AGLI Recortes de Prensa   Domingo 14  Mayo 2017

Las Cortes proclaman el derecho a profanar tumbas por motivos políticos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 14 Mayo 2017

Ni uno sólo de los 350 diputados del Congreso votó 'no' a la moción para desenterrar a Franco del Valle de los Caídos. Ni uno. Aunque no había ninguna posibilidad de que la moción fuera derrotada, nadie se atrevió a desafiar al partido, nadie rompió la disciplina de voto, nadie se atrevió a expresar con su voto lo que piensan e incluso dicen en privado, nadie, ni uno solo de esos 350 representantes de la Soberanía nacional, de todos los españoles, tiene la menor objeción a desenterrar, como forma de infamarlo, un cadáver, que lleva enterrado cuarenta y dos años, que fue el jefe militar y político del bando nacional y que si media España ha temido mientras estuvo en el poder, la otra media ha adorado durante casi cuatro décadas.

El anterior Jefe del Estado fue enterrado en el Valle de los Caídos por decisión de su "sucesor a título de rey" Juan Carlos I de Borbón y del presidente del Gobierno Adolfo Suárez, último secretario general de FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), el partido único creado por Franco y más conocido como Movimiento Nacional o 'el Movimiento'. El Rey y Suárez fueron los principales artífices de la transición a la Democracia, en primer lugar mediante la votación en Cortes y posterior referéndum de la Ley para la reforma política que permitió la legalización de los partidos políticos, el Comunista incluido; después, con la celebración de elecciones libres en junio de 1977 y, por último y fundamental, con el debate, votación en Cortes y aprobación mediante referéndum nacional de la Constitución de 1978, redactada por consenso de los principales partidos y que, con sus 39 años de vigencia, es ya la más duradera de nuestra asendereada Historia.

Ni una sola oveja abandonó el rebaño
Nadie, ni uno solo de los 350 diputados, quiso recordar lo que Franco ha significado y todavía significa para buena parte de los españoles desde hace ochenta o cuarenta años, según se valore su vida o su herencia. Nadie se atrevió a decir que fueron los franquistas los que dejaron pacíficamente el Poder para compartirlo con otras fuerzas políticas, previa aprobación de una amnistía general para todos los delitos cometidos por cualquiera de los bandos durante la Guerra y la Dictadura posterior. Nadie puntualizó que el desenterramiento de Franco significará el entierro del prestigio exterior de España, basado en la pacífica Transición de la Dictadura a la Democracia.

Tampoco nadie llamó la atención sobre el hecho de que ningún país europeo se dedica a sacar a los muertos de sus fosas por razones políticas. El regicida y dictador Cromwell tiene una estatua frente al Parlamento que asaltó con su tropa y cerró. Macron, liberal modelo para Rivera, que quiere, el muy cateto, hacer de Cuelgamuros otro Árlington, no tiene proyecto alguno para desenterrar al genocida Napoleón, ni a Pétain, ni a De Gaulle. Ningún país civilizado se plantea en el Parlamento profanar tumbas por motivos políticos. Eso supondría cambiar la política por el canibalismo.

Por cierto, que el diccionario define así canibalismo: 1/ "acción o costumbre humana de comer carne de seres de su misma especie, generalmente de forma colectiva y siguiendo un ritual". 2/ "Crueldad o ferocidad extrema de una persona con sus semejantes, en especial en el ámbito político". ¡Perfecta definición para la necrofagia antifranquista!

Otra vuelta de tuerca a la Desmemoria Histórica
En fin, nadie se atrevió a salir de la ovina obediencia a unos jefes políticos que, salvo en un caso, han demostrado una vileza sólo superada por la estupidez. La excepción es Pablo Manuel Iglesias, que es el único que ha actuado de acuerdo con su canto a la Guerra Civil y su plan para que España sea una dictadura como la de sus criminales padrinos de Venezuela. Los tres que dicen que defienden el orden constitucional -PP, PSOE y Cs- se han comportado como golpistas históricos, asaltatumbas y matadifuntos. Si la Ley de Memoria Histórica de Zapatero, firmada por Juan Carlos I para hacerse perdonar su corrupción, fue un delito de lesa patria, su ampliación arbitraria, siniestra, sin paralelo en Europa, es un delito de lesa humanidad.

Porque el Parlamento -no sé si los 350 lobos, cabras y, sobre todo, ovejas eran conscientes de ello- ha proclamado su derecho a imponer qué tumbas pueden ser vaciadas y profanadas por razones políticas. Esta vez, por consenso o consensuada abstención, es decir, por lealtad perruna al que pastorea el sueldo de sus necrófagas señorías. Mañana, igual que ha votado desenterrar a Franco, votará asaltar otra tumba; y podrá decidirlo un voto.

Si las Cortes se han atrevido a votar algo sobre lo que no habían avisado en sus programas electorales, ni tienen derecho moral alguno a hacerlo, mañana o pasado volveremos a la terrible costumbre leninista de sacar a los generales y soldados "blancos" de sus tumbas y quemarlos muertos, ya que no les fue suficiente derrotarlos vivos, para sembrar el terror entre el pueblo llano, atónito ante el sacrilegio. Franco fue el general "blanco" que, a diferencia de los Kolchak y Denikin, consiguió derrotar a los comunistas. Cuarenta años después de muerto, los hijos de Largo Caballero, el "Lenin español", han acaudillado heroicamente el asalto a su tumba. Les faltó aplaudirse unos a otros para darse ánimos, porque eso de provocar a los difuntos es actividad, no diré deporte, de muchísimo riesgo.

El Terror político al rojo vivo
En realidad, la votación y la unanimidad de los votantes obedecen a lo que Lenin instauró hace cien años desde su llegada al Poder: el Terror Rojo. En la España actual, el temor al 'Qué-dirán-en-la-Sexta'es superior a cualquier consideración ideológica o moral. De ahí la incomprensible, pero inolvidable, votación a favor de la profanación de la tumba de Franco, de Rivera y los ex-respetables diputados de Ciudadanos. De ahí la abstención del PP -incluido Pablo Casado- porque le da igual lo que aprueba o no, o sí, depende, según. A Rajoy pueden llamarle ladrón, pero franquista, jamás. ¡Soraya, dile a Mauricio que le diga a Ferreras que eso no lo toleramos!

De los 350 matamuertos de las Cortes, no sé cuántos antifranquistas lo eran en vida de Franco. Muerto, ya se ve que todos. Los que lo fuimos antes de que Franco fuera enterrado, con el mismo derecho a que respeten sus huesos que todos los españoles, podemos recordar el peligro y el miedo que pasamos en compañía de casi nadie. Por eso, aquella mínima mayoría, que aún nos felicitamos por la democracia y la reconciliación nacional, sólo podemos sentir el más absoluto de los desprecios viendo gruñir al unísono, cuarenta años tarde, a tanto cerdito con tantísima nostalgia de jabalí.

Ladrones de tumbas

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo

No cabe caer más bajo en el pozo de la infamia. Aludo a la ceremonia de vudú, de profanación de sepulcros, de misa negra, que el jueves se escenificó en las Cortes al hilo de una sesión ignominiosa. ¡Hale, todos a una, como los tres mosqueteros, menos el PP, que por lo menos se abstuvo y hará caso omiso a la moción! Azcona escribió un cuento titulado Los muertos no se tocan, nene. García Sánchez lo llevó al cine. ¡Viva la muerte! gritaban en Madrid los milicianos. Jardiel Poncela dijo que "los muertos, por muy mal que lo hagan, siempre salen a hombros".

Ahora, al parecer, ni eso. Sé que esta columna llega tarde. Plumas amigas, como las de Jorge Bustos y Jiménez Losantos, me han precedido en este mismo periódico, pero mi indignación es tanta que no puedo contenerme y me sumo, con retraso, a sus diatribas. Respetar a los muertos, por discutibles y discutidas que sus existencias hayan sido, es denominador común de todas las culturas. A Franco, por cierto, sólo lo discute media España. La momia de aquel asesino que fue Lenin sigue en el Kremlin. La de Hô Chí Minh, otro que tal bailaba, aún está en su catafalco de Hanoi. Nadie, ni siquiera Erdogan, ha sacado de su panteón en Ankara al borrachín de Ataturk, que se cargó la espléndida cultura otomana.

Seguro que los necrófilos de las Cortes, tan españoles ellos, también querrán exhumar a José Antonio. Más ropa, que hay poca. Vuelve de ese modo el espíritu cainita de la Guerra Civil. Lo lógico, después de la profanación, sería quemar la bandera rojigualda, poner en modo silencio el himno nacional y agradecer los servicios prestados a don Felipe. Por Dios, por la Patria y el Rey morían nuestros antepasados. Inútil fue su sacrificio. Que los muertos entierren a sus muertos, dijo Jesús en uno de los pasajes más duros del Evangelio.

¿No anda por ahí un espíritu valiente, a la manera del que pedía Quevedo en su Epístola Satírica y Censoria, que denuncie a quienes han jaleado y perpetrado un delito de odio y de falta de respeto a la condición humana? Cuentan que al comienzo de la Guerra Civil un grupo salvaje de anarquistas se personó en el domicilio de no sé quién para darle matarile. Los recibió su señora. "Mi marido -dijo- falleció anoche". El jefe de la expedición, chasqueado, se volvió entonces hacia los suyos y exclamó: "¿Veis? Ya os lo dije. Teníamos que haber venido ayer".
 ¿Ladrones de tumbas? Sí, para arramblar votos. No creo que los consigan.

La memoria divisiva
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.es 14 Mayo 2017

Ernest Renan en su célebre ensayo “¿Qué es una Nación?”, escrito en 1882 bajo la influencia lacerante de la apropiación de las regiones francesas de Alsacia y Lorena por Prusia tras la derrota de Napoleón III en la batalla de Sedán, introdujo la a partir de entonces consagrada distinción entre “nación política” y “nación cultural”. En su discurso hizo una observación de gran agudeza que siempre que ha sido ignorada ha provocado grandes daños cuando no tragedias a las sociedades que han incurrido en este error. Se trata de la idea de que las naciones, que se construyen a lo largo de los siglos por una serie de acontecimientos y circunstancias que acaban cristalizando en un conjunto de recuerdos comunes, también requieren para su cohesión y perdurabilidad un cierto grado inteligentemente administrado de olvido. El gran pensador francés legó a la ciencia política y a la comprensión de los fenómenos colectivos una paradoja tan iluminadora como cierta: la unidad nacional, es decir, la capacidad de millones de seres humanos que comparten un pasado para vivir juntos en paz, igualdad y justicia, organizar su presente y preparar su futuro en común, necesita que exista un acuerdo cívico en virtud del cual parte de este acervo pretérito quede borrado de la conciencia popular o, por lo menos, se fragüe un pacto tácito para que ciertos episodios ya sucedidos y, por tanto, irreversibles, queden fuera del debate político y no se utilicen jamás como motivo de enfrentamiento, de rencor o de reproche.

Al igual que la mente que ha sufrido un trauma doloroso de insoportable rememoración se defiende mediante una amnesia selectiva que elimina ese sufrimiento para siempre o un organismo sometido a tortura física extrema recurre al desvanecimiento para interrumpir el castigo, Renan recomendó a los pueblos que aspirasen a una convivencia solidaria, armónica y estable, que archivasen en un fichero guardado bajo siete llaves aquellos fragmentos de otras épocas que pudiesen resucitar viejas peleas, reverdecer odios marchitos o activar resentimientos dormidos. Es una evidencia que los países que han sabido realizar con éxito este ejercicio de sabiduría han podido superar sus errores y, en cambio, los que se han empeñado en mantener vivos los agravios, reales o inventados, cometidos por unos contra otros o por otros contra unos, se han visto condenados a regresar a sus peores pesadillas.

No cabe duda que la Alemania reunificada de hoy no sería viable si hubiese grupos sociales con influencia real que se dedicasen a reabrir las terribles heridas del nazismo con su orgía de inhumana crueldad o que Francia no hubiera resistido una ininterrumpida insistencia en mantener vigente la matanza de la Noche de San Bartolomé o el oprobio de Vichy. El bálsamo del perdón basado en la asimilación generosa de lo que pasó y no debe volver a ocurrir resulta imprescindible para el sosiego de los conflictos interiores de los pueblos, requisito esencial de su continuidad como entidades política, social y económicamente reconocibles, consolidadas y dotadas de saludable autoestima.

Estas reflexiones, fruto del conocimiento histórico y de la sensatez, debieran haber planeado sobre el hemiciclo del Congreso durante el debate de la Proposición No de Ley del PSOE sobre la aplicación de la Ley de Memoria Histórica al monumento funerario del Valle de los Caídos. La Transición fue un intento racional y bien intencionado de enterrar definitivamente los horrores de nuestra Guerra Civil para construir una democracia avanzada, europea y constitucional. Aquella operación de transformación de una dictadura a un régimen de libertad no hubiera sido posible si los españoles no hubiesen estado de acuerdo en dejar atrás las atrocidades de los dos bandos de la contienda, sellar una reconciliación sincera y mirar hacia adelante.

La tozudez de la izquierda en revisar periódicamente la gran entente civil de 1978 es perturbadora y estéril. Desvía energías que necesitamos para afrontar los múltiples y urgentes desafíos que tiene España, genera división en ámbitos muy sensibles de nuestra sociedad y no conduce a nada práctico. Como es obvio que ninguno de los partidos con representación en la Cámara desea aparecer como benevolente con un sistema autoritario, no se ha emitido ningún voto contrario a la Proposición porque el temor a ser percibido como sospechoso de simpatía hacia el franquismo hace que nadie se atreva a hacer una llamada a practicar ese olvido curativo que recomendaba Renan. Al final, la conclusión es la misma que se alcanza en tantos otros asuntos trascendentales de nuestra vida pública: padecemos una clase política muy superficial, no demasiado ilustrada y de escasa altura de miras. Se confirma así que probablemente la máxima prioridad que debe plantearse la sociedad española, tal como reclama insistentemente Ciudadanos, es la reforma de la educación para que las generaciones venideras dispongan de mejores y más sólidas herramientas intelectuales y morales que las blinden contra la politiquilla de bajo nivel.

Pongamos que hablo del 36; de Largo Caballero, Besteiro y Prieto

EDUARDO INDA okdiario 14 Mayo 2017

Desgraciadamente, podemitas y sucedáneos nos quieren llevar a ese 1936 que representa lo peor de nuestra historia. Ese 1936 en el que la democracia se fue definitivamente al carajo (la deriva comenzó en octubre de 1934) por la locura de los unos y los otros. La extrema violencia desatada contra todo aquello que oliera a burguesía o religión, con paseíllos, asesinatos, violaciones de monjas y quema de iglesias, prendió la mecha de una explosión social e institucional a la que la derecha respondió de manera desproporcionada. De aquellos polvos vienen los lodos de esta España dividida en dos españas enfrentadas a cara de perro y, por cierto, más que en ningún otro momento desde la Constitución de 1978. El irresponsable por frívolo de José Luis Rodríguez Zapatero se cargó el mejor capítulo de nuestra convulsa historia, el Pacto de la Transición que alumbró la maravillosa Tercera España, y nos devolvió a ese guerracivilismo en el que vivimos permanentemente desde hace una década. Nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino reescribiendo la Guerra Civil como una contienda de buenos contra malos y no como lo que realmente fue: una pelea fratricida de malos contra malos.

Las Primarias del Partido Socialista son como las elecciones estadounidenses: no vota todo el mundo pero debería hacerlo porque de lo que resulte dependerán nuestras vidas y haciendas. Me explico: lo que acontezca el próximo domingo marcará el futuro político, democrático e inevitablemente económico de 45 millones de almas. Si gana Susana se volverá de alguna manera a ese bipartidismo imperfecto que, visto lo visto, es lo más perfecto que hemos disfrutado nunca jamás. Si el que se lleva el gato al agua es el tenaz Pedro, todo se vendrá abajo con la misma contundencia y celeridad que un castillo de naipes. El cristo será de los que hacen época. El razonable Patxi López puede tener en sus manos que la travesía del desierto que le queda por delante al partido que más años ha gobernado España en democracia sea cruenta o pacífica. Porque indolora, lo que se dice indolora, no va a ser indolora.

Y trazando paralelismos hay que inferir que cada uno de los tres aspirantes al trono que un día ocupó el Pablo Iglesias bueno es perfecta recreación de los tres protagonistas del PSOE de la Segunda República, con las ventajas que conllevan dos ellos y el riesgo cuasiletal que acarrea el tercero. De alguna manera se repite la historia del PSOE del 36 en el que convivían tres almas: dos moderadas y entrelazadas, Julián Besteiro e Indalecio Prieto, y una tercera alocada y dispuesta a pactar con Satanás con tal de acabar por las buenas o por las malas con los adversarios políticos. Me refiero, obviamente, a Francisco Largo Caballero, bautizado como (ojo al dato) “Lenin español”.

La, se pongan como se pongan, gran favorita, Susana Díaz, es sin ningún género de dudas clónica descendiente del maravilloso Julián Besteiro, el hombre que intentó meter al PSOE en la moderación 40 años antes que Felipe González. Un filósofo de origen inequívocamente gallego que, como el que suscribe, se formó y se forjó en la ejemplar Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos y posteriormente fue discípulo universitario del no menos gigante Nicolás Salmerón. Tal vez por eso, sabía que la democracia no se basa en la imposición de ideas sino en la convivencia, la alternancia y la concordia. Legítimo heredero de los mencheviques rusos, abominaba de la dictadura del proletariado y fue el único que advirtió de los males que se desencadenarían si los comunistas se hacían de facto (como sucedió) con el poder. Lo pudo decir más alto pero no más claro: “No podemos ganar esa guerra”. Siempre planteó, infructuosamente, una salida negociada, un armisticio que seguramente hubiera aminorado el dolor de 40 años de dictadura.

Honrado a carta cabal, buena gente, admirado por amigos y enemigos, sabía que la pervivencia de la primera democracia española pasaba por la moderación. Empezó a perder toda esperanza tras la revolución de octubre de 1934, simiente de una España que poco a poco se convirtió en un territorio sin ley en el que mandaban mayormente los matones comunistas y menormente los socialistas. Un mero episodio sirve perfectamente para medir la altura moral del personaje: el 27 de marzo de 1939 toda la cúpula republicana abandonó Madrid rumbo a Valencia cuando la capital estaba a punto de caer en manos del bando franquista. Él se negó a huir, pasó de privilegios y permaneció al lado de los suyos. Consecuencia: murió en la cárcel en 1940.

Pedro Sánchez es perfecto remake de Largo Caballero. El estuquista que llegó a presidente del Gobierno sin formación escolar y universitaria pasó de colaboracionista con la dictadura de Primo de Rivera a rehén de los comunistas antes, durante y después de la Guerra Civil. Coqueteó hasta con Stalin y al final terminó convertido en un pobre títere de un PCE que le marcaba el guión de manera inmisericorde. Partidario de la dictadura del proletariado y de una España sovietizada, acabó sustituido por un Juan Negrín sinonímico también desde el punto de vista humano y político del ex secretario general del PSOE que quiere volver a ser secretario general del PSOE. Sánchez ha pasado de ser un peón más del sistema y de anatematizar a Podemos a arrollar al mismísimo Pablemos en iracundia a los Ibex 35, felipes, cebrianes y demás. Intentó acostarse con el jefe morado y ahora le tira los tejos día sí, día también. Aunque en honor a la verdad hay que admitir que últimamente sólo lo hace los pares. Los impares le da al coletas aunque no mucho. Debe ser que los asesores de campaña le han advertido que acostarte con los enemigos no es precisamente lo más recomendable cuando el favor que quieres conquistar es el de los amigos.

Patxi López se parece a Indalecio Prieto, más conocido como “Don Inda”, en algo más que su ciudadanía vasca. Bilbaínos de adopción los dos (López nació en Portugalete, Prieto en Oviedo), coinciden en otro pequeño pero no por ello insignificante detalle: además de un excelente gestor, Indalecio Prieto fue siempre el tercero en discordia, lo cual no impidió que en numerosas ocasiones fuera clave a la hora de resolver numéricamente el juego de equilibrios dentro del PSOE de la época. El bilbaíno de Oviedo, que físicamente tenía un aire a Al Capone, reconoció a posteriori el error de la Revolución de 1934 y en consecuencia se opuso sistemáticamente a la violencia empleada por los duros del bando republicano. A las sacas, a los paseíllos, a la destrucción de templos y a las detenciones arbitrarias. La frase pronunciada en agosto de 1936 tras la matanza de franquistas (y algunos republicanos) en la Cárcel Modelo de Madrid fue premonitoria: “La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa que hemos perdido la guerra”.

Para que el PSOE recupere ese ADN de partido ganador, el más ganador de nuestra democracia, no necesita ser más podemita que Podemos. Ya se sabe: entre el original y la copia, mil veces mejor el original. Largo Caballero abocó a los socialistas al desastre al intentar superar en comunismo a los propios comunistas. Y que nadie olvide que cuando flirteas con el diablo acabas devorado por las llamas del infierno. Conviene recordar que las elecciones se ganan en España por el centro, no por los extremos. Esa fórmula funciona en el fútbol pero termina como el rosario de la aurora cuando la aplicas en la política. La reconstrucción antesala de la victoria pasa inevitablemente, pues, por regresar a esa moderación socialdemócrata que combina (aunque no siempre lo consigue) el crecimiento económico con la justicia social. Lo cual significa que el futuro debe pasar por Susana Besteiro o Patxi Prieto, por Julián Díaz o Indalecio López. Y, como quiera que sólo la primera tiene opciones reales, los socialistas deben apostar por la política sevillana que en burlesca a la par que indirecta alusión a Pablo Iglesias se autodenominó “representante de la casta de los fontaneros”. Todo lo que no pase por Susana Díaz supondrá una tragedia para España, un desastre en términos de crecimiento económico, un batacazo para las Bolsas, elecciones a la vuelta de la esquina y probable Gobierno PSOE-Podemos en menos de lo que canta un gallo. Y una no tan metafórica vuelta a ese 36 en el que el PSOE terminó desapareciendo para mucho tiempo víctima del abrazo del oso comunista en medio de un océano de revanchismo, resentimiento y totalitarismo. Susana es la única capaz de hacer buena esa frase de Prieto que compendia mejor que ninguna el espíritu socialdemócrata: “Soy socialista a fuer de liberal”.

El fusilamiento de José Antonio
La Gaceta 11 Mayo 2017

El 20 de noviembre de 1936 era fusilado en Alicante el líder de Falange Española de las JONS, José Antonio Primo de Rivera. Para entonces la Falange, multiplicada por la guerra, había dejado de ser el pequeño partido que era para convertirse en uno de los principales brazos políticos del bando nacional. Aún lo sería más en los años posteriores, agigantando la figura de su fundador.

José Antonio, encarcelado en Madrid en el mes de abril anterior, había sido después trasladado a Alicante. Estalló la guerra y José Antonio, que hasta entonces había sido un preso político de categoría B, se convirtió en categoría A. Su vida empezó a correr muy serio peligro. Unos falangistas de Alicante formaron una columna para sacarlo de la cárcel a viva fuerza, pero la Guardia de Asalto los repelió a tiros. José Antonio, mientras tanto, se ofrecía al gobierno del Frente Popular como mediador en el conflicto: propuso que se le permitiera salir de prisión para buscar un acuerdo con el bando nacional, restaurar la legalidad, formar un gobierno de concentración compuesto por republicanos de talante moderado (sin militares), promulgar una amnistía y permitir la reincorporación de los militares sublevados a sus unidades. La propuesta cayó en el vacío.

'Tiempos Modernos', el programa presentado por José Javier Esparza en Intereconomía TV, dedicó un programa al fusilamiento de Primo de Rivera.

Hubo numerosos intentos de sacar a José Antonio de la cárcel por vía de canje. Todos fracasaron. Se ensayó también la vía de la fuerza: liberarle mediante un golpe de mano. Pero esta opción fracasó igualmente, en buena medida porque el consulado alemán en Alicante, clave de la operación, se negó a participar. Finalmente José Antonio fue juzgado por un “tribunal popular”, es decir, un jurado designado por los partidos del Frente Popular bajo la presidencia de tres jueces de carrera.

¿De qué acusaban a José Antonio? De conspiración para un levantamiento militar. Bajo ese cargo se le condenó a muerte. Como el cargo era ostensiblemente endeble, porque el reo llevaba en prisión desde mucho antes de que estallara el alzamiento, los jueces, contrarios al veredicto del jurado, trasladaron al Gobierno su solicitud de que se le conmutara la pena. Pero el gabinete de Largo Caballero votó contra la conmutación. Sólo los dos ministros de Izquierda Republicana, Esplá y Just, trataron de evitar la condena. Contra lo que dice una extravagante leyenda, el socialista Prieto, entonces ministro de Marina y Aire, votó por la pena de muerte, así como los ministros anarquistas. José Antonio fue fusilado el 20 de noviembre en el patio de la cárcel de Alicante junto a otros dos reos.

Ante una nueva forma de censura
Manual de uso de la corrección política
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 14 Mayo 2017

Hay asuntos sobre los que no se puede discrepar. Al menos no públicamente. Y ha sido precisamente la falta de contestación la que ha precipitado su hegemonía. Estos son los dogmas contemporáneos y así se han establecido.

A partir de los años 60, el marxismo cultural elaborado por la Escuela de Frankfurt alcanzó dimensión global. Sus tesis, de gran predicamento en Occidente, configuraron el imaginario colectivo contemporáneo y pusieron las bases de lo que hoy se conoce como corrección política.

El mayo francés del 68 ya no solo clamaba por los derechos del obrero, también por los de otras minorías igualmente sometidas por el capital. Marx había errado el tiro, el enemigo no era (sólo) el patrón, era el sistema creado por Occidente. Todo él. La izquierda sesentayochista asumió así nuevas formas de combate ideológico y tomó banderas como el feminismo, el igualitarismo el multiculturalismo o el ecologismo.

Años después Sarkozy se referiría a los acontecimientos del 68 como los causantes del relativismo moral, la crisis de valores y el descrédito del concepto de autoridad.?? Conceptos que hasta mediados del siglo pasado gozaron de prestigio y reputación, tales como el honor, la obediencia, la citada autoridad o el sacrificio, son hoy valores obsoletos. Contravalores.

El "lenguaje especista", un nuevo tabú
Los movimientos verdes prendieron, sobre todo, en las clases acomodadas y urbanitas de EEUU y Europa y fueron extendiéndose, vía cultura de masas, hasta establecerse como verdades incontrovertibles e indiscutibles. La ausencia de respuesta intelectual les permitió llegar hasta nuestros días con vigor y radicalizados.

El dogma principal del animalismo bebe del igualitarismo cláisco, que si en su origen buscaba la igualdad entre las clases sociales, desde la Escuela de Frankfurt amplía por completo su horizonte y aspira a la igualdad entre los sexos, las razas y los animales. Incluyendo, por supuesto, al hombre entre los animales. El objetivo es sustituir el antropocentrismo por una suerte de ecocentrismo. Así, el hombre debería someterse al espacio que la naturaleza le designa, pues no tendría más derechos que el resto de las especies de la creación. Una creación no entendida en el sentido cristiano sino en un sentido místico, panteísta, de inspiración New Age y en muchos casos con ingredientes indigenistas (Pacha Mama). Lo contrario, la supeditación de los animales al hombre, ha sido designado como “especismo”, equivalente a racismo pero entre especies animales. Así, por ejemplo, los insultos "cerdo", "buitre" o "rata" constituirían un caso flagrante de "lenguaje especista” en tanto que supondrían una discriminación a otras especies.

(Llamar a alguien "cabeza de chorlito" o "gusano" es incurrir en el "lenguaje especista")

El animalismo busca deliberadamente dotar al animal de una dimensión humana, conferir a las bestias (término ya desterrado por "especista") características propias del hombre, dotar, en definitiva, de dignidad a los animales. Entre sus consecuencias lógicas está el vegetarianismo radical o el veganismo (aunque a veces el veganismo es la causa y no la consecuencia). ?Y empieza a hacerse fuerte la idea de que la carne, el pescado y sus derivados son prescindibles y pueden sustituirse por otros alimentos sin necesidad de “asesinar” a un animal.

La cultura de masas ha ayudado a elaborar un relato según el cual hombres y animales no serían sino los mismos seres bajo diferentes morfologías. Así, según la mayor parte de los relatos infantiles contemporáneos, los animales poseerían una dimensión intelectual y espiritual equivalente, sino superior, a la del hombre. La industria cinematográfica, y Walt Disney en particular, han creado un universo animal cuyos protagonistas ríen, lloran, se enamoran, escriben cartas y recogen a los niños en el colegio. Siendo esto así, no es extraño que la tauromaquia resulte, a ojos de la generación actual, un holocausto, y la caza, un genocidio. Se ha alcanzado así el ecosistema moral necesario para lograr la prohibición total, la llamada “Ley Cero” del animalismo, que PACMA presentará en unos días y que aspira a erradicar todas las actividades humanas que el partido considera perjudiciales para el mundo animal. La Tauromaquia por descontado, pero no sólo, también los circos, los zoos, los delfinarios o la venta de animales.

Machismo omnipresente
España, uno de los países más tolerantes del mundo, parece haberse vuelto de repente una nación machista hasta lo espeluznante. Las lentes de aumento del llamado micromachismo cazan a diario supuestas actitudes machistas en comentarios o actitudes que ignorábamos que lo fueran. ?El presentador de ‘El Hormiguero’, Pablo Motos, fue linchado en la plaza pública de Twiter por preguntar a sus invitadas si sabían bailar “perreo”. Resultó un alboroto monumental, pero no menor que el del también colaborador del programa, Dani Rovira. El actor lanzó un tweet en el que advertía a los hombres que no miraran las marquesinas en los próximos días pues una bella modelo anunciaba una marca de lencería y corrían el riesgo de ser tachados de “machistas”. El escándalo fue tal que Rovira luego lamentaría no haberse “metido el tuit por el ojal” y acabó pidiendo a las feministas una segunda oportunidad: "Yo pienso seguir luchando a vuestro lado... si me dejáis hueco... si me enseñáis cuando me equivoque. Gracias por leerme”.

Unos días antes había caído un alud de oprobio sobre un concursante de ‘Master Chef’ que, sintiéndose bajo de ánimo, usó la metáfora equivocada: dijo tener la regla. Quedó, para siempre y sin posibilidad de defensa, de cavernícola. Lo denunciaba el periodista Hughes en una valiente columna en ABC -“Cazar machismos, nuevo pasatiempo intelectual”- :“Cada vez más, un desliz sirve para ser considerado como hombre machista, como si se revelase el verdadero fondo de un ser humano. (…) No hay nada que hacer. Si te dicen machista te meten en una lista invisible (pero que existe) a la que va gente sin remedio. Gente no reeducable. Esa lista es como una declaración de obsolescencia cultural. Serás tolerado hasta tu pronta retirada”.
Basta con discrepar para formar parte del odioso "heteropatriarcado"

Criticar el ya impuesto “desdoblamiento de género” (alumnos y alumnas, vascos y vascas) le ha costado al académico Arturo Pérez-Reverte el estigma de odiador de mujeres. Ya ni siquiera es necesario mostrarse presuntamente machista, basta con discrepar de la ideología dominante para serlo. No cabe el debate. Toda diferencia descubre a un facha, un “cuñao” o un machista, conceptos que vendrían a ser intercambiables. ?No cabe la posibilidad de que los comentarios inoportunos sean, en realidad, modalidades de zafiedad o mala educación, son necesariamente ejemplos de machismo, esto es, de desprecio a la mitad de la humanidad.

Conceptos como “cosificar” o “heteropatriarcado”, antaño sólo conocidos entre los colectivos feministas, hogaño son de uso común. Todo es consecuencia del tan mentado sistema heteropatriarcal. Ya no hay imbéciles, graciosos o graciosillos, hay machismo.

El feminismo está blindado por la corrección política. Ni siquiera por medio del humor es legítima la crítica. El youtuber Zorman lo intentó en uno de sus vídeos y el caso saltó hasta los grandes medios. Una vez más El País acudió al rescate de los dogmas imperantes para preguntarse si era “lícito” reírse con un vídeo “que solo aporta memez y confusión" y que "ahonda en un discurso ignorante y manido". ¿Conclusión? No es legítimo bromear sobre “materias tan delicadas como el feminismo".

Más aún: “no es sano ni moralmente higiénico sentirse orgulloso de ser hombre en un sistema patriarcal”. Es la opinión de un columnista de eldiario.es que explicita un mensaje que hasta el momento sólo operaba entre líneas. Ya no. Tampoco es sano "sentirse satisfecho de ser hetero cuando las personas con otra orientación sexual muchas veces no pueden ni mostrar en público su condición”. Y sobre la cuestión racial, otro elemento totémico de los dogmas contemporáneos, apunta: “Sentirse orgulloso de ser blanco y contarlo por todas partes es una de las mayores muestras de superioridad que existen. (…) Quien saca pecho por ser blanco no dudará en defender un legado que perpetúa una serie de discriminaciones de las que sistemáticamente se ha beneficiado, beneficia y beneficiará”.

Discotecas, clínicas de estética, tiendas de moda... todo es machismo
No hay semana que El País no aborde “el problema del neomachismo”. En un reportaje reciente titulado “Micromachismos. Cómo nos explican las cosas los hombres”, el diario hacía una recopilación de “micromachismos” al objeto de demostrar que “la discriminación persiste”. Uno de los testimonios, el de una estudiante universitaria, resulta particularmente revelador: “El machismo lo impregna todo”, sentencia, confirmando que no hay escapatoria posible. Y no la hay porque todo forma parte del heteropatriarcado, un sistema social, una cosmovisión, que hundiría sus raíces en la cultura católica y, como explica el testimonio, condena a las mujeres a sufrir “violencias cotidianas”.

Poco importa que España sea un país por completo secularizado, que sea el más tolerante de Europa con la inmigración, con los homosexuales o, afortunadamente, y al contrario de lo que se cree, una de las naciones donde menos incidencia tiene la violencia doméstica.

La persecución de patrones machistas ha llevado al feminismo a identificar “violencia patriarcal” en casi cualquier aspecto de la vida cotidiana. Informaba esta semana el portal catalán E-Notícies de una campaña de los colectivos feministas catalanes contra instituciones que consideran “responsables de la violencia patriarcal”. Una campaña que pone de manifiesto la ampliación sin final del listado de organizaciones consideradas protomachistas. Así, amén de las ineludibles iglesias -institución responsable del sistema heteropatriarcal- y las sedes del Partido Popular -“principal impulsor de las políticas reaccionarias y machistas”-, los colectivos feministas “visitaron” colegios de educación diferenciada, discotecas, “que cosifican la mujer y la presentan como un mero reclamo sexual”, clínicas estéticas, “que fomentan falsas necesidades”, y hasta tiendas de ropa, que “perpetúan la presión estética”. Además de, por supuesto, el escrutinio diario, con lentes de aumento, de las redes sociales, los medios de comunicación, las declaraciones públicas, películas, series de televisión y demás industrias culturales. Todo se está interpretando con el celo de las nuevas tesis feministas, apoyadas de manera activa o pasiva por las grandes plataformas de comunicación. El veredicto es casi siempre el mismo: culpable. Desde Bola de Dragón a Tintoretto, todo es machismo.

La nueva fase: corrección política retroactiva
La corrección política ha entrado en una nueva fase con la búsqueda de incorrecciones también en el pasado.
Descubría esta semana El País -otra vez El País- en una pieza titulada “La violencia de género en los grandes museos”, la existencia de “raptos, violaciones, humillaciones y toda clase de vejaciones hacia las mujeres” en obras “que la historia del arte ha calificado como maestras”. Pinturas que no atienden a los dogmas contemporáneos y en las que “la situación social de la mujer queda explícitamente agraviada”.

El diario glosa numerosas piezas que contienen “raptos, vulneración de la intimidad o calumnias” y que “estetizan la violencia de género”, por ello, se advierte de que la fruición de la obra no debe en ningún caso eclipsar el hecho “de que somos testigos también de la representación de delitos infames”. ?
La periodista emplea incluso terminología feminista contemporánea para referirse a una obra del siglo XVI, “Susana y los Viejos”, en la que Tintoretto presenta a una mujer “cosificada y expuesta para su contemplación”.

Las obras denunciadas representarían a la mujer “de manera misógina para uso y disfrute no sólo de los cuerpos esteriotipados por los gustos de la época, sino también como demostración de la fuerza y la razón del género masculino frente al definido como débil”.

Pero lo más controvertido del texto llega al final, cuando la autora legitima, o al menos comprende, los atentados contra este tipo de obras de arte. Fue el caso de “El rapto de las Sabinas” de Juan de Bolonia, una escultura a la que se le ha reconocido históricamente el carácter romántico de un ballet pero que a juicio del texto de El País, no sería sino una representación del acoso; la aparente resistencia de la protagonista “no convence como idea de consentimiento”.

El grupo escultórico fue expuesto a la intemperie en Florencia, donde unos vándalos le infringieron graves daños. La periodista concluye: “Parece lógico pensar que el hecho de mostrar públicamente una vejación de derechos puede incitar a que esa actuación pueda ser compartida por otros que hacen alarde de los mismos principios”.
Un último ejemplo: los cuadros de la humillación canaria (a manos de España)

La derecha política, el concepto de tradición, y la idea de España salieron gravemente lesionadas de la dictadura franquista. La Transición supuso un cambio en el relato de los valores, atendiéndose desde aquél momento a las regiones en detrimento de una idea nacional letalmente asociada al periodo anterior, e instaurándose una narración progresista en lo político y lo social. Se trata de un discurso que hoy resulta hegemónico al punto de haberse establecido como la corrección política. De ella se han derivado y derivan importantes consecuencias en el ámbito territorial y en el de la política general, pero también innumerables consecuencias cotidianas o menores. Valga el ejemplo de, al decir de El País, “Los cuadros de la humillación que presiden el Parlamento canario”. Pinturas que representan la llegada de los españoles al archipiélago y que, por el momento, se ubican en el parlamento autonómico. Representaciones poco adecuadas y que, según la izquierda y los nacionalistas canarios, más pronto que tarde acabarán tras una espesa lona. Es la solución de consenso: taparlos detrás de una cortina, al menos durante los plenos. Ocultarlos. Corregir la realidad en definitiva.

'Han condenado a mi hija al fracaso'
La dramática batalla de una madre sueca contra la inmersión en catalán
Rafael Núñez Huesca gaceta.es 14 Mayo 2017

Los casos se multiplican, y ya no sólo en Cataluña. Una ciudadana sueca denuncia a La Gaceta la "incomprensible" situación de la Educación en Baleares: "Todo esto es de locos". Ha pedido “auxilio a Madrid”. Nadie hace nada.

Anette Gustafsson es una ciudadana sueca que, por los avatares de la vida, acabó viviendo en nuestro país. En concreto en la isla de Ibiza. Allí se estableció hace algunos años y hoy regenta un negocio inmobiliario.

Desde hace algunos años es mamá y ha sido desde entonces que ha descubierto con sorpresa la realidad educativa de las Islas Baleares: “¡No podemos elegir eduación en castellano para nuestros niños en la escuela pública!”.

Con la inocencia del extranjero, Gustaffson se ha topado con un modelo inédito en el mundo y que impide la escolarización en la lengua del Estado (en Baleares se dan dos horas y media de español a la semana, media hora más que en Cataluña). Es por eso que, ante la constatación de una situación que no alcanza a comprender, se rebeló. La Gaceta ha hablado con ella: “estamos obligados a estudiar todo en catalán, algo que si es complicado para otros españoles, imagínese para la comunidad europea”. Y denuncia el “fracaso escolar” que genera la situación. Un fracaso que también afecta a su propia hija: “los exámenes son exclusivamente en catalán, mi hija responde en castellano pero, aún conociendo las respuestas, le ponen un cero por no responder en catalán”.

"Todo esto es de locos"
Se lamenta de que, siendo ella extranjera, muchos conceptos de Ciencias Sociales o Ciencias Naturales nunca los sabrá en castellano. Es por eso que las escuelas concertadas de la isla, por el momento parcielmente libres de las políticas del gobierno autonómico (sólo están obligadas a ofrcer el 50% de las materias en catalán), “están llenas hasta arriba”. Incluso el colegio privado (600 euros/mes) y la escuela inglesa (1.000 euros/mes) tienen largas listas de espera. Además, “no todos los padres podemos pagar ese dinero, yo no puedo”.

La presión ambiental con el asunto ha llegado a un punto en el que, explica, incluso el turismo podría resentirse: “están destruyendo la fuente de ingresos del turismo con leyes radicales e incomprensibles, limitándolo todo con la cuestión lingüística”.

Anette Gustafsson pidió “auxilio a Madrid”, mas nadie le ayudó. Sólo “después de centenares de llamadas” averiguó que existe una beca de, en el mejor de los casos 6.000 euros/año, para los padres que quieran escolarizar a sus hijos en español en colegios privados. Esto es, el Estado financia, vía becas, a los españoles que se empeñen en estudiar en español en España. Algo que para Anette es "de locos".

Incluso las comunicaciones con los padres están exclusivamente en catalán, “salvo los recibos para pagar el material”, que también están en castellano. Es "el único documento bilingüe" que ha visto Gustafsson. Ella misma ha solicitido personalmente material en castellano, llegando a pedir favores a funcionarios, para poder ayudar a su hija con los deberes, para gestiones administrativas o información del comedor. Nunca nadie le prestó información en el idioma común. Después de mucho pensar ha llegado a la que considera la única explicación posible: “parece que los funcionarios del ámbito escolar odian todo que tiene que ver con el español”. Es por eso que la gente se guarda mucho de reclamar sus derechos lingüísticos: temen ser estigmatizados o, caso de ser funcionarios, perjudicar su carrera.

Suelen ser extranjeros como Anette los que, desconocedores del ecosistema político generado por el nacionalismo, se atreven a denunciar este tipo de situaciones. La Gaceta ya denunció en su día el caso de unos padres argentinos a los que se les llegó incluso a invitar a marchar de Cataluña.

"Pedí si podían hablar en español y me dió la sensación de haber hecho algo malo..."
Las reuniones con los padres resultan esperpénticas. Son en catalán obligatoriamente, aunque, como es el caso de la clase de su hija, “la mitad de los padres no lo entiendan bien". “Sólo los catalanes y los ibicencos atienden, el resto nos sentimos humillados, permanecemos sentados sin comprender nada. No sabemos qué está ocurriendo con nuestros hijos”.

Confiesa que en la primera reunión tuvo la desagradable sensación de que no querían que estuviera allí. Quizá porque, comprobando que más de la mitad de los padres eran extranjeros o del resto de España, pidió que se hablara en castellano. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, la directora la citó. “Estaba muy enfadada , me dijo que yo no podía cambiar el reglamento de la escuela. Me dió la sensación de haber hecho algo malo, pero en aquél momento aún no comprendía qué era, yo sólo había aplicado el sentido común: si todos comprendemos el español y sólo algunos el catalán, ¿por qué no emplear el español?”.

Clasismo lingüístico
Denuncia que se genera una suerte de clasismo idiomático: “se crea un elite de catalanoparlanetes que tienen más posibilidades de estar en “primer plano”, que pueden expresarse bien en el idioma, etc...”. Un clasismo del que son víctimas los padres pero, sobre todo, los niños que no tienen como lengua materna el catalán: “llegan a entenderlo, pero no se expresan bien, lo hacen con menos seguridad, y como están menos seguros hablan menos, y como hablan menos… es un circulo vicioso que acaba perjudicándoles”.

Y habla de su experiencia personal a nivel internacional: “Yo he aprendido español, que era el idioma que creía que podría ser útil en España. Si vas a cualquier país de la Comunidad Europea no tienes que aprender más que un idioma”. Y advierte del rechazo que puede acabar generando la imposición del catalán: “Yo hablo idiomas, en otras circunstancias me habría interesado por la cultura y el idioma catalán, pero no así... no así”.

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Catalá, Maza, Moix: la corrupción que nadie quiere ver

La Fiscalía Anticorrupción está en el centro de la polémica. Como antes estuvo en la Audiencia Nacional. En realidad, el problema es el mal funcionamiento de la justicia
Carlos Sánchez elconfidencial 14 Mayo 2017

La idea de que un país vale lo mismo que la calidad de sus instituciones no es nueva. De hecho, desde que el economista Douglass C. North se interesó en los años 50 y 60 por el impacto que tenían las instituciones sobre el crecimiento económico, no ha dejado de aumentar el interés sobre la calidad de la democracia.

El nobel North –que en realidad ejercía de historiador– tuvo la clarividencia de aplicar el análisis económico y, en concreto, las técnicas cuantitativas para intentar comprender por qué la mala calidad de las instituciones, por ejemplo, el sistema de partidos o el mal funcionamiento de la justicia, influyen de forma negativa sobre el progreso de las naciones.

Según North, los cambios institucionales son a largo plazo más relevantes, incluso, que los tecnológicos. Entre otras cosas, porque una mala regulación alienta la corrupción. Y la corrupción, ya se sabe, influye de forma decisiva en la economía al limitar los incentivos a la innovación y a la creación de riqueza. No es casualidad que los países menos corruptos sean, a la vez, los más avanzados. Es por eso que el neoinstitucionalismo que representaba North intenta responder a una sencilla pregunta: ¿por qué unos países se han desarrollado y otros, por el contrario, se han mantenido estancados de forma secular?

El caso español es significativo. Un país que en los últimos 200 años ha sufrido numerosas asonadas militares y dictaduras despreciables –además de un sistema político clientelar– no está en condiciones de presumir de sus instituciones. Y por eso, precisamente, sorprende el escaso interés que despierta el 'carajal' en el que vive instalada la justicia de forma permanente como lo ha definido con acierto el Fiscal General del Estado.

Los propios partidos políticos, de hecho, observan los líos judiciales como parte de la gresca política, el célebre ‘y tú más’, pero sin atender a las causas que explican su endémico mal funcionamiento. De hecho, si les interesara la justicia, la habrían despolitizado hace décadas y la habrían convertido en un aparato profesionalizado completamente independiente del poder ejecutivo. Hoy, como dice un veterano magistrado, Marqués de la Ensenada (donde tiene su sede el poder judicial) no es más que una dirección general de San Bernando (sede del Ministerio de Justicia).

El lodazal se sitúa hoy, sin embargo, en la Fiscalía Anticorrupción, como antes estuvo en la Audiencia Nacional, sin duda porque ambas instituciones han acaparado un inmenso poder acrecentado por esa termita letal que es la corrupción. Y lo mismo que hay jueces estrella, hay fiscales estrella que se consideran los últimos intocables de la cosa pública, lo que unido a la obsesión de los partidos que han gobernado este país por influir en las decisiones judiciales (a través de la política de nombramientos del CGPJ) ha creado un monstruo que hoy agrieta la calidad de las instituciones. Una especie de Tangentópolis ibérica, pero con menos glamur.

La verdad revelada
Es evidente que una democracia es muy deficiente cuando se liquida la presunción de inocencia mediante filtraciones interesadas para seguir instruyendo un procedimiento. O cuando no existe seguridad jurídica por los cambios de opinión repentinos de jueces y fiscales. O cuando se da por hecho que cualquier informe de la UDEF o de la UCO es la verdad revelada simplemente porque lo dicen las fuerzas de seguridad del Estado, quienes actuando al margen del juez filtran documentos para influir en el procedimiento y poner a la opinión pública contra el investigado. O cuando se utiliza de forma repugnante la pena del telediario llamando a las cámaras para que los ciudadanos vean en directo el ‘reality’ judicial. O cuando la justicia ni siquiera persigue el falso testimonio de testigos muy influyentes (como sucedió recientemente en el caso Púnica) sin que nadie mueva un dedo o se escandalice. O cuando el secreto del sumario es una burla a la inteligencia sin que Lesmes –enfrentado a todas las asociaciones judiciales– y su CGPJ hagan algo eficaz más allá de simple palabrería.

Lo dramático es que fruto del maniqueísmo en el que vive instalada de forma permanente la clase política y periodística, cuando se cuestiona la forma de actuar de la justicia o de la policía, lo más normal es escuchar que se está defendiendo a los corruptos, lo cual es un completo despropósito. Algo que dice muy poco, también, de la calidad del debate político.

Cuando nació hace poco más de dos décadas la Fiscalía Anticorrupción –en época de Belloch– lo que se quería es dar una respuesta política a un Partido Socialista anegado hasta las orejas de corrupción. El primer fiscal, Carlos Jiménez Villarejo, fue una especie de Eliot Ness a la española. Pocos fiscales, pero fieles a la causa, a lo que ayudó la propia figura de Villarejo, un personaje sectario políticamente pero muy rígido en los procedimientos, lo que le permitía controlar en todo momento el trabajo de sus fiscales.

La llegada de Antonio Salinas –elegido por el PP– significó un considerable aumento de plantilla y recursos. Sin duda, por el empuje de Cándido Conde-Pumpido, nombrado Fiscal General del Estado por Zapatero.

‘Este caso es mío’
Salinas –renovado por el PSOE– no era Villarejo y la Fiscalía comenzó a crecer y a crecer (53 fiscales actualmente en una plantilla formada por 133 funcionarios). Pero en lugar de hacerlo de forma ordenada, lo que ha sucedido es que se han ido creando reinos de taifas, una especie de patrimonialización de los procedimientos en marcha, cuyos gerifaltes han acabado por levantarse en armas por una torpe maniobra del ministro Catalá y del fiscal Maza, que en lugar de promover un ascenso interno para poner orden en Anticorrupción (no tiene sentido que desde Madrid se instruyan casos radicados en Cataluña, donde hay varios fiscales), buscó un paracaidista –Manuel Moix–, a quienes media docena de fiscales –los más veteranos– le han puesto la proa. Luzón o Suárez, desde luego, hubieran hecho mejor trabajo.

El pecado original está en no renovar a Consuelo Madrigal, como estaba cantado horas antes del Consejo de Ministros, sin que hubiera mediado ninguna explicación convincente, y en su lugar se procedió a cambios en cascada difíciles de justificar. Y que se hicieron, precisamente, cuando arreciaban los casos de corrupción que afectan a dirigentes del Partido Popular. Aguas arriba, la salida en su día de Torres-Dulce ya sembró dudas sobre la independencia de la Fiscalía. Algo que explica esa sensación de permanente cabreo que viven muchos fiscales, que han interiorizado el principio jerárquico, pero haciéndolo compatible con la independencia. Un valor, sin duda, a defender.

No parece razonable imponer como fiscal anticorrupción –aunque fuera nombrado por Conde-Pumpido– a alguien que ha sido durante muchos años fiscal jefe en Madrid, donde se sitúa, precisamente, el epicentro de la corrupción (Gürtel, Púnica, Lezo…).

En la justicia, la apariencia de imparcialidad es tan importante como la propia justicia, y ruboriza pensar que un ex alto cargo de la Generalitat valenciana en tiempos del PP, como el juez Velasco, continúe instruyendo sumarios (aunque sean duros con Génova) que afectan al Partido Popular. Es obvio que continúa sin resolverse un problema de fondo que se produce cuando jueces metidos temporalmente en política vuelven a la carrera judicial, lo cual es un disparate. “Si te vas, te vas”, como sostienen muchos magistrados.

Lo de poner orden en la Fiscalía Anticorrupción –para lo que ha llegado Moix– no es una metáfora ni una consigna política. Es, simplemente la realidad. El último año sobre el que hay datos (2015), la Fiscalía Anticorrupción intervino en 371 procedimientos, pero solo hubo 22 sentencias, lo que muestra una ratio de eficiencia manifiestamente mejorable. No es desde luego culpa única de los fiscales, pero pone de manifiesto una incongruencia digna de tenerse en cuenta que se traduce en millones de euros tirados a la basura.

El resultado de tanto dislate es que hoy una institución como la fiscalía anticorrupción –extraordinariamente importante en tiempos de chorizos y mangantes– se haya convertido en un arma arrojadiza entre los políticos, cuyo interés no es despolitizar los órganos judiciales, sino sacar provecho electoral del 'carajal' cuando están en la oposición.

Parece evidente que, si cae Moix, el siguiente en la lista será Maza y el siguiente, Catalá. De ahí que la oposición no quiera soltar a su presa. La pieza a cazar, sin embargo, es la propia democracia y la calidad de sus instituciones por la que suspiraba el nobel North, quien reclamaba la necesidad de un sistema político capaz de poner en marcha los incentivos correctos para que funcione la economía. Y son los partidos los que tienen que pactar dejar a la justicia que trabaje, y quienes deben sacar sus zarpas de algo tan delicado.

La nueva vida de la abadesa Ferrusola
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 14 Mayo 2017

Gracias a mi amiga de siempre Pilar Eyre, vecina de Marta Ferrusola en el barrio de Sarriá/San Gervasio, he sabido cosas espeluznantes de la nueva vida que, necesaria e ineludiblemente, ha de llevar la abadesa, rodeada por la hostilidad de los barceloneses que antes la veneraban. Al parecer, el clan masón de los Pujol, desde que fueron aireados sus latrocinios, han perdido peso social al 100%, y aquellos mismos oportunistas que se rendían a su paso cuando eran los dioses de la pútrida Generalitat, hoy los miran con desprecio y por encima del hombro. Ley de vida, si te he visto, no me acuerdo.

Cuenta Pilar —con quien me une el arte de saber escribir— que sus vecinos están, desde que cogieron a la tribu con las manos en la masa, en horas de depresión aguda. Cada vez que Sor Marta sale a la calle se topa con ofensas futuristas: “Ahí va Sor Presa, poco le falta para que le ajusten los grilletes”. Su marido, el capellán, que en una reunión con viejos cargos de Convergencia se le ocurrió decir: “Me gustaría saber cuándo empezamos a hacerlo mal”, también ha sido fruto de la mofa, causando su amnesia carcajadas entre sus súbditos de antaño, porque a ningún ladrón le inquietan sus inicios.

La congregación Pujol-Ferrusola alega teorías conspiranoicas —tal como suena— con tal de no reconocer que su secta es un vomitivo remedo del fantástico cuento de ”Las mil y una noches”: Ali Babá y los 40 Ladrones. La sola diferencia entre Ali Babá y los Pujolone, es que el persa donó los tesoros robados a los necesitados, mientras los francomasones del clan se los reservaron para sí, empobreciendo a Cataluña entera. Hay que ser muy provinciano, como la mayoría de los catalanes, para dejar que la abadesa pitiminí de tallos trepadores se convierta en el cerebro electrónico del saqueo.

La última indiscreción recogida por Eyre acerca el fin de la crónica. La prepotente abadesa intimida a su capellán con esta frase: “Siento mucho lo sucedido, pero tú has pasado de tus hijos toda la vida, así que ahora déjalos que se la ganen como puedan”. ¡Y vaya que si se la han ganado, que deberían andar en busca y captura, salvo el que ya ha ingresado en prisión! Apenas retengo otra sagrada imagen, la de las procesiones bimensuales que lideró a Andorra la abadesa, escoltada por sus mossos y avisando cuando iba a cruzar la frontera a la Policía del Principado, por razones de seguridad, que venía con la tira de sacas y con la intención de transferir mi$al€s

Hay algo atávico en la exhumación municipal y abertzale de Sanjurjo
Jon Juaristi. ABC Periodista Digital 14 Mayo 2017

LOS mismos que exigieron retirar los restos del general Sanjurjo de su tumba en Pamplona piden ahora las cabezas del presidente de la autonomía melillense y del comandante militar de la plaza por haber asistido a la inhumación de aquellos en el cementerio militar de la ciudad española, la misma que Sanjurjo y los hombres a su mando defendieron en 1921 del asedio de los rebeldes rifeños que acababan de masacrar en Annual a diez mil soldados, por supuesto españoles, e impidieron así que los yebelíes de Abdel Krim consumaran su hazaña pasando a cuchillo a la población.

Quizá por ello la izquierda abertzale que gobierna Pamplona y Navarra califica a Sanjurjo de genocida. Ahora bien, genocidio es el deliberado exterminio de un pueblo, la forma más típica de lo que el Derecho Internacional considera crimen contra la humanidad.

Las guerras de España en Marruecos fueron pródigas en horrores (por ambas partes), pero no respondieron a un designio genocida. Las guerras coloniales no suelen implicar el genocidio, pues los colonizadores buscan someter a las poblaciones indígenas, incluso esclavizarlas, si se quiere, pero no exterminarlas (de hecho se valen de modo casi sistemático de tropas regulares indígenas, como lo hicieron en Marruecos Francia y España). Sanjurjo se implicó a fondo en una guerra colonial, como lo hizo todo el Ejército español de su tiempo, y el francés, el portugués, el británico, el italiano y el alemán.

El genocidio es otra cosa: el de los judíos por los nazis, el de los armenios por los turcos o el de los tutsi por los hutus, ninguno de los cuales tuvo un carácter colonial. El historiador británico Sebastian Balfour ha sostenido que la aviación militar española lanzó sobre el Rif bombas de gas mostaza en la época en que Sanjurjo ostentaba el mando militar del territorio.

Los testimonios en que se fundamenta proceden de periodistas y observadores no españoles y del aviador español Ignacio Hidalgo de Cisneros, devenido dirigente comunista, que afirmaba haber lanzado él mismo las primeras cien bombas químicas contra los rifeños, dato relevante pero no incuestionable.

Sin embargo, aunque la tesis de Balfour fuera cierta, no se trataría de un crimen contra la humanidad, sino de un crimen de guerra. El gas mostaza fue utilizado con profusión durante la Gran Guerra y la Sociedad de Naciones no lo prohibió hasta 1924. Considerar genocidios las guerras de Marruecos no deja de ser pura retórica (o pura estupidez).

¿Fue Sanjurjo genocida por haberse sublevado contra la Segunda República? También la izquierda se levantó en armas contra el mismo régimen, dejando muchos más muertos propios y ajenos sobre el terreno que la propia Sanjurjada.

En cuanto a la participación de Sanjurjo en la guerra civil, se limitó, como es sabido, a tomar un avión en Estoril el 20 de julio de 1936 y estrellarse al poco de despegar.

¿Por qué, entonces, se ha desenterrado a Sanjurjo en Pamplona? No porque fuera un genocida, que no lo fue. Ni siquiera porque fuera un criminal de guerra, que tampoco. Fue un golpista, eso sí. Como Lenin, como Fidel Castro, como Hugo Chávez, que ahí siguen, en sus mausoleos, tan tranquilos.

Se le desenterró porque el fastuoso programa de exhumaciones en marcha abre el camino hacia otra bronca civil y, si de cargarse la democracia en España se trata, Pamplona, «ciudad húmeda y hosca, un poco vasca», al decir de uno de sus poetas, tiene que ser la primera, no lo pueden evitar. Es una tradición local, como los sanfermines. En fin, como dijo otro poeta salido de su seno, entre Sodoma y Pamplona tiene que haber un término medio. París, por ejemplo. Incluso el de Macron.

 


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