AGLI Recortes de Prensa  Viernes 9  Junio 2017

¿Paciencia ciudadana o resignación desesperada?
Vicente Baquero Gaceta.es 9 Junio 2017

Los trágicos acontecimientos acaecidos en Gran Bretaña estos días no tienen la solución que les gustaría a los actuales dirigentes europeos.

Las consignas políticas actuales se apoyan en abordar los problemas a medida que van apareciendo, e intentar buscar su solución a corto plazo olvidando sus orígenes y causas, sobre todo cuando resulta molesto tener que replantear en profundidad muchas decisiones tomadas en su día como si fueran una panacea, con una escandalosa falta de rigor y perspectiva, propiciadas por la ideología dominante entre ciertos sectores intelectuales de moda. Medidas, leyes y programas de incalculable calado social de cara al futuro, que se decidieron y pusieron en marcha sin una crítica seria en cuanto a las implicaciones y consecuencias a largo plazo.

Pero como la realidad es muy terca, el pasado viene siempre a conjurarnos con un desafío cuya solución será cada vez más difícil y mucho más drástica, que la que se hubiera tenido que enfrentar de haber hecho las cosas sin ideas preconcebidas antropológicas o por simples conveniencias económicas a corto plazo. La realidad es terca, y aunque no nos gusten sus manifestaciones, es preferible no contradecirla en aras de una visión estereotipada de un mundo idílico.

Los trágicos acontecimientos acaecidos en Gran Bretaña estos días no tienen la solución que les gustaría a los actuales dirigentes europeos, y digo europeos, pues tales acontecimientos en mayor o menor medida tienen su paralelismo en otros países de la UE, que fueron víctimas igualmente de la misma doctrina y oportunismo económico en su día, y es así porque la razón última de tales hechos no se puede entender solo en función del presente, sino del pasado; si se quiere resolverlos de verdad hay que analizarlos desde su origen.

El multiculturalismo como teoría no deja de ser un concepto cuya vigencia no presenta problemas más que entre personas de nivel cultural muy elevado, por ambas partes, individuos muy por encima de la media, incluso de la media cultural europea, que es una de las sociedades más receptivas, universales y escolarizadas del mundo. El ensayo más reciente al respecto, publicado precisamente en Gran Bretaña, “La ilusión de la diversidad” hace tan solo un año por el profesor West, ha venido a denunciar este problema y reconduce la cuestión en dicho país, Gran Bretaña, precisamente a los años 50 del siglo pasado, como causa de la actual crisis social.

Por más que algunos lo pretendan, el poseer un pasaporte no marca la pertenencia de un individuo a una colectividad determinada, lo que define a una persona es su adscripción cultural, a un grupo u otro, y eso no lo confirma ni remedia un documento. La incorporación de personas de culturas diferentes, sin exigir un mínimo de aceptación y conversión a las costumbres, normas, principios morales y tradiciones de una colectividad genera conflictividad. La libertad de conciencia e ideológica de cada persona no está reñida con tener que mantener y respetar unos valores, una coincidencia en los ideales y unas normas de conducta que no entren en clara contradicción con los imperantes en la sociedad receptora. La conclusión es sencilla: la convivencia es posible e incluso enriquecedora, si se produce una integración, lo que supone una renuncia por parte del inmigrante a costumbres, prácticas, criterios, y valores que estén en contradicción con el nuevo entorno. Lo que no es viable es la existencia de dos sociedades contrapuestas dentro del mismo entorno. ¿Cuál es el problema? Hay países, no tantos, que han conseguido con el tiempo esa integración, al menos una convivencia pacífica. ¿Por qué resulta tan difícil en el caso de los musulmanes? Porque el Islam no solo es una religión, sino un código de conducta que regula y determina la totalidad de la vida de sus creyentes, incluyendo leyes civiles, penales, administrativas, mercantiles, procesales, políticas y también religiosas…. Cualquier musulmán creyente de verdad, y son muchos, obedece sus mandatos por delante de cualquier otra ley norma o consideración, y aunque, sin duda, una inmensa mayoría no practicaría la violencia, tampoco la condena si se hace en nombre de la causa, por eso todas las condenas a los ataques yihadistas tienen carácter formal, casi oficial y sin entusiasmo.

Es evidente que sin el apoyo colectivo de sus comunidades, aunque sea involuntario y pasivo, es un respaldo a la actividad terrorista, la experiencia nos confirma que toda actividad subversiva desde las células terroristas y el maquis, hasta los contrabandistas de tabaco, no pueden subsistir ni mantenerse sin una infraestructura civil en su entorno. El primer gran problema es que aún siendo una minoría los violentos, son una cantidad ingente de combatientes, dado el enorme volumen de inmigración que se ha, no solo tolerado, sino propiciado durante tantos años: así se formaron grupos radicales minoritarios dentro de una comunidad muy importante, grupos radicales que gozan del respaldo silencioso y aquiescencia de sus congéneres, porque no nos engañemos, no se sienten ni quieren ser europeos… Personalmente creo que están en su pleno derecho, lo que ya no es tolerable es que ejerzan ese derecho dentro de las fronteras de naciones que no comparten esas ideas.

Comprendo que a estas alturas de la película nadie quiere darle para atrás a la moviola y replantearse las condiciones necesarias que deben cumplir los ciudadanos que quieren formar parte de la UE, o de sus países constituyentes, no parece que estén los políticos actuales dispuestos a una maniobra de examen parecida a la que se hizo al o largo del siglo XIX en EE.UU. en que se les obligaba a los emigrantes a dejar atrás aquellas diferencias de nacionalidad, aquellas disputas y animadversiones, que precisamente habían sido causa de tantas guerras fratricidas. Se les exigía a todos los recién llegados un juramente de lealtad a la nueva nación y tal sistema con sus más y sus menos, parece que funcionó razonablemente bien.

El seguir arrastrando los pies por parte de las autoridades europeas en nombre de un teórico multiculturalismo, no va a producir más que un aumento del rechazo de los ciudadanos europeos respecto a todo lo musulmán, con el peligro consiguiente.

Es evidente que hoy, al menos en el corto plazo, no estamos en una situación como en el siglo XVII, en que hubo que proceder a su expulsión para conjurar una invasión hostil por parte del Imperio Turco, pujante militarmente en aquel momento que amenazaba con invadir Europa, cosa que ya habían hecho en los Balcanes y en Hungría llegando hasta Viena y que se hallaba a la espera del salto al otro lado del estrecho tras ocupar todo el norte de África y arrasar a base de piratería todo el Mediterráneo. No parece que hoy, al menos militarmente, supongan esa amenaza pero sin duda, si dentro de 50 o 60 años las cosas no tienen remedio, no seremos las personas de cultura europea los que nos estemos preguntando qué medidas tomar con ellos, sino que serán ellos los que nos acabarán por decir como tenemos que vivir.

Aunque repugne a muchos políticamente correctos, es necesario que se produzca un filtrado de los elementos que no pueden seguir disfrutando de la hospitalidad de Occidente, y aquellos que decidan quedarse, deberán demostrar fehacientemente que rechazan los aspectos incompatibles de su credo con la sociedad occidental. Nadie debe ser obligado a convertirse en “occidental” pero si a respetar lo que representan sus leyes y valores, así como a retirar toda colaboración con aquellos que no lo hacen, mediante la delación si fuera necesario, ya que no hacerlo sería apoyar su causa.

Entretanto a los ciudadanos europeos, testigos y víctimas, no se les puede pedir más paciencia, pues hacerlo sería tanto como aceptar las declaraciones del actual alcalde de Londres: el aceptar con resignación tal agresión como si fuera una necesidad cotidiana ineludible. Mentalidad típica por otra parte de lo musulmán: sumisión y fatalidad…

C's y el 'amarillismo' contra el PP
Guillermo Dupuy Libertad Digital 9 Junio 2017

Lo escandaloso es la cantidad de años que la financiación del PP lleva en el candelero sin que los tribunales hayan todavía dictado sentencia.

Hasta tal punto Ciudadanos ha renunciado a ser una alternativa liberal a la socialdemocracia del PP y a su pusilanimidad ante el secesionismo catalán que su labor de oposición parece limitarse a sumarse a PSOE y Podemos en ese linchamiento amarillista contra el partido de Rajoy en el que se ha convertido, ya antes de nacer, la comisión de investigación sobre su supuesta financiación ilegal.

Ya resultó lamentable en su día que el "compromiso con la transparencia" de la formación de Albert Rivera se saldara con la creación de una comisión parlamentaria limitada a la financiación del PP, sin abordar la de otros partidos; pero más bochornoso me ha resultado –por no hablar de su supuesta ilegalidad– que C's, PSOE y Podemos se nieguen a acotar determinados aspectos, como el ámbito territorial, temático y temporal de su supuesta investigación.

Eso, por no recordar que no hay que confundir las responsabilidades políticas con las penales y que las comisiones parlamentarias no pueden sustituir a los tribunales de justicia. De hecho, lo que nos debería resultar una auténtica vergüenza no es que no se haya creado una comisión de investigación sobre la corrupción del PP, de la que en el Congreso ya se ha hablado hasta la nausea, sino la cantidad de años que Barcenas y la financiación irregular del PP llevan en el candelero sin que los tribunales hayan todavía emitido sentencia alguna.

Acabar con la politización y con esta no menos escandalosa lentitud de nuestra Justicia debería ser la labor de nuestros políticos, no la de erigirse en nuevos inquisidores y promotores de una especie de causa general contra la corrupción centrada únicamente en la que afecta al Partido Popular.

Esta reyerta entre partidos, que, en realidad, no investigan nada, pues, entre otras cosas, tampoco es su labor, nos distrae de la necesidad de acometer auténticas y profundas reformas legislativas que vayan a la raíz del problema de la corrupción, como la ya citada lentitud y politización de la Justicia, la falta de control y transparencia en el gasto público o el colosal intervencionismo, que aboca a los mandatarios a un sinfín de tentaciones. Lo peor es que también nos distrae de muchos otros problemas que aquejan a España, frente a los cuales parece haber un consenso entre nuestros políticos en no hacer nada.

Frente a la corrupción ideológica del partido de Rajoy, que muchos seguimos considerando todavía más grave que la que monopoliza la atención de nuestros políticos y medios de comunicación, la formación de Albert Rivera no constituye alternativa alguna. Y frente a la otra, los naranjitos, al alimón con PSOE y Podemos, me resultan, sencillamente, amarillos.

El loco de la autopista (España a contracorriente)
Yolanda Couceiro Morín latribunadelpaisvasco 9 Junio 2017

El mundo entra en una fase interesante y prometedora. El viento de la historia da señales de estar cambiando de dirección. Putin en Rusia (desde hace unos años), Trump en los EEUU, tal vez pronto Marine Le Pen en Francia, Viktor Orban en Hungría, la UDC en Suiza... La lista no es exhaustiva. Pero, mientras que en los demás países aparecen nuevas formaciones políticas de signo adecuado a las actuales situaciones, en España lo que aparece de repente en el panorama político nacional es... ¡Podemos!

Las bases del sistema sobre el cual se asienta nuestro mundo occidental, sobre todo en Europa, se está resquebrajando, por efecto de los temblores que las están sacudiendo. Las paredes ya presentan grietas, el techo tiene goteras, las ventanas están rotas... Los inquilinos del edificio Unión Europea manifiestan malestar y descontento, las condiciones de habitabilidad y confort de la residencia ya no están a la altura de las promesas con las que se inauguró en su día, en medio de un optimismo y un entusiasmo que los acontecimientos posteriores no han justificado.

La UE es un fracaso, no cabe duda. Está seriamente tocada, tal vez herida de muerte. No importa lo que dure todavía: es inviable y acabará pronto. Dentro de poco será un mal recuerdo. Pero no sólo es la UE, sino el conjunto de Europa. Noruega y Suiza no forman parte del club, y aún así no se libran de los males que afectan a sus vecinos, y sin estar sometidas a Bruselas sufren de similares situaciones. Tampoco con su salida de la UE, Gran Bretaña ha solucionado nada, de momento, de los problemas que la aquejan. Las soluciones vendrán de aquí en adelante. Hay que abandonar la UE (o no entrar en ella), pero ese paso es solamente un punto de salida, no una meta en sí.

Los graves problemas que afectan al conjunto de Europa no son solucionables dentro de esa asociación. Por el contrario, esas dificultades son causadas y agravadas por la tiranía burocrática y la dirección antidemocrática de esa nefasta organización, una auténtica máquina de destruir naciones y arruinar pueblos.

Poco a poco, el descontento que recorre Europa irá desplazando a las actuales élites gobernantes para reemplazarlas por gobiernos soberanistas, nacionalistas patrióticos... Es la tendencia general que vemos despuntar en el horizonte y afirmarse en el espíritu de un número cada vez mayor de europeos.

Los únicos realmente beneficiados en la organización actual europea es la casta política y financiera que está detrás de todo esto y el ejército de peones y domésticos entregados a su servicio.

Podemos, por lo tanto, mirar el futuro con un cierto optimismo, con la esperanza de que nuestros males pueden ser afrontados con posibilidades de éxito, siempre que empecemos por salir de esta comunidad política, que ha fracasado en su misión de hacernos más prósperos, más libres y más felices. No será fácil, pero tampoco imposible. El ejemplo de Gran Bretaña es la prueba irrefutable de ello.

Fuera del alcance de esas proyecciones halagüeñas y promisorias que se despliegan ante los pueblos europeos, queda de momento España. Para no perder la costumbre, llevamos con respecto de las tendencias de nuestros vecinos, bastante retraso. No es necesario enumerar los puntos en que se asienta ese retraso, ya que están a la vista. Aquí se grita, se gesticula y se excita el personal como en ningún otro sitio, pero por motivos de baja politiquería, agotándose en vanos debates de porteras, en polémicas de peluquería, en análisis de vermut y tapitas, en discuciones de mercadillo...

Nada indica que España vaya a sumarse en breve a la corriente general que recorre Europa de un extremo a otro. Si quedamos al margen, y todo apunta en esa dirección, al mismo tiempo que otros países empiecen a acometer en serio los problemas de la invasión migratoria y sus consecuencias, nosotros nos hundiremos más y más.

A medida que se vayan imponiendo en Europa medidas contrarias a la inmigración (cierre de fronteras, deportaciones, restricciones a la circulación, corte de subvenciones a la colonización que sufrimos...), a medida que vayan implantándose políticas crecientemente restrictivas a la inmigración, a medida que los destinos preferidos de esa inmigración se vuelva inalcanzables, España, situada al margen de la corriente general, quedará como destino obligado de los candidatos al Eldorado europeo. A falta del pan que los otros europeos le negarán en algún momento a todos esos inmigrantes y refugiados, buenas serán las tortas que les ofreceremos aquí.

Veremos entonces llegar a nuestras puertas todos los que vengan devueltos de "arriba" para sumarse a los que se presentan esperanzados por "abajo". Si de momento los inmigrantes que recibimos llegan directamente del Tercer Mundo, pronto se abrirá una segunda vía de entrada desde la propia Europa. Los rechazados, los expulsados, los que no pueden aspirar ya a alcanzar Alemania, Suecia o Francia, se habrán de contentar con destinos anteriormente menos atractivos y rentables, como España. Cualquier cosa será mejor que regresar a Somalia, Eritrea o Paquistán...

España todavía no ha conocido de verdad las alegrías, beneficios y bendiciones de la inmigración. Pronto será colmada. Porque cuando esto ocurra, y eso no es dudoso, España tendrá a gala acoger con los brazos abiertos a todos los parias de la tierra, orgullosa de haberse convertido en un remanso de tolerancia y buen rollo en medio de una Europa de nuevo entregada a sus demonios históricos: el rechazo del "otro", el racismo, el fascismo, el nazismo...: el estribillo de siempre.

España sufrirá el contagio inevitable de lo que ocurra a su alrededor, pero no iniciará nada por su cuenta. La corriente nos arrastrará, pero no será porque nos incorporemos de buena gana a ella. La explosión que estallará en Europa tarde o temprano nos alcanzará, es inevitable, pero seremos durante mucho tiempo todavía una masa inerte a merced de la ventolera que se avecina. Nada decisivo se gestará ni tendrá por escenario determinante España. Lo importante se decidirá allende los Pirineos. Nosotros seguiremos estando en la periferia de las tendencias generales que ya se están imponiendo y que se fortalecerán pronto en todo el continente. Por ahora vamos en sentido contrario a la marea que se está levantando en Europa de norte a sur.

Terminaremos como el loco de la autopista: yendo en la dirección equivocada y pensando que los locos son los que vienen de frente.

Frente al odio desbocado de Podemos y sus compinches
Hermann Tertsch. (ABC) Periodista Digital 9 Junio 2017

EL odio triunfa entre nosotros. En los últimos días, algunos ya ni se darán cuenta de estas cosas, acostumbrados los oídos ya a todo, hemos subido varios grados en nuestra tremenda escalada retórica del odio en España.

Cierto que viene de lejos. Comenzó hace ya tres lustros cuando arribó un líder socialista que inmediatamente identificó y comenzó a tratar al adversario político como al enemigo en una guerra.

En una contienda que no daba por concluida y en la que para él aún no se había dicho la última palabra.

En esta semana hemos llegado muy lejos. Hemos escuchado a médicos despreciar instrumentos para salvar vidas por el hecho de ser financiados por un empresario al que consideran su enemigo.

Se han repetido por los medios de toda España afirmaciones de profesionales sanitarios que descalifican los sofisticados aparatos de exploración y prevención del cáncer que ha donado Amancio Ortega.

Han llegado a decir que esos aparatos causan más cáncer del que evitan. Aparatos de alta tecnología utilizados en todos los mejores hospitales del mundo y envidiados por todos los que carecen de ellos son vetados por asociaciones tan defensoras de la sanidad pública que desprecian la suerte de las personas enfermas. Quienes ponen así en peligro la vida de otros tienen ya odio suficiente para matar ellas mismas.

Son las asociaciones que han secuestrado ideológicamente gran parte de la administración, cuadros de agitación comunista con la marca de Podemos. Se dicen defensores de intereses generales pero tienen una agenda política para la coacción y manipulación de las conductas sociales.

Su asalto a la verdad para modificarla y construir una nueva paralela ha llegado a las cotas más osadas en esta escalada de odio en España. Esto sí es postverdad que propone cualquier delirio frente a la verdad a anular. Han llegado a decir que se regalan diabólicos aparatos que no curan sino generan la enfermedad. Dicho por trabajadores de la sanidad.

¿Cómo es posible? Por odio. Circula estos días un tuit viejo de Pablo Iglesias que dice textualmente: «25% de paro y Amancio Ortega tercero en el ranking mundial de ricos. Democracia ¿Donde? Terrorista ¿Quien?».

Al margen de la fobia a las tildes y al decoro, el líder de los comunistas de Podemos sugiere que el rico es un terrorista. Hay miles de tuits de sus secuaces en este sentido. Incluso en España, donde el mérito es siempre culpable, resulta esperpéntico que la generosidad de un compatriota ejemplar en todo el mundo por su trabajo, talento, devoción e inteligencia, provoque esas cataratas de odio.

Doblemente obsceno cuando el desprecio y el insulto proceden de un líder político cuya biografía y trayectoria es un canto al parasitismo, al resentimiento, a la violencia y, por supuesto al odio. Decía Soljenitsin que un comunista no puede ser inteligente y buena persona. Pablo Iglesias lo es menos de lo que cree, pero más que la mayoría de sus votantes.

De ahí que la cuestión política sea saber si tiene fondo el abismo de vileza en que ese odio ideológico hunde a sectores de la población. Y si, movidos por ese odio, asumirán la muerte de compatriotas no solo de forma pasiva con el rechazo a los aparatos médicos, sino más allá, tal como hacen sus camaradas a diario en Venezuela, por ejemplo.

Un acto de valentía y generosidad extraordinario como la gesta de Ignacio Echeverría en Londres frente al odio islamista y el descubrimiento con él de toda una familia que ha conmovido a España por su inmensa y profunda calidad humana, debe reforzar nuestra conciencia y voluntad de tomar partido.

Asumir los ejemplos y para emularlos, saber que hay que hacerles frente, blandiendo ante la maldad nuestro patinete o lo que tengamos.

un europarlamentario sueco:
‘La UE se está convirtiendo en un monstruo incontrolable’
La Gaceta 9 Junio 2017

La Unión Europea camina a pasos agigantados hacia la política fiscal común, la creación de un ejército europeo y la pérdida total de soberanía de los Estados miembro. A la par, el euroescepticismo se va consolidando en países donde hasta hace poco apenas tenía impacto.

Peter Lundgren es un europarlamentario sueco que milita en este último grupo de críticos. ‘’Bruselas se está convirtiendo en un monstruo incontrolable’’, denuncia en una entrevista en exclusiva con el diario Daily Express.

El vicepresidente en el Parlamento Europeo del Grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa carga duramente contra la UE, entre otras cosas, por utilizar el brexit como coartada para avanzar hacia el ejército comunitario.

‘’Hay fanáticos en esta casa, ¿qué es lo siguiente? ¿Debemos tener también una división nuclear preparada para defender los valores europeos?’’, se pregunta.

‘’Es una locura. Esto no es para lo que la Unión Europea fue diseñada’’, subraya. ‘’La UE iba a ser un proyecto para la paz. Ahora, se ha convertido en un monstruo que pronto no podremos controlar’’, asevera.

‘’Creo que veremos cómo el euroescepticismo crece más y más en un gran número de países’’, prevé el eurodiputado, cuyo partido crítico con Bruselas va recabando cada vez más apoyo en las encuestas suecas.

Lundgren no está en contra de la cooperación entre naciones, sólo pide limitarlo. ‘’Me gustaría ver cooperación europea en temas importantes como el cambio climático o refuerzos policiales. Hay una lista de cosas en las que se necesita. Sin embargo, hay también otras en las que no es necesaria’’, alega.

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El circo grotesco de Podemos
EDITORIAL Libertad Digital 9 Junio 2017

No una sino dos mociones de censura de Podemos van a debatirse en apenas seis días: la de Cristina Cifuentes, que ha empezado a ser discutida este mismo jueves, y la de Mariano Rajoy, que se desarrollará a partir del martes.

A pesar de su ámbito político muy diferente, las dos tienen importantes similitudes: ambas las plantea, contra el partido que ganó las elecciones, el que quedó en tercera posición –a enorme distancia–; ambas están desde el primer momento condenadas al fracaso y, sobre todo, ambas han sido concebidas no como herramientas que permitan aportar algún beneficio a la ciudadanía, sino como meros vehículos propagandísticos.

La mejor prueba de que Podemos no pretende que tengan consecuencias reales más allá de la propaganda es el método elegido para presentarlas: primero un anuncio a bombo y platillo y después una tibia negociación, más bien un trágala, con las restantes fuerzas políticas, aviesamente predispuestas al no. No es de extrañar, por tanto, que al final Podemos no vaya a obtener más votos que los suyos y los de los nacionalistas de ERC y EH Bildu, siempre dispuestos a intervenir en todo aquello que crean que puede debilitar a España.

Mientras acusan al PP de servirse de las instituciones, lo que hacen los liberticidas de Podemos es exactamente eso: usar dos órganos de representación tan importantes como el Congreso de los Diputados y la Asamblea de Madrid como un plató televisivo para dar rienda suelta a su ominosa estrategia propagandística.

Lo curioso es que, allá por 2015, cuando eran aún una fuerza sin representación institucional, los de Pablo Iglesias daban a entender que su mera presencia en las instituciones iba a solucionar todos los problemas de España.

Ahora Podemos está poderosamente presente en los Parlamentos del país, pero en ellos no aborda los asuntos que de verdad preocupan a los votantes, no proponen ninguna iniciativa legislativa relevante. Lo único que han conseguido es convertir los hemiciclos en circos grotescos saturados de chabacanería e incluso poblados por delincuentes condenados.

Podemos en las instituciones no está sino exhibiendo su pulsión liberticida y su tremebundo despotismo antiilustrado. No hacen nada por el pueblo ese que no se sacan de sus bocas charlatanas. Nada bueno. Los neocomunistas son, sin la menor duda, uno de los grandes problemas que tiene planteados España.

Reivindicar el viejo ‘buenismo’ de la izquierda y otras formas de hacer el gilipollas
Agustín Valladolid www.vozpopuli.com 9 Junio 2017

Mientras, frente al terrorismo, la socialdemocracia siga instalada en el discurso parcial de los derechos y no participe sin complejos en la búsqueda de soluciones, va a tener muy complicado volver a ganar elecciones en Europa.

Conviene no perder la perspectiva: desde que se lleva la cuenta (1948), alrededor de 11 millones de musulmanes han sido asesinados violentamente en sus países de origen, la gran mayoría de ellos en enfrentamientos religiosos. Hoy, más que nunca, conviene ser escrupulosamente exacto con las cifras: entre el atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 y hoy, Occidente ha sufrido como nunca antes el impacto del terrorismo yihadista, contabilizando en estos largos 15 años más de 8.000 muertos. Un guarismo demencial, pero no tanto como el de las víctimas provocadas por los mismos autores en los países musulmanes: unas 70.000 personas asesinadas entre aquella infausta fecha y 2016, según los datos de la Global Terrorism Database.

Y sí, conviene no perder la perspectiva, pero también llamar a las cosas por su nombre. Y no mirar para otro lado. Los problemas solo entran en fase de resolución cuando se conocen en profundidad. Ya no podemos seguir negando por más tiempo, en aras de lo políticamente correcto, la inquietante realidad que nos circunda, y cuyo síntoma más alarmante en algunos países europeos es el de un acelerado deterioro de la convivencia. Una realidad que, convenientemente aprovechada por la extrema derecha, puede arrastrarnos a una nueva guerra civil en el corazón de Europa, como ya advirtió en su día el ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani.

Guerra Civil. Palabras mayores que algunos se apresurarán a calificar como alarmistas, más fruto de los recuerdos deformados de un jubilado que de una sustantividad contrastada. Gueto: otra palabra tabú, término maldito que hasta hace bien poco casi nadie se atrevía a pronunciar. Creíamos, o queríamos creer, que en Europa ya no había guetos. Que el fenómeno era cosa del pasado. Pero los hay, y más de los que pensábamos. En algunos lugares no es descartable un estallido social. Servirá cualquier chispa convenientemente manipulada. O una nueva crisis económica que condene al paro y a la pobreza a los de siempre, da igual de qué lado estén.

‘Área controlada por reglas islámicas obligatorias’
En Suecia hay 55 No-Go Zones, espacios urbanos en cuyos límites unos carteles advierten que estás entrando en un área controlada por reglas islámicas obligatorias. Sí, en Suecia. Lugares en los que el Estado no ejerce su soberanía. La Agencia de Contingencias Civiles Sueca (MSB), en un reciente informe, afirmaba que los islamistas están organizando una “sociedad paralela”, infiltrando salafistas en organizaciones y partidos políticos, a resguardo de la “cultura del silencio” que denuncia el experto en temas islamistas Eduard Yitzhak.

En los alrededores de Londres o París también podemos encontrar zonas No-Go. Y las que no conocemos. Charlie Hebdo, Bataclan, Niza, Londres, Manchester… Lo de Francia e Inglaterra es de una urgencia extrema, y es que tienen un problema extremo. Pero hay más. Un informe confidencial de la policía belga, citado por La Vanguardia, señala que más de 50 organizaciones localizadas en el barrio bruselense de Molenbeek son sospechosas de vínculos con el fundamentalismo islamista. Mejor no sehuir. Pero, ¿y España?

El terrorismo yihadista acapara el 60 por ciento de las causas que se tramitan en la Audiencia Nacional, cuyo fiscal jefe, Jesús Alonso, acaba de pedir refuerzos. Con el paso de los años Cataluña se ha convertido en uno de los focos más preocupantes de radicalidad islamista. Así al menos está catalogado por los principales servicios de inteligencia europeos. Resulta que, durante años, la política en materia de inmigración de los gobiernos convergentes de la Generalitat consistió en favorecer el reagrupamiento familiar de personas de origen magrebí, cuyos idiomas eran y son el árabe y el francés. Paralelamente, se dificultaba el mismo proceso a los latinos, que ya venían con el castellano aprendido y no interesaban, porque no iban a esforzarse especialmente en aprender catalán.

Hoy, en Cataluña se concentra la tercera parte de los musulmanes que son “visibles” en España, y el número de mezquitas salafistas -en las que se predica la conversión al Islam de toda la humanidad sin excluir ningún método- es superior a las 70, aproximadamente la mitad de las ubicadas en el conjunto de España. En los institutos cada año se detectan más episodios de adolescentes radicalizados que se niegan a dar la mano a una profesora por el hecho de ser mujer, o piden a sus padres el traslado a escuelas en las que las clases no sean mixtas.

La retroalimentación entre yihadismo y ultraderecha
La “invasión silenciosa”, así define lo que no se quiere ver Eduardo Martín de Pozuelo, jefe de Investigación de La Vanguardia y uno de los periodistas españoles que más sabe de terrorismo internacional, autor junto a Jordi Bordas de “Objetivo: Califato Universal”, libro muy recomendable para almas cándidas. Podemos mirar para otro lado y dejar que el problema se agrave hasta que veamos gobernar en Francia, en Alemania o en Inglaterra a la ultraderecha, que es lo que precisamente busca el DAESH. O podemos conjurarnos para, desde la unidad, afrontar en serio el problema, sin caer en la tentación de manosearlo como en el Reino Unido para ganar elecciones.

Precisamente esta semana ha sido muy celebrado, #LoMásVistoEnOpinión de El País, un artículo de Víctor Lapuente en el que, bajo el título “Buenismo y malismo”, cita el estudio “Ingenieros de la yihad”, en el que los sociólogos Diego Gambetta y Steffen Hertog ponen de manifiesto las muchas características que comparten los radicales islamistas y los extremistas de derechas. Y es verdad. Parte de la razón de ser de estos últimos tiene que ver con la existencia de aquellos. Al tiempo, los ideólogos del DAESH y Al Qaeda planifican su actividad para que en Europa se criminalice al conjunto de los musulmanes y así conseguir una más rápida radicalización de los jóvenes de esta creencia nacidos en Londres, París o Barcelona.

Muy de acuerdo en esto con Lapuente, pero no en cambio con alguna de las recetas que apunta. Escribe el profesor de Ciencia Política: “Es esa visión cainita, ese “malismo” de los extremistas, lo que debemos combatir. Y para ello nada mejor que revitalizar la tolerancia a la diferencia, el viejo ‘buenismo’ de la izquierda progresista y la derecha liberal”. ¿Revitalizar la tolerancia a la diferencia, el viejo buenismo de la izquierda? Vale, pero sin hacer el gilipollas más de la cuenta.

Revitalizar la tolerancia con los que se han hecho acreedores de ser tratados con tolerancia, no con los que promueven justo lo contrario, como la persecución feroz y el uso de la violencia contra aquellos que piensan distinto, contra los que defienden el respeto a la libertad religiosa, la igualdad entre hombres y mujeres o la consagración de la discrepancia, en lugar del pensamiento único, como fuerza motor de progreso. Claro que el buenismo no es en sí misma una mala opción, pero siempre y cuando se adapte al contexto de cada momento, y a una realidad mucho más compleja y preocupante de la que hasta ahora había inspirado sentimiento tan naif.

La izquierda nunca se ha sabido manejar en el vidrioso territorio por el que transita el viejo dilema entre libertad y seguridad, lo que hasta ahora, al menos en España, no le había perjudicado en exceso. Más bien al contrario, debido en parte al persistente impacto en las urnas de los métodos liberticidas del franquismo en los primeros años de la democracia recuperada. Pero el yihadismo no es como el cuarto oscuro de la dictadura, ni al otro lado de la puerta hay un Perpignan por donde fugarse. El abismo al que nos quiere empujar el DAESH no se esquiva con hermosas palabras.

Una cosa es cierta: antes de recortar derechos en Europa hay que hacer los deberes, entre ellos acabar con los “clamorosos fallos de inteligencia” que vienen denunciando los expertos, con los compartimentos estancos en los que se deposita la información sensible, con el caos legal que ralentiza la acción coordinada de las policías y la Justicia europea. Pero mientras la socialdemocracia siga instalada en el discurso incompleto de los derechos y no participe sin complejos en la búsqueda de soluciones, va a tener muy complicado volver a ganar una elección en el Viejo Continente. Porque los ciudadanos no van a respaldar postulados políticos tan “comprensivos”, y porque los votantes que ocupan el gran espacio de la moderación se inclinarán por el voto a los partidos liberal-conservadores como el más útil para frenar a la ultraderecha, reacción esta que puede resultar decisiva para apuntillar el imparable proceso hacia la inanidad de la actual izquierda europea.

Una Generalitat golpista
El Semanal Digital  9 Junio 2017
La convocatoria de un referéndum en Cataluña no prosperará, pero sitúa a la Generalitat en el Golpe de Estado y constituye una afrenta injustificada e ilegal al conjunto de España.

Por mucha solemnidad que le pusiera Carles Puigdemont al acto, lo que ha protagonizado en compañía de sus socios parlamentarios es un anuncio televisado de un Golpe de Estado que no sólo no es legal, sino que tampoco es democrático.

Frente a interpretaciones a la carta y capciosas del secesionismo sobre qué es la soberanía, quién decide, sobre qué decide y en qué consiste la democracia; prevalece una realidad legal, moral, ética y genuinamente democrática -ésta sí- que responde a esas preguntas con claridad no interpretable: la ausencia de un derecho específico catalán para decidir qué se hace con Cataluña es, por mucho que se manipulen los conceptos y se estimule la propaganda frentista, consecuencia de la preeminencia de un derecho mayor, el del conjunto de los españoles, a decidir sobre aquello que les afecta a todos.

Pretender amputar ese innegociable derecho de 46 millones de personas, para arrogárselo con impunidad por una parte de ellos, no sólo es ilegal, sino que además es también profundamente totalitario, antidemocrático e indecente.

Aplicar la ley, sin tibieza
No hay un choque ni de legalidades ni de legitimidades, y no existe una confrontación entre ciudadanos con ansias democráticas y una fría e impersonal ley impuesta de manera caprichosa. La respuesta al golpismo es la democracia, y ésta, que se invoca en vano por el independentismo, no consiste en nada de lo que progunan los golpistas, sino en defender e imponer el derecho de todos, sin ninguna excepción al margen de la ley.

El anuncio de un referéndum para el 1 de octubre, con la pregunta presentada por el presidente de la Generalitat -"¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de República?"- sitúa al Gobierno catalán, a su presidente y a buena parte de las instituciones autonómicas al margen de la ley, pero además suponen una agresión indecente a la convivencia entre catalanes -sólo algo menos del 48% de ellos votó a los partidos ahora golpistas- y entre éstos y el resto de los españoles.

Si desde el punto de vista jurídico todo el desafío es un cúmulo de ilegalidades; desde el ético, el político y el social es una vergüenza que pretende, nada menos, chantajear al Estado de Derecho so pena de sufrir si no una tensión inmensa en la convivencia de imprevisibles consecuencias.

El anuncio de Puigdemont, flanqueado por los líderes de ERC y las CUP y por la presidenta del Parlament; es en sí mismo constitutivo de potenciales delitos de la máxima gravedad y reclama, en todo caso, la puesta en marcha urgente y sin tibieza de los mecanismos legales que sean menester para restituir la legalidad, proteger a los catalanes de sus propios gobernantes, garantizar los derechos del conjunto de los españoles y responder a todo aquel que se sume al pulso pensando que no tiene consecuencias.

Y conviene hacerlo sin estridencias, pero también sin medias tintas: frente al relato independentista, plagado de agravios, quejas y mitos; la historia de España en Cataluña se escribe desde la generosidad, el reconocimiento a su idiosincrasia, el respeto a sus símbolos y un esfuerzo económico, político y cultural recogido en la propia Constitución que ha tenido, casi por única respuesta, el desprecio, la confrontación y un intento de envenenamiento constante de la actitud y las emociones de los catalanes.

Junto a imponer la ley, España debe cambiar su relato, recordando y diciendo en todo momento que su respuesta a este Golpe de Estado no es un acto de fuerza frente a pobres demócratas incomprendidos, sino una manifestación de restitución democrática en un espacio donde se ha perdido el respeto al Estado de Derecho y se intentan adaptar las normas a un ímpetu ilegal, injusto, suicida y además xenófobo.

Unidad y contundencia
Ni siquiera el presidente del Gobierno tiene derecho a decidir otra cosa que se salga de los precisos parámetros de la Constitución, y como en este caso Rajoy no es más que el representante de unos intereses y unos derechos que escapan del ámbito de un dirigente o de un partido y afectan a la propia esencia del país; el resto de formaciones y de insituciones, de cualquier tipo, tienen la obligación de alinearse junto a él y de confrontar, con idéntica intensidad, la democracia española al golpismo de unos dirigentes catalanes que, hasta ahora, han sido los únicos en no pagar las consecuencias de sus actos. Ha llegado el momento de que sean los primeros y, a ser posible, los únicos.

QUE TOMEN NOTA SUS CLIENTES
Encima Decathlon se pone chulo: “No es obligatorio usar el castellano en Cataluña”
Borja Jiménez okdiario 9 Junio 2017

La polémica independentista y discriminatoria de Decathlon con los castellanoparlantes suma su tercer capítulo. Tras retirar el polémico cartel, OKDIARIO ha tenido acceso a las respuestas que la firma francesa daba a todos los clientes que mostraron vía mail su indignación con la compañía; y no tiene desperdicio: “El castellano no es obligatorio en Cataluña”.

Pese a que pidieron disculpas y retiraron el polémico cartel en el que se promocionaban en catalán, Decathlon ha respondido con cierta chulería a los clientes que se han sentido ofendidos. En la misiva, a la que ha tenido acceso OKDIARIO, la compañía francesa explica que “el idioma que empleamos en nuestras tiendas es el que por normativa de cada Comunidad Autónoma está permitido y dan prioridad”.

Pero lo peor es que según la empresa, “no es obligatoriedad usar el castellano como idioma principal” en sus comunicaciones, y por ello “Decathlon ha decidido esa política comercial”. Eso sí, primero se ponen chulos, y luego retiran el cartel. “Estos son mis principios, y si no te gustan tengo otros”, dirán desde la firma gala. Además, se despiden en el mail diciendo que sienten “mucho” las molestias que “esto te pueda ocasionar”, en referencia al cliente indignado.

Y es que, si bien es cierto que en Cataluña no es obligatorio el uso del castellano (no lo es en ningún sitio de España), no se entiende que en una zona turística como es Cataluña se promocionen para los clientes de Francia, Inglaterra y Cataluña, pero no para los turistas españoles.

Cabe recordar en este sentido que Cataluña es la única región de nuestro país en el que es obligatorio rotular en un idioma (por supuesto el catalán).
Campaña de boicot

Tras la publicación de OKDIARIO, la polémica en Twitter quedó servida y cientos de usuarios de la popular red social propusieron un boicot a la marca deportiva. Tanto fue así, que al poco de publicar la noticia en este digital nació el hashtag #BoicotDecathlon , sobre el que han recaído cientos de tuits:

Decathlon España pide disculpas y rectifica una publicidad exterior que no incluía el castellano
Ocurría con un cartel en el municipio barcelonés de Sant Pere de Ribes, escrito en catalán, inglés y francés
larazon.es. Madrid. 9 Junio 2017

La cadena de tiendas de productos deportivos Decathlon ha reaccionado a la presión que las redes sociales han ejercido después de que se denunciara que uno de sus establecimientos en la localidad barcelonesa de Sant Pere de Ribes había colocado carteles publicitarios en varios idiomas pero no en español. Así, anunciaban que abrían todos los días, lo que se podía leer en catalán, inglés y francés.

Las críticas no se hicieron esperar y comenzaron a recibir mensajes de quejas por este comportamiento. Ante la posibilidad de que este incidente pudiera acabar convirtiéndose en problema a escala nacional y a que desembocara en un posible boicot, la cadena reaccionó el pasado el pasado lunes y dos días después, el 7 dee junio, anunciaba en las redes sociales, que incluían también el castellano en su publicidad exterior.

 


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