AGLI Recortes de Prensa   Viernes 30 Junio 2017

Cs y la adicción al gasto público
Guillermo Dupuy Libertad Digital  30 Junio 2017

Toda propuesta de rebaja fiscal, ya sea ahora o al final de la legislatura, que no se sustente en la reducción del gasto resulta una falaz zanahoria.

A pesar de la asfixiante presión fiscal y del astronómico nivel de deuda pública que padecemos, el Gobierno de Rajoy ha propuesto subir el techo de gasto público para el año 2018 en cerca de 1.500 millones de euros, lo que supone un 1,3% más que en 2017. Así las cosas, no es de extrañar que Montoro haya aplazado hasta el final de la legislatura la promesa del PP de bajar los impuestos, en oposición a la inesperada exigencia de Ciudadanos de bajarlos ya el año que viene.

Mal está que el Gobierno del PP se reserve esa rebaja fiscal –y por confesión propia– a modo de "zanahoria electoral" para final de legislatura; pero peor está que Ciudadanos la exija ya sin reclamar, al mismo tiempo, una reducción del gasto público que la haga posible sin poner en riesgo –claro está– los objetivos de reducción del déficit y disparar todavía más nuestro endeudamiento público. Por el contrario, la formación de Albert Rivera ha amenazado al Gobierno con sumarse a socialistas y comunistas en su oposición a un techo de gasto que, en el colmo de la irresponsabilidad y del disparate, todavía consideran excesivamente bajo.

Simpatizo con aquella conocida proclama de Milton Friedman que decía: "Soy partidario de bajar los impuestos bajo cualquier circunstancia, por cualquier excusa y por cualquier razón, siempre que sea posible"; pero no creo contradecirla si advierto de la falacia que puede constituir una rebaja fiscal que, ya sea ahora o al final de la legislatura, se sustente en el déficit y el endeudamiento público.

Lo más surrealista de esta oposición nada liberal al Gobierno socialdemócrata del PP es que, al exigir un todavía mayor techo de gasto público –o respaldar el que Montoro propone pero condicionándolo a una inmediata rebaja fiscal–, permite al Ejecutivo de Rajoy apropiarse de la capacidad recaudatoria de legislaturas venideras, para las que el PP aún no ha sido reelegido.

Y es que, dadas las actuales circunstancias, cualquier propuesta de rebaja fiscal que no se sustente en la reducción del gasto público corre el riesgo de convertirse en sí misma en una engañosa zanahoria o en una confianza ciega en aquella famosa curva de Lafffer –más bien, una escasa compresión de la misma– que señala que, a veces, es posible recaudar más gravando menos.

En conclusión, sin una propuesta sería de reducción del gasto de unas Administraciones publicas que ya consumen cerca de la mitad de nuestra renta nacional, dudo hasta de que el Gobierno del PP sea capaz a final de la legislatura de entregarnos la prometida zanahoria de bajarnos los impuestos sin darnos el palo de ver incrementado nuestro demencial endeudamiento.

Cuarenta años que hay que revisar
José Luis González Quirós vozpopuli.es  30 Junio 2017

El cuadragésimo aniversario de las elecciones de 1977 ha vuelto a poner en bandeja la ocasión de reflexionar de manera desapasionada sobre la situación política española. Como vivimos tiempos en los que abundan los negacionistas, no está de mal recordar que lo que se ha logrado en estas décadas es bastante más de lo que estos agoreros reconocen, pero tampoco hay que olvidar que es algo menos de lo que podríamos tener. España ha ganado en muchos aspectos, pero se halla en estado lastimoso en no otros pocos. Me parece que la comentadísima ausencia del Rey emérito puede servir para subrayar este contraste que tantos quieren ocultar.

Un Rey fuera de foco
Que don Juan Carlos es un elemento esencial de la historia española, y que sin su concurso no hubiera sido nada fácil superar el difícil paso de la dictadura a una democracia posible, está fuera de duda. Pero no faltan razones a quien haya decidido prescindir de su presencia en el acto, porque Don Juan Carlos se ha visto envuelto, desdichadamente, en buena parte de los gatuperios y disparates en los que llevamos chapoteando una larga y penosa temporada.

Me parece que este forzado mutis del Rey emérito puede tomarse como muestra de que Felipe VI querría no transigir con las deformaciones que tanto nos afean, y si es claro que él no podrá hacer demasiado de manera directa, sí que resulta reconfortante comprender que apuesta por una Monarquía sin líos, y que esa institución bien podría servirnos de guía en una democracia que debiera esforzarse por ser más funcional y decente que lo es ahora.

Un pasivo millonario
Si España fuese un banco, o una empresa o una familia, es claro que estaría completamente en quiebra, debido al insoportable pasivo de una deuda monstruosa que expresa la incapacidad de la clase política para gobernar con tino un país con problemas, pero con inmensas posibilidades. Al gastarse lo que no tenemos, y al hacerlo sin medida alguna, nuestros políticos están dilapidando el futuro, están sometiendo a nuestros herederos a un régimen de dependencia, a una privación real de soberanía, a pagar una deuda casi imposible de pagar. Si eso se hiciera como consecuencia de una guerra, de alguna especie de devastación, tendría un pase, pero la verdad es que eso es únicamente la consecuencia de la irresponsabilidad colectiva de nuestros políticos, bien es verdad que jaleada por el coro ignorante de quienes demandan más y más, sin preguntarse nunca aquello de Josep Plá: “¿todo esto quién lo paga?”.

Lo peor, con todo, es que lo que se nos está dando a cambio de tales dispendios apenas tiene algún aspecto positivo, porque casi nada es nítidamente mejor en esta España que debe un billón que en la España cuya deuda supo mantenerse contenida. ¿Quién se beneficia de todo esto? La respuesta es extremadamente simple: las redes de corrupción y quienes saben sacarle sus mejores rendimientos, esos de los que apenas se habla mientras se despelleja con aire puritano y radical a chiquilicuatres de poca monta.

Bárcenas en el Congreso
La imagen de Bárcenas choteándose de los diputados que querían hacer méritos contra la corrupción expresa con claridad los límites de nuestro actual sistema para depurar los mecanismos que la hacen casi inevitable. Entre la presunción de inocencia, el derecho a no inculparse y la indescriptible maña de los jueces para averiguar quién se quedó con la pasta, los procesos por corrupción tienen más de farsa que de cualquier otra cosa. El Congreso no debiera haberse dejado llevar a ese mismo circo, ni siquiera con la débil disculpa de que nuestros Robespierre podrían lucir así sus garras justicieras.

Los ciudadanos no desean que las preguntas de los disconformes sean incisivas, sino que se tomen medidas para que lo que ha pasado, y continúa pasando, deje de ocurrir con tanta facilidad, pero eso es pedir peras al olmo mientras no exista una buena legión de diputados dispuestos a poner coto al gasto descontrolado, lo que es casi lo mismo que decir poner coto al agradable modo de vida del político siempre dispuesto a dar una subvención a una tecnológica o a invertir millones en empresas y entidades de actividades ignotas. Ese es el clima moral y el escenario político en el que la corrupción nunca podrá ser evitada, el aumento continuado del gasto, la promesa inagotable del paraíso gratuito y al borde de la esquina, para todos y todas, por descontado.

Entre la legitimidad y el despojo
La corrupción, que es seguramente el aspecto más feo, pero no el único, de nuestro desbarajuste público, no podrá atajarse mientras persista la sobre-legitimación que los electores otorgan a los políticos, mientras no comprendamos que una elección sin control y rendición de cuentas puede ser una forma continuada de engaño. Muchos ciudadanos siguen pensando ingenuamente que los políticos nos dan algo, cuando no hacen otra cosa que administrar, bastante descuidadamente, lo que nos quitan del bolsillo, de forma directa y de mil formas indirectas. Una especie de ilusión óptica, y una monstruosa ignorancia aritmética, les hace creer a muchos que sacan más de lo que pierden en el trueque, que ellos son los que ganan con el trile.

Hace falta que alguien se tome en serio la distinción entre la indiscutible legitimidad de la democracia y la aceptación acrítica y mansurrona de cuanto hacen y deciden en nuestro nombre. Tenemos que estar razonablemente orgullosos de lo que hemos conseguido en estos cuarenta años, pero no podemos perder de vista el despojo y la desvergüenza de tantos comportamientos, el capitalismo de amiguetes, las tramas de control político urdidas entre empresas, periódicos y clanes de partido. No todo lo que se ha hecho es digno de admiración y tenemos que empezar a separar lo que está bien de lo que es insoportable. Por eso, el gesto duro de poner a Don Juan Carlos fuera de foco podría ser interpretado como un símbolo de que, al menos el Rey, sabe que no es oro todo lo que reluce. Si todos hiciésemos lo propio, España podría ponerse de nuevo a la altura de sus posibilidades y dejaría de estar condenada a ser un país sin futuro, sin esperanza de arreglo inmediato, sometida a las pasiones y excesos de los lobos que ofician falsamente de pastores, cosa que, por descontado, no solo sucede en Cataluña.

URNAS VACÍAS: PUEBLOS AGOTADOS (yII)
Antonio García Fuentes Periodista Digital  30 Junio 2017

Es claro que al igual que ocurría con esa clase política, ocurría con la clase adinerada o grandes propietarios, puesto que muchos de ellos y de ambas clases, acumularon capitales inmensos y algunos (se dice) que incluso en el extranjero y a buen recaudo de controles por parte de la nueva república... “las cárceles y los castigos, quedaron como siempre... para la plebe y alguna clase media un poquito rebelde y que no pudieran aislar en el ostracismo”.

Y cómo el interés de esas clases dominantes y que resumen las dos palabras que siguen... “dinero y política”, sólo se ocuparon de cuanto se dice, pues la república empezó a crecer en delincuencia común a una velocidad enorme y tan es así, que llegó un momento en que pese a todas las penitenciarías que había y que se hicieron de nueva construcción... que fueron muchas... no había lugar para mantener más presos en las cárceles de la república y optaban, por ir acortando condenas, conceder privilegios a penados y ponerlos en la calle, aun cuando en muchos casos, fuesen asesinos, que reincidieron y siguieron asesinando, robando, estafando, etc. También aumentó muchísimo la delincuencia denominada “de guante blanco”, pero ya hemos dicho, que “el dinero y la política” estaban bien enlazados y a éstos apenas si se les tocaba, salvo a alguno que quiso “acaparar demasiado poder y que estaba reservado para otros”; pero aún en la cárcel, estos privilegiados lo fueron dentro de ella y en amplio sentido de lo que significa la palabra privilegio.

Siguieron las ya atosigantes y cansinas votaciones, pues cada año había que “votar algo” y las urnas no paraban de ser sacadas para que en ellas, el denominado “pueblo soberano”, eligiera nuevas ternas de políticos, pero eso sí, elegidos en listas cerradas e impuestas por los partidos dominantes, que en realidad en vez de partidos democráticos, eran una especie de dictaduras soterradas y a cuyas cúspides, sólo llegaban los que dejaban entrar los ya instalados. O sea que los que se llenaban sus bocas de “democracia”, jamás la implantaron en sus organizaciones internas, puesto que como ya dije, era la forma de que muchos se eternizaran en puestos de poder y con garantías de emolumentos substanciosos; amén de guardaespaldas, coches blindados, etc. “mientras al pueblo lo podían robar, extorsionar, o incluso asesinar en una indefensión nunca conocida tras las guerras civiles padecidas”; todo el aparato policial, se empleaba principalmente en sostener y cuidar de las cúpulas y de que el país no se moviese para nada... salvo para pagar impuestos que cada vez fueron más altos y confiscatorios.

Proliferó igualmente y paralelo a cuanto se dice, una infinidad de parásitos, marginales o marginados, a los que se les mantenía y cuidaba, principalmente por conseguirles el voto, puesto que el voto de muchas de éstas muchedumbres, era la base para conseguir el poder de quién por ello mismo los cuidaba y mantenía, pese a que muchos de ellos eran pobres parásitos a los que nadie se cuidó de educar y formar para hacerlos ciudadanos libres... era mejor mantener una gran cantidad de súbditos o cuasi siervos... o sea, la versión de “la plebe de Roma y el pan y circo”, pero dos milenios después de aquello que nos cuenta la historia.
Pero llegó un momento en que la gente, se cansó; la gente que no percibía fondos de lo que se vino en denominar “la teta nacional” (erario público) y cada vez iban menos a votar, se cundió el desánimo y la terrible frase de... ¿votar, para qué? No se rebelaron, no, aquellas gentes eran lo suficientemente inteligentes para haber aprendido que la rebelión por la fuerza y como siempre, sólo traería desgracias y penurias para los rebeldes; por tanto decidieron emplear una especie de colectiva resistencia pasiva y la que se fue extendiendo, de forma que en cada votación iba menos gente a votar. Y ello pese a que por los medios de “comunicación social” (todos controlados por el dinero y la política) y empleando todas las técnicas habidas y por haber, se les incitaba a ejercer “el sagrado derecho al voto”.

Así en aquellas últimas votaciones, ocurrió algo insólito. Llegado el día crucial y establecidas las mesas y las urnas; cubiertas las plazas de los vigilantes de las mismas... fueron entrando los que votaron aquel día y que sólo fueron, los pertenecientes a partidos que esperaban algo o ya lo tenían asegurado, y algunos de sus familiares... echaron las papeletas en las urnas, extrañándose de que tan poca gente hubiese ese día en los colegios electorales.

Llegado el escrutinio, la cantidad global fue irrisoria con arreglo a la población de aquella república, pero como “el que no vota no cuenta”; con toda la cara dura del mundo, se consideraron válidas aquellas elecciones y contando y recontando aquella miseria de votos, se hicieron los consabidos repartos por la ley proporcional, que un belga inventara para “este tipo de compadreo” y se constituyeron todos los cargos... como si nada hubiese pasado en aquella ya agotada república.

Todo siguió la “normalidad democrática” e incluso se llegó a la inauguración oficial y toma de posesión de los “cargos electos por el pueblo”, para lo que se montó la parafernalia que cada vez se montaba y al amparo de tal espectáculo, se fue reuniendo en la explanada del palacio donde morarían “aquellos padres de la república”... una silenciosa multitud, que fue acudiendo pausadamente y sin producir recelos a los cientos de guardias armados que velaban por la seguridad del evento. Así se pudo llenar a rebosar aquella explanada y cuando el acto terminó y con gran boato, todos los asistentes y por orden de categorías iniciaron la salida “triunfal”, del parlamento; aquella multitud y en total silencio, fue sacando de sus bolsillos una hoja de papel tamaño folio, que mostrándola a toda aquella “aristocracia democrática”, la pudo ir leyendo sin dificultad alguna.

Aquel folio y en letras grandes ocupándolo todo, simplemente decía.
¡¡F U E R A!!

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

Montoro alguacilado
Isabel San Sebastián ABC  30 Junio 2017

Ningún ministro de la democracia ha gozado como él fustigando al contribuyente con sus amenazas desde el púlpito y sus inspecciones selectivas. Su martillo de herejes fiscales ha golpeado sin piedad a periodistas críticos, artistas icónicos, ídolos del deporte, políticos representativos del PP que dejó de ser y demás chivos expiatorios útiles para sembrar el terror ardiendo públicamente en una hoguera mediática sabiamente alimentada con filtraciones de expedientes supuestamente secretos. Ha cambiado las reglas de juego a mitad de partido, declarado ilícitos mecanismos tributarios considerados legítimos hasta su llegada al Ministerio de Hacienda, aplicado normas de dudosa interpretación con carácter retroactivo, consentido (cuando no alentado) la utilización espuria de información personal protegida por la ley tributaria y alardeado sin recato del poder prácticamente ilimitado que ejerce a la diestra de Soraya y de Rajoy. Pareciera que el mismísimo Francisco de Quevedo se hubiera inspirado en él para describir el quehacer de su célebre Alguacil Alguacilado: "¿Quién podrá negar que demonios y alguaciles no tenemos un mismo oficio, pues bien mirado nosotros procuramos condenar, y los alguaciles también; nosotros que haya vicios y pecados en el mundo, y los alguaciles lo desean y procuran con más ahínco, porque ellos lo han menester para su sustento y nosotros para nuestra compañía?".

Cristóbal Montoro no se ha limitado a guardar la viña, no. Ha desempeñado el papel de Gran Inquisidor fiscal con un fervor iluminado de asceta que invitaba a ver en él un paradigma de pureza cuando en realidad su armario también ocultaba vergüenzas. Y de las gordas. Tal como ha publicado ABC con la firma de Javier Chicote, en una exclusiva de gran calado que habría abierto todos los informativos de existir más valentía e independencia en los medios de comunicación españoles, en vísperas de su desembarco en el Gobierno el ministro encargado de rascarnos el bolsillo, ayudado por Rodrigo Rato (hoy procesado por graves delitos), organizaba cenas exclusivas para grandes empresas del Ibex en las que se desvelaban cuáles serían las líneas de actuación del nuevo equipo económico y se repartían tarjetas del despacho de abogados de igual nombre, fundado por él unos años antes y oportunamente traspasado a su hermano. Cenas a las que asistía su número dos en dicho bufete, con entrada de palco VIP y acceso directo a los grandes entre los grandes gestores de cuentas patrias. ¿Tráfico de influencias? Un observador avezado diría que sí. De libro. Tanto, que de haberse destapado el asunto en algún lugar provisto de una moralidad pública más exigente que la nuestra el protagonista de la noticia habría presentado ya su dimisión o habría sido cesado por el bien del partido y el país al que representa. Aquí, como es bien sabido, el verbo dimitir no se conjuga ni siquiera cuando el Tribunal Constitucional condena y el Congreso de los Diputados reprueba. Aquí sólo el pulgar marianil decide entre la vida y la muerte política.

Porque nuestro Montoro alguacilado, nuestro repartidor de anatemas y tarjetas de visita, ha estado mirando con lupa a los que declaraban en España mientras los evasores de verdad, los refugiados en Suiza, blanqueaban sus haberes con todas las bendiciones legales a razón del 3 por ciento en lugar del 45 infligido a los asalariados "ricos" tras las subidas por él decretadas. Ha permitido, según el TC, que se legitimara el fraude y se consintiera como una opción válida la conducta de quienes incumplieron su deber de tributar. Todo eso y algo más ha hecho el ministro de Hacienda y aún sigue ocupando el despacho… Spain es realmente different.

PRETENDEN IMPONER LA IDEOLOGÍA DE ?ENERO
El Gobierno británico persigue a un colegio por no adoctrinar a sus alumnas de tres años
La Gaceta   30 Junio 2017

El lobby LGTB ha llegado a las instituciones. La última prueba de ello es lo ocurrido en Reino Unido, donde una escuela judía de ámbito privado está siendo perseguida por no enseñar a sus alumnas -de 3 a 11 años-, la doctrina impuesta por la ideología de género.

Cada vez son más los gobiernos, personajes públicos y entidades que han sucumbido a lo “políticamente correcto” y han apostado por unirse a la campaña para “normalizar” la transexualidad. Es la llamada “gender revolution”, el proyecto que de la mano de la ideología de género ha llegado a nuestra sociedad con el objetivo de quedarse.

Lejos de parecer ajeno a nosotros, lo que van a a leer a continuación ya está ocurriendo en España-con el colegio Juan Pablo II de Alcorcón, por ejemplo-, tras la aprobación de la Ley de Diversidad Sexual impulsada por Cristina Cifuentes y aprobada en la Asamblea de Madrid.

Con todo ustedes, el futuro que nos espera:
El colegio judío ortodoxo de primaria Vishnitz Girls School, en Reino Unido, se ha convertido en el blanco del Gobierno británico. Tal y como recoge LifeSite News, una inspección gubernamental realizada el pasado 10 de mayo acusa a esta escuela -de niñas desde los 3 a los 11 años-, de estar “violando la ley al no enseñar a las niñas conceptos sobre la reasignación de sexo y la orientación sexual”.

El informe de dicha inspección establece que el colegio “está actuando de una manera perjudicial para el desarrollo espiritual, moral, social y cultural de las alumnas. El enfoque de la escuela impide que las alumnas puedan aprender acerca de las diferencias entre las personas, como es la orientación sexual”.

“Los directivos y propietarios de la escuela reconocen la obligación de enseñar sobre lo recogido en la Ley de Igualdad 2010 pero reconocen también que no enseñan a los alumnos todo lo recogido en dicha normativa, particularmente las enseñanzas relacionadas con la reasignación de género y la orientación sexual”.

‘El Estado no respeta la libertad religiosa’
“Este es un claro ejemplo de cómo el Estado impone la ideología LGTB, totalmente contraria a los principios de una escuela religiosa”, ha defendido Andrea Williams, directora ejecutiva de la plataforma “Christian Concern”.

La estadounidense ha subrayado que “se trata de una escuela judía, de carácter privado, para niñas. El Estado está demostrando que no respeta ni la libertad de los padres ni la libertad religiosa”.

“Desgraciadamente, este no es el único caso, ya que estamos hablando de una moda que no para de crecer. Desde nuestra asociación ayudamos a las escuelas cristianas a luchar contra imposiciones similares. Necesitamos un movimiento de los padres y ciudadanos para luchar en contra esta dictadura”, ha concluido.

Saltan todas las alertas: la deuda privada mundial se dispara
Debido a los persistentemente bajos tipos de interés, la deuda privada mundial se dispara de nuevo, según alerta el Banco de Pagos Internacionales
elconfidencial  30 Junio 2017

El Banco de Pagos Internacionales (BIS), institución supranacional que supervisa el estado del sistema financiero mundial y es conocido como el 'banco de los bancos centrales', alerta en un reciente informe de que la deuda privada se está disparando de nuevo a nivel mundial. Como todos recordamos, esta fue una de las causas fundamentales de la enorme crisis financiera que se inició hace una década. Esta evolución del servicio de la deuda en diferentes países la vemos en el siguiente gráfico, en que se ve cómo una vez más, y sobre todo ante una eventual subida de los tipos de interés, aumentará de forma rápida, provocando un gran estrés financiero en los agentes privados (familias y empresas).

La situación no parece nada halagüeña. Salvo en países como Estados Unidos o España, en que no parece probable que se alcancen los terribles escenarios de 2006-2010, en el resto la situación es bastante peor. Pero ¿por qué es importante esto? Las razones son varias. La primera y más importante es que esta situación induce una vulnerabilidad extrema de empresas y familias a cualquier subida de tipos de interés, especialmente si está asociada a un debilitamiento de la actividad económica o simplemente a un bajo crecimiento.

En segundo lugar, es indicio, al igual que pasó en la primera década del siglo, de que está habiendo una mala asignación de recursos en la economía, especialmente en el sector de la construcción. Esto es evidente que está pasando, como vemos en el gráfico de evolución de los precios de la vivienda, otra vez creciendo con fuerza en casi todos los países.

En tercer lugar, esta situación genera problemas de demanda efectiva de cara al crecimiento futuro, ya que si bien impulsa el consumo y la inversión a corto plazo, a medio y largo plazo socava la demanda debido a que empresas y familias deben hacer frente a un alto servicio de la deuda. La discusión de por qué está ocurriendo esta situación de tipos de interés tan persistentemente bajos está lejos de aclararse. Como bien saben quienes leen mis artículos, me alineo con la hipótesis del exceso de ahorro ('savings glut') a nivel mundial que expuso Ben Bernanke hace unos años. También sostengo que ese exceso de ahorro persiste debido al incremento de la desigualdad de las últimas décadas, ya que es bien conocido que las familias de rentas altas tienden a ahorrar mucho más que las de rentas bajas (es el modelo keynesiano en que existe una propensión marginal al ahorro positiva). Existen explicaciones alternativas sobre por qué ocurre esto en que se responsabiliza a los bancos centrales, pero la evidencia empírica apunta a que no es así, ya que los balances de los bancos centrales son demasiado pequeños como para influir más que marginalmente en los tipos de interés a largo plazo.

El problema surgió a partir de 2005 con lo que Samuelson en los setenta llamó “perturbaciones de la oferta”, es decir, tipos altos a la vez que hay recesión económica. Un superciclo de materias primas especialmente potente provocó una subida de la inflación y consecuentemente de los tipos de interés en un escenario de debilitamiento económico. El resto, con la crisis de la 'subprime' provocada por la imposibilidad de responder a las deudas y la subsiguiente crisis financiera mundial, forma parte ya de los libros de historia económica.

La discusión de por qué está ocurriendo esta situación de tipos de interés tan persistentemente bajos está lejos de aclararse

La situación a día de hoy se parece de forma cada vez más peligrosa a la de 2004-2005. La deuda privada aumenta vertiginosamente mientras que un robusto crecimiento económico hace que la confianza de familias y empresas se mantenga alta. No hay problemas en hacer efectivo el pago de las deudas, ya que la renta está aumentando también. Pero el mismo monstruo de hace una década está creciendo en la sombra, y bastará que tengamos una situación de subida de tipos con estancamiento económico para que se vuelva a desencadenar el mismo proceso de 2007-2010.

Mi opinión es que una vez más serán las materias primas quienes causen el problema. Si bien los modelos decían que sería a finales de este año cuando los precios comenzarían a subir con fuerza, la producción de petróleo está demostrando ser más robusta de lo que anunciaban estos modelos, por lo que, como dijo hace poco la Agencia Internacional de la Energía, es probable que la subida de precios se retrase incluso un año más. Sin embargo, esto que en principio puede parecer bueno no hará sino permitir que el endeudamiento privado, y con ello la fragilidad, aumente todavía más, con lo que la crisis será aún más difícil de manejar.

Esto que en principio puede parecer bueno no hará sino permitir que el endeudamiento privado, y con ello la fragilidad, aumente todavía más

La solución a esta nueva situación de la economía mundial, a mi modo de ver, pasaría por resolver lo que pienso que es el origen del problema, es decir, la elevada desigualdad a nivel mundial. Pero hay tantos y tan importantes intereses opuestos a cualquier medida en este sentido que con toda seguridad no se hará nada hasta que llegue el temido 'momento Minsky', en que ninguna acción de los poderes públicos sea capaz de parar un colapso catastrófico del sistema financiero mundial. Esto también pienso que no ocurrirá en la siguiente crisis financiera, que será manejada por acciones drásticas de los bancos centrales, ya que aún disponen de un amplio margen. Pero también creo que es inevitable que finalmente ocurra.


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Del editorial único al control de los medios
EDITORIAL El Mundo  30 Junio 2017

Los partidos independentistas del Parlamento de Cataluña mostraron ayer su cara más sombría al aprobar una moción que atenta directamente contra la libertad de expresión de los medios de esa comunidad autónoma. Junts pel Sí y Catalunya Sí que es Pot apoyaron una moción de la CUP en la que se insta al Govern a que condicione las ayudas públicas que concede a los medios de comunicación privados a que éstos «acepten la publicidad institucional» de la Generalitat para dar a conocer a todos los catalanes todo lo relativo a la organización del referéndum ilegal anunciado para el 1 de octubre.

Desde este periódico siempre nos hemos opuesto a esas ayudas públicas que, con el pretexto del apoyo al uso del catalán, pueden suponer una intromisión en la independencia de los medios. Pero mucho menos sentido tiene aún condicionar la recepción de ese dinero al apoyo explícito a la difusión de un referéndum separatista.

En primer lugar, precisamente porque la consulta es inconstitucional y no se puede hacer partícipes a las empresas periodísticas de la difusión de publicidad para actos ilegales. Después, porque el Parlament -y el Govern si, como es previsible, pone en marcha la moción aprobada ayer- vuelven a hacer gala de esa mentalidad totalitaria al obligar a los medios a acatar el pensamiento oficial si quieren recibir las ayudas de la Generalitat, que se convierten así en un chantaje puro y duro.

Aunque, desgraciadamente, no será la primera vez que se manifiesta ese chantaje. Hay que recordar aquel editorial conjunto y vergonzante del 26 de noviembre de 2009 con el que la inmensa mayoría de los medios catalanes -los mismos que recibían las ayudas de la Generalitat- exigió al Tribunal Constitucional una sentencia sobre el Estatuto de Autonomía favorable a los intereses de la Generalitat.

Una izquierda emancipadora para Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital   30 Junio 2017

La izquierda en Cataluña ha de recuperar el espíritu emancipador que inspiró su origen para superar la alienación humana inducida por condiciones económicas, supersticiones alienantes, abusos coloniales o, como en este caso, por la obscenidad étnica del nacionalismo. En una palabra, ha de ser de nuevo una ideología intelectualmente crítica, capaz de servir de faro e instrumento de autonomía personal, justicia social, igualdad y libertad, y no mero instrumento al servicio de la casta nacionalista.

Esa naturaleza emancipadora de la izquierda es una característica esencial y universal, necesaria en cualquier circunstancia, lugar y tiempo, aplicable por lo mismo también a Cataluña. O, por decirlo con énfasis, ¡sobre todo a Cataluña!, pues la izquierda actual en esta comunidad española ha dejado de ser emancipadora para pasar a formar parte de las fuerzas opresoras y excluyentes del nacionalismo. Con un agravante, en lugar de servir como instrumento liberador, se ha convertido en un medio al servicio de las castas étnicas que lo instrumentalizan. La teoría sobre la alienación humana de Karl Marx es aplicable a cualquier situación de opresión y sirve para desenmascarar también hoy el fundamento pervertido del poder en Cataluña. Su utilidad intelectual sigue más vigente que nunca y tan necesaria como siempre en sociedades excluyentes como ésta.

Si no se ha pasado cuentas a esta impostura de la izquierda catalana hasta ahora es porque tradicionalmente se ha partido de una premisa errónea: suponer que la izquierda es internacionalista per se, independientemente de su praxis real. Efectivamente, lo es en sus planteamientos y fines, pero en el caso de Cataluña, hace medio siglo que sus izquierdas los olvidaron en nombre de la construcción nacional. Se han llegado a acuñar siglas para definir esa anomalía con la ironía necesaria: Partido Único Catalán (PUC). O dicho de modo más crudo: hoy en Cataluña no hay partidos diferenciados ideológicamente entre la izquierda y la derecha catalanistas, todos son nacionalistas, aunque disientan en cuestiones de moral pública y medidas económicas. Unas y otras ponen en la nación el sentido último de su praxis política, sustituyendo la solidaridad y la igualdad por el egoísmo étnico de la nación.

Y no empezó ayer, las raíces hay que buscarlas en la ERC y el PSUC de la II República, y más recientemente en grupúsculos mil, como el PSAN (Partit Socialista d’Alliberament Nacional), nacido en 1969. Pero la izquierda que decidió el abandono de la emancipación de la clase obrera y de los más desfavorecidos por la lucha de la identidad catalana y la construcción nacional fueron el PSUC, de forma directa, y el PSC, de manera indirecta. El origen de esta perversión ideológica hay que buscarlo en la constitución de la Assemblea de Catalunya en 1971. Esta plataforma unitaria de las fuerzas opuestas a la dictadura, muy influenciada por la recuperación de la lengua y la cultura catalanas, acabó subordinando los objetivos de la lucha obrera a los del nacionalismo. Con especial soporte de los líderes del PSUC y la disculpa de la normalización de la lengua catalana, que la pasaron a considerar el signo identitario de la nación. En 1973, la Assemblea de Catalunya, de la que formaba parte el futuro secretario general del PSUC, Rafael Ribó, aprueba un documento (Assemblea de Intelectuals) donde determina que la lengua catalana debe ser el vehículo de las instituciones del país. De ahí nace el concepto de lengua propia, que legitimará su uso exclusivo en Cataluña. Pero ya antes, en 1970, su secretario general, Gregorio López Raimundo (de origen aragonés), colaboraba con esa atmósfera envolvente nacionalista afirmando desde el comité ejecutivo: "El idioma de la clase obrera de Cataluña, a pesar de que cientos de miles de obreros no lo hablen todavía, es el de la nación, y del pueblo del cual forman parte, el catalán". Y ya en 1977 la propuesta del PSUC a través de Francesc Vallverdú como ponente en la mesa redonda de Política lingüística a l’escola selló la identificación de lengua y nación, identidad y construcción nacional: "A través de la lengua se establece la identidad nacional". De estos polvos y otros muchos se llegó al uso exclusivo de la lengua catalana en la escuela como lengua docente a través de la inmersión, y con ella a la inmersión en lengua y contenidos nacionales que ha sido la base del adoctrinamiento independentista y a la disolución de la izquierda en el hecho nacional que ha propiciado el procés a la independencia. Hoy, las fuerzas más radicales de izquierdas son a su vez las más independentistas. Con la CUP a la cabeza. No deberíamos olvidar nunca que en el origen de la inmersión lingüística y el adoctrinamiento escolar (después extendido a medios, instituciones, asociaciones cívicas, etc.) que lo ha posibilitado todo estuvo la izquierda, especialmente el PSUC y el PSC, y no Pujol (me refiero a la inmersión), que en un principio no la creía posible, pero a la que se unió inmediatamente. De hecho, los objetivos del PSUC siempre fueron los de la construcción nacional, aceptando transitoriamente para su maceración en espera de tal objetivo la autonomía y los gobiernos regionales.

En el caso del PSC, la colaboración ha sido fundamental para neutralizar y alienar la fuerza emancipadora de la población obrera y castellanohablante del cinturón industrial de Barcelona. En nombre del catalanismo, la cohesión social y la integración (eufemismo de la asimilación) ha destruido la autoestima de esta población foránea de sus propios orígenes culturales, lingüísticos y nacionales para ponerlos al servicio del nacionalismo. En nombre del catalanismo, el gran legitimador de todos los atropellos. Este mantra clasista, al modo y manera de la mantequilla de Marlon Brando en El último tango en París, ha servido para ocultar el huevo de la serpiente nacionalista y dormir con buena conciencia. El punto de no retorno se dio en 1980 en las negociaciones del primer Gobierno de Pujol a la Generalidad. Para visualizarlo, retrocedamos al origen del PSC, a finales de los años 70. Allí encontraremos el origen oculto y ocultado de una estrategia nacionalista cuyo interés fue poner los fines nacionalistas por encima de la ideología socialista, por entonces propiciada por el PSOE reconstituido después de la dictadura.

Cuenta Oriol Bohigas, en Entusiasmos compartidos y batallas sin cuartel, que, en 1977, el que llegaría a ser líder del PSC, Joan Reventós, presidente en esos momentos de Convergencia Socialista de Cataluña, le advirtió (así como a Josep Maria Castellet) del "peligro de un triunfo en solitario del PSOE". Por entonces, la Federación Catalana del PSOE, dirigida por Josep M. Triginer, tenía gran implantación social, pero no era nacionalista, mientras el Reagrupament, dirigido por Josep Pallach, era nacionalista pero sin implantación social. Ante ese panorama, Joan Reventós advierte a sus dos amigos de que la única salida era aliarse con el PSOE.

Esta situación tenía una doble ventaja: se aseguraban los votos populares propios del partido de González y se garantizaba el catalanismo gracias a Convergencia. Lo que no dijo Reventós, o no recoge Bohigas en sus memorias, es que los catalanistas irían a la cúpula mientras el PSOE ponía el cuerpo militante y electoral. Así se tendría una izquierda 'propia', una lengua 'propia', una cultura 'propia'.

(C. A. de los Ríos, La izquierda y la nación, Planeta, 1999).

Muchos años después, con motivo de la presentación de sus memorias de embajador, el líder socialista Joan Reventós se responsabilizaba de la hegemonía del nacionalismo:
Yo rechacé el pacto con Pujol porque los socialistas nos hubiéramos partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol a que en Cataluña se instaurara con fuerza una opción lerrouxista.

La pedagogía del odio a España y al obrerismo foráneo ya está presente en estas intenciones. El supremacismo actual, como ven, viene de lejos.

El mal ya está hecho, hoy la hegemonía moral de la sociedad catalana reside en el nacionalismo, no en el ideal de una sociedad más justa. Izquierdas y derechas, antes que nada, ponen el acento en la ruptura con el resto de los españoles con la esperanza de que su mayor renta per cápita revierta exclusivamente en los de casa nostra. La aspiración más insolidaria, egoísta y contraria a los ideales de la izquierda que nos pudiéramos imaginar.

Y por si el fiasco no fuera suficiente, las nuevas izquierdas llegadas de la mano de Pablo Iglesias (Podemos) y de Ada Colau (En Comú Podem) se amarran a la ubre nacionalista de las nuevas generaciones alienadas en el plurinacionalismo con el descaro pragmático-electoral de un broker de Wall Street.

Es preciso imaginar otra izquierda en Cataluña, o si quieren, simplemente una izquierda, que defienda la soberanía española como espacio del bien común, como nación de ciudadanos libres e iguales, en espera y mientras construimos la soberanía más amplia de la UE y más tarde, cuando las circunstancias lo permitan, de la soberanía extendida a toda la humanidad.

¿Por qué? Porque en buena medida, la izquierda ha sido la causante, por inhibición, de la hegemonía moral del nacionalismo identitario. Un error, un complejo, una traición a la igualdad de todos los ciudadanos españoles frente a los privilegios de los territorios. En gran parte proviene de la confusión que la izquierda arrastra desde la dictadura entre el régimen franquista y el Estado español. El nacionalismo de Franco estuvo tan obsesionado en identificar su régimen con España, que la izquierda hace lo imposible por distanciarse de España para defenderse del estigma franquista. Un disparate. Es como si la izquierda alemana actual confundiera el régimen nazi con Alemania.

No se entiende que partidos nacidos para defender la igualdad de los ciudadanos frente a las desigualdades sociales se dediquen a apuntalarlas cuando tales desigualdades las defienden los territorios. Que lo haga la derecha es parte de la lógica de su ideología; que lo defienda la izquierda es un atentado contra todos los principios que la inspiraron históricamente. La impostura no puede ser mayor: persiguen la igualdad económica entre los ciudadanos tomados uno a uno, pero sacralizan la desigualdad económica de los territorios; detestan a los ricos, pero si los ricos son los territorios, entonces pasan por alto su corrupción y reclaman para ellos la soberanía suficiente para poder seguir actuando sin controles ni molestias. Es decir, exigen privilegios, reclaman paraísos para las rentas más altas y se desentienden de los obreros, pensionistas y parados de las comunidades más pobres. Una izquierda nunca vista. Parece que desconocieran, por ejemplo, que miles de pensionistas de determinados territorios no podrían cobrar sus pensiones sin los excedentes de los más pudientes. Esa falta de un proyecto emancipador de la izquierda frente al nacionalismo disgregador ha provocado una agudización de las diferencias económicas, sociales, culturales y lingüísticas entre los españoles en función de dónde vivan. Todo ello camuflado por el lenguaje ambiguo y tóxico que la izquierda ha tomado de los nacionalistas, y que ha dejado indefensos intelectualmente a muchos demócratas. Al no denunciar el carácter antidemocrático de los nacionalismos, se ha ido permitiendo una deslegitimación del sujeto de la soberanía nacional: el pueblo español; o sea, el conjunto de los ciudadanos.

La derecha ha pactado y entregado de manera irresponsable un poder incontrolado a los nacionalistas. Ha sido incapaz de aplicar la ley y defender la Constitución en temas esenciales. Y la izquierda no ha sabido defender una idea democrática de la nación española. Ha permitido poner en duda su legalidad y su legitimidad.

El secesionismo es incompatible con los valores de la izquierda, con la defensa de la igualdad y la preocupación por mejorar la vida de todos los trabajadores; valores que están por encima de supuestos derechos históricos predemocráticos y de los intereses de las burguesías territoriales codiciosas y a menudo corruptas, camufladas bajo una nueva clase transversal nacionalista de carácter retrógrado, étnico y actitudes prefascistas. Lo que se conoce con el nombre de fascismo postmoderno.

Pero la soberanía nacional española no es un fin en sí mismo, sino sólo un tránsito inevitable a la soberanía europea, que tarde o temprano nos hará iguales en derechos y obligaciones a todos los ciudadanos de este viejo continente, independientemente de dónde fijemos nuestra residencia. Y más tarde, en cuanto se den las condiciones objetivas de tal posibilidad, tal soberanía habrá de alcanzar al mundo entero, al conjunto de los seres humanos. El ideal de la izquierda y la plasmación de un mundo en paz que Immanuel Kant imaginó en aquel opúsculo ilustrado de La paz perpetua.

Mientras tanto, y como medidas urgentes, la izquierda en Cataluña ha de combatir el relato insolidario del nacionalismo, sus mentiras históricas, denunciar la antigualla de los derechos históricos propios del Antiguo Régimen, acabar con la inmersión lingüística y el adoctrinamiento escolar, devolver la libertad lingüística a todos, emanciparse de todos los sofismas del derecho a decidir, de la pedagogía del odio del expolio fiscal, poner luz y taquígrafos a la corrupción generalizada que se oculta tras la estelada y se justifica con el cuento de la nación oprimida. Denunciar el fascismo posmoderno contra la separación de poderes, salir a la calle contra el golpe institucional, defender la Constitución que garantiza el Estado Social y Democrático de Derecho, reivindicar a España como espacio del bien común y la garantía de la igualdad de todos en sanidad, educación, infraestructuras, servicios sociales, acceso a la vivienda o al trabajo con una progresividad fiscal donde paguen más los que más tienen, sin privilegios territoriales ni derechos históricos.

Hoy en España millones de personas se han empobrecido a causa de una crisis que no la han provocado ellos, sino la economía financiera-especulativa y la corrupción económica de políticos nacionales y gobiernos autonómicos. Las pensiones están en peligro, las mujeres cobran menos y sufren mayor paro, la ley de dependencia solo es un árbol de navidad con muchos regalos de colores colgados, pero vacíos por dentro, zonas enteras del territorio nacional se quedan sin gente y otras muchas han de salir de nuestras fronteras para buscarse la vida… Mientras tanto, un mundo nuevo lleno de robots y paro estructural condena a la miseria a millones de personas. Hoy la renta básica universal, las ayudas de subsistencia a colectivos marginados por la edad o con problemas de adaptación por mil dificultades son angustias que hay que resolver, y todo ello en un ecosistema en peligro que hemos de preservar para las generaciones venideras.

De estos y otros muchos problemas sociales se ha de ocupar la izquierda, y no del derecho a decidir si la casta privilegiada de una comunidad determinada tiene derecho a vivir por encima de los más desfavorecidos.
 


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