AGLI Recortes de Prensa   Domingo 30 Abril 2017

La crisis del periodismo o el caso del pianista que se convirtió en gánster
Jesús Cacho vozpopuli.es  30 Abril 2017

En plena primavera de 2012, cuando más arreciaban las presiones de los mercados sobre España, Mauricio Casals recibió una llamada de José Manuel Lara, presidente de Planeta y del Grupo Atresmedia. Tenía que pedir cita urgente en Moncloa para transmitir al presidente del Gobierno la opinión unánime del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC) según la cual España debía pedir el rescate país sin demora, porque la situación era insostenible. Con la prima de riesgo por las nubes, los grandes temían ver cerrado su acceso a los mercados financieros. Y ninguno de los patronos del poderoso lobby que al alimón pastoreaban entonces César Alierta (Telefónica) y Emilio Botín (Santander), se atrevía a plantearle a Rajoy la cuestión a cara de perro. Fue Casals quien, a pedido de su jefe, asumió gustoso el encargo cual eficiente go-between, Mariano, tengo que verte, y delante del gallego planteó la cuestión sin cortarse un pelo.

-Y tú, ¿qué harías…? Rezongó el gallego con su habitual arrojo.
-Ah, no sé, presidente, ni idea. No tengo información y mucho menos opinión fundada para opinar sobre un tema tan complejo.

-Ya… Bueno, la situación es muy complicada. Veré lo que puedo hacer. Tengo que reflexionar.
-Seguro que lo que hagas estará bien hecho.

-¿Y no me preguntas qué decisión voy a tomar…?
-No, no, jamás, y no quiero que me lo digas, porque si me lo dices se lo tendría que contar a mis jefes, así que mejor no saber nada.

Y Mariano se reía socarrón. Una nueva demostración de poderío por parte de uno de los hombres más temido, por unos, y admirado, por otros, considerado por casi todos como el más influyente lobista español de los últimos tiempos, desde luego un gran conseguidor, un verdadero “príncipe de las tinieblas” acostumbrado a operar siempre en la sombra, tras las bambalinas, en ese discreto segundo plano donde se adoptan decisiones de cuyos resultados luego presumen otros. Casals ha conseguido un récord difícil de igualar en la España de la Transición: tener a dos vicepresidentas del Gobierno, de distintos partidos, comiendo de su mano: primero fue María Teresa Fernández de la Vega (PSOE), gracias a la cual consiguió que el Gobierno de Rodríguez Zapatero suprimiera la publicidad de la televisión pública, cuyo déficit cubren desde entonces los PGE con los impuestos de los españoles, para que las privadas se hicieran de oro, y después Soraya Sáenz de Santamaría, pieza esencial en la absorción de La Sexta por Antena 3, un matrimonio aparentemente contra natura, una operación de juzgado de guardia que exigió modificar las condiciones impuestas por la Comisión Nacional de la Competencia (CNC), para quien la suma “reforzaba de forma significativa el poder de mercado de Atresmedia en el mercado de la publicidad en televisión, y favorecía la creación de un duopolio de facto” entre Atresmedia y Mediaset (Telecinco).

Exquisito en el trato personal, Casals ha demostrado ser un experto en el arte discursivo típico del condotiero, el palo y la zanahoria. “Cifuentes tiene que saber que no es solo La Razón, sino que está La Razón, Antena 3, Onda Cero y La Sexta”. La división acorazada de Atresmedia al completo estaba dispuesta a meter en cintura a Cristina Cifuentes, para evitarque denunciara las irregularidades cometidas en el Canal de Isabel II por Ignacio González y su equipo. El presidente de La Razón y adjunto a la presidencia de Atresmedia es un malabarista capaz del “más difícil todavía” de mantener el control en la sombra de una cadena que opera a favor del PP (Antena3) y otra que aparentemente derrota contra el PP (La Sexta) las 24 horas del día, pero que, a los mandos del mago García Ferreras, el hombre de confianza de Florentino Pérez, sirve con precisión cartesiana la estrategia diseñada por Soraya desde los sótanos de Moncloa para mantener al PP en el poder en estos tiempos de exaltación populista: la creación artificial de un enemigo (Podemos) capaz de arrinconar al PSOE y de meter a las aterradas clases medias miedo en el cuerpo bastante como para que sigan votándonos a nosotros por los siglos de siglos amén.

Hombre de permanente sonrisa y mala salud de hierro, de inteligencia poco común, Casals, 68, es la pieza clave de un engranaje que solo podría funcionar en un país con un deterioro institucional tan acusado como el nuestro. Que sólo podría progresar entre la corrupción institucional. Toda la información que genera esa máquina de picar carne que es el Madrid político pasa por Casals. Desde el glamuroso bar del Hotel Palace de Madrid mantiene la conexión entre Moncloa y el Grupo Atresmedia, cuida los intereses de la familia Lara, da órdenes al “presidente” Crehueras, vigila el desempeño de Farreras, ordena, trafica, promete, sonríe, y si hace falta, amenaza. María González Pico, guardaespaldas de Soraya, es su contacto directo con la vicepresidenta, y Paco Marhuenda, su chico de los recados. Y aún le queda tiempo para abrir puertas a los capos del negocio de la sanidad privada a través de IDC Salud (antes Capio), y para facturar suculentas minutas desde sus sociedades –el gran Mauricio se define a veces como un “consultor” independiente que tiene entre sus clientes a Atresmedia- a notorios empresarios cuyos sillones protege de las asechanzas de gobiernos poco amigos, caso de Antonio Brufau (Repsol) o Javier Monzón (Indra), entre otros.

Casals ejemplifica como pocos el tótum revolútum en que ha devenido la vida política madrileña, melé perfecta en la que participan políticos, empresarios, jueces, conseguidores, policías corruptos y periodistas venales, gente que trafica con influencias, vende favores, guarda secretos e intenta hacerse rico en el lado oscuro de la ley. En su descargo, cabe decir que no ha descubierto nada. Ya estaba todo inventado. Lo hicieron en los ochenta Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián, los amos del grupo Prisa, maestros en el arte de hacer negocios blandiendo el as de bastos de su 'cañón Bertha' contra quien osara llevarles la contraria e imponiendo la agenda política a los gobiernos de Felipe González, y les siguió después el “bobo solemne” con el grupo Mediapro de Jaume Roures, Contreras y compañía.

La eterna feria de las vanidades
Nuestro hombre es hoy el mascarón de proa del grupo multimedia más poderoso del país, émulo de lo que en otro tiempo fueron los citados. Siempre con el periodismo como comodín. Con la condición servil del periodismo patrio. El periodismo entendido como negocio. El negocio de la libertad. Es una consecuencia de la ausencia de editores vocacionales, sustituidos en España por meros aventureros dispuestos a traficar con la información para meterse en la cama con los poderosos del lugar y hacer negocios (Polanco, con los Botín, los March, los Albertos y toda la beautiful people de su tiempo, incluido Mario Conde). En contra de Heráclito, nada cambia, todo permanece. Lo contaba ayer Rubén Arranz en Vozpopuli: acosado por parte de los accionistas de Prisa, Cebrián ha pedido auxilio al Emérito para que medie ante Alierta e Isidro Fainé: "pese a los fallos de gestión que haya podido cometer, mi permanencia al frente del grupo es fundamental para la estabilidad de España". La eterna feria de las vanidades, la inacabable fiesta de la corrupción.

“Ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche”, dice Marhuenda a su jefe de La Razón. Estamos dispuestos a todo con tal de evitar que Cifuentes denuncie el agujero del Canal. Tampoco él está descubriendo ningún Mediterráneo, tampoco está haciendo algo que no se haga todos los días en múltiples cabeceras desde hace tiempo. Es una corrupción que viene provocada por la quiebra del modelo de negocio. El grado de mimetismo de los grupos editoriales con la burbuja inmobiliaria y de crédito llegó a tal punto que Prisa fue capaz de endeudarse en más de 5.000 millones, y Unidad Editorial en más de 1.200, cifras imposibles de saldar con el modesto cash-flow que arroja el negocio. Solo es posible la supervivencia al lado del poder, a la sombra de los amos del dinero. Es Sáenz de Santamaría, se supone que con la aquiescencia de Mariano, quien salva al grupo Prisa de la quiebra, convenciendo a sus poderosos acreedores (Santander, La Caixa y Telefónica) para que conviertan en capital parte de la deuda contraída. En el contexto de un sector financieramente descremado solo se puede sobrevivir desde el sometimiento y/o la piratería, desde el asalto a mano armada tipo Ausbanc (hay muchos Pinedas en el mundo del periodismo español), desde el amarillismo, desde la coacción, desde la mentira.

Un ramillete de grandes anunciantes (las estrellas –Telefónica, Santander, BBVA, Iberdrola, ECI y por ahí- de nuestro rutilante Ibex 35) sostiene el tinglado de la información en España mediante la fórmula de los “acuerdos de patrocinio”, de modo que si un grupito de señores decidiera un día en torno a una mesa cerrar el grifo de repente, el 95% de los medios, desde el sonoro multimedia hasta el ínfimo chiringuito, se vería obligado a echar el cierre. El mundo de internet vive asediado por la dificultad de financiar adecuadamente una plantilla de periodistas seniors bien pagada y con capacidad de efectuar información propia de calidad. Facebook, que se nutre de contenidos ajenos, se come la parte del león del negocio publicitario online ante la resignada mansedumbre de un sector que no encuentra armas para rebelarse contra ese bandidaje organizado, y que por ende no es rentable, ergo no puede ser libre para cumplir los fundamentos de la profesión: buscar noticias en la calle, comprobarlas adecuadamente y publicarlas sin miedo a la reprimenda de los amos del Ibex.

Periodismo en tiempos de miseria. Sostengo que este no es oficio para hacer amigos, ni para hacerse rico, ni para derribar presidentes del Gobierno. Muchos periodistas, sin embargo, se han acostumbrado a un nivel de vida que soporta mal su talento y la cuenta de resultados del grupo para el que trabajan. Cebrián lleva cobrados cerca de 25 millones desde 2011 a esta parte, tiempo en el que ha hecho perder en torno a 3.600 al grupo Prisa. Otros se han llevado cifras aún mayores tras dejar los medios que dirigían en almoneda, ello no sin sonoras protestas de haber sido decapitados por el gobierno de turno. Ilustres periodistas que hoy firmarán brillantes columnas de opinión hay que, al tiempo que se rasgan las vestiduras con la corrupción del PP, están con un pie en la frontera de la información y otro en la de las relaciones públicas, en el asesoramiento a empresas y bancos. A tanto la pieza. Todo se sabe, nada se dice, perro no come perro, y entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera. Como dijo Bertrand Rusell, “morirse de hambre es una alternativa demasiado dura”. Agencias de comunicación de rimbombante nombre compuesto ofrecen a sus mejores clientes la lista de periodistas en nómina dispuestos, o eso afirman, a opinar a favor de la empresa en caso de necesidad. Se asombrarían al conocer los nombres, alguno tan de izquierdas que produce rubor.

La proletarización de la profesión
Periodismo en el momento más crítico de su historia. Cierto, no es un fenómeno nuevo. No es un meteorito caído del cielo. Al final, la del periodismo, como la de la Justicia, es la enfermedad de la democracia española, el cáncer de un régimen que ha llegado arrastrándose hasta aquí, víctima de la corrupción que encabezó la primera magistratura de la nación y alcanzó hasta el último de sus rincones. La corrupción y la degradación de los estándares éticos. Noticias que abren medios en internet todos los días sin el menor “control de calidad” previo. Editoriales de grandes medios escritos que antes de publicarse pasan por la mesa de despacho de sus accionistas. Es el caso del llamado “periodismo de investigación”, que lleva años saliendo de las cloacas de la seguridad del Estado, de los Villarejos de turno. Ahora procede también de los juzgados de instrucción, de los “jueces del pueblo”. Fiscales que calculan a qué medio conviene filtrar esta o aquella grabación para que haga más daño a este o aquel sujeto. El secreto del sumario es puerta abierta al campo donde los investigados lucen sus vergüenzas en plaza pública y en escandalosa indefensión. A tomar por el saco la seguridad jurídica. La proletarización de la profesión ha hecho el resto: encontrar hoy un joven periodista con una visión liberal de la vida es tan difícil como hallar una aguja en un pajar. “Si vas al pueblo y te encuentras con mi madre, no le digas que soy periodista; ella cree que toco el piano en un club de alterne”, sostiene una de las humoradas más célebres de la profesión. Con el paso del tiempo, el pianista que entretenía la ociosa espera de las putas acodadas en la barra ha terminado por convertirse en un gánster.

El episodio que días atrás llevó a Casals y Marhuenda ante el juez Velasco no hecho más que poner en evidencia la penosa situación por la que atraviesa un llamado cuarto poder que cometió el pecado de pretender ser el primero. Si unos medios de comunicación libres y una Justica independiente son los pilares sobre los que se asienta una democracia digna de tal nombre, entonces hemos de convenir que la nuestra está seriamente enferma, víctima de unas instituciones muy mancilladas por una corrupción de décadas a la que nadie ha querido en serio poner coto. Y para que los medios sean libres es condición necesaria, aunque no suficiente, que sean rentables. Es evidente que el periodismo no saldrá solo del bache, no se salvará solo. Sí lo hará en la medida en que una mayoría de ciudadanos sea capaz de forzar esa regeneración democrática hoy más necesaria que nunca. Los pilares están sentados y descansan sobre esa masa de periodistas más o menos anónimos que, en las redacciones, hacen su trabajo sin corromperse y sueñan con rescatar su profesión del fango. Ellos son la esperanza. Ellos son parte de ese “buen vasallo” español que sigue buscando en la niebla un buen señor.

Los batallones de Mauricio
Pedro J. Ramírez elespanol  30 Abril 2017

Hay hitos que no sólo suponen un punto de no retorno sino que marcan un gozne entre dos eras. Pero, cuidado, que no es casualidad que la semana en que ha quedado acreditado que ya no hay ningún diario de información general que declare vender más de cien mil ejemplares en los quioscos de un país de 47 millones de habitantes, sea también aquella en la que la letrina de la corrupción ha rezumado una de sus más fétidas oleadas de estiércol.

Para quien como yo puso su firma durante treinta y cinco años en más de tres mil millones de ejemplares impresos, debería ser especialmente impactante este desmoronamiento irremisible de un modelo no ya de negocio sino de sociabilidad democrática. Sin embargo me encojo de hombros y veo las caídas de El País a los 96.000 ejemplares, de El Mundo a los 62.000 -menos de lo que no ha tanto vendíamos sólo en Madrid-, del ABC a los 58.000 y de La Razón a los 43.000 con la imperturbabilidad de quien contempla las lluvias anunciadas por el servicio meteorológico.

Lo que algunos advertimos que iba a suceder, está sucediendo. No será por no haberlo avisado, pero ya es tarde para el remedio. Los cien mil ejemplares de venta media eran una especie de Cabo de las Tormentas que todo recién llegado debía doblar en un plazo máximo de un par de años para poder navegar en el mar de la viabilidad. Lo conseguimos en 1980 con Diario 16 y en 1989 con El Mundo. Por debajo de tal cota no había salvación.

Mantener ahora con esas escuchimizadas cifras declaradas a la OJD -que incluyen ventas conjuntas y trampillas diversas- plantillas de centenares de personas con muchos trienios de antigüedad es sencillamente imposible. A menos que se incurra en todo tipo de rendiciones al poder, con tal de que sus comisarios políticos puedan seguir pagando la rampante nómina propia, junto a las menguantes nóminas ajenas.

Es cierto que las tres primeras cabeceras de esos legacy media tienen también potentes ediciones electrónicas, pero cuantos estamos en el sector sabemos la desproporción que existe aún entre los ingresos asociados a la actividad tradicional y los de origen digital. Por eso el ejemplo más puro es el de La Razón, que con una difusión minúscula mantiene una recaudación notable, asociada -como antes o después tenía que descubrirse- a prácticas de corrupción política.

De hecho, según las propias cuentas anuales de los tres grandes grupos de la prensa española, la disminución de sus ingresos publicitarios está siendo mucho más tenue que la de sus ventas de ejemplares. Detrás de este desfase late un intento a la desesperada del poder político y económico de mantener vallado un campo inexorablemente abierto por la tecnología.

Pocos ejercicios de pereza intelectual e hipocresía colectiva resultan tan patéticos como los resúmenes matinales en los que -con muy contadas excepciones- las radios y televisiones se limitan a recoger los titulares de las ediciones impresas durante la noche anterior, que las más frescas versiones electrónicas han dejado ya obsoletos. Cuando esa práctica coincide con una jornada electoral o acontecimientos imprevistos, el ridículo alcanza a menudo dimensiones cósmicas.

Ese ninguneo a medios nativos como El Confidencial, EL ESPAÑOL o eldiario, que no sólo tenemos audiencias millonarias de dos dígitos, sino que desvelamos la mayor parte de las exclusivas relevantes y representamos a segmentos decisivos de la opinión, tiene como objetivo seguir protegiendo la última trinchera de la prensa impresa: la de su influencia imaginaria. Es la fantasía a la que se aferran los que siguen arrastrando los pies ante las urgencias del cambio. Así como internet es el cauce adecuado para la información inmediata -dicen quienes se baten de esta forma en retirada-, el "papel" sigue siendo idóneo para la publicación de artículos extensos que requieren una lectura reposada.

Nadie que tenga la experiencia de leer reportajes, entrevistas o piezas de opinión como esta en dispositivos móviles, con pantallas de alta resolución, que ni se arrugan ni entintan los dedos, corroborará ese aserto. Por algo los batacazos de los medios tradicionales son aún mayores los fines de semana. Pero ese clavo ardiendo sirve de coartada a dirigentes políticos y empresariales para retrasar el momento de rendirse a la evidencia de que las élites lectoras -y con ellas la influencia- también se han trasladado masivamente a la prensa digital.

Vivimos un momento de transición en el que la falta de coordinación de los medios nativos a la hora de afrontar asuntos clave como el IVA digital, la publicidad institucional o la urgencia de aportar credibilidad y rigor a los sistemas de medición de audiencias, es también un factor retardatario de la nueva edad de oro del pluralismo informativo que se avecina. Y sucede que en ese escenario de crisis en el que lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no termina de nacer, es la televisión la que está adquiriendo un papel preponderante que nunca tuvo, a la hora de encauzar el debate político y fijar la agenda.

El modelo vigente durante las últimas cuatro décadas implicaba que era en las redacciones de los periódicos, suficientemente nutridas y cualificadas para la elaboración intelectual, donde se gestaban las distintas miradas sobre la realidad, mientras que los medios audiovisuales servían de caja de resonancia o lente de aumento. Ahora, con la prensa tradicional al borde de la quiebra y la nativa aún en fase de crisálida, la inversión de los términos trae consigo la dictadura de la trivialización. Hasta el extremo de que hay buenos periodistas -yo conozco algunos- que, según el principio de que hay que comer mucho caviar para poder llevar una simple hamburguesa a casa, dedican arduas jornadas a asuntos trascendentes y complejos con el objetivo primordial de trasladarlos al plató, de forma más que esquemática, esquelética, cual efímeras bengalas que se diluyen en el éter. Así no se controla al poder, así nada sirve para nada.

Viene a cuento la analogía con la comida basura porque no es difícil de entender el tipo de liderazgos y referencias que genera una cultura informativa en la que una noticia debe despacharse en treinta segundos y un argumento en quince. Y el hecho de que esa actividad se ejerza en régimen de concesión administrativa, es decir, en connivencia intrínseca con el poder, explica el papel central que puede llegar a desempeñar alguien de las características del llamado Príncipe de las Tinieblas.

Si combinamos la neutralización de la televisión pública como amorfo órgano gubernamental, sin inteligencia, recursos, ni proyecto, con la implantación de un duopolio en el que Mediaset se aferra a la muy rentable explotación del entretenimiento, es fácil entender la hegemonía del teatro de marionetas de Mauricio Casals. El secreto de su éxito consiste en manejar a la vez los títeres de cachiporra del poder y la oposición, de forma que la virtud del buen Mariano siempre salga triunfante ante la perfidia del malote Pablo. Cuando su mentor, José Manuel Lara, fue capaz de editar al mismo tiempo La Razón y el Avui, Casals tomó sin duda buena nota. Utilizar a la vez a Ferreras y a Marhuenda es, comparado con eso, coser y cantar.

El Principado de Tinieblas ha sucedido a Polancolandia como régimen de concentración mediática, con el agravante de que si bien el grupo Prisa complementó el éxito indiscutible de El País con concesiones como la de Canal Plus o las de las emisoras añadidas a la SER, en el caso de Atresmedia todo viene del favor público. No estamos hablando de guerras mediáticas o querellas triviales de periodistas. El duopolio ha sumado el año pasado 300 millones de beneficios, en medio de la ruina ajena, y aun no hay un solo partido que se atreva a pedir la anulación de las fusiones autorizadas por Zapatero y Rajoy. El control social del poder a través del pluralismo informativo es el colágeno que da elasticidad a la musculatura de una democracia y esta misma semana hemos comprobado cómo la acumulación de tantos resortes en unas solas manos produce atrofias muy dañinas.

Baste imaginar lo que se hubiera dicho en programas como Espejo Público, Al Rojo Vivo o las tertulias de Onda Cero si los protagonistas de las conversaciones grabadas a Edmundo Rodríguez Sobrino con Casals y Marhuenda hubieran pertenecido a un partido político. Pero en esos foros a nadie pareció llamarle la atención ni que el consejero delegado de La Razón -como tal figura en el Registro Mercantil- manejara a la vez el dinero del Canal de Isabel II; ni que la fiscalía se creyera las burdas explicaciones de que la minuciosa estrategia de amenazas a Cifuentes -entreverada con visitas a su despacho- era en realidad un "placebo" trenzado de "mentiras piadosas", a modo de "estafa no patrimonial a un amigo"; ni que el juez Velasco archivara a uña de caballo lo que se percibía como "organización criminal" para ejercer la "obstrucción a la justicia", no fuera a ser que nuevas partes personadas en el procedimiento solicitaran diligencias que ahondaran en las relaciones entre el Canal, Ignacio González -ese que tan "bien escribe"- y el propio Tinieblas.

Por no llamarles nada la atención, ni siquiera la sorprendente felicidad con que el propio Edmundo celebró ante el juez haber sido "engañado" por sus amigos Mauricio y Paco cuando le prometieron "dejarse los cojones" por él, hizo arquear las cejas a uno solo de entre tantos tertulianos. Pendientes ya de jalear la estrafalaria moción de censura podemita, que enseguida vino a aliviar la situación-límite en la que se encuentra el PP, ninguno pareció reparar en que así es como se comportan los "soldados", en que por eso le denominaban "uno de los nuestros".

"¿Cuántas divisiones tiene el Papa?", preguntó socarronamente Stalin a Pierre Laval cuando el ministro de Exteriores francés, que siempre llevaba corbata blanca y terminaría fusilado por colaboracionista, le instó a mejorar sus relaciones con el Vaticano. Cómo si no entendiera, precisamente él, que hay armas mucho más peligrosas que las de fuego.

Pues bien, gracias al Departamento de Comunicación de Atresmedia, que el otro día diseminó grotescas imputaciones tildando a EL ESPAÑOL de "homosexualista y cristófobo", nosotros ya sabemos cuántos batallones tiene Mauricio Casals. Porque al batallón de Antena 3, al batallón de La Sexta, al batallón de Onda Cero, al batallón de Editorial Planeta y al batallón de La Razón, hay que sumar también el batallón de los quintacolumnistas que en muy diversos medios -a veces sus propios directores- actúan como embajadores del grupo a cuyos programas acuden, el batallón de los aspirantes a adquirir un día ese rango y remuneración y el batallón de las criaturas de la noche que, desde covachuelas de toda índole, se prestan a disparar cualquier munición, por rancia que sea, contra quien se atreva a incomodar al Príncipe que alimenta sus fauces con las migajas de su mesa. Por algo he advertido a nuestros accionistas y suscriptores que viene una primavera muy lluviosa y convendrá tener permanentemente a mano el chubasquero.

La juez Alaya y la eterna nostalgia de la Ley
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  30 Abril 2017

La juez Alaya ha vuelto a la actualidad casi clandestinamente. Pocos medios han prestado interés a su discurso en Valencia, pese a que en esta misma semana su saboteada y finalmente interrumpida instrucción del caso de los ERE ha sentado en el banquillo a dos presidentes de la Junta, Griñán y Chaves, padre y abuelo político respectivamente de la presidenta actual, Susana Díaz, que antes de un mes puede ser proclamada lideresa del PSOE y candidata a la Moncloa. ¿Nadie tiene ya interés en saber lo que dice la juez de los ERE justo ahora? ¿O es que lo que dice no le conviene a nadie?

La juez Alaya fue fervorosamente defendida por el PP y los medios de centro-derecha cuando, por empeñarse en instruir en serio el mayor caso de corrupción de toda la era democrática: 840 millones de euros de fondos para el paro, desviados desde la Junta a las cuentas de todos los partidos y sindicatos de izquierda (PSOE, IU, UGT, CCOO) que mandan en la mayor y más poblada región de España desde las elecciones de 1977 y 1979. La juez padeció una feroz campaña de difamación, personal y profesional, que fue acaudillada por 'Mienmano' Guerra y, lo más grave, respaldada por el CGPJ. O sea, por el PSOE y el PP, porque, según Valencia Plaza, dijo que "no le permitieron seguir con el caso ERE con el voto unánime del PP y del PSOE en el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía".

Y ante las preguntas del auditorio, acaso perplejo, ratificó:
"Mueven los jueces a su antojo. Yo estoy en la Sección Séptima porque no se me permitió quedarme; porque el Consejo General del Poder Judicial votó unánime, PP y PSOE, y por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía".

Un linchamiento político, sindical y judicial
Además de Guerra, Chaves, Griñán y demás 'famiglia' sociata, cabe recordar que en la vanguardia del linchamiento de la juez estuvieron IU de Andalucía (hoy Podemos) llamándola "ultra, pija y católica", y sobre todo los sindicatos, que al llegar la instrucción a la mangancia de los cursos de formación, llegaron a cercar su juzgado con más trescientos "liberados" e "imputados", obligando a la policía a sacar a la jueza por la puerta de atrás. Pero la verdadera y finalmente exitosa conspiración contra Alaya la protagonizaron el consejero de Justicia e Interior, Emilio Llera, el TSJA que denuncia la jueza y, finalmente, el Consejo del Poder Judicial, que respaldó la decisión del TSJA, criatura sociata, que le quitó el caso a la juez Alaya y puso a trocearlo a la juez Bolaños, que pareció disfrutar con la charcutería porcina y el embutido rojo-pimentón de la chorizada judicial.

Pero entonces los medios simpatizantes del PP y UPyD -Ciudadanos no se había convertido todavía en partido estatal- defendíamos a Mercedes Alaya. ¿Qué ha pasado para que aquella señora imponente, popularísima en la Derecha y en la Izquierda decente tras plantar cara a la corrupción en su más extenso solar, se haya convertido en un "juguete roto" informativo?

Pues que, efectivamente, ese CGPJ, donde ahora están representados y mangonean todos los partidos -sólo UPyD rechazó su vocalito; IU lo aceptó de mil amores- siempre con el PSOE y/o el PP al frente, certificó el cierre del caso de los ERE. Y lo que critica Alaya es el empeño del PP hoy, del PSOE ayer, en que sean los fiscales los encargados de instruir los casos. Ahí ha estado implacable. Y tiene sobradas razones, objetivas y subjetivas.

La clave de su expulsión del encausamiento de la corrupción en Andalucía está en la carrera fiscal de ciertos políticos y en la carrera política de ciertos fiscales. Fiscal dizque en excedencia es el Vichinsky de la Junta, Emilio Llera; y fiscal de carrera es Gallardón, cuyo hombre fuerte en el aparato judicial es Carlos Lesmes, que a su vez promovió a Díez-Picazo para la Sala 3 del Supremo por donde pasaría lo que más preocupaba de la juez Alaya: reunir en un solo caso los ERE, los cursos de formación y el grupo IDEA que los pastoreaba, unión que afectaba a Braulio Medel, gran cajero del PSOE andaluz desde hace décadas. Fue Medel el que recurrió a los tribunales para separar los ERE y los Cursos de los administradores en IDEA. Y para despiezar el sumario, que se refería a una misma trama de corrupción que actuaba en tres áreas de trinque quitaron a Alaya y pusieron a la Juez Bolaños, amiga de Llera.

Hace casi dos años, Jesús Cacho lo denunciaba con toda claridad:
"El miércoles, el Pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) eligió por 12 votos contra 8 al magistrado Luis María Díez-Picazo nuevo presidente de la Sala Tercera del Tribunal Supremo (TS). El ganador, de brillante currículum, es gran amigo del presidente del TS, Carlos Lesmes, el mandamás de la cosa, que ha logrado así salirse con la suya. El perdedor, que durante 5 años dirigió satisfactoriamente la Sala y que se presentaba a la reelección, se llama José Manuel Sieira, pero ha tenido la desgracia de haberse enfrentado a Lesmes en el asunto del indulto concedido al kamikaze -remember Gallardón, siempre Gallardón- que en 2003 provocó la muerte de un joven en la autopista AP-7 (un escándalo que Vozpopuli destapó en su día) y desde entonces Lesmes le había puesto la proa". (Vozpópuli, 26-7-2015)

Probablemente, la única razón de que Gallardón no se ha sentado en el banquillo del caso Urdangarín y no haya sido encausado hasta ahora en la Operación Lezo, a pesar de que la trama exterior del Canal de Isabel II es suya desde el primer y escandaloso pelotazo de 85 millones de euros, es la fuerza que conserva en los estrados fiscales y judiciales. Por ahora, digo. Porque lo primero que hizo Ignacio González fue tapar ese pelotazo de Gallardón, su enemigo político, por el bien del PP. Y no existe razón para que el juez Velascorespete a un respetado que no merece respeto alguno. Salvo alguna otra conexión que desconocemos, y que tal vez es a lo que se refiere Alaya cuando carga contra la Fiscalía Anticorrupción, engendro que creó Felipe González exclusivamente para tapar la corrupción del PSOE.

La corrupción de la Fiscalía Anticorrupción
Ha dicho la briosa jueza sevillana que "el Ministerio Fiscal tiene dos problemas, la jerarquía y la unidad de actuación". Dado que el Gobierno elige al fiscal general del Estado, y éste a los de Anticorrupción, el Gobierno está presente en todos los casos de corrupción"; que "no mueven un dedo si no reciben órdenes de Madrid, porque lo he vivido", y que "no se puede usar a los fiscales como lacayos".

Querrá decir que no se debe, porque poder, lo que se dice poder, vaya si pueden. Y como sucede con los jueces, que no pueden hacen carrera sin la protección de un partido político y ya no se sabe quién corrompe a quién, también los fiscales en los últimos casos de corrupción, de Madrid o Barcelona, o sea, de Pujolandia, han quedado a la altura de los jueces de los altos tribunales y de ese tribunal especial -y especialmente prescindible- llamado Audiencia Nacional, donde los profesionales íntegros se pierden en la pasarela publicitaria de jueces sin escrúpulos, a lo Garzón.

Volver a leer algo sobre la juez Alaya me devuelve con melancolía a aquellos tiempos en que jueces como Barbero o Gómez de Liaño podían convertirse en enemigos de la casta del 'PRISOE', pero tenían la atención y el apoyo de la ciudadanía a través de muchos medios de comunicación. El gran cambio a peor, desde entonces, está en los medios, enfeudados a los grandes multimedia, y a la costumbre del PP y el PSOE de dominar jueces y fiscales para ahorrarse problemas con la Justicia, sin apenas oposición mediática.
Politización de la Justicia, judicialización de la política

No siempre lo logran, claro está, pero la estructura podrida sigue ahí. Desde la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 -el sepulcro de Montesquieu-, a la traición y rebatiña del CGPJ por Gallardón, pasando por el pacto Michavila-López Aguilar en tiempos de Aznar, todo lo que han hecho el PSOE, que lo anunciaba, y el PP, que lo negaba en la Oposición y lo pactaba con el PSOE en el Gobierno, es la politización de la Justicia, que los partidos compensan con una permanente judicialización de la política.

El resultado es que, según una encuesta reciente, los españoles son, de todos los europeos, los que menos confianza tienen en la Justicia. Y con razón. No sé de dónde sacaremos fuerzas para volver a tener esperanza en que éste, que es el problema capital de España, tenga atisbos de remedio. Pero hemos de encontrarlas. La reaparición de la juez Alaya nos devuelve un sentimiento que no deberíamos olvidar: la incurable nostalgia de la Ley.

Los 550 días más odiosos de la democracia española
Ninguna ley se ha aprobado en lo que va de legislatura. Tampoco en la anterior. 550 días sin que el Congreso haya cumplido una de sus funciones. Falla la separación de poderes
Carlos Sánchez elconfidencial 30 Abril 2017

En la página web del Congreso se puede leer un registro administrativo sorprendente, y que, en cualquier otro país, hubiera movido los cimientos del sistema político. Desde que comenzó la actual legislatura –hace ahora medio año Mariano Rajoy pronunció su discurso de investidura–, el Congreso de los Diputados no ha aprobado ni una sola ley ordinaria. Tan solo ha sacado adelante pequeñas modificaciones de dos leyes orgánicas referidas a la reforma de la ley de estabilidad presupuestaria (esencial para que las CCAA pudieran seguir funcionando) y una reforma sucinta de la ley electoral. "No existen leyes aprobadas", dicen los encargados del registro con una sinceridad que pasma.

Al menos, y por razones de urgente necesidad, en lo que va de año se han presentado seis reales decretos-ley, pero uno de ellos decayó tras ser rechazado por la mayoría de la Cámara (el de los estibadores). Ninguno de gran relevancia. Tampoco se han aprobado reales decretos legislativos, lo que da idea de la parálisis del Congreso más allá del ruido mediático que generan periódicamente declaraciones malsonantes o burdas estrategias.

Como es evidente, la transcendencia del colapso legislativo sería menor si el actual periodo de sesiones hubiera sido el 'habitual', pero sucede que comenzó su andadura tras la fallida última legislatura: casi un año sin Gobierno. Eso quiere decir que desde el 27 de octubre de 2015 no ha salido ninguna ley del parlamento. Es decir, han pasado 550 días sin que el Congreso y el Senado hayan cumplido una de sus funciones fundamentales: aprobar leyes.

La última norma que vio la luz tiene que ver con los privilegios e inmunidades que se conceden a los países extranjeros o a las organizaciones internacionales con sede en España. Como se ve, un asunto de gran transcendencia para el segundo país con más desempleo de la Unión Europea (tras Grecia).

La ausencia de leyes no solo es un problemas político, social y económico, sino que es también un desafío a la separación de poderes. Máxime, cuando la arquitectura institucional que llevó al país a la ruina y a perder casi cuatro millones de empleos sigue incólume. Intacta. El parlamento carece de personalidad política propia (resultan agobiantes los múltiples vetos del Gobierno sin que el Constitucional diga nada) y hoy es un auténtico pelele en manos del Ejecutivo, lo que permite todo tipo de tropelías. De este Gobierno y de los anteriores.

Brazos de madera
La baja calidad de la democracia española no es, desde luego, un asunto nuevo. La 'jibarización' del sistema parlamentario tiene que ver, sin duda, con el sistema de representación, lo que convierte a diputados y senadores en meros brazos de madera que suben y bajan la cartulina del voto de forma mecánica en función de lo que diga el jefe de filas.

Más allá de este aspecto de carácter general –un problema que la democracia española no ha sido capaz de resolver en 40 años–, lo relevante es que la ausencia de acuerdos entre partidos hasta alcanzar una mayoría suficiente para aprobar leyes suscita la idea de que este país solo puede ser gobernado por mayorías absolutas, sambenito que recuerda a esa peregrina idea que decía el franquismo de que los españoles no estaban preparados para la democracia. Una especie de totalitarismo silencioso que ahoga la política y hasta los sistemas parlamentarios.

Se trata de un argumento verdaderamente ridículo. Hace 40 años, este país avanzó con los consensos necesarios para aprobar la Constitución o los Pactos de la Moncloa en un contexto bastante más difícil que el actual, lo que quiere decir que –al contrario de lo que suele creer– la ausencia de pactos no está en el ADN de los españoles, sino en la existencia de una mala clase política que está en campaña electoral de forma permanente. Algo que explica que la política se vea siempre en términos de vencedores y vencidos, lo cual es verdaderamente absurdo cuando más de las dos terceras partes del Congreso tienen posiciones muy cercanas sobre los grandes asuntos del país. Lo demás es pura retórica.

Hay quien piensa que el partido del Gobierno es el principal interesado en trasladar a la opinión pública la idea de que es la oposición –todos salvo Ciudadanos– quien sabotea cualquier pacto para justificar (después de aprobarse los presupuestos de 2017) un adelanto electoral. Por el contrario, el Ejecutivo esgrime que no cuenta con mayorías suficientes –probablemente con razón– para sacar adelante nuevas leyes, lo que explica que asuntos de tanta transcendencia como la reforma de las pensiones o la reforma de la financiación autonómica (que afecta a materias tan relevantes como sanidad, educación o dependencia) se estén tramitando por la vía lenta.

Mariano Rajoy cometería un grave error si apuesta por esa estrategia que supondría un uso arbitrario del poder. Lo que probablemente sea bueno para el PP en términos electorales –siempre que la corrupción no acabe por anegarlo todo–, no tiene por qué ser bueno para el país. Y lo mismo cabe decir de los partidos de la oposición, que tiene un compromiso político con la gobernabilidad. Y aunque es verdad que el Partido Socialista está en pleno debate sobre la elección de un líder, parece obvio que si el Gobierno no existe legislativamente, tampoco existe la oposición, lo que no es incompatible con que el parlamento tenga autonomía a la hora de proponer leyes.

De lo contrario, se estaría ante un auténtico secuestro de la democracia. Los ciudadanos eligen a a sus diputados para que hagan leyes, no para convertir el hemiciclo en una tertulia política. Ni mucho menos en un plató de televisión como le gusta a Podemos. Al fin y al cabo, "la libertad", como decía Isaiah Berlin, “no es libertad para hacer lo que es irracional, estúpido o erróneo". Ni en un sentido, ni en otro.

El 'Brexit', una inesperada oportunidad para relanzar la UE
EDITORIAL El Mundo  30 Abril 2017

La unidad sin fisuras que escenificó ayer la Unión Europea en la primera Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno sin presencia británica demostró que lejos de debilitar el 'club', el 'Brexit' puede ser una gran oportunidad para fortalecerlo. En un inédito y sorprendente gesto, los Veintisiete aprobaron en menos de dos minutos y por unanimidad las directrices a seguir en las negociaciones para la salida de Reino Unido. La rapidez sin precedentes con la que se alcanzó el acuerdo y el consenso sin matices en el contenido del documento que regirá el proceso de divorcio sirvieron para mejorar la estima de los líderes europeos. La Cumbre probó que la amenaza de fractura ante la que la ha colocado su socio más díscolo puede ser una ocasión única para avanzar con firmeza en la integración europea, aunque sea con el modelo de una Europa a dos velocidades.

En Bruselas se respira un clima de alivio.Por un lado, el panorama electoral en Francia se ha despejado ante la previsible victoria del europeista Emmanuel Macron en la segunda vuelta.Por otro, Reino Unido se encuentra en una posición de debilidad a la espera de que las urnas designen un nuevo Gobierno el próximo 8 de junio. En este contexto, la UE ha hecho de la necesidad virtud con la marcha de los británicos y este fin de semana lo ha escenificado con una demostración de fuerza en el fondo y en las formas de la Cumbre. Esperemos que ese ímpetu no decaiga en las duras negociaciones que se van a prolongar en los próximos dos años y los líderes europeos sepan preservar la unidad de este sábado.

El borrador de nueve páginas que aprobó la Cumbre es un duro golpe para la primera ministra británica, Theresa May. Primero porque impone que Londres sólo podrá negociar su encaje futuro en Europa -fundamentalmente el acuerdo comercial que regirá las relaciones entre ambos- una vez que se hayan acordado todos los puntos de su salida. Pero también porque a los Veintisiete no les ha temblado el pulso en lo referente a las fronteras de Irlanda, un asunto que -al igual que Gibraltar- va a enervar al nacionalismo británico.

A petición de Dublín, el texto hace referencia a la posible unificación de Irlanda -que fue contemplada en el acuerdo de paz del Viernes Santo- para aclarar que en caso de suprimirse esa frontera que el 'Brexit' va a reabrir, Irlanda del Norte pasaría a formar parte de la UE de forma inmediata. El precedente de la reunificación alemana ha permitido incorporar este punto con la tranquilidad de que no podrá ser utilizado por los nacionalistas de Escocia oCataluña para reclamar su entrada en la UE ante una hipotética secesión.

Este punto supone un varapalo para los 'tories' que también ayer comprobaron cómo la UE no ha rectificado en su intención de conceder a España derecho a veto en los asuntos referentes a Gibraltar que se negocien a partir de ahora.

Además de las fronteras, el borrador aprobado ayer en Bruselas destaca otros dos elementos que son esenciales en esta negociación: los derechos de los ciudadanos y la factura que Reino Unido deberá abonar antes de su marcha.

Como debe ser, la UE quiere garantizar los derechos de los europeos que viven en Reino Unido y los de los británicos que residen en otros países de la UE. Para ello, pretende facilitar los permisos de residencia, pese a las reticencias de May que ha tratado de convertir a los ciudadanos en rehenes para tener más peso en las negociaciones.

Por último, el asunto del dinero se perfila como uno de los más espinosos de la negociación que se iniciará cuando los británicos elijan su nuevo Gobierno. La cifra oficiosa que circula en Bruselas sobre la cantidad que Londres debería abonar por sus compromisos financieros a largo plazo y otros conceptos como la pensión de sus funcionarios europeos alcanza los 60.000 millones de euros.

En definitiva, la UE lanzó ayer el doble mensaje de que su unidad no es sólo retórica y que abandonar la Unión tiene un duro coste. El consenso y sintonía que los líderes mostraron hubiera sido impensable en cualquiera de las Cumbres anteriores para tratar asuntos como los rescates financieros o los refugiados. Sería deseable que esa unidad no se resquebraje cuando se aborden cuestiones espinosas como el futuro Presupuesto europeo sin Londres (que implicará reducir las partidas para los países más pobres o aumentar los fondos que aportan los más ricos). Si los líderes logran mantener el ímpetu, el Brexit puede ser una gran oportunidad para avanzar en la integración y definir cuál debe ser el funcionamiento de la unión.

'Manipulan la JUsticia'
Alaya denuncia un 'pacto de no agresión' entre PP y PSOE sobre la corrupción
La Gaceta 30 Abril 2017

La juez de la Audiencia de Sevilla, Mercedes Alaya, ha arremetido contra la "manipulación de la justicia" que, a su juicio, actualmente ocurre en España.

Alaya se ha manifestado en Valencia en contra de que "unos fiscales politizados sean los únicos que puedan instruir causas penales" y ha confirmado que no le permitieron seguir con el caso ERE, trama corrupta que afecta a la Junta de Andalucía, con el voto unánime del PP y del PSOE en el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

Sobre la Fiscalía, ha asegurado que "no se puede utilizar a los fiscales como lacayos". "Los fiscales no mueven un dedo si no reciben órdenes de Madrid, son la extensión del gobierno de turno”, ha dicho, antes de denunciar que sean "implacables" en los delitos comunes, pero "no se comporten de la misma manera en los casos de corrupción".

En una charla organizada por el Foro de Opinión Cívico de la Comunidad Valenciana, ha denunciado además que hay un "pacto de no agresión entre los grandes partidos" tras el 15-M y "bendecido en los grandes medios de comunicación". "PP y PSOE se pusieron de acuerdo para respetar la máxima no comentes mis abusos, yo no comento los tuyos”, ha sentenciado.

La juez señala también que el Consejo General del Poder Judicial debería ser elegido por jueces. "El Fiscal General del Estado debe ser elegido de modo que se garantice su independencia y autonomía presupuestaria y debe haber un pacto de Estado entre las principales fuerzas políticas para evitar que ningún procedimiento pueda ser moneda de cambio para pactos entre partidos, un hecho que está ocurriendo".

SE DECLARÓ ATEO EN REDES SOCIALES
Arabia Saudí condena a muerte a un hombre por renunciar al islam
La Gaceta 30 Abril 2017

El condenado publicó en 2014 unos videos en los que renunciaba al islam, una acción considerada delito y que se castiga con duras penas en el reino.

Un saudita de poco más de 20 años ha sido sentenciado a la pena de muerte por unos vídeos en los querenunciaba al islam y al profeta Mahoma. Los videos fueron publicados en las redes sociales en 2014, y entonces su autor, Hamad al Shamri, fue arrestado por ateísmo y encarcelado.

En 2015 un tribunal sentenció a Al Shamri a la cadena perpetua, aunque su abogado intentó apelar la decisión del juez aduciendo que su cliente estaba bajo el efecto de las drogas y el alcohol en el momento de grabar los videos.

Según informan medios locales, primero Al Shamri perdió el caso en la Corte de Apelaciones, y más tarde, a principios de esta semana, una Corte Suprema local rechazó la segunda apelación del acusado.

De acuerdo con las estrictas leyes religiosas del reino saudita, renunciar al islam puede ser castigado con penas de prisión severas y castigos corporales. Como señala la organización humanitaria Human Rights Watch, citada por 'The Independent', recientemente el rey de Arabia Saudita, Abdalá bin Abdulaziz, ha ido incluso más lejos y ha aprobado varios decretos que equiparan el ateísmo al terrorismo.

El respaldo de la ONU a Arabia Saudí
El mismo país que no otorga autonomía ninguna a las mujeres, que predica la sharia al mismo nivel que el Estado Islámico y difunde su particular visión del islam por todo el mundo, fue galardonado por la ONU con un puesto de honor en el organismo encargado de velar por los derechos humanos.

Resulta relevante que las Naciones Unidas otorguen “estos premios” a países donde el respeto a los DDHH es un quimera y las ejecuciones públicas están a la orden día.

El escándalo no terminó ahí. El propio organismo denunció haber recibido fuertes presiones para modificar un informe crítico con Arabia Saudí. La ONU cedió al chantaje y eliminó al país de la “lista negra”, que señalaba originalmente a la coalición árabe que actúa en Yemen como responsable de ataques contra niños y la situaba en un informe junto a grupos te

Mientras el Califato se derrumba, el ISIS apuesta por la propaganda en español
A medida que el Estado Islámico pierde terreno en Siria e Irak, decae también la producción de su aparato propagandístico. Aun así ha sacado fuerzas para abrir dos canales en castellano
Ignacio Cembrero elconfidencial 30 Abril 2017

A medida que el Estado Islámico pierde terreno en Siria e Irak decae también la producción de su aparato propagandístico. Aun así ha sacado fuerzas para abrir recientemente un par de canales de comunicación en español, según señala MEMRI, un centro de investigación con sede en Washington que sigue de cerca la actividad mediática de los grupos terroristas.

2016 fue probablemente el año en que más amenazas a España y menciones a Al Andalus, la etapa en que la Península Ibérica estuvo gobernada por los musulmanes, formularon los grupos terroristas. Aunque quizá con menos intensidad, en 2017 se ha mantenido la tendencia con Ayman el Zawahiri, el líder de Al Qaeda, denunciando de nuevo en enero la “usurpación” de Ceuta y Melilla mientras que Rumiyah, la revista en inglés del Estado Islámico, exaltaba la figura de Ibn Yasin, el fundador de la dinastía almorávide cuyo emirato se extendió hasta España.

Este año va a ser el de la irrupción de medios propagandísticos en español. A finales de marzo Amaq, la agencia a través de la cual el Estado Islámico reivindica los atentados, estrenó un canal en español en Telegram. Mediante esta mensajería encriptada que garantiza el anonimato, que WhatsApp o Twitter no proporcionan en la misma medida, difundirá sus noticias, vídeos y comunicados con los nombres de los “mártires” caídos por el Califato.

“Al Haqq Media Center”, que propaga la doctrina yihadista, ha inaugurado también en español un canal en Telegram, una cuenta en Twitter y una web que probablemente deberá ir cambiando de servidor a medida que se la vayan cerrando. Hasta ahora “Al Haqq” solo distribuía material en inglés.

La rama magrebí de Al Qaeda (AQMI), la que hasta ahora más interés ha mostrado por la Península Ibérica, bautizó con el nombre de “Al Andalus” a su productora audiovisual, pero por ahora no dispone de un canal de comunicación en español. Traduce de vez en cuando algunos textos, el último el discurso del líder de AQMI, Abdelmalek Droukdel, celebrando la fusión, anunciada de principios de este mes, de los grupos terroristas en el Sahel. El logotipo que eligieron al sellar su alianza menciona la batalla de Sagrajas en la que los musulmanes derrotaron en 1086, cerca de Badajoz, al Ejército del rey Alfonso VI.

Déficit en castellano
El súbito interés de los terroristas por la lengua de Cervantes “se debe a que el español sigue siendo uno de los principales déficits del aparato propagandístico de Daesh”, explica Manuel Torres, profesor de la Universidad Pablo de Olavide y autor del libro “Al Andalus 2.0”. “Hasta el momento no había sido capaz de atraer a miembros que le permitan elaborar directamente propaganda en español o traducir de manera profesional los contenidos”, añade.

La introducción del español “forma parte de su estrategia de segmentación del mensaje para elaborarlo en el formato más adecuado para el público al que está dirigido y ser así más eficaz”, señala Francisco Martínez, hasta noviembre pasado secretario de Estado de Seguridad y ahora diputado del Partido Popular. “Publican en árabe, inglés, francés, ruso, turco y era lógico que se añadiera el español”, subraya.

“Es verdad que hay una caída de la actividad mediática de Daesh paralela a su retroceso sobre el terreno”, constata Martínez. “El momento de debilidad que atraviesa el grupo afecta sobre todo a la cantidad de material producido y a su capacidad de crear vídeos de elevada calidad”, precisa Torres. “Algunos de estos nuevos canales en español son meras traducciones del árabe; su puesta en marcha no requiere demasiados esfuerzos”, concluye.

Fernando Reinares, investigador principal en terrorismo del Real Instituto Elcano, cree que se pueden extraer otras lecciones del repentino interés por el español. “Aunque España no se encuentra entre las naciones occidentales más afectadas por la movilización yihadista de los últimos cinco años, ni entre las más señaladas como blanco del terrorismo global, tanto el Estado Islámico como Al Qaeda vienen ofreciendo algunas muestras significativas (…) de su interés en adaptar su mensaje y las amenazas explícitas que lo acompañan al idioma de sus potenciales seguidores en España”, sostiene el investigador.

“Es por tanto un indicador a tener en cuenta para no subestimar el peligro que supone el terrorismo yihadista para ciudadanos e intereses españoles”, concluye el autor del libro “¡Matadles!”, una investigación exhaustiva sobre los atentados del 11-M en Madrid.

Se han liberado
Los intelectuales abandonan la izquierda
Fernando Paz gaceta.es 30  Abril 2017

Como todo el mundo sabe, Francia ha dispensado a Occidente una sustancial parte del quehacer intelectual de los últimos siglos. En particular desde la Ilustración -para bien o para mal-, el mundo intelectual francés ha sido una especie de faro del pensamiento europeo.

Sin embargo, en las últimas décadas esto parece haber cambiado, y el habitualmente obsequioso -con lo francés- mundo cultural sajón, critica ahora acerbamente a la intelectualidad gala. Michel Houellebecq, enfant terrible y muchas cosas más de las letras francesas, reflexiona sobre el por qué de este cambio, y la respuesta le lleva lejos, muy lejos.

Una intelectualidad libre
Para Houllebecq, la razón por la que ahora se cuestiona el papel de los intelectuales franceses -frente a la veneración que se les profesaba tradicionalmente- es, sencillamente, porque estos al fin se han liberado. Liberado ¿de qué? De la asfixia impuesta por la izquierda y el progresismo, de los dogmas de la corrección política y de una filosofía estúpida, como es la que se ha desarrollado en Francia después de 1945.

No niega Houellebecq que los intelectuales franceses estén en decadencia; por supuesto que lo están, pero del mismo modo que lo está en general, la cultura francesa, empezando por su gastronomía, añade; es Francia la que está en decadencia.

El reproche del mundo cultural anglosajón, siempre husmeando la herejía, se debe, pues, en realidad, al carácter pesimista de los nuevos intelectuales –Houllebecq se irrita ante lo que denomina “el buen humor obligatorio y generalizado”- pero, sobre todo, refleja el rechazo de que la intelectualidad haya abandonado la izquierda y, aún más, de que constituya una especie de lo que él mismo denomina un grupo de “reaccionarios”.

Reaccionarios
Houllebecq apunta que el estado actual de Francia y del mundo es lo que obliga a los intelectuales a definirse como reaccionarios. Ahora bien: un reaccionario, hoy, es algo distinto de lo que por tal cosa se ha venido entendiendo históricamente.

Reaccionario es un soberanista, partidario de la permanencia de Francia como estado-nación en lugar de disolverla al servicio del proyecto globalista; reaccionaria escualquier persona que no crea que el fin de la historia es el libre mercado, lo que incluye a los comunistas; reaccionario es quien defiende el uso del francés en Francia; reaccionario es aquel partidario de que sea el pueblo quien tenga la palabra y no los perniciosos partidos de la oligarquía; reaccionario es alguien que recela de la cultura de masas y, por supuesto, reaccionario es aquél que no se entusiasma por la tecnología.

Contrafigura de un progresismo empecinado en afirmar las bondades de la época en que vivimos, Houellebecq desempolva la figura del Tocqueville de La Democracia en América para recordar un vaticinio de hace casi dos siglos: el hombre de nuestro tiempo no tiene patria y nada le interesa salvo su pequeño universo personal, cerrado a otros que no sean de su entorno más cercano. Estaría amparado por un poder que se ocuparía de asegurarle los placeres vulgares y de que disfrutase de ellos a cambio de que ese gozo lo fuera todo para él, pues quien se divierte no se rebela, como vio hace veinte siglos Octavio Augusto.

Un poder matriarcal
Houellebecq evoca el pensamiento de dos autores a los que rinde homenaje: Philippe Muray y Maurice Dantec. Ambos son, junto a él mismo –según el propio Houellebecq-, quienes más han hecho por la demolición del mito progresista.

Muray sostuvo que vivimos una persecución abierta del principio masculino, y que en su lugar lo que se está instituyendo es un poder matriarcal. Ese poder matriarcal es quien genera, por su naturaleza, la clase de mundo que erigiría un sistema como el que previó Tocqueville.

El matriarcado no tiene por función preparar a los jóvenes para las empresas viriles y, por tanto, para su maduración, como ha sido siempre tarea del padre, sino que pretende perpetuar la infancia, impulso de toda madre. Las características de nuestras sociedades así lo muestran: irresponsabilidad y sobreprotección, que marginan la idea de virilidad misma.

El principio masculino es arrinconado, expulsado de la sociedad, y todas sus manifestaciones pasan a ser sospechosas.

El sepulcro del 68
Ese mito progresista ha prevalecido, de forma absurda, durante largas décadas. Puede que las figuras de Camus y, sobre todo, de Sartre, resulten grotescas en nuestro tiempo, pero no podemos olvidar aquel injustificable lustre con que les blindó la brutal hegemonía del marxismo y del Partido Comunista. Y que duró, por lo menos, hasta que en 1974 la publicación de Archipiélago Gulag terminó con la dictadura comunista en los medios.

¿Cómo es posible que prevaleciesen gentes como aquellas, que carecían de toda formación científica? ¿Cómo es posible que pudieran pasar por brillantes filósofos quienes ignoraban los rudimentos del conocimiento de nuestro tiempo, quienes nada sabían de genética, hasta erigirse en factótums de toda una sociedad y casi de una civilización?

Claro que peor fue lo que vino después, con la imposición de los Derrida, Lacan y Foucault, que heredaron la ignorancia científica de sus predecesores, lo que sin duda explica sus propuestas filosóficas…propuestas mágicas y vacías, propias de charlatanes. La elaboración de aquello que hoy constituye la centralidad del discurso hegemónico, solo se explica por la supina ignorancia de la realidad y de la ciencia que exhibían estos pretenciosos pensadores que han destilado la absurda ideología de género.

Houellebecq admite que la generación reaccionaria tampoco es que sepa mucho de contenidos científicos pero asegura que, al menos, ha renunciado a fingir.

Saltan las cadenas
En todo caso, lo que mostraron los reaccionarios Muray y Dantec fue que se podía escribir sin tener en cuenta las consecuencias. Escribían lo que pensaban, y expresaban aquello en lo que creían. Escribían para sus lectores y jamás para el ambiente. Eran hombres libres.

Los intelectuales, hoy, son libres gracias a ellos dos, que les han liberado de las cadenas de la izquierda. Primero desapareció Marx, luego Freud, y Houellebecq augura que lo mismo podrá pasar con Nietzsche, aunque admite que ese cálculo suyo puede deberse al optimismo.

De modo que su grandeza reside en esto: puede que ninguno de los tres sean grandes pensadores, pero han liberado el pensamiento.

Por eso, Houellebecq se atreve a desenmascarar la revolución francesa como una escabechina inmisericorde que bañó en sangre el nacimiento de la democracia. Para el pensamiento de izquierdas siempre resultó esencial la sacralización del proceso revolucionario, y no es extraño que sus valedores sean hoy los más comprensivos con la desaparición de Europa y con la masiva arribada del islam a nuestras latitudes.

Lo descarnado de su visión acerca de la revolución francesa se resume en la afirmación de que, junto a los excesos revolucionarios, los yihadistas parecen civilizados.

Odio antiblanco
Sartre proyectó en su obra el odio que se profesaba a sí mismo, y que transmitió a sus lectores, un estúpido odio masoquista. Fue el inventor del racismo antiblanco, de la criminalización de occidente, del complejo de culpa que nos está matando.

Todo esto hoy se traduce en Francia en la permisividad con el islam, fruto genuinamente progresista. La permisividad va creciendo apoyada en una estrategia erigida sobre dos ideas fundamentales: una primera, que subraya el peligro yihadista –peligro, objetivamente, real- con el objetivo de difuminar la razón del propio yihadismo, que es el islam; y una segunda, articulada a partir del discurso de que nuestros valores prevalecerán gracias a la superioridad del laicismo y la democracia.

Ante las evidentes muestras de fatiga del mundo occidental, Muray pedía que volviéramos a ser cruzados, porque no se puede sostener la lucha contra el islam sin un poder espiritual que anime la propia causa. El desafío no es el yihadismo; este terminará, y hasta es posible que dentro de poco, pero el problema –que es la demografía y no el terrorismo- subsistirá. Por esta vía Europa se está suicidando a gran velocidad, y el proceso se culminará en pocos años.

Sólo la recuperación de la pareja como una institución estable, solo le regeneración del matrimonio, puede procurarnos aún algún futuro.

Las elites contra el pueblo
Houellebecq señala que, parte de la revuelta reaccionaria de la intelectualidad, consiste en enfrentar el poder de las elites y su arrogancia. Hoy, los autores más vendidos, Finkelkraut, Onfray o Zemmour, además del propio Houellebecq, han conducido a la intelectualidad desde el lado de las elites al del pueblo. La ira del poder es evidente: cuando entendió que resultaban inaceptables las ideas que en público expresaba Zemmour, el gobierno expresó su disgusto porque este mantuviese su programa en una televisión privada. Fue inmediatamente expulsado.

En realidad, sostiene Houellebecq, lo que se ha producido es una rebelión de las elites contra el pueblo. Hace décadas, comenzaron a oírse quejas contra el sufragio universal desde el propio sistema, algo en principio paradójico. Esas elites son el resultado de la coyunda político-financiero-mediática que dirige las naciones occidentales y que constituye el núcleo del poder transnacional que aspira a eliminar las naciones-estado y a convertir la democracia en una farsa, y que ha tenido su mejor expresión en la aprobación del Tratado de Lisboa por el parlamento de París después de que la población lo hubiera rechazado en referéndum (2005).

Con el Brexit sucedió lo mismo. Al saberse el resultado, las elites pusieron en circulación la idea de que había ganado el voto de los pobres, de los idiotas, de los paletos y de los ignorantes. Ya para entonces circulaba el término “populismo”, vocablo que expresa su desconfianza hacia todo lo que tiene relación con el pueblo.

Algo parecido ha sucedido con el desprecio que comienza a difundirse al respecto de los intelectuales franceses. Sin duda, estos han abandonado la izquierda, aunque eso no quiere decir que se hayan unido a la derecha; alguno de ellos, incluso, siguen reclamándose de izquierdas, como un Onfray que no reconoce la izquierda en lo que hoy se denomina como tal.

En definitiva, señala Houellebecq, se les achaca haberse unido a la derecha, simplemente porque se han vuelto libres.

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La corrupción. Y otras basuras políticas
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 30 Abril 2017

Hay algo que enseña el estudio comparado de los sistemas democráticos: la capacidad de la corrupción política para desbaratar la agenda pública, colocarse en el centro de los debates colectivos y poner a los medios de comunicación en fila india. No es extraño. La corrupción constituye un vicio insidioso que afecta al núcleo mismo del contrato democrático: entregamos poder a los políticos para que solucionen nuestros problemas y cuando en lugar de ello se dedican a llenarse los bolsillos, o las arcas de sus partidos, los votantes-contribuyentes nos sentimos con razón insufriblemente maltratados.

La corrupción ocupa estos días en España la mayor parte del espacio informativo, centra las conversaciones de millones de personas y domina las redes sociales, convertidas en un estercolero. Resulta, claro, comprensible que el formidable escándalo del PP madrileño y las fantásticas aventuras del clan Pujol arramplen con otros asuntos cuya importancia para nuestro futuro colectivo no ha disminuido tras saberse ¡otra vez más! que hay personas que, violando la ley, utilizan sus cargos públicos y sus relaciones familiares con políticos para hacerse un capitalito, favorecer a sus partidos o ambas cosas a la vez.

Y es que la corrupción, por grave que sea, y en España lo es, no hace desaparecer los otros desafíos a los que nos enfrentamos: ahí sigue el jaleo secesionista catalán, avanzando a paso de gigante hacia el golpe de Estado que la Generalitat pretende dar de tapadillo; como siguen ahí las primarias del PSOE, de las que depende el futuro del partido y también el del país; los datos del paro, que ponen de relieve su grave estacionalidad; la crisis demográfica, atenuada solo por la inmigración; el riesgo para la recuperación económica, afectada por una inestabilidad política que algunos ven como su gran oportunidad; y tantos asuntos grandes y pequeños, que el nuevo vendaval de corrupción, como el monstruo de las galletas, ha literalmente devorado.

La corrupción se lo come todo y no por culpa de los jueces o los medios de comunicación, aunque varios de los primeros y no pocos de los segundos actúen con una responsabilidad manifiestamente mejorable. Pero que la crisis creada por la corrupción sea culpa de los corruptos y, en su caso, de los partidos a los que pertenecen no puede hacernos olvidar que sus consecuencias finales dependerán de cómo afronten la lucha contra ella el conjunto de los partidos y sus líderes. La payasada de la moción de censura de Podemos, rechazada por fortuna de forma general, es una prueba insuperable de una forma de hacer política que podría convertir la corrupción en la tumba del propio sistema democrático: la de los que creen que cuanto peor, mejor; que todo vale para combatir al adversario, al que se considere en realidad un enemigo; y, en fin, que lo importante es llegar al poder aunque sea para administrar solo sus cenizas.

La voracidad de las moscas
RICARDO MARTÍNEZ. JULIO REY El Mundo  30 Abril 2017

La enfermedad del sueño, la miasis, la disentería, el cólera, la fiebre tifoidea, son enfermedades infecciosas transferidas por las moscas y su natural atracción por la pestilencia de la carne en descomposición y las inmundicias: lo fétido, lo corrupto al alcance de sus ávidos palpos maxilares.

Cohecho, prevaricación, blanqueo de dinero, tráfico de influencias, sobornos, información privilegiada, extorsión, malversación, son enfermedades infecciosas transmitidas por las advenedizas moscas filibusteras de la aventura política y su natural atracción por la pestilencia de la carne en descomposición y las inmundicias: lo fétido, lo corrupto al alcance de sus ávidos tentáculos. Gürtel, Púnica, Brugal, Acuamed, Taula, Bárcenas, Bankia, Fabra, Funeraria, La ciudad de la Justicia de Madrid, Feria Valencia, F1, Terra Mítica, Ciudad de la Luz, Visita del Papa, Bancaja, Banco de Valencia, Aena, Valencia Summit, Valencia Turismo Convention Bureau, Teatro Getafe Madrid, Alviasa, Imelsa, Palma Arena, Novo Carthago, Puerto Lumbreras, Umbría, La Nueva Condomina, Escombreras, Serrallo, Ático Estepona, Nóos, Canal de Isabel II. Y los ERE. Y Catalunya Banc, Millet, el 3%: efluvios de fortuna fácil, chuches vírgenes al alcance de golosos sin conciencia social, funcionarios públicos con excesivo poder discrecional concentrado, megalómanos sociópatas sin cultura del compromiso, convencidos de que podrán gozar de la impunidad blindada por el corporativismo partidista y, en el caso de que esto no fuera bastante, con el suficiente compadreo de cacería o palco de fútbol para apelar a la autoridad competente, que no dudará en amedrentar a aquel de sus jueces o fiscales que se destaquen como peligrosamente concienzudos próceres que siempre tienen a mano la coartada del y usted más: nunca han sido ellos los primeros legisladores jurídicos ejecutivos en certificar la muerte de Montesquieu. No dudan las polimorfas moscas tentaculares corruptas en tirar del quid pro quo con directores de cabeceras del cuarto poder que les son domésticos, para que, soslayando dócilmente su imprescindible definición de periodístico contrapoder, les rubriquen, en mansas negritas, su razón.

Valencia, Andalucía, Murcia, Catalunya, Madrid... Se abulta, día a día, la lista de ex presidentes Autonómicos que están marcados con la letra C escarlata de corruptos; los cinco últimos tesoreros del PP y el propio Partido Popular, acusado de beneficiarse de la financiación ilegal a título lucrativo; destacados miembros de Convergència i Unió, con el molt honorable a la cabeza... Costuras del sistema, reventadas en cascada por el delito. Punta del iceberg, evidencia pestilente de toda una época de desgobierno y corrupción desvergonzada, que en su epílogo nos está llevando a caminar, con los pies desnudos, por el peligroso filo de la cuchilla de afeitar del estremecimiento, provocado por la sensación de que, en manos de este indulgente presidente de Gobierno avestruz, llegue España a convertirse en un Estado fallido.

Hoy sabemos, gracias a un magnifico reportaje del suplemento Crónica de este periódico, que un minúsculo mosquito fue el culpable de la muerte del banquero Emilio Botín, un gigante. Metáfora de lo paradójico que nos da qué pensar. Como los mosquitos, las moscas trasmiten enfermedades perniciosas y... mortales: moscas vulgares, moscas pertinaces, moscas voraces, moscas de todas las horas, que no labran como abejas, ni brillan cual mariposas.

Lluís Llach, el de la estaca
Antonio Robles lavozlibre.com 30 Abril 2017

Periodista, profesor y político

Las declaraciones del cantautor Lluís Llach amenazando a los funcionarios que no cumplan con la ley de desconexión con sanciones han provocado una ola de indignación dentro y fuera de Cataluña. Increíble, cómo si tales bravatas fueran nuevas.

Para cualquiera que haya vivido y sufrido a estos cantamañanas de la construcción nacional, el estupor de verdad de tales declaraciones no está en las amenazas, sino en la indignación fingida que ha levantado entre nuestros progres del resto de España. ¿Acaban de caerse del burro a estas alturas de la película? Me cuesta aceptar que una sociedad y un Estado hayan estado en el limbo ante pruebas diarias de exclusión y odio.

Es muy importante que quien se aventure en estas líneas repare y tome en serio lo que sigue. Nada de lo que ahora está saliendo a la luz, ¡nada! ha surgido ahora. Viene de lejos. Pero nadie quiso nunca escuchar. El Lluís Llach que adoraban nuestros progres cuando cantaba la Estaca es el mismo que amenaza ahora a los funcionarios. Él fue quien incendió el Camp Nou en 1981 con mecheros al grito de “Som una nació”. Por primera vez, allí, en los cuarteles del “ejército desarmado de Cataluña”, como catalogó Vázquez Montalbán al Barça, el resentimiento catalanista aplastó a los firmantes del manifiesto de los 2.300, que unas semanas antes se habían atrevido a reivindicar la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña. Como saben, con secuestro y tiro en la rodilla a uno de ellos, Federico J. Losantos y el exilio silencioso de 14.000 maestros y profesores, forzado en unos casos, voluntario en otros. En aquel grito de “Som una nació”, ya estaba toda la mierda de la desconexión, del derecho a decidir, de España nos roba, del juego de legalidades, de leyes de transitoriedad jurídica, del castellano como idioma impuesto y extraño, y toda esa bisutería lingüística al servicio de sus tretas y fines, que por entonces se quedaban en aquello de “hoy paciencia y mañana independencia”. Aunque nuestros progres acomplejados prefiriesen ver en la reivindicación una épica contra el franquismo y no odio destilado contra España.

Todas y cada una de las bravatas, amenazas, desprecios a la legalidad, a la cultura, a la lengua, a la bandera, a la Constitución y a España como nación de estos últimos años, los hemos tenido que soportar en el sistema educativo de Cataluña desde el primer gobierno de Pujol. Quienes hemos trabajado en él lo hemos padecido a diario. Nada nos es nuevo. Ni siquiera esas deformaciones esperpénticas del Instituto de la Nova Historia dónde se afirma que Roma no fue nada hasta la llegada de los catalanes, que Santa Teresa de Jesús, Leonardo Da Vinci o Cristóbal Colón eran catalanes, o el Quijote en realidad fue escrito en catalán y traducido al español por las intrigas imperialistas de la pérfida Castilla. En 1982, en el Instituto de Enseñanzas medias de Masnou, donde daba clases, oí por primera vez cómo un conferenciante aleccionaba a los alumnos en el salón de actos con el cuento de que la guerra entre Cataluña y España de 1714 Castilla acabó con la nación catalana, persiguió el catalán y colonizó sus riquezas (sin que ningún profesor, incluidos los de historia, dijera esta boca es mía. Y ahora

aclárenle a los que han interiorizado ese discurso que aquello fue una guerra internacional por la sucesión a la corona de España y no de secesión). O en 1988, en el IES Príncipe de Gerona, donde asistía a idéntico aquelarre con el cuento de que Colón en realidad era catalán. Nuevamente la pérfida Castilla les había robado la gloria del descubrimiento de América. O el despliegue descomunal de propaganda envuelto en cultura y conmemoración histórica en los centros de enseñanza del milenarismo de Cataluña de 1988. ¡Ay!, con la participación del propio Rey Juan Carlos I en la inauguración. Cuánta conllevanza sospechosa, a la luz del trasiego de coimas y juzgados de hoy.

El relato de una nación oprimida de Carles Puigdemont soltada en un aula de Harvard hace unos días es la excrecencia bochornosa que hemos soportado día sí y día también, curso tras curso en nuestras escuelas, institutos y universidades. No hablo de oídas, he simultaneado clases durante 13 años en la universidad y 24 en enseñanzas medias, y sé lo que ocurría en las escuelas por numerosos amigos maestros, incluida mi mujer, profesora de matemáticas.

Semanas atrás la rajada del Juez Santi Vidal produjo similar controversia. Se abrió el debate de si había dicho la verdad, o solo fue afán de notoriedad. No hay debate, dijo la verdad, o sea, las posverdades del nacionalismo, que son una mezcla de intrigas y deseos. El control de maestros y profesores a través de listas negras se hizo desde el principio. Incluso a mediados de 1984, Cambio 16 publicó con nombres y apellidos las listas rojas (porque sus nombres se señalaban con cruces rojas) de aquellos profesores que fueron forzados a salir de Cataluña a través del concurso de traslados sin su consentimiento, a pesar de no haber pedido localidades fuera de Cataluña. ¿Por qué? Porque se negaban a dejar de dar las clases en castellano.

Nada es nuevo, cada una de las exclusiones y desprecios de hoy las hemos sentido y sufrido en la Escola Catalana infringidas a diario de mil formas diferentes por el verdadero ejército de Cataluña: sus maestros y el poder político que los sostençía. Nada es nuevo, desde 1980 hemos sufrido a diario este delirio que ahora solivianta a tantos sin percibir aún que han sido ellos, precisamente, quienes lo han propiciado con su silencio.

Nadie asume ahora las 'herriko tabernas': llevan dos años abiertas tras ser ilegalizadas
La Audiencia da un ultimátum al Ejecutivo y le exige que designe ya al organismo encargado de decomisar las 103 tabernas. Pide a la Ertzaintza un informe sobre cuáles siguen abiertas
Rafael Méndez elconfidencial 30 Abril 2017

La herriko taberna tiene toda la parafernalia. Hay un cartel enorme con las fotos de carné en blanco y negro de presos de ETA bajo la palabra AMNISTÍA, una hucha para ayudar al bar y otra para los presos de ETA. Al fondo, un mural recrea el bombardeo de Gernika por parte de la aviación nazi hace justo 80 años. Arriba en la esquina, un póster con el perfil de Euskadi y la cara de Fidel Castro dentro del mapa. Esto es Larrabetzu, en el interior de Vizcaya, un pueblo de 2.000 habitantes en el que los seis concejales son nacionalistas: seis de Bildu y tres del PNV. La tortilla de patatas es excelente y la caña, por su tamaño, un cañón. En la terraza hay gente tomando su cerveza bajo un sol muy agradable.

Esta es una de las 103 'herriko tabernas' que el Supremo ordenó decomisar en junio de 2015. Pero casi dos años después de que la sentencia sea firme aquí apenas se nota nada. El que la regenta se muestra amable con el forastero: "Este local lo compró el pueblo hace tiempo. Desde que salió la sentencia no ha pasado nada. Estamos esperando. Hemos recurrido a Estrasburgo". "Nosotros hemos tomado otro camino, es de la paz, pero España sigue en guerra", afirma mientras tira una cerveza. Como esta, la mayoría de esas 'herriko tabernas' siguen abiertas.

El caso de las 'herriko tabernas' comenzó en 2002. En plena ofensiva etarra, la Audiencia Nacional abrió un polémico y complejo proceso contra los bares nacionalistas. No contra todas, sino contra aquellas que aparecían en documentación de ETA. En 2013 comenzó el complejo juicio. No solo se juzgaba a dirigentes de la izquierda 'abertzale' como Joseba Permach, Rufi Etxeberria, Karmelo Landa, Juan Cruz Aldasoro y Joseba Álvarez, sino a unas 110 asociaciones del País Vasco acusadas de financiar a ETA.

Según el fallo del Supremo, que ratificaba una sentencia de la Audiencia Nacional, este grupo de las 'herriko tabernas' aunque "bajo la apariencia que les daba configurarse como asociaciones legales, desarrollaban una función delictiva, mediante la aportación económica con que contribuían a las estructuras de ETA". Eso fue en 2015, 13 años después de comenzada la operación, pero el caso aún no había terminado. Faltaba lo más difícil: ejecutar el fallo.

Para desesperación de los jueces del caso, la sentencia se ha eternizado entre peticiones de aclaración sobre el alcance del fallo y la lentitud de la Administración. La Audiencia Nacional exigió el pasado 29 de marzo a los dos organismos encargados que se pueden ocupar del comiso y subasta de los bienes que decidan si se hacen cargo. El magistrado Julio de Diego, uno de los magistrados de la Gürtel, fue ponente de una resolución que requería a la Oficina Recuperación y Gestión de Activos (ORGA) de Justicia y a la direción general de Patrimonio, de Hacienda, que "a la mayor brevedad informen sobre su disponibilidad para llevar a cabo la gestión de los bienes y su destino conforme a la sentencia".

La justicia se ha encontrado con que no sabe a quién pedirle que asuma las 'herrikos'. En septiembre pasado, el abogado del Estado consideró que era un tema de la ORGA, pero dos meses después la fiscalía consideró que lo suyo es que fuese Patrimonio. No se trata de disolver las asociaciones culturales que ostentan las 'herrikos' –algo que ha denegado el tribunal–, sino de confiscar sus bienes y subastarlos.

El problema es que la ORGA, de Justicia, dice que el caso no es suyo. Una portavoz argumenta que la oficina se creó en octubre de 2015 y que solo asume bienes posteriores a esa fecha. Así que considera que se ha librado por unos meses. Cuando en octubre de 2015 fue inaugurada, Rajoy resumió los objetivos de esa oficina: "Si tuviera que resumir lo que hacemos este viernes, sería crear una oficina para que ningún delincuente pueda disfrutar de lo que ha robado y dedicar los recursos que se incauten a fines sociales". La dirección general de Patrimonio, dependiente de Hacienda, no había decidido hace unas semanas si puede hacerlo. En la Administración nadie quiere ser quien se haga cargo de semejante problema, según fuentes próximas al caso.

Para intentar cumplir de una vez el fallo, la Audiencia ya pidió el pasado 8 de marzo un informe a la Ertzaintza "sobre la situación actual de todas y cada una de las 'herriko tabernas' que fueron objeto de comiso en las presentes actuaciones (si se encuentran operativas, en funcionamiento diario, fines de semana, festividades locales... o si se mantienen cerradas por alguna circunstancia exógena al procedimiento como pudiera ser adjudicación a terceros por ejecución hipotecaria, reclamación de pagos de comunidad, desahucio por falta de pago, etc.)".

Fuentes de la Asociación Dignidad y Justicia, personada en el procedimiento, piden que se cumpla cuanto antes y se acabe con esto. "No podemos llevar dos años ya sin saber quién se hace cargo de las 'herriko tabernas'. Deberían decidirse ya". Dichas fuentes creen que lo ideal es que fuese la ORGA, que es quien tiene los medios para eso, pero en cualquier caso piden que se aclare ya. Un letrado de un grupo de 'herriko tabernas' cree que no es tan raro que hayan pasado dos años sin ejecución teniendo en cuenta las demoras judiciales en la Audiencia Nacional.

Problemas para los vecinos
Aunque muchas herriko tabernas siguen abiertas, otras han cerrado y/o se han mudado, lo que ha ocasionado problemas a algunos de los los vecinos. Como el Estado no se ha hecho cargo de los locales, no paga la comunidad y ha habido reclamaciones.

En otros casos, la Audiencia Nacional ha tenido que dar permiso para intervenir en locales con problemas de salubridad. Así ha ocurrido en Santutzi, donde el Ayuntamiento reclama 1.779 euros de saneamiento y desrratización de un local de una herriko abandonada. La dueña del local de otra herriko ha pedido a la Audiencia permiso para poder tomar posesión de él, ya que lo tenía alquilado pero la asociación dejó el local. Y así lleva dos años.
 


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