AGLI Recortes de Prensa   Sábado 24  Junio 2017

Una legislatura fallida
Mikel Buesa Libertad Digital 24 Junio 2017

Si las cosas empezaron mal, con una investidura al segundo intento, fruto en buena medida del desencadenamiento de una crisis brutal en el partido socialista, la resolución de esta última ha vuelto a plantear la enorme dificultad con la que el PP abordó la responsabilidad de volver a gobernar España. Digámoslo con claridad: el país se enfrenta a severos problemas que un Gobierno minoritario, al cual las dos principales fuerzas de oposición, en su pugna por la hegemonía de la izquierda, someten a una sistemática acción de bloqueo, difícilmente va a poder resolver. Es cierto que, como ha demostrado la negociación presupuestaria, es posible arbitrar una mayoría mínima con la que sacar algunos proyectos adelante. Pero semejante éxito es difícilmente repetible cuando lo que se necesitan son auténticos pactos de Estado con los que apuntalar el sistema institucional y asegurar el consenso político para, al menos, el próximo cuarto de siglo.

Cinco son, a mi entender, los retos que están planteados y que, si no ahora, pronto deberán encontrar una vía de solución a largo plazo. El primero, por más urgente, es el planteado por el desafío independentista catalán, ya con fecha, y para el que nada concreto se ha propuesto públicamente, pues por lo que parece en lo único en lo que parecen estar de acuerdo los populares, los socialistas –y no todos– y los naranjas de Ciudadanos es en que el referéndum que propugna Puigdemont no debe celebrarse. Pero nada sabemos de una solución de fondo que, más allá de impedir momentáneamente el hecho secesionista, reconduzca la gobernación territorial de España solventando todos los problemas que, en este ámbito, esperan ser resueltos: la delimitación competencial de las Administraciones –y, por tanto, el reparto del poder entre el Estado y las comunidades autónomas–, el aseguramiento de la unidad del mercado interno, la financiación autonómica en sus dos niveles –común y foral– y, lo que seguramente es más difícil, los aspectos simbólicos de las identidades regionales.

Está también en un alto nivel de prioridad el abordaje de los problemas demográficos de España y, en relación con ellos, el afianzamiento del Estado del Bienestar. La demografía es un asunto molesto que, más allá de su ineludible determinación, se contempla muchas veces desde perspectivas ideológicas y religiosas que estorban. El dilema básico al que nos enfrentamos los españoles es el del decaimiento de nuestra población como fruto de una bajísima natalidad que, enfrentada a una esperanza de vida creciente, desemboca en un galopante envejecimiento. Éste a su vez es un reto para los pilares materiales del bienestar –pensiones, sanidad, servicios sociales–, pues no sólo se incrementa fuertemente su demanda, sino que se erosiona su viabilidad financiera. Por ello hay que discutir y consensuar soluciones que, más allá de lo ideológico y religioso, aseguren un aumento de la natalidad a largo plazo –lo que obliga a facilitar la función reproductiva de las mujeres asegurando el sostenimiento y la atención de sus hijos, y también sus carreras profesionales aun cuando se vean temporalmente interrumpidas–, que establezcan asimismo, de manera realista, los períodos exigibles de trabajo y la edad de jubilación para hacer viable el sistema de pensiones, que extiendan los servicios de atención social a las personas mayores y que aborden enérgicamente la cuestión de la pobreza.

Naturalmente, lo anterior no podrá intentar resolverse si, de manera simultánea, no se impulsa la creación de rentas, no sólo a partir de una extensión del empleo, sino de la productividad. Llevamos más de un cuarto de siglo en el que, por encima de avatares coyunturales y de crisis severas, la economía española ha ido creciendo por "transpiración" –según la afortunada expresión acuñada por Paul Krugman–; es decir, utilizando cada vez más recursos de capital y trabajo, pero sin apenas obtener un rendimiento incrementado de éstos. La productividad es la asignatura pendiente de nuestro modelo económico; y ello enlaza con aspectos como la cualificación del capital humano, la creación y difusión de la tecnología, la especialización productiva, el tamaño de las empresas, el funcionamiento de las instituciones que aseguran la competencia, la eficacia de las burocracias gubernativas y los valores sociales aceptados que, más allá de la alegría de vivir que nos caracteriza a los españoles, debieran incluir elementos de responsabilidad y disciplina laboral. Aspectos todos ellos que necesitan de un impulso reformista al menos tan intenso y audaz como el que llevó en la anterior legislatura a cambiar el sistema financiero, el mercado de trabajo y la estabilidad presupuestaria, más allá de los intereses retrógrados –no de los derechos legítimos– de grupos de presión, entidades patronales y sindicatos incapaces de adaptarse a las exigencias de una economía abierta y competitiva.

Y quedan dos ámbitos específicos que enlazan también con lo económico, aunque tienen su autonomía. Uno es el de la educación, tema éste en el que el centro de la discusión hay que desplazarlo desde las cuestiones referidas a la especificidad, religiosa o no, privada o pública, de los centros educativos –que preocupa principalmente a la derecha–, o desde la falsa identificación de los resultados educativos con la igualdad –que es privativa de la izquierda–, hacia la manera como se superan los problemas del fracaso escolar en todos sus niveles –pues no se trata sólo del abandono escolar en la etapa educativa secundaria, sino también del monumental derroche de recursos que supone el fracaso en los estudios universitarios– y, sobre todo, de la mediocridad generalizada en cuanto a las competencias y conocimientos adquiridos por los escolares, tanto adolescentes como adultos, tal como reiteradamente ponen de manifiesto los informes de la OCDE. Y el otro es el del sistema judicial, no sólo porque el gobierno de los jueces deja mucho que desear en cuanto a la injerencia política sobre su nombramiento, sino sobre todo por su notoria ineficacia para encontrar la solución jurídica a los conflictos, debido a su irritante parsimonia que alarga los procesos hasta hacerlos inasequibles a la justicia. En ambos se requieren pactos de amplia mayoría, recursos y voluntad de superar antagonismos seculares.

Todo esto –y seguramente más– tendría que estar ocupando a nuestro sistema político. Pero me temo que llegaremos a las siguientes elecciones con la misma agenda, pues la izquierda, con Sánchez e Iglesias mano a mano, ya ha dejado clara su voluntad de bloqueo, cuando no de asalto espurio al poder gubernativo, mientras Rivera se debate en un ser o no ser de irresoluble decisión. En estas circunstancias, lo único que cabe tratar de adivinar es cuándo encontrará el presidente Rajoy el momento propicio para convocar, con alguna ventaja, las siguientes elecciones. Entre tanto, lo que nos espera es la mediocridad de una legislatura fallida que, paradójicamente, debido a la inanidad de la izquierda, podría alargarse de manera desesperante.

Del ridículo a la vileza
Ignacio Camacho ABC 24 Junio 2017

Para comparar la terquedad sediciosa del independentismo con la nobleza de la resistencia civil contra ETA se necesita una dosis muy fuerte de cinismo, un equipamiento mental muy débil o una insensibilidad moral rayana con la felonía y la indecencia. O acaso, simplemente, muy poca vergüenza. Hasta ahora Carles Puigdemont parecía deber su alto cargo a sus cortas luces; un caso clásico de «síndrome del emperador Claudio», del tipo mediocre elevado al poder en una conjura para que se comporte como una marioneta. Su discurso ante las víctimas del atentado de Hipercor lo presenta, sin embargo, como autor espontáneo de una de las más miserables proclamas que se han oído a un responsable público en la muy degradada política moderna. Esa analogía victimista es algo mucho peor que desafortunada, ventajista o inoportuna: representa una desaprensiva villanía, un despreciable gesto de vileza.

Los nacionalistas catalanes venían subiendo peldaños de ridículo en cada parangón que utilizaban para su propaganda de referencia. Han asimilado su causa con la de Gandhi, con la de Martin Luther King, con la de William Wallace, e incluso Artur Mas llegó a identificarse con un Moisés liberador que amparaba al pueblo cautivo bajo su autoridad benéfica. Su delirio mitológico no se detiene por pudor ante ninguna leyenda. Después del socorro internacional reclamado por Guardiola para escapar de la garra del «Estado autoritario», sólo les falta compararse con los judíos alemanes o con cualquier pueblo sometido a limpieza étnica. Pero todo eso no pasa de ser un montón de chaladuras disparatadas y extravagancias caricaturescas. Lo de equiparar su desafío ilegal a la democracia con la fortaleza de una sociedad enfrentada al terrorismo constituye, en cambio, una ofensa indigna contra el sufrimiento de las víctimas y contra el honor de la nación entera.

Porque por torpe que sea Puigdemont, por concisas que sean sus entendederas, es lo bastante adulto para apreciar la diferencia entre la hipérbole y la falta de respeto, entre la mentira y la afrenta. Porque dispone de medios para conocer que los muertos por atentado en Cataluña han sido más de ochenta. Porque tiene memoria para recordar que su colega Carod Rovira fue hace unos años a pactar una inicua tregua exclusivamente territorial con Josu Ternera. Porque su propio Gobierno ha recibido con distinción a Arnaldo Otegui, cómplice y defensor de los asesinos, como a un compadre asociado en la misma empresa. Porque sabe que el mismo Estado al que él desafía es el que resistió sin más medios que los legales el embate criminal de la ETA. Y sobre todo porque ni el más majadero de los políticos españoles, ni el más tarado por el sectarismo o la simpleza, puede ignorar que el terrorismo vasco mató a más de 850 ciudadanos inocentes precisamente para tratar de alcanzar la meta a la que él aspira: la maldita independencia.

Sánchez Trump
Carlos Herrera ABC 24 Junio 2017

Finalmente, la cosa se queda en abstención. Al adanismo de Sánchez le ha sobrevenido el chorreo corrector de la UE en la persona de Moscovici y finalmente el bravo secretario general ha reconsiderado su apretón intelectual del miércoles. Hace ná y menos, un portavoz del PSOE instaba a que se considerase el Acuerdo con Canadá (CETA) como una forma de oposición indudable a que existiese carta blanca para el populismo europeo, fuera de derechas o de izquierdas. Canadá es, por lo que se ve, un país progresista en el que se puede confiar y con el que se puede llegar a acuerdos progresistas sobre el bienestar de los trabajadores y su participación en el derrame de beneficios de las empresas. Cuando menos lo era hasta el martes. Ignoro el debate intenso que hubo en esas horas críticas de la semana, pero quiero imaginar que en la sala de máquinas ideológica del PSOE se discutió hasta bien entrada la madrugada la conveniencia del apoyo a un acuerdo que podía «concentrar más poder en grandes corporaciones a costa de derechos» (supongo que laborales y sociales). Menudo debate tuvo que ser ese. Ya estoy viendo a los defensores encendidos de la lucha contra el populismo proteccionista que recorre Europa y América frente a los partidarios de sumarse al criterio sanamente izquierdista de aquellos que creen conveniente seguir los dictados de Podemos. Venga argumentos a favor y venga argumentos en contra, toma por aquí, toma por allá, que mira este balance, que mira este estadillo, que esto no conviene, que esto es lo mejor... Total: en pocas horas y tras sesudas consideraciones en las que primaba el interés elemental de los españoles, el sanchismo decidió reconvertir su parecer y abjurar del acuerdo con Canadá. Vía Twitter, como Donald Trump.

Esa veleta llamada Pedro Sánchez volvió a rendir un sincero homenaje a dos de sus características elementales: la levedad y la inconsistencia. En virtud del seguidismo de Podemos, que le tiene totalmente comida la voluntad, el socialismo de cuño actual le hizo un pequeño guiño a la antiglobalización alineándose con los más radicales y populistas de la Unión Europea, extremistas de derecha e izquierda que se oponen a cualquier tipo de liberalización de mercados. Es verdad que la historia enseña situaciones contradictorias acerca del progreso de los países en función de su comercio exterior: lo que fue bueno en el siglo XIX para Europa no lo fue en el XX para América del Norte, y hoy en día, en sociedades abiertas e intercomunicadas hasta el delirio, ignoramos a ciencia cierta dónde colocar algunas limitaciones en el caso de que fueran necesarias. Pero ello no obsta para que el debate imprescindible en el seno de los partidos políticos dependa de algo más que de la búsqueda de un puñado de votos prestados o robados.

Sánchez, ese fenómeno que a diario sorprende hasta al más aventurado de los cronistas, obra mediante impulsos difícilmente explicables desquiciando completamente a su partido, que hoy defiende en el Congreso una cosa y mañana deberá defender lo contrario. Que a estas alturas del partido, todo un PSOE actúe condicionado por las invectivas y aseveraciones de los cavernícolas de Podemos, los cuales le obligan a posicionarse como «izquierda» fetén, demuestra que la izquierda antaño socialdemócrata ha perdido todas las brújulas que le llevaron a ser partido de gobierno.

Puente hacia el suicidio.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  24 Junio 2017

El PSR de Pedro Sánchez ha empezado a destapar sus cartas en asuntos de Estado y el primer renuncio ha sido modificando su voto sobre algo tan importante para la UE como es el nuevo tratado de libre comercio con Canadá. Tras haberse posicionado como la mayoría del grupo socialista de la UE a favor del acuerdo, Pedro Sánchez anunció sorpresivamente su negativa a apoyarlo en base a unas implicaciones medio ambientales y sociales incongruentes y estrafalarias. Una actitud que, tras la reunión forzada con el Comisario de la UE responsable, el socialista Moscovici, se transformó en voto de abstención, Tras ese anuncio, recibió por parte del comisario una reprimenda en forma de aviso indicándole que “hay que conciliar ser de izquierdas y ser creíble” y que no debería enfrentar izquierda con globalización. Pero hoy, el nuevo portavoz oficioso, el Alcalde de Valladolid Oscar Puente, se ha descolgado con una frase más que inquietante para la estabilidad política de España y es que “el PSOE cambiará su posición en aquellos asuntos que no sean acordes con el nuevo proyecto político”.

Así que ya tenemos el camino trazado y lo que se puede esperar de este PSR (Partido Socialista Reconstituido) de Pedro Sánchez y su tropa. Enarbolarán su recién estrenado proyecto gestado en un Congreso dominado por los partidarios de Pedro Sánchez y donde la otra mitad, la opción perdedora oficialista fue anulada y silenciada. Un proyecto que no fue fruto del consenso ni de pactos, sino de la más abyecta imposición con una purga posterior en los principales órganos del partido como el Comité Ejecutivo Federal. Un proyecto que contiene asuntos como la “plurinacionalidad”, la instauración de un sistema Federal asimétrico y la vuelta a las andadas en las viejas recetas de un marxismo trasnochado como es la recuperación de las ineficaces empresas públicas, nidos de corruptos y clientelismo político, y las Cajas de Ahorros gestionadas por el poder público y el aumento del gasto sin determinar los recortes para equilibrar la balanza y cumplir con los requisitos de la UE. Porque incluso eso, al igual que hace PODEMOS, lo cuestionan, no tanto el qué sino el cómo hacerlo y el tiempo previsto para ello.

Es decir, el PSR se va a oponer de forma sistemática a todo aquello que considere que atenta contra su proyecto, aunque el mismo no haya sido refrendado en las urnas por los españoles, ni se haya debatido sobre su legalidad. Porque lo que se evidencia es que este nuevo PSR de Pedro Sánchez está actuando en clave política para sus propios intereses de partido y no tiene reparo en poner en riesgo la propia credibilidad de España. Una actitud no semejante, sino igual a la adoptada desde el principio de su fundación por PODEMOS y sus principales representantes como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero o Íñigo Errejón. Y la verdad es que ya no se esconden de lo que pretenden, y ha tenido que ser un alcalde, convertido en portavoz del sanchismo triunfante, el que haya advertido de lo que nos espera a España y los españoles con este PSR, al que podría llamársele Partido de Sánchez Redivivo.

Y es que a este ególatra rencoroso y vengativo, lo que le importa es su interés personal y para ello no dudará en poner el Congreso y las Instituciones “patas arriba” a base de desplantes y directrices a su grupo parlamentario amparadas en la aplicación del nuevo proyecto aprobado en un Congreso a la búlgara emulando al que ya consideran socio preferente, Pablo Iglesias y PODEMOS en su imposición sobre la disidencia interna. Una actitud que algunos confunden con una especie de “esquizofrenia”, pero que solo es una estrategia perfectamente planificada para recuperar a su electorado huido a los brazos de PODEMOS, presentándoles un nuevo partido más radical escorado hacia la izquierda. Y es verdad que en política los huecos dejados por unos son rápidamente ocupados por otros. Es el equivalente en la física al “horror vacui” (miedo al vacío). Es por eso que en su intento de aproximarse a PODEMOS por la izquierda y abandonar el centro, puede tener efectos desastrosos. Por un lado, porque entre el original y la burda y basta copia siempre se prefiere al original. Y en segundo lugar que en España lo que triunfa es la sensatez y la moderación, un conservadurismo racional basado en la comparación de los logros de unos y el desastre de los otros. España es un país próspero dentro de la UE de la que ha sacado más beneficios que aspectos negativos. Y aquí sí que aspiramos a seguir formando un proyecto común, que al parecer choca frontalmente con lo que el PSR de Pedro Sánchez reivindica. Lo que no puede caer, como le advirtió el socialista Moscovici, es en el error de ser tan de izquierdas que deje de ser creíble.

En cualquier caso, esta deriva radical del nuevo Partido Socialista es una muy mala noticia para España y para los españoles. La credibilidad de España está en juego y no se puede permitir que las ambiciones personales de un sujeto y las de su grupo que lidera su partido, se impongan sobre el interés general de España. Pedro Sánchez y su nuevo PSR no tienen credibilidad y ya no pueden sr considerados como un partido constitucionalista fiable para asuntos de Estado, porque su apoyo está condicionado a que se interprete como acorde con su nuevo proyecto político y de país. Algo que solo las urnas pueden corroborar para otorgarles la legitimidad de la que ahora carecen, por mucho que haya sido aprobado en un Congreso Federal.

La solución debe venir desde el mismo partido y no solo de aquellos militantes que dieron su voto a Pedro Sánchez confiando en sus promesas. Pero por este camino de enfrentamiento solo conseguirán consolidar la división y la ruptura con un pasado que ya se vislumbra mejor que el futuro que propone Pedro Sánchez y su equipo de gobierno.

¡Que pasen un buen día!

Pedro, CETA y la deriva populista
Daniel Lacalle elespanol 24 Junio 2017

“Waiting for the light that might light our way, waiting for the right place to fade”, Lindsey Buckingham

La aprobación del tratado de libre comercio entre la Unión Europea es un hecho, aunque hayan votado en contra la ultraderecha y la ultraizquierda. Lo que es muy triste es que el PSOE, en su carrera suicida hacia el Podemismo, haya decidido rechazarlo. Un partido que ha gobernado España durante dos décadas, que ha cerrado acuerdos bilaterales de enorme calado que han permitido que nuestro país se desarrollara, se junta con el Frente Nacional y la ultraizquierda, con los más totalitarios, para rechazar el acuerdo con… Canadá.

Ya saben ustedes, Canadá, ese país sin derechos ni estado de bienestar ni salarios altos ni protección social… nada. Vamos, ese país donde comen alimentos tóxicos según los populistas. ¡Canadá! Uno de los países más avanzados del mundo, con unos requisitos más estrictos en términos de sanidad y con un nivel de vida y de derechos de los trabajadores que ya querrían para sí muchos millones de europeos. Ah, pero es que los garantes de los “derechos” y los verdaderos controles de calidad y medioambientales son los que defienden el carbón subvencionado aquí y gobiernan desde hace décadas en regiones campeonas mundiales de paro y precariedad.

Es, por lo tanto, normal que “teman” los requisitos comerciales y derechos laborales. Total, el salario mediano en Canadá es casi un 50% superior al de la España que gobernaron durante más de 20 años. Decir que el tratado no habla de derechos no solo no es cierto, es que es una ridiculez cuando los países que lo firman… comparten la totalidad de esos derechos.

Y es que el CETA es un acuerdo bilateral que tiene de todo menos liberal, está completamente alineado con una vertebración de la economía dirigista, más cercano a Francia que a cualquier otro país. Pero sus ventajas, sin quitar sus errores, son incuestionables, y merece la pena apoyarlo como lo que es, un marco de apertura muy necesario para Europa.

La miopía de unirse a los extremistas se une a la pérdida de participar en la mayor oportunidad de la Unión Europea de mostrar su influencia.

Porque el acuerdo CETA es uno de los mayores éxitos de la Unión Europea, un tratado de libre comercio donde se defienden claramente unos valores y principios que están totalmente compartidos por Canadá, y que servirá de ejemplo y guía para otros. En realidad, las críticas al CETA están basadas en la crítica a cualquier tratado de libre comercio. Es el odio al comercio, y esconde el proteccionismo más rancio y destructor. El que no protege nada.

Es ese proteccionismo que glorifica el intervencionismo y que antepone la burocracia al progreso. En realidad, es el ejemplo más evidente de atacar un acuerdo de progreso. Los propios laboristas británicos lo explican; El CETA no solo supondría un aumento de exportaciones de más de 12.000 millones de euros, sino que, desde el punto de vista de los derechos, protege los servicios públicos y no elimina las leyes de los países en ningún caso, se protegen las leyes laborales y se mantiene el derecho de los gobiernos de regular de acuerdo al interés público, se garantiza que ningún inversor extranjero tendrá mayores facilidades que uno nacional, y las regulaciones en temas de salud, seguridad y regulación medioambiental se mantienen, y no obliga a ningún estado a aceptar regulaciones, la cooperación regulatoria es voluntaria.

Decir que los tribunales de arbitraje benefician a las multinacionales y las sitúa por encima de los tribunales nacionales es una broma de tal calibre que no debería ser discutida. Cualquiera que conozca el sistema de arbitrajes internacionales –y yo he participado en muchos- sabe que lo que hace es proteger los derechos de todos en igualdad de condiciones sin atacar a las leyes de un país.

Ninguna multinacional se beneficia de esas normas comunes. Las multinacionales se pueden gastar millones de dólares sin pestañear en abogados y consultores para navegar y adaptarse a las legislaciones de cualquier país. Ninguna multinacional lidera un tribunal de arbitraje. El ejemplo más claro es todas esas que han perdido contra el Reino de España u otros estados soberanos en casos recientes.

Son las pymes las que se benefician de normas comunes para poder exportar, porque son las que no tienen acceso a enormes capitales para pagar abogados y asesores.El propio PSOE escribía el 15 de febrero de 2017 a las 15:35 de la tarde un tuit que decía “no queremos el proteccionismo de Trump y LePen, queremos globalización regulada y progresista” defendiendo el CETA. Curioso, porque han pasado a unirse a Le Pen y Podemos, y poner en cuestión el acuerdo más importante que pone los requisitos y principios de la Unión Europea en valor con un socio que los comparte totalmente.

Y ustedes dirán que no importa, que al final, primero apoyando, después rechazando y ahora absteniéndose, el acuerdo va a salir adelante. Pero es un síntoma grave.

Es un síntoma de un partido que ha abrazado el proteccionismo más rancio y que, a cambio de hacer un guiño a los 1,5 millones de votantes que se fueron a Podemos, según Sigma Dos, desprecia a los casi 11 millones que le llevaron al poder en su momento.

Es un síntoma de una enfermedad muy grave. Los mismos que se autodenominan defensores de lo público son los que lo destruyen haciéndolo insostenible, poniendo trabas al crecimiento, el empleo y la inversión.

Europa necesita recuperar liderazgo mundial y el CETA es una excelente opción que, sin ser perfecto –es un tratado claramente socialdemócrata y con mucho intervencionismo-, podría servir de guía para que la Unión Europea se convierta en una potencia mundial, no en un experimento que se pone en cuestión constantemente.

Las empresas españolas, que han conseguido niveles de exportaciones récord, no merecen que el tacticismo político ponga en peligro la recuperación y el empleo bajo el engaño de defender unos “derechos” que ellos ponen en peligro cuando destruyen millones de empleos.

Europa no va a sobrevivir si no es una potencia mundial de atracción de capital, innovación, empleo y crecimiento. Dinamitar tratados comerciales hunde la posición de Europa en el mundo. Estados Unidos puede permitirse pegarse un tiro en el pie con medidas proteccionistas porque es moneda de reserva global y potencia económica, militar y tecnológica mundial, y hacerlo no deja de ser un error y un enorme destrozo a sus ciudadanos. Pero la Unión Europea no puede permitírselo. Por eso rechazan hasta acuerdos tan “light” como el CETA los enemigos del progreso. Porque prefieren controlar el 100% del erial que dejan sus políticas antes de perder la opción de intervenirlo todo.

España plurinacional: ¿solo o con leche?
Manuel Trallero cronicaglobal 24 Junio 2017

El señor Pedro Sánchez ha tenido una ocurrencia y ha descubierto la gaseosa. Ha dado con la solución, la piedra filosofal, para dar cumplida cuenta a las aspiraciones independentistas con la vana esperanza que estos le compren la moto. Hay que decir en su descargo que no se encuentra solo en el empeño sino que le acompaña en tal empresa, si cabe con mayor ahínco, Pablo Iglesias y sus secuaces. La poción mágica es más vieja que el tebeo. El eminente pensador José Luis Rodríguez Zapatero tuvo la ocurrencia de decir en el Senado que la idea de que España fuera una nación "no sólo era discutible, sino discutida", y la liamos parda. Pasqual Maragall quiso emular a su abuelo poeta con aquello de "¡Escucha España!", proclamando lo del federalismo asimétrico que parece una pregunta de examen de selectividad. Tratar de federar España es como aquel niño que vio San Agustín provisto de un cubo que sacaba agua del mar con la pretensión de vaciarlo.

Dejó dicho don Antonio Cánovas del Castillo "que son españoles los que no pueden ser otra cosa". Es una forma sucinta pero clara de definir lo que es España. No hay que andarse con demasiadas zarandajas ni darle muchas más vueltas. A Umberto Eco le pregunto un taxista bengalí en Nueva York que de dónde era. Al decirle que de Italia, el conductor no supo qué demonios era eso de Italia, así que le preguntó: "¿Qué enemigos tiene Italia?". El muy civilizado pensador le respondió que ninguno, pero cavilando después alcanzó la conclusión de que el principal enemigo de Italia son los propios italianos. Algo parecido nos sucede a los españoles, que nunca tenemos bastante con ser simplemente lo que seamos y necesitamos un epíteto, algún calificativo y así España, tal cual, monda y lironda, se transformó primero en el Estado español, por la gracia de Francisco Franco, apelativo que aún se usa en Cataluña, y después los socialistas la convirtieron en una nación de naciones. Ya decía Julio Camba que si le daban un millón de pesetas de la época de la República era capaz de convertir a Getafe en una nación. A este paso vamos a pasar del nacionalismo al parroquialismo.

Ahora, por lo visto, vamos a ser plurinacionales, algo que solo lo ha sido la extinta URSS, un ejemplo para los niños. Una idea aproximada de en qué consiste este nuevo parto de la burra nos la propició con su habitual sapiencia una de las mentes más preclaras que nunca haya conocido: Sergio Vila-Sanjuán. Para ayudar a la cosa esa de la pluriculturalidad, por lo visto, no había nada mejor que rotular las obras del Museo del Prado en catalán, vascuence y gallego, amén del español y del inglés. Y así sucesivamente hasta convertirnos en víctimas del amor que Pedro Sánchez siente por Cataluña y del que Oriol Junqueras siente por España. Esto va ser un despiporre, un vivir en un continuo orgasmo de mucho cuidado.

Hace poco vi una foto de doce personas, doce, seis a cada lado de la mesa. No se trataba de negociar un acuerdo de paz en Siria ni los términos del Brexit. Aquella reunión era motivada por las interminables colas que se formaban en el aeropuerto de Barcelona para pasar el control de pasaportes. Para ello fue preciso reunir una Santa Cena sin Judas Iscariote entre la Generalitat y el Estado. ¿Porqué hacerlo fácil, pudiéndolo hacer difícil? Por lo visto, "¡España y yo somos así, señora!".

Así traicionó Rajoy al Levante español
Los agricultores ven cada vez más cerca la ruina que se les avecina por una cuestión de insolidaridad de las autonomías.
Pablo Molina Libertad Digital 24 Junio 2017

Trece años después de la derogación del Plan Hidrológico Nacional por José Luis Rodríguez Zapatero, la situación del sector agrícola del sureste español ha entrado en una fase agónica por falta de agua. Zapatero, siendo ministra Cristina Narbona, suprimió el instrumento jurídico y técnico que habría puesto fin al déficit estructural de la cuenca del río Segura y garantizado los recursos hídricos para mantener la agricultura de la zona, la más intensiva y con mejores resultados de toda Europa.

Pero Zapatero necesitaba los votos de ERC (y del PSC) para llegar a La Moncloa y, en consecuencia, su primera decisión ejecutiva como presidente fue eliminar de un plumazo el trasvase del Ebro. A cambio, los socialistas se sacaron de la manga las desalinizadoras. A su construcción dedicaron 4.000 millones de los fondos europeos destinados al Plan Hidrológico Nacional (PHN), y lo hicieron con tanta solvencia -la habitual en los socialistas- que aún hoy carecen de las acometidas eléctricas y conducciones necesarias para que cumplan plenamente su función.

Los populares tratan ahora de asustar a los regantes con el "¡que viene la Narbona"! (recientemente elegida presidenta del PSOE) para mantener ese voto cautivo, pero lo cierto es que han tenido tiempo suficiente para haber solucionado el destrozo perpetrado por la nueva mandataria socialista y su jefe de entonces, el gran ZP. Lejos de ello, ahora resulta que el PP no quiere tampoco trasvases y su ministra de Agricultura, García Tejerina, trata de convencer a los regantes levantinos de que tienen que cambiar "su modelo productivo". Eso mismo propone González Pons desde Bruselas, que en una reunión con los agricultores que ven morir sus plantaciones y están ya al borde de la ruina tuvo el cuajo de exigirles que no mencionaran más los trasvases porque ese argumento ya no cala en Europa.

¿Vendrán Tejerina y González Pons al campo de Cartagena a explicar a los miles de magrebíes que viven de la agricultura que tienen que cambiar "su modelo laboral"? ¿Les animarán a entrar en la Universidad para doctorarlos, por ejemplo, en Estudios de Género? Los dos dirigentes populares podrían salir de gira por el agro levantino acompañados de los líderes de Podemos, partidarios también de cambiar el modelo productivo, que llevaría a la indigencia a los trabajadores más necesitados de España en un ejemplo muy gráfico de lo bien que estarían "los de abajo" con las políticas podemitas, que ahora el PP también quiere aplicar.

Los franquistas Indalecio Prieto y José Borrell
Los argumentos para oponerse a llevar agua desde donde sobra hasta donde escasea no pueden ser más romos. De hecho, una cuestión meramente técnica se ha convertido en un arma arrojadiza entre las distintas fuerzas políticas, que cambian diametralmente de criterio según estén en el Gobierno o la oposición. Se llega a tachar de franquistas los trasvases haciendo gala de una gran indigencia intelectual, puesto que el primer Plan Hidrológico Nacional (que, naturalmente, incluía un trasvase de agua desde el Ebro al Levante) fue elaborado por Indalecio Prieto, ministro socialista durante la II República.

A lo largo del franquismo se construyeron embalses para impulsar al sector agrícola, pero el siguiente PHN no lo diseñó ningún ministro de Franco sino uno socialista, Josep Borrell (irónicamente, pareja de la dirigente del PSOE más furiosamente antitrasvasista, la citada Cristina Narbona). Borrell volvió a incluir al Ebro en el eje central del plan, al objeto de utilizar parte de sus 6.000 hectómetros cúbicos excedentarios. De hecho, el plan de Borrel establecía el trasvase de 1.800 hm3 a otras cuencas, casi el doble de lo que contemplaría el PHN elaborado por Aznar poco después.

Aquel Plan Hidrológico no llegó a aprobarse porque previamente era necesario elaborar los planes de cuenca y un Plan Nacional de Regadíos y, además, los socialistas no consiguieron el consenso necesario en el Consejo Nacional del Agua. Era el año 1996 y el felipismo ya tocaba a su fin, sin margen de tiempo suficiente para cumplir todos los trámites y hacer pedagogía. Sin embargo, quedaron suficientemente constatados el empeño de Borrell por articular un plan que, definitivamente, solucionaba el desequilibrio hídrico de la nación y la defensa del proyecto del presidente Felipe González, que en un gesto de apoyo a su ministro llegó a decir públicamente que "algunos se sientan en su botijo y no quieren dar de beber a los que se mueren de sed".

Fue Isabel Tocino, ya en el primer Gobierno de Aznar, la que consiguió elaborar todos los planes de cuenca y llevar a cabo los trámites para la aprobación del nuevo Plan Hidrológico Nacional, un documento que, finalmente, obtuvo el respaldo de una amplísima mayoría de las comunidades autónomas y del resto de miembros del Consejo Nacional del Agua. El proyecto incluía inversiones de extraordinaria envergadura a lo largo de toda la cuenca del Ebro, donde se sigue dando la paradoja de pueblos cercanos al río más caudaloso de España con problemas de abastecimiento de agua potable. Llegó a ponerse la primera piedra de este Trasvase del Ebro, a su vez piedra angular del PHN, pero las elecciones del 14 de marzo de 2004, en las que el PP resultó derrotado contra todo pronóstico, permitieron la llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con el resultado por todos conocido.

Pero el que personajes como González Pons y García Tejerina (con el silencio estruendoso del expresidente murciano Ramón Luis Valcárcel, hoy compañero del político valenciano en Estrasburgo) traten de engañar a sus votantes carece de relevancia. Lo sustancial es el papel del actual presidente del Gobierno en todo este asunto. Durante sus cuatro años de mayoría absoluta parlamentaria no movió ni un solo papel para solucionar uno de los mayores problemas estructurales de España y eso, tarde o temprano, acabará pasando factura.

Lo que Rajoy no quiere recordar
El 14 de julio de 2005 tuvo lugar en Murcia una de las manifestaciones más numerosas que se recuerdan. Regantes de Alicante, Almería y Murcia, acompañados de miles de ciudadanos, se reunieron en la capital murciana para protestar por la derogación del PHN y exigir soluciones al Gobierno de ZP ante la falta de agua. En la cabeza de la manifestación, sosteniendo la pancarta, Mariano Rajoy Brey; completaban la terna esa tarde los presidentes de Murcia y de la Comunidad Valenciana.

Una semana antes, el entonces jefe de la oposición había afirmado en Almería que su primera decisión al frente de un Gobierno del Partido Popular sería (¡exacto!) recuperar el Plan Hidrológico Nacional. No fue tan gráfico como el ministro de Agricultura de Aznar, Arias Cañete, (en octubre de 2000, a preguntas de unos agricultores jumillanos, afirmó que el trasvase del Ebro se haría "por cojones"), pero el mensaje fue igual de nítido. Por cierto, García Tejerina era secretaria de Estado del impulsivo ministro, pero, al parecer, fue la única persona en toda España que no escuchó el exabrupto entusiasta de su jefe: hace pocos días rechazó la posibilidad de cualquier nuevo trasvase ante los agricultores murcianos que acudieron a su despacho en busca de socorro, con el argumento de que ni ella ni ningún dirigente de su partido habían prometido jamás nada parecido. Increíble, pero cierto.

Pues bien, Rajoy llegó en 2011 a La Moncloa con una mayoría histórica, lo que le garantizaba carta blanca para deshacer todas las tropelías de su antecesor. No revertió ninguna. No solo eso. En lo que se refiere al problema del agua, lo cierto es que lo agravó.

María Dolores de Cospedal, en Castilla-La Mancha, acordó con José María Barreda una reforma del Estatuto de Autonomía que ponía fecha de caducidad (en 2015) al Trasvase Tajo-Segura. La secretaria general del PP fue, por tanto, impulsora de una medida que habría acabado con el futuro del sureste español, arruinado a decenas de miles de pequeños agricultores y expulsado del mercado laboral a más de cien mil trabajadores.

Era demasiado hasta para Rajoy. Para evitar una afrenta a la actual ministra de Defensa, en el PP acordaron una solución intermedia a través de un memorándum de gestión que elevó de 240 a 400 hm3 las reservas intocables de la cabecera del Tajo, haciendo mucho más difíciles los trasvases en los momentos de mayor necesidad. Paralelamente, los populares aragoneses, con Rudi a la cabeza, acordaron con los regionalistas elevar también la reserva mínima del Ebro hasta un nivel que, de hecho, jamás ha sido alcanzado, lo que impide también cualquier aportación de caudal en el futuro.

Esas han sido las dos grandes decisiones de Rajoy para gestionar del agua en España, un conflicto en el fondo absurdo, que solo tiene justificación como argumento arrojadizo entre las fuerzas políticas, porque lo cierto es que hay soluciones técnicamente viables para acabar con ese problema ancestral de una vez por todas.

Los expertos en ingeniería hidráulica llevan años proponiendo la interconexión de cuencas (entre el Ebro, Duero, Tajo y Segura) como la solución más barata y ecológica al desequilibrio hídrico español. El agua es un recurso nacional cuyo reparto equitativo es imprescindible si queremos ser un país estructurado. Además, sepan los anti-trasvasistas que los regantes del sureste pagan el agua trasvasada a un precio bastante caro y, además, con religiosa puntualidad. De hecho están dispuestos a cubrir los costes de esta conexión de cuencas, que no perjudica a nadie y supondría el despegue definitivo de la región que exporta los productos hortofrutícolas más apreciados en los mercados europeos. El 80% de las exportaciones españolas de estos productos procede de aquí, lo que convierte a la agricultura de la región en una de las fuentes de empleo y de riqueza más importantes con que cuenta el Levante español.

La traición de la clase política es tan grosera que hasta el representante de los regantes del trasvase Tajo-Segura, poco sospechoso de pertenecer a Podemos, ha tachado de "estafa electoral", lo que socialistas y populares vienen perpetrando contra los intereses de los productores murcianos, alicantinos y almerienses desde que, hace ahora trece años, Zapatero se cargó el Plan Hidrológico Nacional. El enfado es tan grande que ya se están planteando paros de producción que llevarían al desabastecimiento de hortalizas en los mercados del norte y centro de Europa. Así están los ánimos cuando, inmersos ya en el verano, los agricultores levantinos ven cada vez más cerca la ruina que se les avecina por una mera cuestión de insolidaridad de la clase política autonómica, y de un Gobierno incapaz de tomar decisiones en un asunto que le compete en exclusiva para no perjudicar sus expectativas electorales en determinados territorios.

Ni siquiera para abrir los pozos de sequía, que palían ligeramente el desastre, han estado raudas las autoridades del Ministerio. Esta misma semana firmaron finalmente la autorización, después de casi un año de dilaciones injustificadas ante una situación de extrema gravedad, que llevó a los agricultores a comienzos de abril a tomar la capital murciana con cientos de tractores que colapsaron la ciudad. En cuanto a las desaladoras, las hay que funcionan al ralentí porque no tienen la potencia eléctrica necesaria contratada y están mal conectadas con las redes de riego. Por otra parte el agua desalada (o desmayá, como la denominan los agricultores de la zona), exige fuertes subvenciones públicas, porque su precio de mercado resulta prohibitivo para uso agrícola y, por su composición, es imposible utilizarla de manera intensiva sin causar graves daños a las plantaciones.

Esta es la gestión del Gobierno de Rajoy y estos sus resultados. A él parece darle exactamente igual. ¡No le quita la siesta el Golpe de Estado de Cataluña, le va a molestar que Angela Merkel no encuentre brócoli en su supermercado habitual! Pero en Murcia, el discurso del agua ha permitido al PP ganar elecciones durante 20 años. En 2019 son las autonómicas y al año siguiente las Generales, en las que Murcia aporta 10 diputados al Congreso. Si Mariano cree que su manejo magistral de los tiempos va a evitar un desastre electoral sin precedentes para el PP, entonces es que padece el mismo mal que el campo murciano: una falta de riego monumental.

A la comunidad internacional:
ALBERT BOADELLA El Mundo 24 Junio 2017

El Presidente Mitterrand afirmaba que el nacionalismo es la guerra. Lo describía así porque Europa ha conocido en su propia carne las trágicas consecuencias de instigar este impulso primario que alienta la insolidaridad, la xenofobia y la destrucción de la diversidad. En cierta medida la Unión Europea nace para tratar de atajar estos brotes disgregadores que acaban conduciendo irreversiblemente al enfrentamiento. No obstante, en los últimos tiempos, la extrema derecha europea reaparece bajo la incitación ultranacionalista que impulsa un blindaje territorial para filtrar cualquier intrusión foránea a través de promover políticas insolidarias. En este sentido, el nacionalismo catalán tiene connotaciones con esta extrema derecha emergente. Es la región rica que no quiere el lastre de territorios menos prósperos. En el núcleo de sus objetivos hallamos el separatismo insolidario y disgregador tratando de romper y poner fronteras a una España democrática organizada bajo un sólido principio de libertades. Desde el año 1980 España viene desempeñando una política de descentralización única en Europa. Nuestra Constitución ha estructurado el Estado en forma de autonomías. Cataluña tiene traspasadas la mayoría de competencias del Estado. Un Estado que declara el catalán como lengua oficial de Cataluña y la dota de parlamento propio con las atribuciones de enseñanza, policía, sanidad, obras públicas, urbanismo, radio, televisión, etc.

El Gobierno nacionalista catalán ha venido aprovechando sus atribuciones en materia educativa para adoctrinar a dos generaciones en el odio a todo lo español. Bajo una grosera tergiversación de la historia y la exaltación de la superioridad catalana frente a una España tiránica, se ha inoculado desde la infancia el inevitable virus de la xenofobia. Inevitable porque el nacionalismo crece siempre creando un enemigo común. Su propagación se irradia mediante la inducción de una paranoia general, en este caso, contra España. También lo hace contra el disidente interior que rápidamente es acusado de traición. Esta actitud del Gobierno catalán representa una flagrante deslealtad constitucional ya que no solo ha consistido en contaminar la enseñanza sino que sus medios de comunicación han venido realizando una obstinada estrategia de descrédito del Estado. El dinero público se ha manejado también para subvencionar los medios de comunicación privados catalanes con la finalidad de obtener su adhesión a la causa nacionalista. El éxito de esta estrategia lo prueba que el 90% de los catalanes votaron favorablemente la Constitución en el año 1978 y hoy su Gobierno regional se ve capacitado para organizar un referéndum anticonstitucional en Cataluña.

Como consecuencia de esta persistente política de enfrentamiento han provocado además la división entre la propia sociedad catalana en la que una parte de ésta desprecia y margina a los que se atreven a manifestarse contrarios a la deriva separatista. La discordia entre organizaciones, familias o simples amistades, se ha convertido en algo común durante los últimos tiempos. El solo hecho de enfrentarme como dramaturgo a la política nacionalista me ha supuesto personalmente un conjunto de agresiones y al mismo tiempo mi muerte civil de artista en Cataluña. Obviamente, no soy un caso aislado en la segregación que ejercen estas formas de pensamiento único. Son muchos los artistas e intelectuales que han optado por marcharse a otros territorios del Estado. En el ámbito económico lo han hecho también multitud de empresas, temerosas ante la inseguridad jurídica.

De cara al extranjero, el nacionalismo catalán se ha publicitado utilizando fraudulentamente el presupuesto público para presentarse como víctima de una España intolerante que no le permite ejercer el supuesto derecho a decidir unilateralmente su futuro. Se autocalifican como nación catalana y justifican sus aspiraciones separatistas en las diferencias culturales. Otras veces lo hacen bajo argumentos económicos según su conveniencia. Actualmente el resumen de su resentimiento contra el Estado lo expresan con una frase acuñada para inflamar las masas: ¡España nos roba! En el terreno doctrinario defienden su actitud propagando una versión fantasiosa de la historia con agravios perdidos entre la nebulosa de los siglos. Una versión que no resiste el más mínimo análisis científico. La falsificación de la historia forma parte de la genética del nacionalismo al igual que la anexión de antiguos territorios lingüísticos o culturales. Hace tiempo que los nacionalistas catalanes vienen colocando sus gérmenes y sus medios en lo que llaman «Países catalanes», lugares en los que más o menos se sigue hablando el catalán: Valencia, las Islas Baleares y el Rosellón. Su intención es que este último se desprenda de Francia para formar parte también de la gran nación catalana. En este tema, no hay que ser muy perspicaz para imaginarse si Francia sería tan permisiva y paciente como lo ha sido España hasta el momento.

Entre todo el conjunto de divagaciones que envuelve el dogma nacionalista catalán lo que resulta más refractario a los principios de fraternidad es su versión de las diferencias como causa de separación. Ni la lengua ni el folklore ni las fiestas regionales o cualquier otra peculiaridad social son razones suficientes para destruir una unión realizada a lo largo de cinco siglos. Los rasgos diferenciales que puedan existir actualmente entre un ciudadano de Barcelona, Madrid o Bruselas son del todo irrelevantes para establecer motivos que justifiquen una imposibilidad de convivencia. Muy especialmente cuando se produce en una época caracterizada precisamente por una voluntad de concordia entre culturas sobrevenidas y a veces muy distantes que conviven en una misma nación. Todo el montaje del Gobierno separatista catalán culmina ahora organizando un referéndum ilegal para mostrarse ante el mundo como paladines de la democracia ¿Quién se opone a las urnas? Estamos ante un nuevo ardid bajo el subterfugio del derecho a decidir. Una versión desfigurada del derecho a la autodeterminación surgido al finalizar la Primera Guerra Mundial y organizada para la política colonial. En Cataluña, esta pretensión con envoltorio de libertades inalienables y demás demagogias populistas, encubre un golpe de Estado contra la Constitución pues de llevarlo a término quedaría anulada la soberanía nacional. Una soberanía que alberga el derecho de todos los ciudadanos españoles a decidir aquellas cosas que afectan a nuestro propio territorio.

Nuestra joven democracia española ha tenido que soportar en su camino de progreso y libertad el lastre del nacionalismo vasco y catalán. Un lastre teñido de mucha sangre y dolor y la presión constante para sacrificar la igualdad de los españoles en aras de supuestas diferencias étnicas. Aunque en el trasfondo planea siempre la sombra del chantaje para la obtención de privilegios económicos. Solo cabe esperar que esta nueva Europa surgida del impulso para superar un sanguinario siglo XX se oponga al crecimiento de unos embriones que tratan de repetir la trágica historia.

Albert Boadella es escritor, actor y dramaturgo.

La disputa más sonada
La 'pelea' entre Orbán y Macron marca la 'cumbre de la solidaridad' europea
Iba a ser la 'cumbre de la solidaridad', de cerrar filas frente a la 'espantada' británica. Decir que no les ha salido demasiado bien es quedarse corto.
Carlos Esteban gaceta.es 24 Junio 2017

Los dioses de la Historia parecen tener un malicioso sentido del humor, y han querido que el Premio Princesa de Asturias de la Concordia otorgado a la Unión Europea haya coincidido aproximadamente en el tiempo con una cumbre del Consejo Europeo en la que ha reinado cualquier cosa menos la concordia, y con el inicio de unas negociaciones sobre el 'Brexit' a cara de perro.

Iba a ser la 'cumbre de la solidaridad', de cerrar filas frente a la 'espantada' británica para demostrar al mundo y a los europeos que el proyecto sigue adelante imperturbable y en medio de una fraternal armonía. Decir que no les ha salido demasiado bien es quedarse corto.

La disputa más sonada la han protagonizado Hungría y Francia o, para ser más precisos, Viktor Orbán y Emmanuel Macron.

El primer cañonazo, previo a la propia cumbre, partió del antiguo banquero y ministro de Economía socialista, hoy presidente de Francia y de ideología confusa y difusa, quien declaró que "los países europeos que no respeten las normas deben pagar las consecuencias políticas plenas", mirando indisimuladamente a los rebeldes de Visegrado -Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia-, que se niegan a pagar la 'broma' de Angela Merkel dando entrada en su país a la 'cuota' decidida por Bruselas de los inmigrantes procedentes de Oriente Medio y el Norte de África irresponsablemente invitados en su día por la canciller.

El primero en responderle fue el ministro polaco de Exteriores, Witold Waszczykowski: "Espero que el presidente Macron (...) explique sus palabras a polacos, húngaros y a los nacionales de otros países de Europa Central”.

Pero Orbán ya es veterano en estas lides, lleva años recibiendo palos de sus socios y no está para comentarios excesivamente diplomáticos. Empezó, para abrir boca, achacando la salida de tono del francés a su bisoñez en el panorama comunitario. "Ya se irá haciendo a cómo funcionan aquí las cosas", ironizó, añadiendo que la cumbre "no ha tenido un comienzo demasiado prometedor".

Puede decirse que ha estado suave, teniendo en cuenta la ofensiva verbal de Macron previa a la cumbre. Acusó a los de Visegrado de "volver la espalda a Europa" al negarse a acoger los 'refugiados' que 'les toca', añadiendo que han demostrado "una visión cínica de la unión que solo serviría para proporcionarles crédito sin necesidad de respetar sus valores". Valores que parecen ser, esencialmente, anegar el Continente con una población cuyos valores están a años luz de los europeos. Todo muy diplomático.

"Europa no es un supermercado", añadió el francés, aunque uno es lo bastante viejo para recordar cuando el proyecto pretendía ser exactamente eso. "Europa es un destino común. Se debilita cuando permite que se rechacen sus principios".

Pero el húngaro no se deja intimidar, y no se ha cortado a la hora de afirmar que "nunca" habrá consenso sobre inmigración en el seno de la UE. Remachó la idea y la amplió asegurando que, pese a las proclamas, los países de Europa Occidental están intentando "deshacerse de los inmigrantes que dejaron entrar sin ninguna justificación" por el sencillo procedimiento de enviarlos a Europa del Este.

“Hungría está situada en la frontera exterior de Europa", había recordado en Radio Kossuth en abril. "Así que si se ponen en peligro las fronteras de Hungría, se ponen en peligro las fronteras de Europa. Hungría está defendiendo las fronteras de Europa al defender las propias".

Además, "si no estuviéramos defendiendo las fronteras de Europa, austriacos y alemanes tendrían un serio problema", porque los inmigrantes no tienen Hungría o cualquier otro de los países del antiguo Bloque Oriental como su destino de elección, sino las grandes y generosas economías occidentales.

Por lo demás, la base 'moral' y jurídica de la posición europea sería que se trata de refugiados políticos, protegidos por la legislación internacional. Solo que los propios eurócratas reconocen ya que no es ese el caso.

La abrumadora mayoría de los recién llegados de África a Italia, que son hoy el grueso, no son legítimos refugiados o solicitantes de asilo, sino inmigrantes ilegales, ha reconocido, entre otros, el propio presidente del Consejo, Donald Tusk.

Tusk envió la semana pasada a varios jefes de Estado del club europeo para informarles de que, solo en el último año, la inmigración ilegal en Italia ha aumentado un 26% respecto al año anterior. Tusk añadía que la actual política comunitaria "no bastaba" y que había que controlar la ruta mediterránea, proponiendo que la UE colabore con la guardia costera libia.

Ada Colau margina el castellano en sus contrataciones públicas
El Ayuntamiento exige tener los documentos de las adjudicaciones en lengua catalana
ANNA CABEZA Barcelona ABC 24 Junio 2017

El castellano, menospreciado en los concursos públicos del Ayuntamiento de Barcelona. El controvertido reglamento lingüístico municipal, que hasta hace unos años discriminaba en todos los ámbitos el castellano pese a ser una lengua cooficial en la comunidad autónoma, permite al Consistorio exigir a las empresas adjudicatarias de sus contratos que presenten los documentos específicos de los trabajos en catalán.

«Entregar toda la documentación necesaria para el cumplimiento del contrato en catalán», dice uno de los puntos del apartado de obligaciones del contratista, en la parte final del pliegue administrativo de las cláusulas exigidas. La condición se repite en varios procesos abiertos a día de hoy por el gobierno de Ada Colau, como las obras de reurbanización de calles o rehabilitación de centros sociales, según ha podido comprobar ABC.

A pesar de que pueda tratarse de un flagrante caso de discriminación, algo denunciado repetidamente por algunos partidos y entidades, lo cierto es que el reglamento vigente incluye en su artículo 4 la exigencia del catalán en la entrega de documentación. «En carácter general, el trabajo se tendrá que entregar en lengua catalana», especifica el documento, que añade además que «excepcionalmente, en el caso que su finalidad le exija la redacción en otra lengua, se tendrá que hacer una copia en lengua catalana».

Preferencia retirada
Además de discriminatorio, el apartado 4 del reglamento es la excepción de una norma que cuando se aprobó en 2010 contenía en la mayoría de sus apartados una discriminación más general en contra del castellano, pero que la justicia ha ido corrigiendo en favor del bilingüismo tras sucesivos recursos. La sentencia más contundente llegó en 2012, cuando tras un recurso del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento, quedó rechazado el uso «preferente» del catalán en la comunicación entre Consistorio y ciudadano. Su argumentario se basó en la resolución que el Tribunal Constitucional hizo sobre la política lingüística del Estatuto, que especificaba que omitir el castellano era una violación del principio de cooficialidad de las dos lenguas.

También en 2015 la asociación Impulso Ciudadano presentó un nuevo recurso en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) incidiendo en algunos puntos específicos del reglamento, como el de los contratos públicos. El Tribunal no los admitió, alegando que sólo podían recurrir las empresas que se pudieran sentir directamente afectadas por las condiciones. Desde Impulso Ciudadano critican esta discriminación y comentan que en Cataluña ninguna empresa se ha atrevido a denunciar esta práctica, algo que sí ha pasado en el País Vasco o en las Baleares, donde la Justicia sí ha dado la razón a los casos impugnados por discriminación de lengua.

Reglamento en mano, el gobierno liderado por Colau ha seguido la línea de Xavier Trias (CiU), impulsor del textro y mantiene su preferencia por el catalán. El PP, uno de los grupos municipales que más ha combatido lamenta que la alcaldesa «no respete el derecho de los castellanohablantes».

El PP: «Que rija la libertad»
El presidente del grupo municipal, Alberto Fernández, reclama que, en la línea de las otras sentencias, el apartado sobre contrataciones se adapte y no priorice una de las dos lenguas cooficiales. «En el fondo, debería regir la libertad», comenta a ABC. El PP recuerda que, aunque el reglamento no es obra de Colau, la actual alcaldesa ha mostrado en otras ocasiones su menosprecio hacia el español. Uno de los casos más paradójicos fue cuando durante el pasado diciembre en el barrio del Raval se colgaron carteles informativos, escritos en catalán, árabe y tagalo, pero no en castellano.

El Ayuntamiento se limita a defender que en ningún caso incumple el reglamento vigente y recuerda que, según corrobora el TSJC, en los casos de contratación pública, el Consistorio actúa como consumidor, y que la obligación de usar el catalán alude al contratista y no a personas físicas concretas.

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Carta lacrada a Pablo Iglesias (1)
José García Domínguez Libertad Digital 24 Junio 2017

Caro Pablo:

Como bien sabes, el nacionalismo catalán, ese mismo ante cuya insistente demanda de quebrar nuestro orden legal tan complaciente acostumbras a mostraste por norma, considera que la lengua vernácula constituye la manifestación más honda, genuina y sublime de eso que ellos llaman el "espíritu nacional". Pues para un nacionalista la lengua lo es todo. Pero del mismo modo que detrás de toda fortuna, a decir de Victor Hugo, siempre hay un crimen, en la trastienda de los grandes relatos nacionales, y como tú también sabes de sobra, yace oculta una falsificación clandestina de la Historia. A ese respecto, el relato nacional catalán no constituye excepción alguna a la norma general: también él se sustenta sobre una mentira compartida. Una mentira, la suya particular, que dada su específica fijación filológica tiende a ensañarse con especial celo con la peripecia biográfica de la lengua. El apellido de un diputado muy próximo a ti, el de tu correligionario Domenèch, acaso nos podría servir para ilustrarlo. Supongo que creerás, tal como yo mismo supuse durante tantos años, que Domenèch es la forma catalana de Domingo. Pero resulta que no lo es. Creo que te sorprenderá saber que la voz Domingo es tan catalana como Domenèch, ni más ni menos. Aunque te parezca extraño, y sé que te lo parecerá, en los registros parroquiales catalanes del siglo XIV, o sea más de trescientos años antes de que Felipe V firmara de su puño y letra los Decretos de Nueva Planta, ya aparecían montones de recién nacidos bautizados con ese nombre, Domingo.

Es más, en los seis siglos siguientes, es decir el intervalo que que va desde el descubrimiento de América por Cristobal Colón hasta el nombramiento de Jordi Pujol i Soley como segundo presidente de la Generalitat restaurada, nacieron montones y montones de catalanes a los que sus padres, también catalanes, pusieron Domingo por nombre de pila. Hay Domingos a patadas en el XV, en el XVI, en el XVII, en el XVIII, en el XIX y en los dos primeros tercios del XX. A lo largo de seiscientos años consecutivos, pues, los Domingos y los Domenèch convivieron dentro de Cataluña en plácida y pacífica armonía. Si tuvieras interés por profundizar en el asunto, el catedrático de Liverpool Joan-Lluís Marfany ha realizado investigaciones académicas exhaustivas sobre el particular. Pero si consultas a un filólogo local te dirá que durante esos seis siglos los catalanes se equivocaron, ya que Domingo ni es ni nunca podrá ser un nombre catalán. Y no lo es ni lo podrá ser solo porque lo dicen ellos, pese a que seiscientos años ininterrumpidos de Domingos autóctonos se empeñen inútilmente en llevarles la contraria. Así las cosas, allá a finales del siglo XX los policías de la lengua decidieron que no podía seguir habiendo bajo ningún concepto más Domingos catalanes. Dicho y hecho. Los normalizadores, al modo de los escribanos del Ministerio de la Verdad del 1984 de Orwell, se dedican desde entonces a expurgar cualquier documento histórico que caiga en sus manos en el que aparezca algún Domingo. En cuanto descubren alguno, al punto lo borran para colocar un Domenèch en su lugar. Y no pienses, Pablo, que esto que hoy te cuento es una anécdota baladí. Bien al contrario, no es más que la punta del iceberg moral bajo el que mora la falsificación sistemática del pasado catalán a manos de los nacionalistas. Esa misma que tantos castellanos bienintencionados os habéis terminado creyendo. Pero tiempo habrá para que sigamos desenredando juntos la madeja del mito de la lengua en próximas cartas.

Tuyo afectísimo,

La fórmula del totalitarismo encubierto
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 24 Junio 2017

El contubernio insurgente que lidera la cruzada secesionista se ha jactado siempre de ser experto en astucias y triquiñuelas, encaminadas a enmascarar sus permanentes agresiones al Estado de Derecho, tanto en el marco jurídico español como en el de todas las otras naciones democráticas y civilizadas. Repiten la operación con la fórmula estrambótica parida para la patochada del 1 de octubre, en la que asoma, apenas encubierto, el plumero totalitario. En rigor de verdad, la fórmula pide a los ciudadanos que extiendan un cheque en blanco a la nomenklatura, que podrá recurrir a cualquiera de las variantes del totalitarismo para oprimirlos y expoliarlos como más le plazca.

Una carga oculta envenenada
La pregunta del referéndum ilegal contiene una carga oculta envenenada que solo pudo salir de la mente de profesionales avezados en esas maniobras fraudulentas de gran envergadura que dejan tendales de víctimas en la cuneta. ¿A quién, si no es a un embaucador veterano, se le ocurre proponer la creación de "un Estado independiente en forma de República"? No es un alarde retórico sino un recurso sibilino ideado para introducir de contrabando el engendro totalitario más afín a la ideología de los arteros usufructuarios del poder.

Si estuviéramos realmente en presencia de un movimiento revolucionario inspirado por la convicción de que la sociedad más justa y democrática está encarnada en la república, esta sería la alternativa libre de equívocos: "¿Quiere usted que Cataluña sea una república independiente?". Y punto. La trampa se cuela en el "en forma de".

Imaginemos una pregunta semejante respecto de la monarquía. Si nos plantearan la preferencia por un "Estado independiente en forma de monarquía", al ciudadano lúcido se le despertaría la suspicacia: ¿qué tipo de monarquía?, ¿parlamentaria como la de los países europeos o absoluta como la de los bantustanes africanos? En cambio, la referencia a la monarquía a secas o, mejor aun, con el agregado de "parlamentaria" para despejar dudas, dejaría conformes a las personas civilizadas, incluidas aquellas que finalmente optaran por la república.

Posibilidades acojonantes
Los trileros secesionistas podrían haber perpetrado igualmente su ardid utilizando el término república a secas, porque su congénita falta de escrúpulos les habría permitido tergiversar el sistema a su antojo; pero prefirieron adornarse con una pátina de ingenio apelando al ambiguo "en forma de".

Se entiende que, en condiciones normales, el interlocutor que pone como alternativa la república toma como referencia a Francia, Estados Unidos, Alemania, Italia u otros Estados de parecido nivel de desarrollo político y cultural. Pero si la opción es "en forma de república" se abre un abanico de posibilidades acojonantes. Basta con pasar revista a los territorios "en forma de república" que, precisamente con esta denominación espuria, se congregaron en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o fueron sus satélites, y que ahora, aun más degradados de lo que estuvieron entonces, que es mucho decir, vagan dispersos por el limbo de los Estados fallidos, donde, sin perder su forma de repúblicas, se arraciman junto a los despojos de Yugoslavia, los Balcanes y los Países Bálticos, que también conservan la forma de repúblicas.

Una mirada retrospectiva nos confirma que no había káiser en esa forma de república que era el Tercer Reich nazi, y que Benito Mussolini ya se había librado del rey títere cuando fundó la sádica (Pier Paolo Pasolini dixit) República de Saló. El muestrario de los países "en forma de república" está poblado de aberraciones.

Un dictador sin corona
Si los encargados de buscar la forma de república apropiada deciden que basta con eliminar la figura del rey, puede darse la paradoja de que nos devuelvan al periodo en que Cataluña, como toda España, fue gobernada, a partir de 1938, por un dictador sin corona. Solo en 1947 fue aprobada la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado… en un referéndum, con un censo de 16.187.992 inscriptos, de los que votaron 14.454.426, con un 89,86 % de síes. Un referéndum como el que según los secesionistas de hoy es el súmmum de la democracia. Pero hubo que vegetar en esa "forma de república" anómala del dictador sin corona hasta que en 1969 Francisco Franco decepcionó a los antimonárquicos de entonces y designó a su sucesor: Juan Carlos de Borbón. Con el aval –¡ay!– de otro referéndum.

Los precursores de nuestros insumisos antimonárquicos tenían marca registrada: Falange Española de las JONS. Dionisio Ridruejo cuenta sus desplantes, más arriesgados, en todo caso, bajo la mirada atenta de la policía del régimen, que los de nuestros privilegiados republicanos de opereta (Casi unas memorias, Planeta, 1976):

Se había restablecido en el año anterior [1938] el uso de la bandera roja y gualda, pero no sé si aún el de la Marcha Real. Lo primero fue hecho espontáneo y generalizado antes de ser declarado legal. Creo que es dato poco conocido que los falangistas –muy especialmente los viejos– recibimos esas reposiciones con alguna resistencia. La propia Pilar Primo de Rivera distribuyó un comunicado oponiéndose y reivindicando la bandera roja y negra y el Cara al Sol como símbolos del Estado naciente. Cuando sonaba el himno le negábamos el saludo y si nos encontrábamos sentados seguíamos así ostentosamente.

La 'senyera' desdeñada
Los referendarios secesionistas, los iconoclastas de Ada Colau, los chavistas podemitas y los energúmenos anarcotrotskistas de la CUP son los continuadores de aquella aversión ostentosa a los Borbones y al liberalismo ilustrado propagada por la corriente más crudamente fascista del franquismo, que también fungía de revolucionaria con José Antonio Primo de Rivera a la cabeza.

Cara al Sol, Giovinezza, Horst Wessel Lied, Els Segadors y La Internacional fueron, son y serán los favoritos de los melómanos cainitas. Solo falta que, para ensanchar la grieta identitaria artificial, un secuaz de Pablo Iglesias o Pedro Sánchez componga el himno a la ficticia España plurinacional. Los maniáticos no dan tregua. Ni siquiera respetan sus propias banderas: las profanan con esvásticas, hoces y martillos, yugos y flechas, fasces y estrellas. La senyera se apolilla vergonzosamente desdeñada y prepotentemente sustituida por la estelada sectaria de los trabucaires cismáticos.

Papelotes secretos
No se necesita mucha perspicacia para deducir cuál es la forma de república que los facciosos ya han programado en sus papelotes secretos de desconexión. Argumentan que los ocultan para evitar que el Gobierno cumpla con su deber de impugnar el pucherazo. Sin embargo, no hace falta leerlos para presagiar su contenido: institucionalizan la fragmentación de la sociedad catalana mediante la aplicación de la política autoritaria, discriminatoria, guerracivilista, hostil a la iniciativa privada, enemiga de la diversidad cultural y antagónica al Estado de Derecho a la que ya nos tiene acostumbrados la Generalitat.

Con el agravante de que los impulsores de esta política mienten descaradamente cuando niegan, una y otra vez, desde todas las plataformas, que tras la ruptura con España caerán sobre Cataluña las mismas plagas que atormentan a las víctimas del Brexit. En verdad son ellos, los secesionistas, quienes reivindican la existencia de Cataluña como un país aparte, fundado sobre el mito supremacista étnico de la "nación milenaria", que rompe unilateralmente los vínculos con España y Europa, desencadenando el Catexit.

¿Esto es todo? No. La acumulación de datos permite prever qué forma asumiría una república catalana gobernada por esta camarilla. Recordemos quiénes son los ideólogos que guían el proceso secesionista y dictan sus leyes, humillando a sus compinches caídos en desgracia y extorsionando a los jerarcas vulnerables, y pasemos revista a sus manifiestos antisistema y sus vínculos internacionales con la escoria del populismo demagógico. La república catalana tiranizada por ellos sería un triste remedo de las dictaduras que, también con la denominación de repúblicas, pesan sobre Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y otros enclaves pauperizados.

Texto transparente
Si la pregunta del referéndum la hubiera redactado un infiltrado liberal con criterio didáctico, y no un truchimán del secesionismo, su texto habría sido transparente: "¿Quiere ser súbdito obediente de una aislada república bananera?".

Lógicamente, estos timadores nunca revelarán cuál es el fin último de su apaño, y tampoco la sociedad catalana, emprendedora, culta y democrática, permitirá que los sediciosos la embarquen en la farsa de su referéndum torticero, al que una mayoría abrumadora castigará con su desprecio. Precisamente por ser emprendedora, culta y democrática, exige que le permitan ejercer su sacrosanto derecho a decidir su futuro fraternal y solidario en las elecciones parlamentarias garantizadas por el Estatut catalán, la Constitución española y las leyes europeas. Ya mismo, sin fórmulas totalitarias interpuestas.

'El engeniosu jidalgu don Quijoti la Mancha'
Jesús Laínz Libertad Digital 24 Junio 2017

Nun puiblu la Mancha’l cuyu nombratu nu sinciu alcordami, nu jaz muchu tiempu que vivía un jidalgu de los de lanza’n astilliru, adarga antiga, rucín esgalaciáu y galgu correor.

Con estas celebérrimas palabras comienza la flamante edición de la inmortal novela cervantina en una sedicente traducción al cántabru. Sedicente, efectivamente, porque nada se puede traducir a una lengua que no existe, salvo que uno sea un constructor de lenguas de laboratorio con vocación de universales, como Zamenhof, o un genio de la literatura de ficción, como Tolkien. Pero con la diferencia de que a ninguno de los dos se le ocurrió reclamar para el esperanto y el sindarín la categoría de lenguas previamente existentes que ellos habrían recuperado.

Pero en el caso del tal cántabru estamos ante una pura y simple alucinación. Porque en Cantabria todo el mundo habla español. Y porque localismos hay por todas partes, tanto en Cantabria como en cualquier otra parte de España (el que suscribe, raquero acreditado, sube cuestas pindias y se da coles en la playa como todos sus paisanos). Y tanto en la lengua española como en cualquier otra lengua del mundo. Y junto a los localismos están los acentos y pronunciaciones peculiares, fenómeno igualmente universal. Pero no hay más tela que cortar, y mucho menos aún lengua alguna de la que hablar. Pues, evidentemente, esa lengua inexistente no la habla nadie, ni el más analfabeto de los paisanos en el más alejado rincón de las verdes montañas de Cantabria. Por no hablarla, no la hablan ni los que han hecho el inútil esfuerzo de inventársela para poder pasar por traductores. ¿De verdad alguien se cree que, gracias a esta traducción, algún ciudadano cántabro por fin va a poder leer el Quijote en una lengua comprensible?

La cosa no es de hoy, evidentemente. Hace ahora exactamente veinte años, en junio de 1997, el egregio lingüista Emilio Alarcos pronunció en el Ateneo de Santander una conferencia titulada El porvenir de nuestro idioma. Durante el coloquio posterior, uno de los asistentes le manifestó su preocupación, no por el porvenir de la lengua española, sino por el del cántabru. El académico respondió con brevedad:
–Disculpe que no responda a su pregunta. No he venido aquí a hablar de bobadas.

Por algún tipo de maldición que nos ha caído, en esta España enferma de aldeanismo siempre acaba abriéndose un hueco para que algunos, tan disparatados como espabilados, logren engañar a los incautos y, de paso, incluso hacer algún negociete. Pues el éxito político de los separatismos vasco y catalán, fruto en buena medida de la instrumentalización política de las lenguas regionales, ha provocado la envidia de muchos. Y no sólo de los ansiosos de separatismo para sus regiones, también de los partidos considerados de ámbito nacional. Porque no se olvide que los principales culpables de la extensión de la peste aldeanista por toda España han sido el PSOE y el PP.

El que los separatistas continúen anclados en decimonónicas ensoñaciones sobre espíritus del pueblo encarnados en las lenguas y sigan construyendo sus ficticias nacioncitas a golpe de delirios palabreros no deja de responder a cierta lógica. Pero, como setas en otoño, han brotado por toda España quienes están dispuestos a imitar sus neurosis, provenientes, casi sin excepción, de la izquierda más fanática, gritona e iletrada.

En las regiones en las que se habla una segunda lengua la cosa está fácil: sólo han de convencer a los crédulos de que la existencia de dichas lenguas les obliga a dejar de ser españoles y a reclamar la secesión respecto de un país tan diferente, tan ajeno, tan enemigo, de alma tan alejada de la suya, que tiene por sola lengua la de Cervantes. Pero en las pobres regiones que han tenido la mala suerte de ser monolingües la cosa se pone cuesta arriba para jugar a Babel, aunque nunca tanto como para desanimar a nuestros aprendices de nacionalistas, nacidos de la abracadabrante hibridación entre el más desarraigado internacionalismo y el más arqueológico etnicismo.

Y así, en casi todas las regiones –falta, de momento, Madrid, aunque algún farfullo acabará encontrándose–, políticos e intelectuales de asombrosa mediocridad llevan cuatro décadas avanzando, jubilosos, por la senda del desenterramiento o de la síntesis de laboratorio de todo tipo de fablas y parlas, cuando no fosilizadas directamente inventadas, como el cántabru que nos ocupa. Y no sólo para editar libros grotescos sino, lo que es mucho más grave, para acabar metiendo esas neojergas en las aulas.

Esta tendencia coincide en el tiempo y el espacio no sólo con la eliminación de las lenguas clásicas, también con la progresiva reducción del estudio de la lengua, la literatura y las humanidades en general, esas peligrosas materias que enseñan a pensar. El interés por vocabularios rurales, reales o imaginados, contrasta con el creciente desinterés por la gran literatura de toda lengua y época, fenómeno intensamente promovido por nuestros gobernantes mediante el paulatino vaciamiento de la enseñanza desde hace décadas.

En Expaña, país gravemente aquejado de lo que Freud definiera como narcisismo de las pequeñas diferencias, sólo tiene cabida lo estrecho, lo bajo, lo miope, lo microscópico, lo mezquino, lo ridículo. Mientras tanto, en el resto de Europa y del mundo la Historia con mayúsculas, tremenda e inmisericorde como siempre, continúa avanzando con paso estruendoso. Y nos pasará por encima mientras aquí seguimos haciendo mamarrachadas.

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'E pur si muove'
Antoni Fernàndez Teixidó elconfidencial 24 Junio 2017

A menudo me comentan cuán sorprendente es la aparente uniformidad del pensamiento y la acción política de los catalanes. Se diría que el grueso de la ciudadanía se manifiesta receptiva a las tesis separatistas y a la celebración de un referéndum de autodeterminación en cualquier circunstancia. En efecto, esta es una imagen trasladada con éxito a la opinión pública española en su conjunto. La batalla por el imaginario colectivo y la proyección del mismo ha sido ganada claramente por las formaciones independentistas. Parecería que un discurso lineal con escasos matices se impone en Cataluña y evidencia la lógica de un amplio deseo de ruptura. No es cierto.

Cataluña es un país plural. Todas las contiendas electorales, y en particular la última, lo demuestran. No obstante, la hegemonía política y la dinámica de movilización corresponden, indiscutiblemente, a los secesionistas. Todo esto se explica porque una parte influyente de la sociedad civil organizada ha jugado un papel decisivo en este menester. ANC, Ómnium y centenares de cargos públicos han apostado y apuestan por la independencia sin reparo alguno. El clima político dominante refuerza la idea de que los ayuntamientos catalanes están en manos de los que preconizan el referéndum y, en buena medida, de aquellos que quieren romper con España.

Es una lectura correcta. Preocupante, pero cierta. Diputados, alcaldes, concejales y responsables públicos de toda índole apoyan una dinámica de oposición al Estado español que se ha convertido en mayoritaria en las instituciones catalanas. Revertir este proceso es una tarea extraordinariamente compleja. Y si se consigue, llevará mucho tiempo.

¿Qué sucede entonces con aquellos catalanes que no se manifiestan favorables o, incondicionalmente, afectos al 'procés'? La aceptación resignada de la extrema dificultad de nadar a contracorriente ha hecho hueco en la sociedad catalana. Alzar la voz en el actual estado de cosas no es fácil y, a menudo, poco recomendable. Todo ello no solo tiene que ver con el debate nacional, guarda también relación con el progresivo desplazamiento de las políticas gubernamentales hacia la izquierda. El 'procés' ha comportado una radicalización de los presupuestos ideológicos izquierdistas de la mayoría de los partidos y, para sorpresa de muchos, de algún partido tradicionalmente situado en el centro. Es el caso del PDeCAT. Heredero de la vieja tradición catalanista de CDC y de su aliado, UDC, la nueva formación ha devenido un instrumento al servicio de la independencia, la república y las políticas asociadas, normalmente, a la izquierda. El rol político de ERC ha tenido mucho que ver en esta vertiginosa transformación, y la CUP, con sus políticas extremistas en el Parlament, ha condicionado, finalmente, esta mutación de manera irreversible.

Cabe preguntarse si la partida del referéndum y sus consecuencias está irremisiblemente perdida. Creo, sinceramente, que no. Aunque resulta estratégicamente decisiva la capacidad para ocupar primero y transformar después, el tradicional centro político catalán. Hoy este potencial electorado se siente, claramente, huérfano y mediatizado por la disyuntiva entre independencia sí-independencia no. En la resolución de esta dicotomía se juega la gran partida de ajedrez en el tablero catalán en los próximos meses. A mi juicio, se ganará o se perderá si se es capaz de dar confianza y voz a un electorado que asiste desconcertado y desmoralizado debido a la singular evolución del 'procés' en estos últimos años.

El espacio político de centro ha sido abandonado por el PDeCAT. Unió ha desaparecido de la escena política. Sospecho que es en el amplísimo colectivo de las clases medias catalanas donde la rectificación del rumbo político no solo es necesaria, sino posible. Dicho de otra manera, decenas y decenas de miles de catalanes, que aceptaron la premisa de que la ruptura con España era imprescindible para Cataluña, pueden y deben entender ahora, que esta es una pésima solución para sus intereses. Separados de España, fuera de la Unión Europea y con una dinámica de marcado tono revolucionario, estos catalanes intuyen que su futuro puede ser peor que su presente. Tal certeza va abriéndose camino en determinados sectores de votantes, que aún hoy, siguen siendo favorables a la celebración de una consulta.

Debe explicarse que ningún referéndum es posible si no es producto de la legalidad y de un acuerdo explícito con el gobierno español. Solo así puede tener efectos vinculantes y gozar del estatuto de legalidad política que, en ningún caso, se puede relegar. Gustaran más o menos, pero las leyes han de cumplirse.

Conocemos ya la fecha y la pregunta del referéndum. Algunos creemos que su celebración es imposible y que nadie está interesado en la reedición de un nuevo 9N pues evidenciaría un significativo retroceso de las fuerzas independentistas difícil de enmascarar. Ganar la batalla de las ideas resulta fundamental. Esta contienda se libra, en buena medida, en el espacio de centro de la política catalana. Y de su incierto resultado depende el desenlace que nos aguarda. Recientes movimientos en el ámbito del asociacionismo catalán y el nacimiento de instrumentos al servicio de estas ideas abren una puerta a la esperanza. Parecería que las cosas se mueven.

Puigdemont compara el proceso independentista con la lucha contra ETA
El Confidencial 24 Junio 2017

Durante el 30 aniversario del atentado de Hipercor en Barcelona, el más sangriento de la banda terrorista, con 21 fallecidos. El president de la Generalitat fue abucheado

En mi opinión, el Congreso de Lliures celebrado con éxito este pasado viernes y el anuncio de nuevas iniciativas para fortalecer el centro catalanista deberían inaugurar una nueva etapa. En ella, puede crecer la confianza en las posibilidades de todos aquellos que apostamos por el autogobierno en Cataluña y que creemos que resulta compatible con una leal convivencia con el resto de los pueblos de España. No va a ser fácil. Lo sabemos. Es impostergable defender los principios, poner el catalanismo al día, luchar por las ideas liberales y humanistas y esperar, con un punto de optimismo, que los catalanes entiendan que otros caminos pueden ser transitados, pero que nos llevan a una clara derrota y a un volver a empezar. Esta es una penosa circunstancia que no queremos para Cataluña.

Hablo de deseos, de esperanzas, de proyectos y de realidades, pero en cualquier caso, solo la convocatoria, tarde o temprano, de unas elecciones anticipadas en Cataluña despejaran la incógnita. Nos acecha un riesgo letal: no tener el valor y el coraje suficientes para nadar resueltos a contracorriente. Sostengo que, en el fondo de esta corriente, anidan anhelos de convivencia, tolerancia, respeto y progreso. La tarea fundamental de la hora presente consiste en hacerlos aflorar.

Puigdemont, un pelele peligrosísimo
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 24 Junio 2017

Se inaugura, estalla el verano, la estación en la que los necios se dan a las aventuras prohibidas. De ahí que no se haga raro que la hiena Iglesias y la fregona Puigdemont encabecen y azucen sendos golpes criminales contra España. Pero no todo son desatinos veraniegos. La sensatez también tiene cosas que decir. El Ayuntamiento de Lérida, tras rechazar la cesión de espacios municipales para un hipotético o ridículo referéndum ilegal, ha tenido a bien admitir una sugerencia de Ciudadanos: invitar y acoger a la selección española de fútbol para jugar un partido en su tierra, que es la nuestra.

La fregona —títere con flequillo y de apariencia humana, ese mismo monigote que las huestes separatistas sacan a la calle para que sea continuamente manteado— es un pelele peligrosísimo que se excita con la canícula y que merece el mote de enemigo público. La escena de grave confusión y desorden cerebral en la que hoy se halla Carles Puigdemont resulta una débil imagen del espíritu que ilumina a esta marioneta de Artur Mas y del independentismo catalán. De haberse frotado los circuitos neuronales con Lagarto, un jabón tosco pero eficaz, no derraparían de modo tan alarmante sus neuronas.

Al estar el fantoche fuera de su acuerdo resulta imposible explicarle que la soberanía no es una tarta que se pueda repartir. Y como a los tontos los paren en hatillo, otro zote veleidoso, el cisne Sánchez, se suma a la escisión sacándose de la chistera un ‘estado plurinacional’. Está visto que el solsticio de verano fríe las meninges. Con la calor, los infradotados desparraman, aunque nadie iguala al mamarracho de la fregona en desvaríos. Envuelto en la señera estival, comparó la lucha contra ETA con el ‘procés’, cosa que animó a las víctimas del terrorismo a abuchearle y gritarle: “¡Sinvergüenza!”.

En fin, Puigdemont, todo tu talento político cabe en un dedal. Te has enrolado en una travesía pirata que ha puesto proa hacia el desastre. Tu patético código ético se basa en tu ego cateto concebido en una provincia que dio de mamar a los romanos, así que corta el rollo y no sigas tirándote el pego de conquistador de la nueva Cataluña. De ser honrado y no un chisgarabís, antes de abrir la boca para proferir soflamas, lo que deberías hacer como president de la Generalitat es restituir los 75.443 millones de euros que la sardana le adeuda a las arcas públicas de la nación española. ¡Que la pela es la pela!

Vera de Bidasoa (Navarra)
Un Ayuntamiento 'bildutarra' ataca a la Guardia Civil por 'llevar uniforme'
La Gaceta 24 Junio 2017

El Ayuntamiento de Vera de Bidasoa (Navarra), con mayoría absoluta de Bildu, aprobó una moción en el pleno municipal en la que denunciaba "la actitud" de unos guardias civiles por sólo usar el uniforme.

Según el texto, el "pecado" que cometieron cuatro agentes de la Benemérita fue pasear con su uniforme de trabajo "sin ninguna necesidad" por el barrio de Altzate, que el pasado fin de semana se encontraba en fiestas. El Consistorio ha considerado que "crearon una situación de grave peligro".

En la moción se pedía además el "repliegue total de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Policía Nacional y Guardia Civil y también del Ejército". Vera de Bidasoa es un municipio marcado por los postulados batasunos, una prueba de ello es que el concejal de la formación regionalista Unión del Pueblo Navarro se limitó a abstenerse en la votación.

Otro ayuntamiento navarro, el de Alsasua, también manifestó su "preocupación y malestar" por la presencia de la la Institución tras la agresión ultraizquierdista a dos agentes de la Guardia Civil y a sus parejas en octubre del año pasado.

En un comunicado, Geroa Bai -grupo mayoritario del Ayuntamiento-, PSOE y Goazen Altasu -la marca blanca de Podemos- lamentaron además que su "masiva presencia" pusiera en peligro "el clima de convivencia" en la ciudad.

El Parlamento de Navarra aprobó esta semana una nueva declaración institucional de apoyo a los tres individuos que permanecen en prisión por la agresión.

La Cámará denunció “la falta de proporcionalidad” de la Justicia con los jóvenes batasunos después de que el Tribunal Supremo considerara competente a la Audiencia Nacional para juzgar estos hechos al considerar que pudo existir un delito de terrorismo. En este sentido, exigió que se “revoquen las medidas de prisión preventivas, aislamiento y separación” de los tres encarcelados y el caso sea instruido en los juzgados de Pamplona.
 


 


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