AGLI Recortes de Prensa  Jueves 8  Junio 2017

No seamos burros.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 8 Junio 2017

El Gobernador del Banco de España acaba de descolgarse con la fórmula magistral para resolver la insolvencia del sistema de pensiones de España: subir impuestos y bajar las pensiones. En cuanto al ahorro que ha permitido la bajada del déficit del 12,5% en el 2009 al 4,5% del año pasado se ha apoyado básicamente en la disminución de la inversión pública y que eso hay que empezar a corregirlo. Es decir, más gasto público a base de más impuestos a los ciudadanos para pagar el despilfarro de comunidades autónomas, una casta política insaciable y corrupta y el latrocinio de los gestores de una banca que ha tenido que ser rescatada a base de aumentar el endeudamiento de España. Y tras la evacuación de semejante ocurrencia digna del más incompetente y sectario líder podemita o socialista sanchista, se queda tan tranquilo.

Hace falta tener desfachatez y una tremenda hipocresía para culpar ahora de los graves problemas de financiación a aquellos que, durante años, han contribuido de forma obligada a mantener este sistema contributivo. Un sistema basado en una “adquisición de derechos de cobro a futuro” y en una pirámide de aportaciones que no se diferencia de las típicas usadas por grandes delincuentes al estilo de Lehmans Brothers, Forum Filatélico y otros embaucadores y timadores. Un sistema piramidal que necesita tener siempre la base y el tronco bien nutrido capaz de soportar a la cúspide que, acabada su vida laboral, se jubila y comienza a percibir sus compensaciones en forma de salario de jubilación.

Un sistema que desde hace años se quiere modificar bajo la amenaza de una rebaja sustancial de las prestaciones, introduciendo un sistema de ahorro basado en aportaciones voluntarias para la creación de un capital al que llaman “complemento de pensiones” y poder mantener un mejor poder adquisitivo. Un ahorro al que, como otros impuestos confiscadores como el de Sucesiones y el de transmisiones, someten a una doble imposición fiscal, la primera la que se ejerce como renta del trabajo percibida en los años correspondientes y la segunda una vez que se intenta recuperar el capital ahorrado, quedando solo exenta y de forma discrecional solo una pequeña parte del capital final obtenido. Se pide que se ahorre como previsión a futuro, pero se penaliza el mismo de forma totalmente injusta.

Lo realmente hipócrita es que nunca consideran la alternativa de disminuir el gasto y modificar un sistema autonómico que se ha evidenciado como altamente inflacionista. Porque lo que no es de recibo es que queramos llevar una vida de ricos cuando no dejamos de ser una sociedad basada en la clase media trabajadora que malamente subsistía y aspiraba a escasos bienes como “el pisito” y el “cochecito utilitario” de los años 60 del siglo pasado, a ser una sociedad plenamente consumista con un nivel de vida muy por encima del que realmente nos correspondería por el PIB real y la sostenibilidad del sistema y que ha sufrido un duro golpe cuando ha sido arrastrada por la crisis mundial y los estallidos de las famosas “burbujas” la bancaria, la inmobiliaria y la de la corrupción política, creando un paro descomunal y el empobrecimiento de una parte sustancial de la clase trabajadora española. Y ahora nos quieren culpabilizar de que este es un país de viejos que tienen la osadía de vivir mucho.

Y no solo han sido capaces de endeudarnos hasta límites inasumibles duplicando la deuda nacional y traspasando el umbral del 100% del PIB, sino que en vez de moderar el gasto en aquello superfluo, se han dedicado a despilfarrar y enterrar fondos públicos en grandes infraestructuras innecesarias de aeropuertos fantasma, polideportivos, centros culturales faraónicos, polígonos industriales parcelados y acondicionados vacíos y estériles, proliferación de innumerables y deficitarias empresas públicas cobijo de enchufados, afines y familaiares de la casta política, etc., donde el objetivo era hacer las obras favoreciendo a afines, amigos y allegados y cobrando, la mayoría de las veces, jugosas comisiones para enriquecimiento personal o del partido político gobernante en ese momento.

Lo que no puede consentirse ahora y menos del máximo responsable del banco de España, es decir del Gobierno que le nombró, es cambiar las reglas de juego para solucionar un problema que solo la clase política ha creado al no haber consensuado una solución para un sistema sostenible desde que se conocía este problema piramidal. Es simplemente mezquino e inadmisible culpar a los contribuyentes de vivir demasiado y de no querer seguir trabajando para engordar las arcas públicas y mantener a todos estos parásitos que no solo no contribuyen y mantienen privilegios en indemnizaciones millonarias y creación de derechos de futuras pensiones sin cumplir los requisitos exigidos al resto de ciudadanos, sino que se dedican a malgastar y robar de esas arcas lo que pueden en cuanto tienen la mínima ocasión.

Es simplemente delictivo el que hayan ocurrido casos como el de los directivos de Cajas de Ahorros como la del Mediterráneo o últimamente con el banco POPULAR donde los gestores, a pesar de su desastrosa gestión y situación de crisis de sus entidades, aprovechándose de sus cargos se han auto concedido indemnizaciones y planes de pensiones multimillonarios, sin que la Fiscalía haya actuado. Y ahora, quien debiera haber evitado esa situación como “vigilante” del sistema bancario, se atreve a proponer que se siga expoliando a los ciudadanos y que se rebaje su futuro poder adquisitivo en un sistema insostenible piramidal. Es simplemente vomitivo y una razón suficiente para exigir su inmediato cese y la rectificación por parte del Gobierno de España.

Y aquí les voy a contar el esperpento nacional en forma de chiste en el que un paisano del profundo y sufrido mundo rural le dijo a otro “ahora que tenía acostumbrado al burro a no comer, va y se me muere”. Y es que ni este burro da más de sí, ni esta vaca da mas leche. Hay que descabalgar a estos arrieros que están acostumbrados a ir a lomos de los burros.

¡Que pasen un buen día!

Elecciones Reino Unido Corbyn, el “¡Pásalo!” y la Internacional Populista
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 8 Junio 2017

Jorge Verstrynge habla en su último libro (Populismo. El veto de los pueblos, 2017) de la posibilidad de una “Internacional Populista”. El profesor de Políticas, después de adherirse a lo que llama “populismo de la plebe” dice que el fenómeno está en su fase defensiva, de repulsa y denuncia de “la élite”, y que pronto pasará a la de construcción. Entre todos los populismos, dice, existe una reclamación del soberanismo contra la gobernanza mundial.

No le falta razón a Verstrynge, pero hay algo más que les une: un estilo de hacer política rompiendo las normas, las tradicionales reglas del juego, usando las tácticas de los movimientos sociales y el impacto de los medios y las redes. Todo envuelto en un discurso demagógico, tan defensivo como constructor, en boca de personas que se presentan como outsiders. Hagamos un repaso de esa “Internacional”.

Jeremy Corbyn rompió la norma sagrada y no escrita de apoyar en público al gobierno tras un atentado terrorista. Tras lamentar los “incidentes” –cuánto les cuesta llamar a las cosas por su nombre-, Corbyn criticó a May por haber eliminado a 20.000 hombres de las fuerzas de seguridad, y por proporcionar una seguridad low cost a los ciudadanos. Acabó pidiendo la dimisión de May, que se ha hundido en las encuestas, y que está dando vida a un laborismo volcado en un populismo socialista ramplón.

La decrepitud del régimen de Gran Bretaña es paralela a la de Francia, Italia, España, Austria, Holanda, e incluso Alemania. Cuando Henry Fairlie habló en 1959 de “establishment británico” señalaba a los grupos que dominaban la economía, la universidad, los medios y la política frente al pueblo común. Lo que no predijo Fairlie fue la degradación de ese establishment hasta el punto de crear la peor generación de dirigentes desde 1945.

En Reino Unido se han hundido las élites, y perdido los principios y los valores que hicieron de aquellas islas el motor y el refugio de la libertad y la democracia. El espectáculo que May y Corbyn han dado con los atentados islamistas, incluida la muerte de Ignacio Echeverría, es la muestra del largo fin de una época.

En Reino Unido se han hundido las élites, y perdido los prEsa misma sensación de fin de ciclo hubo en Francia, cuando los conservadores se deshicieron por la corrupción de Fillon, las sospechas sobre Sarkozy, y el amor sempiterno a la moqueta de Juppé. Pero también se derrumbó el socialismo por debilidad y corrupción, por elecciones internas cainitas y absurdas, hasta el punto de que Manuel Valls ha anunciado su apoyo al partido de Macron, último representante del establishment europeísta.

¿Y qué decir de España? El acoso y derribo al PP, favorecido por su vínculo con la corrupción, está haciendo circular la idea de que habría que ilegalizarlo. Ese partido es hoy el postrero sostén del régimen del 78, toda vez que el PSOE es ya otra cosa.

Sánchez no ha resucitado al PSOE por la sencilla razón de que tiene que matar al padre si quiere mandar. El “crucigrama imposible” lo llama con acierto Díaz Villanueva. El partido socialista que conocimos está desapareciendo: los hombres de referencia desde 1974, su estilo de hacer política, y su compromiso con los principios de la Constitución. Se mantienen las siglas de una organización a la que Sánchez cambiará totalmente.

La argumentación del nuevo PSOE será sencilla: los logros de los gobiernos socialistas no habrán sido obra de los líderes históricos ahora defenestrados, sino de los militantes, de los cuadros medios del partido, y de los cargos locales y autonómicos.

El discurso contra “la derecha”, la organización basada en el hiperliderazgo y los plebiscitos, la estrategia de ruptura del marco legal, y los objetivos de cambiar las normas para perpetuarse en el poder, propios del socialismo populista o del siglo XXI, los ha asumido como suyos el PSOE de Sánchez. A esto añadirá la alianza –ya veremos si absorción- con Podemos, aunque en términos que le beneficien. Por ejemplo, apoyará en espíritu la teatral moción de censura; pero nada más.

El “¡Pásalo!” con el que las izquierdas dieron la señal para tomar las calles un día antes de las elecciones de 2004, con violencia y sin que se tomara con naturalidad, debió alertar a la derecha. Según Pablo Iglesias fue obra de él y los suyos. Aquello era la manifestación perfecta del asalto populista que se ha producido en poco más de diez años. Ya no hay reglas. No se diferencia legitimidad de legalidad. El establishment, aquí y en casi todo Occidente, no es capaz de generar una élite, sino una oligarquía torpe a la que la gente común desprecia.

El problema no es que el pueblo se agrupe y derribe un gobierno oligárquico. No estamos en la segunda vuelta de la rebelión de los hermanos Graco contra el Senado de Roma. El asunto es que la inoperancia de los gobiernos europeos ha permitido la construcción de una sociedad vulnerable a los enemigos de la libertad de fuera –los islamistas- y a los de dentro –los populistas-. Porque esa Internacional Populista no quiere otra cosa que reconstruir sus comunidades supuestamente soberanas, sobre la base de una ingeniería social legitimada por una evanescente “voluntad general”, que nos cambie un amo por otro.

Así, vivimos una guerra global contra el yihadismo, en nuestras ciudades y fuera de ellas, que nos obliga a recortar nuestras libertades, pero de la que no se puede hablar. Por eso, la gente sigue en el pensamiento mágico del “hablando se entiende la gente” y “la culpa del terrorismo es nuestra, porque no sabemos integrarlos, y no somos suficientemente multiculturales”. Frente a esta estupidez se alimenta otra, la del populismo, que recortará también la libertad en aras de un “mundo mejor”.

Los resultados en Gran Bretaña son cruciales en este sentido. Si no gana May, muestra viviente de la degradación del partido que tuvo a Thatcher entre sus filas, tendremos en Westminster a un Mélenchon o a un Iglesias, a un Corbyn que remontó en las encuestas por la triste mediocridad del adversario, con demagogia y con la versión british de la estrategia del “¡Pásalo!”.

Libertad económica y presión fiscal
La paradoja, al hablar de España, es que, a pesar de tener un Estado relativamente pequeño en términos de recaudación fiscal (33% del PIB), nuestros gobiernos tienen un papel en la economía del país mucho mayor que el gobierno danés, sueco o alemán.
Roger Senserrich www.vozpopuli.com 8 Junio 2017

Los índices, clasificaciones y rankings son una de las maneras más fáciles que tiene una ONG para llamar la atención. Es un ejercicio relativamente simple: basta con coger una serie de estadísticas más o menos relacionadas entre ellas, darles una puntuación y peso más o menos coherentes, y calcular una cifra en una escala entre dos valores arbitrarios para poder “comparar” países, ciudades y regiones. Inevitablemente, es muy sencillo ponderar/torturar los números hasta que el índice te dé el resultado que te parezca más oportuno o sirva tus preconcepciones ideológicas, pudiendo así generar un informe de esos que te dan la razón.

Por un motivo que se me escapa, los periodistas adoran esta clase de ejercicios de publicidad barata, por mucho que su utilidad o capacidad de transmitir información sea más que cuestionable. Basta con darles una tablita con un título, una lista de condados, áreas metropolitanas, estados o miembros de boy bands de los noventa en forma de ranking para que te presten atención de forma casi irreflexiva. No es de extrañar que casi todo el mundo en el negocio se pase la vida publicando índices, francamente.

Uno de los índices con más historial es el Index of Economic Freedom (IEF) de la Heritage Foundation, un intento (según ellos) de medir la “libertad económica” de todos los países del globo. Dentro del conglomerado de clasificaciones sin sentido ahí fuera, el IEF es relativamente serio, por más que muchas de las variables agregadas sean un tanto cuestionables. Heritage solía ser un think tank relativamente honesto, y con el IEF no intentaban diseñar un índice buscando sacar un resultado aposta. Según el IEF, por ejemplo, Canadá, un país con sanidad universal e impuestos relativamente altos, es “más libre” que Estados Unidos. Suecia y Dinamarca, sin ir más lejos, prácticamente empatan con los americanos.

Si comparamos el indicador de libertad económica con los datos de la OCDE sobre recaudación fiscal nos encontramos que la correlación entre impuestos altos y libertad económica es prácticamente nula. Los Estados Unidos recaudan diez puntos menos del PIB en impuestos que los Países Bajos (27 contra 37%, para ser concretos). Suecos y daneses, por supuesto, pagan muchísimo al erario público (43 y 46%), pero tienen economías igual de abiertas.

Esto no se debe a que el IEF de Heritage sea un indicador especialmente malo, sino que indica un detalle importante sobre política económica que acostumbra a ser ignorado en el debate político en España: ni la regulación económica es necesariamente de izquierdas, ni tener impuestos altos es contrario a tener mercados abiertos y vibrantes. Es más, en muchos casos regular es de derechas, y tener impuestos altos favorece al sector privado, si el dinero recaudado se utiliza bien.

La política económica de Suecia, Canadá, Holanda o Dinamarca combinan una presión fiscal relativamente alta con un sistema legal y regulatorio muy abierto, con mercados muy competitivos. Estos países tienen estados de bienestar potentes (en el caso canadiense, comparado con el de sus vecinos al sur) e impuestos altos, pero el estado, aparte de recaudar como cosacos, se sale de en medio. Las instituciones, la política económica, concentran los esfuerzos del estado en un número muy limitado de tareas que el sector público hace mejor que nadie, como el monopolio de la violencia, seguros contra el infortunio (léase sanidad, pensiones, etcétera), educación e igualdad de oportunidades, pero nada más allá de eso. Por supuesto, estas pocas tareas resultan ser muy caras a poco que las intentes hacer bien, pero el papel del estado en la economía es en realidad bastante limitado.

En otros lugares, como es el caso de España, el Estado tiene mayores ambiciones. Aparte de las tareas básicas (sanidad, policía, educación, infraestructuras, etcétera) que los gobiernos acostumbran a hacer bien, en España el sector público es muy aficionado a intentar decidir cómo debe funcionar la economía a golpe de regulación. El estado, por ejemplo, ha creado un montón de reglas sobre cómo debe funcionar el mercado laboral, creando el galimatías de contratos temporales e indefinidos que tanto daño ha hecho. Los gobiernos han creado un montón de puestos de trabajo regulados en extremo, desde notarios a taxistas, porque tienen la peregrina idea que pueden diseñar algo que funcione desde un ministerio. En los gloriosos años de la burbuja, las autonomías además se dedicaron a ejercer de banqueros, montando esos espectaculares fracasos que fueron las cajas de ahorros, o animadores culturales, montando cosas como carreras de Fórmula 1.

La paradoja, al hablar de España, es que, a pesar de tener un Estado relativamente pequeño en términos de recaudación fiscal (33% del PIB), nuestros gobiernos tienen un papel en la economía del país mucho mayor que el gobierno danés, sueco o alemán. Aunque nuestro Estado de bienestar es relativamente modesto (y horrorosamente ineficaz, pero ese es un problema para otra columna), nuestros gobiernos son mucho más intervencionistas en el funcionamiento de muchos mercados, sea mediante regulaciones, sea mediante subvenciones o exenciones fiscales, sea mediante participación directa.

Esto es un problema porque, como bien saben suecos, daneses, canadienses y holandés, el Estado resulta ser bastante incompetente cuando no está ejerciendo de compañía de seguros con tanques. Los políticos no tienen ni puñetera idea sobre cómo ejercer de banqueros, acostumbran a tener ideas profundamente equivocadas sobre qué industrias merecen subvenciones, no saben casi nada sobre cómo funciona un mercado laboral y se pierden miserablemente al decidir quién puede participar en un mercado. Los entusiastas políticos españoles, sin embargo, son muy aficionados a meterse donde no les llaman, y el resultado es una economía cargada de regulaciones disfuncionales, intervenciones chapuceras y elefantes blancos, pero sin demasiada lógica.

Esto quiere decir que España necesita reformas en los años venideros que implican a la vez más Estado y menos Estado. Por un lado, el Estado de bienestar que tenemos es pequeño e ineficaz, y hará falta dinero para conseguir que proteja a los vulnerables y realmente garantice la igualdad de oportunidades. Por otro, hace falta sacar el Estado de un montón de sectores económicos, reevaluando y limitando las excesivas tendencias intervencionistas de los políticos que más que a crear igualdad lo único que hacen es decidir quiénes serán los ganadores en el B.O.E.

Aunque parezca mentira, ambos paquetes de reformas son de izquierdas, ya que aumentarán la igualdad y la redistribución de renta en el país. Es hora que los partidos progresistas dejen de confundir intervencionismo con ser de derechas, y apuesten por abrir la economía a la vez que refuerzan el Estado de bienestar. Una izquierda valiente en España debería hablar en términos de romper los privilegios del BOE e igualdad de oportunidades, haciendo de las liberalizaciones una lucha contra industrias enchufadas.

Este sería un populismo útil y a la vez efectivo. No estoy seguro de que alguien, en Podemos o el PSOE, lo acabe de entender.

La guerra que no se combate
Europa contraataca con velas y ositos de peluche
Giulio Meotti latribunadelpaisvasco 8 Junio 2017

Esta larga y triste lista es la cosecha humana del terrorismo islámico en suelo europeo:

Madrid: 191 víctimas. Londres: 58. Ámsterdam: 1. París: 148. Bruselas: 36. Copenhague: 2. Niza: 86. Estocolmo: 5. Berlín: 12. Manchester: 22. Y no tiene en cuenta los cientos de europeos masacrados en el extranjero, en Bali, Susa, Daka, Jerusalén, Sharm el Sheij o Estambul.

Pero después de 567 víctimas del terrorismo, Europa sigue sin entender. Sólo en la primera mitad de 2017 ha habido intentos de atentados en Europa cada nueve días, de media. Pero a pesar de esta ofensiva islamista, Europa sigue contraatacando con ositos de peluche, velas, flores, vigilias, hashtags en Twitter y viñetas.

Tras el 11-S y 2.996 víctimas, Estados Unidos, bajo la presidencia de George W. Bush, se alzó y luchó. Estados Unidos y unos pocos y bravos aliados europeos, como Reino Unido, Italia y España, demostraron ser "el caballo más fuerte". Los guerreros islámicos fueron empujados a posiciones defensivas; los reclutamientos de los yihadistas cayeron y decenas de tramas se desbarataron. Pero esa respuesta no duró. Europa se replegó rápidamente a su propio frente doméstico, mientras los islamistas llevaban la guerra a suelo europeo: Madrid, Londres, Theo van Gogh...

Desde entonces, la situación sólo ha ido a peor: un simple cálculo demuestra que hemos pasado de un ataque cada dos años a uno cada nueve días. Tomemos sólo los últimos seis meses: Berlín, Londres, Estocolmo, París y ahora Manchester.

Europa no se ha dado cuenta todavía de que el terrorismo que golpeó sus metrópolis era una guerra, y no el error de unos pocos perturbados que interpretaron mal la religión islámica. Hoy hay más musulmanes británicos en las filas del ISIS que en las Fuerzas Armadas Británicas. Según Alexandre Mendel, autor del libro La France djihadiste (La Francia yihadista), hay más salafistas violentos en Francia que soldados regulares en el ejército sueco.

Trece años después del ataque en los trenes de Madrid, los líderes europeos siguen el mismo guion: ocultar las imágenes de dolor, para no herir a nadie; ocultar que los atacantes islamistas eran "fabricados en Europa", de dentro; repetir que "el islam es una religión de paz"; ser prisioneros dentro de nuestras libertades; verlas caer una por una mientras proclamamos "que no cambiaremos nuestro estilo de vida"; y erradicar las bases de nuestra civilización: libertad de expresión, libertad de conciencia, libertad de movimiento y libertad de culto —toda la base, de hecho, del Occidente judeocristiano—.

El islam radical es la mayor amenaza contra Europa desde el nazismo y el comunismo soviético. Pero seguimos sin inclinarnos a cuestionar cualquiera de los pilares políticos o ideológicos que han conducido al actual desastre, como el multiculturalismo y la inmigración masiva. Las medidas antiterroristas duras, las únicas que podrían frustrar los planes y los ánimos de los terroristas, nunca se han tomado. Entre ellas, el cierre de mezquitas, la deportación de imanes radicales, la prohibición de la financiación extranjera de las mezquitas, cerrar organizaciones no gubernamentales tóxicas, drenar la rica financiación de los yihadistas de Europa, abstenerse de coquetear con yihadistas e impedir que los combatientes extranjeros vuelvan a casa desde el frente de batalla.

Tratamos la guerra y el genocidio como si fuesen simples errores cometidos por nuestros servicios de inteligencia.

Despachamos el islam radical como la "enfermedad mental" de unos pocos trastornados. Mientras, cada semana, se abren dos nuevas mezquitas salafistas en Francia, a la vez que se predica el islam radical en más de 2.300 mezquitas francesas. Miles de musulmanes europeos han desaparecido para librar la yihad en Siria e Irak, y los fundamentalistas se están haciendo con el control de las mezquitas y centros islámicos. En Bruselas, todas las mezquitas están controladas por salafistas, que están diseminando el islam radical entre las masas musulmanas.

La triste verdad es que Europa nunca ha tenido la voluntad política de librar una guerra total contra el ISIS y otras organizaciones terroristas. De lo contrario, Raqa y Mosul ya habrían sido neutralizadas. En su lugar, los islamistas se han ido apoderando de Molenbeek en Bélgica, los suburbios franceses y grandes franjas de Gran Bretaña. Ahora deberíamos estar celebrando la liberación de Mosul y la vuelta de los cristianos a sus casas; en vez de eso estamos guardando luto por las 22 personas asesinadas, los 64 heridos por un terrorista suicida islámico en Manchester y los 29 cristianos asesinados en Egipto, todo en una misma semana.

El combate de verdad requeriría un bombardeo a gran escala para eliminar a todos los islamistas posibles. Pero aparentemente no estamos dispuestos a abandonar nuestras masoquistas reglas de enfrentamiento, que privilegian al enemigo de nuestra población frente a ésta. Europa jamás exigió tampoco que sus comunidades musulmanas abjuraran del yihadismo y la ley islámica, la sharia. Este silencio es lo que ayuda a los islamistas a cerrar la boca de los bravos disidentes musulmanes. Mientras, los ejércitos europeos están menguando día tras día, como si ya consideráramos terminada la partida.

Después de cada atentado, los líderes europeos reciclan los mismos eslóganes vacíos: "Hay que seguir adelante"; "Somos más fuertes"; "Normalidad". El alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Jan, ¡nos dice que debemos acostumbrarnos a la masacre diaria! Dice que cree que la amenaza de los ataques terroristas "forma parte de vivir en una gran ciudad". ¿En serio está diciendo que se supone que debemos acostumbrarnos a que masacren a nuestros propios hijos en el Manchester Arena? El terror islámico se ha convertido ahora en parte del paisaje de demasiadas ciudades europeas: París, Copenhague, Niza, Toulouse, Berlín...

En lugar de concentrarse en la yihad y el islam radical, los líderes europeos siguen hablando de la "amenaza rusa". Sería un error pasar por alto el expansionismo ruso, ciertamente. ¿Pero acaso han atacado Westminster las tropas de Vladímir Putin? ¿Se han inmolado agentes rusos, llevándose con ellos vidas de niños en un concierto en Manchester? ¿Ha masacrado un exespía soviético a los suecos que iban por la calle en Estocolmo? Para los líderes europeos, hablar de Putin parece una distracción de los verdaderos enemigos.

El escritor francés Philippe Muray escribió en su libro Queridos yihadistas:
¡Queridos yihadistas! ¡Temblad ante la ira del hombre en bermudas! ¡Temed la rabia de los consumidores, los viajeros, los turistas, los veraneantes, que se alzan desde sus caravanas! Imaginaos a vosotros en nuestro lugar, regodeándonos en el goce y el lujo que nos han debilitado.

Parece que para Europa, el terrorismo islámico no es real, sino sólo una interrupción momentánea de su rutina. Luchamos contra el calentamiento global, la malaria y el hambre en África, y por un mundo de igualdad global. ¿Pero no estamos dispuestos a luchar por nuestra civilización? ¿O es que ya nos hemos rendido?

Artículo Vía Gatestone Institute

Madrid 191 víctimas
Nota del Editor 8 Junio 2017

Parece que "la verdad oficial" del 11M ha calado de tanto llover. Pero no podemos ni debemos olvidar que el 11M fue otra cosa. ¿  Qui prodest ? PSOE al poder, PP a la cómoda oposición, y Zapatero, bueno, ya saben Vds.

Decálogo de procedimientos operativos para acabar con el terrorismo islamista
David R.  latribunadelpaisvasco 8 Junio 2017

¿Quiere leer una opinión díscola?
Los terroristas del Daesh (autodenominado Estado Islámico) continúan asesinando en diferentes lugares del planeta, y en esos lugares están, con particular preferencia en nuestros más queridos lugares, que son aquellos donde habitamos los "infieles" desnortados o incluso directamente guiados por Satán. Y lo están haciendo con la eficacia que deviene de lo que se encuentran en nuestra sociedad: permisividad, tolerancia, inacción, absurdas disputas políticas, análisis realizados por los más mediocres, dobles y triples morales, subvenciones a discreción, y, en general, mucha cobardía. No lo tienen difícil.

¿Todavía está leyendo?, pues le animo a que siga.
Considero que en la lucha contra el DAESH podemos partir, entre otras, de las siguientes premisas:

- Estas personas pretenden destruir nuestra civilización. El objetivo está claro, definido y proclamado a los cuatro vientos. Es sencillo y accesible: somos nosotros.

- Todos ellos profesan la fe musulmana, aunque le fastidie a más de uno, y tienen un único libro de referencia, que no es La Biblia ni la Torá: es El Corán.

- Tienen tan claros sus objetivos que la inmolación es un procedimiento preferencial y teleológico. Su elementalidad abruma.

- Conseguir el máximo daño y sufrimiento es prioritario, y han entrado en competición porque su "cielo" no es infinito, y conseguir una plaza requiere méritos. Las plazas son limitadas y se adjudican en función directa de lo que masacras y de cómo lo haces.

- Su código ético es tan miserable y perverso que cualquier ser humano puede ser objetivo, niños incluidos, y pensando de esa manera, la tarea de selección del objetivo, del lugar y del momento se torna sencilla, lo que no exime de preparación. Tiene que salir bien porque solo dispones de una oportunidad, aunque si te pillan tampoco pasa nada, en unos años cumplirás condena y podrás seguir matando "infieles" cobrando el paro correspondiente a tus carcelarias cotizaciones.

- Aprovechan sistemáticamente las informaciones que genera cada una de sus acciones y se retroalimentan. Gracias a nuestra gran capacidad de crear información y difundirla, ellos disponen en tiempo real de las claves para un correcto análisis de lo acontecido y bases lógicas para preparar la siguiente acción. Aprenden de sus errores y aciertos.

- No actúan en solitario, la figura del "lobo solitario", como escribí hace casi un año en este mismo medio es una falsa leyenda, por cada persona que se inmola existen muchas que colaboran activa o pasivamente, y que no son interrogadas.

- La mayoría estaban señalados por cuerpos y fuerzas de seguridad, por diferentes servicios de inteligencia y hasta por vecinos. Pero prevalece la presunción de inocencia y la aplicación de unas legislaciones periclitadas.

- Están evolucionando y lo hacen en la dirección de conseguir acciones más importantes, en el sentido de alcanzar mayor destrucción y sufrimiento.

- Sus perfiles culturales, étnicos, nacionales, geográficos, políticos, económicos, sociales y edades son variopintos. El patrón no está ahí, el denominador común es la religión musulmana.

- No todos son retornados, la mayoría son europeos, que en algunos casos se han entrenado en zonas de conflicto, pero en otros casos no. El entrenamiento está disponible en Internet.

- Los procedimientos operativos para luchar contra ellos ya están escritos, únicamente hay que implementarlos con firmeza y decisión. Sunzi lo escribió hace 26 siglos, Maquiavelo los actualizó en 1513 y nuestros servicios de inteligencia al albur de las nuevas amenazas y las nuevas tecnologías, los han modernizado y saben lo que hay que hacer.

- Ellos marcan objetivos, y los objetivos son tantos en potencia que no es posible protegerlos a todos. La lista de sospechosos es muy grande, pero no infinita, y cualquier análisis sobre ellos detecta coincidencias y patrones de actuación. A los sospechosos no basta con ficharlos, hay que detenerlos, interrogarles y encerrarlos en cárceles exclusivas, donde no puedan captar a más personas. Ellos no deben tener los mismos derechos que los ciudadanos infieles normales.

- Mantienen comunicaciones a través de voz y datos, todas deben ser intervenidas sistemáticamente a la más mínima sospecha, "sine die". Pero las comunicaciones más importantes que utilizan son físicas, por lo que hay que someterlos a vigilancia, y eso requiere de muchos recursos humanos, tecnológicos y financieros; tantos como determinen los servicios de inteligencia y los cuerpos y fuerzas de seguridad. Tienen que vivir como nosotros queramos, no como quieran ellos, y si no les gusta, que se vayan y no vuelvan.

- Viven en lugares concretos y se desplazan en transportes públicos y privados, esos movimientos deben ser controlados. Es imprescindible abrir ya el debate libertas vs. seguridad, es una balanza que se inclina siempre hacia uno de los lados, y mientras uno sube el otro baja inexorablemente. Dadas las circunstancias, es evidente que un sospechoso ha de ser controlado por la simple sospecha de que quiera masacrar a ciudadanos “infieles”, hay que redefinir la presunción de inocencia, porque la actual definición es una de sus principales bazas.

- Sus desplazamientos al extranjero, los de ida tienen que ser vigilados y a las mínimas dudas, neutralizados, y los de vuelta, prohibidos; tenemos que reconsiderar la libertad de movimientos, no puede ser que esté permitido que alguien se vaya un par de meses a Siria para entrenarse con el único propósito de posteriormente matar “infieles” en Europa.

- A las comunidades musulmanas no hay que pedirles colaboración total, hay que exigírsela, y como medida preventiva, visto lo visto, deben estar sistemáticamente vigiladas. La libertad de creencia está siendo utilizada en este caso para desarrollar una logística criminal. Las mezquitas y lugares de culto o reunión deben estar abiertos al público y a las policías, siempre controlados, o clausurados. Si no existe transparencia absoluta es mejor que no existan.

- Las legislaciones deben ser modificadas para dotar a los poderes ejecutivo y judicial de más medios, y no se puede hacer sin un cambio básico en las sociedades occidentales, que inconscientes de que se enfrentan a un enemigo exterminador en crecimiento, siguen ancladas en caducas concepciones de la libertad y la democracia. Sin vida no hay nada; sin libertad, no hay democracia; sin democracia no hay derechos humanos; sin derechos humanos no hay vida. Si te matan, ya no importan ni la democracia ni las libertades. A los muertos no les importan los derechos humanos.

- Los cuerpos y fuerzas de seguridad deben ser potenciados en el desempeño de la lucha contra estos fanáticos religiosos, y los servicios de inteligencia han de contar con las herramientas suficientes para ser proactivos y preventivos, para lo cual, todos, necesitan, además de medios y cobertura jurídica, apoyo total de la sociedad y de los políticos.

- La bandera negra de la lucha contra el “infiel” guiado por Satán es muy eficaz y productiva, pero no tanto porque sus seguidores sean la sublimación del guerrero, si no porque su fe supera nuestra cobardía. Incapaces de defender lo nuestro, lo estamos perdiendo. Ya se asume un nivel de inseguridad sistémico e intrínseco, y nuestra cobardía nos lleva a colocar bloques de cemento para indicarles por donde no pueden pasar, en vez de aniquilarlos cercenando su ansiado viaje hacia las huríes. Los que se preocupan por los derechos humanos, que se sigan preocupando, pero por favor, de nuestros derechos humanos, no de los que quieren eliminarlos.

¿Hacia una Edad Media postmoderna?
Conforme miles de musulmanes sigan asentándose en las ciudades europeas, el Estado seguirá perdiendo control sobre el espacio nacional
Óscar Elía Gaceta.es 8 Junio 2017

Impotencia europea
De nuevo las autoridades británicas retrasan la identificación de los muertos y heridos, hasta el punto de generar tensiones diplomáticas con sus aliados. Los familiares, los ministros extranjeros, los medios de comunicación, exigen información, que las autoridades a duras penas pueden proporcionar y que mantienen hasta estar seguros y evitar cualquier equivocación. Por otro lado, también presionadas por la opinión pública nacional e internacional, las autoridades retrasan la información relativa a los asesinos, tratan de atar cabos reservándosela, de conseguir datos antes de comunicarla. Cuando lo hacen, invariablemente se descubre que la mayoría de los terroristas eran conocidos por las fuerzas de seguridad, y que cada vez más provenían de territorio europeo.

Las dos cosas se producen en un clima general de inseguridad que se extiende por todo el continente. Aparatosas operaciones antiterroristas se suceden semanalmente en las grandes capitales europeas, tropas armadas y vehículos blindados recorren las calles del centro de las urbes, y las amenazas yihadistas hacia los ciudadanos europeos se suceden cada día en redes sociales y medios de comunicación. El clima de inseguridad, además, no evita situaciones de psicosis colectiva, de pánico en aglomeraciones y espectáculos públicos, provocando desórdenes y avalanchas con heridos de por medio.

La cita es demasiado fácil y utilizada, pero no por ello menos cierta: un fantasma recorre Europa, el fantasma del yihadismo.

La pérdida de la seguridad
Los gobiernos ponen en la lucha anti-terrorista todo tipo de recursos: humanos, tecnológicos, económicos. Pero a la vista está que los servicios de inteligencia, las fuerzas de seguridad, las tropas desplegadas en las calles no pueden impedir los ataques. El éxito indudable estriba en que cada año se desarticulan decenas de células, y se impiden muchos ataques y asesinatos. Pero ni la prevención ni las defensas pasivas impiden que se ataque en Notre Dame o Westminster, emblemas históricos de Europa.

La impotencia de las autoridades se ejemplifica bien en el hecho de que en Gran Bretaña el gobierno dicta a los ciudadanos que corran, se escondan y pidan ayuda. Pero ni siquiera la ayuda está asegurada, desde el momento en que los terroristas atacan antes a los policías que a las personas a las que éstos deben proteger.

O los ciudadanos aumentan la fe en unos Estados que fallan en protegerlos, o depositan en sí mismos una seguridad que éste no les garantiza. En el último atentado de Londres no pocos ciudadanos –incluido un heroico español- se enfrentaron abiertamente a los terroristas en las calles. Al hacerlo, desobedecían las normas y directrices de los expertos antiterroristas, de la policía y de los gobiernos: de aquellos a quienes pagan por protegerles. Al desobeder, salvaban vidas y frustraban el objetivo de los terroristas. La tendencia es que los ciudadanos van a tener a medio plazo que aprender a defenderse ellos mismos de estos ataques de baja intensidad, aprender a enfrentarse y neutralizar a los terroristas, porque las autoridades no son capaces de protegerles siempre.

¿Es Europa segura? Ciertamente, es posible rebajar el listón de lo considerado seguro, constatar que de los cientos de millones de europeos sólo unas docenas morirán cada año y confiar en que a uno no le toque ser acuchillado o tiroteado en el centro de Londres, París o Madrid. “Acostumbrarse” a la situación es posible sólo si se rebajan más y más los criterios de lo que es seguro y lo que no. Pero así estamos entrando en una espiral imparable. Los ataques yihadistas en las ciudades europeas no sólo no cesan: continúan con más frecuencia. No sólo continúan, sino que lo hacen de manera cada vez más frecuente. Y lo hacen al tiempo que la inmigración musulmana crece y se asienta en determinadas áreas del continente, que sirven de base de operaciones.

Entre una cosa y otra, Europa es cada vez más insegura.

La pérdida del territorio
Llegamos así a una segunda cuestión. No se trata sólo de la incapacidad para garantizar la seguridad de los ciudadanos: también del control del territorio. De nuevo aquí el discurso de las autoridades contrasta con la realidad. Durante años, algunos gobiernos europeos han estado negando la existencia de no-go zones, llegando incluso a amenazar con denuncias a quienes hablasen de ellas. Hoy es ya reconocido que el yihadismo ha arraigado en barriadas enteras de grandes ciudades, al amparo de una mayoría musulmana que no puede o no quiere acabar con él. La policía tiene problemas para operar en barrios de Bruselas, Marsella o Estocolmo: para saber qué ocurre dentro y quien hace qué en su interior.

Hemos entrado en el siglo XXI con barrios de Europa en los que el Estado no puede hacer cumplir la ley y evitar que los barbudos impongan la sharía a golpe de insulto y amenaza, que se trafique con armas y drogas, que se escondan terroristas, y que se planeen atentados en territorio europeo. Por primera vez en siglos, los Estados europeos parecen incapaces de controlar todo su territorio con eficacia.

¿Otra Alta Edad Media?
Seguridad, población, territorio son precisamente los atributos tradicionales del Estado occidental, que éste tiene graves dificultades para garantizar. Pensar en el declive o muerte del Estado resulta turbador y difícil de asumir: a fin de cuentas, ha sido la forma política en occidente en los últimos siglos, a la que estamos acostumbrados y la que nos parece más legítima. Pero al igual que sus antecesoras –las ciudades-estado, los imperios, los reinos, los señoríos- el Estado no es eterno ¿por qué iba a serlo? Es temporal, y por tanto tiene principio y fin. No hay motivo para pensar que, a diferencia de sus antecesores, el Estado vaya a existir para siempre, especialmente si los atributos tradicionales –control del espacio y seguridad de la población- se erosionan. Pero es precisamente eso lo que se adivina en el horizonte.

Conforme el relativismo intelectual, el progresismo y la corrección política sigan erosionando las bases del Estado, éste seguirá paralizándose, sin tomar las medidas adecuadas, de manera que el discurso de los gobiernos seguirá separándose de la realidad en las calles. Conforme las fronteras continúen siendo porosas y la globalización avance, peor control ejercerán las autoridades sobre lo que ocurre en su país. Conforme miles de musulmanes sigan asentándose en las ciudades europeas trayendo consigo su propia concepción de vida, el Estado seguirá perdiendo control sobre el espacio nacional, de manera más o menos abrupta. Y conforme sigan sucediéndose atentados de todo tipo y condición, los europeos empezarán a estar seguros de una cosa: de su inseguridad.

El yihadismo europeo ha mostrado y acelerado la crisis del Estado y del orden que durante la edad moderna y contemporánea ha dependido de él. Sin eficacia, sin consensos básicos, parece erosionarse de manera continua. Durante décadas se ha hablado del fin del Estado, y de la necesidad de adaptarse a un mundo en el que éste no esté presente. ¿Y si ha llegado, por fin, ese momento?

Europa parece caminar, más lenta o más rápidamente, hacia una situación de desorden, porque el Estado ha visto erosionada su capacidad: a lo cual no es ajena la Unión Europea, peso muerto en estos temas. En términos históricos, a todo orden sigue un desorden, y el pasado europeo está repleto de ejemplos. El más claro lo tenemos en el desmoronamiento del Imperio Romano de occidente y la aparición de lo que los historiadores llaman la Alta Edad Media. Como hoy, parecía impensable un mundo sin el orden romano. Pero éste desapareció: la paz romana a la que se había acostumbrado el continente quedaba ya atrás, dando lugar a un vacío que hoy vemos como algo caótico y desordenado. La Cristiandad aún tardaría en asentarse como poder ordenador fuerte, y mientras tanto el continente deambularía de peligro en peligro. El Islam presionaría en las fronteras del continente penetrando en él con ánimo de conquista; las fronteras y comunicaciones se caracterizarían por la inseguridad y la existencia de zonas sin ley ni orden; y poderes diversos en tipo y tamaño rivalizarían por todo el continente, en una compartimentalización del territorio en zonas muy diversas social y políticamente.

¿Avanza Europa hacia una postmoderna segunda Alta Edad Media?

POR QUÉ SANZ ROLDÁN NO TIENE RAZÓN
La peligrosa interpretación del CNI del terrorismo islámico
El responsable de la Inteligencia española asegura que no existe relación entre terrorismo e inmigración y que la situación de ataques continuos que vive Europa “no es tan grave como parece”. ¿De verdad?
Juan E. Pflüger Gaceta.es

Este miércoles el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, ha asegurado que hay que “quitarse de la cabeza” la vinculación entre la inmigración y el yihadismo. Según el responsable de los servicios secretos españoles la situación “no es tan grave como parece a primera vista, y hay soluciones”. Y ha pretendido tranquilizar a la sociedad alegando que el presupuesto de los servicios de inteligencia ha aumentado en los recientemente aprobados y que su prioridad es la lucha contra el terrorismo.

Desde que comenzaron los ataques islamistas contra Europa, con la muerte de doce personas en el ataque a Charlie Hebdo y una tienda kosher en París en Enero de 2015, las autoridades europeas han mantenido dos líneas argumentales que se repiten en todos los casos de atentado islamista. La primera de ésstas es el recurrente “hecho aislado” para referirse a los atentados cometidos por terroristas islámicos en países occidentales. La segunda consiste en insistir en el mensaje de que la política migratoria de puertas abiertas dictada desde la Unión Europea, y aceptada sumisamente por la mayoría de los gobiernos europeos, no tiene nada que ver con estos asesinatos.

Pero, como viene publicando La Gaceta desde que comenzó la crisis de los refugiados, los hechos desmienten las palabras del responsable de nuestros servicios secretos. Es más, las dos líneas argumentales, la de los hechos aislados y la del blanqueamiento de la entrada de inmigrantes y refugiados en Euopa, quedarían apartadas de la realidad.

No pueden ser hechos aislados cuando la cronología de los atentados demuestran que cada vez son más consecutivos y más letales. Tampoco cuando los terroristas islámicos han asesinado a una persona cada tres días de media en países occidentales desde el año 2015. El número de asesinatos asciende ya a 332 víctimas contando los ocho muertos del último atentado de londres el pasado sábado. Todo esto sin contar con los miles de heridos de diversa consideración causados por los ataques islamistas contra occidente.

Si los hechos aislados quedan desmentidos con estos datos, la idea defendida por Sanz Roldán de que se debe romper cualquier idea de vinculación entre inmigración y yihadismo también queda anulada por la realidad de los hechos.

Como ya publicó este diario al comienzo de la crisis de los refugiados, en los inicios de la oleada de atentados que padece Europa desde 2015, ISIS estaba introduciendo a terroristas con pasaportes falsos sustraídos de las comisarías de los territorios que ocupaba en sus campañas armadas en diversas zonas de Siria. Unos pasaportes que, al ser originales y no falsificados, son de muy difícil identificación.

También ha quedado clara la estrecha relación entre los atentados terroristas y la condición de refugiados que tenían muchos de sus autores. De hecho, es muy difícil mantener el argumento defendido por Sanz Roldán, después de saber que la policía alemana creó de manera secreta un cuerpo de policías para investigar la vinculación de los refugiados que eran acogidos en su país con el terrorismo islámico. El problema es que ese grupo no actuaba antes de la entrada del terrorista potencial en Alemania, con el consiguiente riesgo de atentado antes de ser localizado.

Tras el atentado del 13 de noviembre de 2015 contra la sala de fiestas Bataclán, la zona de bares de su entorno y el Estadio de Saint Denis, que acabó con 130 muertos y 300 heridos, supimos que uno de los terroristas que participó había entrado como refugiado. Es más, se tenía su seguimiento controlado desde que llegó a Europa a través de Grecia. Y está claro que no se radicalizó tras su llegada sino que vino con la intención de atentar ya que desde su entrada en Francia hasta el atentado no había transcurrido ni un mes. Además, la policía investigó a otros dos participantes en aquel brutal atentado por su posible estatus de refugiado.

En marzo de 2016 Bruselas era azotada por dos atentados coordinados que acabaron con la vida de 32 personas en el aeropuerto y el metro. El organizador del atentado había sido uno de los participantes en los atentados contra el Bataclan, Salah Abdeslam. Junto a él habían participado otros dos terroristas islámicos que habían llegado a Europa como refugiados. Eran Sofiane Ayari y Naim Al Hamed, que entraron en Europa tras llegar a la isla de Leros el 20 de septiembre de 2015. Dese allí se habían trasladado al puerto de El Pireo y fueron recibidos por Abdeslam el 3 de octubre de 2015 en la ciudad alemana de Ulm.

En Alemania, que tiene uno de los gobiernos más empeñado en que Europa siga con la acogida masiva de refugiados, la Policía tuvo que reconocer, en septiembre de 2016, que varios refugiados habían sido detenidos por haber organizado células terroristas tras llegar al país.

Fue el mismo cuerpo policial que, tras los ataques masivos de musulmanes sobre mujeres alemanas en varias ciudadaes del país durante la nochevieja de 2015, ocultó la información de la procedencia de los agresores durante cuatro días. Y solamente lo hizo público cuando la presión de las víctimas y el trabajo de los medios de comunicación dejaron en evidencia los errores de las políticas migratorias de Merkel.

Ahora vemos cómo Sanz Roldán, el responsable de los servicios secretos españoles, se suma a la propuesta de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) que en diciembre de 2016 pedía que se ocultase la nacionalidad de los terroristas. Una solicitud que hacía este organismo de la ONU en respuesta al concejal del Ayuntamiento de Madrid, Pércival Manglano, y explicaba que “es peligroso e injusto vincular comisión de delitos a si alguien es o no refugiado; generaliza, estigmatiza y provoca miedo. ACNUR pide a quienes ostentan cargos de responsabilidad especial prudencia con sus mensajes en este sentido". Usar el argumento del miedo para ocultar la realidad del terrorismo islámico que tiene como objetivo atemorizar a todo un continente no deja de ser una ironía.

¿Quién vigila al Estado?
Aleix Vidal-Quadras Gaceta.es 8 Junio 2017

Las democracias saludables se basan en la desconfianza hacia el poder. De hecho, los mecanismos políticos, jurídicos y presupuestarios que definen a la calificada como la menos mala de las formas de organizar la convivencia están pensados para controlarlo, una vez éste ha sido otorgado mediante la regla de la mayoría. El imperio de la ley, la separación de poderes, la obligación del Ejecutivo de someterse al escrutinio del Parlamento, los órganos constitucionales y reguladores, la libertad de prensa, maneras distintas de mantener a los gobernantes bajo permanente vigilancia porque como dejó sentado en célebre sentencia Lord Acton, el poder corrompe y se corrompe por naturaleza. Von Mises fue más allá y emitió un veredicto terrible: el poder es el mal, concluyó, no importa quién lo ejerza. Si bien una sociedad no es viable sin una instancia que haga cumplir las leyes, garantice el orden y la paz civil, administre los recursos públicos y disponga del monopolio legítimo del uso de la fuerza, todo lo que se haga para que aquellos que tienen encomendadas estas funciones no se extralimiten en su ejercicio, siempre será poco.

Desde esta perspectiva, el Estado español configurado a partir de la Constitución de 1978 dista de ser satisfactorio. La separación de poderes es muy defectuosa, los partidos han invadido las instituciones, los medios de comunicación están alarmantemente tutelados y las cuadernas de nuestra democracia chirrían a cada embate del afán de dominio y de la codicia de sus gestores. Uno de los ámbitos donde más se echa de menos una eficaz supervisión de las Administraciones local, autonómica y central, es en el del gasto público. Con una deuda que ha alcanzado ya el 100% del PIB, un déficit de las Autonomías imposible de domeñar y un sistema de pensiones estructuralmente deficitario, el panorama fiscal español aparece sombrío. Es un hecho que la máquina de gastar va desbocada y sin freno y la circunstancia de que nuestro país no sea ni mucho menos el único que padece esta lacra no resulta un consuelo. Ya se sabe, mal de muchos, consuelo de débiles mentales.

Por eso, la noticia de que el Gobierno ha encargado a la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) una evaluación de las subvenciones que el Estado en su conjunto a nivel municipal, regional y nacional, concede a diestro y siniestro por un montante de 25000 millones de euros, nada menos que el 2.5 % del PIB, es un destello de luz en la oscuridad de nuestro despilfarro galopante. La AIREF es una entidad seria, presidida por un profesional muy capacitado, de amplia experiencia internacional en el sector financiero y de probada honradez, lo que asegura que el estudio en cuestión será realizado correctamente. Existe la fundada sospecha de que el dineral que se va todos los años en subvenciones es en gran parte destinado a fines clientelares, partidistas, nepotistas y electoralistas, sin valor añadido alguno. Por consiguiente, si la AIREF examina esta partida con un criterio riguroso coste-beneficio podemos tener sorpresas y más de uno va a quedar en evidencia. Por supuesto, el Gobierno ha acometido esta operación, que puede ser bastante mortificante, bajo la presión de Bruselas y también porque es uno de los puntos de su acuerdo con Ciudadanos. Para que este análisis dé fruto, debería ir acompañado de una recomendación razonada de supresión, mantenimiento o modificación de cada subvención por parte de la AIREF. No sería extraño descubrir que una aplicación adecuada de este capítulo del Presupuesto nos podría ahorrar un punto de PIB o incluso más. Está previsto que la AIREF entregue el resultado de su trabajo a final de 2018 y no es difícil imaginar las presiones que sufrirá durante su elaboración. El temple y el coraje de José Luis Escrivá se van a poner a prueba y hay que desearle éxito en su cometido.

Una medida similar debería tomarse asimismo para otras dos líneas de gasto: los miles de organismos públicos de diversa ralea que integran la llamada “Administración paralela”, mediante los cuales los partidos eluden el Derecho Administrativo y cometen asombrosas tropelías -el caso de los ERE en Andalucía es paradigmático- y la nómina no funcionarial, es decir, los centenares de miles de empleos públicos contratados laborales, interinos o de confianza que gravitan sobre el bolsillo del contribuyente como una pesada losa y que frecuentemente obedecen más al ansia de los partidos por alimentar sus pesebres que a las necesidades reales de los ciudadanos.

Ahora bien, la AIREF no podrá llevar a cabo esta decisiva labor sin contar con los medios materiales y humanos adecuados y es ahí donde se comprobará la voluntad del Gobierno de facilitar su tarea. En este contexto, habría que cerrar la Agencia Estatal de Evaluación de Políticas Públicas y de la Calidad de los Servicios, creada por Zapatero en 2006, que lleva once años sesteando y cuyos recursos deberían ser íntegramente traspasados a la AIREF.

La eterna cuestión de quién vigila al Estado sigue vigente y si no se resuelve es simplemente porque los potencialmente vigilados harán invariablemente todo lo posible por zafarse de cualquier ojo que intente escudriñar sus desmanes.

Cigüises
El juego de la vida está ahora en la insurrección venezolana, a cuyos jóvenes los matan como a chinches ante el silencio mundial
Ignacio Ruiz-Quintano ABC 8 Junio 2017

Cigüises es el nombre popular que usa Franceschi para designar a los quitapelillos de los importantes en Venezuela, cuyo alcahuete es Zapatero, en representación nadie sabe de quién o de qué, pero que, visto desde España (primer vendedor de armas al Madurato), produce vergüenza zoológica.

La única movida digna que hay hoy en el mundo es la de la juventud venezolana a pecho descubierto contra los hampones castrochavistas, mientras el beaterío progre disimula rezando su rosario de cuentas de lapislázuli por la capa de ozono, que tanto preocupa a frau Merkel y su nuevo Simplicissimus, Macron, que no tienen hijos, pero que todas las mañanas, al levantarse, van a las playas de Hiddensee y Saint-Tropez y con los dedos de los pies miden la crecida del agua procedente del deshielo polar producido por Trump, que sí tiene hijos, pero que ha pasado ante el Tótem del Acuerdo de París con las manos metidas en los bolsillos, provocando en los sacerdotes del Hamponato Mediático, que se dicen científicos porque han visto dos capítulos de «Genius», el mismo estupor que provocó Cortés en los sacerdotes aztecas cuando, ante el pasmo del padre Olmedo, dio en derribar el muñeco del Huichilobos con una barra de hierro.

-La Tierra olvidará a la humanidad -nos recuerda John Gray-. El juego de la vida continuará.

El juego de la vida está ahora en la insurrección venezolana, a cuyos jóvenes los matan como a chinches ante el silencio mundial, sólo por la mala suerte de estar peleando contra el canto de cisne castrista, último cascote de la guerra fría, cuyos chulazos habaneros (el medio millón de vagos del partido comunista cubano) llevan veinte años viviendo de chupar la sangre a Venezuela, con la complicidad de todos sus cigüises occidentales («liberales pimpolludos» de Hughes), que creen mover el globo del mundo con la uña (larga) de su meñique.

Zapatero, el desenterrador de muertos viejos, alcahuetea en Caracas consenso que tape a los jóvenes muertos.

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De Lerroux a Rajoy: Lo que va de ayer a hoy
Leopoldo Gonzalo www.vozpopuli.com 8 Junio 2017

¿Quién dijo que la historia se repite? ¿Quién, que la historia no se repite porque siempre es la misma? ¿Y a quién, en fin, se le ocurrió sentenciar aquello de que la Historia es maestra de la vida? Lo que resulta evidente, en todo caso, es que España, en su devenir histórico, parece que se complace en tropezar siempre en la misma piedra. O sea que es una pésima alumna en eso de aprender las lecciones de tan provechoso magisterio como dicen ser el de la Historia.

El caso es que Clío, hija de Zeus y de Mnemósine, musa de la Historia, me ha traído, entre el rollo de papiros que según la mitología griega porta en su mano izquierda, un ejemplar del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra fechado el domingo 7 de octubre de 1934. En él se publica el Decreto “declarando el estado de guerra en todo el país”, firmado por don Alejandro Lerroux , líder del Partido Radical Republicano y a la sazón Presidente del Gobierno, y refrendado por el Presidente de la República, don Niceto Alcalá-Zamora. Transcribo algunos de sus párrafos más notables, por su resonancia en el momento actual:

“En Cataluña, el Presidente de la Generalidad [sic], con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá […] El Gobierno declara que ha esperado hasta agotar todos los medios que la ley pone en sus manos […]En las horas de paz no escatimó transigencia […] Está seguro [el Gobierno de la Nación] de que […] ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña que se ha declarado faccioso, el alma entera del país entero se levantará, en un arranque de solidaridad nacional, en Cataluña como en Castilla, en Aragón como en Valencia, en Galicia como en Extremadura, y en Vascongadas [sic], y en Navarra, y en Andalucía, a ponerse al lado del Gobierno para restablecer […] la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo libre, de gloriosas tradiciones y glorioso porvenir […] Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos […] El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra Patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponerse allí mismo a la locura separatista […] bajo el imperio de la ley vamos a seguir la gloriosa historia de España”.

Lenguaje hoy en desuso, el del Gobierno de la II República Española. Se habla de “honor”; de “Patria” y “patriotismo”; de “unidad moral y política”; de “gloriosas tradiciones”, incluso de la “gloriosa historia de España”. Y, lo que también destaca: se llama al nacionalismo por su nombre: “separatismo”, eludiendo así ese pedante cultismo, ajeno al uso de la mayoría, como es el de “secesionismo”. Expresiones y términos, todos ellos, representativos de valores proscritos en la España actual.

Llama la atención también la manifestación gubernamental de haber “[…] esperado hasta agotar todos los medios que la ley [ponía] en sus manos”, antes de proceder a tan concluyente medida como fue, nada menos, que la declaración del estado de guerra en toda la nación. Seguro que entonces no se agotaron tantos medios legales al alcance del Gobierno como se ha hecho ahora. Lo que sucede es que los ahora empleados no han sido los más eficaces y necesarios, sino los meramente formalistas y retardatarios para la solución del problema.

Bien, y ahora ¿qué? El Ejecutivo del Sr. Rajoy –lo de “ejecutivo” es un decir- se ha decidido, por fin, a declarar que lo de Cataluña –mejor: lo de los separatistas catalanes, todos ellos con nombre y apellidos– constituye un auténtico golpe de Estado. ¿Y ahora qué? repito. Sí, en efecto, Don Mariano Rajoy se ha apresurado –es otro decir- a proclamar que lo del Honorable Puigdemot y compañía es un auténtico golpe de Estado. Pero ¿desde cuándo se está dando ese golpe? Pues, por lo menos, desde que el no menos Honorable Tarradellas dijo -allá por febrero de 1981, si no recuerdo mal-, aquello de que en España hacía falta “un golpe de timón”. ¡Eso fue clarividencia! Pero lo que en realidad sucedió fue que, después del 23-F de aquél mismo año, el advenimiento de la Mendicante y Pía Orden de los Pujol-Ferrusola –él, padre prior; ella madre superiora- comenzó con el negocio de los misales. O sea, “Espanya ens roba”. Y a partir de entonces el totalitario proceso separatista fue in crescendo: inmersión lingüística; falseamiento histórico y cultural hasta lo esperpéntico; apropiación de todos los bienes del Estado, práctica desaparición de éste en la escena política y social catalana, etc., etc. Y todo ello bajo la complaciente mirada, cuando no con la decidida colaboración, de los sucesivos gobiernos de González, Aznar, Zapatero (éste con algo más de complacencia que sus predecesores en el cargo) y Rajoy, el Gran Continuador que denuncia a estas alturas lo del golpe de Estado.

Merece la pena transcribir algunos titulares de la prensa de estos días, así como determinadas afirmaciones de Don Mariano, una vez que, al parecer, se le ha caído la venda de los ojos y… ¡Ve! ¡Milagro,Ve! Veamos nosotros. 23 de Mayo de 2017: “Rajoy otorga la máxima gravedad al ‘chantaje’ de la Generalitat”; “No apoyaré [dice el Presidente] que liquiden el Estado” [es de suponer que quiso decir: “impediré que liquiden…”, ¿no?]; “Es difícil encontrar un precedente tan antidemocrático como este”; “Es liquidar en el Siglo XXI un Estado nacional en 24 horas, porque sí”. 24 de Mayo: “El Gobierno habla de ‘golpe de Estado’ y de ‘dictadura catalana’”; “Puigdemont quiere por escrito el ‘no’ de Rajoy al referéndum”; “el Fiscal general del Estado se reúne hoy con el Presidente de la Generalitat [probablemente se trate de la primera vez que un fiscal se reúne con un delincuente, en la propia ‘casa’ de éste, para no se sabe qué]. 25 de Mayo: “Puigdemont se queja a Maza [el antedicho fiscal] por judicializar el ‘proceso’” [respuesta oportuna del propio judicializable]. 31 de Mayo: “El Gobierno ve las instituciones catalanas [que, al parecer, no forman parte del propio Estado, según creíamos algunos] al nivel de los regímenes totalitarios”. 1 de Junio: “Puigdemont al Gobierno: ¿Está dispuesto a utilizar la fuerza?” No cabe duda, todo esto y lo anterior, como lo que creo que viene, se hubiera evitado aplicando oportunamente el artículo 155 CE y el 544 del CP, por lo menos.

Y para completar el esperpento, a diferencia de lo ocurrido en 1934, “el golpe” se nos anuncia por los golpistas, no desde el balcón del Ayuntamiento de la Ciudad Condal, en la Plaza de San Jaime, sino desde la llamada “Caja de la Música”, auditorio situado en el primer sótano del mismísimo Ayuntamiento de Madrid, alquilado para el evento por el módico precio de 3.000 euros… ¡Y con la Sra. Carmena, primera edil del Ayuntamiento de la Capital de España, como anfitriona! O sea: “Benvinguts, refugiats”. Ya pueden colgar la nueva pancarta en la fachada del Palacio de la castiza Cibeles.

Si se me permite la autocita, vengo anunciándolo en estas mismas páginas virtuales de VOZPÓPULI, reiteradamente, desde el 24 de enero de 2013: ¿Sabemos dónde nos llevan? Y también en: Mariano, Arturo, Pedro y…Teofrasto en La Moncloa (24-VII-2014). No se sabe cuánto tiempo dejarán aún pudrirse el asunto del separatismo catalán (ni el de otros separatismos), pero mucho me temo que llegará el momento en que nos vendan, como única salida a tan grave situación, una reforma constitucional a su gusto. Comenzó esta historia con lo del Estado de las Autonomías, se pasó luego a hablar de Estado Compuesto, y lo que hoy tenemos en España es un Estado gravísimamente descompuesto, con una gastroenteritis equina.

Imposición lingüística
Baleares esconde a los alumnos el examen de Selectividad en español
Los alumnos que querían las preguntas en castellano tuvieron que pedirlo expresamente, ya con la versión en catalán encima de la mesa
 La voz libre 8 Junio 2017

Madrid.- Este año, por primera vez los alumnos de Baleares tienen libertad lingüística en las pruebas de Selectividad, ya que hasta ahora las preguntas de todos los exámenes, excepto de lenguas, estaban en catalán. La decisión de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) ha levantado ampollas en el nacionalismo y este martes, en el primer día de las pruebas, se boicoteó la medida.

El derecho -hasta ahora inexistente- a que las preguntas del examen estén formuladas en castellano no fue pleno, ya que sólo se pudo ejercer si el estudiante, una vez dentro del aula y con el examen de catalán encima de su mesa, lo reclamaba expresamente. "Se repartirá a los alumnos que se quejen", ordenó el presidente del Tribunal de Selectividad, Joan Stela, la semana pasada al resto de docentes, mientras despotricaba contra este"experimento abocado al fracaso", explica 'El Mundo'.

La vicerrectora de Estudiantes de la UIB, Margalida Payeras, tuvo que lidiar con el boicot desde dentro, pero fue muy clara con el tribunal y ordenó que se repartan los exámenes en catalán y guarden unas pocas fotocopias en castellano para los insurgentes. Previamente, han de informar a los estudiantes de que existe la traducción en castellano. Aunque algunos profesores del Tribunal de Selectividad contrarios propusieron no informar a los estudiantes de esta novedad, Payeras fue rotunda y les indicó que era obligatorio. Así se hizo ayer en el primer día de la Selectividad.

Los docentes de la sala informaron previamente a los alumnos de que había exámenes en castellano. "En una de las salas, uno de los estudiantes preguntó si le bajarían la nota por pedirlo en esta lengua", cuenta un estudiante a 'El Mundo'. El profesor respondió que no y varios lo solicitaron. El temor entre los alumnos es que se les castigue por elegir el castellano en estas pruebas. Creen que les puede perjudicar si el examen lo corrige uno de los docentes nacionalistas que tratan de boicotear esta medida.

Ante esta situación, la Fundación Círculo Balear (FNCB), entidad defensora del bilingüismo, impugnará las instrucciones de la Selectividad de este curso al considerar que vulneran los derechos de los alumnos. Recuerda que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut y varias sentencias del Tribunal Superior catalán establecen que no se ha de obligar a los castellanohablantes a pedir expresamente el examen en castellano y que "los ejemplares deben estar a disposición del alumno en igualdad de condiciones".

La entidad, que ya impugnó en 2014 la normativa del Tribunal de Selectividad y desde entonces reclama el cese de la discriminación lingüística, anima a PP y Ciudadanos a que acudan a la Justicia. "Era muy ingenuo pensar que la educación controlada por el separatismo catalanista respetara los derechos de los hablantes", lamenta el presidente de la FNCB, Jorge Campos.
 


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