AGLI Recortes de Prensa   Sábado 17  Junio 2017

Deuda y demagogia
Daniel Lacalle elespanol 17 Junio 2017

“At this rate we gon’ both die broke” Kanye West

Si ustedes leen los medios de comunicación, parecerá que la deuda de España se ha disparado y que es un fenómeno único. Y no lo es. Pero no por ello debemos dejar de alertar de los riesgos.

La deuda pública crecía a un 100,4% del PIB, tras aumentar en 31.864 millones de euros en doce meses.

Datos positivos, que los hay:
- Las emisiones de deuda netas de España se han reducido de 96.600 millones de euros en 2012 a casi 35.000 millones, y se espera que vuelvan a reducirse en 2017. Sólo Irlanda y Alemania, en la UE, han conseguido reducir esas emisiones netas más rápido que España. Y ellos han aplicado austeridad real.

- A pesar del repunte de deuda, se mantiene el objetivo en un 98,8% para fin de año, lo que llevaría a tres años consecutivos con la deuda prácticamente estable a niveles de PIB.

- Cuando se mira el endeudamiento por componentes, es fácil ver que, si no han aumentado las necesidades de financiación neta, mientras que el PIB crece por encima de lo estimado, en el aumento publicado hay un efecto de lo que se llama “calendario”. El Tesoro está alargando los vencimientos y las emisiones netas aumentan cuando los tipos son bajos, y eso ha generado un efecto que contrasta con las necesidades de financiación reales de la economía y se puede –debe- corregir en meses próximos.

No es cierto, por otro lado, que el aumento de la deuda pública registrado por España sea una circunstancia única en el mundo, ni siquiera mayor que otros. Ni mucho menos, como dicen ciertos populistas, que sea por la austeridad. Eso es una broma.

Si en España no se hubiera llevado a cabo un ejercicio de ligerísima moderación presupuestaria como el llevado a cabo, hoy no estaríamos hablando de 100,4% deuda sobre PIB, sino probablemente cifras que se habrían disparado ante la llamada de los “solidarios con el dinero de los demás” de “relajar el déficit”. Si atendemos a los ejemplos de países que se “lanzaron” a aumentar déficit “para crecer”, España estaría hoy a niveles de 130% sobre PIB, con necesidades anuales de refinanciación de, al menos, 95.000 millones. Porque el crecimiento que se “promete” con esa deuda no se consigue, pero la carga fiscal sí que sube, y ya está a máximos históricos en la OCDE.

Relajar el déficit es aumentar la deuda. Y si se hubiera llevado a cabo esa política, hoy no solo tendríamos más deuda (como ha ocurrido en todo el mundo que se lanzó a “gastar para crecer”) sino que los costes anuales de la misma superarían ampliamente a los 32.000 millones de euros actuales, y no nos habríamos ahorrado 20.000 millones en intereses. No, no son estimaciones ni afirmaciones contrafactuales. A propósito, para “contrafactuales” ya tenemos a los que defienden gastar, imprimir y endeudarse y luego, cuando se equivocan, dicen que “hubiera sido peor”. Es un hecho comprobado globalmente.

La deuda global se ha disparado a un 325% del PIB mundial, liderado por los aumentos de deuda pública precisamente de esos países que no han aplicado ningún tipo de austeridad. La deuda pública se ha duplicado en EEUU desde 2006, en China casi duplicada, y Japón y la Eurozona un 50% superior.

Es curioso, o un síntoma de demagogia partidista, que los mismos que exigen que se relaje el déficit –más deuda-, se mesen los cabellos porque sube la deuda. Y que propongan, para reducirla, volver a gastar en elefantes blancos y tirar de déficit, para luego fallar.

Los falsos multiplicadores del gasto público han probado –de nuevo- ser entelequias. El aumento de deuda pública desde EEUU a China y en los países emergentes que se han lanzado a “gastar para crecer” supera en mucho el crecimiento del PIB real, ya desde 2006 (lean aquí). La conclusión real es que los multiplicadores son muy bajos o negativos en economías abiertas y endeudadas, precisamente porque vienen de excesos previos creados por esos mismos planes de “estímulo”.

El aumento de deuda se ha incentivado con la bajada masiva de tipos, aumento de liquidez y planes mal llamados expansivos, que generan un exceso de deuda y necesidades de refinanciación que, posteriormente, llevan a una crisis, a mayores impuestos y recortes de verdad.

La realidad es que el incentivo perverso de gastar el dinero de los demás para cubrir los excesos del pasado genera una creciente asignación de capital a los sectores de baja productividad y el gasto corriente que se financia con mayores impuestos a las clases medias y a los sectores e alta productividad. Las mal llamadas políticas expansivas se convierten en una enorme transferencia de renta de los sectores productivos a los improductivos y, como no podía ser de otra manera, el crecimiento potencial se cercena y se incumplen los objetivos.

Con ello, se pone en peligro la capacidad de financiación de la economía y se termina en una crisis. Por eso los shocks de deuda ocurren en países, no por su elevado endeudamiento solamente, porque ocurren en países con deudas públicas ópticamente bajas (piensen en Brasil), sino sobre todo por el deterioro continuado de sus cuentas públicas.

De ahí, con todas las críticas legítimas, la importancia de haber reducido de una manera tan importante los desequilibrios en España, a pesar de no contar ni con el mantra de la inflación ni un crecimiento global potente.

Por lo tanto, si alguien quiere criticar la deuda pública en España, puede hacerlo porque se haya tomado la decisión consciente de mantener a toda costa el gasto público, y porque se ha llevado a cabo punto por punto lo que algunos pedían, subir impuestos y mantener gastos, pero no se puede criticar la deuda pública y a la vez exigir más déficit. Es como criticar la borrachera y proponer curarla con vodka.

Se llega al nivel máximo de delirio propagandístico cuando nuestros populistas patrios se vanaglorian de haber bajado la deuda en Madrid cuando una semana antes denunciaban el techo de gasto impuesto desde la administración central, que es la razón por la cual baja la deuda.

Lo miremos como lo miremos, no se están proponiendo medidas reales para reducir la deuda pública en términos absolutos. Y, por tanto, los mensajes arrojadizos con la deuda no son más que demagogia. Es criticar por criticar. Todos, de manera moderada o a lo bestia, fían sus planes a unos ingresos de ciencia ficción calculados por gente que ignora, a sabiendas, que la media de error en estimaciones de futuros ingresos es vergonzosa y, por supuesto, sin planes de contingencia en el gasto cuando esos ingresos no se dan. Paga el siguiente. Pero da igual, porque luego alguien dirá que la solución es… gastar más “para crecer”.

Pero fuera de las medallas y críticas partidistas de unos y otros, debemos pensar en el riesgo de shock de deuda cuando nos encontremos en 2018 a 2020 con vencimientos globales a refinanciar de más de un billón de dólares anuales. Si entonces España sigue por la senda de bajar sus necesidades de financiación netas, reduciendo déficit comercial y fiscal, y creciendo, estaremos libres de una crisis mucho peor que la de 2008. Si nos lanzamos a la política de la cigarra, entraremos en esa crisis con mucha menos capacidad de reacción.

La deuda no es un derecho, ni un activo para un país. Y ante el riesgo de acumulación global, la política no debe ser unirse a los demás camino al precipicio, sino ir en sentido opuesto.

Pensar que el exceso de deuda se solventa endeudándose más, es como pensar que bailando en círculo se atrae la lluvia.

Preocupante ausencia de autocrítica en el Banco de España
EDITORIAL El Mundo 17 Junio 2017

El Banco de España hizo público ayer el Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España, 2008-2014, en el que explica pormenorizadamente qué pasó en ese sector durante la recesión mundial. Pero sorprendentemente, brilla por su ausencia un comentario crítico sobre la actuación de la propia entidad supervisora. Es llamativo que el informe, coordinado por el consejero Fernando Eguidazu, que fue secretario de Estado para la UE hasta 2016, soslaye con un par de comentarios generales la labor de supervisión.

El primero es el reconocimiento de que durante la generación de la burbuja inmobiliaria y los desequilibrios que hundieron a las cajas de ahorros, el Banco de España dispuso de "unos instrumentos regulatorios que resultaron claramente insuficientes, evidenciándose las vulnerabilidades acumuladas". El segundo, que, aunque el "nivel de solvencia y de provisiones facilitó que, en general, las entidades españolas aguantaran mejor que otras el primer envite de la crisis", en algunos casos, también fueron "claramente insuficientes para soportar la doble recesión que se produjo".

En otra parte del informe se apunta al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Fruto de una política económica expansiva, con ingresos basados en la actividad inmobiliaria, el resultado del estallido de la burbuja "fue un deterioro muy rápido de la posición financiera de las Administraciones Públicas que llegaron a un déficit del 11% en 2009". En esta situación, el Estado no tuvo capacidad para realizar una inyección de capital a las cajas con graves problemas.

Pero la misión del Banco de España es, precisamente, controlar a las entidades financieras para evitar situaciones como la que vivimos. Y es palmario que durante la etapa analizada, en el que estuvo dirigido por Jaime Caruana (2000-2006) y Miguel Ángel Fernández Ordóñez (2006-2012) -sobre todo en este último periodo-, no supo hacerlo, a pesar de que la burbuja del crédito inmobiliario se veía venir de años antes. Hay que recordar cómo el gobernador Luis Ángel Rojo había obligado antes a bancos y cajas a realizar unas provisiones "anticíclicas" de los créditos concedidos, para que sirvieran de colchón cuando llegaran mal dadas.

Desde luego, la descripción de los acontecimientos en el informe es exhaustiva y hay que reconocer que ningún banco central de nuestro entorno ha realizado un esfuerzo similar. Pero es decepcionante, pues, que no se explique con profundidad y autocrítica la actuación de un protagonista principal en esa crisis. Máxime cuando el trabajo se incorporará como un elemento clave en la documentación de la Comisión de Investigación de la crisis financiera en el Congreso.

Hacía falta una explicación del Banco de Españasobre su labor porque esa crisis que se llevó por medio al sector de las cajas de ahorros ha costado ya 60.613 millones de euros, de los que 39.542 proceden del sector público, de los contribuyentes en definitiva, y 21.071 millones, del Fondo de Garantía de Depósitos. Y en el propio informe el Banco de España reconoce que de ellos, 27.344 millones no se van a recuperar, aunque el importe final dependerá del coste de los esquemas de protección previstos y de lo que el Estado pueda ingresar se se privatizan Bankia y BMN más lo que recaude la Sareb con los inmuebles que venda.

Es decir, de cada diez euros que puso el Estado, se han perdido unos siete. Es el resultado final de la crisis de un modelo de gestión, el de las cajas de ahorros, que fueron utilizadas por políticos de todos los partidos y agentes sociales para fines no precisamente empresariales, sino que fueron saqueadas para su lucro personal y para beneficiar a sus formaciones e instituciones.

Decimos que la falta de autocrítica es preocupante porque el informe aparece en otro momento delicado. Cuando el Popular, sexto banco del país, acaba de desaparecer y el mercado expresa dudas sobre Liberbank y BMN. El Banco de España ha preferido no levantar las alfombras de anteriores etapas.

Aprueba nuestros 'estatutos'
El 'nuevo' PSOE: Una España 'plurinacional', republicanismo y cristianofobia
La Gaceta 17 Junio 2017

El PSOE ha aprobado en la ponencia política de su 39 Congreso Federal el compromiso de "perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional de España", aunque señala que "la soberanía reside en el conjunto del pueblo español".

El debate sobre la "plurinacionalidad" era una de las principales discusiones del 39 Congreso Federal del PSOE que se celebra en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, una cuestión que se ha abordado en la comisión política, presidida por el portavoz socialista en el Ayuntamiento de Santander, Pedro Casares, y con Cristina Narbona, Josep Borrell y Carmen Calvo como ponentes.

En esta comisión, el apartado dedicado a la "plurinacionalidad" ha sido aprobado finalmente, después de que la enmienda que pedía su supresión, y que ha defendido la delegación asturiana, haya sido rechazada por 41 votos a favor y 165 en contra de los delegados, resultado que supone que la enmienda ni siquiera pasará al debate final del plenario.

Dicho apartado aprobado defiende que "una reforma constitucional federal, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, debe perfeccionar el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado apuntado en el artículo 2 de la Constitución".

Por ello, ante las "tensiones identitarias basadas en supuestos agravios comparativos", el PSOE reivindica que el federalismo, "con sus premisas de cooperación, colaboración, solidaridad y lealtad institucional e interterritorial, como se defiende en la Declaración de Granada, puede y debe ser la solución de una España orgullosa de su diversidad y comprometida con el autogobierno de las comunidades que la integran".

Cristianofobia y republicanismo
Además, ha aprobado despenalizar la eutanasia y se ha comprometido a eliminar "los privilegios de la Iglesia Católica" y exigir que pague el IBI. También incorporará a su ideario el fortalecimiento de "los valores republicanos", aunque sin pedir la supresión de la monarquía, como se había planteado inicialmente en el debate en comisión.

La propuesta inicial, defendida por el secretario general de Juventudes Socialistas, Nino Torre, era "avanzar e implantar la república como modelo de Estado" y que hubiera una elección para elegir al jefe de Estado. El texto ha pasado al plenario del congreso, donde finalmente se ha pactado una nueva redacción que da marcha atrás a la idea de suprimir la monarquía.

El texto inicia hablaba de "avanzar e implantar la república como modelo de estado, previa consecución de apoyos y complicidades mediante una reforma constitucional en la convocatoria de un referéndum". También se defendía que la Jefatura del Estado "no puede seguir siendo de carácter hereditario (...), sino que debe ser elegida por la ciudadanía (...) de forma democrática".

Rechaza los vientres de alquiler
La ponencia de política social del 39 Congreso del PSOE ha ratificado su rechazo a la práctica de los vientres de alquiler. La ponente de la comisión política y próxima presidenta del PSOE, Cristina Narbona, ha explicado que los debates han sido "muy intensos" en torno a asuntos como la prostitución y los vientres de alquiler, en los que finalmente ha prevalecido la posición claramente en contra defendida por Pedro Sánchez.

"Estos planteamientos que salen del Congreso socialista son una reafirmación en los valores de la igualdad, la libertad y la solidaridad, pero reforzándolos en un mundo cambiante y con desafíos", ha dicho Narbona.

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA / BENITO ARRUÑADA
"Hay muchos intelectuales que creen que el Ortega importante no es Amancio"
EMILIA LANDALUCE El Mundo 17 Junio 2017

El populismo está en todas partes.
Lógico. Es un truco fácil. Su esencia es convencer a las masas de que todos sus males son culpa de otros, ya sean los judíos, la élite o los españoles. Pero el fin es siempre manipular a la masa para tomar el poder. Ha florecido en política pero también lo vemos en algunos jueces que basan sus decisiones en la voluntad popular. Incluso presumen de ello en la prensa, como hizo el juez Velasco al decir que "Los jueces ten[ían] que interpretar la ley conforme al pueblo".

¿Hay entonces sentencias "del pueblo"?
Al menos en materia penal y a juzgar por lo que decía este juez. Pero también en materia civil, como sucedió con la sentencia de los suelos hipotecarios. Estos jueces, cuando el legislador no legisla pero creen que el pueblo lo pide, de hecho se ponen a legislar. Olvidan que si tenemos una democracia representativa es precisamente para decidir ese tipo de cuestiones complejas. Cuando el juez interpreta la voluntad popular, también suele caer en el populismo y, desde luego, está expandiendo su poder sin apenas control ni responsabilidad.

¿El Gobierno de Rajoy es también populista?
No, si entendemos como populismo calentar a las masas para alcanzar el poder. Ahora bien, en las políticas que se hacen sí hay rasgos crecientes de demagogia populista, como la dicotomía élite-masa. Volviendo al tema hipotecario, de un lado están los pobres deudores y del otro los bancos malos. Esa simplificación es perversa. En ambos lados hay buenos y malos, y debemos diferenciarlos por su bondad o maldad, no por ser deudores o bancos. Quien se endeudó frívolamente debe pagar por ello. Lo mismo que el banco que haya engañado. Pero es esencial no tratar a todos los deudores como santos y a todos los bancos como demonios. Si no, quienes acaban sufriendo son los deudores futuros, pues no habrá hipotecas para las personas del tipo a las que hoy liberamos de pagar, que a menudo son las más humildes.

El único consenso alcanzado en materia de educación es que los niños puedan pasar de ciclo sin aprobar.
Algunos creen que la manera de frenar el fracaso escolar es negarlo y regalar titulaciones. Habría que resolverlo haciendo que más alumnos superasen los exámenes. Lo grave no es que tengamos un alto fracaso escolar sino que además este fracaso se produce con una exigencia muy baja. Y temo que, cuanto más lo bajemos, más fracaso habrá, porque enviamos la señal errónea. Pero la culpa no es sólo del sistema. Todos somos responsables, profesores y padres.

Uy... ¿exigencias a los padres?
La situación de España es la que queremos los ciudadanos. Nos negamos a reconocerlo pero sólo tenemos los problemas que elegimos tener. Nuestros políticos toman decisiones perniciosas, a menudo a sabiendas, no porque sean corruptos o incompetentes sino porque nos obedecen. ¿Los ciudadanos queremos más gasto público con impuestos bajos? ¿Pensiones con jubilación temprana y buena sanidad para alargar la esperanza de vida? Nos lo dan todo mientras puedan aumentar la deuda pública. Lo mismo con el empleo: como queremos proteger al empleado, nos dan la mayor protección de Europa. En consecuencia, nadie quiere tener empleados, y menos fijos, por lo que acabamos montando un régimen insensato de empleo temporal. Pero luego aborrecemos a los mercados cuando se niegan a prestarnos más dinero o cuando, pese a haber paro, las empresas evitan contratar empleados. Siempre olvidamos que dos no contratan si uno no quiere. Y cuando vienen mal dadas, nos revolvemos contra el político que tan sólo hizo lo que le pedimos. Buscamos excusas por doquier menos en nosotros mismos.

¿Con la educación pasa lo mismo?
Sí, en la medida en que echamos la culpa al sistema pero éste está en manos de los padres más activos. Se han ido imponiendo normas sociales de baja exigencia y es imposible salirse de ellas, excepto para quien pueda pagar un colegio privado o comprar piso en un barrio caro, que son los que tienen buenos colegios públicos. Así que aquellos que querrían mayor exigencia acaban rebajándola para adaptarse a la norma social, ya se trate de deberes, de horarios o de móviles. Necesitaríamos más libertad y competencia. Hoy, quienes prefieren una exigencia baja hunden a quienes preferirían exigencia alta. Debería suceder al revés.

Muchos titulados no encuentran trabajo.
Sí pero concentrados en carreras sin demanda, que incluso reducen su productividad. Simultáneamente, las empresas no encuentran personal para puestos cualificados y se quejan de la mala actitud de muchos jóvenes. Pero ¿qué hacemos? Decir que tenemos la generación mejor preparada.

¿No lo cree así?
Es un mito. Sirve para evitar responsabilidades. Quien cree que las nuevas generaciones están preparadas concluye que padres y profesores lo hemos hecho bien. Luego, cuando no encuentran el empleo que cree merecer, ya no culpa a quienes les educamos sino al empresario, al mercado o al Gobierno, por no crear mejores empleos, como si estos fueran sólo cosa de una de las dos partes.

¿Estamos creando una sociedad irresponsable?
Quizá haya algo de eso. En lugar de ciudadanos con deberes y derechos abunda el príncipe sólo con derechos. Es normal que una persona con dos o tres títulos se frustre cuando no encuentra un empleo que le satisface, pero debería preguntarse si no se habrá dejado engañar con esos títulos. Esa frustración abastece el populismo en el hijo pero también en los padres porque quieren creer que le han educado bien. Temo pensar cómo reaccionarían ante una crisis profunda.

Pero, ¿vamos hacia otra crisis? Según Rajoy, ya la hemos pasado.
Sí, pero a nuestro modo. Tenemos una deuda estratosférica y dependemos del apoyo de BCE. Es discutible cuánto de nuestro crecimiento es artificial y apenas hemos hecho reformas estructurales. La regulación laboral sigue siendo muy rígida y muchas instituciones disfuncionales. Y luego están todas las tensiones que vive Europa, además de la tentación proteccionista. Afortunadamente no caímos en el pro- teccionismo comercial durante la crisis. De haberlo hecho se habría agravado, como en los años 30. Si hubiera otra crisis, podría ser peor, porque hoy el riesgo de proteccionismo es mayor.

Se critican las políticas de derechas del PP.
España es de izquierdas y la política se adapta. El PP está a la izquierda de los partidos de derechas europeos. Y desde luego, muy a la izquierda del Partido Demócrata de EEUU. Respecto a sus reformas, la izquierda las critica y el propio PP presume de ellas, pero en realidad están casi por hacer. Supongo que el paripé nos tranquiliza porque sólo queremos reformas mágicas e indoloras.

¿La culpa de la crisis la tenemos los ciudadanos?
En democracia, ¡cómo no la va a tener el ciudadano! Nos cuesta mucho responsabilizarnos. ¿Qué gobernantes tenemos? Los que votamos. Pero las crisis no tienen culpables. De lo que sí somos culpables es de agravarlas, con nuestra imprevisión e indolencia.

Dicen que, con la robotización, en unos años se debería implantar la famosa renta universal.
No veo la conexión. Sí veo que nuestras leyes laborales llevan a preferir robots a empleados. Y que algunos quieren agravarlo poniéndoles impuestos a los robots. Supongo que exceptuarían los robots domésticos, como también hacen ya en lo laboral, pues el servicio doméstico sí que está liberalizado. Es la hipocresía más reveladora de nuestro falso izquierdismo: protegemos al empleado excepto cuando somos nosotros los empresarios.

El liberalismo económico apenas se ha aplicado.
Hace unos 150 años sí se hizo una política liberal, de la que aún vivimos, pues fue entonces cuando se pusieron los cimientos del Estado moderno. A finales del XIX se inicia una regresión que llega a su culmen en los 40. Luego, se empieza a liberalizar con el plan de estabilización y la entrada en la Unión Europea, pero lo hemos dejado a medias.

¿Por qué tiene mala prensa la globalización?
Porque los miles de millones que ha sacado de la pobreza no nos interesan. Nos gratifica apadrinar a un niño con nombre y cara, pero que ese niño se eduque, se valga por sí mismo y compita con nosotros, eso ya nos gusta menos. Queremos consumir productos baratos pero que nuestros propios servicios sigan siendo caros.

A los políticos de Ciudadanos no se les cae de la boca lo de las puertas giratorias.
Eso, ¿no era más de Podemos? En todo caso, también a eso se le da un tratamiento maniqueo. Se habla mucho de puertas giratorias con la empresa pero poco de las que hay con la Administración. Para un profesional, saltar a la política tiene unos costes tremendos. En cambio, un funcionario no sólo recupera su plaza con antigüedad sino que cobra un extra vitalicio. Hemos llenado la política de burócratas. No se extrañe de que sólo sepan tratarlo todo con el BOE. O de que en el ámbito judicial surjan graves conflictos de intereses.

¿Qué le parece que de Amancio Ortega se critique hasta su altruismo?
Lo de Amancio Ortega es sangrante, no tanto por la envidia como por el desprecio que suscita. Fíjese que mucho intelectual sigue creyendo que nuestro Ortega importante es un filósofo. Además, un filósofo que lideró un populismo intelectual pernicioso, que primero encendió la hoguera y luego se lavó las manos. Y la extrema izquierda no traga que alguien se haga rico sirviendo a los demás. Parecen detestarle más que a los corruptos.

¿Qué papel juega la prensa?
La privada, el de correa de transmisión. Distribuye lo que le demandamos. Quizá la concentración de la TV sea grave: permite a cada grupo ocupar todo el espectro de gustos e ideologías mediante canales extremados. Con canales independientes, tendrían que cubrir más mercado y serían menos extremistas. También es pernicioso el partidismo de los medios públicos, pues sirven a una minoría.

¿Cómo ve el problema catalán? Puigdemont ya ha puesto fecha al referéndum.
Complicado. No es sólo que la independencia sería traumática sino que los planes que se han filtrado describen un Estado autoritario y sin separación de poderes.

¿Y cree que eso menguará el apoyo?
Sí. Quizá por eso los han desmentido, pero sin dar explicaciones y manteniendo el secretismo.

¿A qué se debe el repunte del independentismo en los últimos años?
Al éxito de las películas de buenos y malos, que se usan en las crisis para copar el poder. Con el agravante de que esa historia falsa se ha pagado con dinero público. El famoso suflé del independentismo no es transversal. Los datos muestran que se concentra en quienes, además de hablar catalán en casa, se informan a través de medios dirigidos por la Generalitat. El president Tarradellas lo vio venir. Ya en 1981 advirtió de que las políticas de Pujol eran nocivas porque dividían a los catalanes. Han pasado 36 años y estamos muy divididos.

¿Ve factible que se llegue a algún acuerdo?
Un buen acuerdo es difícil porque debería impedir que, como los anteriores, sirva para seguir desuniéndonos. ¿Cómo se garantiza eso?

Se habla de plurinacionalidad.
Sería inútil pactar sobre palabras que cada uno entiende de forma distinta. Sólo se generaría más conflicto.

Es usted pesimista...
No me veo pesimista sino realista. El optimismo infundado es el refugio del oportunista, del vendedor de magia. Podemos solucionar nuestros problemas, pero las soluciones no son gratis y requieren el esfuerzo de todos, empezando por reconocer cada uno nuestra propia responsabilidad.

Los ingenieros de Franco o la construcción del Régimen

Este libro el contribuye a demoler la habitual imagen fija y monolítica del franquismo.
Iván Vélez Libertad Digital 17 Junio 2017

Sin que el Presupuesto para 2017, aprobado tras las clásicas cesiones ante el chantaje desnacionalizador, tenga habilitada una partida destinada al efecto, el pleno del Congreso aprobó recientemente la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Hasta que la ceremonia se consume, la sesión, amparada en la zapateril Ley de Memoria Histórica no derogada por el Partido Popular, obtuvo uno de sus principales objetivos, el aislamiento de un PP que, opuesto en principio, se abstuvo después. La iniciativa se encuadra dentro de una estrategia de marcado iconoclasmo cuyo fin último es la realización de una verdadera damnatio memoriae. No obstante, mientras placas y cruces son eliminadas, la España que se fue larvando durante el tardofranquismo prosigue desarrollando su ortograma, basado en el papanatismo europeísta y un indigenismo de consumo interno que eleva artificiosas fronteras y encapsula bolsas poblacionales bajo el yugo de las señas de identidad. En tal contexto, el franquismo, visto bajo el prisma del fundamentalismo democrático, queda simplificado como una dictadura atroz. Una época dominada por el puño de hierro de un militar que murió sin ser derrocado por el pueblo oprimido, circunstancia que debería hacer reflexionar sobre el papel desarrollado por tal pueblo durante casi cuatro décadas.

Frente a la visión descrita, de marcado maniqueísmo, transcurrido un tiempo histórico similar al del propio régimen, van a apareciendo estudios que miran más allá de los tres clásicos poderes –ejecutivo, legislativo y judicial– para adentrarse, nunca mejor dicho, pues nos disponemos a hablar del territorio, en otras áreas del poder no menos trascendentales. La capa basal de las sociedades políticas, es decir, allí de donde residen las energías y recursos que las mantienen y las hacen viables. Ese es sin duda el terreno que ha roturado con acierto Lino Camprubí Bueno en su reciente libro Los ingenieros de Franco. Ciencia, catolicismo y Guerra Fría en el Estado franquista (Ed. Crítica, Madrid 2017).

Un libro que defiende una tesis indigerible en determinados ambientes fuertemente ideologizados: que el franquismo no se limitó a tener a un conjunto de ingenieros, investigadores y científicos al servicio de yugos, flechas y crucifijos, sino que tal contingente de personas, aglutinadas alrededor de una serie de instituciones, fue constitutivo, artífice de un modelo político que debía enfrentarse a la reconstrucción de una nación devastada por la guerra y al establecimiento de relaciones con las naciones no comunistas bajo la atmósfera nuclear de la Guerra Fría. Esta es, pues, la tesis fuerte de una obra que debe enfrentarse a conceptos como el de autarquía –conectado a la industrializadora figura de Maeztu, pero también a la del padre Pérez del Pulgar– o el de tecnocracia –comúnmente tenida como neutra–. En definitiva, el libro contribuye a demoler la habitual imagen fija y monolítica del franquismo, encubridora de una realidad marcada por la presencia de grupos enfrentados entre sí. Al cabo, tal periodo histórico, tan afecto al esencialismo, sólo pudo sobrevivir gracias a su constante transformación.

El franquismo no se limitó a tener a un conjunto de ingenieros, investigadores y científicos al servicio de yugos, flechas y crucifijos, sino que tal contingente de personas, aglutinadas alrededor de una serie de instituciones, fue constitutivo, artífice de un modelo político que debía enfrentarse a la reconstrucción de una nación devastada por la guerra y al establecimiento de relaciones con las naciones no comunistas bajo la atmósfera nuclear de la Guerra Fría.

Los ingenieros de Franco, tras contextualizar la época a la que se enfrenta, analiza las conexiones entre laboratorios e Iglesia dentro de una España gobernada por quien aureolaba su efigie con el lema "Caudillo por la Gracia de Dios". Tal circunstancia, que invita a extraer la consecuencia negrolegendaria de la imposibilidad del desarrollo de las ciencias en semejante contexto, no impidió que fueran gentes del Opus Dei quienes erigieran una particular ciudadela: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Tratando al respecto de las transformaciones del territorio, Camprubí presta especial atención al material que protagonizó una época de enormes construcciones: el cemento al que consagraron sus investigaciones los Caballeros del Dodecaedro, el grupo que, capitaneado por Eduardo Torroja, trabajaba junto a las geométricas formas del silo del Instituto Técnico de la Construcción y del Cemento, tan involucrados en la economía política que permitió la construcción de numerosos asentamientos de posguerra, pero también la de un amplio conjunto de actuaciones cerradas por las presas que sirvieron para trazar la caricatura de Paco el Rana. No descuida la obra asuntos tan sensibles como los relacionados con las energías –carbón, petróleo, nuclear–, ni conflictos tan importantes durante el franquismo como los referentes al Sáhara Occidental o al Peñón de Gibraltar. En ambos casos el autor ofrece claves a menudo no detectadas, la de los fosfatos en el primer caso y la de la oceanografía militar en el segundo. El libro rastrea también la transformación de un espacio cinegético aristocrático como Doñana en un paisaje emblemático de la nueva visión, la medioambiental, que se arroja sobre los espacios llamados naturales.

Queremos cerrar este sucinto comentario refiriéndonos a la página 133 de la obra de Camprubí. En ella figura una poderosa y simbólica fotografía: la de un arca repleta de arroz, el "arroz de la Victoria". Tras los vidrios de la caja puede verse el cereal, tan frecuente en la iconografía de la época. El arroz allí contenido atesoraba el componente heroico de haberse recolectado en el Levante rojo, "bajo las bombas enemigas para gloria de España". Sería precisamente ese arroz el que serviría para desarrollar el programa de selección de semillas que configuraron las actuales marismas del Guadalquivir. Hoy en paradero ignorado, el arca, cuya estructura incorpora el escudo de España con el águila de San Juan, los lemas Plus Ultra, Una, Grande, Libre y el clásico Victor, constituiría un ansiado fetiche tanto para los nostálgicos como para los rigoristas de la Memoria Histórica, que acaso se aprestarían a destruir tan exaltador receptáculo.

Frente a una interpretación de la Historia marcada exclusivamente por la fuerza de las ideologías, aquella ligada al animal fanatismo del requeté recién comulgado, el arca, no obstante su evidente simbolismo, ofrece una vía de marcado realismo, aquella que conecta a la acción política con el territorio que la hace posible.

Foro de la Sociedad Civil
La educación no admite componendas
Jesús Banegas vozpopuli.es 17 Junio 2017

Venimos padeciendo en España un fracasado sistema educativo progresista que mediante la rebaja o eliminación de los controles y pruebas de esfuerzo, está consiguiendo que los niños y adolescentes pasen por su periodo formativo sin sufrir “traumas” como los suspensos o la repetición de cursos, o todavía peor la exteriorización de las desigualdades naturales ya que es contrario a que los mejores, sea cual sea su extracción social, puedan sobresalir y progresar.

Por otra parte, como en la educación básica y media no se establecen los filtros pertinentes, el problema se traslada a la Universidad, que ya está sufriendo la llegada a sus aulas de alumnos muy cercanos al analfabetismo funcional.
Ha sido noticia estos días un pacto sobre la educación entre los partidos políticos que consagra un supremo disparate: obtener el título de la ESO con asignaturas sin aprobar. Los partidos implicados deben creer que un pacto –tal es su absurdo crédito social– por definición es bueno, incluso si es para empeorar las cosas.

Hace poco supimos que en Andalucía su Consejería de Educación, contra el criterio del centro educativo, resolvió aprobar con un 2 a un alumno por “su madurez y progresión”. Hemos visto también manifestaciones de padres y docentes oponiéndose a los deberes y las reválidas y es frecuente que los medios de comunicación recojan argumentos coincidentes firmados por los máximos responsables de nuestro vigente –y fracasado– modelo educativo, que en vez de estar arrepentidos de nuestra mala educación se manifiestan en contra de las evaluaciones del nivel de conocimiento de los alumnos porque ello llevaría a incrementar la competencia entre ellos; como si competir en conocimientos no permitiera compartirlos! La tesis central de estos pedagogos –que dicen saber cómo se enseña lo que ellos no saben– es que la función principal de la educación es la igualdad social y no el aprendizaje.

El abandono escolar no se va a paliar haciendo rebajas, sino justamente lo contrario: inculcando desde pequeños el hábito de trabajo y el de hacer las tareas escolares todos los días, se esté motivado o no.

Una buena –es decir, rigurosa– educación moral y de contenidos es la mejor esperanza para un pleno desarrollo humano, económico y social, como atestigua el sentido común y los resultados obtenidos por las naciones a lo largo de la historia; algo que da vergüenza tener que recordar.

Nuestro actual nivel de paro está asociado con trabajadores de muy bajo nivel educativo, carentes por tanto de capacidades profesionales útiles al mercado de trabajo. El desempleo es a su vez el primer determinante del nivel de desigualdad económica de cualquier país. La gran paradoja del sistema educativo español es que estando orientado a la igualdad social termina cosechando justamente lo contrario, la segregación de los peor educados y una consecuente mayor desigualdad.

La igualdad por decreto impide que los hijos de las familias mas desfavorecidas que son inteligentes y trabajadores puedan desarrollar sus capacidades: en nuestro sistema se hubieran perdido Gauss, Kant, Copérnico….y tantos otros sabios procedentes de familias humildes.

La educación, en las sociedades abiertas, es el mejor y más legítimo ascensor social que existe; pero para ello es necesario que el sistema esté concebido para permitir que los mejores destaquen y no lo contrario. La pasión por aprender debiera ser el primer valor inculcado en las familias y luego desarrollado en la escuela.

Lamentablemente, un significativo número de padres defiende, incluso con violencia, que sus hijos no deban pasar pruebas, tal vez pensando que en la vida adulta tampoco las van a tener que pasar; lo que ya se observa en las generaciones de los “milenials” desconcertados precisamente por el descubrimiento de que la ultraprotección paternal no alcanza al mundo laboral.

Los padres, los docentes y los políticos que están en contra del rigor educativo están condenando a una buena parte de la población a una especie de “apartheid” que les restará oportunidades de realización profesional y personal que sólo están al alcance de quienes han sido educados en un sistema exigente; es decir, como la vida misma.

Los miembros de este “apartheid” tienden –necesariamente- luego a lo largo de su vida a perder el sentido de la responsabilidad personal y por tanto su libertad individual haciéndose cada vez más dependientes del Estado; justamente la pretensión última de los ideólogos progresistas.

Aunque los defensores de esta nueva versión del “buen salvaje” rousseauniano pudieran ser mayoría, la educación, como cuestión crucial para el futuro de nuestro país debe ser debatida con “luz y taquígrafos” en vez de tratada mediante componendas de los partidos políticos.

En España es hora de afrontar la educación como en Suecia, que después de cosechar un fracaso equivalente al nuestro, hace tiempo que está reorientando su sistema para imitar las buenas prácticas de Finlandia, el único país europeo que disputa a Asia –Singapur, Corea del Sur y Taiwan– el liderazgo educativo mundial.

Cuando el Banco de España audita al Banco de España
John Müller elespanol 17 Junio 2017

“No tengo ninguna razón para pensar que el Banco de España no actuase en función del interés general y respetando la normativa vigente en cada momento. Pero esto no quiere decir, naturalmente, que acertase siempre”. Con esta frase, Luis María Linde, gobernador del Banco de España, respondía a las críticas del diario El País sobre el controvertido papel jugado por el Banco de España (BdE) durante la crisis en un artículo en ese mismo diario.

Esta buena disposición de Linde a explicarse en febrero pasado se tradujo en una decisión de la Comisión Ejecutiva del BdE que encargó pocos días después un informe que debía ofrecer “una visión conjunta de cuál fue la actuación del Banco de España en el periodo 2008-2012”.

El informe se ha publicado este 16 de junio y fue supervisado por el consejero del banco Fernando Eguidazu, técnico comercial del Estado y ex secretario de Estado para la Unión Europea con el ministro García-Margallo. En él, sin embargo, no hay rastro de la buena disposición anunciada por Linde para explicar en qué ocasiones el BdE no acertó o cuando no adoptó las decisiones óptimas por culpa de restricciones políticas e institucionales o deficiencias de información, como había avanzado en su artículo en El País.
Instrumentos que "resultaron insuficientes"

El documento ha tenido un gran eco porque cifra en 60.613 millones de euros el coste del rescate bancario para los contribuyentes por todos los conceptos. Esta cifra es provisional porque Bankia aún no ha sido privatizada y la Sareb, el “banco malo” tampoco ha terminado su misión. Sin embargo, lo que ya es definitivo es que en él no hay una sola autocrítica, más allá de señalar que los instrumentos de supervisión que existían cuando se produjo la crisis “resultaron insuficientes”, sobre el papel de la entidad supervisora.

Esta ausencia de crítica, que la entidad dice que no estaba contemplada en el encargo original -aunque el artículo de Linde hacía pensar que así sería-, demuestra la complejidad de los equilibrios de poder internos del BdE, la incapacidad de determinados segmentos profesionales para asumir las normas de transparencia en una entidad que llevaba en su ADN hasta hace poco el secretismo y la discreción, y la debilidad de quienes desearían modernizar la institución.

La auditoría de la AIReF
Un hecho absolutamente casual ha venido a poner de manifiesto la insuficiencia del informe y su aspecto old fashion. Casi al mismo tiempo que se publicaba en la web del BdE su documento, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) anunciaba que se someterá a una evaluación externa independiente practicada por cinco expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). José Luis Escrivá, presidente de AIReF, se había comprometido a ello en su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados en febrero de 2014.

“La realización de este tipo de evaluaciones externas e independientes es una práctica que se va extendiendo entre las instituciones públicas y, de hecho, se enmarca dentro de las buenas prácticas recomendadas por los organismos internacionales”, afirma la AIReF en su nota de prensa.

Si la evaluación de la OCDE sobre la AIReF no incluye críticas, no será por la falta de independencia de la propia AIReF para autoevaluarse. Quizá lo que Linde debió hacer en este caso era encargarle el informe a otro organismo.

Lo que Rüdiger Safranski piensa de la prensa actual
www.latribunadelpaisvasco.com 17 Junio 2017

Según recoge Hermann Tertsch en su cuenta de Facebook, “en una una memorable entrevista que le publica ‘Die Neue Zürcher Zeitung’ con motivo de haber recibido el Premio Borne, el escritor, historiador, biógrafo y pensador Rüdiger Safranski, uno de los más importantes intelectuales alemanes vivos, expone sus puntos de vista sobre la actual crisis europea, la sociedad abierta, la cultura occidental y las amenazas que sobre ella se ciernen".

1. "Los periodistas no escriben lo que piensan porque creen que podrían empeorar la situación. Escriben lo que les gustaría que fuera cierto porque eso en su opinión es una aportación genuina a la convivencia civil. Todo ello con muy buena intención. Pero cuando se hace pedagogía en vez de periodismo la cosa no puede acabar bien porque el lector al fin y al cabo no es imbécil".

"La pedagogía al servicio de la supuesta bondad por parte del periodismo lleva en mi opinión a una actitud de subordinación sin siquiera haber sido ordenada. De repente hablan todos como la asamblea de la iglesia evangélica.(...) Percibo que los periodistas han interiorizado una presión a acatar una normativa (en su narrativa). Fue especialmente grave en plena crisis de refugiados. En Alemania, el Gobierno y los medios entonaron de forma unánime la bonita canción de la cultura de la bienvenida al refugiado. Las posiciones conservadoras se han convertido en la actualidad casi en impensables. Se impone una socialdemocratización que todo lo cubre. Si alguien por ejemplo dice que el estado nacional es el modelo del futuro porque los formatos mayores, como ha demostrado la UE, generan por necesidad un déficit democrático, uno ya es catalogado como de derechas. Y quien es de derechas hoy en Alemania es populista de derechas, luego radical de derechas, es decir extremista de derechas, y por tanto nazi. Así están los delirios de equiparación actualmente en la opinión pública alemana".

"U otro ejemplo, Si usted dice que las sociedades que reciben demasiados extranjeros en muy poco tiempo pierden su coherencia interior y pierden sus cualidades, es decir si usted repite esta verdad de Perogrullo, es tachado de inmediato de inhumano o racista cultural como se dice hoy".

40 años no es nada
Fernando Díaz Villanueva vozpopuli  17 Junio 2017

Podremos quejarnos del régimen del 78 todo lo que queramos, pero eso no elimina lo esencial: nosotros somos el régimen del 78, más aún si cabe que los españoles que acudieron a votar el 15 de junio del 77 eran el franquismo porque a ellos nunca les habían dejado votar.

El cuarenta aniversario de aquellas elecciones seminales del 77 se ha recordado con menos alharacas que en otros aniversarios redondos. Tiene lógica. Cada vez queda menos gente con vida que fue a votar ese día y la Transición, por mucha veneración que le hayan dedicado desde el poder, no tiene entre nosotros el carácter fundacional de las declaraciones de independencia o las guerras de liberación.

Es normal que así sea porque, por mucha épica que hayan querido ponerle después, la Transición fue como los cambios de ancho de vía que tan comunes son en los ferrocarriles españoles. Se entra lentamente en el cambiador por ancho ibérico y tras dos vaivenes muy suaves se sale en ancho internacional. Luego el convoy continúa su marcha sin que la mayor parte de pasajeros hayan siquiera notado que ruedan por un ancho distinto.

La España de hace cuarenta años era diferente a la de hoy, pero no tanto como nos quieren hacer creer. En 1977 se había producido ya la metamorfosis económica que durante la década de los sesenta alumbró un país desarrollado y fiable, del primer mundo, plenamente integrado en el comercio internacional y que convivía pacíficamente consigo mismo y con sus vecinos.

Se había culminado asimismo el cambio en las mentalidades. El salto cuántico se produjo entre nuestros abuelos y nuestros padres, entre los que hicieron la guerra y sus hijos, no entre nuestros padres y nosotros. A pesar de la radicalización ideológica de la época y de que las bengalas de mayo del 68 llegaron hasta aquí con retraso, la España que entierra a Franco es un país esencialmente tranquilo en el que nunca pasaba nada. Precisamente por eso atraía como un imán la inversión extranjera y a turistas de toda Europa por millones cada verano.

Los personajes de las películas de José Luis Garci, director fetiche de la Transición, nos son muy familiares y muchos de ellos podrían ser trasladados sin esfuerzo a nuestros días. El detective Germán Areta no desentonaría en el Madrid de hoy y José Rebolledo, el padre de familia angustiado por el consumismo, las letras y el qué dirán de “Las verdes praderas” tiene hoy infinidad de émulos en las urbanizaciones del extrarradio. La sociedad española de los setenta, en suma, era una sociedad moderna y madura con todas las taras y miserias de las sociedades modernas y maduras, pero también con su transigencia, su dulzura y su dejar vivir. No muy diferente, por lo demás, a la de Francia o Italia, que son los dos países europeos más parecidos al nuestro.

Por eso, más que posible, la Transición fue inevitable. El político fue el último cambio en llegar cuando todo lo demás ya se había dado la vuelta. No es extraño. La política siempre llega tarde, siempre va a remolque de la sociedad y cuando se pone en vanguardia mal asunto porque significa que un grupo de iluminados van a rediseñarlo todo a su antojo.

El franquismo, de hecho, se fue adaptando a lo largo de sus casi cuarenta años de historia a las circunstancias cambiantes de su tiempo. Esa flexibilidad posibilitó que se transformase suavemente en otra cosa. En el depósito místico del franquismo, el espíritu del 18 de julio que se decía entonces, no creía casi nadie. La prueba la tenemos en la votación en las Cortes de la Ley para la Reforma Política del 76. De 497 procuradores solo 59 votaron en contra.

Al igual que la república no tenía republicanos, el franquismo resultó que no tenía franquistas. Queda en el aire la cuestión de si el régimen del 78 tiene auténticos partidarios o se subvertirá como los dos regímenes anteriores. No lo sabremos hasta que suceda. Si es que sucede.

Los orígenes del sistema actual no fueron una espantada del Rey o una guerra, sino algo tan prosaico y asquerosamente aburrido como un apaño pacífico y a puerta cerrada entre la aristocracia franquista y los prebostes de la oposición democrática. De ese compromiso nació la actual partitocracia que, aunque desprestigiada e impopular, se percibe en la calle como un mal menor. ¿Acaso no hay algo idéntico o muy parecido en Alemania, en Francia o en Holanda?

Si preguntásemos al español de a pie nos diría que sí, que hay que hacer algunas reformas, pero esas mismas reformas tendrían que llevarlas a término los mismos que luego se verían perjudicados por ellas. Un caso de manual de pescadilla mordiéndose la cola. A los políticos podemos pedirles desvergüenza, de eso andan sobrados, pero no heroicidades.

Claro, que la reforma podría llegar por las bravas y no ser reforma propiamente dicha sino ruptura. Pero los españoles de hoy, como los de hace cuarenta años, hijos de un país próspero y ahora, además, envejecido, no están para soluciones drásticas. Quizá algunos las acariciaron cuando la crisis arreciaba pero ya se han olvidado. Ahí tenemos a los enragés de Podemos, que se quedaron muy lejos de la puerta de acceso al poder dos veces consecutivas.

En esto la España de 2017 también es muy parecida a la de 1977. Con la diferencia de que entonces el régimen franquista se sentía ilegítimo mientras que el actual no. Está desmejorado y presenta un aspecto macilento pero no está acabado. La prueba la tenemos en que, a pesar del Sinaí que hemos atravesado en el último lustro, la vía constituyente no ha encontrado el suficiente eco. Luego todos los que lo intenten tendrán que ocultarse dentro del caballo de Troya de la reforma tal y como se hizo en el 76.

En aquel entonces funcionó pero no porque nuestros padres fuesen tontos, sino porque estas cosas funcionan casi siempre. A nadie le gusta que le digan a la cara que ha estado apoyando a un régimen bastardo desde su misma concepción o que no hizo nada para luchar contra los abusos del poder. Podremos quejarnos del régimen del 78 todo lo que queramos, pero eso no elimina lo esencial: nosotros somos el régimen del 78, más aún si cabe que los españoles que acudieron a votar el 15 de junio del 77 eran el franquismo porque a ellos nunca les habían dejado votar. Desde entonces nos hemos hartado de desfilar delante de las urnas.

El PCE que asomaba tímidamente la cabeza desde la clandestinidad entendió a la perfección de qué iba la cosa. Carrillo, que llevaba solo unos meses paseando por la calle, advirtió que el país al que había regresado era muy distinto a aquella España rota por dentro y devastada por fuera de 1939. No había colas del pan ni desertores andrajosos volviendo del frente. Había clase media, pisito con terraza, vacaciones pagadas y coche en cómodos plazos. El ascensor social funcionaba. Así no había modo de hacer la revolución.

No estamos muy lejos de cómo nos encontrábamos entonces. Hay menos niños, cierto, el país ha terminado de modernizarse y se ha incorporado al mercado mundial, pero lo que movía a nuestros padres era lo mismo que nos mueve a nosotros. Simplemente porque en esencia sigue siendo el mismo país. 40 años, esta vez sí, no son nada.

Verdades al servicio de una mentira
Que han irrumpido en la escena política unos nuevos protagonistas, como Podemos, está fuera de toda duda, pero ¿su condición de tales garantiza que entiendan aquello que protagonizan?
Manuel Cruz elconfidencial 17 Junio 2017

Hace algunos años, un diario de Madrid publicó, como si de una revelación exclusiva se tratara, la transcripción de unas grabaciones de un alto cargo que dejaban en muy mala posición al gobierno al que pertenecía. La revelación parecía escandalosa hasta que algún lector cayó en la cuenta de que esa misma transcripción ya había sido publicada ¡por el mismo diario! tiempo atrás. Preguntado su director por esta circunstancia, proporcionó una respuesta ciertamente llamativa: "Es que me parecían muy importantes". Una respuesta solo comparable a la de Camilo José Cela cuando volvió a leer en un curso de verano –y cobrando una tarifa ciertamente sustanciosa– el mismo discurso que había leído en Estocolmo con motivo de la recepción del Premio Nobel de Literatura: "Es que sigo pensando lo mismo", fueron sus palabras entonces.

No les voy a ocultar mi sensación conforme iban transcurriendo las largas horas que duró la moción de censura celebrada esta semana en el Congreso de los Diputados: el rostro de Pablo Iglesias iba mutando hasta adquirir un extraordinario parecido con el de Antonio Hernández Mancha. Era un efecto óptico, sin duda, derivado del proceso de 'hernandezmanchización' que iba experimentando el candidato conforme pasaba de un largo monólogo, aplaudido con el entusiasmo de ordenanza por sus correligionarios, a la confrontación con las preguntas de los representantes del resto de grupos parlamentarios. Fue entonces cuando, a mi juicio y por utilizar una imagen gráfica, el candidato empezó a chapotear en su propio discurso.

Habrá que empezar diciendo que en modo alguno se trata de cuestionar lo merecido que tiene el gobierno del PP no solo las críticas que le plantearon tanto el candidato como la portavoz que le precedió en el uso de la palabra, sino también las que añadieron de su cosecha otros portavoces. Pero justificar el hecho de haber presentado una moción de censura con el argumento de que la corrupción ha alcanzado unos niveles insoportables y relatar a continuación un listado de casos que se remonta hasta 2009, no puede por menos que generar perplejidad, cuando se trataba de echar a un gobierno que lleva pocos meses ejerciendo de tal. De la misma manera, ofrecerse como candidato a presidente de gobierno y responder, cuando se le reprochaba la inexistencia de un programa de gobierno en sentido propio, describiendo los logros de las capitales en las que ocupan las alcaldías, como si el programa que se presenta para unas municipales y el que se presenta para unas generales fueran idénticos, también genera sorpresa.

La cosa no acaba aquí. Replicar a cualquier reproche que se le formulaba al candidato con un "curioso: le aplaude el PP" o argumentos similares se puede afirmar, sin temor a ser acusado de caricaturización, que es más propio de un tertuliano que de alguien que aspira a ser presidente del gobierno. Vale la pena subrayar que la réplica del candidato implicaba dar por descontado que lo único que importa es quien aplaude, no, por así decirlo, lo aplaudido, asunto este último que parecía traerle sin cuidado. Y a propósito de argumentación: utilizar la expresión "parasitar" como si en sí misma contuviera una descripción (además de una demoledora valoración), esto es, dando por supuesto lo que habría que demostrar, no deja de ser una variante de logomaquia.

Podríamos proseguir, sin mayores esfuerzos, y cada observación mostraría otro flanco débil del candidato. Así, reivindicar un supuesto 'auténtico' patriotismo con el único argumento de que los adversarios que también lo reivindican para sí no lo son de verdad (puesto que tienen una cuenta corriente en un banco suizo con abundantes cantidades de dinero) no deja de ser una forma de esquivar a qué viene la recuperación de un término de evocaciones tan siniestras. Ya sé que en ocasiones los que ahora lo reclaman como si constituyera una aportación teórica han propuesto hablar del "patriotismo de los servicios sociales", pero es de suponer que eso significará algo más (u otra cosa) que la sugerencia de que, a partir de ahora, en el frontispicio de los ambulatorios de la Seguridad Social se coloque la conocida leyenda 'Todo por la patria'. No se trata de una cuestión banal, especialmente si se tiene en cuenta que en más de un momento el candidato planteó la identificación, sin duda estupefaciente, entre patriota y demócrata.

Aunque tal vez merezca la pena prestar alguna atención a otro supuesto, algo menos explicitado. Afirmar, como se hizo en la intervención que precedió a la del candidato, que con esta moción de censura "se abría paso la democracia" obliga a una reflexión un poquito seria sobre lo que hemos estado haciendo exactamente estos últimos cuarenta años. El apoyo entusiasta de ERC a la moción de censura induce a pensar que tanto esta fuerza política como aquella otra de la que es líder el candidato comparten idéntica valoración de lo que tenemos.

El actual reino de España, según dicha valoración, conectaría directamente con nuestras monarquías decimonónicas, y de ellas habría heredado todos los defectos (del turnismo a la corrupción, pasando por el clientelismo y todo un catálogo de calamidades) sin que la Constitución hoy en vigor hubiera introducido modificaciones suficientemente significativas. ¿Se estaba sosteniendo con ello que vivimos en un régimen autoritario, como afirmaba hace pocos días en un acto multitudinario en Barcelona Pep Guardiola?, ¿que nuestra democracia si a alguna es homologable es a la turca, según ha declarado Puigdemont?, ¿o simplemente habría que definirla como una democracia de baja calidad, como gusta de repetir Artur Mas? Menciono estos paralelismos porque la ausencia del menor comentario por parte del candidato al autogobierno del que gozan las comunidades autónomas parecía indicar que estaba asumiendo acríticamente y al completo los planteamientos de los independentistas catalanes al respecto, con la desdeñosa alusión al tópico del "café para todos" en lugar destacado.

De momento, lamento tener que decir que no alcanzo a vislumbrar los motivos para encarar lo que se nos viene encima con optimismoNo creo que haya en las reservas planteadas asomo alguno de exageración por mi parte. El lenguaje de la portavoz de Podemos evocaba intencionadamente el del antifranquismo, con referencias no solo al dictador sino también a Carrero Blanco, como si ambos fueran de alguna manera referentes que merecieran estar presentes en el actual debate político. Por no hablar de las evocaciones 'epicoides' de esta misma portavoz a Gabriel Celaya, visto que las inspiradas por Lluis Llach, vigentes hasta ayer mismo en actos públicos de esta formación política, parece que ya no resultan particularmente oportunas tras las desafortunadas manifestaciones recientes del cantautor.

No se trata, convendrá subrayarlo, de censurar el hecho de que algunos de estos jóvenes hablen como si fueran viejos progres. Se trata de si esta manera de hablar da cuenta (o no) de la realidad que estamos viviendo. Que han irrumpido en la escena política unos nuevos protagonistas está fuera de toda duda, pero ¿acaso su condición de tales garantiza sin más que entiendan bien aquello que protagonizan? Es obvio que no porque si bastara con eso, ¿cómo dirimir, entre dos contemporáneos con visiones enfrentadas, quién entiende mejor lo que le pasa?

En todo caso, lo que queda claro es que, en vez de ofrecer respuestas satisfactorias a las preguntas que se le plantearon, el candidato, autoproclamado representante de una nueva era ("representamos el futuro", es una de sus frases favoritas), optó por corretear todo el tiempo –del mucho del que dispuso– por el espacio que separa la impostura del postureo (con desprecio a la totalidad de los representantes de la ciudadanía incluido: "España es mejor que sus políticos", llegó a afirmar en un alarde de demagogia). De momento y de seguir así las cosas, lamento tener que decir que no alcanzo a vislumbrar los motivos para encarar lo que se nos viene encima con optimismo.

Benigno Blanco: «España necesita una reforma del Estado a fondo»
Presenta hoy en el cine Capitol de Madrid un nuevo partido, que nace como una propuesta de movilización social para despegar en los procesos electorales de 2019
C.S. Macías. Madrid. La Razon 17 Junio 2017

Tienen ya su sede en la calle Ferraz, justo frente a la del Partido Socialista. «Ha sido mera casualidad», asegura. Su color es el amarillo mostaza, aunque aún queda por definir el logo. El objetivo es convertirse en un partido nacional con capacidad de gobernar. «Centrado en las personas» y convencido de que «otra política es posible» dice que los políticos de ahora olvidan las políticas reales, las de las personas. Benigno Blanco, el que fuera secretario de Estado en el ministerio de Fomento con Álvarez Cascos y hasta hace poco presidente del Foro Español de la Familia, es uno de los impulsores del proyecto, pero asegura que él no será el líder.

–¿Cuál son los ejes del nuevo partido?
–Diría que tiene como prioridades absolutas la reforma del Estado para que otra política sea posible. Menos partitocracia, menos egoísmos y generar más libertad y autonomías sociales. Pasión por la libertad; libertad en lo económico, en la educación, generar espacios de libertad en la gestión de lo público, protección de la familia...

–Se llaman «Proyecto Avanza». ¿Hacia dónde quieren avanzar?
–Hacía el futuro. Pero sobre todo una política centrada en las personas. No me parece admisible que el 50 por ciento de la juventud española esté desesperada en el mundo laboral porque no tiene trabajo o porque el que tiene es inestable. Ni tenemos que acostumbrarnos a la corrupción. La clase política está encerrada en sí misma. Queremos acabar con la partitocracia que cierra tantas posibilidades al pueblo español. Por esos nuestras prioridades son los jóvenes, las mujeres embarazadas, que haya más espacios de libertad. El intervencionismo en España es agobiante para cualquiera que quiera montar un negocio. Hay un exceso de administraciones públicas...

–¿Qué espacio político viene a ocupar?
–Creemos que hay un espacio en política que no está ocupado por nadie, porque nadie se ocupa de los problemas concretos de la gente. La sociedad bipartidista del s. XX ha muerto en toda Europa, y en España también. No nos dirigimos en concreto al electorado de ningún partido persistente. No pretendemos encasillarnos en ningún espacio concreto porque los problemas reales de la gente no son ni de derechas ni de izquierdas. Tampoco queremos ser un proyecto para reci clar a nadie de otros partidos.

–¿Quién va a ser el líder?
–No hay todavía, porque este no es un partido que surja para lanzar unas siglas o un líder concreto. Yo no lo voy a ser. Queremos que quienes vayan en las listas surjan del trabajo. Queremos movilizar en clave política a la sociedad civil y que de ahí salgan los líderes. No hay ningún tapado escondido.

–¿Qué características tiene que tener ese líder?
–Que sea una persona absolutamente honesta intelectualmente y económicamente. Poner por encima de todo los problemas reales de la gente. Una persona profundamente reformista. España necesita una reforma del Estado a fondo, porque la Transición se hizo hace 40 años y ahora toca hacer una segunda Transición. Que sea de mediana edad, que tenga cierta experiencia profesional, con formación altura de miras y empatía con la gente. La política de verdad hay que hacerla sirviendo a la gente y no sirviéndose así mismo.

–¿Avanza nace del desencanto con el PP por renunciar al proyecto de Gallardón contra la ley del aborto?
–En mi caso es un motivo subjetivo, por supuesto. Pero no estoy planteando sólo un partido que defienda la vida y la familia, que también, sino un proyecto político para España. La agenda política de Avanza tiene que ser la de todos los españoles, porque eso es tomarse en serio la familia.

–¿Le ha pedido el apoyo a Ruiz Gallardón o Mayor Oreja para que se incorporen?
–No, ni se lo planteado. Son amigos y hablo con ellos de muchas cosas, pero nunca les he pedido que se incorporen.

–¿Qué les diferencia de partidos como VOX o Ciudadanoss?
–En el caso de VOX, sobre todo sus últimas opciones políticas de aliarse con la extrema derecha europea. Avanza es un movimiento claramente europeísta. Eso no quita que haya muchas cosas del gobierno de Europa que no me gusten, pero no somos nacionalistas contra los demás países, creemos que es bueno que se vaya uniendo en esa libre circulación de personas, de mercancías, de colaboración entre los pueblos y en eso nos parece que Europa es una oportunidad. De Cs hay algunas cosas que me gustan. Ha puesto el acento con corrección en los problemas de los emprendedores, pero también creo que le faltan referencias humanistas respecto a las personas, que son muy importantes y de calado en política. Cs sigue hablando como la vieja política de grupos sociales sin tener en cuenta a la familia por ejemplo.

–¿Cuál es la fuente de financiación de este partido?
–Lo serán los propios militantes porque esto va as ser un voluntariado al servicio de la política. Para los gastos iniciales del proyecto tengo un pequeño grupo de amigos que han sido movidos por Antonio Torres (empresario) que se han hecho cargo de los gastos iniciales como pagar la sede. Si no tenemos el eco esperado, lo cerraríamos.

–¿Se frenará el desafío soberanista de Cataluña?
–Para Avanza es esencial el respeto al Estado de Derecho, no hay democracias ni libertades sin ello. La unidad de España es un valor moral para la paz civil y romper arbitrariamente eso e inadmisible. Por tanto referéndum, no.

–¿Qué le pareció la moción de censura?
–Si todas las horas que gastó Iglesias en un juego que sólo le interesaba a él, las hubieran gastado en analizar cómo echarle una mano a los jóvenes desempleados, creo que hubieran gastado el sueldo, al menos, en algo más eficaz.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
La factura del rescate, la mentira del Gobierno

El rugido del león elespanol 17 Junio 2017

Cuando en 2012 Luis de Guindos aseguró que el rescate bancario no costaría “ni un euro” muchos sospechaban que el ministro de Economía no decía la verdad. Lo que nadie podía imaginar entonces es que la factura de esa mentira iba a ser tan elevadacomo ahora se ha demostrado. El libro blanco sobre la crisis financiera del Banco de España ha desvelado que la reestructuración de cajas y bancos ha costado a los españoles la friolera de 60.613 millones de euros. En concreto, las ayudas ascendieron a 76.400 millones, de los que hasta ahora sólo se han recuperado 4.139 millones. Con suerte, si la venta de los activos propiedad del FROB cumple las expectativas, el dinero restituido podría ascender a 12.198 millones. El agujero de la los bancos y cajas de ahorros aumentó la deuda pública española en 50.312 millones. El balance del Banco de España, que debe servir de documento base a la comisión parlamentaria de investigación sobre el rescate bancario, no sólo cifra el altísimo coste de la reestructuración. También confirma el fallo estrepitoso del propio regulador a la hora de supervisar, inspeccionar y buscar soluciones a la crisis.
Relato autoindulgente

El relato que hace el organismo presidido por Luis María Linde pone el énfasis en que la reestructuración de entidades como Bankia, Catalunya Banc, Novacaixagalicia y Banco de Valencia cumplió el objetivo de salvar el sistema financiero español del colapso. Sin embargo, resulta autoindulgente a la hora de explicar qué falló para que el que presumía de ser uno de los mejores sistemas financieros del mundo viera comprometida su solvencia tras la caída de Lehman Brothers.

El Banco de España admite que “faltaron instrumentos supervisores”, atribuye al contexto internacional la aplicación de “políticas monetarias laxas”, reconoce que la política económica para contrarrestar los desequilibrios causados por estas políticas “fue insuficiente” y advierte de que aún no hay “esquemas para identificar riesgos financieros de carácter sistémico”. Pero no hace autocrítica pese a que ha quedado demostrado que el regulador siempre fue a rebufo de los acontecimientos.
Préstamos temerarios

Es verdad que la crisis financiera era global y que en España se vio agravada por dos recesiones consecutivas. Ahora bien, no se puede obviar que el regulador implementó reglas excepcionales de tolerancia ante la morosidad y permitió que las cajas, controladas por los políticos, concedieran préstamos de manera temeraria. Es decir, no hizo bien su trabajo como no lo ha hecho tampoco ahora ante la crisis del Banco Popular.

El informe del Banco de España sobre el rescate financiero desvela que, además de volatilizar 198.000 empleos, la reestructuración bancaria ha costado muchísimo dinero a las arcas públicas. Esta evidencia da argumentos a quienes -demagógicamente- apuestan por disparar el gasto público para “rescatar personas en lugar de bancos”. También pone sobre la mesa la necesidad de valorar fórmulas de retorno a los ciudadanos del dinero empleado y demuestra que el ministro Luis de Guindos mintió a todos los españoles.

El PSOE confunde y se confunde

Editorial La Razon 17 Junio 2017

La clara posición constitucional del PSOE frente al proceso separatista impulsado por la Generalitat de Cataluña, que no sólo está recogida en la llamada Declaración de Granada, del 6 de Julio de 2013, sino en el acervo político e ideológico del socialismo español, no puede verse enturbiada por el empleo de una terminología, cuando menos equívoca, fruto de un tacticismo menor que demasiadas veces ha buscado en la equidistancia unos supuestos réditos electorales.

Aún hoy, cuando los separatistas catalanes han cruzado todos los límites del desafío, hay portavoces socialistas que insisten en mixtificar términos polisémicos complejos, como es el vocablo «nación», el adjetivo «plural» o la combinación de ambos, que en nada contribuyen a fortalecer la defensa de la soberanía nacional y la unidad de España, que es lo que está en juego. Por ello, y aunque nadie duda de que la nueva dirección del Partido Socialista, que este fin de semana celebra su XXXIX Congreso Federal, va a mantener tanto su compromiso con el modelo territorial consagrado en la Constitución como el declarado respaldo al Gobierno, que es inherente a un partido con sentido de Estado, hay que insistir en la conveniencia de que los dirigentes del PSOE aúnen conceptos y palabras frente a unos nacionalismos prontos a manipular y usar en beneficio propio cualquier portillo semántico que se le deje abierto.

La estrategia mantenida hasta ahora por el PSOE, en la que se insiste en una reforma de carácter federal e integradora de Cataluña frente al supuesto inmovilismo del Partido Popular, no sólo contiene una descalificación gratuita e injusta del adversario político, sino que se ha demostrado electoralmente inútil, como refleja la caída general del voto socialista en el conjunto de España y, especialmente, en la circunscripción de Cataluña. Incluso la misma esencia del modelo federal que proponen los socialistas no significa otra cosa que la igualdad entre quienes lo integran, que es, precisamente, lo que niegan los nacionalistas. De ahí que nos parezca un error la insistencia del nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en mantener un concepto como el de la «plurinacionalidad» que no tiene encaje constitucional, ni siquiera funcionalidad política, y que, como ya ocurrió con el preámbulo del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, enmendado posteriormente por el Tribunal Constitucional, sólo sirve para aportar confusión.

Más aún, cuando en la propia Declaración de Granada, ya referida, el Partido Socialista reivindica el actual modelo autonómico español como un éxito, tanto por su contribución decisiva a la consolidación de la democracia, como motor del progreso y la cohesión de España. Lo que en la Declaración del Consejo Territorial del PSOE se describe como –en cita textual– «el instrumento más eficaz de vertebración nacional y cohesión social» y uno de «los pilares más sólidos de la unidad de los pueblos de España», como es el Estado autonómico, merece una referencia adecuada en las decisiones del Congreso Federal. En este sentido, en la Constitución española están claramente definidos los términos de la nación política, que es la representada por la soberanía del conjunto del pueblo, frente a conceptos «nacionales» que podríamos encuadrar en la diversidad cultural, lingüística o tradicional de las distintas comunidades que integran la nación española. Ni existe ese pretendido «Estado plurinacional» que proclama Pedro Sánchez–que sólo se recoge en la Constitución de Bolivia y desde un punto de vista étnico y racial– ni es de eso de lo que se está tratando con el separatismo catalán.

Más grotesco que un sainete
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 17 Junio 2017

Llega un momento en que el observador que sigue las alternativas del proceso secesionista desde una atalaya racional se harta de refutar mentiras y necedades y de contrarrestarlas con argumentos bien fundamentados. Cede entonces a la tentación de poner punto final a la desigual controversia, ridiculizando a los lenguaraces de la charlotada y rebajándolos a la condición de protagonistas de un sainete. Esto fue lo que intenté hacer cuando caricaturicé a Artur Mas ("El Mas humillado", LD, 24/3) y a Carles Puigdemont ("El séquito del President", LD, 7/4). No imaginé entonces que, una vez más, la realidad superaría a la ficción, y que Carles Puigdemont confeccionaría un libreto más grotesco que el de un sainete, para relatarlo a un oyente crédulo que lo transmitiría como si de una verdad se tratara.

La megalomanía del President
Fue el funámbulo Antoni Puigverd quien, en un artículo apologético dedicado a su coterráneo Carles Puigdemont ("El hombre tranquilo", LV, 5/6), recogió, como si fuera auténtico, un episodio inverosímil que ni el humorista más hostil se habría atrevido a pergeñar en su sátira para burlarse de la megalomanía del President. La astracanada que el plumilla divulgó complacido consagró al excéntrico gobernante como promisorio cultivador del género bufo. He aquí la prueba de su desmadre imaginativo:

Puigdemont me habla también de la diplomacia política y de cómo, a menudo, la prepotencia de los funcionarios españoles en el bloqueo de las iniciativas políticas catalanas en el exterior produce un efecto rebote que favorece al Govern. Un día un alto personaje mundial los atendió muy bien y se despidió de ellos diciendo: "Sepan ustedes que los catalanes tienen la puerta de este despacho siempre abierta". Reflexionaba el presidente catalán: aquel ofrecimiento tan decidido solo tenía una explicación, la diplomacia española había sido tan imperativa con aquella personalidad extranjera, que el hombre había reaccionado exactamente en sentido contrario.

"La mala educación se les vuelve en contra".
Si existe un equipo de vendedores trashumantes de mercancías taradas al que la prensa sigue los pasos con implacable perseverancia, ese es el que encabeza Carles Puigdemont. Y una entrevista de cualquiera de sus miembros con "un alto personaje mundial" habría sido el scoop de la temporada. En cambio, ya es rutinaria la información de que encuentran todas las puertas cerradas y de que las instituciones responsables no se cansan de exhortarlos a respetar las leyes.

Por supuesto, tampoco tiene nada de censurable que el Gobierno español cumpla con su deber de poner sobre aviso a las autoridades de la Comunidad Europea, para que no se dejen embaucar por impostores que se presentan con el pasaporte español –¿qué otro podrían exhibir para circular por el mundo?– con la aviesa intención de sembrar cizaña contra su país del que, les guste o no, son ciudadanos. Esta es la precaución que toman las compañías de gas y electricidad cuando también cumplen con el deber de aconsejar a los usuarios que no abran la puerta a falsos operarios que vienen a desvalijarlos. Los maleducados son los intrusos rapaces, no quienes los señalan con el dedo.

Supercherías desdeñables
De todos modos, el guion de la farsa urdida por Puigdemont para condimentar la hagiografía que le dedicó Puigverd no se tiene en pie. No solo porque es archisabido que ningún funcionario de alto, medio o bajo nivel los recibe a él y su séquito, sino porque parte de la falsa premisa de que esos funcionarios desconocen lo que sucede en Cataluña y son receptivos a cualquier patraña vertida por los engañabobos. No es así. Las supercherías que seducen a la masa autóctona domesticada por un aluvión de propaganda son desdeñables para los testigos bien informados.

Los chamanes del secesionismo proclaman que cuando un diplomático extranjero acude a sus simposios demuestra que el mundo está pendiente del proceso catalán. Su ignorancia de lo que sucede en el escenario global les oculta que los servicios de inteligencia de todos los países de primera línea están atentos a los fenómenos de descomposición que se registran en puntos sensibles del planeta. Y es precisamente esta patología contagiosa lo que concita el interés de los investigadores, que vienen a vigilar su evolución en el mismo foco séptico que ellos –los chamanes secesionistas– han generado.

Peligro insoslayable
La estolidez de los capos del secesionismo se puso de manifiesto cuando la Comisión de Venecia recordó al Govern, en un mensaje fulminante, "la necesidad de que cualquier referéndum se lleve a cabo en pleno cumplimiento con la Constitución y la legislación aplicable" (LV, 3/6). Y los amonestados esquivaron la bofetada y arguyeron que, "lejos de obviar el mensaje de la Generalitat o cerrar puertas, se ha dado una respuesta rápida con la que toman conocimiento del conflicto catalán". Toman conocimiento de él y os mandan a hacer puñetas, caraduras. Lluís Foix pone los puntos sobre las íes con reminiscencias orwellianas ("Las palabras y la política", LV, 8/6):

El president Puigdemont no ha leído bien la carta de la Comisión de Venecia o no la ha entendido como la mayoría de los mortales. El blanco es negro, proclaman desde el Ministerio de la Verdad en 1984.

Por si esto fuera poco, los servicios de inteligencia que nos vigilan, en buena hora, para protegernos de los yihadistas que se cuelan en nuestro medio mientras se discute qué papel desempeñarán los Mossos en el referéndum ilegal, esos servicios de inteligencia, repito, deben de enviar a sus centros de operaciones voluminosos dosieres sobre el otro peligro que amenaza a la sociedad emprendedora, culta y europeísta de Cataluña. Esos informes tienen que destacar, obligadamente, el hecho de que el Gobierno secesionista de Cataluña descansa sobre una mayoría precaria en la que el que asegura el voto de confianza, aprueba los presupuestos y dicta la hoja de ruta insurreccional es un partido antisistema, trufado de anarquismo y trotskismo, circundado por una tribu de jóvenes mamporreros. Un peligro insoslayable.

Dos tazas de democracia
Estos dosieres catalanes descansan, previsiblemente, junto a otros que analizan los componentes totalitarios de todos los movimientos estrafalarios que intoxican Europa y el mundo, como: a) los rupturistas padanos y flamencos, b) los populistas de extrema derecha y extrema izquierda y c) los neofascistas que gobiernan Hungría y Polonia.

El balance es que la astracanada que Puigverd insertó en su artículo, reproduciendo el relato inverosímil del imaginativo Puigdemont, no nos provoca risa, como sucede habitualmente cuando se escuchan bromas de ese género frívolo, porque en este caso la payasada encubre los planes trazados por un contubernio sedicioso para implantar en Cataluña un pucherazo referendario como el que blinda el poder de los Erdogan y los Maduro en sus feudos patrimoniales. El antídoto contra esta marabunta es el sistema parlamentario, que marcó el final de una dictadura y cerrará el paso a la que se está incubando en el huevo de la nueva serpiente.

Los histriones secesionistas alegan que el Gobierno les niega democracia. ¡Dos tazas de democracia para ellos, en forma de las legítimas papeletas electorales que estos hipócritas, desconectados de la UE, la ONU y el Estado de Derecho, proscriben sin escrúpulos! Una avalancha de papeletas en comicios limpios y se terminó la farsa.

PD: Todos los países, sin excepción, juzgan por traición a aquellos ciudadanos que buscan la complicidad de Gobiernos extranjeros para atentar contra la integridad de su patria. En los Estados totalitarios los ejecutan sumariamente. En los Estados democráticos les aplican las sanciones que fija el Código Penal con todas las garantías legales. Pero en ningún caso las sociedades, incluidas las más exquisitamente democráticas, dejan impunes los delitos de esta naturaleza.

Demontando el oasis vasco: "Hemos hablado mucho de los trajes de Camps pero poco de los de Balenciaga"
El periodista Iker Rioja recoge en 'La corrupción vasca' el fruto de sus investigaciones sobre tramas como el 'caso de Miguel' o el 'caso Balenciaga', demostrando que el País Vasco no se ha librado de esta lacra. "El oasis no lo es tanto en cuanto a casos sino en cuanto a su percepción", defiende.
Marta G. Coloma vozpopuli.es 17 Junio 2017

"La corrupción no encaja con nuestra cultura y nuestros valores políticos y sociales. La sociedad vasca entiendo que es mayoritariamente una sociedad sana y transparente, con valores". El lehendakari Iñigo Urkullu fue tajante cuando, en noviembre de 2014, el exdiputado de UPyD Gorka Maneiro le preguntó en el Parlamento vasco sobre el 'caso de Miguel', considerado la mayor trama de corrupción política de la región.

En la trama, que lleva el nombre del exdiputado del PNV en Álava, Alfonso de Miguel, hay 26 imputados por recaudar comisiones ilegales a cambio de cuantiosas adjudicaciones y contrataciones públicas. Pero parte de la esfera política vasca ha negado esta realidad pese a los indicios, sentencias e incluso evidencias tan apabullantes como que uno de los corruptos más conocidos de España, Iñaki Urdangarin, proceda de Zumárraga (Guipúzcoa).

El periodista de eldiarionorte.esIker Rioja arroja luz sobre este tema en 'La corrupción vasca. Dentro de lo normal' (Amazon), el primer tomo de una serie sobre estas prácticas irregulares en el País Vasco, fruto de años de investigaciones en torno a tramas como el 'caso Balenciaga'. Y a pesar de que es contundente respecto a la inexistencia de un 'oasis' vasco, sí que constata una evidencia: que la corrupción no marca la agenda porque no preocupa a los vascos del mismo modo que a los ciudadanos españoles en su conjunto.

En más de una ocasión hemos escuchado a políticos de formaciones nacionalistas hablar del País Vasco como una región donde no hay un corrupción. ¿Cuál es la realidad: hay más o menos que en el resto de España?
Yo creo que no hay un corruptómetro para saber si es mucha o es poca, pero también creo que por poca que haya ya es preocupante. En Euskadi ha habido dos casos de corrupción importantes históricamente y dos abiertos también ahora, y son similares en mecánica. La tesis que yo defiendo es que ese oasis no lo es tanto en cuanto a casos sino en cuanto a su percepción, es decir, que la realidad existe pero a nivel de percepción no es un problema que esté en la agenda o en la primera plana. Aquí hemos hablado mucho de los trajes de Camps pero poco de los trajes de Balenciaga.

¿Por qué no han influido estos casos en la agenda del País Vasco?
No lo sé. Una de las cosas que sí que da cierta perspectiva es que en los medios de Madrid hay una cierta competencia sana por dar un paso más en la investigación de determinados temas. Eso aquí todavía no se está dando, o menos de lo que debería. En las últimas semanas he cubierto algunas noticias sobre temas de corrupción importantes, como el caso de los Purines o el caso Hiriko, dos investigaciones en las que ha habido avances importantes, y son noticias que han tenido una trascendencia mínima.

¿Ha podido tener un impacto en la amenaza terrorista en la percepción o la importancia que los vascos han concedido a la corrupción?
La pregunta me la han hecho más veces. Creo que si ha podido haber un problema que acapara mediáticamente el hueco que quita otro, pero yo no lo vincularía directamente, no tengo argumentos para sostenerlo.

¿Y el nacionalismo, ha podido tener su impacto a la hora de no hablar de corrupción?
La realidad es que esto va más allá de los partidos. La corrupción está vinculada al poder, no al signo político del poder. Por ejemplo, hay un caso que no está recogido en el libro que es un tanto peculiar. Cuando gobernaba Ibarretxe en el tripartito con la marca vasca de Izquierda Unida, Ezker Batua, el departamento que dirigía la formación se vio implicado en un caso de corrupción, en el que ha habido dos personas condenadas por desvío de fondos. Al final, la corrupción parece estar vinculada más al poder que a ideologías.

Buena parte de su relato está centrado en el 'caso de Miguel'. ¿Qué es lo interesante de esta trama, relativamente desconocida en el resto de España?
El caso está abierto en los juzgados pero la investigación ya está cerrada. Tiene importancia por el volumen de imputados y el volumen económico de los movimientos que se han detectado. Es cierto que no ha tenido un eco fuera, pero es también cierto que los sucesivos informes policiales destacan operativas de blanqueo de capitales, cobro de comisiones, manipulación de contratos... Métodos conocidos para cualquiera que esté leyendo últimamente informaciones sobre casos de corrupción que han surgido en las últimas semanas.

El otro gran caso al que se refiere es el 'caso Balenciaga', relacionado con la construcción del museo dedicado al diseñador en Getaria...
Cuando hablamos de corrupción, una de las claves para sensibilizar a la gente de lo grave que es es la causa-efecto. En el 'caso Balenciaga' se ve muy bien el efecto que ha tenido la corrupción: ha generado un 300% de sobrecostes respecto al presupuesto inicial, un retraso importantísimo (se proyecta en los 80 y se inaugura en 2011) y se ha mancillado el legado de un artista de los más destacados dentro del mundo de la moda. Ha habido vestidos rotos por mala gestión, piezas de la colección que no se sabe dónde están y que probablemente fueron regaladas a las mujeres de algunos cargos públicos... En fin, es un ejemplo de efectos muy concretos generados por la mala gestión: el efecto económico está cifrado en 2,3 millones de euros.

¿Cuál es la situación judicial de estos casos? Ambos tienen cierto recorrido y no ha habido mucha celeridad en los tribunales...
Hay distintos estadios porque se trata de casos completamente diferentes. El 'caso de Miguel' y el 'caso Balenciaga' coinciden en que están pendientes de juicio. La investigación está cerrada, todos los informes están presentados... ¿Qué ocurre? Que el 'caso de Miguel' está pendiente de juicio desde hace dos meses y en cuatro años no se ha hecho nada nuevo.

¿Qué lo ha obstaculizado?
Se ha intentado llegar a acuerdos con los imputados, que me consta que no se ha conseguido. La justicia es a veces así: lenta.

¿En los grandes casos de corrupción como Nóos o Bárcenas, ha habido también una implicación vasca?
El protagonista de Nóos es evidentemente vasco. Si en Euskadi no hay corrupción, que se fijen en uno de los principales exponentes de la corrupción, Iñaki Urdangarin. En el 'caso Bárcenas', en uno de sus informes, la UDEF destaca cómo se utilizó la operativa que ya conocemos para financiar la sede del PP en la Gran Vía bilbaína. En ese informe se detalla muy bien el funcionamiento de los pagos y cómo se realizaban las transferencias, aparentemente donantes, a la cuenta del partido, y de la cuenta del partido a la cuenta del partido en Euskadi para esa sede.

En el libro habla, entre otras cosas, de sobornos de empresarios y financiación irregular. ¿Se repiten los patrones generales que vemos en los casos nacionales o hay un 'caso vasco'?
La operativa general es estándar. Si tú quieres falsear una factura, lo que se hace normalmente es contratar un supuesto asesoramiento a través de una empresa intermediaria y luego girar una factura con ese coste para cobrarla. Es un patrón común a estos casos. Uno de los casos que se cuentan en el libro, el del vertedero de Vitoria, la empresa implicada, Sufi, y la intermediaria, Nige, son las mismas que aparecen en otros contratos que están siendo juzgados ahora en la Gürtel. Son patrones y protagonistas que se van repitiendo.

Tras estos casos, ¿ha habido suficientes responsabilidades políticas?
En el 'caso de Miguel' el PNV actuó rápido: al día siguiente los que fueron detenidos en 2010 fueron apartados de sus cargos y, a los pocos meses, también de su militancia en el partido. Esto va de la mano del avance de los casos.

Antes hablábamos de cómo la corrupción parece no tener un hueco en la agenda vasca. ¿Se ha normalizado entre la ciudadanía?
Si a nivel sociológico no es un problema, entonces es que no lo es realmente. Esto no quiere decir nada, porque siempre hay personas muy implicadas y preocupadas, así como personas y hasta partidos políticos que han colaborado en la elaboración de este libro. ¿Qué es normalizar? No creo tampoco que se normalicen este tipo de cosas. Pero está claro que no marcan la agenda.

Oñate (Guipúzcoa)
Los batasunos acosan y se burlan de la Guardia Civil ante la inacción del Gobierno
La Gaceta 17 Junio 2017

Batasunos han acosado este sábado a la Guardia Civil en Oñate (Guipúzcoa) en el 'Fan Hemendik Egun' (Día del fuera de aquí), acto que se ha celebrado con el permiso del Gobierno autonómico, liderado por Íñigo Urkullu (PNV), y tras la inacción del Gobierno de España, y han exigido su salida del País Vasco.

Varias decenas de militantes abertzales han parodiado la ejemplar labor de la Guardia Civil, que vela siempre por la seguridad y la libertad de todos los españoles, y han lanzado gritos como "alde hemendik" -fuera de aquí-, "txakurrak" -perros- o "PNV faxistak".

La marcha concluido su trayecto ante el cuartel de la Benemérita, donde un joven proetarra disfrazado de agente ha representado una entrega de armas.

La cuenta oficial de la Guardia Civil en Twitter inició este sábado una campaña para apoyar a los agentes de Oñate (Guipúzcoa).

Numerosos internautas continuaron la campaña agradeciendo a los agentes su labor en el País Vasco. "Cobardes los que acosan a la Guardia Civil en Oñate. Desagradecidos y cobardes los que callan. ¡Viva la Guardia Civil!, comentó la exlíder de UPyD, Rosa Díez, a través de su cuenta en Twitter.

El Eurodiputado del PP, Carlos Iturgaiz, envió 'ánimo' a la Institución. "Mucho ánimo a la @guardiacivil de #Oñate ante el acoso que están recibiendo por parte de las bestias proetarras. Ni un paso atrás valientes."

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que tildó de "libertad de expresión" el acto, ha señalado que el Ejecutivo "no se ha planteado la salida ni de los efectivos de la Guardia Civil ni de la Policía ni de Cataluña ni del País Vasco". "Defendemos a la Guardia Civil igual que defendemos a la Policía Nacional y a las autonómicas, y no vamos a consentir comportamientos como los que se produjeron en Alsasua (Navarra)", ha dicho.

La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) pidió esta semana al Ministerio del Interior y a la Fiscalía que "vigilaran" el acto de acoso, con el fin de detectar posibles actitudes que pudieran ser constitutivas de delito".
 


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