AGLI Recortes de Prensa   Jueves 13 Julio 2017

MACROECONOMÍA Análisis de 2007 a 2015
España, el país de la OCDE donde más aumentó la deuda pública durante los años de la crisis
EFE Paris El Mundo 13 Julio 2017

España fue el país de la OCDE en el que más aumentó en términos relativos la deuda pública bruta entre 2007 y 2015, por delante incluso de Eslovenia, Portugal y Grecia, y también fue en 2016 el farolillo rojo por el déficit. La deuda (según la concepción del Sistema de Contabilidad Nacional y no del Tratado de Maastricht) pasó en España del 41,73 % del producto interior bruto (PIB) de 2007 al 116,85 % en 2015, lo que significó 75,12 puntos porcentuales de PIB suplementarios.

Estas son algunas de las informaciones contenidas en el estudio anual sobre las administraciones públicas editado hoy por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que hizo notar una mejora de las cuentas públicas desde los años más duros de la crisis.

El incremento en esos ocho años fue de 73 puntos en Eslovenia, de 71,1 en Portugal y de 68,8 puntos en Grecia. Estos dos últimos países tuvieron que ser rescatados por sus socios europeos para evitar la bancarrota.

En cualquier caso, entre los miembros del conocido como el "Club de los países desarrollados" los niveles de deuda llegaron en 2015 a un máximo del 221,8% del PIB en Japón, del 181,6% en Grecia, del 157,5% en Italia y del 149,2% en Portugal.

España se quedó ese año (el último para el que existen datos armonizados de todos) en séptima posición con ese 116,85% (117,23 % en 2016) por debajo también de Bélgica y Francia, pero por encima de la media del 112 % en la OCDE (donde había sido del 73 % en 2007).

Los menos endeudados
Los Estados con menos carga de deuda eran Estonia (13 % del PIB), Chile (24,5 %), Turquía (27,4 %) y Luxemburgo (30,7 %).

Entre 2007 y 2015 el agujero de las cuentas públicas sólo disminuyó en Noruega (16,7 puntos porcentuales), Suiza (5,2 puntos) e Israel (2,1 puntos).

Por lo que se refiere al déficit, en la OCDE se pasó de un 8,4 % de media en 2009, cuando más se hacía sentir el impacto de la crisis financiera, al 2,8 % en 2015.

España, que hasta 2015 había estado en segunda posición por la cola sólo por encima de Grecia, se convirtió en 2016 en el farolillo rojo con un saldo negativo del 4,5 % del PIB.

Grecia, que había alcanzado un déficit del 15,1 % del PIB en 2009 y todavía un 5,9 % en 2015, a fuerza de ajustes invirtió su situación y en 2016 obtuvo un superávit del 0,7 %. Todavía muy lejos de Islandia, donde la diferencia entre lo recaudado y lo gastado representó un 17,2 % del PIB.

Protección social
Si se observan los cambios en la estructura del gasto público, en el caso de España el elemento más sobresaliente durante la crisis fue el incremento del peso relativo de la protección social (6,2 puntos porcentuales más entre 2007 y 2015, hasta representar el 39,1% del total, por encima de la media del 32,6% en la OCDE).

Fue el segundo incremento más pronunciado de los Estados miembros, únicamente por detrás del de Letonia (7,6 puntos suplementarios hasta el 31 %).

La otra partida en la que hubo un alza muy significativa en España en esos ocho años (2,2 puntos suplementarios hasta el 14,9% del gasto público) fue la de los servicios públicos generales, que incluye el servicio de la deuda (los intereses).

Eso se hizo en detrimento sobre todo de los asuntos económicos (3,3 puntos porcentuales menos al 10%), y el ocio, la cultura y la religión (1,5 puntos menos al 2,6%).

La vía judicial
Agapito Maestre Libertad Digital 13 Julio 2017

El 1-O es ful. Nada. El gran acontecimiento del separatismo catalán es ya un fracaso. Tienen miedo a pagar. Le ha bastado a la autoridad nacional amenazar con sanciones económicas a quienes participen en la organización del rollo del 1-O para que todo empiece a derrumbarse. Están muertos de miedo. No son nada sin España. Nadie quiere poner en riesgo su patrimonio. Tacaños y miserables. El gran acontecimiento del 1-O ha quedado para la gente de Colau e Iglesias en una movida para engañarse entre ellos. La vía judicial se impone a la miseria nacionalista, populista y comunista. El Estado de Derecho es viable. No me extraña que Rajoy diga que está tranquilo con la cosita del 1-O. Está ganando.

Una vez que el gobierno de Rajoy hizo dejación de sus funciones de pedagogía política en Cataluña, o sea, siguió la línea de continuidad que le habían marcado los gobiernos de González, Aznar y Zapatero, trató de capear el temporal como pudo. Después del simulacro de referéndum del 9 de noviembre de 2015, Rajoy dejó claro que sólo utilizaría las vías legales. El derecho es su fuerte. Lo está cumpliendo y, por muy críticos que seamos con Rajoy, tendremos que reconocer que la ley se está utilizando contra quienes participaron en la organización de la consulta ilegal del 9-N. Las sanciones y los procesos contra los delincuentes secesionistas aún no han terminado, e incluso algunos, por ejemplo, el consejero que ha destituido Puigdemont, ven lo que se les viene encima y dudan de la viabilidad del proceso golpista hasta el punto de reconocer que quizá no se lleve a cabo el referéndum del 1-O. Por lo tanto, seamos respetuosos con lo real y no digamos que la vía judicial no funciona. Funciona, vaya que si funciona, otra cosa es que alguien crea que esa vía resuelve un problema de siglos.

Así pues, aceptemos que Rajoy no entrará nunca en el juego político que le proponen los secesionistas; menos todavía recurrirá al "uso legítimo de la violencia" para detener a los separatistas en su proceso o golpe de Estado permanente a las instituciones democráticas. Razones importantes y, seguramente, motivaciones ideológicas avalarían ese modo de actuar, pero el Gobierno renunció a ellas hace tiempo. Ahora le dan la razón los del PSOE y los de Ciudadanos. Aunque no ha sabido explicarlo, el Gobierno no aplicará el 155. Además, no lo necesita, porque una vez más los secesionistas están demostrando su cobardía. Por otro lado, nadie puede dejar de reconocer que la aplicación del artículo 155 de la Constitución es una vía muy dura y, además, daría la razón a los secesionistas, que es lo que estaban buscando. Tampoco se recurrirá a la Ley de Seguridad Nacional, que quizá tenga los mismos efectos que el artículo 155.

Por todo eso, parece que la vía jurídica es la que sigue ganando para detener a los secesionistas. De momento, y mientras se sigue sancionando a quienes incumplieron la ley en el pasado del 9-N, el Gobierno prepara una denuncia ante el Tribunal Constitucional sobre la ley del referéndum de la Generalidad, que los secesionistas aún no se atreven a publicar. La Abogacía del Estado tiene ya listo un recurso serio y concienzudo para frenar una ley que vulnera el articulado de la norma institucional catalana. Varios son los razonamientos jurídicos, y todos ellos son de gran enjundia, que invocará la Abogacía del Estado ante el Constitucional, que van desde preceptos importantes de la ONU y de la Comisión de Venecia hasta la Constitución del 78, pero quizá el más importante se refiera a que esa ley vulnera el propio Estatuto catalán, porque se sitúa por encima de los procedimientos requeridos y los votos necesarios del ordenamiento constitucional español y del propio Estatut de Cataluña. Lo importante es que el Gobierno de España actúa con celeridad y diligencia. Todo está preparado para cuando se atrevan, si es que se atreven, los separatistas a pasar de las musas al teatro, o sea, el mismo día que se publique la ley secesionista el Gobierno tiene que actuar ante el Constitucional y explicar por tierra, mar y aire a lo que se enfrentan los secesionistas: la ilegalidad sobre la que se asienta la consulta puede llevar a muchos de los que participen en la organización de la cosa a sufrir penas muy serias.

Tengo la sensación de que los cambios en el modo de actuar el Gobierno en el pasado, el 9-N, y ahora para detener el 1-O son importantes. La disposición del Gobierno para atajar a los secesionistas por el camino del Derecho está triunfando. Creo que entre las advertencias, casi de mentirijilla, que hizo el anterior Gobierno a Artur Mas por la iniciativa del 9-N y los avisos y las propuestas actuales que Rajoy está haciendo a la Generalidad hay diferencias significativas. La primera es la rapidez con que el Gobierno está actuando para que la Abogacía del Estado tenga todo preparado. Y la segunda es el consentimiento del PSOE y Ciudadanos para que se explore hasta el final esta vía contra los secesionistas. Ahora hace falta emprender un proceso de pedagogía política sobre las penas que pueden aplicárseles a quienes no cumplan la ley. Los funcionarios municipales y autonómicos ya saben a las penas que se enfrentan si colaboran con el 1-O. En fin, quizá los golpistas hagan el referéndum, pero algunos pueden acabar mal parados… No creo que los secesionistas corran el riesgo de que les toquen su sueldecillo o patrimonio. En todo caso, quizá hagan un simulacro de referéndum o convoquen elecciones anticipadas, pero lo que hagan los secesionistas no me interesa ahora… Lo decisivo es que los separatistas y comunistas de Colau e Iglesias huelan el aliento de la ley en sus cogotes.

La V Guerra Mundial
Rafael Bardají. Gaceta.es 13 Julio 2017

Todos estudiamos que la I Guerra Mundial, también la Gran Guerra, se libró para poner fin a todas las guerras. Pero como bien sabemos, en realidad sólo puso fin a los imperios europeos.

La II Guerra Mundial fue la lucha contra el totalitarismo nazi y el brutal imperialismo nipón, pero la victoria de las democracias dejó intacta la dictadura comunista en Rusia y fue incapaz de detener la expansión del imperio soviético por Centroeuropa.

Lo que sucedió a la II Guerra Mundial no fue sino la confrontación contenida entre Occidente y el Este soviético, lo que conocemos como Guerra Fría, en verdad la III Guerra Mundial, que no acabaría hasta el colapso de la URSS.

En la década de los 90 los occidentales creímos que se había acabado la Historia y que la violencia había sido desterrada de nuestras vidas, aunque en realidad se estaba fraguando otra nueva conflagración planetaria, la IV Guerra Mundial.

Aunque muchos autores coinciden en fechar el estallido de esta nueva guerra el 11 de septiembre de 2001, con los ataques de Al Qaeda en Nueva York y Washington DC, el ascenso del jihadismo puede situarse con mayor precisión en 1979, cuando se acumularon la revolución jomeinista en Irán, la toma de la Meca por militantes islamistas, y la invasión rusa de Afganistán.

Sea como fuere, esta IV Guerra Mundial que se libra entre el mundo moderno y el fundamentalismo islámico, sigue librándose todavía y ni siquiera las noticias de la caída de Mosul, tras tres años bajo el control del Estado Islámico, nos acerca al final ni al comienzo del final.

Hasta ahora las guerras mundiales se libraban de una en una, aunque se extendieran en distintos teatros de operaciones. Por primera vez en nuestra historia, nos vemos envueltos en dos guerras mundiales a la vez, porque la realidad es que sin haber cerrado la IV, nos estamos adentrando de manera acelerada en la V Guerra Mundial. Una nueva guerra cuyo inicio puede fecharse con precisión el pasado 7 de noviembre, fecha de las elecciones presidenciales norteamericanas y día de la victoria de Donald Trump.

Una guerra entre élites y la ciudadanía
La V Guerra Mundial es, para ser exactos, una guerra civil que sacude al mundo occidental. Es una guerra que enfrenta a las elites institucionalistas y tecnocráticas que han gobernado plácidamente en nuestro mundo durante las últimas décadas y unos ciudadanos cada vez más despegados de sus dirigentes y las instituciones públicas. De momento se trata de un enfrentamiento desigual y –por recurrir a la jerga estratégica al uso- asimétrico, habida cuenta de que los principales instrumentos de defensa están en manos de los gobernantes.

Pero eso no puede negar el avance de una creciente parte de las sociedades que se rebelan, agotadas por discursos vacíos y engañosos y por decisiones que ponen en peligro los valores básicos de convivencia de una nación, si no la identidad nacional misma.

Toda guerra cuenta con un frente central y para esta V Guerra Mundial ese frente es la batalla de todos contra Donald Trump, dentro y fuera de América. De hecho, es una sorprendente alianza de liberales de izquierda americanos y establishment republicano, con gobernantes europeos de todo tipo, conservadores como Merkel, indefinidos como Macron, la izquierda italiana y los socialdemócratas de derechas, como Rajoy. Pero precisamente ese espectro más multicolor que la enseña gay, esconde una realidad que ya no se puede tapar: es la agonía del establishment político que ha regido nuestros destinos en estos años frente a las fuerzas de la recuperación de las esencias de Occidente, la única alternativa viable de regeneración del sistema en el que hemos acabado.

El presidente Trump no lo podía haber dicho más claro en su discurso en Varsovia la semana pasada: “en cada una de las naciones (que integran nuestra civilización) es la gente, el individuo, no el poderoso, quien siempre ha construido los cimientos de la libertad y quien ha sido la columna vertebral de nuestra defensa”.

Los polacos, a lo largo de su trágica historia lo saben muy bien. Divida y borrada temporalmente su patria del mapa a manos de las grandes potencias del momento, el comunismo intentó en vano destruir su libertad, su fe, su historia, sus valores, “su humanidad”, en palabras de Donald Trump. Pero la opresión no bastó para erradicar su deseo de sobrevivir como polacos.

La amenaza rusa
En la actualidad Rusia presenta otra muy distinta amenaza para los centroeuropeos, pero el proyecto vigente de la UE desgraciadamente enlaza con los intentos de desnaturalizar el carácter nacional de Polonia: Una burocracia y líderes que no creen en las fronteras nacionales y que no hacen nada por defenderlas; unos responsables que reniegan de las raíces históricas y judeo-cristianas de nuestras sociedades; unos políticos que, concentrados en perpetuar sus privilegios, exponen a las clases medias y bajas al asalto de la emigración; unos gobernantes ensimismados que sólo saben castigar fiscalmente a quienes le sostienen; un establishment parapetados en sistemas electorales diseñados para impedir que cualquier renovación pueda tener lugar.

El 7 de noviembre de 2016 fue el día que saltaron todas las alarmas en todas las fuerzas institucionalistas quienes veían peligrar, por primera vez en décadas, el extenso manto de su poder, impunidad y profunda corrupción moral.

Pero la revolución popular se venía gestando ya de antes, especialmente desde septiembre de 2015, cuando Angela Merkel, asumiendo la voluntad de toda la UE decidió abrir las fronteras de Europa a todo el que quisiera venir hasta nuestro continente. El resultado ha sido que los supuestos refugiados sirios han sido minoría y que a Europa han llegado desde africanos a afganos, incluidos jihadistas.

El establishment europeo respiró aliviado tras la no victoria de Geert Wilders en Holanda y el fracaso electoral del Frente Nacional en Francia. Y apostó por la reconversión del presidente americano hacia el pragmatismo y el acomodo. Con Trump, como quedó claro en la cumbre especial de la OTAN, la reunión del G-7, la reciente visita a Polonia y la cumbre del G-20 en Hamburgo, se han vuelto a equivocar.

Y con el declive de las fuerzas mal llamadas populistas, también se equivocan. ¿Hasta cuándo creen que pueden contener a los europeos de a pie? En los países nórdicos y Alemania, a los refugiados se les conoce ya, lamentablemente, como “rapefugees”, dada la alarmante ola de agresiones sexuales cometidas por los emigrantes.

Las tasas de criminalidad se han disparado en todas las categorías delictivas y, como bien sabe el bolsillo de los contribuyentes, la factura de no poner puertas a los flujos migratorios, pone en peligro la sostenibilidad del estado de bienestar al que tan apegados estamos. Como un informe de próxima aparición del Grupo de Estudios Estratégicos sobre el coste de la emigración en España pone de relieve, los emigrantes no vienen para salvar nuestras pensiones, sino para consumir nuestros servicios sociales, degradar el mercado laboral y amenazar nuestra paz y tranquilidad.

La UE y nuestros gobernantes se han mostrado despiadados ante las lógicas demandas de protección de españoles, italianos, franceses, alemanes, suecos, daneses, holandeses, etc. Y se muestran impotentes para dar solución a sus problemas reales.

Por eso su credibilidad está por los suelos y por eso mismo son irrecuperables. No sé cuánto lograrán aferrarse al poder que detentan, pero tarde o temprano no tendrán nada donde parapetarse. Su derrota es una cuestión de supervivencia: si ellos ganan, quien en realidad vencerá será el islam; si conseguimos que pierdan, ganarán nuestras naciones, nuestra identidad, nuestra libertad y nuestra seguridad. Es lo que nos jugamos en esta V Guerra Mundial que acaba de comenzar.

Entrevista de ‘Qveremos’ al exministro
Mayor Oreja: ‘España necesita un proyecto de país que ahora no tiene’
Rafael Núñez Huesca Gaceta.es 13 Julio 2017

En una entrevista con Qveremos, el Ministro del Interior del ‘Espíritu de Ermua’ rememora la reacción de la sociedad española ante el asesinato de Miguel Ángel Blanco y apunta los retos que afronta España en el momento político actual.

El que fuera ministro del Interior cuando en la sociedad española surgió el ‘Espíritu de Ermua’, Jaime Mayor Oreja, ha señalado que es necesario que España “tenga un proyecto de país que ahora no tiene” para hacer frente al desafío secesionista catalán, proyecto que debe ir acompañado de “una movilización social, colectiva, tanto desde Cataluña como desde el conjunto de la sociedad española”.

En una entrevista de la asociación Qveremos, asociación de jóvenes profesionales que reclama la regeneración de la vida política en España, el exministro afirma que las semanas que fueron de la liberación de José Antonio Ortega Lara al secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco fueron “las dos semanas más intensas en mi vida política”, así como “el recuerdo más vivo que tengo de mi vida pública” ya que en poco tiempo se pasó “de la alegría profunda a la tragedia”, de salvar la vida del funcionario de prisiones a enterrar al joven concejal del Partido Popular.

De esos días, Mayor Oreja se queda con la reacción de la sociedad española y vasca, que fue “una reacción moral, por ello esperanzadora y auténtica”, que además fue también “la expresión de una emoción que sirvió para aliviar nuestro dolor”, un dolor que toda España compartió con la familia del concejal y con las formaciones políticas constitucionalistas en el País Vasco.

“Aquel espíritu de Ermua no fue inútil en el ámbito político”, asevera. El ahora presidente de Valores y Sociedad explica que el asesinato de Miguel Ángel Blanco, del que ahora se cumplen 20 años, “sirvió para determinar un proyecto y un proceso para combatir el terrorismo” y añade que “la ilegalización de HB años después fue en buena medida el colofón de aquel proyecto que se puso en marcha y significó el final del crimen”.

Todo cambió con la llegada de Zapatero
Sin embargo, el paso de los años vio el entierro del espíritu de Ermua “por el mal llamado proceso de paz, esto es, por una negociación entre ETA y el gobierno a partir del año 2004” que provocó que fuera “el gobierno de Rodríguez Zapatero el encargado de liquidarlo”.

El exministro apunta que hay que “hacer un esfuerzo para defender la verdad del presente, más que estrictamente la verdad histórica”, “un reto que tenemos hoy y del que no podemos abdicar”, y señala que “en estos días hay que atreverse a decir lo bien que hizo aquel espíritu de Ermua, pero también hay que atreverse a explicar la traición que pocos años después se produjo”.
Y ello lleva a Mayor Oreja a afirmar que “hoy, ante un desafío y un reto de ruptura desde el nacionalismo catalán, estamos desposeídos” del Espíritu de Ermua, lo que “agrava nuestra situación”.

Ante la cuestión de la situación en Cataluña, el veterano político no duda en afirmar que el gran problema de España es que “hoy no tenemos proyecto”. Y añade que “no basta fríamente el Estado de Derecho; hace falta acompañarlo con una movilización social, colectiva, tanto desde Cataluña como desde el conjunto de la sociedad española”, en un proceso que será “largo” y que debería concluir en la puesta en marcha de un “proyecto” como el que en su momento permitió hacer frente a ETA.

Tan tontos como malvados
OKDIARIO 13 Julio 2017

Después de hacer el ridículo hasta rozar la ignominia declarativa con la liberación del preso político Leopoldo López, los dirigentes de Podemos se han esforzado al máximo por enfangar y dividir a los españoles en la conmemoración del vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. El comportamiento que han tenido representantes del partido —y de sus marcas blancas— como Manuela Carmena, Ramón Espinar, José María González ‘Kichi’ o Pablo Echenique ha sido vergonzoso. Los amigos de Otegi odian al concejal de Ermua asesinado por ETA porque simboliza todo lo que ellos detestan: unidad, tolerancia, valor… DEMOCRACIA. Todos ellos, con Iglesias moviendo los hilos de la escena desde la sombra, son incapaces de respetar al que piensa distinto. Se trata de la maldad del tonto: hacen lo posible por destruir y denigrar aquello que no se adapta a su populismo totalitario.

Por eso apoyan a los agresores de Alsasua pero son incapaces de reconocer el imponderable valor de un hombre que perdió la vida defendiendo la libertad y los principios democráticos en el País Vasco. No obstante, en este particular machacan sobre hierro fierro. Pocas cosas hay más unánimes en España que el respeto y la defensa de las víctimas del terrorismo. Más aún si tiene que ver con Miguel Ángel Blanco, un auténtico símbolo. De hecho, él es el gran representante de todas esas víctimas que perdieron su vida por dejar un país mejor y más unido. La estrategia de los morados a lo largo de estas tres últimas jornadas les va a salir muy cara tanto a nivel de imagen como de número de votos. Sucede cuando se mezcla la carencia de habilidad estratégica con la mezquindad ética. Carmena ya ha tenido la primera prueba de su error durante la mañana de este miércoles.

Decenas de personas han pitado su presencia en uno de los actos conmemorativos por la memoria del que fuera edil de Ermua de 1995 a 1997. Además, las víctimas de ETA se han dirigido a la alcaldesa para recordarle que “todos fuimos Miguel Ángel” y desmontar así la excusa de que homenajear al vizcaíno era ignorar al resto de los afectados por la lacra del terror. Es una pena que, por culpa de unos cuantos necios, lo que hace 20 años unió a toda la España democrática ahora haya sido motivo de controversia y show. Así está el panorama político español con la aparición de esa “nueva” pero muy vieja política. Tampoco se entiende el comportamiento de ciertos sectores del Partido Socialista —por ejemplo en Lasarte— incapaces, como sí hicieron entonces, de reconocer el legado y el sacrificio de Blanco. Pedro Sánchez debe tomar medidas para que su formación no acabe imbuida por el modus operandi del partido político con más inmundicia moral de nuestro país: Podemos.

Versiones de la memoria
FERNANDO ARAMBURU El Mundo 13 Julio 2017

Con frecuencia hemos oído decir que la Historia la escriben los vencedores. Creo que el aserto encierra una falacia. En todo caso, en él se confunde la actividad propiamente narrativa con su difusión. No son lo mismo. La Historia la escriben los cronistas, entendiendo por tales a quienes desde la competencia del conocimiento y de la escritura se toman la molestia de levantar acta de lo ocurrido, por tanto de crear la materia del recuerdo.

No me consta que nadie provisto de un mínimo sentido del ridículo haya determinado jamás en qué medida Tucídides, Bartolomé de las Casas o Victor Klemperer se pueden considerar historiadores al servicio de quienes ostentaron no se sabe qué sentimiento temporal de victoria. Más allá de las posibles vicisitudes que hubieran podido corresponder a sus respectivos testimonios, estos perduran a disposición de quienes se animen a conocerlos. No leer es tan pernicioso para la vigencia de Historia como la censura, la ocultación de la verdad o la persecución de los cronistas.

El aserto mencionado al principio de este escrito confirma, no obstante, una evidencia, la de que no hay relato exento de una perspectiva. La mano que pone por escrito los sucesos colectivos la mueve un individuo a partir de su mayor o menor dominio del medio de expresión, de sus gustos y preferencias, de sus juicios y convicciones, y hasta de su estado de ánimo; a veces, sí, jugándose la reputación, el puesto de trabajo, incluso la vida. La mera selección de los detalles dignos de integrar el testimonio supone una intervención en la sustancia misma del relato, no digamos ya cuando se da el paso inevitable de asociarlos a una interpretación. No hay, pues, historia enteramente objetiva, ni tan siquiera en la parte relativa a la consignación de los datos verificables.

Es verdad que un solo hombre no puede abarcar con su empeño testimonial una época entera, tampoco en el caso de que hubiera estado presente en el tiempo y los lugares de su narración o de que hubiese conocido personalmente a los testigos. Cuanto más amplio sea el fondo documental de la memoria (reportajes, tratados históricos, fotografías, películas, novelas, etc.), mayores posibilidades tendrán los ciudadanos del futuro de hacerse un dibujo verídico y complejo, abundante en facetas, de lo que ocurrió.

Lo mismo sucede, claro está, en relación a la historia del terrorismo de ETA, con el añadido de que en este caso no se trata tan sólo de levantar un testimonio fiel y, por supuesto, suficiente, sino de deslegitimar versiones netamente favorables al agresor o benévolas con él, comprensivas con su proyecto, blanqueadoras de su acción criminal, pensadas para dar un tratamiento de héroe, de benefactor de su pueblo, a quien se organizó con otros para ejercer la violencia en todas sus variantes, sin excluir el asesinato.

Salta a la vista que no es lo mismo desviarse de la verdad cuando el testimonio se refiere a una campaña de exploración de un territorio desconocido, a una proeza deportiva o a la historia traumática de una sociedad sometida durante décadas al terror y en la cual una considerable parte de sus agentes postuladores de la violencia sigue activa, sin haberse apartado un centímetro del proyecto político, en la gestión de la vida pública, ahora al parecer por vías pacíficas. Aquí el olvido protege al agresor en la medida en que oculta sus fechorías y crea un espacio en blanco donde reescribir a su gusto y conveniencia la Historia.

La disputa dialéctica afecta no sólo al testimonio, sino también y muy principalmente al lenguaje. Como se sabe, las palabras significan pero también connotan. No suena lo mismo "banda terrorista" que "organización vasca", aunque ambas locuciones nombren o parezcan nombrar idéntica cosa. Hay enormes diferencias de matiz entre lo que unos llaman "terrorismo" y otros "lucha armada", "preso de ETA" o "preso vasco", "policía" o "txakurra", y así podríamos seguir por largo espacio.

Cuanto sabemos del Imperio romano, de la Edad Media o de las invasiones napoleónicas se lo debemos a los libros y los museos. El presente de estos fenómenos históricos ya pasó como dicen que ha pasado, ¿para siempre?, el asunto del terrorismo (de la lucha armada, según otros) de ETA. Urge crear la materia del recuerdo de una historia que por nada del mundo debería equiparar, con el pretexto de un llamado conflicto, a Miguel Ángel Blanco con quienes lo asesinaron, ni olvidar, en definitiva, quiénes fueron los verdugos y quiénes las víctimas.

Este texto de Fernando Aramburu fue escrito ex profeso para el acto del XX aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco organizado por la Fundación Miguel Ángel Blanco

Teresa Jiménez-Becerril: “Otegi es un criminal y un farsante, hombre de paz era mi hermano Alberto”
Alberto D. Prieto okdiario 13 Julio 2017

Teresa Jiménez-Becerril es eurodiputada por el Partido Popular. Empezó en la política antes de ser política, y no lo hizo por vocación o iniciativa propia, sino a golpe de tiros, los que salieron de una pistola de ETA y mataron a su hermano Alberto y a su cuñada Ascen el 30 de enero de 1998. El concejal del PP y segundo teniente alcalde en Sevilla regresaba a casa con su mujer mientras sus tres hijos dormían tranquilamente en casa.

La vida cambió para ellos y para esta mujer, que se comprometió en la lucha por las libertades y contra el terrorismo. Preside la fundación que lleva el nombre de su hermano y desde 2009, es diputada en el Parlamento Europeo, donde trabaja en la subcomisión de Derechos Humanos y en la comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género.

Hoy, Teresa Jiménez-Becerril echa en falta “la unidad que que hubo entonces”, cuando ETA secuestró y asesinó al edil popular de Ermua Miguel Ángel Blanco, “porque ETA no mata y es fácil caer en la cómoda tentación del olvido”. Ella se niega.

Pregunta.– ¿Qué significó el asesinato de Miguel Ángel Blanco dentro del PP?
Respuesta.– Realmente, yo no tenía ninguna responsabilidad política cuando mataron a Miguel Ángel y sólo puedo contestarle por lo que mi hermano Alberto Jiménez-Becerril me contó entonces. La conmoción fue total, pero el partido ya estaba acostumbrado a convivir en la diana de ETA, muchos habían sido los amenazados y asesinados por pertenecer al PP y anteriormente a UCD, que sufrió de manera brutal el terrorismo. Alberto fue el que organizó la manifestación de condena en Sevilla, que siguió al asesinato de Miguel Angel. Desconocía él, mientras marchaba tras la pancarta, que esas manos blancas que se alzaban volverían a hacerlo seis meses después en Sevilla, pero esta vez, por su asesinato y el de su mujer. Tanto el PP como toda la sociedad española, que no cedió al chantaje de ETA, supo que había un antes y un después del asesinato de Miguel Angel. Ese ¡Basta ya! fue una realidad.

P.– ¿Sigue vivo el ‘espíritu de Ermua’, o hay más de eso que Totorika ha llamado estos días el ‘estigma de Ermua’?
R.– No sé si sigue vivo. Imagino que en muchos de nosotros sí, si por él entendemos la defensa de la libertad, la justicia y la dignidad y el no ceder ante el terrorismo nunca. Quizás falte la unidad que hubo entonces, porque ETA no mata y es fácil caer en la cómoda tentación del olvido. Pero olvidar sólo beneficia a los terroristas y a sus cómplices, ya que si no recordamos sus crímenes, éstos serán borrados y al final para las generaciones futuras no habrán ocurrido. Por ello es tan importante el testimonio de las víctimas, es un arma implacable contra el terrorismo de ETA.

P.– ¿Tiene respuesta para quienes acusan al PP de ‘utilizar políticamente’ la memoria de Miguel Ángel Blanco o de sacar sus pancartas para usarlas como ‘martillo de herejes’?
R.– ¡Que no digan tonterías! Lo que yo quisiera es que se sumaran todos, mientras más mejor, pero desgraciadamente son muchos los que prefieren pasar página. Se creen que así será más fácil lo que llaman, falsamente, paz. No hubo guerra. Mi hermano y su mujer no iban a ninguna guerra cuando les tirotearon. Por tanto, eso de buscar la paz es de una falsedad total. ETA ya no mata, muchos de los que comparten su proyecto político están en las instituciones y no se sienten cómodos condenando el terrorismo de ETA. Los que dicen que el PP usa la memoria de las víctimas quieren hacernos callar. Si no hay víctimas, no hay verdugos y a otra cosa, nada ha pasado en España en estos 50 años.

P.– ¿Se sintió traicionado el PP cuando al año de que el Pacto de Ajuria Enea ordenara “aislar a HB”, el PNV firmó el pacto de Lizarra?
R.– No estaba en política entonces, pero imagino que sí.

P.– Ese fue el año en que ETA mataba a su hermano, ¿no se sintieron solos, abandonados?
R.– ¿Solos? ¡Cómo no! Nos faltaba nuestro Alberto. A mi madre, su hijo, mi hermano. A mis sobrinos, su padre y su madre Ascen. Si se refiere a los políticos o compañeros de Alberto, no, nunca nos sentimos solos. Tampoco por parte de los sevillanos y de muchos españoles que se volcaron entonces con nosotros y siguen apoyándonos hoy, 20 años después. Es verdad que la gente tiende a olvidar, pero en Sevilla la memoria de Alberto y de Ascen está muy presente y su sacrificio por nuestra libertad.

P.– ¿Él se sentía amenazado?
R.– Él miraba bajo su coche y seguía algunas medidas de seguridad, pero no tenía una percepción muy cercana de que le podían asesinar.

P.– Usted es eurodiputada, ¿cómo trabaja el Parlamento Europeo contra quienes quieren ahora blanquear el terrorismo de ETA?
R.– No les permitimos que lleven la bandera. Somos las víctimas y nuestros compañeros que nos apoyan, los que denunciamos a Otegi cuando vino y le quitamos la máscara. Cada día son más los que saben la verdad.

P.– ¿Es Otegi un hombre de paz?
R.– Otegui es un terrorista, es imposible ser criminal y hombre de paz. Es un farsante. Hombre de paz era mi hermano Alberto, no ese tipo que pertenecía a ETA y que jamás ha condenado sus asesinatos.

P.– ¿ETA está derrotada o sus postulados están renaciendo de la mano de nuevos radicalismos?
R.– ETA está cercada, derrotada policialmente. Políticamente, no consiguieron la independencia, pero sus cómplices defienden desde los sillones lo mismo que ellos hicieron con pistolas y bombas. Los radicales ganan terreno, recuerde lo de Alsasua, las agresiones a los guardias civiles y los homenajes a los terroristas.

Este jueves, a las 23.55
La 2 emite el documental de Iñaki Arteta ‘Contra la impunidad’
Rosalina Moreno Gaceta.es 13 Julio 2017

El film recupera la memoria de los más de 350 asesinatos cometidos por ETA que están sin resolver. Son desgarradoras historias de víctimas del terrorismo, que no dejarán indiferente a nadie.

La 2 emite este jueves, 13 de julio, a las 23.55 horas el documental Contra la impunidad, del cineasta vasco Iñaki Arteta, que recupera la memoria de los más de 350 asesinatos cometidos por ETA que están sin resolver y de los que aún se desconocen sus autores materiales.

El pasado octubre lo adelantó en una entrevista en La Gaceta, en la que advirtió de que “en el País Vasco sigue sin haber la libertad que se presupone”.

Esos agujeros negros del sistema, como lo denomina el investigador Juan Fernando Calderín, aparecen retratados en la cinta. ¿Las causas? Fallos del sistema, negligencia de las autoridades, desidia de las instituciones, o una mezcla de las tres.

En la actualidad, un reducido número de personas trabajan en diferentes líneas de investigación para, por una parte, esclarecer el estado de las causas por asesinato sin resolver y por otra, para que sean reconocidos como crímenes de lesa humanidad.

El film, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Villacisneros, recoge testimonios de familiares que mantienen la esperanza de que se haga justicia. Son historias desgarradoras, que no dejarán indiferente a nadie.

Entre los protagonistas, hay familias afectadas por la violencia terrorista, así como otras figuras destacadas como Daniel Portero, miembro de la asociación Dignidad y Justicia, o Joseba Arregi, exconsejero de Cultura del Gobierno vasco.

La película se presentó en la 61ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). “Hacer memoria y homenajear a las víctimas no consiste solamente en descubrir placas, que está muy bien, sino en abordar también cuestiones más delicadas y complejas”, dijo entonces Arteta.

Su obra sólo se pudo ver en los Cines Multis, de Bilbao; en el Cine Florida, de Vitoria; en los Cines Girona (de Barcelona), y en el Artistic Metropol, de Madrid.

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Miserables, izquierdistas y el uso político de la muerte
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 13 Julio 2017

Una parte de la izquierda española sufrió el terror, lo condenó y persiguió, y lo sigue haciendo. Pero siempre ha habido una parte de la izquierda española que lo ha comprendido y justificado.

El aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco ha puesto al descubierto a los miserables, sobre todo en las izquierdas. No se trata solo de que digan que el PP instrumentaliza el terrorismo, o que las “fuerzas del progreso” acaricien la posibilidad real de aliarse con los batasunos y sus admiradores catalanes para alcanzar su único objetivo: el Poder. Detrás hay dos elementos más: la elaboración de un relato alternativo de la Transición y de la crisis del régimen del 78, y la banalización de la violencia.

Una parte pequeña de la izquierda despreció la oportunidad en 1977, y siguiendo los esquemas leninistas, trotskistas o maoístas –que de todo hubo-, continuó con la aspiración revolucionaria. Llamaron “lucha armada” al terrorismo y a la extorsión, y hablaron de la continuidad de la oligarquía franquista en la nueva situación política. Por eso, afirmaban, no hubo “justicia para los crímenes de la dictadura”, y la democracia se hurtó al pueblo.

Frente a la derecha y sus cómplices, incluido el “apóstata” Carrillo, debía formarse una unidad popular, que en vasco se dice “herri-batasuna”, fundada en el derecho de autodeterminación de los pueblos y la propiedad colectiva. Solo los etarras y sus admiradores, presentes en todas las regiones españolas, decían haber entendido el espurio proceso político que había instalado una “democracia de baja calidad”. La Transición, en consecuencia, era un cuento para memos y franquistas.

En consecuencia, el terrorismo era una respuesta a una cuestión política –como dijo no hace mucho Pablo Iglesias- tanto como a la represión política, policial y judicial. No era original; se basaba en los fundamentos de la Nueva Izquierda, en aquel Frantz Fanon que justificaba la “lucha armada” contra el “capitalismo” sin piedad ni remordimientos, porque constituía la única y más natural vía de expresión de las urgencias populares.

Una parte de la izquierda española sufrió el terror, lo condenó y persiguió, y lo sigue haciendo. Pero siempre ha habido una parte de la izquierda española que lo ha comprendido y justificado, sobre todo si tenía lugar en Hispano América, el patio trasero de los sueños progres europeos. El problema actual es que esa izquierda que rechazaba el terror, hoy, tras tres años de Sánchez, mengua a ojos vista, y la otra, la que se codea con los hombres y argumentos de la “lucha armada”, con el “hombre de paz”, es quien tiene la hegemonía cultural.

Esa izquierda, la que encarna Podemos, ERC o Bildu, pero cuya fuerza radica en que está extendida en ámbitos periodísticos y universitarios, es la que está marcando un nuevo relato de la Transición, de los cuarenta años de democracia, y de la crisis del régimen del 78. “Teníamos razón”, dicen, y nada de lo que se hizo fue bueno o válido: las instituciones eran falsas, los partidos eran bandas de corruptos, las elecciones no generaban representación, las naciones sin Estado estaban pisoteadas, y la riqueza quedaba sin repartir. Y aquí entra Miguel Ángel Blanco.

El asesinato de aquel concejal del PP fue uno más, pero no así la reacción que produjo: la unión de todos, de la gente y de los partidos contra el terror. Fue un rotundo “¡Basta ya!”. Su muerte quedó como un símbolo de lo bueno de la Transición, de la importancia de respetar las reglas del juego democrático, del rechazo a la violencia, y de dirimir los conflictos a través de la ley. En realidad, se trató de un espaldarazo al espíritu democrático que esos izquierdistas no han podido soportar.

Por eso, aquella izquierda frustrada necesitaba diluir el episodio del asesinato de Miguel Ángel Blanco, asimilarlo a cualquier tipo de muerte, incluida la producida por la violencia doméstica, por accidentes como el del metro de Valencia, por enfermedades como la hepatitis C, o los muertos de la Guerra Civil y la represión franquista. Quieren eliminar ese lugar de la memoria sobre el que se edifica la parte decente de nuestra democracia.

Al fondo queda la banalización de la violencia, porque si el asesinato es la expresión de una demanda política, la muerte puede homologarse a una moción de censura, una performance, o un autobús con eslóganes. Esa izquierda hegemónica trivializa los actos violentos porque, como escribía Georges Sorel, un pensador que leían comunistas y fascistas –valga la redundancia-, tan importante es derribar el orden burgués como dar la apariencia de que se tambalea. En un proceso revolucionario, y esa izquierda cree que vive en uno, lo primero es controlar lo que Trotsky llamaba “la máquina de fabricar la opinión pública” para tambalear el régimen. Y ya la tienen.

Que no se engañe ese PSOE que despotrica naciones sin Estado y posturea blindaje de derechos sociales: el recuerdo de Miguel Ángel Blanco es tan suyo como del resto. El partido de Fernando Múgica, Joseba Pagazaurtundúa, Ernest Lluch, Francisco Tomás y Valiente, o Fernando Buesa, entre otros asesinatos por ETA, no puede tener como compañero de viaje a quienes pregonan el relato de la Transición que hicieron los terroristas, y que rechazan la digna y contundente reacción democrática, verdaderamente espontánea y popular, que siguió a la ejecución de aquel concejal.

Los verdugos de hoy
Ferrer Molina El Espanol 13 Julio 2017

Es cierto que la angustia comenzó tres días antes. Es cierto que los dos tiros en la cabeza se los descerrajaron el sábado 12. Pero fue tal día como hoy, hace veinte años, cuando Miguel Ángel Blanco dio su último suspiro sobre la camilla de un hospital de San Sebastián.

No es grato recordarlo pero conviene que no se olvide. Lo sacaron de un maletero. Le llevaron a un descampado con una capucha en la cabeza y las manos atadas a la espalda, y mientras un terrorista lo sujetaba, otro le disparaba apoyándole el cañón en el cráneo. No muy distinto a lo que hace el Estado Islámico, sólo que por una "Euskadi libre y socialista".

Es habitual hacer distinciones entre unos muertos y otros. En la reciente conmemoración del cuadragésimo aniversario de las elecciones constituyentes, los miembros de IU empotrados en Podemos se presentaron en el Congreso con las caras de Alberti y Pasionaria estampadas en las camisetas. La portavoz del grupo, Irene Montero, escogió para la ocasión los rostros de las víctimas de los sucesos de Vitoria.

Se hace difícil de comprender que la alcaldesa de Madrid se haya opuesto a colocar una pancarta dedicada a Miguel Ángel Blanco con el argumento de que así se evita "una situación de menosprecio de unas víctimas en relación a otras". Tiene a mano el ejemplo de sus propios camaradas. ¿O es que menospreció Alberto Garzón a Grimau al dejarlo fuera de su camiseta? ¿Desairó Montero a los asesinados en la matanza de Atocha por no incluirlos en la suya?

Es verdad que en ocasiones puede resultar mezquino establecer diferencias entre unos muertos y otros, como apunta, aunque es probable que por razones distintas, Manuela Carmena. A mí siempre me pareció ruin, por ejemplo, que un amplio sector de la sociedad española se escandalizara particularmente con lo que de forma errónea se denominaba "víctimas civiles" de ETA. Era una manera indirecta de justificar el asesinato de personas con uniforme; lo mismo que decirle a policías, militares o guardias civiles que el tiro en la nuca y el coche bomba entraban dentro de su sueldo.

Mañana mismo, por ejemplo, se cumplen 31 años del salvaje atentado de la plaza de la República Dominicana en el que murieron doce agentes que estudiaban en la escuela de Tráfico. Miguel Ángel Blanco tenía 28 años cuando lo asesinaron. De esos doce, ninguno pasaba de los 25. Lo cual no es contradictorio con proclamar que la muerte del concejal de Ermua es especial y extraordinaria por las circunstancias en que se produjo, por la crueldad de sus verdugos y por la reacción espontánea a que dio paso.

Que su sacrificio es singular lo demuestra también lo incómoda que hoy resulta su figura. Él le quitó la careta a quienes en nombre del pueblo se sienten y actúan por encima de la ley.

Blanco, ETA y el origen del 'Procés'
Pablo Planas Libertad Digital 13 Julio 2017

El 4 de enero de 2004 Josep Lluís Carod Rovira se reunió con Mikel Antza y Josu Ternera en algún lugar cercano a Perpiñán. Carod Rovira era vicepresidente de la Generalidad y acordó con los dos criminales de la banda terrorista ETA una tregua parcial para Cataluña. Los asesinos se comprometieron a no matar más en un territori gobernado por sus colegas en la idea a cambio del lavado político de sus asesinatos y la aplicación de su catecismo. Las nueces de Arzalluz habían caído en la Cataluña del Tripartit, cuyos gobernantes enviaron a los terroristas el nítido mensaje de que compartían los fines.

Dos terroristas con una ikurriña y una estelada anunciaban pocos días después de la cumbre una tregua restringida a Cataluña de la que quedaban excluidos sus objetivos ya marcados a fin de evitar que Barcelona se convirtiera en una especie de santuario de perseguidos, señalados, amenazados o piezas en potencia.

El escándalo le costó el cargo a Carod. Poca cosa. Pasó a diputado en Madrid y con el segundo tripartito de Montilla recuperó la vicepresidencia regional. Diez años después del encuentro se mostraba orgulloso de su iniciativa y recordaba detalles como el magnífico chuletón que le sirvieron los asesinos.

Hace unos días, con ocasión del trigésimo aniversario de la matanza de Hipercor, las autoridades catalanas se mostraron muy condolidas en el recuerdo de las víctimas. Lágrimas de cocodrilo. Ni una maquinaria propagandística tan bestia como la del nacionalismo puede tapar el asesinato de 22 personas de un bombazo. En cambio, ni Ortega Lara ni Miguel Ángel Blanco han merecido la más escueta nota a pie de página de los políticos catalanes, como si aquello hubiera pasado antes de la Guerra Civil y no ya en otro país, sino en la galaxia más lejana.

Aquellos días de julio de 1997 las calles de toda Cataluña se llenaron de ciudadanos que imploraban por la vida de Miguel Ángel Blanco y maldecían a los etarras, igual que en Salamanca, Madrid, Cádiz o Bilbao. Fingir que no ocurrió es peor que discutir la colocación de una pancarta con el rostro de Miguel Ángel Blanco en la fachada del Ayuntamiento de Madrid. Veinte años después de la liberación por la Guardia Civil de José Antonio Ortega Lara (532 días en un ataúd) y del secuestro y asesinato del concejal del PP en Ermua, la política en Cataluña no registra ni una sola mención a ambos casos.

Recuerdo cero, memoria borrada, modo referéndum.
Es uno de los efectos secundarios de aquella reunión de Carod con los matarifes que dio pie al proceso separatista catalán. El planteamiento del líder republicano no dejaba lugar a dudas. El catalanismo no sólo asumía de cabo a rabo el programa político de la banda criminal, sino que lo iba a poner en práctica sin escatimar en medios. Ese parásito sanguinario etarra en vías de extinción en el País Vasco tras el crimen de Miguel Ángel Blanco encontró acomodo entre los nacionalistas catalanes y germinó en el proceso separatista. De ahí que a un tipo como Otegui se le reciba en el Parlamento catalán como si fuera una celebridad de la democracia mientras que en el vasco se le tiene pánico.

Al menos esta vez las bombas son de humo y para camuflar el significativo detalle de que los proetarras son aliados de primera hora de Esquerra, padrinos de la CUP y guardaespaldas de lo que resta de Convergencia. Podemos se ha subido al carro después. El sector negocios del PNV ha optado, de momento, por exprimir al Gobierno, ya que paga el pueblo. ¿Miguel Ángel qué?

Derechos civiles y segregación en Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital 13 Julio 2017

"La unidad de España me la suda", acaba de largar el Gran Wyoming a propósito del peligro de ruptura territorial. Y sugirió que el problema de Cataluña está inventado por el PP como medio para cosechar más votos del resto de España.

No sé si es peor su sectarismo mental o su ignorancia de lo que ocurre en Cataluña. Me gustaría discutirlo a cara de perro en directo en uno de sus programas.

El problema no es la independencia hipotética de Cataluña, sino la segregación, la manipulación, la exclusión, el racismo cultural y el supremacismo del catalanismo político actual. Si hoy no nos han convertido definitivamente en extranjeros a más de la mitad de la población de Cataluña, es porque aún queda Estado, aún se conserva esa unidad de España que se la suda. Un señoritingo madrileño con más dinero que pesa y más peso mediático que el 99,99 % de los españoles debería saber que la unidad de España garantiza o debería garantizar el bien común de todos los españoles, vivan donde vivan, hablen la lengua que hablen, tengan limpieza de sangre catalanista o no.

Mañana jueves, 13 de julio de 2017, a las 18:30, ciudadanos de a pie han sido convocados por la Asamblea por una Escuela Bilingüe en Castelldefels para apoyar a 38 familias que han tenido el coraje de llevar a los tribunales el derecho de sus hijos a estudiar también en castellano. Porque para pedir un derecho humano tan elemental, recogido en nuestra Constitución, en Cataluña hay que tener mucho coraje. Y estar dispuesto a pagar las consecuencias.

Bajo el lema Razones para una escuela bilingüe, se quiere denunciar el acoso, el desprecio, la satanización, que grupos de nacionalistas organizados pretenden intimidarlos para que renuncien al derecho que los propios jueces les han concedido en varios autos (TSJC): el derecho a estudiar, al menos, el 25 % en español. ¡Qué cosas, el 25%! Y ni eso. Les están intentando escamotear ese ridículo porcentaje con trucos y malas artes.

Sr. Wyoming, es una cuestión de derechos civiles conculcados por la autoridad competente. El propio Ayuntamiento de Castelldefels, encabezado por la alcaldesa del PSC, María Miranda; el sindicato de enseñanza Ustec o la organización racista Som Escola; la dirección del centro Josep Guinovart, representada por su directora, Llüisa Alonso, y la jefe de estudios, Montserrat Grima; parte de los profesores y padres contrarios a que no se estudie ni una sola asignatura en español, más la ex responsable de Educación están hostigando a esos padres como antes lo hicieron con los padres de Balaguer o de Mataró hasta arruinarles la vida. Ver las imágenes de acoso de los amos de la masía en YouTube nos traslada amargamente a la lucha por los derechos civiles de los años cincuenta en EEUU. ¿Qué diferencia hay entre aquellas familias negras que deseaban llevar a sus hijos a estudiar a colegios exclusivos para blancos y nuestros hijos en la Cataluña de hoy que quieren estudiar también en castellano y sin embargo son escrachados hasta la náusea, mientras TV3 y el orden establecido los jalea? Ninguna, solo el racismo cultural de los nacionalistas, y la ceguera ideológica del Sr. Wyoming.

Cuando en EEUU se dictaron normas para acabar con la segregación racial en las escuelas, algunos estados del sur ni querían ni podían aplicarlas por la presión de los blancos contra su aplicación. Como aquí los nacionalcatalanistas contra los hispanohablantes hoy.

En 1957, cuando EEUU acabó con la segregación racial en las escuelas, en Arkansas fueron las tropas federales, es decir, el Estado, quienes tuvieron que escoltar a los niños y niñas negros hasta las escuelas para impedir que los blancos les impidieran entrar. Y hubieron de ser las tropas federales, es decir, lo que aquí hubiera sido la Guardia Civil, las que escoltaran a los niños y niñas negros para poder ejercer el derecho a entrar en la escuela contra el rechazo de los blancos. Una estampa que quedó esculpida para la historia a través de las enternecedoras fotos de Little Rock. En Cataluña ha pasado y pasa todos los días sin que nadie lo impida. Aún nos indigna el acoso y derribo a los padres de Balaguer y de Mataró por desear que sus hijos puedan estudiar en castellano. Las imágenes vergonzosamente segregacionistas están ahí y nadie defendió el derecho que les habían reconocido los tribunales. Aquí ganaron los blancos nacionalistas y perdieron los negros hispanohablantes segregados por su lengua.

PD. ¿Cómo ayudar? No nos queda otra que defenderles. Aquí la ley, y la Guardia Civil a las órdenes de un Gobierno ausente, se ha perdido en el mismo laberinto que el Gran Wyoming. Por eso me permito convocarles a la Biblioteca Ramón Fernández Jurado de Castelldefels a una charla de apoyo e información. dCIDE, además de asistir, ha dado su apoyo público, como lo ha hecho con la recogida de firmas para la ILP de la plataforma Hablamos Español, recientemente puesta en marcha para llevar al Congreso una ley de lenguas por la que ningún ciudadano español pueda ser discriminado por querer estudiar y expresarse en la lengua común de todos los españoles en ningún rincón de España.

El silencio de Otegi
MAITE PAGAZAURTUNDÚA El Mundo 13 Julio 2017

De Elgoibar a Ermua hay una distancia de 11 kilómetros aproximadamente. Un paseíto. De Eibar a Ermua, mucho menos. Hace 20 años, Carlos Totorica, alcalde de Ermua, hizo caminar a los ciudadanos que no podían resistir la rabia para no dejarse llevar por el impulso de contestar con la violencia a los intolerantes que eran conocidos y temidos en cada pueblo. También en Ermua, también en Elgoibar. Pero no fueron temidos durante aquellas horas en que la justa rabia podía al miedo. Cuenta el que sigue siendo alcalde en la localidad vizcaína que nunca les han perdonado el que fueran los primeros en rebelarse comunitariamente frente al miedo de ETA; aunque fuera de forma pacífica. Ermua fue un ejemplo que prendió como una yesca y eso les estigmatizó. Cuando llegó la calma, los vecinos sintieron el aliento de los proetarras en el cogote para que no siguieran por ese camino, para que se apagara la llama, para que eligieran pasar página y celebrar las fiestas, o lo que fuera, sin incomodar.

En 1997, los populares tenían siete concejales en el Ayuntamiento de Ermua. Hoy, tienen dos. Y los socialistas también han perdido peso político.

Arnaldo Otegi destaca habitualmente que es muy de su "patria chica", la localidad guipuzcoana de Elgoibar, ésa que queda tan cerca,a 11 kilómetros, del lugar donde vivía y donde fue secuestrado Miguel Angel Blanco, concejal del Partido Popular. En 1997, el PP tenía un concejal y ahora no tiene ninguno, por cierto. Los que pusieron la nuca, los escudos humanos de nuestra libertad languidecen políticamente en muchas localidades vascas y navarras y no es por casualidad. Son las secuelas de los largos tentáculos de la estrategia de persecución sufrida.

Elgoibar queda cerca de la playa donde Arnaldo Otegi pasó la tarde el día en que José Luis Geresta, Irantzu Gallastegi y García Gaztelu asesinaron al joven político vasco tras el chantaje de la organización terrorista al gobierno y a la sociedad española. Si la sociedad y los políticos democráticos se hubieran dividido sobre el chantaje, Otegi y sus amigos habrían abierto un nuevo espacio de juego político. Es, de hecho, lo que buscaba el secuestro y asesinato. Los pistoleros trabajaban en una estrategia para sus jefes políticos. Si la sociedad española se hubiera dividido, Otegi en lugar de ir a la playa a tomar el sol porque hacía muy buen tiempo, habría estado preparando cada maldad almibarada en la sede de su partido en San Sebastián o en Bilbao para hablar y enredar mucho.

Yo no sé si el concejal de HB Ibon Muñoa cumple o no condena todavía. Fue colaborador y cómplice para el secuestro y asesinato de su compañero de consistorio Miguel Ángel Blanco, pero pasó datos también del resto de concejales que les estorbaban. Ibon Muñoa facilitó la información de los nombres, domicilios, vehículos y horarios de Ramón Sánchez o Regina Otaola, entre otros, para facilitar los asesinatos como ha descrito estos días el gran periodista J. M Zuloaga en el diario La Razón. Ibon Muñoa era un agente voluntarioso que también dobló matrículas para ocultar las pistas de los coches que utilizaban los asesinos y los acogió en su casa todo el tiempo que necesitaron. Esto es parte de lo que se sabe y está probado judicialmente.

No es el único caso. Son muchos los concejales de Herri Batasuna que complementaban sus labores de alcaldes o concejales con las de colaboración con ETA. En algunos casos se incorporaban totalmente a la organización terrorista también como asesinos. Los líderes de aquel partido Herri Batasuna lo son del legalizado actual, EH Bildu. Arnaldo Otegi y el resto de dirigentes no dan la cara estos días, porque la impostura de las palabras que aparentan avances no colarían ante la imagen del mal absoluto representado en aquellos días que recordamos inevitablemente veinte años más tarde, porque han quedado en la retina de varias generaciones de personas y porque necesitamos contar a los más jóvenes la crueldad calculada con la que se golpeó y debilitó la libertad de conciencia en el País vasco y Navarra.

Escuchen el clamoroso silencio de los jefes de Herri Batasuna estos días. ¿Qué han dicho sobre el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco? El silencio de Arnaldo Otegi, el de Pernando Barrena, el de Rufi Etxeberria, el de Joseba Permach... son altamente significativos. Eran dirigentes políticos del entorno proetarra que nos perseguía entonces; y ahora, reconvertidos en jefes lobistas de los etarras presos, lo siguen siendo. No callan por despiste; es que estos días se notaría más la ambigüedad calculada con que eluden la gran cuestión de su responsabilidad sobre el pasado de persecución y asesinatos de los que éramos sus vecinos. Han mandado a un concejal para disimular en algún acto, pero no hay condena.

Los líderes de la actual formación lobista de ETA no se han jubilado de la política y es por ello que justo estos días son los que deberían haber sido catárticos para hablar por fin. Para afrontar con claridad ante todos los ciudadanos que ellos colaboraron activamente y diseñaron la estrategia de persecución hacia los que no pensábamos como ellos y nos atrevíamos a decirlo en voz alta. Una oportunidad histórica para afrontar con claridad que infiltraron el odio para tener cantera entre los niños y que no faltasen nuevos asesinos hasta hace pocas fechas. Una oportunidad histórica para la reparación política y para fundamentar el futuro de la democracia en la sociedad vasca sobre cimientos sólidos.

Deberían hablar con claridad de lo que acordaron hace más de 20 años en las sedes de su partido. Lo llamaron "estrategia de socialización del sufrimiento" para destrozar a los partidos constitucionalistas matando concejales, entre otros. El objetivo era someter y ablandar a los partidos constitucionales para que aceptasen sus palabras tramposas y sus marcos de debate como si fueran legítimas las imposiciones políticas para el fin del acoso.

Miguel Ángel Blanco no fue el único asesinado y muchos fueron los concejales que se vieron obligados a huir del País Vasco o a vivir fuera del País Vasco realizando cientos de kilómetros semanales para cumplir con sus obligaciones municipales. Hubo consistorios donde iban dimitiendo los concejales amenazados. Nada de esto pasaba por casualidad y Otegi, Pernando Barrena, Rufi Etxeberria o Joseba Permach nos deben algo más que una explicación. Y los jóvenes deben conocer esta realidad de terrorismo de nacionalistas vascos de clase media y alta en uno de los lugares más privilegiados de la Unión Europea.

Los dirigentes de la actual formación política han bloqueado la declaración institucional del Congreso de los Diputados sobre los días del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, sin grandes ruedas de prensa, con estocadas tramposas. También lo han hecho en algunas capitales relevantes del País Vasco. En realidad no han sido los únicos, pero esa es otra historia, para otro artículo.

Los lobistas de los presos de ETA no hablan porque no quieren condenar el pasado del que son responsables políticos. Y eso sí, la actividad política principal de su formación es preparar campañas de comunicación y marketing con los colores y sabores de la primavera, verano, otoño e invierno en favor de los terroristas de ETA.

Pernando Barrena, para evitar la cárcel, reconoció en 2016 su subordinación a ETA en el pasado. No se ha desdicho sin embargo del fondo de su estrategia para el posterrorismo. Señaló en 2007 que "los que hoy son considerados terroristas puede que mañana no lo sean. Depende de quien gane la batalla política". Hasier Arraiz, más recientemente, indicó: "No estamos dispuestos a rechazar y revisar nada de aquello. Reivindicamos lo que fuimos y lo que somos, lo que hemos hecho y lo que hacemos, como no puede ser de otra manera". Y añadió: "Lo que hay que combatir es que tengamos que reconocer que nuestra trayectoria ha sido una enorme equivocación, que ellos tenían razón y que nos integramos en el juego democrático que rechazamos hace 35 años".

Éste es el secreto veneno que sigue intoxicando la política vasca. Desenmascararlo sin edulcorar y dárselo a conocer a los jóvenes es un deber que no debería caducar. En cada rueda de prensa, en cada entrevista, tras cada intervención en las cortes deberían repetirse estas frases que justifican a todos los Muñoas, a todos los asesinos. En lugar de eso, hay mucho mimo y mucha palmadita en la espalda a las imposturas. Y, sobre todo, por favor, mientras lo anterior no cambie: no nos vengan con que todos hemos sufrido mucho, escondiendo que las víctimas de ETA tienen un sentido político, para no incomodar a los nacionalistas vascos en su conjunto.

Regatear una pancarta
Juan Pablo Polvorinos Libertad Digital 13 Julio 2017

Que nadie se llame a engaño. Podemos le ha regateado una pancarta honorífica a Miguel Ángel Blanco por haber tenido un carné de militante del PP. No es casualidad que sea el mismo motivo que encontró la banda terrorista ETA para asesinarlo. El joven edil de Ermua era el objetivo más fácil y accesible para vengarse de un Gobierno del Partido Popular que una semana antes había liberado al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, tras 532 días de cautiverio.

Frente al tradicional discurso retraído de la derecha y de la izquierda socialdemócrata, en el partido de Pablo Iglesias salen cada día a proclamar –sin el menor complejo– un argumentario de cara y cruz, una narrativa altanera con la que suelen defender una cosa y la contraria al mismo tiempo. Y eso es lo que han hecho esta semana. Inocular en la sociedad el artificial debate de las víctimas del terrorismo de primera y de segunda. Carmena ha defendido con insistencia que "no se puede poner una pancarta a Miguel Ángel Blanco porque eso es distinguir a una víctima de otras". Si fuera cierto que eso supusiera un dilema moral para la alcaldesa, la solución sería tremendamente sencilla, porque nada ni nadie impediría a la regidora colocar un cartel cada día del año que coincida con el aniversario de un asesinado a manos de ETA. Seguro que así ninguna víctima se sentiría excluida o ninguneada.

Si es verdad que lo que quieren en el Ayuntamiento de Madrid es recordar por igual a todas las víctimas de ETA, que se pongan en marcha y que nos cuenten todos los actos gracias a los cuales van a mantener siempre viva la memoria de las víctimas del terrorismo. Ya nos podemos sentar a esperar, porque no habrá para Miguel Ángel Blanco ni calles, ni placas, ni monumentos o concentraciones ni camisetas, más que nada porque jamás han mostrado el más mínimo interés.

Quizás todo hubiese sido distinto si, en vez de del PP, el edil asesinado hubiera sido un militante de las juventudes comunistas. No hay más que ver cómo han defendido a Andrés Bódalo, el delincuente que agredía embarazadas y cumple condena en prisión por darle una paliza a un concejal del PSOE. O cómo se deshacen con Alfon –que llevaba explosivos a manifestaciones–, con los agresores de Alsasua o con el exlíder de Batasuna Arnaldo Otegi cada vez que va al Parlamento Europeo a soltar sus peroratas por el derecho de autodeterminación.

Si Miguel Ángel Blanco hubiera sido como ellos, quizás habría encontrado un hueco en la fachada del Ayuntamiento de la capital de España sin pero alguno. Pero se trataba de un joven del PP. No era revolucionario ni antisistema con lo que basta lamentar la suerte que corrió el chaval y reconocer que todas las víctimas merecen un recuerdo. Eso sí, sin excesos, no vaya a parecer que se está al lado del partido del sufrimiento.

Los groupies de Txapote vs. España
Cristina Seguí 13 Julio 2017

Miguel Ángel Blanco y José Antonio Ortega Lara lo han vuelto a hacer 20 años después. Han vuelto a trazar una línea en el suelo obligando a algunos a cruzarla para situarse en el lado de los miserables. A ese lado cruzó Alberto Garzón, quien hace dos días aplaudía a la izquierda abertzale al reconocer que ésta “había hecho un enorme esfuerzo para llegar hasta este momento” desde la televisión pública pagada con nuestros impuestos. A él también cruzaron Iglesias, El Kichi y el resto de los líderes de Podemos, groupies de los batasunos demasiado cobardes para ser Txapote y demasiado gordos para salir corriendo. También Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, bedel profesional de la excarcelación de GRAPOS y etarras. Capaz de sentir compasión por terroristas e incapaz de sentirla por el primer chaval al que la banda administró la muerte por goteo.

Finalmente Carmena homenajeó a Miguel Ángel Blanco, no por humanidad ni por el mínimo ablandamiento provocado por su ancianidad, sino por la presión de una sociedad que, aunque 20 años después, dista mucho de albergar el Espíritu de Ermua. Quizá se ha cansado de esa imposibilidad de sentirse orgullosa de sí misma. Quizá harta de un PSOE incapaz de votar por la memoria de compañeros asesinados en Lasarte para no ofender a etarras burocratizados y porque, desde hace mucho tiempo, trabaja para instaurar la idea de que la superación de ETA pasa por hacernos olvidar nuestro pasado. El PSE, PNV, Bildu y Podemos odian a Ortega Lara y a Miguel Ángel Blanco porque formaba parte de aquel PP de Aznar y de aquel Estado que se mantuvo firme contra el terror frente a la certeza de la bala.

De todos estos que durante la pasada semana negaron homenaje a Miguel Ángel Blanco, o llaman carcelero a Ortega Lara, no logro pensar en uno solo capaz de sobrevivir 72 horas al miedo, al antojo asesino de Bolinaga. El que bajaba en aquel ascensor hidráulico junto a la comida justa para mantener el hilo de vida mínima durante aquellos 532 días de secuestro. Ninguno de ellos hubiera sobrevivido a la ausencia de un hijo recién nacido ni a la enfermedad provocada por la humedad que producía la proximidad del Deba. Y tan inapelable fue la victoria de la vida de José Antonio que se la libró hasta a Dios, a quien llegó a rogar que aquel malnacido emérito se la apagara.

Hasta que por fin un día le vimos salir del agujero con aquel chándal rojo. Aclimatándose a la vida que aquel guardia civil de la 513 Comandancia del cuartel de Intxaurrondo le había devuelto. Recuerdo cómo se tambaleaba por culpa de la vista atrofiada y el enorme peso de la responsabilidad descargado sobre sus hombros tras haberse convertido en el héroe de tantos sin habérnoslo pedido. Años después, quizá demasiados, a Bolinaga lo devoró un cáncer provocado por el hacinamiento del odio y de la rabia batasuna por vivir en una España sin independencia ni dictadura comunista. Sin aquella basura grafiteada de la “Independentzia eta sozialismoa”. En una España en la que Ortega Lara es un héroe contemporáneo y Bolinaga un carcelero que arde en el infierno. Dentro de 20 años volveremos a colgar nuestro homenaje a Miguel Ángel Blanco en todos los ayuntamientos mientras Jesús Zaballos, alcade de Lasarte, compartirá olvido y mausoleo junto a Jose Uribetxeberria Bolinaga.

Para entender la complicidad de Rajoy con la ETA
Pío Moa. Gaceta.es  13 Julio 2017

Este sábado, en “Una hora con la Historia” trataremos la cuestión fundamental sobre la ETA: cómo pasó de ser uno de tantos grupúsculos partidarios verbosos de la lucha armada a una verdadera potencia política que ha influido profundamente en la política española desde la transición.

La sesión anterior trató sobre el “desastre del 98 y sus consecuencias”. España no quería la guerra, pero Usa sí, y la impuso. Sospechosamente, el gobierno Sagasta encargó la dirección de la flota española a dos almirantes derrotistas que de hecho actuaron a favor del enemigo. Las consecuencias económicas de la derrota no fueron graves para España, pero las consecuencias morales y políticas sí: los separatismos, el pistolerismo anarquista y la demagogia socialista cobraron un auge que con unas formas u otras continúa hasta hoy. El golpe moral se manifiesta sobre todo en un “regeneracionismo” absurdo, que daba armas ideológicas a todos los enemigos de España. Para Filipinas, su “liberación” se transformó en una guerra genocida por parte de Usa.

La guerra del 98 fue el punto final a una etapa histórica empezada gloriosamente para España cuatro siglos justos antes, con el descubrimiento de América. Fue también el remate de un siglo XIX a su vez desastroso. En un sentido más general, fue asimismo el comienzo de las guerras coloniales que habían de perder los imperios europeos, sobre todo desde 1945… https://www.youtube.com/watch?v=HGUZBjunSUI&t=31s

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En mayo-junio de 2008, estando el PP todavía en la oposición, escribí en LD estos dos artículos, uno bajo el título “Para entender a Rajoy” y otro con la pregunta “¿No es Rajoy proetarra?”. Digamos que la raíz de toda esta situación en que los cuatro partidos son esencialmente uno solo, porque ideológicamente siguen las mismas doctrina y actitudes, es la renuncia a la batalla cultural y la aceptación casi generalizada de la falsificación histórica, ya desde Suárez. Ello ha venido convirtiendo la política española en la farsa permanente dentro de una democracia fallida

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Tal como mucha gente se empeña en no entender las fuertes y evidentes bases ideológicas de la colaboración del Gobierno (o del PNV) con los asesinos etarras, otras muchas personas se obstinan en cerrar los ojos ante la carrera de Rajoy, cuya lógica no acaban de percibir. Sería muy largo repasar las muchas ocasiones en que Rajoy se ha retratado, y alguien debería estudiar con detenimiento su trayectoria en estos cuatro años. Recordaré solo algunos casos clave.

Aznar nombró a Rajoy pensando en unas elecciones prácticamente ganadas, tras las cuales se mantendría la estabilidad institucional, el pacto antiterrorista, etc. Pero Rajoy hizo dos cosas: echar a perder en pocas semanas la gran ventaja de partida sobre Zapatero heredada de Aznar, que rebajó hasta un dudoso punto y medio de ventaja en vísperas del 11-M (pudo haber perdido o quedado sin Gobierno, incluso sin la matanza); y traicionar el legado de Aznar, que prácticamente no mencionaba (como tampoco el pasado del PSOE), para, a base de promesas vacías de corte económico, presentarse como “algo nuevo”. Su oportunismo y falta de principios se manifestó también en su negativa al debate con su contrincante, calculando que clarificar las respectivas posturas ante los ciudadanos solo beneficiaría a quien por entonces parecía perdedor. Con todo ello ya dio su talla, su perfil no bajo, sino ínfimo, aunque por entonces muchos lo creímos producto de una corregible ingenuidad del principiante (si bien llevaba muchos años en la política), o de los célebres complejos derechistas, también corregibles en principio.

Algo después dejó en claro su estilo marrullero ante la Constitución europea de Giscard, permanente (y corrupto) enemigo de España. Aquella Constitución dibujaba un eje reforzado París-Berlín a expensas de los demás socios y particularmente de España, que perdía la posición alcanzada por Aznar en Niza. Por supuesto, el antiespañol Gobierno apoyó a Giscard, y Rajoy tuvo una excelente oportunidad de defender el interés de su país. Pero no lo hizo. En medio de pequeñas protestas que causaban la hilaridad del PSOE, Rajoy apoyó a Giscard y al Gobierno, contribuyendo a la infame campaña totalitaria, diseñada para mentes infantilizadas. Rajoy obró así, y no por torpeza ni complejos, sino por la misma ausencia de honradez y de principios políticos ya demostrada en su campaña electoral. Tuvo el merecido castigo cuando casi un 60% de los ciudadanos se abstuvo, castigo remachado por el fracaso del engendro en otros países europeos. Sus patéticos, pero sobre todo nuevamente deshonestos, intentos de hacer recaer sobre Zapatero las consecuencias del “error” compartido solo ponían más de relieve su indignidad. Rajoy simplemente imitaba la desvergüenza de su antagonista, pero, ahora sí, con mayor torpeza.

La experiencia pudo servir, pero no sirvió de lección al estadista, que se encontró con la abierta complicidad del Gobierno con la ETA y los partidos antiespañoles de algunas regiones, con la inversión del pacto antiterrorista, plasmado en el anticonstitucional estatuto catalán. ¿Qué hizo este hombre de principios ante tales actos? Tratar de engañar a la opinión pública ofreciéndose servilmente a Zapatero para ayudarle “cuando los demás le hubieran abandonado” y otras declaraciones de una abyección difícilmente superable, un auténtico fraude a la ciudadanía. El referéndum sobre el estatuto catalán fue un fracaso político para sus promotores, al ser aprobado por menos de la mitad del censo. Nuevamente tuvo Rajoy la oportunidad de defender unos principios claros, y nuevamente hizo lo contrario: tras molestar a la gente con la recogida de cuatro millones de firmas, las olvidó y entró en la carrera disgregadora de la unidad nacional, con una ampliación balcanizante de los estatutos de Valencia, Baleares o Andalucía, no planteada ni querida por la mayoría de la sociedad.

Ha sido toda una carrera de claudicaciones y engaños, trufada de algunos repentes sin plan ni consecuencia, como sus rupturas con Prisa y con el Gobierno, para mendigar al poco la atención de ambos. Por terminar de algún modo, el político acabó de mostrar sus principios –su radical carencia de ellos– con sus declaraciones sobre la economía como “el todo”, con la nena angloparlante que porta, el hombre, “en la cabeza y el corazón”, y con la constante afirmación de sus “ganas de ser presidente”. El discurso de un estadista. Estadista al nivel de Zapo; tal para cual, en verdad.

Muchos erramos al principio, como dije, pensando en un político torpe o acomplejado que rectificaría. De ningún modo. Si ha seguido al Gobierno socialista, con algunos matices, ha sido porque tiene con él cierta identificación de fondo, tal como el Gobierno la tiene con la ETA. Considera, por ejemplo, que la transformación ilegal del país en una confederación sumamente laxa y balcanizante es un proceso inevitable, al que no cabe hacer oposición; que la crítica a otras muchas disposiciones del Gobierno resulta, como piensa Gallardón, “poco moderna” y le identifica demasiado con las posturas de la Iglesia. Si nunca defendió con algún empeño a la AVT, a la COPE o a Jiménez Losantos frente a las asechanzas de los “rojos” no se debe simplemente a flojera, es que no se siente identificado con ellos. Y dentro del PP se está manifestando como hombre resuelto, con ganas de poder, está dando un auténtico golpe de partido, transformándolo al modo como Zapo transformó el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. No hablo de la honradez personal de Rajoy, que aquí no viene al caso, sino de su falta de honradez política, de su oportunismo y su decisión bien demostrada de explotar la credulidad de sus votantes, de engañarlos.

En las filas de la derecha crece el descontento, pero de momento nadie osa cuestionar la jefatura rajoyana. Un descontento sin programa, plan de acción ni liderazgo sirve de poco, y quizá termine por hacer reventar al PP como ocurrió con la UCD. Los disidentes tienen ahora su gran ocasión, que pasa por entender y desmitificar al transformador del partido. Si la desaprovechan habrán demostrado una talla no mayor que la de la actual dirección partidista. Y una responsabilidad no menor.

¿No es Rajoy proetarra?
Mi comentario de ayer sobre el Rajoy pro etarra ha suscitado críticas un tanto indignadas, a derecha e izquierda, etc., acusándome de mentir, insultar o delirar. Veamos.
Un análisis político no debe partir de las palabras, sino de los hechos, o, mejor, de la relación entre unas y otros. Cuando los hechos no corresponden a las palabras o estas se contradicen demasiado, o los cambios de orientación se explican mediante buenas intenciones vacías, sabemos que estamos ante demagogos, los cuales, como también sabemos desde Aristóteles, constituyen el mayor peligro de las democracias.

Zapo nunca dirá: “vamos a entrar en chanchullos con los asesinos a costa de la unidad de España y del estado de derecho”. Dirá más bien: “vamos a dialogar con todos sin excepción”, lo que en la práctica significa lo mismo, pero engaña a mucha más gente. No dirá: “lo que nos interesa realmente es ese “diálogo” con los asesinos y extorsionadores; con los contrarios y las víctimas directas, nada de diálogo, los silenciaremos y marginaremos”. Dirá, en cambio: “Algunos extremistas de derecha rechazan el diálogo, quieren la continuidad de la violencia, no hacen más que crispar”. Y tratará de acosar a los críticos en los medios, judicialmente o de otros modos. Y así sucesivamente.

Rajoy acaba de emplear los dos términos reveladores: “diálogo” y ”con todos sin excepción”. La primera palabra ha dado buen resultado a Zapo porque la seudo oposición de nuestro futurista ha sido incapaz de explicar algo tan simple como esto: el diálogo con los terroristas implica la negación del diálogo con las víctimas y la aceptación y premio al crimen como forma de hacer política. Esa negociación, ese “diálogo” solo puede hacerse, y se hace, a costa de la Constitución y del estado de derecho, y de la unidad de España. Rajoy, en lugar de explicarlo, trataba a Zapo de ingenuo y se ofrecía a ayudarle “cuando todos le abandonasen”. Simple exhibición de majadería, oficiosidad y servilismo, si no fuera acompañada del abandono, en la práctica, de la AVT o de quienes realmente criticaban la política de Zapo, a los cuales nunca defendió Rajoy con un mínimo de sinceridad y empeño.

Pero ha habido cosas más graves. Desde siempre, la ETA ha buscado la disgregación de España, y su designio se ha visto favorecido por unos políticos banales y a menudo venales (cuando no compartían gran parte de la ideología etarra, como sucede con Zapo). La clave del “diálogo” con la ETA ha sido el desmantelamiento de la Constitución mediante los estatutos balcanizantes, con el catalán como modelo, que reducen el estado español a “residual”, dejando un ligero barniz unitario que permita a Zapo seguir en el poder (otra cosa es que los etarras quieran eliminar incluso ese barniz, pero eso ya son disputas peculiares entre los del tiro en la nuca y los “gorrinos”). Pues bien, Rajoy, tras denunciar el estatuto catalán, entró en la carrera de las reformas balcanizantes desencadenadas por el “diálogo”, no exigidas por la sociedad y sí por camarillas de politicastros regionales. Así, el Futurista se ha sumado a la política de Zapo para complacer a los separatistas y a la ETA (su casi nula resistencia a las maniobras socialistas en el Tribunal Constitucional va en la misma dirección). Rajoy, por tanto, sigue EN LOS HECHOS, como el gobierno, una política pro etarra, y no vamos a cerrar los ojos a los hechos para abrir enormes orejas de asno a la verborrea demagógica con que se orquesta la delictiva operación.

¿Por qué obra así Rajoy? Al revés que Zapo, él no concuerda con la ETA en casi nada. Pero ansía el poder, se siente “en forma” y “con ganas” de presidir el país para llevarlo al futuro de la nena angloparlante; y le han convencido de que solo puede alcanzar tan nobles objetivos imitando la demagogia de Zapo, aceptando el diseño balcanizante del actual gobierno e integrándose en él, entrando en la competición para complacer a los secesionistas. Por el poder ha renunciado a la honradez, y quedará sin poder y deshonrado. Y de paso, posiblemente destruya su partido.
Mi comentario de ayer ha provocado críticas, con rasgado de vestiduras y tono injurioso, entre los mismos que solían tratar a Rajoy de ultraderechista: ¡Qué ternura repentina por el líder del PP, qué interés por salvar su honor, mancillado al parecer por mis palabras! ¿Cómo explicarlo? Pues porque ya casi sienten al futurista como uno de los suyos, y defendiéndole, se defienden. Navegan en el mismo barco. El barco de los farsantes.

La memoria de las víctimas de ETA exige unidad
EDITORIAL El Mundo 13 Julio 2017

Los actos de homenaje a Miguel Ángel Blanco, coincidiendo ayer con el 20º aniversario de su asesinato, estuvieron teñidos por la falta de unidad política alrededor de una figura que simboliza la lucha de la sociedad española por la democracia y la libertad. Resulta lamentable que, dos décadas después de un crimen que conmocionó a todo el país, el espíritu de Ermua se haya diluido parcialmente por el sectarismo de parte de la izquierda, lo que indica que aún queda mucho camino por recorrer a la hora de establecer un relato sobre el pasado execrable de ETA exento de equidistancias.

La alcaldesa de Madrid, que fue abucheada en el acto del PP de Madrid, finalmente convocó un homenaje delante del Palacio de Cibeles. Su rectificación es plausible pero se quedó a medias porque, de forma inexplicable, Carmena se negó a colgar un cartel alusivo al edil asesinado en la fachada del Ayuntamiento e incluso llegó a abroncar a Mari Mar Blanco, tal como captó Onda Cero. El acto organizado en Ermua sí aglutinó a todas las fuerzas, aunque las víctimas -con razón- se indignaron por la presencia de un diputado de Bildu, partido que sigue sin condenar el terrorismo. Y en Lasarte, municipio en el que fue hallado el cadáver del edil del PP, la izquierda abertzale bloqueó una moción de los populares para evocar a Miguel Ángel Blanco, gracias a la impresentable abstención del PNV, PSE y Podemos.

Que los herederos políticos de ETA desdeñen el símbolo que representa Miguel Ángel Blanco en la derrota social de la banda no es extraño. Lo que resulta sorprendente e inaceptable es que parte de la clase política se sume, por oportunismo político, a la vileza de incurrir en calculadas ambigüedades en un asunto como la memoria del terrorismo, en la que no caben ni las luchas partidistas.

La quiebra económica de EH Bildu
David R. latribunadelpaisvasco 13 Julio 2017

El otro día publiqué un artículo sobre la celebración del reciente congreso refundador que ha celebrado la coalición EH-Bildu. Y comenté algunos aspectos acerca de lo que ha supuesto y va a suponer para esta estructura política. Hablé de una evolución inevitable, real y actual. Pero no entré en el análisis de una cuestión incómoda de la que nadie quiere oír hablar, y que ocultan. Me refiero a la cuestión financiera.

Ciertamente hay un antes y un después en la “izquierda abertzale” y en su plasmación como EH-Bildu. El punto de inflexión viene determinado por la defunción de ETA, y ese antes y después también lo es para sus finanzas, que como en cualquier organización se pueden sintetizar en un balance que tiene un capítulo de ingresos y otro de gastos.

Los ingresos de la superestructura autodefinida domo MLNV estaban controlados por ETA, que no solo era la principal recaudadora vía extorsión, que ellos llamaban “impuesto revolucionario” o “cobro de un porcentaje determinado de las plusvalías generadas por el capital”, secuestro e ingresos monetarios poniendo precio a la vida de la persona, previo "arresto" del contribuyente díscolo; tráfico ilegal de mercancías varias, porque la causa lo justifica todo y disponían de la suficiente infraestructura en las mugas (frontera con Francia), cabe recordar que en la estructura de ETA existía un llamado "aparato de mugas" dedicado y especializado en esta cuestión; y también de aportaciones voluntarias de acólitos y de cobardes.

Esas formas de recaudación ya no existen.

ETA distribuía el principal del capital recaudado en función de sus propias necesidades, de los gastos previstos que generaban sus proyectos, y cuando era necesario, soportando, saneando o ayudando a las diferentes organizaciones que componían el MLNV, o incluso afrontando gastos tan importantes como fue la compra de una nueva rotativa en Suiza para el extinto y siempre deficitario periódico "Egin" (consta en sumario que así ocurrió).

Los gastos estaban evidentemente controlados, y aunque las anotaciones de las cantidades y los movimientos de las mismas se llevaban a cabo en apuntes manuscritos, respondían a un desordenado-orden y a un criterio de prioridades que ETA determinaba. Las cantidades que se recaudaban en la red de Herriko Tabernas (bares de la autodenominada izquierda abertzale) en apoyo de la propia ETA, de algunas organizaciones sectoriales y del colectivo de presos y sus familiares, eran minúsculas ¿Recuerdan las huchas que había en las barras de las Herrikos? ¿Y su merchandising? Visite una Herriko Taberna hoy y compare, esa vía de recaudación también ha desaparecido.

Ahora, el principal de los ingresos se ha reducido drásticamente a la par que la titularidad de los mismos ha cambiado porque ETA ya no existe.
Las necesidades financieras de EH-Bildu (básicamente Sortu) pasan por el sostenimiento de unos costos fijos que implican infraestructuras logísticas, los de personal, los de publicidad y los que supondrán afrontar los nuevos retos electorales.

Teniendo en cuenta que Eusko Alkartasuna, Aralar y Alternatiba están en quiebra técnica y que ni ellos ni Sortu disponen de patrimonio suficiente a efectos de aval (los “batzokis” -locales- que reclama Eusko Alkartasuna siguen sumidos en eterno litigio con el PNV), ésta ocurriendo que su capacidad de solicitar crédito es mínima, y por lo tanto su situación económica se puede calificar de crítica; el agujero financiero ya se está produciendo y es incremental.

Nadie habla de estas cuestiones, pero la realidad es que un partido político sin los recursos financieros suficientes no puede sobrevivir, y su margen de operatividad se reduce progresivamente y de manera geométrica. Hemos vivido un ejemplo muy reciente con la desaparecida Izquierda Unida, aunque del asunto se habló muy poco, y se intentó ocultar, los que seguimos a las evoluciones de los partidos políticos sabíamos que la situación era de quiebra técnica e inviabilidad del proyecto.

EH-Bildu ya depende, en términos financieros, de sus resultados electorales y de las subvenciones que los sistemas electorales les proporcionen. Aguantarán años, pero van a desaparecer por falta de liquidez intentando sostener un proyecto político utópico, indefinido y anacrónico. Tremendo final a una historia terrorífica.


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