AGLI Recortes de Prensa    Viernes 14 Abril 2017

Hacia una cultura de pacto y sin chanchullos
José Luis González Quirós www.vozpopuli.com 14 Abril 2017

La Semana Santa representa una de esas ocasiones en las que es necesario estar muy ciego para no ver hasta qué punto ha cambiado la sociedad española en las últimas décadas. No se trata sólo de cambios muy de fondo en las creencias y en los hábitos, sino que también empiezan a ponerse de manifiesto importantes modificaciones del comportamiento electoral que, hasta 1996, se habría podido considerar, circunscripción a circunscripción, calcado del característico de la segunda república. Pues bien, no sólo se ha roto ese esquema, sino que, más allá del bipartidismo de fondo, aparecen comportamientos bastante nuevos en el electorado: el hecho de que cerca de nueve millones de votantes, un 34% del censo electoral, dieran la espalda en noviembre de 2015 a los partidos que se habían alternado durante los últimos treinta años al frente del Gobierno, es, de momento, el testimonio más significativo de un cambio político que puede no haber hecho sino comenzar.

La estrategia del disimulo
Aunque, sólo la muerte y los impuestos sean eternos, al menos eso decía el optimista Benjamin Franklin, nuestros dos grandes partidos, al no darse por enterados del nivel de cuestionamiento que les afecta, puesto que el PP ha pretendido siempre el haber ganado las elecciones, y el PSOE apuesta por seguir siendo la alternativa, sin que se sepa muy bien de quién estamos hablando, han jugado fuerte a la idea de que ellos deberían ser tan permanentes como cualquiera de esas dos desdichadas circunstancias de la vida. Seguramente lo que nos estamos jugando ahora, en este interregno rajoyano, es si el cambio deja de serlo, y las aguas vuelven a su cauce, o si la falla en el mapa electoral puede llegar a suponer algo más que un susto.

El desencanto de fondo con las políticas de partido, del público de la derecha con sus líderes inamovibles pero capaces de disfrazarse de lo que fuere, del sector más a la izquierda con quienes quieren mantener su negociado bajo control cuando parecen incapaces de administrar un estanco, no tiene, de momento, ninguna razón de fondo para cesar, y seguramente no lo hará mientras los grandes partidos no tomen buena nota de lo que se les reprocha.

Lo suyo y lo de todos
Cualquier política necesita ser presentada como un esfuerzo por forjar objetivos muy generales y comunes, pero puede caer fatalmente en la tentación de anteponer los intereses corporativos de quienes la protagonizan. Mientras el fanatismo sea el motor de una parte importante de los electores, no importará gran cosa que los encargados de procurar el Paraíso se entretengan con algunas huríes que les salen al paso, o eso dicen, pero a medida que los electores se acostumbren a la idea de que no están obligados a preferir de manera incondicional siempre a los mismos, se abrirá camino una razonable disciplina de cálculo, y el voto dejará de ser un cautivo de la causa.

Esa libertad de voto es algo que hay que recuperar porque es el único estímulo posible para incentivar la competencia no entre quiméricas concepciones del Bien y del Mal, que tan cómodas resultan a los demagogos, sino entre políticas concretas, bien definidas y explicadas de la mejor manera posible. Uno de los cambios en la sociedad española, que no asoma con la fuerza que debiera, es, precisamente, el que empiecen a abundar los ciudadanos de espíritu libre y capaces de comprender que todo lo que tiene que ver con la política es, y debiera ser, sinónimo de discusión civilizada. Frente a ese grupo, que cabe desear creciente, quedarán los restos totalitarios, los populistas y los tecnócratas, pero ninguno de ellos tiene nada realmente interesante que decirnos. Puede ser una quimera pensar que en los partidos se abran camino los líderes capaces de entender que están al servicio de los españoles, y eso significa algo distinto a que ellos puedan hacer lo que se les ocurra, precisamente porque han sido legitimados por el voto.

El obstáculo está dentro de los partidos
La razón por la que los partidos no cumplen con eficacia y buena gana las misiones que les encomienda la Constitución, y es una evidencia que no lo hacen, tiene que ver con la creencia de que su legitimación electoral, unida al maniqueísmo político, les libera plenamente de cualquier obligación con los ciudadanos y, muy especialmente, con esa especie de bobos sacrificiales que son los militantes del partido, a quienes consideran, únicamente, como elementos decorativos, como malos financiadores de la causa y como servicio de palacio. Nuestros partidos han tendido casi siempre, y en algunos casos de manera desvergonzada, a convertir la democracia en una pantomima, a considerar que el líder es dueño y señor de vidas y haciendas, y que no ha de responder sino ante Dios y ante la historia.

Amparados en tan acomodaticias convicciones, los mandamases de los partidos han proscrito el debate y la competencia interna, apoyados en el excesivo poder que les confiere la ley electoral que los hace capaces de impedir la carrera política de cualquiera (“el que se mueva no sale en la foto”), y de convertir cualquier forma de discrepancia en una traición, que es el arma que hay que usar cuando alguno más rebelde de lo que conviene trata de sortear ese telón de acero que aísla, protege y sacraliza a la cúpula del partido y, fatalmente, lo distancia del contacto con la realidad, de cualquier especie de discurso político flexible, de toda forma de patriotismo, pues patriota es, más allá de cualquier sentimiento, el que sabe anteponer los bienes, las conveniencias y los derechos de todos a los intereses particulares de cada cual, también a los de la nomenklatura del partido.

El Estado de partidos como corrupción institucional
La consecuencia más grave de no haber aprendido a evitar la tentación de convertir al partido en una entidad sacrosanta es la subrepticia conversión de nuestro sistema político, que nominalmente es una Monarquía Constitucional, en un mero “estado de partidos”, una deformidad política en la que se sustituye al Parlamento por comités apañados y secretos, sin control alguno, de forma que el poder legislativo tiende a convertirse en una rama del poder ejecutivo, y apenas sirve “para dejar constancia de decisiones ya adoptadas en otros ámbitos”, como decía Leibholz, dejando, por tanto, de ser un lugar de debate y acuerdo para oficiar como mero escenario en que se ejerce la rivalidad y se fomenta sistemáticamente la división entre buenos y malos.

La rivalidad territorial, que debiera encontrar en el Parlamento un cauce de entendimiento, se convierte en el motor de la política precisamente en la medida en que los partidos, en lugar de ser cauces de participación ciudadana, se reducen a ser el resultado de diversos pactos entre pequeñas minorías que controlan las organizaciones territoriales y el poder de la dirección nacional, con las anomalías que están en la mente de todos. Con este esquema no es que esté en riesgo la unidad nacional, es que será milagroso que no perezcamos ante el absurdo de políticas practicadas en función de juegos de poder tan viciados. La consecuencia de todo ello es que la política como gestión de proyectos comunes y sugestivos desaparece por completo y se ve sustituida por el intercambio de favores entre minorías cada vez más pequeñas. No deja de ser sorprendente que, ante este panorama, resulten ser todavía relativamente pocos los que se dedican al puro latrocinio.

La corrupción es un síntoma, aparte de ser un mal
Mal que bien, la corrupción empieza a tener un cierto castigo, y, pese a que hayamos dejado escapar ocasiones clamorosas de exigir responsabilidades bien nítidas, los españoles continúan manifestando su preocupación por el fenómeno, según muestran todas las encuestas, lo que, sin duda, significa que la corrupción se hará progresivamente más difícil. Pero no se llegará muy lejos si no aprendemos a deshacernos de lo que más la facilita, el poder sin restricciones ni contrapesos de la organización interna de los partidos, su ausencia de control legal y ciudadano, su conversión en cajas negras en las que todo se decide sin nada que explicar a nadie, y eso es lo que hace imposible una democracia eficaz en la que los ciudadanos puedan ejercer su control de las políticas y elegir realmente entre alternativas factibles.

Por el contrario, en la medida en que los partidos dejen de hacer sus políticas a oscuras, se verán obligados a formular proyectos ambiciosos e interesantes, que deberán debatir realmente y ante la opinión pública, para defender las diversas soluciones que propugnan, y esas propuestas dejarán de ser traducciones mágicas de las fórmulas políticas supuestamente perfectas que dicen representar, para ser acuerdos, con luz y taquígrafos, entre ciudadanos libres e iguales; ello hará que la política pueda volver a ser algo que interese a los ciudadanos, algo sobre lo que se puede discutir civilizadamente y sin apriorismos, algo ante lo que se pueda optar, el camino del pacto sin chanchullos, y la búsqueda de soluciones posibles más allá de los dogmas y de las imposiciones de lo que se pretende imponer como indiscutible, porque, en este ámbito, nada lo es.

Podemos: entre izquierdismo e infantilismo
Editorial La Razon 14 Abril 2017

Pablo Iglesias tiene el poder absoluto en Podemos, pero ha perdido la iniciativa política. Como victoria pírrica puede calificarse su aplastante imposición en el congreso de Vistalegre 2, del que se cumplen ahora dos meses. Ganó el Podemos más radical, el que quería de nuevo tomar la calle, «asaltar los cielos» y el que desprecia las formas parlamentarias. Iglesias, así lo dijo, no quería diputados, sino «activistas institucionales», como atestigua sus escasas iniciativas parlamentarias. Si nos atenemos a la textualidad de esta declaración, cabría interpretar que Podemos renuncia a la democracia representativa y opta por utilizar el «parlamento burgués» en el sentido en el que lo quiso Lenin hace exactamente un siglo, como «caja de resonancia».

Sin embargo, el radicalismo de Podemos no quiere decir que se haya situado como fuerza hegemónica de la izquierda española, ni siquiera que sea visto como el partido «de la izquierda» con capacidad de gobierno, sino como una formación populista que basa su estrategia en romper el «régimen del 78». Su herencia es reveladora: no renuncia a sus vínculos con la Venezuela totalitaria de Maduro, sigue anclada en el derecho de autodeterminación y aspira a ejercer formas de control sobre la sociedad civil (el acoso a los medios de comunicación no afines). Podemos es ahora un vestigio de una izquierda que no entendió el socialismo democrático.

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Nuestro perdido edén
http://www.pormi.net/opinion/nuestro-perdido-eden.html  14 Abril 2017

A veces me siento como un perfecto imbécil defendiendo
el español en España.– JV Santacreu

En Periodista Digital publiqué una pequeña reflexión "Defendiendo el español con mariconadas" en contestación a un artículo en el ABC de Juan Manuel de Prada. Os lo dejo aquí para que el tiempo no olvide lo que un día advertí y Alfonso Rojo borró y eliminó de Periodista Digital para no encabronar, supongo, al Partido Popular.

Juan Vte. Santacreu 13/04/2015 - Es evidente que mi admirado Juan Manuel de Prada es una de las mejores plumas de esta Cosa que algunos se empeñan en llamar país. Y además de buen escritor, es español por los tres costados. Bueno, en esto no es tan especial, es como la mayoría de escritores y periodistas de aquí, español y muy machito de Pirineos para fuera, pero aquí callando y mirando al limbo.

En uno de sus últimos artículos relataba con excelente maestría y con gran patriotismo exacerbado cómo los españoles permitimos, o toleramos, que Filipinas soterrara el español con el inglés. Claro, esta imbecilidad ocurrió hace más de cien años.

Lo que yo me pregunto todos los días es por qué nadie denuncia el aniquilamiento silencioso del español que ocurre hoy en día y aquí, en esta Cosa, ya que nos pilla más cercano en espacio y tiempo. Y que nadie caiga en el error de pensar sólo en Cataluña, porque mientras los catalufos se pasan el día ladrando y los catalanes callando o hablando de mariconadas como el trilingüismo, Galicia, Valencia, Baleares y Vascongadas van haciendo caminito sin retorno.

¡¡A ver si los señores de las letras si se enteran de una puñetera vez!!
En ninguna Autonomía con dialecto propio se puede estudiar Conocimiento del Medio –Naturales y Sociales- en español. De todo el currículo educativo estas son las únicas asignaturas que aportan cultura general a nuestros jóvenes y las tienen que estudiar en unos dialectos tribales, que aparte de legitimar a sus Reinonas autonómicas y para ir a comprar pan, no sirven para nada.

Imagina a un chaval valenciano estudiando los huesos de cuerpo humano en catalán o las partes de las plantas, flores, ríos, etc. en catalán y por supuesto sólo las de su Comunidad Autónoma. ¡¡Manda cojones!! Y mientras tanto, todos callados como putas bien "pagás" para no molestar a sus "chulos" y para no perder la clientela sin darse cuenta de que hace tiempo perdieron la dignidad.

Mientras los imbéciles buscan a Cervantes bajo tierra no les preocupa que se entierre al español en su propia tierra.

Así lo pienso y así lo digo.
Juan Vte. Santacreu 13/04/2015

Juan Manuel de Prada - Nuestro perido edén
- 21/03/2015 - Hoy los filipinos ni siquiera pueden leer a sus hijos más ilustres en la lengua en la que se expresaron.

Se cumple este año el 450º aniversario de la expedición marítima capitaneada por Miguel López de Legazpi, español de Zumárraga, con destino a las islas Filipinas. El hidalgo Legazpi, acompañado del agustino Andrés de Urdaneta, logró incorporar la perla del mar de Oriente a los dominios españoles sin pegar un solo tiro, fundó Manila, se preocupó de propagar en estas tierras la verdadera fe y murió pobre, pero en paz con Dios. Así eran los españoles de antaño; y mientras no volvamos a ser como ellos no seremos nada, sino cagarrutas desnaturalizadas y peleles que bailan al servicio de intereses extranjeros, en un tiquitaca de inanidad que da grima.

Recuerdo a Legazpi desde Manila, donde acabo de rezar ante su tumba, en la iglesia de San Agustín, en Intramuros, una joya del arte hispanofilipino que milagrosamente sobrevivió a la sórdida dominación americana, que quiso borrar el legado español en el archipiélago (empezando por nuestro idioma); pero que, a la postre, no pudo arrasar el tesoro más precioso que dejamos allá, la religión católica, que los filipinos siguen profesando mayoritariamente, pese al enjambre de sectas pestilentes que los invasores pretendieron implantar, para destrucción de este pueblo bendecido con tantos dones. A Manila he venido, invitado por el Instituto Cervantes que en su sede de Manila dirige el abnegado Carlos Madrid, a dar a conocer mi novela «Morir bajo tu cielo», en la que celebro la hermandad hispanofilipina. Mi visita a Manila, organizada con el más exquisito de los cuidados y la más generosa dedicación por mis anfitriones, me ha confirmado que el destino español es la Hispanidad; y que sólo cuando España vuelva a asumir este destino ultramarino, volviéndose hacia pueblos a los que llevó su sangre, su idioma y su fe, podrá volver a encontrarse consigo misma y renegar del extravío al que la ha conducido la quimera europeísta.

Varias generaciones de filipinos han sido educadas, por designio yanqui y masónico, en el odio antiespañol, fundado sobre mentiras desquiciadas que, sin embargo, han envenenado el alma de este pueblo admirable y hospitalario; y, de este modo, «nuestro perdido edén» se ha convertido en el patio trasero de los Estados Unidos, que siguen ejerciendo aquí su proterva influencia, mientras destruyen las agónicas tradiciones hispanofilipinas con el vómito hórrido del american way of life. Pero basta visitar cualquiera de las iglesias erigidas durante la época española, o pasearse entre los anaqueles de la biblioteca de la Universidad de Santo Tomás (la más antigua de Asia), o comprobar cómo la sangre española y la sangre filipina se anudaron para soñar la bellísima raza mestiza para que confirmemos que fue durante los siglos en que Filipinas fue provincia española cuando alcanzó su mayor esplendor, y cuando florecieron sus hijos más ilustres, que emplearon la lengua española como expresión de sus más íntimos anhelos. Ciertamente, los españoles cometimos muchos errores en Filipinas, como en otros pedazos de nuestra alma, que es la Hispanidad; pero ese rosario de errores palidece ante el caudal infinito de riquezas espirituales que supimos fraguar, en alianza con los pueblos con los que sellamos un pacto de sangre. Hoy los filipinos ni siquiera pueden leer a sus hijos más ilustres en la lengua en la que se expresaron; y España debería preocuparse de reintegrársela, a modo de luz que exorcice las tinieblas yanquis. Es un acto de justicia histórica que nos devolvería la conciencia de lo que somos: un pueblo que necesita volver a sellar un pacto de sangre con sus hermanos ultramarinos, si no desea perecer, convertido en felpudo del Nuevo Orden Mundial.
Juan Manuel de Prada - ABC

¡¡Todo esto está ocuurriendo hoy en día en España y no oigo decir nada a ningún escrtor de España!!

El infierno fiscal es Europa
Una vez escapamos del contexto continental, la posición de nuestro país deja de parecer tan fiscalmente modosita
El Confidencial 14 Abril 2017

La cuña fiscal que padecen los trabajadores españoles asciende al 39,5% de sus salarios: es decir, el Estado le arrebata a cada trabajador una media del 40% de su sueldo en concepto de IRPF y Seguridad Social (a lo que habría que añadir la fiscalidad indirecta y la tributación sobre el patrimonio, con lo que llegaríamos a una imposición fuertemente confiscatoria). La cuña fiscal española se ubica por encima de la de la OCDE (36%) y de las de otros países como Dinamarca (36,5%) u Holanda (37,5%), pero es verdad que se halla por debajo de las de muchos países de nuestro entorno: Suecia (42,8%), Finlandia (43,8%), Austria (47,1%), Italia (47,8%), Francia (48,1%), Alemania (49,4%) o Bélgica (54%).

Es decir, el salario medio de 26.700 euros para España que toma como referencia la OCDE soportaría un IRPF y unas cotizaciones sociales de 10.500 euros anuales (después de haber restado ya las transferencias dinerarias que ese trabajador reciba del Estado). Si, en cambio, España sufriera la cuña fiscal de nuestros vecinos más tributariamente agresivos, los salarios medios pagarían unos impuestos directos que oscilarían entre los 11.400 euros (gravámenes suecos) y los 14.400 (gravámenes belgas): entre 1.000 y 4.000 euros más cada año. En apariencia, pues, España no castiga con especial saña a los salarios.

Sin embargo, mucho me temo que esta es una conclusión esencialmente eurocéntrica (y, especialmente, unioneurocéntrica): una vez escapamos del contexto continental, la posición de nuestro país deja de parecer tan fiscalmente modosita. En concreto, la cuña fiscal española es un 50% mayor que la de países como Irlanda y Australia, prácticamente el doble de la de Corea del Sur, Israel, Suiza o Nueva Zelanda, y más de cinco veces superior a la de Chile.

Fuente: OCDE.

Fuente: OCDE.

O dicho de otra manera, si en lugar de fijarnos en el resto de la Unión Europea, nos planteáramos emular a países como Nueva Zelanda o Reino Unido, el trabajador medio español pagaría cada año entre 2.300 y 5.700 euros menos (u 8.600 euros menos si copiáramos los gravámenes chilenos). Con tales cifras en la mano (que, como decíamos, deberían complementarse con la también agresiva tributación indirecta), parece bastante claro que España sí es, en términos comparativos, un infierno fiscal para los trabajadores. Que nuestros vecinos europeos sean infiernos fiscales todavía mayores al nuestro no implica que nosotros no lo seamos, sino que el conjunto de la Unión Europea se ha convertido en una elefantiásica maquinaria de confiscación fiscal sin parangón en el resto del planeta.

En muchas ocasiones, sin embargo, tales comparaciones son rechazadas de plano bajo el argumento de que la fiscalidad europea no es elevada por el hecho de ser Europa, sino porque todos los países desarrollados tienden a incrementar el peso de su sector público para lograr atender las expansivas necesidades de la población. Europa tiene altos impuestos por ser rica, no por ser Europa: y, desde esa óptica, España sería un país con una fiscalidad relativamente moderada dentro del club de los 'países ricos'.

Pero este argumento es falaz: la renta per cápita media de todos los países con una cuña fiscal superior a la de la OCDE es la misma que la de los países con una cuña fiscal inferior a la de la OCDE (alrededor de 42.500 dólares en poder adquisitivo equivalente). Aunque es verdad que muchos países pobres tienen impuestos relativamente bajos —pues son incapaces de crear una administración tributaria capaz de contrarrestar la economía sumergida que se desata a poco que incrementan la tributación—, no es en absoluto cierto que todo país rico deba aumentar los impuestos: ni es una necesidad lógica ni una regularidad empírica. Dentro de la OCDE, por ejemplo, nos topamos con países como Israel (36.900 dólares de renta per cápita y 22,1% de cuña fiscal), Nueva Zelanda (37.500 dólares; 17,9%), Japón (40.800 dólares; 32,4%), Reino Unido (42.200 dólares; 30,8%), Canadá (44.200 dólares; 31,4%), Australia (47.200 dólares; 28,6%), EEUU (56.500 dólares; 31,7%), Suiza (63.000 dólares; 21,8%) e Irlanda (70.800 dólares; 27,1%) que disfrutan de una mayor renta per cápita y de una menor cuña fiscal que España (35.200 dólares; 39,5%). Podríamos ser más ricos y flagelarnos con menores impuestos.

En definitiva, España sí es un infierno fiscal y lo es como consecuencia de haber importado la socialdemocracia europea. Es decir, España es un infierno fiscal y la mayor parte de Europa también lo es. Afortunadamente, es fácil comprobar que existen alternativas a parasitar con tanta violencia a los ciudadanos: existen otros países mucho más prósperos que nosotros y con una cuña fiscal sobre los salarios mucho más reducida. Empecemos por copiarlos y, una vez lo hayamos logrado, sigamos devolviéndoles a los ciudadanos las competencias autoorganizativas que durante décadas les ha ido arrebatando el Estado.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Nuestra lengua
El primitivo castellano es realmente el latín hablado por los vascos.
Amando de Miguel Libertad Digital 14 Abril 2017

La capacidad de hablar no es natural; no digamos la de escribir. Son habilidades que la especie humana adquirió penosamente tras muchos milenios de evolución. Si hubieran sido capacidades congénitas, en el mundo no habría ahora más de 6.000 lenguas, sino unas pocas. Fracasó varias veces la utopía de una lengua única.

Las capacidades de hablar y escribir derivan en una lengua cuando se acompañan de una verdadera gramática, esto es, de un sistema sintáctico, aunque no se halle formalizado. La lengua para sus hablantes es propiamente el idioma, es decir, literalmente "nuestra lengua". No aprendemos y utilizamos el idioma solo para comunicarnos, sino para distinguirnos de los que no lo entienden, los bárbaros, etimológicamente los que parece que balbucean al hablar.

La lenguas se convierten en dominantes cuando compiten ventajosamente con otras y se expanden. "La lengua fue siempre compañera del Imperio", escribió Nebrija en 1492. No se refería al incipiente Imperio Español sino al Romano. El latín acabó con cientos o miles de lenguas indígenas dentro de los límites del Imperio. De las primitivas lenguas ibéricas solo subsistió el vascuence (que ahora llaman euskera); nadie sabe por qué.

El latín se desmembró conforme se fue disolviendo el Imperio. De ese bajo latín se derivaron lentamente las lenguas romances, desde el rumano al portugués. En Hispania el último romance en aparecer fue el castellano, que logró arrinconar al leonés y al aragonés. La explicación está en que los castellanos surgieron como una cuña muy aguerrida que se hizo con la tarea primordial de dar fin a la Reconquista. Ese ímpetu supuso alejarse del latín más que los otros romances y adquirir muchas palabras arábigas. El castellano se convirtió en español al extenderse por una veintena de países.Solo el inglés ha conseguido una difusión más amplia gracias un doble imperio, el británico y el estadounidense. Para nosotros lo decisivo es esto: la lengua española es hoy la única en la que se pueden entender (y no entender) todos los habitantes de España y de Hispanoamérica.Se incluyen los hispanos o latinos de los Estados Unidos. El conjunto representa unos 500 millones de personas.

La cuña castellana surgió en el cuadrilátero que forman las actuales provincias de Vizcaya, Álava, La Rioja y Burgos. Es sabido que en esa zona se hablaba vascuence. Por eso se ha dicho que el primitivo castellano es realmente el latín hablado por los vascos. En efecto, tanto el vascuence como el castellano se distinguen por una fonética clara, con solo cinco vocales, y algunos sonidos fuertes (la jota, la erre doble, la che).

Una explicación para el mayor ímpetu guerrero de los castellanos y su primacía en la Reconquista es que sus instituciones se alejaron del feudalismo. Se consiguió así una relativa igualdad entre la población hidalga. Sus reyes no se coronaron nunca, sino que juraban los fueros o leyes fundamentales. Todavía sigue vigente esa tradición en la Monarquía española.

Lo que hoy nos concierne es la paradoja de que dentro de España algunos nacionalistas de otras lenguas intenten que el castellano pierda vigencia en sus respectivas regiones, cuando la gana por ahí fuera. No es solo que aumente el número de castellanohablantes en el mundo; lo fundamental es que se expande el núcleo de los que lo aprenden sin tenerlo como lengua materna. La simplicidad fonética (otra vez las cinco vocales) hace que los estudiantes progresen de forma satisfactoria, por lo menos para un nivel elemental. Al revés, a los castellanoparlantes les cuesta mucho aprender otras lenguas con más vocales, que son casi todas las dominantes en el mundo.

Ya se ha dicho muchas veces, pero habrá que insistir. Las lenguas no son propias de comunidades políticas, de territorios, sino de sus hablantes. Si se reconociera ese principio elemental nos evitaríamos muchas luchas lingüísticas, que suelen ser muy enconadas. De ahí que no convenga declarar oficial una lengua en un territorio, como tampoco debe hacerse con una religión. Claro que lo que yo diga no va a misa.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

"Es necesario dar respuesta a la sobreideologización populista de la izquierda"
Iñaki Ezkerra: "Los nacionalismos vasco y catalán siempre tuvieron raíces totalitarias"
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 14 Abril 2017

Iñaki Ezkerra es una de las personas de mayor honestidad intelectual que conozco. Escritor fecundo, articulista clarividente y con aguda ironía que revela una inteligencia fuera de lo común, no tiene reparo alguno para decir sus verdades del barquero, sin casarse con nadie, sin tener servidumbres de las que tanto abundan en el mundo periodístico. Su radical independencia le proporciona una autonomía de criterio y eso le define como intelectual con altura de miras y bisturí dialéctico que disecciona con agudeza todo lo que es relevante, profundizando en el análisis de las causas.

Iñaki Ezkerra es un escritor comprometido con la verdad y la justicia, con la lucha contra los totalitarismos y en la búsqueda de los caminos de la libertad, lo cual le hizo implicarse en la fundación del movimiento cívico antiterrorista en el País Vasco de finales de los años noventa del pasado siglo. Ha escrito numerosos ensayos sobre el nacionalismo y sus metástasis, convirtiéndose en uno de los más lúcidos analistas del fenómeno terrorista y sus orígenes, lo que le hace un profundo conocedor de las nuevas formas de totalitarismo que lastran las conquistas que tan dificultoso camino tuvieron para superar el régimen franquista, tras la muerte del dictador. Tampoco le va a la zaga el análisis del fenómeno nacionalista catalán, de sus causas y sus consecuencias entre la que está el proceso secesionista que tanto está perturbando el panorama político español y desestabilizando la propia democracia.

Entre sus producciones literarias están una decena de libros de poesía y de narrativa que le convierten en una figura referencial de nuestro panorama literario. Acaba de publicar Los totalitarismos blandos (Podemos, nacionalistas y otros enemigos de la democracia), el sexto de sus ensayos, en la Editorial La Esfera de los Libros. Un brillante análisis de las nuevas formas de totalitarismo que se van abriendo paso en el panorama político español y de otras que ya llevamos décadas sufriendo en las comunidades autónomas mal llamadas “históricas”.

¿Cuál es el motivo o preocupación que ha abocado a la publicación de este libro?
- El sistema nacido con la Constitución del 78 ha atravesado momentos en los últimos años en los que ha sido atacado de la manera más alegre e irresponsable. Este hecho es un motivo justificado de preocupación. Podemos ha sido la gota que ha colmado el vaso de las alarmas.

Mi primer propósito al escribir este libro fue hacer simplemente una reflexión sobre ese nuevo agente político al que se le ha puesto la etiqueta genérica de “populismo” y del que habla todo el mundo como si nadie tuviera ninguna responsabilidad en él. Aquí es que hablan contra el populismo hasta los populistas más groseros e irredentos. He tratado de hacer una reflexión independiente que huyera de los lugares comunes y superficiales; que fuera algo más lejos de lo que se nos repite constantemente y que indagara las causas del fenómeno. Es una reflexión que no es ni indulgente ni tremendista sino que intenta ser precisa. En el partido de Pablo Iglesias hay algo más que populismo: hay una amplia herencia tardía y edulcorada, blanda, de las ideas totalitarias que sembraron de horror el siglo XX. Como la hay también en los nacionalismos vasco y catalán de raíz etnicista. No son Hitler ni Stalin, entre otras cosas porque no pueden, pero tampoco son inocuos. De esas ideas no puede salir nada bueno.

Por un lado considera suave el término “populismo” al hablar de estos fenómenos, un eufemismo. Por otro lado, considera que llamarlos “totalitarismos” a secas tampoco es exacto sino excesivo…
- Sí. Hay en el libro una voluntad de matizar, de medir bien las palabras y no errar en el diagnóstico. La propia paradoja que hay en llamarlos “totalitarismos blandos” obedece a esa voluntad de matizar y diagnosticar. Son blandos por varias razones: porque se dan en democracia aunque vayan contra ella y porque la democracia los contiene, los frena, pero a la vez los alberga y los alimenta.

Por otro lado, abrazan todas las causas de la corrección política: el pacifismo, el feminismo, el ecologismo, el animalismo, el antirracismo, la causa gay, el respeto al integrismo islámico… Este afán por presentarse como políticamente correctos es nuevo en la “tradición totalitaria”. Todo vale para el convento, incluso banderas que, como se puede observar, son ajenas e incluso antitéticas del comunismo clásico y de los nacionalismos etnicistas así como contradictorias entre sí.

Aquí hasta los nacionalistas más sabinianos se erigen en látigos del racismo y la xenofobia. Aquí hay procastristas que olvidan que Fidel perseguía a los homosexuales. Hay quienes pretenden que la Unión Soviética era pacifista y naturista como si no hubiera existido la Segunda Guerra Mundial, la conquista militar de la Europa del Este, la Guerra Fría o el desastre ecológico y humano de Chernóbil.

En estos totalitarismos se mezclan, en fin, ignorancia e incoherencia. Un tercer aspecto que les otorga la condición de “blandos” es que son posmodernos, ideologías-basura, inconsistentes y a la vez capaces de sobrevivir digiriendo todo tipo de contradicciones. Hablan de derechos, pero a la vez desafían a las leyes que protegen estos.

¿En esta capacidad de absorción de banderas correctamente políticas y de contradicciones son iguales los nacionalistas a Podemos?
- Se imitan unos a otros. El origen del fenómeno está en la derrota histórica del marxismo, en la necesidad de la izquierda de llenarse de nuevos contenidos ideológicos que sustituyeran a las reivindicaciones clásicas y en las tesis de Laclau, el autor de “La razón populista”, que postulaba plantear esas nuevas reivindicaciones con un dramatismo similar al de la lucha de clases que no aporta nada positivo a esas causas.

La sociedad de hoy está por acabar con la violencia contra las mujeres. Está por la igualdad de derechos de éstas en el mundo laboral y en todos los aspectos de la vida. Pero no es necesario plantear esa demanda en términos de lucha de sexos.

En cuanto a los nacionalismos vasco y catalán siempre tuvieron raíces totalitarias, como he dicho, pero no populistas. Se han ido haciendo populistas en democracia. Han aprendido del populismo de izquierdas y últimamente de los antisistema, de Podemos y de la CUP. Un ejemplo de esa mutación posmoderna es que el PNV de Sabino Arana renegaba de los castellanos o los andaluces que aprendían euskera. El PNV de la etapa democrática no hace ascos a esa euskaldunización por maleabilidad, camaleonismo y pragmatismo posmodernos. Sin embargo, no habría tragado con un lehendakari que llevara un apellido castellano; con un Mario Fernández, por ejemplo. Es decir que el prejuicio etnocultural sigue latente y activo en el PNV por debajo y por arriba, entre sus bases “pata negra” y a partir de ciertos niveles de poder.

¿El discurso antisistema se ha acercado a los nacionalismos o han sido éstos los que se ha acercado a aquéllos?
- El acercamiento ha sido mutuo y táctico. El discurso antisistema se lleva bien con el referendismo nacionalista por intereses tácticos, por su afán desestabilizador y por su naturaleza asambleísta, por esa superstición falsamente democrática de que se puede plantear todo en todo momento como si asistiéramos a la fundación del mundo y la realidad fuera virtual, una pantalla de ordenador que se puede modificar desde un teclado. Por otro lado, los nacionalistas han jugado interesadamente a antisistemas y al discurso anarquista contra el Estado como si no tuvieran muebles que salvar y como si no quisieran crear un Estado propio.

Aunque esas ideas totalitarias no se muestren en la capacidad destructiva que tuvieron en el pasado, tampoco se puede decir que sus depositarios actuales sean un ejemplo de demócratas…

Tanto Podemos como los nacionalistas deberían hacer una revisión autocrítica de sus postulados ideológicos y renunciar explícitamente a esas herencias: la del modelo de “hombre nuevo” impuesto por el socialismo real, la del modelo racista de vasco o de catalán ideal de Sabino Arana o de Enric Prat de La Riba... Hablo de “modelos” porque el totalitarismo va más lejos de la abolición de las libertades y del racismo; propone todo un “nuevo arquetipo de sujeto” entrometiéndose en la intimidad y en la vida privada de los individuos, controlando hasta su ocio, sus costumbres, sus lecturas, sus afectos, las amistades que debe tener…

En los cursos de euskaldunización para adultos se ha llegado a presionar a éstos para que elijan en sus relaciones sentimentales a parejas que “sepan euskera”.

Felipe González hizo una revisión ideológica en el PSOE de 1979 y dio carpetazo a la herencia marxista para abrazar la socialdemocracia alemana e identificarse con Willy Brandt. A su vez el PC de Carrillo abrazó en la Transición la Monarquía y el Eurocomunismo de Enrico Berlinguer. Hoy esos partidos han involucionado. El zapaterismo fue un regreso sentimental al PSOE anterior a la Guerra Civil y el comunismo español anda llorando a Fidel. Lo curioso es la buena conciencia de toda esta gente. Podemos y los nacionalistas coinciden no sólo en creerse demócratas sino “los únicos demócratas”.

En una entrevista radiofónica, usted los comparó con los integristas católicos del siglo XIX que decían que ellos eran “los únicos verdaderos cristianos” y Salvador Sostres protestó diciendo que usted se estaba metiendo con la Iglesia…
- Lo gracioso y lo paradójico es que esa comparación nació de una conversación con un sacerdote gallego y además muy de derechas. Él fue quien me hizo reparar en esa similitud. Como ese sacerdote es un hombre con una verdadera conciencia cristiana conoce las imposturas de la fe y le duelen. Pero, bueno, siempre ha habido gente que es más papista que el Papa. Ése también es un defecto de muchos españoles. No. Yo no me metía con la Iglesia sino con un vicio muy español. Podemos y los nacionalistas dicen que “sólo ellos son los demócratas”. A su vez estos últimos también dicen que sólo ellos son los “buenos vascos” y los “buenos catalanes”. En el fondo los nacionalistas vascos y catalanes son eso: típicos españoles, con los peores defectos de los españoles, y que no saben que lo son.

¿Qué peligros e incertidumbres nos va traer esa amalgama de nacionalismo y grupos antisistema? ¿No hay peligro de que los totalitarismos blandos se conviertan en duros?
- La condición de “blandos” es intrínseca a ellos. No hay peligro de que se vuelvan “duros”, o sea de que se conviertan en nada parecido a los totalitarismos clásicos. Lo que sucede es que esa “blandura” también es un peligro en sí misma. Esa plastilina ideológica y mutante puede hacer verdaderos estropicios en la economía, en la imagen de seriedad y solvencia de un país. Pueden llevar a referendos y decisiones colectivas graves, a deteriorar la vida civil, a envilecer las democracias… Las serpientes no por blandas dejan de ser peligrosas. Ya lo dice el refrán español: “de las aguas mansas líbreme el Señor, que de las bravas ya me libraré yo”.

¿Cuál es el papel que desempeñan las nuevas expresiones de odio y lo que el filósofo Gustavo Bueno calificaba como “pensamiento Alicia” que dio nombre a uno de sus libros?
- Los populismos en general y más los totalitarios necesitan del odio ideológico, de enemigos sobre los que practicar su vudú político y social como lo explicaba Goebbels en su decálogo sobre la propaganda. Lo paradójico es que luego juegan al buenismo, al utopismo, al ilusionismo pueril que denunciaba Gustavo Bueno en su libro. Combinan, en fin, buenismo y malismo en su estrategia de poder. El Pablo Iglesias que habla de amor en el Congreso mientras lanza un discurso incivil de odio contra la casta o directamente contra la derecha reproduce el esquema del Zapatero que resucitaba los fantasmas de la Guerra Civil a la vez que invocaba el famoso “talante”.

En su libro hay un capítulo dedicado al amarillismo periodístico que ha potenciado estas nuevas expresiones. ¿Qué papel han desempeñado esos medios de comunicación que usted califica como “amarillos”?
- En mi libro defino el amarillismo como “populismo mediático”. Tanto Donald Trump como el Brexit, como Pablo Iglesias, son un genuino producto del sensacionalismo fatalista y apocalíptico con el que los medios de comunicación han tratado de superar su crisis en Europa y en Estados Unidos. ¿Por qué no probar a hacer un producto mejor, más refinado y más original en vez de empeorarlo y hacerlo más burdo?

Pero el origen de este auge del populismo no estaría sólo en los medios. En un reciente artículo que publicó en Expansión explicaba el auge del populismo con su “Teoría de las 6 crisis” en el que señalaba otros factores.
- Sí. Esa gran crisis de la publicidad en los medios de comunicación, que ha producido un auge desesperado del amarillismo, ha puesto en evidencia otra crisis anterior: la de la de la falta de una cultura democrática o de cultura a secas. Hay quienes creen que pueden embrutecer a la población sin que eso tenga consecuencias. Aparte de esas dos crisis, está la económica de 2008, que, a su vez, ha puesto en evidencia, otra crisis anterior: la de los Estados sociales en Europa, que ya había acusado la socialdemocracia alemana en los tiempos de Schröder. En Estados Unidos esa crisis del 2008 ha desvelado, no la debilidad de los Estados del Bienestar que no tienen, sino de unas estructuras de empleo en la industria que era anterior al colapso de Wall Street. Y a esas cuatro crisis se suma la de los partidos clásicos, que no saben dar respuesta a las primeras sino que han puesto en evidencia la crisis anterior y posmoderna de las ideologías. Los norteamericanos han logrado salvar el sistema bipartidista porque Trump ha crecido dentro del Partido Republicano como creció el Tea Party en su día, o sea que están resolviendo el problema a base de corrientes internas que conjuran el peligro multipartidista que ya ha llegado a España con Podemos y que sigue siendo una grave amenaza gracias a la progresiva hecatombe del PSOE.

¿Cuál es la solución a esta situación de desvertebración social y política? ¿Qué propuestas haría usted para superar esta coyuntura tan desestabilizadora?
- La solución no pasa por la desideologización táctica que han sufrido el PP y Ciudadanos sino por lo contrario. Pasa porque sepan dar respuesta a la sobreideologización populista de la izquierda y denunciar sus contradicciones, como la de querer salvar el Estado Social y a la vez el Estado Burocrático, como si fueran la misma cosa, cuando el primero es opuesto al otro y se sacrifica por culpa del otro. En España el Estado Social se está sacrificando en nombre de una Administración elefantíasica de la que se nutren los propios nacionalismos; de una burocracia que compite con las que hicieron inviable el socialismo real. Y la solución pasa también por una instauración general del respeto a la Ley, por una reforma del Poder Judicial como la que propone Francisco Sosa Wagner en su libro “La independencia del juez: ¿una fábula?”. Recomiendo ese libro fervientemente. Sin Ley y sin jueces independientes que obliguen a cumplirla no hay democracia.

¿La democracia engendra monstruos que después no puede combatir?
- Si Goya escribió en un dibujo que “el sueño de la razón produce monstruos”, el insomnio de la sinrazón ya ni te cuento. La democracia tiene todos los instrumentos necesarios para combatir los monstruos que se cuelan por sus fisuras.

Circo Secesión: el mayor espectáculo...
Roberto L. Blanco Valdés La voz 14 Abril 2017

Del mundo. Sí, sí, ni las cataratas del Niágara, ni la Semana Santa sevillana, ni las pirámides de Egipto son comparables al llamado procés (léase prusés) que, dirigido al alimón por los empresarios circenses Junqueras, Puigdemont y Forcadell, nos muestra con genial teatralidad cómo hacer de Cataluña un Estado independiente.

Nación en marcha, pueblo en construcción, nueva república en el instante histórico de su prístina aparición, el Circo Secesión, que ofrece funciones de mañana, tarde y noche desde hace varios años, presenta una variedad de números realmente extraordinaria, motivo de estupefacción de quienes se detienen a contemplar a un grupo de profesionales que se han puesto de acuerdo en dar lo que es, sin duda, un auténtico espectáculo.

Empezando, claro, por esos domadores que con el restallar seco de sus látigos tratan de mantener a raya a las fieras del Estado traídas de la selva española para el caso (Parlamento, Gobierno, Tribunal Constitucional y tribunales ordinarios) bichos a cada cual más peligroso cuyos rugidos y zarpazos hacen temblar de miedo a una parte del público asistente. La tensión del más difícil todavía la mantienen los brillantes trapecistas, de manera muy especial los Hermanos Junts pel Sí, cuyos triples saltos mortales son cada vez más temerarios. ¿Y qué decir de los prestidigitadores y los malabaristas, casi todos procedentes de las facultades de derecho catalanas, verdaderos artistas capaces de mantener treinta normas y sentencias girando al mismo tiempo sobre sus respectivos palos para ir echando al suelo las que no les interesan y dando más y más velocidad a las que creen que pueden ser de alguna utilidad? ¡Impresionante!

Pero nada en el Circo Secesión es comparable al número de los ilusionistas, que cierran la función con la ayuda de la traca final de los payasos. Los ilusionistas han montado un número genial: la procesión de los secesionistas pedigüeños. Unos cuantos actores, disfrazados de nación colonizada, solicitan apoyo extranjero para la causa que da sentido a su opereta -la independencia catalana- y, pese a obtener un nulo resultado con sus carísimas gestiones, consiguen por momentos generar el espejismo de que Cataluña es hoy el centro de las preocupaciones geopolíticas del mundo. Los de la procesión se sacan de sus chisteras apoyos a la causa con la misma facilidad, y falsedad, con que los magos hacen salir de ellas docenas de conejos.

La función la cierran los payasos, un número desternillante donde Artur Mas hace de clown vestido de inhabilitado judicial mientras por la pista se pasean, cargados de sacos de billetes, los numerosos hijos de Pujol, que corren como centellas en sus bicis enanas huyendo de policías y fiscales mientras gritan, dirigidos por el jefe de la banda, es decir, por su papá, «Fer país», «Fer país».

En suma, inenarrable: pues no hay nada como el circo para captar la verdadera esencia de las cosas.

Interior descubre una mentira de ETA que avergüenza a PSE, Podemos, IU y PNV
ESdiario 14 Abril 2017

Las autoridades policiales y el Ministerio consideran que la banda terrorista guarda 100 pistolas y dos lanzamisiles. El desarme no ha sido completo y el engaño hace temer lo peor. A

Lo cuenta el diario El Mundo este a falta de que las autoridades francesas terminen el inventario de los ocho zulos entregados el pasado fin de semana por los autodenominados artesanos de la paz a los verificadores, desde Interior ya se tiene claro que el desarme "no ha sido completo" y que es más que probable que las armas entregadas no sirvan para esclarecer los 312 asesinatos pendientes. Porque los especialistas tenían muy claro, antes de que se produjeran los actos del fin de semana, cuál era la cantidad de armas y explosivos que la organización terrorista mantenía ocultos en zulos en la frontera, pese a haber anunciado el final de su actividad violenta.

Porque, comparando el listado de material que ETA ha facilitado a los verificadorescon el que mantienen estos agentes de la lucha antiterrorista, según sus cuentas, la organización terrorista podría mantener aún varios zulos que no ha entregado y en cuyo interior, entre otro material, podría ocultar entre una y dos toneladas de explosivos. Además, estos especialistas echarían de menos en esta operación de desarme al menos otras 80 o 90 pistolas, la gran mayoría procedentes del robo perpetrado por los etarras en la fábrica de armas de la localidad francesa de Vauvert.

En esta comparación de inventarios, los encargados de acabar con ETA también entienden que los terroristas no han entregado, al menos, dos lanzamisiles que estarían en su poder desde principios de los años 90.

Aseguran que es imposible determinar el número de detonadores que pueden permanecer ocultos ya que su fabricación es artesanal y es difícil cuantificarlos. Como aclaran estas fuentes, en el listado facilitado a los verificadores, ETA desglosó la entrega de 120 armas largas y cortas y 2.700 kilos de material para la fabricación de explosivos.

Las fuentes consultadas por este periódico entienden que de los ocho zulos que ETA asegura que ha desbaratado, alguno de ellos no es propiamente un zulo sino que localizaron material que, probablemente, antes estaría escondido en alguna zona que ETA trata de blindar, ya que no es muy factible que algunos de sus escondrijos estuviera rodeado de chalés. No descartan que algunas armas estuvieran guardadas en viviendas del sur de Francia.

También inciden en que durante unas horas se anunció la entrega de hasta una docena de zulos con las armas, y finalmente, por la vía de los verificadoresúnicamente se han entregado ocho.

La convicción policial es que ETA cuenta con varios zulos en la zona fronteriza francesa. No descartan que, efectivamente, los que se presume que están al frente de la banda desconozcan su ubicación ya que pueden proceder, incluso, de finales de los años 80. Pero estos especialistas también sospechan que los encargados de ETA de organizar los eventos del fin de semana hayan dejado abandonados algunos de los zulos ante la sospecha de que estaban ya bajo control de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado.

También inciden en que, al igual que el material explosivo entregado, es más que probable que todo el que aún permanece escondido esté ya inutilizado, caducado.

Como recuerdan desde Interior, las fuerzas de seguridad han intervenido al menos 120 arsenales de ETA en el cuarto de siglo transcurrido desde el desmantelamiento en 1992 en Bidart (Francia) de la entonces dirección de la banda, en los que había acumulado más de 12 toneladas de explosivos y sustancias para fabricarlos y cerca de 1.800 armas.

Compromís manipula una fiesta con menores para adoctrinarlos en el catalanismo
ESdiario 14 Abril 2017

El Verger (Alicante) reconvierte una fiesta escolar en un acto independentista. Pintan banderas catalanas en las camisetas de los escolares y contratan grupos de extrema izquierda.

Los de Mónica Oltra no tienen fin en su labor "catalanizadora" de la sociedad valenciana. Al conseller de Educación, Vicent Marzà, ejerciendo de colonizador catalanista, desde su labor clave (si se trata de aleccionar) al frente de la educación de los valencianos, se unen diversos alcaldes de Compromís que desde sus municipios impulsan estas ansias catalanistas y, por consiguiente, independentistas.

Han sido múltiples los casos denunciados por las continuas intromisiones de la formación de Oltra contra las señas de identidad de los valencianos, pero en esta ocasión la instrumentalización y manipulación de niños menores de edad hace el caso más grave. Dan un salto más en el sectarismo, grave al tratarse de menores. Se lo contamos en ESdiario haciéndonos eco de lo publicado por MÁSportal, unos hechos que se produjeron con motivo de unos actos escolares organizados, como no, por la entidad catalanista Escola Valenciana que, por cierto, tal y como ha podido constatar ESdiario, ha recibido en tan sólo dos meses la astronómica cifra de 300.000 euros de subvención por parte de la Generalitat valenciana.

En la imagen superior el Ayuntamiento de El Verger (Alicante) engalanado con la bandera de Cataluña. Su alcalde, del PSOE, lo permite "preso" del pacto con Compromís.

Lo que en esta ocasión cuenta el periodista Roberto Pérez en MÁSportal, supera todos los límites de lo razonable. Así, explica, la fiesta o encuentro de ‘Les Trobades’ ha tenido por consigna durante todas sus ediciones inocular el nacionalismo catalán y sustituir las lenguas valencianas y castellana por el catalán. Este año dicha labor no ha cambiado y con el apoyo del ayuntamiento de El Verger -galardonado para la ocasión con una gran bandera catalana- esta celebración ha alcanzado una magnitud superior a la de las propias Fiestas Patronales del pueblo y por supuesto, al día de la Hispanidad que, según los vecinos: “no se tiró ni un petardo”. El alcalde es el socialista Ximo Coll, que gobierna en coalición con los nacionalistas.

Acto para niños con música de extrema izquierda
Tal y como narra Pérez, para este evento dirigido a los más pequeños, no se ha escatimado en gasto público a la hora de contratar a varios grupos de extrema izquierda que actuaron a altas horas de la madrugada (horario no apto para el público infantil). Por este motivo, diferentes fuentes vecinales coinciden en afirmar que “fue una fiesta hecha por y para el disfrute e interés de Compromís y no para los niños”, menores que inconscientemente eran partícipes de este teatro independentista al asistir a eventos, como recogida de premios, en los que la enseña catalana -y no la de la Comunidad Valenciana- presidía el acto.

Soy un catalán de El Verger, tenemos que estar preparados para construir la realidad que nos espera a los valencianos, los Países Catalanes"

Del mismo modo, y algo que resultó muy llamativo, los niños vestían camisetas de color blanco, que los mismos organizadores se encargaban de regalar, para luego ser pintadas con la cuatribarrada catalana, ante la mirada atónita de algunos de los padres.

Los niños, involuntarios protagonistas de estos actos catalanistas.
Pero aún hay más, tal y como señala MÁSportal, el sectarismo del actual equipo Gobierno municipal llega a tal extremo que en su afán de cambiar e inculcar nuevas ideologías en el pueblo, que el número dos del consistorio, Basili Salort (Compromís) no ha dudado hasta en poner en riesgo el hospitalario lema del municipio que reza: "el Verger, on ningú es foraster" (el Verger donde nadie es forastero) tras espetarle a unos ciudadanos del pueblo vecino via twitter: “Iros a vuestro pueblo a predicar, aquí no sois bienvenidos”. Todo un ejemplo de concordia y amabilidad.

El alcalde del PSOE "independentista"
Además, según han expresado diversas fuentes vecinales a ESdiario, el alcalde del municipio, el socialista Ximo Coll, habría manifestado recientemente que: "soy un catalán de El Verger" para añadir que "tenemos que estar preparados para seguir construyendo la nueva realidad que nos espera a los valencianos, los Países Catalanes".
 


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