AGLI Recortes de Prensa   Viernes 26  Mayo 2017

Rajoy no se atreve a disuadir
EDITORIAL Libertad Digital 26 Mayo 2017

Este nuevo ataque al Estado de Derecho debe abortarse antes del nuevo referéndum separatista, no judicialmente sino politicamente, mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

La tardía pero acertada y proporcional gravedad con la que el Gobierno del PP (y el diario El País) describe desde el pasado lunes el proceso separatista iniciado en Cataluña en 2012 parece más orientada a disipar una posible alianza del PSOE de Sánchez y Podemos con los separatistas catalanes para desbancar a Rajoy que a anunciar y concretar medidas para sofocar lo que algunos ministros ya se atreven a calificar de "intento de golpe de Estado".

No se entiende, en cualquier caso, que el presidente del Gobierno, a estas alturas, y por mucho que se lo pregunten los periodistas, no se atreva siquiera a mentar el artículo 155 de la Constitución, o cualquier otra medida que sea capaz de evitar la celebración de otro 9-N en Cataluña, como el que los nacionalistas anunciaron ya hace más de un año y pretenden perpetrar este mismo otoño. Las palabras de Rajoy en las que promete "defender la Constitución", o que no va a "adelantar acontecimientos" ni a "anunciar problemas", no constituyen más que una nadería que, con el manto de una pretenciosa prudencia, encubre una clamorosa irresponsabilidad.

Toda acción orientada a impedir o a disuadir la comisión de un delito tiene, inexorablemente y por definición, que adelantarse a los acontecimientos; y no hay que olvidar que la nueva consulta secesionista, así como la tramitación exprés de las leyes de transitoriedad jurídica o la proclamación unilateral de independencia, no deja de ser un corolario lógico de un problema que Rajoy tiene en su mesa expuesto con toda su gravedad desde la Diada de 2012.

Por otra parte, conviene advertir que, desde el 9 de noviembre de 2014, los gobernantes nacionalistas han seguido perpetrando delitos, cuanto menos de desobediencia, ciertamente menos vistosos y más fáciles de ocultar a la opinión pública que la celebración de un referéndum ilegal, pero no menos graves. Tal es el caso de su pública y confesa desobediencia a todas las resoluciones que el Tribunal Constitucional ha emitido desde entonces contra el procés, entre ellas las destinadas a suspender las ilegales estructuras de Estado y la Consejería de Exteriores, o la sentencia que no menos estérilmente trataba de anular la ilegal resolución del Parlamento autonómico de noviembre de 2015 en la que se declaraba solemnemente "el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república".

No mucho más tranquilizadoras son las palabras de la ministra Cospedal en las que, por una parte, afirma que están dispuestos a "impedir que se pongan urnas de papel, de cartón o lo que quieran poner" y, por otra, asegura que la consulta "tendrá consecuencias penales". Y esto es así porque una cosa es impedir un delito y otra muy distinta castigarlo. Recuérdese que la ilegal consulta del 9-N, que para el dimitido fiscal general del Estado Eduardo Torres Dulce entrañaba los delitos de usurpación de funciones, desobediencia, prevaricación y malversación de fondos públicos, no se impidió y sólo se castigó con una ridícula pena de desobediencia, por la que ninguno de los condenados ha tenido que ir a la cárcel.

Por otra parte, es del todo ridículo esperar al día de la nueva consulta ilegal para enviar a la Policía a retirar las urnas. Este nuevo ataque al Estado de Derecho debe abortarse antes, no judicialmente sino politicamente, mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

En cualquier caso, mientras los sediciosos políticos separatistas no oigan de los labios de Rajoy que se juegan la financiación a cargo del contribuyente, la poltrona o la cárcel, las cartas a Puigdemont o las promesas del presidente del Gobierno "en defensa de la Constitución" causarán en los golpistas el mismo nulo efecto disuasorio que las que tuvieron aquellas por las que, antes del 9-N, solemnemente garantizó que esa consulta no se iba a celebrar.

74.223 sin barretina
Antonio Burgos ABC 26 Mayo 2017

En la España alegre y confiada del No Passsa Nada, todos comentando lo que vaya a ocurrir con Susana Díaz, incluso quién puede sucederle en Andalucía tras los consiguientes congresos. Y todos comentando la trastada que pueda ocurrírsele a Pedro Sánchez, que ha demostrado que las plazas de toros siguen siendo el mejor orteguiano espejo de España. Sánchez ha demostrado que, como las plazas de toros, Ferraz tiene dos puertas. Como suelen decir los toreros con ansias de triunfo, o salen por la puerta de la enfermería o por la puerta grande. Lo de Sánchez en las puertas de Ferraz más torero no ha podido ser. Salió por la puerta de la enfermería, que suele ser la del garaje, de tapadillo, para volver a entrar por la puerta grande. No a salir: a entrar, que parecía mucho más difícil. En sus manos están ahora muchas cosas no sólo de su partido sino, lo que es más serio y preocupante, de nuestra propia España. Y todo por el «derecho a decidir», como les comentaba el otro día, el Domingo de Primarias, que no me negarán que suena a calendario litúrgico de la Pascua Florida; pues para muchos susanistas ha sido como la Dominica in Albis, que se les quedaron con los ojos en blanco cuando se enteraron de los resultados.

Decía yo el Domingo de Primarias que nuestra democracia sufre, entre otros, el mal de que unos pocos se arrogan el derecho a decidir por los restantes 46 millones de españoles. ¿De qué nos sirve hartarnos de ir a votar, si luego vienen unos partidos, o los sátrapas de unos territorios nacionales, y se adjudican el derecho de decidir por todos nosotros? El futuro de España, o sea, nuestro propio futuro, cada vez depende menos de lo que decidimos en las elecciones generales, sino de estos que apenas tienen mayor dimensión social y numérica que un grupo de presión partidista o territorial; y son los que, por encima de las urnas y de las inmensas mayorías, acaban imponiendo su santa voluntad. La inmensa minoría siempre, que decía Juan Ramón Jiménez. Y si se juntan el hambre con las ganas de comer, ni te cuento. Lo digo a propósito de esa «conjunción astral» que se ha producido en estos días, que ha dejado en pañales a la que citaba Bibiana Aído (la que se-ha-ido a Nueva York) para hacerle la pelota a Zapatero, y que amenaza de momento, apunta, nene: a la Unidad de España, a la Corona, a la propia Constitución. Hablo de esa conjunción astral como muy a la venezolana, pero sin triunfo del novillero Colombo en Las Ventas, en la que el hambre de independentismo de los separatistas catalanes, vía virtual golpe de Estado con una ley unilateral para decirnos «adiós, muy buenas» y largarse de la Patria común e indivisible de la Constitución, se ha unido con las ganas de comer radicalismo de izquierda del que echaron de Ferraz por la puerta de la enfermería, con un cornalón electoral de caballo, y lo han vuelto a entrar a hombros por la puerta grande, mientras a la moderada Susana la mandaban a lo que rima con su nombre: a Triana.

El desafío del que Bieito Rubido calificó la otra noche por la televisión como «el problema más grave de España desde la guerra civil» no hubiera sido quizás el mismo sin Pedro Sánchez en Ferraz; sin su radicalismo y sus ansias de pactar al precio que sea con Podemos para echar a Rajoy, en una sesión continua del Pacto del Tinell. Pero con ese radicalismo del PSOE acampado junto a otros dos radicalismos, el de Podemos y el de los separatistas catalanes que quieren reeditar viejos golpes de Estado de la II República, aquí puede ocurrir de todo. Tristísimo. O para preguntar a qué hora sale el primer avión y largarse donde sea. El futuro de la Patria de 46 millones de españoles depende del derecho a decidir de parte de los catalanes y de 74.223 votantes socialistas de las primarias, que a lo mejor hasta les da Pedro Sánchez una barretina a cada uno, para facilitar las cosas...

El Golpe de cada día
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 26 Mayo 2017

Según el diario de soraya.cat, Rajoy está dispuesto, esta vez, a impedir que la Generalidad catalana, en abierta rebelión contra el Estado que representa y del que mensualmente cobra, celebre un referéndum para acabar con la ciudadanía española en Cataluña y crear, con el apoyo de los detritos chavistas de Madrid, una república totalitaria en Cataluña. La razón para que Rajoy no permita, esta vez, las urnas funerarias de la democracia española en Cataluña, es la imagen internacional de España, que sería la de un rompecabezas a punto de descabalarse y en el que nadie en su sano juicio invertiría. O sea, para que no se rían a sus espaldas en Bruselas.

Pero la imagen nacional de la Nación, el decoro que los políticos deben observar al representarnos, sigue sin importarle a Rajoy. Sólo eso explica que insista, por tercera vez y por escrito, en invitar al cabecilla del Golpe a las Cortes, sede de la soberanía nacional y templo de las leyes que obligan a intervenir cualquier administración fuera de la ley, para que inste a los representantes de todos los españoles, incluidos los de Cataluña, a disolverse.

Es como si Landelino, al entrar Tejero con el pistolón, hubiera dicho:
- Mi Teniente Coronel, por favor, guarde el arma, suba a esta tribuna que tantos grandes patriotas han ocupado desde 1812, y diga a los diputados que vuecencia acaba de secuestrar por qué lo hace, dialogaremos y seguro que llegamos a una solución. Mientras, que sus valerosos acompañantes bajen sus fusiles, no vaya a escaparse un tiro y tengamos una desgracia.

Lo que hizo Suárez fue resistirse a la humillación, y cuando se vio que el Rey y el Ejército no respaldaban el Golpe, lo que hizo Calvo Sotelo fue encarcelar a los golpistas, juzgarlos y mandarlos treinta años a la cárcel.

Pero como decía ayer Arcadi, lo que le pasa al Gobierno y a la oposición decentita es que están hechos al golpe de Estado a plazos que el separatismo y sus brigadas mediáticas, políticas y balompédicas vienen perpetrando a diario desde 1980 y se han asustado al verlo entero en la Ley de Desconexión: incumplimiento de las leyes, discriminación lingüística, censo y escarnio de jueces y ciudadanos desafectos, financiación de medios afines y cierre de los hostiles, corrupción sagrada por cuatribarrada... ¿Algo nuevo?

Sí: el fin de los cómodos plazos.

El borrador de Puigdemont
Cristina Losada Libertad Digital 26 Mayo 2017

No hay nada como el texto. Los separatistas catalanes, el Gobierno autonómico catalán, llevan años anunciando urbi et orbi sus planes de secesión, con diferentes hojas de ruta, con distintas fechas, con unos u otros compañeros de viaje, pero con una estación término clara: la ruptura con España, sí o sí. No se puede decir que no lo pusieran negro sobre blanco. Prepararon papeles, una montaña de papeles, bajo la batuta de un Consejo Asesor para la Transición Nacional, presidido por el que fuera vicepresidente del Tribunal Constitucional, Carles Viver. El Consejo se creó en 2013 y su opus magnum, publicado un año después, es un Libro Blanco que reúne los informes sobre todo lo que usted quiera saber en más de mil trescientas páginas: desde cómo será la política monetaria del futuro Estado catalán hasta cómo se solventará el abastecimiento de energía y agua.

Todo anunciado y todo por escrito. Todo menos el día y la hora, que esto se reserva, porque depende. Y, sin embargo, no ha sido hasta la aparición, el otro día en la prensa, del borrador de una autodenominada Ley de Transitoriedad Jurídica que se han encendido luces rojas en las dependencias oficiales del siempre malvado pero a ratos somnoliento Madrit. El heroico Gobierno se ha despertado de la siesta y ha activado la retórica de los grandes desafíos. Tan brusco fue el despertar que incluso Rajoy se muestra enfadado. En lugar de fumarse tranquilamente ese puro legendario suyo, lo ha roto con ademán de cabreo. Vale, bien, pero ¿qué esperaban? Esto estaba más anunciado que en el sobado título de García Márquez.

Nada tiene el borrador de Puigdemont de sorprendente. Si acaso, la chapuza. Aunque no hay otra forma de hacer lo que quieren hacer los separatistas que no sea la chapucería elevada al cubo. Andrés de Blas, catedrático de Ciencia Política, lo calificó de "proyecto disparatado que no tiene pies ni cabeza". Un "horror jurídico", dijo Joan Botella, decano de la Facultad de Política de la Autónoma de Barcelona y presidente de Federalistes d’Esquerres. La catedrática de Constitucional Teresa Freixes escribía en un interesante artículo lo siguiente:
Mayor chapuza jurídica es inimaginable. De forma similar a lo que dispuso en su día la Ley Habilitante alemana de 1933, que permitió al nacionalsocialismo subvertir el régimen de Weimar sin derogarlo oficialmente, la Ley de Transitoriedad jurídica habilita falazmente a saltarse la Constitución, el Estatut de Autonomía de Cataluña y la legislación española.

El borrador se llamará ley, pero de ley no tiene más que el nombre. Lo que plantea es un falaz de la ley a la ley: sin otro fundamento que el porque yo lo digo. La denominada disposición final causa sorpresa, sí, aunque por su descaro: la independencia se proclamará cuando el referéndum la haya ratificado, pero si se ponen obstáculos al referéndum se proclamará de inmediato. Esta disposición final es, en realidad, la disposición desde el principio. Pone sobre el papel el principio de lo haremos como sea.

Jurídicamente no tiene un pase. Es inconstitucional de cabo a rabo. Como tantas otras cosas que ha venido haciendo la Generalidad catalana. Ninguna novedad, en su proyecto de control de los medios, la lengua, los jueces. ¿Recuerdan cómo acusaban a España de carecer de separación de poderes durante el proceso por el 9-N? En el borrador de Puigdemont, lo del entierro de Montesquieu se resuelve rapidito: al presidente del Supremo lo nombra el presidente de la Generalidad, al fiscal general lo nombra el presidente de la Generalidad. ¿Para qué andarse con medias tintas? Pero dejemos el borrador porque borra. Borra el sentido de la realidad. Es como cuando en el 9-N las teles, todas, informaban a pie de urna de cómo iba el referéndum que no era referéndum. La ilegalidad parecía legal.

Habrá decenas de conjeturas sobre cuál es el significado político de ese borrador y de otros movimientos de los separatistas. Si van en serio o no, si lo harán o dejarán de hacerlo. Pero no conviene perderse en el tablero de ajedrez. Por perderse en él, hubo urnas, votos y votantes el 9-N. Como antes hubo años de espera, hasta que el TC sacó su sentencia sobre el estatuto catalán. Mientras en Madrit estén pensando en cuál será la siguiente jugada, ya la habrán hecho. ¡Sorpresa!

Demasiadas incógnitas, y una victoria
José Luis González Quirós vozpopuli.es 26 Mayo 2017

La crisis política por la que atravesamos, si es que se puede llamar crisis a algo tan duradero, está a punto de convertirse en una aporía debido al número excesivamente alto de incógnitas. Cualquiera que haya estudiado media hora de matemáticas sabe que las incógnitas hay que despejarlas una a una, y que, cuando el sistema no se deja ordenar, la solución es imposible. Claro es que la política no es nunca tan precisa como la matemática, pero cuando pierde por completo la lógica lo imposible puede acabar por suceder. No estamos todavía en ese punto, pero el exceso de incógnitas, desde la viabilidad de la legislatura al porvenir de Cataluña, pasando por el incierto futuro de las fuerzas políticas, en un escenario internacional muchísimo más confuso que el de los últimos cincuenta años, hace que no se pueda descartar casi nada.

Rajoy puede ser procesado o ganar las próximas elecciones, el PSOE puede dividirse o volver a rozar la mayoría, Ciudadanos y Podemos pueden desbancar a los mayoritarios, reducirse a casi nada, o quedarse como están, Sánchez podría ser el próximo presidente o perecer. De momento, Corcuera y Leguina han dejado el PSOE, no es que sea una catástrofe, pero reconozcan que algo raro pasa, es como si la Cibeles se fuera a dar un paseo por las Ramblas. En España, como decía Marx que sucedía con el capitalismo, todo lo que era sólido se desvanece en el aire.

El retorno de la lógica
La victoria en las primarias de Sánchez ha sido casi como un cisne negro, lo es siempre la derrota de los aparatos. La extrañeza del caso se ha magnificado por un doble empeño: el de vaticinar en su contra y el de considerar el suceso con lógicas un poco oportunistas. Lo que casi nadie ha dicho es que Sánchez ha vencido repitiendo lo que ha sido la doctrina del PSOE desde la declaración de Granada (2013), cuando casi nadie sabía quién era Pedro Sánchez. Eso invita a pensar que su triunfo supone la reivindicación, antes que del rencor o cualquier otra clase de sentimientos negativos, de la dignidad política de unos ciudadanos comprometidos con ese partido, que no se han sentido satisfechos con la idea de que Sánchez, un recién llegado, al fin y al cabo, fuese la causa del desastre electoral socialista, y la convicción de que cualquier intento de recuperar la mayoría política tendrá que hacerse desde la izquierda, rompiendo con la lógica implícita en el supuesto relevo del PP, puesto que ese cambio no se puede producir dada la división del electorado, fruto, en parte nada insignificante, de la estrategia de apoyo mediático a Podemos que han desplegado los amigos del PP en los medios. Una muestra de esa armonía entre fuerzas de apariencia tan antagónica es que el único efecto indiscutible de la estrambótica moción de censura a Rajoy presentada por Iglesias, es darle al censurado una prórroga parlamentaria de un año.

Aunque se enmarque la victoria de Sánchez en una cierta recuperación de papeles, nada está escrito acerca de que su plan político haya de constituir un éxito, pero tampoco hay nada que obligue a pensar que tenga que cometer toda la batería de errores que le atribuían los que pensaban que su victoria sería un desastre absoluto.

El diagnóstico de los cabezas de huevo
Una manera (equivocada) de interpretar el sentido de la victoria de Sánchez es suponer que la crisis del PSOE obedece, sobre todo, a la debacle universal de la socialdemocracia, y que, para superar ese declive, hace falta un político con más hechuras que Sánchez, de forma que su victoria solo puede explicarse en función de las profundas carencias que afectan a los militantes socialistas que, según ese diagnóstico, no se enteran de nada porque tienen menos luces que un barco pirata. No seré yo quien confunda al militante del PSOE con un académico sueco, pero no conviene olvidar que la democracia no es solo cosa de listos, sino, muy simplemente, la destitución pacífica de quien no lo hace bien, y es evidente que quienes idearon el putsch contra Sánchez no pasaban de chusqueros. No está mal, por tanto, que ciertas reglas elementales se restablezcan, aunque eso confunda a quienes creen que la democracia se puede reducir a lo que ellos hablan con sus amigos.

Es posible que Sánchez sea el inicio de un desastre, ya se verá, pero lo que no puede dudarse es que ha llevado a cabo una proeza moral, como una especie de Quijote inverso ha demostrado que algunos gigantes apenas son molinos de viento, pese a que se escribieran contra él más editoriales que los nunca escritos contra el mismísimo tifus. Dejar con un palmo de narices desde Maruenda a Cebrián, y a muy buena parte de lo que hay en medio y a ambos costales, ha sido sobremanera notable, y puede que no presagie tanta catástrofe.

El consejo de no darlos, y es paradoja
Sánchez puede ahora escoger consejos, porque los que le presentaron como una plaga se aprestarán a aliviar sus posibles dudas con toda clase de evidencias incontestables. Si, por el contrario, consigue mantenerse en la línea de coherencia personal y política que ha sabido ofrecer, más allá de las incongruencias circunstanciales y oportunistas que de manera casi inevitable tiene que deponer un político, tendrá un horizonte largo por delante. Si acierta a construir una alternativa y no se reduce a vivir del “No es no”, nos habrá hecho a todos un favor memorable. Es posible que Sánchez haya ganado gracias, al menos en parte, a energías muy primarias que se apoyan en verdades políticas de picapedrero, pero no habría que deducir de ello que quiera refundar una política neolítica. Seguramente sabrá que, aunque las elecciones tanto se pierden como se ganan, para llegar al poder de verdad es muy aconsejable tener algo positivo que decir, y más deseable todavía no tener que desmentirlo al día siguiente de tomar posesión del cargo, tiene donde mirar para darse cuenta de que ese no es negocio de larga singladura.

Rajoy y el circo de los enanos que crecen
Como la capacidad de decir cosas que agraden al que manda es casi inagotable, ha habido quien, especialmente cuando las musas estaban ya casi en el teatro, ha dicho que a Rajoy le convenía mucho el triunfo de Sánchez, hay gente para todo. Lo que es asombroso es que muchos de los auxiliares mediáticos del pontevedrés creyeran echarle una mano cuando pronosticaban una Diaz barredora, y equiparaban la victoria de Sánchez con las plagas de Egipto, especialmente para los socialistas: supongo que la gratitud de Sánchez será memorable con tanto bobo desinteresado.

Si fuese verdad que Rajoy y su PP no tienen demasiados motivos para el regocijo, el presidente tendrá que modificar su habitual paso ligero, en compañía del marido de la Pastor, y prepararse para el salto de obstáculos, con el riesgo bastante obvio de que en uno de ellos acabe por dar con las napias en el tartán. No le ayudarán en su propósito ninguno de los calendarios en marcha y puede que su única baza se reduzca a una especie de miedo universal, azuzado por los bufones de siempre. Mal remedio para una agonía larga, lenta y exasperante. Es verdad que sus conmilitones del PP no dan muestras de ninguna energía limpiadora y parecen dispuestos a aceptar lo que sea, a reír las gracias de quien pretende evitar la soga con chascarrillos, pero puede que algún día acabe tan inaudita paciencia y por el propio frente interno las cañas se tornen lanzas. Incluso sin esa metamorfosis lo pasará muy mal el presidente, salvo, claro está, que a quienes pueden ponerle las cosas muy difíciles les dé por prolongar el espectáculo por hacer un cálculo equivocado de sus posibilidades. Esa es una de las incógnitas, nada simples, que habrán de despejar tanto Ciudadanos como el renovado Sánchez que un día, no tan lejano como parece, se pusieron codo con codo, pero entonces no se atrevieron a pasar del gesto a la batalla. Puede que en política, como en la novela negra, vuelva a llamar el cartero.

Descomposición. Segunda ofensiva de las criaturas antiespañolas del zapaterismo
Hermann Tertsch ABC 26 Mayo 2017

El Gobierno sedicioso de la Generalidad tiene preparado un plan secreto de coacción y de imposición de un marco ilegal a todos los españoles en Cataluña. Dicho de otra forma, un gobierno regional autonómico se dispone a una operación de secuestro de siete millones de españoles con prácticas propias de un golpe de Estado. Prevén destituciones, expulsiones, deportaciones, confiscaciones y un sinfín de medidas de fuerza, todas ilegales pero necesarias para los muchos delitos que conlleva el crimen de alta traición que es la proclamación de la secesión e independencia de una región de España. Publicaba ayer lunes el plan uno de los muchos medios, en realidad han sido la mayoría, que tanto han contribuido a la impunidad y continuidad del proceso golpista. Con su permanente demanda al Gobierno de la Nación de «entender» el delito, ignorar la ley, tolerar el delito y garantizar la impunidad. El Gobierno ha huido del conflicto, mirado a otra parte e intentado ocultar el delito con dinero y trato apaciguador con la Generalidad sediciosa. Rajoy rizó el rizo al invitar al delincuente a negociar el delito en Madrid. Para negociar la legalidad con el violador de la misma. Este despreció la oferta. Ya solo quiere la aceptación de su tropelía criminal.

Esta noticia disputaba ayer el protagonismo en los medios al terremoto habido en el PSOE, donde Pedro Sánchez vapuleó a Susana Díaz, candidata del aparato, y a Patxi López, candidato de la nada. En realidad estas dos noticias son una misma: España da un paso de gigante hacia un choque frontal entre la debilitada España institucional y constitucional y la insurrección del extremismo izquierdista y separatista. Que gobierna las capitales, cuenta con gobiernos regionales y toma el mando en un PSOE aliado ya pleno de las fuerzas anticonstitucionales y antiespañolas. Pasada la crisis económica que hizo caer a Zapatero, las criaturas que son legado de su revanchismo izquierdista -Podemos, el PSOE «podemizado» y las fuerzas separatistas- se unen en un renacido frente para echar del poder al PP y criminalizar a la derecha.

No me resisto a recordar que hace más de dos años lo auguré en el libro «Días de ira». Rajoy pudo haber dificultado, quizás incluso evitado, esta fase avanzada de la descomposición con una retirada. Ya es tarde. Ahora se produce el retorno del espíritu del Pacto de Tinell en estadio ya final, tras abortarse los últimos intentos de reanimar una socialdemocracia con lealtad institucional y constitucional, con compromiso nacional y capaz de pactar con la derecha. No la habrá. El hacha de guerra civil desenterrada por Zapatero ha generado el odio necesario en la izquierda. La desidia e inanidad del PP han hecho el resto. El PSOE, el segundo pilar constitucional, ya está en la senda recorrida por Santiago Carrillo en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). En la ruptura con su padre socialista Wenceslao -que hoy serían Felipe, los históricos y los barones-. En la unión al Frente Popular comunista para liquidar la España constitucional y su unidad nacional. ¿Qué hará Rajoy? Si pudiera, nada. O negociar con separatistas e izquierdistas un reparto de espacios. Pero ya no hay margen ni para la trampa ni para la nada. Los sediciosos se ven cerca del triunfo y el botín. Y el revanchismo organiza ya la causa general político-judicial para proscribir a la derecha. Si se deja, para siempre. Algunos dicen que Sánchez es tan consumado perdedor como Jeremy Corbyn, por tanto una bendición para Rajoy. Corbyn no tiene a su izquierda otro partido aún más peligroso para las libertades que secuestre al suyo. Y lo más importante, Theresa May no sufre una descomposición vertiginosa de su liderazgo, de su partido, de las instituciones y de su patria.

Capilaridades
Mayte Alcaraz ABC 26 Mayo 2017

Puigdemont e Iglesias. Objetivo: destruir España

Viendo la portada de ABC reflexioné sobre los complejos arcanos que justifican la convergencia de los dos políticos que la ocupaban: Carles Puigdemont y Pablo Iglesias. El primero, representante de la añeja burguesía catalana tan laxa ella con la corrupción de sus honorables y madres abadesas. El segundo, autoproclamado portavoz del proletariado aunque enrolado en la elitista casta universitaria con cuentas corrientes del petróleo caribeño. Descartada la abundancia capilar que reflejaba la instantánea como otro elemento unificador, más allá de la común necesidad de aplicar el código penal a sus peluqueros, a los dos les une la singular antipatía que despiertan en las alcaldesas de sus ciudades. No hay madrileño al que odie más Manuela Carmena (descontados, claro, los ciudadanos de a pie a los que hace la vida ciudadana imposible) que a Iglesias, que siempre recuerda a la regidora que es mortal en el cartel electoral de Podemos. Y Ada Colau, la ágrafa alcaldesa de Barcelona, está deseando embarcar a Puigdemont en un crucero de Transmediterránea para birlarle el despacho de presidente de la Generalitat.

Seguí buscando coincidencias y reparé en otra. Los dos tienen acreditadas habilidades para lo del ojo ajeno y la viga en el propio. Debajo de esa densa coleta, Iglesias acoge a un funambulista que lo mismo esconde la vocación por las plusvalías en los pisos de protección oficial de su mano derecha que tapa la talegada que se embolsa procedente de democracias tan acreditadas como Irán o Venezuela. Su réplica catalana viene de abstenerse en el Consorcio del Palau de la Música, una más que tibia decisión en la exigencia moral de que se le devuelva a los barceloneses el dinero robado por los amigos de Jordi Pujol; y con su melena que todo lo tapa ni mu dice del enriquecimiento de la familia o banda para delinquir del expresidente o del embargo de las sedes de su partido que, aunque de PDECat se vista, Convergencia se queda.

Otra concomitancia se halla en su irrefrenable deseo por controlar los medios: los independientes, claro. Si el embrión del soberanismo fue el pensamiento único plasmado en un vergonzoso editorial que firmaron los periódicos catalanes ¿qué puede frenarles para sacralizar esa vocación por el control de la Prensa en su llamada ley de desconexión? Como Puigdemont, Pablo Iglesias y sus huestes también gustan de una sospechosa pulsión por decidir qué portadas, qué informaciones y qué opiniones deben publicar los periódicos. No hay día en que el líder de Podemos o su segundo, Pablo Echenique, el dirigente más "solidario" con la caja común de la Seguridad Social, no afeen las decisiones de las empresas editoras que, en uso de su libertad, optan por interpretar para sus lectores la actualidad. Tiemblan las piernas con solo pensar en la libertad de prensa, felizmente conquistada en la transición que denuestan, en manos de estos sujetos.

Ah y se me olvidaba la coincidencia fundamental de estas frondosas capilaridades: destruir España. No es pequeña, no.

El ovni
David Gistau ABC 26 Mayo 2017

Las generaciones europeas ya no tienen el sentido de conquista democrática relacionada con la derrota del nazismo, la Guerra Fría y el régimen del 45 al que España se incorporó con un retraso de tres décadas. La doctrina democrática está fatigada y sufre, a ambos extremos, regresos de lo revolucionario y de lo reaccionario que, por añadidura, han convertido en motivo de mofa otras palabras tales como liberal o cosmopolita. Observen el odio que concitan en ambos extremos, el revolucionario y el reaccionario, personajes como Macron que parecen detener la inercia regresiva que querría devolvernos a aquella Europa de otoño del 40 en la que, repartido el continente entre los dos totalitarismos, el de clase y el de nación/raza, sólo quedaba una democracia, Inglaterra, acosada encima por el "Blitz" y por la inminencia de la invasión anfibia, la operación "León Marino" –un Día-D inverso–, que Hitler no desató por atender a la promesa de Göring de que sus aviones bastarían para ganar la isla o, al menos, para imponer a Churchill una negociación que evitara el mantenimiento de dos frentes.

El desistimiento democrático tiene diferentes enfermedades oportunistas en cada lugar de Europa. En España, donde no solemos privarnos de nada cuando de salir de verbena se trata, se nos han aparecido los dos no-muertos totalitarios, el revolucionario y el nacionalista. Sigue siendo posible elegir cuál de las dos facciones ha de helarte el corazón: o cuál ha de ponerte rumbo a París, ya que París no ha caído y por ello he considerado necesario comprobar la vigencia de mi documentación francesa. ¡Si hasta en el PSOE proclaman cantando, puñito en alto, voluntades de liquidar al burgués! ¡Ellos que no sé de dónde pueden sacar el rencor social! De los restaurantes a los que van seguro que no.

Como cantaba Krahe al comparar modalidades de tormento que es posible infligir al ser humano, la bolivariana no está mal. Pero dejadme, ay, que yo hoy esté asombrado con la nacionalista catalana después de las revelaciones sobre el "plan secreto" (siempre astutos) hacia la independencia que lleva días desvelando "El País". Exceptuemos, por razones patológicas, a los exaltados profesionales, genéticos, a los distópicos, a los delirantes. En el independentismo nos siguen quedando muchas personas que durante años votaron y vivieron moderado y que en algún momento, tal vez por huir de la crisis hacia un refugio emocional, se alistaron en esa persecución del destino manifiesto que siempre me ha recordado la promesa de tener un OVNI en el granero en el que se salvarán de la aniquilación universal los elegidos. Bien. Allá esas personas con sus motivos. ¿Pero de verdad la fascinación es tal como para desertar de una democracia y avenirse a vivir en un régimen dictatorial que no tendrá libertad de prensa ni independencia judicial y en el que sólo se podrá existir militarizado por el Estado? ¿De verdad la doctrina democrática ha caído tan bajo como para que no aprecien la diferencia?

¡Oh, ah, eh!
ARCADI ESPADA El Mundo 26 Mayo 2017

La publicación de un llamado "borrador secreto" de una ley de secesión ha causado gran alarma entre los demócratas, especialmente perceptible en los socialdemócratas. Es de gran interés simbólico que los alarmados hayan tenido que leer el texto para utilizar por vez primera expresiones de calibre como "golpe de Estado", "golpe a la democracia" y la que me maravilla de veras, esa de "autogolpe", cuyo sentido se me hace más oscuro, e incluso obscuro, a medida que la pienso. Un autogolpe es un fingimiento. Pero aquí no hay nada fingido, y menos que nada las víctimas: se trata de la derogación de la ley democrática contra los ciudadanos de un Estado sujeto a ella. Técnicamente, un golpe de Estado. Aunque lo extraño, insisto, es que hayan tenido que leer el texto para calificar el plan. Dijera lo que dijera, ese proyecto de ley es un golpe en sí mismo y como tal debe ser combatido y sus responsables castigados.

No sé qué esperaban encontrar los alarmados en el texto de un golpe de Estado. Estos días, para irme aclimatando, he leído algunos bandos militares. Recomiendo el que escribió el general Mola en Navarra. Es de gran calidad literaria y utilísimo para ejercitarse en el subjuntivo. Todos los bandos incluyen medidas como el control de la prensa o el sometimiento de los hechos de justicia a la justicia de los hechos. Así, por ejemplo, el del desagraciado Fermín Galán, tan lacónico: "Todo aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa". Y en esa línea excepcional se inscribe también el bando del Gobierno desleal de la Generalidad.

Ya que los alarmados, sin embargo, se han ocupado de leer deberían haber caído en la cuenta de algo importante. Y es que más allá de las formas expeditivas a que obliga el género, el texto, en el que habrá colaborado aquel ex miembro del Tribunal Constitucional, Carles Viver, al que el Gobierno aún no ha arrancado de la guerrera la medalla al Mérito Constitucional (y espero que no lo haga porque las huellas deben perdurar para que se sepa hasta dónde llegaron las aguas), no describe tanto una situación futura como presente. Si a algunos de los sublevados le preguntaran en confianza: "Cómo habéis podido hacer esto", su respuesta solo podría ser: "No nos ha costado lo más mínimo, porque es lo que hemos hecho siempre". Control de los medios, filtrado e intimidación de los jueces, prioridad de la lengua catalana, política falseada y discriminatoria de subvenciones, incumplimiento de sentencias firmes... ¡Hombre, hombre, alarmados! Estos versos se conocen perfectamente en Cataluña. Otra cosa es que ahora les hayan puesto música. Militar, por supuesto.

La interminable politización judicial
EDITORIAL El Mundo 26 Mayo 2017

Los españoles se encuentran entre los europeos que más desconfían de la independencia de la Justicia, según todas las encuestas. Y casi cuatro de cada 10 tiene una percepción «mala o muy mala» del sistema. Es éste uno de los problemas más serios de nuestra democracia y tiene mucho que ver con la politización de la Justicia, una pesada rémora que arrastramos desde su origen. Este diario se ha caracterizado por reclamar la despolitización desde el primero de nuestros números. Creemos firmemente que es una de las cuestiones más urgentes en aras de esa pretendida regeneración democrática con la que tanto se llenan la boca todos los partidos.

Pero una cosa es predicar y otra dar trigo. Y no hay día en que no asistamos a algún nuevo episodio que pone en entredicho la credibilidad de un pilar tan esencial como el judicial. Así, la designación ayer de la magistrada Concepción Espejel para presidir la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional resulta tan polémica como errónea. Aupada para este importante cargo con los únicos votos de la mayoría conservadora del Consejo General del Poder Judicial, se da la circunstancia de que esta magistrada ha sido noticia en los últimos meses por ser apartada de casos tan sonados como el de la primera época de la trama Gürtel o el de la supuesta caja B del Partido Popular, por una supuesta cercanía de Espejel a esta formación que le llevó a ser recusada. La misma Sala que va a presidir consideró que la falta de apariencia de imparcialidad estricta recomendaba dejarla al margen de aquellos asuntos judiciales tan espinosos. Recordemos que el argumento esgrimido en 2015 por la Audiencia Nacional para apartarla fue que Espejel fue vocal del CGPJ a propuesta del PP y que en su votación participó "activamente" el entonces senador y tesorero del partido Luis Bárcenas.

Por todo lo dicho, no es de recibo que la magistrada vaya a presidir ahora esta Sala, uno de los puestos clave y más sensibles en la judicatura española. La misma prudencia que la alejó del caso Gürtel debería haber descartado ahora su candidatura. No hay motivos para cuestionar la valía profesional y los méritos de Espejel para desempeñarse como jueza. Pero en un puesto así lo estético también es importante y se requiere a alguien cuya apariencia de imparcialidad sea intachable. Debemos tener en cuenta que Espejel tendrá funciones de gobierno -es decir, de organización administrativa-, pero también juzgará asuntos como integrante del tribunal. De ahí que la mancha que ahora mismo la salpica despierte lógicos recelos en la opinión pública y lleve a pensar en que estamos ante un nuevo intento de instrumentalización de la Justicia por parte del Gobierno. En un momento, además, especialmente delicado en el que se deben dar pasos con pies de plomo. Porque el crédito del sistema se ha resentido más si cabe con la reciente reprobación por parte de todos los grupos parlamentarios -salvo el PP- del ministro del ramo, Rafael Catalá, y del fiscal general, José Manuel Maza, y el fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, a raíz de casos que ponen en duda la imparcialidad de la Fiscalía.

No nos cansaremos de repetir que el problema fundamental radica en el sistema de elección del CGPJ y de los altos tribunales. Los grandes partidos se reparten los puestos a modo de cromos. Y, mientras eso no cambie, la despolitización judicial será tan urgente como quimérica.

La opacidad de la partidocracia
Lorenzo Abadía elespanol 26 Mayo 2017

Sin poder dilatar su cita con el destino, Europa ha de enfrentarse con decisión a los grandes retos que determinarán su papel en el siglo XXI.

La supervivencia de una moneda común de la que hoy dependen los endeudados países del sur, la pretensión socialdemócrata de elevar la utopía de la igualdad -que Hannah Arendt llamó la cuestión social- a materia constituyente en lugar de garantizar la libertad en procura de la prosperidad, la seguridad común o la integración de la inmigración en el acervo de valores y derechos fundamentales que caracteriza la cultura occidental son algunas cuestiones perentorias cuya resolución marcará definitivamente el rumbo secular del continente. Debido a su trascendencia, es preciso que las decisiones se produzcan habiendo intelectualizado el contexto de transformación que ha generado la globalización y definido qué tipo de Unión se persigue; si ha de primar la ciudadanía europea, la libertad de los mercados o la soberanía de los Estados.

El tiempo rajoyesco de espera ha terminado. La espada de Damocles de la confrontación entre naciones que el auge del populismo ha colocado sobre la cabeza de Europa exige decidir con rapidez si se está dispuesto a compatibilizar el orden todavía vigente nacido en Westfalia con los nuevos parámetros que un mundo híper conectado demanda para lograr la independencia de la Unión que, por paradójico que parezca, la recuperación total de la soberanía por parte de los Estados europeos negaría de raíz.

Apremia saber, por lo tanto, qué forma política desea establecer Europa y qué régimen de poder está dispuesta a constituir. Si Monnet, Schuman o De Gasperi sembraron la semilla de la Unión Europea sobre la base de la paz y la cooperación, hoy no vendría mal recordar a los padres constituyentes de los Estados Unidos de América, Jefferson, Madison o Hamilton en su manera de aproximarse al poder, analizar la condición humana y garantizar la libertad política de sus conciudadanos. Éste debe ser el gran debate del próximo lustro.

Pese a haber unido su suerte a la de un continente cuya existencia se hace inexplicable sin nuestra aportación, España no se encuentra actualmente en condiciones de aportar soluciones a los problemas descritos. Pudiendo haber sido un contribuyente neto de experiencia, nuestro país adolece de las mismas adversidades de fondo: una acusada crisis de identidad y un régimen de poder oligárquico. La trágica diferencia es que, por un lado, mientras Europa como unidad política constituyente es sólo un proyecto, España es una realidad nacional con siglos de existencia. Y, por otro, que la oligarquía en la Unión Europea se concita entre Estados cuyos sistemas políticos, especialmente el francés, el alemán y el del Reino Unido que nos deja, son mucho más representativos de la sociedad civil que el español. España debe superar estos dos enormes escollos que el optimismo de la Transición anegó y que el paso del tiempo ha hecho emerger de modo permanente. Sortear el primero implica sanear la base sobre la que se asientan nuestras libertades. Esquivar el segundo es un requisito sine qua non para erradicar la corrupción como forma sistémica de gobierno y eliminar el déficit crónico del Estado.

En pleno relativismo posmoderno, disponer de una clara conciencia de nuestra unidad política que sea capaz de desestimar el error que supondría el federalismo y de rechazar la impostura del derecho a decidir sólo puede hacerse definiendo la nación como un hecho objetivo conformado por la historia y no como el resultado de una subjetividad reflejada en un proyecto, tal y como lo expuso Ortega y Gasset en su España invertebrada, fuente de la que sigue bebiendo la derecha nacional. Tirando del hilo de la subjetividad uno puede terminar coherentemente en la República independiente de su casa. Es lo que hacen las ambiciones de poder nacionalistas.

La reciente oferta del gobierno de la nación al separatismo para acudir al Congreso a debatir sobre el derecho de autodeterminación de Cataluña es una muestra más del grave error que supone apoyar el concepto subjetivo de nación. Invitar a Puigdemont implica aceptar que si los diputados aprobasen que Cataluña puede celebrar un referéndum para decidir su independencia de la histórica nación española, no habría inconveniente alguno en convocarlo, previa reforma constitucional. La independencia, de producirse en algún momento, constituiría un hecho, pero nunca habría estado fundamentada en un derecho legítimo, al menos para quienes diferenciamos entre la constitución formal y la constitución material de una nación. ¿Acaso si votásemos unánimemente convertirnos en marcianos dejaríamos a un lado nuestra condición humana?Las naciones no se votan. Rescatando el término de Sánchez Albornoz, su “contextura vital” sólo puede ser forjada por la historia.

Por último, resulta imprescindible comprender la estrecha relación de causalidad existente entre la libertad política de una nación y la prosperidad de sus gentes. España no resolverá sus graves problemas sociales y económicos mientras los ciudadanos no dispongan de la potestad de poner y deponer a sus representantes, que es lo mismo que decir, mientras la clase política no dependa directamente de ellos. Abordando la naturaleza íntima del poder y analizando la condición humana, no resulta difícil concluir que es preceptivo establecer una serie de cauciones y precauciones respecto al mismo que garanticen la democracia. Además de la cuestión esencial de la separación de poderes, la figura del diputado de distrito uninominal juega un papel fundamental, al eliminar el instrumento que convierte a las cúpulas de los partidos políticos en los verdaderos titulares de la soberanía: el poder de hacer las listas electorales. Es lo que he intentado explicar en mi nuevo ensayo Desconfianza. Principios políticos para un cambio de régimen.

Mucho más allá de mi humilde aportación, en España no nos faltan cabezas brillantes capaces de emprender esta titánica labor a favor de la libertad y de servir al mismo tiempo de faro al eclipse europeo. Si anteriormente decía que España no estaba en condiciones de aportar luz, lo hacía bajo el convencimiento de que la mediocridad partitocrática opacará su luz.

*** Lorenzo Abadía es analista político, doctor en Derecho y autor del ensayo 'Desconfianza. Principios políticos para un cambio de régimen' (Unión Editorial).

El mito de la España de las Tres Culturas
Jesús Laínz Libertad Digital 26 Mayo 2017

En diciembre de 1998 un presidente norteamericano visitó por primera vez tierra gobernada por los palestinos. Durante el acto compartido con Yaser Arafat en Gaza, Bill Clinton puso como modelo para la convivencia en Oriente Medio a la España medieval por haber sido aquélla una era de tolerancia y convivencia que debería ser imitada en nuestros días para resolver definitivamente el sangriento conflicto árabe-israelí.

La visión del presidente Clinton respondía no sólo a los tópicos románticos sobre España tan extendidos entre los compatriotas de Washington Irving, sino también, y sobre todo, al pensamiento dominante en el multicultural Occidente de nuestros días. Además, todo ello suele ir acompañado de la pintura de los cristianos con los oscuros colores de la intransigencia y la barbarie y de los musulmanes con los luminosos de la tolerancia y la cultura.

Esta interpretación del pasado medieval español está muy arraigada tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. El último ejemplo de ello nos lo está ofreciendo precisamente en estos días Elizabeth Drayson, profesora de la universidad de Cambridge que acaba de publicar el libro The Moor’s Last Stand: How Seven Centuries of Muslim Rule in Spain came to an end, centrado en la conquista de Granada y la figura de Boabdil, el último rey nazarí:

Hoy, Boabdil representa una última resistencia contra la intolerancia religiosa, el poder fanático y la ignorancia cultural; su entrega de la ciudad y reino de Granada simbolizó la pérdida de la fecunda creatividad intercultural, renovación y convivencia nacidas de la conquista musulmana de España.

¿Concuerda esta visión con los hechos? El primer dato que salta a la vista es que la palabra que mejor resume los ocho siglos de presencia musulmana en suelo español es reconquista. Pues, desde Guadalete hasta Granada, los habitantes de la piel de toro fueron incansablemente de batalla en batalla hasta que uno de los contendientes se impuso definitivamente sobre el otro. No por casualidad España, con sus varios miles de castillos, torres, ciudadelas y otras fortificaciones, es la primera potencia mundial en este tipo de construcciones. Como resumió el egregio medievalista Claudio Sánchez-Albornoz, "lo español nació no de la cópula sino de la batalla entre islamismo y cristiandad en nuestro suelo". De este simple dato se infiere que la coexistencia en un mismo territorio no significó convivencia, por mucho que las palabras se parezcan.

Evidentemente, el contacto durante siglos de estas dos comunidades religiosas, más la judía, produjo un trasvase cultural notable que ha dejado huellas indelebles en nuestra cultura, lengua e historia, pero no puede olvidarse que todo ello se produjo en el marco de un enfrentamiento bélico permanente que implicó violencia, intolerancia y compartimentación de la sociedad, y que sólo terminó con la derrota total de los musulmanes.

Al igual que las naciones balcánicas, que tuvieron que sacudirse el dominio otomano para conservar su carácter europeo, España –concepto que en este contexto incluye, naturalmente, a Portugal– es la única nación de Europa Occidental voluntariamente europea. Las demás no pudieron no serlo. Pero España, como territorio de herencia racial europea, cultural romana, religiosa cristiana y política goda, pudo haber desaparecido para siempre en el año 711. Si así hubiera sido, hoy no se llamaría España sino Al Ándalus, y formaría parte de la comunidad islámica de naciones junto con Libia, Egipto y Pakistán.

La clave del enfrentamiento fue, evidentemente, el infranqueable abismo religioso que separó a musulmanes, cristianos y judíos. Dicho abismo, que nunca se cerró en los largos siglos de reconquista y que, lamentablemente, sigue muy lejos de cerrarse en todo el mundo un milenio después, había comenzado a abrirse bastante antes del salto del Estrecho por Tarik. Pues durante el reino visigodo fueron promulgadas numerosas leyes contra los judíos, considerados el pueblo deicida, por las que se les prohibía el ejercicio de su religión, se limitaban sus derechos civiles y procesales, se les prohibían la circuncisión y sus costumbres festivas o alimentarias e incluso se ordenaba su expulsión o esclavitud.

Pero a comienzos del siglo VIII desembarcaron las tropas de Tarik, así descritas en la Crónica General de España de Alfonso X el Sabio:
Las sus caras de ellos, negras como la pez, el más hermoso de ellos era negro como la olla, así lucen sus ojos como candelas (…) La vil gente de los africanos que no se distinguen por su fuerza ni por su bondad, y todos sus hechos hacen con arte y engaño.

A partir de aquel momento, aparte del continuo batallar, el destino de los cristianos en territorio musulmán y el de los musulmanes en territorio cristiano, así como el de los judíos en cualquier sitio, fue el de súbditos de segunda, víctimas de todo tipo de discriminaciones legales y expuestos a los incontrolables desmanes populares.

Las leyes musulmanas prohibían a sus fieles vivir en comunidad con cristianos y judíos, considerados "gentes viles", o sacrificar reses para ellos, o comprar sus ropas, o vestir como ellos, o servirlos para darles masajes o sujetarles el estribo. Los musulmanes disfrutaban de derechos y estaban exentos de obligaciones que les distinguían de cristianos y judíos, carentes de los primeros y sujetos a las segundas. Estos derechos y estas exenciones fueron, además, el principal motivo de conversión para muchos que desearon mejorar sus condiciones de vida.

Un ejemplo del siglo XII, el Tratado del juez Ibn Abdun:
Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y sodomitas (…) No deben venderse ropas de leproso, de judío, de cristiano, ni tampoco de libertino, a menos que se haga conocer al comprador el origen (…) No deberá consentirse que ningún judío ni cristiano lleve atuendo de persona honorable, ni de alfaquí, ni de hombre de bien; al revés, habrán de ser aborrecidos y huidos (…) Tampoco se les saludará con la fórmula "La paz sea sobre ti", porque constituyen el partido de Satán (…) Deberán llevar un signo por el que sean conocidos, para humillarlos (…) Lo mejor sería no permitir a ningún médico judío ni cristiano que se dedicase a curar a los musulmanes, ya que no abrigan buenos sentimientos hacia ningún musulmán, y que curen exclusivamente a los de su propia confesión, porque a quien no tiene simpatía por los musulmanes, ¿cómo se les ha de confiar sus vidas?

Junto a la discriminación religiosa no hay que olvidar el prejuicio racial, pues los musulmanes de estirpe árabe no dejaron nunca de subrayar su superioridad no sólo sobre los mozárabes, de estirpe hispano-romano-goda, sino también sobre los bereberes, musulmanes como ellos pero tenidos por casta inferior. Así lo explicó el eminente arabista francés Lévi-Provençal:
Hasta los últimos días del reino de Granada, la proclamación de la ascendencia puramente árabe continuó siendo en la Península la única prueba reconocida de la verdadera nobleza de sangre.

En el lado cristiano las cosas no fueron muy distintas, incluso durante el reinado que suele presentarse como la cima de la llamada España de las Tres Culturas, el de Alfonso X. Pues en sus Siete Partidas, entre otros muchos preceptos, se estableció para judíos y moros la incapacidad para atestiguar en juicio contra cristianos, así como la de tener siervos o empleados cristianos, bajo pena de muerte. El proselitismo de la fe judaica estaba castigado con la muerte, igual pena que la que recibía el cristiano que se convirtiese al judaísmo, mientras que la situación opuesta, la del judío convertido al cristianismo, estaba permitida. También se establecieron una serie de reglas sobre la vida cotidiana, como la prohibición para los cristianos de comer o beber con los judíos, de beber vino hecho por judíos, de bañarse en compañía de judíos o de recibir medicina o purga hecha por judíos. Éstos, además, tenían que ir en todo momento identificados como tales mediante alguna señal cierta sobre sus cabezas, bajo pena de multa o azotes. La situación religiosa de los musulmanes fue aún más grave, pues quedaron prohibidas las mezquitas y el culto musulmán en público. Al hecho de que un cristiano adoptase la fe musulmana se le consideraba locura y era castigado con la muerte:

Ensandecen a veces los hombres, que los hay que pierden el seso y el verdadero conocimiento; como hombres de mala ventura y, desesperados de todo bien, reniegan de la fe de nuestro señor Jesucristo y tórnanse moros.

En cuanto a las relaciones entre los sexos, se estableció la pena de muerte por apedreamiento para el moro que yaciera con cristiana. Y para ella también. En cuanto a la pena para el judío que yaciera con cristiana, se establecía también la muerte, mientras que para la cristiana que yaciera con judío la pena era "que se dé a todos".

Por otro lado, no hay que olvidar que la España medieval se caracterizó por las continuas matanzas de judíos tanto en el lado cristiano como en el musulmán, sobre todo, en este último caso, tras las invasiones almorávide y almohade. La más importante en suelo cristiano fue la de 1391, año en el que fueron asesinados miles de judíos por toda España. Y el aumento de la hostilidad antijudaica acabaría desembocando en la expulsión de 1492.

Si bien, a diferencia de las otras dos comunidades, los judíos no figuraron en ningún momento ni lugar como casta dominante, también marcaron distancias con los enemigos de su fe. Todos los pensadores, poetas y escritores judíos de aquellos siglos –Yehuda Halevi, Josef Hacohen, Ibn Gabirol, Maimónides– se consideraron desterrados en España y sólo concibieron como su patria la tierra de Israel. Hacohen, descendiente de judíos huidos en 1391, calificó a España como "aquella tierra que Yahvé maldiga". Yehuda Halevi, considerado el mayor poeta de la diáspora, estuvo obsesionado toda su vida por la idea de la vuelta a la patria perdida, sintiéndose ajeno a la España que le vio nacer.

Mi corazón está en Oriente y yo en el extremo de Occidente. ¿Cómo voy a saborear lo que como? ¿Cómo disfrutarlo? (…) ¡Poca cosa es a mis ojos abandonar todos los bienes de España mientras que para ellos es precioso ver el polvo del santuario en ruinas!

En cuanto a Maimónides, consideró a cristianos y musulmanes, lógicamente, como sus enemigos, y también como animales carentes de alma a los que se podía violar y matar sin cometer pecado por tratarse de "naciones muertas" frente a la naturaleza angelical del pueblo elegido.

Tras la reconquista llegó la repoblación, proceso multisecular que llevó a los cristianos desde el Cantábrico hasta Gibraltar expulsando en su camino a sus enemigos. Un solo ejemplo: la arriba mencionada Crónica General de Alfonso X, escrita en aquellos mismos días por los protagonistas de los hechos, nos dio cuenta del vaciamiento de Córdoba y Sevilla tras su conquista por Fernando III. Como excepción, en el reino de Valencia permaneció una numerosa población rural musulmana sobre todo en las comarcas montañosas del interior, población que no desaparecería hasta su expulsión definitiva por Felipe III.

El simple hecho de que las poblaciones judías y moriscas continuasen existiendo como comunidades separadas –y discriminadas– hasta su definitiva expulsión prueba que la fusión que hoy se desea con efectos retroactivos nunca existió, al menos a gran escala.

Evidentemente, el tema es inabarcable en unas pocas páginas, pero sirvan estos breves párrafos como introducción para seguir tirando del hilo.

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LA PRIMERA MINISTRA POLACA CARGA CONTRA BRUSELAS
Szydlo: 'O Europa se levanta, o lloraremos cada día por nuestros hijos'
Desde Polonia consideran que las medidas migratorias de la UE, especialmente la apertura de fronteras y el espacio Schengen, son "en gran parte culpables" de los últimos ataques islamistas en suelo europeo.
Arturo García GCT 26 Mayo 2017

Mientras los principales líderes europeos condenaban los "violentos incidentes" en Manchester -rechazando así la etiqueta islamista de un nuevo ataque realizado en nombre de Alá- y defendían las bondades del espacio Schengen a pesar de que el terrorista Salman Abadi se aprovechó de la apertura de fronteras para viajar a Siria o Alemania, Beata Szydlo ha pedido a Europa que "se levante" porque de lo contrario estará "llorando la pérdida de sus hijos cada día".

En un discurso en el Parlamento, la primera ministra polaca reivindicó su decisión de no acoger a más migrantes en los próximos meses pese a las presiones de Bruselas, que ha amenazado reiteradamente al Gobierno, porque "no tienen sitio en nuestro país, pues no cumplen con los valores para vivir aquí".

"Polonia no será partícipe de la locura migratoria de Bruselas que pone en riesgo la seguridad de todos los europeos", añadió Szydlo, que denunció la tibieza de los principales dirigentes europeos con el terrorismo. Tras el ataque en Manchester, las autoridades británicas se negaron durante tres horas a informar acerca de los pormenores de la masacre e incluso la premier británica, Theresa May, rechazó informar sobre la identidad y el origen de Salman Abedi.

El mismo martes, cuando se conoció la noticia del fallecimiento del matrimonio polaco que había acudido al recinto a recoger a sus dos hijas, Szydlo exigió un cambio en las políticas de inmigración y seguridad en suelo europeo.

La dirigente polaca dio su apoyo al ministro de Defensa, Antoni Macierewicz, que apostó por la ampliación del Ejército para ser capaz de hacer frente a todas las amenazas que se ciernen sobre el país, especialmente el terrorismo.

Las medidas de Bruselas no funcionan
Las políticas de acogida puestas en marcha por Angela Merkel hace casi dos años han resultado fallidas. Los incidentes en la Ruta de los Balcanes fueron constantes y las principales ciudades se vieron colapsadas. Tanto Hungría, donde Viktor Orbán fue convertido en el enemigo público número uno de Occidente, como Polonia se posicionaron en contra y marcaron sus diferencias con la canciller alemana.

Los polacos apostaron por apoyar a los refugiados en su lugar de origen, como piden muchos ciudadanos sirios que quieren volver a sus casas, y decidieron defender su tradición cristiana: "Nunca daremos la espalda a los refugiados, pero estamos seguros de que la solución está en trabajar en sus países".

Para entender la situación que vive Europa basta un simple vistazo al siguiente mapa. En él se muestran los atentados terroristas islamistas (en rojo) y las operaciones policiales contra el yihadismo (en azul) desde el 1 de enero de 2014 hasta hoy. Llama la atención lo que ocurre en Polonia, donde sólo se ha registrado la detención de un ciudadano iraquí en el verano de 2016 en posesión de explosivos.

En ese mismo tiempo, en Francia, Reino Unido, Alemania o incluso España los detenidos por terrorismo islámico se cuentan por cientos. El pasado martes, las Fuerzas de Seguridad españolas arrestaban a dos marroquíes en Madrid que estaban listos para atentar. Uno, siguiendo las instrucciones de los manuales del ISIS, trataba de obtener la licencia para conducir camiones.

'Nuestra seguridad es innegociable'
"El Gobierno de Szydlo no negociará sobre cuestiones que afecten a la seguridad de sus ciudadanos", aseguró el portavoz Rafal Bochenek, que defendió que la decisión del Ejecutivo polaco es de simple "sentido común".

Bochenek consideró que la política migratoria de la Comisión Europea es "ineficaz" y recordó que, además de Polonia, Austria y Hungría tampoco han recibido refugiados dentro del mecanismo de cuotas planteado por Bruselas en 2015, mientras que la mayoría del resto de socios comunitarios no han cumplido con sus correspondientes cuotas.

"La política migratoria de la UE, que ahora se lleva a cabo y conduce a la supuesta reubicación de refugiados o inmigrantes económicos en toda la UE, realmente supone un estímulo a las actividades de los grupos criminales que trafican con personas para introducirlas ilegalmente en Europa", dijo.

La primera ministra polaca ya aseguró que "Polonia no puede recibir refugiados", mientras que su ministro del Interior, Mariusz Blaszczak, ha dicho que el mecanismo de cuotas de la Unión Europea "es defectuoso porque supone una amenaza para la seguridad y no resuelve el problema".

La deuda exterior: el talón de Aquiles de España

Juan Ramón Rallo elconfidencial 26 Mayo 2017

La evolución del déficit público, y de su corolario la deuda pública, tiende a copar los titulares de prensa. Es lógico, porque tanto PSOE como PP nos han dejado una desastrosa herencia en forma de intereses. Sin embargo, a día de hoy, el mayor problema de la economía española sigue sin ser su elevadísimo endeudamiento público, sino que lo constituye su astronómico endeudamiento exterior. En términos brutos, la deuda pública asciende a 1,1 billones de euros; la deuda exterior, en cambio, a 2,7 billones de euros (evidentemente, parte de esa deuda pública forma parte de nuestra deuda exterior).

Pero, para estudiar la solvencia de cualquier agente económico, conviene analizar no tanto sus pasivos brutos sino la diferencia entre sus activos y sus pasivos: esto es, cuánto adeudamos a los demás una vez liquidadas todas nuestras propiedades. En este sentido, los pasivos exteriores de España superan a sus activos exteriores en 950.000 millones de euros: una cifra que sigue siendo alarmantemente elevada pero que, al menos, durante los últimos años nos ha brindado alguna buena noticia. Y es que, por primera vez en nuestra historia económica reciente, el PIB de España crece sin que nuestro país aumente su endeudamiento exterior. No porque nadie quiera financiarnos (no al menos en la actualidad), sino porque no estamos demandando ese endeudamiento.

Basta efectuar una somera comparativa al respecto: mientras que en la anterior fase expansiva (1996-2007) los pasivos exteriores de nuestra economía aumentaron en 755.000 millones de euros, en esta fase de recuperación (2014-2016) se han reducido en 57.000.

Ahora bien, antes de echar precipitadamente las campanas al vuelo, deberíamos darnos cuenta de que el volumen de nuestros pasivos netos con el exterior todavía equivale a más del 80% de todo nuestro PIB. Se trata de una de las posiciones exteriores más deudoras de Europa y de todo el planeta:

Ese desmesurado endeudamiento exterior es, como decíamos, una de nuestras mayores debilidades actuales: que hayamos dejado de incrementarlo no significa que haya dejado de existir. Y esto es problemático por dos razones: a largo plazo, porque debemos pagar tales pasivos a costa de nuestro ahorro interior; a corto-medio plazo, porque muchas de esas deudas van venciendo y tenemos que refinanciarlas. Si la mayoría de nuestras familias, empresas y administraciones públicas españolas no fueran capaces de refinanciar o amortizar con regularidad sus deudas exteriores, entonces caeríamos en un macro-corralito exterior que nos sumiría en una fortísima crisis.

De hecho, ese macro-corralito exterior es lo que estuvo a punto de sucedernos en el año 2012 por culpa de la pésima gestión de Zapatero primero y de Rajoy después. Si dividimos nuestra deuda exterior en dos grandes grupos —por un lado, la deuda exterior del Banco de España y, por otro, la deuda exterior del resto de la economía—, comprobaremos que, a partir de la segunda mitad de 2011, la deuda exterior del conjunto del país exceptuando al Banco de España empieza a caer en picado: pasa de 1,05 billones de euros a 665.000 millones. La razón de esta brutal contracción de nuestros pasivos es que España vivió una fuga de capitales: debido a la inepcia de nuestros gobiernos para equilibrar sus presupuestos y para acreditar su capacidad de mantenerse dentro del euro, los inversores internacionales dejaron de confiar en nosotros y de refinanciar nuestras deudas.

En una situación así, cualquier persona normal habría entrado en suspensión de pagos: si debes dinero, careces de él y tu acreedor no te refinancia, por necesidad entras en situación concursal. Es decir, en 2012 España debería haber quebrado. Si no lo hizo fue porque dentro de la eurozona existen mecanismos automáticos de concesión de créditos entre los bancos centrales nacionales que componen el Eurosistema (Target2) y esos mecanismos nos proporcionaron varios meses de oxígeno: a efectos prácticos, el Bundesbank le daba crédito al Banco de España y el Banco de España refinanciaba a nuestras entidades financieras aislándolas temporalmente de la bancarrota. Por eso, en el siguiente gráfico, podemos observar cómo la deuda exterior del Banco de España aumentó en 2011 y 2012: un incremento correlativo al descenso de la deuda exterior del resto de la economía. Esto es, una deuda vino a suplir a la otra evitando nuestra quiebra.

Pero tal situación pendía de un hilo: los alemanes andaban —con razón— muy inquietos de que casi toda la financiación exterior de la economía española dependiera del Bundesbank (si el euro se rompía en esas condiciones, habrían sufrido enormes pérdidas). Por ello, la financiación que nos proporcionaba el Eurosistema ante la fuga de capitales solo podía tener un carácter provisional: de haberse pretendido alargar por más tiempo y por mayor cantidad, la eurozona habría estallado por tensiones políticas.

Y fue aquí cuando llegó el verdadero salvador de la economía española, que no fue Mariano Rajoy sino Mario Draghi. En julio de 2012, el presidente del BCE pronunció aquellas mágicas palabras de que “haría todo lo necesario para salvar al euro”, entendiéndose por tal que evitaría la quiebra de gobiernos y entidades financieras en problemas. Una vez lanzada esa señal —España dejaba de ser un riesgo exterior porque teníamos al BCE detrás que, a su vez, tenía a los gobiernos más solventes de la eurozona detrás—, la fuga de capitales se detuvo: los inversores foráneos volvieron a estar dispuestos a prestarnos para refinanciar nuestra deuda exterior. Por eso, a partir del momento en que habla Draghi, la deuda exterior del Banco de España empezó a caer y la deuda exterior del resto de la economía volvió a crecer: cuando se normalizaron los flujos exteriores de crédito, el recurso extraordinario al Eurosistema dejó de ser necesario.

No cabe dudar de que el apoyo explícito de Draghi a la economía española no ha estado exento de problemas: al prometer que nos rescataría ilimitadamente en caso de ser necesario, el Gobierno de España se durmió en los laureles y minimizó el ritmo de reformas y de ajustes presupuestarios. Pero tampoco cabe dudar de que la estabilización macroeconómica de España se produjo gracias al rescate encubierto de Draghi y no gracias al lentísimo saneamiento de Rajoy: y es esa estabilidad macroeconómica la que explica la tranquilidad financiera dentro de la cual se ha ido desarrollando el cambio de modelo productivo y la consecuente recuperación actual. Si algún burócrata tuviera que colgarse alguna medalla por el vuelco vivido en España, ese sería Draghi, no Rajoy.

En suma: que hayamos dejado de endeudarnos con el exterior es una buena noticia; que sigamos estando muy endeudados con el exterior es una muy mala noticia, aunque no resulte alarmante mientras el BCE nos avale. Por eso es crucial seguir aprovechando este periodo de gracia para mejorar nuestra solvencia exterior —amortizar nuestro endeudamiento y aumentar nuestra competitividad frente al resto del mundo—, de manera que cuando el BCE termine retirando la red, no caigamos al vacío.

La incompleta recuperación de la economía española
La reciente encuesta de condiciones de vida expone bien a las claras que aún estamos muy lejos de los niveles de vida previos a la crisis
26 Mayo 2017

A tenor de lo que repiten muchos tertulianos y analistas de los medios afines al poder (que son casi todos), parecería que la crisis fuera ya agua pasada. Sin embargo, el INE en su 'Encuesta de condiciones de vida' deja bien claro que no es así. En el gráfico siguiente, podemos ver la evolución de la renta media por persona entre 2008 y 2016. Este es el año de la encuesta, pero los datos se refieren al año anterior. Como vemos, el máximo se alcanzó en 2008 y luego tuvimos una caída continuada que no se detuvo hasta el año 2014. Si tenemos en cuenta la inflación del periodo, la caída de renta acumulada en 2015 era, pese a la recuperación del 2,8% de ese año, de un 13,2%. Es decir, que aún necesitaríamos otros cinco años al ritmo de recuperación de 2015 para conseguir alcanzar los niveles de renta por persona de 2008. Como 2016 también ha sido un buen año y 2017, si no hay imprevistos, también lo será, tendríamos que esperar a 2021 para que la sociedad española superara los niveles de riqueza material de 2008. Nada menos que 13 años perdidos.

Por supuesto, esto tiene su reflejo claro en el empleo. Como vemos en el siguiente gráfico, la recuperación de empleo (normalizado de parcialidad, lo que se conoce como empleo equivalente a tiempo completo), a finales de 2016 estaba lejísimos de los niveles de 2008, en cuyo primer trimestre se alcanzó el máximo histórico de empleo de la economía española con 20.175.000 empleos. El mínimo lo vimos a finales de 2013, con una caída del empleo del 19,8%. A finales de 2015, la caída quedaba en el 15,5%, y a finales de 2016, en el 13,2%. Es decir, que solo hemos recuperado un tercio del empleo perdido en tres años de fortísima creación de empleo. Lo cual nos lleva a fechas más o menos similares a las anteriores para una recuperación completa, en este caso un año más, 2022.

La retórica de que la crisis quedó atrás parece entonces más falsa que nunca a la vista de estos datos, a los cuales se puede añadir cualquier indicador que queramos (producción industrial, actividad de los servicios, actividad comercial). El único que no cuadra es el dato del PIB, que es en el que se basa la retórica triunfalista del Gobierno y de sus palmeros. No sabemos a ciencia cierta qué ha pasado para que el PIB no sea capaz de reflejar lo que tiene que reflejar, que es el nivel de vida de un país, pero está más que claro a estas alturas que resulta un indicador totalmente inútil para evaluar la evolución de la crisis y de la recuperación.

Más allá de este problema, lo que nos dicen estos datos es que tenemos una economía con una capacidad ociosa de la fuerza de trabajo muy grande, es decir, con una demanda muy deprimida. Para alcanzar unos niveles adecuados de empleo dentro de lo que es el contexto europeo, deberíamos crear todavía unos 2,5 a tres millones de empleos más, con lo que superaríamos el 70% de la población entre 20 y 64 años con empleo. Se antoja difícil que seamos capaces de llegar a esa cifra antes de la siguiente crisis, cuya gravedad aún es una incógnita, pero que a mi modo de ver coincidirá con el inevitable pico de precios de las materias primas, que se dará en un plazo de dos a tres años.

Sin ese cambio de modelo productivo, ni tendremos a largo plazo pleno empleo ni seremos capaces de pagar salarios homologables a los de la Europa rica

Por último, me gustaría terminar con una reflexión sobre el sector exterior. A pesar del excelente comportamiento de las exportaciones (que tampoco es excepcional en el contexto europeo), estamos viendo cómo las importaciones aumentan aún más rápido, de modo que la balanza comercial se deteriorará sobre siete décimas del PIB durante este año. Según continúe el ciclo, es de prever que la tendencia se acentuará, con lo que nos veríamos otra vez en una situación de déficit exterior notable cuando nos acercáramos a los niveles de actividad económica de 2007. Cierto que no tan grave, pero aun así podríamos ver unos tres puntos porcentuales de déficit por cuenta corriente, algo a largo plazo insostenible. Eso pone de manifiesto que el modelo productivo sigue teniendo graves problemas.

No generamos suficientes exportaciones como para que a nivel macro pueda sostenerse un empleo completo de la fuerza de trabajo, y los poderes públicos no están haciendo nada para paliar esta situación mediante la financiación de I+D pública, el establecimiento de mecanismos eficaces de transferencia público-privada de tecnología o la creación de una banca pública empresarial al estilo de la alemana. Lo único que están haciendo es tratar de devaluar los salarios, una política tan primitiva para tratar de solucionar el problema del desempleo que cuesta trabajo entender que se siga recomendando. Es como si un médico siguiera recetando sangrías para intentar curar a un paciente. Lo que sí que debemos tener claro es que, sin ese cambio de modelo productivo, ni tendremos a largo plazo pleno empleo ni seremos capaces de pagar salarios homologables a los de la Europa rica a nuestros trabajadores.

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Rajoy toca a rebato sin apagar el fuego
El rugido del león elespanol 26 Mayo 2017

En sólo unos días, Rajoy y Puigdemont han pasado de emplazarse mutuamente en ruedas de prensa a constatar sus insalvables diferencias por carta. El presidente catalán escribió el miércoles al jefe del Ejecutivo para pedirle que se siente “a negociar” un referéndum, a lo que éste le ha contestado que no puede pactar bilateralmente una consulta para liquidar la soberanía nacional porque es ilegal.

Las posiciones eran conocidas desde que comenzó el pulso, pero las declaraciones y ademanes empleados por ambas partes resultan cada vez más vehementes y llamativos. De hecho, el uso del correo ordinario en plena era digital resultaría cómico de no no ser el reflejo de la gravedad de un conflicto institucional que el Gobierno considera inminente. Según ha sabido EL ESPAÑOL, Rajoy cree que Puigdemont aprovechará el mes de agosto para activar la denominada ley de transitoriedad hacia la independencia, lo que pillaría al Tribunal Constitucional de vacaciones.
Hechos consumados

Los indicios que han llevado al presidente a considerar este escenario son muchos y sólidos. Las autoridades de la Generalitat siempre han recurrido a una política de hechos consumados para presentar la ruptura como un choque de legitimidades entre Cataluña y España. La mayoría separatista reformó el reglamento del Parlament, que ya puede aprobar las leyes de desconexión y la convocatoria del referéndum en lectura única, con el objetivo de minimizar la capacidad de impugnación del Estado. Esta semana, además, se ha conocido un borrador detallado de la ley de ruptura a la que el propio Rajoy ha tachado de “golpe de Estado” y “chantaje a la democracia”. Y Junts pel Sí acaba de presentar nuevas enmiendas al reglamento de la Cámara catalana para que el mes de agosto sea hábil a partir del día 16.

Esta modificación de la actividad parlamentaria en Cataluña ha desatado máxima preocupación en el Gobierno, que cree que Puigdemont va a activar la independencia en vacaciones. La inquietud del Ejecutivo está justificada. Por eso no se explica que el presidente y sus ministros salgan en tromba a denunciar la “amenaza”, pero no sean coherentes con la gravedad que ellos mismos reconocen y se anticipen. La Fiscalía tiene que interrogar a la Generalitat sobre la autoría del citado documento delictivo y dirimir así posibles responsabilidades penales por inducir a la sedición.
Circunstancias excepcionales

En circunstancias tan excepcionales, el Gobierno debe estar preparado para actuar de manera igualmente extraordinaria y aplicar la suspensión de la autonomía catalana si fuera necesario. Ante este escenario, la unidad de los partidos constitucionalistas es fundamental, por lo que tampoco se entiende el desdén con el que Rajoy ha recibido la reelección del Pedro Sánchez como secretario general del PSOE.

Es lógico y oportuno que el Ejecutivo se preocupe ante los signos cada vez más clamorosos de que el choque de trenes va a producirse. Lo que no es normal ni sirve de nada es que Rajoy se limite a tocar a rebato sin, al mismo tiempo, mover un dedo para apagar el fuego.

El Estado, qu'est-ce que c'est?
Santiago González El Mundo 26 Mayo 2017

Hoy, en mi columna de El Mundo

Lo del lunes en el Ayuntamiento de Madrid fue un acto sedicioso puesto en práctica con la complicidad necesaria de Podemos y de su alcaldesa, que no habría accedido al cargo sin la colaboración activa del PSOE. En Madrid comenzaba a desatarse la tormenta perfecta que amenaza al Estado desde todos los puntos de la rosa. Cabe preguntarse en esta tesitura quién defiende al Estado. No ciertamente el PSOE, que es un partido difunto. Que haya ganado las primarias Pedro Sánchez no es garantía de que esté vivo, sino de que es un líder del género fantástico, un zombie elegido por la mayoría del camposanto. Alguna vez lo he comparado con el jinete sin cabeza de Washington Irving en Sleepy Hollow. Carecer de cabeza no le impedía manejar el hacha con soltura y decapitar a todo humano que se le cruzara.

O sea que Pedro bastante tiene con lo suyo como para hacer de contrafuerte. Tenemos al Gobierno y al Ministerio Fiscal, que no parecen partidarios, aunque lo han expresado en términos mejorables. Dice Rajoy que "es un chantaje querer liquidar el Estado en 24 horas". Hombre don Mariano, también lo sería en 48. El fiscal general considera el borrador de la ley "sorprendente y extraño a un Estado de Derecho". Extraño sí, sorprendente en absoluto. Ya no hay lugar para sorpresas.

Algo debería hacer ya el presidente. Al fin y al cabo juró ante el Rey "guardar y hacer guardar la Constitución" hace casi siete meses y parece que concurren los dos supuestos necesarios para la puesta en marcha del artículo 155: una comunidad que no cumple las obligaciones que le imponen las leyes y/o que "atente gravemente al interés general de España". Si no se dan ambos en el caso que nos ocupa, tal vez debería negociarse una reforma constitucional para eliminar el trasto inútil con una mayoría de al menos 4/5 de la Cámara.

El invitado de Carmena blasonaba el lunes que el Estado no es tan fuerte como su voluntad sediciosa, ni la Unión Europea para no admitirlo como socio. Exigió el referéndum con ultimátum: si no, la independencia inmediata. Este tipo, que no se ha leído a Max Weber, es el representante ordinario del Estado en la Comunidad Autónoma Catalana. Todo va haciendo juego. Un diario de Barcelona, propiedad de un grande de España, llevaba a titular de portada ayer Puigdemont tiende la mano, sin que la Diputación de la Grandeza se haya reunido para decirle al Rey que entre los suyos hay un miembro indigno. Hasta aquí llegó el nivel. El padre fundador engañó a Hacienda durante 23 años, pero era sólo un delincuente, nunca se le pudo suponer la estolidez que exudan sus herederos biológicos y políticos.

A ver, Pedro, ¿tú sabes lo que es un Estado? No, pero sí sabe que prefiere la compañía de Puigdemont o de Iglesias, incluso la de Bildu, a la del PP. El caso es que le ayuden a mandar en lo que el gran Luis Ciges llamaba con soberbio calembur la descojo-nación. No importará lo que le quede de España; su ambición mezquina se conformará con ese trozo.

El golpe de Estado
Vicente Torres Periodista Digital 26 Mayo 2017

Se sabe cómo empiezan las cosas, pero no cómo acaban. El desafío del gobierno catalán, que lo ha hecho sin tener en cuenta la voluntad de los catalanes y si se sigue escarbando se ve claramente que los partidarios de la secesión eran muy pocos en años anteriores y sólo la dejadez de los anteriores presidentes de España ha permitido que siga creciendo, ha surgido como consecuencia de una serie de disparates enormes y perjudica a todos, pero principalmente a los catalanes.

Los nacionalistas no pueden presumir de haber hecho nada bueno, porque no han hecho más que maldades y han dado motivo a que se cometan otras. Todo el mundo entiende que si no hubieran existido los partidos nacionalistas tampoco lo habría hecho el terrorismo, en el caso de España, obviamente.

Todo el mundo espera que Mariano Rajoy haga algo, pero quien sí habría hecho es Rosa Díez y no la votaron, así que el deseo de que el gobierno tome la iniciativa tampoco es tan grande. No se tuvo en cuenta para votar.

Por su parte, el presidente del gobierno tiene una gran capacidad para quedarse quieto, pero antes de criticarlo por eso hay que fijarse en el resto de los componentes de la Casta, comenzando por el coletas y observar su afinidad con los etarras. Rajoy no puede pretender de ningún modo que el coletas le apoye, por muy beneficiosa que sea para los españoles la acción que pretenda llevar a cabo. Luego está el guaperas, que ha retornado a la Secretaría General del PSOE, cuyo ideario, según advirtió el propio Alfonso Guerra, consiste en el odio al PP. Si el partido socialista tuviera una actitud clara e inequívoca en este sentido, Rajoy no tendría más remedio que actuar, pero no habría tenido necesidad de hacerlo porque los secesionistas son sinvergüenzas pero no tontos y no se habrían atrevido. Claro que si el PSOE tuviera una actitud correcta en este caso habría sido Susana Díaz quien ganara las primarias. Y queda Riverita, pero ya no hay espacio para él.

Carta de una vaca a Rajoy
JORGE BUSTOS El Mundo 26 Mayo 2017

Estimado presidente:
Me presento. Soy una vaca sin papeles, me llamo 'Margarita' y le escribo desde el corredor de la muerte de las vacas. Como aficionado a los refranes sabrá que uno no es de donde nace sino de donde pace, y yo he pacido toda mi vida en Cataluña. Sin embargo, a ojos de la Generalitat no soy lo suficientemente catalana como para seguir viva: carezco de una trazabilidad clara, al parecer. Represento un peligro para la salud de mis conciudadanos, que no deben mezclarse con especies no homologadas. Yo no sé a qué le suena todo esto, pero a mí desde luego me recuerda a Himmler, aunque él al menos ponía mucho cuidado al entrar en casa cuando regresaba tarde del trabajo para no despertar a su canario.

Concernida por la delicada situación en que me encuentro, comprenderá que haya seguido con el máximo interés el intercambio epistolar que usted ha protagonizado con mi president, el señor Puigdemont. Hablan ustedes de soberanía, de voluntad de entendimiento, de responsabilidad institucional; pues bien, apelo a mi condición de bóvido residente en un Estado de Derecho para terciar con intención constructiva en la disputa. Porque mi caso puede ser el de muchos, y mi vida está en manos del Govern como la de todas mis paisanas.

Invoco su Galicia natal, rica en pastos, donde tengo buenas y numerosas amigas. Si usted alcanzó a emocionarse en un campo de alcachofas, que ni sienten ni padecen, ¿no será capaz de apiadarse de una vaca a la que se le niega, no ya la ciudadanía, sino la misma vida? No se me imputa fraude fiscal, pues la esquila me delataría si me aventurase más allá de la frontera con Andorra. Se me acusa, como a tantos, de no ser una buena catalana, una catalana perfectamente trazable. Soy pues víctima del peor de los especismos, que es el nacionalismo, y a esta injusticia general se le añaden varios agravantes: el machismo, porque me gustaría ver si se atreven con un toro; la discriminación lingüística, porque no sé mugir en catalán; y el animalismo singularmente obtuso de esos funcionarios empeñados en comportarse como acémilas estabuladas en la cadena de un poder inicuo. "Cataluña es un paraíso para nosotros", decían. "Incluso han prohibido las corridas", decían. Que las repongan. Prefiero ver a mi marido toreado en una plaza, donde goza de una oportunidad de vengarse de la torpeza.

En las horas de debilidad me consuelan los veganos, que me pasan la mano por el lomo y me atiborran de hierba. Pero yo nunca he sido una vaca antisistema: yo creo en el capitalismo y en las instituciones, cuyas garantías son más sólidas que la empatía cuqui. Esta gente es de una cursilería atroz, presidente. Al próximo perroflauta que me pida un selfi lo empitono. Yo quiero ser tema de debate en el Consejo de Ministros, que es donde se deciden los indultos.

Soy una vaca catalana, señor Rajoy. Pero sobre todo soy una vaca española. Y por española, europea. Como tal exijo ser tratada. Le confieso mi alivio cuando devuelve a los cabestros del Parlament al toril constitucional. No me abandone a su capricho. Sobre todo no me traslade a Andalucía, donde tengo entendido que asan a las vacas con el dinero robado a los parados.

Me despido con una advertencia a mis congéneres. Que mi sacrificio, si ha de llegar, no sea en vano. Si nos sacrifican como vacas será por no saber comportarnos como ciudadanos. Por mirar el Procés como las vacas ven pasar los (choques de) trenes.

Bravamente suya, Margarita.

Verdades de mentira en TV3
Antonio Robles Libertad Digital 26 Mayo 2017

TV3 acaba de abordar el fenómeno de la posverdad, es decir, la difusión y manipulación de informaciones falsas como si fueran verdaderas creando una inseguridad cognitiva corrosiva. En ella, la verdad y la mentira dejan de tener referencias inmediatas con los hechos comprobables y pierden su función. La irrupción de las RRSS y la creciente frivolización de los medios audiovisuales han sido el caldo de cultivo y el medio para hacerlas virales.

No hay mayor impostura que la indecencia vestida de virtud. Y TV3 la ha mostrado al desnudo con la emisión del programa Veritats de mentida. Pareciera que el análisis y la crítica dedicados a las falsas noticias, a las verdades engañosas, medias verdades o verdades de mentira no fueran con TV3 o con la Cataluña nacionalista. Eso sí, como hay que demostrar neutralidad en la información, la simulan con la aparición fugaz de Pujol y su mujer en la portada del programa. Visto y no visto, y después de ellos, impunidad. Así se justificaba el vaciado total de las posverdades del espacio catalán de comunicación que han sido y son claves para construir el imaginario independentista.

Por ejemplo, muestran la asistencia de público a las tomas de posesión del presidente Trump y el presidente Obama y la manipulación de las imágenes que el equipo de Trump mostró para demostrar que su toma de posesión tuvo más seguidores. Las imágenes aéreas posteriores demuestran la posverdad. Sin embargo, el programa de TV3 obvió las innumerables verdades de mentira de la prensa nacionalista multiplicando por tres, cuatro o cinco veces el número de asistentes a sus manifestaciones secesionistas. Posverdad que ha logrado imponer como normales cifras de dos millones de personas en espacios donde a duras penas caben 400.000. La evidencia la tenían a mano, era construcción suya, pero prefirieron ignorarla.

Idéntica amnesia tuvieron cuando prefirieron mostrar las mentiras económicas del exalcalde de Londres Boris Johnson durante la campaña a favor del Brexit, en lugar de mostrar la campaña de España nos roba del nacionalismo catalán. "Cada semana envían 350 millones de libras a Bruselas; dediquémoslo a la sanidad pública", decían para encabronar a los británicos contra la UE. La misma denuncia de expolio fiscal que utilizan los nacionalistas para soliviantar a los catalanes contra España. No era verdad, pero, tal como reconoció después del referéndum el líder euroescéptico, la mentira iba bien para que calara en el opinión pública. Idéntica utilización del victimismo. Con una diferencia: prefirieron mostrar las vergüenzas de los euroescépticos ingleses que la vergüenza propia del expolio fiscal. Artur Más y Junqueras nos han bombardeado amparados en los medios del régimen con la gansada de que Cataluña podría disponer de unos 16.000 millones de euros adicionales cada año si las balanzas fiscales no estuvieran al servicio del expolio fiscal de Cataluña o tuviéramos el tope de solidaridad entre regiones de un 4,5%, como en Alemania. Las dos cosas son falsas. Con ese dinero que "España nos roba" –encizañan– se podrían prestar nuevos servicios, evitar recortes y reducir la deuda. En buena medida, esta posverdad desenmascarada por Josep Borrell en Las cuentas y los cuentos de la independencia ha activado el egoísmo más primario de la gente para engrosar las filas del independentismo. El rosario de posverdades es infinito: una sentencia del Tribunal de La Haya que el juez Vidal difundió siendo falsa y las Raholas de turno convirtieron en viral, mil sandeces históricas que convirtieron en catalanes a Santa Teresa de Jesús, Leonardo da Vinci y Colón en la misma tacada, etc. Pero no echaron mano de ellas, porque en realidad TV3 y el procès son la encarnación de la posverdad.

Es preocupante el grado de sectarismo del espacio catalán de comunicación. Si la posverdad se nutre de las RRSS y ya hay millones de personas que toman por realidad la posverdad de internet en lugar de atenerse al principio de causalidad de la realidad empírica, en Cataluña el ensimismamiento nacionalista ha generado una realidad legal paralela que ha roto por completo con el pulso de la realidad.

Esa extraña patología de Puigdemont y sus clones empecinándose en vivir en una realidad paralela a la legal tiene un reflejo en el efecto que los algoritmos provocan en los usuarios de las RRSS al quedar atrapados como insectos en sus propios deseos e intereses. El algoritmo en Facebook es una herramienta estadística que descubre patrones para ofrecerlos a las tendencias de los usuarios. Cuanto más cerrado sea el recinto mental del usuario, más rodeado estará de sí mismo; es decir, de aquello que él mismo y su entorno han provocado. Algo así está provocando este bucle de gente atrapada por sus propios delirios.

P. D. Posverdad a la catalana: un golpe de Estado de diseño. La naturaleza de la posverdad más sucia. Porque está hecha de mentiras camufladas por una rebelión estética, joven, deportiva, que aporte buena conciencia. Un asco, nunca el fascismo fue tan taimado. A un golpe de clic.

Guía para no perderse en el caos del modelo educativo valenciano
La paralización judicial se produce en pleno proceso de admisión del alumnado. Explicamos las consecuencias clave de la medida.
Lorena Ortega elespanol 26 Mayo 2017

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana ha suspendido de forma cautelar el decreto de plurilingüismo valenciano que está previsto implantarse en los colegios a partir del próximo curso.

La suspensión no es firme, el gobierno valenciano lo va a recurrir, pero la paralización puede entorpecer las matriculaciones porque se produce en pleno proceso de solicitud de admisión del alumnado.

Aquí explicamos las claves de las consecuencias de la decisión judicial sobre el modelo lingüístico educativo de la Comunidad Valenciana.
¿En qué afecta la suspensión?

La hoja de ruta del gobierno valenciano establece que el decreto de plurilingüismo se tiene que implantar en el curso 2017/2018 para los niveles de Infantil (de 3 a 5 años). Cada centro educativo ha elegido ya el nivel lingüístico que va a aplicar a partir de septiembre. El decreto paralizado supone cambiar el sistema vigente hasta ahora y en el que se podía escoger entre estudiar en línea en castellano o en línea en valenciano en el mismo centro (en la práctica, supeditado a las plazas disponibles y con centros con solo una línea) a una única opción por cada centro.

Los colegios han elegido ya el nivel de plurilingüismo para Infantil. Los niveles van desde estudiar todo en castellano –salvo las asignaturas de valenciano e inglés- a estudiarlo prácticamente todo en la lengua propia valenciana. A más valenciano se introduce también más inglés hasta el punto de terminar la escolarización no universitaria con acreditación en idiomas. Más de la mitad de los centros han elegido niveles avanzados de valenciano dando un vuelco a la actual situación en la que un 34% de las escuelas tenían línea en valenciano.

La suspensión se produce en pleno proceso de admisión, así que los padres se pueden encontrar con casos en los que opten por un centro por un nivel determinado de plurilingüismo que finalmente no pueda ser aplicado.
¿Qué está recomendando la Consejería de Educación y las AMPA?

La Consejería de Educación que dirige Vicent Marzà (Compromís) defiende que la suspensión cautelar no es firme y que van a presentar recurso. Tiene cinco días de plazo para hacerlo. Este departamento sostiene que el decreto ha pasado varios filtros jurídicos y que la suspensión no afecta al proceso de admisión del alumnado. Así que, lo que se está trasladando, también por parte de la asociación de padres mayoritaria en la Comunidad Valenciana, la Gonzalo Anaya, es que las solicitudes de centro se hagan como se tenía previsto.

La presentación de solicitudes finaliza el próximo lunes, antes de que acabe el plazo para que el Consell recurra y, por tanto, antes de que el TSJ haga firme la suspensión o la levante despejando el proceso de matriculación. Por ello, desde la Confederación Valenciana de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (COVAPA), la segunda con más representación en la Comunidad Valenciana pero la de mayor implantación en la provincia de Alicante (donde el decreto ha despertado mayor contestación social), piden que se amplíe el proceso de matriculación o se inicie un nuevo proceso. “Hay familias que tienen a un hijo en un centro y que han elegido otro centro para otro hijo porque se adecúa más a su proyecto lingüístico, las familias tienen que tener tiempo de rectificar si la suspensión prosigue”, dice el presidente, Ramón López.

El lunes acaba el plazo para que los padres soliciten centro, aunque el plazo de matriculación oficial no arranca hasta el 20 de junio.
¿Qué pasa si el centro no puede aplicar finalmente el nivel lingüístico elegido?

Entre las principales dudas de los padres está la de saber qué pasará si finalmente la suspensión sigue vigente para el inicio del curso que viene y han optado por un colegio específico para sus hijos únicamente porque la escolarización se hará en el nivel lingüístico que quieren para ellos. Por ejemplo, si habían elegido el más avanzado en valenciano y no se puede aplicar. O si han optado por un centro distinto al de los hermanos solo por el nivel lingüístico.

En este caso, Marius Fullana, el presidente de la Confederación Gonzalo Anaya (la mayoritaria en la Comunidad Valenciana con 1.100 AMPA, que ha defendido los niveles avanzados de valenciano), sostiene que los padres pueden cambiar de centro a posteriori, tal y como se hace ahora con casos puntuales. El problema es si esto se produce de forma mayoritaria la magnitud de este supuesto implicaría la necesidad de más medios. Lo mismo que puede ocurrir, dice Fullana, si la suspensión sigue vigente y hay que volver atrás en su implantación. “Volver atrás significa mucho cambio, puede implicar retrasos en otros procesos como el banco de libros, solicitudes de comedor, etc”, apunta.
¿Qué plan B maneja Educación si no se levanta la suspensión antes del inicio del curso?

Desde la Consejería aseguran que, por el momento, no contemplan este supuesto. De hecho, sostienen que la medida cautelar de suspensión del decreto “no afecta al proceso de admisión” que finaliza el próximo 29 de mayo.

“Este proceso continúa exactamente igual y con total normalidad”, han afirmado. Las asociaciones de padres sí están recibiendo consultas de padres preocupados con la paralización del plan lingüístico.
 


 


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