AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 21  Junio 2017

La plurinecedad del nuevo PSOE
Santiago Trancón Pérez lavozlibre.es 21 Junio 2017

Este pasado lunes escribí en mi Facebook: “No existe una manzana de manzanas, pero sí parece que exista un melón de melones: el nuevo PSOE”. El esperpento nacional ya no cabe en los espejos del Callejón del Gato. El neo PSOE-Podemos ha roto los cristales a martillazos: mejor no tener que mirarse y analizar si la figura grotesca que aparece en ellos es cóncava o convexa. Acoso y derribo de la razón, la palabra, el pensamiento, el lenguaje como instrumento para entendernos, ayudarnos, apoyarnos e intentar mejorar la vida en común, el bien común, la verdad común.

Es tal la plurimelonada mental que ha mostrado el 39 Congreso del PSOE, tan abrumadora su indigencia intelectual y política, que uno entiende la ira de los profetas, los negros vaticinios del ciego Tiresias y el abatimiento de los prudentes. Todo ha sucedido tan rápido como una pesadilla, tan deprimente como una reunión de payasos, tan extravagante como un baile de pingüinos. Han triunfado los más necios, mientras los que todavía guardan alguna idea sensata en su cerebro salían por la puerta de atrás con tanta incertidumbre como cobardía.

Son tan ostentosas las contradicciones, tan increíbles los atropellos a los valores más elementales de un partido hasta ayer todavía respetado por su mesura y coherencia, que uno necesita emplear toda su capacidad de observación y razonamiento para entender qué ha pasado, como es posible el contagio de un delirio tan zarrapastroso. Porque no es posible que nadie proteste cuando un señor que ha defendido la democracia directa y el “empoderamiento” de las bases para ser elegido, se ampare en ello para erigirse en caudillo y elegir a dedo una ejecutiva monocolor, monosilábica, monosectaria (aquí se acaba la plurinacionalidad, la pluralidad y la integración), una camarilla de semianalfabetos (vean sus deslumbrantes currículos) que le sirvan de guardia pretoriana y comisariado chequista encargado de aplastar cualquier atisbo de oposición. Modos tan estalinistas ya los creíamos abolidos por lo que se llamó en su día democracia interna, hoy ya puro desecho orgánico.

Rodeado de esas cabezas privilegiadas, el fatuo, alzado ya con todos los poderes, ha proclamado enfática y engoladamente la cuadatura del círculo, el huevocastaña, la nación plurinación. Ha defendido a la vez la España indivisible y la España dividida, la soberanía única y la soberanía múltiple, la construcción de la plurinacionalidad y la destrucción de la Constitución y Estado. Con un descaro indisimulado, ha anunciado que está dispuesto a llegar al poder concediendo lo que sea a los separatistas y a sus aliados los pabloerrejonistas, demócratas todos ellos, como bien se sabe, de los pies al trasero.

Llegado a este punto uno está tentado a usar el sarcasmo sin freno, explorando todas las posibilidades descriptivas que el español, lengua muy rica en matices despectivos, le ofrece. ¿Cómo cuantificar o cualificar la masa gris que se extiende por el córtex prefrontal de un Ábalos, un Óscar Puente o una Lastra, que son los primeros nombres del neo-PSO que me vienen a la cabeza? (Quitémosle la E de una vez para dejar de confundir).

Digamos que uno tiene la obligación de desenmascarar tanta grosería, tanta memez, tanta neocarcundia y gangrena, porque no es tolerable, aunque sólo sea por respeto a quienes hemos sido antiguos votantes, que el mismo día que el nuevo líder acaudillado proclama la disolución acelerada del Estado (que de pronto se ha quedado sin nación), que ese mismo día, digo, el todavía militante Alfonso Guerra pida la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña y afirme que “el único franquismo que queda es el que practican los dirigentes separatistas”. Imposible tragarnos tanta esquizofrenia: mientras Sánchez acusa al PP de no cumplir la Constitución, nada dice del desprecio diario de los secesionistas a esa misma Constitución, con los que se dispone a pactar porque, ¡esos sí!, son parte de “las fuerzas del cambio”.

¿Hasta dónde llegará este PSOemos con su proyecto de demolición del orden constitucional, de degeneración de nuestra democracia, base de la libertad, la igualdad, la fraternidad y unidad de todos los españoles? Unidad de la nación, principio que proclamó, junto a los otros tres, la Revolución Francesa y que muchos olvidan, y no sólo por ignorancia.

Nada esperen, amigos (algunos, viejos camaradas), de este nuevo PSOE que ha logrado reunir en su seno a lo peor de su historia, lo peor de la tradición estalinista, revanchista y sectaria, un puñado de ambiciosos que todavía se creen que un día alcanzarán el poder a través de una alianza con los independentistas, a cuyo servicio se han puesto guiados por esa excrecencia nacionalista llamada PSC, que ha contaminado palabras tan nobles como socialismo y Cataluña.

Frente a tanta confusión y cobardía, un grupo cada día más numeroso de ciudadanos estamos dispuestos a impulsar un proyecto de izquierdas que frene este desvarío que nos está hundiendo en un pantano fangoso y paralizante. Se llama Centro Izquierda de España (antes CINC), del que los próximos días espero tengan más noticias, y esperanzadoras.

Sánchez contra el PSOE
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 21 Junio 2017

La podemización del PSOE con Pedro Sánchez ha llegado a tal extremo que su nuevo secretario general ha asumido la tarea de destruir al partido que hace casi 140 años fundara Pablo Iglesias I. Como Pablo Iglesias II no ha logrado sobrepasar al PSOE en escaños y ha perdido un millón de votos desde que se ayuntó con Izquierda Unida, Pablo Iglesias III, o sea, Sánchez, ha decidido coger el toro por los cuernos y, a la manera de los forçados portugueses, poner una retahíla de machotes y machotas, o hembrotes y hembrotas, para pegar primero -o sea, frenar- y doblar después al toro. No es fácil, ya que el pegador debe encunarse entre los pitones para que la esforzada procesión que lo apoya pueda compensar la envergadura y naturaleza asesina del toro, creado y criado para matar a quien se le ponga delante. Pero la ventaja de Sánchez sobre Iglesias es que ya está encunado entre las astas del toro, porque ahora manda, y si no blandea o se corta esa procesión de altos cargos unida a él como los anillos de una lombriz, al final, el toro doblará.

Dejando para el postre a Susana Díaz y con López como mascota, el nuevo mandamás sociata ha empezado a cargarse a los barones regionales empezando por Zaragoza y Valencia, continuando por Madrid y rematando, simbólicamente, la faena en Asturias. Por cierto, que echar al buen Fernández, que ha dado la mejor imagen posible en una situación imposible, es como si Almanzor resucitara en El Ministerio del Tiempo y derrotara a Don Pelayo en Covadonga. ¿Otro siglo? ¿Y qué? ¡Pues no baila flamenco Catalina de Aragón, tres siglos antes del flamenco, en una serie británica?

Pero no es una simple purga soviética, ni siquiera la de un socialismo bolchevizado, que con Largo Caballero y Corto Zapatero ha demostrado ser más peligroso que cualquier partido comunista. Además de vengarse de los desafectos, casi todos, Sánchez quiere crear sobre los escombros organizativos del PSOE una estructura compuesta por sólo dos elementos: él, o sea, el Líder y los militantes de base.

¿Y por qué tanta prisa en decapitar a Lambán o a Ximo Puig? Porque necesita tener al partido a sus pies por si presenta en torno al 1 de octubre una moción de censura para acompañar el golpe republicano catalán. Está tan decidido Sánchez a asomarse a los jardines de la Moncloa, que quiere evitar cualquier veto posible en el aparato, así que va y se lo carga. El Dúo Podemela no lo haría mejor.

El PSOE de siempre
Emilio Campmany Libertad Digital 21 Junio 2017

La propuesta de Pedro Sánchez de que España se transforme en una "nación de naciones" ha sido acogida por algunos con inquietante satisfacción. El que el nuevo secretario general del PSOE añada que la soberanía única del pueblo español no está en discusión ha permitido a no pocos ver en ella una posición intermedia entre el Gobierno del PP, que no admite negociación alguna sobre la división de la soberanía, y los independentistas catalanes, que exigen el derecho a decidir.

El País dice que la propuesta es contradictoria. Es peor que eso. Si lo que pretende Pedro Sánchez es que la Constitución reconozca la existencia de naciones distintas de la española sin otorgarles soberanía para decidir su futuro, no estará dando nada que nuestra Constitución no haya dado ya. Algo que, por otra parte, ya sabemos que en absoluto contentará a los independentistas. Si, por el contrario, lo que pretende es arbitrar una fórmula que de un modo u otro otorgue a Cataluña el derecho a ser una nación diferente de España, será tanto como reconocer que su pueblo es soberano para decidir su futuro.

Parece que el PSOE de Pedro Sánchez trata de reconstruir la tradicional alianza de izquierdas y nacionalistas concediendo a éstos lo que el Estado unitario franquista les negó. Todo eso podría tener algún sentido si no fuera porque todo lo que pudieron estar dispuestas a conceder las izquierdas ya fue concedido durante la Transición. A los independentistas ya no les queda nada por pedir que no sea la independencia. Y al Gobierno de España, sea del PP o del PSOE, no le queda ya otra cosa que conceder que no sea esa misma independencia. Si no es en eso en lo que está pensando Pedro Sánchez, su propuesta es inútil. Y si lo que tiene en mente es lo que los independentistas quieren, lo que propone implica la destrucción de España.

La cuestión esencial es que la soberanía no se puede trocear, no se puede dividir ni se puede compartir. Sin embargo, ni en el PP ni en el PSOE tienen claro en qué consiste la soberanía. Lo demuestra el que ambos asuman como propia la solución de la cosoberanía para resolver el conflicto de Gibraltar. Si la soberanía puede compartirse en Gibraltar, ¿por qué no compartirla también en Cataluña? Sin embargo, la verdad es que quien es soberano no puede compartir la soberanía con nadie porque ya no sería soberano y dependería de lo que quisiera aquel con quien la comparte.

En España, cuando hay una cuestión de Estado, como sin duda es el desafío separatista, el PSOE siempre trata de distanciarse de lo que defiende el PP, mucho más cuando éste gobierna, sin importar cuán perjudicada resulte España. Lo hemos visto muchas veces, aunque no siempre, con el terrorismo. Y lo estamos viendo ahora con el jaque separatista. Los hay que se alegran de ver cómo Sánchez traerá el PSOE de siempre. Será el de siempre, pero sin que haya motivo para alegrarse.

Partidos políticos: regenerarse o morir
Enrique Navarro Libertad Digital 21 Junio 2017

La victoria de Macron en Francia laminando a los partidos políticos tradicionales de la V República; la desaparición de los partidos socialista y la democracia Cristiana en Italia como consecuencia del escándalo Tangetopoli en 1994; la casi extinción del Pasok en Grecia o la aparición de nuevas fuerzas en Europa que han puesto en cuestión el liderazgo de los partidos sobre los que se ha basado la democracia en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, suponen el cambio político más trascendental producido en Europa en las últimas décadas. Esta semana en Asuntos Exteriores queremos analizar este fenómeno. ¿Están los partidos tradicionales en crisis en todos los países o simplemente es una mala racha? ¿Los nuevos partidos van a llenar un espacio o desaparecerán cuando la coyuntura que les hizo aparecer desaparezca? ¿Deben los partidos regenerarse para no morir? Todas estas cuestiones las queremos plantear en el programa de Asuntos Exteriores esta semana.

La primera cuestión es determinar si los partidos políticos tienen vigencia y sentido en la sociedad actual. Los partidos políticos surgieron en el marco de la lucha de clases para la defensa de unos intereses propios y muy diferenciados. El partido político era el canal político de los grupos sociales que pretendían defender sus privilegios o bien destronar los de los otros. Hoy en día esta dialéctica de confrontación está superada y los votos fluctúan entre grupos políticos con escasa adscripción ideológica. Para la mayoría de los votantes, la política se ha convertido en una cuestión pragmática y de liderazgo más que de ideas.

Los partidos políticos y sus militantes, así como sus más acérrimos apoyos, se sienten más miembros de un club o de una comunidad que de una ideología. Se acercan más al concepto de aficionados de un equipo de fútbol. No importa cómo juegue el equipo ni cómo se conforme, sólo que gane y sobre todo que venza los más importantes contrincantes provocando una especie de orgasmo deportivo o político. A veces una victoria sobre el Barcelona justifica perder una liga; este es en gran medida el comportamiento de los partidos políticos en el mundo de hoy.

La crisis de los llamados partidos políticos tradicionales obedece a la conjunción de dos fenómenos: la corrupción política y la económica. El electorado puede sobrevivir a un tipo de corrupción, pero cuando coinciden las dos, las consecuencias son como las que vivimos en la década de los noventa en Italia.

La corrupción política consiste en aplicar políticas contrarias a la ideología del partido, a su programa electoral y al sentimiento del votante. En la estrategia por alcanzar el poder las campañas se convierten en un marketing político, donde poco o nada importa el mensaje; solo su formato relleno de slogans insustanciales pero que provocan grandes titulares y miles de tweets. El votante socialista ha visto como en los últimos años su partido optaba por una política económica liberal simplemente porque no tenía otra opción, aunque se empeñó en todas las campañas en decir exactamente lo contrario. De mi experiencia con muchos gobiernos de diferente signo he de decir que nadie ha hecho más recortes presupuestarios que el PSOE ni más subidas de impuestos que el PP. Ante esta contradicción, el votante se ha ido alejando del sistema, y bien ha optado por buscar en nuevas marcas una autenticidad que ya habían perdido los partidos tradicionales, o bien por el abandono de la política.

La segunda corrupción es la económica, tremendamente lesiva y dolorosa cuando se hace con recursos públicos especialmente en momentos de profunda crisis. Esta corrupción económica tiene que ver con dos factores intrínsecos al sistema. Un abultado estado que administra más de la mitad de la riqueza del país a través de unos representantes políticos que acumulan más experiencias colgándose a la chepa de un líder político que les aúpe a un puesto en la administración, que en la capacidad de gestión de la mayor empresa del país. En segundo lugar, el clientelismo político que provoca que el ascenso en un partido esté más dirigido a personas sin escrúpulos, llegadas a la política con el fin de sacar tajada, que en la búsqueda de la excelencia. Un partido que prima la adhesión sobre la discrepancia establece un modelo de organización que fomenta esta corrupción, aunque debemos insistir en la gran honestidad de la mayoría de los gestores públicos.

Estos dos tipos de corrupciones han existido siempre, pero el hecho de que hayan coincidido en el tiempo y con la peor crisis de las últimas décadas ha generado un profundo descrédito que ha llevado al finiquito del bipartidismo imperfecto que existía en España. Es muy probable que sin los ERES de Andalucía o sin las decenas de casos de corrupción que han afectado a la cúpula del PP, no estaría escribiendo este artículo, y ni Ciudadanos habría salido de la burbuja catalana ni Podemos habría superado La Tuerka.

Otra cuestión que debemos analizar es si estamos ante el final del modelo de partidos o el fin de las ideologías. Creo que ambas deben regenerarse ya que ni Marx, ni Adam Smith pueden ser los inspiradores de las necesidades del siglo XXI.

En primer lugar, hemos de admitir que los partidos políticos no están en crisis, ya que todos los movimientos políticos se acaban transformando en una organización política, aunque sea sólo para obtener subvenciones y construir una jerarquía de poder; el caso más claro es Podemos.

Los partidos han reflexionado sobre las causas de la desazón de los ciudadanos y han llegado a la conclusión de que se trata de un déficit democrático en las organizaciones. Es muy posible que esto sea así, pero sin duda pensar que la crisis de los partidos se resuelve con primarias o con determinados procesos de toma de decisiones constituye un tremendo error de cálculo. La democracia directa no es ni más pura ni más práctica que la representativa. Puedo entender que una organización elija a sus órganos rectores por voto del militante, pero pretender elegir un candidato a la presidencia del gobierno por este procedimiento es un craso error. Pensemos que si hoy hubiera primarias en el PP votarían a Rajoy para candidato a la presidencia como va a ocurrir con Pedro Sánchez en el PSOE. Pretender que los afiliados elijan al mejor candidato es como pedirles a los aficionados del Barcelona que elijan a su candidato a la presidencia de la Liga española donde votan todos los clubs. Seguramente elegirán el candidato que más vehemente sea contra el real Madrid, pero ¿Ese será el candidato que elijan todos los demás, el ganador? Desde que se instauró el sistema de primarias en la elección del representante español en Eurovisión vamos de mal en peor.

Los partidos, en su afán de permanencia, han optado por la tesis del Príncipe Salina "Todo debe cambiar para que nada cambie", y en fondo, lo que la sociedad demanda es que "cambie algo para que algo cambie". El votante se siente engañado por esta actitud cínica que pretende perpetuar un sistema bajo formatos diferentes.

Incluso en la lucha contra la corrupción, la sociedad visualiza que hacen más los medios de comunicación, por cierto, manejados por grandes grupos que no son ajenos a los propios defectos del sistema y los jueces que los políticos. Este es el verdadero déficit de la clase política, que no ha entendido que no basta con paños calientes, sino que la sociedad demanda un sistema diferente donde se eliminen las condiciones que permiten la corrupción, y esto sólo pasa por cambiar el funcionamiento de los partidos, por despolitizar la justicia y la administración; por un mayor control de la gestión de los gastos y los intereses públicos y sobre todo por una justicia rápida e independiente. Basta con ver el modelo norteamericano de lucha contra la corrupción en el sector público y privado para encontrar un ejemplo de cómo una sociedad puede poner grandes barreras a este fenómeno.

Este descrédito de los partidos se extiende al propio legislativo que resulta anodino e inútil a ojos de la población. Las sociedades modernas buscan liderazgos, quieren seleccionar presidentes, no gestores o perfiles bajos. El caso de Macron o de Trump, aunque en las antípodas, son ejemplos claros de que la sociedad necesita de líderes con vocación transformadora para terminar con el hartazgo que produce el letargo democrático. Cuando no hay liderazgos la penalización es enorme como el caso de Theresa May en Reino Unido. Ante esta realidad, los partidos que no opten por esta vía quedarán mortecinos, sin esperanza de transformación alguna, víctimas de sus propias debilidades hasta que un mirlo blanco aparezca y se los lleve a todos como un vendaval.

Las ideologías no han muerto; sólo deben reinventarse; pero hemos de admitir que en la sociedad global y tremendamente endeudada en la que vivimos, las diferencias no van a estar en la política económica. Debemos concluir que en las democracias occidentales sólo hay un modelo económico que podrá admitir mayores o menores variaciones en función de la independencia financiera que tenga cada nación. Ante esta realidad, los partidos están a la búsqueda de valores propios, más o menos consistentes con sus principios. A veces aciertan, como ocurre en el partido socialista con unos postulados más favorables a la igualdad de género, a los derechos sociales de determinados grupos sociales o en general en la atención a grupos más desfavorecidos. El Partido Popular ha acertado en la defensa de la nación española como fundamento de su política. Obviamente antes estas escasas diferencias, no es difícil que puedan surgir partidos o movimientos que hagan compatibles estas ideas que no son para nada antagónicas. El enfrentamiento entre estos postulados; nuevos derechos sociales versus tradición, y plurinacionalidad contra uninacionalidad, se ha convertido en la seña de identidad de los nuevos partidos, pero no les auguro mucho éxito, sobre todo si su caudal político va a estar basado en crear un antagonismo que es bastante ficticio. La convivencia en los gobiernos europeos de la socialdemocracia y de la democracia liberal muestran que siguen vivas; pero no lo que esperaba nadie es que pudieran coexistir y este es el modelo ideológico del siglo XXI, nos guste o no.

Si nos trasladamos al escenario nacional, ¿Todo esto significa que el Partido Socialista y el Partido Popular van a desaparecer fagocitados por los nuevos partidos? Mi respuesta es negativa. Primero, porque los nuevos partidos no han encontrado ni buscan llenar un espacio ideológico propio, solamente ocupar el de su compañero en el escenario político de la izquierda y la derecha. Son producto de una coyuntura muy específica que les ha provocado un aluvión de votos, pero sin una estructura fuerte propia y sin un armazón ideológico diferenciado, acabarán siendo fagocitados por los grandes partidos. En esto Ciudadanos lo tiene más difícil que Podemos que si ha ahondado mucho más en las diferencias con el PSOE producto de su origen histórico como herederos del partido comunista.

Si los partidos tradicionales buscan regenerase, deben superar la corrupción política y económica y buscar fórmulas de organización y participación más abiertas. Una vez más el modelo norteamericano es mucho más eficiente. Son los votantes de cada partido quienes eligen a su líder y no los empleados del partido o sus afiliados. Unas primarias bien manipuladas en un partido también son el mejor ejemplo de falta de democracia, pero abrir la definición de los candidatos a los votantes propios es la mejor garantía de que la elección será acertada. Seguramente bajo este prisma tengo muchas dudas de que Pedro Sánchez o Rajoy fueran los candidatos de sus votantes.

La manera de convertirse en líder del partido hoy consiste en la radicalización des conociendo la nueva realidad social y política. El afán de diferenciarse lleva al PSOE a buscar su espacio en la izquierda absoluta, pero como dice Enzo Biagi: "se puede estar a la izquierda de todo, pero no del sentido común" y lo mismo aplica al PP en su afán de convertirse en un partido transversal al que todo el mundo puede votar.

A su vez Podemos y Ciudadanos deben tomar ejemplo, porque no son mejores ni más modernos; son más de lo mismo; en muchos casos sus líderes proceden de las organizaciones tradicionales; muchos de ellos han llegado buscando la oportunidad de la que no disfrutaron en sus partidos; otros simplemente por desazón; pero si los partidos tradicionales superan este bache, profundo sin duda, y sobreviven con una auténtica regeneración veremos como las nuevas fuerzas se diluyen y volvemos a los de siempre. Pero cuidado, la sociedad no va a perdonar que las cosas no cambien y si una vez más no regeneramos el sistema, entonces es posible que muera.

La Transición terminará cuando la extrema izquierda sea marginal
Liberal Enfurruñada okdiario 21 Junio 2017

Es un hecho indiscutible: en España no existe extrema derecha. Algo que nos convierte en una excepción en la Europa actual. Sufrimos la misma crisis económica e institucional que nuestros vecinos y hemos recibido tanta inmigración como ellos. Sin embargo, a diferencia del resto del continente, en España la extrema derecha no ha conseguido ni un solo diputado desde 1977 y llevan años sin alcanzar ni siquiera el 1% de los votos en unas elecciones generales. Hay muchas teorías que tratan de explicar los motivos por los que esto es así.

Por un lado, los votantes españoles se identifican políticamente con el centroizquierda en una mayoría abrumadora. Esto ha provocado que incluso los partidos conservadores se dirijan hacia este espectro político. Por otro, somos europeístas convencidos y muy poco patriotas. Todas estas cuestiones parecen estar relacionadas con una reacción en contra del aún muy reciente régimen franquista. No olvidemos que Hitler y Mussolini murieron en 1945, y Franco en 1975, con lo que del final de los regímenes fascista y nazi han pasado más de 70 años, mientras que del fin del franquismo sólo 40. Tampoco la oferta a la derecha del PP ha resultado nunca atractiva. Hasta la aparición de VOX todos sus representantes eran herederos de la Falange o de Fuerza Nueva y su discurso tradicionalista, anticapitalista y nacionalista resultaba desfasado y antiguo. Además Podemos absorbió a gran parte de los indignados españoles.

Sin embargo el comunismo lleva desde la Transición en las instituciones. Julio Anguita consiguió tener 21 diputados, que siendo muchos están muy lejos de los 82 que hoy suman Unidos Podemos, ERC y Bildu, partidos de extrema izquierda que recibieron casi el 25% de los votos en las últimas Generales. Se hace así patente la enorme diferencia en el respaldo que en España tiene la extrema izquierda y la extrema derecha. Es posible que el paso del tiempo tenga algo que ver con ello, porque han pasado ya 86 años desde que los comunistas españoles se dedicaban a quemar iglesias y a asesinar curas y monjas, 83 del intento de Golpe de Estado del socialista Indalecio Prieto, y 81 desde que la Pasionaria condenó a muerte al líder de la oposición, José Calvo Sotelo. La desmemoria histórica favorece a la extrema izquierda española.

El tiempo y el dominio de nuestro sistema educativo han jugado a su favor. Hicimos la Transición integrando a la extrema izquierda y rechazando a la extrema derecha. Nuestros jóvenes conocen perfectamente los crímenes de Hitler y hasta los juicios sumarísimos y las cunetas del franquismo. Sin embargo admiran a Stalin, creen que fue quien derrotó al nazismo y desconocen todos sus horribles crímenes. Como también ignoran todos los desmanes cometidos por el comunismo en España antes y durante la Guerra Civil. Por eso, nadie se escandaliza al ver a Pedro Sánchez, puño en alto, cantando ‘La Internacional’, símbolos de un comunismo tan genocida como el nazismo o el fascismo, y nuestros jóvenes visten con orgullo camisetas con la imagen del Ché Guevara, psicópata asesino al que se ha convertido en un icono. Hasta que la extrema izquierda no sea tratada igual que la extrema derecha no habrá terminado la Transición, porque sin ninguna diferencia entre ellas, ambas ideologías son igual de antidemocráticas y enemigas de la libertad.

PwC advirtió hasta en tres informes de auditoría que Banco Popular no tenía capital para sobrevivir
Lorenzo Ramírez okdiario 21 Junio 2017

La firma de servicios profesionales PricewaterhouseCoopers (PwC) advirtió hasta en tres informes de auditoría que Banco Popular debía tomar medidas para aumentar su capital si quería mantener los niveles mínimos requeridos por los organismos reguladores y poder sobrevivir sin necesidad de participar en un proceso de integración.

Según ha podido saber OKDIARIO la auditora incluyó “párrafos de énfasis” en dos de sus informes de auditoría elaborados tras la revisión de los estados financieros de Banco Popular correspondientes al ejercicio 2016 y posteriormente otra advertencia en el documento elaborado con motivo de la “reexpresión” de las cuentas anuales del pasado ejercicio realizada en abril de 2017, tras la auditoría interna que realizó la entidad financiera y que arrojó una pérdidas adicionales de 124 millones de euros.

Fuentes financieras señalan que estas advertencias realizadas al consejo de administración de Banco Popular –y puestas en conocimiento del mercado mediante su envío a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)– no sentaron bien en el seno del máximo órgano de gobierno de Popular porque ponía en tela de juicio la salud del balance del banco en un momento en el que el objetivo principal era convencer a analistas e inversores de que la entidad era solvente tras la polémica ampliación de capital de 2.500 millones de euros realizada en 2016 .

El Banco Central Europeo (BCE) exigió a Banco Popular un ratio mínimo de capital de máxima calidad (denominado técnicamente CET 1 fully loaded) del 7,87%, una tasa que, según las estimaciones realizadas por la entidad financiera española cuando realizó su ampliación de capital, iba a cumplir con holgura al cierre de 2016 al situarse en el 10,8%. Sin embargo, la realidad es que en la presentación de las cuentas anuales se constató que las previsiones no se habían cumplido y que el ratio de capital de máxima calidad era del 8,1%, tan sólo unas décimas por encima del mínimo establecido por el regulador europeo para garantizar la solvencia del banco, elemento sobre el que advirtió PwC:

A pesar de que la auditora puso en sus informes el foco en la necesidad de que Popular afrontara un proceso de recapitalización con advertencias similares a la que se puede observar en la imagen anterior, en el Ministerio de Economía se considera que existen dudas sobre la actuación de la firma auditora durante el proceso de deterioro del balance del banco que ha terminado en una resolución por parte de las autoridades europeas y su posterior venta al Banco Santander. En este contexto el Instituto de Contabilidad y Auditoria de Cuentas (ICAC) ha iniciado una investigación para determinar la responsabilidad de PwC, que podría derivar en nuevas sanciones para la firma.

El ICAC investiga a PwC por Banco Popular
Fuentes oficiales de la auditora niegan que el ICAC haya abierto un expediente por estos hechos, pero el ministro de Economía asegura que el proceso está en marcha y que se está articulando “de forma reservada”. “No tenga usted ninguna duda de que cuando tengamos los resultados de la investigación la haremos pública”, ha indicado Luis de Guindos este martes a OKDIARIO tras participar en un seminario organizado por la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) en la UIMP de Santander.

El ministro confirma así lo avanzado en el Congreso de los Diputados hace una semana, cuando admitió que “el ICAC ha pedido explicaciones al auditor por las cuentas de Popular”. “Aquí había un auditor que era exactamente el mismo que pocas semanas después de cerrar las cuentas hace una serie de cambios. Es lógico que el responsable de los auditores pregunte cuáles fueron esas razones”, indicó Luis de Guindos en la citada comparecencia.

Esta investigación a PwC se produce un mes después de que el ICAC le pusiera una sanción de casi 194.000 euros como persona jurídica (y otra multa de 6.100 euros a uno de sus socios) por “infracción grave de la Ley de Auditoría de Cuentas” en el informe de auditoría elaborado con motivo de la publicación de las cuentas anuales de IBM en el año 2011. Además, el ICAC también ha decidido sancionar recientemente a PwC con otra multa de 337.000 euros por “infringir las normas de auditoría realizada a Mercasevilla de las cuentas de 2008”.


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Teoría y práctica de la plurinacionalidad

Hay que tomar en serio el hecho de que el PSOE plantee nada menos que remover uno de los pilares de la Constitución, como es la definición nacional de España
Ignacio VarelaEl Confidencial 21 Junio 2017

Como estamos en España, donde nadie mira a la pelota sino al nombre y al color de la camiseta de quien la lleva, ha bastado que Pedro Sánchez se suba al carro de la plurinacionalidad para ver jalear la nueva causa a jacobinos de toda la vida, y a veteranos defensores de los hechos diferenciales mesarse los cabellos. El propio Sánchez ha pasado con gran soltura de la macrobandera española a la multibandera, sin que parezca obedecer a algo más profundo que un recurso táctico.

No obstante, hay que tomar en serio el hecho de que uno de los dos partidos que han gobernado durante toda la democracia plantee nada menos que remover uno de los pilares de la Constitución, como es la definición nacional de España. ¿Por qué y para qué se hace esa propuesta?

Se puede discurrir, en el plano del análisis, sobre la complejidad del hecho nacional en España, incluso reconocer en su naturaleza una pluralidad de rasgos nacionales: una tesis con la que no me cuesta simpatizar. Pero cosa muy distinta es sostener que ello deba conducir, aquí y ahora, a reformular nuestra identidad constitucional.

Lo primero forma parte de la interpretación histórica y del debate social. Lo segundo es una decisión política trascendente con efectos de gran alcance; y hay que justificarla con criterios convincentes de oportunidad, coste, beneficio, viabilidad y consenso.

Sí, todos conocemos las legendarias polémicas entre Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, desde el exilio, sobre la formación histórica de España. Aprendimos de las reflexiones de nuestros mayores pensadores, que llevan siglos reflexionando sobre el ser de España. Nos llegó el eco del mítico debate entre Ortega y Azaña sobre el Estatuto de Cataluña, de relectura obligada. Y los que vivimos la Transición somos muy conscientes de que la palabra 'nacionalidades' del artículo 2 de la Constitución es un eufemismo, nacido de la delicada coyuntura en que se redactó.

Pero también sabemos que ese texto señala el umbral máximo de consenso que ha sido posible en España sobre esta materia. Desplazar la aguja en cualquier dirección conllevaría un deterioro del nivel de acuerdo realmente alcanzable, lo que no es cosa menor cuando se trata del marco constitucional que debe acogernos a todos.

Según el CIS, dos de cada tres españoles se declaran partidarios del actual Estado de las Autonomías. Aumentando o reduciendo las competencias de las comunidades autónomas, pero respetando el plano del edificio y sin alterar sus fundamentos.

¿Qué beneficios y qué costes supondría llevar a la práctica un cambio como el que se sugiere? ¿Acaso es siquiera posible hacerlo, o estamos solamente brindando al sol?

El PSOE afirma que con su confusa propuesta no tiene intención de afectar a la soberanía nacional ni al diseño básico del Estado autonómico. Seguiríamos teniendo lo que tenemos: un Estado unitario y descentralizado, con autogobierno para todas sus CCAA y con singularidades que se reflejan en los respectivos estatutos. Alforjas demasiado pesadas para tan corto viaje, me parece a mí. Y un lío gigantesco garantizado.

No se necesita reescribir el artículo 2 de la Constitución para acentuar el carácter federal del Estado, que es lo que desean los socialistas. El federalismo tiene que ver con delimitación de competencias, mecanismos de cooperación y de solución de los disensos y redefinición del Senado. Se puede federalizar el Estado sin tocar la palabra 'nacionalidades' ni cuestionar el monopolio de la soberanía por el pueblo español (un sujeto colectivo cuya existencia quedaría impugnada por la plurinacionalidad, porque si hay algo claro en la teoría política, es que a cada nación le corresponde su propio pueblo).

Hay que atender a los términos reales en que se plantea ese debate en España, que distan mucho de ser académicos. El reconocimiento formal de algunos territorios como nación no es una reclamación cultural o sentimental, es una exigencia política permanente de las fuerzas nacionalistas. Y para ellas está totalmente ligada a la aspiración soberanista.

Es inocente o muy hipócrita pretender que en España el debate sobre la plurinacionallidad puede disociarse del de la soberanía. Podría ser así en la teoría, en el mundo del pensamiento, pero definitivamente no lo es en la realidad, y mucho menos en este momento.

Es evidente que para quienes lo tienen en su ideario —mayormente, los nacionalistas— el estatus jurídico de nación es la puerta necesaria hacia la autodeterminación. Y si no es eso, si fuera solo una concesión cultural o algo tan vaporoso como la expresión de un sentimiento, el asunto pierde todo interés para ellos.

Ayer reproducía Zarzalejos la respuesta de Patxi López a su propia pregunta (“Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?”). Dice el exlendakari: “Simplemente, es la definición de un conjunto de personas, de ciudadanos, que se sienten partícipes de una misma lengua, de una misma historia, de una misma tradición y de una misma cultura”. Y añade, por si no había quedado claro: “La definición de un Estado como plurinacional no conlleva ni el derecho de autodeterminación, ni el derecho a decidir ni la soberanía”. Enternecedor.

La plurinacionalidad así formulada es una tomadura de pelo, una estafa para los nacionalistas. No serviría para contentarlos, sino para defraudarlos aún más. Sería un inútil sucedáneo de lo que realmente desean —y no lo ocultan—. Y si alguien cree que con ese placebo se aplacaría el órdago insurreccional desde Cataluña, es que no se ha enterado de nada.

La propuesta del PSOE no resuelve ningún problema y puede crear muchos más. No altera la arquitectura del Estado autonómico ni mejora su funcionamiento; no aumenta el consenso, sino que lo reduce; ni siquiera es viable en la práctica, dada la distribución de las fuerzas políticas.

En el fondo, me parece más coherente la posición de Podemos, que al reconocimiento de la plurinacionalidad añade su correlato inevitable, derecho de autodeterminación para todos.

Si la propuesta socialista es de fondo, deben explicarla a fondo y sin argucias retóricas para salir del paso. Deben contar también cómo pretenden sacarla adelante aquí y ahora, con este Parlamento o con cualquier otro razonablemente imaginable. Cómo conseguirán el voto de 233 diputados y 177 senadores sin contar con el PP, y el posterior respaldo en referéndum.

Pero si la propuesta es solo táctica, como parece, y su propósito es mostrar la cacha a los aliados potenciales del secretario general y de paso cercar al PP, por favor que busquen otras causas menos peligrosas para quedar bonitos. Porque no se juega impunemente con las cosas de convivir.

La Generalitat no dará subvenciones en el exterior a organizaciones que no sean independentistas
OKDIARIO 21 Junio 2017

La Ley de Catalanes en el Exterior, que este martes se publica en el Diario Oficial de la Generalitat, recoge el reconocimiento de las comunidades de catalanes en el exterior como sujetos que podrán ser “beneficiarias de los servicios, ayudas y prestaciones institucionales” del Gobierno catalán. Pero, además, deja la puerta abierta a que esas comunidades no estén solo formadas por catalanes, sino que puedan serlo aquellas personas que “sin tener la condición política de catalanas, se sientan vinculadas a Cataluña, su cultura, su lengua” y, se destaca, “su personalidad como nación”.

Esos son los requisitos que la Generalitat establece para que se pueda obtener el reconocimiento de “comunidad catalana” en el exterior, asociaciones sin ánimo de lucro que el Gobierno de Puigdemont considera esenciales para la “difusión internacional de Cataluña” y con las que quiere reforzar lazos en pleno desafío al Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Estas comunidades serán destinatarias de las acciones que la Generalitat quiere llevar a cabo para la difusión de sus consignas. La ley recoge, por ejemplo, que se les concederán ayudas para el fomento de actuaciones “encaminadas al conocimiento y estudio de la lengua y la cultura catalanas, en especial entre los niños y los jóvenes miembros de la comunidad catalana”. Además, el Gobierno catalán les trasladará “información de actualidad de Cataluña”, pero a través de medios “impulsados por la Administración de la Generalidad”.

La propia ley no oculta que los catalanes en el exterior son fundamentales para “la construcción nacional” y “un valor añadido de país”. En ella se prevé, por ejemplo, la celebración de un ‘Congreso de la Cataluña Exterior’, un cónclave que adquiere relevancia en pleno órdago por la celebración de un referéndum ilegal. Su objetivo será “difundir el conocimiento y reconocimiento de la presencia catalana en el mundo y de promover el estudio y las relaciones entre las entidades y personas que conforman la Cataluña exterior, y entre estas y Cataluña”. La Generalitat se reserva su organización “periódica”.

Además, se da cobertura legal al polémico registro de catalanes en el extranjero.

"Guía de Estudio" para ingresar en los Mossos d'Esquadra: doctrina política y última hora del 'Procés' para policías
El manual para las oposiciones a Mossos repasa la historia de Cataluña en versión separatista y sostiene que la región ya ha sido independiente.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 21 Junio 2017

La oposición para ser agente de la policía regional catalana no es fácil. Los aspirantes deben superar complejos test de personalidad, superar estrictas pruebas físicas, acreditar un título de enseñanza media y además conocer al dedillo la historia de Cataluña, pero en la versión nacionalista y hasta la última hora.

La "Guía d'Estudi per a l'accés a la categoria de mosso/a del cos (cuerpo) de Mossos d'Esquadra" incluye un capítulo de Historia de Cataluña que responde a las manipulaciones nacionalistas y fija el nacimiento de la "nación catalana" en los siglos X y XI, periodo en el que habrían empezado a operar las instituciones de autogobierno de Cataluña y se habrían sentado las bases de una unidad nacional cuyo antecedente sería la Marca Hispánica de Carlomagno.

Nada que no deba conocer un estudiante de bachillerato en Cataluña. Sin embargo, la "guía" va más allá, casi hasta ayer puesto que incluye alusiones al proceso separatista. "En el año 2012, el presidente de la Generalidad, el Muy Honorable Señor Artur Mas, comienza a reclamar un Estado propio para Cataluña una vez fracasada su propuesta de un pacto fiscal después de reunirse con el presidente español Mariano Rajoy". "Y lo hizo -continúa el manual- convocando nuevas elecciones al Parlamento de Cataluña, celebradas el 25 de noviembre, que dieron mayoría al derecho a decidir". De ahí la consulta del 9-N y todo lo demás. Se afirma en el manual: "La situación política desencadena movilizaciones ciudadanas y provoca la convocatoria de nuevas elecciones al Parlamento de Cataluña el 27 de septiembre de 2015. En estas se presenta la coalición 'Junts pel Sí', que las gana, y de donde saldría una mayoría parlamentaria a favor de la celebración de un referéndum por la independencia. Fue investido como nuevo presidente de la Generalidad el Muy Honorable Señor Carles Puigdemont".

El legado de Pujol
La prolija "historia" de Cataluña para los futuros agentes de la policía autonómica catalana también aborda el periodo autonómico de Jordi Pujol, una figura de la que se destaca que fue encarcelado por dictar un panfleto contra Franco y presidente de la Generalidad durante dos décadas. El texto para los opositores a mossos no entra en detalles sobre la corrupción pero es extremadamente claro respecto a la labor "política" de Pujol. Reza el texto: "Las dos décadas de gobierno de Jordi Pujol al frente de la Generalidad se podrían sintetizar en tres puntos: Primero, la formación de la nueva Administración catalana y la articulación de las nuevas instituciones. Segundo, la creación de dos elementos fundamentales que hicieron posible la formación de un espacio comunicacional catalán -como significa la creación de la Corporación Catalana de Medios de Comunicación- y de un espacio policial propio -como fue la creación de los Mossos d'Esquadra. Tercero, el posibilismo y la negociación en las relaciones entre la Generalidad y el Estado español a través de apoyos parlamentarios a cambio de transferencias o peticiones de recurso".

La corrupción, pese a ser un libro para aspirantes a policías, no existe en la "historia" catalanista para los futuros mossos d'esquadra. La Generalidad ha editado el manual para la próxima convocatoria de plazas de policías, quienes en teoría se licenciarán ya en la hipotética república catalana. La primera parte de la guía se refiere al "entorno", la "historia", pero el manual aborda también la cuestión lingüística hasta el punto de entrar en detalles como la sustancia del leonés y el aragonés como "lenguas embrionarias". El libro que deben estudiar quienes quieran ser mossos es un volumen de 250 páginas que condensa todas las manipulaciones nacionalistas sobre la historia de España desde los romanos hasta Puigdemont.
 


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