AGLI Recortes de Prensa   Lunes 5  Junio 2017

NUEVO ATENTADO EN LONDRES
Yihadismo en Europa: que digan la verdad
¿No estáis hartos ya de oír siempre la misma canción? “El terror no vencerá a la democracia”. “La barbarie no acabará con nuestras libertades”. Basta ya. Digamos la verdad.
José Javier Esparza Gaceta.es 5 Junio 2017

Es un hecho que las medidas de alerta desplegadas por los gobiernos europeos están fracasando. Es un hecho también que para este nuevo tipo de terrorismo no valen los métodos convencionales de salvaguarda del orden público. No estamos ante un grupo terrorista organizado que actúe con una estrategia homogénea. Tampoco ante una acumulación azarosa de “casos aislados”. Estamos ante un proceso de violencia extrema de carácter simultáneamente religioso y político, arraigado en una comunidad concreta, pero implantada en países muy diversos, de manera que cualquiera puede matar en cualquier parte. Y lo más importante: no estamos ante un problema contemporáneo, sino ante la trasposición a suelo occidental de un fenómeno que acompaña al islam desde sus mismos orígenes.

La raíz del yihadismo
Quieren presentarnos el yihadismo como un problema marginal, cosa de algunos “chicos malos”, incluso como una suerte de demencia que aqueja a gente con problemas de adaptación social. Que dejen de mentir. Cualquier persona medianamente informada sabe que el yihadismo es un problema específicamente musulmán desde hace catorce siglos. ¿Significa eso que todos los musulmanes son yihadistas? No, por supuesto. Lo que significa es que el islam tiene en sí mismo, desde su origen, una serie de problemas estructurales que se alimentan entre sí y le conducen a esta situación. Y eso no se resuelve invitando a las comunidades musulmanas en Europa a cantar “Imagine”.

¿Cuáles son esos problemas estructurales? Primero, la confusión de los planos político y religioso, que hace muy difícil a las comunidades islámicas vivir bajo órdenes políticos no musulmanes. Segundo, la inexistencia de una autoridad jerárquica unánimemente reconocida que actualice la doctrina, lo cual empuja al creyente a una interpretación literal de los textos sagrados y, por otra parte, faculta a cualquiera para convertirse en portavoz de la verdad. Tercero, la

justificación de la violencia como medio para imponer la fe, imperativo que, combinado con los dos anteriores, resulta simplemente letal también para la propia comunidad musulmana. En la práctica, esta naturaleza conflictiva se ha manifestado como una triple guerra: una, la eterna guerra interior ente musulmanes suníes y chiíes; otra, la guerra que los integristas, los salafistas, declaran a los gobiernos no suficientemente islamizantes; por último, la guerra que el yihadista declara a los no musulmanes. Todo cuanto hoy ocurre cabe en ese esquema. Hoy, como ayer.

Estos problemas estructurales del islam –hay que repetirlo- no son nuevos: datan de su mismo origen en el siglo VII. El yihadismo no nos golpea ahora porque los países europeos hayan andado metidos en las recientes guerras de oriente medio. Eso sólo son pretextos, tan válidos como cualesquiera otros. El argumento de la “culpabilidad occidental”, tan habitual en bocas de izquierdas, naufraga en cuanto se mira a Nigeria, Filipinas o Bangladés, escenarios igualmente de terror islamista. No: si el yihadismo golpea hoy aquí, en nuestro suelo, es fundamentalmente porque hemos “importado” a millones de personas de una civilización ajena, y con ella han traído sus tradicionales desgarros.

El yihadismo y Europa
El prejuicio ideológico no puede anteponerse a la realidad de los hechos. El poder desea hacernos creer que las comunidades musulmanas pueden vivir libremente integradas en el orden social y cultural europeo, y de hecho así ha parecido ser durante años, pero es una evidencia que hoy las cosas han cambiado trágicamente. Primero: el porcentaje de población musulmana ha crecido exponencialmente. Segundo: esa población, en buena parte, ha creado sus propias comunidades quebrando los viejos modelos de integración. Tercero: en su seno se ha expandido una radicalización identitaria que ha desembocado en la simpatía hacia el yihadismo. Cuarto: en el último año, además, nos hemos encontrado con una afluencia masiva de inmigrantes falazmente importada bajo la etiqueta de “refugiados”. La ola de violencia que estamos viviendo en este último periodo define por sí sola la entidad del problema. El poder desea hacernos creer que el terrorismo es sólo el producto de un grupo particularmente malvado –el Estado Islámico-, pero es cada vez más una evidencia que el terror yihadista aparece sin vínculos orgánicos con estructura alguna. El poder desea hacernos creer que el islam puede ser una “religión de paz”, pero es una evidencia que los musulmanes europeos, y en especial las generaciones más jóvenes, están ampliamente penetrados por discursos que enseñan exactamente lo contrario. ¿Es difícil aceptarlo? Seguramente. Pero, hoy, eso es lo que hay.

Los europeos hemos de cambiar de mentalidad. La Europa actual ha querido constituirse como un mundo libre de identidades y fronteras, capaz de acoger en su seno a cualquier persona, a cualquier comunidad. Para ello hemos gastado cantidades ingentes en programas de integración y asistencia social, al mismo tiempo que demolíamos nuestra identidad propia. Todavía hay quien piensa, incluso en las estructuras de las Fuerzas Armadas, que la “natural” superioridad de la racionalidad occidental terminará digiriendo el problema yihadista, mero trastorno de orden público que mañana se apaciguará bajo la caricia del bienestar y la prosperidad, como si el destino natural de cualquier ser humano fuera convertirse en un moderno burgués occidental (una perspectiva etnocentrista que, paradójicamente, pasa por “antirracista”). Nadie, quizá por complejos históricos, ha querido aceptar que esa idea de la sociedad sin identidad, de la sociedad en la que “todos caben”, es una idea exclusivamente occidental, es decir, que no deja de ser producto de una identidad determinada, y que no tiene por qué ser aceptada por otras culturas. Por eso han crecido en los márgenes de nuestras grandes urbes enormes comunidades musulmanas donde el yihadismo ha prendido no como reacción al malestar social, al paro, a la crisis, sino, sobre todo, como manifestación identitaria. Y nosotros, poniendo velitas y flores.

Y bien, ¿qué hacer? Actuar en consecuencia. No tiene sentido seguir promoviendo la “normalización” del islam en nuestras sociedades (festejando su ramadán o cediendo a sus menús escolares, por ejemplo) cuando el islam no es “normalizable”. No tiene sentido seguir favoreciendo la inmigración masiva de musulmanes cuando sus posibilidades de integración real son exiguas: en buena medida, el fenómeno de la inmigración musulmana ha trasplantado a Europa los desgarros que laceran a esas sociedades en su suelo natal, y esto no ha hecho más que empezar. Tampoco tiene sentido seguir estrechando lazos con las potencias musulmanas árabes (Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, etc.) cuando consta que su dinero está detrás de la radicalización islámica de los últimos veinte años. Y sobre todo, no tiene sentido pensar que Europa es una no-identidad donde todos caben, porque la realidad es que no todos desean caber.

Es urgente rectificar
La obsesión de nuestras instituciones comunitarias por presentar a Europa como esa no-identidad donde todo el mundo cabe choca contra estas feroces realidades: los musulmanes, o parte de ellos, están dispuestos a afirmar su identidad colectiva, una identidad que, en muchos aspectos, es incompatible con las normas europeas de convivencia cívica. Consecuencia lógica: al yihadismo en suelo europeo hay que combatirlo frenando la expansión del islam en nuestras sociedades. No hay otra opción. Por desgracia, parece que nuestros gobernantes piensan lo contrario. Desde que comenzó la denominada “crisis de los refugiados”, es decir, la afluencia masiva y descontrolada de inmigrantes al socaire del movimiento de desplazados de la guerra de Siria, los medios de comunicación hegemónicos, controlados habitualmente por empresas muy vinculadas a la gran finanza y al poder político, vendieron unánimemente una versión oficial de los hechos, a saber: Europa debía “acoger” a toda esa masa de población e integrarla en su seno, la inmigración era una “oportunidad” y los temores a las turbulencias islamistas no eran más que falsedades propaladas por la “extrema derecha”. Dos años después, la presencia cotidiana del terrorismo yihadista en Europa es una realidad y la afluencia de “refugiados”, sin ser la causa, tampoco ha sido ajena a esta espiral de muerte. La evidencia debería mover a cambiar de posición, a rectificar abiertamente. De lo contrario, esos mismos poderes estarán siendo ya no cómplices, sino responsables directos de la calamidad.

¿Es posible vencer al yihadismo? El yihadismo es un problema específicamente musulmán que sólo puede resolverse desde el mundo islámico. Pero nosotros, europeos, sí podemos hacer algo para prevenir las consecuencias del fenómeno. Primero, en nuestro suelo, truncar el desarrollo de comunidades culturales que no acepten las normas de convivencia generales y, en vez de integrarse, buscan implantar su propio orden. Y además, en el plano internacional, favorecer la consolidación de estructuras estatales en el mundo musulmán que contengan el fenómeno dentro de márgenes políticos estrictos, como están haciendo Marruecos y Egipto, por ejemplo. Hasta hoy, la política europea ha sido exactamente la contraria: debilitar la identidad propia en beneficio de la ajena y secundar la descabellada política americana de desestabilización de los regímenes instalados en el mundo musulmán. Es urgente rectificar esa política. No descubrimos nada nuevo: todos lo saben en Bruselas, Berlín o París. Más dudoso es que algún líder político, en esta Europa castrada y acomplejada, dé el primer paso.

Es imprescindible plantearse aquí algo que para nosotros debería ser fundamental: el destino de Europa, de todas las naciones que hacemos Europa. Es normal que el enemigo ataque; lo que no es normal es que uno renuncie a defenderse. La Unión Europea ha querido construirse como una no-identidad, como un espacio económico vacío y neutralizado, un laboratorio del final de la Historia en la indiferencia del mundo global. Es un horizonte que sólo promete aniquilación. El problema es mucho más que político y económico. Si queremos salir de esta viscosa impresión de camino cerrado, es preciso recuperar la conciencia de nosotros mismos, y eso pasa necesariamente por reivindicar la propia identidad histórica y político, única forma de señalar un proyecto colectivo. Exactamente lo contrario de lo que hoy proponen los mandamases del asilo europeo.

ATENTADO EN LONDRES
El terrorismo acelera el ritmo
PEDRO BAÑOS El Mundo 5 Junio 2017

Los británicos vuelven a ser golpeados por el terrorismo salafista-yihadista. Pero ya no es un caso aislado ni esporádico. Con tres atentados sufridos en poco más de dos meses, no cabe duda de que el Reino Unido se ha convertido, junto con Francia, en uno de los grandes enemigos de los islamistas, estando este país constantemente amenazado en los mensajes que lanzan contra los "cruzados". Pero no son los únicos. En los últimos meses la frecuencia de los atentados en Europa no ha dejado de aumentar. Ninguna ciudad europea parece estar libre de esta amenaza: Berlín, Estocolmo o San Petersburgo lo dejan patente.

Podría pensarse que este incremento de la actividad terrorista se debe a la debilidad de un Estado Islámico, Daesh, que se ve acosado en el escenario sirio-iraquí. Cierto es que en Siria este grupo terrorista ha perdido la mitad del territorio y cada vez está más próximo el asalto a Raqqa, la ciudad donde estableció la capital de su autodenominado califato. Peor aún lo tiene en Irak, donde apenas controla el 20% de la extensión que tuvo en su poder, y en Mosul está cercado en la parte antigua. Pero esta fragilidad puede ser engañosa, pues sigue cometiendo atentados a diario en Siria e Irak, muchos de ellos suicidas, vuelve a actuar en zonas de las que se le consideraba expulsado, y sus tentáculos se extienden a lugares tan alejados como Egipto, Filipinas o Afganistán, donde en nombre de Daesh se comenten constantes ataques. Aun cuando llegue a darse por derrotada su capacidad bélica, el Estado Islámico distará mucho de estar acabado; su perversa ideología, que tanto sufrimiento genera contra todo aquel que se opone a sus fines, incluyendo a otros musulmanes, no será sencilla de extirpar.

Esa fuerza remanente es justo la que pretenden manifestar con estos atentados. Con la finalidad de sortear el intensificado control de armas de fuego y explosivos, al tiempo que provocar aún mayor temor precisamente por las características de los instrumentos usados en la matanza, Daesh llevaba semanas animando a sus seguidores a atacar allí donde pudieran con camionetas -dando consejos sobre cómo alquilarlas y emplearlas-, cuchillos o cualquier otro medio cotidiano transformado en arma improvisada. Poco antes de cometerse el atentado, el Estado Islámico había hecho un llamamiento a sus seguidores a través de Telegram para que atacaran con vehículos y cuchillos durante el ramadán, que ahora entra en su segunda semana. Nada extraño, pues esta celebración, uno de los cinco pilares del islam, ha sido tradicionalmente empleada por grupos como Al Qaeda o Estado Islámico para intensificar su campaña de ataques, prometiendo a sus terroristas aun mayor gloria al actuar en este mes sagrado para los musulmanes.

Los réditos de la violencia
Las lecturas de este último atentado ejecutado en dos tiempos son múltiples. Se ha tratado de una clara operación suicida, en la que si bien no es esencial la muerte de los atacantes para conseguir el éxito del ataque, las probabilidades de que sobrevivan son exiguas. Los terroristas están replicando los últimos atentados exitosos: si el de Manchester era Bataclan 2, éste del puente de Londres imita al cometido en marzo en Westminster. Por otro lado, con la actuación simultánea de tres terroristas, modalidad que no se había visto en los últimos atentados en suelo europeo, intentan demostrar que están sobrados de personal que desee actuar en su nombre. Además, mostrando capacidad para golpear a un país tan protegido como Reino Unido, pretenden trasladar un mensaje de determinación y capacidad de actuación.

Lamentablemente, los atacantes logran importantes réditos con la masacre: obtienen abundante publicidad por el simbolismo de los objetivos; paralizan un proceso democrático al suspenderse la campaña electoral; y se incrementa la psicosis colectiva en Europa, que genera estampidas como la provocada en Turín por una falsa alarma.

Y todavía queda por ver el influjo en las elecciones del próximo día 8. No cabe duda que los yihadistas también persiguen atacar uno de los pilares de la democracia como es votar. Intentaron influir en las pasadas elecciones presidenciales francesas y lo han vuelto a hacer en las británicas. Estas circunstancias benefician a los políticos partidarios de frenar o cuando menos extremar el control de la inmigración, focalizada en los musulmanes. Que los perpetradores sean nacidos en el país atacado no es impedimento para que el atentado sea aprovechado políticamente, pues como lo habitual es que sean hijos o nietos de inmigrantes, igualmente les es útil a los más xenófobos. De llegar a fracturarse las sociedades, los terroristas islamistas habrían conseguido sus objetivos.

En el otro lado de la balanza hay que destacar la rápida y eficaz actuación de la policía, que a buen seguro evitó una matanza mayor. Así como la siempre positiva reacción del pueblo británico, cuya capacidad de resistencia y recuperación la lleva demostrando desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué hacer?
La gran pregunta es qué hacer para evitar atentados de esta naturaleza. Las fuerzas policiales y los servicios de Inteligencia constantemente desbaratan posibles atentados, pero es materialmente imposible controlar en el mundo físico y virtual a todos los sospechosos de radicalización severa. Según el MI5, el servicio de seguridad británico, en Gran Bretaña existen unos 23.000 potenciales terroristas, de los cuales no pueden hacer un seguimiento completo más que a 3.000. Peligro amplificado con el casi millar de personas que han partido de ese país para unirse a las filas del Estado Islámico en los escenarios de Irak, Siria o Libia, de los cuales pueden haber retornado unos 300.

Una de las líneas a seguir de modo imperativo debe ser la aplicación estricta de la ley, sin fisuras. No se deben tolerar los discursos radicales contrarios a los principios democráticos, desde el primer momento en que se tenga conocimiento de ellos. La permisividad en este sentido costará caro en el futuro. La regulación de internet y los servicios de mensajería instantánea es una prioridad que debe coordinarse ente todos los países para evitar la difusión de mensajes extremistas y la preparación y comisión de atentados.

Pero sobre todo hay que comprender en su totalidad las causas primarias que dieron y siguen dando origen a estos atentados. Mientras éstas no se resuelvan, siempre habrá personas, por multitud de motivaciones personales y sociales, que, hábilmente manipuladas, estén dispuestas a convertirse en terroristas. Especialmente en países como el Reino Unido, donde los musulmanes que configuran el 25% del total de la población de algunos barrios periféricos de las grandes ciudades se convierten en el caladero ideal en el que pescan los yihadistas para captar a sus acólitos.

A modo de conclusión podría decirse que no debemos acostumbrarnos a los atentados, como no lo hacemos ante el fallecimiento de un ser querido por más pronosticado que estuviera. Pero hay que ser consciente de que se seguirán produciendo mientras persista la inestabilidad en Oriente Próximo, pues Europa padece las consecuencias de causas muy profundas localizadas en esa parte del mundo, donde la violencia desatada sigue hondamente enraizada y las soluciones exclusivamente militares no parecen estar dando el resultado apetecido.

* Pedro Baños es coronel, analista geopolítico y experto en terrorismo.

La tolerancia del extremismo se vuelve pesadilla
EDITORIAL El Mundo 5 Junio 2017

El zarpazo terrorista vuelve a golpear a Europa. Reino Unido es hoy un país en estado de shock, tras sufrir el tercer atentado islamista en apenas tres meses. El ataque en el célebre Puente de Londres se ha producido, además, es vísperas de las elecciones legislativas británicas del jueves. Una vez más, el terrorismo intenta influir en las urnas. Porque el yihadismo no busca sólo provocar el mayor daño posible en Occidente, sino que también persigue combatir los valores y el modo de vida que nos caracteriza. El Estado Islámico ha declarado la "guerra total" a los occidentales no por lo que hacemos, sino, sencillamente, por lo que somos y representamos en el mundo.

Por ello, Europa en su conjunto está en el punto de mira, y en estado de alerta máxima desde hace ya varios años. Y los muchos ataques perpetrados por el IS en distintos países demuestran la gran capacidad que la organización terrorista más peligrosa de la historia tiene para situar su conflicto en suelo europeo. El Califato está sufriendo un retroceso imparable sobre el terreno, en Siria e Irak, gracias a la acción coordinada de las potencias mundiales. Y, como reacción, intenta redoblar sus ataques en el exterior para exhibir músculo y cierta fortaleza a modo propagandístico. Le favorece, además, el hecho de avanzar en el reclutamiento de activistas en Europa. Todos los servicios de Inteligencia detectan un progresivo aumento de ciudadanos radicalizados. Como alertaba la primera ministra británica, Theresa May, en la reciente Cumbre del G-7, el yihadismo está pasando del campo de batalla a internet, principal vía de radicalización. Y pedía una mejora de la cooperación occidental en la prevención y la lucha antiterrorista en este ámbito, cada vez más prioritario.

Es difícil calibrar hasta qué punto los atentados influirán en las elecciones británicas. Lo que sí sabemos es que las encuestas no dejan de estrechar la distancia entre los conservadores y los laboristas. La primera ministra decidió este adelanto electoral con el único objetivo de ampliar su mayoría parlamentaria y fortalecer su liderazgo para negociar con más fuerza el Brexit con Bruselas. Pero su pretensión de que éste fuera casi el único argumento de campaña se fue al traste; el debate de la seguridad se ha situado en primer plano, lo que está favoreciendo las perspectivas laboristas.

Por ello, May se vio obligada ayer a endurecer su discurso, denunciando que "hay demasiada tolerancia con el extremismo" en su país. No es éste, sin embargo, un diagnóstico nuevo. Tanto su antecesor, David Cameron, como ella misma, han declarado repetidamente la "guerra" al radicalismo islámico, sin éxito. Las políticas de integración se han demostrado fallidas. Y en las periferias de las grandes ciudades se han enquistado grandes guetos. La situación es una auténtica bomba de relojería. De hecho, los servicios de Inteligencia británicos tienen detectados a unos 23.000 potenciales yihadistas, una amenaza desbordante. Máxime porque las redes cibernéticas se han convertido en un gran reino de impunidad para la propagación del yihadismo. Al igual que lo son muchas mezquitas sobre las que las autoridades de los distintos Estados europeos apenas ejercen control. Esperemos que las promesas de hoy de May de aplicar cambios en la lucha contra el extremismo no sean el olvido de mañana.

Pero, en el caso concreto británico, también se han producido errores ante los que la premier no puede echar balones fuera. Así, por ejemplo, las filtraciones de los servicios de Inteligencia de EEUU tras el atentado de Manchester que tanto malestar produjeron en Downing Street, dejaron al descubierto fallos de la Seguridad británica en la vigilancia de sospechosos. De ahí que Londres deba revisar sus protocolos. Y, al mismo tiempo, sea imprescindible redoblar la cooperación tanto comunitaria como con EEUU para luchar más eficazmente contra el yihadismo. No caben meteduras de pata como la de May, meses atrás, cuando amenazó a la UE con rebajar su aportación en esta materia si no se lograba un buen acuerdo comercial tras el Brexit. Con algo tan serio como la seguridad, no caben juegos, como se volvió a demostrar este trágico sábado.

Basta ya de política de lamentos
Editorial La Razon 5 Junio 2017

Es un ejercicio absurdo intentar meternos en la cabeza de un terrorista dispuesto a matar personas indefensas; a niños y jóvenes en un concierto de música; a mujeres y hombres que acuden en metro, tren o autobús a sus trabajos; o a ciudadanos atropellados mientras pasean por las calles y disfrutan de ese impagable momento de libertad. Pero considerar que sólo desde la mentalidad enferma del terrorista es posible llevar a cabo esas atrocidades no debería impedir que sepamos las verdaderas razones por las que el yihadismo y su brazo más letal del Estado Islámico están atacando las capitales europeas.

El último atentado de la noche del sábado en el centro de Londres con el método del atropello y el apuñalamiento vuelve a poner encima de la mesa la vulnerabilidad de las sociedades libres. Los terroristas lo saben y quieren evidenciar que poco se puede hacer cuando alguien están dispuestos a lanzar su coche contra la gente que pasea o cuando se inmola en la multitud de un concierto. Es cierto. Poco se puede hacer si no se impide que las células en las que brota el odio de la yihad puedan desarrollarse precisamente en sociedades donde se respeta y se defiende la libertad religiosa. Estos ataques no son anecdóticos por el sólo hecho de que el número de víctimas de los últimos tres ataques en Gran Bretaña no llegan al centenar de víctimas, una cifra asumible en cualquier otro conflicto bélico, sino porque si no se cometen otros con más coste humano es porque no pueden llevarse a cabo.

Nuestra libertad no se puede sacrificar por la seguridad, pero nuestra libertad debe ser también defendida con más seguridad. Hay que saber cuánta de nuestra privacidad personal estamos dispuestos a perder en aras de una mayor control, por ejemplo, en los servidores informáticos, en la que circula una información que, según los expertos, es fundamental para detectar los pasos de los terroristas. Ayer, la primera ministra británica Theresa May habló de que existe «demasiada tolerancia» con el extremismo musulmán en el Reino Unido. Es decir, la guerra puede ganarse sobre el terreno en Irak y Siria y frenar los horrores del califato impuesto por el Daesh (ayer mismo se hizo público que al menos 170 civiles fueron asesinados cuando intentaban huir de Mosul por los yihadistas), pero el «ejército interior» sólo puede derrotarse, dijo la premier, si sabemos defender nuestros valores frente a los del islamismo radical. Pero añadió algo más: hay que negarles a los terroristas el «espacio de seguridad que necesitan para crecer», en referencia a Internet y a las redes sociales, que es donde desarrollan sus actividades de captación.

Pero también habló del «mundo real», donde los yihadistas, como cualquier ciudadano, puede moverse libremente, por lo que es necesaria una colaboración más estrecha de los ciudadanos para identificar a los posibles terroristas. Es evidente que en la estrategia de Daesh está también la de interferir en el acontecimiento principal de una democracia: las elecciones. Es la segunda vez que en la actual campaña electoral se produce un atentado y que ésta debe ser suspendida. Sin duda, este hecho influirá en el voto, pero no será determinante, aunque los tres ataques recientes de Reino Unido pueda debilitar la posición de su gobierno en un momento en el que el Brexit ha forzado su ruptura política de la UE. El Estado Islámico busca un objetivo mayor: golpear a Europa, mostrar su debilidad, la ausencia de dirección común en la política migratoria.

Es imperativo actuar
El islamismo desarticula a Europa
Salvador Burguet Gaceta.es 5 Junio 2017

En la noche de este sábado, cuando media Europa festejaba la victoria de un equipo de fútbol español en la Final de la Copa de la Champions, tres individuos en una furgoneta sembraban el caos en Londres. Con una frialdad calculada y unos movimientos precisos, el vehículo irrumpió en el London Bridge a cerca de ochenta kilómetros por hora, arremetiendo contra los transeúntes que encontraba a su paso, y si no los buscaba, para luego descargar a sus pasajeros en el mercado de Borough y acabar su acción a pie cuchillo en mano. La reacción de las Fuerzas de Seguridad londinenses fue lo único que evitó una tragedia aún mayor. Sin embargo, y sin desmerecer la profesionalidad de la Policía de la “city”, este nuevo ataque a la libertad y a la democracia, dos factores básicos en el sistema social occidental y dos elementos de choque frontal con el islamismo radical de los seguidores de Abu Bakr al-Baghdadi, pone encima de la mesa, por enésima vez, que ellos, los que empuñan los cuchillos, los fusiles de asalto o las bombas caseras van muchos pasos por delante de los demás.

Mirando los detalles del ataque de anoche en Londres, podemos concluir, sin miedo a equivocarnos, que los ejecutores no son miembros operativos (de número) de Estado Islámico. Sus formas de actuación, con armas básicas cuando el fusil hubiese sido más letal en el entorno elegido, son uno de los indicadores que llevan a esta conclusión. Otro es el hecho de que portaban chalecos con simulados explosivos, una forma de amedrentar a la población y a las Fuerzas de Seguridad que, a buen seguro, si se hubiesen dado cuenta de estas vestimentas se lo hubiesen pensado dos veces antes de disparar (cuántas veces hemos explicado esto en los Seminarios para FCSE, y cuánto ojos se abrían como platos ante el desconocimiento de lo que se ponía en la pantalla, y no es culpa de ellos que se juegan la vida por los demás). Un operativo real de Estado Islámico lleva el chaleco preparado para activar. Sin embargo, y tampoco tenemos miedo a equivocarnos porque así nos lo demuestran nuestros Análisis de Inteligencia, sí es cierto la existencia de una célula muy activa de planeamiento y monitorización de estas acciones, que aprovecha la existencia de elementos susceptibles de ser radicalizados como carne de cañón. Porque eso es lo que eran los individuos de anoche. Ni una operación “inghimashi”, ni un comando “intimashi”, ni “soldados el califato”, por usar la narrativa retórica y repetitiva de los islamistas. Elementos radicalizados que no representan a la religión que profesan, que realmente no saben por qué hacen lo que hacen, pero que han sufrido tal proceso de programación psicológica, que no ven más allá de lo que sus mentores ideológicos les han puesto delante de los ojos. Y aquí está uno de los problemas. Europa no ha sabido, por ver el lado medio lleno, acometer el problema de esta programación con medidas activas, esas conocidas como “contra-narrativa”, para evitar que el refrán de los polvos y los lodos se hiciese realidad. En segundo lugar, este nuevo ataque tan cercano en tiempo del penúltimo cometido en Gran Bretaña, también demuestra de manera trágica pero irrefutable que algo falla en la arquitectura de Inteligencia, y no solo del Reino Unido. Cuántas veces hemos dicho, de nuevo en los Seminarios para FCSE, que se tiene identificada la “amenaza” pero que no la conocemos. Pero luego hablaremos de eso.

Si algo nos diferencia de aquellos que escondidos en la excusa de la religión pretenden acabar con nuestra forma de vida, por cierto y también con la de aquellos que siguen a Mahoma desde el respeto a los demás, es nuestro seguimiento escrupuloso de las más básicas normas de convivencia. La historia de Europa, por trágica y devastadora en muchos momentos, nos ha dado una duras pero efectivas lecciones que todos hemos sabido aprender. Eso se llama evolución, desarrollo y miras de futuro. Esa es la diferencia básica y eso es lo que estos individuos no pueden entender. Ellos no saben de aprender de los errores, no buscan analizar las situaciones, adivinar los por qué de las cosas. Su reducción del arco visual junto con su limitado entender, les hacen buscar la figura de alguien, presuntamente más inteligente (y en esto no se equivocan), que les ayude a ver la “verdad”. Y esa persona la encuentran en aquellos que usan de esa verdad para sus fines particulares. Cuando una persona es víctima de un proceso de radicalización, lo que debemos analizar es cómo es ese proceso, qué le ha llevado a caer en las manos de esos falsos “profetas”, no solo reducir su existencia a la posibilidad de que pueda realizar alguna acción hostil. Y eso no se está haciendo, en ningún sitio, no nos equivoquemos.

Es imperativo que Europa actúe en este campo. Es imperativo que se plantee una eficaz campaña de contra-narrativa, sutil en sus formas pero agresiva en sus fondos. No podemos, no debemos, pensar como occidentales, porque así vamos a perder este conflicto que, poco a poco, más se parece a una guerra encubierta que a otra cosa. Para desarrollar esa campaña debemos convertirnos virtualmente en islamistas, saber qué les gusta a ellos, qué necesitan, y aplicarlo en nuestro beneficio. En repetidas ocasiones a aquellos que asisten a nuestras conferencias les decimos “para combatir el terrorismo islamista no se puede pensar como un policía”, lo cual hace que la audiencia reaccione de inmediato. Sin embargo, cuando este razonamiento es aclarado, la situación se revierte al momento. Y es que no, no se puede pensar como policía sino como un operador de Inteligencia. Es necesario poner en funcionamiento reales operaciones de obtención de información, hacer análisis de Inteligencia reales, que permitan establecer patrones de conducta. Es necesario conocer los putos débiles del contrario, que en este caso es más enemigo que otra cosa más diplomática, y actuar sobre ellos. No podemos plantear campañas diseñadas para evitar la radicalización con dibujos que más parecen de “quiero y no puedo” que otra cosa. Competir contra publicaciones como Rumiyah, con fotografías en alta definición, llamativas y que atraen al ojo humano, no se hace con dibujos en blanco y negro que, además, cualquier psicólogo sabe que dan un mensaje contrario al buscado. No podemos ante los vídeos más propios de una productora norteamericana que de una organización terrorista, enfrentar anuncios en televisión que, sinceramente, no llaman a nadie.

Hay que ganarse a la audiencia, como lo hace un fabricante de coches, un vendedor de cremas de belleza o la tienda de la esquina. Para ello hay que luchar con sus mismas armas, dentro de la legalidad eso sí, pero con sus mismas armas. Esos que planifican, diseñan, maquetan y emiten la propaganda islamista, no nos equivoquemos, son occidentales. Son personas como los que ahora leen este artículo que ayer eran nuestros vecinos y ahora nos quieren destruir. Porque solo ellos pueden saber cómo actuar en los puntos débiles de la sociedad occidental. En definitiva, los islamistas están desarticulando a Europa.

Pero, como decía anteriormente, no se trata solo de actuar en el aspecto de la propaganda y sus consecuencias. Este nuevo atentado en Londres lo que también está marcando es la necesidad de remodelar las formas de lucha contra el terrorismo islamista. Algo no funciona, algo no se está haciendo bien, y las pruebas yacen sobre el suelo del London Bridge.

Se ha identificado la amenaza, sabemos quién es el malo, pero no lo se le conoce, porque en la lucha contra el terrorismo identificar no es igual a conocer. En general, y me refiero a Europa y sus países contratantes, no se conocen las formas de actuar del terrorista islamista. No se sabe la motivación que le lleva a cometer atentados. Se desconocen las formas operativas de preparar sus acciones. Y no hablo de los profesionales como los que actuaron en París en 2015. Esto que puede parecer extraño es una realidad patente, palpable y de la que doy fe porque la vivo cada vez que en AICS damos una charla a los que tienen que proteger a los demás. Para un miembro de las FCSE, de las policías autonómicas, de las locales, incluso para los vigilantes de seguridad, saber la historia de Estado Islámico es una anécdota. Conocer los pormenores del conflicto en Siria es cultura colateral para su trabajo, y en eso parece que estamos centrados. Lo importante es saber algo tan sencillo como la forma de aproximarse a un individuo sospechoso, cómo hacer una entada y registro y no tocar los cargadores de AK-47 porque pueden ser trampas explosivas, cómo distinguir cuando alguien está jugando con los funcionarios policiales o dice la verdad. Pero para eso hay que meterse en la piel del terrorista. Hay que conocer la amenaza, cómo piensa. Hay que actuar como un operador de Inteligencia.

Mientras no nos demos cuenta que la solución pasa por atacar el problema con medios de obtención eficientes, con personal que realmente sepa qué tiene entre manos (y hasta ahora este personal escasea y mucho), con profesionales que, lejos de vestir de marca, se integren en el entorno potencialmente hostil, ellos van a ir muchos pasos por delante. Mientras no aceptemos que no somos los mejores y que hay terceros que nos pueden ayudar, ellos siempre nos van a tomar la delantera. Y esto, tristemente cierto, no tiene visos de mejorar. Es el momento de dejar de lado narcisismos improcedentes en tiempo y forma, y de buscar la unión de esfuerzos, de todos los esfuerzos posibles, para luchar contra esta guerra encubierta que amenaza con aumentar en violencia y efectividad. No es momento de jugar a espías, a acumular información y utilizarla de manera unilateral, es momento de actuar con Inteligencia, con mayúsculas,y que nada tiene que ver con la masa gris. Si la ayuda viene de fuera del entorno, que sea bienvenida. Si alguien puede aportar algo positivo, profesional, coherente y sustanciado en conocimientos reales, que sea utilizado.

Ellos nos conocen muy bien y nosotros, a pesar de que los tenemos en casa, no sabemos ni lo que les gusta comer.

Estado Islámico está desarticulando a Europa y Europa se está dejando desarticular. Y si el lector de este periódico se pregunta por qué en España no, pues le diré que por ahora hay motivos para que sea así, pero que “las cosas no son lo que parecen, se muestran o se venden”.

Europa unida frente al 'terrorismo low cost'
El rugido del león El Espanol 5 Junio 2017

Apenas tres semanas después de que un lobo solitario armado con un explosivo de fabricación casera se inmolara en la puerta de un concierto en Mánchester, el yihadismo vuelve a cebarse con el Reino Unido. Los atentados del sábado noche contra el London Bridge y el Borough Market, que han costado la vida a siete inocentes y herido a medio centenar -entre ellas un español-, confirman que el terrorismo low cost debe ser considerado una amenaza prioritaria en toda Europa. No se trata de ser alarmistas, sino de ponderar con rigor las nuevas formas del terror para combatirlas del modo más eficaz. Desde que en 2016 un yihadista atropelló con un camión a más de 200 personas en Niza, este tipo de ataques sorpresivos parecen haberse puesto de moda entre los radicales. De hecho, pocos meses después del ataque de Niza, un fanático arrolló a los visitantes de un mercado navideño en Berlín; en marzo, otro yihadista atropelló a decenas de peatones en el puente de Westminster; y sólo un mes más tarde, un atentado con camión desataba el caos en Estocolmo. El ataque perpetrado el sábado por los tres terroristas abatidos emula este patrón, empleado desde hace décadas en Israel y otros países de Oriente Medio, África y Asia.

Ataques baratos
Para un fanático decidido a convertirse en mártir en el nombre de Alá, lanzar un vehículo contra la multitud y atacar con hachas y cuchillos indiscriminadamente resulta más fácil y barato que planificar atentados con bombas y armas de fuego. Sin embargo, en términos de propaganda criminal, estos ataques resultan igual de eficaces y generan una sensación de vulnerabilidad especialmente acusada en sociedades abiertas y multiculturales.

La premier británica, Theresa May, quiere librar con todas sus consecuencias la batalla contra el yihadismo en internet -para acabar con las páginas de propaganda, adiestramiento y reclutamiento- y dar más poder a la Policía para, entre otras cosas, aumentar las horas que un detenido por terrorismo puede estar bajo arresto. Es normal que trate de lanzar un mensaje de firmeza y tranquilidad. Sin embargo, cabe preguntarse si no habla desde la frustración o -lo que sería peor- si está cayendo en la tentación de comprometerse a un endurecimiento de las leyes, sin el debate preceptivo en el Parlamento, pensando en que este mensaje mejora sus opciones de cara a las elecciones del jueves.

El problema del 'brexit'
Puede que Theresa May tenga razón cuando advierte de que en Europa ha sido demasiado tolerante con el extremismo. Pero debe concretar qué medidas quiere adoptar para acabar con esa supuesta tolerancia porque tan importante es revisar los protocolos y estrategias de lucha contra el terrorismo, como propone en caliente la lideresa conservadora, como proteger los valores de libertad y los derechos civiles europeos.Los últimos ataques se han producido en Reino Unido, pero es toda la UE la que debe afrontar con valentía la amenaza creciente de los atentados low cost, por lo que es crucial que los países intensifiquen y mejoren su cooperación en inteligencia. Una vez más, el brexit va en sentido contrario a los retos que Europa tiene por delante.

Fútbol, terror y Felipe III
Pedro de Tena Libertad Digital 5 Junio 2017

Apenas había terminado la final europea con la victoria del Real Madrid, cuando las emisoras de radio, siempre más rápidas, daban la noticia de un atentado, otro, en Londres. Se habló de un vehículo atropellando peatones en el Puente de Londres. Luego supimos que tres asesinos islamistas se bajaron del coche en el Mercado de Borough y comenzaron a asestar cuchilladas al público presente en el recinto al grito de "Esto es por Alá". Siete muertos, por ahora, y decenas de heridos.

Es el segundo atentado en el Reino Unido en menos de quince días, tras la explosión de una bomba a la salida de un concierto de Ariana Grande en Mánchester. Suma y sigue: París, Niza, Bruselas, Estocolmo, Berlín, Múnich y Londres, puente de Westminster. Los mismos 400 millones que disfrutaron del partido de la final de la Champion tuvieron luego noticia del atentado. Seguramente, bastantes habrán pensado qué hubiera ocurrido si un atentado de este u otro tipo tiene lugar en un estadio donde miles de aficionados se reúnen para gozar de un juego que, como muchos otros deportes, sustituye la violencia atávica por una competición pacífica.

Lo políticamente correcto no permite decir lo que debe ser dicho. Pero hay que decirlo. Europa, la Europa cristiana –que no de otra parte viene la idea de la tolerancia–, superó siglos de violencia religiosa y de intransigencia intelectual en un proceso que comenzó hace casi cuatro siglos. Naturalmente, ello fue posible porque, junto al fanatismo y la exaltación de lo incomprobable, en el cristianismo siempre ha latido un deseo de racionalidad. Desde muy tempranos tiempos, la Iglesia trató con cuidado a la razón y finalmente, no sin excesos ni pecados, se vio obligada a reconocer que es preciso convivir con otras creencias en el foro público, siempre que entre todas ellas haya libertad de acción y reciprocidad de trato bajo el imperio de un derecho compartido.

Eso no ha ocurrido en el islam. Quizá hubo oportunidades para ello, pero no se consumaron. A pesar de haber sido los musulmanes, singularmente los españoles, los encargados de transmitir la filosofía y la ciencia clásicas a los reinos cristianos, la razón siempre fue subordinada a una fe incontrolada y a una voluntad genética de conquista de toda la tierra. Los practicantes islámicos siempre, no ahora, han sido intolerantes y han tenido como finalidad la dominación del mundo. La supuesta convivencia de las culturas islámica y cristiana es, en general, una mentira.

Cuando se abre la puerta a lo políticamente incorrecto exiliado por el buenismo estúpido imperante se aparece la figura de Felipe III, artífice de la expulsión de los moriscos en España. Como decía Agapito Maestre en estas mismas páginas, no es ya tiempo de recuperar medidas así. Pero sí es tiempo de reflexionar por qué desde los tiempos de Carlos I y Felipe II se barajó la idea de dicha expulsión, con sus graves consecuencias económicas y sociales. Fue Huari Bumedián, el líder argelino, quien predijo en 1974 que los islamistas conquistarían el mundo con el vientre de sus mujeres sin pegar un solo tiro. Gadafi creía lo mismo. Llevaron camino de acertar en lo primero y erraron en lo segundo. Hay tiros, hay bombas, hay terrorismo.

Por eso, cada día más, Europa debería tener en cuenta sin prejuicios ni complejos por qué se concluyó en el siglo XVII que era imposible la convivencia de los islamistas en España. Y tras el partido y la noticia, es lo primero que se me ha venido a la cabeza. ¿Acaso no es correcto? Pues es lo natural.

La MMC
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 5 Junio 2017

Maza, Catalá y, en dos tandas, Mariano. Este es el pleno al tres que se prepara para ejecutar ese 11-M sin muertos que comenté aquí hace meses. No es alarmismo -viví el 11-M con muertos y su ocultación- ni adivinación, es que está clarísimo. Lo que sorprende en los medios de comunicación de la que empieza a ser la sociedad peor comunicada de la Historia es que no quieran ver lo que está ante sus narices. Tal vez el nuevo periodismo mitiga el horario largo y los sueldos bajos con la satisfacción de grandes revoluciones a cuatro columnas y letreritos intencionados al pie de una imagen de televiolencia. Fervorines que volarán polvorines, siempre bajo la dictadura de lo políticamente progrecto que implanta la autocensura e interioriza el terror intelectual en el que da la noticia y en el que la recibe.

Le demagogia, que no democracia, televisada que anunció Sartori ya está aquí. Llegó en el Sextabús conducido por la UCO y va camino de la AN a degollar a la MMC, por su orden: Maza, Mariano y Catalá. Muchos disfrutan sextacitados como aquellas tricoteuses, que hacían calceta viendo guillotinar a la gente. Al principio conocían al decapitado; al poco, ya no conocían a nadie. Pero mataban la tarde. Disfrutaban de lo que el asesino de masas Lenin llamaba "venganza histórica". ¿Contra qué? ¡Contra la Derecha, contra la corrupción!, se engallan los echaos p'alante, desde el ejecutivo pijirrico al becario sesentón; y votan a Pablo el de la Tuerka en negro, a Echenique el defraudador, a Monedero el del medio millón de dólares sin declarar, a Errejón el de la beca black, a Espinar el de la VPO (Viva Papá Obrero) comprado por la cara y vendido por la jeta. Podemos es un chollo moral: la corrupción sin remordimientos.

Como el post-PSOE de Snchz. ¿No es el mismo "grupo criminal organizado" -jerga de la UCO, Fiscalía y Jueces del Pueblo- de González, ZP, Rubalcaba, las cloacas, el GAL -que mató en 10 años menos que el chavismo en 10 días- y más casos de gran corrupción que ningún partido europeo, salvo Pujol? Cifuentes ha sido mal aplaudida y peor alanceada en la Asamblea de Madrid por la adjudicación de una cafetería de 60.000 euros. Susana Díaz, ni moción, aunque el "grupo criminal organizado" PSOE&IU&CCOO&UGT robó cientos de millones de euros en ERE, Cursos de Formación y Pasáunavaca. ¿Anticorrupción? ¡Ja!

El mito del milagro económico de izquierdas en Portugal
La política económica del Gobierno portugués dista de ser espectacular. El país no ha abandonado la austeridad y no está obteniendo mejores resultados que España
Juan Ramón Rallo El Confidencial 5 Junio 2017

Desde hace varias semanas, venimos escuchando que la coalición gubernamental de izquierdas de Portugal está obteniendo unos resultados espectaculares en términos de crecimiento, creación de empleo y reducción del déficit público después de haber abandonado la insoportable austeridad impuesta por la Troika. Podemos no ha tardado en atribuirse semejante éxito: si el PSOE no se hubiera plegado a los poderes fácticos y hubiese accedido a pactar con los de Pablo Iglesias, entonces hoy España habría abandonado la asfixiante austeridad berlinesa y progresaríamos tanto como nuestros vecinos lusos.

Permítanme desentrañar las dos mentiras de esta historia: primero, Portugal no ha abandonado la austeridad; segundo, Portugal no está logrando mejores resultados que España.

Portugal, más austeridad que en España
La coalición de izquierdas de António Costa comenzó a gobernar en Portugal el 24 de noviembre de 2015. Es verdad que algunas de sus primeras medidas implicaron la reversión de algunos de los recortes y de las reformas recomendadas por la Troika: volvieron a rebajar la jornada laboral de los empleados públicos a 35 horas semanales, indexaron de nuevo las pensiones al IPC, paralizaron algunas privatizaciones e incrementaron el salario mínimo un 10%. Pero nada de ello significa que dieran marcha atrás en la austeridad.

Así, el gasto público del Estado luso pasó de 86.740 millones de euros en 2015 a 83.335 millones de euros en 2016: un recorte de casi el 4%. Durante ese mismo periodo, por el contrario, el Estado español incrementó su gasto público un 3,3%. Acaso se alegue que la coalición de izquierdas solo controla el Gobierno central y no la Administración municipal; pero da igual: el gasto del Gobierno central luso se redujo desde 65.800 millones de euros a 62.700 (una caída del 4,7%). O tal vez se replique que el grueso de ese ahorro procede del menor pago de intereses de la deuda; igualmente falso: los desembolsos del Gobierno central excluyendo intereses de la deuda se redujeron desde 57.400 millones de euros a 54.300 (un recortazo del 5% en términos nominales y del 6% en términos reales).

Así pues, cuando se nos diga que Portugal ha reducido en 2016 su déficit público por debajo del 3% por primera vez en toda la crisis, recordemos que lo ha logrado enteramente por el lado de meter tijeretazos al gasto público. En 2015, el gasto público del conjunto de las administraciones públicas lusas ascendió al 48,3% del PIB, mientras que sus ingresos totalizaron el 44% del PIB. Resultado: un déficit equivalente al 4,3% del PIB (déficit que, por cierto, ya había experimentado una sustancial rebaja frente al 7,2% del PIB con que había cerrado en 2014). En 2016, los ingresos públicos de Portugal se redujeron del 44% del PIB al 43,1%, de manera que todo el ajuste se realizó por el lado del gasto, el cual disminuyó desde el 48,3% al 45,1%.

Un gasto público del 45,1% del PIB es, por cierto, su nivel más bajo desde el año 2007: es decir, el superkeynesiano y antiaustericida Gobierno de izquierdas de Portugal ha adelgazado su sector público al nivel más bajo de la última década.

Llegados a este punto, quizás intente argumentarse que estos fuertes ahorros del gasto público no afectaron al dinamismo de la economía porque el Gobierno luso entendió la necesidad de impulsar la recuperación con mucha más inversión pública. Pero tampoco: la inversión pública se contrajo desde el 2,3% del PIB en 2015 al 1,5% del PIB, su nivel más bajo desde al menos 1995 (momento en el que comienza la serie histórica). Tanto es así que la inversión pública de Portugal en 2016 fue incluso inferior a la de España.

En definitiva, el Gobierno portugués 'de izquierdas' solo profundizó en 2016 en la austeridad de su antecesor Passos-Coelho. Es verdad que se frenaron algunos recortes (en cuyo caso, la austeridad habría sido aún mayor), pero no olvidemos que Rajoy también frenó algunas privatizaciones programadas por Zapatero (como Loterías) y revirtió en 2015 y 2016 parte de sus recortes previos (devolución de la paga extra a los funcionarios y rebaja del IRPF). Nada de eso significa que Rajoy se haya rebelado contra la Troika ni tampoco que lo haya hecho António Costa.

Portugal, menor progreso que en España
Y si no es verdad que Portugal haya revertido las políticas de contención del gasto y del déficit, tampoco lo es que su situación económica sea la envidia del resto de Europa. Al contrario, nuestro país está atravesando una situación en general más dulce que la de nuestro vecino peninsular.

Por un lado, la economía lusa creció en 2016 un 1,4% (dos décimas por debajo de lo que creció en 2015), menos de la mitad de lo que se expandió la economía española (el 3,2%). Por otro, el empleo también se incrementó mucho menos que en nuestro país: el 1,4% frente al 2,6%. Por ponerlo en perspectiva: si el empleo de España se hubiese expandido al mismo ritmo que en Portugal, nuestro país apenas habría creado 254.000 empleos en 2016, frente a los 466.000 que generó.

Es verdad que podría alegarse que Portugal tiene una tasa de paro sustancialmente menor a la nuestra, pero eso ha sido así durante toda la crisis: la economía lusa ha reducido su desempleo desde un máximo del 17,5% de la población activa al actual 10,2% (en 2015, ya cerró con una tasa de paro del 12,2%); en cambio, España la ha bajado desde un máximo del 26,3% al 18,4% a finales de 2016. También se podría intentar contraargumentar que España solo genera empleo temporal, a diferencia de lo que sucede en un Portugal progresista y de izquierdas, pero las diferencias son muy estrechas: el 45% de todo el empleo que generó Portugal en 2016 tenía un carácter temporal, frente al 54% de España.

A su vez, tampoco existe disparidad relevante en la evolución salarial entre ambos países: en 2016, Portugal vio incrementar sus salarios netos medios desde 828 euros mensuales a 839, un aumento del 1,3%, que fue inferior al incremento del 1,7% experimentado en 2015 (al pasar de 814 euros mensuales a 828). En España, los salarios medios netos en 2015 (último dato disponible) pasaron de 1.293 euros a 1.314, un incremento del 1,6%. De ahí que la masa salarial dentro del PIB, corregida por la inflación, creciera un 1,6% en Portugal a lo largo de 2016 frente al 2,7% en España.

Por último, la pobreza (medida por la carencia material severa) sí mejoró en Portugal más que en España a lo largo de 2016, pero sigue ubicándose mucho más por encima que en nuestro país: en Portugal se redujo del 9,6% de la población en 2015 al 8,4% (una caída del 12,5%), mientras que en España lo hizo desde el 6,4% al 5,8% (una caída del 9,4%). En algunos indicadores de pobreza supuestamente muy sensibles para la izquierda, en cambio, Portugal evolucionó peor que en España: por ejemplo, en 2016 la tasa de hacinamiento en viviendas se estancó en el 10,3% en nuestro país vecino, mientras que se redujo en España desde el 5,5% al 5,4%.

Conclusión
En definitiva, Portugal no ha aplicado políticas contrarias a la austeridad ni tampoco ha experimentado una mejoría social y económica superior a la vivida en España a lo largo de 2016: recortaron su gasto público mucho más que nosotros y crecen y crean empleo a un ritmo muy inferior. Si alguien quisiera utilizar el caso de Portugal para reivindicar una agenda política de izquierdas, resultaría mucho más razonable argumentar que “como Portugal fue más austero que España, sus indicadores económicos evolucionaron peor”, pues al menos no se estaría dando de bruces con la realidad (por muy discutible que sea esta interpretación, dado que el crecimiento económico de Portugal ya era muy inferior al español antes de la crisis).

Lo anterior no quita para que, quizás, a lo largo de los próximos años la coalición de izquierdas lusa incremente el gasto público y aplique una política económica verdaderamente distinta a la recomendada por la Troika. Tampoco quita para que, quizás, a lo largo de los próximos años Portugal mejore económica y socialmente más que España. Habrá que verlo. Pero nada de todo ello ha sucedido en 2016 y, por consiguiente, usar el Portugal de 2016 como ejemplo de los superiores logros de las políticas antiausteridad de izquierdas frente al fracaso de las derechosas políticas austericidas de España es un puro relato propagandístico.

Hipóritas legales
Amando de Miguel Libertad Digital 5 Junio 2017

En su origen griego, el hipócrita equivalía al actor del teatro y por extensión al que sabía fingir bien. Hay que reconocer el elemento de representación escénica que tiene la vida de relación social. Saber fingir, disimular o actuar de forma más o menos educada es parte de la tarea de vivir en sociedad. Pero hay límites, justamente los que nos sublevan porque las conductas resueltamente hipócritas hacen la vida incómoda. Especialmente la vida pública, la que sale en los medios, está llena de gestos y poses que nos llevan a la idea de una farsa social. Decididamente, lo nuestro es la cultura de la apariencia.

Hay costumbres nuevas, importadas por imitación, que nos revelan una cierta hipocresía en las costumbres aparentemente más serias. Ejemplo, el convencional minuto de silencio que se guarda como homenaje a las víctimas de un atentado, un accidente grave, una catástrofe o calamidad. Se suele hacer como ostentación, para que el acto sea fotografiado para los medios. La hipocresía se deriva en que el minuto de silencio viene a ser la equivalencia de la ceremonia de una oración por el alma de las víctimas. Ya es triste que la oración se vea sustituida por el minuto de silencio. Lo estupefaciente es que, terminado el rito silencioso, los asistentes se ponen a aplaudir. Nadie sabe qué es lo que encuentran plausible. Más cursi es que el tradicional dar el pésame haya cedido a enviar las condolencias. Es otra importación.

Hay más ilustraciones. Es muy común el acto de protesta colectiva en pro de causas que parecen nobles. Por ejemplo, el respeto por los animales, la protección de los homosexuales o la lucha contra la violencia que dicen "de género" (contra la mujer por parte de algún allegado varón). Detrás de muchas de tales acciones se encuentra algo tan vulgar como pedir ayudas económicas a la Administración Pública. Hay mala conciencia con esto de las subvenciones públicas. Se sospecha que una parte de las cuales no va al fin expreso sino al bolsillo de los demandantes.

La lógica es siempre la misma. Algo aparentemente bienintencionado o noble esconde algún interés menos legítimo o más sórdido. No hay más que ver esa gran pancarta que ondea desde hace un año en el Ayuntamiento de Madrid. Dice "Welcome refugees". Es decir, se da la bienvenida a los refugiados que llegan a Madrid procedentes de ciertos países pobres. Pero el número de refugiados que huyen del hambre o de la guerra y que se instalan en Madrid es una cantidad muy inferior al compromiso adquirido por el Gobierno. El hecho es compatible con la escena de las altas vallas que se instalan en Ceuta y Melilla para impedir el paso de miles de refugiados negros (dícese subsaharianos).

La mayor hipocresía pública de estos días pasados ha sido la penosa aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. No se cae en la cuenta de que ya estamos a mediados del año. Dado que el Gobierno no tiene la mayoría suficiente en el Congreso, se vale de la estratagema de comprar el voto de ciertos partidos pequeños de carácter territorial. El resultado es que tales votos no intentan representar el interés general de los españoles, sino el particular del territorio correspondiente al partido venal. Se comprende que, en tales condiciones, por ejemplo, el diputado de Canarias o del País Vasco sea aclamado en su tierra. La conducta que digo no se esconde; más bien se exhibe con orgullo. En cuyo caso la votación en el Congreso se convierte en un puro paripé, otra forma de hipocresía educada. Nos hemos acostumbrado a que muchos diputados y senadores representen más bien los intereses de su región que los generales de los españoles. Pero ¿no era eso la democracia orgánica? Todo es perfectamente legal e incluso se considera como una causa de la deseada estabilidad. La cual quiere decir realmente que van a seguir mandando siempre los mismos. Técnicamente es lo que se llama oligarquía, otra palabra griega.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

¿Está perversamente manipulado el sistema democrático?
“El arte de la política, en las democracias, consiste en hacer creer al pueblo que es él quien gobierna” L. Latzarus
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 5 Junio 2017

No es necesario ser un experto en política ni un gran conocedor de los distintos sistemas de gobierno para llegar a la conclusión de que, en la actualidad, el concepto que muchas personas tienen de la democracia dista mucho de ser el que, quienes la instauraron por primera vez, tuvieron cuando hablaron de aquello “del gobierno del pueblo por el pueblo”, de la elección mediante las urnas de quienes deberían hacerse cargo de la gobernación del pueblo y del respeto que todos los demócratas deberían tener respecto a aquellas normas o leyes que, a través de sus órganos de representación, se darían para garantizar la justicia, la imparcialidad, la igualdad de derechos, el orden, las mismas oportunidades, la seguridad y el respecto a los derechos individuales del resto de miembros de la comunidad en lo que se daría en llamar un Estado de derecho.

Lo que, en otros tiempos, se consideraba sagrado, un derecho de los ciudadanos a decidir, a través de las urnas, quienes deberían gobernarlos por un periodo determinado, con absoluto respeto por los resultados de los comicios, fueren cuales fueren los vencedores y pertenecieran o no a la misma ideología de quienes los habían votado o de aquellos que votaron por otro candidato. Desde el momento en el que se daba por vencedor a un candidato se convertía, automáticamente, en el representante de todos los ciudadanos fueran o no de su partido. Sin embargo, da la sensación de que los hay que, aunque utilizan frecuentemente el término “democracia” en sus actuaciones políticas, lo cierto es que tienen, en muchas ocasiones, un concepto muy equivocado de lo que debe ser un gobierno democrático, llegando a confundir lo que es el respecto a las leyes, el cumplimiento de las sentencias de los tribunales o la aceptación de los preceptos constitucionales, con meras cuestiones accesorias, sin importancia y fácilmente superables, modificables y derogables, si un grupo cualquiera de ciudadanos deciden, por su cuenta y riesgo, obviando los conductos reglamentarios, sin el apoyo del resto de la ciudadanía y sin respetar los tiempos requeridos, a través de las cámaras de representación del pueblo, para que sean ellos, quienes acepten o rechacen los cambios propuestos.

No obstante, parece que hemos entrado en una etapa de la vida política en la que se pretende superar el concepto de democracia representativa por otros que, no obstante, se quieren seguir justificando como si fueran una democracia “mejorada” a pesar de no mantener ninguna de las cualidades, valores, universalidad y garantías que hacían de aquella el sistema más garantista y perfecto de todos los sistemas conocidos de gobierno, a pesar de que, como sucede con todo lo que los humanos son capaces de hacer, sin llegar a la perfección absoluta. Y, como ya se ha convertido en algo proverbial, volvemos a encontrarnos con los que siempre suelen ser los que pretenden conseguir para ellos; para lo que algunos quisieran imponer al resto, siendo minorías, sus ideas revolucionarias; para los que se ven incapaces de conseguir, por los mecanismos legales establecidos y por medio del atractivo de sus planes de gobierno ( a menudo utópicos, irrealizables y de carácter coercitivo y limitativo de las libertades individuales), lo que otros partidos logran alcanzando la confianza de las mayorías de ciudadanos, generalmente poco inclinados a votar a quienes pretenden realizar cambios que se apartan del sentido común y que suponen, en ocasiones, ir cargadas de un matiz totalitario.

Lo hemos comprobado en las sucesivas votaciones que ha necesitado España para conseguir un gobierno, minoritario, pero estable y conservador. A pesar de ello ha sucedido algo que, para la mayoría de ciudadanos, era evidente: el gobierno del señor Rajoy ha nacido sietemesino, débil, dependiente de otros apoyos que, como se está viendo, no son de fiar y, cada vez se ve con más claridad que puede llegar un momento en el que el gobierno del PP se vea bloqueado en las Cortes y deba de recurrir, en peores condiciones y forzado por su minoría parlamentaria, a convocar unas nuevas elecciones en las que, a diferencia de lo que ha sucedido en anteriores ocasiones, su vitoria pudiera resultar más discutible.

Cataluña se ha convertido, una vez más, en el garbanzo negro de la democracia a pesar de que los separatistas, autores del desaguisado, no dejan de mencionar en sus discurso la palabra “democracia”, pretendiendo justificar lo que solamente es un acto de traición al Estado, de franca rebelión contra la Constitución y de desobediencia a los dictámenes de los tribunales, en un ejercicio de supuesta “democracia” porque una parte de los catalanes, no todos, serían partidarios de una nación catalana independiente, con todas sus nefastas consecuencias para los ciudadanos que, en modo alguno están conformes con semejante dislate. Sin embargo, esta propensión a no aceptar los resultados de las mayorías ya parece que se está convirtiendo en un hábito cada vez más generalizado y, en especial, en aquellas naciones en las que las urnas apoyan a los partidos de la derecha. En Polonia fue elegido un presidente de derechas por el pueblo polaco y, a los perdedores y al resto de naciones democráticas de Europa, parece que esta circunstancia les basta para ponerse en contra del gobierno polaco y ponerle la marca de “indeseable”.

El ejemplo más evidente y que merece un examen más profundo, ha sido el caso de la elección del señor Donald Trump en los EE. UU de América. Ya en el periodo previo de los caucus fue objeto del menosprecio de sus adversarios, tanto de sus oponentes republicanos como, y todavía con más empeño y furor, por los demócratas de la señora Clinton. Parece que la clara victoria que obtuvo contra los demócratas, inesperada pero lo suficientemente explícita para que no hubiera dudas respecto a los resultados, debiera de haber sido aceptada con la normalidad como lo fue la del señor Clinton, el señor Obama o el señor Bush; pero no ha sido así ya que, en el caso del señor Trump, toda la izquierda de su propio país y del resto del mundo, con mención especial a la española, que ha hecho correr ríos de tinta insultándole, burlándose de él, llamándole inepto y criticando todos sus actos y los de su familia, como si en lugar de ser el presidente de los EE.UU el que fue elegido lo fuera de todos los países del mundo.

¿Qué clase de respeto por las reglas del juego es esta que, contrariamente a lo que ha sucedido con los anteriores presidentes, al señor Trump se le está impidiendo poner en práctica una política, guste o no, que fue la que ha estado manteniendo durante toda su campaña y que fue la que le dio la clara vitoria en las urnas?, ¿ qué clase de Justicia existe en la nación norteamericana cuando se dedica a interferir en la política de la nación en base a la petición de un grupo de congresistas o ciudadanos que no tienen otro objetivo que impedir que el Presidente americano pueda cumplir con sus promesas electorales?, ¿ustedes pueden creer que el señor Obama, un izquierdista fracasado, que fue incapaz de llevar adelante sus planes sanitarios y se humilló ante los Castro, se ha erigido en el crítico oficial del nuevo presidente, pretendiendo vender que los votos que consiguió Trump no tienen el mismo valor que los que le auparon al poder a él?. Los interesados en ocultar la buena marcha de la economía norteamericana se dejan en el tintero que, la economía de la nación americana, ha creado 138.000 nuevos puestos de trabajo en mayo y la tasa de desempleo bajó al 4,3%, algo que, en Europa, con el 9% de promedio, haría que sus dirigentes babearan de placer.

Por supuesto que no se trata de defender la política del señor Trump o la de cualquier otro presidente, pero es evidente que, si al señor Maduro, un verdadero monstruo para el pueblo venezolano, estas izquierdas progresistas procuran pasarlo desapercibido y no se dedican a ponerlo de chupa de dómine en cada ocasión en la que comete una de sus boutades; resulta poco menos que un absurdo que, esta misma izquierda que tan complaciente se muestra con aquellos de los suyos que no dudan en atropellar la democracia; se muestre tan despreciativa, tan crítica y tan “superior” con quienes han conseguido alcanzar el puesto a través de la mayoría en las urnas y no infringiendo las leyes, ocupando las calles, alcanzando los acuerdos de forma asamblearia lo que supone la falta de un proyecto común, como no sea el de acabar con la derecha en lo que, por una rara unanimidad, los resentimientos, afanes de venganza, envidias y enconos coinciden en intentar apartarla del poder. Todo dependerá de que los españoles, los que queremos a nuestra patria y aborrecemos el comunismo bolivariano, permitamos que esto suceda. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos nuestras dudas de que lo que, hasta ahora, había sido considerada como la mejor política de gobierno, la democracia, pueda seguir sosteniéndose si se sigue esta política de mantener una actitud condescendiente, de convivencia y de permisividad con quienes es evidente que lo que intentan es convertir a España en una sucursal de la nación venezolana, una de las formas peores de dictadura totalitaria, aunque insistan en mantener lo contrario.

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La España inacabada
Juan Pablo Colmenarejo ABC, Periodista Digital 5 Junio 2017

El actual Gobierno Foral de Navarra es sectario por definición. Sólo gobierna para una parte de la sociedad navarra, excluyendo a quienes defienden la Constitución, el fuero actual y la convivencia entre las dos culturas. La derogación de la Ley de Símbolos para que la bandera de la comunidad autónoma vasca pueda ondear en las instituciones navarras es una señal inequívoca.

Geroa Bai, un grupo satélite del PNV, más la marca electoral de ETA y los antisistema de Podemos e Izquierda Unida atacan directamente al marco de 1978. Saben que Navarra guarda en su interior a la España inacabada con la posibilidad constitucional de un referéndum de anexión al País Vasco.

Siempre fue un objetivo del nacionalismo, y por supuesto de los etarras, la inclusión del territorio navarro en el vasco. Las víctimas de ETA en Navarra lo fueron por mantenerse leales a la democracia que cumple dentro de unos días 40 años.

Los sucesivos gobiernos autonómicos navarros, muchos de ellos de gran coalición o parche entre UPN y los socialistas, trataron de contemporizar el avance del nacionalismo vasco incluso subvencionando la enseñanza del euskera en toda la comunidad, también en el sur, en la Ribera de Navarra.

Políticos de medio pelo salvaron su pellejo con decisiones buenistas que con el paso del tiempo han servido para desalojar a los partidos constitucionalistas del poder foral.

Generaciones enteras han crecido formadas en la exclusión de todo aquello que no sea el vasquismo nacionalista e independentista. La identidad propia de Navarra, que incluye el respeto a la cultura y la lengua vascas sobre todo en el norte y en el centro de la comunidad, fue defendida con lo políticamente correcto para salir del paso, dejando para otros el problema futuro hecho presente.

La consecuencia es que con la llegada al poder de Uxue Barkos de la mano de proetarras y podemitas -algún día el CIS explicará por qué era tan valorada como diputada en el Congreso-, la balanza se ha inclinado y excluyendo.

Los que salieron ayer a la calle tratan de frenar lo inevitable si la actual coalición de gobierno se mantiene después de 2019 y continúa con el borrado de todo lo que huela a España y a la Constitución de 1978. Pero el panorama político nada ofrece. UPN no respira tras perder el poder asolada por los escándalos de corrupción.

El PP navarro es un partido marginal y los socialistas -Sánchez ha arrasado en Navarra en las primarias- navegan entre las dos aguas tentados con el arrimón al independentismo vasco con tal de cumplir el obsesivo objetivo sanchista de echar a la derecha.

La coalición antisistema tiene su plan: poner la ikurriña en el balcón, echar a la Guardia Civil de una paliza y llevar a Navarra hasta la puerta constitucional del referéndum, aumentando la cultura política necesaria para ganarlo. Llegado el momento, más de uno pondrá cara de asombro en la meseta cuando la petición cruce el Ebro a su paso por Tudela.

 


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