AGLI Recortes de Prensa   Jueves 22  Junio 2017

España no es un mito
Agapito Maestre Libertad Digital 22 Junio 2017

La apuesta política de Pedro Sánchez es el mayor peligro que correrá España en los próximos años. Es una apuesta por un mito. Un centauro de centauros. La sustitución de la realidad por expresiones como nación de naciones es el mayor reto al que se enfrentan los ciudadanos normales para defender la democracia. El socialismo se muere en toda Europa, pero los socialistas españoles tratan de sobrevivir agarrándose a una retama seca, podrida, a punto de morir. Me refiero a la idea de nación española recogida en la Constitución de 1978. Ya no sólo está en cuestión el carácter único e indivisible de la nación española, algo que los españoles normales sufrimos desde hace mucho tiempo, sino que se trata de sustituirlo, previa destrucción de todos sus elementos más racionales, por algo tan indefinible como son los sentimientos de nacionalidad local, comarcal, regional y autonómica… La opción ideológica de Pedro Sánchez no es nueva en el PSOE. Consiste en jugar con la idea de nación española para conseguir el poder.

La manipulación del concepto de nación hasta convertirlo en un ideologema funcional, un instrumento retórico, que sirva lo mismo para un roto que para un descosido, será la parte central del argumentario o falsario catálogo de necedades que elaborarán los socialistas para alcanzar el poder con la ayuda de Podemos y los separatistas. No estarán los socialistas aislados a la hora de llenar ese programa de malas ocurrencias y tropelías sobre la nación española. España será convertida en un trampantojo. Algo susceptible de ser manipulado a gusto del consumidor. Da igual decir "nación de naciones" que "me la bufa", como dijo hace unos años un famoso escritor, "España como nación". El PSOE no está solo en la faena de vaciamiento del artículo 2 de la Constitución. Estará acompañado por su propia historia, una parte de su más triste historia, que tuvo sus mayores desgracias en la Segunda República y la Guerra Civil y su mejor fortuna en la etapa de Rodríguez Zapatero. Tiene el PSOE de Sánchez, pues, materiales suficientes en su pasado para nutrir su nuevo programa ideológico.

También el desprecio por la nación que ha caracterizado la historia de España, aquí sí que es triste nuestra historia, acompañará a Sánchez y su Ejecutiva en esta nueva etapa de destrucción total de la España constitucional. Ejemplo de esta triste historia contra la nación española es que su mayor teórico, el hombre que más razones dio en su favor, está negado tanto por la izquierda como por la derecha. ¿O se atreve algún político a citar la idea de nación de Ortega y Gasset?, ¿quién es el valiente que defiende su idea de nación como empresa de futuro basada en la tradición?, ¿ quién no tiene miedo a seguir a Ortega y Gasset en un país lleno de cobardes?

Nadie se rasgue las vestiduras por el contenido bárbaro que recoge la expresión nación de naciones. Nadie se extrañe por que en este juego de los socialistas, llamado plurinacionalidad, participen cientos de hombres-masa, gente que vive de titulares y tópicos, periodistas que oyen la palabra nacióny huyen despavoridos para que no los identifiquen, dicen ellos, con opciones políticas extremas. La nación les importa una higa a la mayoría de los hombres-masa, que habitan en las redacciones de los periódicos, las universidades, las academias y todos los centros de socialización cultural de España. Pedro Sánchez, pues, será fielmente acompañado por muchos medios de comunicación, universidades, cientos de periodistas, profesores, juristas, historiadores, academias de la lengua y la historia, ideólogos, escritores y, en general, por todos los que han sido maleducados en que España no es una nación. Antonio Machado, pues, no ha llegado al hombre-masa. Pocos creen al poeta. Antonio Machado ha fracasado. La mayoría no suscribe sus palabras: "La nación española no es un mito".

Los socialistas han vuelto a apostar por la mitología: "España es una nación de naciones". Mentira. Eso nunca ha existido y, además, es imposible conciliarlo con el carácter único e indivisible de la soberanía nacional que recoge la Constitución de 1978. La sustitución de una realidad histórica por una expresión abstracta es una tragedia para cualquier país. Sólo hay algo comparable en maldad a esa faena, otra inexistencia, la defensa del derecho a decidir. ¿Será ese el nuevo salto de Pedro Sánchez para alcanzar el poder?

La bochornosa podemización del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 22 Junio 2017

El nuevo PSOE parece empeñado en lo mismo que el PSOE de toda la vida desde hace prácticamente tres décadas: rebajar el nivel intelectual y político de un partido que otrora por lo menos podía presumir de una dirección con ciertas capacidades.

El currículum de Sánchez y los que le rodean no presagiaba nada bueno: no hay prácticamente ningún nombre que haya sido relevante de verdad en el mundo de la política, y aún menos que pueda presumir de una carrera profesional fuera del partido o de la cosa pública.

Sin embargo, por poco que se esperase de ellos, en sólo unos días han pulverizado a la baja todas las expectativas. El nuevo PSOE es plurinacional, aunque nadie sepa muy bien qué diablos significa eso: ora quiere una España boliviana, ora una australiana. Ayer estaba a favor del comercio internacional, hoy está en contra, y mañana no estará ni a favor ni en contra…

Lo único que parecen tener claro Sánchez y los suyos es la voluntad de colocarse a la izquierda del ultraizquierdista Podemos, en el convencimiento de que arrebatarán a los de Iglesias el voto socialista que le ha robado previamente.

Por supuesto, esta estrategia de podemización es un desastre para una España que ya tiene un espectro político volcado hacia la extrema izquierda, pero además está por ver que sea la solución a los propios problemas del PSOE: en primer lugar, porque no parece claro que los de Sánchez sean mejores que los podemitas a la hora de ofrecer a la sociedad una alternativa de comunismo bolivariano; y en segundo porque hoy, en día, los vasos comunicantes entre los partidos son mucho mayores que antes, por lo que si los socialistas se escoran excesivamente para ganar voto extremista, no hay que descartar que la sangría de voto centrista sea aún mayor.

Sólo el tiempo y las convocatorias electorales darán la medida exacta de si la nueva/vieja dirección socialista se está equivocando o no; mientras tanto, lo que está quedando fuera de toda duda es la falta de calidad –y de sentido del ridículo– de unos personajes cuya única brújula parece ser oponerse a aquello que apoye el PP, aunque eso suponga estar en contra de lo que ellos mismos defendían hace bien poco.

Prueba, error y nacionalismo
Aleix Vidal-Quadras gaceta.es 22 Junio 2017

Hay políticos que insisten en cavar un hoyo cada vez más profundo como forma de salir de él.

Uno de los elementos básicos del método científico es el conocido como prueba y error. Consiste en esencia en repetir un experimento hasta que se obtiene el resultado buscado o se establece la conclusión de que la hipótesis de partida era falsa. Como es lógico, los sucesivos intentos dibujan una curva de aprendizaje que nos guía a medida que avanza la investigación. Se trata de un procedimiento elemental y general, aplicable a todos los órdenes de la vida, el político incluido. Una vez ha quedado claro que una serie de operaciones con las que se pretende alcanzar un determinado fin no sólo no lo consiguen, sino que aparecen como contraproducentes, el método de prueba y error nos conduce a intentar otro camino o, por lo menos, a no empecinarnos en el que es notoriamente equivocado.

Pues bien, algo tan obvio que incluso una persona de inteligencia modesta comprende fácilmente, no funciona en el ámbito político. A pesar de toda evidencia, ignorando olímpicamente los hechos más contundentes, saltando por encima de las demostraciones más irrefutables, hay políticos que insisten en cavar un hoyo cada vez más profundo como forma de salir de él. La propuesta de Pedro Sánchez de reformar la Constitución para definir España como un Estado plurinacional y como una Nación de naciones es un ejemplo sangrante de este fenómeno, aunque hay que reconocer que en semejante absurdo no hace más que seguir la senda marcada por los dos grandes partidos nacionales, el suyo y el PP, desde hace cuarenta años. La circunstancia de que cuatro décadas de agravamiento del problema nacionalista hayan transcurrido sin que los dirigentes de la derecha, el centro y la izquierda, salvo honrosas excepciones, se hayan dado cuenta de que los esfuerzos por apaciguar las pulsiones centrífugas catalana y vasca mediante concesiones crecientes en competencias, financiación y reconocimiento simbólico, están condenados al fracaso, nos lleva a preocupantes conclusiones. Una posible es que el ejercicio de la política tenga efectos inhibidores de la fisiología cerebral. La verdad es que a la luz de los acontecimientos vividos en nuestro país desde la aprobación de la Carta Magna de 1978, se trata de una suposición no descartable. Tan sólo una muestra, aunque se podrían encontrar muchas de igual calibre: ¿es concebible que un Presidente de Gobierno en un Estado con un serio conflicto secesionista se muestre públicamente dispuesto a aceptar una modificación estatutaria tal como la apruebe un Parlamento regional dominado por los separatistas? Disparates de este nivel han venido castigando a la sociedad española ininterrumpidamente desde la gloriosa Transición y así hemos llegado donde hemos llegado, al borde del precipicio.

El asunto es de comprensión casi automática. Si un tipo aquejado de impulsos agresivos tiene el hábito de destrozar el mobiliario con un martillo, salir al paso de este desastre proporcionándole mazos de tamaño creciente revela, como mínimo, y por decirlo amablemente, una clara deficiencia cognitiva. Desde que se aprobaron los Estatutos de Autonomía hace treinta y siete años cada reforma de los mismos y del sistema de financiación anejo ha consistido en incrementar la potencia y el alcance de los instrumentos jurídicos, institucionales, mediáticos, culturales, educativos y presupuestarios a disposición de los separatistas para liquidar la unidad nacional, mientras en paralelo se debilitaba la capacidad de las instancias centrales para impedirlo. Tal insensatez se ha justificado con el peregrino argumento de que los nacionalistas identitarios se calmarían y se volverían razonables tras ver satisfechas sus reivindicaciones invariablemente crecientes. La comprobación recurrente de que cada cesión, lejos de tranquilizarles, excitaba aún más su apetito destructor, no ha hecho sino preparar la próxima rendición.

Hoy ya no hay nada más que conceder y por consiguiente se prepara en Barcelona un golpe de Estado a cargo de la Hacienda común. España tiene dos características que la distinguen en el conjunto de la comunidad internacional y que le prestan una originalidad sorprendente, una es que hay partes de su territorio en las que las familias no pueden escolarizar a sus hijos en la lengua oficial del Estado y la otra que aquellos que trabajan sin descanso para acabar con el Estado son financiados por el Tesoro público. No cabe duda que a la hora de ser diferentes, no reparamos ni en excentricidades ni en gastos.

Hay quien dice que son más peligrosos los tontos que los malvados, especialmente los tontos activos. Nuestra historia contemporánea apunta irremediable en esa dirección.

Globalización y globalismo
Ninguna civilización ha sido construida sobre los valores que hoy los occidentales consideran suyos, y ninguna sociedad basada sobre estos valores ha sobrevivido.
Óscar Elía gaceta.es 22 Junio 2017

El occidente globalizador
La globalización es un fenómeno relativamente nuevo: a lo largo del siglo XX, los países de todo el globo se han ido incorporando a un mismo sistema diplomático y, de manera acelerada, las sociedades y los individuos han ido incorporándose a un proceso de cercanía cada vez mayor de personas, ideas y mercancías. Lo que caracteriza a este fenómeno es su espontaneidad y su irreversibilidad: espontaneidad porque ha sido el progreso de las tecnologías de la comunicación, el transporte y la información, el que ha ido unificando progresivamente al mundo entero en una única sociedad, sin que nadie haya controlado un proceso incontrolable; irreversibilidad porque a partir de ahora, para suerte o para desgracia, el mundo vive una única Historia a la que ninguna sociedad puede escapar.

Ciertamente, la globalización sólo podía partir de una civilización: la occidental. Es la única que tradicionalmente ha salido de sí misma para buscar la verdad fuera de sí: hacia arriba (Dios) por un lado; hacia fuera (el mundo), por otro.

Durante siglos, Europa ha llevado la tarea civilizacional por el mundo, no exenta de problemas y errores, pero siempre bajo la idea de que había una verdad que encontrar ahí fuera, y de que incluso era obligado encontrarla y transmitirla: ese y no otro es el espíritu de la gesta española a partir de 1492.

El colectivismo del siglo XXI
Sólo la cultura occidental, abierta por definición, podía alumbrar la globalización tecnológica, porque sólo ella ha poseído el impulso de salir de si misma al encuentro con los demás. Por eso llama la atención el fenómeno de nuestro tiempo: Lo que caracteriza al arranque de este siglo en occidente es el triunfo del pensamiento ideológico, creación también europea, y que se ha convertido en un cáncer que corroe el alma de los occidentales. Este ideologicismo está caracterizado por tres notas: el progresismo, el moralismo y el totalitarismo.

Por un lado, una tendencia compulsiva a romper con el pasado, con la historia, con la tradición europea y occidental. Las élites políticas y culturales occidentales tienen una obsesión con romper con lo anterior, por acabar con lo viejo, por construir un orden moral y político nuevo. El progresismo es hoy un dogma, no sólo entre la izquierda, sino entre la derecha: la tradición, las costumbres, el pasado ha dejado de ser fuente de inspiración y de respeto para convertirse en el pim-pam-pum de la cultura contemporánea. De hecho, lo que caracteriza a nuestra sociedad en relación con las anteriores es la agresividad hacia ese pasado, del que se supone debe liberarse por completo.

En segundo lugar, la imposición de una moral, llamada a sustituir a las creencias humanas básicas, basada en tres pilares: el democratismo, el nihilismo moral y la tecnocracia. El hombre occidental es un hombre light, con su alma sujeta al consenso mayoritario, convertido en único criterio de bondad; su cuerpo encerrado en las pasiones materiales más básicas y primarias, único criterio de libertad; y su conocimiento limitado a la frialdad científico-técnica, único criterio de bondad.

En tercer lugar, la falta de prudencia del colectivismo del siglo XXI tiende a buscar una universalización agresiva y totalitaria: el perfeccionamiento del Estado, la creación de instituciones internacionales (UE, ONU) permiten avanzar en una uniformidad a escala global, que arrincona las diferencias y las particularidades, especialmente cuando son de índole moral: la imposición de la UE de cuotas de refugiados a los países del Este, la imposición de la agenda LGTB a escala continental, o la imposición de políticas abortistas por parte de la ONU ejemplifican bien el hecho de que, para este nuevo colectivismo, nada ni nadie puede escapar.

El parásito de la globalización
La consecuencia es que lo que hoy llamamos pomposamente “valores occidentales” constituyen más bien antivalores: sexualidad compulsiva, la contracultura, la televisión basura, el discurso de la corrección política o la ideología de Género constituyen la negación misma de la civilización, en la medida en que reducen al ser humano a mera pulsión natural, por un lado, y simple obediencia al poder político, por otro.

Ninguna civilización ha sido construida sobre estos valores que hoy los occidentales consideran suyos, y ninguna sociedad basada sobre estos valores ha sobrevivido durante mucho tiempo. Sin embargo, perdido ya el combustible cultural, filosófico y moral que impulsó a Europa, aún le queda a Occidente cierta tendencia, heredada de su pasado: la tendencia a civilizar. Pero al igual que Platón veía en el error de las buenas personas el peor de todos, porque a diferencia de las malas ellas creían en el error, los occidentales están embarcados en un proceso globalizador al servicio del mal.

La globalización, el proceso de comunicación rápida e intensa de personas e ideas, se ha puesto al servicio de una causa perversa, la del llamado globalismo: proyecto político de impulsar el colectivismo, la tecnocracia y el nihilismo mundial por todo el mundo. Un grandioso instrumento, la globalización, está hoy al servicio de un objetivo detestable: el del globalismo colectivista.

El problema no es la globalización. Por eso se equivocan quienes se vuelven hacia el nacionalismo y buscan vivir al margen de ella: no es que no se deba, es que simplemente no se puede. Primero, porque en el siglo XXI ningún país, lo quiera o no, puede permanecer al margen del resto. La tecnología lo impide. Y segundo, porque el globalismo, como parásito del proceso de globalización, es agresivo y voraz: no hay lugar en la tierra al que escapar, no hay Mayflower ni nuevo mundo que quede al margen.

El problema hay que buscarlo en la deriva del mismo occidente en el pasado capaz de las mayores gestas, y hoy entregado a la destrucción del hombre. Es necesario defender el pasado frente al progresismo destructor, aferrarse a la tradición, al legado de nuestros padres, y desenmascarar las falsedades de la modernidad; es obligado rehabilitar un pensamiento moral fuerte, y afirmar y afirmarse que no existe moral si no existe trascendencia, o dicho en otras palabras, sin Dios; y es necesario defender el carácter histórico de la historia, esto es, la ilegitimidad de cualquier proyecto que convierta a todos los hombres en lo mismo, borrando sus diferencias.

En otras palabras, al globalismo occidental hay que derrotarlo en occidente.

Los huesos rotos
Cautivo y desarmado el bando socialdemócrata, los sanchistas alcanzaron este domingo en Madrid sus últimos objetivos orgánicos
Ignacio Camacho ABC 20 Junio 2017

El PSOE que conocíamos ha dejado de existir. Cautivo y desarmado el bando socialdemócrata, los sanchistas alcanzaron este domingo en Madrid sus últimos objetivos orgánicos. La guerra ha terminado y la ha perdido el modelo de partido clásico. Los barones críticos han sido arrollados, vae victis, y el nuevo líder se ha blindado en la militancia contra cualquier tentación rebelde del aparato. Del XXXIX Congreso nace, como de un antiSuresnes, el Partido Sanchista: cesáreo, plurinacionalista y asambleario.

Del baño de masas en Ifema se autoexcluyeron los perdedores de las primarias, los dirigentes del viejo orden derrotado. González, Zapatero y compañía se negaron a sumarse al coro de aplausos. Susana Díaz, relegada a una simbólica fila 12 el sábado, ha ordenado repliegue a los suyos y los jefes territoriales de Valencia y Aragón empiezan a montar barricadas para defenderse del inminente asalto. No ha habido batalla ni resistencia sino aplastamiento simple y llano. El ruido aclamatorio de las bases ha puesto sordina a un crujido de huesos rotos y espinazos quebrados.

Sánchez ha liquidado la vieja estructura de la organización para adecuar su proyecto al objetivo de la convergencia con Podemos. Incluso ha fundado sus propios «círculos» mediante plataformas provinciales de partidarios que funcionan como brigadas de pretorianos o núcleos de contrapoder interno. El nuevo PSOE de la refundación está construido para que el liderazgo sobreviva a otro eventual fracaso electoral enrocado en el mantra del empoderamiento; incluso ante la improbable censura de un Comité federal bajo su completo control, sólo se le podrá destituir o revocar mediante referéndum. Un patrón peronista que bajo la coartada de la decisión de los militantes residencia en el secretario general un mando unívoco y directo. Se acabaron los poderes de representación intermedia; ya no hay más interlocución posible que la del vínculo caudillista entre los afiliados y un demiurgo llamado por su nombre: Pedro.

El proceso de aproximación al esquema populista incluye la construcción de un enemigo externo. El PSOE sanchista se autodefine primordialmente por su oposición al PP, cuyo desalojo constituye un imperativo categórico y moral que evita la elaboración de un programa concreto. La célebre plurinacionalidad de España no es más que el comodín retórico para tender puentes con Podemos y los nacionalistas en el designio de común echar a Rajoy del Gobierno. La definición ideológica se simplifica con un antagonismo maniqueo: derecha e izquierda, ellos y nosotros, malos y buenos. Sin oposición, sin disidencia, sin sectores críticos con peso, Sánchez tiene vía libre para conducir al partido a un territorio político manejable a su conveniencia y criterio. Las siglas históricas no son más que una carcasa para enfundar su adanismo personalista; se ha quedado con la marca y ya no necesita el resto.

La degeneración antinacional de una izquierda
Ricardo Chamorro gaceta.es 22 Junio 2017

El culmen del despropósito lo protagonizó el nefasto presidente del PSOE Zapatero, que expresó que el concepto de nación española es un concepto discutible y discutido.

Si en España la derecha después de 1978 fue invadida por los complejos por su posible identificación con el régimen franquista, un régimen que se autocalificaba como “ni de izquierdas ni de derechas”, en la izquierda ese complejo se extendió también a la propia idea nacional. Partidos que en su propio nombre llevaban el calificativo de español, como el propio PSOE, adoptaron la ambigüedad en relación a la idea nacional. A pesar de que los líderes históricos de este partido como Azaña o Besteiro, independientemente de su internacionalismo, jamás dudaron de la nación española, en los años ochenta lideres como Felipe González llegaron a gritar en mítines en el País Vasco “Gora Euskadi Askatuta”

El culmen del despropósito lo protagonizó el nefasto presidente del PSOE Zapatero, que expresó que el concepto de nación española es un concepto discutible y discutido, afirmando que se aceptaría cualquier cosa que aprobara el parlamento de Cataluña en relación al “Estatut”, relativizando el concepto de soberanía nacional que viene claro en nuestra Constitución. De igual manera Pedro Sánchez continua con la matraca de la plurinacionalidad.

En la derecha tampoco es que haya una claridad meridiana en cuanto a la Nación Española, solo hay que escuchar las estupideces de Herrero de Miñon y otros, para comprobar que el problema no es solo de la izquierda.
El PSOE plurinacional

Quizás el chalaneo de la propia aritmética parlamentaria es la que hizo perder su esencia a un partido que históricamente defendió la nación, por ello es agradable ver como líderes históricos de este segundo PSOE como José Luis Corcuera, Alfonso Guerra, Joaquín Leguina o Francisco Vázquez, han vuelto a defender la idea de soberanía de nuestra Constitución, enlazando con los orígenes jacobinos de la propia izquierda española que originalmente siempre luchó contra las desigualdades entre ciudadanos que podría encarnar el regionalismo, o incluso el federalismo que siempre fue defendido por las tendencias más conservadoras.

Para fomentar aun más ese sentimiento, vengo a recordar un fragmento de un discurso de Azaña que deja claro el sentimiento nacional de este icono de la izquierda y que aplasta ese relativismo progre que pretende laminar nuestra nación por un conglomerado plurinacional, anti histórico y absurdo:

“Cuando yo hablo de mi nación, que es la de todos vosotros, y de nuestra patria, que es España, cuyas seis letras sonoras restallan hoy en nuestra alma como un grito de guerra y mañana con una exclamación de júbilo y de paz; cuando yo hablo de nuestra nación y de España, que así se llama, estoy pensando en todo su ser, en lo físico y en lo moral; en sus tierras, fértiles o áridas; en sus paisajes, emocionantes o no; en sus mesetas, y en sus jardines, y en sus huertos, y en sus diversas lenguas, y en sus tradiciones locales. En todo eso pienso; pero todo eso junto, unido por la misma ilustre historia; todo eso constituye un ser moral vivo que se llama España.”

Manuel Azaña Díaz, Discurso pronunciado el 18 de julio de 1937 en la Universidad de Valencia.

Estamos hartos de que los políticos nos atropellen
Ya es hora de que sepamos a qué debemos atenernos respecto a quienes se están disputando la supremacía en el mapa político español
Miguel Massanetwww.diariosigloxxi.com 22 Junio 2017

Lo cierto es que parece que todos los partidos políticos, que tanto se ufanan de preocuparse por todos nosotros, que tanto se ensalzan prometiéndonos actuar con honradez, proporcionarnos una vida mejor y limpiar la escena política de todo rastro de corrupción, como la que todos, con una unanimidad que resulta rara entre formaciones que difieren en sus planteamientos económicos, sociales, financieros, éticos y políticos, pero que coinciden en su fobia por un enemigo común declarado, el PP del señor Rajoy; sobre el que han centrado sus acusaciones de corrupción, insistiendo machaconamente en atribuirles todo lo que en España va mal, negándole los éxitos que, indudablemente, han conseguido, en orden al aspecto económico y laboral donde, sin duda, han conseguido importantes avances. Toda la oposición se ha declarado partidaria de la necesidad de apartar, del gobierno de la nación, al PP, sin que, hasta el momento, quede suficientemente claro quién de todos ellos va a ser el que consiga la plaza del señor Rajoy y cuáles serán los acuerdos necesarios y qué coste van a tener para el país, para que “el afortunado” pueda lograr la presidencia del gobierno.

Sin embargo, a nivel del pueblo llano, los millones de ciudadanos que siguen preocupados en normalizar su situación, después de unos años de crisis y desempleo, en los que se han tenido que soportar recortes, reducciones salariales, inseguridad en el trabajo, incertidumbre jurídica y aumento de impuestos ( recordemos que, el PP, cuando se promocionaba para conseguir los votos de los españoles, estuvo prometiendo rebajas en los mismos) parecen no estar tan preocupados como los políticos en quién, finalmente, sea el que se va a llevar el gato al agua, para hacerse con el gobierno de España y, por el contrario, sí existe una gran intranquilidad por el futuro del país; por el hecho incontrovertible de que, después de 9 años de pasar por una situación incierta y llena de incertidumbres, de esperar que llegara el momento en el que, nuestros gobernantes, aflojaran las tuercas del cepo fiscal que están manteniendo sobre todos nosotros, para aliviar la situación de una ciudadanía ( recordemos, una vez más, la sacrificada clase media) que, no sólo se ha tenido que ajustar el cinturón durante todo este periodo, sino que, por añadidura, ha tenido que ver como la presión fiscal ha ido aumentando en lugar de disminuir, como se nos prometió.

No sólo en cuanto a la cuantía de los impuestos, sino también en la feroz, desproporcionada, en ocasiones injusta, formalmente desagradable y con carácter de persecución macartiana, forma en la que, la Hacienda del señor Montoro, erigido en el Torquemada de esta Inquisición que, en lugar de enseñar el camino, de facilitar la rectificación de los errores, parece que, en su afán recaudatorio, no le duelen prendas de utilizar a sus cancerberos para buscar el más mínimo error para cebarse en aquella pobre víctima que haya tenido la desgracia de caer bajo sus zarpas. Aquello de que “Hacienda soy yo” ha desaparecido. Puedo hacer referencia un caso vivido de cerca relativo a un contribuyente del IVA, que solía hacer sus declaraciones personalmente, adquiriendo los impresos oportunos e ingresando trimestralmente las correspondientes cuotas. De pronto, Hacienda decidió ahorrar dinero y obligó a todos los afectados por el impuesto a realizar las declaraciones por medios digitales. La persona en cuestión, poco ducha en el manejo de las nuevas técnicas, intentó hacerlo y siguiendo los pasos que se indicaban a través del formulario pensó, erróneamente, que seguía enviando correctamente sus declaraciones. Al cabo de un año recibió un requerimiento de Hacienda indicándole que no se había cumplido con el deber de declarar el IVA.

El interesado intento, por todos los medios, excusarse y reparar aquel error, intentando demostrar que llevaba años ingresando puntualmente sus impuestos. La severidad fue la respuesta. Empezaron a llegar requerimientos, intereses con recargos, multas y, como es natural la obligación de ingresar, con el recargo correspondiente el dinero, no ingresado. Todo se pagó, pero el “leñazo” para aquella familia todavía no ha podido ser superado. Comparen ustedes esta situación con aquellas que, cada día, aparecen en la prensa y digan si es justo que todos sean tratados bajo el mismo rasero. El embaucador, el sinvergüenza que defrauda intencionadamente para enriquecerse y tiene a quienes se ocupan de buscarle las triquiñuelas, para salirse de rositas defraudando; tiene todas las ventajas de las que carecen el resto de pequeños ahorradores, jubilados, con los que el señor Montoro parece que no tiene la intención de ayudarles, más bien de retorcerles las entrañas para exprimirlos en nombre de la Ley.

No es justo que un pueblo, que se ha comportado durante la crisis ejemplarmente, con el que no se cumplieron, por el Gobierno, alegando circunstancias extraordinarias, las promesas que se le habían hecho de rebajarle los impuestos; que ha visto cómo se amnistiaba a una serie de potentados, para que pudieran regularizar el dinero que habían evadido de España; que el Tribunal de Estrasburgo ha fallado en contra de aquel invento del señor Montoro; siga teniendo que pagar en su propia carne, sin que se sepa cuando, de verdad, va a cumplirse con las promesas que se le hicieron, viendo pasar los años, teniendo que aguantar que, el señor ministro, todavía se muestre como un perdonavidas, hablando de que nos van a seguir tratando así hasta el año 2019. En realidad, si el señor Rajoy quiere seguir contando con el apoyo de aquellos que hemos votado siempre al PP, deberá empezar por echar al señor Montoro y reconciliarse con aquellos de los que depende su poltrona o, esta vez sí, se va a encontrar con la sorpresa de su vida cuando, en los próximos comicios, compruebe como aquella mayoría que acostumbraba obtener, se difumina por arte de birli birloque, para situarlo, más solo que la una, en la bancada de la oposición.

No se puede seguir abusando de la ciudadanía que, si bien es lenta en reaccionar, si es capaz de perdonar deslices y sigue en la brecha en su trabajo de cada día sin rechistar; llega un momento en el que, son tantos los disgustos que se le dan, tantas las sorpresas que recibe y tantos los errores que se ve obligado a pasar por alto, que se cansa de hacer el idiota y decide que si sigue la corrupción, si se sigue intentando negarla, si el problema catalán sigue sin que se actúe con firmeza en contra de quienes son los culpables de los incumplimientos constitucionales que se producen en aquella autonomía española; si nos intentan seguir esquilmándonos como si estuviéramos bajo un gobierno de izquierdas o si temas como los abortos, los divorcios, los matrimonios homosexuales etc. siguen sin solucionarse, siendo teóricamente un partido de derechas el que nos gobierna; puede, señores, que haya llegado el día en el que busquemos otro partido al que votar y, si no encontramos ninguno que sea capaz de defender nuestros derechos, pues dejaremos de votar y sea lo que Dios quiera.

O así es como, señores, desde la óptica de u ciudadano de a pie, no tenemos otro remedio que denunciar unos hechos que, según parece, no son tenidos en cuenta por quienes, desde la Ejecutiva del PP, parece que se van olvidando que son los que han heredado los valores, las doctrinas, los compromisos y las lealtades a aquellas tradiciones de las formaciones de derechas, que fueron los que animaron a que, el señor Fraga Iribarne, se decidiera a crear un partido para luchar, no para cohabitar ni colaborar, con aquellos partidos que no comparten el patriotismo, la tradición cristiana, la moral y la ética que siempre han caracterizado a los partidos conservadores. Si no son capaces de seguir manteniendo el pabellón en alto de la derecha española, que renuncien a sus cargos y cedan la antorcha a otros que, aunque no consigan mantenerse en la cumbre, sean capaces de ser fieles a aquellos principios que se comprometieron a defender.

TESTIMONIO DE LOS MILITARES
Afganistán, tras la guerra: 'Es la mayor concentración de terroristas del mundo'
La Gaceta 22 Junio 2017

Afganistán se encuentra "en un punto crítico" en la batalla contra múltiples grupos armados, según un nuevo informe elaborado por el Pentágono para el Congreso de EE.UU. que lleva por título 'Aumentar la seguridad y la estabilidad en Afganistán'. Según el documento, actualmente las autoridades de Afganistán y EE.UU. están buscando la paz a través de negociaciones con los talibanes.

Dieciséis años después de la invasión liderada por EE.UU. que tenía como objetivo derrocar a los talibanes y destruir a Al Qaeda, Afganistán se enfrenta a "una amenaza continua" por parte de unas 20 redes terroristas e insurgentes que el Departamento de Defensa calificó de "la mayor concentración de grupos extremistas y terroristas del mundo".
Reconciliación con el enemigo

"Los Gobiernos estadounidense y afgano están de acuerdo en que la mejor manera de garantizar una paz duradera y la seguridad en Afganistán es a través de la reconciliación y de un acuerdo político con los talibanes", reza el informe. Los militares norteamericanos indican que en febrero de 2017 el grupo tenía influencia sobre el 11 por ciento de la población, mientras el Gobierno lo hacía sobre un 65 por ciento de los ciudadanos.

El informe es más optimista en lo que se refiere a los esfuerzos contra Al Qaeda y el grupo Estado Islámico-Jorasán (EI-J, o ISIS-K por sus siglas en inglés), afiliado al Estado Islámico, que han perdido territorio y se centran en la supervivencia. En su apogeo, el EI-J tuvo presencia en seis provincias, pero ahora su influencia se limita a cuatro distritos de la provincia de Nangarhar, recuerdan los militares.
Costo irreversible

El número de pérdidas ofrece un panorama sombrío. En seis meses, desde el 1 de diciembre de 2016 hasta el 31 de mayo de 2017, se registraron 4.806 "ataques iniciados por el enemigo", o 801 ataques mensuales. En comparación, en el periodo documentado en el anterior informe hubo 4.727 atentados, o 788 atentados mensuales. Cinco militares estadounidenses fallecieron y 36 resultaron heridos. También se registraron 38 atentados contra las fuerzas afganas por parte de sus propios integrantes.

El Equipo de Mitigación de Víctimas Civiles de la OTAN registró más de 3.600 víctimas civiles, un tercio de las cuales murieron y dos tercios resultaron heridas. Eso supone un aumento de un 32,7 por ciento en comparación con el mismo periodo del año pasado. El informe también contiene los datos de la misión de la ONU en Afganistán, según los cuales unos 715 civiles murieron y 1.266 resultaron heridos entre enero y mayo de 2017.

LA UE RECIBE EL PRINCESA DE ASTURIAS DE LA CONCORDIA
Premio de la Discordia a la Unión Europea
La UE ha estimulado una política absolutamente sin precedentes de entrada masiva de población de culturas remotas en todos los sentidos -islámicas, muy especialmente- que está trayendo a nuestras sociedades cualquier cosa menos concordia.
Carlos Esteban gaceta.es 22 Junio 2017

La Unión Europea ha recibido el Premio Princesa de Asturias de la Concordia y nos preguntamos por qué. Personalmente, creo que el Premio Lenin, de fallarse aún, hubiera sido más adecuado para este club cuyas aspiraciones a convertirse en una sonriente Unión Soviética, adaptada a la 'sensibilidad' de nuestro siglo, parece cada día más evidente.

Frente a lo que podría pensarse, los grandes premios, esos que copan portadas, siguen siendo útiles, quizá hoy más que antes. Cierto que los galardones de prestigio -un prestigio siquiera residual, heredado- dejaron hace tiempo de recompensar logros reales y más o menos indiscutidos.

Es difícil, por poner un ejemplo obvio, recordar cuál fue el último galardonado con el Nobel de la Paz que hizo realmente algo que justificara esa distinción, y en los últimos casos se ha llegado a situaciones paródicas, como la de concederlo a un presidente norteamericano, Barak Obama, que fue oficialmente propuesto a sólo once días de iniciar su primer mandato y que dejó el segundo después de haber bombardeado siete países, lo que constituye una actividad difícilmente compatible con la paz.

Pero, después de todo ya se había otorgado al profeta del apocalipsis climático, Al Gore, por un documental plagado de previsiones que no se han cumplido pero que, de paso, han multiplicado la fortuna de su autor.

No: la verdadera utilidad de los grandes premios es que permiten a la élite gobernante señalizar lo que consideran más ajustado a sus ambiciones y nuevos dogmas. A Gore se le premió para indicar que el Cambio Climático había dejado de ser una hipótesis científica para convertirse en dogma de aceptación universal y obligatoria, y a Obama para comunicar que era el modelo de político que 'nos' gusta, nada más. Ni nada menos.

El mito aceptado universalmente es que lo que empezara hace sesenta años como Mercado Común por el Tratado de Roma ha impedido nuevas guerras europeas, después de las dos que bien podrían calificarse de fases de un mismo conflicto, la gran Guerra Civil Europea.

Naturalmente, es imposible probar o refutar una negativa. No ha habido guerras en Europa y ha habido Unión Europea (con este u otros nombres), luego lo uno se debe a lo otro, una falacia sobradamente conocida (post hoc, ergo propter hoc).

Dejo, naturalmente, la última palabra a los historiadores, pero confieso que me cuesta imaginar una ucronía o historia alternativa en que, con la batuta de la hegemonía occidental heredada por Estados Unidos, pudiera darse un conflicto bélico entre las escarmentadas potencias europeas. ¿Es que la OTAN era imposible o aun improbable sin la UE?

Pero el premio se ha concedido precisamente ahora, y no en ningún otro momento. Y es fácil que suene a ironía, porque Bruselas no parece estar precisamente sembrando concordia o viviendo en ella.

El sujeto que se premia, por ejemplo, ha estimulado una política absolutamente sin precedentes de entrada masiva de población de culturas remotas en todos los sentidos -islámicas, muy especialmente- que está trayendo a nuestras sociedades cualquier cosa menos concordia.

Están los atentados yihadistas, naturalmente, ya tan frecuentes que es difícil llevar la cuenta y con una lista de bajas preocupante. Pero no dejan de ser la punta del iceberg. Es más común que el europeo nativo note el cambio en muchos otros aspectos, como el aumento exponencial de la criminalidad o los conflictos culturales de todo tipo, desde el debate del velo a la profusión de operaciones de mutilación genital femenina.

De hecho, la encuesta más reciente realizada en Francia a este respecto eleva a un 70% aproximadamente la proporción de ciudadanos alarmados por la pérdida de identidad ante la avalancha migratoria. Cómo se compadezca esa cifra con la arrolladora victoria en las recientes legislativas del partido de Emmanuel Macron, un globalista de pies a cabeza, lo dejo a los especialistas, aunque quizá sirva el dato de que el presidente cosechó tan magnífico triunfo, que le da un poder superior al de los recientes jefes de Estado franceses, con el voto de apenas un quince por ciento del electorado en unos comicios con una abstención apabullante.

De hecho, es tan escasa la concordia que parece reinar entre Bruselas y sus pueblos vasallos que las declaraciones contra la nefasta costumbre de consultar a la ciudadanía han subido de tono. Y eso que la Comisión no ha tenido con anterioridad problema para hacer repetir un referéndum cuyo resultado le displace.

La gota que ha colmado la santa paciencia de nuestros eurócratas ha sido, naturalmente, el 'Brexit', el referéndum en el que los zafios británicos, en su mayoría, no supieron ver la concordia que reina en la Unión y optaron por salirse.

Tampoco es exactamente 'concordia' la palabra que primero nos viene a la cabeza al recordar cómo la Comisión forzó la humillación de Grecia en su día o cómo hoy chantajea a los países del Este -el Grupo de Visegrado- con los fondos de cohesión si no se avienen a aceptar los 'invitados' de Oriente Medio y el Norte de África convocados por Angela Merkel en un arranque de utopismo irresponsable que ahora tenemos que pagar todos.

Los de Visegrado se niegan, y pese al caso legal montado por la Comisión contra ellos, tendrían la ley de su parte en el sentido de que el Tratado de Roma entiende que las consideraciones de seguridad nacional son razón válida para no acatar un ukase comunitario. Y hay pocas dudas de que se trata de una cuestión de seguridad.

Tampoco reina la concordia entre la Unión Europea y su principal 'padrino', la única superpotencia mundial tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos. Tras la victoria sobre el nazismo y los comienzos de la 'frialdad' con Moscú, Washington presionó para que sus aliados europeos se agruparan en un bloque comercial, y desde el principio ha sido un entusiasta apoyo del proceso. Por su parte, el club ha mantenido en todo momento inmejorables relaciones con su aliado, algo a lo que no es ajeno el hecho de que la pertenencia a la UE y a la Alianza Atlántica se solapan en buena medida.

Hasta ahora. Los líderes europeos apostaron fuerte a caballo perdedor en las pasadas elecciones presidenciales, y el vencedor no ha disimulado en absoluto -no es muy de disimular, para qué engañarnos- su apoyo a las iniciativas y personajes europeos que desafían el poder de Bruselas, como Nigel Farage o Marine Le Pen. Lo último fue el áspero sermón que les soltó a los europeos en la reciente visita a Europa, que hizo decir a Angela Merkel que el Viejo Continente debía fiarse de sus propias fuerzas y dejar de confiar en viejos aliados.

La Unión Europea está sumida en una profunda crisis. Los peores augurios para este año -que otros países imitaran el ejemplo británico convocando sendos referenda- no se han cumplido: no ganó Hofer en Austria, ni Geert en Holanda, ni, sobre todo, Le Pen en Francia.

Pero sería idiota imaginar que el peligro 'populista', el riesgo de disolución, ha pasado. Y nuestros eurócratas pueden ser cualquier cosa menos idiotas. De ahí que su estrategia sea tenerlo todo atado y bien atado antes de que las grietas se ensanchen y el tenderete se venga abajo.

Por eso tienen que castigar la osadía británica en las negociaciones del 'Brexit', por eso se pretende acelerar la unión fiscal y bancaria, así como el ejército único europeo, por eso tienen que dar un escarmiento a los díscolos de Visegrado para que nadie sienta la tentación de hacer la guerra por su cuenta.

Todo lo cual nos sugiere muchas palabras posibles con que definir la atmósfera actual en la Unión Europea. Y 'concordia' no es, ni de lejos, una de ellas.


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Cataluña: amenazan con convertir el golpe en 'revolución'
Editorial Libertad Digital 22 Junio 2017

El que fuera director de Comunicación de la Generalidad entre 2011 y 2015, Josep Martí Blanch, asegura en un artículo publicado este martes en El Periódico que el "sanedrín público-privado" que trabaja en la sombra para la consulta secesionista del 1 de octubre ya tiene configurada una estrategia de actuación en el caso de que no sea "posible" su celebración: se trataría de instigar una "revolución pacífica" que se tradujera en la ocupación del Parque de la Ciudadela de Barcelona –donde se emplaza la Cámara autonómica catalana– por parte de ciudadanos favorables a la secesión, mientras el Gobierno regional y los diputados golpistas permanecerían encerrados en el Parlamento regional, "quizá retomando el programa original de Junts pel Sí y proclamando con 72 diputados la independencia".

La pretensión de Martí Blanch de que el otoño catalán emule la Primavera Árabe es tanto más ridícula por cuanto parte de la suposición de que el Gobierno de España se atreverá esta vez a hacer cumplir la ley en Cataluña impidiendo la celebración de la consulta de marras. Es posible y deseable que así sea, pero la verdad es que, a día de hoy, la ilegal consulta tiene más visos de no celebrarse por las dudas y la falta de entusiasmo que suscita entre los propios partidarios del mal llamado derecho a decidir –tal es el caso de Xavier Domènech y su Catalunya en Comú– que por el efecto disuasorio que puedan causar las medidas que el Gobierno de Rajoy piensa tomar para impedirla, y de las que todavía no ha informado.

Nunca hay que descartar que los separatistas traten de organizar algaradas y movilizaciones callejeras, tanto si el Gobierno de la Nación se atreve a impedir la consulta con todos los instrumentos que pone a su disposición el Estado de Derecho como si se limita (tal y como hizo el 9-N) a no reconocerle efecto jurídico alguno. Cosa distinta es que la gente vaya a secundar en masa al mentado "sanedrín" separatista acampando y convirtiendo el Parque de la Ciudadela en una "revisitada plaza de Tahrir en la que la primavera árabe se torne otoño catalán".

Sea como fuere, las cursis amenazas de este separatista no deben amedrentar al Gobierno de la Nación a la hora de velar por el imperio de la ley y de dejar claro que las fronteras más preciosas que España ha de conservar son las que la configuran como Estado de Derecho.

“La persistencia” de Puigdemont… contra las víctimas
Antonio Robles Libertad Digital 22 Junio 2017

El último vómito del presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, ha caído sobre la tumba de las víctimas del terrorismo. No lo recordaré, afortunadamente vivimos nuevos tiempos, donde los exabruptos tienen réplica.

Se le ha achacado a este golpista a jornada completa que comparó el triunfo de la lucha contra ETA con la persistencia del "pueblo catalán" por lograr la independencia.

En su patológica obsesión por ver en cada gesto y gesta democráticos el modelo estético para vender, ocultar y adornar sus agresiones al Estado de Derecho, no reparó en la posible deducción. Dudo que la hiciera a propósito; más bien le falló el inconsciente en su obsesión por reducir todo al procés, sin reparar en los sentimientos de las víctimas. Es aquí donde está el problema, en la falta de empatía con las víctimas. Como le faltó a buena parte del catalanismo político siempre. Estaban en otra cosa. La lucha de ETA por Euskalerria era su aspiración inconfesable. Y es que cuando se comparten fines, se comprenden medios. O al menos se ignoran. La prueba más evidente fueron los 40.000 votos nacionalistas catalanes de ERC coaligada con Herri Batasuna en las elecciones europeas de 1977 que precedieron al atentado de Hipercor, como lo fueron los años de silencio sin mover un dedo para apoyar a las víctimas en las manifestaciones que transcurrieron entre la indiferencia de la mayoría de la sociedad catalana. Por entonces, solo un puñado de ciudadanos se reunían en la Plaza Tolerancia, junto a Hipercor, para honrar a las víctimas mortales que caían cada poco con la total inhibición de las instituciones catalanas. Efectivamente, gentes como Puigdemont fueron persistentes inhibiéndose de ese dolor o negociando con ETA para que no matara en Cataluña, como hizo Carod Rovira yendo de incógnito a Perpiñán en coche oficial y ostentando el cargo de presidente de la Generalidad por ausencia del titular. Al fin y al cabo, los muertos eran españoles, guardias civiles, botiflers en el mejor de los casos, es decir, colonos castellanohablantes enemigos de las libertades de Cataluña.

Tiene razón, toda la razón Puigdemont cuando habla de "persistencia". Efectivamente, él y los suyos fueron persistentes en su empeño por olvidarse de las víctimas durante los últimos 30 años. Arrogarse ahora el título de la lucha contra ETA o el de asistentes de las víctimas tiene lo suyo. Aquí, en estas mismas páginas de LD, relaté y denuncié ese calvario en 2007. Bueno es recordarlo y calibrar el inmenso cinismo al que asistimos el pasado martes, 17 de junio, cuando los máximos gerifaltes del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalidad de Cataluña, Ada Colau y Carles Puigdemont, honraron a las víctimas en el primer acto institucional organizado en 30 años. Y el primer acto que organizan en 30 años lo fue a espaldas de la Asociación Catalana Víctimas de Organizaciones Terroristas (Acvot), que ya tenía prevista la fecha de cada año para el día 19. Al del Ayuntamiento de Ada Colau ni siquiera les llamaron.

Menos mal que al final estuvieron presentes las máximas autoridades de Cataluña, con el presidente Puigdemont y la alcaldesa Colau, el lendakari Urkullu y el ministro del Interior Zoido en el acto realizado ante el monumento a las víctimas el día 19, con José Vargas, presidente de la Acvot, a la cabeza. Incluso la alcaldesa y el presidente golpista reconocieron el olvido institucional y pidieron disculpas.

Bien está lo que bien acaba, pero es que han sido 30 años de persistencia en el olvido de las víctimas, Sr. Puigdemont. Esa persistencia en el olvido y no la comparación de la lucha contra ETA es la que delata realmente la obscenidad del honorable.


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