AGLI Recortes de Prensa    Martes 11 Abril 2017

El populismo como hombre de paja
Javier Benegas www.vozpopuli.com 11 Abril 2017

La Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948, dice en su Artículo 1 que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Y en el Artículo 2 se añade que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Sin embargo, en aras de esta presunta equidad, tanto las directrices de la ONU como las iniciativas legislativas de sus estados miembros, en especial de los países más desarrollados, han tendido a transformar la igualdad ante la ley en un conjunto de políticas que, se supone, pretenden lograr la igualdad material, aun a costa de restringir esa libertad que la propia Carta consagra.

Igualdad contra libertad
Es posible que la libertad no nos haga más iguales y que, al contrario, permita que las diferencias, muchas veces innatas, se hagan evidentes. Pero la libertad es capaz de asegurar el derecho a un margen de maniobra idéntico a todas las personas. Puede no hacernos más iguales sino más desiguales y, desde luego, no evita que individuos con potencialidades similares partan en muchos casos desde situaciones distintas. Aunque conviene recordar que quien lo tiene más difícil tiende a desarrollar más y mejor sus capacidades que quien lo tiene más fácil. En cualquier caso, de lo que no hay ninguna duda es que la igualdad impuesta desde los estados jamás hace más libres a las personas, al contrario: reduce peligrosamente su libertad.

Es en esta disyuntiva entre igualdad y libertad donde los llamados Estados de bienestar y la ONU –animada, como es tradición, por un sinfín de naciones poco o nada democráticas– parecen haber decidido, en nombre de la humanidad, que es mejor ser iguales que libres; es decir, se ha sentenciado que el valor de la igualdad material es superior al valor de la libertad. Una vez decidido así, también han sancionado que esa igualdad debe ser planificada y administrada por los estados a través de sus políticos, expertos y burócratas, ya que estos, por su especialización y por los medios disponibles, no solo serán capaces de obtener una información perfecta sino que se comportarán como ángeles, renunciando a sus intereses particulares y dedicándose en cuerpo y alma a la sagrada misión.

Lamentablemente, los ángeles no existen, al menos no donde el poder se convierte en la más peligrosa de las tentaciones y donde cualquier burócrata o político puede mejorar o asegurar su posición aduciendo que se dedica en exclusiva a salvar a la humanidad de sí misma.

No solo hay que mirar con desconfianza a los países más volubles y corruptos, sino también a los estados de bienestar más eficientes y admirados, los que disponen de instituciones más neutrales y transparentes, porque ni siquiera estos son capaces de alcanzar un equilibrio entre libertad e igualdad material. De hecho, las alabadas sociedades nórdicas aumentan constantemente, sin prisa pero sin pausa, el peso del Estado respecto del PIB de sus economías. Incluso en estas sociedades supuestamente ejemplares, políticos, expertos y burócratas muestran una sospechosa afición a incrementar su poder haciendo que todo presupuesto, por generoso que sea, nunca resulte suficiente. Se las ingenian para encontrar nuevas necesidades, descubrir desequilibrios hasta ayer desconocidos y promover innovadoras demandas sociales.

El peso de los estados de Finlandia y Dinamarca roza ya el 60% de su PIB (58,7 y 57,2% respectivamente). Y el de Suecia supera holgadamente el 50%, situándose concretamente en el 53%. En cuanto al peso medio en la economía de los Estados de la UE-28, después de haberse reducido a penas un punto durante la crisis, va camino de superar el 49% y más allá. Y hoy está más penado defraudar a la hacienda pública que atracar pistola en mano. En definitiva, no se vislumbra en el horizonte un punto de equilibrio, ni siquiera a largo plazo, entre igualdad material y libertad, ni siquiera en las naciones institucionalmente más solventes.

Al mismo tiempo que la igualdad se ha convertido en un fin omnipresente, las clases dirigentes y sus grupos de interés han desarrollado habilidades extraordinarias para detectar agravios, injusticias y nuevas demandas sociales. Incluso han llegado a pervertir el lenguaje al idear el concepto de “discriminación positiva”, mediante el que imponen discriminaciones “aceptables” para, supuestamente, erradicar discriminaciones inaceptables. Pero ninguna discriminación es positiva, mucho menos aceptable: toda discriminación es siempre negativa.

La resbaladiza pendiente del totalitarismo
Hay que decirlo claramente: en el momento en el que la ONU y las naciones desarrolladas impusieron que el fin (la igualdad material) justificaba los medios (reducción de la libertad), convirtieron en papel mojado la Carta de derechos que ellos mismos habían sancionado, y comenzaron a deslizarse por la resbaladiza pendiente de un totalitarismo gelatinoso. Mediante complejas legislaciones, pusieron en marcha una maquinaria generadora de agravios, injusticias y resentimientos. Y con el paso del tiempo privilegiaron a unas personas respecto a otras no en función de sus circunstancias individuales, sino según el colectivo al que pertenecían. Sin embargo, criticar esta deriva se ha decretado inmoral. Es más, los estados se están dotando de legislaciones con las que ejercer acciones punitivas contra los disidentes.

Cuando se habla de los peligros de la globalización o mundialización, se debería tener presente que no sólo nos enfrentamos a dilemas como la revolución tecnológica, que está convirtiendo el trabajo en un bien cada vez más escaso y precario, o centrarnos en qué hacer para compensar los efectos de la deslocalización industrial; deberíamos profundizar y comprender que, como un parásito que se aferra a su huésped, la imposición de la igualdad viaja como una rémora adherida al proceso globalizador, propagándose y desactivando los valores que son consustanciales a Occidente. Esto también contribuye a generar preocupación y desconfianza en las sociedades occidentales. Adivinar dónde empieza y termina cada problema no es tarea fácil, desde luego. Pero es necesario ampliar el campo de visión. Afirmar que el populismo no es más que el producto de la crisis económica es una estupidez. El populismo también es síntoma de otro problema en absoluto menor: una creciente inquietud por la pérdida de libertad.

Maura y la España de hoy
El político reformista, se quejaba del egoísmo de una clase política deplorable, de su pasotismo y su falta de vigor reformista ante los males que aquejaban a la patria.
Ricardo Chamorro Gaceta.es 11 Abril 2017

Antonio Maura me parece una de las grandes cabezas políticas de nuestro siglo XX. Una de las grandes aportaciones de Antonio Maura, después del desastre español de 1898, es su crítica a la clase política nacida de la Restauración.

El político reformista, se quejaba del egoísmo de una clase política deplorable, de su pasotismo y su falta de vigor reformista ante los males que aquejaban a la patria, esos defectos evidenciaban una absoluta irresponsabilidad en el afán de mantener tal cual un sistema que se desmoronaba, produciendo un pasotismo en la mayoría de la sociedad que daba alas a los radicales revolucionarios.

Maura señalaba como uno de los grandes males de España, lo que el llamaba la clase neutra. La clase neutra era la gran parte de la sociedad española que se desentendía de la política, de los males de la nación, cuyo único afán era quedarse en una posición no destacable, sin implicación socio-política alguna, o en la medida de lo posible únicamente actuar, en su caso, para aprovecharse de un sistema en decadencia conscientes de no quererlo cambiar. Se puede resumir en una aptitud conservadora en la acción y egoísta en las formas.

La clase neutra era, y es, aquella que siempre dice "esto no tiene solución", y ante esa posición Maura consideraba que la única posibilidad de agitar esas almas eran las políticas reformistas vigorosas e ilusionantes.

Así se expresaba Maura:
"Uno de los primeros y más importantes orígenes del mal que aqueja a la patria consiste en el indiferentismo de la clase neutra. Yo no sé si su egoísmo es legítimo, aunque sí sobran causas históricas para explicarlo. Lo que digo es que no se ha hecho un ensayo para llamarlos con obras, que es el único lenguaje a que ellos pueden responder; llamarlos con obras vibrantes, para despertarlos y conmoverlos, para arrancarlos de su inacción y de su egoísmo".

Maura, comentando la Huelga General revolucionaria en Barcelona de 1902, expresaba que "…España entera necesita una revolución en el Gobierno y que, si no se hace desde el Gobierno, un trastorno formidable la hará; porque yo llamo revolución a eso, a las reformas hechas por el Gobierno radicalmente, rápidamente, brutalmente; tan brutalmente que baste para que los que estén distraídos se enteren, para que nadie pueda ser indiferente y tengan que pelear hasta aquellos mismos que asisten con resolución de permanecer alejados...".

En relación a los políticos que expresaban la prudencia y las políticas mansas decía "se nos hablaba también de la prudencia, que es, en efecto, grande y excelsa virtud, pero cuyo manto usurpa a veces la pusilanimidad para sus tratos incestuosos con el egoísmo; se nos hablaba de que la debilidad del Poder no consiente ciertas empresas, y yo respondía que en el gobernar la acción da la fuerza, la quietud es la debilidad y la decadencia; que cuantas más dificultades se acometan, teniendo razón, se tiene más fuerza, y que otra cosa no era gobernar, sino estar en el Gobierno, como decía un ilustre estadista…".

Ante la anterior aptitud política de la prudencia, Maura decía que, pensando así, nunca sería el momento idóneo para hacer la reforma vigorosa y brutal que necesitaba España y que finalmente la harían los más radicales: "(Con esa aptitud) Nunca habría sido fácil la revolución desde el Gobierno, nunca habría sido recomendable, si hubiera podido dividirse la facultad y esparcirse la obra en el curso del tiempo; pero cada día que pasa, desde 1898, es mucho más escabrosa, mucho más difícil, y el éxito feliz mucho más incierto; y no está lejano el día en que ya no quede ni ese remedio...".

La situación actual de España
Es evidente que estamos ante un cambio de ciclo y como dijo en su tiempo Antonio Maura, si no se impulsan políticas vigorosas e ilusionantes, y reformas en profundidad desde nuestra realidad institucional no sabemos cómo puede acabar nuestra España Constitucional.

Después de que Antonio Maura se retirara de la política, fracasando en sus intenciones de reforma profunda del Sistema, tuvimos una dictadura, una republica caótica que fracasó, un levantamiento militar, una guerra civil y una dictadura. Los trastornos formidables de los que hablaba Maura se hicieron realidad.

Hoy en el siglo XXI es difícil que se reprodujeran desastres similares, no obstante es necesario recordar que la política con mayúsculas no es solo una cuestión de retorica huera sino debe ser una realidad palpable donde la improvisación, el apaño cortoplacista, la chapuza y el egoísmo no deberían tener lugar.

El tardocomunismo
Con Podemos, el comunismo español regresa 40 años después al arrepentimiento de su mayor gesto de grandeza histórica
Ignacio Camacho ABC 11 Abril 2017

El hecho crucial de la Transición fue la legalización, el 9 de abril de 1977 –el célebre Sábado Santo Rojo–, del Partido Comunista. Sucedió como consecuencia de la convicción de Suárez de que sin ese paso no podía organizar unas elecciones democráticamente limpias. Pero también por la presión de Santiago Carrillo, que amenazó con desestabilizar el proceso si no entraba en liza. No era un farol: el PCE disponía en aquel momento de una organización disciplinada y combativa, con potente capacidad de presión social, sindical y política. El compromiso se produjo sobre la base de unas condiciones que Carrillo se comprometió a cumplir y cumplió: sólo una semana más tarde impuso al Comité Central la aceptación de las reglas de juego, incluidos los símbolos de la bandera rojigualda y la monarquía.

Aquella reconversión exprés, dirigida con técnica estalinista, tuvo su coste y lo pagó en las urnas, ante las que el PSOE se manejó con mejor percepción intuitiva; pero el reconocimiento del papel histórico del PCE en la construcción de la democracia es un acto de estricta justicia. Se da sin embargo la paradoja de que quienes peor encajaron su patriótica contribución fueron los propios comunistas, torturados por la idea de que el pragmatismo de Carrillo los condujo a una posición subsidiaria y a una decadencia abatida. La ruptura no ha dejado de estar presente en el imaginario marxista-leninista, impermeable incluso a la caída del Muro de Berlín; ni siquiera el sólido recorrido de la España de las libertades ha logrado disipar esa sensación de asignatura pendiente, arraigada casi como una mitología.

Esta tradición de desengaño forma parte del ADN de Podemos, un partido de nítido corte tardocomunista cuyos dirigentes usan el populismo como herramienta táctica, no como ideología. La distancia temporal con la Transición les ha permitido presentar el régimen constitucional a las nuevas generaciones como el pacto vergonzante que permitió la continuidad camuflada de las estructuras franquistas. Semejante superchería histórica ha funcionado en primer lugar por los estragos de la crisis, en segundo término por la corrupción de los partidos y el colapso de las instituciones y, finalmente, por el fracaso pedagógico del sistema para instalar un consenso de autoestima.

De este modo el comunismo español, y con él buena parte de la izquierda sociológica, ha vuelto a regresar cuatro décadas después al punto de partida. Al arrepentimiento de su mayor gesto de grandeza histórica, al repudio de la reconciliación nacional que cerró los traumas de la Guerra Civil con un acuerdo sellado en una mutua amnistía. Los jóvenes que votan a Podemos no lo saben o no lo creen, pero al apoyar el programa rupturista se están subiendo al tren del eterno retorno, el que siempre acaba en la vía muerta del fracaso, varado en la estación de las oportunidades perdidas.

La grotesca 'americanización' del golpismo separatista

EDITORIAL Libertad Digital 11 Abril 2017

Ajenos al más elemental sentido del ridículo, adictos a una historia política inventada y con los medios de difusión de su bochornosa propaganda haciéndoles de servil altavoz, el presidente regional de Cataluña y su pseudoministro de Exteriores no dejan de sumir en el descrédito internacional al Principado, cuya imagen parecen dispuestos a triturar.

Agotado el magro filón europeo, pues sólo los ultras de la Liga Norte y los Auténticos Finlandeses han prestado alguna atención a la pretendida internacionalización del proceso separatista, Carles Puigdemont y Raül Romeva han puesto la mira en los Estados Unidos de América, donde se han llegado a reunir con Jimmy Carter, el peor expresidente de esa nación, tan dispuesto a dejarse fotografiar con cualquier personaje estrafalario que acceda untar como es debido a su controvertida fundación, y entablado relación con el inefable congresista republicano Dana Rohrabacher, que exhibe como grandes méritos una estancia de dos semanas con los talibanes afganos y su apoyo tanto al nacionalismo kosovar como a la anexión de Crimea por parte del autócrata ruso, Vladímir Putin, con quien parece mantener una estrecha relación personal.

Rohrabacher ha devuelto ahora la visita a sus amigos españoles, que le han recibido en la sede del Gobierno regional de Cataluña con una pompa artificiosa que pone todavía más de relieve lo esperpéntico y provinciano de la operación. A los sones del himno de Estados Unidos y con la bandera regional catalana presidiendo el acto como si fuera una enseña estatal, Romeva y Puigdemont han perpetrado otra grotesca payasada de las que mueven a risa en las cancillerías europeas que los ningunean.

Ahora bien, el hecho de que personajes como Puigdemont o Romeva sean tan patéticos no quita gravedad a la intentona golpista que están llevando a cabo, ante la estupefaciente e indignante pasividad del Gobierno de Mariano Rajoy, cuyo delegado en Cataluña, Enric Milló, fungió de anfitrión de los visitadores del dúo organizando un recibimiento que muy bien podría haberse ahorrado, si no por decencia, por respeto a la Nación, a la que están ultrajando de manera intolerable.

El descrédito de las instituciones catalanas es también el de España en su conjunto, especialmente cuando las astracanadas de los separatistas tienen lugar en la escena internacional. La responsabilidad de guardar respeto a la ley y a España recae en el Gobierno de Rajoy, rebajado al papel de triste títere de unos políticos desnortados que están llevando a Cataluña a las más altas cotas del ridículo mundial.

La sucia vieja política de toda la vida
OKDIARIO 11 Abril 2017

Unidos Podemos hizo con la Ley Electoral General (LOREG) lo mismo que Nicolás Maduro con la democracia en Venezuela: saltársela. Así lo certifica el Tribunal de Cuentas, que saca los colores tanto a los populistas como a sus confluencias en el último informe de fiscalización. Los representantes de estas formaciones sólo se sienten agraviados cuando las trampas las comenten los demás. No obstante, se permiten el lujo de incurrir en constantes irregularidades para dopar económicamente sus respectivas campañas electorales aunque dicha actividad esté terminantemente prohibida por la LOREG. Pura “nueva política”. La coalición entre los morados e Izquierda Unida no sólo se dejó en el limbo un millón de votos en las elecciones generales del pasado 26 de junio, también 566.166 euros sin pagar a los proveedores. Sólo este hecho ya define a la perfección la capacidad gestora y el sentido de responsabilidad y equilibro para con las cuentas: tan solo disponían de 1.870 euros para cubrir medio millón. Si esto lo hacen con su propio dinero, ¿qué no harían con el de todos los españoles? Sin embargo, la gravedad de los hechos va mucho más allá.

Unidos Podemos utilizó fondos que “tuvieron lugar fuera de la contabilidad electoral fiscalizada”. O lo que es lo mismo: engañaron y adulteraron las reglas de los comicios al usar dinero de otras cuentas sin control para cubrir sus dispendios de campaña. Una cascada de infracciones que también tuvieron como protagonistas a sus partidos satélites: En Marea en Galicia, En Comú en Cataluña y A la Valenciana. Incluso, en la documentación remitida por Unidos Podemos se detectó una factura de 423,50 euros emitida a nombre del Ayuntamiento de Leganés (Madrid) que se abonó con cargo a un colectivo que no concurrió a las generales. De ahí que cada monserga de Pablo Iglesias sobre la “ejemplaridad”, la “austeridad en campaña” y la “transparencia” no sean más que palabras huecas en discursos fatuos. Las mismas que cimientan la dialéctica de un partido que, día tras día, demuestra que es todo lo contrario a lo que pregonan. Peligrosos, ya que no sólo se creen sus mentiras sino que además las utilizan para tratar de convencer a los ciudadanos.

Villanos hasta la sepultura
Alfonso Merlos OKDIARIO 11 Abril 2017

Son la reencarnación del Mal y lo han probado destilando veneno hasta en el patético momento de protagonizar el desarme de la señorita Pepis. Achatarrados en su organización, víctimas del amateurismo de los últimos tiempos, portavoces de la sinrazón y la bilis de siempre, los criminales que hoy campan por sus respetos con las manos manchadas de sangre han llegado a su meta de odio. Eso significa que han cruzado la raya poniendo metralletas y dinamita encima de la mesa tal y como de lejos intuimos que lo harían: sin arrepentirse, porque se lo impide su villanía; sin pedir perdón, porque su ADN de destrucción frena cualquier acción con una pizca de humanidad; y, por supuesto, agrediendo y ofendiendo a las víctimas; mostrándose, en fin, como estandartes de lo vil y lo bastardo.

No tienen arreglo. El numerito protagonizado ante Cake Minuesa por ‘el carnicero de Mondragón’ es categórico. Siempre un paso adelante en su repugnante carrera de rencor. Despertemos de nuestra ingenuidad y abramos los ojos como platos ante un escenario idílico de paz y concordia que no existe. Porque en su cinismo de capucha y pistola, quienes hoy ya han puesto pie y medio en las instituciones vascas no se bajarán del burro de su intolerancia. Por eso exigen lo que en modo ufano y tirando de retórica marxista —tampoco ahí ha variado su estilo— denominan ‘desmilitarización’ del País Vasco. Por eso echan pestes del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, y de unos bravos agentes que tirando de coraje han aplastado una y otra vez a estas malas bestias para llevarles al rincón, a la desesperación, a la asfixia. Por eso entienden que los asesinos que hoy saldan su deuda de sangre con la sociedad en lejanas cárceles deben volver urgentemente a sus casas para ser recibidos como héroes.

Las manifestaciones humillantes de estas máquinas de matar, ya a cara descubierta, en las que anuncian la facilidad que tendrían para volver a comprar un revólver mañana mismo no pueden caer en saco roto. Porque son la quintaesencia de la chulería y la inquina. Porque sacan a la luz las sucias entrañas de los peores personajes de la historia de España anunciando que su voluntad de producir sufrimiento y dolor y daños materiales y humanos sigue intacta: ya sin apretar el gatillo, simplemente introduciendo la intolerancia en la vida pública, dividiendo en trincheras a la sociedad; sólo, a veces, dirigiendo miradas asesinas que invariablemente viajan en una única y misma dirección.

Sí. Se ha clausurado un tiempo de bombas lapa y tiros en la nuca. Se ha echado el telón de la extorsión, de las amenazas letales con cronómetro cuenta atrás. Y aún así, los demócratas nos hallamos ante un nuevo desafío ante el que sólo podremos prevalecer si permanecemos unidos y sólidos, sin retroceder. La causa del terrorismo es su propio éxito. Y no cabe dar medio paso atrás ante la intimidación y los chantajes que los epígonos de Txapote o Ternera u Otegi ya están poniendo en circulación. La explotación de la victoria real del Estado de Derecho frente a ETA aún está por conquistar.

"Liberalismo duro" holandés para luchar contra la intolerancia
Giulio Meotti latribunadelpaisvasco 11 Abril 2017

Artículo publicado inicialmente en la web del Gatestone Institute

Las elecciones generales en los Países Bajos ya han terminado, pero ahora empieza una campaña mucho mayor: ¿Quién defenderá las libertades de los holandeses?

Sólo en los Países Bajos se puede concebir que un político como Geert Wilders, un valiente disidente que durante 13 años, 24 horas y un día haya vivido bajo protección policial, dado mítines llevando un chaleco antibalas, mudado de un lugar secreto a otro y sido escoltado como si fuese un potentado asiático. En el país ya se habían producido dos asesinatos políticos relacionados con el islam: el del político Pim Fortuyn y el del cineasta Theo Van Gogh. Otra diputada holandesa de la época, Ayaan Hirsi Ali –cuyo nombre, junto al de Wilders, era el siguiente en la lista adosada con un cuchillo al cadáver de Van Gogh– acabó huyendo a Estados Unidos. Sólo la protección de Wilders, generalmente proporcionada por el Gobierno holandés, ha evitado hasta ahora un tercer asesinato político.

En los Países Bajos, el filósofo Baruch Spinoza se convirtió en el profeta de la tolerancia, Karl Marx investigó el capitalismo y John Locke escribió su Carta sobre la tolerancia. Los grandes medios han dicho que el ascenso de Wilders y el nuevo giro "populista" del primer ministro, Mark Rutte (quien, en enero, le dijo a los inmigrantes que se comportaran "con normalidad o se marcharan"), ha sido una traición a esa tolerancia holandesa. Es exactamente al revés.

Es esa tolerancia la que inspira al "liberalismo duro" holandés para luchar contra la intolerancia. Tolerar al intolerante no parece la manera de preservar la tolerancia. Así es como los multiculturalistas holandeses pusieron patas arriba su gran legado. Los propios holandeses se consideran "fundamentalistas de la Ilustración", sosteniendo los valores de la Ilustración, también en el mundo islámico.

Ahora, la pregunta es: ¿defenderán los holandeses esas libertades, o las irán desmantelando poco a poco? El ministro de Justicia holandés, Piet Donner, sugirió hace poco introducir la ley islámica de la sharia en los Países Bajos por vías democráticas.

La fuerte tradición progresista holandesa se remonta a Pim Fortuyn, un homosexual orgulloso de la "supuesta" decadencia de su país, su tolerancia y las libertades que ofrece. Como escribió el difunto periodista británico Alexander Chancellor:

Los fanáticos musulmanes reprochan a Occidente su decadencia, y muchos occidentales con sentimiento de culpa coinciden en que no les falta razón, pero Fortuyn no pensaba así. Él hizo una cruzada en defensa de lo que muchos considerarían decadencia, y estaba muy preocupado por su supervivencia.

Fortuyn consideraba que la permisividad estaba en el corazón de la cultura occidental. Era un "liberal duro", que militó en defensa de los valores judeocristianos y occidentales tras el 11-S contra la intolerancia islámica, como intentaron hacer Oriana Fallaci, Bat Ye'or, Michel Houellebecq y Geert Wilders.

Tras las últimas elecciones holandesas, ha llegado el momento de que los neerlandeses redescubran el legado y las ideas de Pim Fortuyn. Fortuyn, un extravagante homosexual que llevaba la cabeza rapada y era profesor de Sociología, llevaba elegantes trajes italianos, vivía en una casa palaciega en Rotterdam y había escrito un gran libro titulado Contra la islamización de nuestra cultura. Prometió resistir contra el islam, "una guerra fría contra el islam", como la llamó en una entrevista en el Rotterdams Dagblad.

"Usted ha dicho –afirmaba el periódico Volkskrant en una entrevista– que los extranjeros manosean a todas nuestras mujeres rubias, y después se giran y las llaman 'zorras'". "No – corrigió calmadamente Fortuyn–. He dicho que los islámicos hacen eso. Eso es muy distinto, disculpe, de los 'extranjeros'". Entonces, en un momento que iba a ser decisivo en la vida de Pim Fortuyn, el Volkskrant le preguntó: "¿Por qué, entonces, ese odio hacia el islam?" "Yo no odio el islam –dijo Fortuyn–. Lo considero una cultura atrasada. He viajado mucho por el mundo, y allí donde gobierna el islam, es desolador".

Los supremacistas islámicos de los Países Bajos se consideran unos "redentores" que están rescatando a Occidente de la "decadencia" de Fortuyn: drogas, prostitución, vida homosexual y prensa blasfema. ¿Será capaz el establishment holandés de defender esas libertades?

La "decadencia" puede ser letal para un país cuando se convierte en hedonismo, desmoralización, declive educativo y pérdida de memoria histórica. Pero por "decadencia", los supremacistas parecen referirse a todas las libertades occidentales, no sólo la permisividad holandesa. Pero son de esas libertades de las que deberíamos enorgullecernos. Y son por las que debemos estar dispuestos a luchar para proteger. Fortuyn lo hizo, y pagó el precio final: su propia vida. Theo Van Gogh también lo hizo con su película sobre la sumisión de las mujeres bajo el islam. Inmediatamente después de que Van Gogh fuese asesinado por Mohamed Buyeri, la película dejó de exhibirse públicamente.

La izquierda holandesa también necesita redescubrir sus raíces. El debate en los Países Bajos sobre la integración no lo pusieron en marcha los partidos de derechas "xenófobos", sino Paul Scheffer, un respetado académico y miembro del Partido Laborista, que en 2000 escribió un ensayo titulado Het multiculturele drama (El desastre multicultural), antes de que Fortuyn y Wilders hubiesen siquiera entrado en escena. Scheffer escribió sobre los tolerantes holandeses cuyas políticas multiculturales no habían promovido la cultura holandesa en las comunidades de inmigrantes. Por desgracia, la izquierda holandesa tomó el camino opuesto y por eso ha sido duramente derrotada en estas últimas elecciones.

El partido de Mark Rutte también tiene mucho que aprender de este liberalismo duro. Fueron los liberales quienes pusieron en práctica muchas de las ideas de Fortuyn: la prohibición del burka, que según muchos musulmanes es una forma de "proteger" a sus mujeres, pero que a otros les parece un símbolo de dominación de la mujer. La reacción del primer ministro Rutte contra las injerencias de la república turca en la vida holandesa sería impensable en otros países europeos: Rutte, temiendo el ascenso de Wilders, defendió la independencia de su país pero se negó a ceder a la presión islamista y permitir que los ministros del presidente Erodgan dieran un mitin en Rotterdam.

En Francia, de hecho, las autoridades permitieron mítines turcos, demostrando así una mentalidad sumisa al islam político. Rutte y los holandeses harían bien en seguir por su camino, que es lo que permitió a Rutte mantenerse en el gobierno. El conservadurismo económico puede ser importante, pero los valores occidentales también lo son.

Tras el asesinato de Fortuyn, Wilders se presentó como "el defensor del liberalismo": en igualdad de género, separación entre Iglesia y Estado y autonomía personal. Sin embargo, a diferencia de muchos liberales en Estados Unidos y Canadá, Wilders no está dispuesto a claudicar estas libertades a favor del islam. Los liberales y feministas de Estados Unidos se niegan a defender los derechos de las mujeres en el mundo musulmán. Jamás plantean la cuestión de la separación entre Mezquita y Estado. En vez de eso, culparon de la matanza sufrida por la revista satírica Charlie Hebdo en 2015 a la libertad de expresión.

¿Pensaron siquiera alguna vez los "liberales duros" holandeses en la brava batalla de Ayaan Hirsi Ali en defensa de los derechos de la mujer bajo el islam, en Theo Van Gogh y otros periodistas holandeses, o la cruzada que ha encabezado Wilders para proteger al país de la intolerancia islamista?

¿Por qué los militantes LGBT no están condenando los crímenes del islam, como hacía Pim Fortuyn? El director de una revista de temática LGTB en Bangladesh acaba de ser asesinado a machetazos por islamistas. ¿Cómo es que nadie de la comunidad LGBT en Occidente lo ha condenado o hablado de ello? ¿Por qué los activistas gais guardan silencio sobre los homosexuales que están siendo asesinados por islamistas después de que en Florida un terrorista musulmán asesinara a 50 de ellos?

Se puede ser gay, decadente o estar dispuesto a luchar por tu libertad. Si sólo eres gay y decadente, estás condenado.

Han ten Broeke, candidato a ministro de Exteriores en el gobierno de Rutte, justificó hace poco el veto holandés a los ministros turcos señalando que los erasmus iban a los Países Bajos "porque era un paraíso para la libertad de expresión". Esta tolerancia erasmiana sigue teniendo mucha fuerza en el alma de la identidad holandesa, pero la presencia entre ellos de musulmanes no europeos y antiliberales sigue poniendo a prueba sus límites. Los libertinos y libertarios holandeses en sintonía con Fortuyn y Wilders no parecen estar dispuestos a suicidarse, a diferencia de los liberales del Middlebury College de EEUU, que parecen muy ocupados tratando de linchar a cualquier conservador que pase por su campus.

Los holandeses y los europeos deberían estar orgullosos de lo que los fundamentalistas islámicos llaman "decadencia"; pero también deben estar dispuestos a luchar para defenderla. No bastan los "lugares seguros". El mundo no los ofrece. De lo contrario, acabarán todos en una de las "casas seguras" en que han obligado a vivir a Geert Wilders sus puritanos verdugos. "Yo estoy en una cárcel", dijo. "Y ellos van por ahí libremente".

la banda aún conserva dos tercios de su arsenal
Analizada la mitad de las armas de ETA: ni tienen huellas ni han sido nunca disparadas
Fuentes policiales de Francia y de España calculan que las pistolas entregadas por la banda terrorista son solo un tercio del arsenal que se atribuye aún en manos de la organización
Roberto R. Ballesteros El Confidencial 11 Abril 2017

El análisis previo realizado por las fuerzas de seguridad francesas de las armas entregadas por la banda terrorista ETA no arroja por el momento conclusiones esperanzadoras para las víctimas del terrorismo. Ninguna pistola ni ningún fusil presentan huellas dactilares ni restos orgánicos que sirvan para reabrir investigaciones archivadas sobre crímenes cometidos por los miembros de la organización. Tras estudiar detalladamente casi la mitad del arsenal intervenido, los responsables de la lucha antiterrorista gala han concluido que no tienen elementos suficientes para iniciar indagaciones.

Así lo explican a El Confidencial fuentes de la lucha antiterrorista que están en permanente contacto con la policía gala responsable de llevar a cabo el examen del polvorín, rescatado de los ocho zulos dados a conocer el pasado 8 de abril por la Comisión Internacional de Verificación encabezada por Ram Manikkalingam, el grupo de mediadores delegados por ETA. Tras el anuncio, la policía francesa se trasladó a los puntos indicados y encontró 120 armas de fuego, tres toneladas de explosivos y "miles y miles" de detonadores y munición.

La policía francesa analiza el arsenal entregado por ETA
Además de no haber encontrado huellas en ninguna de las armas, los agentes encargados del análisis han percibido también que ninguna pistola había sido previamente disparada. Todas eran de primera mano y estaban aún por manipular. Esto lleva a pensar a los investigadores que la banda terrorista podría haber entregado únicamente sus depósitos aún no utilizados, lo que dejaría al margen precisamente los que más interés tienen desde el punto de vista de la resolución de casos aún abiertos, que son todas las armas que ya han usado los terroristas, ya sea para asesinar o para llevar a cabo ejercicios de tiro.

Es, por lo tanto, la sospecha que ya habían expresado estos días algunas víctimas de ETA entrevistadas en diferentes medios de comunicación y que ahora confirman los agentes franceses. La entrega de armas no pasa de ser una escenificación que previsiblemente no servirá para reabrir investigaciones que estaban sin esclarecer, una esperanza que en cualquier caso no estará cerrada hasta que sea analizada la totalidad del arsenal incautado a la banda terrorista.

Las mismas fuentes consultadas aseguran que tanto las fuerzas de seguridad francesas como la lucha antiterrorista española tienen claro que las armas intervenidas representan en torno al 40% de las que tiene la organización. Gran parte de las que aún están en posesión de los miembros de ETA, por lo tanto, serían las que ya han sido usadas por la banda, aunque no se descarta que haya un grupo que —al igual que las entregadas— tampoco haya sido utilizado.

Los propios 'verificadores' admitieron durante los días previos a la señalización de los zulos que el supuesto desarme podría no contener todas las pistolas que las fuerzas de seguridad consideran que están en poder de ETA. Justificaron que hay armas cuyo paradero ha podido ser olvidado por los terroristas o que estos ya no controlan, sobre todo después de las continuas detenciones sufridas por la cúpula de la banda en los últimos años, que han conllevado la incautación de todo tipo de material explosivo. Más de la mitad de las 350 armas cortas robadas por la organización en 2006 en Vauvert (Francia), por ejemplo, aún no habían sido localizadas hasta el momento.

Desde que la Guardia Civil y la Policía tuvieron conocimiento de que ETA iba a llevar a cabo esta representación del desarme, la coordinación con la policía francesa ha sido continua y fluida. Ambas partes de uno y otro lado de los Pirineos han estado en constante comunicación, con el fin de tener acceso a la mayor información posible. No ha sido, sin embargo, la actuación policial la única que ha jugado un papel relevante en este proceso.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional presentó una denuncia ante el alto tribunal para reclamar las armas con objeto de que estas sean analizadas también por las autoridades españolas al tiempo que la Dirección Adjunta de la Guardia Civil hacía lo propio. Las peticiones fueron aceptadas por el juez Eloy Velasco, quien ayer cursó una comisión rogatoria a Francia en la que solicitaba que la policía gala permitiera a la Guardia Civil acceder a los efectos encontrados en los ocho zulos.

El magistrado reclamó que los agentes del instituto armado pudieran conocer los informes policiales, balísticos, de restos biológicos y de ADN elaborados por sus homólogos galos en relación con el mencionado arsenal. Velasco argumentó que su intención es la de que los Servicios de Información de la Guardia Civil puedan obtener nuevos datos que ayuden a esclarecer los atentados terroristas cometidos en territorio español que aún se encuentran sin resolver.

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¡España primero!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Abril 2017

Algunos se asombran del nuevo talante que ha traído Donald Trump a los USA en sus relaciones internacionales resumidas en su célebre frase de campaña “América first” (primero los USA, ya que como todos deben saber, ellos se consideran América despreciando al resto de países que coexisten en el nuevo Continente descubierto para la civilización por España). Sin embargo, ese lema lleva practicándose desde la transición por todas las diecisiete autonomías, que han convertido a España en una especie de territorios, a los que algunos denominan “baronías”, con unas fronteras virtuales a nivel legislativo, donde los partidos políticos pugnan por aplicar la prevalencia regional sobre el interés general de España. Una política localista insolidaria y egoísta que no duda en acudir a la reivindicación de supuestas deudas del resto con los del terruño particular de que se trate. Una política que ha hecho que temas tan sensibles socialmente como el de la receta médica electrónica de las Tarjetas Sanitarias no pueda ser usada fuera de la Comunidad autónoma propia y que su coordinación con el resto nos cueste ahora 500 millones de euros para solventarlo.

Una situación que ya tuvo su preámbulo en la propia Constitución al reconocerse condiciones singulares de determinadas autonomías con supuestos derechos históricos. El País Vasco con su concierto económico y Navarra con sus Fueros, han sido sin duda la excusa perfecta para el rosario de reivindicaciones con unos Estatutos autonómicos cada vez más exigentes en cuanto a competencias y financiación. Algo que sin duda ha contribuido a facilitar el auge del sentimiento nacionalista envuelto como el catalán en el victimismo, a pesar de ser una de las regiones más favorecida, más desarrollada y más próspera de España durante décadas, al igual que lo eran El País Vasco y Navarra. Un nacionalismo que, alcanzado el tope de competencias, reivindica ya sin pudor la secesión, la independencia plena basada en una inexistente soberanía del igualmente inexistente pueblo catalán.

No es de extrañar el que los políticos reivindiquen que primero su Comunidad, como está haciendo el PNV en El País Vasco con su lema “Lehenik Euskadi (primero Euskadi) es lo que importa”. O el de los secesionistas catalanes con su “Catalonia is not Spain” pitando el himno, quemando banderas de España, acusando a nuestra nación de invasora y represora, falseando la historia y la situación real, etc. Una sociedad tan dividida es imposible que pueda tener un proyecto de futuro común y está abocada al fracaso. Tras años de "dejar hacer" esperando que las subvenciones y las coimas calmaran las protestas, se han dado cuenta del error y ahora quieren remediarlo con una política de persuasión, de que España merece la pena y que hay mucho más que nos une que lo que nos separa. Una labor necesaria pero que llega demasiado tarde y que solo podrá remediarse una vez vuelvan las competencias esenciales como Sanidad, Educación, Seguridad, al Gobierno de España y se actúe con las nuevas generaciones. Las actuales ya están demasiado influenciadas y adoctrinadas en el odio a España.

Y es que lo de España primero se ha considerado por la mal llamada izquierda progresista y por la ultraizquierda radical, y no digamos por los partidos nacionalistas, como algo típico de una derecha cavernaria, involucionista y fachosa. Sin embargo, esos grupos no dudan en asumir las reivindicaciones populistas y demagógicas a la hora de anteponer los intereses de las antiguas regiones, hoy autonomías, en una interminable protesta reivindicativa para obtener lo que consideran justo para ellos. Y como bien recoge el acervo popular, “Cada uno habla de la feria como le va en ella”. Y así parece que a todos les va mal en esta feria de mercadeo infecto en que se ha convertido el sistema autonómico en España. Cada cual intenta quedarse con el trozo de tarta más grande, aunque no lo necesite. Y además, piensa que los demás se lo deben por agravios pasados.

Creo que mejor nos iría si en vez de este guirigay todos pudiésemos decir sin avergonzarnos lo de “España primero” pero para ayudar a ser más fuertes y empujar a toda la Unión Europea a serlo, devolviendo parte de lo que los que nos acogieron nos dieron para ayudarnos a prosperar. Ser agradecidos es de bien nacidos. Y aquellos que egoístamente se anteponen y se ponen en primera fila a la hora de recibir o de coger, ni son agradecidos, ni desde luego bien nacidos.

Lo malo de haber dejado que la situación haya llegado a este punto es que puede que sea de no retorno y la solución deba ser irremediablemente drástica. Las autonomías se han convertido en niños malcriados acostumbrados a recibir sin justificación carísimos regalos y a comer a la carta. Ahora será muy difícil obligar a que se ajusten el cinturón y a comer rancho para todos.

¡Que pasen un buen día!

#FinDeEtaSinImpunidad
Ricardo Ruiz de la Serna Gaceta.es 11 Abril 2017

En la tradición de Occidente, que hunde sus raíces en la Biblia, la memoria no es una carga que nos ate al pasado, sino un trampolín que nos proyecta hacia el futuro. Sabemos quiénes somos porque conocemos de dónde hemos venido, Por eso, en la antigüedad, uno de los mayores miedos lo suscitaba el olvido.

En España, el llamado “fin de ETA” -un término desconcertante cuando quedan 300 asesinatos sin esclarecer y sus amigos campan por las instituciones- este pretendido final de la banda, digo, va acompañado de una campaña de propaganda y manipulación propia de otros regímenes y de otro tiempo. Parece de mal gusto recordar las complicidades y las pertenencias a esta organización terrorista. Como si se evocase a un fantasma, resulta incómodo señalar que las ideas de ETA, lejos de languidecer en un rincón de la historia, gozan de excelente salud y siguen intoxicando nuestro debate público con su ambigüedad –“condenamos todas las formas de terrorismo” como si hubiese muchas-, sus eufemismos –“la lucha armada”, “la izquierda abertzale”- y ese terrible sofisma de condenar la violencia sin condenar las ideas que la inspiran y tratan de legitimarla.

En España, nos están inyectando dosis de olvido y desmemoria como si envenenasen a alguien indefenso.

Se pide “generosidad a las víctimas” como si no hubiesen sido no sólo generosas, sino magnánimas. Deben soportar, por igual, las entrevistas a miembros de ETA y las bienvenidas en loor de multitudes cuando salen de prisión. Tienen que convivir con ellos en la misma calle o en el mismo bloque. Ahí está Pilar Elías, viuda de Ramón Baglietto, y su vecindad, en Azkoitia (Guipúzcoa) con el asesino de su marido. Han de visitar los cementerios mientras los familiares de los etarras los reciben a la salida de la cárcel. Siguen soportando la humillación cotidiana, el silencio cómplice, el olvido colectivo como forma encubierta de desinterés generalizado hacia el pasado y el presente de quienes más han sufrido.

Ahora les piden a las viudas y a los hijos de los policías nacionales, los guardias civiles, los militares, los concejales, los periodistas y tantísimos otros que callen y comprendan - ¡que comprendan! - que el fin de ETA era esto: un muro de silencio y de bruma sobre el tiempo y sobre la historia. Hoy se les pide a los heridos, a los secuestrados, y a los extorsionados, a los miles de vascos que tuvieron que dejar su tierra expulsados por los etarras y sus cómplices, que callen ante el uso torcido del sistema educativo, los medios de comunicación y la cultura para reescribir un relato que pone a las víctimas a la altura de los asesinos como si unos y otros hubiesen tenido un “conflicto”; como si Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica o Fernando Buesa hubiesen puesto bombas o encerrado a seres humanos en zulos; como si los policías nacionales, los guardias civiles o los militares fuesen equiparables a Aguirre Lete, Achurra Egurola o Santi Potros.

Recuerdo los días del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Me vienen a la memoria aquellas imágenes de la Puerta de Sol llena de gente que pedía su liberación. No he olvidado aquellos días de dolor y rabia en que los “beltzas” -las unidades de intervención policial de la Etzaintza- se quitaron los pasamontañas y mostraron los rostros mientras millones de españoles por todo el país alzaban sus voces contra la ignominia. Escucho de nuevo la voz de Gregorio Ordóñez despertando conciencias y quitando miedos. ¡Basta ya!

Basta ya. Hay que decirlo más. Tenemos que repetirlo una y otra vez. Podríamos imprimirlo en pegatinas y pegarlo en los coches y las marquesinas de los autobuses. Quizás haya que tatuárselo o grabarlo en las cortezas de los árboles. Basta ya. Basta de mentiras al servicio de ETA, sus amigos y sus aliados de ayer y de hoy. Basta ya de olvidos y desmemorias. Basta ya de lavados de caras impregnadas de sangre. Basta de entrevista “de lado humano” - ¿dónde estaban cuando había que entrevistar y dar voz a las víctimas”- y basta de utilizar el pretexto del humor para normalizar la burla, la humillación y el desprecio.

Sin embargo, no todo está perdido.

Junto a la historia de las tiranías, uno debe contar la de aquellos que resistieron y les hicieron frente. No se puede hablar de ETA sin hablar de aquellos que se atrevieron y se atreven a pedir -entonces y ahora- memoria, dignidad y justicia. No todos han claudicado. No todos han aceptado este pacto de silencio como precio, recompensa ni promesa.

Fernando Savater, Maite Pagazaurtundua, Teo Uriarte, Martín Alonso, Joseba Arregi, Consuelo Ordóñez y Luis Castells han sido promotores de un manifiesto titulado “Un fin de ETA sin impunidad”. Reclaman cosas tan justas y tan legítimas que casi sonroja que tengan que pedirlas: el rechazo al proyecto político de ETA; la justicia en lugar de la impunidad; la verdad en lugar de la falsificación de la historia; que la política penitenciaria no sea una política de gracia; y un final de ETA basado en la dignidad.

Las víctimas del terrorismo, los amenazados, los extorsionados, los que tuvieron que dejar su tierra e ir a otros lugares de España porque en el País Vasco o en Navarra no podían vivir tienen razón y tienen derecho; y estar del lado del Derecho y la razón debería ser importante en una sociedad que aspira a tener un futuro. Sobre el olvido y la injusticia es imposible construir nada que perdure ni merezca la pena. Algún día recordaremos este tiempo con tristeza y vergüenza, pero iniciativas como ésta rescatarán el nombre y el recuerdo de quienes se negaron a consentir impasibles la impunidad y el engaño.

Se me ocurren muchas razones -más de las que caben en una columna- para firmar este manifiesto. Quizás la suya sea la indignación o la solidaridad. Tal vez le preocupe el futuro o recuerde el pasado. Quién sabe si usted pertenece a ese grupo de ciudadanos que sigue creyendo que los terroristas deberían estar en prisión y no dando entrevistas. Lo mismo siente usted que, a fuerza de callar, consentir y mirar para otro lado, uno no va a poder ni mirarse al espejo sin avergonzarse. Hay muchas razones para firmar.

Por favor, encuentre la suya.
Firme.
P.S. Aquí tiene el texto completo del manifiesto. Yo ya he firmado. Pueden seguirlo en redes sociales con la etiqueta #FinDeEtaSinImpunidad
https://www.change.org/p/a-la-gente-de-bien-que-no-acepta-que-los-asesinos-pongan-reglas-un-fin-de-eta-sin-impunidad

Mucha indignidad
Cayetano González Libertad Digital 11 Abril 2017

Casi todo lo que ha rodeado la pantomima del denominado desarme de ETA y su escenificación en Bayona estuvo trufado de indignidad. Los más directamente afectados fueron los de siempre, los que deberían estar en el lugar más relevante de nuestra historia reciente: las víctimas del terrorismo.

He dicho "casi todo" porque, dentro de este lamentable escenario, habría que destacar la iniciativa del manifiesto Por un fin de ETA sin impunidad, impulsado por personas tan ejemplares en la lucha contra la dictadura etarra como Maite Pagazaurtundúa o Consuelo Ordóñez, ambas víctimas del terrorismo; por el filósofo Fernando Savater o por el exmiembro del PNV Joseba Arregui. Un manifiesto que a día de hoy hemos firmado ya 20.000 personas, que son muchas, pero que a mí me parecen pocas, considerando lo que dice y pide. Animo a los lectores de LD a que lo lean en change.org y a que, si lo desean, se adhieran a él. Es lo mínimo que podemos hacer los ciudadanos pensando en la Memoria, en la Dignidad y en la Justicia que se merecen las víctimas del terrorismo.

Salvo esa iniciativa, poco más se puede destacar. Indigno fue que el PSE estuviera con Otegui en la foto previa al desarme, aunque tampoco es de extrañar. ¿O se ha olvidado otra foto indigna, la del ahora candidato a la Secretaría General del PSOE Patxi López también con Otegui, en julio de 2006, en un hotel de San Sebastián, en pleno proceso de negociación política de Zapatero con ETA? Lo de menos es que la representante del PSE en la foto con Otegui de la pasada semana fuera la actual pareja de Jesús Eguiguren, el principal negociador con la banda terrorista en época de Zapatero; lo de más es que los socialistas vascos hace tiempo que perdieron el norte y más cosas a la hora de posicionarse políticamente para conseguir la derrota de ETA sin ofender a las víctimas del terrorismo, incluidas las suyas.

También indigno ha sido el papel que, con el consentimiento de Rajoy, ha desempeñado el lehendakari Urkullu, presentándose a la opinión pública como una especie de hombre bueno, de hombre de paz, de hombre que nunca ha roto un plato. No dudo de que el ciudadano Urkullu esté y haya estado en contra de la violencia de ETA, pero el partido al que pertenece y del que ha sido presidente, el PNV, no ha ayudado nada, absolutamente nada, a combatir desde el Estado de Derecho a la banda terrorista. Incluso llegó a cometer la indignidad de hablar y pactar con ETA en Estella en 1998, un año después del asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco.

Como también hubo mucha indignidad, y algo más, en la foto del pasado miércoles del lehendakari Urkullu con la presidenta de Navarra, Uxue Barkos, el presidente de la Mancomunidad de Iparralde y el portavoz de la sedicente Comisión Internacional de Verificadores. Una foto que mandaba un claro mensaje: el objetivo del PNV y de ETA de una Euskadi integrada por siete territorios –los tres de la Comunidad Autónoma Vasca, más Navarra y los tres del País Vasco francés– sigue ahí.

¿Y el presidente del Gobierno tiene algo que decir al respecto o, como en él es habitual, prefiere permanecer de perfil? ¿Qué hace Rajoy para evitar que dé la impresión, que la está dando, de que ETA quiere blanquear su pasado criminal? ¿Qué hace para evitar que las víctimas del terrorismo, y con ellas muchos españoles, se sientan indignadas? Ojalá el ministro de Interior no tenga que tragarse sus palabras de que no habrá ninguna concesión en política penitenciaria a los presos de ETA tras la pantomima del desarme, o del siguiente paso que darán, que será el anuncio de su disolución. Los precedentes –Bolinaga–, la falta de convicciones y de una política antiterrorista propia por parte de Rajoy no juegan a favor de las buenas intenciones de Juan Ignacio Zoido.

En nombre del pueblo: 858 asesinatos
Cristina Losada Libertad Digital 11 Abril 2017

Hace años, cuando aquel proceso de paz luego sepultado en la T-4 junto con las vidas de Carlos Alonso Palete y Diego Armando Estacio, ecuatorianos residentes en Madrid, me invitaron a una tertulia en TV3 para hablar del tema. Todos mis contertulios, periodistas de diversos medios y lugares, estaban a favor de la negociación con los terroristas. Uno de los argumentos que más utilizaron era que ETA tenía "apoyo social" y que eso hacía insoslayable la necesidad de negociar con ella. Por lo visto, si el terrorismo cuenta con el respaldo de cierta cantidad de personas, no queda más remedio que tomarlo en consideración como interlocutor político.

La existencia de un "apoyo social" a ETA, que también sirvió de argumento para oponerse durante mucho tiempo a la ilegalización de Batasuna, fue siempre un pretexto muy extraño. Un pretexto para no hacer frente al terrorismo y para ceder, en cambio, a sus demandas. Nadie aplicaría ese razonamiento a otro tipo de criminalidad, pero la criminalidad terrorista siempre se presenta bajo el aura de una causa, y las causas ofuscan (o sirven) a muchos.

El "apoyo social" a ETA se llama ahora, en boca de los terroristas, "pueblo". Los terroristas han entregado unas armas diciendo que las tomaron por el pueblo vasco y que las dejan en sus manos. En una entrevista en País, Arnaldo Otegi, que habla de facto en nombre de ETA, repite aquello y dice que es un relato. No es un relato: es un cuento macabro. Es una historia de terror, con asesinados, heridos, extorsionados y exiliados reales. Con gente que vivió con miedo. último atentado que ha cometido ETA es cargarle sus 858 asesinatos a una comunidad que llama "pueblo vasco". La comunidad que jaleó, aplaudió, sostuvo y mantuvo el entramado terrorista fue la comunidad del odio.

Los herederos de ETA no quieren rechazar su legado de crímenes, sino pasarle ese legado al pueblo, decir que fue en su nombre. Lo intenta Otegi al decir que "la autocrítica más profunda" –la más profunda– que se hacen es que "no fuéramos capaces de leer antes que había una sociedad a la que supuestamente pretendíamos servir que nos estaba demandando que cesáramos la lucha armada". ¿Cómo van a hacerse autocrítica por matar si mataban porque se lo pedía la sociedad? El único error fue no darse cuenta antes de que la sociedad había dejado de pedírselo. ¿Y cuánto antes? Ah, eso es muy complicado, dice Otegi. "Si pones una fecha, entonces la pregunta es: ¿y por qué no antes?". Lo complicado, lo imposible, es justificar el terrorismo, como hace Otegi. A día de hoy. El artesano.

No puede o no quiere Otegi dejar de ser lo que es, y lanza una amenaza. La formula apenas disimulada, in crescendo: "La humillación es muy mala consejera… Desde la humillación es muy difícil construir una paz justa y duradera. Eso genera resentimiento y se vuelve en contra. Eso es pensar a corto plazo. Lo que se genera es un clima que no va a conducir a nada bueno, seguro". Para que los que temían sigan temiendo, ahí queda la advertencia. Y queda claro, una vez más, para qué sirve entrevistar a portavoces de ETA.

El escalofriante vídeo del etarra "desarmado" en Bayona
Matthew Bennett www.vozpopuli.com 11 Abril 2017

Miguel Ángel Blanco habría cumplido 49 años en 2017. Silvia Martínez Santiago, la niña de seis años asesinada en 2002 en el atentado de Santa Pola, habría cumplido 21. Jean-Serge Nérin, el policía francés que fue la última víctima mortal de ETA, iría ya por los 60; e incluso José Antonio Padrines Arcay, quien se considera la primera víctima mortal de la banda asesina, allá por 1968, habría celebrado los 74. Tal vez Miguel Ángel ya sería padre, como yo; igual Silvia estaría terminando una carrera universitaria, como la hija de mi vecina; me puedo imaginar a Jean-Serge yendo a comprar su baguette y tomándose un café o una copita de vino tinto, como mi tío francés, antes de volver a casa a comer con su mujer y sus cuatro hijos. Quizás José Antonio estaría disfrutando de su jubilación, y eso que aún le faltarían 20 años para llegar a la edad de mi abuela. Y así 825 víctimas más, 829 en total. Aquí tienen la lista completa. Vidas segadas antes de tiempo. De la primera a la última, 42 años de matanzas y terror.

Hace casi veinte años desde que llegué a España por primera vez. Recuerdo que me impactaron las concentraciones pacíficas y silenciosas que se producían después de los atentados. Los españoles, solidariamente, salían a la calle para expresar su rechazo y plantarse ante ese horror. El otro día, Eduardo Madina tuiteó una imagen de la primera, en Bilbao en 1985. Esa actitud, dolorida y sufrida, pero llena de dignidad, choca frontalmente con otras manifestaciones de miembros de ETA en Bayona para el acto del "día del desarme". "A los miembros de ETA yo no los llamo pistoleros", dijo uno de los asistentes: "son luchadores por la patria". "Rendición ninguna", añadió otro: "Las armas es fácil comprarlas". Pero lo peor, sin duda, lo más escalofriante, son las respuestas de un tal Josu Zabarte, "el Carnicero de Mondragón", asesino por 17 veces, nada menos, quien dijo que no, que para qué pedir perdón: "No tengo nada que decir". El desprecio claramente visible en los momentos en los que se encara con Minuesa revela una ausencia total de arrepentimiento o siquiera reconocimiento. Inimaginable lo que deben sentir los familiares de las 829 víctimas al ver tanta chulería asesina en tan pocos segundos.

En algunas publicaciones, españolas y extranjeras, parece que hay cierta premura por declarar el final del fin de la larga lucha contra ETA, la rendición, el desarme, ya está bien, se acabó todo, aquí ya no hay nada que ver, señores. ETA quiso que se viera el acto, que saliera en los medios internacionales, y salió, primero en la BBC, que publicó la carta, luego el corresponsal de The Guardian presenció la pequeña ceremonia, y después recogieron la noticia todos los demás. Quisieron que se viera; porque por entregar, podrían haber entregado la lista de zulos geolocalizados en una comisaria de Bilbao de madrugada entre semana, o podrían haber enviado un correo a la Fiscalía antiterrorista en Paris, o incluso podrían haber escrito un tuit con pantallazo de las coordenadas a @policia. Pero montaron un espectáculo que superficialmente tuvo aires de proceso de paz pero dónde—como vimos en el vídeo de Bayona—debajo bullía rabia y orgullo etarras.

Hace poco murió Martin McGuinness, uno de los jefes del IRA en los años setenta y ochenta, quien acabó décadas después como Ministro de Educación y Vice-Ministro Principal de Irlanda del Norte. Sacaron a algún familiar de las víctimas en las teles británicas para preguntarles qué tal, que qué sentían al conocer la noticia, y estos dijeron, más o menos, que bueno, en fin, hemos rehecho un poco la vida y ahora nos dedicamos a esto otro y ahí está todo. A ti te matan al hermano, al hijo, a mamá o a la mujer, y él acaba como Vice-Ministro Principal. ¿Cómo te sientes, realmente? Hace tres años, se supo que a raíz del Acuerdo de Viernes Santo en 1998, el Gobierno británico, con Tony Blair, había enviado cartas comodín a 187 terroristas indultándolos de antemano por sus actividades. No pisarán nunca la cárcel ni se les perseguirá. Otros 423 terroristas, incluido 143 asesinos convictos, salieron de la cárcel gracias al acuerdo. Blair eligió la paz por encima de la justicia, y en 2015 se negó en el parlamento a pedir perdón por ello: "sin haber hecho eso, no tendríamos hoy un proceso de paz en Irlanda del Norte".

A mi modo de ver, las raíces del contrato social entre ciudadano y Gobierno, el Estado de derecho, no se encuentran en las pensiones o en el Estado de bienestar o, ahora, en el debate sobre las distintas formas de una renta básica universal. Todo eso viene después. La primera piedra es la ley y la violencia. El Estado se otorga, los ciudadanos otorgan al Estado, el monopolio sobre la violencia, y exigen, en condiciones normales, que haga un uso justo de ella. Si no, volvemos a Hobbes y Rousseau, y a la conocida cita sobre el "estado natural" de la vida humana: «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta». Entiendo que hay dos sentidos principales a esa palabra "justicia": el proceso legal y luego que sea más o menos justo o aceptable el resultado de dicho proceso. En todo caso, el Estado debe—es su obligación—cumplir, en nombre de las víctimas. Porque podría ser mi hijo o el suyo, o los de Rajoy. ¿Y qué querríamos en ese momento, atormentados por el dolor e intentando seguir con la vida a falta de nuestros seres queridos? Al menos que se hiciera justicia. No venganza: justicia. Y como buenos ciudadanos, no esperaríamos menos si fuéramos nosotros los asesinos. No por esperar unos años y esconder el arma querríamos que la Policía dejara de perseguirnos. No debería ser paz o justicia, sino paz y justicia.

Seguid, amigos españoles, firmes y comprometidos hasta el final.

¿De qué va eso de ETA?
Mikel Buesa Libertad Digital 11 Abril 2017

Después de lo de la entrega de armas y del aquelarre subsiguiente, con exigencias de libertad para los presos y de aquí paz y después gloria incluidas, tengo la sensación de que cada vez hay menos gente, sobre todo entre los políticos, que sabe a ciencia cierta de qué va eso de ETA. O sea, de qué va esa organización que hace años desarrolló, durante más de cuatro décadas, una campaña terrorista con una finalidad de naturaleza política cuyos dos objetivos principales fueron obtener la independencia de Euskal Herria –sea lo que sea lo que ello conlleve en cuanto a su extensión territorial– y hacer una revolución de ingredientes difusos de los tipos comunista, libertario y anticapitalista. La campaña se vio definitivamente interrumpida en 2010, aunque no sería hasta el año siguiente cuando esa organización lo reconociera; y siete años más tarde se ha declarado desarmada, aunque seguramente esto no sea estrictamente cierto y tenga un valor más bien eufemístico, a la búsqueda de una legitimidad que se le escapa de las manos, con la que quiere perpetuarse como un actor reconocido dentro de eso que suele denominarse con la expresión izquierda abertzale –que, por cierto, no es sino un movimiento que reúne a una multiplicidad de organizaciones formales y grupos informales cuyo acervo incluye, en su esencia, el reconocimiento y adhesión a un hecho fundacional que no es otro que el de la constitución de la propia ETA allá por el año 1959 durante la festividad de San Ignacio de Loyola–.

¿De qué va eso de ETA? De terrorismo, dirán algunos; de asesinatos, dirán otros; y ellos, los de ETA, nos hablarán de un conflicto irresuelto durante siglos que, al parecer, lo justifica todo, pues las responsabilidades no son nunca de los hombres –de los de ETA, se entiende– sino del contexto. Por nuestra parte –me refiero a los que defendemos la democracia a la vez que la patria española–, creo que el mayor error que hemos cometido ha sido el de negarle a ETA su carácter político, como si su campaña de violencia fuera el resultado sólo de su maldad y no tuviera nada que ver con la naturaleza del proyecto independentista y totalitario que siempre ha propugnado. Parecía que reconocer esa naturaleza política era darle a ETA un toque de legitimidad, como si todas y cualquiera de las ideas políticas fueran igualmente defendibles dentro de nuestro sistema, aunque sin advertir que, como escribió hace muchos años Sebastián Castellio, en su Contra libellum Calvini, "matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre". En otras palabras, había miedo a que, como se había hecho durante el franquismo, se confundiera la política con las convicciones morales y se pudiera decir que los de ETA, cuando resultaban encarcelados, eran presos de conciencia.

De aquella negación vendría todo lo de después, en un proceso que tardó años en decantarse, pues había que superar el miedo y los complejos. Y lo de después no fue otra cosa que la idea de que la lucha contra ETA, contra el terrorismo, era un combate contra la sinrazón, contra la locura, contra la maldad de quienes no saben hacer otra cosa que matar, cuya máxima justificación estaba en la solidaridad con las víctimas. Éstas, después de muchos años de soledad, de apartamiento, de ser ignoradas, por su propio esfuerzo asociativo y reflexivo habían alcanzado un nuevo estatus que les daba un papel en la sociedad. Además, consiguieron constituirse como una especie de grupo de presión que reclamaba constantemente justicia y pugnaba por el reconocimiento de sus aspiraciones en la conducción de la política antiterrorista.

El papel central de las víctimas del terrorismo en el discurso político de los demócratas contra ETA es el que facilitó a los que gobernaron la eliminación de cualquier referencia pública a la naturaleza política de esta organización, aunque, por supuesto, no era lo mismo cuando se negociaba o se pactaba con ella. Sin embargo, no fueron sólo los gobiernos los que lucharon contra ETA. También lo hicimos muchos otros desde distintas organizaciones de la sociedad civil, en confluencia muchas veces con las asociaciones de víctimas, pero sin confundirnos con ellas. Y lo hicimos, sobre todo en el País Vasco, no sólo porque albergamos sentimientos de solidaridad con las víctimas –e incluso porque algunos de nosotros también éramos víctimas de ETA–, sino porque veíamos que día a día, minuto a minuto, se iba desvaneciendo la libertad en favor de una dictadura nacionalista que sofocaba con todos los medios a su alcance nuestra capacidad para pensar y expresar lo que deseábamos. Lo dijo así magistralmente el bertsolari Pello Urkiola al clausurar la manifestación que se celebró en San Sebastián el 19 de Octubre de 2002 contra el nacionalismo obligatorio:

Zein naizen yakin nahi bedezue
ni naiz Pello Urkiola.
Leitzaldekit eldu naiz eta
hau da nere matrikula.
Sortzez euskaldun garbia naiz
Naparra eta Española.
Askatasunik gabe bizi naiz
ezindot nik iraun hola.

Si queréis saber quién soy yo
me llamo Pello Urkiola.
Vengo desde Leiza
y esta es mi identidad.
Soy vasco desde la cuna
Navarro y Español.
Vivo sin libertad
y no puedo seguir así.

Por lo que nosotros luchamos fue por la libertad. Contra ETA sí, pero también contra los que, primero desde el Gobierno vasco, cuando lo presidía Ibarretxe y, después desde el Gobierno de España, cuando Zapatero se abrazó a los terroristas, le dieron un aura de legitimación que no sólo acabó confundiendo a muchos –incluso entre nosotros–, sino que culminó con el reconocimiento del partido que reintrodujo a los epígonos de ETA, cuando ésta había dejado de matar, en las instituciones políticas. Queríamos y seguimos queriendo ver derrotada a ETA no porque pensemos que, con ello, se alcanzará la justicia para con sus víctimas –porque, lamentablemente, la verdadera justicia no llegará nunca, pues nunca habrá restauración plena del daño causado–, sino porque lo que aún sigue en juego es el valor supremo de la libertad. Contra él siguen pugnando ETA y su partido, que en ningún momento han renunciado a sus pretensiones totalitarias. Y además han encontrado nuevos aliados en Podemos, siempre presto a debilitar el sistema democrático, mientras otros, como el PNV o el Partido Socialista de Euskadi, les dan un apoyo difuso, creyendo que así obtendrán algún rendimiento futuro. La derrota de ETA tiene que ser, si queremos eludir el peligro para la libertad, no sólo su final armado, también su final político e ideológico, de manera que veamos conjurado para siempre el riesgo totalitario.

ETA, don Serapio, el reverendo metodista y el señor arzobispo
De entre las muchas instituciones y colectivos que deben pedir perdón —lo ha hecho incluso el PNV por su falta de conexión sentimental con las víctimas— está la Iglesia en el País Vasco
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 11 Abril 2017

En el elenco de personajes que Fernando Aramburu hace intervenir en su novela 'Patria', ninguno tan moralmente repugnante como el párroco de la localidad en la que el autor sitúa el desarrollo de la trama. Don Serapio es un sacerdote que quintaesencia la perversión moral de muchos curas católicos que no solo ampararon a la organización terrorista ETA, sino que colaboraron activamente con ella. La banda se fundó en Loyola y contó con frecuencia —hasta la última hornada de prelados en las tres provincias vascas— con la comprensión de las sotanas jerárquicas o, en el mejor de lo casos, con una semántica condenatoria pero justificativa. No llegaron al cinismo de don Serapio, pero no anduvieron lejos. Y es que siempre que ETA salsea, el perejil del guiso son las sotanas.

En el babélico desarme de la organización criminal —una obscena escenificación manejada por Otegi para replantear la 'negociación' (presos y 'desmilitarización')— no faltaron los curas émulos de don Serapio. No faltó el conocido reverendo metodista Harold Good, compañero de fatigas de otro católico, Alec Reid, fallecido en 2013, galardonados ambos con el premio René Cassin, instituido por el Gobierno vasco, otorgado en la época de Ibarretxe. Good se aficionó a la intermediación —siempre del lado de los terroristas— en Irlanda y discurseó en conferencias con Setién en no pocos lugares de Euskadi. El reverendo se presentó en Bayona y recibió los aplausos de quienes gritaban a voz en cuello “amnistía” para los presos etarras. Él saludó a aquella gente con auténtico entusiasmo.

También ha intervenido el arzobispo de Bolonia y jefe de San Egidio, Mateo Zuppi. Este prelado gana a los dos colegas en distinciones porque, además del René Cassin, fue galardonado también —por Urkullu— con el Sabino Arana. Parece que en el Vaticano no ha gustado la intervención de Zuppi y que los tres obispos vascos están molestos por sentirse puenteados. Personalmente, me permito dudar de que en la plaza de las esculturas de Bernini se registre malestar alguno. Hace unas semanas, el lendakari se presentó en Roma y se entrevistó con el secretario de Estado, el cardenal Parolín; también fueron puenteados los diocesanos de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, se quejaron igualmente y no pasó nada.

De entre las muchas instituciones y colectivos que deben pedir perdón —lo ha hecho incluso el PNV por su dureza y falta de conexión sentimental con las víctimas— está la Iglesia católica en el País Vasco. Las sacristías de la Euskadi profunda han sido refugio seguro para no pocos terroristas y ni una sola persona con hábito talar ha sido víctima de sus asesinatos. Por algo será. De ahí que en su participación en el aquelarre de Bayona, no faltase una representación al nivel de arzobispo. No es poco, desde luego.

La mayor parte de los análisis que se están haciendo sobre el ridículo desarme de ETA (¿dónde está la mitad de las pistolas que robó en 2006 en Vauver con potencial capacidad incriminatoria?) es o buenista, o sectaria. La realidad es que ETA ha aprovechado su impotencia para relanzar su imagen y echar combustible al depósito de sus propósitos últimos: intentar una política penitenciaria diferente a la actual sin que los presos colaboren a esclarecer los crímenes pendientes (más de 300) y ganar terreno en el relato de lo que fue la banda, que para todos esos concentrados en Bayona, verificadores 'et alii', fue una organización patriótica, cuando la realidad es que sus miembros no resultaron ser otra cosa que un atajo de matarifes de 859 personas, extorsionadores de más de 10.000 ciudadanos, secuestradores de decenas y destructores de riqueza y bienestar de vascos y españoles durante 50 años.

Déjenme que les transcriba el retrato que, sacado de un documental, hace Antonio Muñoz Molina de José Maria Setién, obispo que fue de San Sebastián:
“Pero nada ni nadie da más miedo en el documental que el otro fantasma lívido del pasado, monseñor Setién, aquel obispo de San Sebastián que nunca tuvo un solo gesto de piedad hacía ninguno de los asesinados. Monseñor Setién enuncia fríos silogismos sobre lo que él llama `derechos colectivos´ moviendo unas manos pálidas que parecen tan heladas como la expresión de su cara. Ronda las palabras antes de decirlas como si manejara vísceras dudosas con un bisturí. Una vida entera de hipocresía vaticana y frialdad de corazón han adiestrado sus músculos faciales en esa perfecta impasibilidad que parece exclusiva de los grandes inquisidores y de esos salvadores y líderes que por amor a una comunidad ideal —un pueblo, una patria, una clase, la humanidad— están dispuestos a aprobar e incluso a bendecir tantas ejecuciones como sea necesario”.

Escrito queda.

Neolengua de la secesión: diccionario básico
Juan Carlos Girauta El Espanol 11 Abril 2017

Procés.- Conjuro que desencadena la formación de un campo semántico donde cobran lógica el resto de términos de la neolengua.

Dret a decidir.- Negación a cuarenta millones de españoles del derecho a decidir sobre la soberanía nacional.

Full de ruta.- Agenda imaginaria que culmina con el advenimiento un Estado catalán miembro de la Unión Europea o no, y de la OTAN o no.

Espai comunicacional català.- Medios de comunicación que participan de la neolengua. Se caracterizan por la unanimidad, considerada una virtud. Alcanzó su máximo esplendor con la publicación simultánea, en diez diarios, de un "editorial único" que desató el alborozo al demostrar que todo el periodismo catalán pensaba lo mismo, incluyendo puntos y comas.

Passar pantalla.- Simular que no se va a volver a pedir un referéndum de independencia porque se ha procedido a algo que permite la misma interpretación.

Eleccions plebiscitàries.- Elecciones autonómicas que se tendrán por referéndum de independencia en el caso de que haya más votos separatistas que no separatistas. En caso contrario, el secesionismo también considera, durante unos días, que ha ganado. Una vez celebradas, el espai comunicacional català insta a passar pantalla, para acabar regresando, en un bucle diabólico, a la exigencia de un referéndum.

Solució política.- Pretensión de que no se apliquen las leyes a los políticos y organizaciones separatistas.

Judicialització de la política.- Pretensión de que no se pueda juzgar a los políticos y organizaciones separatistas.

Desconnexió.- Conexión intensa con el resto de España a través de todo tipo de infraestructuras, mientras se abomina de España.

Mandat democràtic.- Falta de mandato democrático real, representativo, cotejable y acorde a la ley.

Xoc de trens.- Espantajo que se agita en las televisiones del espai para asustar a las ancianas del Ensanche de Barcelona.

Madrid.- España.

Caverna.- Prensa del resto de España. Prensa ajena al procés. Prensa libre.

Espoli.- Déficit fiscal que acompaña al superávit comercial catalán cuando se toma en consideración el conjunto de las comunidades autónomas.

Enviar els tancs.- Aplicar el artículo 155 de la Constitución.

Acabar amb el català.- Preservar el catalán como lengua vehicular en la escuela catalana, junto con el castellano y, eventualmente, el inglés.

Internacionalització del procés.- Dar una charla ante los micrófonos y las cámaras de tres medios de comunicación catalanes en alguna de las doscientas salitas de las que dispone el Parlamento Europeo.

El poble de Catalunya.- Los catalanes partidarios de la secesión.
 


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