AGLI Recortes de Prensa   Domingo 28  Mayo 2017

Pedro-Ché Sánchez-Iceta: crear 1, 2, 3… 17 PSC
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 28 Mayo 2017

El siniestro asesino, redomado ignorante y homófobo patológico Ernesto Guevara, conocido como "el Che", puso de moda hace medio siglo, poco antes de que Fidel Castro lo secuestrara dos años y lo mandara a morir en Bolivia, una frase con enorme éxito mediático y estudiantil en la resaca del Mayo del 68: "para derrotar al imperialismo capitalista" -decía este sicario del imperialismo comunista- "hay que crear 1, 2, 3… ¡muchos Vietnam!". Así, con los números en vez de los ordinales, la imagen del apuesto desalmado argentino, alumbró la creación en América y Europa de decenas de grupos terroristas -respaldados por la URSS y Cuba desde la Conferencia Tricontinental de La Habana- cuyo fin era el de empantanar, por cantidad si no por calidad militar, en muchas guerras pequeñas a las débiles democracias occidentales, con los USA a la cabeza, cuyos ejércitos caerían en unas rojas arenas movedizas que los engullirían para siempre.

Tigres de papel y leones de cartón
La década de los 70 puso a prueba esta teoría, que se saldó con la destrucción de muchas democracias en Iberoamérica, alguna tan antigua como la chilena, sustituidas por dictaduras militares que se mostraron más capaces de derrotar a las guerrillas urbanas o campesinas comunistas que las estructuras, a menudo corrompidas, del Estado de Derecho. Junto a las guerrillas de inspiración guevarista, desaparecieron, sin embargo, cientos de miles de vidas y la idea de que cabe defender juntas libertad y seguridad. Las guerrillas maoístas -las más importantes, la camboyana de los jemeres rojos y la peruana de Sendero Luminoso- y trotskistas -esos stalinistas sin suerte- formaron parte, de hecho, del mismo foquismo guevarista, un caos de guerrillas y contraguerrillas en el que naufragaba el Estado de Derecho y que en Nicaragua llegó al poder con los sandinistas y en el Salvador estuvo a punto de lograrlo con el Frente Farabundo Martí, ambos legitimados por el centón de curas guerrilleros -y asesinos- de la Teología de la Liberación.

Pero ni el imperialismo capitalista era, como dijo Mao, un "tigre de papel", ni los imitadores a la vietnamita del Che pasaron de gatos de cartón. Destruyeron países enteros en la década de los 70, claramente roja, pero la de los 80, nítidamente azul, acabó en la caída del Muro, que alumbró un escenario terrible: pobreza, terror y mentira. Eso era el "socialismo real", o sea, el comunismo.

Hago este excurso porque, casi veinte años después de la caída del Muro, un partido comunista que desprecia el eurocomunismo del PCI y el PCE de los 70 -que tanto ayudó a la llegada de la democracia a España- y que ha vuelto a la sanguinaria vía del Che, los Castro, Chávez y las FARC, tiene tres veces más apoyo electoral que el de Carrillo y Tamames de 1977 y está en condiciones de fagocitar al PSOE, como quiso desde 1934 y logró en 1936, para convertirlo en cómplice de un proyecto dictatorial comunista, con la ayuda, igual que entonces, de los separatistas catalanes y vascos.

De Largo Caballero a los hijos de Zapatero
Pero hay una diferencia esencial entre aquel proyecto totalitario del PSOE de Largo Caballero y Prieto para la bolchevización del PSOE que acabó fatalmente en la Guerra Civil y el nuevo proyecto para liquidar el régimen constitucional, ayer republicano, hoy monárquico, que pone en marcha el PSOE de Zapatero en 2004 -sin un Besteiro enfrente- y que desemboca en dos ramas: Podemos y el PSOE de Sánchez. El problema esencial de España no es hoy de carácter social sino nacional, y el arma para asaltar el poder no es la dictadura del proletariado sino la liquidación de la soberanía nacional mediante el pacto de la Izquierda y el separatismo.

Durante la II República, los comunistas y socialistas catalanes siguieron el modelo de Lenin y Stalin para desestabilizar Rusia y cualquier país europeo: convertir la lucha de clases en guerra civil y apoyar todos los movimientos nacionalistas que debilitan internamente al Estado. Y eso es lo que hacen Maurín con su organización catalano-balear flanqueando el PCE y más tarde el PSUC: unir a la lucha revolucionaria y guerracivilista propiamente comunista los sectores más radicales del separatismo catalán.

Stalin, el genocida bolchevique de su Georgia natal por ser el único Estado de abrumadora hegemonía menchevique, tenía por los derechos de las nacionalidades sin Estado el mismo respeto que por las que sí tenían Estado: ninguno. Era una forma de dividir al enemigo para luego recuperar los fragmentos y unirlos bajo su férula. El problema en Cataluña y, todavía más, en el País Vasco, era que el separatismo antiespañol tenía una fuerte raíz conservadora y católica, que odiaba al liberalismo casi tanto como al socialismo. El único lazo era el magma revolucionario de la CNT -Companys había sido abogado de su brazo terrorista, los pistoleros de la FAI- pero nunca cuajó en un movimiento unitario, ni antes ni durante la Guerra Civil. De hecho, como ridiculiza Azaña en sus Memorias y La Velada en Benicarló, el Eje Bilbao-Barcelona o Aguirre-Companys fue una de las claves de la desunión del Gobierno del Frente Popular. Por cierto, cuidadosamente ocultada tras el franquismo.

La otra, más conocida, fue la hegemonía comunista, gracias a los soviéticos, en el Ejército Popular, que no pudo cambiar el signo de la guerra, favorable al bando nacional pese a su débil posición inicial, pero sí concitó tal animadversión entre los demás partidos que ni siquiera Negrín pudo fusionar el PCE y el PSOE y acabó siendo derrocado por el Golpe de Casado, con el socialista Besteiro y el anarquista Cipriano Mera como jefes político y militar, dispuestos a rendirse antes que seguir sacrificando, sólo al servicio de Stalin, a miles de jóvenes españoles en una guerra ya perdida.

La izquierda catalana y el separatismo
Hoy, la 'democracia de nuevo tipo', como llamaban los comunistas al régimen que podía salir de la guerra, no tiene una izquierda hegemónica y unos separatistas de complemento, sino al revés. El factor desestabilizador es el separatismo, el vasco hasta final de 2011 -mayoría absoluta del PP- y desde 2012, el catalán. Pero cuando el PSUC se sumó al nacionalismo -el pujolismo-leninismo-, el PSC se hizo siervo de Pujol y ERC. Y es el PSC el que domina el PSOE y la Izquierda en general, colocando a Zapatero contra Bono y Rosa Díez en 2002 y ahora a Sánchez frente a Susana Díaz.

Zapatero lo agradeció con el Estatuto de Cataluña, base de la deriva radical de Convergencia; y Sánchez asumiendo el plan del PSC de Iceta de la "plurinacionalidad" de España, que es liquidar el régimen constitucional por otro dizque "federal" o "abierto", o sea, un caos abocado a la violencia. Para ello, el PSOE debe convertirse en el PSC y 16 'pesecitos', uno por autonomía. Y eso es lo que hará Sánchez y aplaude Iceta, que ayer en ABC disimulaba presentándose como enemigo del nacionalismo. Si lo es, ¿por qué no reforzar el Estado central en vez de disolverlo en 17 soberanías?

La estrategia del PSOE-PSC de Sánchez-Iceta es la misma que la de Podemos: reforzar al nacionalismo para echar al PP y llegar al Poder con un Proyecto Constituyente para "perfeccionar" la Carta Magna de 1978, en realidad para acabar con España y la Libertad. Eso supondrá disolver el PSOE en 17 taifas y entregar el proceso constituyente a Podemos. Porque, la verdad, para evitar el negro fin del anticristo boliviano, yo veo mejor preparado a 'Chepas' Iglesias que a Pedro-Ché Sánchez-Iceta. Perderá su Moción pero le han entregado la Nación.

La auténtica corrupción española
Nuestro problema no es que tengamos personas corruptas en cargos públicos, es que estamos inmersos en un sistema corrupto y no se ve que ningún partido político esté dispuesto a llevar en su programa electoral acabar con todas esas lacras.
Joaquín Osuna Costa vozpopuli.es 28 Mayo 2017

Con la erradicación de la corrupción consistente el cobro de comisiones para financiar Partidos o simplemente enriquecerse, tampoco íbamos a mejorar mucho, en el mejor de los casos se abaratarán las obras públicas en un 5%. Bienvenido sea, pero así tampoco saldremos de pobres. Tenemos tanta tradición desde la picaresca, estamos tan corruptos, que nos hemos olvidado de lo que significa la misma palabra corrupción.

En efecto, hay corrupción cuando alguien más o menos burdamente roba caudales públicos, pero también es corrupción crear, supongamos que vigilando los presupuestos, cosa que tampoco suele suceder, un servicio o instalación pública –polideportivo, aeropuerto, palacio de congresos, etc.– que nadie demanda ni va a usar, o abusar de la libre designación para crear centenares de cargos de asesor de cualquier autoridad, o poner al frente de algún organismo o empresa públicos a un perfecto incompetente, aunque honrado y buen padre de familia, sin más méritos para desempeñar su cargo que su afiliación a un Partido o central sindical, de manera que en estos últimos años, en los que las empresas han debido efectuar ajustes de caballo que han implicado una inmensa destrucción de puestos de trabajo, el sector político no haya hecho sino crecer en número y prebendas, mantener un Senado absolutamente inútil para utilizarlo como cementerio de políticos acabados, permitir que los mismos diputados que aprobaron la rebaja de sueldos de los funcionario, aprobasen UNÁNIMEMENTE que esa rebaja no debía aplicarse a sus propias retribuciones y asumir que en España haya más coches oficiales que en Estados Unidos y financiar con fondos públicos a Partidos Políticos, Sindicatos y Asociaciones Patronales, que agradecen el detalle con el mayor de los oscurantismos en su contabilidad, lenta e ineficazmente auditada por el Tribunal de Cuentas, y que no sepamos cuántos préstamos concedidos por Bancos y extintas Cajas de Ahorros a los Partidos políticos no han sido pagados ni siquiera reclamados.

Corrupción es limitar, alegando control del gasto, las convocatorias de oposiciones para funcionarios de carrera, para luego contratar interinos a dedo, incluso para cargos tan importantes como jueces, según criterios de pura amistad, a los que luego se hace fijos por procedimientos de promoción interna mucho menos transparentes.

Corrupción es llevar a cabo una política fiscal basada en el principio de suficencia de ingresos abandonando el principio de justicia, por ejemplo duplicando el tipo del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales para compensar en su recaudación el hecho de que se hayan reducido a la mitad el número de compraventas de inmuebles o eliminando el factor corrector de la inflación a la hora de calcular plusvalías en el Impuesto sobre la Renta, o la mera existencia de los impuestos de Patrimonio y Sucesiones que son el ejemplo clásico de doble imposición confiscatoria, también la irresponsabilidad con la que la Administración, por sí y ante sí, establece valoraciones arbitrarias para bienes y derechos sobre las que se giran impuestos, valoraciones que luego no son admitidas por ella ni siquiera como garantía a efectos de un posible aplazamiento de la deuda tributaria. Y eso tiene un fácil remedio: establecer que la Administración esté obligada a adquirir del sujeto pasivo esos bienes por un importe equivalente por ejemplo al 85% de la valoración estimada administrativamente.

Corrupción es liquidar un impuesto a sabiendas que esa liquidación será anulada en caso de recurso pensando que ese recurso no se producirá porque su costo es superior a la cantidad liquidada, y corrupción es no aceptar a trámite una querella por prevaricación contra el funcionario que procede así.

Corrupción es sectorizar fiscalmente la Economía Española estableciendo disparidades entre diferentes Comunidades Autónomas que no hacen sino crear agravios comparativos y utilizar la educación para adoctrinar más que para formar, llegando incluso a falsear nuestra historia.

Corrupción es contemplar una Justicia que usa diferentes varas de medir según quien sea el encausado, consecuencia de que un Poder, el Judicial, dejó de ser independiente en cuanto sus órganos rectores se politizaron, mantener un elevadísimo número de aforados, detener a alguien arbitrariamente filtrando esa detención a medios periodísticos y audiovisuales para luego poner en libertad sin cargos a los detenidos y no informar de las puestas en libertad con el mismo detalle con que se informa de esas detenciones injustificadas y filtrar acusaciones antes de que ningún juez se haya pronunciado sobre ellas o sumarios teóricamente secretos y que no se exijan responsabilidades por esas detenciones arbitrarias ni por esas filtraciones.

Corrupción es que los funcionaros desempeñen su labor con dedicación muy inferior a los empleados en una empresa privada y la falta de educación y cortesía con la que la Administración se dirige a los administrados. Véase por ejemplo la prosa de cualquier escrito de la Agencia Tributaria.

Corrupción es cambiar las reglas de juego a mitad de partido condenando a la indigencia a proyectos empresariales de largo período de maduración como son las compañías de energías renovables, hacer frente por la Hacienda Estatal a la amortización de Deuda emitida por Comunidades Autónomas sin el aval del Estado, aunque eso, además, es estupidez, porque si se hubiera emitido con ese aval se hubiera colocado a mejores precios y quizás no hubiera sido necesario su rescate.

Corrupción es intervenir a cencerros tapados en los nombramientos de la alta dirección de las empresas privadas, en especial si son periodísticas y ayudar o no económicamente a empresas en crisis según cuáles sean sus relaciones con el Poder.

En definitiva, resumiendo, hay dos tipos de corrupción, corrupción económica, hacer las cuentas al revés, buscando ingresos para cubrir unos gastos que, nadie sabe por qué, deben ser siempre crecientes y Corrupción social, odiar e impedir la existencia de un tejido social fuerte, de una sociedad civil estructurada y de unos cuerpos de la Administración independientes, capaces, todos ellos, de hacer frente a los déspotas.

Y esas dos se pueden volver a resumir en una, la corrupción sistémica, actuar sin aplicar, el dogma básico de que en la obtención y gasto de los fondos públicos, todo lo que no sea Justicia, Control y Austeridad es Corrupción.

Su coste es tan enorme que hace que la corrupción que sí parece que se está empezando a combatir, sea el chocolate del loro. Nuestro problema no es que tengamos personas corruptas en cargos públicos, es que estamos inmersos en un sistema corrupto y no se ve que ningún partido político esté dispuesto a llevar en su programa electoral acabar con todas esas lacras, parece que a nuestros políticos, si han de ser honestos, no les merece la pena dedicarse al “servicio público”.

Aquí se entra en política sin ninguna experiencia, ni valía posiblemente, para triunfar en cualquier otra actividad, el político español tipo nunca trabajó en otra cosa ni tampoco tuvo a su cargo nómina alguna y, sin embargo, cuando deja el cargo es inmediatamente contratado por grandes empresas para consejos o cargos a veces inventados ad hoc, en un procedimiento de puerta giratoria que es el ejemplo supremo de corrupción: pago de servicios prestados y/o búsqueda de mediación en corrupciones futuras.

Así nos va y posiblemente nos irá

El “proyecto Boumedienne” o la conquista musulmana de Europa
Yolanda Couceiro Morín  latribunadelpaisvasco.com 28 Mayo 2017

Quizá la forma de empezar este artículo sería con un "érase una vez". Érase una vez un hombre que en 1974 hizo una predicción. Una predicción terrible, amenazadora. Seguro que ya la conocen muchos. Nuestros políticos no se lo han tomado en serio y han permitido una invasión masiva de inmigrantes musulmanes que, una vez en Europa, han comenzado a hacerla realidad.

Dije “predicción” y no “profecía” porque no son lo mismo. La predicción es una afirmación que se utiliza para reforzar una teoría de acuerdo a un proceso lógico. Es anunciar algo que va a suceder. La predicción es un método muy usado en ciencia, en base a una serie de datos se predice un resultado. Como por ejemplo, las previsiones demográficas. O las metereológicas. O las de tráfico. Todo ello son predicciones acordes a un razonamiento lógico. Hay muchos factores no controlables, claro, pero en general las predicciones se usan de modo continuo en diversas ciencias y campos.

La profecía en cambio no está ligada a un razonamiento ni a un proceso lógico. Su inspiración es de origen divino (supuesto o real, no es el caso discutir eso ahora). Por tanto, las profecías se cumplen, no cabe otra opción, ya que proceden de Dios. Al estar ligada a un origen divino, todas las religiones tienen profetas y profecías. Aunque el propio Jesús nos advirtió (Mt. 24) sobre los falsos profetas y los lobos vestidos como corderos, y como estamos avisados, nuestra obligación es ir alertando sobre esos falsos profetas.

Volviendo al tema anunciado al empezar estas líneas, decía que "érase una vez un hombre que hizo una predicción". El hombre se llamaba Boumedienne, y era el presidente de Argelia. Y ésta fue su predicción, que no profecía:

"Un día millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque comparecerán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria". (Houari Boumedienne, en la ONU, 1974).

40 años después, parece que es evidente que tenía razón. Hasta el líder libio Gadafi habló del tema diciendo en diversas ocasiones. Una: "Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas".

Otra: "Las estadísticas sobre el número de musulmanes que viven en Europa son inexactas, el número de musulmanes es superior al indicado en las estadísticas oficiales. Afortunadamente, los musulmanes se multiplican y su número crece mucho más rápidamente que el de otras religiones… Es sin duda la prueba de que Alá quiere que los musulmanes sean más numerosos que los demás".

Y otra más: "Tenemos 50 millones de musulmanes en Europa y hay señales de que Dios proclamará el Islam en Europa sin armas ni conquistas. Con el paso de los años, los 50 millones de musulmanes que viven en Europa transformarán Europa y la convertirán en un continente islámico. Dios ha dispuesto que una nación islámica, Turquía, se sume ahora a la Unión Europea. Esos 50 millones de musulmanes se multiplicarán y habrá 100 millones de musulmanes en Europa. Las estadísticas muestran que hay miles de mezquitas en Europa. Tenemos miles de organizaciones y sociedades islámicas en Europa (…) Tengo aquí algunas estadísticas. Hoy hay en Europa 50 millones de musulmanes, 14 000 mezquitas y centros islámicos y 1500 sociedades y organizaciones islámicas. Con el paso del tiempo, estas cifras no harán sino aumentar, además de las cifras correspondientes a Bosnia, Turquía y Albania. Por consiguiente, las palabras que Dios proclamó en el Corán se están convirtiendo en una realidad: "Él es Quien ha mandado a su enviado con la dirección y con la religión verdadera para que prevalezca sobre toda otra religión, a despecho de los paganos".

Las palabras de Gadafi en realidad eran previsiones, que él considera profecías para darle así un "toque" de cumplimiento. Pero pese a ser un poco caótico en su exposición, el fondo vale: la reproducción inclina la balanza a favor de los musulmanes. Ya está pasando en muchos sitios de Europa. Y he hablado de ello en numerosas ocasiones.

Sin embargo, no es ese sólo el problema. Es cierto que la demografía inclina la balanza. Pero si Occidente no hubiera caído en el pozo negro del relativismo, no habría que preocuparse. Tendríamos las ideas claras, y sabríamos ir poniendo freno a las exigencias islámicas. Pero no. Lo terriblemente triste es que hay muchos problemas añadidos: el "todo vale" (que significa, a contrario, que "nada vale"), que incluye aceptar una cultura retrógrada, con leyes premedievales, que trata a las mujeres como a objetos; unos políticos vendidos y corruptos en su mayoría; una sociedad aborregada y aletargada que no para de hablar de integración y de diálogo con quienes vienen a arrebatarle su seguridad, su paz y el futuro de sus hijos y sus nietos; un montón de descerebrados de la tolerancia; legiones de subvencionados que, para seguir viviendo del cuento, no dudan en atacar las voces que se levantan contra la invasión. Así avanza esta ideología tan destructiva e intolerante.

Y eso nos lleva a concluir que el problema de fondo no es el islam. O mejor dicho, no es sólo el islam. El islam es una consecuencia del decaímiento de nuestras sociedades, es una enfermedad mortal que se ceba en un organismo débil y cansado, un virus que ha penetrado en un cuerpo enfermo y sin defensas.

El problema verdadero es la decadencia occidental, provocada por la renuncia a nuestros valores esenciales, culturales, religiosos, morales, que son los que dieron fundamento a Europa tal y como la conocimos. Los europeos que reniegan de sus tradiciones, de su cultura, de su fe, están contribuyendo a su aniquilación. Los pocos grupos identitarios que van surgiendo en seguida son tachados de nazis, xenófobos, racistas o cualquier otra estupidez similar. Por supuesto no porque lo sean, ya que la verdad no importa. Lo que importa es aniquilar la cultura europea. Como sea.

Pero el discurso falaz del "antirracismo" y el "antifascismo" terminará por ser ineficaz por el abuso deshonesto de que viene siendo objeto desde hace tiempo. El sistema de mentiras sobre el que se asienta el proyecto criminal de la destrucción de los pueblos europeos se está resquebrajando sobre sus cimientos podridos. La realidad termina por imponerse y la dictadura de lo políticamente correcto acabará por ser derrotada. Todo crimen se apoya en una mentira para mejor lograr su objetivo. La mentira ha sido desvelada. Queda ahora combatir el crimen.
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Entrevista
Santiago Trancón, del CINC: 'Es imprescindible aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña'
El filólogo, profesor y fundador del Centro Izquierda Nacional habla sobre la situación catalana
La Voz Libre 28 Mayo 2017

Madrid.- Filólogo, profesor, escritor y uno de los fundadores del Centro Izquierda Nacional (CINC), Santiago Trancón concede una entrevista a La Voz Libre en la que habla de la situación en Cataluña, de la urgencia de aplicar el artículo 155 y, por tanto, suspender la autonomía de la comunidad catalana, de los objetivos de su partido o de cuál sería la solución para frenar al separatismo.

Pregunta.- Hace unos meses, un grupo de expolíticos e intelectuales, entre los que se encuentra, lanzaron un nuevo partido, Centro Izquierda Nacional (CINC), ¿con qué objetivos nace esta formación?
Respuesta.- CINC nace con el propósito de crear un espacio desde la izquierda que defienda sin complejos la nación española, que crea en la España democrática como la mejor garantía de la unidad y la igualdad de todos los españoles, por encima de privilegios económicos, territoriales o de origen social. Queremos dignificar la política, desterrar de ella la corrupción, la mentira, el engaño y la manipulación de las conciencias. Queremos decir la verdad a unos ciudadanos libres y responsables, y eso pasa por alertarlos de los peligros del separatismo, el populismo, el izquierdismo adolescente y el abuso de una minoría poderosa que utiliza el poder sólo para su beneficio.

P.- ¿Cuál es su hoja de ruta como partido político? ¿Tienen pensado comenzar a competir electoralmente en próximos comicios?
R.- Hace año y medio que comenzamos a trabajar, y menos de un año que nos hemos legalizado e inscrito como partido. Durante este breve tiempo nos hemos extendido ya por toda España. Quienes se están acercando a nosotros son personas muy conscientes, preparadas y con gran capacidad crítica y política. Muchos hemos tenido antes experiencias relacionadas con la responsabilidad política, cultural o profesional. Van desde simpatizantes de Podemos a desencantados de Ciudadanos, UPyD y el PSOE, pero también muchas personas que nunca han estado afiliadas a ningún partido y que viven con gran preocupación la situación de nuestro país, el deterioro de los servicios públicos, el desmoronamiento del Estado, la deriva independentista, las desigualdades creadas por la mala organización y funcionamiento de las Autonomías. Vivimos un momento de crisis social, económica, política e ideológica profunda, y esto despierta la necesidad de organizarse para encarar problemas que nos afectan directamente. O participas en política o otros lo harán por ti. Así que el principal objetivo, antes de participar en las elecciones, es aumentar nuestro número de afiliados, que se nos conozca y rompamos la barrera del anonimato. La urgencia de presentarnos a las elecciones viene dada por la ausencia de una fuerza política como la nuestra en el ámbito nacional. Somos conscientes de ello, pero no queremos precipitarnos. Nuestro proyecto va en serio, no se trata de montar un chiringuito para satisfacer ambiciones personales, sino ofrecer a los españoles una esperanza, una organización políticamente ambiciosa, pero muy pragmática, que sirva desde el primer momento para algo, pero que no se deje llevar por la prisa o la improvisación. Tenemos ideas muy claras y queremos elaborarlas y transmitirlas con eficacia. Confiamos en la fuerza de las ideas y en la honestidad y limpieza de nuestro compromiso.

P.- Uno de los temas en los que más han incidido en estos meses desde su nacimiento es en defender la soberanía nacional, ¿qué soluciones proponen para frenar el desafío separatista catalán?
R.- Para ir al grano y sin rodeos: es imprescindible la aplicación inmediata del artículo 155 de la Constitución, con toda la prudencia, inteligencia y respeto a las instituciones públicas que se pueda, pero cortando de raíz la actual impunidad de los responsables de la Generalidad, la desobediencia, la provocación, la mentira, el engaño, el uso fraudulento del dinero público, la propaganda antiespañola, la utilización de los recursos y resortes del Estado para destruir el Estado y la democracia. Cuanto más se tarde en hacerlo será peor. La aplicación de la ley y el uso coactivo y punitivo del poder del Estado. Esto es hacer política activa, eso que tantos piden, que nada tiene que ver con lo que ahora vemos: claudicación, apaciguamiento inútil, dejación de obligaciones, abandono de la responsabilidad. El gobierno está no sólo cometiendo un error, sino posiblemente un delito, en la medida en que permite el incumplimiento sistemático de la ley y, además, no quiere controlar el dinero que envía a la Generalidad para impedir que lo emplee en la secesión y la sedición. Si algún día llegamos a gobernar, los actuales responsables del agravamiento de la situación deberían responder de su actual conducta. A la corrupción económica hay que añadir esta degradación y corrupción política. Gobierno y Parlamento tienen la clave para frenar el desafío. Y de paso, también la Monarquía. Dado que no es una institución meramente simbólica o protocolaria, también hemos de exigir al Rey que se comprometa con la defensa del orden constitucional que es el que ampara su legitimidad y la existencia misma de la Monarquía. Esto es lo inmediato; luego habría que realizar una labor de muchos años para revertir todo lo que el actual proceso ha impuesto y destruido, desde la enseñanza en la lengua materna a la libertad e independencia de los medios de comunicación. El daño hecho, si se logra evitar la ruptura, tardará varias décadas en repararse.

P.- ¿Cree que Puigdemont debería acudir al Congreso para explicar sus planes con el referéndum, tal y como le reclama el Gobierno?
R.- No, sería una tontería y una maniobra de dilación y confusión más. Ya ha tenido tiempo y todos los medios del mundo para explicarse. Y ya lo ha hecho de sobra. ¿Qué pasa, que sólo el Gobierno y los Diputados no se han enterado? A los antidemócratas, sediciosos, que están llevando a cabo un proceso golpista, ¿se les quiere reconocer simbólicamente legitimidad parlamentaria, permitirles que disfracen una vez más de democracia su desacato, su conspiración, su propósito de romper el orden constitucional? ¿Permitirles que expliquen solemnemente su plan para establecer en Cataluña una dictadora y un régimen totalitario?

P.- ¿Cuál es su pronóstico sobre el final de este entuerto? ¿Se celebrará finalmente el referéndum? ¿Habrá elecciones anticipadas?
R.- Yo nunca he hecho vaticinios sobre Cataluña, siempre me he limitado a constatar los hechos y a sacar las conclusiones más lógicas. El referéndum, si el Gobierno quiere, no se celebrará, pero para asegurarlo habría que entrar en la cabeza de Rajoy, que no es que sea muy complicada, es que casi toda ella está vacía. Ya sabemos lo difícil que es señalar un punto en el espacio vacío. Yo creo que en este momento no lo sabe ni él. Lo que sí sé es que los separatistas harán todo lo posible para celebrarlo, y si sí o si no, organizarán actos y mucho ruido para llamar la atención, un plan que tienen ya muy bien diseñado y que acaba de hacerse público, aunque el Gobierno ya lo debería saber, aunque si no lo sabía es que estamos en peores manos de lo que imaginamos, que también es posible. ¿Elecciones generales anticipadas? Parece muy difícil que esto aguante una legislatura normal. La deriva ultramontana de Sánchez lo hace más previsible.

P.- ¿Qué papel cree que debe jugar la izquierda de este país ante los nacionalismos?
R.- Oponerse a ellos, a su política, a su lenguaje, a su ideología, a sus planes, a todas sus marrullerías y engaños, con determinación y beligerancia, sin titubeos, sin miedo, sin buscar ningún apaño, apaciguamiento ni complacencia. La barrera es clara: nada con los antidemócratas, nada con quienes nos insultan y desprecian cada día, nada con quienes quieren destruir el Estado y la democracia, con quienes no aceptan la igualdad entre todos los españoles y quieren despojarnos de lo que hemos construido entre todos durante siglos. La izquierda es defensora de la igualdad y la dignidad de todos los trabajadores (sean asalariados, obreros, profesionales, funcionarios...) y no queremos que los trabajadores se dividan y dispersen, buscando por separado la defensa de sus intereses y derechos, troceando su unidad, como si no compartieran una misma condición y no necesitaran por igual servicios sociales, salarios dignos, pensiones aseguradas, protección del desempleo, educación y sanidad públicas, etc. ¿Qué ventaja tiene para los trabajadores territorializar sus necesidades y problemas, convirtiéndoles en defensores de los privilegios de minorías corruptas, que usan el nacionalismo para mejor dominarlos? Somos una izquierda moderada que quiere liberar a los trabajadores del engaño nacionalista, fortalecer la fraternidad y la solidaridad entre todos los españoles como la mejor forma de proteger sus derechos. La izquierda populista y el nuevo PSOE abandonan igualmente a la clase obrera, sólo saben explotar emocionalmente sus situación de desamparo y necesidad para alcanzar el poder. Nosotros nada tenemos que ver con esta izquierda.

P.- ¿Es España un Estado plurinacional, como defiende Pedro Sánchez?
R.- Ni lo es ni lo puede ser. Una tarta puedes dividirla en cinco trozos, pero el resultado no será nunca una "tarta de tartas", sino cinco trozos de tarta. La indigencia intelectual de Sánchez es pavorosa. Cree que un sintagma, por el mero hecho de que sea gramaticalmente posible, ya es semánticamente aceptable. No, eso de "nación de naciones" es una aberración y un imposible semántico. La prueba está en que nadie lo puede definir porque, entre otras razones, no existe en ningún lugar del mundo una "nación de naciones". Para que en España se convierta en varias naciones, lo primero que se necesita es que España como nación desaparezca. Eso es lo que no quieren decir ni explicar. Creo que, además de un poco lelos, son bastante cobardes.

P.- Como profesor que es, ¿cree que existe adoctrinamiento ideológico en las escuelas de Cataluña y otras comunidades?
R.- No se trata de una creencia, sino de un hecho empírico mostrarle, o sea, que no necesita demostración. La educación ha de ser una competencia exclusiva del Estado Nacional, ya se ha demostrado que dejarla en manos de los nacionalismos y regionalismos es una temeridad.

P.- ¿Cree que todos los Gobiernos han fallado en la defensa de los derechos lingüísticos en comunidades como Cataluña, Galicia o Baleares?
R.- Todos han hecho componendas, apaños, dejación de responsabilidades y, en el caso de los derechos lingüísticos, ignorarlos y permitir que los nacionalistas hayan impuesto un modelo único en el mundo de exclusión de la lengua materna mayoritaria en los colegios, de forma total en Cataluña y de forma progresiva en Galicia, el País Vasco, Valencia y Baleares. Es una situación intolerable que debe acabar, pero para ello los nacionalistas deben ser derrotados y todas las mentes contaminadas (las hay también en el PP) dejen paso personas que, como nosotros, tengan muy claro donde empiezan y acaban los derechos, las imposiciones y los privilegios inaceptables.

P.- Usted tuvo un breve paso por la política, como director de Promoción Cultural de Castilla y León entre 1984 y 1988, ¿qué opina de la gestión del actual Gobierno en materia cultural?
R.- No existe ni política ni gestión cultural. Este es uno de los mayores desastres de este Gobierno que, no por invisible, por quedar oscurecido por los otros muchos problemas, deja de ser menos catastrófico. Nosotros estamos elaborando un riguroso Plan Nacional Cultural para impulsar seriamente la cultura en todas sus manifestaciones, desde la creación artística a la protección del patrimonio, de la importancia del libro (literatura, reflexión, investigación, ciencia...) a la potenciación de una RTV pública de calidad e independiente. La desorientación, la confusión, la banalización y degradación de la cultura está llegando a límites inconcebibles. La cultura oficial no sabe dónde está ni lo que hace. Por ejemplo, acaban de otorgarle el Premio Princesa de Asturias a la Hispanic Society, una institución privada que ha llevado a cabo un verdadero expolio de nuestro patrimonio cultural. Para defender nuestra cultura necesitamos recuperar la autoestima, el conocimiento de lo que fuimos y de todo lo que podemos seguir siendo y haciendo juntos.

La bomba del atentado de Mánchester y el 11-M
Carlos Sánchez de Rodaelespanol 28 Mayo 2017

El reciente y terrible atentado terrorista de Mánchester nos da nuevos argumentos para dudar de la versión judicial y oficialmente policial del 11-M.

EL ESPAÑOL describe los datos conocidos sobre la naturaleza del artefacto que ha explotado en Mánchester. Y hay dos aspectos muy relevantes en esa descripción del artefacto. En primer lugar, se dice:

“En el Arena se han encontrado tuercas y tornillos metálicos que habrían ayudado a ampliar los efectos de la explosión y además se ha hallado metralla que penetró en las puertas de metal y que dejaron daños profundos en las paredes.

Las investigaciones revelan que se trató de una carga potente, que explotó a alta velocidad y cuya metralla fue colocada de forma cuidadosa y uniforme, según relata el periódico estadounidense”.

Es decir, de nuevo, y tal y como ocurrió en los atentados de San Petersburgo y Dortmund, ha vuelto a recogerse metralla en el lugar del atentado, lo que ha permitido determinar su presencia como componente de la bomba utilizada. Para no extenderme de forma innecesaria, no voy a repetir ahora lo que ya escribí en relación con esos dos atentados en relación con la metralla.


Baste con recordar que en el 11-M no se recogió prácticamente metralla alguna en el lugar del atentado; que en las actas de las inspecciones oculares realizadas por la Policía Científica, el mismo día 11 de marzo, no hay ninguna referencia a la existencia de metralla en los trenes; que cuando el juez pidió comparar la metralla encontrada por la Guardia Civil en Mina Conchita con las de los trenes, tan sólo se utilizó un clavo recogido en Téllez, al parecer no había más metralla que comparar, y quizás lo más importante, que la doctora Baladía, que dirigió las autopsias de las víctimas, declaró judicialmente y bajo juramento que en los cuerpos de las víctimas no había ni clavos ni tornillos. Y con tales antecedentes, la verdad judicial afirma que las bombas eran iguales a la de la mochila encontrada en la comisaría de Vallecas, mochila que nadie vio en los trenes y que, al parecer, contenía 640 gramos de clavos y tornillos. Esta misma tesis se puede leer en otros artículos publicados en EL ESPAÑOL.

Así pues, los datos hasta ahora conocidos del artefacto de Mánchester, me reafirman en lo ya escrito en relación con otros atentados: cuando las bombas van cargadas de metralla ésta es inmediatamente detectada. Si en el 11-M no se encontró metralla es porque sus bombas no la contenían, por lo que no se pueden asimilar a la mochila aparecida en la comisaría de Vallecas.

Pero en el caso de Mánchester hay otro elemento muy importante que hay que tener en cuenta. Según dice la noticia de EL ESPAÑOL:

"Las autoridades además han encontrado una batería de plomo de 2,1 amperios, una de las más poderosas que se suelen utilizar en este tipo de explosivo caseros. Estas baterías son usadas habitualmente en iluminaciones de emergencias y pueden adquirirse por menos de 18 euros.

El dispositivo que llevaba el terrorista en la mano izquierda no es un elemento habitual en los suicidas. Los expertos creen que puede ser un interruptor o un temporizador y hasta un receptor que podría haber sido activado de forma remota a través de la señal de radio".

Se han encontrado, por lo tanto, algunos de los componentes del artefacto, e incluso se incluye alguna fotografía. Y eso ocurre con una sola explosión. Con los restos recogidos, los investigadores ya pueden determinar las principales características de la bomba, y eso ocurre en las primeras pesquisas realizadas tras el atentado.

Es muy ilustrativo comparar esos hechos de Mánchester con lo ocurrido en la identificación de las bombas del 11-M, cuando tras explotar nada menos que diez bombas no quedó judicialmente identificado ni un solo componente de ninguna de ellas, y eso que todo ocurrió en recintos reducidos y cerrados. Es más, es que ni siquiera tras las dos explosiones controladas por los Tedax para desactivar sendos artefactos encontrados sin explotar consta que se encontrase componente alguno de ellos. ¿No es asombroso? El propio comisario jefe de los Tedax que recogieron las muestras de los trenes dice en el libro que escribió sobre el 11-M (1): "En las búsquedas, no se encontró nada perteneciente a los artefactos".
Fragmentos de la nota informativa que, sobre la desactivación de la mochila de Vallecas, firmó en solitario el comisario Sánchez Manzano.

Fragmentos de la nota informativa que, sobre la desactivación de la mochila de Vallecas, firmó en solitario el comisario Sánchez Manzano.

Sin embargo, lo que sí resulta al menos sorprendente es que entre las muestras recogidas el 11-M y que llegaron hasta la pericial de explosivos ordenada por el tribunal juzgador, se encuentren las siguientes, pertenecientes todas ellas al tren que sufrió dos explosiones en la estación de El Pozo:

M-6-12-A.- Trozos de bolsa de tejido azul con cremallera contenidos en una bolsa etiquetada COCHE 241 /Tren de El Pozo.

M-6-12-F.- Hebilla y fragmentos de plástico contenidos en una bolsa con la inscripción “EL POZO”, Tomados de la Estación de El Pozo.

M-6-12-B.- Restos de cilindro metálico y circuito electrónico contenidos en una bolsa etiquetada Tren de El Pozo estacionado en la estación de Vallecas / 12-03- 04,

M-6-12-C.- Pila de petaca contenida en una bolsa etiquetada “Tren de El Pozo / Vagón se encuentra en El Pozo / 12-03-04”, Fue tomada de la Estación de El Pozo.

M-6-12-D.- Escamas de color azul, bobina eléctrica y piezas metálicas. Fueron tomadas de la Estación de El Pozo

M-6-12-E.- Fragmentos de lo que parece un teléfono móvil contenidos en una bolsa etiquetada COCHE 241 / Tren de El Pozo”, Tomados de la Estación de El Pozo.

M-6-12-G.- Un cargador y una batería de 3,6 V contenidos en una bolsa con la inscripción COCHE 241 / TREN de El Pozo.

Es fácil suponer que esas muestras tan especiales fueron recogidas con vistas a identificar el tipo de artefacto utilizado, pues podrían ser componentes del mismo. Pues bien, no hay referencia ni constancia judicial de que se haya investigado esa posible relación; si se ha hecho, no ha tenido efecto alguno en la causa.

El 16 de marzo de 2004, Sánchez Manzano entregó a la Brigada Provincial de Información unos restos de teléfono móvil recogidos en el coche 6 del tren que sufrió tres explosiones en la estación de Atocha(2). Dos días después, esos restos fueron entregados al juez Del Olmo, quien afirmó en providencia emitida al efecto que habían sido analizados por la Unidad Central de Desactivación de Explosivos y N.B.Q(3), yquedaron en pieza separada de efectos. Así que estos restos tuvieron un trato especial. No fueron tratados como los similares recogidos en El Pozo, no fueron incorporados al resto de las muestras analizadas en el laboratorio químico, no se analizaron en la pericial de explosivos. No hay noticias del análisis al parecer realizado con ellos en la Unidad Central Tedax.

Pero es que hay más aspectos sorprendentes en este asunto. Recordemos la providencia del juez instructor de 27 de abril de 2004 (4). En ella, mes y medio después del atentado, el juez instructor se decidió a pedir información sobre los restos recogidos y posiblemente relacionados con las bombas, y ordenó el estudio y análisis comparativo de sustancias, efectos, cables, detonadores recogidos en la casa de Chinchón, en la furgoneta Kangoo y en la mochila de Vallecas, y se olvidó precisamente de los elementos más relacionados con las bombas, los recogidos en los trenes, como son las antes mencionadas muestras. Así que no se conoce prueba pericial alguna que estudiase la posible pertenencia a las bombas o a sus contenedores de esos restos de tejidos, circuitos eléctricos, pilas, teléfonos…

Pero claro, entretanto había aparecido en la comisaría de Vallecas una mochila cuyo contenido detalló el comisario Sánchez Manzano en una nota informativa sobre su desactivación, nota que no firman los artificieros intervinientes en la desactivación, sino el propio comisario, personalmente y en solitario. Esa mochila fue rápidamente equiparada a todas las explotadas en los trenes. No había que investigar más.

¿Para qué buscar componentes de las bombas si ya se tenía el modelo exacto de todas ellas detallado por el comisario Sánchez Manzano en persona?

*** Carlos Sánchez de Roda es ingeniero y autor del libro 'Los trenes del 11-M' (Última línea, 2015), donde expone cómo la precipitación en el desguace de los vagones provocó grandes lagunas e incluso errores judiciales que podrían haberse evitado.

1. Juan Jesús Sánchez Manzano, Las bombas del 11-M, 2013. Página 68.
2. Folios 1.597 y 1.598.
3. Esos restos iban acompañados de una tarjeta de teléfono recogida en Santa Eugenia. Folio 2.022.
4. Es la que dio lugar a las periciales de 10 y 11 de junio de 2004, analizadas en los epígrafes 11.3.2 y 11.3.3.

La AVT organiza un seminario internacional de asistencia a las víctimas del terrorismo
Además del simposio, que tendrá lugar el próximo junio en Madrid, la asociación está desarrollando una plataforma de ayuda a los damnificados por los atentados que golpean el corazón de Europa
S.E. Madrid ABC 28 Mayo 2017

Coincidiendo con los atentados terroristas que está sufriendo la Unión Europea -el último el que sacudió la ciudad inglesa de Mánchester este martes de madrugada- la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) organiza el seminario internacional «Asistencia Específica e Integral a las víctimas del terrorismo en Europa», que tiene como propósito promover un clima de colaboración entre los profesionales, asociaciones e instituciones de los diferentes Estados miembros a fin de dar apoyo a los afectados por esta deplorable lacra.

El seminario, que tendrá lugar en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid entre los días 8 y 9 de junio, responde a las máximas de la directiva contra el terrorismo que este año aprobó el Parlamento Europeo y el Consejo, cuyo propósito es que los diferentes Estados de la Unión adopten las medidas necesarias de protección, apoyo y asistencia a las víctimas.

Por este motivo, participarán en el mismo profesionales especializados en asistencia a los damnificados, así como representantes de asociaciones e instituciones de distintos países de la Unión.

Además, la asociación está desarrollando una plataforma de ámbito europeo conocida como «European Platform to Assist Victims of Terrorism (EPAVT)» que petende convertirse en una «ventanilla única» que atienda las necesidades de los perjudicados por esta causa.

Y es que, como afirman desde la asociación, «los recientes atentados terroristas en Europa, donde cada vez el componente de trasnacionalidad es más evidente, y debido a la necesidad de prestar una asistencia inmediata, integral y coordinada a las víctimas» se hace necesario acometer iniciativas como estas que hundan sus raíces en la protección integral de los damnificados por el terrorismo que salpica el corazón del viejo continente.

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Cataluña: aplicar la ley con todas sus consecuencias

EDITORIAL El Mundo 28 Mayo 2017

Tanto Carles Puigdemont como sus socios independentistas han dejado claro esta semana que el desafío secesionista no es una quimera de futuro, sino una realidad que el soberanismo pretende ejecutar en los próximos meses. Y más aún: que, en caso de fracasar en el intento de convocar un referéndum, Junts pel Sí y la CUP tienen ultimada la arquitectura jurídica que permitiría la secesión de Cataluña de forma unilateral e ilegal. Esta escalada en la estrategia del soberanismo es lo que ha llevado al Gobierno a elevar el tono de su respuesta a las autoridades catalanas. En línea con el discurso del Ejecutivo en los últimos días, Mariano Rajoy exigió ayer a los empresarios catalanes que abandonen la "equidistancia" y, en alusión al referéndum, aseguró: "Ni quiero, ni me lo creo, ni siendo yo presidente se va a producir".

Es evidente que la porfía de los independentistas ha conducido la situación no a un callejón sin salida, pero sí a una solución muy problemática. Porque lo razonable, en un Estado democráticamente maduro como España, es "encauzar el conflicto por la vía del diálogo y la transacción", tal como le sugirió a Rajoy el empresariado catalán. Sin embargo, el obcecamiento de Puigdemont y sus socios con el referéndum, y la evidencia de que las formaciones soberanistas tienen ya elaborado un plan B para liquidar la unidad nacional vulnerando la legalidad, han hecho imposible la Operación Diálogo impulsada por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. El ultimátum lanzado por Puigdemont el lunes en Madrid, ratificado después en la misiva dirigida a Rajoy, y su negativa a presentar sus planes en el Congreso han dejado claro la nula intención de la Generalitat de abrirse a una negociación seria y respetuosa con los cauces legales. Su verdadera voluntad ha quedado al descubierto con la revelación del borrador de la Ley de Transitoriedad Jurídica, fraguada en secreto y cuyo articulado tiene como fin dar una apariencia de legalidad a la ruptura de Cataluña con el resto del Estado. El contenido de esta norma supondría la liquidación de la soberanía nacional y la quiebra de los principios democráticos. Primero porque abocaría a Cataluña a una inseguridad jurídica sin precedentes. Y, segundo, porque contempla someter a la Justicia y a la prensa, además de dar por hecho que un eventual Estado catalán seguiría formando parte de la UE, algo imposible con la legislación comunitaria vigente.

No se puede exigir diálogo cuando se está trabajando en secreto por un plan de independencia. Máxime cuando la mayoría independentista en el Parlament ya aprobó la reforma del reglamento que permitiría la aprobación de este texto mediante el trámite de lectura única, saltándose así la fiscalización de los grupos de la oposición.

En consecuencia, ya no caben dudas de los planes del soberanismo: su desafío no es fruto de una impostura, sino del abierto propósito de dinamitar el marco constitucional y estatutario. Puigdemont condiciona cualquier acercamiento a la aceptación del referéndum -una opción que no cabe en la Constitución- y Rajoy acierta al manterse firme en la defensa de la legalidad. El derecho de autodeterminación no cabe en un Estado de Derecho como es España, así que mientras la Generalitat no dé marcha atrás con la consulta, la única salida para el Gobierno es combinar el arsenal legal -recurriendo al TC las inaceptables leyes de desconexión- con el endureciendo de las condiciones en materia de financiación. El Estado ha acreditado su compromiso con la delicada situación que arrastra la Generalitat mediante los diferentes mecanismos -como el FLA- y financiando el 65% de los 78.000 millones de euros de deuda de la Generalitat. Resulta una temeridad alargar esta generosidad mientras el Govern no se comporte de forma leal y responsable.

En aras de evitar el choque de trenes, el Gobierno y las autoridades catalanas están obligados a agotar todas las posibilidades de diálogo, por mínimas que sean a estas alturas. Pero, en todo caso, el Estado debe contemplar una respuesta proporcional al embate soberanista. No sólo para evitar un nuevo 9-N, sino para preservar la soberanía nacional. Ello pasa por la aplicación de medidas graduales que, en última instancia, incluiría el artículo 155 de la Constitución, por ejemplo, militarizando la policía autonómica. En una democracia como la española, cumplir y hacer cumplir la ley siempre es una garantía para la libertad y la igualdad.

Cataluña: ¿hay alguien ahí dispuesto a jugarse el tipo?
Jesús Cacho vozpopuli.es 28 Mayo 2017

Ni los más viejos del lugar recuerdan a un Mariano Rajoy tan crispado como el que compareció ante los periodistas en la mañana del lunes, tras la reunión del Comité Ejecutivo del PP en Génova. Pocas cosas le gustan menos que una rueda de prensa, pero ese día pidió expresamente someterse a la tortura. El gallego lucía aspecto de haber dormido mal, como si los niños –ya creciditos- le hubieran dado la noche. Para empeorar la situación, el buen hombre se había vestido de aquella manera, con un traje gris que en la tele producía desagradables reflejos, camisa tirando a azul, e indefinible corbata roja con rayas blancas que seguramente Viri acababa de rescatar del baúl de los recuerdos de Mariano. Ni con cola. Todo contribuyó a acentuar la sensación de enfado mayúsculo que embargaba al presidente. Sus razones tenía. El País había publicado aquella mañana el borrador de la Ley de Transitoriedad Jurídica, la llamada “ley de ruptura” que en secreto prepara la Generalitat para activar la secesión de Cataluña del resto de España si el Gobierno impide la celebración del tan cacareado referéndum: “Un disparate desde todos los puntos de vista”. “Un delirio jurídico”.

Otra noticia, sin embargo, había contribuido a consolidar el mal humor del amo y señor del PP. Apenas 12 horas antes, media noche del domingo 21, Pedro Sánchez, el “renacido”, se había apuntado una arrolladora victoria sobre Susana Díaz, la omaita andaluza que tardó mucho, demasiado, en acercarse a Santa Justa para coger el AVE destino Madrid y que se ha visto obligada a realizar el viaje de vuelta mucho antes de lo esperado y con el rabo entre las piernas. Rajoy se había acostado tarde y preocupado, después de horas de cuitas telefónicas con su gente de máxima confianza. La vuelta de Sánchez a la secretaría general del PSOE y la revelación de los planes de la Generalitat eran dos noticias de enorme alcance, dos meteoritos capaces de poner patas arriba una legislatura que parecía poder discurrir por cauces de relativa normalidad, dentro de las dificultades propias de esos exiguos 137 diputados. El gozo de Mariano en un pozo. Urgía un golpe de timón capaz de imprimir un nuevo rumbo a la nave de un Gobierno amenazado de pronto por todas las tormentas.

Hasta la resurrección de Sánchez, en el PP había ido ganando terreno la idea de hacer frente al envite de ese nuevo referéndum con las “armas” habituales, con más de lo mismo, es decir, con no hacer nada y dejar pudrir la situación: permitirles sacar las urnas de cartón a la calle como en el 9-N, arrostrando el riesgo de sacar peores resultados que el 9-N, para al final tener los mismos efectos prácticos que el 9-N, es decir, ninguno, mientras nosotros seguimos golpeando con el martillo pilón de la inhabilitación contra todos los que participen en la farsa, hasta que no quede uno “vivo” y lo que quede termine por aburrirse. Es la tesis que defiende la “embajadora” Soraya Sáenz de Santamaría. Pero la reaparición de Sánchez introduce algunas variables nuevas, en tanto en cuanto va a hacer más difícil lograr el consenso necesario para hincarle el diente al desafío “indepe”, por un lado, mientras, por otro, plantea el riesgo de la moción de censura contra el Gobierno del PP, algo que el bello Sánchez podría vender como obligado para justificar el leit motiv de su campaña contra Susana.

Una posibilidad remota, porque requeriría que Rajoy perdiera por el camino alguno de los aliados que le van a permitir aprobar los PGE 2017, y exigiría que el resto de la oposición, con Podemos a la cabeza y el concurso de los 9 diputados de ERC y los 8 de Convergencia en el Congreso, se pusiera de acuerdo en torno a la figura de Sánchez como candidato a la presidencia. Difícil, pero no imposible. Y es ahí donde Mariano declama aquello de marchemos todos francamente, y yo el primero, por la senda de un cambio de estrategia consistente en endurecer el discurso contra el independentismo. Hay que cargar las tintas contra esa “ley de ruptura” que supone “la liquidación del Estado de Derecho y es un intento gravísimo de liquidar en pleno siglo XXI un Estado nacional en 24 horas”. Se trata de que a Sánchez le resulte imposible lograr el apoyo de ERC y CDC para esa hipotética moción de censura. Es el riesgo de perder la silla lo que, como siempre, pone en funcionamiento al gran Mariano.

La elevación consciente del voltaje en el tema catalán busca, además, poner distancia con los casos de corrupción que ahora mismo inundan los juzgados, ganar algo de aire, al tiempo que permite agrupar a tus votantes en torno a la bandera de la unidad de España, un reclamo muy poderoso –¿el nacionalismo español ha muerto o está simplemente hibernando?-, convertido en la verdadera última bala, más allá de la disolución de las Cortes, que guarda el de Pontevedra en su recámara para seguir en el poder. La nueva estrategia acaba de forma abrupta con la pretendida vía del diálogo de Soraya, un intento que no ha pasado de la mera pose, el gesto infantil en esas apariciones por el Paseo de Gracia en compañía de María Pico, para hacerse la foto con el camarada Junqueras. Está por escribir el verdadero interés de Mariano por explorar esa vía, ahora ya arrumbada. La vicepresidenta sigue escondida. Aunque disminuidas, mantiene vivas sus aspiraciones (¿y si una buena mañana los chicos de la UCO se acercaran a Moncloa dispuestos a arrestar a Mariano?) de ocupar la presidencia. Soraya no está ni se le espera. Uno de los casos de escaqueo político más escandalosos que se hayan registrado nunca

Iglesias se divierte a costa de Sánchez
El cambio de estrategia de Rajoy siembra de minas el campo del nuevo secretario general del PSOE. Un puro dislate el que pretende este aventurero empeñado en ser presidente a cualquier precio: nada menos que competir con Podemos por el espacio político de Podemos, el de la izquierda neocomunista, estando además necesitado del apoyo de Podemos para ver cumplido su sueño. Una pura quimera. Como ya hiciera en 2016, Pablo Iglesias ha comenzado a divertirse a costa del pollo pera, dispuesto a pasárselo de pitón a pitón antes de asestarle la cornada definitiva: el viernes afirmó que ve legítima la consulta unilateral que pretende Puigdemont y su cuadrilla, rematando la faena con una media verónica (“cualquier acuerdo con Podemos para desalojar al PP del poder pasa por pactar con los nacionalistas la celebración del referéndum”) que deja a Pedro a los pies de los caballos. Si realmente la sospecha no exigiera reconocer un grado de talento del que no hay noticia en la Cuesta de las Perdices, uno se sentiría tentado a reafirmarse en la idea de que Pablo es uno de los mejores agentes de nuestro CNI.

Han bastado unos días para que la espuma del champán descorchado en Ferraz la noche del domingo comenzara a esfumarse. Como se ha puesto de manifiesto este fin de semana en los prolegómenos del congreso del PSOE sevillano, a los sanchistas les ha costado Dios y ayuda entrar en las listas de los delegados del PSOE andaluz que acudirán al 39 congreso federal del próximo junio. La guerra civil continúa. Aclarémonos, el de Sánchez no tiene nada que ver con el PSOE que conocimos en el pasado. Hablamos del 'Pedro Sánchez Obrero Español' (PSOE), un partido o partida de nuevo cuño formado por el 50% de la militancia [y no precisamente los más jóvenes, que esos hace tiempo están en Podemos] del viejo PSOE, es decir, por medio PSOE. Un partido de corte cesarista, en el que el líder dialoga directamente con las bases sin instancias intermedias que lo impidan. ¿Es definitiva su victoria? La tentación de iniciar la reconquista del PSOE desde la Covadonga sevillana es demasiado fuerte para una vieja guardia tan cargada, sin embargo, de años como de buena vida. La pura realidad es que el PSOE, como la mayoría de los partidos socialdemócratas europeos, se ha quedado sin sitio.

Tras el entierro vergonzante del liberalismo, el centro derecha se ha hecho cargo de la gestión del consenso socialdemócrata en toda Europa, de modo que a la izquierda, a los Corbyn, los Sánchez, los Mélenchon de este mundo, no les queda más remedio que refugiarse en un chamizo cutre con vistas a la plaza de la Revolución. Duro para Begoña, la elegante rubia señora de Sánchez que, puño en alto, cantaba extasiada el "¡Arriba, parias de la tierra! ¡En pie, famélica legión!" la noche del triunfo junto a su tronco. Pura impostura. Devota del intervencionismo a lo Harold Macmillan, Theresa May abjura del thatcherismo y se declara dispuesta a “rechazar tanto el patrón ideológico de la izquierda socialista como el de la derecha liberal, para en su lugar abrazar el punto de vista de esa mayoría (mainstream) que reconoce todo lo bueno que el Estado puede hacer”. Cuando ese maestro de liberales que fue Friedrich von Hayek (uno de los padres intelectuales de Thatcher) dedicó su célebre Camino de Servidumbre a “los socialistas de todos los partidos”, estaba pensando en gente como la señora May, como Rajoy, como Montoro, como Merkel, como Macron, como Renzi, como… Es el fatal destino de la vieja derecha europea: mantener con vida ese achacoso Leviatán que es el Estado del Bienestar a base de acumular deuda y más deuda, hasta que llegue el momento en que ya sea demasiado tarde para casi todo.

Un intento de “putsch” mafioso
La vuelta de Sánchez a la secretaría general del PSOE, con todo, dificulta en grado sumo la gestión de esa nave a la deriva que es hoy España, recortando considerablemente el margen de maniobra que le queda al corrupto PP del pusilánime Mariano para hincarle el diente al problema del independentismo, convertido ya en un grave riesgo para las libertades de los ciudadanos catalanes y, por extensión, de todos los españoles. Con la publicación de esa ley de ruptura se ha confirmado la vieja sospecha: el golpe de Estado independentista era apenas un intento de putsch mafioso ideado por la clase política convergente para blindarse ante la Justicia. Se trata de declarar la independencia para, de inmediato, nombrar a dedo un poder judicial propio dispuesto a tapar nuestras fechorías. El mismo Pujol salió el viernes de su tumba llamando a la movilización para hacer frente a “la propuesta lenta de disolución” de Cataluña. Hay que seguir adelante con “el proyecto”. Mi familia se lo juega todo en ese envite, vino a decir el gran defraudador y referente moral del prusés.

Entramos en la fase decisiva, en los play offs de la farsa. Farsa o capote es lo que el PP le ha echado a Convergencia por lo del Palau, a cambio de los votos para aprobar el Decreto de la estiba. La gente está harta. El crecimiento económico borra viajeros a Ítaca a razón de 50.000 al trimestre. Cierto que no conozco ninguna ruptura de un Estado que a lo largo de la Historia se haya fraguado sin violencia. Con sangre. Pero, ¿hay alguien ahí dispuesto a arriesgar su nivel de vida? Peor aún: ¿alguien dispuesto a jugarse el tipo cual nuevo Casanova? Todo será más sencillo, a mi modesto entender: Habrá intervención vía artículo 155 y cuatro algaradas para compensar. Ni rastro de Guardia Civil. Eso sí, todos salvando la compostura y lo más importante, el momio, el control de la fiesta, las decenas de miles de empleos públicos que dependen de la Generalitat y cuya nómina paga el Estado. Inmunidad para los chorizos locales. Un salvoconducto para seguir con los suquets de pescado, los civets de jabalí, las bodas y festejos, como si nunca jamás hubiera pasado nada. Inmunidad y dinero. Y mano dura con la CUP.

Usted no es nadie
ARCADI ESPADA El Mundo 28 Mayo 2017

Mi liberada:

Supongo que estuviste presente en la conferencia del presidente Puigdemont en Madrid. Solo había catalanes y era una ocasión blindada para que pisaras una gran ciudad. El presidente aludió al retorno de Josep Tarradellas: "La actual Constitución aún no existía y la legislación vigente no contemplaba para nada ningún elemento de legitimidad republicana; sin embargo, en reconocimiento a la demanda real del pueblo catalán, el Gobierno de entonces actuó con responsabilidad y no remitió a los que clamaban por el retorno de Tarradellas a comparecer en el Congreso para impulsar las reformas, sino que lideró una solución de Estado que, luego y a través de su incorporación en la Constitución, siguió el curso parlamentario adecuado". A la hora de justificar el golpe a la democracia, pocas analogías más imberbes que la del retorno de Tarradellas a España. Digo a España, con intención que adivinarás, porque la primera y sonada escala de su retorno fue la ciudad donde Puigdemont hablaba. Sus mentiras tienen un carácter cómico, lo sé; pero es que el cómico es ahora presidente de la Generalidad y resulta obligatorio ocuparse.

Tarradellas nunca quiso encarnar la legitimidad republicana. La cuestión la describe de un modo abrupto este fragmento de las memorias del abogado Manuel Ortínez, Una vida entre burgesos, que no están traducidas al castellano, porque España es un país lleno de desgracias: "Recordaba las frases que me había transmitido el presidente Tarradellas de su diálogo con el presidente Suárez: -Yo tengo el poder -decía Suárez. -Yo tengo un millón de personas en la calle dispuestas a reclamar mi retorno -le contestaba el presidente. -No me impresiona eso. Usted no es nadie. Usted es lo que yo digo que es. Nada más".

El retorno fue ideado por Manuel Ortínez en 1976 y su primer y frustrado intento lo pactó con Alfonso Osorio, entonces vicepresidente de Suárez. La idea de Ortínez, y por supuesto de Tarradellas, tenía esta clave de bóveda: la Generalitat reconoce a la Monarquía y la Monarquía reconoce a la Generalitat. Porque la única legitimidad que Tarradellas exigía era la de Catalunya. La clásica cambonista de "¿Monarquía, República...? ¡Catalunya!". La legitimidad republicana no contaba para Tarradellas, entre otras muchas razones porque se avergonzaba de aquel régimen. Suárez y Martín Villa, su influyente consejero de entonces, rechazaron el primer plan de Ortínez. La razón le gustaría poco al análogo Puigdemont: el Gobierno no quiso establecer una relación bilateral con Cataluña cuando aún no se habían celebrado las primeras elecciones. O para decirlo en un lenguaje que Puigdemont entienda: el Gobierno rechazó que Catalunya fuera una legitimidad previa a la democracia.

Dijo Puigdemont: "...los que clamaban por el retorno". Bah. Apenas nadie clamaba entonces por el retorno de Tarradellas. Eso sucedió en 1980, a los pocos días de que Jordi Pujol llegara a la presidencia. Y hoy se sigue clamando. En la transición solo la minoritaria Esquerra Republicana y un grupúsculo socialdemócrata, liderado por el razonable Josep Pallach, lo exigía. Ellos fueron los pocos que sacaron aquel retrato, en el que Tarradellas parecía Steve Wonder, durante la gran manifestación del 11 de septiembre de 1977. Pujol no quería verlo ni en pintura, porque sabía que era el otro líder. La derecha recordaba su turbio papel en el gobierno de Lluís Companys. Para la izquierda era un viejo autoritario, casi grotesco, que exigía llevar falda y corbata; pero una cosa para cada sexo. Y por supuesto: la inmensa mayoría de catalanes lo vinculaban, erróneamente, con una casa de longanizas que justo por aquellos años empezaba a imponerse.

La segunda y definitiva operación Tarradellas se puso en marcha después de las elecciones del 15 de junio de 1977. Suárez se había encontrado con un resultado catalán inesperado: la victoria de la izquierda y del nacionalismo. La posibilidad de que una izquierda renuente a la monarquía gestionara los primeros pasos del régimen autonómico inquietó al Gobierno. A eso se añadía el brote de un terrorismo nacionalista catalán: hacía un mes que el empresario José María Bultó había muerto reventado por una bomba que adosó a su pecho un grupo de patriotas catalanes. El vicepresidente Osorio le propuso entonces a Suárez la recuperación de la vieja idea de Ortínez. Y este escribió años después: "Lo que yo había planteado desde el primer momento como una operación de Estado entre la monarquía española y la Generalidad, entre dos instituciones, rebajaba el nivel y se convertía en una operación de gobierno y en un intento de operación de partido". Sin embargo, Ortínez no añadía que ese carácter instrumental, para contener la hegemonía de los partidos, ya estuvo presente en la primera negociación. No en vano el general Casinello, en noviembre de 1976 y después de visitar a Tarradellas en Saint Martin-le-Beau por encargo del Gobierno, insinuaba en el informe que escribió: "Así la visita puede parecer inútil. Pero ofrece un camino. Y ya es otra posibilidad capaz de neutralizar las otras que se ofrecen desde los grupos [así llamaba el general a los partidos en el lenguaje legal de la época]".

Tarradellas volvió a Cataluña. Volvió en un marco político español que restablecía regímenes preautonómicos para Cataluña, el País Vasco y Galicia. Volvió, específicamente, como presidente de la Diputación, la institución que había sustituido a la Generalidad durante el franquismo, porque entendió que solo con esa presidencia podía tener despacho, dinero y mozos de escuadra cuadrándose a su paso. Y no le importó añadir a la centenaria historia de la Generalidad el adjetivo provisional que siempre tuvo su presidencia y que solo decaería con el primer mandato del ya corrompido Jordi Pujol. Escribo corrompido Pujol (el sintagma va como una seda) y vuelvo al informe Casinello: "La Banca Catalana le montaría un palacio [Pujol quiso comprarle en su momento los archivos de la Generalitat y Tarradellas se había negado a venderlos], pero él vive en una fría llanura del centro de Francia, con una calefacción tibia, sin baño, con muebles que ya no usan ni los suboficiales y solo el lujo de una biblioteca y un tocadiscos. Únase una hija subnormal y una esposa callada. No hay criados ni secretarios ni nada".

Quería decir el general que Tarradellas no era un joven malcriado, crecido exclusivamente por el uso del dinero público pujolista, análogo irresponsable como este presidente por escalafón, Carles Puigdemont Casamajó, que ni por edad intelectual ni por condición moral puede conocer el precio de sus mentiras.

Sigue ciega tu camino. A.

Rajoy frente al golpe en Cataluña
Juan Pablo Colmenarejo ABC. Periodista Digital 28 Mayo 2017

El independentismo ha conseguido construir un estado de opinión capaz de borrar la incomparable realidad sobre el grado de autonomía que las regiones tienen en España. El estallido de este episodio sedicioso comienza con la excusa de los recortes en una crisis financiera que acabó por marginar de los mercados de deuda a instituciones como la Generalitat de Cataluña.

En el Derecho comparado no hay muchas partes dentro de un Estado en todo el mundo con las competencias educativas, sanitarias, penitenciarias o policiales que tiene Cataluña. Desde 2012 han volado todo lo construido, recreando la realidad para intentar demostrar que no hay nada. La afirmación solemne de Oriol Junqueras, vicepresidente autonómico, ante los empresarios del Círculo de Economía sobre la permanencia de una Cataluña independiente en la Unión Europea es una mentira dicha con tal convicción que asombra.

Los mismos que escucharon a Junqueras, el verdadero líder del independentismo, jactarse sin rubor de cómo gracias a Cataluña se ha reducido la deuda de España, saben que el golpe al Estado que van a perpetrar -estemos preparados porque lo van a dar- no va a triunfar.

El presidente Rajoy ha completado en Sitges el discurso que venía realizando desde hace meses, dando un paso más en el lenguaje de la claridad. Hasta ahora sólo hablaban los nacionalistas e independentistas, a sabiendas del temor generalizado de dar una respuesta igual de clara.

Como bien ha resaltado ABC, a lo largo de los últimos días el Gobierno, con su presidente a la cabeza, ha empezado a emplear palabras que, lejos de subir el tono, realzan la gravedad del hecho al que se va a hacer frente.

Si lo que se pretende es derogar la Constitución, y además hacerlo en un solo día, estaremos ante un golpe a una legalidad vigente que sólo puede ser modificada por todos, no por unos pocos.

El Gobierno no tendrá más remedio que recuperar las competencias en seguridad para evitar la supresión de la autonomía catalana, que es en definitiva lo que tratan de hacer rompiendo el Estado. La experiencia del 9 de noviembre de 2014 no se va a volver a repetir.

El Gobierno creyó hasta el final que no iban a poner las urnas. Y además se fiaron de la palabra de quien ya les había engañado.

Aquello fue una burla con trampa. Rajoy tiene bien agarrada la legislatura de la minoría más pequeña. Con los presupuestos de 2017 en el bolsillo, el PSOE enzarzado consigo mismo y Podemos, le queda afrontar el problema constitucional más grave de los cuarenta años de democracia que se cumplirán a mediados de junio.

El conjunto de los españoles volvió a decidir, hace cuatro décadas, en unas elecciones generales, su futuro. Nadie puede suprimir ese derecho dando un golpe. Rajoy tendrá que pararlo en defensa de la autonomía catalana y la Constitución.

"¿Hasta cuándo, Cataluña, abusarás de nuestra paciencia?"
¿Qué es una nación? Se trata de un término, sin duda, polisémico, pero está claro que no tiene por qué acabar en un Estado. Ese debate ha sido superado por la Constitución
Carlos Sánchez elconfidencial 28 Mayo 2017

En la célebre conferencia que dictó Ernest Renan en la Sorbona, en 1882, el historiador y filósofo francés pretendía responder a una sencilla pregunta: ¿Qué es una nación? La conclusión a la que llegó fue que lo determinante para construir una nación no era la raza ni la lengua. Tampoco la religión, la geografía, las necesidades militares o el interés mutuo. Lo que Renan interpretó como una nación era un intangible: la voluntad de pertenecer a una comunidad. El sabio francés, de hecho, comparó el término nación a la idea de 'conciencia moral'.

Este espíritu, de una u otra manera, es el que se reflejó al inicio de la Transición española. Ya en la última reunión de la Ponencia constitucional, el 5 de mayo de 1978, su presidente, el venerable Emilio Attard, dijo de forma lúcida: “No aspiramos a hacer constituciones centenarias. Nos contentaríamos con que hiciéramos una Constitución que fuera hábil y practicable para los españoles, los pueblos, las regiones, los países y las nacionalidades de España para crear la España, una e indivisible, que todos anhelamos”.

Obsérvese que ni Renan ni Attard equiparan el término nación (o nacionalidad) a esa realidad jurídico-política que es el Estado. Estado y nación no son la misma cosa, aunque pueden llegar a serlo en función de determinados procesos históricos. España es un Estado y es, a la vez, una nación.

Attard, de esa manera, hacía suya la expresión 'nacionalidades', introducida en el debate constitucional por Arzalluz y Pujol, pero que, con el tiempo, fue admitida por acuerdo mayoritario de la Ponencia constitucional.

Attard, como Renan, se preguntó en voz alta en aquella reunión, según refleja el diario de sesiones: ¿Qué es una nación? Y respondió: “Una nación es, ante y sobre todo, la voluntad de vivir juntos; pero vivir juntos voluntariamente exige antes estar cómodos para convivir”. Y por eso, concluía: “La Ponencia reconoce a España como tal nación de manera taxativa y eso es un principio irrenunciable; y, al atribuir al pueblo español en su conjunto la soberanía nacional, excluye toda posibilidad de separatismo legal, puesto que reconoce un solo sujeto de autodeterminación”.

España, añadió Attard, es “una Gran Nación, tan grande como para poder contener, sin destruirla, una pluralidad de nacionalidades y regiones capaces de autogobierno”. No estará de más recordar que Attard era un jurista de la derecha valenciana integrada en UCD y nada proclive al nacionalismo. Hasta el punto de que fue –junto a Abril Martorell– el principal ariete contra quienes querían imponer el pancatalanismo en la región.

Infantilismo político
El tiempo dirá si la Constitución de 1978 dura cien años, pero hay una cosa clara, aquel espíritu del constituyente –construir un Estado en el que a modo de círculos concéntricos cupiesen todas las ‘Españas’, como la definió la Constitución de Cádiz, comienza a resquebrajarse. Es como si este país hubiera retrocedido cuatro décadas, lo cual refleja cómo el infantilismo –lo que muchos han venido a denominar el adanismo– ha prendido en la clase política.

Algunos, porque niegan lo evidente: que España es un conjunto de regiones y nacionalidades (no todas las comunidades autónomas son iguales); y otros porque, de forma torticera y artificial, intentan reabrir viejos debates ya superados por la historia. Y ya se sabe que cuando no se tiene nada que ofrecer, lo más fácil es reabrir el pasado para lograr legitimidad, como hizo Rodríguez Zapatero con la memoria histórica. Pero la historia, como se dijo en aquel debate constitucional, no puede, como los ríos, caminar hacia atrás.

Es lógico, en este sentido, que ese engendro ideológico que es Podemos haya reabierto el debate. Al fin y al cabo, su proyecto político pasa por construir un relato falso de lo que fue la Transición, pero sorprende que el Partido Socialista se haya enredado en este asunto, hasta el punto de que ha envenenado su vida política interna con un debate más nominal –el nombre de la cosa– que el real. Es como si hubieran recobrado vida los viejos fantasmas del cantonalismo republicano. Sin duda, por razones de oportunismo electoral.

España, como dice la Constitución, es una nación compuesta de nacionalidades y regiones, y por lo tanto existe una primera distinción que no se puede ocultar, salvo que se quiera vaciar de contenido una expresión constitucional. La Carta Magna, guste o no, es un todo y hay que aceptar cada uno de sus artículos. No es un texto legal formulado a la manera de un menú a la carta. Y el propio Rajoy (con el reciente acuerdo sobre el cupo) así lo entiende cuando con buen criterio hace suya la disposición adicional primera que da carta de naturaleza a los derechos históricos de los territorios forales en el marco de la Constitución. En ningún caso, fuera de ella. Y lo mismo sucede cuando reconoce a Canarias un régimen fiscal propio que en realidad ha convertido a las islas en algo muy parecido a un sistema foral por la puerta de atrás.

El peor de los escenarios
El Gobierno, sin embargo, se equivoca cuando carece de una estrategia singular para Cataluña y se niega a reconocer lo obvio. Y lo obvio es que en Cataluña sucede algo, y que a ese algo hay que darle una respuesta política salvo que se quiera visualizar en el resto de España por razones electorales que el único partido de carácter nacional es el PP. Es hora de que la virreina Sáenz de Santamaría enseñe las cartas y diga qué hay que hacer –por escrito y con luz y taquígrafos– con Cataluña. Renunciar a hacer política –por ejemplo, renegociando el actual Estatut para crear una nueva mayoría social a partir de los partidos constitucionales– es el peor de los escenarios posibles.

La cuestión catalana se ha enquistado en la vida parlamentaria española desde hace prácticamente una década. Y parece que Rajoy, incomprensiblemente, ha hechos suyas aquellas palabras de Manuel Fraga en el debate de la Ponencia constitucional: “Alianza Popular rechaza, una vez más, con toda energía y con plena conciencia de la trascendencia histórica de su gesto, la introducción de la expresión ‘nacionalidades’ en la Constitución”.

Es muy probable que muchos piensen que aquello fue un error, pero no hay vuelta atrás. La Constitución dice lo que dice –y eso es lo que deberían hacer los socialistas: leer la Constitución en lugar de enfrentarse a debates envenenados–, y parece indudable que la distinción entre regiones y nacionalidades no es inocua. Ni es un brindis al sol. Es la expresión de una realidad histórica-política cierta. Obviamente, siempre con los límites establecidos por la Carta Magna cuando habla de la unidad de España y de la soberanía nacional.

Como expresó el profesor Tierno en el debate constitucional, aunque los conceptos políticos son siempre polisémicos, no es incompatible la nacionalidad catalana con la nación española. De hecho, como dijo el propio Arzalluz es ese mismo debate, “si el sistema político foral no impidió la integración en la Corona, tampoco el principio de las nacionalidades se opone a la convivencia plurinacional en una unidad superior”.

Es evidente, sin embargo, que dos no negocian si uno no quiere. Y el bloque independentista le está haciendo un pésimo favor a Cataluña con esa suicida estrategia de la tensión que no llevará a ninguna parte, salvo que se quiera sacar partido del desastre y de la calamidad. O de la confrontación directa con el Gobierno central, que está obligado a hacer cumplir la Constitución.

En todo caso, un juego demasiado peligroso que puede acabar entre la tragedia y la farsa. Entre el horror y el esperpento. Las salidas bizarras a problemas de naturaleza política son, simplemente, una estupidez. Y bien haría? Puigdemont y lo que queda de la vieja Convergència en volver a la cordura. La Constitución dice lo que dice y cualquier referéndum es ilegal, salvo que lo decidan todos los españoles.

Lo que en realidad hay entre los partidos independentistas catalanes es una lucha feroz por la hegemonía del nacionalismo tras la hecatombe de CiU y la desaparición del sentido común en la mayor parte de la política catalana. Y el rehén es el resto de España y la propia Cataluña, metida en un bucle ridículo que solo invita al hastío.

Es probable, como dijo Mitterand, que el nacionalismo sea la guerra, pero lo que está fuera de toda duda es que cabe decir, parafraseando a Cicerón tras descubrirse el golpe de Estado que preparaba Catilina: "¿Hasta cuándo, Cataluña, abusarás de nuestra paciencia? ¿Cuánto tiempo hemos de ser todavía juguete de tu furor? ¿Dónde se detendrán los arrebatos de tu desenfrenado atrevimiento?".

TV3 y Catalunya Ràdio ya han costado 6.000 millones
Gonzalo Baratech cronicaglobal 28 Mayo 2017

La Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), matriz de TV3 y Catalunya Ràdio, es lo opuesto a una sociedad mercantil corriente y moliente. Gracias a su condición de entidad pública, dispara con pólvora del rey. O sea, está unida al presupuesto catalán por un ubérrimo cordón umbilical. En semejantes circunstancias, la búsqueda de la eficiencia, la rentabilidad y la retribución de los accionistas son conceptos absolutamente desconocidos en la casa.

Componen la plantilla un sinnúmero de acreditados profesionales del periodismo, comenzando por su actual director Vicent Sanchis. Pero los destinos de la CCMA dependen en última instancia de los altos responsables políticos de la Generalitat. Ellos manejan en la sombra los hilos y de ellos emanan las directrices que gravitan sobre las parrillas diarias, sean los noticiarios, las series de ficción, los programas infantiles e incluso el parte del tiempo.

Toda sección es buena para divulgar las consignas que largan los portavoces del independentismo?, en un remedo cada día más grosero del vetusto NO-DO franquista. Si ello ocurre en los programas ordinarios, el espectáculo en los debates políticos es de auténtica vergüenza ajena.

El nivel de agitación y propaganda de los medios públicos catalanes es de tal magnitud, que hasta los simpatizantes más fieles están ya hartos de comulgar con ruedas de molino y empiezan a desertar en masa. Así se explica que la televisión catalana obtenga, medición tras medición, los peores resultados de su historia.

En tales circunstancias, la pretensión de que TV3 y Catalunya Ràdio obtengan beneficios es pedir peras al olmo. Así lo evidencian las cuentas del pasado ejercicio. La Corporació ingresó 67,5 millones por ventas, con mengua de 1,5 millones. Además, se embolsó casi 237 millones en subvenciones directas, más otros 9,4 millones de aportación del socio único, esto es, la Generalitat. El dispendio de más bulto lo acaparan las nóminas y seguros sociales de los 2.270 empleados, que engulleron 159 millones.

Por primera vez en la historia, la CCMA rubricó el ejercicio con un saldo positivo, cifrado en la homeopática suma de 118.500 euros, cuando un año antes perdió 10,9 millones. Pero poco duró la alegría. Una sentencia de la Audiencia Nacional obliga al mastodonte a pagar algo más de 1 millón de euros a los trabajadores, por haberles recortado ilícitamente determinadas remuneraciones en años pasados. En consecuencia, el dichoso beneficio de 118.000 euros se ha trocado en una pérdida de 1,2 millones.

Asimismo, el fondo de maniobra muestra casi medio millón negativo, o dicho con otras palabras, los pagos a corto plazo superan los ingresos en dicha cantidad. Pero tal dato, que en una empresa normal encendería todas las señales de alarma, en el caso de la corporación carece de importancia, pues ésta siempre tiene a mano al Govern? para cubrir las necesidades crematísticas que puedan emerger.

Sobre la compañía penden actas de Hacienda de 60 millones por el IVA de 2012 y 2013. El varapalo puede engordar más, ya que el fisco ha vuelto a inspeccionarla. La situación no se presenta demasiado clara, sino más bien bastante oscura, pues para prevenir males mayores la Generalitat ha librado a la corporación un aval por 75 millones.

Me he entretenido en analizar los balances de TV3 y Catalunya Ràdio desde su fundación. Si mi calculadora no yerra, ambos engendros han engullido desde 1983 la friolera de 6.000 millones de euros, o sea, 1 billón redondo de pesetas, en subvenciones directas, a costa de los contribuyentes catalanes hasta el último céntimo. En tal periodo, las dos firmas no arrojaron beneficio jamás. Por el contrario, encajaron unos estratosféricos quebrantos de 1.500 millones.

En resumen, si no hubieran existido TV3 y Catalunya Ràdio, cada uno de los 7,5 millones de habitantes de Cataluña dispondría hoy de 800 euros en su cuenta corriente. Ese es el coste embalsado, en los 34 años de existencia de ambos medios, para cada uno de los ciudadanos de esta comunidad.
 


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