AGLI Recortes de Prensa    Jueves 20 Abril 2017

Otro caso que impide que el PP supere el estigma de la corrupción
EDITORIAL El Mundo 20 Abril 2017

Decíamos ayer, con motivo de la citación a declarar como testigo en el caso Gürtel de Mariano Rajoy, que el PP ha sido incapaz de hacer una seria autocrítica sobre algunas de sus prácticas en el pasado. El partido ha intentado pasar de soslayo por la corrupción y siempre ha ido a remolque de las investigaciones judiciales, nunca se ha enfrentado en serio al problema, ha carecido del valor de reconocer sus errores y ha eludido pedir perdón a los ciudadanos.

No es de extrañar, pues, que los escándalos de corrupción le estallen, como sucedió ayer con la detención de Ignacio González por presuntas irregularidades en la gestión de la empresa pública Canal de Isabel II cuando fue presidente de la compañía, entre los años 2003 y 2012. González está acusado de haber cobrado comisiones para beneficio propio y de su familia.

El juez Eloy Velasco le imputa, junto a otros once detenidos, los presuntos delitos de prevaricación, organización criminal, malversación, cohecho, blanqueo, fraude, falsificación documental y corrupción en los negocios. En la operación ha sido arrestado un hermano del ex presidente de Madrid y su esposa está siendo investigada de momento. Hay que recordar que Ignacio González está también imputado por la adquisición de un ático en una urbanización de lujo en Estepona (Málaga), de la que la Justicia sospecha que fue el pago por servicios prestados en contrataciones.

Se trata de hechos muy graves porque Ignacio González ha sido presidente de la Comunidad de Madrid (entre 2012 y 2015) y secretario general del partido en la región. Y quienes conocen su forma de trabajar dicen que era un hombre altivo y exigente, que controlaba con mano de hierro todo lo que se hallaba bajo su mando. De momento, sólo nos podemos referir a la existencia de fundados y sólidos indicios de la comisión de delitos, pero habrá que esperar a los resultados de la investigación. El arresto de ayer no presagia nada bueno para González y los demás detenidos, ya que el juez tiene grabadas cientos de horas de conversaciones comprometedoras que pueden dinamitar parte del mundo político y empresarial madrileño.

La operación señala, en primer lugar, a Esperanza Aguirre. No hay sospechas de que la ahora portavoz popular en el Ayuntamiento de Madrid esté involucrada en ninguna trama de corrupción, ni de que se haya lucrado personalmente de forma irregular, pero tendrá que asumir su responsabilidad política por la detención de su más estrecho colaborador durante tantos años, que además es su amigo personal. En la nómina de sus colaboradores encausados, aparece también Francisco Granados, que fue su consejero de Presidencia entre 2008 y 2011 y secretario general del PP de Madrid entre 2004 y 2011, encarcelado como cabecilla del caso Púnica, la red que presuntamente financió irregularmente al PP de la región. "Debo haber nombrado a unos 500 cargos en mis 33 años de vida política. Me han salido rana sólo dos", decía Aguirre en la comisión de investigación sobre la corrupción de la Asamblea de Madrid. Ya son algunos más, y muy allegados a ella. Aguirre declara hoy como testigo en el caso Gürtel.

Pero más allá de implicaciones personales concretas, todo el PP seguirá teniendo un problema mientras no reconozca que se financió ilegalmente y que miró para otra parte en tantos y tantos episodios de corrupción. Todavía está muy cercana la dimisión del presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, tras ser imputado por fraude y cohecho y para evitar la previsible pérdida del Gobierno de la región.

Todo esto llega cuando el PP y sus dirigentes pretenden hacer creer a la sociedad que se ha pasado página de la corrupción. Pero mientras sigan apareciendo casos como el de ayer es imposible que esa idea cale en los ciudadanos por mucho que la actual dirección de Génova se empeñe en ello.

Resulta imposible gobernar bajo la permanente sospecha de la corrupción. Ayer lo comprobamos: Podemos ofreció al PSOE y a Ciudadanos la presentación de una moción de censura para desbancar al PP del Ejecutivo madrileño. No tiene ninguna posibilidad de salir adelante, pero la deslegitimación que provoca este nuevo escándalo no es desdeñable. Cuando Rajoy creía superada esta lacra, el nuevo episodio vuelve a poner al PP frente a un espejo que refleja el peor rostro de la política.

El PP de la tecnocracia y la corrupción
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 20 Abril 2017

Estamos en un mal momento. No es ya que la justicia no sea independiente en origen, es que no hemos sido capaces de separar a los políticos de la judicatura, y menos a los jueces de la política. No debería caber la sospecha de que en esta sociedad del espectáculo hay un vaso comunicante entre la acción de los magistrados y los platós de TV. ¿Es normal que las cámaras de “La Sexta” estuvieran en la vivienda de Ignacio González preparadas para grabar su detención?

El río revuelto de los corruptos y los medios sirve para el ajuste de cuentas, los linchamientos, y el encanallamiento de la vida pública. El abuso de las imputaciones y de las “denuncias populares” de asociaciones politizadas y de partidos en la oposición, lo estamos pagando. El Estado ha dejado de ser de Derecho porque vale más la impostura calculada de un presentador y sus colaboradores, que los pasos reglados de un proceso judicial.

Pero los tribunales populares y sus aquelarres no deben impedir ver el bosque político. El gran error del PP ha sido desprenderse de los principios y valores liberales para abrazarse a la tecnocracia, al supuesto atractivo de la buena gestión. La ausencia de los pilares propios de la derecha liberal, aquella que hizo triunfar a Thatcher o a Reagan, que iluminó al primer Aznar, es la que ha llevado al partido del centro-derecha español a este simulacro de autodestrucción.

El partido se llenó de gestores sin alma, tecnócratas, economicistas, amiguetes que colocan a amiguetes, de personas que clavaban el perfil bajo y que no alterasen a la izquierda con un discurso político potente. La organización se formó con arribistas y contables creativos que decían que lo importante eran los resultados económicos, satisfacer las demandas sociales de la gente a través de las inversiones públicas.

Ahí estuvo el suicidio, porque cualquier liberal leído sabe que cuanto mayor es el gasto público, mayor probabilidad hay de que exista corrupción. Era el “despojo” del que hablaba Bastiat en una dimensión que el escritor francés jamás había imaginado: la piratería fiscal para crear un Estado omnipresente que permitiera el latrocinio sistemático.

Los valores liberales del esfuerzo, trabajo y sacrificio personal para progresar quedaron arrinconados, humillados, y las derrotas de la oposición más que las victorias de los propios, santificaron ese sistema tecnocrático. ¿Para qué introducir el liberalismo político cuando la gestión socialdemócrata y economicista parecía servir en las urnas? Todos los principios se sacrificaron en el altar de la encuesta electoral. Así, no solo se dejó el campo abierto a la izquierda sentimental, sino que se metió al PP en el laberinto de la corrupción.

No todo el PP es así; es cierto. Hay muchos dirigentes nacionales y locales a los que repugna la deriva tecnocrática, la corrupción y la pérdida de identidad liberal. Porque el liberalismo no es solo privatizar, es todo un sistema filosófico de vida pública y privada, guiado, por supuesto, por la virtud cívica. La idea liberal contemporánea ha recogido el republicanismo de Jefferson y los federalistas, la interpretación democrática de Tocqueville, la crítica de la planificación totalitaria de Hayek y Mises, de la dictadura del pensamiento único que hicieron Ayn Rand o Revel, y de aquellos que clarificaron el sentido actual de la libertad, como Berlin, Aron o Gambescia.

Hoy, todos estos son pensadores malditos en el centro-derecha español, parias, meras referencias de una erudición que no tiene ningún peso político. Incluso hubo quien habló de “liberalismo simpático”; es decir, de tecnocracia que no molestara a la izquierda.

El abandono del liberalismo político ha llevado a la gestión tecnócrata, cuyo resultado es la corrupción que está destruyendo al PP. ¿No imaginaron jamás que les iban a pillar? ¿No pensaron que llenarían la parrilla televisiva mañana, tarde y noche de los medios izquierdistas de comunicación? ¿No saben que serían las estrellas de esta sociedad del espectáculo?

La responsabilidad de ese abandono de lo que debería haber sido la columna vertebral del centro-derecha español debe ir más allá de lo que dicte un juez. No se puede olvidar el abandono deliberado de cualquier batalla de las ideas, de propagación de un paradigma liberal, la rendición ante la hegemonía cultural de la izquierda, el vacío en medios, en universidades y en las artes, la orfandad en la que dejaron a todos los que sostuvieron ideas liberales frente a la servidumbre socialista.

El partido de la derecha debe refundarse. Es insoportable para cualquiera que no comulgue con las izquierdas, levantarse todos los días con un nuevo caso de corrupción en el PP. Es más; es que todo ese engranaje tecnocrático hace aparecer como estadistas a gerifaltes iletrados de la “nueva política”, creándoles un discurso y acción fáciles pero huecas, destructoras, que lejos de generar esperanza no causan más que recelo.

De ahí esta crisis de régimen que anunciamos hace tiempo, fundada en la caída de sus grandes actores partidistas –el PP y el PSOE–, en la pérdida de confianza en las instituciones –de la Corona hasta la última-, y en la creación de un espíritu general, un Zeitgeist, que desprecia lo existente, disgregador y cainita que no sabe a dónde va.

El daño de la deriva tecnocrática del PP, y de su consecuencia, la corrupción, es tan profundo y peligroso que la política española se ha convertido en un intercambio de titulares llenos de ruido y furia. Los populares tienen gente para salir de la era tecnocrática suicida, pero están tardando mucho en dar un golpe de mano y hacerse con el poder en el partido. El realismo es pesimista, como bien enseñó Maquiavelo. He aquí todo.

La Semana de Pasión del PP llegó con retraso
Jesús Cachowww.vozpopuli.com 20 Abril 2017

Estaba el país alicaído, con escasez de noticias que llevarse a la boca, tan corto el patio de auténticas novedades que los medios no tuvieron más remedio que convertir el fallecimiento de Carme Chacón en algo parecido a la muerte en la hoguera de Juana de Arco, cuando el mundo se volvió loco y todo pareció sufrir de repente un cataclismo que ha colocado al Partido Popular en una picota, quizá una sima de ignominia, de la que le resultará muy difícil bajar para situarse en el terreno de esa normalidad imprescindible para poder gobernar. Primero fue el tremendo informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre la rapiña de un Rodrigo Rato cuyas empresas llegaron a facturar hasta 82 millones entre 1998 y 2013 gracias a los manejos en la sombra de todopoderoso vicepresidente del Gobierno Aznar y director gerente del FMI. Este mismo martes, se conoció la decisión del tribunal que enjuicia la trama Gürtel, Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional (AN), de citar a declarar como testigo a Mariano Rajoy, después de que en dos ocasiones el mismo tribunal hubiera rechazado tal pretensión. Y ayer mismo estalló el escándalo, largamente anunciado, que rodea la figura del expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González. Y todo saltó por los aires.

La noticia de la citación judicial del presidente del Gobierno cogió desprevenido a un partido que no encuentra más respuesta al escándalo Rato que ponerse de perfil, como si el asunto no tuviera que ver con ellos, como si don Rodrigo de Rato y Figaredo, que así se hace llamar el ilustre hampón, no hubiera sido, no fuera, el autor del supuesto milagro económico de la era Aznar, no fuera la élite del PP, la columna vertebral de la derecha española que hoy no sabe dónde esconderse de puro avergonzada. Un daño terrible, incuestionable, si bien difícilmente evaluable ahora mismo, el de estas élites ladronas. Sobre este caldo de cultivo, el “venga usté pacá” del tribunal de la Gürtel a Rajoy ha surtido el efecto de despertar los heraldos negros, el recuerdo atroz de los peores días de una corrupción que colocó contra las cuerdas al Mariano del “sé fuerte, Luis” del caso Bárcenas. Ha vuelto el recuerdo de un tiempo, tan cercano como cruel, que costó más de 3 millones de votos al partido y que muchos, en Génova y en Moncloa, creían superado. Y ha vuelto con la violencia verbal que en la calle algunos prebostes del partido pudieron comprobar ayer mismo en sus carnes, con abordajes e incluso insultos personales a pie de paso de cebra de todo punto inaceptables en democracia.

Hay quien sostiene que el PP ha dramatizado en exceso la citación de Mariano, un hecho que debería ser considerado normal en un Estado de Derecho en el que todos los ciudadanos son por definición iguales ante la Ley y están, por tanto, obligados a cooperar con la Justicia. La ausencia de cualquier explicación al sorprendente cambio de criterio del tribunal, unida a la filiación ideológica de la acusación popular (esa tal Asociación de Abogados Demócratas Europeos), permite sospechar que la cosa tiene más intríngulis del que aparenta. Para algunos se han encendido las luces largas, la preocupación a largo plazo de que la iniciativa de los magistrados de la AN abra la caja de los truenos capaz de poner las instituciones –y la presidencia del Gobierno de la nación lo es- al albur de cualquier juez o juececillo o asociación o corporación o personaje o personajillo dispuesto a arrastrarlas por el barro de cualquier futesa. En el convencimiento pleno de que, además, estamos ante una declaración perfectamente inútil desde el punto de vista del esclarecimiento de los hechos, frustrada de entrada, porque es evidente que el presidente poco puede saber y declarar sobre cómo se financiaron las campañas electorales del PP en Majadahonda o en Pozuelo de Alarcón.

La intencionalidad política es evidente. La intención de castigar las posiciones de un partido que, reo de corrupción y sin declaración de cambio radical de conducta conocida, sigue gobernando España en minoría y en relativamente cómoda singladura. Y eso cabrea mucho a muchos. Una intencionalidad que permite, casi alienta, una Justicia muy malita, casi en estado terminal, en la que pululan tipos tan peculiares como José Ricardo de Prada, un juez que ha calificado las condenas a miembros de ETA de “altas y desproporcionadas”, y para quien los terroristas soportan “un régimen de cumplimiento de penas totalmente desigual en relación con el resto de presos”. Una Justicia, digo, en la que jueces como De Prada pueden añadir a la culata de su pistola nacarada la muesca de todo un presidente del Gobierno al que desde hace tiempo buscaba las vueltas. De Prada, pues, puede haber arrancado el tapón capaz de hacer saltar por los aires esa cierta condición de “intocables” que venía rodeando a los presidentes del Gobierno, de todos los partidos, para ponerlos a resguardo de los caprichos de cualquier sátrapa emboscado.

Peligra la estabilidad del sistema
Por eso creen algunos que, ahora sí, la estabilidad del sistema está en crisis, con un PP cercado, carcomido por una corrupción que es vieja –porque todo lo que se investiga es viejo- pero que regresa a la memoria de los ciudadanos sentada en el banquillo de los acusados cual joven dama dispuesta a exhibir su impúdica figura como si de algo nuevo se tratara. Y ello con un PSOE que ni está ni se le espera, sumido en la búsqueda desesperada de las claves de su identidad perdida, el partido que más tiempo ha gobernado en España, con el que el PP no puede pactar la gradación del ruido mediático y parlamentario de este escándalo, y con el que las clases medias ya no pueden contar a la hora de asegurar la estabilidad de un sistema que corre el riesgo de irse por la alcantarilla sin recambio posible. Y con millones de españoles espantados, obligados a seguir votando a un señor que, como poco, tendría que irse definitivamente a casa cuanto antes, y a un partido que tendría que plantearse cambiar urgentemente de sede y, sobre todo, de nombre, porque la marca PP está arruinada para siempre, consumida en la hoguera de la corrupción de toda una época.

En este marco, la denominada “operación Lezo” (¿Qué ha hecho el famoso almirante guipuzcoano, considerado uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española, para merecer semejante “honor”?) es apenas el fin de fiesta de esa Gran Feria de la corrupción. Una operación cantada, porque lo de Ignacio González era una bomba que todo el mundo sabía terminaría por explotar algún día. ¿Por qué ahora? ¿Qué hacía la cámara de La Sexta en la puerta de su domicilio a primera hora de la mañana? ¿De verdad el juez Eloy Velasco esperaba encontrar a estas alturas algún papel comprometedor en casa del citado? Son preguntas cuya respuesta sería interesante conocer en días venideros. ¿Estamos ante una gran cremà, un fantástico ejercicio de pirotecnia cuyo humo se disipará en 48 horas o, por el contrario, esto tiene recorrido político de fondo? La impresión, en efecto, es que nos hallamos ante algo más, bastante más, que un mero ejercicio de cohetería hueca.

El impacto social y político de este triple bombazo tiene el efecto de reducir inevitablemente el margen de maniobra de un presidente que gobierna en minoría y que aún no ha cerrado los apoyos suficientes para hacer aprobar los PGE del año en curso. La noticia de la citación judicial provocó autentica desolación el martes noche en Moncloa, al poner a Rajoy ante el espejo del “héroe” condenado a vivir enroscado en la serpiente de esa corrupción que le impide remontar el vuelo y que hace añicos operaciones como la encabezada por la propia Cristina Cifuentes, quien, en julio de 2016, se supone que con el v/b de Mariano, puso en manos de la Fiscalía la información referida al Canal de Isabel II que amenaza con llevar a la cárcel a Nacho González. El golpe llega incluso a tapiar esa gran salida de emergencia de la que dispone el gallego en caso de dificultad insuperable: la disolución de las Cámaras, porque, ¿cómo ir a elecciones con este panorama?

Vienen a por Mariano
Broche de oprobio para la carrera política de Esperanza Aguirre, una expresidenta de la Comunidad de Madrid con sus dos exvicepresidentes presuntos reos de corrupción, uno en la trena y otro a punto de entrar en ella. Esperanza se planteaba ayer su definitiva retirada de la política. Una vez más. ¿Lo hará? En realidad tendría que haberlo hecho hace mucho tiempo, por ejemplo, el mismo día que no se le ocurrió mejor cosa que aparcar en el carril bus de la Gran Vía para sacar dinero de un cajero automático. Sin disculpa, sin perdón. Gana Pedro Sánchez y desde luego gana el autobús del odio de Podemos, algo de lo que no parece darse cuenta la gestora que ahora dirige los destinos del PSOE. Gana Cifuentes, claro está, la rubia estrella ascendente del PP refundado que habrá de surgir de la hoguera donde hoy arde Mariano a fuego lento, mientras la mujer de las tres eses, Soraya Sáenz de Santamaría, se achica escondida en su trinchera, incapaz de salir a dar la cara por su presidente en día tan señalado como ayer y anteayer, porque ella sabe que su única posibilidad de llegar a la cima del poder, efímero, evanescente poder, radica en una súbita y abrupta despresurización de Mariano en plena ruta.

Gana el populismo y, qué quieren que les diga, lo hace por goleada, incluso con razón, permanentemente alimentado por la decrepitud moral de un PP incapaz de hacer propósito de enmienda y de un Rajoy campeón de la procrastinación, incapaz de cerrar una sola herida, muy capaz, en cambio, de dejarlas eternamente abiertas, supurando el hedor pestilente de esas decisiones radicales que su débil dubitativo carácter es incapaz de adoptar. Hasta ahora todo le ha ido bien. Hasta ahora todos sus queridos enemigos de partido han ido quedando en la cuneta asesinados por el paso del tiempo. Las tornas han cambiado, o tal parece. ¿Ha llegado su hora? El tsunami apunta directamente hacia él y amenaza con engullirlo sin piedad, dispuesto a hacerle pagar las culpas de tantos años de criminal molicie en los que este país perdió la oportunidad de ser definitivamente algo distinto y, desde luego, mejor. Vienen a por ti, Mariano.

Política y periodismo, las dos caras de un escándalo
El rugido del león El Espanol 20 Abril 2017

Han bastado 48 horas para dejar en evidencia la caricatura de "la trama" que Podemos ha utilizado como propaganda política con su autobús. Para tramas de verdad, la que este miércoles ha destapado la operación de la Audiencia Nacional a raíz de la detención de una docena de personas por el desfalco en el Canal de Isabel II, entre las que figura el expresidente madrileño Ignacio González.

Pero no estamos ante un episodio más de enriquecimiento. Aquí hay un escándalo político y mediático en el que unos responsables públicos se llenaban los bolsillos y, tal y como revelan las grabaciones que publica EL ESPAÑOL, directivos de un grupo de comunicación utilizaban su poder para amenazar con "inventar" noticias para "dar leches" a los líderes políticos que no se avenían a sus intereses.

Nombres y apellidos
La investigación pone nombres y apellidos a los responsables de ambas vilezas. Por un lado, Ignacio González; su hermano, Pablo González, directivo de la empresa pública Mercasa; o Edmundo Rodríguez Sobrino, expresidente de Inassa, la filial sudamericana del Canal de Isabel II. Por otro, Mauricio Casals, hombre fuerte del Grupo Planeta en Atresmedia (Antena 3, La Sexta y Onda Cero), y Francisco Marhuenda, director de La Razón.

En el ámbito estrictamente político, la operación finiquita cualquier aspiración de Esperanza Aguirre por volver a ser candidata en el PP. Fue ella quien apadrinó a Ignacio González, y llueve sobre mojado. Después de la imputación de otros de sus hombres de confianza, como Francisco Granados, Manuel Lamela o Juan José Güemes, Aguirre tiene una manifiesta responsabilidad in vigilando que debe asumir.

Las consecuencias
Habrá que esperar a las investigaciones en marcha para conocer el alcance de este terremoto en el gobierno regional que preside Cristina Cifuentes y también en la política nacional, con los Presupuestos del Estado aún pendientes de aprobar. De momento, PSOE y Podemos se han ofrecido a Ciudadanos para que deje de apoyar a Cifuentes y facilite una moción de censura.

En el otro lado, los accionistas del Grupo Planeta tienen que actuar con responsabilidad. Lo que revela la investigación de la Guardia Civil y la Fiscalía Anticorrupción es que Mauricio Casals utilizaba La Razón de forma similar a como Luis Pineda usaba Ausbanc: como un arma para recaudar. De ahí que el diario recibiese ingresos muy por encima de lo que merecía su tirada. La familia Lara ha de ser consciente de que en Atresmedia está gestionando concesiones de titularidad pública, y que en una compañía que opera con el derecho a la información sus directivos deben ser particularmente ejemplares.

El gran escándalo político y mediático que acaba de destaparse en Madrid al hilo del caso Canal saca a la superficie toda una forma de entender los negocios, la política, el periodismo y la Administración que tanto daño ha hecho a España y que habría que desterrar de una vez.

el país se blinda ante este tipo de políticas
Polonia, sobre el multiculturalismo: 'Ha dejado un rastro sangriento de atentados'
P.G.-S. Gaceta.es 20 Abril 2017

El ministro del Interior de Polonia ha afirmado que su país no repetirá los errores occidentales aplicando políticas multiculturalistas. Ha denunciado su fracaso y ha asegurado que sólo han servido para dejar un ‘’rastro sangriento’’ de atentados terroristas en Europa desde que comenzase la crisi migratoria.

‘’El multiculturalismo en Europa occidental está dejando un rastro sangriento en forma de atentados terroristas’’, ha opinado Mariusz Blaszczak, en una entrevista con la radio polaca que recoge Breitbart.

El Gobierno conservador de Ley y Justicia forma parte junto a Hungría, Eslovaquia y República Checa del Grupo Visegrado, principal opositor a los planes migratorios de Bruselas. El Ejecutivo se ha negado en rotundo a acatar el plan de reasentamiento de refugiados diseñado por la UE.

En la cumbre comunitaria celebrada en septiembre de 2015 con motivo de la crisis migratoria, el anterior Gobierno del país firmó la acogida de 5.000 demandantes de asilo. Sin embargo, cuando Szydlo tomó el relevo de Donald Tusk activó los mecanismos para intentar eliminar dicho acuerdo.

‘’Nuestros predecesores, conformes con la llegada de miles de refugiados, se esforzaron para provocar una crisis de este tipo’’, ha asegurado Blaszczak.

Ha garantizado que mientras su partido se mantenga en el poder, en Polonia ‘’no se repetirá lo que está ocurriendo en Europa occidental’.

Estados como Alemania, Francia o Bélgica han sido objetivo de varios ataques islamistas perpetrados por inmigrantes y demandantes de asilo, valiéndose muchos de ellos de la ruta de los refugiados para acceder al viejo continente.
¿Hacia una nueva crisis migratoria?

El titular de Interior también ha dicho que su país debe prepararse para un ‘’escenario negativo’’ si se repite la crisis migratoria de 2015. Además, ha señalado la posibilidad real de construir en las fronteras vallas de contención al estilo húngaro.

Turquía podría provocar una situación similar a la vivida en 2015, cuando cientos de miles de inmigrantes llegaron a Europa desde Oriente Medio.

La posibilidad de que esto se repita parece cada vez más probable, más si cabe tras la victoria de Erdogan en el referéndum que planteó para dotarse de poderes plenos. Dicha consulta ha sido impugnada por la oposición y los observadores internacionales han hablado de fraude.

Erdogan ha amenazado con romper el acuerdo con Bruselas por el que se comprometió a contener la crisis migratoria y la entrada de millones de extranjeros en Oriente Medio.

Las declaraciones del ministro se producen días después de que se publicase una encuesta que revela que el 70% de los polacos respaldan las políticas migratorias de su Ejecutivo.

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Rajoy y la porquería acumulada

Melchor Miralles Republica 20 Abril 2017

El PP ha ido sobrado de corrupción, lo que venimos llamando mierda a mansalva, a braga quitada que escribiría Umbral, y tenía que llegar, lo que ya está y lo que queda. Rato, apoyado por Rajoy para presidir Cajamadrid y montar Bankia, ha quedado desnudado como un golfo de primera que se lo llevaba incluso siendo vicepresidente junto a Rajoy del Gobierno Aznar, y cuando estaba al frente del FMI, mientras quitaba y ponía consejeros en empresas del IBEX 35. Y ahora Ignacio González, bendecido por Rajoy para suceder a Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, detenido bajo las acusaciones de integración en banda criminal, malversación de caudales públicos, administración desleal, financiación ilegal y blanqueo de dinero. Un lujo. Y Esperanza Aguirre aún de jefa del PP en el Ayuntamiento, y Rajoy callado, pero a nada de salir a la palestra para decir que “esteseñordelquemehabla” ya ha sido suspendido de militancia una vez en el calabozo, y que el colabora con la Justicia. Y es que los jueces la tienen tomada con “esteseñordelquemehabla”, siempre detienen al mismo, se están cebando, cómo son los jueces, y el pobre Rajoy con la agenda libre tras la Semana Santa, ocupado con la Champions y el Marca.

No sabemos si González ha recibido algún mensaje de Rajoy pidiéndole que sea fuerte, que le llamará mañana. Incluso desconocemos si Mariano va a ser fuerte y va a aguantar el tirón como testigo, ya veremos si a favor o en contra. Mañana declara en la Audiencia Nacional Esperanza Aguirre (sus vicepresidentes, uno en el talego y otro a punto de subirse al furgón), vaya circo. Y para el Juzgado que van Casals, al que llaman “El príncipe de las tinieblas”, y Marhuenda, los jefes de La Razón, artistas de la propaganda enmascarada de periodismo, popes de la cosa, aventajados y aprovechados, aguas sucias, de Cataluña y de Madrid, acusados de coaccionar a Cristina Cifuentes, que de esta o perece políticamente abrasada por sus colegas del PP, o sale en hombros por levantar la alfombra.

Cuando se llega al fondo de la cloaca es inevitable que salgan a flote los muertos, el dinero (blanco y negro), las comisiones, los espionajes y toda la porquería acumulada. Y cuando se ven con el agua al cuello, los cobardes cantan. Y se termina en el banquillo por menos de nada, porque la Justicia es un paquidermo que camina lento, pero a veces incluso llega al final. Y en la Justicia también hay vengadores de la cosa, personal que estuvo al servicio de la causa y, desvanecidas las expectativas, retoma la toga con entusiasmo chillón, y la lía.

El PP está en el fango. El PSOE lo estuvo, y lo está en Andalucía. Y, sabiéndolo, los españoles les han seguido votando, a millones, mejor malo conocido que bueno por conocer. Y Rajoy sabe mejor que nadie que para seguir ganando elecciones, no hay mejor camino que ir soltando lastre, cortando cabezas, dejando tirados a los que eran colegas y amigos, enterrando porquería, dejando que empaqueten a “esteseñordelquemehabla”, el único detenido para él, siempre es el mismo, y no va con él la cosa, porque Rajoy, se-fuerte-te-llamo-mañana, está por encima de todo, no se enteraba de nada, estaba a lo suyo, con la agenda vacía de citas pero repleta de retransmisiones deportivas, que le encantan, y el deporte español está que se sale, como él, de lujo, mientras el país se desangra y la corrupción rodea a todos los que le rodean a él.

Veremos si la detención de González y sus mariachis queda en nada y si arrastra lo que nos tememos. Veremos si Esperanza Aguirre termina de dimitir del todo. Veremos si los reyes del mambo del periodismo de tres pistas son también empapelados. Veremos si queda sitio en Soto y Valdemoro, o hay que habilitar macos. El Canal de Isabel II es un asunto turbio. Muy turbio. Y tiene miga. Mucha miga. Y si los jueces dan con algún trasvase con Aguas de Barcelona, o sea, Aigües de Barcelona, o Agbar, la fiesta va a ser morrocotuda, el no va más.

Síes como túmulos

José María Albert de Paco Libertad Digital 20 Abril 2017

El proceso no tiene mecenas ni se nutre de donaciones de su grey, que a lo más que alcanza es a la compra de camisetas por la Diada. Las asociaciones, entidades y medios de comunicación que lo animan, desde la ANC hasta el Ara, pasando por Òmnium, la Plataforma per la Llengua o TV3 (que en eso ha quedado, en una plataforma), se financian mediante subvenciones de la Administración, y en particular de la Generalitat, dedicada desde hace casi cuarenta años al fomento y extensión del tinglado, que en Cataluña recibe el nombre de sociedad civil. Para ilustrar el amaño recurriré una vez más a la película El escándalo de Larry Flynt. Flynt, editor de pornografía, asiste como invitado de honor al congreso de una agrupación llamada Estadounidenses por la Libertad de Prensa. En un aparte, uno de sus esbirros se congratula del trato que los lobistas les dispensan, a lo que Flynt repone: "No seas idiota, ¿quién te crees que paga todo esto?".

En su enésima maniobra de apropiación del espacio público, la ANC, cuya primera presidenta, recordemos, fue Carme Forcadell, instaló en las calles de algunas localidades catalanes una especie de mamotretos por el sí. Los primeros divulgadores de la iniciativa fueron Puigdemont y el actual presidente de la ANC, Jordi Sánchez, que trataron de envolverla en un halo de misterio, a semejanza de esas campañas que velan el nombre del anunciante. Que lo lograran da una idea de hasta qué punto la prensa empieza a ser el brazo tonto del poder.

Obviamente, no me refiero a los medios afines, cuyo único sentido es precisamente ése, el de servir de reflejo nervioso a la consigna de turno, sino a periódicos donde supuestamente todavía sigue en pie alguna aduana. Tal es el caso de El País: "Unos círculos blancos que muestran un sí gigante se han instalado en diferentes municipios catalanes, en una campaña a favor de la independencia en un referéndum". Y a continuación, sin sombra alguna de ironía: "Incluso el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha compartido una de estas imágenes, instalada en la Rambla de Girona, en su cuenta de Twitter". (Una de estas imágenes instalada, sí, eso dice).

Esta clase de propaganda, por su naturaleza delictiva, de atentado contra la democracia, ni siquiera debería aparecer como anuncio retribuido. Que aparezca como noticia, ¡y conforme al estilo del propagandista!, explica en parte por qué la prensa va camino del sumidero.

La toponimia, ese objeto de deseo de los nacionalistas
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 20 Abril 2017

La toponimia es el reflejo, hecho nombre, de la historia de nuestros pueblos, de las ciudades, de los enclaves. Todos los nombres de localidades, ríos, montañas o lugares tienen una razón de ser, algún motivo que está relacionado con la vida de los humanos que nos antecedieron y dieron personalidad a los sitios que habitaron. Es el legado cultural que nos dejaron, la prueba palpable de la historia que protagonizaron nuestros ancestros.

Los nacionalistas tienen la costumbre de borrar las huellas de la historia, para hacer un relato de nuestro pasado adaptado a los mitos y mentiras con las que construyen un imaginario colectivo que favorezca un constructo cognitivo afín al mensaje exclusivista que fundamenta su ideario.

En este artículo voy a recoger algunos ejemplos que ilustran esta manipulación adoctrinadora para construir una ideología separatista que han llamado “hechos diferenciales”, pero que de diferentes no tienen nada, salvo las falacias con las que han dado cuerpo a esa idea de que no solamente la comunidad pretendidamente nacional es singular sino que es mejor que el resto, al que se le tilda de colonizador y represor de la emancipación.

Como afirma el profesor medievalista José Ángel García de Cortázar, en torno al año 1200 las diferentes realidades existentes en el territorio de lo que hoy es el País Vasco, se traducían en tres entidades poblacionales: los valles con sus monasterios o iglesias, las aldeas y las villas. En ese siglo, las seis villas creadas por concesión real eran Salinas de Añana, Vitoria, La Puebla de Arganzón y Treviño, San Sebastián y Guetaria. Y había otra, Valmaseda, creada por señorío territorial.

A medida que iba pasando el tiempo a la sombra de los reinos castellanos, y con el objetivo de afianzar el poder real sobre los territorios y la persecución a los malhechores, como reza el lema del escudo de Alava, se crearon nuevas villas de fundación real, con cartas pueblas, coincidiendo con la franja costera, como Fuenterrabía, Zarauz, Motrico o Bermeo o bien con las vías de comunicación por el interior, como Mondragón, Tolosa, Segura, Salvatierra u Orduña.

La red de pueblas villanas sustituyó el eje trasversal de comunicación que era el Camino de Santiago por otro en sentido norte-sur, con un significado comercial uniendo el interior de Castilla con la costa, así como vertebrando territorialmente un espacio recuperado por la reconquista cristiana. En el siglo XIV nos encontramos de esta manera con una serie de localidades con los topónimos comenzados por la denominación Villafranca de …, Villanueva de…, Villarreal de…, La Guardia, La Puebla, etc. Las villas actuaron de esta manera como verdaderos señoríos colectivos que vertebraron el territorio y configuraron una realidad organizativa y normativa que dio lugar a la provincia, al territorio foral. La configuración de esos espacios políticos: Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, con sus denominaciones correspondientes, fue paralela a la creación de las villas y a la configuración de las actividades económicas derivadas de las ferrerías, el comercio naval de la lana castellana y la ordenación de dichos espacios, hasta entonces en manos de los señores que dominaban el ámbito rural y los valles.

Ese proceso de integración caracterizó el paso de la Alta a la Baja Edad Media, y más tarde a la Edad Moderna.

Nada de lo que tenemos hoy se puede explicar sin partir de este hecho.

La mayor parte de los topónimos, por tanto, tiene su fundamento en este proceso histórico de conformación de los territorios, y son igualmente legatarios de la civilización romana que, en el caso vascongado, le precedió, con el peso del latín en la configuración de esa toponimia.

El empeño del mundo nacionalista de erradicar del imaginario colectivo todo ese peso de nuestra carga histórica que explica hoy nuestra idiosincrasia institucional y cultural; nuestras costumbres y fueros; no tiene otra explicación que intentar conectarnos con el mundo de Túbal para hacer ver que somos diferentes de los demás y que nada tenemos que ver con Castilla. Pero la realidad es tozuda.

Existe tácitamente un consenso en respetar la grafía de los topónimos según sea su origen paleográfico e histórico, cosa que no se está cumpliendo.

Pero también debería respetarse la denominación de nuestras ciudades y pueblos tal como se nos ha transmitido. No es respetuoso con las generaciones pasadas, que nos han legado el nombre del lugar donde vivimos, el cambiar caprichosamente esos topónimos en función del interés político de turno. Sucede con el nombre de las provincias vascas, pero también con el de nuestras capitales. Vitoria data de la fundación por Leovigildo de la ciudad, con el nombre de Victoriaco, evolucionado su nombre a Vitoria por razones fonológicas. Gasteiz fue una aldea anterior, irrelevante por razones de la historia, y cuyo rescate solamente tiene el objeto de quitar valor al peso histórico de una denominación que ha ido trasladándose primero a manos del Sancho VI de Navarra que la refundó como villa que luego pasó al rey castellano Alfonso VIII. En el caso de Bilbao fue fundada por Diego López de Haro con ese nombre con la anuencia de Fernando IV de Castilla, y no con el de Bilbo; y en el caso de San Sebastián por Sancho el Sabio de Navarra en 1180. Por tanto ese debería ser su nombre y no Donostia, que ha sido un intento de vasquizar el topónimo.

Pero lo que más relieve tiene a mi entender en esta descripción de los disparates cometidos es la erradicación de los topónimos que comenzaban por Villafranca de…, ejemplo de la actual Orditzia, omitiendo que fue una fundación por carta puebla de origen real, o la de Villarreal de Alava, actual Legutiano, cuyo nombre ha sido retomado de la aldea existente antes de la fundación de la villa de realengo en el siglo XIV; con una finalidad obvia de eliminar cualquier atisbo de castellanización del enclave. O el caso de Salvatierra, a la que concedió fuero Alfonso X en 1256 y que se ha querido confundir con una aldea anterior irrelevante desde el plano histórico. O el de Fuenterrabía llamada así desde el siglo X y fundada como villa por Sancho el Sabio, bajo el influjo real de los reinos navarros y después castellanos. El nombre de Hondarribia fue impuesto por decisión municipal en los años de la actual democracia por un acto gratuito e infundado desde el plano histórico, simplemente para quitar cualquier atisbo histórico relacionado con los reinos de Castilla.

Podríamos seguir mencionando ejemplos, pero sería demasiado extenso.

En Alava tenemos casos realmente inexplicables de sustitución toponímica caprichosa y absurda. Podemos referirnos a Laguardia, cuyo topónimo ha sido sustituido por Biastegi, que era el nombre que figuraba en el lugar antes de la concesión de la carta de villazgo en 1164. Cambio de nombre sin precedentes en la documentación histórica solamente con el avieso interés de eludir la dependencia de dicha localidad del reino navarro, inicialmente, y castellano después. Es el mismo caso que los anteriores.

Saturnino Ruiz de Loizaga, autoridad en el campo de la epigrafía histórica, en la antropología y en la historia de la lengua castellana, con multitud de publicaciones, denuncia el cambio del nombre de localidades del oeste alavés, de la antigua Autrigonia, cauce de repoblación, y cuyo origen escrito del castellano descubrió en Valpuesta. Dice que los dos elementos toponímicos que dan nombre a la localidad de Salinas de Añana figuran en un documento de 931 “Salinas, quod vocant Aniana” y cita a Caro Baroja en su Historia General que corrobora el origen antiquísimo del enclave. En todo caso, la localidad tuvo una importancia capital en la Edad Media, por no citar al periodo de la romanización, sirviendo al Monasterio de San Millán de la Cogolla. Pues bien, esta denominación ha sido sustituida por Gesaltza, con la única finalidad de vasconizar el término. (Guesaltza significa en vascuence sal)

De la misma manera nos cita a Cárcamo, llamado ahora Karkamu, cuando Menéndez Pidal recogía este topónimo relacionándolo con el radical “carc-“ que dice que es un antropónimo que se refiere al hueco en el que juega el rodezno de los molinos, de origen latino, pueblo antiquísimo del siglo X. O a Fontecha, llamado en la actualidad Fontetxa, cuyo origen latino es inconfundible (“fonte tecta”, fuente cubierta) o Valdegovía, llamado Gaubela en esta irritante campaña de modificación de los nombre de siempre para euskaldunizarlos. Valdegovía “Valde” proviene dela palabra latina “ vallis” y “gobía” probablemente viene de “cova”, es decir, valle de cuevas según nos sugiere Ruiz de Loizaga. Lo que no sabemos es de donde se sacan el término Gaubela, sin existencia en ningún tipo de fuentes históricas, paleográficas ni epigráficas. Pero lo más sintomático es que han quitado de un plumazo el término Villanueva muy frecuente en los topónimos de fundación altomedieval, cuya traducción es obvia. Que se traduce en ese empeño de quitar todo lo que tenga relación con el medievo, remontándose a orígenes inescrutables.

Hay otras muestras sin cuento que no procede, por no extenderme, citar, pero no quiero omitir el caso de Cuartango, que es una localidad alavesa cuya procedencia Caro Baroja lo relaciona con Quartanikum que era un campamento militar romano en la guerra contra los cántabros. No hace demasiado tiempo que se encontraron restos que testifican la existencia de esa batalla. La vasquización del término es un auténtico disparate. De la misma manera que lo es en el caso del pueblo de Albéniz, que tiene dos componentes “alba” y el sufijo “iz” que significa “procedente de Alba”, poblado romano situado a un par de kilómetros del pueblo donde yo nací. El uso de sillares con inscripciones romanas en las paredes de la iglesia de mi pueblo es prueba suficiente de la existencia de ese enclave romano. Recuerdo que mi abuelo al arar la tierra en una finca situada cerca del cementerio, recogía sigillatas romanas, que obviamente no sabía identificar. Pues bien, se sigue afirmando la falsedad de que el topónimo es de origen eusquérico, y se le denomina Albeiz.

Y así hasta el infinito. Con la complacencia y la pasividad de las autoridades en la materia.

 


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