AGLI Recortes de Prensa   Martes 2 Mayo 2017

Nada que celebrar.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  2 Mayo 2017

Los tertulianos del PP en los medios de comunicación, repiten con obediencia franciscana el mantra que se ha lanzado desde Génova 13 y Moncloa, de que lo realmente importante es la economía y que “la corrupción es algo importante, pero aún más que contemos cómo cambiamos este país”. Y tiene razón, para los españoles según todas las encuestas lo que más preocupa es la economía, sobre todo la familiar que no alcanza, y la que afecta al paro y después a la corrupción. Y hoy, resulta que se celebra el día de los trabajadores, que no son precisamente sólo aquellos que tienen la suerte de tener un empleo, sino también de todos los demás que lo perdieron y de los que habiendo trabajado durante décadas ven cómo se cuestiona su derecho a recibir una pensión digna y se afirma que se deben revisar los baremos y la pensión máxima actual por considerarse “excesiva”. Y eso lo dicen aquellos que han sido responsables del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la burbuja bancaria y de las Cajas de Ahorros y que se aseguran su pensión vitalicia e indemnizaciones multimillonarias por su breve dedicación a la cosa pública. ¡Hace falta tener desfachatez y total falta de ética!

Y también tienen razón, es muy importante el que cuenten toda la verdad sobre cómo están cambiando este país, porque el lujoso y vistoso papel celofán es solo el envoltorio que cubre la miseria de una gestión basada en un brutal aumento de la deuda pública habiendo llegado al máximo histórico del 100% del PIB; un estancamiento de la disminución del déficit público con serias amenazas por parte de la UE de sanciones por el incumplimiento reiterado de los compromisos; una insuficiente rebaja del paro, ya estructural y de larga duración, con un aumento de la precariedad de los nuevos empleos creados, donde solo el 47% de los contratos es fijo; una rebaja real de las pensiones de los jubilados con una pérdida real del poder adquisitivo; vaciamiento de la “hucha” de la Seguridad Social obligando a su inclusión en los PGE; despilfarro autonómico, etc. etc.

No creo que si contasen esa realidad incómoda tuvieran esa postura de orgullo y satisfacción por los logros, que no son tales, sino simples fabulaciones y manipulaciones de ingeniería contable, auténticas “cuentas de la lechera” donde los recortes se evidencian en servicios tan esenciales como Sanidad, Educación e inversiones en mantenimiento y modernización de estructuras. Mientras, las burbujas siguen estallando, como la de las ruinosas autopistas. Otra obra faraónica fracasada que precisará su nacionalización inminente y que costará miles de millones de euros a los españoles. Ya se habla de peajes para pagar el mantenimiento de las autovías, o el incremento del impuesto sobre combustibles. Y eso sin mencionar el tema del AVE, un lujo incompatible con nuestra realidad económica, del que ya se ha dicho que “nunca será rentable”. Eso sí, tenemos la mejor cobertura de Sanidad a nivel mundial, con unos medios humanos de primer nivel y peor pagados, con una sociedad solidaria la primera mundial en donaciones de órganos y trasplantes. A cambio de unas listas de espera inaceptables que hacen que la asistencia y atención medica sean ineficientes por la demora.

Y de la educación, mejor ni hablamos por la vergüenza de ser uno de los países de Europa, que es lo mismo que decir a nivel mundial, con más fracaso escolar y con peor índice educativo, Una realidad que ha llevado a plantear una rebaja de requisitos a la hora de calificar y otorgar títulos. Y eso en todos los niveles educativos. Lo último, permitir pasar de grado con dos asignaturas suspendidas, dejar los exámenes de reválidas de estudios como meros indicadores del nivel de conocimientos y no como filtros para superar el grado y acceder a otro tipo de estudios como los universitarios. Y si contemplamos la Universidad, la respuesta la encontramos en que ninguna de las universidades españolas aparece en los primeros 100 puestos, siendo la primera la Universidad de Barcelona en el puesto 141, seguida a distancia por la Universidad Complutense de Madrid en l puesto 205. Y eso que España fue de las pioneras con la Universidad de Salamanca. Pero como pasa en la banca, réditos pasados no aseguran réditos futuros. A España hace tiempo que el rédito es negativo, acorde con la escandalosa deuda pública. Eso sí, tenemos universidades politizadas y dominadas por la izquierda y extrema izquierda, y así nos va.

Hoy es el día del Trabajador, de todos, los que reciben remuneración por su trabajo y de aquellos que trabajando en el hogar familiar, porque no pueden o no tienen acceso a un puesto laboral, no reciben ningún tipo de remuneración ni de reconocimiento. Lo que no creo es que haya mucho que celebrar y sí que reivindicar. Lo malo es que quienes abanderan la reivindicación, los sindicatos UGT y CCOO, son parte y cómplices de aquellos a los que deberían censurar. No representan a la inmensa mayoría de los trabajadores, ni tampoco sufren ni comparten sus penalidades, ya que viven de las generosas subvenciones y del inmenso patrimonio otorgado por una más de las supuestas “deudas históricas”. Es por eso que ya nadie confía en ellos y sus convocatorias no consiguen la respuesta mínima suficiente para legitimarles.

Mi más sincera enhorabuena a todos aquellos que tienen un trabajo, aunque no sea ni todo lo digno que debería, ni esté tampoco debidamente remunerado. La única forma de mejorarlo es reclamando aquello que por justicia y derecho nos pertenece. Nadie regalará nada y todos los logros solo se consiguen por la presión en un diálogo desequilibrado donde los trabajadores partimos de una situación en clara desventaja.

¡Que pasen un buen día!

"No hay excusas"... para seguir manteniendo a estos sindicatos
EDITORIAL Libertad Digital  2 Mayo 2017

Como cada primero de mayo, Día Internacional del Trabajo, los principales sindicatos han salido este lunes a las calles a plantear con histrionismo determinadas exigencias que tienen más que ver con los objetivos políticos de sus partidos afines que con los intereses reales de los trabajadores, que muy significativamente les dan rotundamente la espalda tanto cuando se trata de salir a la calle como, lo más importante, a la hora de afiliarse y pagar la correspondiente cuota para su mantenimiento.

El descrédito de UGT y CCOO, los sindicatos privilegiados por el Estado, no deja de agudizarse año tras año, como ponen de relieve la paupérrima asistencia a estos actos propagandísticos, que apenas se sostienen ya con la presencia de unos pocos miles de los denominados liberados; liberados de trabajar, entiende todo el mundo.

En consonancia con el agitprop de la extrema izquierda, igualmente copada por sujetos que tienen muy poca o ninguna experiencia directa del mundo laboral, los mensajes de los dos sindicatos se han centrado esta vez en denunciar los casos de corrupción del PP. El fervorín sindical sería creíble si no fuera por los tremendos escándalos que han protagonizado CCOO y, sobre todo, UGT en los años recientes. Ambas centrales sindicales son responsables directas del saqueo de centenares de millones de euros de los contribuyentes españoles, que han asistido atónitos a un continuo rosario de casos de corrupción como el de los ERE fraudulentos en Andalucía, el del robo sistemático en los cursillos de formación o el de la dimisión forzada de un histórico líder de la UGT tras acogerse a una amnistía fiscal para blanquear su fortuna.

El lema de la jornada de exaltación sindicalista ha sido "No hay excusas". Y, en efecto, no las hay. No hay excusas para seguir manteniendo con fondos públicos a estos dos mastodontes dedicados a hacer agitprop en lugar de a defender los intereses de los trabajadores. No hay excusas para que UGT y CCOO no se mantengan con las cuotas de sus asociados y se dediquen exclusivamente a intervenir en las negociaciones con las empresas en defensa de los intereses de sus afiliados. No hay excusas, en fin, para que, de una vez, España abandone desfasadísimo modelo sindical que padece y comience a contar con sindicatos profesionales que ejerzan su función sin expoliar las arcas públicas.

No hay excusas; pero los sindicatos privilegiados, el Gobierno y el resto de la clase política encontrarán alguna para seguir esquilmando el bolsillo del contribuyente y avergonzando a la ciudadanía.

¿Y la regeneración sindical?
Editorial La Razon  2 Mayo 2017

Bajo la dirección de Marcelino Camacho y Nicolás Redondo de los dos grandes sindicatos españoles hubiese sido impensable que un dirigente de un partido político, por más aguerridas que fueran sus consignas, por que más que exhibiera el puño cerrado, se hubiese atrevido a utilizar la tradicional manifestación del Primero de Mayo para fraccionar a la izquierda tradicional. En mayor o menor medida, los líderes históricos de CCOO y UGT velaron por la independencia sindical, como las sucesivas huelgas generales sufridas por los gobiernos socialistas demostraron. Fueron «correas de transmisión» de sus partidos hermanos, PCE y PSOE, como se decía entonces, pero hicieron prevalecer su estrategia negociadora frente a los planes puntales de las formaciones políticas. Un respeto.

Pero se ha abierto otro tiempo político y también sindical. Se habla de que hay que regenerar la vida política, pero ¿y el sindicalismo? ¿Los sindicatos no se regeneran? Parece que no. La aparición en la manifestación de ayer en Madrid de Pablo Iglesias vendiendo su moción de censura vuelve a demostrar su obsesión por acabar como sea con el PSOE. Hacerlo, además, entre los votantes naturales de los socialistas es especialmente hiriente. Más hiriente, si cabe, es que el mensaje que CCOO y UGT lanzaron ayer sea la lucha contra la corrupción. En su derecho están, pero convendría para actuar bajo ese espíritu de regeneración que ellos mismos se pusieran como ejemplo. Hablar de «corrupción pornográfica» puede ser eficaz para ser captado por los algoritmos que aseguran el éxito en las redes sociales, pero no para ajustarse a la realidad. El secretario general de UGT, Josep Maria Álvarez, definió este Primero de Mayo como el de la «exigencia de depuración de responsabilidades a los corruptos de este país».

Insistimos: está en su derecho. Pero comete un olvido imperdonable: el caso de los ERE en Andalucía, un macroproceso que ha destapado un monumental fraude público cuyo importe se calcula en 130 millones de euros y en el que están encausados dirigentes de UGT, como también lo están en la estafa de los cursos de formación, que gestiona el propio sindicato, y que, según la Udef, alcanzaría los 3.000 millones de euros. Los sindicatos deben actuar con seriedad y no entrar en el bucle demagógico y populista al que les ha invitado Podemos. Los sindicatos no pueden jugar con un dinero público que se les ha asignado para defender los derechos laborales de sus afiliados y del conjunto de los trabajadores. Es legítimo que hablen de la mesa de negociación todavía abierta por el tema salarial y piden cerrar un acuerdo, pacto, por cierto, que la patronal daba por concluido pero que los sindicatos no querían sellar antes del Primero de Mayo.

Los sindicatos reciben anualmente una subvención directa de 18 millones de euros, de los que 6.385.000 son para CCOO y 6.122.000 para UGT. Superior es, sin embargo, las subvenciones recibidas para gestionar los cursos de formación. En la partida de 2010 del Servicio Público de Empleo Estatal para este capítulo, UGT recibió 79,5 millones y 74,9 CCOO, sistema que cerró el actual Gobierno a pesar de la oposición sindical. También habría que contar el porcentaje sobre los ERE que negocian, que ronda el 3% de la indemnizaciones, o la parte que le corresponde por participar en organismos consultivos del Ministerio de Trabajo, por no sumar, además, el sueldo que las administraciones pagan a unos 9.000 liberados. Por lo tanto, convendría a los llamados sindicatos mayoritarios –UGT tiene 1.206.987 de afiliados y CCOO, 909.711– que emprendiesen ellos también su propia regeneración.

¿Hay que abolir el 1º de mayo?
Miguel Alba vozpopuli.es  2 Mayo 2017

La cercanía de la fecha desempolvaba la conversación entorno a una taza de café. Dos jóvenes, anónimos, desencantados con casi todo, según se escuchaba desde la mesa contigua, reflexionaban sobre su tema. Más bien monotema. La falta de empleo. Ambos presumían de título universitario. Uno de ellos, incluso, de un máster. Pero, a la hora de encontrar trabajo, de momento, agua. Sólo ocupaciones esporádicas. Mal pagadas, of course. De repente, uno le pregunta a otro, tras pegarle su sorbo al café. "¿Crees que se debe abolir la fiesta del 1º de Mayo como fecha reivindicativa?" Sin dejar abrir la boca a su interlocutor, él mismo se contesta. "Aquella conquista fue de otros tiempos, cuando el proletariado vivía y trabajaba hace cien años en condiciones infrahumanas. Ahora ya no queda rastro de aquello, por suerte. Y, por desgracia, no queda rastro de aquellos sindicatos". "Además los sindicatos sobran", apostilla el otro. ¿Cuánto de verdad hay en esta opinión? ¿Debemos abolir el 1º de Mayo? Démosle una vuelta a estos interrogantes.

Hace no tanto, durante la transición -y naturalmente en el final del franquismo- los sindicatos jugaron un papel fundamental demostrando una responsabilidad ejemplar. Después llegó un tiempo de evolución porque la 'famélica legión' de las masas trabajadoras se había convertido en una clase media libre ya en democracia y con legítimas aspiraciones de ir subiendo más y más. Fueron los años en los que los sindicatos pactaban fácilmente con la patronal y ampliaron su apoyo a los trabajadores promoviendo, por ejemplo, cooperativas de viviendas como la tristemente célebre PSV de la UGT, que contribuyeron a su fracaso. De vez en cuando una huelga general y poco más. El sistema funcionaba y en los dos grandes sindicatos, que tenían el monopolio de la representación en España, fluía el dinero con la misma facilidad que lo hacía en los partidos e incluso mejor porque los sindicatos estaban a salvo de cualquier control institucional.

Pero llegó la crisis y aparecieron los brotes negros -estos de verdad- de la corrupción de todos y también las de UGT y CCOO ocupando las portadas de periódicos e informativos. No va a ser fácil -y menos aún negándose a la autocrítica- recuperar el prestigio que empezaron a perder hace mucho tiempo con tanta subvención, tanta risoterapia y tanto liberado. Estamos aún saliendo de una crisis que ha dejado a los dos grandes sindicatos desnortados. Sin fuerza, con el espacio social arrebatado por las mareas (educación, sanidad…), dejando de ser altavoz de las desigualdades y los desahucios, con el pie cambiado ante el fin del bipartidismo, alicatados de corrupción (caso ERE o tarjetas black) e incapaces de movilizar a una sociedad de la que ya han dejado de ser referencia. Tan solo les queda ese reducto, el 1 de mayo. El día para sacar las banderas y darse un paseo por las principales capitales españolas antes de volver a casa y volver a plegar los estandartes.

Los sindicatos van camino del cementerio. Por muchas razones, pero una por encima de todas: no tienen cantera. La densidad sindical está alejada de la participación real de los jóvenes en el mercado de trabajo. En España, la mitad de la afiliación a los sindicatos se jubilará en el plazo de 10 años. En Italia, ya alcanza el 50% de pensionistas.

Esta situación confronta a los sindicatos a dos retos interconectados: el primero, detener y revertir su continuo declive; el segundo, incrementar su afiliación especialmente entre los grupos infra representados, lo que podría requerir tener más en cuenta sus intereses específicos. La decadencia sindical, acentuada durante los últimos años, quizás tenga mucho que ver con la falta de tradición de afiliación en España. No llega al 16% de la masa laboral activa, porcentaje muy parecido al de hace una década, según el Instituto de Estudios Económicos sobre la base de datos facilitados por la OCDE.

A ello se une la caída de afiliados entre 2009 y 2015. En esos seis años, las cuatro principales centrales en nuestro país -CCOO, UGT, CSIF y USO-, que representan en torno al 80% de los trabajadores españoles en la negociación colectiva, han perdido más de medio millón de afiliados. En concreto, en siete años se han desapuntado de sus filas 584.788 personas. El sindicato que más pierde, tanto comparativamente como en términos absolutos, es CCOO. Sus afiliados han caído un 24,4% desde los 1.203.307 registrados en 2009 a los 909.052 apuntados a cierre de 2015. A continuación, UGT es el más castigado: sufre una sangría de 276.617 miembros, los que median entre los 1.205.463 de 2009 a los 928.846 del pasado ejercicio, cuando por primera vez desde que empezó la crisis la cifra de asociados ha quedado por debajo del millón. Aunque su tamaño y representatividad sean mucho menores, en los últimos siete años también han disminuido los afiliados de CSIF (-6.622) y USO (-7.249).

La falta de enganche con los colectivos precarios en el empleo es sinónimo de distancia con los más jóvenes y las mujeres. Son ellos quienes más sufren la temporalidad. Y los sindicatos tienen un problema de conexión con estos grupos sociales. Para buscar el modo de enganchar con ellos, los sindicatos explican que quieren reforzar sus organizaciones juveniles. Ya disponen de ellas en algunas comunidades autónomas (Cataluña, Madrid), pero ahora quieren expandirlas. El objetivo es hacer ver a la sociedad, especialmente a los estudiantes, la necesidad del papel del sindicato y cerrar la desconexión que tienen con la sociedad. Otra cosa es que tengan aún margen para lograrlo.

En la lista de críticas prevalece la defensa que hacen de los que tienen empleo frente a los desempleados. "Todo un error", explica un catedrático en Derecho Laboral. "El parado de hoy es el trabajador de mañana y, por tanto, un posible afiliado. Pero si el parado no se siente querido cuando más lo necesita pocas ganas tendrá de afiliarse", prosigue. Su análisis mantiene que los sindicatos no han movido ficha todavía porque su clientela (muy protegida con contratos indefinidos) no se ha visto tan perjudicada por la crisis económica y, además, no quieren perder sus derechos adquiridos. En este contexto, se entiende que su debate se centre de forma recurrente en el abaratamiento del despido, su principal preocupación.

Los sindicatos, tal como los conocemos hoy, quedaron anticuados hace una generación. Incapaces de evolucionar en un mundo en el que la carrera profesional actual nada tiene que ver con los tiempos de Marcelino Camacho o Nicolás Redondo. Ahora, en el tiempo de la necesaria transformación digital de las empresas, un concepto que va más allá de lo tecnológico, porque se cimenta en la evolución continua de la cultura interna de las empresas, es inimaginable aquella fórmula de entrar en una empresa como botones y salir jubilado desde algún puesto directivo medio. Las leyes laborales tampoco lo facilitan. Y en esto tampoco los sindicatos han logrado cambiar el 'chip'. Siguen moviéndose entre teorías, mecanismos de acción que han perdido mucha eficacia, además de tentaciones sectarias y corporativistas.

Pero no es éste el único argumento. La práctica exclusividad representativa otorgada a las dos grandes centrales de trabajadores es otra de las causas, así como la progresiva pérdida de imagen de CC.OO. y UGT, incapaces de la menor autocrítica y de aclarar convenientemente una larga lista de denuncias en el manejo de fondos públicos. Precisamente, estas prebendas que reciben en sus tratos con los gobiernos de turno son ahora otro azote a su credibilidad. Tanto como el excesivo número de liberados con su puesto de trabajo blindado (más de 50.000 según estimaciones oficiales, con un costo de unos 1.600 millones de euros anuales), la escasa renovación de sus estructuras y la larga permanencia de sus líderes.

El contraste de los orígenes sindicales con la actualidad es abismal. El movimiento sindical debe volver a sus orígenes y renunciar a sus privilegios. La renovación que le haga ganarse a la ciudadanía y aumentar la afiliación debe partir de sus propios militantes. En una economía de mercado siempre serán necesarios los sindicatos y las organizaciones empresariales para que, en pugna legítima, equilibren las relaciones económicas y laborales. Desde este hacer, los sindicatos no solo tienen historia, también tienen futuro. Si no, esa reflexión de dos jóvenes alrededor de un café, hablando sobre la conveniencia o no de abolir el 1º de mayo, se transformará en un réquiem por unas organizaciones sociales necesarias para esa rehabilitación obligada de España.

@miguelalbacar

'Tangentopoli' a la española
Cristina Losada Libertad Digital  2 Mayo 2017

Después de la última ración de escándalo servida por la operación Lezo, el Partido Popular se ha propuesto acelerar la creación de una oficina interna contra la corrupción. Acelerar no es el verbo apropiado. Han pasado diez años desde que salió a la luz la trama Gürtel, que afectaba de lleno al PP, y ya entonces se podía sospechar que no iba a ser la única. Pero siempre hay pretextos para aplazar aquello que se quiere aplazar. Para cerrar los ojos ante aquello que no se quiere ver. O para cerrarlos ante aquello que se prefiere consentir. Como el PP acelere más la apertura de esa oficina anticorrupción, estará en marcha para las calendas griegas.

Quizá esa futura oficina, una suerte de asuntos internos del partido, se plantearía investigar una denuncia como la que hizo Jesús Gómez, exalcalde de Leganés y hoy diputado del PP en la Asamblea de Madrid. A Gómez le llegó que Ignacio González disponía de una cuenta en Suiza. Se lo comunicó a la dirección regional y a la nacional. González fue convocado, negó taxativamente que tuviera esa cuenta y ahí quedó todo. Según explicaban estos días, los dirigentes atribuyeron la iniciativa de Gómez a "un ánimo de venganza". La cuestión importante es que el partido no hizo nada serio por comprobar la información. "No somos la policía ni los jueces", justificó el coordinador Martínez Maillo.

La afirmación de Maillo tiene interés porque refleja las limitaciones de la política del PP frente a la corrupción. Presume de haber endurecido las sanciones y de dejar que la policía y los jueces hagan su trabajo, como si tal cosa fuera optativa, como si se pudiera (o debiera) obstaculizarlo. Pero todo eso, siendo necesario y forzoso, es insuficiente. Más aún cuando hay que contar con la lentitud de la vía judicial. Lentitud de la que suelen lamentarse mucho los partidos afectados, sin que planteen nunca fórmulas para remediarla, lo cual nos lleva a pensar a los aguafiestas habituales si no será que esa velocidad de tortuga les conviene.

En Europa tuvimos hace décadas un ejemplo de qué sucede cuando el peso de la lucha contra corrupción recae exclusivamente en los jueces. La actuación conocida como Mani Pulite, liderada por el juez Di Pietro, logró, sí, acusar y detener a centenares de cargos públicos, políticos y empresarios. También logró, aunque vaya logro, que desaparecieran partidos que habían estado en el centro de la vida política y en su lugar se instalara un tal Berlusconi. Hasta consiguió que la opinión pública se revolviera finalmente contra los jueces. Pero años después de aquella tremenda operación judicial Italia seguía lidiando con la corrupción.

En España estamos imitando el modelo italiano. De otra manera, más dispersa, pero con el mismo énfasis en perseguir la corrupción una vez que se ha manifestado, no en prevenirla. Cada nueva operación judicial escandaliza a la opinión pública, a la vez que su espectacularidad permite encubrir la ausencia de reformas que apunten a los problemas de fondo. Sin duda, el reducido efecto electoral de la corrupción quita incentivos a los partidos afectados para promoverlas. Ya les va bien así. Caen unos cuantos de los suyos, que no suelen estar en primera línea, pierden el poder en unos sitios pero lo mantienen en otros, bajan temporalmente en las encuestas, y con ese balance de pérdidas y beneficios se pueden permitir el lujo de que, en lo esencial, todo siga como antes.

El perverso juego de la influencia
Javier Benegas vozpopuli.es  2 Mayo 2017

“Solo jugamos. Es un juego”, esta es la concisa respuesta que el personaje protagonista de la película El Capital (Costa-Gavras, 2012) ofrece a una joven cuando, llevada por su idealismo, le propone escribir un libro y contar “toda la verdad” sobre los entresijos del sistema financiero internacional. Dejando a un lado la temática del film, lo cierto es que retrata, aun sin querer, otra realidad mucho más amplia. Y es que, más allá de la visión de Costa-Gavras, donde los malvados banqueros dominan el mundo, el verdadero gran juego de nuestro tiempo es el de la influencia... y no es cosa solo de banqueros.

En efecto, a la mesa de esta otra gran ruleta no solo están sentados los ruines ejecutivos que Costa-Gavras retrata, sino otros personajes menores, cada uno con su propia estrategia y unos recursos que no consisten solo en dinero, aunque evidentemente algo deban pagar por el derecho de sentarse a la mesa, por ejemplo, crear un medio de comunicación cualquiera.

Además de que no hace falta ser banquero sino que basta con ser periodista, existe otra diferencia crucial en esta otra ruleta, por así decir, más popular, y es que se pueden hacer grandes apuestas, pero también apuestas menores, según la entidad de cada jugador. Así, en primera línea, se sitúan los que realizan las más altas, los capos del negocio, que se supone conocen con cierto margen de error hacia donde caerá la bolita. Inmediatamente detrás están otros de menor entidad. Y, a continuación, una multitud de pequeños jugadores, que siguen con atención los movimientos de quienes están en primera fila para intentar rentabilizar sus modestas apuestas y escalar posiciones.

Así, el juego de la influencia se extiende en el periodismo como una compleja red de la que ningún jugador, grande o pequeño, se libra por completo. De hecho, alcanza incluso a colaboradores externos, aspirantes a firmas, académicos y gente de todo tipo y condición que ven en los diarios un atajo hacia esa notoriedad que todos anhelan.

Lo más grave, con todo, no es que las preferencias de un medio de información o, mejor dicho, su búsqueda de influencia le empujen a renunciar a las buenas prácticas. Lo peor es que, como afirmaba Marc Tourneuil, el cínico banquero de la película de Costa-Gavras, para todos se trata de un simple juego. Es decir, no importa la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, porque la realidad les es indiferente. Lo que les importa es la influencia.

Desde luego, tal y como me argumentaba un buen periodista, influir en sí no es malo. De hecho –y tiene razón– “todos queremos ser influyentes”. Cierto, la influencia no es mala por sí misma, también puede servir para hacer el bien y, al mismo tiempo, mejorar nuestra posición. Esa es una transacción completamente legítima. El problema es cuando detrás no hay rastro de altruismo o, al menos, convicción alguna, sino intereses ilícitos que poco o nada tienen que ver con la función del periodismo. Entonces la influencia se convierte en un juego de casino propio de tahúres, no de periodistas.

Quizá sea por esta razón que, al margen de la audiencia incondicional, o del lector ingenuo, si es que queda alguno, la brecha que separa a los medios de información del gran público sea cada vez más grande. Y que, más allá del mero entretenimiento, de la noticia estrambótica o de la polémica chusca, las personas den cada vez menos valor a las noticias. Para colmo, la crisis ha hecho todavía más evidente esa afición de los medios a la influencia mal entendida, donde la información es una mercancía con la que, de una manera u otra, se negocia; es decir, una ficha de casino con la que hacer una apuesta cualquiera.

Más allá del papel que el periodismo pueda jugar en una democracia, para las personas corrientes recibir buena o mala información puede suponer la diferencia entre tomar una decisión acertada o equivocada, bien a la hora de votar o realizar una inversión, incluso al planificar su jubilación. Basta recordar muchas informaciones vertidas durante los primeros años de la Gran Depresión para comprobar hasta qué punto, en su lucha por la influencia política, los medios acarrearon graves daños adicionales a las personas corrientes. Por ejemplo, haciéndose eco de las recomendaciones de consumir y endeudarse porque la recuperación, decían los gobernantes, estaba a la vuelta de la esquina, cuando en realidad lo peor de la crisis aún no había mostrado la cara. O que había llegado el momento de volver a hipotecarse porque el precio de las viviendas ya había tocado suelo, cuando en realidad los precios iban a seguir desplomándose durante años.

También, de un tiempo a esta parte, ocurre que se han abierto nuevas posibilidades para lograr una influencia inmerecida, como son, por ejemplo, líneas de producto surgidas al calor de la corrección política. Así, se puede escalar posiciones defendiendo, más allá de cualquier honestidad intelectual, determinadas causas que, para mayor garantía, han sido asumidas previamente por los partidos políticos y grandes anunciantes, siempre temerosos de las campañas de agitación que puedan socavar su imagen. Y es que, dentro del actual estado de postración en el que se encuentran la mayoría de diarios, y por ende, muchos profesionales, a algunos cualquier cosa les vale para obtener relevancia.

Esto no quiere decir que no exista la posibilidad de ser independiente, de negarse a ser un tahúr en cualquiera de las modalidades existentes. Se puede decidir no sentarse a la mesa de juego, desde luego. Hay quien lo hace. Lamentablemente, dentro del actual esquema económico que rige en los diarios, la influencia obtenida de forma limpia y altruista, además de ser difícil de monetizar, espanta a los grandes jugadores, porque no solo ven en ella un producto que no pueden controlar, sino un debe que resta valor a sus apuestas. Así que, lejos de ser una virtud, la independencia es un problema.

La única solución para cambiar este lamentable estado de cosas es que el público pagara directamente por los contenidos. De esta forma, el poder de decisión se transferiría al legítimo destinatario de las noticias. Sería el lector, y no los políticos, los grandes anunciantes o los avispados activistas de la corrección política, quien impondría las reglas. Y los medios tendrían un poderoso incentivo para hacer bien su trabajo y, además, la transacción sería legítima. Pero, para que esto sea siquiera imaginable en el futuro, el periodismo tendría que recuperar la credibilidad perdida. Y esto implica renunciar a un juego de la influencia que lleva décadas calando en el oficio, hasta el punto que, de producirse el milagro, no pocos profesionales tendrían que abandonar el negocio, porque, a estas alturas, serían irrecuperables.

Y he aquí el círculo vicioso: mientras la viabilidad de un medio dependa de la influencia mal entendida, serán muy pocos los clientes dispuestos a pagar por un producto que saben adulterado. Para eso, mejor darlo gratis. Difícil romper esta dinámica mientras las mentalidades no cambien. O quienes vengan detrás sigan contaminándose. Así, la ruleta de la influencia seguirá girando, beneficiando a los jugadores de ventaja y expulsando a los demás de la mesa. Sea como fuere, los que vayan quedando, tendrá que seguir apostando de manera indefinida, porque, como sentenciaba el personaje de la Costa-Gavras, nadie puede levantarse de la mesa y decir “ya no juego más”.

con un mínimo de 10 solicitudes por centro
Los colegios de Extremadura impartirán el Islam
La Gaceta   2 Mayo 2017

Extremadura impartirá la enseñanza del Islam en los colegios si al menos hay diez solicitudes por centro, según ha señalado la Unión de Comunidades Islámicas de Extremadura tras mantener una reunión con la Consejería de Educación.

El pasado jueves, el secretario general de la Educación de la región, Rafael Rodríguez de la Cruz, recibió al presidente de la Unión de Comunidades Islámicas para tratar la enseñanza del Islam en la escuela y mostró su "interés y colaboración" por el proceso a seguir en el momento que los centros educativos reciban las solicitudes de los padres.

Según ha publicado El Periodico de Extemadura, cuando la Consejería de Educación tenga las diez solicitudes firmará un convenio con la Comisión Islámica para impartir la asignatura. En Extremadura, hay 3.000 alumnos musulmanes matriculados -datos del Observatorio Andalusí-.

El Gobierno de España ya aprobó el pasado año una resolución sobre la enseñanza islámica. El objetivo era garantizar a los alumnos musulmanes y a sus padres el "derecho a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros docentes tanto públicos como privados y concertados", una sugerente implantación que concurre con el órdago laicista que acecha a la religión católica en las aulas públicas.

Esta resolución establece además que el Islam será impartido por profesores designados por las Comunidades pertenecientes a la Comisión Islámica de España y en cuanto a los objetivos, se especifica que se enseñará a los niños a observar y explorar su entorno natural, cultural y familiar cercano, a desarrollar la experiencia de la Práctica de la Adoración y a leer los relatos islámicos.

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Moción presupuestaria
Ignacio Camacho ABC  2 Mayo 2017

NI corrupción ni moción de censura. Mariano Rajoy sólo tiene una prioridad en este momento y consiste en aprobar la Ley de Presupuestos. Por eso, tras mostrarse impávido ante el escándalo de Madrid y displicente con la iniciativa de Pablo Iglesias, salió de su ataraxia política para negociar in extremis el voto del PNV. De no haberse involucrado en ese compromiso con el nacionalismo vasco, la legislatura se acababa este jueves con la derrota del proyecto gubernamental de cuentas del Estado. Por ahora sólo tiene garantizado el empate que le permita ganar tiempo; para la decisiva transacción enmienda por enmienda cuenta con granjearse –puede costar cuatrocientos millones– la anuencia de Pedro Quevedo, el regionalista canario. Aún no lo tiene en el bote pero si lo logra habrá ganado un año de mandato. Aunque sea un año engorroso y precario.

El presidente no lo va a reconocer pero sabe que la moción de Podemos, si acaba presentándola, le favorece. Quizá preferiría evitarla por su poca afición a la política-espectáculo y por su impacto sobre la estabilidad de los mercados. Sin embargo, llegado el caso le puede incluso venir bien para escenificar el estado de cosas sobre el que basa toda su apuesta de liderazgo. El posibilismo, el mal menor frente al peligro populista. Si Iglesias consuma su idea de postularse como alternativa sin mayores apoyos que los separatistas catalanes y acaso Bildu, Rajoy podrá salir a la tribuna y recordarle a la nación el dilema que le están planteando. Aquí estoy yo, con todos mis defectos y la corrupción en mi partido, y enfrente ya ven ustedes lo que hay: sin comentarios. Con razón el PSOE y Ciudadanos están horrorizados. Ese debate los empareda en un ninguneo que encima les obligaría a abstenerse tapándose la nariz y sin apenas posibilidad de abrirse espacio. Darían cualquier cosa por no tener que comparecer en ese escenario.

Así las cosas, lo que de verdad temía el marianismo era que el rebrote de la corrupción encogiese a los nacionalistas vascos. Ellos, no Podemos, eran los que podían provocar la caída del Gobierno y forzar la convocatoria de elecciones de un plumazo. Con sólo cinco diputados. Pero su instinto de hegemonía territorial siempre ha preferido un poder débil en Madrid al que arrancarle dinero y competencias y los van a obtener: rebaja del cupo, inversiones en el AVE y retirada de recursos sobre flagrantes extralimitaciones del marco estatutario. A Rajoy le queda pendiente, como reclamaba ayer Luis Ventoso, el imperativo moral de explicarle al país, sin disimulos de birlibirloque contable, por cuánto sale el trato.

Con todo, hay un factor de inestabilidad que el presidente no puede controlar, y es que Pedro Sánchez gane las primarias socialistas. Entonces, la moción de censura podría dejar de ser una fantasmada… y tal vez los españoles tuviésemos que ir a las urnas en pleno verano.

Crónica de una pelíicula necesaria
Contra la impunidad
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com  2 Mayo 2017

El título de este artículo es el de la película de Iñaki Arteta que se ha estrenado este fin de semana pasado.

Acudí a una sala de cine de Vitoria este viernes, mientras la gente celebraba en las campas de Armentia los festejos de San Prudencio. En la sala habría unas diez personas, y al término de la proyección un par de personas (supongo que policías de paisano) revisaron la sala mirando por todos los rincones. Me recordaba tiempos recientes que la mente, por salud mental, intenta alejar.

Salí, tras ver la película-documental con decepción por la carencia de público. Yo no soy de los que suelen esconder verdades, y esta es de Perogrullo, la gente quiere pasar página y esconder sus vergüenzas. Sí, vergüenzas. La vergüenza de mirar para otro lado, la vergüenza de la cobardía escondida y oculta, la vergüenza de haber despreciado y huido de los amenazados para que no se les asociara con ellos, la vergüenza de no haber denunciado a los acosadores, a los terroristas, a los secuaces y agentes instrumentales de quienes imponían sus políticas aprovechándose del miedo colectivo, la vergüenza de haber negado el saludo al vecino señalado por el dedo asesino, la vergüenza…

Hay que decirlo… ¿por qué ocultarlo? Yo no soy de esos. Yo di la cara sabiendo que ello iba a suponer para mi un lastre, por mi compromiso, y que me acarrearía graves inconvenientes personales y profesionales, y de paso a mi familia, como así ha sido. Yo no tengo vergüenza porque no tengo por qué avergonzarme. Voy con la cabeza muy alta, con orgullo. Sí, con orgullo no exento de humildad. Yo fui de los pocos que me enfrenté a ETA y me puse al lado de las víctimas. Es hora de decirlo. Sólo faltaría que encima me tenga que esconder por haberlo hecho. Otros no pueden decir lo mismo. Allá ellos. Quizás por eso haya tan poca asistencia a este tipo de películas, son de esas películas que hacen aflorar las malas conciencias. La gente prefiere ver películas para reír. “Ocho apellidos vascos”, por ejemplo. No me parece mal, pero… ¡ay, amigos…!, un requerimiento de moral colectiva exigiría apoyar este tipo de testimonios, esta película, por ejemplo, que Iñaki Arteta ha producido, entre otras, para no reír, para llorar más bien, como mi mujer, que salió de la sala con los ojos humedecidos. Porque la compasión es humanidad. Y en este País Vasco del que no me enorgullezco ha habido muy poca compasión y demasiada mezquindad y cobardía. Sí. Es hora de decirlo, y quien me quiera poner a parir, que lo haga. A ver con qué argumentos.

Esta película es un clamor contra la impunidad de los asesinos y de los secuaces que campan por las instituciones como si fueran héroes, cuando en realidad han sido villanos, genocidas en grado de complicidad. Esta película reclama con argumentos jurídicos de derecho internacional, la consideración de crímenes de lesa humanidad para los múltiples asesinatos cometidos por ETA y por ello atribuirlos a aquellos que estuvieron a su frente, que ordenaban a quién asesinar, a quién extorsionar, a quién presionar para el llamado impuesto revolucionario. Porque, además, lo que se hizo fue una forma vil de arruinar a esta tierra; porque múltiples empresarios y emprendedores tuvieron que poner distancia de por medio, privándonos de aquellas iniciativas empresariales que hubieran podido enriquecer nuestra tierra, las Vascongadas, y que no lo hicieron al negarse a pagar un dinero con el que ETA llenaba sus alforjas de sangre y fuego, teniendo que huir. Aunque otros muchos sí lo hicieron y era comprensible que lo hicieran, al ver cómo caían otros bajo la bala asesina por no pagar.

Se entiende como crimen de “lesa humanidad” a los efectos del Estatuto de la Corte Penal Internacional aprobado en julio de 1998, diferentes tipos de actos inhumanos graves cuando reúnan dos requisitos: “la comisión como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, y con conocimiento de dicho ataque”. El ataque generalizado quiere decir que los actos se dirijan contra una multiplicidad de víctimas.

El que los actos inhumanos se cometan de forma sistemática quiere decir que lo son aquellos cometidos como parte de un plan o política preconcebidos, excluyéndose los actos cometidos al azar.

Y, efectivamente, ETA cometía atentados selectivos que pretendían aterrorizar a colectivos concretos, como jueces, periodistas, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, profesores, fiscales, empresarios que no pagaban la “mordida mafiosa” para que el colectivo acudiera obediente a zonas del sur de Francia donde les esperaban los secuaces extorsionadores, debidamente guiados por algún cura o algún burukide nacionalista con apariencia beatífica… “Ya sabes, hijo, hay que pagar, lo importante es mantener la vida, no arriesgues….”, etc, etc. Es decir, el objetivo último era atemorizar a colectivos, para tenerlos sometidos. Eso es lo que son crímenes de lesa humanidad. Y hasta ahora no ha habido el arrojo, el coraje, o el pundonor por parte de nuestros gobernantes para promover la calificación de crímenes de lesa humanidad a los cometidos por ETA, para que no queden impunes, para que no prescriban.

Son muchos los asesinos que campan a sus anchas por haber prescrito sus delitos, por la negligencia del Estado, por la incompetencia de jueces y fiscales, por errores de procesamiento que han ocasionado la finalización del periodo de vigencia de delitos que no fueron considerados como crímenes de lesa humanidad. El Estado, en España no ha funcionado. Eso es lo que denuncian los protagonistas de la película de Iñaki Arteta, a la sazón víctimas de ETA. La prueba es que los allegados de más de 300 víctimas de ETA aún están a la espera de que se investigue y resuelva la autoría de esos crímenes y que vayan sus causantes tras las rejas carcelarias. Y eso no es justicia.

Pero ahora soplan vientos de borrón y cuenta nueva, de echar un tupido velo, de mezclar la pena de Murcia con la realidad de estas décadas de fuego y sangre, para hacer un totum revolutum que oculta la verdad de lo ocurrido y transfigure la memoria, que deconstruya esa memoria para que se olvide todo. Y lo que ha ocurrido no se puede olvidar. Eso es lo que nos trae a colación la película. Por un mero requerimiento moral, por dignificar de una vez a la sociedad vasca, hundida en la miseria antropológica, en la ausencia de referentes éticos, en la complicidad, pues complicidad es permitir, asociarse al mal, pero también callar. Llegarán tiempos de purificación. Por eso muchos no quieren que se vea esa película, porque es molesta para sus conciencias.

La película de Iñaki Arteta es un canto contra el genocidio. Y genocidio es “la aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos.” Y eso es lo que fueron los crímenes de ETA. Y si no que se lo pregunten a los guardias civiles o los policías nacionales, los militantes de partidos no nacionalistas, los miembros de grupos cívicos que clamaban contra el terror y lo denunciaban, los empresarios que no pagaban un dinero para el crimen organizado, etc. Y de eso también hablan los protagonistas de la película, para que se califique la acción de ETA como genocidio planificado, para que sus crímenes no prescriban, para que no salgan de la cárcel sus actores sin cumplir íntegramente sus penas, para que no haya beneficios para los que han ayudado a ETA a ejecutar sus acciones criminales. Para señalarles. Para que NO HAYA IMPUNIDAD.

Es una película excepcional, valiente, de testimonio vivo de los supervivientes del terror. Y es un requerimiento moral ir a verla. No para disfrutar, precisamente, pero sí para tomar conciencia de la maldición que nos cayó a los vascos con esta escoria humana, estos despojos de humanidad, que impiden la dignificación de nuestras sociedades de silencio, de miedo.

Impunidad
Cayetano González Libertad Digital  2 Mayo 2017

Es la palabra maldita que resume a la perfección el temor que invade desde hace tiempo a las víctimas del terrorismo y a tantos ciudadanos de bien que quieren, que queremos, estar junto a ellas, en la defensa de su Memoria, de su Dignidad, de la Justicia a la que se han hecho acreedoras y que algunos están empeñados en negarles.

Impunidad es una de las palabras que más se repite en el reciente manifiesto que, con motivo de la pantomima del denominado "desarme de ETA", fue promovido por un grupo de personas que han sufrido en sus propias familias el zarpazo del terrorismo etarra, como Maite Pagazaurtundúa o Consuelo Ordóñez, y por otras que, sin ser víctimas directas, siempre han tenido una posición beligerante en la defensa de la libertad y la paz, como el escritor Fernando Savater, el exmiembro del PNV Joseba Arregui o el profesor de universidad Luis Castells. Un manifiesto que fue firmado, en menos de cuatro días, por más de 20.000 personas.

Impunidad es también el concepto clave del último trabajo del cineasta vasco Iñaki Arteta, que se ha estrenado este fin de semana ¡sólo! en cuatro ciudades españolas. Contra la impunidad es el título de este documental que tanta gente debería ver y que pretende poner en valor el hecho terrible y vergonzoso de que más de 300 crímenes de ETA estén todavía sin resolver y no se conozcan quiénes fueron sus autores materiales, con lo que eso conlleva de agravio y de injusticia para los familiares de esas víctimas, a las que les asiste el derecho básico de saber quiénes fueron los asesinos de sus seres queridos.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de ver, junto a otros colegas, en un pase privado, este magnífico trabajo, como todos los que ha llevado a cabo, de Iñaki Arteta. En dicho acto, el que fuera ex fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, hizo una autocrítica, creo que sincera y desde luego acertada, de los muchos fallos o negligencias judiciales a lo largo de tantos años en la investigación y persecución de los crímenes de ETA. Los famosos agujeros del sistema que tan bien han sintetizado Covite y Juan F. Calderín en un libro de imprescindible lectura.

Cuando el clima dominante en amplios sectores de la opinión pública en relación a lo que muchos consideran el final de ETA es pasar página, olvidar –cuando no tergiversar– lo que ha pasado, mirar hacia el futuro sin tener en cuenta lo que ha sucedido, no empeñarse en lograr un final con vencedores y vencidos, no arrinconar a las víctimas pero tampoco darlas un excesivo protagonismo, iniciativas como el manifiesto Por un modelo de fin de ETA sin impunidad o documentales como Contra la impunidad son absolutamente necesarias e imprescindibles, aunque sólo sea, que ya sería suficiente, por preservar la memoria de quienes fueron asesinados. Como señala el citado manifiesto, existe en un parte de la opinión pública española la tentación de pedir "generosidad" a las víctimas del terrorismo, obviando que ello implica la renuncia a legítimas reclamaciones, entre ellas la reivindicación de justicia, que es a su vez un componente de la reparación. Esta demanda es un chantaje moral, que es un tipo de microviolencia tremendamente dañino.

Es evidente que estas cuestiones no ocupan un lugar prioritario ni en la acción del Gobierno, ni en la de los partidos políticos ni en la de la mayoría de los medios de comunicación, que prefieren alinearse con lo políticamente correcto y no complicarse la vida. Menos mal que todavía quedan medios como esta casa –LD y esRadio– donde no sólo se da voz a las víctimas del terrorismo, sino que se sigue defendiendo lo que por otra parte estoy convencido muchos ciudadanos piensan y quieren: un final de ETA en el que no haya ningún tipo de impunidad para los responsables de los atentados que costaron la vida a 857 personas, asesinadas exclusivamente por ser compatriotas nuestras, por ser españolas.

Los separatistas, la estadística y la ley
Guillermo Dupuy Libertad Digital  2 Mayo 2017

El Centre d'Estudis d'Opinió, órgano de la Generalidad encargado de hacer encuestas, prepara un sorprendente sondeo en el que, entre otras cosas, preguntará a los catalanes "hasta qué punto es importante obedecer siempre las leyes y las normas". Las más de 1.900 personas que deberán responder la encuesta deberán valorar del 1 al 7 si consideran "nada importante" obedecerlas siempre o si les parece "muy importante" .

Ignoro –claro está– cuál será el resultado de semejante sondeo; pero den por seguro que, sea cual sea, los sediciosos gobernantes nacionalistas arrimaran el ascua a su sardina. Así, si los encuestados conceden nula o poca importancia al cumplimiento de las leyes, los separatistas deducirán que es innegable que los catalanes dan prioridad a las urnas y al derecho a decidir frente al entramado jurídico español, que imposibilita la auténtica democracia. Si, por el contrario, los encuestados conceden mucha importancia al respeto a las leyes, los gobernantes separatistas verán en ello un respaldo a las advertencias que Lluís Llach y el propio Gobierno catalán han hecho a los funcionarios que no cumplan las leyes de desconexión y de transitoriedad jurídica que aprobará el Parlamento autonómico en escasos meses.

Ya lo decía no sé si Benjamin Disraelí o Mark Twain: "Hay tres tipos de mentiras: simples mentiras, grandes mentiras y estadísticas". Y está claro que los nacionalistas no van a desdeñar ninguna de las tres en aras de su ilegal proceso de construcción nacional.

Claro que el panorama que ofrece el supuesto bando constitucionalista no es mucho mejor que digamos: si el Gobierno de Rajoy ya se cubrió de gloria al hacernos creer tras el 9-N que la ley se había respetado en Cataluña y que el ilegal referéndum que dijo que no se iba a celebrar no se había celebrado –recuérdese que Mas quiso llevar al juicio al presidente como testigo de su defensa–, ahora en el Ejecutivo del PP ni se atreven a salir a la palestra para dar respaldo a los funcionarios amenazados por los golpistas. Y eso que, personalmente, hubiera considerado dicho respaldo por parte del Gobierno de Rajoy a los funcionarios catalanes un monumental acto de hipocresía, porque hipocresía es no atreverse a suspender una Administración regional en rebeldía, dejarla al mando de unos sediciosos y luego pedir a sus subordinados que se atrevan a desobedecerlos.

Pero, en fin, está visto que entre mentiras y mentirosos anda el juego, aunque eso no lo vaya a reflejar ninguna estadística.

La Ribera se siente abandonada y se revuelve contra Uxue Barkos: "No somos Navarra"
La sensación general de desatención administrativa y de marginación con respecto al norte se ha acrecentado tras la llegada de Barkos: “Navarra está más fracturada que nunca entre el norte y el sur”
José Mari Alonso elconfidencial  2 Mayo 2017

Ángeles responde con una amplia carcajada que, lejos de trasmitir entusiasmo, encierra un monumental enfado. “Porque esto es África”, escupen sus labios. Pero no, esto no es el continente africano, sino la Ribera Navarra. Lo dice por el “abandono” al que está sometida la comarca por parte del Gobierno foral. “Somos tercermundistas”, denuncia. El suyo es un sentimiento compartido de forma unánime. Ella alude a África para poner rostro a la realidad de la zona, pero hay muchas más denominaciones ‘oficiosas’ que cohabitan entre la población: la Andalucía de Euskal Herria, el apéndice de Aragón… Diferentes regiones que abarcan una misma hectárea: la de la “discriminación”.

La sensación general de abandono administrativo y de marginación con respecto al norte viene muy de atrás. De “muchos años”. Son, afirman, tantos y tantos años de desatención que el sentimiento navarro parece resentirse. “Mejor nos iría siendo de Zaragoza”, asevera Irene. “Es que sientes que no somos Navarra”, justifica su marido, harto de que “toda la Ribera está abandonada” por el Gobierno foral. “Pregunta, pregunta. A ver cuántos te dicen que prefieren hermanarse con Zaragoza antes que con Pamplona”, interrumpe un vecino al escuchar la conversación. “Si los vascos quieren hacer una consulta para independizarse, nosotros podríamos celebrar un referéndum para anexionarnos a Aragón”, bromea al respecto Carmelo, que lo tiene muy claro: “Esto no es Navarra”. Y no lo dice por falta de sentimiento navarro, que es "muy fuerte", sino porque se siente "expulsado" de su territorio.

El desequilibrio no sólo abarca el terreno de los sentimientos. La Cátedra de Investigación para la Igualdad y la Integración Social (CIPARAIIS) de la Universidad Pública de Navarra puso nombres y apellidos a esta realidad en 2014 con un informe de exclusión que sitúa a la Ribera como la zona de Navarra que presenta la situación socioeconómica más desfavorable. Dentro de las “muy importantes” desigualdades sociales que sufre la Comunidad Foral, la Ribera está bastante alejada de la media en la mayoría de sus indicadores (desempleo o riesgo de pobreza) a pesar de la juventud relativa de su población en el contexto navarro. Esta situación se explica por la “significativa” proporción de población extranjera, que supone el 14%, la “propia estructura económica territorial”, basada en el sector agrícola y agroalimentario y el escaso peso de la industria, y la “falta de políticas públicas” acordes a las necesidades de la comarca. El paro se dispara en la comarca con tasas cercanas al 20% en algunos puntos, frente al 13-14% de media de la Comunidad Foral.

Pese a esta demoledora radiografía, poco o “nada” ha cambiado en una comarca que supera los 100.000 habitantes repartidos en más de una veintena de municipios. Nadie entiende que, una vez conocidas estas severas desigualdades, la Ribera siga siendo "la gran olvidada" de Navarra. Por eso, el sentimiento de desamparo que corre por las venas se ha acrecentado aún más si cabe desde la llegada del Gobierno de Uxue Barkos, que está “más preocupada” por las cuestiones identitarias que por solucionar estas desigualdades. En vez de responder a los “verdaderos problemas” de la comarca, los vecinos denuncian que su “única obsesión” es “imponer el euskera” en la enseñanza y la administración y que “los navarros traguemos con la ikurriña”.

A las puertas de las elecciones, los partidos que sustentan el cuatripartito (Geroa Bai –la marca del PNV en Navarra-, EH Bildu, Podemos e Izquierda Ezkerra) cubrieron de compromisos a la comarca. Hoy, a punto de llegar al ecuador del mandato, todo sigue en el terreno de las promesas. “Lo único que han hecho en dos años es el vial de huertas mayores”, una infraestructura para descongestionar el acceso a Tudela. En esta localidad, la segunda más poblada de la Comunidad Foral, por encima de los 35.000 habitantes, la lista de déficits de estructuras no tiene fin. Los colegios están “abandonados”, las instalaciones deportivas “están que se caen”, la sanidad “da pena”… “No llega nada de dinero. Hemos ido incluso a peor. Estamos más abandonados todavía”, censura Milagros.

“Los colegios están como están y a Uxue Barkos sólo le preocupa imponer el euskera en la educación”, prosigue esta vecina, que escupe fuego por la boca cuando se le nombra a la presidenta. “Para ella Tudela no es Navarra”, asevera. La “obsesión” del Gobierno foral por el euskera escuece mucho. Una cosa, alegan, es fomentar el euskera y otra bien distinta es discriminar o imponer. “Han quitado el inglés para meter el euskera”, protesta una mujer mientras señala a su afectada hija. “Es ridículo el empeño por el euskera cuando no lo habla casi nadie”, afirma una joven. Por lo pronto, el Ejecutivo de Barkos ha fracasado en su intento de implantar el modelo D en la Ribera, que está incluida en la zona no vascófona de la Ley Foral del Vascuence, por lo que el castellano es la única lengua oficial.

La indignación en la calle también se instala por el “excesivo” peso que Barkos pretende dar al euskera en el acceso a la Administración Pública con un borrador de decreto foral que cuenta con el rechazo de los sindicatos, salvo los nacionalistas, y de la oposición (UPN, PSN y PP), que ya ha advertido que acudirá a la Justicia para impedir una normativa que “expulsa” de las plazas o de los concursos de traslados a aquellas personas que no sepan la lengua vasca. “Nos van a convertir en ciudadanos de segunda o tercera división por no saber euskera”, se censura a pie de calle. “Van a venir todos de Pamplona o de la zona norte para quedarse con estos puestos”, critica Irene. “Así vendrán por primera vez a la Ribera”, ironiza su marido.

Su sarcasmo destapa el sentir generalizado de que Navarra está partida en dos comunidades diferentes. “Navarra está más fracturada que nunca entre el norte y el sur”, se coincide en resaltar. La única diferencia se circunscribe a dónde está la línea que marca la frontera: si Pamplona, si Tafalla, si el Río Ebro... “De Tafalla para abajo somos otra autonomía”, resalta Carmelo. “De Pamplona para abajo no existe nada”, replica otra persona. “Es normal que la gente esté cabreada con los de arriba. Hay una desidia generalizada hacia el sur de Navarra”, expone Ángeles, molesta por el hecho de que Pamplona está centralizando muchos servicios con los que contaba la Ribera. El malestar con la capital es elevado. “Todo se queda en Pamplona o en el norte”, protesta Carmelo. La desconfianza hacia Pamplona es tal que se ven fantasmas por todos los lados. Con Tudela inmersa desde el 21 de abril y hasta el 1 de mayo en las Fiestas de la Verdura, el producto estrella de la comarca de la Ribera, hay quien no ve casual que la capital haya programado para estos mismos días una degustación de productos de temporada de Navarra. “Es que son tantos desaires que te hacen pensar mal”, se defiende.

Tudela ha estado gobernada por UPN durante dos décadas hasta que en las pasadas elecciones municipales Izquierda Ezkerra se hizo con la Alcaldía tras un acuerdo con el PSN y la marca local de Podemos. El joven alcalde de la localidad, Eneko Larrarte, no comparte que haya una fractura norte-sur en Navarra y orienta la cuestión a la división centro-periferia. “Las zonas de Pirineos, Sacana o Sangüesa tienen problemas similares a los nuestros”, expone el regidor, que se remite a lo que sucede en la cercana Aragón. “Lo mismo pasa con Zaragoza y el resto de zonas. Es una cuestión de centro-periferia”, remarca.

No piensa lo mismo, por el contrario, su socio de Gobierno municipal el PSN, que habla abiertamente de fractura entre el norte y el sur de la comunidad. “Está objetivado por la Cátedra CIPARAIIS”, replica el portavoz socialista, Carlos Gimeno. El diagnóstico dice que hay más riesgo de exclusión social y que el desarrollo industrial es menor, y aún así “no se precipitan inversiones positivas” en la comarca para posibilitar su desarrollo. “En esta situación no se entiende que no se actúe. Al contrario, lo que nos dan es nada”, censura el líder de los socialistas. “Hay pausa en la inversión y mucha prisa por poner en marcha los proyectos nacionalistas”, lamenta.

Este agravio comparativo se acrecienta pese a que Tudela está gobernada por uno de los cuatro partidos que sustentan el Gobierno foral. Gimeno considera que el alcalde “podría apretar mucho más” al Ejecutivo navarro para atraer inversiones en materia de infraestructuras, cultura o servicios sociales. “Es necesaria una actuación más reivindicativa. Se nos va a pasar el arroz”, asegura para advertir: “si no existe una proactividad con la comarca en lo que queda de legislatura no van a ser dos años perdidos sino dos años de retroceso más todavía”. De hecho, la “inacción” de Larrarte ha sido una de las causas que ha puesto al Gobierno municipal al borde de la ruptura esta legislatura. Su falta de acción y también su "utilización partidista" de la Junta de Gobierno local para aprobar una declaración de apoyo a los detenidos por la agresión a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua.

Ante las críticas, el alcalde asume que la inversión en la comarca “tiene que ser mayor”, aunque se defiende alegando que “cada uno tiene su manera de presionar”. Larrarte considera que la comarca tiene “un problema estructural de hace muchos años” que agravó la crisis económica y la fuerte caída de la construcción, que tenía un gran peso en el territorio, lo que ha hecho que los efectos negativos “se hayan notado más que en otras zonas”. Por ello, apunta como prioridad a acabar con la precarización y las desigualdades sociales, y a mejorar la cualificación de las personas para atajar las altas cifras de desempleo. Pese a la falta de inversión, rechaza que el euskera o las banderas sean una prioridad para el Ejecutivo foral, si bien admite que Barkos se ha “equivocado” con el “excesivo” peso que se ha dado al modelo D (íntegro en euskera) en la campaña de escolarización en la Ribera. “No era necesario decantar tanto la balanza a favor de un modelo”, admite.

En el Mercado de Abastos, Asier Martínez no deja de despachar frutas y verduras desde su puesto, en especial el espárrago blanco, que atrae a numerosos turistas, que cargan con bolsas y bolsas de este preciado manjar de la Ribera. "Pamplona no quiere saber nada de nosotros. Siempre tira más para el norte", señala. ¿Os sentís abandonados? "Sí, sin duda", se apresura a responder su pareja. "No llega nada de dinero", lamenta. El malestar afecta incluso a algo tan sagrado como el fútbol. "Apenas hay afición por Osasuna", expone Martínez. "Fíjate en cuántas camisetas (del equipo) ves por la calle", interpela. Alguna zamarra rojilla sí se ve. También influye el "escaso apoyo" que se brinda al Aspil Vidal Ribera Navarra, el equipo de fútbol sala que lucha por entrar en el play off por el título en la máxima categoría. "Jugamos en un polideportivo que da vergüenza", critica un seguidor del club.

Los efectos de la falta de apoyo a la actividad empresarial se dejan notar en la ciudad agroalimentaria de Tudela, que nació para concentrar a la industria del sector. “No hay empresas”, asegura de forma categórica un empresario que opera en el polígono mientras señala las numerosas parcelas abandonadas. Y no entiende que se haya “dejado a su suerte” a este espacio, cuando es un centro logístico “impresionante, de primer orden”: está situado a 85 kilómetros de Zaragoza, a 100 de Soria y a poco más de 90 de Pamplona y Logroño. Pero enseguida encuentra la respuesta. “Somos como una chabola para Navarra”, afirma para dejar constancia de la ausencia de ayudas para que se instalen empresas en este polígono. “Y las empresas que se intentan poner se las llevan para arriba”, salta su compañero de café para alimentar la sensación de 'expolio' desde la capital. “Somos una zona que aporta un porcentaje excesivamente elevado de impuestos y no recibimos el mismo trato a la hora de recibir ayudas”, insiste con sus quejas.

Ante las inversiones a acometer, no hay unanimidad en la defensa del Canal de Navarra para traer agua a la comarca. Algunos lo consideran un proyecto estratégico porque “la realidad del empleo es el campo” y “si no hay agua no hay desarrollo ni crecimiento”, mientras que otros entienden que exige una inversión desmesurada para los posibles beneficios. Sí hay unanimidad en la apuesta ciudadana por el tren de alta velocidad, que contrasta con la no decidida apuesta institucional del Gobierno foral por esta infraestructura, que es rechazada por EH Bildu. “Mientras el PNV en Euskadi corre mucho para la llegada de la alta velocidad, aquí echamos el freno. ¿A qué se debe?”, se pregunta el empresario, quien lamenta que “otros corren más y se preparan más que nosotros”. El futuro está repleto de incertidumbres pero la única certeza es que la comarca continúa con la caída de población año tras año. "¿Quién va a querer quedarse aquí ante la falta de oportunidades, en especial los jóvenes?", señala.

El vicepresidente de Desarrollo Económico, Manu Ayerdi, prometió a las primeras de cambio un “buen plan” para el desarrollo de la Ribera. Pero el tiempo se consume y los planes de inversiones económicas siguen sin pasar de las palabras. “Estamos hartos de las falsas promesas o los compromisos incumplidos”, grita el alcalde de un municipio de la comarca que prefiere conservar el anonimato, no vaya a ser que haya represalias a futuro. “Nos sentimos literalmente abandonados. La comarca necesita un empujón sí o sí y no se hace nada. La gente está descontenta. La percepción que tienen todos los habitantes de la comarca sin excepciones es que hay dos Navarras totalmente diferentes porque las diferencias son muy grandes entre el norte y el sur. Una cosa es ayudar a pueblos pequeños del norte que necesitan ayudas y otra es dejar de lado a otras zonas”, prosigue con su queja para sentenciar: “Vale mucho más un vecino del norte que uno de la Ribera”.

Sorprende comprobar que la mayoría de los habitantes calcan de forma literal las respuestas a la hora de hablar de qué, el cómo y el por qué de esta situación. El sentimiento de desamparo no entiende de ideologías en la Ribera, pero la ideología del Gobierno de Barkos lleva a que esté muy arraigado el sentir de que ahora más que nunca “no existe Navarra más arriba de Pamplona” por ser el norte el caladero de voto nacionalista en la comunidad. “¿Por qué nos quieren imponer la bandera de Euskadi? Yo no tengo nada contra la ikurriña, pero ¿irías tú al País Vasco a poner la bandera de Navarra?”, protesta ante la guerra de banderas en la que está inmersa la Comunidad (Barkos ha derogado la Ley de Símbolos para avalar la ikurriña) un vecino de Cintruénigo, localidad de cerca de 8.000 habitantes que ha visto cómo el Gobierno foral ha descartado construir el nuevo instituto. También las localidades de Ribaforada, Fustiñana y Cabanillas se han quedado sin instituto a pesar de ser una demanda salida de las urnas de una consulta popular. “¿Por qué en vez de gastarse tanto dinero en tratar de implantar el euskera no lo invierten en los colegios?”, preguntan. Pero no hay respuesta. Tampoco para otras preguntas.

Odio a lo español en las aulas catalanas
Un estudio elaborado por un sindicato de enseñanza detecta 35 ejemplos de adoctrinamiento ideológico en los libros de texto que se estudian en Cataluña
María Jesús Cañizares cronicaglobal  2 Mayo 2017

Una lluvia fina de adoctrinamiento ideológico en los libros de texto catalanes. Esta es la conclusión de un estudio realizado por el sindicato Acció per a la Millora de l’Ensenyament Secundari (AMES) de los manuales de Geografía e Historia de 5º y 6º de Primaria utilizados en el curso 2016/2017 en Cataluña.

Concluyen los autores del informe, que puede leerse en este enlace, que “muchos de los planteamientos contenidos en estos libros propician que se genere en los alumnos aversión, cuando no odio, hacia todo lo español, así como el rechazo a compartir un proyecto de futuro común”.

El informe compara los libros de las editoriales Barcanova, Baula, Cruïlla, Edebé, La Galera, Santillana y Vicens Vives que se estudian en Cataluña con los de las editoriales Edelvives, Santillana y SM que se utilizan en la Comunidad de Madrid. Los autores detectan hasta 35 sesgos ideológicos en esos manuales, como por ejemplo priorizar el término “Estado español” sobre el término “España”, criticar al Tribunal Constitucional, citar el catalán como única lengua propia de Cataluña, mencionar el sentimiento generalizado de Cataluña y el País Vasco como nación, enfrentar la catalanidad (buena) con la españolidad (mala) u obviar la pertenencia de Cataluña a España.

Reducción de los contenidos del decreto
Según este informe, en los libros de las editoriales Barcanova, Cruïlla, La Galera, Vicens Vives y Santillana se han reducido tanto los contenidos establecidos por el Real Decreto 126/2014 sobre la Geografía e Historia de España de 5º y 6º de Primaria “que los alumnos difícilmente podrán adquirirlos, mientras que sí recibirán los contenidos establecidos por la Consejería de Educación, sobre la Geografía e Historia de Cataluña”.

En muchos casos se ensalza en exceso las diferencias entre los catalanes y los ciudadanos del resto de España, mientras que se reduce o se ignora lo que los une. “La Historia se presenta como un constante enfrentamiento entre España y Cataluña, en el que España siempre actúa coartando las libertades, las costumbres, las tradiciones y la lengua propia de Cataluña”, indican los autores. En estas relaciones interterritoriales “nunca se habla de acciones positivas, de proyectos comunes, de éxitos conjuntos, etc”.

Sentimientos diferentes
“Muchos de los planteamientos contenidos en estos libros, propician que, en una gran parte de los alumnos que estudian en Cataluña, se generen sentimientos diferentes a los que estudian en el resto de España, que utilizan otros textos. La suma de agravios e injusticias muy probablemente despiertan rechazo, cuando no odio, hacia lo español y aversión a poder compartir un mismo proyecto de futuro”, advierte el estudio.

La falta de referencias a las instituciones, entidades y normas compartidas (monarquía, Constitución, Gobierno de España, estructuras del Estado, servicios educativos, sanitarios, de investigación, deportivos, de defensa, etc.) “favorece que los alumnos catalanes no adquieran la identidad española, es decir que no se sientan españoles, sino sólo catalanes”.

Mecanismos de control
AMES lamenta que el Ministerio de Educación no disponga de los "mecanismos necesarios para controlar que en los centros educativos, a los cuales se dedica tanto dinero de todos los españoles, sólo se enseñe lo que está establecido por la Constitución y las leyes generales de educación y no otras cosas”, pues, “hasta este momento, la Alta Inspección ha estado frenada por el propio Ministerio en su actuación frente al adoctrinamiento ideológico partidista y sin que se haya producido ninguna actuación significativa por parte del Ministerio de Educación”.

El estudio apunta a “un crecimiento incesante del número de jóvenes indignados por los mensajes que han recibido sobre las relaciones entre Cataluña y el Gobierno de España, que están deseosos de acabar con esta situación. A la vez, los alumnos que no tienen sentimientos independentistas no se atreven a decirlo públicamente en sus centros, debido al ambiente que se vive en ellos”.

La mejor solución para enderezar esta situación, según el sindicato AMES, sería “el establecimiento de evaluaciones externas con efecto académico al final de la Primaria y al final de la ESO, que deben ser las mismas para todas las Comunidades Autónomas, aplicadas y corregidas por funcionarios dependientes directamente del Ministerio de Educación. Esto permitiría valorar si los alumnos están recibiendo los conocimientos adecuados sobre la estructura del Estado, las competencias de cada Administración, la historia y la geografía de España, la Constitución española, etc”.

Cataluña Una organización acusa de "adoctrinamiento ideológico" a los libros de texto catalanes
Hasta 35 aspectos ha analizado el sindicato AMES entre editoriales catalanas y del resto del país lo que denuncian como "Adoctrinamiento ideológico partidista en libros de texto en Cataluña".
Vozpópuli  2 Mayo 2017

http://www.ames-fps.com/adoctrinamiento_libros_sociales_5y6primaria_cataluna.pdf

"No resaltar que la constitución está por encima del Estatut, que el sentimiento de nacionalismo catalán es bueno y el español no tanto, no hacer referencia a que hay que cumplir las leyes de España...". Y así una larga ristra de hasta 35 aspectos que el sindicato AMES (Acció per a la Millora de l'Ensenyament Secundari - Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria) ha analizado entre editoriales catalanas y del resto del país lo que denuncian como "Adoctrinamiento ideológico partidista en libros de texto en Cataluña".

El informe, presentado este mes de abril, señala del 1 al 6 los libros que mayor o menor contenido sesgado tiene. Las editoriales estudiadas son Barcanova, Baula, Crüilla, Edebé, La Galera, Santillana, Vicens Vives, Eldevives y SM. Además, entre las mismas, se encuentran publicaciones que diferencian sus libros dependiendo de si se distribuyen por Cataluña o por el resto de España. Este es el caso de Santillana y Santillana Cataluña.

Los textos que se recogen son de los cursos 5º y 6º de Educación Primaria. El informe ha clasificado con puntos -que marcan cuáles poseen de los 35 aspectos mencionados- los que mayor adoctrinamiento en su opinión poseen entre sus páginas. El primero es el libro de 6º de Primaria de la editorial La Galera, con 11 puntos y le siguen las publicaciones de Vicens Vives y Crüilla, con 10 y 9 puntos.

Entre los libros que no contienen explicaciones sesgadas o se quedan con uno o dos puntos están Edebé, Baula, SM, Eldevives y Santillana. Este último caso es el más peculiar, señalan. Y es que, se observan grandes diferencias entre la publicación de Santillana y la de Santillana Cataluña -con 8 puntos-.

Según AMES, entre las conclusiones posteriores al estudio se observa que los textos ensalzan en exceso las diferencias entre ciudadanos catalanes y el resto y que en los contenidos de Historia se estudia un continuo enfrentamiento entre España y Cataluña, atribuyéndole a la primera el veto de libertades, costumbres y la lengua catalanas. Asimismo, dan relevancia a la falta de referencias a instituciones españolas, hecho que favorece a la no identificación de los alumnos como españoles. En otros, Cataluña está distinguida como país.

Finalmente, el sindicato catalán propone como solución una serie de evaluaciones externas con efecto académico tras Primaria y Secundaria igual que en el resto de España cuyas valoraciones estén realizadas por funcionarios del Ministerio de Educación. Ya que, afirman, se trata de dinero de todos los españoles que financia a estas escuelas. El Ministerio de Educación no tiene mecanismos suficientes para controlar que en esos centros educativos se enseñe lo que establece la Constitución, concluyen.

Desaparecen 40 bombas-lapa en plena guerra por el control de ETA
J.M.Zuloaga, La Razon  2 Mayo 2017

El problema es que ETA, al menos la «ETA oficial», que tiene parte de su entramado en España, no ha mentido y las actas que entregó, con sellos de la banda y códigos alfanuméricos, correspondían a los artilugios que quería entregar en el supuesto «desarme total» montado en Bayona a comienzos de este mes.

Pero las cuentas oficiales que han realizado ya las Fuerzas de Seguridad francesas no se corresponden con dichas actas: de las 23 armas largas que debían haber sido entregadas, sólo hay 13; de las 87 cortas, sólo 58; de las 60 bombas-lapa, sólo 20; de los 2.000 kilos de nitrometano, sólo 900; y 2.000 kilos de explosivos.

¿Qué ha pasado?. Los expertos no se ponen de acuerdo. Algunos comentan, con poca convicción, que ha habido problemas logísticos ya que al principio hablaron de 12 zulos y, al final, sólo fueron levantados ocho. Pero entregaron ocho actas no 12.

La opinión mayoritaria, sin embargo, es que la «ETA oficial» ha perdido el control de la organización criminal y que una facción disidente se ha podido quedar con el material que falta con fines no determinados. Las bombas-lapa, las que se colocan debajo de los coches y se activan con el movimiento, son un arma fácil de utilizar y de efectos demoledores.

Para colmo, las famosas «actas» de ETA anunciaban la entrega de 104 armas cortas;14, largas; 10.000 cartuchos; 550 temporizadores; 3.000 kilos de precursores para hacer explosivos; 700 metros de cordón detonante; y 300 detonadores. No cuadra ninguna de las cifras, se miren por donde se miren y la única conclusión es que hay artilugios con capacidad de causar muerte y destrucción sin ningún tipo de control salvo el de los que tienen en su poder y cuyas intenciones se desconocen.

Se trata de un importante conjunto de armas, bombas y explosivos con los que se pueden cometer numerosos atentados y que en estos momentos están fuera del control de ETA y de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Las disidencias en el entramado de la banda y, por lo tanto, en la propia organización criminal, son un hecho que ha sido reconocido recientemente por el propio secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi.

El pasado mes de marzo, surgió un nuevo partido en el entramado de ETA, Herritar Batasuna, totalmente contrario a Sortu, que hizo público un manifiesto en el que, bajo el título «Independencia y Socialismo», se decía, entre otras cosas que ETA nació «para luchar por la liberación nacional y social de Euskal Herria (...) ¿Euskal Herria es libre y soberana hoy en día? ¿Socialista y euskaldun? Está claro que no. Por lo tanto, la lucha por liberar Euskal Herria debe continuar necesariamente, con ETA o sin ella, hasta que consigamos la Independencia, el Socialismo, la Reunificación y la Reeuskaldunización. La lucha no tiene interrupción»

«Con ETA o sin ella, debemos seguir trabajando y luchando hasta que consigamos la amnistía total y sin condiciones. Y eso, tácticamente, es la vuelta a casa de todos y todas la presas y refugiadas, sin necesidad de humillarse, arrodillarse, ni arrepentirse porque lo han dado todo por liberar a nuestro Pueblo sin pedir nada a cambio», agregaban.

Y concluían con un mensaje preocupante: «las nuevas generaciones vienen abriéndose paso, queriendo conquistar lo que nosotros no pudimos arrancar. En el camino nos encontraremos. Nos integramos un día en ETA para conseguir la liberación del Pueblo Trabajador Vasco y seguiremos luchando a favor de ese objetivo. En ese sentido será el propio Pueblo Trabajador Vasco, y la lucha que genere, quien determinará en cada momento los parámetros, ritmos e instrumentos que su liberación nacional y social le exijan». Es decir, no excluyen la vuelta a las actividades terroristas.

Recientemente, uno de los «disidente», Jon Yurrebaso, y Arnaldo Otegi han mantenido una dura polémica a través de los medios de comunicación. El primero le decía al segundo que se habían planteado la necesidad de «acabar todo lo que huela a disidencia, desobediencia, descontrol para el sistema, posición revolucionaria, posición de clase, posición solidaria, futuro libre y socialista (...) claro que Sortu hará lo posible y más, y lo de posible es un chicle extensible hasta bien lejos, Sortu o Arnaldo Otegi lo ha estirado más que de sobra (...) hasta decir que ATA (asociación a favor de una amnistía total para los presos) es una escisión de la izquierda abertzale contraria al cese de la lucha armada. Y afirmar eso es criminalizar (...) y preparar el terreno para posibles detenciones que podrían sumar años de cárcel. En Euskal Herria algo sabemos de eso y también sabemos que eso es una práctica de peaje político a los poderes, peaje político para defender rastreramente las propias posiciones de Sortu».

«A eso popularmente, se le llama chivato, y no porque sea verdad lo que afirma, sino porque lo hace sabiendo que servirá para criminalizar», subrayaba.

Por su parte, Arnaldo Otegi, en unas declaraciones radiofónicas, dijo que, en efecto, ATA es una escisión de la izquierda abertzale ya que «se ha situado fuera del partido por no saber acatar las decisiones que ganan por mayoría», como el cese de la violencia. Según aseguró, ese movimiento no respetó lo que decidió la mayoría de la izquierda abertzale y, por lo tanto, «no es que no encuentran sitio en la izquierda abertzale, sino que se han situado a sí mismos fuera de la izquierda abertzale».
 


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