AGLI Recortes de Prensa   Lunes 8  Mayo 2017

Rajoy prevarica con el cupo vasco para prolongar su poder
El presidente del Gobierno ha vuelto a prevaricar. Esta vez, comprando la voluntad del PNV con dinero público para sacar adelante los Presupuestos
Roberto Centeno elconfidencial 8 Mayo 2017

Los tres grandes rasgos definitorios de Mariano Rajoy son: la cobardía, la mentira y la inmoralidad. La cobardía que ya no es solo tal, sino que en caso de Cataluña es colaboración con la secesión, un delito gravísimo perfectamente tipificado en el Código Penal, renunciando a hacer cumplir la Constitución y la ley en esta región española que jamás en toda su historia fue independiente y menos una nación, y renunciando a la defensa de los derechos humanos más elementales, abandonando a su suerte a los millones de catalanes que se sienten ante todo españoles, perseguidos y discriminados por una banda de sediciosos sin otra fuerza real que la que les otorga la cobardía sin límites de Mariano Rajoy.

En cuanto a la mentira, la verdad en España es siempre lo contrario a lo que afirma Rajoy. Es bien conocido el incumplimiento de todas las promesas que le llevaron a su aplastante victoria sobre el indigente mental Rodríguez Zapatero. Desde bajar impuestos a recortar el escandaloso despilfarro político, empezando por eliminar las duplicidades entre AAPP, cerrar 1.500 empresas públicas inútiles o enviar a 'los hombres de negro', es decir, intervenir todas las comunidades autónomas que no cumplieran los objetivos de déficit. Haría justo lo contrario. En el debate de investidura, Rosa Díez exigió a Rajoy acabar con la corrupción que estaba devorando España. Lleno de ira, acusaría a Díez de mentir y negaría que existiera corrupción, lo que arrancaría el aplauso de socialistas y separatistas.

Y en cuanto a inmoralidad, Rajoy ha demostrado ser capaz de cualquier cosa con tal de seguir mandando. Carece totalmente de principios o de patriotismo, solo cree en el poder. No solo permitió la corrupción generalizada en su partido, es que además permitió una cultura de persecución y expulsión sin contemplaciones a los 'traidores' que denunciaban a sus compañeros corruptos, algo característico de la mafia pero inconcebible en un partido político en una democracia.

Además, Rajoy prevaricó para hacer el sándwich al PSOE eliminándolo como rival, lanzando al estrellato al monstruo Podemos, un partido antiespañol, guerracivilista, ferozmente anticristiano y antisemita, y tan ayuno de conocimientos como sobrado de odio. Pues bien, Rajoy y su genio maléfico Santamaría prevaricaron con La Sexta, que estaba quebrada y tendría que haber sido cerrada, permitiendo su adquisición por Atresmedia en contra de la ley y a pesar de la oposición de la CNMV, poniendo La Sexta al servicio de Podemos. Hoy ha vuelto a prevaricar comprando la voluntad del PNV con dinero público.

El coste para España del cupo vasco
El origen de este privilegio fiscal inexistente en el resto del mundo civilizado deriva de la abolición del sistema foral al finalizar (y perder) las guerras carlistas, que mantenía a las provincias vascas exentas del sistema tributario. En 1878, Alfonso XII derogó el sistema foral, con la finalidad de que las provincias vascongadas pasaran, en un periodo de ocho años, a tributar igual que el resto de provincias españolas: “Contribuir por todos los conceptos y en idéntica proporción que las demás de la Monarquía". Hoy, 139 años después, no es que sigamos igual, es que estamos infinitamente peor. Un sistema, el foral, pensado para unas provincias agrícolas, se aplica hoy a la región más rica del país.

Fui testigo directo, en los comienzos del nefasto Régimen del 78, de cómo unos políticos insensatos presionaron a un jefe de Gobierno más insensato aún —Adolfo Suárez— y sin el menor sentido del Estado para que devolviera a Vizcaya y Guipúzcoa este privilegio fiscal que Franco les había retirado. Mi jefe, Paco Fernández Ordoñez —yo era entonces consejero delegado de Campsa—, estaba decidido a modernizar de una vez por todas el sistema fiscal español y, lógicamente, había decidido acabar con los privilegios fiscales quitándoselos también a Álava y Navarra, que aún los conservaban. Los barones de UCD en Vizcaya —Agustín Rodríguez Sahagún— y Guipúzcoa —Marcelino Oreja—, en un violento enfrentamiento que presencié, instaron a Paco a devolver a Vizcaya y Guipúzcoa sus privilegios fiscales.

Como Paco se negó, fueron a ver a Suárez con el increíble argumento de que si no hacían eso, UCD perdería las elecciones en esas provincias, y este irresponsable absoluto —el del 'todos café' que esta destruyendo España— obligaría a Paco a ceder. Queden sus nombres para escarnio y vergüenza ante las generaciones futuras. Para la cuantificación de este robo legal existen varios estudios serios sobre tema. Desde el estudio de balanzas fiscales por el equipo de Ángel de la Fuente al Ministerio de Hacienda con cifras de 2011 —en que muestra cómo las provincias forales disponen de un privilegio inaudito que supone un 80% más de financiación por habitante que el resto de las regiones— a los estudios de Mikel Buesa y otros donde se cuantifica de varias formas este gigantesco robo fiscal al resto de España.

No voy a entrar en la casuística del tema, sino a ilustrar a los lectores (mediante dos ejemplos muy claros que cualquiera puede entender) lo que representa de verdad este saqueo de los más ricos a los más humildes. Si todas las CCAA tuvieran un régimen fiscal igual al del País Vasco, el dinero de que dispondría el Estado para financiar España serían 15.500 millones de euros —los 965 millones a que ha dejado Rajoy reducido el cupo, para una región que representa el 6,24% del PIB de España, elevados al 100% del PIB—. Con eso habría que pagar los servicios públicos básicos (Justicia, Defensa, Seguridad Ciudadana y Servicio Exterior), otros servicios (Agricultura, Industria y Energía, etc.), infraestructuras, I+D, intereses de la deuda, aportación al presupuesto de la UE, clases pasivas, agujero de las pensiones —que será de 10.000 millones este año y 20.000 en años siguientes— y sServicios de carácter general, un total de 130.600 millones según los PGE 2017. El país vasco paga 7.184 millones menos de lo que correspondería.

A este robo legal se suma el referente al IVA. Las diputaciones forales ingresan la totalidad del mismo por las ventas de bienes y servicios de las empresas vascas en todo el territorio nacional. De este total, las diputaciones forales deben devolver a Hacienda el IVA recaudado por las ventas de las empresas vascas fuera del País Vasco, cosa que no sucede, ya que el Gobierno les permite un cálculo muy favorable al País Vasco, que en 2016 ha representado como mínimo 2.600 millones de euros menos de lo que correspondería si el cálculo se hiciera de forma correcta. Y digo como mínimo porque del IVA correspondiente a las ventas de las pequeñas empresas vascas fuera de la región no devuelven ni un euro.

Increíblemente, se han alzado algunas voces para tapar el desafuero de Rajoy y su mayordomo Rivera, pidiendo que el modelo vasco se aplique a toda España, en concreto que se descentralice el 97% del gasto, algo tan demencial que supondría el fin inmediato de la nación más antigua de Europa. Lo que proponen es desmantelar la Guardia Civil, la Policía Nacional, el CNI, el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, el Constitucional, el Congreso, el Senado, todos los ministerios excepto Defensa y Exteriores, que las regiones más​ pobres que tienen más parados paguen más o los parados cobren menos y las más ricas lo contrario, que las pensiones lo mismo, las más ricas pagan más y las más pobres menos en función de lo que ingresen en cada caso, y los vencimientos anuales de deuda ni se sabe, porque ¿acaso creen que el BCE va a prestar su dinero a 17 reinos de taifas? No tienen ni idea de cómo funcionan Europa ni los mercados internacionales de deuda. La España que proponen quebraría en una semana.

Corrupción de Estado y corrupción personal
Los escándalos de corrupción personal que estos días ocupan toda la atención de los medios, aunque sean la parte más obvia y causa esencial de la desafección política, no son más que una parte minúscula de la corrupción con mayúsculas iniciada por el nefasto Régimen del 78 que nos robó la democracia y nos impuso una oligarquía de partidos sin separación de poderes y sin representación política. Dedicados desde el principio al enriquecimiento personal y al saqueo de España, dividieron el país en 17 trozos donde se suprimieron por completo todos los controles y contrapesos de las sociedades democráticas, una corrupción de Estado como jamás se ha conocido que está llevando a la ruina a esta gran nación. Y para entenderlo, nada mejor que poner cifras a lo que estamos hablando.

El Estado autonómico cuesta a los españoles unos 100.000 millones de euros más de lo que costaría un Estado centralizado tipo Francia, y los corruptos individuales conocidos han robado en conjunto menos de 10.000 millones de euros. Las consecuencias acumuladas de este modelo político, pensado y diseñado para el saqueo de España sin controles ni contrapesos que lo evitaran, han sido desastrosas, algo que la gente no comprende bien, ya que el desarrollo tecnológico hace que hoy haya más de todo que hace 40 años, cuando la realidad es que hemos retrocedido fuertemente respecto al mundo en tamaño de PIB (del 8º al 16º del mundo), en modelo productivo (de una industria que representaba el 36% del PIB al 15%), en Educación (de la 4ª mejor a la 36ª), en niveles de salarios y riqueza (la mayor caída de la UE), en distribución de la renta (el país de la UE con la mas injusta) y en empleo (del 3% al 18,7%), de una deuda pública cero a 1,56 billones de euros y donde los hijos por primera vez en siglos vivirán peor que los padres.

Pues bien, es precisamente dentro de esta gigantesca corrupción de Estado en la que se inscribe la prevaricación de Rajoy con el cupo vasco, ¿cómo comparan los millones que se han llevado los corruptos de la operación Lezo, la Gürtel, o los ERE de Andalucía (menos de 1.000 millones), con los miles de millones de dinero público con los que Mariano ha comprado la voluntad del PNV para seguir en el poder?, ¿cómo es posible que Albert Rivera, con su demagoga anticorrupción, tenga la desvergüenza de apoyar con sus votos un delito de prevaricación infinitamente mayor? Como dice Juan Carlos Bermejo, ex rival de Rivera en las primarias a presidente de Ciudadanos: “Mi partido no solo va a apoyar unos Presupuestos de ciencia ficción, sino que lo haremos a costa de una concesión al PNV que todavía acentúa mas la desigualdad entre los ciudadanos”.

Y no solo eso, sus concejales serían los primeros en exigir coche con chófer en los ayuntamientos y el resto de privilegios inaudito, algo que UPYD —destruida por la banca y el 'establishment', que controlan férreamente los medios de comunicación, para colocar al 'chico de los recados de La Caixa'— había renunciado a utilizar. Un despilfarro de unos 100.000 euros anuales por concejal totalmente innecesarios y que no existe en ninguna otra capital del mundo civilizado. Si esto no es corrupción personal y desvergüenza absoluta, en un país donde no hay dinero para la dependencia y un tercio de los niños vive por debajo del umbral de la pobreza, que baje Dios y lo vea. Y es que Rivera es igual que el político al que interpretaba Groucho Marx en la mítica película de 'Sopa de ganso': “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.

Todos los errores y los vicios posibles en una sociedad, incompetencia, corrupción de Estado y personal, nepotismo, falta de sentido del Estado, son las señas de identidad del Régimen del 78 y continúan hoy a toda máquina. Su resultado solo puede ser un desastre histórico, que en el mejor de los casos habrá sembrado el odio y el enfrentamiento entre las regiones españolas, hundido la economía y destruido los grandes logros sociales que tanto costó conseguir. Y en el peor, habrá destruido además la nación mas antigua de Europa. Alguien debería responder por ello.

Un barco a la deriva sostenido por el crecimiento
Jesús Cacho vozpopuli.es  8 Mayo 2017

“Y aún siguen llegando avales. Gracias, gracias compañeros! Esto es imparable! Vosotros lo haréis posible el 21 de mayo”. Es el texto de un tuit que un eufórico Pedro Sánchez colgó en la red la noche del jueves, tras sorprender a España entera con la presentación de más de 53.100 firmas (tras las verificaciones oportunas) de apoyo a su candidatura para la Secretaría General del PSOE, solo 6.000 menos que las 59.300 conseguidas por Susana Díaz con el apoyo del aparato del partido en pleno. Y un sentimiento de pánico generalizado se apoderó no solo de la gestora socialista, sino de ese establishment patrio que más por ilusión vana que por datos empíricos se había dejado convencer, autoconvencer, de que la victoria de la señora Díaz era inapelable, arrolladora incluso, de modo que con ella iba a ser posible devolver la tranquilidad a un país cuajado de sobresaltos y menos necesitado que nunca de un aventado al frente del segundo gran partido español. Terremoto en Ferraz, y susto mayúsculo en Moncloa.

A tomar viento el castillo de naipes construido en torno a Susana. A la espera de lo que la militancia socialista decida el 21 de mayo con su voto secreto, parece claro que el PSOE está roto, partido en dos mitades de muy difícil sutura, miembro de la cofradía penitencial de esa socialdemocracia que ha perdido pie en toda Europa y que pena sin rumbo en busca del esplendor perdido. Lo dijo al día siguiente el tercer candidato a la Secretaria General socialista: “si no hay paz interna y seguimos divididos, vamos al suicidio”. Como los niños, el bueno de Patxi López dijo la verdad: el suicidio. No hay posibilidad de unir las piezas de un jarrón en el que quepan Susana y Pedro. El PSOE salido del Congreso de Suresnes, el PSOE de Felipe, Guerra y demás compañeros mártires que monopolizaron la Transición entre 1982 y 1996 está muerto. La mitad, más o menos, de la actual militancia socialista se ha manifestado mucho más cerca de Podemos que del aparato del partido. Qué comparte las tesis de Podemos. Que está con Podemos. Es la esencia de lo ocurrido.

Una revolución cuyo significado traspasa las meras fronteras partidarias para desplegar toda su negativa influencia sobre la gobernación de un país que a partir de ahora lo va a tener mucho más complicado para todo, fundamentalmente para hincarle el diente al saneamiento del sistema, a eso que hemos dado en llamar regeneración democrática. Va a ser muy difícil volver a contar con el PSOE como sujeto político capaz de jugar un rol protagonista a la hora de abordar las cuestiones pendientes. La única garantía de mantenimiento del tinglado institucional español es ahora mismo un partido víctima de una corrupción sistémica, institucionalizada y abierta, un partido a medio camino entre el mexicano PRI y la Democracia Cristiana italiana, que ha renunciado a toda ideología como referente programático y cuya única razón de ser es la ocupación del Poder, el ejercicio del Poder. Un panorama ciertamente desolador.

Mariano Rajoy visitó el jueves al rey en La Zarzuela para informarle del acuerdo alcanzado con el PNV para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2017 y, más que del precio pagado al PNV, ambos hablaron de la amenaza Pedro Sánchez y de la posibilidad de que el PSOE se convierta en un partido residual y antisistema. Vale el diagnóstico tantas veces formulado en esta columna: dinámica de fin de régimen, de nave a la deriva sostenida, más bien anestesiada, por un sorprendente crecimiento del 3% del PIB que actúa como válvula de escape susceptible de impedir una explosión en la sala de máquinas, una recuperación capaz de crear empleo a buen ritmo, como demuestran los datos de paro registrado de abril, resultado de una clase empresarial, eternamente vilipendiada, que ha sabido ajustar costes, primero, y viajar a los confines del planeta para vender sus productos, después, y a veces sin hablar una palabra de inglés.

Las instituciones no funcionan. Durante mucho tiempo he pensado que el sistema iba a ser capaz de regenerarse desde dentro, aunque solo fuera por una mera cuestión de supervivencia; hoy esa idea es papel mojado: no hay en derredor ni partidos políticos, ni sociedad civil, ni clase empresarial organizada, ni intelectuales de porte, ni fundamentos morales suficientes para armar una marea ciudadana capaz de exigir la tan mentada regeneración. El desbarajuste institucional ha alcanzado de lleno a una Justicia politizada hasta la náusea que, en zafia réplica al Mani pulite italiano, ha echado sobre sus espaldas la tarea de ajusticiar al amanecer en la montaña del Príncipe Pío y bajo los focos de La Sexta a los reos de saqueo de lo público, y lo hace sin poder disimular su propia escandalosa corrupción, la que destilan esos sumarios secretos y esas grabaciones igualmente secretas que todos los días aparecen en los medios de comunicación.

¿Cuánto cuesta mantenerse en el Poder?
Lo único que parece seguir en pie es un Gobierno que, a los mandos de un hombre tan previsible y cegato como Rajoy, se aferra al ejercicio del poder como única razón de ser. Un PP a quien solo el usufructo del poder mantiene artificialmente unido. Y como se trata de aguantarse en el Poder, hacemos lo que sea menester para conservarlo. Pactamos los PGE con el PNV y con el lucero del alba. ¿Es cuestión de dinero? Pongan ustedes la cifra. Pagaremos gustosos lo que nos pidan. Reeditemos los dolorosos peajes que ya pagaron González y Aznar. Cristóbal Montoro y Aitor Esteban firmaron esta semana un acuerdo que defiende los intereses del PP y del sistema clientelar del PNV en el País Vasco, no los de todos los españoles, y que además profundiza en la brecha de los desequilibrios regionales por culpa de un sistema económico y fiscal que privilegia al País Vasco y Navarra en detrimento de la cohesión territorial y la igualdad entre españoles.

El escenario es desalentador. Ni hablar de acometer las reformas que la propia economía necesitaría para seguir generando crecimiento y empleo. En el horizonte inmediato se divisan cuestiones de enorme calado para el bienestar de los españoles a las que habría que meter mano mediante una serie de grandes pactos, llamémosles de Estado si se quiere, y cuya solución se hace difícil incluso imaginar en la actual crisis política. Con estos bueyes hay que arar. Hablamos de un Pacto por la Sanidad que permita hacer frente a un gasto sanitario tan incontrolado como inasumible para las CC.AA., lo que debería implicar decisiones muy impopulares desde el punto de vista político. Hablamos de un Pacto por las Pensiones, el monstruo de las galletas que se ha comido el fondo de reserva de la Seguridad Social y que nos viene encima agravado, además, como el de la Sanidad, por el envejecimiento de la población. Y hablamos de un Pacto Energético, imprescindible en un país cuyo déficit comercial es consecuencia en un 80% de las importaciones de energía, y que debería empezar por prorrogar la vida útil de las centrales nucleares que a día de hoy siguen siendo imprescindibles para garantizar el suministro de energía.

Una serie de pactos que deberían abordarse con sentido de Estado y con voluntad expresa de asumir la parte alícuota de desgaste que para los protagonistas de nuestra vida política comportaría llevarlos a cabo. Con todas sus dificultades, ello solo sería posible en caso de que Susana lograra hacerse con los mandos del PSOE. Los obstáculos a programa tan ambicioso no residen únicamente en los partidos; también en un gentío que decididamente se ha escorado hacia el populismo más rancio. En el patio de monipodio español no se aceptan sacrificios ni obligaciones. Todo son derechos. Todo debe ser gratis. Todo debe correr con cargo al Estado. Por una de esas curiosas ironías que a veces brinda el destino, ha sido el socialdemócrata Montoro el encargado de poner el dedo en la llaga de la enfermedad moral que se ha adueñado de buena parte de la población española, con sus políticos al frente: “Hemos salido de la borrachera del gasto público y algunos quieren irse de copas para celebrarlo”, aseguró el miércoles, en el curso del debate sobre los PGE. El ministro acertó de pleno: imposible resumir mejor la situación de un país que en 2012 estuvo al borde del rescate y que sin haber logrado aún controlar el déficit y mucho menos la deuda pública, es víctima de la demagogia de una clase política empeñada en abrir la espita del gasto público sin el menor recato.

El PP encabeza la manifestación del gasto
El elogio a Montoro, con todo, estaría justificado si no viniera desmentido por el hecho de que es el propio Gobierno Rajoy quien ahora encabeza gustoso la manifestación del gratis total y el dinero público no es de nadie. El propio titular de Hacienda presumió el miércoles de que el gasto social de los PGE del 2017 es “el más alto de la historia de España” (57.000 millones más que en 2007). Al “cuponazo” vasco hay que añadir el “bono social eléctrico” que a partir de ahora beneficiará también a las familias numerosas, con independencia de su nivel de renta, y los 10.800 euros de ayuda para quienes, con el tope en los 35 años, quieran comprarse una vivienda, sin olvidar el aumento de 600 a 900 euros de las ayudas para alquileres. ¿Cuánto creen ustedes que va a tardar la tropa podemita en reclamar piso gratis para todos con cargo al Estado, haciendo realidad el postulado del Artículo 47 (“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”) de la Constitución?

¿Alguien sabe algo sobre el paradero de un tal Albert Rivera? Se gratificará
Y esto es lo que hay. El futuro del país pendiente del hilo de un partido carcomido por la corrupción, cuya única aspiración consiste en estirar el chicle, darle hilo a la cometa, alargar la Legislatura todo lo que sea posible. Ni hablar de adelantar elecciones con la que está cayendo. “Yo, al 2019 llego”, ha dicho Mariano en su círculo privado. Hasta que el cuerpo aguante. La alternativa se llama Podemos, y es tan brillante como las imágenes que estos días nos ofrece la televisión sobre lo que ocurre en el paraíso venezolano. Con un PSOE hecho trizas, y con Ciudadanos sumido en el mayor de los silencios cuando debería estar literalmente “mordiendo”, explicándose, nunca callando. ¿Alguien sabe algo sobre el paradero de un tal Albert Rivera? Se gratificará. Este es el horizonte político que amenaza a España, barco a la deriva que solo el crecimiento económico mantiene a flote. A merced de los acontecimientos. Y de la suerte.

Macron aún debe gobernar
Melchor Miralles Republica 8 Mayo 2017

Es el hombre de moda en Europa. Emmanuel Macron ha ganado la segunda vuelta de las presidenciales francesas, y muchos han respirado por el temor a que la ultraderechista Le Pen llegara al Eliseo. Pero los problemas de la Unión Europea siguen ahí, son los mismos, algunos de ellos comunes en todos los países. El esencial, la desconfianza, el desapego y el cabrero del personal con los partidos tradicionales. Por vez primera en Francia han llegado a la segunda vuelta dos candidatos que no representaban a socialistas o gaullistas, los de siempre. Y ojo que, pese a la clara victoria de Macron, Marine Le Pen ha obtenido casi 11 millones de votos, y las elecciones legislativas de junio van a ser más que importantes, porque del resultado de ellas depende que el joven presidente de la República pueda gobernar además de presidir el país.

Lo de Macron tiene su mérito, no hay duda. Fue ministro de Economía con Hollande, pero no tenía más experiencia política. No tiene un partido tradicional a sus espaldas, sino un movimiento como En Marcha, fruto del fracaso de la derecha y la izquierda de toda la vida, del desencanto general y de la esperanza en una renovación que ya veremos a ver si llega. No le queda otra a Macron que conformar una estructura de partido capaz de afrontar las elecciones a la vuelta de la esquina con posibilidades de éxito. Y no es tarea sencilla en tan poco tiempo. El apoyo mayoritario que ha recibido de la derecha y la izquierda derrotada en la primera vuelta es fruto del temor a la ultraderecha, y no se va a repetir en las legislativas. Los votos de Le Pen son votos convencidos, militantes, ideológicos. Los de Macron son votos útiles, de paso, depositados unos por cabreo y otros para evitar lo que perciben como un desastre.

Y por acercar lo sucedido en Francia a España, y los paralelismos entre Macron y Rivera, la verdad, no son excesivos, porque, de entrada, España no es Francia. Los dos jóvenes líderes aún ni se conocen. Ha pasado desapercibido, pero es significativo, el patinazo espectacular de Javier Nart en La Sexta del Príncipe de las tinieblas y Darth Vader. Le entrevistaba hace dos semanas Pastor en su Objetivo, y el eurodiputado de Ciudadanos le comentaba que había conocido a Macron en el despacho de Albert Rivera semanas atrás en una reunión cordial. Pocos minutos después, entraba en conexión en directo Albert Rivera, y al preguntarle la presentadora por su relación con Macron, la respuesta fue: “No le conozco, no he hablado con el todavía”. Pues ahí va una evidencia de las muchas diferencias que hay entre ambos líderes, y entre Ciudadanos y En Marcha.

Macron tiene una papeleta difícil. Si no consigue entusiasmar rápido a los franceses, el cabreo y la desafección crecerán, y el fantasma del populismo y la extrema derecha regresarán, como ha regresado en España el miedo a lo que pueda suceder tras las primarias socialistas si gana Sánchez, que es lo que quiere Podemos para terminar de liquidar al PSOE, con la eficaz ayuda de Rajoy, el Gobierno, el PP y el Príncipe de las tinieblas, y no están lejos de conseguirlo.

Así esta Francia. Así está España. Así está Europa, en una crisis severa que puede tener consecuencias no deseadas y de complicado remedio. La responsabilidad de las dos grandes familias políticas que han gobernado durante tantos años es inmensa. La historia les juzgará, sí, pero entre tanto los ciudadanos vamos de mal en peor, somos las víctimas de los desmanes de un stablishment golfo que ha generado inmenso dolor y pobreza material y moral mientras a ellos les iba de miedo.

¿El fin del optimismo con el euro?
Daniel Lacalle elespanol 8 Mayo 2017

“I take any currency”, Prince Charles and the City Beat Band

Tras las elecciones francesas, es más que probable que se disipe la euforia con respecto al euro/dólar. La revalorización de la moneda europea se ha apoyado en los consecutivos catalizadores políticos, que han apoyado el proyecto europeo, y el superávit comercial de la zona Euro fija un soporte contra las principales monedas con las que comercia.El movimiento tampoco ha sido brutal, pero a un año, el euro se ha fortalecido contra el dólar norteamericano casi un 4%.

Una vez pasadas las noticias políticas, fijándonos exclusivamente en las fundamentales, la oferta y demanda debería prevalecer. Existen varios retos:

- La demanda de euros global desciende. Las últimas cifras del BIS (Bank of International Settlements) muestran una cifra total de transacciones transfronterizas en dólares de EEUU de 13,9 billones, aumentando en 60.000 millones de dólares en el trimestre. A su vez, las transacciones en euros han caído en 160.000 millones, hasta los 8,1 billones de dólares totales.

- La oferta de euros se dispara. Estamos en una época peligrosa. Por primera vez en la historia, los bancos centrales están aumentando su masa monetaria en más de 200.000 millones de dólares mensuales sin haber crisis ni recesión que “combatir”. De esa cifra, el Banco Central Europeo es casi un tercio. A cierre de este artículo, esa enorme “expansión monetaria” ya genera 1,2 billones de euros de liquidez excesiva.

¿Qué hace que la moneda se mantenga relativamente fuerte a pesar de que la demanda no es muy alta y la oferta es excesiva? La confianza en un modelo exportador y el superávit comercial de la Unión Europea, que hace que las reservas de moneda extranjera de la Eurozona estén creciendo de manera constante.

Es una buena noticia, por lo tanto, que se afiance la confianza en el euro a pesar de las políticas devaluadoras. Muestra que la economía europea es más sólida de lo que les gustaría a algunos inflacionistas.

La evidencia de que devaluar no favorece las exportaciones es clara en la Eurozona. Desde que se lanzó el programa del BCE, el euro se ha debilitado casi un 23% contra el dólar y, sin embargo, el crecimiento de exportaciones se ha ralentizado. De hecho, el aumento de exportaciones más sostenido se ha dado entre países de la propia zona euro, es decir, sin efecto moneda, mientras que el crecimiento de las exportaciones a países no-euro se ha debilitado, y mucho. No se preocupen, que los alquimistas inflacionistas les seguirán diciendo que devaluando se exporta más.

Pero no debemos olvidar el reto de esa oferta y demanda, y del exceso de liquidez. El Banco Central Europeo está desfasado con respecto a la inflación y a la curva y debería estar subiendo tipos ya. Adicionalmente, con tal cantidad de liquidez excesiva (aumentada en más de 1 billón de euros desde que se lanzó el programa de recompras), es urgente que drene ese exceso y pare el aumento de su balance actual. Hay suficiente liquidez en el sistema para continuar atendiendo la oferta de bonos.

Es más que probable que la oferta de dólares se siga restringiendo, vía normalización de la política monetaria norteamericana, donde la Reserva Federal también va muy por detrás de la curva, en casi 300 puntos básicos, mientras la demanda global aumenta, sobre todo por parte de países emergentes. Y, mientras la demanda de dólares crece por encima de la oferta, algo que busca conscientemente la administración actual, ocurre lo contrario con la demanda de euros con respecto a la oferta.

Por lo tanto, fuera de catalizadores políticos, que han apoyado un soporte en la devaluación del euro, y las buenas noticias sobre las reservas de la eurozona, nos enfrentamos a unos años en los que es más que probable que el euro pierda ímpetu con respecto al dólar norteamericano.

El que crea que eso es una buena noticia “para los exportadores” tiene un problema con la evidencia.

Debemos prestar atención al riesgo de pérdida de confianza en la moneda común si se sigue disparando la liquidez excesiva y aumentando la masa monetaria.

Lo último que querría la UE es perder el referente del euro como moneda de reserva. Hay que dejar atrás los experimentos alquimistas y poner como objetivo que la demanda de euros en transacciones globales se fortalezca.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

'El Barça ens roba'
Jesús Laínz Libertad Digital 8 Mayo 2017

Allá por 1987, en memorable rapto de mentecatez ideológicamente causada, a Manuel Vázquez Montalbán se le ocurrió otorgar al Barça la categoría de "ejército de un país desarmado". Y cada vez que este ejército ganaba al Real Madrid, convertido al parecer en ejército del Estado Estatal, "Cataluña se resarcía un tanto de todas las guerras civiles que ha perdido desde el siglo XVIII" y compensaba "trescientos años de humillaciones históricas".

Aunque tampoco viene mal una derrota de vez en cuando, "a ser posible propiciada por los árbitros, para recuperar ese retrato de víctima privilegiada". Pues no es moco de pavo que Cataluña pueda remozar de vez en cuando tan alto privilegio ratificando, mediante esas derrotas injustas, "su condición metafísica de pueblo perdedor, de pueblo desgraciado, sometido al yugo tiránico de las hordas centralistas".

Por la boca muere el pez: "Víctima privilegiada". No pudo elegir Vázquez Montalbán mejor adjetivo, vive Dios. Porque, efectivamente, si el Barça sigue existiendo hoy fue en buena medida por la graciosa voluntad de aquel gran benefactor de Cataluña que se llamó Francisco Franco.

Por ejemplo, el ejército catalán se salvó de la bancarrota gracias a que en agosto de 1965 el Caudillo firmó manu militari –nunca mejor dicho– la recalificación de los antiguos terrenos de Les Corts, que pasaron a ser edificables y cuyo notable aumento de precio permitió al club pagar las inasumibles deudas contraídas en la construcción del Camp Nou. Su solemne inauguración en 1957, por cierto, gozó de todos los sacramentos eclesiásticos, ministeriales y falangistas posibles, y estuvo plagada de banderas españolas, himnos que nadie pitó, trajes populares, barretinas y sardanas, esa danza que, como explicó el NODO en la prohibidísima y perseguidísima lengua catalana, "és la dansa sencera d’un poble que estima i avança donant-se les mans".

Lo que sí es cierto, y se trata de un mérito que sería injusto olvidar, es que el Barça puede presumir de haber sido el único club de fútbol español que no concedió a Franco una medalla de oro. Porque le concedió dos. La primera en 1971, pues, gracias a la influencia de Joan Gich Bech de Careda, exdirectivo del Barça y a la sazón delegado nacional de Educación Física y Deportes, presidente del Comité Olímpico Español, consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes, el gobierno concedió al club a fondo perdido cuarenta y tres millones de pesetas de las de entonces para la construcción del Palau Blaugrana y el Palacio de Hielo. Por los favores prestados, recibieron la medalla de oro el propio Gich, el ministro secretario general del Movimiento, Torcuato Fernández-Miranda, y el jefe del Estado, Francisco Franco. Y tres años después, para conmemorar el 75º aniversario del club, la junta directiva se trasladó al palacio de El Pardo para entregarle la segunda.

Aprovechó el comunista caviar Vázquez Montalbán aquella ocasión para denunciar que "el franquismo prefería que las masas gritaran en los estadios, los domingos de cinco a siete de la tarde, a cambio del silencio en las calles durante los días laborables". ¡Tremenda perfidia la de aquel régimen por alienar al proletariado con droga deportiva los domingos de cinco a siete! ¡Miedo da pensar en lo que podría haber logrado con las herramientas de las que dispone el régimen actual, en el que dicha droga, multiplicada por un millón, es inoculada en las conciencias a través de estadios, televisiones, prensa, radios e internet siete días a la semana y veinticuatro horas al día!

Parece improbable que alguien ose negar la evidencia de que el maestro insuperable en estos asuntos de la futbolcracia es el Barça, ese club deportivo que no desaprovecha oportunidad para entrometerse en política. Su última acción, por el momento, ha sido informar de que

se adhiere al Pacte Nacional pel Referèndum, la campaña de adhesiones para recoger el apoyo de instituciones, entidades, electos y particulares, de dentro y de fuera de Cataluña, para la celebración de un referéndum sobre el futuro político de Cataluña.

Cada uno puede decidir lo que le dé la gana, naturalmente, pero quizá conviniese ir reclamando a ese club que presume de ser más que un club que, antes de cerrar la puerta por fuera cual criada respondona, devuelva los muchos dineros, salidos de los impuestos de todos los españoles, recibidos de la generosidad del régimen franquista.

Y así, una vez liberado de deudas, podrá seguir dándole al manubrio de ese nacional-futbolismo con el que tanto goza.

¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba el Barça!
www.jesuslainz.es

 


Recortes de Prensa   Página Inicial