AGLI Recortes de Prensa   Sábado 1 Julio 2017

Nación sin razones
Jesús Laínz Libertad Digital 1 Julio 2017

En un nuevo paso hacia el caos, el PSOE de Pedro Sánchez, ese clon intensificado de ZP, se ha mimetizado un poco más con sus aliados separatistas mediante la proclamación dogmática de que España es un Estado plurinacional.

Desde un punto de vista jurídico-político no puede caber mayor disparate, pues la plurinacionalidad de España significaría fragmentar su soberanía nacional. Y si algún socialista sostuviera que no es ésa su intención y que se refiere solamente a asuntos culturales sin consecuencias políticas, no le quepa duda de que sí lo es de sus socios podemitas y separatistas. Pues no tardarían en exigir todas las consecuencias de dicha fragmentación nacional. ¿No es precisamente eso lo que ha sucedido con el absurdo concepto nacionalidades estampado en la Constitución, cuyos efectos suicidas, hoy tan evidentes, fueron avisados por algunos ante la mofa general?

Pero vayamos a las naciones de marras. ¿Cuáles son exactamente? ¿Cuál es el criterio socialista para definirlas? ¿El histórico? En ese caso, parece claro que España habrá de dividirse en cuatro: Castilla, León, Navarra y Aragón, los cuatro reinos medievales que la constituyeron, secularmente representados en el escudo nacional. Pero ¿estarán de acuerdo los separatistas vascos y catalanes, principales socios e inspiradores de la izquierda expañola? Evidentemente no, pues sus naciones no contarían, y para eso no merece la pena todo esto de la plurinacionalidad.

Por otro lado, la muy progresista izquierda expañola tendría que explicarnos el progresista silogismo que de la existencia hace mil años de un reino, un principado, un condado o un señorío deduce el justo título para exigir su secesión en el siglo XXI. Pero antes de explicárnoslo a los españoles, que empiecen explicándoselo a los demás países europeos, igualmente divididos en todo tipo de estados a lo largo de los mil quinientos años transcurridos desde la caída del Imperio Romano. ¿Tendrán derecho a independizarse de Alemania los actuales habitantes de los antiguos reinos de Prusia, Baviera, Sajonia y Westfalia, o los de los ducados de Baden, Hesse y Nassau? ¿Y de Inglaterra los habitantes de los antiguos reinos de Kent, Sussex, Essex, Wessex, Mercia, East Anglia y Northumbria? ¿Y de Italia los de decenas de estados como las repúblicas de Venecia, Florencia, Siena y Génova, los reinos de Nápoles, Sicilia, Piamonte y Cerdeña, los Estados Pontificios o los ducados de Milán, Parma y Saboya? ¿Y de Francia los de los reinos de Neustria, Austrasia y Bretaña, o los de los ducados de Borgoña, Normandía y Aquitania? ¿Y por qué no los de los actuales estados alemanes o los de los departamentos franceses? ¿Y los de Idaho, Wisconsin y Alabama? ¿Se lo preguntamos a los descendientes de Lincoln, incluidos los muy ignorantes del New York Times?

No, no es la historia, sino la lengua, se dirá a continuación. Pero ¿habrá alguien capaz de explicar de una vez por todas la conexión entre la existencia de una lengua y la de una nación, y no digamos la del derecho de secesión? En la ONU se sientan 193 países y en el mundo se hablan varios miles de lenguas. ¿Cómo resolvemos el problema?

No hace falta irse muy lejos. En Francia, por ejemplo, además del francés, se hablan nueve lenguas: alsaciano, flamenco occidental, corso, bretón, britorrománico, vascuence, francoprovenzal, occitano y catalán. En Italia la cosa es todavía más compleja, pues, además del italiano oficial y sus muchos dialectos, existen varias decenas de lenguas: romances como el piamontés, el sardo, el siciliano, el friulano, el galo-itálico y el ladino; germánicas como el bávaro, el surtirolés, el cimbriano y el walser; eslavas como el croata molisano y el esloveno; así como el griego y el albanés.

¡Bastantes más que en nuestra acomplejada España, donde casi todo el mundo se ha creído la patraña de que la nuestra es una nación imperfecta por ser extraordinariamente plurilingüe, cuando la realidad es precisamente la contraria! Y ni a los socialistas franceses ni a los italianos se les ha ocurrido proclamar, ni por razones históricas ni lingüísticas, ni por ninguna otra cursilería, la plurinacionalidad de Francia e Italia. ¿Por qué a nuestros socialistas sí? ¿Serán capaces de explicar qué tiene España que la hace tan excepcional entre todos los países del planeta?

Nuevo salto en el vacío, ya dado en 1978 para distinguir constitucionalmente a las premiadas con el título de nacionalidades históricas de las que, sensu contrario, habrá que deducir que no consiguen pasar de regioncitas ahistóricas. Castilla y Aragón entre ellas, nada menos. ¿Cuál fue el criterio para considerar que aquéllas –Cataluña, País Vasco y Galicia– tenían más enjundia histórica y nacional que las demás? Haber elaborado estatutos de autonomía durante la Segunda República, como si ello hubiera demostrado la existencia previa de naciones en vez de la de partidos separatistas desde hacía treinta años, lo que es cosa bien distinta.

Y finalmente llega el argumento más bonito, el más entrañable. Y, curiosamente, el más inatacable: el sentimiento. ¡Es que yo me siento…! ¡Es que nosotros nos sentimos…! ¡Es que los catalanes se sienten…! ¡Es que el nacionalismo es una emoción…!

Emocionante argumento que tiene el inconveniente de no ser un argumento. Pues el sentimiento es eso que se alega cuando se carece de argumentos. Cualquiera puede sentir cualquier cosa y no por ello ser cierta ni fundada ni sensata. Los frenopáticos están repletos de gente que se siente Napoleón. Además de no explicar y no demostrar nada, los sentimientos son el peor camino hacia el conocimiento. A lo que hay que añadir la extraña inmunidad que les otorgan quienes repiten como papagayos que los sentimientos no se discuten. ¡Sorprendente tabú! ¿Por qué no? ¡Claro que se pueden y se deben discutir!

Además, nada impide que los sentimientos nazcan y se desarrollen a partir de la inoculación de mentiras y manipulaciones de todo tipo, lo que es el caso, precisamente, de nuestros muy sentimentales separatistas vascos y catalanes, que sienten lo que desde el poder les han ordenado que tienen que sentir.

A lo que se ha apuntado nuestra analfabeta, pueril y sentimental izquierda.

www.jesuslainz.es

Pedro Picapiedra Sánchez
Gonzalo Duñaiturria okdiario 1 Julio 2017

Los máximos (ir)responsables del PSOE y Podemos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, mantuvieron una reunión de “estadistas” el pasado martes — “conjunción planetaria” parafraseando a la insigne Leire Pajín— para poner en marcha una temerosa “agenda común” con la idea de “desmantelar las políticas del PP”. Es decir, ofrecen a los sufridos españoles como elemento estrella de su propuesta guerracivilista el acabar con el Partido Popular a cualquier precio, despreciando de manera extrema y “bolivariana” la democracia representativa y la voluntad de los españoles refrendada en las últimas elecciones generales. El portentoso profesor de la Facultad de Políticas —luego nos extrañamos de los informes Pisa— y actual sátrapa secretario general de Podemos, manifestó que “para que nosotros gobernemos, necesitamos ponernos de acuerdo con el PSOE, y para que el PSOE gobierne necesita ponerse de acuerdo con nosotros”.

Su epílogo fue épico. Emulando el más furibundo “abrazo del oso”, indicó que ambos partidos de izquierda radical van a “trabajar para construir juntos un proyecto de Gobierno”. Pedro y Pablo son los principales personajes de la mítica serie de ‘Los Picapiedra’. Al menos ellos eran simpáticos. En la cruda realidad —no pido perdón a los “animalistas”— Pedro y Pablo son los principales personajes pero sin pizca de empatía. Pedro Picapiedra es un personaje rudo y poco reflexivo. Es el error constante y una nula capacidad de afrontar sus fallos, lo que desemboca en un cúmulo de nuevos desaciertos. Pedro Sánchez es igualmente rudo y especialmente poco reflexivo. No entiende, y a la vez desconoce, el verdadero objetivo de Podemos. Después de una primera vez, no ha entendido una segunda. Iglesias tiene como principal objetivo y antes de “asaltar los cielos”, fagocitar al PSOE para erigirse en protagonista único y principal de la izquierda. Cae en errores hasta llegar a convertir al PSOE en cuasi marginal con los peores resultados de su historia, pero mantiene esa innata capacidad de intrigar hasta “la derrota final”.

En ‘Los Picapiedra’, Pablo Mármol es aparentemente tranquilo pero igualmente inseguro. Si bien reflexivo en ocasiones, determinadas consideraciones le hacen ser vacuo, ñoño e incluso cursi. Pablo Iglesias es un ser inseguro. Sus “reflexiones” desbordan odio y revanchismo. También una gran dosis de demagogia, farsa y mentira. Representa el populismo en estado puro. Son mensajes vacíos, cargados de nada. Y sus formas nos muestran la “quintaesencia” de la cursilería. En la más cruda realidad, PSOE y PODEMOS estarán coordinadas en sus negociaciones por sus “Vilma y Betty”, Margarita Robles e Irene Montero. La primera, así va el socialismo “español”, portavoz en el Congreso sin militar en el partido. La que deberá exigir disciplina en el grupo parlamentario fue la primera que lo incumplió. Qué paradoja y qué partido. La segunda, una altiva acunada en la ortodoxia y la intolerancia. Y Pedro Sánchez, mezcla de odio, prepotencia y miras más bien cortas, al igual que Pedro Picapiedra, vuelve a caer en los mismos errores.

Pablo Iglesias se lo volverá a llevar al huerto. El PSOE de Sánchez cae en las redes de un partido peligroso donde ese peligro deriva de su propio proyecto político consistente en la imposición de una ideología totalitaria de extrema izquierda que buscará, si obtuviera mayores cotas de poder, eliminar a su adversario, controlar la sociedad y dividir a esta entre los progres y pobres frente a los ricos y malos. Especialmente significados estos últimos por poner en cuestión las soflamas del “gran jefe”. No existe engaño posible. Lo de menos con esta nueva alianza de extrema izquierda no son sus propuestas económicas sino su deseo de sometimiento de la sociedad a sus postulados. Y de nuevo, su primer episodio será el abrazo del oso de Pablo a Pedro. Por desgracia, la actual situación en España no es de dibujos animados. La bochornosa actitud de Pedro Sánchez, desde su necedad, nos puede abocar al abismo. Como dijo el gran Konrad Adenauer, canciller alemán: “Hay algo que Dios ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería”.

EXIGE TOMAR LOS ‘MEDIOS LEGÍTIMOS’
Aznar propone un ‘frente común’ para luchar contra el secesionismo
La Gaceta  1 Julio 2017

El expresidente del Gobierno José María Aznar ha reclamado hoy que para afrontar el desafío independentista catalán se haga “buena política” y los partidos no nacionalistas se unan para articular una alternativa de gobierno al nacionalismo.

Además, Aznar ha considerado que si el independentismo crea una situación “irreductible”, y “en eso está”, utilizar los medios “legítimos” que tiene la Constitución y el Estado de derecho no será una opción, sino un “deber” de las instituciones democráticas, el de mantener la legalidad.

En su discurso de clausura del curso de verano de la fundación que preside, FAES, Aznar ha insistido en afrontar con la ley las pretensiones de los independentistas, pero también ha recalcado la necesidad de “hacer política”.

Y para él, hacer “buena política” en Cataluña significa sentar las “bases de entendimiento” y “sumar voluntades” para articular una alternativa al nacionalismo.

“Hacer política ahora es sentar las bases de esa alternativa y decirlo claramente”, ha señalado el expresidente, quien considera que es mejor “trabajar democráticamente y en serio” para que los independentistas no sigan gobernando que limitarse a “lamentar su deslealtad”.

Centroman cabalgando sobre el caballo del malo
Nota del Editor 1 Julio 2017

A estas alturas reparece centroman, el que vendió España a los nacionalistas catalanes, Pujol y familia, descabezó el PP, dijo defender el español porque cualquier español podía hablarlo donde quisiera, conminó al defensor del pueblo a que no presentara recurso de inconstitucionalidad contra la ley de imposición de le lengua regional catalana y este sujeto, obediente y para marear la perdiz les recomendó en su lugar suavizar la norma y aún siguen partiendose de risa, hasta en las "embajadas" que han sembrado por ahí con nuestro dinero.

SÍMBOLO CONTRA ETA
Se cumplen veinte años de la liberación de Ortega Lara
La Gaceta  1 Julio 2017

Hace 20 años, el 1 de julio de 1997 en plenas fiestas mayores de Burgos, el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara volvió liberado al barrio del que ETA le había secuestrado 532 días antes, el periodo de cautiverio más largo de la banda terrorista y en el que vivió en un zulo de 3 por 2,5 metros.

Su imagen, desorientado, con una larga barba sin arreglar, con la mirada perdida y con la sorpresa de encontrarse a muchos de sus vecinos arropándole a su vuelta a casa, está marcada en la retina de muchos españoles y dio la vuelta al mundo como símbolo de la resistencia a la barbarie terrorista.

José Antonio Ortega Lara vivió 532 días en un zulo de 3 metros por 2,5, con una altura de 1,80 y sin saber si algún día llegaría a salir de allí, con la única compañía de una bombilla que le marcaba el tiempo durante siete horas al día. Para el resto, sólo la oscuridad.

No ha dejado sus convicciones: la fe y la familia

Las investigaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado permitieron hallar el zulo y rescatarlo con vida para devolverlo a su barrio de Burgos.

Desde entonces, Ortega Lara ha cambiado de casa y de barrio, pero no ha dejado sus convicciones –la fe y la familia-, que le permitieron sobrevivir y renacer después de que ETA le robara 532 días de vida.
‘Es un hombre muy tenaz’

Su cuñado, Isaac Díez, el hermano salesiano de su esposa Domi que actuó de portavoz de la familia durante el secuestro, auguró casi inmediatamente después de la liberación de José Antonio que saldría adelante porque “es un hombre muy tenaz”.

Durante estos veinte años de vuelta a la libertad ha tenido tiempo de figurar en las listas del PP en la candidatura al Ayuntamiento de Burgos en las elecciones de 2003, más como símbolo que con opciones reales porque no iba en puesto de salida.

Ortega Lara, que está a punto de cumplir 60 años, había sido militante del partido antes del secuestro y en el año 2000 acudió a un mitin de José María Aznar.

Sin embargo, pocos años después, en 2008, entregó el carné del PP y se dio de baja tras más de 20 años de militancia por el giro de Mariano Rajoy en la política antiterrorista.

Labor humanitaria y social
Durante estos años ha realizado una labor humanitaria y social, casi siempre callada con la Hermandad de Donantes de Sangre, las escuelas de formación profesional de los salesianos -donde estudió-, o ayudando a personas con problemas de drogadicción y colaborando con ONGs como Manos Unidas o Jóvenes del Tercer Mundo.

También ha tenido tiempo para completar su formación de maestro con la de licenciado en Derecho, aunque nunca ha llegado a ejercer la abogacía ni ha estado colegiado.

Sin embargo, su compromiso con la sociedad y sus convicciones le han llevado de nuevo a implicarse en política, en este caso como una de las caras más visibles en la puesta de largo y los primeros pasos de Vox, el partido liderado por Santiago Abascal y que tiene acuerdos con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen.

Cabe recordar que entre las ideas de Vox figuran la disolución de las autonomías y el refuerzo de la idea de España, incluso con la salida de la Unión Europea o el cambio del modelo actual por uno basado en los estados.

Símbolo de resistencia a la barbarie terrorista
Su mujer y sus dos hijos -uno de ellos, una niña adoptada después de su cautiverio- son su entorno habitual, aunque en sus escasas declaraciones públicas evita hablar de temas personales y sólo habla de política en alguna jornada organizada por las víctimas del terrorismo y en actos de Vox.

Seguramente son sus convicciones y sus ganas de vivir lo que le han permitido mantener una cierta normalidad y conservar a sus amigos de siempre a pesar de ser un símbolo de resistencia a la barbarie terrorista.

Acabar con el desafío catalán es sencillo
José Carlos Rodríguez vozpopuli.es 1 Julio 2017

Acabamos de celebrar 40 años de las primeras elecciones de la segunda restauración (con minúsculas), como se le ha llamado a lo que tenemos por democracia. Se tiene a la Transición por modélica, y lo es en varios sentidos, el principal de los cuales es que se cambió el régimen sin violencia. Su principal logro, casi el único, es que se ha cambiado de partido en el poder cuatro veces sin que se tambaleen las instituciones. La democracia ha permitido que España tenga la posibilidad de ocupar su discreto pero relevante puesto en el mundo. Pero casi todos sus otros frutos están envenenados.

Por ejemplo, las expectativas que facilitaron que la dictadura se disolviera sin mayores resistencias pasaban por la plena integración en la comunidad internacional y, sobre todo, los deseos de reconciliación. No hay reconciliación sin aceptar un pasado común, y el sectarismo político, especialmente el de la izquierda, lo impide. Tampoco puede haberlo si se divide la comunidad política en docena y media de regiones, y se les da los medios para enmarcar en ellas nuestro atávico sentimiento gregario. Y no cabe la reconciliación, finalmente, si tampoco hay unas instituciones comunes que tengan un respeto generalizado.

La democracia, nuestra democracia al menos, ha favorecido todo ello. Nuestro país ha crecido en estos años, y el sistema político ha conducido una parte creciente de la nueva riqueza al peso muerto del Estado, a esa ciénaga de corrupción e ineficacia. La Constitución se redactó para dar poder a los partidos políticos, y éstos se han convertido en el vehículo de la alternancia política, pero también de la corrupción rampante. Las autonomías han creado una clase política propia, y en ciertas regiones han favorecido la simbiosis entre el nacionalismo y la corrupción.

Es el caso de Cataluña. Allí, el robo institucionalizado sólo se puede mantener con una prensa adicta, comprada, y con una cobertura ideológica primitiva como es el nacionalismo. La justicia es una amenaza en la medida en que sea “española”, y se escape a su control. En el futuro inmediato del nacionalismo que ha gobernado la autonomía durante décadas están la cárcel o la secesión. Para otros nacionalistas, la secesión es la oportunidad de realizar la revolución.

Hay otro motivo por el que lo que tenemos por democracia ha favorecido la amenaza de ruptura de España. Por un lado, y por motivos que reconozco desconocer, hay auténtico pavor a decir que España es una nación, y la defensa de su continuidad histórica se relega al pobre argumento de que “esto es lo que hay”. Es el “nacionalismo constitucional” de José María Aznar, que tan demoledor ha sido para el país. Mariano Rajoy, que es incapaz de defender a España, se limita a decir que él defenderá la Constitución y las leyes. Pero como asumimos como evidente la falsa idea positivista de que ley es lo que diga el Parlamento, cuando los nacionalistas catalanes aprueban la existencia de una nueva nación, quienes tienen que defender a España se quedan sin respuesta.

Entonces, ¿de veras no se puede hacer nada? ¿Generación y media de catalanes que han crecido en el odio al resto del país va a conceder a una banda de ladrones y revolucionarios la constitución de un nuevo Estado y no va a haber una respuesta eficaz? Puede ser. Sobre todo porque ni el PP ni el PSOE tienen líderes que crean en la necesidad de una continuidad histórica de España. Pero se puede responder al nacionalismo de un modo sencillo y eficaz. No digo fácil, sino sencillo.

Basta con que PP, PSOE y Ciudadanos informen a los españoles de que la continuidad de nuestro país no está en entredicho, que jamás permitirán la secesión de ninguna de sus regiones ni la violación de la ley, ni la aplicación desleal de las instituciones. Sólo con decirlo y mostrar una voluntad conjunta es suficiente para que pinche la burbuja nacionalista. Y si los tres partidos estuviesen a la altura de ese compromiso, la cuestión catalana ya no sería una amenaza. Pero para ello se necesita voluntad política, y en estos momentos sólo la hay del lado secesionista.

Estudiar lengua española en la Universidad de Gerona cuesta 5 veces más que el resto de cursos
Borja Jiménez okdiario 1 Julio 2017

Los alumnos de la Universidad de Gerona que quieran apuntarse al curso de verano de Lengua Española y Cultura Hispánica tendrán que desembolsar hasta cinco veces más que por estudiar inglés, alemán, catalán, francés o cualquier otro curso. De este modo, perfeccionar el castellano cuesta en la citada universidad 600 euros por un curso de 100 horas, de largo el más caro de los cursos que ofertan.

Para más inri, el curso de lengua española no está dirigido a todos los estudiantes albergados en la universidad, sino que está preparado para “estudiantes de origen chino que deseen mejorar sus conocimientos de lengua española y de cultura catalana e hispánica”. Sí, lo han leído bien. El curso, al que, eso sí, se puede apuntar quien desee (faltaría más) está orientado a ¡ciudadanos de China!

Además, como pueden ver en la imagen superior, el curso de español vale 600 euros; frente a los 315 del inglés, los 285 del alemán o los 70 en el curso de fotografía. El doble que el resto de idiomas, y hasta cinco o seis veces más que otros cursos.

Pero esperen, porque todavía no hemos acabado de analizar el curso de lengua española. Y es que uno de los objetivos de la Universidad de Gerona en este curso teóricamente destinado al aprendizaje de la ortografía y gramática castellana (como toda la vida), pasa por “entender mejor la diversidad lingüística y cultural y desarrollar actitudes positivas hacia ella”. Es decir, que el curso de lengua castellana sirve para valorar el resto de lenguas autonómicas.

Además, otro de los objetivos del curso es “ser consciente de las principales características de la cultura occidental” y, añaden, “especialmente catalana, española y europea“. Vamos, que por algún lado tienen que meter el catalán y, por supuesto, lo ponen por encima del español, como muestran en el texto.
Estudiar lengua española en la Universidad de Gerona cuesta 5 veces más que el resto de cursos

Pautas para el curso de lengua española.
Por otro lado, en la descripción del curso, la Universidad de Gerona explica que “se hará una breve introducción a los periodos históricos, movimientos culturales y artísticos, y entidades sociales que se han producido en Cataluña y en España y que han conducido hasta la sociedad actual”. Además, los contenidos se centran en la época contemporánea y, contextualizando “procesos históricos y sociales recientes”, en los que se estudiarán fenómenos artísticos -entre los que pone como ejemplos a Gaudí y Dalí (catalanes)-, fenómenos deportivos -que ejemplifican, como no podía ser de otra manera, con el F.C. Barcelona– y gastronómicos.


La Universidad Complutense de Madrid, por ejemplo, tiene una tarifa única independientemente del idioma o el curso que se estudie en el curso de verano.

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¿Sabes lo que es una nación?

MANUEL TRIGO CHACÓN El Mundo 1 Julio 2017

La pregunta formulada por Patxi López a Pedro Sánchez en el tenso debate de las primarias del PSOE ha sido desde luego lo más interesante y difícil de contestar para Sánchez, quien basa toda su palabrería en tópicos carentes de convicción. Efectivamente el contestar acertadamente sobre la idea que se tiene de lo que es una nación, no es fácil, porque es un término de fundamentación filosófica relativamente reciente, que es manejado de forma equívoca por grupos sociales autodenominados naciones o nacionalidades, que aprovechan su ambigua terminología y significado para tratar de conseguir la consideración de Estados. Podemos afirmar que fue en Westfalia en 1648, en los albores de la Edad Moderna, donde se consagró la categoría de Reinos o Estados con plena soberanía. La unión hace la fuerza y la aparición del Estado hizo que esa institución fuese integradora de pueblos, culturas, tradiciones, leyes y costumbres, de los grupos sociales que los integraban.

¿Dónde está o qué se entiende entonces por nación? La pregunta bien formulada desconcertó a Sánchez, que no supo que contestar y vagamente se refirió a "nación de naciones". En nuestra opinión la nación no ha existido nada más que en la mente de los filósofos y juristas de los siglos XVIII y XIX, que inventaron esta ficción jurídica. Fue el jurista inglés Jeremías Bentham quién introdujo la denominación international law, para referirse a lo que comúnmente se conocía en el mundo jurídico de la época como Derecho de Gentes o Ius Gentium. En Alemania, dónde la precisión de su lengua muestra el vigor de un pueblo, se le siguió y se le sigue denominando Völkerrecht. Cuando a la denominación inglesa, introducida por Bentham, se le sumó el revolucionario principio de las nacionalidades, adquirió mayor fuerza la denominación , que convergió también con la concepción clásica de la soberanía del Estado desarrollada por el francés Bodino. Estos principios produjeron una mezcla de ideas y conceptos jurídicos de confusa comprensión, que dieron lugar al equívoco concepto de nación, que solo tuvo acogida entre grupos sociales que perseguían la independencia, como era el caso de territorios bajo dominación colonial.

La Nación en realidad no existe. Es simplemente una ficción jurídica que desafortunadamente se ha ido manteniendo a lo largo del siglo XIX y el XX. A ello ha contribuido en parte la Carta de Naciones Unidas, nombre acordado por Churchill y Roosevelt en 1941,en su reunión en un lugar del Atlántico, a bordo de un buque de guerra cuando Inglaterra estaba siendo terriblemente acosada por Alemania. El preámbulo de la Carta de la ONU comienza diciendo: "Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas". Pero, sin embargo, no hay a lo largo de sus 111 artículos la menor mención a nación ni nacionalidades y en el articulo 1º claramente se afirma y reitera que son miembros los Estados. En los últimos 40 años autores de la escuela norteamericana, como W. Jenks, que fue juez del Tribunal de La Haya, seguido de otros tratadistas norteamericanos, así como también del jurista japonés Kotaro Tanaka, han explicado acertadamente que hoy día, por encima del derecho interno de cada Estado, solo hay un Derecho Común de la Humanidad, que es de la misma naturaleza que el Derecho de Gentes y cuyos principales sujetos son los Estados soberanos. La equívoca denominación de nación es solo mantenida por pueblos o grupos sociales que no tienen propiamente soberanía. Es necesario considerar también que el principio de las nacionalidades del siglo XIX tuvo un significado integrador. Este movimiento ideológico liderado por el napolitano Manzini motivó, entre otras causas las unificaciones de Italia y de Alemania, en 1870 y 1871.

En España esta confusión se acrecienta enormemente y se comprende que para salir de la misma, Sánchez recurra a denominaciones como la de Nación Cultural y a España como Nación de Naciones, o Estado Plurinacional que en su propia esencia resultan un contrasentido. En definitiva, lo único que pretende es conseguir un puñado de votos independentistas como sea. La confusión se acrecienta cuando tratamos de distinguir entre pueblo y nación, expresión esta ultima que no aparece en el articulado de la Carta de NU. ¿Cuál es la diferencia entre nación y pueblo? En nuestra opinión, donde se dice nación debería decirse más acertadamente pueblo. En esta dicotomía es curioso resaltar cómo los independentistas catalanes se refieren siempre a la nación catalana y dicen "somos una nación", que es una invención reciente . Por el contrario, los dirigentes políticos vascos , se refieren siempre a Euskadi como "este país, este pueblo". El pueblo vasco. Eso sí, en ambos casos tienen una confusa y ambigua idea de independencia y de reclamar la soberanía plena al Estado Español.

Pero, ¿es previsible una desintegración del Estado Español, con esa confusa idea de Estado Federal y plurinacional, como proclama Sánchez? A esta pregunta no saben responder con claridad los candidatos de la izquierda en España. La realidad es que no, pues salvo casos excepcionales de uniones que nunca permanecieron integradas más de una generación, no se han dado estas fragmentaciones. Así los casos de Yugoslavia, de Checoslovaquia o de la Unión Soviética, que han tenido lugar en el siglo XX, se han originado por no haber tenido una larga trayectoria histórica común. En el caso de España, está vertebrado y descentralizado el Estado, constitucionalmente y con una integración en Europa que hace imposible cualquier intento de secesión. Y es que España es una integración de pueblos, con raíces históricas diversas, que proporcionan la unión social, económica y política, a un tronco común. Y esa idea de integración es la que debe permanecer y mantenerse en base al Derecho Común de la Humanidad. El futuro será de una unión supranacional basada en el Derecho, es decir Europa, que deberá recibir, para lograrlo, parte de la soberanía propia de sus Estados miembros. Y en definitiva será la Europa de los pueblos, pero nunca plurinacional, como pretende llamarla Sánchez, con esa denominación que es un contrasentido, difícil de explicar y de mantener, como hemos expuesto desde la aparición del término en el siglo XIX.

Manuel Trigo Chacón es doctor en Derecho y Relaciones Internacionales.

Aquellos días de julio

Cayetano González Libertad Digital 1 Julio 2017

Empezaré diciendo que lo vivido en aquellos días que van desde la madrugada del martes 1 de julio de 1997 –cuando la Guardia Civil liberó a José Antonio Ortega Lara– al sábado 12 de julio –cuando ETA cumplió su amenaza y al mediodía apareció en un camino forestal de Lasarte (Guipúzcoa) el cuerpo con vida pero herido de muerte de Miguel Ángel Blanco– son de las cosas que no se me olvidarán en la vida porque han quedado grabadas no sólo en la mente, sino sobre todo en el alma, en el corazón.

Tuve la "oportunidad" de vivirlos desde un lugar privilegiado, al estar en esos tiempos al frente de la Dirección de Comunicación del Ministerio de Interior. Cuando a veces me han preguntado en charlas, coloquios o seminarios cuáles fueron los dos momentos, el mejor y el peor, de esa etapa de mi vida profesional en el Ministerio de Interior que duró cinco años, no he tenido nunca ninguna duda a la hora de responder: fueron esos doce días de julio de 1997, en los que pasamos sin solución de continuidad de la alegría y la euforia de ver en libertad a Ortega Lara, al dolor y la rabia de contemplar el asesinato a cámara lenta del joven concejal del PP de Ermua, Miguel Ángel Blanco.

Al cumplirse el veinte aniversario de aquellos hechos, quiero transmitir en estas líneas algunos de esos recuerdos que, insisto, conservo muy vivos en mi mente y en mi corazón. Espero que no sean percibidos por los lectores como simples anécdotas o sucedidos, sino que consiga también transmitir lo que detrás de ellos subyace, que no es otra cosa que la dignidad y la fortaleza moral que siempre nos han transmitido las víctimas del terrorismo. En este caso, la dignidad y la fortaleza moral de una víctima que lo puede contar después de sufrir un cautiverio de 532 días con sus 532 noches, y de otra que, lamentablemente, no puede hacerlo, pero cuya muerte sirvió al menos para que muchos ciudadanos despertaran y decidieran hacer frente sin complejos al terrorismo nacionalista de ETA.

La madrugada de la liberación
El lunes 30 de junio hacia las 7 de la tarde, el Ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, me llamó a su despacho para anunciarme, "bajo secreto de confesión" me dijo textualmente, que esa noche iba a llevarse una operación policial porque la Guardia Civil creía saber dónde se encontraba secuestrado Ortega Lara: en una nave industrial sin actividad externa ubicada en las afueras de la localidad guipuzcoana de Mondragón.

Me fui a mi casa con la emoción lógica de saber que todo apuntaba a que se estaba a las puertas de acabar con una angustia que afectaba en primer lugar al secuestrado, a su familia, pero también a toda la sociedad española que había seguido muy de cerca la evolución del secuestro de Ortega Lara desde que se produjo, en la tarde del 17 de enero de 1996, cuando un comando de ETA lo abordó en el garaje de su casa de Burgos, lo metió en un vehículo y lo trasladó hasta el "agujero" de Mondragón.

Fue una noche larga, en la que apenas pude pegar ojo, sobre todo porque a las dos de la mañana recibí una llamada del Ministro para decirme que ETA había liberado a Cosme Delclaux, hijo de un conocido empresario vasco al que la banda terrorista había secuestrado ocho meses antes, pidiendo por su rescate una muy importante cantidad de dinero. Le pregunté a Jaime Mayor si aquella "circunstancia", imprevista por parte de los responsables policiales, cambiaba algo el plan de acción previsto por la Guardia Civil y me dijo que no. Efectivamente, hacia las 4,15 de la madrugada fueron detenidos en sus domicilios los cuatro miembros del comando que mantenía secuestrado a Ortega Lara. Y al terrorista de ETA al que la Guardia Civil consideraba, por los perfiles personales que habían elaborado sobre ellos, más vulnerable psicológicamente lo trasladaron a la nave industrial de Mondragón donde pensaban que se encontraba secuestrado el funcionario de prisiones.

Ese etarra, que se negó en redondo durante dos horas a confirmar que efectivamente allí estaba Ortega Lara, no era otro que Josu Uribetxeberría Bolinaga; si, el mismo que quince años después, en agosto del 2012, el Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy decidió iniciar todos los trámites para ponerle en libertad so capa de que tenía un cáncer terminal al que por cierto sobrevivió dos años y medio ya fuera de prisión, en su casa. Rosa Díez dijo en su momento en el Congreso de los Diputados que "Bolinaga era el de Juana Chaos del PP". Y tenía toda la razón. Fue una auténtica traición a la memoria de todas las víctimas del terrorismo y específicamente a la persona de Ortega Lara, a quien Bolinaga no solo secuestró, sino que estuvo dispuesto a dejarle morir en el "agujero" inmundo en el que le tenían al negarse, insisto, a decir nada a la Guardia Civil cuando fue trasladado a la nave industrial.

A las 6.05 de la mañana tuve otra llama del ministro: "la Guardia Civil acaba de rescatar a Ortega Lara, Ya está en libertad. Ya se puede dar la noticia" me dijo. La sensación de alegría y emoción provocó que me saltaran unas lágrimas. Había acabado una pesadilla para Ortega Lara y para su familia que había durado casi un año y medio. La primera llamada que hizo el Ministro fue, lógicamente, al Presidente del Gobierno, con el que había estado en contacto toda la noche. La segunda fue a Domitila, la mujer de Ortega Lara que después de decirle a Jaime Mayor "¡qué cruel es usted!", porque pensaba que le llamaba para darle la noticia de la liberación de Delclaux, se derrumbó y rompió a llorar cuando el ministro le insistió que no le llamaba por esa liberación, sino por la de su marido. "Tienes un coche preparado en la puerta de tu casa para trasladarte a San Sebastián para reunirte con tu marido", le dijo el Ministro a Domitila.

El encuentro en Intxaurrondo
El siguiente momento que recuerdo con bastante detalle fue el encuentro con Ortega Lara hacia las 11 de la mañana de ese martes uno de julio en el despacho del jefe de la Comandancia de Intxaurrondo en San Sebastián. José Antonio estaba sentado en un sofá junto a su mujer. Era un guiñapo. Demacrado, la mirada perdida, una delgadez suma, con un chándal color fucsia. Pero había recuperado la libertad y eso era lo importante. Con un hilillo de voz consiguió decirle a Jaime Mayor, sentado en un sillón a su derecha a escasos centímetros: "Ministro, ya les decía yo a mis secuestradores que me mataran, porque estaba seguro que este Gobierno no iba a ceder nunca al chantaje terrorista". Y añadió: "cuídese mucho, porque le tienen muchas ganas".

De Intxaurrondo, y tras celebrar con los miembros de la Guardia Civil con un buen ágape en un restaurante a los pies del Monte Igueldo el éxito de la operación policial, nos trasladamos a Mondragón para visitar la nave y el "agujero" –me niego a emplear el lenguaje de los terroristas y llamarlo "zulo"– donde había estado Ortega Lara.

Bajamos al agujero, guiados por un mando de la Guardia Civil, el Ministro, el Secretario de Estado de Seguridad, el Director General de Instituciones Penitenciarias y quien esto escribe. He de confesar que a los siete minutos de estar en la parte del agujero donde se encontraba el habitáculo de Ortega Lara empecé a sentir una especie de angustia, de ansiedad, de agobio, como si me faltara el aire, deseando salir de ahí cuanto antes. Rápidamente pensé que no tenía el más mínimo derecho a reaccionar de esa manera, teniendo en cuenta que eran esos 7 minutos contra los 766.080 que había estado José Antonio.

Al salir del agujero, y mientras nos dirigíamos a pie hacia donde estaban los periodistas, Jaime me dijo: "Cayetano, esta barbaridad la tiene que ver todo el mundo para que se conozca la inmensa crueldad de ETA". Una frase que en aquel momento me pareció muy redonda, pero a la que quizás presa de la emoción y de la tensión acumulada, no presté mayor atención. A la vuelta a Madrid, fue el entonces Secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Rodríguez, quien me la recordó –el Ministro la había repetido a los periodistas- y en ese momento empezamos a planificar lo que yo bauticé como la "peregrinación a Lourdes", entiéndase al "agujero" de la nave de Mondragón.

La visita de los periodistas al agujero de Mondragón
El lunes 7 de julio –seis días después de producirse la liberación de Ortega Lara– redactores de los principales periódicos, radios, televisiones, columnistas, comunicadores, directores de medios, tuvieron la oportunidad de visitar el agujero donde había estado Ortega Lara. Todavía recuerdo la espectacular narración que hizo desde el interior del agujero en directo para su programa en la Cope y con un móvil de aquella época, nuestro querido y recordado Antonio Herrero. Pero también recuerdo las caras, los gestos, las expresiones de muchos colegas cuando salían del habitáculo y necesitaban contar sus primeras impresiones más por desahogo que por otra cosa.

Las imágenes en televisión, las fotos en los periódicos, las crónicas, los artículos, los testimonios personales de los periodistas llenaron ese mismo día y al siguiente, minutos y minutos, páginas y páginas en los diversos medios de comunicación, en España pero también en el extranjero. El objetivo marcado por el ministro, "esta barbaridad la tiene que ver todo el mundo para que se conozca la inmensa crueldad de ETA" se había conseguido y la opinión pública, no solo en España sino en todo el mundo, fue más consciente de la absoluta inhumanidad demostrada por una banda terrorista como ETA al retener durante 532 días en un agujero inmundo a un ser humano.

La llamada que acabó con la alegría de aquellos días
Lo que en esas horas y días felices que van del 1 al 9 de julio nadie podía imaginar y nadie sabía, es que la venganza de ETA por ese éxito policial y social estaba muy próxima. Tan cerca, que el jueves 10 de julio hacia las 15,20 de la tarde se recibió una llamada en la centralita del Ministerio de Interior pidiendo hablar con la secretaría particular del Ministro. Se pasó la llamada y la persona que en ese momento estaba de guardia oyó al otro lado del teléfono una voz de hombre que dijo textualmente lo siguiente:"Hijos de puta. Lo de Ortega Lara lo vais a pagar. ¡Gora Euskadi Askatuta!". Y colgó.

Una hora más tarde, el presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, informaba al Ministro para decirle que en el diario Egin se había recibido una llamada en nombre de ETA reivindicando el secuestro del joven concejal del PP de la localidad vizcaína de Ermua, Miguel Ángel Blanco. Daban al Gobierno un plazo de cuarenta y ocho horas para acercar a todos los presos de ETA a cárceles del País Vasco. Si el ejecutivo no lo hacía, lo matarían.

Era ni más ni menos la crónica de una muerte anunciada, o si se prefiere, un asesinato a cámara lenta porque, obviamente, el Gobierno no podía ceder ni un milímetro al chantaje planteado por la banda terrorista aun a sabiendas del riesgo que corría la vida de Miguel Ángel. Ejemplar fue, en este sentido, el comportamiento de los padres, de la hermana, de la novia del joven concejal: ni el más mínimo reproche, ni una queja hacia el Gobierno, que hizo lo que tenía que hacer, aunque fuera muy duro para todos y, sobre todo, muy trágico para Miguel Ángel y su familia. Una lección más que nos dieron nuestros héroes, que eso son las víctimas del terrorismo.

*Cayetano González es periodista, colaborador habitual de Libertad Digital y esRadio. En julio de 1997 era el director de Comunicación del Ministerio de Interior

Dos semanas que marcaron el fin de ETA
EDITORIAL El Mundo 1 Julio 2017

CUALQUIER español que hace 20 años tuviera una mínima edad, a buen seguro mantendrá hoy en su retina dos imágenes estremecedoras: la de la mirada perdida de Ortega Lara en el momento de su liberación de un zulo -hoy, incomprensiblemente, olvidado y sellado con hormigón-, y la de millones de manos alzadas en todo el país a modo de grito silencioso contra el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco 13 días después. Son sólo dos instantáneas de aquellas conmovedoras dos semanas de julio de las que ahora se cumplen dos décadas. Pasamos de la alegría contenida por el rescate del funcionario de prisiones, tras un inhumano secuestro de 532 días, al dolor por la muerte a manos de ETA del joven concejal del PP.

Todos nos vimos sacudidos por aquellos sucesos que, sin duda, marcaron el principio del fin de la banda terrorista. Porque incluso algunos sectores próximos a la izquierda abertzale que a la altura de 1997 seguían de perfil ante el criminal historial etarra, a duras penas pudieron quedarse impasibles ante el grado de salvajismo demostrado por ETA con Ortega Lara y Miguel Ángel Blanco. Aun así, por desgracia, la banda siguió asesinando -853 personas han muerto estas décadas por la sinrazón terrorista-, jaleada por su brazo político y por un porcentaje demasiado alto de ciudadanos vascos que le apoyaban en las urnas.

Pero aquellos 15 días nos unieron todavía más a la inmensa mayoría de españoles frente al terror, algo que se tradujo en una concertación política fundamental que desembocaría, entre otras cosas, en la ilegalización de Batasuna. Y, no lo olvidemos, el Estado de Derecho nunca claudicó; pese a la situación límite en que la amenaza etarra colocaba a los demócratas, no se cedió al chantaje. Miguel Ángel Blanco se convirtió, muy a pesar de todos, en un símbolo por la libertad. Y, desde su fortaleza, el Estado mantuvo la única senda posible hasta que ETA fue derrotada. El acta de claudicación se produjo en octubre de 2011 con el anuncio del cese definitivo de la actividad armada, tras más de cinco décadas sembrando dolor sin sentido y sin conseguir objetivo alguno.

Veinte años después de que la Guardia Civil consiguiera rescatar a Ortega Lara, resulta imprescindible mantener viva la memoria y luchar para que no se distorsione ni un renglón el relato de los hechos, tal como pretende el nacionalismo vasco radical. Por supuesto que ha habido vencedores y vencidos. Y claro que hay víctimas -miles- y victimarios. Y la nueva etapa sin ETA tiene que estar cimentada en la memoria, la dignidad de cuantos han sufrido y la justicia. Sólo así se podrá llegar a una total normalización en el País Vasco.

En ese sentido, cabe urgir a todos los responsables políticos a que contribuyan con decisión a que se mantenga la memoria y a que las nuevas generaciones tengan muy presente un relato veraz de lo que ha sucedido. La democracia española ganó una batalla que ahora hay que mantener. Cabe felicitarse por el anuncio de ayer del ministro del Interior, quien avanzó que en el ámbito educativo habrá una unidad didáctica con libros de texto con valores contra el terrorismo y testimonios de las víctimas.

Pero, sin ir más lejos, indigna que la nave en Mondragón donde estuvo el zulo en el que los etarras enterraron vivo a Ortega Lara hoy sean dependencias semiolvidadas para guardar materiales en desuso. Las asociaciones de víctimas han realizado una encomiable campaña estos años para que se levanten monolitos allí donde hayan tenido lugar execrables atentados. Y qué duda cabe de que el lugar donde estuvo encerrado el funcionario es un espacio que merece atención y que debería servirnos para que jamás se olvide ni se repita lo que ocurrió.

Ha coincidido este 20º aniversario con el homenaje del alcalde Rentería, de Bildu, a tres asesinados en su municipio. Es el primer acto en el que un cargo de la izquierda abertzale pide perdón sin equidistancias. Una ocasión que ofrece cierta esperanza y consuelo. Pero, por desgracia, todavía estamos lejos de que ETA y su entorno realicen una revisión crítica de su pasado, asuman todo el daño producido y pidan un perdón sincero.

Ortega Lara: Regreso al zulo 20 años después
LA RAZÓN visita la nave donde estuvo encerrado 532 días el funcionario de prisiones. Hoy es un almacén donde hay juegos infantiles arrumbados
Miguel Á. Artola. Mondragón. LaRazon 1 Julio 2017

Las imágenes que la prensa difundió horas después de la liberación de Ortega Lara nos mostraron un edificio pegado a zona boscosa y aparentemente apartada de Mondragón. Pero lo cierto es que la lonja en la que le mantuvieron cautivo 532 días, si bien es cierto que se encuentra en una calle cortada no dista más que unos metros de la concurrida carretera hacia la zona de los polígonos industriales en los que se ubican las grandes empresas coperativas de la localidad guipuzcoana.

También nos podemos hacer una idea de las dificultades que tuvieron los agentes de información de la Guardia Civil para seguir durante meses a los integrantes del comando en sus idas y venidas, accediento a horas no habituales y con bolsas de comida que aparentemente no consumían, sin ser detectados. La presencia de coches o de personas merodeando por la zona no pasa precisamente inadvertida y lo podemos corroborar en nuestra visita a la nave 20 años después en la que tampoco dejamos de ser observados por los habituales del lugar. Sólo hay un acceso por carretera a la derecha de la entrada porque el edificio linda a la izquierda con el cauce del río Deba. Una cercanía que supuso un auténtico calvario para el funcionario de prisiones ya que tuvo que vivir en un espacio minúsculo y con las pareces rezumando agua por la humedad que se filtraba en el interior del zulo.

El taller mecánico anexo a la inhumana cárcel etarra sigue manteniendo su actividad pero la planta baja de la lonja, donde se encontraba la empresa Jalgi C.B. -la tapadera empresarial del comando- parece abandonada y con el camino cubierto por la vegetación y con las ventanas rotas. Sólo al acercarnos nos percatamos que su propietario le ha dado un nuevo uso como almacen y que en su interior se pueden ver elementos que parecen conformar un parque infantil desmontado. La placa con el nombre de la sociedad utilizada por los terroristas ha desaparecido de la fachada pero ha dejado la marca de que una vez estuvo allí. En 1987 el comando etarra alquila la nave de Mondragón que tiene como principal actividad la fabricación de piezas de repuesto. Un año después, según se recoge en las diligencias judiciales posteriores a la liberación de Ortega Lara, comienzan a excavar el suelo de la nave en principio para acondiciar el espacio como almacén de armas y explosivos. ETA les encarga meses después hacer un segundo espacio en el subsuelo para preparar el secuestro del funcionario de prisiones. José Luis Erostegi Bidaguren, Javier Ugarte Villar, y José Manuel Gaztelu Otxandorena fueron junto al ya fallecido Josu Uribeetxeberria Bolinaga los cuatro miembros del comando encargado de la custodia del funcionario de la prisión de Logroño. Fue precisamente la pista de Boligaba, alias “Boli”, la que condujo a la Guardia Civil hasta la nave de Mondragón gracias a un apunte contable aparecido en una libreta de un etarra detenido en Francia.

Con la ayuda de los que días después pudieron visitar el zulo, su humedad y sus reducidas dimensiones, nos hacemos una mejor idea del lugar en el que los miembros de la Guardia Civil descubrieron la entrada a recinto subterráneo, hacia la tercera columna de un espacio que ahora luce diáfano sin las pesadas máquinas para metales que ocultaban la entrada al lugar en el que retenían a Ortega Lara, pero no se llega a atisbar ningún rastro del acceso a los cubículos en los que los etarras retuvieron a Ortega Lara y almacenaron armas, granadas y explosivos. Dado el mal estado de los huecos que conformaban el zulo – con tres espacios, el de acceso, uno intermedio con la puerta y trampilla que utilizaban para dar de comer a Ortega Lara y la estrecha y húmeda cámara en la que le mantuvieron recluído- a buen seguro que no habrá aguantado el paso de los años optando por sellarlo.

Pero los agentes de la Guardia Civil que tuvieron acceso al recinto durante meses dejaron fiel constancia en documentos de todas y cada una de las medidas y elementos que se toparon el la improvisada cárcel del terror etarra. El Memorial de las Víctimas del Terrorismo que actualmente se construye en Vitoria ya ha confirmado que contará en sus instalaciones con un zulo a escala que reproduzca fielmente el espacio en el que estuvo empadedado Ortega Lara durante su largo encierro. Una caja inmunda de 3 metros de largo por 2.5 metros de ancho y 1,80 de alto.

Con el paso del tiempo hemos ido conociendo también gracias a los propios agentes de la Guardia Civil que participaron en la operación informaciones que nos ayudan a conocer mejor la angustia que se vivió en el interior de la nave industrial hasta que descubrieron gracias al tesón y a la buena fortuna el mecanismo que daba acceso al zulo subterráneo. Testimonios que siguen estremeciendo porque la posibilidad de que la operación terminase con los cuatro arrestados en libertad y Ortega Lara abandonado a su suerte pudo ser una triste realidad ante la negativa de los etarras a delatar su presencia.

La emoción del rescate
El 1 de julio de 1997 no iba a ser un día cualquiera. A las redacciones ya había llegado el rumor la noche anterior de que había que estar preparados para una noticia de alcance. Y esa noticia llegaba al filo de la una y media de la madrugada cuando la Ertzaintza localizaba al empresario Cosme Delclaux atado a un árbol en una zona rural del municipio vizcaíno de Elorrio. Minutos antes ETA llamaba al diario Egin para anunciar la liberación de Delclaux y señalar el punto en el que se que ponía fin a 232 días de cautiverio no sin antes lograr el pago de un millonario rescate. Los medios de comunicación nos centrábamos en la noticia de la liberación de Cosme Delclaux y dábamos por buena la idea de que esa podía ser la noticia esperada aunque sin descartar que la operación para liberar a Ortega Lara pudiera ya estar en marcha. Las próximas horas serían especialmente intensas.

Como muchos otros compañeros que realizan labores informativas en los matinales de las emisoras de radio, la mañana del 1 de julio acudí a la redacción de Onda Cero en San Sebastián para preparar las ventanas de programación local. Pronto los compañeros de Vizcaya acapararon toda la atención de la cadena a nivel nacional para informar de la liberación del empresario, pero pasadas las siete de la mañana la actualidad comenzó a girar hacia la vecina Gipuzkoa.

El pasado viernes Onda Cero decidia emitir por internet la programación íntegra del 1 de julio de 1997. Carlos Alsina, actual conductor del espacio matinal de la emisora era también el responsable del programa informativo de la mañana. A las siete de la mañana Ortega Lara era liberado y en minutos la información llegaba a la emisora. El entonces director de informativos de Onda Cero, Félix Madero, confirmaba en antena la noticia de la liberación citando fuentes oficiales. Un teletipo de la desaparecida agencia Vasco Press, referente del periodismo vasco en las épocas más convulsas, daba más detalles de la operación y la localizada en una nave industrial de Mondragón.

Ortega Lara: no podemos olvidar
Editorial larazon 1 Julio 2017

El historial de ETA es largo y cuenta con hitos en los que están claramente reflejados su esencia, crueldad y ausencia de principio moral alguno, lo que le emparenta con las grandes ideologías criminales, del nazismo al estalinismo. Nada nuevo en la Historia. Asesinó a niños, a mujeres embarazadas; cometió atentados indiscriminados contra ciudadanos indefensos –el de Hipercor fue el más sangrante–, aunque en su código militar sentía predilección por matar por la espalda con un disparo en la nuca; se ensañó con sus víctimas –llegó a rematar a un guardia civil en la ambulancia– y a sus familiares, burlándose de ellos o conminándoles a abandonar el País Vasco. Razia, limpieza, terror. Nada nuevo. Su desafío al Estado no podía triunfar porque hubiese conducido a una patética dictadura en una de las regiones más prósperas de Europa. De entre todos sus crímenes figura uno de especial significado por lo que supuso de tortura continuada: el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara.

Fue secuestrado el 17 de enero de 1996 y rescatado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997, hace hoy 20 años. A lo largo de 532 días sobrevivió en un zulo, construido bajo tierra, de 3 metros de largo, 2,5 de ancho y 1,8 de altura. Pasaban diez minutos de las siete de la mañana de aquel día cuando se informó de que Ortega Lara había sido liberado después de encontrar su siniestra celda en una nave industrial de Mondragón. Conviene recordar la imagen de aquel hombre cuando volvió a ver la luz : había perdido 24 kilos, apenas podía mantenerse en pie, su expresión era de confusión y espanto. Su aparición fue lo más parecido a un preso salido de un campo de exterminio.

ETA ha sido finalmente derrotada, sus objetivos no se alcanzaron y los que les apoyaron o guardaron un medido silencio intentan ahora ganar otra batalla: la de la memoria. Defienden que su guerra fue justa y que actuaron cumpliendo con celo los derechos humanos. Ellos quieren ser Mandela, Martin Luther King, Rosa Park, Gandhi, dignos luchadores por la libertad. Sin embargo, ese relato que quieren construir no acaba de fraguar porque no tienen el elemento clave del discurso: la verdad de los hechos. Practican el mismo negacionismo que sus antecesores al querer fabricar una historia que les exima de sus crímenes, y buscan una razón para justificar por qué un policía, un guardia civil, un niño, un concejal, un empresario, un periodista debían morir en nombre de Euskal Herria. No ha habido movimiento terrorista del mismo origen e intensidad de ETA que no haya recurrido a la mentira o a la fabricación de un conflicto que justifique sus atrocidades.

Todos estos grupos han sido arrojados al basurero de la Historia y sólo han merecido la consideración de ser una expresión delirante de las ideologías totalitarias, incluido el nacionalimo xenófobo. El negacionismo de los abertzales seguidores de ETA no tiene más fondo que el de los que insisten en negar el Holocausto. Sólo buscan salvarse a sí mismos de un proyecto de vida fracasado. La verdad de las víctimas, de los perseguidos, de la impunidad con la que impusieron el terror, la mansedumbre –y el miedo– con la que se comportaron sus aliados está expresada en la verdad de los hechos. A cambio, el único relato que puede ofrecer el terrorismo es el del derecho de una ideología a matar. Liquidado el siglo XX, ya sabemos lo que supuso imponer unas ideas al conjunto de la población. Tras el secuestro y el rescate de Ortega Lara, ETA se vengó: trece días después ejecutó a Miguel Ángel Blanco. ¿Puede falsearse aquella muerte cruel? No. La democracia española no podía ser derrotada por el terrorismo.

Y La Razon sigue con la monserga
Nota del Editor 1 Julio 2017

1º. ETA está en el poder, y si no se lo cree, vaya a Navarra o a las vancongadas.
2º. Pedir perdón es una estupidez que solo se exige a los niños. Los terroristas tienen que aclarar los asesinatos que cometieron y pagar por el daño causado.

El coche usado de Pedro Sánchez
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 1 Julio 2017

La pregunta es de cajón: ¿comprarías un coche usado a Pedro Sánchez? Y la respuesta, igualmente espontánea: ni usado ni nuevo, porque incluso el flamante vendría con un defecto de fábrica. No porque Sánchez sea gafe –nada de supersticiones–, sino porque está exhibiendo, en su carrera política, una inescrupulosa tendencia a desguazar todo lo que funciona para reducirlo a piezas desperdigadas e inservibles. Esta manía podría pasar inadvertida si estropeara solo coches o relojes, pero lo grave, e intolerable, es que se cebe con la integridad y la soberanía de su propio país, que es el nuestro: España. Y de su propio partido, que es el PSOE.

Discriminadores patológicos
El 21 de junio del 2015, una gigantesca bandera del Reino de España fue el telón de fondo en el acto de proclamación del candidato Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno. Dos años más tarde, lo vemos profanando el símbolo de unidad, tijera en mano, para convertirlo en tantos pañuelos de colorinches como hagan falta para enjugar las lágrimas muy dispares de regiones elevadas a la categoría de naciones milenarias, con el añadido de que dentro de estas pseudonaciones perduran otras comarcas que, acentuando falazmente matices históricos, culturales y lingüísticos, también podrían solicitar el título más codiciado. Con sendos pañuelos de texturas y colores incompatibles para sus lágrimas presuntamente desiguales. ¿Pluribanderas?

Para los discriminadores patológicos de lágrimas –y de ciudadanos–, las de Gerona serían más espesas que las de Tarragona, pero se distinguirían por su color de las de Barcelona y por su salazón de las de Lérida. Cuidado, que no se omitan las diferencias lagrimales –y humanas– entre las ciudades de Berga y Tortosa, ni entre los barrios de Sant Gervasi y Ciutat Vella, ni entre las fachadas del Paseo de Gracia y las de Escudellers. ¿Acaso la familia del 2º B se parece a la del 4º H? Sigue discriminando y pasarás de lo plurinacional a lo plurivecinal. Se hace el campo orégano para los sembradores de discordias y para los usufructuarios de la multiplicación de fronteras, vallas y tabiques.

Ver, en este contexto, el sarcástico "Badalona es una nación y tiene derecho a la autodeterminación", de Miquel Porta Perales (Economía Digital, 27/6).

Lo llevan en el ADN
No fueron los sentimientos patrióticos los que impulsaron al entonces candidato a desplegar aquella descomunal bandera de España. Eligió ese decorado porque alguien le garantizó que así atraería votos, y la ambición lo movió a manosear el símbolo nacional para sus propios fines. Ahora, la marea de totalitarismos chavistas, nacionalistas, republicanos y antisistema le ha aconsejado mutilar y desmembrar aquel paño que había enarbolado desaprensivamente, para reducirlo a jirones utilitarios.

Tampoco fue la esquizofrenia sino el cinismo de los trepadores sin principios lo que hizo que, al cerrar el 39º Congreso Federal del PSOE, los mismos que acababan de aprobar la fragmentación plurinacional que institucionaliza las peculiaridades pueblerinas entonaran puño en alto La Internacional, que idealiza la solidaridad proletaria… y su consiguiente dictadura. Lo llevan en el ADN: Rodríguez Zapatero, alcahuete de Recep Tayyip Erdogan y Nicolás Maduro, y el ala guerrista del PSOE, cantaban todos los años La Internacional con el puño en alto y un pañuelo rojo anudado al cuello en el festival minero de Rodiezmo, jaleando al capo sindical José Ángel Fernández Villa, hoy acusado de defraudar 1,4 millones de los fondos de un geriátrico (El País, 30/5).

Estulticia tribal
El coche usado de la plurinacionalidad que nos quiere vender el chamarilero Sánchez se quedó sin frenos en Bolivia. Su extraviada agente comercial Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, nos cuenta que su último modelo está boyante en el emporio de la coca y elogia sus virtudes (Europa Press, 19/6). Más pluri que nacional, Bolivia, con 10 millones de habitantes, reconoce en la Constitución de 2009 unas 30 naciones indígenas originales, algunas de las cuales apenas cuentan con 40 aborígenes, en tanto que los idiomas oficiales son 37, incluido el castellano (LD, 20 y 21/6).

Copiar el modelo boliviano implicaría retroceder a niveles mortíferos de estulticia tribal. Leímos en un titular de El País (3/11/2003) que en el Encuentro Social Alternativo, vástago del Foro Social Mundial patrocinado por líderes del movimiento antisistema como Noam Chomsky e Ignacio Ramonet, indígenas latinoamericanos exigieron a los gobiernos "la defensa y promoción de sus medicinas tradicionales":

En el acto estuvo presente el ministro de Educación de Bolivia, Donato Ayma, quien saludó a los asistentes en las lenguas aymara y quechua y defendió igualmente "el conocimiento milenario que atesora la farmacopea popular. Son conocimientos adquiridos de nuestros antepasados en la universidad natural y mantienen vivas las más ricas culturas de América Latina".

Es revelador el entusiasmo con que muchos demagogos populistas que critican los fallos de nuestro sistema de sanidad pública aplauden la política de sus compadres ideológicos, que ponen la salud y la vida de los indígenas en manos de curanderos indocumentados.

Enclaves endogámicos
Pero los maniáticos empeñados en fracturar las sociedades organizadas para multiplicar los rentables enclaves endogámicos necesitan acabar, ante todo, con el imperio de la ley, restableciendo el poder ancestral de los caciques. La iniciativa la formuló con un extravagante galimatías Baltasar Garzón, cuando aún podía enmascarar su histrionismo tras su condición de juez (LV, 2/4/2002):

Todos aquellos que tenían una identidad propia y milenaria pasaron a ser víctimas de la "integración nacional", constituyendo en realidad una mera agregación a una absorción que por lo general no ha respetado ni la diferencia ni la diversidad. Solo la presión, incluso la sublevación de las comunidades y de los movimientos indígenas, ha hecho que ese planteamiento cambie y se dulcifique.

Y a continuación, con la soberbia típica del terrateniente que pone en su lugar a los siervos de la gleba para que no se crucen en su camino y no lo incordien en su hacienda, Garzón les concede derecho a una organización social y a costumbre jurídica. Es decir, el respeto al derecho consuetudinario y a la resolución de sus conflictos dentro de esas normas de uso y por sus autoridades tradicionales.

Más linchamientos
Las reivindicaciones retrógradas de Baltasar Garzón y de los curanderos autóctonos se implementaron en la Constitución boliviana de 2009, aprobada bajo el mandato del líder cocalero Evo Morales. En el texto que reproduce la web Pueblos Originarios de América, que recomiendo a nuestros adalides de la plurinacionalidad, se lee:

Se considera Nación y pueblo indígena originario campesino a toda la colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión, cuya existencia sea anterior a la invasión colonial española.

Para los nostálgicos del buen salvaje: 1492. Para los del buen señor feudal: 1714.

Esta Constitución condena a los indígenas a atrofiarse dentro de los moldes primitivos heredados de sus ancestros, incluidos los de la justicia tribal que les endilgó Garzón. Dictamina la ley: "La jurisdicción ordinaria y la jurisdicción indígena originaria campesina gozarán de igual jerarquía". El resultado de esta equiparación entre el juez togado y el cacique pintarrajeado está a la vista: Bolivia es, después de Guatemala (otro Estado pluritribal), el país de América Latina donde se ejecutan más linchamientos (Los Tiempos, La Paz, 1/4/2016). Práctica salvaje entre cuyas numerosas víctimas se contó el viceministro boliviano de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, linchado durante un amotinamiento de mineros (El País, 26/8/2016).

Procuran embrutecernos
Afortunadamente, la España fraternal, solidaria y, sobre todo, nutrida por la cultura propia y universal sin fronteras tiene los anticuerpos necesarios para defenderse de los sembradores de odios identitarios y clasistas, y de los chatarreros ágrafos. Mientras los unos y los otros procuran embrutecernos con su cacofonía irracional, la prensa anuncia, en el clima habitual de convivencia del que disfruta la España civilizada (LV, 19/6):

El Centro Dramático Nacional habla catalán. Mario Gas, Sergi Belbel, Xavier Albertí, Josep Maria Flotats y Pere Arquillué, en la nueva temporada del CDN de Madrid.

No deseamos vivir en una nación de naciones con incrustaciones bárbaras sino, como ahora, en una nación de ciudadanos libres con garantías constitucionales. El cachivache plurinacional de Pedro Sánchez seguirá varado en la arcaica Bolivia. En España no pasaría la ITV europea.

Más caro que estudiar mandarín

OKDIARIO 1 Julio 2017

La Universidad de Gerona es la penúltima institución abducida por la fobia a España que tratan de instaurar desde la Generalitat. Penúltima decimos porque la estupidez es, además de contagiosa, infinita, y los golpistas catalanes seguirán en sus trece de marginar el idioma español hasta tratar de convertirlo en algo residual. Una iniciativa que sobrepasa la estolidez más esforzada y define perfectamente el nivel intelectual de aquéllos que tratan de secuestrar Cataluña. El español no sólo articula nuestro país de norte a sur y de este a oeste, además es el segundo idioma más hablado del mundo y en el que se asientan infinitas transacciones de negocio. Intentar reducirlo a la nada es como tratar de concebir Barcelona sin la Sagrada Familia, Figueras sin Dalí… o España sin Cataluña. Un absurdo. No obstante, inasequibles al desaliento, la última ocurrencia es que los cursos de español en la Universidad de Gerona sean cinco veces más caros que idiomas como el inglés.

Estudiar alemán, catalán, francés o mandarín en una región de España es mucho más barato que estudiar español. Ver para creer. De tan absurdos, y si no fuera por los tintes represivos de este tipo de iniciativas, incluso tendrían algo de gracia. Dignos protagonistas de cualquier película de Luis García Berlanga. Sin embargo, esto es una prueba más de hasta donde son capaces de llegar estos totalitaristas disfrazados de demócratas. Más allá del rancio folclore de senyera y barretina, se esconden unas pulsiones represivas a las que España ha de responder con la ley en la mano. El caso de la Universidad de Gerona es mucho más que una anécdota, refleja la realidad de una sociedad donde ser español es motivo de persecución. Tanto que los cursos no son para todos los estudiantes albergados en la universidad, sino exclusivamente para los chinos. Puigdemont y sus adláteres no tendrán independencia, ni siquiera referéndum ilegal, pero a este paso entrarán en el Libro Guinness de los Récords como el Gobierno autonómico con más absurdeces en una misma legislatura.

LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA / JOSÉ LUIS VILLACAÑAS
"España es más Estado que Nación, basado en una idea imperial"
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 1 Julio 2017

José Luis Villacañas se enfrenta al reto de hablar de Kant o Weber en clase durante horas sin que sus alumnos se aburran. En el estudio de la Filosofía encontró el mismo sentido de la esclavitud y de la resistencia que su padre ponía al arar la tierra. En su pequeño despacho lleno de libros por todas partes, el profesor acaricia las Humanidades "que hacen libre y compleja la vida, y sostienen la creatividad de una sociedad"

¿Cree usted que hay alguna fórmula para desactivar ese movimiento?
Yo creo que a la burguesía catalana sería fácil ofrecerle una solución que respetara el estatuto histórico de Cataluña.

Escribió usted el clásico, 'Historia del poder político en España', ¿en qué capítulo estaríamos ahora?
España está en un momento de incertidumbre y de riesgo porque mientras el problema catalán no esté resuelto, todos los actores tienen que encontrar su lugar y nadie está en condiciones de prever lo que puede pasar. La crisis de representación mantiene incierto el horizonte, y el escenario mundial y europeo no está carente de riesgos. No sólo por la amenaza de Trump, sino porque no estamos seguros de que Alemania haya cambiado de mentalidad. Lo único que podría estabilizar a Europa sería un cambio en la política alemana, inyectando gasto para impulsar la economía y asumiendo los bonos. Mientras esto no suceda, Europa no va a ver su camino despejado y habrá tensión entre el Norte y el Sur.

Si le pregunto qué es España, ¿cuál sería su respuesta?
Sostengo que España es más Estado que Nación. Somos una nación tardía que surge de una sociedad imperial. Muy semejantes a Alemania. La sociedad imperial es productora de heterogeneidades, mientras que la sociedad nacional produce homogeneidad. Es muy difícil hacer una Historia de España desde el punto de vista de la Nación. Es más fácil hacerla desde la composición de diferentes. El estado central con intereses imperiales no genera nación. La única legislación común a todos los reinos, Castilla, Cataluña... fue la Inquisición durante muchos siglos. España ha sido un estado débil incapaz de construir una homogeneidad nacional. Aunque ha sido suficiente Estado como para evitar que las heterogeneidades se vayan, tan fuerte como para llegar a acuerdos con los diferentes o para imponerse. Sólo se fue Portugal.

Ahora hay ciudadanos catalanes que también quieren irse.
En Cataluña existía un nacionalismo histórico y ahora hay otra cosa. Sus élites burguesas estaban vinculadas a este nacionalismo. Pero sus clases populares, la CUP, no están interesadas en saber cuál es la Historia de Cataluña, sino en promover un movimiento revolucionario. El movimiento independentista catalán tiene todas las características de libro del populismo. Se construye desde una dualidad, amigo-enemigo, desde la identidad, con referentes vacíos...

Parte del nacionalismo histórico se ha sumado a ese desafío con un referéndum sobre la independencia sin cobertura legal.
Ese referéndum no será un acto político capaz de producir efectos legales. Alberga elementos ilegítimos. Ni su planteamiento, ni su preparación, ni su realización son legales. Sin embargo, eso no tranquiliza en absoluto. Es un acto político sintomático y requiere una interpretación capaz de entender la decisión y el estado de ánimo de los representantes catalanes defensores de la independencia.Yo lo interpreto así: «si vuestro Estado no nos respeta como pueblo, estamos dispuestos a llevar a vuestro Estado a actuaciones irreversibles comprometedoras de su futuro». Esto nos da una idea de que estamos ante una situación existencial desesperada.

¿Qué solución?
Cataluña siempre se vio más o menos dentro de España, pero gozando de una capacidad de vicesoberanía. Cada vez que España se ha dado una Constitución, los catalanes ya tenían la suya. Históricamente, sus gobernantes se han considerado vicerreyes de España. Tenían Hacienda propia, capacidad legislativa propia y consulados a lo largo de todo el Mediterráneo. En 1978, Cataluña ya tenía Generalitat antes de la Constitución democrática.

¿Qué tendría que hacer el Estado, a su juicio?
El Estado debe encontrar la manera de diferenciar entre ese nacionalismo secesionista que quiere romper la legalidad y que no es aceptable, y lo que es el reconocimiento de los derechos históricos, que podría satisfacer a las clases medias catalanas para abrir un horizonte de acuerdo. No creo que pueda haber una solución de pacto si no se reconoce la singularidad de Cataluña como pueblo, como vieja nación que no pudo sobrevivir por separado a los poderes estatales.

No parece que la mayoría del Parlamento español esté por la labor de reconocer esos derechos históricos. Ni el PP, ni el PSOE.
No estoy convencido de que el PSOE pudiera generar una oposición de principio a esta solución. Sí que creo que tendría que recibir garantías de que la solución para Cataluña no disminuiría la solidaridad entre las comunidades. En Andalucía, por ejemplo, si no existiera esa solidaridad estaríamos ante una situación de alarma social. El nacionalismo catalán y el poder andaluz estuvieron de acuerdo en garantizar la solidaridad para los ciudadanos andalucez. El eje Madrid-Barcelona-Sevilla es el que ha mantenido España y hoy está roto. La última ruptura del eje Madrid-Sevilla ha sido la derrota de Susana Díaz en las primarias del PSOE. Cataluña es un elemento de contradicción para Pedro Sánchez, ya que si sigue las tesis de los socialistas catalanes, no estará en condiciones de garantizar a la Junta de Andalucía las necesidades de gasto.

¿La España federal que propone el PSOE puede ser una solución?
Difícil. Ese tiempo ya ha pasado. Yo soy federalista, pero tengo la impresión de que el federalismo nos obligaría a alcanzar una definición de lo que es el Estado español, a la que sólo puede llegarse una vez resuelto el problema catalán, que es el que mantiene abierto el horizonte de inestabilidad. Y el modelo catalán se resuelve mejor inspirándose en el modelo vasco que en el federalismo, que es una cosa bastante abstracta. Eso significa que igual es el Gobierno central el que debe disminuir su capacidad de gasto. El Estado sigue funcionando de forma muy centralizada, considerando a las autonomías casi como meros instrumentos administrativos.

Ha estudiado usted el populismo, uno de los conceptos de la época. ¿Podría definirlo?
Hay que diferenciar los populismos en la práctica de los populismos en la teoría. La definición más sencilla sería la irrupción general de la inseguridad, acompañada por el cansancio. Una nueva generación que oye, pero no escucha. El populismo es la manifestación de un estado de ánimo que tiene muchos componentes: aburrimiento, cansancio, hastío, inquietud, angustia, miedo. Aunque algunos teóricos sostienen que todo lo reprimido es emancipador y positivo, y alaban la dimensión subjetiva del fenómeno, yo he dicho que el populismo promete una comunidad de salvación en tiempos en los que no existe salvación. Hay un populismo que irrumpe de sentimientos positivos y alegres; y otro que irrumpe dejando salir el pus de las almas, los elementos más oscuros, más negativos.

¿Y el populismo español de qué tipo es?
En España el populismo irrumpe con Podemos, generando la respuesta a una situación de estrés y pánico, canalizando aspiraciones y demandas por medios democráticos. Por tanto hemos tenido lo que llamaríamos un populismo inevitable y constructivo. Nadie está en condiciones de saber lo que podría haber pasado si no se hubiera canalizado toda esa energía indignada a través de una construcción política adecuada. Es una prueba de madurez del pueblo español y por eso debemos felicitarnos.

Su último libro se titula 'El lento aprendizaje de Podemos'. ¿Qué opina de la evolución de esta fuerza política?
La hipótesis populista funcionó muy bien mientras Iglesias y Errejón lo lideraron. El teórico más profundo del populismo era Errejón, pero entendió que la hegemonía perseguida no podía consistir en una sustitución de élites, sino en un pacto. De los nuevos representantes con los antiguos. Vincular a las clases medias y populares. En Vistalegre 2 ese diagnóstico cambia. La estrategia fundamental de Iglesias está menos adaptada a lo que son las sociedades europeas y es más fiel al movimiento populista latinoamericano. Cree que el liderazgo debe partir de las clases plebeyas. Es un error porque las clases medias pueden sentirse atacadas.

Según los estudios demoscópicos, una gran parte de los votantes de Podemos no están en las clases populares.
Muchos españoles de clase acomodada les han votado por conciencia política y social. Para Podemos ese escoramiento de Iglesias puede ser letal, porque va a significar la identificación del partido con el imaginario de la Izquierda Unida convencional.

¿La crisis interna de Podemos se debe a que no llegó a un entendimiento con el PSOE para gobernar?
La causa fundamental de los problemas internos de Podemos y del PSOE fue la imposibilidad de usar la expresión de voto popular del 20-D de manera constructiva. El electorado no quiere repetir elecciones. Expresa su voluntad en las urnas y les dice a los partidos: «Utiliza bien ese capital que te he dado para producir algo constructivo». PSOE y Podemos no produjeron nada y por eso fueron penalizados.

¿Por qué no produjeron nada?
Fue un fallo de cálculo. Después del 20-D se podía haber roto el poder de Rajoy, pero ese momento sobrepasó psíquicamente a mucha gente, y tanto el PSOE como Podemos se retiraron de ahí.

¿Por qué el bipartidismo ha colapsado por el lado del PSOE y no del PP?
Por una cuestión de azar. La crisis le pilló a Zapatero. Si le hubiera pillado a Rajoy, los socialistas gobernarían con mayoría absoluta. Muchas veces he dicho que de los dos grandes partidos se podía salvar uno, pero no los dos. Y eso es contraintuitivo, porque el PSOE era más solvente que el PP como partido desde el punto de vista de estructura y cuadros. El PP es una formación más de poder. No se va a romper mientras tenga el poder, y en su conservación, Rajoy ha demostrado ser un maestro.

A pesar de la corrupción.
Creo que la corrupción ha dado de sí todo lo que podía dar electoralmente hablando. Los jueces cumplirán con su obligación, pero no le van a dar el trabajo hecho a los partidos. La persecución de los delitos de corrupción no se va a traducir en votos para ningún partido, si no se hace trabajo político.

¿El sistema político del 1978 está en crisis profunda?
No se aprecia una gran separación emocional del régimen democrático, a pesar del «no nos representan». No estamos ante una crisis del sistema, sino ante una crisis de representación.

Una crisis que afecta sobre todo a la socialdemocracia, a pesar del malestar por el funcionamiento del capitalismo y el orden liberal.
La izquierda convencional ha gestionado las realidades que han hecho crisis. Veo que la gente no está dispuesta a entregar elementos fundamentales de la comprensión liberal del mundo, que incluyen la libertad individual y, en esta época, los avances de las nuevas tecnologías. No hay una mentalidad colectivista ni homogeneizadora. La hostilidad se dirige contra el capitalismo financiero, no contra el capitalismo en sí. Se sigue apreciando el capitalismo productivo como una forma de vida social que no dejaba en desamparo a las personas. Como ahora.

Hay una brecha generacional muy marcada en las preferencias políticas. Supongo que lo detecta en sus clases de la universidad.
No por casualidad los nuevos políticos han salido de la universidad. Es el único lugar en el que se podía hacer política durante la hegemonía del bipartidismo. En la universidad vive el entusiasmo de la juventud. La señal de que los partidos tradicionales están en declive es que nadie en mi facultad se atreve a decir: yo soy del PSOE, o yo soy del PP. Falta inteligencia en estos partidos. No quieren escuchar cosas que no hayan pensado ellos. Muchos cargos públicos me han confesado que sus jefes no permiten la crítica. En este sentido, un líder como Iglesias se equivocará en la estrategia, pero ningún otro sería capaz de estar hablando hora y media de Historia de España. No hay ningún partido que tenga la capacidad intelectual de los dirigentes de Podemos. Por eso era tan importante abrirse, y no cerrarse.

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