AGLI Recortes de Prensa   Domingo 23 Abril 2017

La corrupción pone en peligro la estabilidad de la democracia
EDITORIAL El Mundo 23 Abril 2017

El auto de prisión contra el ex presidente madrileño Ignacio González, al que ha tenido acceso EL MUNDO, dibuja la más desoladora situación que haya podido leerse sobre nuestro país en los últimos años. Según detalla el juez Velasco en su texto, no estamos ante una práctica corrupta fruto de unos cuantos políticos y empresarios desleales que pusieron la administración pública a su particular disposición, sino ante una "organización criminal" que ha horadado las estructuras de nuestro sistema y amenaza con hacerlo caer.

La red creada por González, integrada por algunos de sus familiares, testaferros y unos cuantos directivos del Canal de Isabel II, tenía el propósito de desfalcar las arcas de la Comunidad de Madrid para enriquecerse personalmente y financiar de forma ilegal al PP. Para ello, el que fuera número uno de los populares madrileños no dudó en poner al servicio de esa actividad criminal con ramificaciones en Latinoamérica al Canal de Isabel II, la empresa de gestión del agua de titularidad pública, y diversas instituciones y organismos como la Agencia de Informática y Comunicaciones de la CAM. Sólo en una de sus operaciones, la compra de la brasileña Emissao, se provocó una "lesión al patrimonio público madrileño de 25 millones de dólares aproximadamente", según puede leerse en el auto. En éste se describen minuciosamente otras actuaciones delictivas que pasan por el "desvío de fondos a su círculo familiar más cercano", el cobro de comisiones ilegales, el blanqueo de capitales y misteriosas operaciones en cuentas off shore a través de sociedades opacas y testaferros. La lista de delitos que se le imputan a Ignacio González y al resto de detenidos es abrumadora e incluyen la malversación, el cohecho, el blanqueo, la falsificación documental o la prevaricación. Aunque en el auto no queda demostrado que González fuese el destinatario de comisiones a cambio de concesiones de obras públicas, queda acreditada la creación de una trama destinada al saqueo.

La situación es realmente alarmante, porque la corrupción no sólo mina la eficacia de la gestión pública, sino que contribuye al descrédito del partido que sustenta al Gobierno y por extensión de toda la clase política. La Operación Lezo ha puesto de manifiesto que el combate de la corrupción no puede pasar sólo por una legislación severa, que sin duda es necesaria, sino por la toma de conciencia de los dirigentes políticos de que estamos ante un problema medular para garantizar la estabilidad política. Es necesaria una autocrítica, no sólo del PP sino también del PSOE, que tiene abiertas varias causas por corrupción, que conduzca a una profunda y sincera regeneración ética y política que frene la pérdida de credibilidad en el sistema. No hay que olvidar que el auge de los populismos se debe en parte a que la ciudadanía, afectada duramente estos años por la crisis económica, está cansada de ver cómo parte de sus impuestos acaban en manos de políticos y empresarios sin escrúpulos ante la pasividad de la dirección de los partidos. Si además, como ha ocurrido en este caso, trascienden las maniobras del fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, para bloquear y limitar el alcance de las investigaciones, los efectos son devastadores para la confianza en nuestra democracia. La actuación de Moix, que contrasta con la de sus subordinados que han participado en el proceso, demuestra también la urgencia de acometer una reforma a fondo que desvincule definitivamente al poder judicial del poder político.

O los partidos políticos se toman en serio el combate contra la corrupción, o será la corrupción la que termine por destruir el andamiaje político construido con el esfuerzo de los españoles desde la Transición. Y el primero que debe tomar medidas es el PP, ya que sus responsabilidades de Gobierno le obligan a dar argumentos convincentes al resto de los partidos de la Cámara con los que está obligado a consensuar cuestiones tan trascendentales como la próxima aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. El PP no puede seguir ignorando la corrupción y debe hacer frente al enorme problema que supone, reconociendo sus errores del pasado y tomando medidas eficaces para evitar que vuelvan a reproducirse situaciones similares. Gobernar con la constante sospecha de la corrupción es condenar a España a vivir en una permanente inestabilidad política y social, que sólo se superará cuando se impongan la ejemplaridad ética y los ciudadanos puedan volver a confiar en sus representantes.

La vida pública debe someterse a una catarsis profunda y sincera
EDITORIAL El Mundo 23 Abril 2017

La detención del ex presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González y el registro policial de la sede de multinacionales españolas -como OHL e Indra- o de la consultora PwC han generado en la sociedad española un comprensible estado de zozobra del que va a ser difícil recuperarse. Es natural que la ciudadanía se inquiete ante presuntos hechos de extrema gravedad como los que ha destapado la Operación Lezo en Madrid. Y es seguro que el populismo aprovechará ese desánimo para alimentar su discurso y tratar de desacreditar el sistema democrático que ha permitido a España disfrutar de una prosperidad desconocida en las últimas tres décadas. Sin embargo, no debemos caer en el derrotismo ante lo sucedido. El hecho de que estos titulares estén copando las portadas de la prensa esta semana es la mejor prueba de que la Policía y la Justicia actúan en España. Es la demostración de que si bien una parte del sistema está contaminada, todavía quedan resortes para limpiarlo.

Estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso que vuelve a golpear la credibilidad del PP, que no puede zafarse del lastre de la corrupción. El partido en el Gobierno sigue sin hacer el ejercicio de autocrítica necesario para iniciar una catarsis seria que permita a los españoles volver a confiar en sus siglas. La corrupción no es cosa de unas cuantas manzanas podridas en el PP como se sigue intentando argumentar desde el partido. Ni tampoco es sólo cuestión de esta formación política como intentan hacer ver algunos. La financiación ilegal de la antigua CiU, los probados amaños de Unió Mallorquina o el caso de losERE de la Junta de Andalucía son sólo algunos de los escándalos que se unen a los provocados por las tramas corruptas que operaban en el PP en la Comunidad Valenciana, Baleares Murcia o Madrid.

La política española tiene que someterse a un proceso de regeneración profundo y sincero. La retórica no es suficiente para renovar el sistema y blindarlo ante futuros abusos. La clase política debe demostrar a la ciudadanía que está decidida a combatir la corrupción desde dentro con la adopción de nuevas normas de fiscalización externas e internas que impidan que casos como Gürtel, Pretoria, Púnica o Lezo vuelvan a repetirse en España. Sólo así nuestra democracia parlamentaria recuperará la autoridad moral que nunca debió perder.

No obstante, esa catarsis debe hacerse sin deslegitimar nuestro modelo institucional. Pese a la conmoción que provoca comprobar hasta dónde llegaba la perversión en redes como la tejida por González en torno al Canal de Isabel II para el cobro de comisiones, el hecho de que ex presidente madrileño esté detenido o de que líderes políticos muy relevantes estén siendo llamados a declarar como testigos nos permite constatar que el Estado español funciona.

Es cierto que sería deseable acortar los plazos de las investigaciones para agilizar tanto la condena de los delincuentes como la presión mediática sobre los imputados. Pero, los jueces españoles y las fuerzas policiales están demostrando que quien la hace, la paga.

En este punto, se hace necesario puntualizar que hay algunos elementos inquietantes alrededor de la Operación Lezo que deben ser aclarados. El más preocupante es que el fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, intentó limitar el alcance de la investigación en torno a González. Las sospechas sobre la actuación del nuevo fiscal demuestran que hacer efectiva la separación de poderes es otra de las tareas inaplazables de la democracia española.

Tampoco contribuyen al sosiego las dudas por la actuación de algún medio de comunicación para tratar de frenar la colaboración con la Justicia de la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, en este escabroso caso. Ni tampoco el papel protagonista de grandes empresas españolas -con fines poco lícitos, como está quedando demostrado- en las esferas del poder político.

En el complejo contexto europeo en el que vivimos, la regeneración de la vida pública es, sin duda, el mayor reto al que se enfrenta la clase política en esta legislatura. No sólo porque es imprescindible para devolver la autoestima a la sociedad española, también porque es necesaria para frenar el populismo que quiere deslegitimar el sistema para hacerse con el poder aprovechando ese descrédito.

De la Transición a la descomposición

Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 23 Abril 2017

Hemos oído en los últimos años cada vez que afloraba un nuevo escándalo protagonizado por políticos la piadosa reflexión de que en todo cesto de manzanas siempre puede haber unas pocas podridas, pero que el conjunto se mantiene sano. Son un pequeño número de casos entre decenas de miles de honrados responsables públicos que ejercen con limpieza y ejemplar dedicación su cometido, se ha repetido una y otra vez para calmar la ira creciente de una ciudadanía harta de pagar el sueldo a caraduras y sinvergüenzas. La democracia española funciona, la justicia acaba alcanzando a todos, nuestro nivel de venalidad entre las capas gobernantes no es peor que el de otros países de nuestro entorno, desaprensivos los hay en todas partes, España no es una excepción, estos y otros mantras consoladores han intentado cubrir con una capa sedante de crema analgésica el dolor creciente de las articulaciones de un sistema que se desmorona.

Sin embargo, la proliferación de latrocinios descarados ha alcanzado ya tal magnitud que semejantes excusas han dejado de ser eficaces. La sucesión atropellada de titulares lacerantes, el relampagueo incesante de imágenes televisivas de furgones, detenciones y registros, la caída de tantos y tantos poderosos que purgan entre lágrimas su falta de escrúpulos o la de aquellos a los que nombraron para administrar el dinero del sufrido contribuyente, han puesto ante los ojos atónitos de la sociedad española una verdad tan incuestionable como dolorosa: la corrupción del entramado institucional, administrativo y territorial alumbrado hace cuatro décadas tras la muerte del General no es ocasional y episódica, es sistémica, generalizada y estructural. Y cuando un problema es de naturaleza profunda, cuando no radica en defectos localizados y fácilmente subsanables de la maquinaria del Estado, sino que se encuentra enquistado en sus mismos fundamentos, las soluciones no pueden ser puramente ambulatorias, han de corregirse en el quirófano, con toda la anestesia necesaria para que el sufrimiento sea soportable, pero con el bísturí en la mano.

El agotamiento del llamado régimen del 78 ha tenido hasta el momento claras manifestaciones y los temblores de tierra anunciadores del cataclismo definitivo se vienen sucediendo con inquietante regularidad. La irrupción en el Parlamento de nuevos partidos que han liquidado el duopolio implacablemente ejercido por el PP y el PSOE, la ocupación del infamante banquillo de los acusados por figuras tenidas siempre por intocables, el alarmante tamaño de una extrema izquierda liberticida y violenta inexistente hasta hoy, la agresividad del separatismo catalán, lanzado enloquecidamente a la destrucción de la Nación más antigua de Europa, la llamativa mediocridad a la que ha llegado una parte sustancial de la clase política y la incapacidad del Gobierno para contener un déficit presupuestario crónico y galopante que nos ha sumido en un endeudamiento insoportable, configuran un cuadro definidor de un fin de época. Los españoles vivimos una etapa histórica ciñéndonos al pasado reciente similar a la que marcó en Francia el paso de la Cuarta a la Quinta República y en Italia el de la Primera a la Segunda, o sea un tiempo en el que la descomposición y la impotencia de los mecanismos políticos e institucionales existentes es tan evidente que no queda otro camino que la reforma completa para evitar el derrumbamiento traumático.

Y no es que no sepamos cuál es el alcance y la causa de nuestros males. Los fallos del edificio levantado durante la Transición y de su posterior desarrollo están perfectamente diagnosticados y la literatura que los describe y que propone los remedios oportunos ocupa a estas alturas varias y largas estanterías. Si los jefes de los dos grandes partidos leyesen de vez en cuando algo que no fuesen resúmenes de prensa, informes de coyuntura, encuestas de intención de voto o best-sellers de entretenimiento, los conocerían y a lo mejor se decidirían a aplicarlos. La dificultad para que el sistema se repare a sí mismo radica en que tal operación de saneamiento es frontalmente contraria a los intereses de los que deberían impulsarla por lo que, prisioneros de la red que ellos mismos han tejido, están condenados a asistir pasivamente al incendio terminal, aunque sosteniendo en la mano en lugar de la lira neroniana el ejemplar del día del líder de la prensa deportiva. Ni siquiera nos queda el consuelo de pensar como Lord Acton que todos los grandes hombres son malas personas. Aquí lo que tenemos es simplemente un tropel decepcionante de iletrados choricillos de tercera.

Como la mafia
Melchor Miralles Republica 23 Abril 2017

La semana ha sido demoledora. El estallido del enésimo caso de corrupción del PP ha sido una bomba para el partido de Rajoy y para la confianza de los ciudadanos en el sistema. Releído todo lo que ha salido, me ha venido a la cabeza aquel interrogatorio que un juez colega del ilustre Falcone le hizo en 1980 al capo Frank Coppola, recién arrestado. Como para romper el hielo, como si fueran las generales de la ley, le preguntó: señor Coppola, ¿qué es la mafia? Y la respuesta del mafioso fue inmediata: “Señor juez, tres magistrados pueden ser designados hoy fiscal general del Estado. Uno es inteligentísimo, el segundo goza del apoyo del Gobierno y el tercero es un cretino, pero será él quien acceda al puesto. Eso es la mafia”.

El auto de prisión contra Ignacio González es el acta definitiva para consolidar unos hechos que en lo esencial eran conocidos, y que vienen a ser el corolario de tantos otros casos de corrupción que afectan al PP. La trama corrupta, con tintes mafiosos, servía para el enriquecimiento de sus miembros y para financiar ilegalmente al PP de Madrid, circunscripción por la que se presenta Rajoy a las elecciones que le han llevado a la presidencia del Gobierno.

Rajoy ha dispuesto de múltiples oportunidades para acabar con estas prácticas delictivas en el seno de su partido. En vez de actuar con un bisturí implacable, optó, como siempre, por dejar pasar el tiempo, esperar a que escampara, seguir dejando hacer a los golferas y, al final, por más que lo intente, el asunto le salpica de lleno, por los cuatro costados, a él y a la marca PP. No son casos aislados. No es que sea cosa del pasado. El PP, y por lo tanto Rajoy, debieron actuar antes, con contundencia, limpiar el partido, y no lo hicieron conscientemente. Rajoy debe a los españoles una explicación, ha de rendir cuentas políticas (las judiciales las piden los tribunales) y asumir su responsabilidad. Como debe explicaciones Aznar, que está calladito. Y Esperanza Aguirre, que cuando seque sus lágrimas debe dimitir, y está tardando. Son el PP de Valencia, de Murcia, de Madrid, de Baleares. Los cinco últimos tesoreros del partido están empapelados. Es el partido en sí mismo. Ya no valen las caras largas, los rostros de yo no fui, las explicaciones vacuas con la mirada perdida y la cabeza gacha insistiendo en que son cosas del pasado. Son el presente continuo. Y como muestra, varios botones. El secretario de Estado de Interior se reunió el 8 de marzo, pocas semanas antes de la operación Lezo, con uno de los encarcelados, Pablo González, hermano del jefe de la banda. Y dicen que fue un contacto de cortesía; para partirse la caja. Y que el fiscal anticorrupción maniobrara para tratar de evitar los registros y detenciones. Y que una jueza amiga de los amigos advirtiera a los implicados que iban a por ellos. Y lo que aún no ha salido, pero saldrá. El PP es una organización podrida, en proceso de descomposición, pero la gente decente que trabaja en el partido, como le debe todo el jefe, aguanta, y la riada puede llevárselos a todos por delante. Y no es solo el PP. Ya hemos visto Cataluña, y el PSOE en Andalucía.

Todo esto de ahora en el PP viene de los años de la riqueza y el despelote. De la época de Aznar (¿recuerdan la boda con más imputados jamás conocida?), de los años en los que el dinero corría alegre y ellos, con mando en plaza, elegantes, los amos del mundo, displicentes, chuletas, unos auténticos gañanes envueltos en trajes caros y haciéndose pasar por respetables, con el apoyo entusiasta de los capos de las grandes empresas de España, incluidos los medios de comunicación más poderosos, nombraban altos cargos, consejeros de compañías de fuste, delegados, banqueros, y entre tanto se repartían el botín. Y al final la mierda estalla, porque además de golfos son malos, dejan tirados a algunos sicarios y revienta la olla.

Y la corrupción es generalizada, pero no porque haya muchos políticos implicados, sino porque existe un escenario político concebido para hacerla posible, en el que el Poder Ejecutivo lo copa todo, somete al Judicial y convierte en inútil al Legislativo. Y los partidos son maquinarias de poder, controladas por unos pocos, en los que la democracia es una risa, y se apropian de lo público, y pervierten un sistema que funcionaría si los políticos no fueran a lo suyo, si los partidos respetaran la Constitución y actuaran con honradez, pensando en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones… y en sus cuentas corrientes.

La novedad de la Operación Lezo ha sido que ha puesto sobre el tapete el papel que han jugado en la trama algunos popes de uno de los principales grupos de comunicación de España, con Mauricio Casals al frente. Este príncipe de las tinieblas, que tenía como consejero delegado de La Razón a un alto ejecutivo del Canal, que maneja los hilos de Aguas de Cataluña y algunos de Aguas de Valencia, que tiene hilo directo con Presidencia del Gobierno, aunque ahora se pongan de perfil, trató de evitar la caída de los corruptos poniendo a su servicio sus medios, su capacidad de chantaje e intimidación, su influencia y sus contactos. Siente uno vergüenza al escuchar las conversaciones. “Dar de leches a Cristina Cifuentes con noticias inventadas”, “pones al juez a escarbar cebollinos y ya está”, “el fiscal Moix es un tío serio y bueno”, “el fiscal general sabe lo que tiene que hacer”, las “zorras” y “putas” de Cristina Cifuentes y su jefa de prensa, “Si es necesario hablo con Rafa” (por Catalá, el ministro de Justicia), “su cabeza depende de esto” (la de Marhuenda, director de la Razón). Casals, ese hombre, que igual hace de intermediario entre Presidencia y Bárcenas cuando los SMS y las manipulaciones de informes policiales, que se la mama al Gobierno en una tele, que crea a un monstruo podemita en la otra de acuerdo con el Gobierno, que zumba según el día con el periódico en pérdidas. Ya lo dije en una tertulia en Cuatro el día que cayeron Pineda, el presidente de Ausbank, y sus mariachis. A ver si pronto le meten mano a los medios que actúan del mismo modo. Todo el mundo sabe quiénes son. A ver si los jueces se enteran. O ya saldrá alguien despechado para contarlo.

Lo interesante del caso, que me retrotrae al interrogatorio a Coppola, es que una vez interrogados como imputados Casals y Marhuenda y escuchadas las conversaciones, Cristina Cifuentes, que había colaborado en la búsqueda de la verdad en cumplimiento de su obligación, diera un paso atrás y no ratificara ante el juez lo que afirma off the record. Eso significa que quienes la coaccionaron, a ella y a su jefa de prensa, se irán probablemente de rositas. Ya sabremos si lo ha hecho siguiendo órdenes de Presidencia o por miedo a los que le coaccionaban y sus acólitos. En cualquier caso creo que se ha equivocado. Pero esta es la prueba de que esto es como la mafia. Si tres magistrados pueden llegar a fiscal general del Estado, uno brillante, otro apoyado por el Gobierno y un cretino, aquí normalmente llega el que cuenta con el respaldo gubernamental, pero a veces sucede que el cretino también lo tiene. Y el que vale, ya se sabe, a escardar cebollinos.

El anti patriota revanchista.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 23 Abril 2017

Que Pedro Sánchez es un mal bicho creo que nadie puede dudarlo a estas alturas. Desde que fue pillado in fraganti traición a sus propios camaradas en el pasado octubre y forzado a dimitir, no ha cesado en su plan de venganza y revancha personal para recuperar el poder perdido. Su estrategia es simple y efectiva con aquella parte de la militancia radicalizada al establecer una dualidad ficticia entre un PSOE que quiere mantener su propia identidad al que acusa de colaborador con la derecha, el PP, y el que pretende que sea Pedro Sánchez, un PSOE radical alineado en la izquierda más involucionista que es la que representa PODEMOS y su líder Pablo Iglesias. Todo su esfuerzo es presentarse como la única izquierda creíble capaz de desbancar al PP del poder, aunque para ello deba asumir postulados contrarios a lo que el PSOE ha sido desde la transición en España. Su apoyo a las tesis nacionalistas reconociendo algo que la Constitución de España no contempla ya es una muestra de su radicalización extrema y de sus verdaderas intenciones.

Porque por mucho que se desgañite en decirlo, Cataluña no es ni será nunca reconocida como nación independiente y en plan de igualdad con lo que es España. Y aquí no valen matizaciones ni zarandajas. Porque una cosa es haber establecido un sistema administrativo descentralizado, que algunos han mal interpretado como entes de autonomía completa, y otra cosa es admitir que eso es reconocer de hecho el que España es una Nación de naciones. Simplemente eso es una falsedad, una mentira inaceptable que debe ser rebatida y calificada. Y no se trata de excusar el que esto se dijo en un escenario concreto, frente a un público proclive a las tesis independentistas por mucho que lo nieguen, como es el PSC la federación díscola del PSOE en Cataluña. Porque, mientras los españoles no lo decidan vía referéndum, España ni es una República, ni tampoco del tipo Federal, ni existe más nación que España.

Y si eso no le gusta a Pedro Sánchez, pues su única alternativa es convencer a los españoles de que su propuesta es la más conveniente a los intereses de España. Claro que para eso, lo primero que tendrá que hacer es convencer a sus propios compañeros del PSOE y recobrar el cargo de Secretario General, ser nombrado candidato en las elecciones generales y obtener la Presidencia del Gobierno de España y lograr una mayoría en Congreso y Senado para forzar el cambio de la Constitución. Un camino que, aunque no imposible, se me antoja difícil para alguien que ya se declara partidario de la descomposición de España. Porque deberá explicar si una vez reconocidas esas “naciones”, ¿qué les impediría declararse independientes?

No creo que los españoles seamos tan ingenuos de creer que la unión no hace la fuerza y que separados estaríamos mucho mejor con cada nación luchando por sus propios intereses que claramente chocarían en competencia con el resto. Una mentira que quiere ocultar el que temas de solidaridad como los servicios sociales de Sanidad, educación y protección social, serían lo mismo en regiones, perdón, “naciones”, que parten de situaciones muy dispares en cuanto a renta per cápita, servicios, paro, población, etc. Basta echar un vistazo a los datos económicos como para darse cuenta del abismo que aún hoy existe entre la zona norte y el deprimido sur. Algo que se cumple igualmente a nivel supranacional en la actual UE.

Lo que pretende Pedro Sánchez y su apuesta nacionalista secesionista no es ni más ni menos que certificar y consolidar la disparidad y la insolidaridad al dar por buena la existencia y reconocimiento de unas inventadas “naciones” que no son otra cosa que diversidad cultural en razón de costumbres y lenguas ya reconocidas en la Constitución como singularidades, incluso a alguna de ellas como El País Vasco y Navarra con antidemocráticas prebendas sobre el resto de autonomías de España. Y por mucho que se repita esa mentira, no son “naciones” ni como tales están reconocidas internacionalmente.

Aquellos que siguen propalando y fomentando esa mentira, como hace Pedro Sánchez y otros de su calaña, sobrepasa lo que es libertad de expresión para convertirse en un comportamiento anti patriótico que traiciona a España y a los españoles que creemos en esta nación, la más antigua de Europa. Ya saben aquellos del PSOE que le voten que, al hacerlo, están apostando por la desmembración de España y la supeditación de lo que quede a la voluntad de un partido de ultra izquierda como es PODEMOS y de un líder despótico, vengativo y con tics dictatoriales como es Pablo Iglesias.

¡Que pasen un buen día!

El funeral del PP liberal y el triunfo de la Checa del 11M (parte I)
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 23 Abril 2017

Lo peor no es que personas que creíamos honradas no lo sean, o que, hartas de una política sin horizonte, se pasaran a la política como negocio. Eso es malo pero, por la torcida condición humana, resulta inevitable. Nos dejan en ridículo, pero no debería sorprendernos. Lo que ha convertido la penúltima fechoría de Soraya para proteger a Rajoy en una carnicería de la que, si hubiera justicia, sería víctima su propio tinglado mediático, cadalso de políticos del PP y peana del terror podemita, es que no hay justicia y que lo ajusticiado es el último referente político del liberalismo en España, el otrora poderoso PP de Madrid a cuyo funeral hemos asistido esta semana.

Porque no nos engañemos: lo que une a Ferreras y Soraya, Pablenín y Montoro, Iceta y Susana, el Carnicero de Mondragón y Cocomocho, a la banda impune de los Pujol y al impune ejército de los ERE, es el odio a una idea liberal de España o a una idea de España basada en la libertad. Y eso que durante casi veinte años ha representado el PP de Aguirre –e Ignacio González- es lo que ha muerto por mucho tiempo ante la opinión pública.

Adiós a un gran modelo político
Y con el desprestigio abrumador de buena parte de los dirigentes del PP de Madrid, lo desprestigiado, para alegría de comunistas, socialistas y rajoyistas, es la mejor gestión del dinero público en cualquier autonomía, la visión más libre y próspera de la sociedad, la libertad de elección de escuela y hospital, la calidad de la enseñanza, las escuelas bilingües, el metro y demás infraestructuras concebidas como inversiones básicas para que la iniciativa privada, único motor del desarrollo, cree empleo e innove, y sobre todo, el ejemplo de libertad y prosperidad que a toda España daba la Comunidad madrileña, mientras las pirañas autonómicas devoraban, servidas por el carnicero fiscal Montoro, los higadillos de Madrid.

Con Esperanza Aguirre, la Checa del 11M, el mismo García Ferreras que inventó los terroristas suicidas del 11M, ayer al servicio de Cebrián, hoy de Casals y Soraya, siempre de la tiranía, ha linchado esta semana y va a seguir linchando las que vienen, al PP de Aznar, culminando el proceso que empezó en el Congreso de Bulgaria, capital Valencia, de 2008, cuando Rajoy decidió sacrificar el partido a su supervivencia personal y política. Y el PP, con Camps y Rita Barberá, que en paz descansa una y sin paz el otro, y Arenas como muñidor, lo aceptó.

Aznar y Aguirre pudieron dar entonces la batalla, y luchar por una parte, aunque fuera minoritaria del PP identificada con una idea liberal de España. No lo hicieron, y tras ver cómo caían, aplaudidos por los artífices del 13M y de la Ley de venganza Histórica, María San Gil, Ortega Lara y lo mejor del PP vasco y español, que siempre tuvo en el Madrid de Aguirre su refugio de españoles maltratados, han acabado siendo víctimas de su respeto a las siglas o a esos argumentos personales que cada uno guardará en su almario y por los que nadie se interesará durante los próximos años.

Porque no estamos ante una caída, una enfermedad grave, un cáncer que se puede tratar y curar sino ante el entierro de la criatura política en la que algunos, no muchos, hemos confiado durante dos décadas. Y que deja la escena política sumida en el oprobio y arrastrando, simbólicamente, a los pocos medios que durante estos años hemos defendido lo que seguiremos defendiendo, faltaría más, pero sin nadie que nos represente y sin la menor confianza en que alguien ocupe ese hueco, fosa o abismo, del PP liberal.

Por supuesto, seguiremos diciendo -mientras nos dejen, y aunque no nos dejen- que el impuesto de sucesiones es un crimen de leso pueblo, que la política de Rajoy en Venezuela, arrendada a Zapatero, es un crimen de lesa dignidad, que la política de apaciguamiento con el separatismo catalán es un crimen de lesa patria, que la politización de la Justicia es un crimen de leso Derecho y que la inquisición mediática de las telesorayas es un crimen de lesa libertad. Pero seremos pocos y seremos infamados por la gran triunfadora de esta semana: la checa del 11M, que hoy no es la SER sino el Sextabús conducida con tres capas de calzoncillos por el mismo chófer, cabeza del grupo creado por Soraya y Rajoy (Atresmedia/La Sexta) y cerebro del proyecto de Podemos para liquidar España y nuestra libertad. Por cierto, que según Javier Ayuso el chófer Ferreras se reunió con González, su presunto testaferro Adrián de la Joya, Villarejo y Mauricio Casals. ¿Para hablar de qué? ¿Lo llamará a declarar el juez Velasco?

Pero antes de que los vichinsky del despotismo comunista instalado en el poder mediático por el fantasma de Rajoy la fantasma de Soraya, nos "haga la autocrítica", debemos hacerla nosotros. Nuestra idea de España es no sólo nacional sino de orden moral. Y por eso cualquiera de los cientos de miles de compatriotas que nos escuchan, ven y leen a diario, de los dos mil accionistas del Grupo de LD, tiene derecho a preguntar: ¿Cómo no vieron ustedes la corrupción del PP de Madrid, que aun siendo mucho menor que la del PSOE, Pujol y Podemos, tanto perjudica la idea liberal?

Más delante (esto es tan largo que parecerá de pedro Jota) entraré en detalles, pero hay una razón absolutamente vulgar: uno no sabe estas cosas si no está dentro y no suele aceptar los rumores sobre los "suyos" si vienen de los contrarios. Añadiré otra: mi personal relación con el PP histórico, con el que rompí cuando claudicó ante el Poder Fáctico Fácilmente Reconocible (fue en una entrevista conmigo cuando Aznar no se atrevió a nombrar a Polanco) y tras la nefasta boda del Escorial, con algunos de los reclusos del PP como invitados. En mi libro "Con Aznar y contra Aznar", a cuya presentación el mejor presidente de la democracia prohibió asistir a sus ministros, con Aguirre, Mayor, Acebes, Zaplana y demás acatando la orden con perruna obediencia (sólo Álvarez del Manzano se atrevió a ir), se recogen los ensayos y artículos sobre la cara y cruz de aquella época.

Los fundamentales, publicados en La Ilustración Liberal, son el "Viaje al centro de la nada", por aquella internacional centrista inventada por Aznar y el del invierno mediático que esperaba la derecha si el PP perdía el Poder. La política aznarista de rendición ante la izquierda llegó al punto de negarse a cumplir la sentencia del Supremo que ordenó devolver al mercado las emisoras de Antena 3 de radio, compradas ilegalmente por Banesto para la SER, a cambio de la protección de PRISA a Mario Conde. Y el libro termina con el largo artículo en LD al día siguiente de la boda del Escorial, que, durante dos años, supuso romper toda relación con Aznar.

¿Qué cambió? Aznar, no mucho. España, del todo. Desde 2002, la Izquierda se echó a la calle y del chapapote demagógico del Nunca mais al 13M de 2004, pasando por la guerra de Irak, tuve que elegir entre el rencor al partido que votaba y pedía votar desde que Aznar llegó al Poder del PP o hacerme perdonar –lo hubiera hecho de mil amores- por la checa mediática de la Izquierda, siempre deseosa de liberales y conservadores arrepentidos. Hice justo lo contrario. En mis libros "De la noche a la mañana" y "El adiós de Aznar" explico el cómo y el porqué de mi defensa de aquel PP.

Lo que atacaban en él no era la corrupción -casi desconocida salvo casos como los de Villalonga o Canyellas, poquita cosa al lado de la del PRISOE y Pujol- sino una idea más liberal que socialista del Gobierno y a la media España que creía y cree en la Nación, la Propiedad y la Libertad. Por eso, el 15M yo abrí mi programa a las seis en la COPE diciendo que desde el 11M y el 14M, previo cerco a las sedes del PP el 13M, había diez millones de huérfanos políticos en España y que la COPE era su casa. Así fue durante cuatro años, en especial los dos primeros: la COPE, El Mundo y Libertad Digital nos quedamos solos denunciando las mentiras del 11M y los apaños de ZP con la ETA y el separatismo catalán. Promovimos once manifestaciones con centenares de miles de personas en la calle, en defensa de las víctimas del terrorismo y del régimen constitucional, entre la AVT de Alcaraz, la COPE (q.e.p.d.), El Mundo, LD… y el PP de Rajoy, Acebes y Zaplana. Nunca tan pocos hicieron frente a tantos ni por más noble causa.

La liquidación del PP por Rajoy
Pero llegaron las elecciones de 2008. Rajoy tuvo un gran resultado pero perdió frente a ZP y decidió, tras un oscuro viaje a México, no dimitir, hacer suyo en el Congreso valenciano del PP el proyecto de Gallardón que era "obviar el 11M" y denunciar ante el tribunal del PRISOE –los que le cercaron el 13M- a los medios que le habíamos apoyado, no por él, claro está, , sino por lo que representaba aquel PP, y liquidar el partido de Aznar, Aguirre y San Gil, mientras esperaba el fallo de Zapatero para sucederle, no para cambiar nada importante ni para enmendar sus infinitas fechorías.

En mi libro "El linchamiento" (es un milagro de la Virgen del Tremedal que sobreviviera para escribirlo) cuento el proceso, padecido en primera persona, del cambio del PP de Aznar al de Rajoy, que era el de Gallardón, Zarzalejos y Cebrián; o sea, el del régimen salido del 11M. El verdadero anuncio del congreso de Bulgaria, capital Valencia, fue el juicio de Gallardón contra mí –cuya condena ha sido anulada de forma aplastante por el Tribunal de Estrasburgo- en realidad un pulso por el Poder dentro del PP. Y allí se produjo lo que la checa mediática del 11M, a cuyo liderazgo prisaico se había uncido La Sexta de Roures y ZP, llamó con regocijo -véase la hemeroteca- "la traición de los liberales a Losantos".

Los liberales que se negaron a respaldar lo que sabían perfectamente que era cierto -que Gallardón, enfrentado a la línea entonces mayoritaria en el PP, defendía literalmente en ABC y dentro del partido "obviar el 11M"- fueron Acebes, Zaplana, Aguirre e Ignacio González. No entraré en más detalles porque para eso está el libro y porque parecería que hago lo que hicieron ellos: ponerse de perfil ante alguien caído en desgracia. Sí quiero explicar por qué, igual que pasó con Aznar, volví a hablarles y, con Acebes y Zaplana ya defenestrados, he defendido a Aguirre y González en Madrid.

En primer lugar, porque me repugna la injusticia. Y lo que las checas del 11M han perpetrado esta semana es el linchamiento político del PP de ayer con el sólido argumento de hoy: la corrupción. Dos cosas me parecen especialmente repugnantes: cobrar millón y medio de López Madrid, el contratista de Villarejo, y negociar comisiones en la Venezuela chavista, como los de Podemos, algo que jamás imaginé en nadie del PP de Madrid. Pero el Sextabús, panzer del grupo Atresmedia/La Sexta, creado de forma ilegalísima por Rajoy y/o Soraya, era el que peor ha quedado, chantajeando a Cifuentes para proteger a uno de sus directivos. Y eso lo han tapado con ranas de atrezzo. La transcripción de la amenaza de Casals: "que sepa que no es sólo La Razón, sino también Antena 3, Onda Cero y La Sexta", es, sin duda, lo más grave, porque prueba la existencia de una trama mediática y política, con cabeza en Moncloa, para impedir que la Justicia persiga la corrupción del PP. Y eso lo han ocultado descaradamente Ferreras y todos sus tertulianos, que lo habían leído en "El Español" y escuchado en la SER.

En segundo lugar, porque este descaro digno del Planeta mediático catalán, me permite barruntar que Cifuentes podría hacer lo que hicieron conmigo los liberales del PP en 2008: negar la evidencia, ahora grabada y ayer publicada en la mismísima portada de ABC; que podría negar las coacciones evidentes y por las mismas razones: que el partido le perdone y le deje seguir en política. Eso creerá. Como enemiga de Soraya en la lucha por la herencia de Rajoy, la atropellará el Sextabús como a Aguirre. No es porque haya robado un euro, sino por no hacerlo y además desconocer la omertá rajoyana. "El PP siempre se porta bien", dijo Rajoy anteayer ante jóvenes militantes andaluces. Denunciar la corrupción es portarse mal. E implicar en ella a un directivo del grupo mediático de Moncloa, fatal.

Y en tercer lugar porque se puede sobrevivir a la pérdida del último referente político del liberalismo en España, pero no a la omnipotencia de la checa nacida entre el humo y la sombra del 11M, que ha comprobado que seguirá ganando muchísimo dinero (Atresmedia ha dado esta semana los mejores resultados de su historia) persiguiendo la corrupción ajena y protegiendo la propia. O sea, alanceando moros muertos del PP mientras se apoya a Podemos y se hunde España, mientras la empresa gane dinero.

¿Hasta qué punto supimos o debimos sospechar?
Ahora, el multimedia implicado en la mal llamada operación Lezo (podían haberle puesto un nombre menos heroico), convierte en sinónimos liberalismo y corrupción. Cuando la corrupción del liberalismo del PP de Madrid la demuestra precisamente su relación con la cadena de Podemos. Pero eso no obsta para preguntarse si sabíamos lo que pasaba, al menos en parte, o no queríamos ni mirar porque lo denunciaba la Izquierda corrupta. Yo creo que lo segundo explica, aunque no lo justifique, lo primero. Han acusado a Aguirre de corrupción tantas veces y tan falsamente en esa meca delictuosa llamada PRISA y al servicio del sospechosón Gallardón, origen, de la trama caribeña ahora descubierta, que como todo lo antiaguirrista, en general, lo de González tuvo el mismo beneficio de la duda, en particular.

Ayer, Luis Herrero, debutaba en ABC contando dos denuncias sobre la trama González-Atresmedia-La Sexta, aunque Luis dice que La Sexta es un medio periodístico o así. Así y asá. Una, que yo no conocía y es una lástima: Villar Mir le habría dicho a Lapuerta que le dio a González un millón y medio de euros. Informado Rajoy, no hizo nada. Con lo que he tenido que aguantar de la cloaca de Villarejo, con el que se reúne Luis sin que el empleado de López Madrid deje de denunciarme para ver si consigue callarme. Me hubiera encantado poderlo contar y comentar, la verdad.

De otra, hace tres años, proveniente de nuestro antiguo editorialista y luego político y alcalde de Leganés Jesús Gómez Ruiz, sí supe algo, pero a la vez que me contaban que Jesús había contratado en Leganés a Gonzalo Boye, condenado a siete años de cárcel por colaborar con la ETA en el secuestro de Revilla y promotor de una querella contra mí a cuenta del separatismo catalán. Supuse que la información sobre la famosa cuenta suiza, sin titular, procedía de ahí, y que, si era verdad, debía denunciarlo el tal Boye. Nunca lo hizo. En LD informaron del caso y nada más. Luego he leído que fue con un notario a registrar su denuncia ante Juan Carlos Vera, el aparatchik de Rajoy para echar a Aguirre y poner a Cifuentes. O sea, que de nuevo lo sabía Rajoy. Y, sin embargo, ahora le piden responsabilidades a Aguirre… los chicos de Rajoy. Me parece una broma pesada, la verdad.

Hay, sin embargo, un argumento más de fondo, que es el de la lucha ideológica contra el abuso fiscal del Gobierno. Cuando Montoro le declaró la guerra a Ignacio González porque se negó a reponer el impuesto de sucesiones y bajó los impuestos del tramo autonómico ("será que le sobra", dijo), ¿cómo no defender a Ignacio González? Cuando las mareas blancas y verdes –léase rojas y moradas- atacaban a su Gobierno porque defendía la calidad de la enseñanza y la gestión privada de los hospitales en Madrid, ¿cómo no defender que no hicieran fijos a esos maestros interinos que dicen que el Guadalquivir y el Ebro pasan por Madrid? Pues Montoro va a hacerlo. Cuando Aguirre defiende la bajada sistemática de impuestos, igual que Aznar, ¿cómo no defenderlos, que es defendernos de Montoro y del destino de nuestro dinero, que es la financiación del separatismo catalán? Y durante los años de Zapatero y los seis de Rajoy este ha sido el pan nuestro de cada día. ¿Cómo no conceder el beneficio de la duda a quien se negaba a ceder, en favor de la ciudadanía, ante Montoro y Asociados, Villalobos y Arriola, Arenas y Mato, es decir, Rajoy y Soraya, telesocios de Podemos?

La corrupción salvo para las izquierdas en general ("ahora nos toca a nosotros", dicen en Andalucía desde hace 35 años) y una parte de las derechas es indefendible. Habrá que esperar a una nueva generación de políticos limpios que se dejen votar. Pero sin estos referentes, perdidos por algún tiempo, las ideas liberales sobrevivirán. Lo invivible es un régimen totalitario como el que hemos visto en acción esta semana, con detenciones anunciadas con días de antelación y la televisión de la checa esperando a la Guardia Civil para la detención y humillación de los presuntos, con todos los detalles de los sumarios declarados secretos y, lo más grave de todo, con la defensa, como en tiempos de Lenin, del Terror Rojo o el Teleterror.

La segunda parte de este artículo se publicará mañana lunes.

Por qué la obra pública en España es un nido de corrupción: falta de transparencia y arbitrariedad política
La Operación Lezo evidencia de nuevo los graves problemas de contratación pública. España está a la cola de los grandes países en esta materia.
M. Llamas Libertad Digital 23 Abril 2017

Que la concesión y adjudicación de obra pública es un campo abonado para la corrupción política no es ninguna novedad. De hecho, es uno de los grandes problemas estructurales que padece España desde hace tiempo. El último ejemplo lo constituye la Operación Lezo que ha tenido lugar esta semana a raíz del presunto fraude cometido en el Canal de Isabel II, pero cuya investigación se ha extendido también a otras empresas.

La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil registró las sedes centrales en Madrid de la constructora OHL, la tecnológica Indra o la gestora de torres de control aeroportuaria Saerco, entre otras compañías, en el marco de las investigaciones sobre supuesta financiación ilegal del PP en Madrid que sigue en una pieza separada el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco. Entre otras actuaciones, la Guardia Civil detuvo el viernes al consejero de OHL Javier López Madrid por el supuesto pago de comisiones.

Pero no es la única. Otras cuatro grandes constructoras, Acciona Infraestructuras, Dragados, Sacyr y San José, también están siendo investigadas por un presunto desvío de fondos públicos de ADIF en las obras del AVE a Murcia. Asimismo, el caso de las comisiones del 3% en la adjudicación de obras públicas en Cataluña por parte de la antigua Convergència y sus fundaciones también ha afectado a numerosas e importantes compañías del sector. Y estos son sólo algunos de los escándalos más sonados y recientes.

No se trata, pues, de un fenómeno aislado y puntual, ni mucho menos. Pese a ello, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, cree que las detenciones de empresarios y de políticos, como el expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, no minan el "prestigio" de la obra pública española. Sin embargo, una cosa es que las constructoras españolas destaquen por su liderazgo a nivel internacional y otra muy distinta que la corrupción en materia de infraestructuras no constituya un problema importante en España.
Los contratos públicos, nido de corrupción

Tal y como denuncia Transparencia Internacional España, "el mercado de los contratos públicos es donde existen mayores tentaciones y ofrecen más oportunidades a la corrupción en los distintos ámbitos de las actividades del sector público". Dicha ONG estima que, en promedio, "el 10% del gasto en contrataciones públicas se desperdicia en corrupción y soborno", mientras que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) estima que la obra pública en España sufre un sobrecoste equivalente al 4,6% del PIB por culpa de la corrupción y la ausencia de un eficiente proceso de licitación.

Dado el volumen de dinero que maneja la inversión pública, el tamaño de las mordidas no es menor. Así, a pesar de que la crisis ha reducido de forma sustancial el presupuesto destinado a obras e infraestructuras, su cuantía supera los 100.000 millones euros al año (10,4% del PIB en 2015), proporcionando empleo a casi un millón de trabajadores.

El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) que elabora Transparencia Internacional clasifica al gobierno y al sector público de 168 países teniendo en cuenta aspectos como la transparencia en la información pública, el gobierno abierto, la rendición de cuentas o los niveles de integridad en la prestación de servicios públicos. En el año 2015, España ocupó la posición 36 de la escala mundial, muy por detrás de la mayoría de los países europeos:

Ahora bien, ¿cuáles son sus causas? ¿Por qué la contratación pública en España es más corrupta que en otros países desarrollados? Según un reciente informe elaborado por la consultora internacional EY sobre esta materia, elsistema de contratación padece graves problemas relacionados con la falta de transparencia e ineficiencia en la adjudicación y ejecución de obras, cuyos ejes se resumen a continuación.

Inseguridad jurídica y arbitrariedad política
La dispersión normativa, la ausencia de unidad de mercado y las modificaciones legales con carácter retroactivo dan lugar a un "escenario de gran inseguridad jurídica". Además, existen diferentes parámetros de exigencia en el cumplimiento de principios básicos, según las administraciones y organismos públicos de los que se trate, para la existencia de una competencia efectiva, como los relativos a la publicidad y concurrencia.

También existe una gran fragmentación, ya que la publicación de los anuncios de licitación no está centralizada -cada órgano emite sus propios perfiles- y, aunque la publicidad de los contratos debería recogerse en la Plataforma de Contratación del Sector Público, "la transparencia no está totalmente garantizada en tanto que los poderes adjudicadores que no reúnen el carácter de administración pública solo tienen obligación de publicar sus contratos no sujetos a regulación armonizada en su perfil", advierte el informe.

"Fruto de esta situación, existe un alto grado de divergencia -rayando en la arbitrariedad- en la aplicación de las normas de contratación por parte de los poderes públicos". La combinación de inseguridad jurídica y arbitrariedad política es la receta idónea para el surgimiento de corruptelas y el consiguiente cobro de comisiones por parte de los responsables públicos.

"Se trata de una sensación típicamente presente cuando existe un problema de calidad normativa. Ejemplos de esta situación pueden observarse en la dispar selección de requisitos de solvencia técnica y económica exigidos para procedimientos de contratación sustancialmente iguales; en el establecimiento y aplicación de criterios de valoración muy diferentes en supuestos análogos, etc", añaden los expertos del EY.

Falta de transparencia
Otro de los aspectos importantes es la falta de transparencia que acompaña a todo el proceso de contratación, desde la adjudicación y la tramitación del mismo a la ejecución de la obra o la resolución de los conflictos que puedan surgir.

"La transparencia en el proceso de contratación pública en el caso español es una de las principales áreas de mejora señaladas por los agentes consultados". Algunos de los signos de esta falta de transparencia son, por ejemplo, la escasa información disponible acerca de los contratos de obra pública (en comparación con las políticas de apertura total en este ámbito en otros países desarrollados), la ausencia de planificación a largo plazo, la ausencia o insuficiencia de mecanismos efectivos de resolución de dudas durante el plazo de presentación de ofertas y la ausencia o insuficiencia de una explicación o justificación a los licitadores sobre la valoración de la oferta…

Y esta opacidad no hace otra costa que reforzar el grado de arbitrariedad política que existe en España para amañar contratos a cambio de mordidas.
España, a la cola de los países desarrollados

En base a estos y otros defectos, el estudio de EY divide el proceso de contratación en cuatro grandes fases (Planificación, Actuaciones preparatorias, Adjudicación y el capítulo relativo a la Ejecución, modificación y extinción del contrato), con sus correspondientes parámetros, y evalúa su calidad y valoración en distintos países (Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Noruega, Portugal, Reino Unido y Suecia; Australia, Canadá, Chile y Estados Unidos). El resultado no puede ser más desalentador, ya que "la posición de España es, en todos los casos, muy inferior a la del resto de jurisdicciones estudiadas, situándose de manera sistemática en el último lugar"

1. Planificación y transparencia
Entre otros problemas, destaca la falta de linealidad en los volúmenes de inversión pública anual impide una adecuada planificación de los recursos por parte del sector privado que desarrolla las obras; la ausencia de participación del sector privado y de la sociedad en la planificación de las inversiones; la insuficiencia de evaluación y seguimiento en la ejecución de los planes; la inexistencia de coordinación entre los diferentes niveles de la administración para el desarrollo de una estrategia coherente; la inexistencia de estudios de viabilidad y de coste-beneficio de los proyectos…

2. Actuaciones preparatorias, publicación y presentación de las ofertas
Esta fase es clave y, sin embargo, sufre importantes deficiencias por culpa de la fragmentación normativa y la inexistencia de prácticas estandarizadas y guías, lo cual afecta a la selección de la modalidad de contrato más adecuado, a la estimación de su coste, al análisis coste-beneficio cuando se trata de una concesión y, en definitiva, "a los aspectos más críticos para garantizar el correcto desarrollo de las obras que se quieran contratar dentro de los plazos y costes previstos".

Asimismo, otro de los problemas típicos es la ausencia de comunicación al mercado de los proyectos hasta el momento de información pública, ya que la documentación preliminar y los borradores no se ponen a disposición del sector, a diferencia de lo que sucede en otros países. Tampoco existen procesos de precalificación de licitadores que permitan seleccionar a los mejores contratistas para, posteriormente, aplicar baremos objetivables cuantitativamente (esencialmente el precio), garantizando que los seleccionados podrán desarrollar adecuadamente las obras.

Asimismo, más allá del precio, los criterios de valoración que dependen de los "juicios de valor" del organismo contratante no se desarrollan con detalle en los pliegos, en cuanto a su ponderación y a sus criterios de evaluación, lo cual redunda, una vez más, en una amplia discrecionalidad política a la hora de adjudicar los contratos.

Y, por último, es habitual que los plazos que se otorgan para la presentación de las ofertas coincidan con los mínimos legales en un intento de acelerar el proceso que puede tener consecuencias muy negativas, al no permitir el tiempo necesario para el estudio y preparación de ofertas de elevada calidad.

3. Adjudicación del contrato
Los operadores del mercado en España perciben esta fase como una de las de mayor indefensión, a diferencia de otros países, donde existe mayor conformidad y confianza en relación con la fase de adjudicación de los contratos.

En España, es más habitual que se adjudiquen contratos con precios anormalmente bajos, que, sin embargo, luego son modificados al alza durante el transcurso de las obras mediante los tradicionales desvíos y sobrecostes.

4. Ejecución, modificación y extinción del contrato
Por último, una vez adjudicada la obra, España también se caracteriza por los retrasos y la paralización de la ejecución como consecuencia de la la modificación de los contratos, la falta de claridad a la hora distribuir los riesgos entre las partes para evitar discrepancias posteriores, el importe de las compensaciones y, sobre todo, la frecuencia con la que se acude a la vía judicial para dirimir disputas, con los consiguientes costes y demoras.

Las constructoras españolas gozan de un gran prestigio, tanto dentro como fuera de España, sin duda, pero las graves deficiencias y los numerosos escándalos asociados a la obra pública por culpa de la opacidad y la amplia arbitrariedad política convierten a este sector en el principal núcleo de corrupción en España, junto al urbanístico, que se rige por licencias municipales y autonómicas.

Podemos y el 'beautiful power' del PP
Javier Caraballo elconfidencial 23 Abril 2017

Del ridículo a la premonición se va de un salto, un golpe de suerte que solo impulsa el destino. Aquello de lo que alguien se burla un día, se vuelve al día siguiente la más perspicaz de las revelaciones. ¿Quién le iba a decir a Podemos que empezaría la semana entre carcajadas de todo el mundo por la estúpida idea del autobús y que iba a ser el Partido Popular, precisamente el Partido Popular, el que iba a llenárselo de contenido? Ni en la más concienzuda de las estrategias de partido, ni en la más sesuda de las conspiraciones, se puede dominar el tiempo para que, en el transcurso de un par de días, el azar pueda rescatar a alguien del ridículo y subirlo al pedestal de la verdad más arriesgada y premonitoria. La asentada fama de los dirigentes del PP de transitar por esta vida pegándose tiros en el pie, a medida que avanzan, es la que esta semana ha sacado a Podemos del ridículo con el que la comenzó cuando presentó su autobús de mofa.

Ese autobús de caricaturas con el que anunciaron que iban a recorrer España ruborizó incluso a los propios dirigentes de Podemos, que entendieron la iniciativa como una penosa muestra de frivolidad y simpleza. Lo que se espera de un partido político serio es algo más sustancial y profundo que una iniciativa política que podría suscribir cualquier revista satírica, como 'El Jueves' o 'Charlie Hebdo'.

Es verdad que la provocación es un arma dialéctica frecuente en la política pero solo puede ser contemplada como una antesala, un anzuelo que sirve para colgar luego un discurso mayor, un mensaje de fondo. Quedarse en la provocación convierte al político en un monologuista, un cómico sarcástico, que se queda en la espuma de la risa fácil. Después de la deplorable demostración de infantilismo de Pablo Iglesias, cuando pensó que el mejor discurso en el Congreso era el más chabacano, aquel “me la suda, me la pela, me la bufa” que tanto se asemejaba al caca-culo-pedo-pis que divierte a los niños; después de aquello la simpleza del autobús encendió alarmas rojas de inconsistencia en el formación.

¿Todo lo que se le ocurre a la cúpula de Podemos para denunciar la corrupción es pasearse en un autobús como un 'troupe' de circo? En esas andaba el debate en torno a Podemos, instalado en el ridículo, cuando llegó el Partido Popular para llenarlo de contenido. Si la denuncia del ‘Tramabús’ tenía como objetivo señalar la existencia de un sustrato corrupto en el que se encontraba mezclada una élite variopinta de empresarios, políticos y periodistas, todos al servicio del mismo interés, ahí que apareció el escándalo de Lezo para ponerle nombre y apellidos a cada uno de ellos. Serán los tribunales los que, uno a uno, examinen las responsabilidades individuales y la existencia misma de una ‘trama’ organizada como tal, pero al autobús de Podemos ya le han solucionado todas las averías. Le han llenado el depósito de gasolina. Ahora ya no hay críticas, sino reafirmación: “El Tramabús se nos queda pequeño para tanta trama, pero ya estamos buscando alternativas”, dicen en la formación.

En los estertores del felipismo, cuando los juzgados se llenaron de procesos por corruptelas, una de las tramas que más daño le hicieron al Partido Socialista fue aquella que reunía a una élite de personas ajenas a la estructura del PSOE, nuevos ricos que medraban por los alrededores del poder socialista. Se la conoció como la ‘beautiful people’ socialista. Lo que se ha ido destapando en torno al Partido Popular recuerda mucho aquel momento de degeneración del felipismo, solo que ahora esa élite de aprovechados está más cerca del poder. Desde Correa, con su gomina, caminando altivo con su chaqué en la boda de la hija de Aznar, hasta el cesto de manzanas podridas que llevaba Esperanza Aguire, un maletín de billetes en el armario, un ático de lujo en la costa y sucios negocios escondidos en el Canal. Tarjetas black, comisiones ilegales, coches de alta gama, cuentas en Suiza y sobres con billetes de la ‘contabilidad B’. Esa es la 'beautiful' del Partido Popular y, para acercarla y diferenciarla a la vez de la 'beautiful' socialista, la llamaremos el ‘Beautiful Power’, nuevos ricos amamantados en los despachos del poder.

En la corrupción, como la vida, la realidad supera a la ficción. Todo aquello que nos podría parecer inimaginable, acaba confirmándose. Grabaciones policiales que reproducen diálogos de las series de corrupción, empresarios que entregan sus sobornos en maletines de dinero contante y sonante, políticos que esconden con la sonrisa inocente una doble vida de soberbia y avaricia, medios de comunicación que manchan a diario con mentiras interesadas el sacrosanto derecho a la libertad de expresión. Todos los elementos de una gran trama de ficción política, de intriga policiaca, están ahí delante, como hechos ciertos, palpables, y reproducen los mismos esquemas que acabamos de ver en el último capítulo de una serie.

“El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía". ¿Quién ha dicho esa frase? ¿Forma parte de las grabaciones policiales o el diálogo de una serie? ¿Lo dice un personaje de ficción o lo admite un presidente autonómico ante los suyos?

La posverdad es un signo de nuestro tiempo y, a veces, cuando se observan los acontecimientos, solo podemos admitir que es la propia degradación la que genera esa confusión de la realidad; la que convierte en creíble cualquier capítulo de ficción. Los límites de la verdad y de la mentira se difuminan porque todo aparece ante nosotros como una misma cosa.

Frank Underwood es un personaje de ficción que no se diferencia en nada de los que salen en los telediarios y cada una de sus frases, su ambición desmedida de poder, y hasta su forma de vestir, de andar y de mirar, son perfectamente asimilables a muchos de los políticos que vemos caminar cabizbajos hacia el furgón de la policía. Frank Underwood es ficción e Ignacio González es realidad, pero al mirarlos a los dos ya es imposible establecer la diferencia porque los dos personajes se parecen a Kevin Spacey en ‘House of Cards’, el mismo castillo de poder que se edifica con cartas marcadas. “Vaya pérdida de talento. Él eligió el dinero en lugar de poder, un error que en este mundo casi todos cometen. Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos después de 10 años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste durante siglos”. ¿Quién lo dijo? ¿Se refieren a los últimos imputados del PP, ese submundo de ostentación y chulería, o a los de la serie de Netfilx? ¿Lo dijo Underwood o Esperanza Aguirre antes de romper a llorar? ¿Quién lo dijo? Cualquiera, sí, ha podido decirlo cualquiera. Ese es el drama.

El 'mal francés'
LORENZO B. DE QUIRÓS El Mundo 23 Abril 2017

Hoy se celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El consenso de los sondeos disponibles hasta hoy proyectan una previsión de voto muy ajustada entre los cuatro principales candidatos Emmanuel Macron (23,6%) Marine Le Pen (23,3%), François Fillon (19%) y Mélenchon (18%). El candidato del Partido Socialista, Hamon, tiene una intención de voto del 8,7%. De confirmarse esta tendencia, la incertidumbre es muy alta y puede suceder cualquier cosa. Aunque sea improbable, no cabe descartar una victoria de la extrema derecha, lo que certificaría el fin del proyecto europeo y la entrada de Francia en una dinámica imprevisible y, en cualquier caso, peligrosa. Si bien la hipótesis de una victoria de Le Pen es rechazada por la mayoría de los analistas, hay que recordar que éstos también descartaron la posibilidad de que Trump ganase los comicios en EEUU y, también, el triunfo del Brexit.

A priori, una segunda vuelta Macron-Le Pen debería traducirse en una amplia victoria del líder social-liberal. Así sucedió en 2002, cuando el grueso del voto democrático dio su apoyo a Chirac frente a Le Pen padre. Sin embargo, la situación es muy diferente a la de entonces. El núcleo duro del PSF considera a Macron un traidor y el responsable de la división del socialismo galo. Por otra parte, los votantes de Mélenchon, la extrema izquierda, sienten un rechazo tan intenso hacia el capitalista Macron como hacia el populismo lepenista que, no obstante, tiene importantes lazos de conexión con los apoyos de Mélenchon, en concreto el nacionalismo antieuropeo y la antiglobalización.

Es difícil asegurar que los sufragios de ambos grupos apostarán por Macron en una segunda vuelta. Por último, los incentivos de un sector significativo del centro-derecha francés para optar por la abstención no pueden ser excluidos del análisis. En este contexto, la concentración del voto anti-Le Pen a favor de Macron no es segura. Así pues, el escenario es de una extraordinaria incertidumbre.

Dicho esto, el Hexágono se enfrenta a un panorama muy preocupante. En 1964, un joven Ronald Reagan afirmó que "Francia había llegado al final del camino"; es decir, que o bien afrontaba cambios profundos en su modelo socioeconómico, o bien estaba condenada a una decadencia acelerada. Esa misma retórica se ha repetido de manera permanente desde entonces en cada elección a la Presidencia gala y todos los intentos de reformar el sistema han fracasado. Los intentos de Chirac en 2002 o de Sarkozy en su mandato de modificar, aun con una extraordinaria moderación, el esclerótico estato-corporativismo imperante fueron abortados por la oposición del statu quo. Como escribió Michel Crozier en 1970, una Francia hiper regulada ha bloqueado la energía creadora de la sociedad civil, pero eso no se ha traducido en un desplome de su economía sino en un lento y continuo proceso de declive.

Desde comienzos de los 70, el PIB per cápita francés ha crecido por debajo de lo que lo ha hecho el de Alemania, el de los Estados Unidos o el de Gran Bretaña, por citar tres grandes Estados. En el período 1975-1995, la causa de esa caída fue la baja productividad del factor trabajo debida a los desincentivos por las políticas sociales -altas prestaciones por desempleo y baja edad de retiro, por ejemplo- junto a medidas como la reducción de la jornada laboral, en especial, la introducción de las famosas 39 horas. Desde mediados de los 90, el anémico ritmo de crecimiento del PIB per cápita-1% anual-, tiene su origen en la caída de la Productividad Total de los Factores, inducida por la escasa difusión de las nuevas tecnologías de la información, por las rigideces en los mercados de productos y en el laboral, y por el deterioro del capital humano francés.

Por añadidura, el intervencionismo regulatorio se ve acompañado por una asfixiante presión fiscal -55% del PIB- y por una ratio gasto público-PIB del 57%. Excluida la educación, los programas sociales constituyen el 57% del presupuesto francés. Este cuadro muestra la existencia de un Estado sobredimensionado que ha creado una clientela pro mantenimiento del gasto que impone una carga tributaria cuasi confiscatoria a los sectores productivos de la sociedad del Hexágono. El mal francés, como diagnosticó hace más de 60 años Alain Peyrefitte, es el resultado de una cultura que prima los privilegios del productor sobre los del consumidor. En la práctica ésta es la expresión no necesariamente de una economía planificada, pero sí de una tradición dirigista diseñada y ejecutada por los altos cuerpos de la Administración. En este contexto es impensable esperar que se produzca una explosión del espíritu emprendedor.

Este modelo hubiese colapsado en un país pobre o de renta media-baja, pero ha tardado mucho tiempo en ver sus consecuencias en un país rico que además tuvo una política macroeconómica sana desde el Plan Rueff-Pinay en 1959 hasta la primera crisis del petróleo en 1973. Sin embargo, durante ese período se consolidaron los elementos estructurales que han lastrado el dinamismo económico francés desde entonces, y que no han sido eliminados o corregidos por los diferentes gobiernos de izquierdas y de derechas que han gobernado el Hexágono durante ese tiempo. La pregunta es si el nuevo presidente de Francia, contando con que lo sea Macron, es capaz de revertir esa trayectoria declinante, lo que exige medidas de choque a las que la sociedad francesa ni está acostumbrada ni quizá desea.

Esa situación se complica con un presidente, Macron, sin partido y con unas elecciones legislativas en junio que configurarán el próximo parlamento francés. Si bien, el presidente de la V República tiene amplios poderes, el proyecto de transformación y de modernización que Francia precisa necesita de un respaldo político-parlamentario amplio. ¿Con quién contará Macron para llevar su estrategia a la práctica? Esa es una incógnita que planea sobre la escena política francesa, sobre todo si las reformas que hay que emprender van a tener una amplia resistencia de los grupos de interés que defienden el statu quo y en un marco en el que los dos partidos que han protagonizado la alternancia política en la V República han dejado de ser los pilares sobre los que ésta se ha sustentado. En cualquier caso, no minusvaloremos la opción negra vestida de azul Juana de Arco, es decir, a Le Pen.

Ni de derechas ni de izquierdas, '¡vive la France!'
Francia seguirá siendo Francia. Ninguno de los cuatro candidatos mejor colocados cuestiona su singularidad. Lo que está en juego es la supervivencia de la política tradicional
Carlos Sánchez elconfidencial 23 Abril 2017

Si el Brexit y las últimas elecciones presidenciales en EE UU vinieron a representar las primeras consultas populares sobre la globalización, la primera vuelta en Francia vuelve a convertirse en un plebiscito nacional sobre la apertura de fronteras. O lo que es lo mismo, sobre el proteccionismo y el libre comercio. Sobre la soberanía y la integración. El riesgo del Frexit, sin embargo, es más retórico que real.

Ahora bien, en el caso francés los cuatro candidatos con opciones reales de acudir a la segunda vuelta –Fillon, Macron, Le Pen y Mélenchon– descartan nuevas cesiones de soberanía más allá de las puramente administrativas. Francia, con sus particularidades, seguirá siendo Francia gane quien gane Se ha impuesto un discurso nacionalista –el terrorismo islamista ha estado ausente durante casi toda la campaña– que en el caso de Le Pen y Mélenchon es casi idéntico. Entre otras cosas, porque Francia, tras Grecia, es el segundo país de la UE más euroescéptico, y ningún candidato ha querido perder ese valioso caudal político.

Lo que realmente se juega, y esto es lo singular, es que hay serias razones para pensar que ninguno de los candidatos de los dos partidos que han gobernado el país en los últimos 60 años estará en la segunda vuelta, lo que refleja la crisis de identidad de la política tradicional.

No se trata de un fenómeno puramente francés En la mayoría de los países avanzados se ha producido desde la Gran Recesión un alejamiento del pueblo respecto de las élites políticas a causa, precisamente, de la globalización y de la inmigración; pero tambien por el ensanchamiento de la desigualdad y de la corrupción. O, incluso, como consecuencia de la deteriorada movilidad social. Los ascensores que permitían escalar en la pirámide han dejado de funcionar y las élites se reproducen de forma casi biológica. Lo que unido a la falta de credibilidad en las instituciones y a los altos niveles de desempleo ha generado un cóctel ciertamente explosivo muy difícil de digerir para sociedades acostumbradas a las certidumbres y la seguridad y, en algunos casos, hasta a la opulencia.

El sistema político nacido con la V República –en plena guerra argelina– buscaba reforzar la figura del presidente para convertirlo en el padre de la patria a imagen y semejanza del general De Gaulle, su inspirador. Una especie de monarquía republicana a la francesa –el bonapartismo– que ha funcionado mal que bien hasta la quiebra de la política convencional. Y que se basa en un lema bien simple: Francia, primero, puesto de moda ahora por Trump refiriéndose a EE UU. Ni siquiera la nueva estructura territorial –Francia ha pasado de 22 a 13 regiones– ha despertado un debate identitario en el país como sucedería en España en caso de que algún Gobierno planteara una revisión en profundidad del modelo autonómico. Francia, primero.
Políticos tradicionales

El régimen estaba tan bien engrasado que sobrevivió, incluso, a gobiernos de cohabitación entre derecha e izquierda: Mitterand-Chirac (1986-1988) o Chirac-Jospin (1997-2002), lo que revela su fortaleza institucional. Sin duda, porque el sistema político estaba vertebrado por políticos tradicionales capaces de pactar y que no cuestionaban el sistema de partidos.

Ahora, por el contrario, el escenario es radicalmente diferente. Macron y Mélenchon se presentan como líderes de movimientos cívicos y carecen de estructuras sólidas de partido. Esta es, sin embargo, y aunque suene paradójico, su ventaja competitiva. Algo que sí tienen Le Pen –que ahora se declara gaullista– y Fillon. Es decir, la mitad de los franceses ha huido de los partidos tradicionales y la izquierda está más fragmentada que nunca en unas presidenciales.

Macron y Mélenchon –la Francia insumisa que copia el modelo de populismo latinoamericano inspirado por Laclau y Chantal Mouffe y que prefiere hablar de los de arriba y los de abajo en lugar de derecha e izquierda– han alimentado, sin embargo, algo muy poco moderno, una especie de culto a la personalidad alrededor de sus candidaturas, lo cual puede ser rentable en términos electorales, pero hace más difícil la gobernabilidad del país en caso de una victoria de cualquiera de los dos.

Macron –desnudo de ideología con su movimiento En Marche!– nunca ha sido elegido por el pueblo para un cargo público. Fue Hollande quien lo fichó de la Banca Rothschild –nada más tradicional en el mundo financiero– para dar a su gobierno un aire liberalizador que se tradujo legislativamente en una reforma laboral copiada en buena medida de la española, y que, a la postre, ha arrastrado al Partido Socialista hasta los infiernos y dado alas a Mélenchon y al propio Macron, que ha llevado al PSF al precipicio.

El hecho de que Macron –típico producto de la ENA– esté al frente de un movimiento y no de un partido convencional es significativo porque el sistema político francés es mixto. Los poderes del jefe del Estado son muy relevantes, pero un presidente que carezca de mayoría en la Asamblea Nacional –las elecciones son en junio– tendría muy complicado gobernar sin una estructura de partido.

La V República, de hecho, está construida sobre la base de un sistema electoral de carácter mayoritario (577 escaños en la Asamblea) para garantizar, precisamente, la estabilidad política en el marco del viejo esquema derecha-izquierda, pero no está pensada para la fragmentación del parlamento, algo habitual en otros países europeos. Y una presidencia con escaso respaldo en la Asamblea –como le puede suceder a Macron– sería como nacer con plomo en las alas. Una auténtica revolución en el sistema político de la V República.

Cláusulas sociales
Gane quien gane, en todo caso, hay una cosa clara. El reto de Francia es hacer compatible su generoso Estado de bienestar –la presión fiscal representa el 47% del PIB (diez puntos más que en España)– con una economía competitiva. Pero hasta Macron ha prometido que no tocará lo esencial del sistema público de protección social. De hecho, en su programa se compromete a exigir que todos los acuerdos comerciales de la UE incluyan un componente de cooperación fiscal (las multinacionales tecnológicas pagarán impuestos en Francia), además de la imposición de cláusulas sociales y medioambientales a cambio de la reducción de los aranceles a la importación. En caso, contrario, se aplicarían sanciones comerciales por la violación de esos compromisos.

“Queremos mecanismo de control de la inversión extranjera en Europa con el fin de preservar nuestros sectores estratégicos”, llega a decir en su programa el liberal Macron, quien no hace mucho tiempo reclamaba nuevos clientes para la Banca Rothschild. “Hacen falta jóvenes que tengan ganas de ser millonarios”, declaró recientemente en una entrevista.

No solo se ha roto el eje derecha-izquierda en esta campaña (Mélenchon ha sustituido las banderas rojas y la Internacional por la bandera republicana y la Marsellesa), sino que ha nacido una nueva política de alianzas dentro del propio Frente Nacional. Todo indica que Marine Le Pen ha escapado del gueto de la extrema derecha gracias a una estrategia formulada por el vicepresidente del FN, Florian Philippot, que busca los votos de los funcionarios públicos, las mujeres y los católicos, además de los barrios obreros aprovechando la pérdida de influencia de los sindicatos, volcados en el sector público. Exactamente, la misma estrategia que llevó a Trump al poder denunciando que la globalización ha cerrado fábricas y condenado a millones de trabaladores a la precariedad y a la pobreza.

Philippot –que se declara gaullista– lo ha dicho claramente: “El Frente Nacional no es ni de izquierda ni de derecha”. Tampoco Macron. Ni Mélenchon, que habla ahora de los de 'arriba' y los de 'abajo'. Sólo Fillon es genuinamente de derechas. Francia contra Francia.

Tras un hipotético triunfo del Frente Nacional
Las medidas de Le Pen y sus consecuencias para España
El abandono del espacio Schengen por parte de Francia redundaría en una mayor seguridad en nuestro flaco norte.
Fernando Paz gaceta.es 23 Abril 2017

En las últimas fechas, según va creciendo la marea de las fuerzas que reivindican la soberanía del estado-nación frente al globalismo, los medios nos vienen pintando un panorama apocalíptico de lo que sucedería en caso de que en Francia triunfase la candidatura del Frente Nacional.

Algo que ya hemos vivido anteriormente con Donald Trump. La evidencia de que el Día del Juicio no parece haber alcanzado aún a los EE.UU., no ha disuadido a los catastrofistas de vaticinar que todos los males del universo están prontos a acompañar la victoria de Le Pen en Francia.

Pero, más allá de la propaganda ¿qué decisiones tomaría verdaderamente el Frente Nacional, y en qué medida estas podrían afectar a España?

La economía en la Francia de Le Pen
Comencemos por aclarar lo que Le Pen ha manifestado que hará en caso de llegar al Elíseo: convocará un referéndum proponiendo a los franceses la salida de la Unión Europea. Una medida democrática que contrasta con la decisión adoptada por Bruselas, y secundada por los políticos de la V República, de aprobar la Constitución europea (en forma ligeramente modificada de Tratado de Lisboa) tras haber sido rechazada en plebiscito.

La candidata del Frente Nacional ha manifestado que recuperará la plena soberanía económica, comenzado por el franco como moneda nacional, y que abandonará el euro, aunque su proyecto es el de reflotar el ecu como moneda de contabilidad común. A través de ese proceso, Francia colocaría su deuda en francos, lo que le facultaría una indudable flexibilidad de la que ahora carece. Sin embargo, consciente de que una decisión unilateral tendría un efecto menos positivo que una pactada con la UE, Le Pen ha manifestado que “el escenario preferido del Frente Nacional sería acordar conjuntamente el desmantelamiento de la eurozona".

Indudablemente, la salida del euro de Francia daría a este el golpe de gracia, y con él al proyecto de unión política. Puede parecer arriesgado desde el punto de vista económico, pero la propuesta de su oponente, Macron, de avanzar hacia la unión fiscal supondría crear un Tesoro y una Hacienda comunes a todos los países de la Unión. Con lo que los últimos restos de soberanía, desaparecerían.

La mayoría de franceses –y de europeos- está, sin duda, porque las relaciones comerciales entre los distintos estados europeos se mantengan y aún amplíen; la vecindad de unos estados con otros ha tejido unos lazos que duran demasiados siglos como para que nadie pretenda volver a siglos pasados.

Pero la mayoría de europeos también parece estar porque esa unión se mantenga en unos términos económicos que salvaguarden la soberanía política de cada cual, y en la que la identidad de Europa en su conjunto, y de cada estado miembro en concreto, esté asegurada.

¿Y España?
Uno de los puntos fuertes –y más claramente formulados- del programa de Le Pen es el abandono del espacio Schengen. El terrorismo islamista ha golpeado de forma particularmente dura a Francia, y la ausencia de barreras entre los estados europeos no facilita el control de los yihadistas, de modo que recuperar las fronteras se antoja una medida razonable y necesaria.

En principio, tal decisión tendría un efecto beneficioso para nuestro país, pues redundaría en una mayor seguridad en nuestro flaco norte.

Puede suponerse, por otro lado, que quizá la política del Frente Nacional de expulsar a los ilegales y de restringir la inmigración legal a cifras marginales pudiera perjudicar a España, pero en realidad –siempre que el gobierno de Madrid tomase las más elementales medidas al respecto- no solo no tendría por qué ser así, sino todo lo contrario: los expertos aseguran que una política de ese tipo desviaría el foco de las oleadas migratorias desde el suroeste europeo en otras direcciones. En tal caso, Francia podría hacernos parte del trabajo.

Algo semejante sucedería en las cuestiones económicas. Como es el caso de las decisiones que un gobierno en manos del Frente Nacional tomase en lo referente a la industria automovilística, que podría causar en España un daño considerable al producir 100.000 parados en ese sector en el caso de que determinase su regreso a Francia. Una decisión que se enmarca en el contexto general de la política proteccionista que ha anunciado Le Pen: "No me importa explicarles a las empresas francesas que no pueden evadir el pago de impuestos que deberían estar pagando en Francia, que no pueden deslocalizarse sin sufrir las consecuencias... Hay que elegir, es una elección de patriotismo".

Con todo, dicha política es harto improbable que se produzca en los términos en que los agoreros anuncian con respecto a España. Cualquier gobierno se lo pensaría dos veces antes de tomar medidas de este tipo con un país que, como el nuestro, es vecino y con el que mantiene una lógica relación de privilegio.

Daños colaterales
En todo caso, no cabe duda de que las medidas que adoptase París en caso de triunfo electoral de Le Pen, tendrían una importante repercusión en España aunque solo fuera porque Francia es nuestro principal socio comercial.

Por su situación geográfica, a través de su territorio pasa buena parte de las mercancías que España exporta al conjunto de la unión; por tanto, una política proteccionista francesa indudablemente afectaría a nuestras exportaciones. De modo que sería inevitable que España pusiese en marcha los mecanismos de reciprocidad comercial con París que son de esperar. Pero eso mismo nos muestra que lo que se está planteando es una reformulación de las relaciones exteriores, no la antesala del apocalipsis; se trataría de renegociar un marco comercial novedoso. La alteración del marco de relaciones establecido no tiene por qué ser sinónimo de catástrofe.

Menos controlable sería la incidencia que pudiera tener la llegada de Le Pen al Elíseo en lo que hace a nuestra deuda, teniendo en cuenta que el déficit público español es el más alto de la eurozona después del griego. Si la situación está siendo llevadera para España es porque la calma en los mercados se está prolongando –quizá más de lo que era presumible. Pero está claro que en el caso de que se produjese la salida de Francia del euro, España sería de los países más afectados.

Una responsabilidad propia
Sin duda es muy tentador trasladar las culpas a los demás, pero puede que ya sea hora de que en España se asuman las responsabilidades derivadas de las propias decisiones.

Y es que, desde hace treinta años, España lo ha apostado todo a la Unión Europea. No ha habido un solo gobierno en este tiempo que haya tenido la precaución de prever la posibilidad de un fracaso del proyecto de la UE.

España ha ocupado, obediente, el papel que le ha sido asignado; si este proyecto ahora se viniese abajo, los únicos responsables de que la sociedad española quedase a la intemperie serían los distintos ejecutivos que han ejercido el gobierno durante estos años.

Aunque algunos pretendan culpar a Marine Le Pen; como si ella tuviese que velar por España más de lo que debieran hacerlo los gobiernos de Madrid. Le Pen bastante tendrá con atender a sus compatriotas. Que son los franceses, por si a alguien se le ha olvidado.

El crimen racista en Europa
La Verdad Ofende  latribunadelpaisvasco.com 23 Abril 2017

"Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las más seguras". (Tito Livio)

El islam ha mantenido entre sus códigos éticos y durante 14 siglos una máxima sobre la mentira: "ésta es pecado excepto si se practica con el infiel". La "takiyya". A tal efecto, cualquier juego mental es lícito para someter y vencer al cruzado, como así nos llaman.

Los yihadistas van a derrotarnos porque comprendieron a Occidente mejor que nosotros, los propios occidentales. El último juego mental con el que van a terminar de someternos gracias a nuestros complejos es el racismo y la inventada islamofobia.

Aunque lucidos intelectuales europeos nos han advertido hasta la saciedad del peligro que corremos (Orianna Fallaci, Andrew Cummiings, Sam Harris) solo con el uso de la "takkiya" y los vientres de sus mujeres (Houari Boumédiène) vencerán a Occidente como los bárbaros se apoderaron de Roma.

Desde ambientes socialdemócratas anuncian sin ambages percibir un racismo en declive como un fenómeno preocupante, y en paralelo nos hablan de un yihadismo en aumento como algo inevitable (Macron, ayer, en París, tras el atentado en los Campos Elíseos). Esto se llama "negación de la realidad" aunque en realidad es un caso manifiesto de "disonancia cognitiva". Verán:

Para soportar el miedo al yihadismo, en nuestro decadente modelo social rendido al discurso de lo políticamente correcto (marxismo cultural) se nos dice que para poder superar nuestros complejos tenemos que gritar muy fuerte: ¡racismo!

De este modo, los acomplejados europeos pueden decir sin despeinarse que el terrorismo, por ejemplo, beneficia a Le Pen (derecha), pero no a Rodríguez Zapatero tras el 11-M (rojos).

Asi actúa la vacuna ideológica denominada racismo, esa hipócrita causa que la izquierda abandera como nadie y de la que acusará siempre que quiera a la derecha, tras haber exterminado a minorías como los homosexuales (el vicio burgués), a judíos, gitanos o ucranianos bajo el yugo de la URSS.

No obstante, invocar el «racismo» tiene ventajas para todos. Así, permite encontrar un motivo que explique cualquier fenómeno sin tener que cuestionar nuestro modelo social. Y dado que no somos racistas, no se critica a la derecha que fomente la inmigración sin control (mano de obra barata) que provoco un «dumping» laboral ruinoso que ha enviado al paro a millones de familias en toda Europa. Formar a un europeo cuesta 250.000€, un inmigrante apenas cuesta 120.000€ y en origen, no aquí.

En paralelo, dado que no somos racistas, tampoco podemos criticar a la izquierda proinmigración ilegal. Así, los #welcomerefugees totalmente fuera de control colapsan costas, islas y ciudades, absorben nuestros recursos de ayuda al tercer mundo y el sistema de prestacion asistencial, en unas sociedades opulentas y aparentemente ricas, pero endeudadas hasta el borde del colapso financiero.

Todos los políticos han utilizado la inmigración masiva para sus fines: unos para hundir salarios laborales (Francia) y otros para crear bolsas de voto cautivo, a las que prometen todos los derechos que jamas han merecido tener; sueldos base, cheques bebe, seguridad social y pisos gratuitos, agua, luz y hasta la residencia, no hace mucho en un número de 700.000 (Zapatero).

Pero esto se les ha ido de las manos. No contaron con que iba a aparecer una corriente islamista fuertemente occidentalizada, lo suficiente como para comprender perfectamente nuestra doble moral sin renunciar por ello a sus señas de identidad.

Tras tres generaciones de musulmanes en Europa, el 80% de los turcos europeos, por ejemplo, votaron por el nuevo sultán turco, el islamista Erdogan, y lejos de integrarse se prepararan para acometer el asalto final exigiendo mas Islam.

Como dicen ciertos intelectuales, no podemos impedir la emigración de quienes tienen cuatro hijos de media por familia, cuando aquí no tenemos ni dos, en una espiral suicida donde castigamos con impuestos a las familias y subvencionamos el aborto.

Con ese tipo de argumento estamos (nos pagarán las pensiones) y en eso están. Mientras, la inmigración vive de las ayudas de Europa (el 80% de ellos no trabaja). Occidente asiste a un proceso de sustitución étnica como nunca conocimos, mientras ciertas élites autodenominadas “progresistas” mantienen el discurso de que no tendrá consecuencias.

Afirman que se puede cambiar la base social de las naciones que conforman la Europa judeocristiana (la del Derecho romano) sin que cambie la base cultural por la del derecho islámico o "sharia". Nos invaden culturas vendidas como una bendición de panacea integradora, promovidas y financiadas desde la misma Europa; la alianza de civilizaciones firmada con Turquía. (Zapatero / Erdogan).

Es una sustitución cultural que ademas se financia desde las monarquías del Golfo, quienes desde hace décadas invierten miles de millones de dólares en instalar e implantar su tradición cultural salafista, levantando mezquitas del odio a Occidente mientras caen las iglesias por doquier (no solo en Europa).

Este el crimen racista, en Europa y de Europa.. contra europa; contra nosotros mismos. Si aún no lo han entendido, lean a Perez Reverte en “Los godos del emperador Valente”. Está en Internet. Ah, no es un peligro, es que ya es tarde para impedirlo.

"Cuando la media luna se convierte en alfanje, la cruz debe hacerlo en espada"

PD: Lean a @Teoinlove inspirador de esta columna.

En todas las materias analizadas
El sistema educativo catalán provoca una escabechina entre los estudiantes castellanohablantes
www.latribunadelpaisvasco.com 23 Abril 2017

En Cataluña el fracaso escolar de los estudiantes castellanohablantes es el doble que el de los catalanohablantes. Es una de las principales conclusiones del análisis de los datos del alumnado catalán en la última edición de PISA, según una información publicada en la web de Convivencia Cívica Catalana (CCC).

Tanto es así que un 20.3% de los alumnos castellanohablantes no consiguieron superar el nivel mínimo de PISA 2015 en matemáticas, más del doble que el 10.1% de catalanohablantes en esa misma situación.

El peor rendimiento académico de los alumnos castellanohablantes respecto a los catalanohablantes en Cataluña se constata en todas las materias evaluadas por PISA y en ambos sexos: tanto en chicos como en chicas.

El estudio constata además que los estudiantes castellanohablantes en Cataluña muestran un fracaso un 50% superior al de los castellanohablantes en Navarra, Aragón o Madrid, autonomías con similar nivel de desarrollo que la catalana donde tienen la posibilidad de estudiar en su lengua materna.

Según informa CCC, PISA 2015 también ha ofrecido información sobre el nivel de repetición de curso de los alumnos. Su análisis pone de relieve que en Cataluña hay casi 3 veces más castellanohablantes que catalanohablantes entre los repetidores de 1 curso (72% vs. 28%) y nueve veces más castellanohablantes que catalanohablantes entre los repetidores de 2 o más cursos (90% vs. 10%).

A la vista de estas cifras, Convivencia Cívica Catalana considera que no es exagerado hablar de que en el sistema educativo catalán se está produciendo una auténtica ‘escabechina’ de los alumnos castellanohablantes silenciada por el gobierno catalán que se niega a publicar puntuaciones o ratios de fracaso de los alumnos castellanohablantes en las evaluaciones que efectúa.

PISA 2015 también permite constatar que Cataluña es la comunidad autónoma de España donde los alumnos castellanohablantes se sienten menos integrados en la escuela. Un 21.3% de estudiantes castellanohablantes en Cataluña reconocen en el cuestionario de PISA no sentirse integrados, un porcentaje que duplica al de los alumnos castellanohablantes en comunidades como Madrid (9.9%).

Convivencia Cívica Catalana considera que el sistema de la inmersión lingüística no es ajeno a los malos resultados de los alumnos castellanohablantes y a su bajo nivel de integración escolar en las escuelas catalanas. En un sistema donde la única lengua vehicular admitida es el catalán, los alumnos catalanohablantes juegan con ventaja: la enseñanza es en su propia lengua, en aquella que más dominan, mientras los niños castellanohablantes deben sumar en el proceso de aprendizaje a la dificultad propia de las materias una dificultad lingüística añadida.

Los resultados de PISA, se explica desde CCC, demuestran que el actual sistema de la inmersión lingüística en Cataluña "está creando una importante fractura y desigualdad educativa: los que hablan una lengua oficial fracasan el doble que los que hablan la otra lengua oficial, perjudicando a aquellos que no tienen la posibilidad de aprender en su lengua propia".


******************* Sección "bilingüe" ***********************

El boomerang offshore le revienta los piños negros a Pablemos
EDUARDO INDA okdiario 23 Abril 2017

Nunca vi una defensa tan repugnante y desvergonzada de un político por parte de ¿periodistas? como la del 7 de mayo del año pasado en La Sexta Noche. Y fíjense que el listón está alto: la baba de algunos rebosaría el pantano de Entrepeñas. Aquella noche sufrí una encerrona de la que salí vivo de milagro. Al menos, logré empatar un partido en el que el rival jugaba con 11 y un menda con tres. Ganarlo era imposible. Mis compañeros de bancada periodística liberal prefirieron mirar hacia otro lado y no meterse con el mesías de los dientes color carbón.

¿Qué ocurrió para que se me obsequiara con tamaña saña? Pues, lisa y llanamente, que Pablo Iglesias tocó a rebato a sus periodistas de cámara. ¿Y qué había ocurrido para que el duce diera tan contundentes instrucciones a los ¿informadores? de estricta obediencia pablista? Pues que este trozo de papel virtual había desvelado 24 horas antes con todo lujo de detalles el pastizal que escondía en una cuenta abierta en un paraíso fiscal. El titular de OKDIARIO podía ilustrarlo más alto pero no más claro: “Maduro pagó 272.200 dólares a Iglesias en el paraíso fiscal de Granadinas”. No quedaba ahí la información que ofrecimos a nuestros lectores: la acompañábamos de los correspondientes documentos que atestiguaban la golfería del número 1 del partido comunista bolivariano español.

Un servidor arribó a Atresmedia encantado, como todos los sábados, de debatir. Más que nada, porque del debate de ideas siempre surgen mejores ideas. Y porque La Sexta Noche es un foro perfecto para batallar democráticamente con el arma de la palabra. Pero se topó con una cacería y una encerrona en prime time como se recuerdan pocas en la historia de la televisión. Ignacio Escolar, alias Preescolar, el que tiene de accionista y secretario general a un ex etarra condenado a 14 años de cárcel por secuestro, aseguró con su fatuidad habitual que la exclusiva publicada por este periódico era “un montaje de primero de photoshop“. No tenía pajolera idea de qué iba la vaina pero le daba igual. Sólo cumplía órdenes. La periodista Ana Pardo de Vera, a la que apodan maliciosamente “La baronesa” por sus orígenes patricios y su sinfín de apellidos compuestos, se comportó como si fuera el mismísimo Pablo Iglesias. Como si la cuenta offshore estuviera a su nombre. Fuera de sí, la ex mano derecha de José Bono y Gaspar Zarrías acusó a este menda de ni más ni menos que “falsificar” los documentos que acreditaban la golfería pablista. Tanto ella como su socio Preescolar echaron también mano del mentís del banco offshore (Euro Pacific) y del Gobierno del asesino Nicolás Maduro. Y, obviamente, como buenos podemitas que son, les otorgaron toda la credibilidad del mundo.

Horas antes, la tiranía bolivariana había desmentido las transferencias. El Euro Pacific hizo lo propio. Los dos ¿periodistas? pasaron de los incontestables hechos y prefirieron hacer caso a un régimen que tiene en prisión a 92 líderes de la oposición y a una entidad financiera que se dedica a lavar pasta en cantidades industriales procedente del narcotráfico, la corrupción y el tráfico de armas. Se pasaron por el arco del triunfo dos circunstancias: que un canal de Miami conducido por una excelente periodista venezolana exiliada (Patricia Poleo) había publicado idéntica información y que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, el demócrata Henry Ramos Allup, manifestó en su cuenta oficial de twitter que las cuentas existen y que él también disponía de los documentos que lo corroboraban.

Para variar, otros diarios podemitas, como el Huffington Post o Infolibre, salieron al auxilio del comandante Pablo. La campaña contra Eduardo Inda en particular y contra OKDIARIO en general se disparó días después cuando todos a una contaron que su caudillo me había demandado por atentar contra su honor y me pedía medio millón de euros. Es decir, el doble de lo que él trincó en aquella ocasión y 20 veces menos de la pasta que les ha dado la dictadura que estos días mata a tiros a los ciudadanos que se manifiestan por las calles exigiendo libertad.

Nosotros nos ratificamos en nuestra noticia e incluso desvelamos días después que casualmente San Vicente y las Granadinas era uno de los países que habían regalado 425.000 dólares a Juan Carlos Monedero por un informe de 100 folios en blanco. Hubo un detalle que llamó poderosamente la atención tanto al que suscribe como a nuestro dream team jurídico (Cristina Peña Abogados): Iglesias no fue por la vía Penal sino por la Civil. ¿Por qué? Muy sencillo: la primera alternativa le podía meter en más problemas, ya que la capacidad de las partes para solicitar pruebas vía judicial es prácticamente ilimitada. Vamos, que el remedio podía ser peor que la enfermedad si a nosotros se nos antojaba, por ejemplo, reclamar una comisión rogatoria.

Pasaron los meses, pasaron y pasaron y por fin se celebró el juicio. Eso sí: no sin antes negarse el banco de marras (el Euro Pacific) a negar o confirmar oficialmente la existencia de la cuenta a nombre de Pablo Manuel Iglesias Turrión. El demandante mandó a la vista a la vicepresidenta del Congreso, Gloria Elizo, cuyo rostro pálido es directamente proporcional a su moral: cobra 1.800 euros al mes en concepto de dietas de desplazamiento pese a que vive al menos desde el año 2000 ¡¡¡en Madrid!!! La Elizo dirigía a la claque (periodistas de cabecera incluidos) que abarrotó la sala. La abogada de la parte perdedora, Marta Flor Núñez García, me sometió a un tercer grado que superé con esa verdad que nos hace libres. Su compañero y aliado, el delincuente José Emilio Rodríguez Menéndez, se quedó en casa y mandó a una letrada que sabía del caso lo mismo que yo de Física Cuántica.

La Fiscalía planteó la desestimación de la demanda porque las pruebas sobre las que se asentaba la noticia eran auténticas. “Aquí no hay insinuaciones, invenciones o rumores… Lo que hay es una verosimilitud de los documentos, diligencia informativa y una noticia veraz”, apuntó la representante del ministerio público, Carmen Palomar, para posteriormente efectuar un alegato en favor de la libertad de expresión “como pilar básico de una sociedad democrática”. La magistrada Gladys López Manzanares, la misma que rechazó la querella del PP contra Tania Sánchez por adjudicar cientos de miles de euros públicos a su hermano, confirmó dos semanas después la tesis de la Fiscalía, sentenció que la noticia “es veraz, contrastada en fuentes policiales, alejada de una mera invención, de interés general y ajustada a la doctrina del Supremo”.

El fallo de la titular del Juzgado de Primera Instancia número 84 de Madrid no sólo desestima íntegramente la demanda del secretario general de Podemos. También le condena a abonar las costas del procedimiento, un dineral. Naturalmente, ninguno de los rotativos podemitas ha publicado una línea de la sentencia. Han hecho mutis por el foro y la cobra a la verdad demostrando que son patéticos diarios de partido. Nada nuevo bajo el sol. Éstos sólo censuran a los enemigos de Podemos. Jamás verán en sus páginas una crítica, por mínima o insignificante que sea, a la formación morada y no digamos ya a sus barandas. El fascismo es así. La verdad es la que se adecua a sus objetivos y no al revés. Es lo que los modernos han bautizado como “posverdad”, lo que toda la vida se ha conocido como “trola”, “embuste”, “mentira”, “patraña”, “falacia”, “bola” o “mendacidad”.

Esto no es más que la victoria del periodismo libre y la verdad e implícitamente un zasca de proporciones colosales a los que intentan matar civilmente y amordazar a los que no pensamos como ellos. Obviamente, también un varapalo para los malos compañeros, para los que prostituyen la información y los que ejercen de desmentidores porque no sacarán una exclusiva ni en 20 reencarnaciones. Iglesias calla como un muerto. Sus ¿periodistas? de cámara también. Si tuvieran un poco de vergüenza torera los unos y los otros deberían pedir perdón y Hacienda, la Fiscalía Anticorrupción y la Policía ponerse las pilas para investigar a fondo a un partido que se va sistemáticamente de rositas. Al PP le caen bofetadas por todas partes, la inmensa mayoría con razón, y a Podemos, cuya corrupción es elefantiásica, ni una. Entre otras razones, porque los populares entienden insensatamente que es imprescindible mantener con vida a los chicos de los recados de Maduro para neutralizar al PSOE y, más concretamente, a Susana Díaz.

Pablo Iglesias fue a por lana y salió trasquilado. Lanzó un boomerang que, en lugar de volver a sus manos, se estrelló en sus piños color carbón. Se pensaba que podía controlar la Justicia como controla a buena parte de los medios de comunicación, que ocultan sus golfadas, le ríen las gracias, ensalzan sus mamarrachadas y presentan como alguien respetable a un individuo ética, estética e intelectualmente impresentable. Ahí están los documentos que confirman, al más puro estilo Rato, el dinero manchado con la sangre del pueblo venezolano que recibió en un paraíso fiscal. Podemos no son los salvadores de la patria sino vieja política trincona. Con una particularidad: se llenan los bolsillos con parné procedente de una satrapía que asesina y encarcela a la oposición y otra que trata a las mujeres como ciudadanos de tercera.

Me intentaron callar con una demanda falsaria. Esta semana, en venganza por su contundente derrota judicial, me han puesto en el punto de mira de los violentos al situar mi rostro en ese Odiobús que ellos denominan Tramabús. Olvidando, por cierto, que el arriba firmante ha destapado el caso Urdangarin, Bárcenas, los sms de Rajoy a ese Luis que tenía que ser fuerte, las mangancias de Ignacio González, Granados, Pujol, Neymar y un afortunadamente extenso etcétera. ¡A lo mejor es que soy un desleal compañero de trama! Si se piensan que me van a callar, van dados. Estas puñaladas son gasolina para alguien cuya obligación moral es contribuir a que España sea un país más limpio y más democrático en el que todo el que la haga, sean los míos o los de enfrente, la pague. Y, sobre todo, a que no acabe como esa Venezuela que ellos adoran por el interés, te quiero Andrés. Ladran, luego cabalgamos.


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