AGLI Recortes de Prensa   Jueves 11  Mayo 2017

El persistente déficit oculto de las autonomías
EDITORIAL Libertad Digital 11 Mayo 2017

Muchos recordarán a Rajoy, nada más ser nombrado presidente del Gobierno, utilizar el déficit oculto dejado por Zapatero para justificar su incumplimiento de no subir los impuestos. La excusa no podía ser más mala, por cuanto el desfase ocultado entre gastos e ingresos del Reino de España en 2011 correspondía fundamentalmente a las Administraciones autonómicas, entonces mayoritariamente gobernadas por el PP; y por cuanto el partido de Rajoy, meses antes de llegar al Gobierno, había acordado con la entonces ministra socialista Elena Salgado ocultar la gravedad de un problema en el que PP y PSOE tenían responsabilidades compartidas. Pero, sobre todo, la excusa era mala porque, aunque fuera cierto, que no lo es, que a Rajoy le pillara por sorpresa aquel déficit autonómico oculto, la reacción de un partido liberal-conservador, que en el pasado se había opuesto a las subidas de impuestos con déficit aun mayores que los registrados en 2011, debería haber sido imponer a todas las Administraciones una política de reducción de gasto público mayor que la prevista, no la de subir los impuestos.

Desde entonces se podría pensar que el Gobierno se habría dedicado únicamente a tratar de maquillar el incumplimiento de los objetivos de reducción del déficit de las distintas Administraciones por la vía de renegociarlos al alza con Bruselas antes de finalizar cada ejercicio. Así, por ejemplo, el objetivo inicial de reducir el déficit autonómico al 0,3 por ciento en 2016 fue renegociado –con Bruselas y con el PSOE– antes de que concluyera el año para relajarlo hasta el 0,7 por ciento del PIB. Aun así, el déficit de las CCAA fue del 0,82 por ciento en 2016.

Para colmo, tal y como advierte el último informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) sobre la evolución de las finanzas autonómicas entre 2003 y 2016, el déficit registrado en 2016 se beneficia de unas circunstancias "atípicas" e "insostenibles en el tiempo" como son unos ingresos extraordinarios provenientes de la liquidación del sistema de financiación correspondiente a 2014, por los que las CCAA ingresaron 7.600 millones de euros extra el pasado año, unos 6.000 más que en 2015.

Así mismo, cabe destacar que las autonomías, en lugar de recortar el gasto corriente y reducir el tamaño de la estructura burocrática, han optado —al igual que el Gobierno central— por reducir la inversión pública (mantenimiento y renovación de infraestructuras, por ejemplo), lo cual tampoco se puede extender de forma indefinida en el tiempo.

Otro tanto se podría decir de la menor carga de intereses, situados en niveles artificialmente bajos gracias, exclusivamente, a los mecanismos de liquidez y rescate facilitados por el Estado, como el FLA, que constituye una "subvención implícita" que acaba también maquillando la verdadera situación presupuestaria de las autonomías.

Que el déficit que oculta estas circunstancias atípicas e insostenibles sea de naturaleza distinta a la burda y deliberada ocultación de unas facturas sin pagar guardadas en los cajones que caracterizaron el déficit oculto de 2011 no borra el grave problema que representa un modelo autonómico insostenible y una clamorosa falta de control del gasto. Un problema que alcanza tintes dramáticos si se tiene presente que no parece suscitar la más mínima preocupación en ningún partido con representación parlamentaria.

Empresas públicas: abrevaderos de políticos inútiles
Cristina Seguí okdiario 11 Mayo 2017

Abrevadero de políticos depurados por las urnas. De aquellos amigos suyos que no valen para nada. El pilón del chaval cortito de algún diputado. De deshechos de la iniciativa privada. Eso es esencialmente una empresa pública: una gran ficción socialdemócrata diseñada para que unos cuantos vivan a costa de los demás. Implementadas tanto por el PP como por el PSOE. Y uno de aquellos inútiles que mejor recuerdo era José Miguel Moreno, aquel ex diputado del PP de la Asamblea de Madrid con pinta de párroco engominado de Fuenteovejuna que, en una conversación con el púnico David Marjaliza, reconocía que su metabolismo hortera se mantenía a costa de todas aquellas empresas públicas que estaban a su alcance: “Sin mayoría absoluta ya no nombras a todos los directores tú. Ya está todo el mundo colocado. Pero, macho, así me toco los huevos, que para eso me hice diputado. Bueno tío, que me voy de vacaciones. Prepárame pasta”. Ahí está la génesis de la corrupción. Por encima de los 57 investigados del ‘Caso Lezo’, de las conversaciones grabadas por Villarejo y García Castaño a Ignacio González, de las filtraciones de jueces y sus bolos en la SER, de los miembros y ex miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, verdes y azules, involucrados en la trama del Canal de Isabel II.

La cual era, además, singularmente polifacética. Durante la era Gallardón, ex ministro de Justicia, ex alcalde de la Villa y esquilmador profesional de los contribuyentes madrileños que endeudó a generaciones, su función era eminentemente desfalcadora. Desviando 83 millones de euros a Panamá para la compra de Inassa, la empresa Interamericana de Aguas y Servicios en Colombia, asunto desvelado en primicia por este periódico. Durante la presidencia de Ignacio González, del 2003 al 2012, albergó la sede desde la cual se usaban fondos públicos para hacer pequeños dosieres destinados a triturar el presente y porvenir político de Cristina Cifuentes. Para eso servían, además, los desfalcos del Canal. Dejarlo durante más de una década en manos de semejante par era lo equivalente a confiar la virginidad de novicias de convento a la Madame de Torrevieja.

El peligro no se extingue con la judicialización del asunto del Canal. Existen más de 6.000 empresas públicas ruinosas, potenciales albergues de corruptos de todos los partidos. Y en ellas más de 200.000 personas contratadas a dedo por los Gobiernos entrantes sin actividad alguna identificada. Mientras Ignacio González baila el corro de la patata en el patio de Soto del Real, el robo legal o alegal prosigue en los consorcios. En las televisiones públicas. En las agencias, las fundaciones y demás quioscos públicos que, además de no ser un servicio básico, hacen la competencia a aquellas empresas privadas que las financian coactivamente. Radica en que esas empresas públicas están diseñadas para eludir la rendición de cuentas y las auditorías. Diseñadas para solapar las compatibilidades, así como para operar fuera de nuestras fronteras con dinero del contribuyente. Y radica en que la deuda generada por esas empresas públicas de las corporaciones locales, de la administración central y de las comunidades autónomas ya superaba los 55.973 millones en 2013.

Burdeles que nos obligan a ser la pilingui sodomita que además prepara la cama del cliente. Burdeles que, de no ser públicos ya habrían quebrado. De modo que, el peligro no es Ignacio González o Granados. Es la izquierda que defiende que el sentido de sostener a esos empleados públicos es el de conservar el statu quo y la capacidad de compra de esos mantenidos. Mientras, la derecha liberal que hace mucho que no existe, asesta golpes fiscales a las empresas privadas con todavía menor piedad que la acostumbrada a la hora de acabar con los únicos buenos de su propio partido.

El convento
Esa hilarante carta es el testimonio de una monumental estafa a su propio pueblo. El del destino manifiesto
Ignacio Camacho ABC 11 Mayo 2017

El columnista ve la carta de la esposa de Jordi Pujol a su banco de Andorra y se siente ante un fácil jornal ganado a cuenta de los ya célebres misales de la madre superiora. En este oficio se cotizan bien la metáfora y la broma, y el ingenio se desparrama solo ante la hilarante misiva –escrita, para mayor comicidad, con la severa circunspección que en Cataluña se estila para las cosas del dinero– de doña Marta Ferrusola. Blanco fácil: tres chistes y a otra cosa. Se prestan a ello el personaje, la situación, el contexto; por decirlo en su berlanguiano lenguaje, todo es bueno para el convento. Pero quizá el periodismo exija un poco más que guasa en este difícil tiempo, un mínimo de reflexión que trate de trascender el obvio esperpento. La chispa popular ya se ha desparramado en el cachondeo tuitero; sin embargo, si lo miramos bien, se trata de uno de esos asuntos que Machado llamaría perfectamente serios.

Porque cuando se escribe esa carta Pujol era presidente de Cataluña. En concreto se estaba sometiendo esos días a la investidura de uno de sus múltiples mandatos. Moviola mental: la señora que escribe en esa descacharrante clave a su banquero era la primera dama en ejercicio de la autonomía catalana. La mujer del llamado padre del catalanismo moderno, el político que prometía comportarse con la máxima honradez en ese mismo momento. Ella está al frente del dinero (opaco) de la familia, es la matriarca que controla una fortuna irregular y usa ese cifrado de involuntaria jocosidad para evitar que quede constancia formal de sus manejos. Porque es perfectamente consciente de estar haciendo algo ilegal, deshonesto.

Eso sucede en 1995, una fecha lejana en la que el clan Pujol llevaba ya años apaleando millones en secreto. Negocios sostenidos en la hegemonía política, en un poder territorial que el president ejercía con brazo férreo. También con un discurso victimista de perpetua reivindicación que consideraba compatible con la generalizada costumbre de aplicar a los contratos públicos una comisión venal del tres (o más) por ciento. El hombre que blasonaba de ser el paradigma del catalán trabajador y adornaba su cargo con el adjetivo de Muy Honorable practicaba la evasión fiscal con cuentas en el extranjero. Ya lo sabíamos, sí, y lo que es peor: lo sospechábamos antes de saberlo. Pero no es lo mismo una certeza moral que la constatación testimonial de los hechos.

La autora de la nota monjil es, además, la persona que hace pocos meses dijo no tener "ni cinco" ante el Parlamento. Esa declaración, y la de su marido, muestran un desparpajo asombroso para mentir a la representación del pueblo catalán, el del mitológico destino manifiesto. Sugieren décadas de embustes, de ocultación, de concusiones camufladas bajo la cínica solemnidad de una misión histórica. Ahora volvamos a la carta de marras: ¿a que ya no parece tan graciosa?

La UE contra Europa
Óscar Elía gaceta.es 11 Mayo 2017

Los europeos actuales tendemos a tener poca conciencia de la historia. Pensamos nuestro mundo a corto plazo: el pasado es siempre el pasado más cercano, el más lejano nos parece demasiado lejano, y verlos en conjunto nos exige un esfuerzo que, en la era de twitter y las series de TV a la carta, nos cuesta hacer. Por eso tendemos fácilmente a olvidar dos cosas. Primero, que Europa no nació con la Unión Europea: el periodo histórico que cubre la Unión es insignificante en relación con los veinte siglos de aventura europea. Y segundo, que no tuvo que esperar a la llegada de la UE para ser la sociedad más fuerte y pujante de la tierra. De hecho, lo que caracteriza a la UE es precisamente ser la solución de compromiso en el momento en el que el continente europeo se encuentra en sus horas más bajas.

Tampoco la idea de unidad europea se debe a la UE. La idea de una comunidad europea de naciones es tan vieja como la civilización europea. La presencia en un mismo solar de potencias políticas y militares distintas, con tensiones y rivalidades constantes, pero unidas de fondo por un mismo acervo cultural ha sido no sólo la historia de Europa: constituye su esencia. Mantener la unidad en la diversidad, o la diversidad con unidad ha constituido el sentido de la historia de la civilización europea, desde el Sacro Imperio hasta la Christianitas o incluso la Westfalia moderna. Un difícil equilibrio del que los europeos han sido tradicionalmente conscientes.

Todos estos proyectos, con la única excepción de los dos proyectos totalitarios del siglo XX, se basaban en dos premisas. Primero que el proyecto de comunidad europea debe basarse en la solidaridad, colaboración y coexistencia pacífica de países distintos: nunca en su extinción vía unificación. Aún cuando muchos hayan convivido bajo una misma corona, nunca ésta ha buscado la unificacion. Europa es lo suficientemente rica y variada como para que nadie en su sano juicio se le ocurriese pensar en unificarla en un único espacio político y social que abarcase desde Lisboa a Polonia, desde Atenas a Dublín. La historia de Europa es justamente la historia de la conciencia de estos límites.

En segundo lugar, los europeos hoy olvidan que tendencia a la comunidad europea ha estado basada sobre un determinado pilar: la civilización cristiana. Ésta había tomado el relevo del Imperio Romano, enriqueciéndolo y dotándolo de un mensaje íntimo y universal al mismo tiempo. Durante siglos de grandeza Europa se fundía y se confundía, para los europeos y para quienes no lo eran, con la Cristiandad. Ésta es su alma y su personalidad. Los viejos países europeos podían discutir y hacer la guerra por una interpretación del cristianismo, pero no por la negación del cristianismo en sí, ni del orden natural y social que de él se desprende. Éste era, en el fondo, digno de cuidado y protección, porque daba sentido a las instituciones europeas, fuesen monarquías o parlamentos.

La UE contra Europa
Los llamados padres fundadores de Europa, con una conciencia histórica clara y unas creencias religiosas bien arraigadas, no eran ajenos a todo esto. La unidad europea debía basarse en el respeto a la comunidad diversa de naciones europeas, cada una con su propia personalidad, aunque asentada sobre una religión, una cultura, una tradición común. Para Schuman o Monet la Europa cristiana, precisamente por cristiana, podía y debía hacer convivir pacíficamente a naciones tan distintas.

Hoy en día, esta conciencia prudente, realista y profunda ha saltado por los aires. La Unión Europea, el conjunto de instituciones y organismos que hoy en día llamamos comunitarios, se ha encargado de combatir con saña ambas ideas. Por un lado, las élites no sólo políticas sino también intelectuales y culturales, tanto de la UE como los países miembros, se asientan sobre una renuncia explícita al cristianismo. No solo se trata de que le den la espalda. En verdad, como los creyentes saben bien, ante Dios no cabe la indiferencia. O se cree en él de una u otra manera, o se considera su existencia, la suya y la de la religión un engorro para el poder civil, para la Ciudad de los hombres. La UE ha optado por esto último, aunque en su defensa hemos de decir que no se diferencia en esto en nada de la mayoría de los Estados miembros. La explícita y activa renuncia a reconocer las raíces cristianas en la fracasada Constitución Europea de 2004 mostraba la ruptura así decisivamente con siglos de tradición europea.

Descartando del cualquier proyecto de unidad política las raíces cristianas, la Unión Europea debía buscar un sustituto, porque ciertamente no se puede construir una unidad política sin una comunidad de creencias que la sostenga. En su búsqueda ha ido encontrando dos. En primer lugar, una nueva religión: elevando la democracia y el europeísmo a categorías religiosas, a través de una ética de mínimos constituida en una suerte de religión oficial. La tolerancia pasiva, la autonomía subjetiva, el relativismo político y moral. Hoy en día, la UE decreta “días europeos”, sus instituciones decretan campañas de “concienciación” moral, y sus dirigentes marcan lo correcto y lo incorrecto a los europeos,

A esta moral se ha sumado un segundo elemento: el burocratismo y el formalismo jurídico, como instrumentos para acabar con las fronteras políticas. La vida política de las naciones se ha visto progresivamente sustituida por este funcionamiento técnico y administrativo del superestado europeo: la actividad política se ha ido diluyendo conforme los Estados miembros cedían competencias a la Unión. Los españoles lo sabemos bien: los gobiernos de Zapatero o Rajoy han sido meros ejecutores y gerentes de las directivas comunitarias, algo así como funcionarios delegados de cada vez más atribuciones comunitarias. En la Europa soñada por la UE no hay discusión, no hay deliberación, no hay elección posible en los Estados miembros, porque la legitimidad sólo está en el superestado: a las viejas naciones queda sólo la ejecución administrativa de las directrices comunitarias, da igual que se trate de Praga, Madrid o Vilna.

El hombre light europeo
Destrucción del alma cristiana europea, construcción del estado universal burocrático. Ambas aberraciones, hemos de decirlo, no son creación de la Unión Europea, sino que son símbolo de nuestro tiempo. El europeo actual es la última modalidad de hombre moderno. No tiene convicciones morales fuertes, y tiende a mirar con sospecha a quien las tiene; acepta las directrices 'técnicas' de burócratas y expertos, porque no hay legitimidad política fuera del proyecto comunitario; no debe tener fe, o debe esconderla en su vida privada sin llevarla a su vida social; renuncia a las tradiciones, enemigas del progreso; paga los impuestos, sin poder preguntar a dónde y de qué manera van a parar; y goza del bienestar y de la vida placentera que pedagogos, psicólogos y técnicos le proponen, sin poder oponer a la ciencia razón moral alguna.

En el fondo, el proyecto comunitario de tábula rasa entre países sólo podía construirse sobre el igualitarismo gris y mediocre del hombre-light. Un único tipo de hombre, intercambiable y e igualmente presente en las costas del Atlántico, en las llanuras centroeuropeas o en las islas británicas.

Pero esta destrucción del orden moral europeo, es decir, de su alma; y del orden político, es decir de la independencia de sus orgullosas naciones, tiene sus consecuencias. Los europeos tienen dificultades para descubrir quiénes son y a donde van en cuanto europeos; carecen de una visión del orden natural y moral que les permita definir qué es bueno y malo, qué es peor o mejor para sus sociedades y países; no son capaces de escapar del cortoplazo, ni de fijarse metas más allá del bienestar material más primitivo; no ven sentido alguno en defender una civilización, una tradición y una cultura, puesto que un proyecto político relativista, sin principios morales sólidos ni personalidad histórica, no merece la pena ser defendido. El resultado es la extensión de la frustración, la desilusión, el desengaño ante un proceso de construcción europea basado en la destrucción de la personalidad europea y la libertad de sus naciones.

Aún peor, forma parte de esta misma crisis europea nuestra incapacidad para observar las cosas en perspectiva histórica y salir del cortoplacismo. Así, políticos y medios de comunicación prefieren descargar la responsabilidad de los problemas de la UE y de Europa entera en lo superficial: cargan con la culpa la eurofobia, el populismo, la extrema derecha y la ignorancia de los pueblos al votar. Las dos grandes causas de la decadencia europea fomentadas por la Union Europea, el rechazo al cristianismo y el maltrato a las naciones, permanecen ocultas.

No son Le Pen, Trump o Theresa May los que ponen en peligro Europa: es la propia Unión Europea la que se revuelve contra siglos de historia y de civilización, poniendo en peligro el verdadero sentido de una comunidad europea de naciones libres y unidas.

¡Viva la madre superiora!
Ramón de España cronicaglobal 11 Mayo 2017

En un viejo episodio de Los Simpson, Homer acude a un concurso televisivo titulado How low can you go? (¿Cuán bajo puede usted caer?). Ese programa imaginario no existe en España, pero de existir, debería inaugurarlo Jordi Pujol?, pues cuando todos creemos que no puede caer más bajo, nos sorprende con un nuevo episodio de corrupción, ya sea protagonizado por él o por cualquier miembro de su espantosa familia. Ahora le ha tocado a la parienta, con su fantástica notita de tono eclesiástico en la que solicita a su banquero andorrano que le pase unos monises a Júnior de la manera metafórica que ustedes ya conocen. Y, ya puesta, se inventa una nueva divisa, el misal.

Doña Marta podría haber recurrido a otra identidad metafórica, pero optó por la religiosa porque, como dijo el famoso obispo, Cataluña será cristiana --hasta en el momento de trincar, añado yo-- o no será. Podría haberse hecho pasar por carnicera y solicitar dos kilos del mejor buey para su vástago, pero prefirió travestirse de madre superiora y convertir a su hijo en cura. Y es que la buena señora siempre ha sido muy de misa y, probablemente, cree que Jesucristo nació en Manlleu --según la siempre fiable información del riguroso historiador alternativo Víctor Cucurull--, lo cual supera esa teoría vasca --¿humorística?-- según la cual la humildad del hijo de Dios se demuestra en haber nacido en una aldea del quinto pino, cuando podría haberlo hecho tranquilamente en Bilbao.

Los curas son una presencia constante en el nacionalismo. Que se lo pregunten a los vascos. O a nosotros mismos, que hemos tenido que aguantar a personajes lamentables como Xirinacs, las monjas Caram y Forcades y el abad de Montserrat de turno. Pujol fue íntimo amigo de mosén Ballarín, que seguía creyendo en su inocencia cuando nadie más lo hacía. Los nacionalistas son gente de misa y excursión, ésta, a poder ser, en la bendita compañía de algún miembro de la clerigalla. Por eso, no es de extrañar que esa señora altiva y racista, convencida de que Cataluña se está portando fatal con ella y con su familia, adopte la personalidad de madre superiora de la congregación para sus trapisondas: el latrocinio perpetrado por ella y los suyos no sería más que una compensación a la baja por todos los sacrificios que han hecho por la patria.

Qué es eso del progreso
Amando de Miguel Libertad Digital 11 Mayo 2017

Muy sencillo. El progreso es aproximadamente lo contrario de lo que propugnan los sedicentes progresistas. Así está de loco el mundo. Como es natural, todos deseamos progresar, avanzar, mejorar. El problema reside en que los adelantos individuales muchas veces no coinciden con los colectivos.

Un notable progreso sería, por ejemplo, que no dominaran siempre las mismas personas e instituciones en la vida cultural española, que es la que veo más cercana. No se avizora ningún cambio por este particular. Ya nos hemos acostumbrado a que la izquierda sea la hegemónica en la cultura española. Lo cual no asegura un alto grado de excelencia.

Sería un admirable progreso que en España no se reabrieran las heridas y miserias de la Guerra Civil de hace ocho decenios. A lo mejor hay que esperar al centenario. De momento, la llamada memoria histórica representa lo contrario de lo que parece decir: el olvido o borrado de una parte de esa historia. Me cuenta un amigo que vive en la calle Puerto de los Leones. En su urbanización todas las calles llevan nombres de la sierra madrileña. Pues bien, el Ayuntamiento progresista de Madrid ha decidido que el nombre de esa calle debe desaparecer. Lo ha decidido un comité de expertos en no se sabe qué; en odio, me parece a mí. Puestos a afinar, habría que suprimir también la calle del Puerto de la Fuenfría, porque por ahí llegaban las legiones romanas que invadieron Hispania.

Un gran progreso supondría no conceder más privilegios a ciertos grupos de presión que ya son los más exitosos. Pienso, por ejemplo, en los fabricantes y vendedores de coches, los homosexuales y demás ralea, los feministas, los ecologistas. Es un misterio por qué tales grupos acumulan tantas facilidades por parte de los organismos públicos.

Veo progresista que los impuestos se mantuvieran en sus justos términos y aun que declinaran un poco. La realidad es la contraria. La razón es que hay que atender a un sinnúmero de solicitudes de subvenciones y tratos de favor. Es claro que no todos somos iguales ante la ley. Que se lo digan a los vascos, por otra parte, tan quejosos ellos. En algunos pequeños pueblos castellanos el bar se mantiene porque los gastos los paga el Ayuntamiento.

Bien progresista sería la medida que obligara a los políticos todos a renunciar a sus coches oficiales y otras bicocas, pero "que si quieres arroz, Catalina". Tales privilegios no hacen más que ampliarse.

Un progreso elemental sería la desaparición de los sedicentes okupas y otros símbolos del desgobierno particular, como los grafitis, los tatuajes, el botellón, las rastas, etc. No se prevé tal tendencia. Antes bien, se reafirma. Nos encontramos en la apoteosis de lo cutre.

Los progresistas de antaño se centraron muchas veces en abominar del catolicismo. Hoy se repite la cantinela con los progresistas de hogaño. Es la misma falta de cultura.

En buena lógica tendría que haber progresistas tanto en la izquierda como en la derecha. Pues bien, solo destacan en la izquierda, además, con el resultado de que sus deseos no significan el progreso real de la población.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Suiza, un modelo para España
FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO El Mundo 11 Mayo 2017

LLOVÍA cuando salí de Suiza. Una lluvia lenta, melancólica, de gotas enormes, pesadas y silenciosas, que cubría calles y paisajes de una tristeza grisácea. Pero me sentía alegre al cabo de unos días en la Universidad de Neuchâtel. El sitio me encantó al borde del lago tranquilo e inmenso, bajo la muralla de montañas nevadas. La universidad es pequeña, íntima, perfectamente provista de tecnología moderna, pero con un toque de antigua cortesía. En la puerta de la cafetería de la Facultad de Artes hay un aviso pegado: "Tenue correcte est éxigée". "S.V.P.", se añade, para suavizar la formalidad. El ambiente intelectual entre estudiantes y profesores me divertía. Todos están contentos con sus vocaciones. No se oye el llanto incesante, típico de otros países supuestamente avanzados, de enfados y reproches contra un Estado mezquino y una sociedad filistea. El tren me llevaba por una campiña próspera, cuidadísima y densamente poblada, sin esos barrios empobrecidos que suelen estar enclavados al lado del ferrocarril en otras zonas industrializadas. "En Suiza -me comentó un colega- sólo hay dos clases: la burguesía y la alta burguesía". Es como si en el país de Rousseau se hubiera conseguido el paraíso igualitario con que soñaba el filósofo, sin la tiranía con la cual nos amenazaba. ¿Cómo conseguir la felicidad suiza?

Parte de la solución se manifiesta en la cultura peculiar y particularista de Neuchâtel. Se practica allí, como en la mayor parte de la Romandía suiza, el francofonismo a ultranza, que desafía la autocomplacencia de los cantones alemanohablantes. El bilingüismo se enseña en todos los colegios del país, pero cada comunidad valora su propio idioma. Para comunicarse entre sí, suizos de hablas distintas prefieren el inglés. Los italohablantes se sienten marginados, aunque resignados al hecho de que sus vecinos no puedan disfrutar del uso del idioma de Petrarca. Se contentan, en cambio, con sus elevados presupuestos culturales, sus abundantes canales de televisión y sus propias instituciones educativas. Neuchâtel, además, es obstinada y orgullosamente protestante, desde que el evangélico implacable, Guillaume Farel, impuso su credo en el siglo XVI. En una plazuela del casco viejo se encuentra el pilar de la Justicia, restaurado con meticulosidad típicamente suiza, con sus colores vivos y doradura brillante. Al pie de la figura de Justicia, un papa abraza un soldán. Hasta ahora, los católicos son pocos y mayoritariamente extranjeros. Asistí a la misa de las cinco de la tarde en la basílica majestuosa de fines del XIX, un espacio calentito y acogedor, de piedra rosada, como el interior de un útero: la congregación era enorme pero todos eran portugueses, en cuyo idioma se celebraba el rito. La ciudad respira una atmósfera calvinista, donde casi todo está fermé le dimanche. Neuchâtel tiene su propia comida -riñones con rösti, salchichas sustanciosas y correosas, percas fritas del lago-, sus vinos límpidos y con poco cuerpo, su aperitivo de fabricación local y media secreta, que es el famoso absinthe de románticos y bohemios. Toda Suiza es así: un mosaico de particularismos. Comentaristas españoles que apoyan modelos centralistas de gobierno dirían que un caos. Pero funciona.

La confederación se compone de 26 cantones, de todas formas y tamaños. El cantón de Basel-Stadt tiene 37 kilómetros cuadrados de extensión, el de Graubünden más de 7.000. El menor de población, Appenzell Innerhoden, alberga a unos 16.000 habitantes. Zúrich tiene un millón y medio. Pero todos los cantones tienen casi los mismos derechos, según la Constitución (con ligeras modificaciones relativas al valor de las voces colectivas de cantones minúsculos en referéndums nacionales). Cada uno tiene su autonomía legislativa, capaz de promulgar leyes que no contradigan la legislación nacional y de determinar la política tributaria. Suiza no dispone de un jefe de Estado, sino que las funciones de la jefatura se ejercen colectivamente por los siete miembros del Consejo Federal, bajo la regla de que todos los partidos, idiomas, regiones y cantones deben tener una representación proporcional. La Constitución permite, además, que cualquier ley aprobada por las entidades federales pueda rechazarse en un referéndum convocado por 50.000 signatarios. Y casi la cuarta parte de los habitantes de Suiza son extranjeros.

A pesar de la existencia de tanta variedad, tantas jurisdicciones, tanta autonomía aparentemente irracional y un federalismo que parece disminuir el papel del Estado central, la cohesión del país y la eficacia de las instituciones nacionales son envidiables. Existen pocos héroes nacionales y el mayor de todos, Guillermo Tell, probablemente no existió. Otros héroes, en cambio, movilizan el amor de casi todos sus conciudadanos. Todos alaban a Henri Guisan, el comandante del ejército cuya acertada estrategia ayudó a mantener la neutralidad suiza en la Segunda Guerra Mundial. Todos evocan a Ferdi Kübler, el ciclista campeón mundial que murió recientemente y que es, tal vez, el mayor personaje de la historia deportiva suiza (aunque supongo que tiene rivales en el esquí, el hockey sobre hielo y otros deportes que desconozco). Todo suizo lee las historietas de Heidi -la niña suiza por antonomasia- y de la familia suiza Robinson. Les gusta cantar yodel y lucir trajes tradicionales: hace poco se negó la ciudadanía suiza a un solicitante porque no le gustaba el ruido del cencerro. Además, se emocionan con los valores nacionales: la ética del trabajo, el culto a la limpieza, la puntualidad. (En el congreso de Neuchâtel no se podía perder una ponencia, ya que todas las sesiones empezaban y terminaban justo en el horario que recogía el programa). La bandera nacional -"nuestra bandera roja y blanca que nos convoca a la unidad en paz", según reza la canción que se votó en 2015 para sustituir al himno nacional tradicional- se alza en todas partes. Todos apuestan por las selecciones nacionales deportivas. El ferrocarril es una cintura que efectúa la unidad del conjunto. El ejército es una forja de sentimiento nacional, en el cual todos los ciudadanos toman parte. Y no existen movimientos secesionistas.

No es sorprendente que sociólogos y especialistas en ciencias políticas haya estudiado el secreto del éxito suizo. En el fondo, las razones son evidentes. Los suizos están unidos porque son diversos. Su diversidad es lo que les enorgullece. Para ellos, funciona el federalismo tanto como debía de funcionar para otros países pluricomunitarios, como España. Aquí, en cambio, federalismo y cantonalismo son palabrotas políticas aborrecidas por la mayoría de los que creen en el mérito del Estado español. Conservan todavía el recuerdo poco apetecible de 1870 y la amenaza de desunión y anarquía. Habrá quien diga que Suiza es Suiza y España, España; y que el modelo suizo no se puede aplicar aquí sin desmontar el país. Pero, objetivamente, España se encuentra en una tesitura más propicia para encarar el reto de una reforma constitucional a la suiza. Tenemos por lo menos un idioma que hablan todos, mientras que en Suiza el multilingüismo es una piedad fingida: la verdad es que se entienden en inglés. Tenemos una tradición religiosa predominante, mientras que los suizos contestaron entre sí la última guerra religiosa en la historia europea. Llevamos por lo menos tres siglos compartiendo un solo Estado; Suiza no se unificó hasta 1848. Tenemos menos extranjeros y un porcentaje mayor de matrimonios intercomunitarios. Tenemos más motivos de orgullo histórico y más aprecio recíproco por los éxitos artísticos y literarios de nuestros pueblos constituyentes. Y la descentralización ha sido un aspecto clave de la historia democrática de España. Lo que sí falta es audacia creativa o imaginación para construir una España unida en la diversidad. En 1845, poco antes de la fundación del Estado suizo, Richard Ford calificó a España de "una mera amalgama". Tal vez valga la pena reconocer el hecho y acomodarnos a sus consecuencias. Al cabo de mi vuelta por la lluvia suiza, al llegar al aeropuerto de Ginebra, el sol salió, se levantaron las nubes y las cumbres destellaron con un resplandor que nos podría iluminar el camino.

Felipe Fernández-Armesto es historiador y titular de la cátedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU).

Los amigos de España
Nota del  Editor  11 Mayo 2017

España no necesita enemigos, con los amigos que nos recomiendan el tinglado suizo y otros de similar enjundia, nos sobra.

Aplicando aquí eso de que para comunicarse entre sí, suizos de hablas distintas prefieren el inglés, me parece estupendo,  aunque aquí, en vez del inglés podríamos utilizar el silbo gomero (con todo mi respeto), y nos ahorraríamos un montón en telecomunicaciones. Y eso de que aquí "tenemos por lo menos un idioma que hablan todos", se debe referir al de los insultos que hasta en vascuence utilizan los mismos, porque del español no se puede decir eso, en cuando se tenga que andar por cualquier región donde el español es lengua impropia, hasta la ley del procedimiento administrativo actual oficializa la utilización exclusiva de las lenguas regionales en los procedimientos, y si Vd. reclama que se los traduzcan al español, silencio administrativo y el Defensor del Pueblo le dirá que no es necesario debido a su inteligencia o que sería demasiado trabajo.

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“Mariano, más grano”: el ‘cuponazo’ vasco
Javier Caraballo elconfidencial 11 Mayo 201

Los vascos son previsibles. Por rectos y constantes, como se definen muchos. Pertinaces. Y con doble fondo. Dejó dicho Anasagasti que “si la ingenuidad es una virtud, el vasco no es virtuoso”. Saben lo que quieren y lo consiguen. Por eso, nada más comenzar la legislatura en octubre pasado, en el mismo debate de investidura de Rajoy como presidente, el portavoz del PNV, Aitor Esteban, envolvió en un chiste una reclamación que, de cualquier otra forma, hubiera resultado ofensiva: “Si bien me quieres, Mariano, da menos leña y más grano”. ¿Quién lo iba a decir? Unos meses después, en esta legislatura tan tumultuosa, la minoría vasca, que ni siquiera apoyó aquella investidura del PP tan necesitado de votos, le ha arrancado al Gobierno más débil de la democracia el acuerdo más ambicioso del cupo vasco: el ‘cuponazo’ vasco, que es como se ha dado en llamar la renovación del acuerdo por la cuantía que contiene y el modo de ‘decretazo’ utilizado para su aprobación.

En Euskadi, de todas formas, dicen que el cupo vasco no supone ningún privilegio. Y como lo repiten tanto, incluso con tono de ofensa, conviene prestarles atención. Detengámonos, por ejemplo, en las explicaciones de uno de los máximos divulgadores del concierto y el cupo vasco, Pedro Luis Uriarte, fundador de la Comunidad del Concierto, una sociedad muy activa estos días en defensa del acuerdo alcanzado. Uriarte se muestra especialmente irritado cuando oye la palabra ‘cuponazo’. “¿A quién le puede caber en la cabeza que, conociendo mínimamente al señor Montoro, le va a regalar al País Vasco 1.400 millones de euros?”, se pregunta Uriarte en una entrevista con la Radio Televisión Vasca.

Se trata, como han reiterado, de un simple ajuste del cupo vasco, necesario y pendiente desde 2007, cuando comenzó la crisis y comenzaron los recortes, también el de la financiación vasca. En cualquier caso, el argumento más potente a favor del cupo vasco que utiliza Uriarte, y el resto de defensores del concierto y del cupo vasco, no se refiere a Euskadi sino a las demás comunidades autónomas, que se guían por el sistema general, y sobre las que se hace un cruel retrato. Dicen así: “Se ataca muchísimo al cupo, pero no se dice nada de la catastrófica situación que padecen las comunidades que no tienen concierto (…) El 30 de junio de 2017, estas 15 comunidades habrán recibido del Estado 216.380 millones en préstamos, a bajo o nulo tipo de interés, desde 2012. Con ello, se les ha ayudado a superar sus tremendas dificultades financieras y a ahorrar en pago de intereses más de 7.000 millones de euros (…) En ese periodo de tiempo, las dos comunidades forales no han recibido un solo euro de ayuda del Estado. Y nadie ha protestado. Anticipo que estas 15 comunidades no tienen capacidad financiera para pagar esa deuda al Estado. En otras palabras, y sin presumir de dotes proféticas, no va a haber más remedio que perdonarles parte o todo de lo que les ha sido prestado”.

Es curioso que, al contrario de lo que podría pensarse, nada debería ser menos interpretable que un debate de cifras, sumas y restas, pero con el cupo vasco ocurre todo lo contrario. Con la misma contundencia con la que sus defensores afirman que no se trata de ningún privilegio, existen numerosos estudios económicos en los que se concluye todo lo contrario. Dicho de otra forma, si otras comunidades hubieran tenido las ventajas de financiación de las que han disfrutado las dos comunidades forales, no habrían pasado las dificultades financieras que denuncian los nacionalistas vascos. Algunos de los análisis sobre la otra cara del cupo vasco se detallaban en El Confidencial hace unos días, y todos coincidían en que la ‘trampa’ no está en la literalidad del concierto sino en la aplicación ventajosa que se hace del mismo, siempre para sobrefinanciar al País Vasco con respecto a las demás comunidades.

Uno de esos expertos, Ángel de la Fuente, sostiene desde antiguo que el sistema foral en sí mismo “no implica necesariamente ningún privilegio económico”. Es decir, el hecho de que una comunidad regule y recaude los impuestos y, al cabo del año, restituya al Estado la parte de las competencias que no tiene asumidas, más la cuota de solidaridad que tenga asignada, no tiene por qué suponer ninguna ventaja; el privilegio se obtiene cuando la devolución al Estado se calcula por debajo de lo que se debe. Esa es la trampa.

El mismo Ángel de la Fuente calculó en uno de los últimos acuerdos que lo que Euskadi pagaba de menos al Estado, es decir, al resto de los españoles, podía cifrarse en 4.500 millones de euros anuales. Ahora, con el ‘cuponazo’, habrá que suponer que esa cifra se eleva mucho más. Y bastante razón debe haber en esas cuentas cuando el citado Pedro Luis Uriarte, en alguna de sus entrevistas, ha llegado a resumir el concierto y el cupo vasco con esta frase: “El concierto significa que si te deben poner una cadera, en vez de esperar un año, esperas dos meses”. Aplíquesele esa lógica a todo lo demás, sanidad, educación, servicios sociales, empleo…

¿Quién tiene razón en esta guerra de cifras? Quizás algún día podría despejarse la duda definitivamente si los nacionalistas vascos se prestaran a un análisis general, abierto y transparente del concierto, renunciando por una vez a las comisiones bilaterales de financiación en las que se decide todo. Pero no solo no será así sino que, por el contrario, lo que ya se viene advirtiendo soterradamente es que cualquier modificación del sistema de financiación del País Vasco lo único que podría acarrear es un grave problema constitucional en España, otro más y de más calado que el de Cataluña, porque ningún vasco iba a votar a favor de una reforma de la Constitución que no garantice la diferencia y los derechos forales. Y eso es, quizá, lo peor de todo, que el ‘cuponazo’ ni siquiera va a servir para que el nacionalismo vasco se comprometa con la estabilidad territorial de España. Ni siquiera para esa mínima lealtad de convivencia va a servir.

Los Pujol, la 'Cosa Nostra' catalana
Erik Encinas Ortega lavozlibre.com 11 Mayo 2017

Estudiante de Periodismo y activista político

Estaban al margen de la Ley. Tenían el modus operandi como el de una organización criminal. Y además amasaban un gran poder en las instituciones públicas catalanas. Todo era digno para ser el argumento de una película al más puro estilo 'El Padrino'. Además, nadie como ellos robó en tan poco tiempo e impunemente en Cataluña. Sin embargo, la avaricia rompió el saco, y por este motivo al final todo se termina sabiendo, ya que quien ríe último, ríe mejor. Así que el momento esperado llegó de manera definitiva, sobre todo por culpa del ansia insaciable de esta familia tan poderosa, que ha gobernado demasiados años en Cataluña, y de ahí precisamente una de las razones obvias por las cuales han llegado a sumar una fortuna millonaria de alrededor 3.000 millones de euros divididos en diferentes paraísos fiscales de todo el mundo, como pueden ser Andorra o Suiza.

No obstante, después de tanto tiempo ha salido por fin a la luz la verdad absoluta sobre la historia de los Pujol, y por eso mismo, no les queda otro amparo que aceptar la realidad actual y ver cómo su imperio se hunde ante los ojos de los suyos y de los demás.

Por lo tanto, ¿quién duda ahora de la verdadera historia oscura de esta familia catalana, en la que hasta el hijo del expresident de la Generalitat de Cataluña justifica la evasión en negocios fallidos, admitiendo en un audio que “900.000 euros en billetes de 500 ocupan poco”?

Pero tampoco es de extrañar que esto fuera así, porque era una práctica habitual en la familia de los Pujol y anormal para un ciudadano corriente y de a pie, ya que están todos salpicados, sin excepción alguna, por la tremenda lacra de la corrupción, tanto el padre del nacionalismo catalán actual, Jordi Pujol, como su propia esposa, Marta Ferrusola (que tenía dinero en Andorra hace 25 años y se hacía llamar la “Madre Superiora”) y sus hijos, que de tal palo tal astilla siguieron los mismos pasos, y no dejaron el negocio familiar sin alterar ni lo más mínimo su aptitud o forma de actuar, al igual que también en su momento lo hizo su bisabuelo, Florenci Pujol, al ser ya acusado por participar en varios delitos económicos durante la etapa histórica de la Segunda República Española (1931-1936).

La cuestión es que el gran golpe a los Pujol, no solo deja afectados a los implicados en propia trama corrupta, sino también a otros muchos que pesar de no estar en ella directamente, les influye indirectamente, entre ellos por ejemplo los precursores y ahora encargados de encaminar el proceso separatista de Cataluña respecto a España, ya que el independentismo se ve gravemente tocado al desenmascárese todo el entramado de corrupción que urdía en las cloacas del Estado.

Además, un efecto evidente a raíz de esto, es que ya son muchos catalanes los que han perdido la confianza en creer que en una Cataluña independiente de España se estaría mejor, porque han podido comprobar que el “España nos roba” es una falacia más de sus dirigentes políticos expuesta ante la opinión pública.

Por estas razones, el peso y la influencia del independentismo es también cada vez más inferior, y así lo augura también el Centro de Estudios Catalán (CEO), en un estudio elaborado por la Generalitat de Cataluña. Así que el famoso caso denominado 3% ha sido un factor que evidentemente ha contribuido a la caída del separatismo catalán de manera indiscutible, a la vez que se hundía el emporio de los Pujol.

En cualquier caso, lo que resulta también realmente preocupante para la política y en generales para la sociedad, es que algunos políticos activos y determinados sectores con poder de influencia de Cataluña, no critiquen con la dureza y seriedad que se merece un caso de corrupción como el de estas características.

Tampoco debemos obviar que la lucha contra los corruptos y los corruptores es un trabajo colectivo, en el que teóricamente todos deberíamos colaborar, y conviene explicar que no siempre se hacen las cosas así, ya que a veces incluso en algunas investigaciones como la que se refiere a los Pujol u otras tramas corruptas de este estilo, se intenta interferir por métodos diversos, para poder entorpecer tanto de manera directa como indirecta al poder judicial, que según la Constitución Española de 1978 es independiente de otros poderes.

Aunque los Pujol no son los únicos corruptos de este España, sí son los catalanes que inigualablemente se ha podido saber tienen una enorme riqueza realizada de forma totalmente ilícita y a costa de todos los contribuyentes del erario público, y desgraciadamente esto no se lo merece para nada ni la sociedad catalana, ni tampoco ninguna otra sociedad democrática.

Es importante tomar conciencia de ello y tomar las medidas necesarias para que esto jamás vuelva a ocurrir en el presente y futuro de nuestro país, porque el dinero de las arcas públicas no es para pagar un restaurante, robar o que el político se costeé servicio al que va un político, sino para pagar hospitales, colegios, pensiones, etcétera,

En conclusión, queda mucho camino todavía por recorrer en lo que se refiere diferentes corruptelas, pero lo que irrefutablemente a día de hoy no se puede remediar, es que gracias al trabajo diario y el constante esfuerzo de las autoridades, los medios de comunicación y el de la sociedad en su conjunto, se ha podido demostrar de forma veraz que Cataluña no es diferente al resto de España y que la Justicia Española sacará a relucir aquello que este mal, sin importar los colores de un partido o las ideologías políticas de los mismos.

‘Cruising’, religión y catalanismo
Pablo Planas Libertad Digital 11 Mayo 201

Los convergentes del sector timorato se hacen cruces con las cosas que hay que aguantar de la CUP para salvaguardar el proceso y el capricho de Mas del referéndum. Que si tribus y copas menstruales, que si el beso lésbico ante la Moreneta y ahora el cruising en Tarragona con un cartel sacrílego de San Magín y la reliquia del brazo de Santa Tecla.

A la truculenta historia de la madre superiora Marta Ferrusola le sucede ahora otra ofensa contra los católicos en un grimoso pasquín con el que los chicos y chicas de Arran, la cantera de la CUP, se suman a un "día contra la LGTBIfobia", que es el 17 de mayo, y a otro "día por la liberación sexual", a celebrar el 28 de junio. Y además piden la legalización del cruising, el sexo gay al aire libre, en Tarragona. Portavoces de casi todas las entidades patrocinadoras de la diversidad sexual se han apresurado a desmarcarse por completo de la CUP en lo relativo a la defensa de las relaciones sexuales indiscriminadas y en público. En cuanto a San Magín, los obispos catalanes permanecen mudos del pasmo y están a tila desde la carta de Sor Marta al reverendo mosén andorrano.

El nacionalcatolicismo catalán, que es la histórica corriente central de Convergencia, vive horas aciagas. Nadie se atreve a poner en duda el catolicismo de los Pujol Ferrusola, pero la jerga de la matriarca les resulta indigerible. No tanto como lo de San Magín, ermitaño y mártir, que es de excomunión directa, pero chusco. Sabían que se les iba la mano al cepillo, pero lo de la "madre superiora" les ha dejado anonadados.

En cuanto a la CUP, otro caso perdido. Son anticapitalistas, antisemitas, batasunos, bolivarianos, castristas y comecuras, pero en una cosa son de fiar para Convergencia y ERC. Conocen, respetan y cumplen todos los mandamientos del credo nacionalista. Ahí es donde se nota el legado de Pujol, y a los efectos del catalanismo es lo primero. Si hasta la mayoría del clero catalán pone más empeño en conseguir adeptos al separatismo que fieles para los domingos...

Además, los diez diputados antisistema y la dirigencia de los partidos y facciones que componen la candidatura han dado sobradas muestras de su plena disposición a participar en un choque frontal con el Estado. Es más, lo están deseando para demostrar todo lo que aprendieron en los campamentos de verano de las juventudes filoetarras.

De momento se conforman con convertir la Cámara catalana en la primera trinchera del golpe de Estado separatista. Es la bolivarianización del Parlament a plena satisfacción de los encorbatados de Convergencia. Anna Gabriel les dice a los del PP que ni la miren, Junts pel Sí y la CUP se cargan la comisión Vidal y han amañado el reglamento para votar unas denominadas leyes de desconexión en lectura única. Convergencia, ERC y la CUP son a la democracia lo que el cruising al amor.

La política lingüística enfrenta a Feijoo con Villares, que pidió levantar el veto para impartir las matemáticas en gallego
Villares cargó con dureza contra lo que llamó el «franquismo lingüístico» que practica el gobierno de la Xunta
Domingos Sampedro. santiago. la voz  11 Mayo 201

A una semana vista de la celebración del Día das Letras Galegas, el debate en torno a la política lingüística de la Xunta estalló ayer en el Parlamento de la mano del portavoz de En Marea, Luís Villares, que cargó con dureza contra lo que llamó el «franquismo lingüístico» que practica el Gobierno, al que emplazó a levantar la restricción que prohíbe impartir las matemáticas en lengua gallega. Feijoo reaccionó a la embestida censurando su «evidente» falta de respeto a la Cámara y reprochándole que actúe «como os anuncios de El Corte Inglés», al preguntar por las políticas de igualdad antes del 8 de marzo, por el empleo cuando llega el 1 de mayo, y por el gallego en vísperas del Día das Letras.

Villares no perdió ni un minuto antes de culpar directamente a la Xunta por el retroceso en el uso social del gallego. Con todo, dijo que era una «lingua viva, a pesar do Goberno do PP e de Feijoo». El portavoz de En Marea tiró de retranca para advertir que era más difícil encontrar «unha gardería que fale galego que un político do PP que non estea imputado», y subrayó que fue un Gobierno del PP el que prohibió impartir disciplinas científicas, como las matemáticas o la física, en la lengua de Rosalía. «De tanto prohibir, váiselles poñer un bigote como o de Franco a todos», soltó, dirigiéndose a la bancada popular.

Patrimonio de minorías
El jefe del Ejecutivo llamó a discutir sobre el gallego «en serio», y advirtió que «non sería un bo futuro» que la lengua fuera un patrimonio de las minorías políticas. Es más, el presidente dijo que Villares le recordaba a algunas personas que a veces lo paran por la calle para reprocharle que las ciencias sociales no se puedan impartir en castellano. «É o mesmo, pero ao revés», indicó Feijoo, antes de añadir que fue posible hacer esto por el «bilingüismo cordial» de la sociedad.

También recriminó a Villares que insulte a cualquiera con el calificativo de «franquista» y se quede tranquilo. No obstante, dijo que el decreto del plurilingüismo de la Xunta está avalado por 8 sentencias del TSXG. «Se tamén lle chama franquista, é o seu problema», recalcó.
El BNG teme que la petición gallega quede años «durmida nun caixón»

La estimación que manejan las fuerzas políticas gallegas sobre la imposibilidad de que el Congreso de los Diputados le dé trámite a la ley sobre el traspaso de la AP-9 antes de dos años, como mínimo, encendió ayer las alarmas en el grupo del BNG, que previno sobre el riesgo de que la iniciativa impulsada por unanimidad desde Galicia quede «durmida nun caixón» durante «dous, tres ou catro aniños», advirtió el diputado José Luis Rivas, «Mini», que aludió a este asunto en un debate sobre el dragado de la ría de O Burgo. Rivas dijo que el impulso del traspaso de la AP-9 es la historia de un agravio, por la «pinza» de las demás fuerzas contra el BNG, por las «dúbidas» expresadas por el PP para conseguir la transferencia y por el riesgo, alertó, de la demora que puede sufrir ahora el texto en Madrid.
 


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