AGLI Recortes de Prensa  Miércoles 7  Junio 2017

Cómo perder la guerra
Gabriel Albiac ABC 7 Junio 2017

Muy pocas veces, en los últimos siglos, una guerra fue declarada de modo más solemne. Y menos equívoco y con ratificación más reiterada. La yihad fue primero dictada por Jomeini, quien hoy aparecería al Daesh como un insoportable moderado. Los ayatolas de Qom emitieron fatwas contra ciudadanos concretos, a los cuales condenaban a muerte: el caso Rushdie es sólo el más simbólico. Vinieron luego las proclamas que llamaban a destruir Israel y los Estados Unidos (en la jerga iraní el Pequeño y el Gran Satán). En lógica implacable, los de Bin Laden extendieron la declaración de guerra santa a todo el occidente no musulmán. Y, a partir de 2001, iniciaron las operaciones en territorio enemigo. No es verdad que sus blancos hayan sido aleatorios o indiferenciados. Su blanco fue y es la población civil. Tanto más directamente apuntada cuanto más inocente. En la lógica del terror yihadista, el pánico será mayor cuanto más irracional sea su objetivo.

La guerra en la cual estamos atrapados es una guerra de tiempo largo, único tiempo que cuadra a las guerras de religión. Puede que hayamos olvidado lo que eso significa. Pero los libros de historia deberían bastarnos para recordar lo que fueron y duraron los asaltos islámicos contra el occidente cristiano entre los siglos VIII y XVII. Si no entendemos que estamos ahora en una coyuntura paralela y no nos preparamos para una larguísima guerra de desgaste y resistencia, es que hemos aceptado ya ser siervos de quienes sólo conocen la sharía como norma de vida pública y privada.

Unos amigos que vuelven de Nueva York me narran su admiración ante el Memorial del 11S, que yo no he tenido aún ocasión de visitar. No fue el descomunal trabajo de arqueología histórica allí realizado lo que más los impresionó. Fue algo sencillo: los vídeos en bucle de los autores de los atentados en el momento de pasar impunemente controles de aeropuerto que hasta un niño de pecho hubiera podido saltarse. De esas pequeñas negligencias nació la mayor matanza religiosa de la era contemporánea. Y la guerra mundial en la cual vivimos y a la cual no vemos hoy desenlace.

Muchas veces he comentado a mis alumnos, en el correr de mis clases sobre el siglo XVII, el pasaje en el cual cristaliza Spinoza la paradójica relación que fija la perspectiva moderna de lo político: «La libertad de pensamiento, o fuerza anímica, es una virtud privada. Mientras que la virtud del Estado es la seguridad». Hasta el día de hoy, ese axioma es el único suelo firme de la ciudadanía: somos hombres libres -podemos serlo- porque toda la potencia del Estado -que es mucha- está enfocada al único objetivo de garantizar nuestra seguridad. Si el Estado fracasa en esa garantía, no nos queda más destino que ser siervos (que, por cierto, es lo que «musulmán» significa en árabe: «sometido»).

Hay un modo infalible de perder una guerra: hacer como que la guerra no existe. En eso estamos.

Normalizar el terror es asumir que el próximo puedes ser tú
Liberal Enfurruñada okdiario 7 Junio 2017

Este sábado el terror islamista ha vuelto a atacar en Londres, los asesinos arrollaron con una furgoneta a los peatones que paseaban por el Puente de Londres, se bajaron y apuñalaron a los que tuvieron la mala suerte de cruzarse con ellos. Un par de semanas antes otro terrorista hizo estallar sus bombas a la salida de un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena. Un mes antes, en París, a unas horas de las elecciones, asesinaron a un policía. El 7 de abril, en una calle comercial de Estocolmo, otro malnacido asesinó a varias personas, atropellándolas con un camión. Hace un par de meses en el metro de San Petersburgo hicieron explotar un artefacto casero, causando 14 muertos. Unos días antes, otro terrorista musulmán atropelló a varios peatones en la acera del Puente de Westminster y cuando se bajó del vehículo asesinó a un policía en la puerta de la Cámara de los Comunes. Esto sólo en los dos últimos meses, pero claro que hay más, mucho más. Nos estamos habituando.

El islamismo radical ha causado ya 369 muertos en Europa desde 2015. Estambul, Berlín, Niza, Bruselas, París… las calles de Europa se llenan de sangre. Lo mismo que las no occidentales. Afganistán, Egipto, Pakistán, Siria, Irak, Somalia, Nigeria, Yemen, Malí… casi no hay ningún rincón del mundo donde estas malas bestias no estén causando muerte y destrucción con alguna de sus múltiples marcas. Daesh, Boko Haram, Talibanes, Al Qaeda, Hamás… o lo que es más común entre nosotros, estos terroristas low cost que copian el modelo de terrorismo palestino, atropellando y apuñalando a civiles desarmados en zonas muy concurridas. Terrorismo islamista que lleva años sufriendo Israel y al que ya nos estamos acostumbrando aquí. En Europa llevamos años importando la materia prima necesaria para, de repente, radicalizarse y convertirse en un asesino en el nombre de Alá.

Después de los atentados sabemos lo que va a hacer cada uno. La ultraizquierda populista nos va a echar la culpa a nosotros, dirán que es el capitalismo occidental el que provoca el terrorismo y que mueren más musulmanes por nuestra responsabilidad que occidentales por el terrorismo islamista. Los progres se cogerán de la mano de algunos liberales para exigir respeto a todas las religiones y acusar de racistas y xenófobos a quienes se nos ocurra sugerir que deberíamos empezar a defendernos de los musulmanes intolerantes. Y después encenderán unas velas cantando el ‘Imagine’ de John Lennon. La derecha pedirá que se cierren las fronteras y las mezquitas en las que los terroristas se han radicalizado, y que se expulse a todos los islamistas extranjeros clasificados como de riesgo para la seguridad. Todos haremos poco más o menos lo mismo que hemos hecho en los atentados anteriores y esas reacciones también ayudarán a conformar esta nueva normalidad.

Normalidad a la que el terrorismo islamista nos ha conducido, que consiste en que todos inconscientemente asumimos que la próxima víctima puedo ser yo o puedes ser tú, tus hijos o cualquiera de tus seres queridos. Porque todos vamos a conciertos y transitamos por zonas concurridas y queremos seguir haciéndolo. Las víctimas de ETA, cuando ya no aguantaban más la situación, podían salir del País Vasco y cambiarse a alguna otra ciudad de España en la que el terrorismo no les hacía insufrible la vida. Pero de estos hijos de Satanás no tenemos donde escondernos. Nos acostumbramos a vivir con este terror. Las ganas de vivir, de mantener nuestras costumbres, nuestras libertades y nuestra forma de vida son tan grandes que lo hacemos rápidamente, como un mecanismo natural de supervivencia.

Tercera guerra mundial
En España no se ha decretado el nivel cinco de alerta antiterrorista para no desplegar soldados en las calles de Cataluña
Isabel San Sebastián ABC 7 Junio 2017

No se libra con métodos convencionales ni se parece a las otras, pero se trata de una guerra. Una guerra en la que el enemigo puede ser el vecino de al lado y su arma, un cuchillo de cocina o una furgoneta. Una guerra de asesinos que han elegido como frente nuestras ciudades y como contrincantes a civiles indefensos. Una guerra en la que confluyen odios ancestrales, religión, fanatismo, frustración de millones de hombres atrapados en una creencia incompatible con el progreso y la libertad, buenismo por nuestra parte, falta de firmeza en los principios y cobardía. Una guerra de alcance planetario cuyo origen y epicentro se sitúa en el corazón del mundo musulmán, dividido en facciones cada vez más radicalizadas de las que salen los «guerreros» dispuestos a morir matándonos.

No es una guerra al uso pero es una guerra mundial. La Tercera. Y cuanto antes asumamos que lo es, antes tomaremos las medidas necesarias para ganarla. ¿Cuáles? Ayer mismo enunció unas cuantas la primera ministra del Reino Unido, atacado por tercera vez en otros tantos meses, a la vez que entonaba solemne el ¡Basta ya!: Reforzar la vigilancia y control de las redes sociales utilizadas por los fanáticos para extender su veneno sectario. Mantener hasta la victoria final la lucha militar contra el califato de Daesh en Irak y Siria. Poner fin a la tolerancia mostrada hasta ahora con ciertas interpretaciones extremas del Islam (como las predicadas en mezquitas salafistas y otros antros de perversión que deberían llevar lustros clausurados a todo lo largo y ancho de la UE. Esto no lo dijo Theresa May, pero es lo que se desprende de sus palabras). Un discurso parecido había pronunciado antes que ella el expresidente Hollande tras los atentados de París, aunque la reacción se limitó finalmente a un incremento sustancial de la presencia policial. Los Estados Unidos, como en las dos conflagraciones anteriores, tratan de optar por el aislacionismo unido al cierre de fronteras, aunque tendrán que aceptar que la amenaza les atañe de lleno y actuar en consecuencia; esto es, acudiendo al rescate de la civilización asaltada por los combatientes de esa «ideología diabólica llamada islamismo», según la acertada definición de la premier británica. Los demás integrantes del bando occidental desempeñaremos un papel menor pero habremos de contribuir al esfuerzo colectivo, porque con quienes de verdad podrían actuar de forma eficaz para contener la ofensiva cortándole los suministros ideológicos y financieros, con países como Arabia Saudí o Irán, no contamos en absoluto. Juegan en el otro equipo.

Esta guerra no durará años como las anteriores. Va para décadas. Será especialmente cruenta allá donde surgió el germen religioso que la alimenta y donde prevalecen sus dogmas, sin dejar de proyectar la onda expansiva de su virulencia sobre nuestras sociedades democráticas. Por eso debemos defendernos, aunque para ello sea preciso renunciar a derechos que creíamos irrenunciable. Mejor ceder libertad de movimientos o parcelas de intimidad que abrir brechas de seguridad garantistas por las que se cuelan sus sicarios. Las guerras, guerras son.

¡Por cierto! España, al igual que Francia o Reino Unido, debería estar en un nivel de alerta cinco, atendiendo al riesgo de atentado. Especialmente Cataluña, donde anida lo peor de la bestia islamista autóctona. ¿Por qué no ha sido decretada esa medida? Para no desplegar soldados en las calles catalanas y dar con ello argumentos al victimismo nacionalista. Miserias locales cuya mezquindad resplandece ante la gravedad de lo que está en juego.

La crisis política que esconde el Brexit
Editorial La Razon 7 Junio 2017

Saber si el Estado Islámico ha querido interferir de manera directa en las elecciones británicas es, de momento, difícil de demostrar. Lo que sí está claro es que los recientes atentados de Manchester y Londres han acaparado toda la campaña. Ante lo sucedido, sí se puede afirmar que el terrorismo ha modificado el debate electoral y, por lo tanto, cambiar el sentido del voto. De la firmeza de los líderes políticos y de no usar electoralmente el terrorismo depende que la violencia no consiga el triple objetivo de matar, aterrorizar y doblegar a las instituciones democráticas. Debería ser así, pero es evidente que los tres atentados recientes sufridos en el Reino Unido desde el pasado mes de marzo –y que han ocasionado la muerte de 32 personas y decenas de heridos– se han producido en un contexto político muy crítico tras la aprobación del Brexit.

De aquel referéndum inventado por el irresponsable David Cameron ha surgido un país debilitado y aislado. Detrás de la recuperación de su soberanía nacional frente a las instituciones de la Unión Europea, que sólo servía, argumentaban, para impedir su expansión y desarrollo como país, se escondían algunos tics de ineficacia y de aceptación de sus propias carencias, como ahora estamos comprobando en la crisis abierta por los atentados.

El nacionalismo siempre elige a un enemigo exterior y oculta las debilidades propias. En contra de lo que prometieron los seguidores del Brexit, la salida de la UE iba a ser costosa y supondría más inconvenientes que ventajas. Para negociar una salida favorable al Reino Unido y tener una mayoría parlamentaria para defenderla, Theresa May convocó elecciones. Los acontecimientos posteriores han evidenciado que el sistema político británico vive una crisis. Sólo así puede entenderse que la propia premier reconociese que bajo su mandato como ministra del Interior se había sido permisivos con los yihadistas, que han acabado siendo identificados y que habían sido fichados y, pese a estar sometidos a seguimiento, autores de los ataques.

Por contra, el líder laborista Jeremy Corbyn ha llegado a pedir la dimisión de May en pleno luto por las víctimas del atentado y cuando lo que requiere un país que está siendo atacado es mantener la unidad. El modelo de una sociedad que ha sabido defender con orgullo su integridad territorial en momentos históricos difíciles ha quedado dañado, al punto que el debate que se ha abierto a un día de los comicios es sobre los medios con los que deben contar las fuerzas de seguridad.

Si la estrategia de los conservadores era presentar a May como la candidata más solvente para negociar el Brexit ante Bruselas, comparándose con un «débil» Corbyn, la gestión de los atentados ha conseguido presentar a una primera ministra incapaz de hacer frente al reto del yihadismo. Mientras que May aboga por continuar los ataques en Siria e Irak contra las bases de Daesh y endurecer la legislación para combatir a los islamistas radicales en suelo británico, Corbyn se sitúa en las antípodas y en la más ortodoxa tradición izquierdista: si Reino Unido es atacado es precisamente por su participación activa en los frentes de guerra de Oriente Medio y el norte de África.

Mal síntoma el de abrir en canal la política antiterrorista cuando los atentados están tan cerca y el país sigue siendo objetivo directo. Las elecciones anticipadas que May convocó el pasado abril podrían ser un desastre para los conservadores, si se cumple el último sondeo: los laboristas se sitúan en un 38% en intención de voto, muy cerca del 42% que tiene May. Cuando la premier convocó los comicios tenía una ventaja de 18 puntos sobre Corbyn. El uso del terrorismo como arma electoral puede ser nefasto.

Manos arriba
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 7 Junio 2017

La policia francesa ofreció ayer a todo el mundo una ilustración casi perfecta de lo que está pasando en Europa ante el terrorismo islámico: la Catedral de Nôtre Dame, con todos los presentes sentados y manos arriba. La imagen se produjo después de que el islamista nuestro de cada día atacase con un martillo a un policía, que a diferencia de los de Londres -que sólo tienen una porra para hacer frente a los terroristas, no vayan a excederse- pudo dispararle antes de que le rompiera la crisma. Ayer tocaba por Siria.

Esa foto en uno de los grandes templos históricos del cristianismo con los fieles sentados, mudos, con cara de pánico y las manos arriba sería una excelente portada para la reedición del libro de Oriana Fallaci sobre Eurabia, o el de Houellebecq sobre una Francia futura con un presidente musulmán, o el que debe reunir cuanto antes los mejores artículos pro-islamistas del diario de Cebrián, que llama insidiosa a la Reconquista y fue el anfitrión en España de Tariq Ramadán, apuesto ideólogo islamista con un hermano clérigo radical, descendientes del fundador de los nada insidiosos Hermanos Musulmanes y que tiene prohibida la entrada en varios países por ideólogo del terrorismo. ¡Cuánta intolerancia!

Esto no pasará en la España pastoreada por Cebrián, que tras otorgar a la teóloga Armstrong, también enemiga de la Reconquista, el Premio Princesa de Asturias (abajo Covadonga) publicó dos joyas para engastar en su corona de espinas para insidiosos: un artículo del pensador John Carlin (el mismo que amenazó en la COPE a James por no apoyar la rendición de Colombia ante las FARC) titulado "Ciudadano Khan para primer ministro", en el que dice que el alcalde musulmán de Londres, no May ni Corbyn, es el que debería ser votado en las elecciones de mañana. ¿Por qué? Porque cuando tras el último atentado dijo "no hay que alarmarse" (sólo iban seis muertos), Trump se metió con él. ¿Qué más razón para votarlo?

El otro artículo era todavía mejor: "Cuando llevar el velo islámico te deja sin trabajo en España". Qué insidiosa es la herencia de Covadonga. ¿Pues no hay gente que mira mal a las que con el hiyab aceptan y predican la inferioridad de la mujer ante el hombre? ¿Violencia machista? ¿Quién ha dicho eso? ¡Manos arriba, que esto es la Alianza de Civilizaciones!

Donde trabaja, por cierto, la teóloga.

Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra
Juan Carlos Bermejo www.vozpopuli.com 7 Junio 2017

El 5 de octubre de 1938, Chamberlain se presentó ante la Cámara de los Comunes para defender el acuerdo entre Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia que cedía la región checa de los Sudetes a Alemania. Con esta decisión, pretendían evitar una guerra en Europa a costa de traicionar a Checoslovaquia, a la que ni siquiera permitieron asistir a la reunión.

La casi totalidad de pusilánimes del Parlamento apoyó el acuerdo. Sin embargo, Churchill tomó la palabra
“Lo máximo que ha sido capaz de conseguir y en las cuestiones sobre las cuales todavía no se había llegado a ningún acuerdo ha sido que el dictador, en lugar de agarrar la comida de la mesa, se conformase con hacer que se la sirvieran plato por plato (…) No puede existir nunca la certeza de que habrá una lucha, si una de las partes está decidida a ceder por completo (…) La hora de la verdad no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecerán año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos (…) “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra”.

Meses más tarde, en marzo de 1939 los nazis invadían Chequia y convertían a Eslovaquia en un títere. Finalmente, en septiembre, invadieron Polonia y los presagios de Churchill se hicieron realidad.

El terrorismo islámico yihadista ha declarado la guerra desde hace años a todos los países y territorios allá donde la religión cristiana esté asentada. Sin embargo, el comportamiento de los líderes de estos territorios, especialmente los de occidente, se asemeja en gran medida al que experimentaron sus antecesores en los años treinta del siglo pasado. Mensajes de solidaridad, condena, firmeza, apoyo… Desafortunadamente, los problemas no se solucionan con mensajes, sino con hechos, y estos brillan por su ausencia.

Las víctimas, entre muertos y heridos, se cuentan por miles. Su campo de batalla es global y los casus belli son constantes. Ciudades enteras de Oriente Medio arrasadas, metrópolis europeas atacadas de forma reiterada, daños a la economía mundial, enfrentamientos civiles, desplazamiento de personas, hambre, miseria, muerte… ¿Y qué están haciendo los adalides de la libertad y la democracia? Hagamos un pequeño repaso de actores principales.

En Gran Bretaña, se están viendo comportamientos cobardes por parte del gobierno que en lugar de promover una alianza internacional tras las masacres sufridas está más preocupado de la negociación del coste del Brexit y en revalidar los mandatos con un infame adelanto electoral injustificado. También hemos visto comportamientos miserables por parte del partido laborista, culpando al gobierno de los atentados, a modo de semejanza de lo que ocurrió en España en 2004, para ganar las elecciones. Por último, el alcalde de Londres afirmando que “no hay razón para alarmarse porque es una ciudad segura” sin ser destituido al minuto siguiente, es la prueba final que la clase política británica está enferma.

En Alemania, Angela Merkel no quiere oír hablar de nada que disturbe los procesos electorales de otoño. Su “Plan de expansión del Reich” prosigue, especialmente tras hacer publicar a sus dos lacayos de la Comisión Europea, Moscovici y Dombrovskis el “Reflection Paper” para imponer el euro a su conveniencia y mantener el superávit comercial masivo a costa de endeudar al resto de sus socios por generaciones.

Merkel, acostumbrada a imponer los intereses de Alemania a toda la Unión Europea, afirmó, tras la reunión con Donald Trump, que “ya no podemos contar con EEUU y Gran Bretaña y que los europeos tenemos que pelear por nuestro propio destino”.

Estas palabras son realmente graves, especialmente cuando se las dirige a dos aliados de la OTAN y que fueron en el pasado responsables de que en Europa hubiera democracia y libertad, incluida Alemania. Por cierto, que todo esto Merkel lo hace a sabiendas de qué ya que tiene doblegado a su rival, Martin Schulz, quién, a modo de buscador de migajas, ya acompaña a Merkel en el discurso afirmando que “Trump es un destructor de los valores occidentales”. Mientras tanto, los radicales islamistas siguen campando a sus anchas por las ciudades alemanas.

Francia tuvo, tras las masacres de París, una digna, aunque ineficaz respuesta por parte de Hollande, quién envió algunas unidades de combate al foco del yihadismo, pero fracasó al tratar de crear una alianza firme de intervención. Claro que, en esos momentos, lo tenía complicado con Obama y con Merkel, que no tenían ningún interés en una intervención armada.

Macron, justo antes de ser elegido, afirmaba que “los ciudadanos debemos acostumbrarnos a vivir con esta situación”. No sé qué pensarán los antepasados europeos que vivieron noche tras noche sufriendo los bombardeos y la represión, si era cuestión de acostumbrarse o más bien luchar contra el qué lanza las bombas. No obstante, es pronto para saber cuál será su posición, aunque el arranque no ha sido muy acertado, especialmente en su país, donde la presencia islámica radical es de las mayores de Europa.

La OTAN, esa alianza militar que se creó para “proteger a las democracias de Occidente del peligro del comunismo soviético”, hoy se ha convertido en un nido de burócratas, a semejanza de sus primos de la Unión Europea, también ubicados en Bruselas. Esta alianza, que debería ser la que se encargara de dirigir las operaciones militares para ganar la guerra al yihadismo y acabar con todas sus bases y territorios en el mundo, se dedica a inaugurar edificios, y a decir, en boca de su secretario general, Jens Stoltenberg, que “no es conveniente implicar fuerzas terrestres en la lucha contra”. Supongo que la historia universal no es objeto de estudio habitual de este personaje.

En este artículo de The Wall Street Journal se detalla el enorme deterioro que han sufrido tanto los ejércitos europeos como el contingente de la OTAN. Los datos son realmente desoladores. Con toda la razón, Trump les ha advertido a los miembros que deben pagar la cuota que les corresponde a cada uno para garantizar la seguridad, además de recordarles que esta alianza debe comportarse como tal para acabar con el principal enemigo, que es el terrorismo islámico. De lo contrario, EEUU tendría que abandonarla.

Rusia, que ya no es el enemigo de Occidente, y sin embargo algunos quieren seguir haciéndonos creer ese cuento, parece ser la única que está respondiendo de una forma contundente. Si el Estado Islámico no se ha adueñado de Siria y de otros países aledaños, ha sido especialmente gracias a la intervención rusa.

Lo más sensato para ganar la guerra sería que las potencias europeas, junto con EEUU y Rusia, crearan una alianza, al igual que hicieron contra los nazis, para enviar un poderoso ejército expedicionario a Oriente Medio en diferentes flancos, y de eso modo acabar con los focos logísticos, económicos y de adoctrinamiento de los terroristas. Sin embargo, la actitud de los líderes europeos, no parece ir por esa vía.

Afortunadamente, Rusia y EEUU están trazando planes de intervención conjunta, independientemente de Europa y de la OTAN, para tratar de acabar con esta amenaza. Paradójicamente, una alianza ruso-americana acabó con la amenaza nazi y tuvo que enmendar los graves errores cometidos por las potencias europeas. Es muy probable que esta situación vuelva a darse ocho décadas después.

De España no voy a hablar porque desgraciadamente, mientras Rajoy siga en el poder no tenemos ninguna influencia. Rajoy se comporta como un títere de Merkel y lo único que le importa es que el BCE siga subsidiando la economía española a modo de más droga para el drogadicto. Por cierto. El hecho de que mi vecino de Las Rozas, Ignacio Echeverría, esté sin localizar tras 72 horas, es un hecho muy lamentable. Tanto, como la falta de protesta y exigencia de nuestro desaparecido, desde hace lustros, ministerio de asuntos exteriores.

Por último, me gustaría destacar la reacción de la primera ministra polaca Beata Szydlo cuando afirma
“¿A qué se refiere Merkel cuando habla de pelear por nuestro propio destino?, ¿a qué tenemos que aceptar el dictado de Alemania?, ¿a qué tenemos que aceptar lo que nos impongan en Bruselas?, ¿a qué tenemos que abrir nuestras puertas a los que no aceptan nuestras leyes, nuestras costumbres y destruyen nuestra cultura y nuestros valores? ¿Acaso quieren hacernos llorar cada día por nuestros hijos asesinados sin tomar medida eficaz alguna? Para Polonia lo que propone Merkel es inaceptable, nuestra identidad y nuestra cultura es lo más importante y vamos a luchar, aunque tengamos que hacerlo solos o acompañados de unos pocos.”

Probablemente, a Szydlo, demostrando un alto grado de sentido común, le viene el recuerdo de lo que ocurrió en 1938, así como las graves consecuencias que tuvo para Polonia y para el resto del mundo.

Señores gobernantes de Occidente. Quieran ustedes o no, estamos en guerra, y cuanto más tiempo tarden en admitirlo y en formar una alianza seria y contundente contra el enemigo, más pérdidas lamentaremos. Yo no lo olviden, aunque se empeñen en elegir el deshonor, tendrán de igual modo la guerra.

PD: Hoy les dedico el tema “Broken Wings” de Mr. Mister https://youtu.be/nKhN1t_7PEY

Terrorismo y campaña electoral
Carlos Gorostiza www.vozpopuli.com 7 Junio 2017

El terrorismo no ha irrumpido en la campaña electoral británica. De eso nada. Los dos tipos cuyas caras aparecen estos días en toda la prensa no se han inmolado para que Theresa May saque dos puntos más o pierda cinco contra Jeremy Corbyn. Tampoco la salvajada del Manchester Arena tenía ese objetivo.

Es algo completamente obvio, sin embargo, conviene decirlo porque si uno sigue columnas y tertulias parecería que no es así; que detrás de estos atentados suicidas hubiera una elaborada estrategia, fruto de mentes retorcidas y previsoras, para influir en la marcha de la inminente elección parlamentaria del Reino Unido.

Lo mismo pasó con el atentado de Estocolmo, que no iba contra ninguna acción política concreta de Suecia, aunque algún enterado lo insinuó. Tampoco el yihadista sobrevenido que inauguró el uso de camiones como arma letal en Niza estaba pensando en Hollande, ni en Macron, ni en Le Pen, ni en nada de eso. Lo mismo que los asesinos de Bataclan o el de la feria navideña de Berlín.

Sin embargo, la tendencia a convencernos a nosotros mismos de que el mundo entero y sus habitantes todos giran en torno a nuestras particulares y localísimas preocupaciones de portada y noticiario nos lleva a escuchar tras cada atentado pseudoanálisis alucinados que solo pueden ser producto de nuestro engreimiento. Ese que nos hace pensar que tenemos que ser siempre el centro del mundo.

Un antiguo y destacado militante de ETA, de los juzgados en el Proceso de Burgos, que luego se significaría nítida y largamente contra el terrorismo que él mismo había practicado, me decía hace años que una cosa que le sorprendía muchísimo de “sus tiempos de pistolero” (así lo expresaba) eran las sesudas interpretaciones que los medios y los políticos hacían de los atentados, cuando la verdad -reconocía- era que ellos los realizaban más o menos donde, cómo y contra quien podían. Era la “interpretación estratégica” inventada y publicada a toro pasado lo que les ofrecía a los terroristas el barniz de calidad y de profundidad de la que carecían por completo.

No son nuestras preocupaciones, por universales que nos parezcan, el motivo por el que los terroristas islamistas matan muriendo. No son nuestras acciones, interiores o exteriores, lo que les impulsa. Aunque ellos saben bien que estaremos siempre dispuestos a creernos que somos los peores demonios del mundo, mientras se nos reserve el lugar central en él.

Lo que mueve todos estos atentados islamistas es una religión entendida en su más extrema expresión que se cree poseedora de la única verdad revelada y la que, por consiguiente, no admite ni la libertad, ni la ciencia, ni la opinión, ni la diversidad. Sobre todo, es eso. Y no podemos decir que los europeos lo desconozcamos porque horror causado por el fanatismo religioso no nos ha sido históricamente ajeno.

Nos atacan exactamente por lo mismo que asesinan por decenas a los coptos en Egipto, por lo mismo por lo que ponen bombas y matan a centenares de musulmanes en el Kabul que no controlan. Les sobra todo el mundo que sea diferente a ellos o no comulgue exactamente con la versión concreta, abrasadora y explosiva de su fe.

De nosotros, los europeos, les molestan muchas cosas, pero especialmente la democracia, esa misma que nosotros tantas veces nos permitimos despreciar y que ellos simplemente odian, porque es justamente lo contrario de lo que propugnan.

La paradoja es que, después de esos atentados cometidos por personas fanatizadas hasta el punto de morir orgullosos de matar incluso a niños, nunca faltan entre nosotros los analistas dispuestos a explicar y explicarnos las razones y los motivos de la sinrazón, otorgándoles la transcendencia y el valor que no tienen. Lo mismo que pasaba a menudo con los atentados de ETA.

La crisis qatarí
Emilio Campmany Libertad Digital 7 Junio 2017

O lo de la financiación del terrorismo es mentira y no es más que un pretexto o, si es verdad, los occidentales somos unos pardillos.

En la crisis desencadenada a raíz de que Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin rompieran relaciones diplomáticas con Qatar, hay muchas más preguntas que respuestas. La primera que podría hacerse desde Occidente es cómo es posible que esos cuatro países reaccionen de esa manera a la financiación del terrorismo islamista y que nosotros, que lo padecemos como el que más, sigamos manteniendo buenas relaciones con Doha. Una de dos, o lo de la financiación del terrorismo es mentira y no es más que un pretexto inventado para justificar una medida adoptada por razones inconfesables o, si es verdad, los occidentales somos unos pardillos.

En todo caso, es evidente que el terrorismo no es la única causa del conflicto diplomático. Éste se comprende más fácilmente si se enmarca en la guerra civil que padece el mundo islámico entre Irán y Arabia Saudí, y que no es exactamente entre chiíes y suníes. De hecho, Qatar es suní y eso no le impide ser un aliado relativamente leal a Irán. Desde Al Yazira, fundada por el régimen qatarí, se han estado desprestigiando los regímenes musulmanes que se consideraban enemigos de Irán y se ha estado apoyando de una u otra forma a los Hermanos Musulmanes, especialmente durante la época en la que la organización gobernó Egipto tras la caída de Mubarak.

No obstante, Qatar no es el obvio enemigo de Occidente que podría deducirse de estos hechos. Es también el país huésped de la mayor base militar norteamericana en la zona y el actual emir, Tamim, se esfuerza por mantener buenas relaciones con todo el mundo sirviéndose tanto como sea necesario de sus inmensas riquezas (es el país con mayor renta per cápita del mundo). Esta política exterior basculante, que en parte está justificada por la geografía, ya que Qatar tiene frontera terrestre con Arabia Saudí y está a escasas millas de la costa iraní, viene igualmente impuesta por la complicada situación política interior. Probablemente, Tamim preferiría distanciarse algo de Irán, pero al parecer una facción respaldada por su padre, el anterior emir, que se vio obligado a abdicar a favor de su hijo a mediados de 2013, exige conservar los lazos con Teherán.

No es desdeñable que haya influido también la delicada situación económica de Arabia Saudí, provocada por el descenso de los precios del petróleo. Riad está intentando imponer restricciones a la producción de hidrocarburos para que los precios suban y los díscolos, como Qatar, impiden que lo logre.

Todo esto, y unos cuantos detalles más que se quedan en el tintero, dibujan un tablero extraordinariamente confuso en el que nadie se atreve a pronosticar nada, pero en el que hay una cosa clara: la irrelevancia por incomparecencia de nuestros países occidentales, probablemente porque ninguno de nuestros gobernantes está en condiciones de dañar las magníficas relaciones que todos nosotros, quién sabe por qué, mantenemos con Qatar. Quizá resulte que las prácticas empleadas por el emirato para conseguir la adjudicación del mundial de fútbol de 2022 se hayan extendido a otros ámbitos.

El lama Pujol y el ‘Catalexit’
Pablo Molina Libertad Digital 7 Junio 2017

La matriarca del clan de los Pujol ya dio muestras de la pachorra de la famiglia al afirmar en el Parlamento catalán que no tenían "ni cinco". Entre vivir con lo puesto y manejar más de mil millones de euros en bancos extranjeros hay un amplio margen para debatir, pero el sentido de la afirmación de la madre superiora del convento nacionalista ha quedado mucho más acotado con la última intervención del benjamín de los Pujol, el gran Oleguer.

El hijo menor de D. Jordi ha comparado a su padre con el Dalai Lama y a España con el régimen comunista chino, una referencia tan grotesca que solo puede formularse en Cataluña sin que los presentes llamen a los loqueros. Allí, en cambio, las palabras de Oleguer no causan rechazo –ni siquiera extrañeza– porque, en el fondo, los que trabajan por la secesión de la región catalana necesitan abonar ese relato que convierte a una familia de choris en el ejemplo vivo de un pueblo que lucha por su libertad.

El estado de locura, nada transitorio, de los separatistas y de sus referentes políticos debería hacernos reflexionar al resto de los españoles sobre la necesidad de cortar toda relación con ellos, al menos hasta que los ciudadanos catalanes los obliguen a volver a la cordura. No es normal que los dirigentes políticos más corruptos de la historia de cualquier democracia conocida tengan una opinión tan sublime de sí mismos y de la ideología que representan.

Lo que sorprende es que los demás partidos políticos del espectro nacional sigan tomándose en serio a unos canis dispuestos a llevarse por delante a una de las regiones tradicionalmente más prósperas de España. La preeminencia del ya denominado "problema catalán" es una falacia que solo se sostiene por el complejo enfermizo de unas elites dirigentes incapaces de ver la cara grotesca del enemigo que tienen delante y actuar en consecuencia.

Solo ellos, los políticos de los grandes partidos y sus medios afines, pueden estar sinceramente acojonados por el hecho de que los dirigentes atolondrados de una Administración en quiebra como la catalana decidan cortar los lazos con el resto del Estado. Si el Brexit no ha sumido en la depresión a los dirigentes europeos, calculen lo que debe preocuparnos la amenaza secesionista de los dirigentes de una región que, congestionados de tanto robar, ahora se comparan con los lamas tibetanos.

El Catalexit no es una amenaza. Es un vaticinio feliz que, para nuestra desgracia, no se cumplirá. Si no se afronta así esta cuestión, los separatistas catalanes seguirán vaciándonos el bolsillo, insultando nuestra inteligencia y acabarán sosteniendo que el patriarca de los quinquis es la reencarnación con barretina de un maestro jedi.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Pujol y el Dalai Lama
EDITORIAL Libertad Digital 7 Junio 2017

Es sabido que la corrupción en Cataluña siempre ha ido acompañada de una dosis no menor de desvergonzado victimismo. Sin embargo, el grado de desfachatez alcanzado por Oleguer Pujol para tratar de desacreditar las graves y numerosas acusaciones que pesan sobre su familia se llevan la palma. Y es que el hijo menor del expresidente regional catalán, no contento con relacionar las acusaciones por corrupción con el proceso secesionista que se está perpetrando en Cataluña, ha comparado a su padre nada menos que con el Dalai Lama y asegurado que se le quiere "desterrar", "destrozar" y "encarnizar", tal y como hizo el régimen comunista chino con el líder espiritual del budismo tibetano.

Comparar el ordenamiento jurídico español con el régimen comunista chino, que ocupó el Tibet y perpetró uno de los genocidios más brutales en términos relativos del siglo XX, ya es absolutamente execrable. Pero equiparar a Jordi Pujol, que, por los cargos que pesan contra él, bien podría asemejarse a un capo de la mafia, con el venerable Tenzin Gyatso resultaría, sencillamente, cómico si no fuera por el enorme latrocinio a los contribuyentes del que se acusa al menos honorable que nunca expresidente de la Generalidad.

Si algo se le puede reprochar a la Administración de Justicia española es el tiempo que ha tardado en procesar a la familia Pujol, cuya implicación en la corrupción que ha padecido Cataluña durante décadas era un secreto a voces. Eso, por no hablar de las veces que se hizo la vista gorda, ya en tiempos de Pujol, ante los delitos de desobediencia perpetrados por la Administración catalana ante las reiteradas sentencias judiciales que han declarado inconstitucional la política de inmersión lingüística que proscribía y sigue proscribiendo al castellano como lengua vehicular de la enseñanza.

Lo peor es que esa omertá o ley del silencio en torno a la corrupción institucionalizada en Cataluña se sigue dando en buena medida hoy en día, como bien denuncia el abogado Abraham Castro, defensor de Fèlix Millet, ex presidente del Palau de la Música Catalana y pieza clave en la financiación ilegal de CDC durante al menos una década. Castro ha acusado a los actuales gestores de la entidad de encubrir al partido y el cobro de comisiones, razón por la que, según él, la representación legal del consorcio que rige ahora los destinos del Palau (en el que están representadas las Administraciones Públicas) evita reclamar a Convergencia los más de seis millones que como mínimo se habría llevado a través de la institución, la "cañería" por la que, según el fiscal Emilio Sánchez Ulled, fluía el dinero de Ferrovial a CDC. Frente a la estrategia de los actuales responsables del Palau, la Fiscalía, el abogado del Estado y el de la asociación de vecinos reclaman a Convergencia el retorno de las mordidas.

Está visto, en cualquier caso, que pedir honradez intelectual a estos nacionalistas que tapan la corrupción con la bandera de Cataluña es tanto como pedir peras al olmo o como pedir a un capo de la mafia que se comporte como un monje tibetano.


Ingeniería social y totalitarismo blando
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 7 Junio 2017

El término totalitarismo blando ha sido acuñado por Iñaki Ezkerra en su magnífico libro, necesario para entender las convulsiones presentes en el mundo, “Los totalitarismos blandos, Podemos, nacionalistas y otros enemigos de la democracia” En él acierta con el diagnóstico, y también con el tratamiento. Gonzalo Fernández de la Mora hace tres décadas ya anunció esta crisis sistémica en el orden político con “El crepúsculo de las ideologías”. De ahí vienen todos los males, pues a la renuncia al pensamiento, a la filosofía política, se añade el vacío intelectual en la clase política, y por tanto la ausencia de rumbo, de horizontes y de objetivos que vayan más allá al de “qué hay de lo mío”.

Las ideologías permiten elaborar proyectos de futuro, diseñar nuevos órdenes políticos y sociales, establecer el orden de prioridades que se derivan de una taxonomía axiológica, en definitiva, qué modelo de mundo, de humanidad, queremos en un contexto de fuerte convulsión sociológica, de principios y valores. Y para ello se requiere plantearse qué papel ha de desempeñar cada hombre y cada mujer en el mundo, cuál ha de ser la interrelación de cada individuo con la naturaleza, qué principios han de guiar el orden jurídico, cuáles son los atributos que han de adornar la dignidad humana; es decir, la cultura antropológica que ha de primar, los principios en el orden filosófico que han de dar la trama a nuestra organización política y social. Demasiado pedir para quienes solamente ven el lado práctico de las cosas inmediatas y el poder como herramienta para someter a los que piensan de forma diferente.

Dice en su libro Iñaki Ezkerra…
“Esa experiencia histórica del discernimiento entre el mal y el bien político nos impone la tarea de cerrar la puerta a todas las propuestas totalitarias que ya han fracasado y que han dejado un largo reguero de sangre en el pasado de nuestro continente. Una democracia no puede prohibir que alguien la impugne proponiendo asambleas en el ágora, pero sí puede y debe parar los pies a quien haga valer esas asambleas más que los votos; a quien use el tumulto del asambleísmo para crear la ficción del sufragio universal. Como puede y debe perseguir la discriminación racial o la idea de que es lícita la eliminación del adversario, o sea todos los rasgos totalitarios de los que tenemos una larga y sobrada experiencia colectiva. La verdadera cuestión es qué margen de contestación puede tolerar una democracia y hasta dónde debe llevarnos el celo que cuestione como un absoluto la propia tolerancia. Pero resulta obvio que la alternativa que nos aleje de la dictadura que se llevó Franco a la tumba no es una democracia bobalicona que entreviste amablemente a los representantes de una Generalitat en rebeldía que emulan los antecedentes que se alzaron contra la propia República.”

Un repaso de las expresiones actuales de patología política en este caos en el que estamos, donde la Constitución es una mera declaración de principios a la que una pléyade de políticos nefandos hace cortes de manga, nos llevaría no a realizar un artículo como éste sino un libro, que ya anuncio estar redactando. Pero sin ser tan pretencioso voy a hacer un repaso con algunas pinceladas sueltas de la actual política basura que produce verdaderas bazofias y esperpentos en el plano político. Evidentemente se tratan de ejemplos a modo de muestra pues el repertorio sería demasiado extenso.

El pasado sábado se celebró una manifestación multitudinaria en Navarra para reivindicar el respeto a los símbolos centenarios de esa Comunidad, ultrajados por el actual gobierno títere del nacionalismo vasco que pretende extenderse en una calculada operación relámpago de ocupación de las tierras navarras. Es una muestra paradigmática que nos da la medida de lo que ocurre cuando hay un desprecio absoluto a la idiosincrasia de unos territorios, a las aspiraciones de la mayoría de sus gentes a conservar su estatus político y social, y a los derechos de cada uno de los habitantes, sin perjuicio de considerar legítima la pretensión de cambiar el marco jurídico que puedan tener algunos de los ciudadanos, siempre que se atengan a lo establecido en el orden constitucional que nos dimos en su momento, y que habría que revisar no para dar píe a los reventadores profesionales sino para afianzar el sistema y darle continuidad y estabilidad. Ese gobierno subversivo, copia inefable del que existe en Cataluña –otro esperpento inaudito- debería ser erradicado por el poder de la mayoría de los vecinos de Navarra a los que se ha suplantado legalmente, pero no legítimamente.

Otro de los productos de la psicopatología que habría que poner como ejemplo de demencia política es una noticia publicada esta semana pasada en ABC informando de que “El PSOE autoriza el catalán como ‘lengua vehicular’ en colegios de Aragón”. Si ustedes creen que han leído mal o que yo me he equivocado en la transcripción, lean directamente la noticia en http://www.abc.es/espana/aragon/abci-psoe-autoriza-catalan-como-lengua-vehicular-colegios-aragon-201606030931_noticia.html y lean el subtítulo de la noticia, no más tranquilizador: “El Gobierno de Lambán acaba de dictar una orden que refuerza y amplía la enseñanza del catalán en el Bachillerato, y permite impartir el resto de asignaturas en esa misma lengua, en vez de en castellano.” Es realmente sorprendente. Y más absurdo aún, por si fuera poco, es que Ciudadanos –otro de los partidos que se suman al populismo, esta vez de baja intensidad- se sumen a la propuesta.

La semana pasada saltó, así mismo, una información publicada por La Tribuna del País Vasco y otros medios, según la cual veinticinco historiadores de lo más granado de la ciencia historiográfica vasca –es decir que casi todos- denuncian en un manifiesto conjunto la destrucción de expedientes judiciales de la actividad terrorista de ETA hasta el punto de que en el año 2005 “[…] había destruido más de setenta toneladas de documentación de los ámbitos civil, penal, social y contencioso-administrativo” preguntándose qué papel ha tenido el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco en esa destrucción, puesto que, al menos, no lo impidió, siendo de su competencia la custodia de ese material por su valor histórico. Y tales historiadores se preguntan cómo pueden reconstruir historiográficamente cuarenta años de sangre y plomo sin documentación que lo sustente. En fin… prefiero no hacer elucubraciones al respecto pues nos llevaría a conclusiones peligrosamente aventureras. Desde que Zapatero decidió trasladar a la Generalitat miles de cajas de documentación histórica desde el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, no hemos conocido su paradero, luego cabe conjeturar que a alguien molestaba la Memoria Histórica, no la que ha tratado resucitar la izquierda, sino aquella que es verdaderamente histórica, la científica, la que busca la verdad y no es sectaria. Pues en este caso igual, pero en hechos sucedidos mucho más recientemente.

Otro de los espantos para cualquier sentido común que se base en el bienestar colectivo es el que nos ha llegado desde Galicia, donde se ofrece dinero para los alumnos de las universidades gallegas por hacer sus tesis o trabajos en gallego y no en castellano o inglés. Recuerdo hace unos pocos años a mi hija defendiendo la tesis en la lengua universal de la ciencia, el inglés. Me la imagino redactando su trabajo en gallego para que se quede en los límites pueblerinos de esa respetable y admirada región. Afortunadamente mi hija estudió en una universidad con más amplitud de miras. ¿Hasta dónde hubiera llegado su prestigiosa investigación? ¿Se hubiera conocido más allá de nuestras fronteras? Obviamente no. ¿No tendrán sentido del ridículo? ¿Esta gente está en la universidad o en la aldea? Y que conste que no es moco de pavo la cantidad ofrecida por redactar una tesis en gallego: 400 euros. ¿Pero no hay otras necesidades? ¿Así se promueve la ciencia, el avance del conocimiento y la universalidad del mismo? ¿A qué grado de necedad y de estrechamiento del cerebro hemos podido llegar? El que los hablantes del gallego hayan reducido su presencia por un mínimo sentido práctico de las cosas y por tener alguna mira cosmopolita no justifica políticas de protección que nos lleve no solamente a un empobrecimiento cultural sino también económico. No estamos tan boyantes como para tirar el dinero de esa manera por la alcantarilla. Y en esto también tiene una carga de responsabilidad muy grande el PP, que se ha desideologizado hasta límites preocupantes.

Son solamente cuatro ejemplos muy recientes, lo que da el signo de los tiempos que es que la estupidez tiene un poder de contagio muy grande que lo aprovechan los populismos para hacer su negocio particular. Prometo seguir con el repertorio de barbaridades la próxima semana, pues es una obligación de los científicos sociales el hacer la taxonomía de los absurdos patológicos.

Esto del populismo es muy peligroso, se abre la caja de Pandora de la demagogia sin límite y ello lleva directamente a la esquizofrenia, que como todos ustedes saben es confundir las alucinaciones y fantasías con la realidad.

Empieza a ser hora de ir recuperando el sentido genuino de la política, es decir, el arte o ciencia de hacer lo posible para la felicidad de las gentes, no para su malestar y perjuicio.

'Humillante medida' en Baleares
El nacionalismo monta en cólera: la Selectividad podrá ser también en castellano
Rafael Núñez Huesca Gaceta.es 7 Junio 2017

Tras una petición de C's, los alumnos baleares podrán solicitar el exámen de Selectividad en Baleares. Una medida que para ERC de las islas es una “humillación” y relega el catalán a “lengua secundaria y prescindible”. El sindicato nacionalista denuncia “otro paso atrás a la situación y al prestigio del catalán dentro educación”.

Hasta ahora los estudiantes baleares que aspiraban a entrar en la Universidad podían responder los exámenes de Selectividad en castellano, pero los exámenes estaban obligatoriamente en catalán. Había, eso sí, en cada aula una copia del exámen en castellano que podía ser consultada si algún estudiante lo solicitaba. Los aspirantes, además, podían solicitar la traducción de alguna palabra o enunciado si no la entendían.

Ciudadanos ya solicitó el año pasado, sin éxito, que se pudieran entregar las pruebas también castellano. Este año, sin embargo, la medida sí ha entrado en vigor con el previsible malestar entre los docentes nacionalistas que se han apresurado a calificar la medida de “ataque al catalán”.

El partido de Rivera en las islas solicitó al Gobierno central que garantice la libertad de lengua en Selectividad, una petición que tuvo como consecuencia el acuerdo entre el secretario de estado de Educación, el conseller de Educación balear y el rector de la Universitat de les Illes Baleares a principios de este año. Cabe recordar que las nuevas instrucciones no reconocen la libre elección de lengua en el exámen, sólo acepta entregar el examen en castellano a los estudiantes que lo soliciten.

El nacionalismo catalán en Baleares monta en cólera
El sindicato de profesores SETI ha arremetido contra Ciudadanos alegando que los estudiantes tienen libertad para contestar en castellano. Para el STEI, “Ciudadanos pretende poner palos en las ruedas de la normalización de la lengua en las Islas Baleares y quiere crear un problema donde no lo hay”.

La medida ha provocado incluso la dimisión de cuatro vocales del Tribunal, entre ellos el profesor Jaume Sastre, fundador del sindicato UOB y conocido, tal y como informa El Mundo en Baleares, por su huelga de hambre contra el trilingüismo del Govern del popular José Ramón Bauzá en la legislatura pasada.

Además del STEI, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y la Assemblea de Docents se han mostrado en contra de que los alumnos puedan solicitar el exámen en castellano y se han solidarizado con los maestros que “han renunciado para hacer frente al retroceso que supone para la normalización lingüística”. Para ERC la medida es una “humillación” y relega el catalán a “lengua secundaria y prescindible”.

La Assemblea de Docents, impulsora de la marea verde contra la política lingüística del PP en la legislatura pasada, también exige la “retirada inmediata” de la medida al constituir “otro paso atrás a la situación y al prestigio del catalán dentro educación”.

Por contra, y según informa El Mundo, los profesores de PLISEducación, aunque “insuficiente”, celebran la medida y denuncian el “lobby nacionalista, fuertemente asentado en los feudos de la universidad y de los institutos de Baleares”, que está maniobrando para, mediante renuncias a última hora de profesores correctores y mediante el señalamiento público de los alumnos que soliciten pruebas con enunciados en castellano -ya que las pruebas se repartirán primero en catalán-, dejar sin efecto la instrucción. “Sólo desde el fanatismo se puede entender que un profesor niegue a un alumno poder ejercer un derecho que, no perjudicando absolutamente a nadie, puede beneficiarle mucho”, explica PLISEducación.
 


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