi como un "sistema español bastardo" (¿más todavía, podríamos pensar nosotros?). Fue decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia durante la revolución de mayo del 68. Entonces quedó vacunado para siempre contra las modas ideológicas que tratan de degenerar el auténtico pensamiento. Contra viento y marea de maoístas, foucaultianos y demás enemigos de la meritocracia académica, consiguió que su universidad funcionase con los habituales exámenes y calificaciones, basados en el conocimiento y no en la ideología. El precio fue la eterna enemiga de la ultraizquierda, lo que le llevó a buscar un exilio dorado en Estados Unidos.

Sus dos ensayos más relevantes son Homo videns y La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros. En ambos viene a decir que vivimos, al menos en Occidente, en el menos malo de los mundos históricos, pero por otra parte advierte de que la propia dinámica de las sociedades abiertas puede conducirlas a la (auto)destrucción por una mala comprensión y una peor aplicación de los principios de tolerancia y pluralismo; a una sociedad multicultural que no ponga límites civilizatorios a las distintas sensibilidades (de género, de etnia, de clase, etc.) que albergue en su seno. El peligro está, dice Sartori, en que se trate de reconducir las sociedades libres por vías utilitaristas, comunitaristas o socialdemócratas en lugar de a su venero primigenio, que es el liberal.

La advertencia de Sartori contra la desintegración suicida propugnada por los bobos ("burgueses bohemios", tan solemnes como cursis) está en línea de la que plasmó Oriana Fallaci, florentina como él, a la que defendió –en un fenomenal artículo titulado, precisamente, "La rabia y el orgullo"– de los intelectuales que comprenden a los terroristas basándose en presuntas razones del contexto social que además de disculparlos terminan por cargar la culpa sobre sus víctimas.

En Homo videns retomaba la visión de Huizinga sobre el ser humano como Homo ludens (el animal que juega) apuntando a una perversión de dicha actividad lúdica en la época de las pantallas (de ordenador, de televisión, de móvil, de tableta) por doquier. Las características del juego que nos hicieron propiamente humanos son la actividad y la creatividad. Denle un palo a un niño y se montará él solo una película de vaqueros e indios. Denle, sin embargo, un iPad y se convertirá en un zombi conectado online a muchos otros zombis. Parafraseando a Nick Carr y su tesis de que Google nos está haciendo cada vez más estúpidos, cabría decir con Sartori que las innovaciones tecnológicas relacionadas con los medios de comunicación nos están embruteciendo a golpes de 140 caracteres.

El gran mérito de Sartori es haber puesto siempre el dedo en la llaga de las cuestiones más importantes y candentes, negándose a responder desde la cómoda complacencia o la cobarde ambigüedad. Por ejemplo, respecto al problema fundamental en nuestra era de migraciones masivas, hay que plantearse sin medias tintas si debe y puede existir una ciudadanía gratuita. Y su respuesta era combativa y polémica: no. En la estela de Karl Popper, venía a decir que cabe ser tolerante, claro, pero sólo con los tolerantes. Contra el buenismo del flower power, Sartori defendía el temperamento del poderío cultural. Contra la sentimentalidad banal, la racionalidad exigente.

Provocador y profundo, Sartori constituye uno de los referentes de la defensa liberal de una democracia basada en la diversidad cultural dentro de los límites del Estado de Derecho y los principios de la civilización razonable. Donde la tolerancia sea una defensa de los derechos individuales y no una patente de corso para la imposición de los dogmas colectivistas.

Ha fallecido a los 92 años. Es ahora nuestra responsabilidad rendirle homenaje tomando el testigo de su valentía política y su lucidez intelectual.

cineypolitica.blogspot.com.es

Las máquinas de hacer dinero
Amando de Miguel Libertad Digital  6 Abril 2017

Asombra la feroz lucha que se entabla en distintas organizaciones para llegar al poder de las mismas ("la cúpula", dicen). En los partidos políticos la llaman "primarias", una etiqueta bendecida por ser una importación de los Estados Unidos, algo así como el dulzón sirope de arce o la estridente música roquera.

¿Por qué tal ferocidad o al menos apasionada dedicación? Muy sencillo. Las grandes organizaciones (sean partidos políticos, clubes de fútbol, bancos u otras grandes empresas económicas) son para sus dirigentes verdaderas máquinas de hacer dinero. Desaparecida la nobleza o la burguesía agraria o industrial, lo que ahora cuenta para situarse en la cúspide social es el dinero por sí mismo en grandes cantidades. No es el dinero que se hereda sino el que se levanta. Hay una forma legítima y clara para conseguirlo: creando riqueza, dando trabajo. Es lo que Ramiro de Maeztu llamaba el "sentido reverencial del dinero". Frente al cual situaba el "sentido sensual del dinero", que consistía en acumularlo rápidamente para gozarlo y exhibirlo. En ello estamos.

Actualmente, la forma más directa para llegar al dinero sensual es a través de los contactos que facilita la política. Los clásicos grupos de interés o de presión son ahora grupos de decisión. Dado que la mitad del dinero que produce España se aloja en el sector público o en sus aledaños, los grupos de decisión se organizan para sacar la tajada correspondiente. Funciona aquí el efecto demostración de los economistas. Se ha podido visualizar recientemente en los antiguos políticos que han arropado la candidatura de Susana Díaz en las llamadas primarias del PSOE. Son claros ejemplos de los ilustres varones que han sabido enriquecerse con su paso por la política. Su inteligencia se prueba porque lo han hecho legalmente, a la chita callando, tirando de contactos y comprando testaferros. Ese ejemplo es lo que anima a tantos seguidores de Susana Díaz. Van directamente a gobernar, esto es, a satisfacer a los distintos grupos de decisión para repartirse el pastel del sector público, que ya es hemisferio. Naturalmente, no lo expresan así, sino que razonan que hay que incrementar el sector público para crear puestos de trabajo y proporcionar ayudas, subvenciones y regalías. A eso lo llaman "igualdad", que suena muy bien, pero que es aproximadamente lo contrario de lo que se proponen. Susana Díaz tiene la ventaja de que ese proceso lo ha conseguido con éxito en Andalucía.

El lector benevolente se preguntará para qué quieren enriquecerse los políticos y la cohorte de aduladores que los rodean. Erosionados otros muchos valores de emulación, sentido de la obra bien hecha o servicio público, queda solo el sentido sensual del dinero como razón del éxito. La forma más fácil de llegar a tal voluptuoso deleite es a través de los contactos que establece la política. Para ascender en ella no se exige ninguna cualificación. Ni siquiera se necesita haber leído mucho. Basta con aprender a repetir algunos lugares comunes y sobre todo saber adular al que manda o va a mandar.

La mejor demostración de mi tesis es que todos los partidos políticos parlamentarios están de acuerdo en un propósito: que el Estado debe gastar más dinero. Una buena parte del cual se deriva para el beneficio de los grupos de decisión, no solo los partidos políticos que gobiernan o van a gobernar.

Hay algo peculiar en la codicia por el dinero: no se satisface nunca, no existe posible saturación. Quien posee una buen a cantidad de dinero siempre se puede comparar con otro individuo cercano que exhibe más. De ahí la tentación de obtenerlo por medios ilegales, desde el simple robo (tan poco presentable) a los varios ardides de la llamada corrupción política. Ya lo asegura el dicho popular: "Yo no quiero el dinero; me basta con que me pongan donde lo haya".

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Impuestos confiscatorios: drogas y prostitución no pagan
Antonio García Fuentes Periodista Digital  6 Abril 2017

En España puede (supongo) considerarse ya como “líder” de parásitos a mantener por el Estado y por ello mismo llevará el liderato en recaudar impuestos, al común del pueblo, que ya lo único que le falta es pagar impuestos “por respirar” el oxígeno que la Naturaleza nos entrega gratis. Por ello estamos ya en un estado de irritación incalificable, que nos hace repudiar a los políticos y política que mantienen, de explotación esclavista de la que no se preocupan en absoluto puesto que nos saben indefensos. Y meto a toda la política, puesto que gobierno y oposición, son iguales en esta actitud de injusticias; ya que sus luchas son simplemente por sus intereses y el resto no les importa nada en absoluto, a la vista ya del grado que padecemos.
Han llegado al extremo de poner altos impuestos, hasta para las herencias que los muertos dejan a sus herederos; y en tal grado, que muchos de ellos llegan a renunciar a las mismas, que al final terminan en manos estatales, puesto que implacablemente, al impago continuado terminan en subastas y las cantidades recaudadas pasan a las arcas públicas. Sobre este solo impuesto se pueden escribir muchos libros; yo les dejo un solo caso detallado, pero hay manifestaciones de protestas públicas y recogidas de cantidades enormes de firmas, que llevadas a estamentos del Estado, los que dicen gobernar, “se limpian el culo con ellas”; vean aquí ese caso comentado: http://sevilla.abc.es/andalucia/sevi-pierde-herencia-padre-y-debe-90000-euros-junta-impuesto-sucesiones-201703282333_noticia.html#ns_campaign=rrss-inducido&ns_mchannel=abcdesevilla-es&ns_source=fb&ns_linkname=noticia.foto&ns_fee=0

La infinidad de impuestos y abusos no se pueden resumir en un artículo; ya que desde aparatos controladores del tráfico, que son en realidad trampas para recaudar multas, puesto que colocados de forma tan canalla que casi todo el mundo cae, se da el caso de que uno solo de estos cepos (Cuesta del Espino vía Córdoba-Sevilla) haya recaudado una cantidad enorme EN MILLONES DE EUROS en un período muy corto de tiempo.

Los recibos de suministros vitales, como pueden ser la electricidad, el agua, los carburantes, o suministros de gas doméstico, etc. etc.; van cargados con infinidad de impuestos por conceptos etéreos incomprensibles de descifrar o que luego nadie sabe dónde irán a parar tan monstruosas cantidades de dinero, puesto que España está en la ruina y con una deuda pública ya considerada impagable.

Mientras y por el contrario, aquí la circulación de drogas, circula por todo el territorio nacional en un comercio inmenso, que no paga impuestos, la prostitución igualmente extendida al máximo, “y localizable simplemente viendo periódicos y revistas especializadas”, tampoco paga ningunos impuesto al Estado; con el agravante de que estos dos sectores solamente, tienen ocupados a muchos recursos policiales, judiciales y de sanidad, que pagamos los españoles con nuestros impuestos; lo que no es admisible, por cuanto puestos a pagar impuestos, todo tipo de comercio (incluidos la nube de vendedores ambulantes o manteros que nadie controla tampoco) debieran ser controlados y pagar impuestos por ese comercio, que como tal mueve dinero en cantidades importantes, y así muchas cosas más que habría que aclarar.

Y sobre todo “limpiar” el Estado de parásitos de todo tipo y condición y que irían desde “el alto asesor que nos incrusta la sucia política que padecemos, hasta quién cobra regularmente una paga por el motivo que sea, pero sin derecho justificado que permita esos otros dislates”.

En resumidas cuentas, que una mínima parte de “La España que trabaja y produce verdaderamente”; lleva mucho tiempo siendo esquilmada, por esa otra que no produce nada más que gastos y cosas peores que ya nos indignan sobremanera y que deben ser corregidas y con la urgencia que ya el caso requiere, puesto que de seguir así… ¿Dónde vamos a terminar con tanto desastre? ¿Quién responde?

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

Los héroes de nuestro tiempo
ELISA DE LA NUEZ El Mundo  6 Abril 2017

Para los que piensan que nada ha cambiado sustancialmente en España en lo que se refiere a la tolerancia con la corrupción política, conviene recordar el fenómeno natural de la pseudomorfosis: se trata de un proceso por el que el aspecto superficial de un mineral permanece invariable pese a que sus estructuras internas han cambiado por completo. Algo parecido está ocurriendo con nuestra sociedad y la lucha contra la corrupción. Aparentemente todo sigue igual, pero hay muchos indicios de que la ciudadanía ya no tolera ciertos comportamientos de nuestros políticos que hasta hace poco eran habituales. Como ejemplo, recientemente el Congreso de los Diputados ha votado a favor (prácticamente por unanimidad) de la toma en consideración de la Proposición de Ley Integral de Lucha contra la Corrupción y Protección de los Denunciantes, presentado por Ciudadanos. Hace no tanto tiempo, el entonces fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, afirmaba que en España no hacía falta proteger a los denunciantes de la corrupción. Parece que ahora todos los partidos políticos, incluido el PP, piensan que sí que es necesario. O quizá simplemente piensan que votar en contra de la tramitación de una ley que protege a los denunciantes de la corrupción supone un coste político inasumible. Probablemente con razón.

Claro está que, mientras tanto, siguen aflorando las tramas de corrupción y se ha instalado en la opinión pública la percepción de que las instituciones anteponen la protección de los suyos -especialmente si se trata de altos cargos bien relacionados políticamente- a los intereses generales representados demasiadas veces por sufridos funcionarios o empleados públicos que ponen en riesgo su carrera profesional y su tranquilidad personal para denunciar los casos de corrupción de los que han sido testigos. Porque indudablemente quienes mejor conocen lo que sucede en nuestras administraciones y empresas públicas son los que trabajan en ellas, ya se trate de adjudicaciones amañadas, de obras fantasma, de sobrecostes no justificados, de servicios con precios astronómicamente hinchados o de tantas y tantas otras ilegalidades y corruptelas que cuestan mucho dinero a los contribuyentes.

Como es habitual, la conciencia ciudadana de la necesidad de proteger a denunciantes de la corrupción ha surgido a partir de historias particulares de héroes y heroínas de nuestro tiempo que ejemplifican perfectamente el calvario laboral, judicial, mediático e incluso personal que amenaza a quien decide defender los intereses de todos frente a unos altos cargos interesados en mirar para otra parte, bien por complicidad con los corruptos, bien por temor a ser salpicados por los escándalos o por comodidad y cobardía. Probablemente, el primer caso que llamó la atención de la opinión pública fue el de Ana Garrido Ramos, empleada pública del Ayuntamiento de Boadilla y denunciante de la trama Gürtel, que ha llegado a ser portada de medios internacionales. La campaña que iniciamos en Hay Derecho para solicitar al Ministerio de Exteriores la Orden del Mérito Civil para ella alcanzó nada menos que 150.000 firmas, aunque por supuesto nunca se obtuvo ni una respuesta expresa ni mucho menos una condecoración.

Pero hay muchas más historias y no todas ni mucho menos ocurren en el ámbito local. Tampoco se trata siempre de asuntos antiguos que afloran ahora, lo que nos permitiría consolarnos pensando que "eso ya no pasa". Para demostrarlo, ahí tenemos el caso reciente de los ingenieros denunciantes de Acuamed, empresa pública estatal dependiente del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente. Los directivos a los que denunciaron están siendo investigados por la Audiencia Nacional e incluso algunos (empezando por el que era director general de la empresa, Arcadio Mateo) han llegado a estar encarcelados y están en libertad bajo fianza. Pero lo que es menos conocido es que los ingenieros denunciantes fueron despedidos y, aunque van obteniendo sentencias favorables en los Tribunales de Justicia de la jurisdicción social, la empresa las recurre sistemáticamente. Por supuesto, ellos se pagan su defensa jurídica mientras que los contribuyentes pagamos la de la empresa pública. También pagaremos, en su día, el importe de la indemnización que previsiblemente recibirán al menos si se confirma la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (que a su vez confirma la del Juzgado de lo Social) recurrida ahora casación en el caso de una de las denunciantes, Gracia Ballesteros. Su compañera, Azahara Peralta, no ha tenido tanta suerte; su juicio se encuentra todavía pendiente y ella ya ha agotado el derecho al paro.

No está de más recordar que el despido disciplinario de los denunciantes se acordó en un Consejo de Administración de Acuamed que está lleno de altos cargos y presidido por el entonces secretario de Estado de Medio Ambiente, Pablo Saavedra, número dos de la Ministra Isabel García Tejerina. Tampoco está de más recordar que los investigados (antaño imputados) continúan trabajando en la empresa y, al parecer, no les va nada mal aunque están siendo investigados por delitos de corrupción en relación con la contratación pública de la empresa donde siguen trabajando, y algunos están en libertad bajo fianza. Al parecer, para ellos rige la presunción de inocencia en todo su esplendor; mientras que para los denunciantes rige la presunción de culpabilidad y, de entrada, se les pone en la calle.

¿El mundo al revés? Sin duda, al menos si el mundo estuviera al derecho. Pero, como bien dice una denunciante de la corrupción en el documental Corrupción, un organismo nocivo (realizado con medios muy modestos gracias a un crowfunding entre ciudadanos concienciados) si el sistema expulsa a gente como ella cuando defiende los intereses generales y lucha contra la corrupción cabe preguntarse por qué tipo de sistema tenemos. La respuesta es evidente para quien quiera verla: un sistema que protege a los corruptos que puedan generar problemas políticos o/y jurídicos a personas importantes del ámbito público o privado y que persigue a los funcionarios y empleados públicos honestos. El sistema también incentiva la aparición de cómplices voluntarios o involuntarios que, como en el caso del bullying, agravan la situación de las víctimas que se sienten aisladas e incomprendidas por sus propios compañeros de trabajo e incluso por familiares y amigos que les reprochan el haberse metido en líos y les hacen responsables de las consecuencias. La mafia no lo haría mejor pero el problema es que estamos hablando de instituciones y de dinero público.

Ante esta injusta y paradójica situación -muchas veces, no lo olvidemos, muy desconocida para la ciudadanía por la complejidad técnica característica de los procedimientos de contratación administrativa, terreno abonado para la corrupción-, la sociedad civil y la ciudadanía de bien tiene que reaccionar. La tramitación de esta ley supone un importante paso en la buena dirección y una esperanza para muchas personas que se han jugado su carrera profesional y su bienestar personal por defender lo que es de todos. Es imprescindible evitar el riesgo de aprobar normas cosméticas o descafeinadas, lo que puede ser una tentación en particular para el PP y el PSOE en la medida en que serían los principales afectados si más empleados públicos se animasen a denunciar lo que saben que ha ocurrido y sigue ocurriendo especialmente en la contratación pública. Pero también es importante que la Ley tenga en cuenta la experiencia de Derecho comparado disponible ya en muchos países de nuestro entorno -Francia acaba de aprobar una ley hace dos meses para luchar contra la corrupción proteger a los denunciantes- y que introduzca normas que ya han dado buen resultado en otros países.

Ante todo, conviene ser rigurosos para diagnosticar primero y remediar después la persecución que sufren muchas personas honestas por querer hacer bien su trabajo. Se trata de un fenómeno que pone de relieve, como pocos, una peligrosa inversión de los valores predominantes en una sociedad. Por eso es imprescindible que reaccionemos de forma decidida para defender los valores de la honestidad, la justicia, el mérito y la verdad, que son los valores de la civilización y los que nos separan de la barbarie. No podemos limitarnos a ser meros espectadores de este combate tan desigual y en el que tanto podemos ganar o perder. Ya decía Burke que para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos no hagan nada.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Ciudadanos y el cirujano de hierro
Jorge Vilches vozpopuli.es  6 Abril 2017

El asunto de Murcia muestra que el regeneracionismo de Ciudadanos, a falta de una construcción teórica o un ideario mínimo, no viene a ser más que una retórica mediática para quitar y poner políticos. Cuando la exigencia primera debería ser la estricta y escrupulosa independencia del poder judicial como instrumento para eliminar la corrupción, que funcione el Estado de Derecho, sin sospechas de ajuste de cuentas de jueces a políticos, se empeñan en ser un partido-resorte que salta en cuanto oye la palabra “imputado”. ¿Qué hay detrás de las peticiones de dimisión? Nada, salvo la estremecedora superioridad moral de nuestros seculares regeneracionistas.
De patriotas a moralistas

En España, el patriotismo liberal que comenzó a pergeñarse en 1808 acabó monopolizado por progresistas y republicanos, quienes lo convirtieron, con la gran ayuda de los socialistas, en superioridad moral. Aquello que se inició como la defensa de las leyes que hacían de España una tierra de hombres que querían ser libres, acabó siendo una retórica de algarada, usada por una oligarquía política e intelectual que deseaba sustituir a otra.

El regeneracionismo no fue más que eso: la conceptualización del sambenito del “fracaso” a manos de “los de siempre”, que habían hecho de España un país valleinclanesco, atrasado, subdesarrollado, africano, ajeno a “las corrientes europeas”. Era la coartada para los ingenieros sociales, constituidos en oligarquía sustitutiva de la existente. El italiano VilfredoPareto lo explicó muy bien: el discurso es un instrumento más para la sempiterna circulación de las élites.
El adanismo

A pesar de esto, hay quien, con una notable ingenuidad y ligereza conceptual, como Andreu Navarra Ordoño en “El regeneracionismo” (Cátedra, 2015), suelta que la corriente regeneracionista “no es más que el combate contra las oligarquías” (p. 17). Claro que este autor también afirma que Podemos es un “partido reformista en cuanto a objetivos y métodos de promoción interna” (p. 30), que se constituye en “alternativa regeneracionista, interclasista (sic.), capaz de aglutinar a toda la nación” (p. 49).

El adanismo se da de bruces con Maquiavelo, que sabía perfectamente que la política es conquistar el poder, conservarlo y aumentarlo. La palanca para hacerse con el poder en tiempos de crisis es el apoyo de una masa que, como escribió Sloterdijk, se ha sentido despreciada y está esperando un nuevo amo. El regeneracionismo es ahora el contrapunto a la corrupción, por lo que se presenta como una postura moral, impoluta, justiciera y vigilante, al tiempo que se mantiene al margen de la realidad del poder para no mancharse con el polvo de la responsabilidad.
La superioridad moral

La clave del regeneracionista es la superioridad moral, que está unida a estos partidos de la “nueva política”, especialmente a Ciudadanos, como un recurso retórico falso: son la encarnación de la virtud, del verdadero pueblo, frente a la “vieja política” orteguiana, compendio de todos los defectos. Y unen moral y patriotismo porque vienen a salvar a la patria, a un país ideal, lleno de virtuosos, del cual ellos son los únicos y verdaderos portavoces. Este regeneracionismo suyo tan clásico es una ideología; es decir, el discurso de una planificación general de la sociedad encaminada al Bien y a la Felicidad.

En ese mesianismo, los regeneracionistas de la “nueva política” han resucitado algunas acepciones de democracia. Para los podemitas pasa por “la recuperación de la soberanía económica” –ahora en manos de aviesos organismos “neoliberales”-, la eliminación de instituciones intermedias en favor de un líder ejecutivo y un poder asambleario, y el aumento de los “derechos sociales” para fortalecer la dependencia individual respecto al Estado. Esto no es más que una vuelta de tuerca al socialismo de la New Left.

Lo trágico es lo de Ciudadanos, para quien la democracia pasa por más planificación estatal que aumente supuestamente los estándares oficiales de Bienestar, la elección interna de los candidatos partidistas, y los Comités de Salud Pública que echen de la vida política a todos los sospechosos de ser “malos ciudadanos”. ¿Esto es el “liberalismo progresista”?
El cuento regeneracionista

En España deberíamos estar mayores para creer en cuentos. Luis Mallada, en su exagerado “Los males de la patria” (1890), tenía razón en ser pesimista, tanto que no llegó a concluir la segunda parte, dedicada a los remedios. Quizá Mallada no se hacía ilusiones, era realista, sabía cómo funcionaba la política y su retórica, la grandilocuencia de los discursos alimentados por el aplauso de la masa desatendida y de los órganos mediáticos de la élite al acecho. Luego llegó Costa, claro, y habló del “cirujano de hierro” contra los obstáculos tradicionales.

Mucho se ha escrito sobre aquella idea de Joaquín Costa. Lo que no podía imaginar aquel aragonés que habló contra la oligarquía y el caciquismo era que, en el siglo XXI, al socaire del regeneracionismo y de la superioridad moral, un “cirujano de hierro” tomara cuerpo en determinados juzgados y platós de televisión, a despecho de la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia y el Estado de Derecho.

La política es, como descubrieron los antiguos griegos, el arte de sanar la Polis. Que no la envenene el “cirujano”.

Las 'cuentas de la lechera' de Montoro: infla en 13.000 millones los ingresos en impuestos y cotizaciones
En sus cinco años como ministro, la recaudación tributaria y por cotizaciones siempre se ha quedado corta respecto a lo previsto en los PGE.
Libertad Digital
  6 Abril 2017

Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro no han cumplido con su objetivo inicial de déficit en ninguno de los cinco años que llevan como presidente del Gobierno y ministro de Hacienda. De hecho, ni siquiera se han acercado. Puede que muchos ciudadanos piensen que no es sencillo cuadrar las cuentas del Estado, que hay muchos imprevistos o que a lo largo de un año pueden pasar muchas cosas que obliguen a cambiar los planes. Y es cierto. Pero cuidado, lo más llamativo del incumplimiento continuo de Montoro y Rajoy es que casi siempre llega del mismo lugar: los ingresos, que se quedan cortos un año tras otro.

Quizás en 2012 o 2013 tenía alguna justificación, porque también se quedaban cortas las previsiones en cuanto a crecimiento o empleo. Ya no es así. En 2015 y 2016, el Gobierno ha acertado con su pronóstico respecto a la subida del PIB y en creación de puestos de trabajo. De hecho, si acaso se ha quedado corto. Como recuerda Luis de Guindos a menudo, las previsiones del cuadro macro de los últimos dos años han sido muy conservadoras. Es decir, que han preferido ser cautos y no pillarse los dedos con una cifra de crecimiento excesiva (que implicaría más ingresos como consecuencia de la mayor actividad económica).

Sin embargo, a pesar de todo ello, Rajoy y Montoro no dan una en lo que tiene que ver con la recaudación. No ya es que no acierten, es que parece que cada año se alejan más del objetivo marcado. Tanto en lo referente a los impuestos como a las cotizaciones sociales, el Gobierno del PP se ha quedado corto en su previsión de ingresos en todos los años en los que ha planteado un Presupuesto. En el último ejercicio el descuadre ha sido de más de 20.000 millones. Es una cifra demoledora. En 2016 la economía española creció un 3,2% y se crearon más de 400.000 empleos. Pues bien, ni siquiera así se acercaron a lo previsto en los Presupuestos Generales del Estado para 2016.

Podría parecer que éste es un tema menor o que hay que pasar página, ya que al fin y al cabo hablamos de PGE de años anteriores. Pero la sombra de estos incumplimientos se cierne también sobre las cuentas del Estado de los próximos ejercicios.

Por ejemplo, en lo que hace referencia a los PGE-2017, casi todo el ajuste se hace a través de los ingresos. Como ya explicamos la pasada semana, cuando se presentaron las grandes cifras, el gasto total se mantiene más o menos constante (con una subida del 1,3% respecto al Proyecto de PGE de 20169. Pero la reducción del déficit comprometida con la UE no es menor. España tiene que pasar de un déficit público equivalente al 4,54% en el último año al 3,1% para este 2017. Son unos 17.000 millones de euros de ajuste que llegarán por el lado de los ingresos. O al menos eso es lo que dice el Gobierno. Porque viendo su historial de incumplimientos, hay muy pocos elementos para confiar en que cumplirán con su compromiso.

Pasado y futuro

Lo ocurrido hasta ahora queda resumido en el siguiente cuadro. En las dos primeras líneas, en azul, tenemos la previsión de recaudación que incluyen los PGE de cada año en los impuestos que recauda el Estado: IRPF, Sociedades, IVA, Impuestos Especiales, tasas… La tabla muestra tanto lo previsto en el Proyecto original de Presupuestos como lo recaudado de acuerdo a las cifras que da Hacienda en sus informes anuales de recaudación (los datos están en la página 20 del Informe Anual de Recaudación de 2015). Para 2016 y 2017 tomamos los datos incluidos en el Libro Amarillo de los PGE de 2017.

En las casillas resaltadas en naranja están las cifras correspondientes a las cotizaciones sociales. Comparamos la previsión de ingresos incluida en el Libro Amarillo de cada Presupuesto desde 2012 a 2017 con las cifras reales de recaudación que ofrece la Seguridad Social en su web.

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Los datos son demoledores. Ni un solo año la recaudación por impuestos o por cotizaciones sociales ha alcanzado la prevista. De hecho, fue en 2012, el peor ejercicio de la crisis y con el Gobierno recién aterrizado, en el que el desequilibrio fue más acusado. Desde entonces, se disparan las cifras. La media es de 13.000 millones menos de ingresos en estas partidas de lo previsto. Pero en 2016 hablamos de casi 21.000 millones de diferencia entre lo previsto y lo recaudado por ambos conceptos.

De hecho, el año pasado se merece un análisis aparte. Porque, como apuntábamos, fue un ejercicio excelente, tanto para el empleo como para el crecimiento. Incluso hubo algo de inflación. No mucho, un 1,6% en el conjunto del año, pero sí lo suficiente como para incrementar algo los ingresos nominales, que son los que miden los PGE. Las subidas de precios y salarios siempre son una pequeña ayuda para Hacienda. Pues bien, ni con todos estos elementos favorables de su lado Montoro se acercó a las cifras previstas de recaudación. Ya en su momento, cuando presentó las cuentas en el otoño de 2015, unas semanas antes de las elecciones, hubo muchos analistas que apuntaron a que el cumplimiento de los objetivos de recaudación era poco realista. La cifra final deja cortas aquellas críticas. En lo que respecta a la Seguridad Social, el PGE de 2016 anticipaba unos ingresos de más de 117.000 millones y se han quedado en 133.500. ¿Hay alguna forma de explicar esta diferencia? Este martes, Libre Mercado le preguntaba al ministro por este tema en la rueda de prensa posterior a la presentación de los PGE en el Congreso. No hubo respuesta por su parte.

Llegados este punto, hay que mirar el futuro. Y hay al menos dos cuestiones que merecerían una explicación. La primera es qué dicen en Bruselas de estas cifras. España incumple de forma reiterada sus objetivos de déficit. Quizás en la Comisión Europea estén acostumbrados. Pero quedarse corto por casi 14.000 millones en la previsión de las cotizaciones sociales en un año en el que creces al 3,2% debe estar cerca de ser un récord mundial.

La segunda pregunta es qué fiabilidad tienen las cuentas de este año. Porque recordemos que lo fundamental para llegar a ese déficit del 3,1% al que nos hemos comprometido con Bruselas hay que disparar la recaudación tanto en cotizaciones como en impuestos. En ingresos tributarios, la previsión de Hacienda es alcanzar los 200.963 millones de euros, un 7,9% más que lo recaudado en 2016 (186.249 millones). En IRPF la previsión es de subir un 7,7%, en Sociedades un 12,6%, en IVA un 7,3%… En cotizaciones sociales, la previsión es recaudar 110.560 millones, casi 7.000 millones más que lo obtenido en 2016, un 6,8% de incremento.

¿Logrará España este incremento en Impuestos y en Cotizaciones? Del 5% de crecimiento del PIB nominal (3% de subida del PIB + 2% de inflación) al 7,9% de incremento de la recaudación impositiva que prevé Hacienda, hay un trecho no menor. Si no se logra, no cumplirá con lo prometido a la UE. Montoro se agarraba el otro día a dos datos. En primer lugar, la recaudación tributaria en enero y febrero está un 6,7% por encima de los mismos meses de 2016. Y a esto le sumaba que la inflación está por encima del 2% (2,3% en marzo) y podría seguir subiendo. Por eso, el ministro de Hacienda se dice optimista en lo que hace referencia a su previsión de ingresos. También lo era en años anteriores. Pero esta vez asegura que sí cumplirá. Dentro de un año, la sentencia.


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Libertad de elegir, libertad para ofrecer

VICENTE LOZANO El Mundo  6 Abril 2017

Evocando a Charles de Gaulle, cada vez está más claro que la educación es "un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos". Al menos en España, donde es usual plantear el tema como arma ideológica y así no hay forma de avanzar en su desarrollo. Todo por el empeño de los partidos, y por diferentes razones, en tener un sistema de enseñanza que, en la medida de lo posible, no se les escape de las manos.

La inmersión lingüística es uno de esos ejemplos de control de la enseñanza con fines no estrictamente educativos, si se puede hablar así. Ocurre en Cataluña, donde los estudios en castellano prácticamente han desaparecido de la escuela pública obligatoria en aras de la defensa del catalán, a pesar de tantas sentencias judiciales. En el País Vasco y en Galicia la cosa no ha sido igual. Allí se han establecido modelos en los que más o menos conviven las dos lenguas y, la verdad, nadie piensa ahora que el euskera y el gallego estén en peligro de extinción, ni siquiera amenazados, por el castellano.

El desuso es el principal argumento utilizado por el nacionalismo para aplicar esa política de inmersión. Ahora, los gobiernos de izquierda de la Comunidad Valenciana y de Baleares, siguen la estela de Cataluña, suponemos que para hacer del catalán/valenciano y del catalán/balear los únicos idiomas vehiculares en sus regiones. Porque, claro, a estas alturas de la película, hay quien sigue pensando que las imposiciones centralistas hacen peligrar su supervivencia. Pero el camino emprendido lleva, si no se remedia, a que los ciudadanos de esas comunidades autónomas no tengan libertad para elegir en qué idioma estudiar.

Otro caballo de batalla de algunos políticos es la enseñanza concertada, la de los centros de titularidad privada que reciben recursos del Estado y, por tanto, ofrecen la educación gratuitamente -o deben hacerlo- a las familias que acuden a ellos. Estas semanas que se renuevan los conciertos escolares para el próximo curso leemos noticias de gobiernos autonómicos que, con unas u otras razones, tratan de reducir la enseñanza concertada, como un paso previo incluso para eliminarla. Hay otros que, en cambio, reconocen el papel que desarrollan estos centros y el ahorro de costes que supone a las arcas públicas, y los contemplan como un modelo complementario a la educación pública.

En el sistema educativo que marca nuestra Constitución caben todas las posibilidades porque ésta consagra la libertad de enseñanza. Es decir, los padres tienen derecho a que sus hijos reciban educación gratuita según su forma de pensar, de hablar y de escribir. Se trata de un bien que merece la pena conservar.

Para que ese espíritu constitucional sea real hay que contar con que la libertad de oferta se acomode a la libertad de demanda... Es lo que nos hemos dado y, desde mi punto de vista, está funcionando adecuadamente. En España, la escuela privada, la concertada -religiosa y laica- y la pública conviven sin problemas... y éstos llegan precisamente cuando los políticos se empeñan en cercenar esas libertades. Exactamente igual que ocurre cuando los gobiernos se empeñan en coartar la libertad de quien quiere que sus hijos estudien en un determinado idioma oficial en su comunidad.

Es una torpeza tratar de cargarse por motivos espurios un modelo experimentado durante 30 años -lo implantó el PSOE en la Lode en 1985-, que ahorra recursos al Estado y que se ha demostrado que funciona. Pero existen los torpes. ¿Ven como será imposible llegar a un pacto educativo en España?

ETA no puede blanquearse con un desarme propagandístico
EDITORIAL El Mundo  6 Abril 2017

Cinco años y medio después de su anuncio del cese definitivo de la «actividad armada», ETA parece decidida a entregar las armas, una de las exigencias impuestas a la organización terrorista por los gobiernos de España y Francia. Pero los acontecimientos se están produciendo de un modo bochornoso que hacen desconfiar de que estemos ante un desarme real. Por el contrario, la banda pretende transformar este epílogo de su derrota en un acto propagandístico y de blanqueamiento.

El caso es que está previsto que el próximo sábado ETA ponga a disposición de una serie de supuestos verificadores internacionales -quienes, junto a una plataforma de grupos abertzales se autodenominan, para más inri, artesanos de la paz- un arsenal compuesto por unas 55 armas cortas, algunas largas, 2.500 kilos de diferente material explosivo y material para la confección de bombas, todo ello guardado en 45 bidones escondidos en zulos diseminados en la zona fronteriza de Francia con el País Vasco. Y a ese gesto de la banda le acompañarán toda una serie de actos en la localidad gala de Bayona, que incluirán conferencias de mediadores, manifestaciones en apoyo al proceso de paz defendido por los herederos de Batasuna, fotografías y toda clase de numeritos casi circenses de exaltación. Una romería auspiciada por Sortu y EH Bildu que pretende trasladar a la opinión pública la idea de que el desarme responde a una voluntad generosa de ETA, como consecuencia de la «superación de un conflicto sin vencedores ni vencidos».

La democracia española no puede consentir la ignominia que supone una nueva ofensa para las más de 800 víctimas mortales que ha dejado el historial sanguinario de la última organización terrorista en activo de Europa. Numerosos intelectuales y miembros de asociaciones de víctimas han firmado un manifiesto en el que reclaman un fin de ETA «sin impunidad, con ley y con justicia» y exigen a las autoridades «una respuesta clara e inequívoca» para evitar que el sábado asistamos a un circo de autoblanqueo etarra. Lo que faltaba después de tantas décadas de sufrimiento, ahora que la banda está completamente derrotada.

Lo único que puede hacer ETA es disolverse definitivamente. Sin condiciones ni contrapartidas de ningún tipo. Mientras tanto, el Gobierno debe mantener la firmeza en la lucha antiterrorista y seguir trabajando con ahínco para poner a los etarras con causas pendientes ante la justicia. Este desarme de Bayona es un auténtico paripé, que sólo sirve para dar notoriedad a una organización desahuciada. Primero, porque las fuerzas policiales y el CNI saben que la banda no va a entregar todas las armas en su poder. De algunas se niega a desprenderse porque podrían ser decisivas para ayudar a resolver algunos de los más de 300 crímenes que todavía siguen sin haber sido esclarecidos, y que, por tanto, mantienen impunes a sus autores. Y, segundo, porque si ETA quisiera proceder de una vez a su desarme real, como paso previo a su disolución, bastaría con que comunique a las fuerzas de Seguridad dónde tiene todos sus zulos para que la Policía y la Guardia Civil sean las que verifiquen la operación. A estos cuerpos le corresponde esta tarea, no a unos verificadores de paz que se han prestado al vergonzoso juego de hacer seguidismo de la izquierda abertzale, como si España y Francia no fueran dos países en los que rigen el imperio de la ley y el Estado de Derecho, sin necesidad de observadores internacionales.

Mención aparte merece el sonrojo que provoca que los socialistas vascos secundaran ayer una iniciativa de los partidos nacionalistas, con Otegi incluido, para respaldar el desarme como hito de «un final ordenado de la violencia». El objetivo era dejar sólo al PP, al que acusan de intransigencia y de dificultar el proceso de paz. Una grave injusticia por cuanto los populares, igual que los socialistas, han sufrido en primera persona el zarpazo etarra durante décadas. Y un modo de reescribir el relato sobre ETA, en el que están volcados ahora los abertzales. El PSE no puede sumarse a nada que suponga reinterpretar la realidad de décadas de violencia.

El PSE no debe caer en la trampa de Eta y de Otegi
Editorial La Razon  6 Abril 2017

Los llamados «artesanos de la paz» patrocinaron ayer un nuevo paso en el desarme de ETA: la lectura de un manifiesto a favor del «gesto» de la banda terrorista. El acto contó con el apoyo del líder abertzale Arnaldo Otegi, PNV y PSE, además de los sindicatos, entre ellos, UGT y CCOO. La presencia de los socialistas vascos supone una distorsión de lo que ha supuesto el terrorismo en el País Vasco, algo que conocen bien y sufrieron. Dar validez a unos supuestos «intermediadores internacionales de paz» es falsear la realidad y el sentido de cuarenta años de terrorismo: ETA fue derrotada por la democracia y coraje de un puñado de personas que se negaron a ceder frente a la versión más totalitaria del nacionalismo.

Según los planes de lo que queda de la banda, el próximo día 8 se producirá la entrega de las armas, escenificación con la que se quieren «blanquear» lo que fue el exterminio de las fuerzas constitucionalistas. El PP es el único partido con representación en Vitoria que no ha querido participar en un manifiesto lesivo para las víctimas y es injusto que el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, le emplace a apoyar la declaración que en este sentido se votará hoy en el parlamento vasco cuando Otegi, condenado por pertenencia a banda armada, se atrevió a decir que el PP «lleva mucho tiempo autoexcluido de la vida política y social de este país». Bien que lo sabe él y ETA. El PSE tiene la obligación de salir al paso de esta injuria.

La “foto de la vergüenza”
Fuerzas políticas nacionalistas y de extrema izquierda se unen a los sindicatos vascos para ponerse a los pies de la banda terrorista ETA
www.latribunadelpaisvasco.com  6 Abril 2017

Poniéndose de espaldas a las víctimas, prácticamente la totalidad de las fuerzas políticas vascas, nacionalistas o de extrema izquierda, y los principales sindicatos con representación en la comunidad autónoma se han puesto a los pies de la banda terrorista ETA para respaldar el teatral y ridículo “desarme” de los terroristas.

La clase política vasca, a excepción del PP y Ciudadanos, no ha exigido a la organización asesina su disolución, pero no ha dudado en presentar un manifiesto en el que considera que la pantomima del desarme etarra es un “hito” que puede ayudar a “cerrar una etapa relacionada con el pasado” y a “avanzar de una manera fundada en un nuevo tiempo centrado en la convivencia”.

El documento ha sido presentado por Ainhoa Etxaide (LAB) y Rafaela Romero (PSE), en un acto en el que han estado presentes Andoni Ortuzar (PNV), Arnaldo Otegi (EH Bildu), Nagua Alba (Podemos), Isabel Salud (Ezker Anitza), Adolfo Muñoz (ELA), Xanti Martínez (CCOO) y Arantza Agote (UGT). También han estado presentes representantes de Geroa Bai y Podemos Navarra.

Por su parte, la secretaria general del PP del País Vasco, Amaya Fernández, ha explica que, en opinión de su formación, el acto de los partidos vascos y sindicatos de apoyo al desarme de ETA supone la "foto de la vergüenza”.

Mientras tanto, Ciudadanos Euskadi, a través de su portavoz, Nicolás de Miguel, "ve incomprensible que dos partidos presuntamente responsables y socios de Gobiernos, como son el PNV y el PSE se sumen a un manifiesto sobre el desarme de la banda terrorista ETA en la que participa el señor Otegi”. "No entendemos que se justifique la presencia del PSE como un gesto en aras de facilitar el fin de la banda de forajidos”.

"Desconocemos si el PP no acude por haber sido excluido, extremo que no conocemos al detalle, pero compartimos en buena medida las declaraciones de alguno de sus representantes en el País Vasco respecto al teatro de hoy en la capital vizcaína", añadió de Miguel.

"Tan solo hay que tirar de hemeroteca para conocer nuestra postura con respecto a la disolución de la banda, y que hoy, so pretexto de contribuir a la paz y la convivencia, partidos democráticos se presten a servir de altavoces de este teatro en actos escalonados sobre el desarme de ETA nos produce cuando menos mucha vergüenza".
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