AGLI Recortes de Prensa    Lunes 17 Abril 2017

Maltratar a la democracia: el peligroso hechizo del voto impune
Ignacio Varela El Confidencial 17 Abril 2017

El cartel corresponde a la feria de Sevilla de abril de 1936. Estremece. Seguro que lo pasaron en grande bailando y bebiendo en las casetas. A quien advirtiera de lo que venía lo habrían echado del recinto, por cenizo. Sin embargo, todas las señales del inminente desastre estaban ya a la vista.

Aquella república cuyo aniversario recordamos estos días estuvo abocada al fracaso desde su nacimiento, porque nada en el contexto interno o externo favorecía que creciera sana. No era posible hacer florecer una democracia liberal en el pedregal histórico de la España de 1931, y mucho menos en un mundo sacudido por la Gran Depresión y una Europa preñada de los totalitarismos fascista y comunista.

La democracia no es el estado natural de las sociedades humanas. Dejadas a su inercia, estas tienden más bien al caos o a la dominación (o al caos que conduce a la dominación). La democracia es un objeto político artificial, altamente sofisticado y sumamente frágil: un conjunto de convenciones pactadas para poder convivir en paz y en libertad, tras muchos siglos de opresión y de guerras continuas.

Para que la democracia funcione, tienen que darse las condiciones ambientales adecuadas. Es como una planta delicada, que requiere ser sembrada en terreno fértil y preservada a la temperatura justa; además, hay que regarla todos los días. Cuando se la descuida o maltrata, se marchita y muere. Y recuperarla cuesta mucho, muchísimo.

El siglo XX fue el del combate entre la civilización y la barbarie. Los años 30 desembocaron en la barbarie, en España y en el mundo. En las dos últimas décadas del siglo, pareció que se imponía la civilización: desaparecieron casi todas las dictaduras fascistas y comunistas, la democracia echó raíces en Latinoamérica y Europa puso en pie el mejor invento político de su historia, la Unión Europea.

Pero nada es definitivo. Cambiamos de milenio, el terrorismo derribó dos torres en Nueva York y unos años después vino otra Gran Depresión. Entonces comenzamos a maltratar a nuestras democracias, porque estábamos indignados. Tan indignados como los alemanes de 1932 que con sus votos llevaron al poder a aquel tipo mediocre, bajito y con bigote que decía algo parecido a “Alemania, primero”.

Maltratamos a la democracia cuando se nos olvida que votar no es jamás un acto gratuito, sino con consecuencias que pueden ser provechosas o catastróficas. Cuando usamos ese instrumento con las tripas, para expresar nuestros sentimientos –o nuestras peores pasiones- y no para elegir al mejor gobierno posible; cuando en el espacio público la emoción prevalece sobre la razón, aparecen los salvadores que se encaraman al poder “en el nombre del pueblo”.


La democracia no se legitima únicamente por su superioridad moral. También tiene que ser un método eficiente de gobierno. Y el sufragio universal debe servir para suministrar gobiernos que, además de administrar el interés general, protejan y fortalezcan a la democracia misma. Si no, siempre habrá alguien dispuesto a proponer otras fórmulas.

Los demócratas esperamos que del voto salgan soluciones, no problemas agravados. Si cada vez que se abren las urnas nos ponemos a temblar porque con frecuencia de ellas resulta una situación aún más problemática que la anterior, los bárbaros nos han ganado la batalla. Aunque cueste reconocerlo, eso es lo que nos está pasando.

No creo que los 60 millones de estadounidenses que votaron a Trump desearan realmente entregar el ejercito más poderoso de la tierra y el botón que puede destruirla a un payaso irresponsable y ególatra que se entusiasma a medida que descubre el juego de la guerra. Pero lo hicieron, porque estaban indignados y necesitaban castigar a alguien.

Tampoco creo que los ancianos británicos que volcaron el referéndum a favor del Brexit reflexionaran sobre el legado venenoso que dejan a sus hijos y nietos –por no hablar de la inmensa factura que su país, al que tanto dicen amar, pagará por esa decisión. Pero también lo hicieron, porque estaban hartos de extranjeros y alguien tenían que vengarse por su propio declive vital. Los chamanes de turno les vendieron una sarta de mentiras y ellos la compraron porque se morían de ganas.

Y me es difícil creer que la mayoría de los franceses quieran verdaderamente destruir la Europa que ellos mismos edificaron, o crean que es posible echar un cerrojo a sus fronteras y quedarse encerrados dentro sin provocar su propia ruina. Pero el caso es que a quince días de la votación, se hace verosímil una segunda vuelta entre dos extremistas eurófobos, Le Pen y Melenchon, cuyo designio común –desde orillas ideológicas aparentemente opuestas- es precisamente ese. Si sucede, será mortal para Europa y suicida para Francia.

En un plano más doméstico: ¿querían los militantes laboristas que encumbraron a Corbyn condenar a su partido a pasar varios lustros en la oposición? Porque si es lo que querían, lo han conseguido.

Los socialistas franceses que respaldaron a Hamon, ¿deseaban un candidato que estará por debajo del 10% del voto y conducirá al PSF a la desaparición -o, en el mejor de los casos, a servir de tropa de apoyo parlamentario a un presidente ajeno, como Macron?

Y los miembros del PSOE que quieren reponer a Pedro Sánchez para que consume el destrozo que dejó a medias, ¿son conscientes de que eso rompería definitivamente a su partido y serviría en bandeja la mayoría absoluta a la derecha? No busquen fuera, quienes están destruyendo a la socialdemocracia europea son los socialdemócratas.

Grandes colectivos hechizados por la tentación de usar el voto como desahogo, sin reparar en lo que pasará después. La fantasía del voto impune es el sortilegio con el que el nacional-populismo va camino de acabar con esta democracia, que será todo lo imperfecta que se quiera, pero es la única que tenemos.

A los que encontramos parecidos preocupantes con lo que sucedió en la década de los 30 nos llaman agoreros, dicen que apelamos al voto del miedo para perpetuar el orden establecido. Pero ¿saben qué? Que los que vivían entonces, mientras se gestaba la hecatombe, tampoco sabían que estaban en los años 30. Lo supieron después, cuando la cosa ya no tenía remedio.

¿Quién desarmo a quién?
Antonio Burgos ABC 17 Abril 2017

En mal sitio han ido a poner la era, cuando España entera estaba pensando en la Semana Santa, ya por el rito religioso, ya por el profano de pegarse unas buenas vacaciones en la playa. Hablo de la ETA y de su paripé de la entrega de cuatro armas oxidadas, con las que no habían dado un solo tiro en la nunca ni asesinado a inocente alguno, y que algunos han tomado como el desarme, empezando por parte de la prensa internacional, que siempre pica y que no ha dejado de llamar a esos cuadrilleros "organización independentista", en vez de pandilla de criminales. Yo no creo en el desarme de la ETA porque no lo ha habido. Ha habido justamente todo lo contrario: la ETA ha sido la que nos ha desarmado a nosotros, desde que en el tristemente famoso Proceso de Pazzzzzz de Rodríguez Zapatero se las puso en bandeja para que siguieran derrotándonos, cuando ya nos ganaban la guerra del lenguaje, al adoptar las víctimas el idioma de los verdugos con todo eso de "cúpula militar", "comando" y otras expresiones honrosamente propias de nuestras Fuerzas Armadas e indignamente aplicadas a unos asesinos que quisieron quitarme del tabaco en aquella triste tacada andaluza del 2000 en la que asesinaron al concejal Carpena, al juez Portero y a médico militar Muñoz Cariñanos.

Cuando veo que los jueces ponen en libertad o les dan un permiso especial a los que aún tienen las manos manchadas de sangre, y que ni se han arrepentido de sus crímenes ni piensan hacerlo, tal como está nuestro tristemente garantista sistema judicial y penitenciario, me pregunto: ¿pero quién ha desarmado a quién?¿El Estado de Derecho ha desarmado a la ETA o la ETA ha desarmado al Estado de Derecho y ahí los tienen, que no sólo siguen quemando impunemente banderas españolas y tributando públicos homenajes oficiales a los más deleznables asesinos, sino que la cuestión es peor? Aquí mucho presumir de que el Estado de Derecho ha acabado con la ETA, pero ahí tienen a etarras convictos y confesos y condenados, apaciblemente estabulados en las nóminas del Estado como concejales, alcaldes, diputados regionales, diputados nacionales. ¿Quién ha hecho aquí verdaderamente el desarme? Nosotros, nosotros sí que parece que les hemos entregado las armas de la ley a ellos. Rodríguez Zapatero les abrió el zulo de los resquicios del Estado de Derecho y ahí los tienen, con marcas blancas, con otros nombres, con otras pieles de cordero, pero en las instituciones que quieren destruir. Y de aquí a nada, los tendremos con su "proceso" correspondiente, como los separatistas catalanes. Ya se sabe: aquí al que abre un proceso separatista no se le procesa. Y si se le procesa, es muy poquito, casi nada, y no se le manda a la cárcel como la II República envió a Companys, sino que se le inhabilita, a fin de que pueda seguir riéndose convenientemente de la Patria y de los que nos sentimos españoles.

¿Saben en el único Desarme, y con mayúsculas, en el que creo? Pues en el de Asturias de cada 19 de octubre. El que "Clarín", como concejal de Oviedo, estableció como fiesta, en recuerdo de aquel rancho que al terminar la Primera Guerra Carlista sirvieron en Llanera a las milicias populares que se negaban a entregar las armas. Les dieron tan copabundante y apetecible rancho de garbanzos con espinacas y bacalao, callos y arroz con leche, que les entró tal sopor sestero, que cayeron como los apóstoles en la Oración en el Huerto, destroncaditos, pudiéndoles así arrebatarles las armas que se negaban a entregar. Ese es para mí el verdadero Desarme, el de los carbayones, al que cada octubre me invitan ritualmente los amigos del Bar Asturias en Sevilla, con sus rituales y ovetenses garbanzos con espinacas y bacalao, sus callos y su arroz con leche. Pero estos de la ETA, los muy mamones, ni hartándolos de marmitaco entregan verdaderamente las armas en el Estado que les ha franqueado sus puertas.

Peligrosa intolerancia religiosa en España
EDITORIAL Libertad Digital 17 Abril 2017

Esta Semana Santa ha sido una nueva oportunidad para comprobar que una parte de la sociedad española se está deslizando por una pendiente de intolerancia que empieza a ser peligrosa.

Con excusas como el laicismo –e incluso la aconfesionalidad, rizando ya el rizo de la incongruencia- o una supuesta modernidad completamente malentendida, parece que el hecho religioso deba ser erradicado no ya de cualquier expresión pública, sino de cualquier expresión en público. La presión, que se manifiesta en numerosas formas dentro y fuera de las redes sociales, es cada día mayor y, de seguir creciendo, nos va a llevar más pronto que tarde a alguna desgracia que debamos lamentar.

Más allá de las virtudes o defectos del laicismo, hay que recordar que España no es constitucionalmente un Estado laico, bien al contrario la Carta Magna deja claro que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", pero también ordena que "los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones".

La libertad religiosa queda así consagrada como uno de los derechos fundamentales de los españoles, pero ésta no implica que la religión deba desaparecer del todo ámbito que no sea el privado sino, al contrario, que todas las religiones podrán compartir el espacio público con normalidad y respeto.

Dentro de este marco legal hay que tener en cuenta –como la propia Constitución lo tiene- que el catolicismo es todavía la confesión abrumadoramente mayoritaria y, además, está indisolublemente unida a multitud de tradiciones como la propia Semana Santa, que no sólo merecen respeto como manifestaciones religiosas, sino que también son hechos culturales de gran relevancia y, hay que decirlo, en no pocos casos atractivos turísticos de alcance mundial.

La presencia de la religión católica es por tanto importantísima en nuestra calles y nuestras vidas, y es ahí donde tiene sentido, precisamente, la tolerancia: ser tolerante no es sólo estar abierto a cualquier culto lejano y minoritario, sino que la tolerancia hay que demostrarla de verdad soportando lo que no nos gusta pero nos afecta.

Por último, hay que decir que nadie se le escapa que en la mayor parte de los casos esta intolerancia no es sólo religiosa, sino que es parte de un programa político: el de aquellos que quieren eliminar todo aquello que no se avenga a formar parte de una sociedad "nueva", una España completamente distinta de lo que ha sido y es nuestro país. Un proyecto que pese a pasar por el colmo de lo moderno y la nueva política en realidad no es sino una reedición de los viejos totalitarismos que tanta miseria y tanto dolor han causado y que, casualmente, siempre tenían en la religión uno de sus primeros objetivos.

1.400 sin contar los centros particulares
Se duplica el número de mezquitas en España en los últimos cinco años
La Gaceta 17 Abril 2017

Actualmente, España cuenta con casi dos millones de personas que profesan la religión musulmana, un colectivo que ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años. Con el tiempo han crecido los centros de oración -casi 1.400- sin contar los locales particulares, casi el doble que hace cinco años -700-. En un 6% de ellos se lanzan mensajes "radicales", en los que se llama a hacer la yihad y asesinar al considerado "infiel", según los expertos en terrorismo islamista.

Los mensajes se detectan a la hora de hacer valoraciones de tipo político o al analizar conflictos internaciones, apuntan estas fuentes. Pese a esto, la Policía asegura que los lugares de culto han perdido influencia a la hora de radicalizar a sus fieles en favor de Internet y las redes sociales.

El año 2016 finalizó según el ministerio del Interior con un total de 76 detenciones, de las cuales 69 se produjeron en operaciones llevadas a cabo en España y 7 fuera de territorio nacional. La cifra se eleva a más de 730 desde 2004. En los últimos años, hasta un 40,5% del total de detenidos por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista nacieron en España.

"La labor de los servicios de información e inteligencia y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ha impedido que la paz y la convivencia hayan sido atacadas por el terror islamista en los últimos años", aseguran desde el ministerio del Interior.

El número de musulmanes en nuestro país es de 1.887.906 personas, 300.000 mulsulmanes más que hace cinco años, según un estudio de Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE). Su procedencia es mayoritariamente de Marrueos, Pakistán, Argelia y Senegal, y su presencia crece sobre todo en Melilla, Murcia, Comunidad Valenciana y Andalucía.

Cabe recordar que el islam es la religión que más se está expandiendo y superará al cristianismo en 2100 como la fe con más fieles, según un informe del centro de investigaciones Pew. En 2010, había alrededor de 1,6 billones de musulmanes en el mundo, explica el documento, que añade que esa cifra ya suponía el 23% del total de la población mundial. Mientras, los cristianos representaban ese mismo año el 31%, alrededor de 2,2 billones de personas.

Sin embargo, se espera que para 2050 el número de seguidores de ambas religiones se iguale. ‘’Si las tendencias demográficas actuales continúan, la cifra de musulmanes excederá a la de cristianos para finales de siglo’’, explica el centro de investigación.

Una de las razones para la fuerte expansión de esta religión es que los musulmanes tienen más descendencia que los miembros de otras confesiones. La mujer musulmana da a luz de media a 3,1 hijos, mientras que la media del resto de grupos religiosos está en 2,3.

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¿Qué está haciendo, Sr. Rajoy, con respecto a ETA?
David R. latribunadelpaisvasco 17 Abril 2017

Hace unos días nos despertamos con la noticia de una entrega parcial de armas por parte de ETA, que nos cuenta la BBC, y que se escenifica con una preparada y medida teatralidad en un acto público que es la culminación de una concatenación de delitos cometidos por personas que en principio no son miembros de ETA. Delitos tipificados en los códigos penales de los estados francés y español, todo ello con un sindicalista con mucho pedigrí nacionalista como cabeza visible: Jean Noël Etcheverry, y con el inefable Ram Manikkalingam, que no tiene pasaporte diplomático de ningún país, pero parece tenerlo de todos.

Han entregado menos de la mitad de las armas y explosivos, ningún zulo en España, en Bélgica o en Portugal, ningún material del aparato logístico, y ninguna documentación. Y por supuesto ningún material que aporte elementos probatorios, resolutorios o tan siquiera indiciarios. La farsa es descomunal, y los que caen en su trampa se lo deberían hacer mirar.

El esperpento de Bayona es precedido por un breve comunicado de 14 líneas contenidas en cinco párrafos, que además de confirmar sus intenciones de continuar existiendo como organización contiene:

1) - Una autodefinición anacrónica: "Organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional".
2) - Una razón informativa: informar a la comunidad internacional, como si de un interlocutor homologado por la misma se tratase.

3) - Una explicación al porqué ahora y no en otro momento se produce este acontecimiento: sencillamente no lo han hecho ellos, lo ha hecho la "sociedad civil".

4) - Una explicación de cómo se ha "desatascado" la situación, porque ellos parten de la premisa de que había un empate entre ellos y los enemigos.

5) - Gracias explícitas a las instituciones vascas. Incluido el PSE.

6) - Una explicación de calibre histórico: por qué tomaron las armas y porqué se las devuelven al pueblo vasco; el genocidio ha sido por y para el pueblo vasco.

7) - Una firma: con el texto de siempre que clama por una Euskadi independiente y socialista (en el sentido marxista-leninista, no en el del desnortado PSE), el símbolo de siempre (la serpiente enroscada en el hacha, que, por cierto, según ellos, significan respectivamente astucia y fuerza), y el sello de ETA (un poco desgastado).

El comunicado nos presenta dos dicotomías: "sociedad civil" frente a los "enemigos de la paz", y ETA frente a los gobiernos español y francés. Es un planteamiento sencillo basado en un pensamiento simplista y radical, extremadamente polarizado

Ciertamente, los asesinos han contado con apoyo institucional. Hasta donde sabemos, del Gobierno Vasco, del Gobierno de Navarra, del Ministro de Interior francés, del Ayuntamiento de Bayona, de políticos de todo el arco parlamentario, con la excepción del PP, y con la gravísima participación del PSE con Rafaela Romero representándoles (la actual mujer de Jesús Eguiguren), del apoyo de dos sacerdotes díscolos pero uno de ellos con un impresionante historial de apoyo a las causas secesionistas y radicales (Harold Good) y el otro con un alto cargo eclesiástico como lo es ser, más que el Arzobispo de Bolonia que no es poco, el jefe de la poderosa congregación de San Egidio (Mateo Zuppi), ambos sacerdotes con un denominador común: cuando los verdugos masacraban, ellos estaban en sus capillas.

Y, por supuesto con el apoyo de 172 “observadores", bien organizados, una veintena por zulo, marionetas voluntarias del terror, que estaban esperando al lado de las armas y explosivos la llegada de la Gendarmería como zombis. Ni tan siquiera les han identificado, no vaya a ser que..., pero estaban cometiendo un delito de colaboración con banda armada, en Francia, aquí, y en cualquier país democrático (penado con hasta 15 años de prisión).

Y el de muchos ególatras que se han autodenominado "artesanos de la paz", que en realidad son "mercenarios de la paz", aunque solo sea porque se aprovechan de este tipo de situaciones, y actualmente, algunos de ellos, ocupan el puesto que tienen en la sociedad tras muchos años de esfuerzos para aprovechar los espurios intereses que genera la actividad de una banda criminal y mafiosa.

El otro día, en Bayona y en otro sitios, algunos dijeron que ETA se ha rendido, son personajes que no se han leído el comunicado de ETA o tienen graves problemas de comprensión lectora.

Rendir: "Vencer, sujetar, obligar a las tropas, plazas o embarcaciones enemigas, etc. a que se entreguen". Primera acepción del término en el DRAE.

Me temo que lo que está ocurriendo indica, entre otras cosas, que la izquierda abertzale sigue teniendo capacidad de atemorizar a una sociedad que, en general, nunca adoptó una actitud valiente, y que ahora, con réditos a recoger, tampoco lo está haciendo porque sería el reconocimiento implícito de lo acontecido, y una demostración palmaria de la actitud mantenida en los últimos decenios, sería escribir la historia de la verdad, no la historia conveniente.

Veremos la configuración de las próximas listas para la asignación de futuros Premios Nobel de la Paz, igual nos llevamos alguna sorpresa.

Mientras tanto, me pregunto, ¿qué va ha hacer el Sr. Rajoy? ¿Qué está haciendo? ¿Por qué no nos explica detalladamente los contenidos de las conversaciones mantenidas con el Sr. Urkullu? ¿Por qué no se ha exigido a Francia que detuviese a las docenas de delincuentes que se reunieron el día 8 en Bayona?

Sr. Javier Maroto, se le ha escapado el futuro por la boca cuando ha dicho "queda por dar el paso definitivo, la disolución".

¿Pretenden cambiar la Ley Orgánica General Penitenciaria, y en concreto su artículo nº72.6 y el nº 100.2 (subrayo lo de orgánica)? ¿O piensan incumplirla ladinamente con la colaboración de otras fuerzas políticas? ¿Vuelve a existir una "hoja de ruta"?

Muchos políticos, periodistas, tertulianos, y personas de muchos lugares han caído en la trampa del maquiavélico discurso de los hechos que han diseñado y programado ETA y sus secuaces, pasando de exigir el desarme a exigir la disolución y el perdón, olvidando la legal, moral y lógica petición de que los asesinos se entreguen a la justicia, sean juzgados, condenados por sus crímenes, y cumplan sus condenas.

En Bayona nos han dicho que tenemos que aprender a vivir todos juntos, y el Sr. Urkullu dice que se ha dado un paso "de la épica a la ética". Pero el terrorista no arrepentido Arnaldo Otegi lo ha dejado bien claro en el mismo lugar, el futuro es: "los presos, las víctimas (siempre y únicamente las suyas), y la desmilitarización del país (Euskadi), esto último es la histórica petición "Alde Hemendik", que se vayan de aquí la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército.

Siguiente parada, ¿La modificación de la política penitenciaria, y a continuación pasar página en la historia de nuestro país ante el acontecimiento más lamentable del ultimo medio siglo?

El comunicado de ETA finaliza con dos palabras: “lortu arte” (“hasta conseguirlo”). Desde luego que consiguen, actualmente lo que les permitimos, Sr. Rajoy. ¿Disolución negociada?

El vellocino catalán
SANTIAGO GONZÁLEZ El Mundo 17 Abril 2017

Mi querido Paco Reyero acaba de publicar un libro sobre Clint Eastwood y yo y la película que hicimos juntos, El bueno, el feo y el malo, aunque él no lo cuente así y no sea nada ecuánime en el reparto de méritos. Ni siquiera en el título: Eastwood: Desde que mi nombre me defiende.

Cuenta Reyero que Luciano Vincenzoni, guionista de La Muerte tenía un precio, acompañaba a Sergio Leone a Hollywood en busca de financiación para su tercera película. La United Artists quiso algunos detalles sobre la historia que tenían en la cabeza. Él no tenía ninguna, pero había trabajado en el guión de La gran guerra y les hizo una sinopsis adaptada: dos golfos atraviesan un país en guerra tratando de sobrevivir a base de picaresca, mientras buscan 200.000 dólares en oro, con Eastwood y Eli Wallace en los papeles de Vittorio Gassman y Alberto Sordi y la guerra de Secesión en el de la Primera Guerra Mundial.

En todo ideal hay una aventura de búsqueda. La independencia es un vellocino de oro, un santo grial, lástima que el papel de Jasón se lo disputen dos héroes tan improbables como Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, enemigos mortales entre sí. Claro que peor sería imaginarnos a esta pareja en plan rey Arturo y Lanzarote del Lago, con Anna Gabriel en el papel de Ginebra.

El procés es una de esas historias del guionista Vincenzoni, en la que dos truhanes van incendiando a su paso todo lo que encuentran para escapar de la derrota y la cárcel, aunque sus protagonistas principales parezcan haber sido seleccionados por el director de casting de Shrek.

El presidente y su vice son dos pícaros que se necesitan, tienen que cooperar a pesar de odiarse, a la manera de Eastwood y Wallace, porque uno sabe el nombre del cementerio y el otro el de la tumba donde está la pasta. Pero odiarse se odian mucho y esa era una garantía de seguridad. A punto de desmayarse, el Rubio escupe en la cara a Tuco y le dice: "Dormiré tranquilo, porque sé que mi peor enemigo vela por mí".

El procés es un brote tardío de la novela picaresca. El problema es que uno de los dos, vale decir ERC ya no necesita al otro y pretende suplantarlo. El número dos de la antigua Convergència anunciaba en plena Semana Santa la posibilidad de poner al frente del invento a un autonomista, ante la debacle del independentismo. Está en la tradición. Cuando Sabino, el fundador, es llevado a la cárcel por su legendaria felicitación a Roosevelt, por la independencia de Cuba, recapacita y propone, ya en el ocaso de su vida, fundar la Liga de los vascos españolistas: una idea "seguramente salvadora de llevarse con toda perfección a la práctica: la independencia de Euskadi bajo la protección de Inglaterra, será un hecho un día no lejano". Él se había fijado en el éxito de Cambó con su Lliga Regionalista. La fundó en abril de 1901 y al mes siguiente triunfó en las elecciones generales.

El nacionalismo es un copiarse unos a otros y en Cataluña es un triello en el cementerio de Sad Hill. El tercer duelista, la CUP, hace de Sentencia, con sus axilas y su terrorífico flequillo. La pobre Anna Gabriel no ha querido ser madre porque ella veía el tema como fruto de un planteamiento colectivo. El parto como un esfuerzo cooperativo, no está mal. Uno, quizá por resabios liberales, siempre ha visto la maternidad como un empeño individual, a diferencia de la paternidad, que admite la cooperación, siquiera sea en plan metafórico. Se lo gritaba Eli Wallace a Eastwood en el plano final de la película: "¡Rubio! ¿Sabes de quién eres hijo? ¡Eres un hijo de mil paaaadres!".
 


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