AGLI Recortes de Prensa   Viernes 14 Julio 2017

La descomposición de la política
José Luis González Quirós www.vozpopuli.com 14 Julio 2017

La política, como ha recordado recientemente Javier Fernández en un hermoso discurso, conduce frecuentemente a la decepción, pero, habitualmente, ese balance, casi unánime en el plano individual, puede compensarse con otra case de logros en el plano colectivo, en especial cuando la política sirve, como debiera, como cauce de una convivencia civil soportable. Por ese carácter defectivo, la política está siempre en el alero, al albur de la insatisfacción de aquellos que le demandan el logro del Paraíso. Siempre existirán los insatisfechos, son un mal necesario, pero el problema aparece cuando la insatisfacción vive de equívocos, de falsas esperanzas: la experiencia demuestra de manera insistente que no existe un método eficaz contra las demandas absurdas, pero el problema es que vivimos en un momento en que la distinción entre lo que es razonable y lo que es delirante se está viendo seriamente comprometida al socaire de una convicción demasiado extendida sobre que nada es ya lo que era.

En cualquier caso, el mundo entero vive uno de esos momentos en el que es raro que se pueda hacer elogio alguno de las políticas en curso, especialmente porque da la sensación de que la política ha perdido su sentido, se está viendo desbordada de muchas maneras y desde diversos frentes, y eso es algo que no comprendemos demasiado bien si simplemente lo consideramos como populismo. Al comienzo de su Lógica, Hegel llama la atención sobre lo extraño que resulta que un pueblo se haga insensible a lo que han sido sus hábitos o sus creencias, pero ahora nos encontramos con un mundo en el que la política misma parece haber perdido su espacio propio, en que resulta muy difícil distinguir lo meramente fongido de lo que en verdad procede.

El tamaño y la escasez
La política ha estado siempre definida por un doble anclaje, el del espacio y el de la escasez, pero ahora creemos vivir en un mundo sin fronteras y en la sociedad de la abundancia, un raudal de bienes que existe o se exige, aunque pertenezca aún al reino de la quimera. Los políticos viven de prometer, y por eso se acaban condenando al fracaso. Ante muchos problemas, los Estados se han quedado chicos, y resultan ridículos, por ejemplo, los gestos de Macron en los salones de Versalles que no puede ser ya otra cosa que un parque temático. A muchos efectos los Estados son poco más que ayuntamientos, que entidades locales, pero sus líderes tardan en asumirlo.

Inglaterra, por poner otro ejemplo, se ha metido en un berenjenal con el Brexit, un proceso inspirado en una leyenda, y trata de aliviarlo organizando una película con nuestros Reyes, como si Inglaterra y España estuviesen todavía en el siglo XVIII, pero el couché tendrá que rendirse ante la dura realidad de las cuentas pendientes con Europa.

Como la escasez ha disminuido y vivimos en la abundancia, el deseo sin restricciones se ha convertido en la única norma válida para las muchedumbres. Pero esa misma demanda continuada y creciente crea su propia escasez, genera su descontento, un clima moral en el que todos acaban por exigir el final de cualquier clase de males, cuando en nombre de la libertad, muy paradójicamente, se trata de imponer la norma de la que nadie podrá abstenerse.

Cuando el papa Francisco, por ejemplo, pide la apertura incondicional de Europa a los menesterosos se ha convertido en una criatura más que cree en los milagros, pero no en los de la fe sino en los de cierta política imaginaria, como muy crudamente le ha reprochado el expresidente del Senado Marcello Pera en Italia, lo que no sería sino otra manera de negar la política por lo que siempre se le ha contrapuesto, la pureza e integridad del ideal, lo que olvida de forma negligente que la política no es mera palabra, sino acción, iniciativa posible, pacto, convivencia frente a guerra abierta, arreglo con quienes se nos oponen y cuya libertad les llevará a poder hacer cosas que no nos gusten.

El fin de la historia
Hace sólo 25 años cuando Fukuyama escribió El fin de la Historia, afirmaba que la disolución del bloque comunista iba a suponer el triunfo definitivo de la democracia liberal, el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, porque la economía lograría satisfacer nuestras demandas de reconocimiento sin necesidad de batallas. Se le escapaban, me parece, algunos detalles de interés y, en todo caso, el mundo no parece haber apostado por adaptarse a sus predicciones. Las democracias mismas aparecen desorientadas, incapaces de sobreponerse a convulsiones internas, a demandas sin seso, prisioneras de muchedumbres desconcertadas y descontentas, capaces de aplicar soluciones que empeorarían infinitamente los problemas, pero que tienen la virtud aparente de satisfacer unas exigencias supuestamente irrenunciables, de identidad, de género, de igualdad y de diversidad, sin reparar para nada en que puedan resultar directamente contrarias.

La economía, por su parte, tampoco la ha hecho demasiado bien, entre otras cosas porque no se puede librar de las cadenas políticas, así que en lugar de más libertad y prosperidad parece que hayamos de vivir en un panorama de ruina moral y deslegitimación, ese diagnóstico que acaba haciendo posibles los esperpentos políticos que tanto abundan. Como ya lo vio Tocqueville, la pasión por la igualdad acaba ahogando las libertades y haciendo imposible, es decir, extremadamente difícil, la política misma, porque la perversión del deseo conduce a la pasión de impedir y de obligar.

El panorama español
Si esa es la situación en el mundo, desde Inglaterra y Francia hasta los EE. UU., el caso español presenta algunas dificultades adicionales debido al empeño en la mezquindad en que gustan afincarse las diversas fuerzas políticas, enteramente ayunas de cualquier plan que no sea la extensión de sus poderes a costa de lo que fuere. Lo que llamamos nuestra política suele reducirse a una repetición ad nauseam de las mismas consignas, de los mismos estímulos, lo que no impide que algunos se atrevan a hablar de nueva política, una expresión ya más que centenaria, por cierto.

La gran obra de Rajoy ha consistido en lograr una división de la izquierda más profunda que la que venía siendo habitual, ayudado por televisiones amigas, algo más que amigas en realidad. Esa acción ha permitido ocupar el espacio social de la izquierda del sistema y convertir esa ocupación, hasta la fecha, en la garantía de su victoria, por relativa que haya sido. Adaptado como nadie a las no decisiones, Rajoy ha conseguido paralizar cualquier idea que hubiera podido existir en el universo liberal o en el mundo conservador, y las ha sustituido con maña por consignas sociales, normalmente vacías, aunque muy caras, pero eficaces para obligar al adversario a un debate sin término sobre su identidad. Los electores de la derecha pueden ver a quienes gobiernan el PP como a un grupo de estafadores que se hubiesen quedado con su empresa familiar, pero apenas pueden hacer algo por evitarlo, y de ahí la esterilidad de algunos intentos, porque el lugar de la política se ha sustituido hábilmente por el temor a lo peor. Por eso una legislatura como esta en la que nada pueda hacerse empieza a aparecer como un ideal para los rajoyanos: creen que les seguirá bastando cualquier homenaje a Miguel Ángel Blanco para que los suyos se olviden de que soltaron a Bolinaga y a unos cuantos violadores con inaudita celeridad. Seguramente les baste, porque amplios sectores de la derecha siguen creyendo excelente el consejo de Franco, “no es conveniente meterse en política”. Es la versión española de un cierto vacío universal, el que se produce cuando la política, mejor o peor, deja de ocupar su espacio.

Otra farsa más de Podemos
OKDIARIO 14 Julio 2017

La espantada del antisemita Guillermo Zapata destapa otra gran farsa en Podemos: la donación de una parte del sueldo por parte de sus representantes públicos. Pablo Iglesias siempre ha alardeado de que sus cargos electos en ayuntamientos, autonomías y Parlamento sólo cobran tres veces el salario mínimo interprofesional. Una manera, decía, de ser como “la gente” y ahorrarle ese dinero a todos los españoles. No obstante, ambas premisas son falsas. En primer lugar, porque todos reciben la cantidad estipulada para cada cargo. En segundo lugar, si el partido de Iglesias quisiera ahorrar de verdad ese dinero al erario público lo que tendría que hacer es donarlo al Estado. Lejos de eso, obliga a sus cargos a pasar por caja y dejarlo dentro del partido para financiar los proyectos propios de los populistas. Algo que está abriendo una grieta interna. La —supuesta— solidaridad siempre es más fácil con el dinero de otros. La renuncia de Zapata sólo refleja la punta del iceberg.

Siete de los 13 concejales de la marca blanca de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid no cumplen su compromiso de entregar parte de su salario al partido. Así que ni “supuesta solidaridad” —falsa— ni tampoco palabra para cumplir con el compromiso interno, ya que la revuelta de los salarios comienza a convertirse en rebelión contra Iglesias, Montero y el resto de la cúpula podemita. Estos representantes de la nueva política son como los de toda la vida: cuando le tocan el bolsillo, la ideología salta por la ventana. Y es que a los “modestos” podemitas no les gusta quedarse en una cantidad que para muchos ciudadanos, a pesar de la recuperación económica, sería un tesoro: más de 1.900 euros en 14 pagas. Cantidad en la que se queda el salario después de esas presuntas –y falsas— donaciones. Otra mentira más que no se sostiene más allá de la teoría. Otra iniciativa con la consistencia del cartón piedra. Podemos puro, en definitiva. Ese partido al que el PP ha desnudado económicamente este jueves en el Senado a través de los casos de corrupción desvelados por OKDIARIO.

Totorika y el 'espíritu de Ermua'
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 14 Julio 2017

El vigésimo aniversario del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco ha provocado, como todo lo importante en España, un debate mediocre y cerrado. La alcaldesa de Madrid se ha opuesto a que el Ayuntamiento le recuerde pasados 20 años con excusas de mal pagador y rechazando aquel grito que nació en Madrid con ocasión del asesinato de Tomas y Valiente -"¡vascos sí, ETA no!"-, porque la negativa a recordar al concejal asesinado tiene que ver, lo quiera o no la alcaldesa, con su posición durante el largo tiempo que combatimos a ETA.

En realidad, y bien lo saben Carmena y una parte de los nacionalistas, el problema no está en recordar al concejal de Ermua; lo que cuestionan es la reacción social a su asesinato, el espíritu de Ermua. ¡Sí! Podemos sabe que a Blanco, como a todos los demás, le asesinaron no por lo que era, concejal del PP en Ermua, sino por lo que representaba;y la reacción popular no fue por lo que era, sino por lo que representaba: su anonimato, su juventud , la humildad de su cargo político, el pulso al que sometieron al Estado, las pretensiones imposibles que exigieron para su liberación... Todo ello terminó convirtiéndole en un símbolo de la democracia española.

Son varias las razones que han llevado a los distintos grupos políticos a oponerse a recordar a Miguel Ángel Blanco. Los primeros son los concejales socialistas, de aquí y de allá, que se han negado a participar en los actos institucionales en su recuerdo;sólo una posición inequívoca de la dirección de Pedro Sánchez ha logrado minimizar la repercusión negativa que sin duda tenía su posición abstencionista. Estos militantes del PSOE sólo ven en la celebración de estos homenajes un intento de rentabilización política por parte del PP. No se dan cuenta que si el asesinato de Miguel Ángel provocó aquella reacción, quien más brillantemente la representó y lideró fue Carlos Totorika, socialista y alcalde de Ermua. Fue él quien se puso al frente de la manifestación, el que la dirigió y quien llevó a los vecinos hasta el cercano pueblo de Eibar para templar los ánimos exaltados que se extendían como la pólvora entre los vecinos de Ermua; la siguiente imagen de Carlos es con un extintor entre sus manos apagando el fuego que amenazaba con extenderse en la sede de Herri Batasuna.

El alcalde socialista hizo lo contrario a los personajes demagogos y oportunistas que dibujó con maestría Musset: "Triste oficio el de seguir a la muchedumbre / queriendo gritar más fuerte que los cabecillas". Si el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco provocó aquella reacción popular, quien la configuró hasta convertirla en el espíritu de Ermua fue un socialista humilde y generoso, que sólo ha querido hacer política en su pueblo, rechazando un medro personal que podía haber rentabilizado aprovechando la ola de cariño y admiración que su liderazgo pacífico, sin ira ni rencor, provocó en toda España, y en claro contraste con otros muchos que se cobijaron en canonjías partidarias. Las razones de este grupo podríamos abarcarlas bajo el epígrafe de ignorancia y sectarismo, y esa mezcla siempre produce, aun sin quererlo los protagonistas, un resultado inmoral.

El segundo grupo, el de los nacionalistas, se opone a recordar el espíritu de Ermua por otras razones, muy poderosas para ellos. No son tontos ni locos, simplemente saben que la reacción de la sociedad española hace 20 años en Vigo o en Huelva, en Barcelona o Badajoz, en Madrid o Bilbao, dibujó el contorno sentimental de una nación política. Y justamente esa reacción instintiva, sentimental, en absoluto organizada, mostró una sociedad que palpitaba al unísono, haciendo añicos las pretensiones políticas de los nacionalistas, su versión de la Historia y la base de todos sus argumentos: "Somos distintos al resto".

Efectivamente, la reacción popular fue contra ETA, pero el espíritu de Ermua era una impugnación general, profunda y radical al discurso nacionalista y, por saberlo ellos mejor que nosotros, se aprestaron a enterrarlo lo antes posible. Desde ese punto de vista parece lógico que no quieran resucitar nada que tenga que ver con aquellos días. En realidad no están en contra de recordar a Miguel Ángel Blanco, están en contra de recordar que existió una reacción de la sociedad que echó abajo durante unos días el andamiaje ideológico de todos los nacionalismos: "¡a ver si se dan cuenta estos españoles de lo que de verdad supuso el espíritu de Ermua y lo repiten ahora".

Decía que ETA asesinó a Blanco por lo que representaba, no por lo que era. ¡Claro!, al minuto de su asesinato, el concejal popular se convirtió en un símbolo para quienes se opusieron a ETA, para quienes rechazaron el diálogo y el acuerdo político con la banda terrorista y para quienes sabían que ni la paz ni la libertad se negocian; pero hubo mucha gente que proponía acuerdos, cesiones y claudicaciones para conseguir la paz. Unos porque no tenían confianza en que les terminaríamos derrotando, otros porque creían que por debajo había un conflicto político que justificaba o, por lo menos, atenuaba la evaluación ética de las acciones terroristas de ETA.

Y un tercer grupo, no debemos callarnos en esta ocasión, porque veían en la acción criminal de ETA una oportunidad de volver a empezar, deshaciendo el camino iniciado con las elecciones de 1977, consideradas siempre por este grupo como el inicio de una gran claudicación de los antifranquistas ante las "eternas, poderosas y siniestras fuerzas del franquismo".

Para los que se equivocaron al pensar que ETA podía derrotar a la democracia española, para los que creían que el conflicto político justificaba a los terroristas y para los que no vieron la deseada victoria de ETA sobre el Estado, todo lo que represente a las víctimas de ETA, la reacción de la sociedad contra la banda terrorista o la derrota de ETA sin contraprestaciones, son episodios desagradables que prefieren olvidar y ocultar a las nuevas generaciones. Y en ese grupo están todos los sectores de Podemos, también Carmena, que es de Podemos a su manera, como lo ha sido todo en su vida pública desde hace mucho tiempo: siempre esperando a que le den las gracias.

Como siempre en España, siendo imposible ir al unísono, ahora se plantea quién lleva a quién. Durante los últimos 40 años, la mayoría optamos por la democracia del 77 y los contrarios, de derechas y de izquierdas, se refugiaron carcomidos por su propia debilidad en un silencioso rincón de nuestra Historia. Las consecuencias de la crisis económica, el debilitamiento de la legitimidad de las instituciones, pero también, y algún día habrá que meditar sobre ello, la liberación que ha producido en la sociedad española la derrota de ETA -no se entienden ni el órdago independentista catalán, ni la fuerza que han adquirido propuestas políticas radicales y antisistema sin la desaparición de la banda terrorista-, han permitido que los refugiados en el rincón de nuestra Historia contemporánea tomen fuerza y amenacen todo lo conseguido hasta ahora.

Planteada así la cuestión no queda más remedio que quienes tomaron la iniciativa hace 40 años, las posiciones centrales y moderadas de la sociedad española, vuelvan a tomarla ahora y mantengan el discurso político que nos ha permitido el periodo más largo de nuestra historia de progreso y libertad. Lo tendremos que hacer reformando lo que heredamos, siendo inclusivos y capaces de sobrepasar los intereses partidarios, las inercias acomodaticias y también, mal que les pese a quienes confunden la moral privada con la ética pública, superando el dolor provocado por la derrotada banda criminal en aras a una convivencia que se base en la libertad y en la igualdad de todos los ciudadanos; sin miedo a ser, pensar y sentir de forma distinta. Esta fue la propuesta, todavía no conseguida, que se inició minutos después de que los españoles se enteraran que ETA había asesinado a una joven de Ermua por el simple hecho de no ser, de no pensar y de no sentir como los terroristas querían que lo hiciera toda la sociedad vasca.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

El comunismo es una empresa asesina reiterada desde hace un siglo
Hermann Tertsch. ABC. Periodista Digital 14 Julio 2017

MURIÓ este 13 de julio de 2017 bajo vigilancia policial. Al final lo mató el gran monstruo. El peor y más terrible Leviatán.

Un estado implacable que gobierna, controla y castiga a 1.400 millones de seres humanos, se había obsesionado con castigarle a él. A Liu Xiaobo, un hombre frágil, un simple escritor.

Pero en el que el poder comunista adivinaba toda la fuerza del espíritu capaz de surgir del ser humano. Y toda la valentía imaginable en la persona para defender la verdad. En la peor noche del terror.

En la soledad más absoluta del encierro y la incomunicación. Lo encarceló y lo hizo desaparecer para sus compatriotas. Después de firmar la Carta 2008 que demandaba derechos civiles y humanos para los chinos, su suerte estaba echada. Le condenaron en 2009 a once años de prisión por «incitar a la subversión contra el Estado».

Pese a sus contactos occidentales el tratamiento al preso fue desde un principio atroz. El aparato represivo chino extremó su crueldad con él. Hasta el final. No pudo tener siquiera algo de intimidad con su querida mujer Liu Xia.

Ni horas de libertad porque años de maltrato, de comidas de espanto y falta de tratamiento de sus problemas de salud habían traído consigo un cáncer que lo devoró sin que permitieran tratarlo hasta que fue tarde. Como no había podido ir a recoger su Premio Nobel de la Paz en 2010, no pudieron siquiera sacarle esta semana a Occidente, donde se intentaba organizar con urgencia un tratamiento a la desesperada del cáncer de estómago que lo ha matado.

Liu Xiaobo comenzó como un combativo escritor y disidente intelectual pero evolucionó hacia un Ghandi chino con una empatía, comprensión y amor al enemigo y rechazo al odio propias de un santo cristiano. «No tengo enemigos, no conozco el odio.

Ninguno de los policías que me vigiló, me arrestó y me interrogó, ninguno de los fiscales que me acusó, y ninguno de los jueces que me juzgaron son mis enemigos».

Este frágil escritor, doctor en Literatura, fundador del PEN independiente, que aseguraba desde prisión que «espero poder hacer frente a la hostilidad del régimen con mayor buena voluntad; y espero poder disipar el odio con el amor», es el hombre que más miedo ha generado en una cúpula comunista. Que aún veintiocho años después de Tiananmen tiene terror a la libre opinión en la calle.

La cara amable de la China de la globalización tiene detrás el siniestro rostro del aparato comunista que tantas veces, interesadamente, olvida Occidente. Pervive allí la ideología que ha matado a Liu Xiaobo, la que tortura ahora en Venezuela a centenares de presos y también en Cuba.

Entre ellos Eduardo Cardet, médico, líder del Movimiento Cristiano de Liberación y sucesor de Oswaldo Payá asesinado por el régimen castrista. Cardet fue homenajeado ayer en Madrid, en ausencia, con el Premio Paz y Cooperación a la Libertad de Conciencia. Liu Xiaobo es el último mártir hasta hoy de la lucha contra el comunismo. Van más de cien millones.

En cada generación surgen jóvenes que creen que el comunismo solo ha sido siempre un sangriento fracaso porque aun no habían llegado ellos, los más preparados y listos, para convertirlo en éxito. Y repiten así invariablemente los pasos y los crímenes que creen necesarios y justificados para lograr su poder y su monstruoso paraíso de la igualdad.

Es una empresa asesina reiterada desde hace cien años. Siempre con el mismo final. Que incomprensiblemente sigue recibiendo en las democracias occidentales el trato de un proyecto político decente y no el lógico, como siempre insistió Vaclav Havel, que equipare al comunismo con la otra ideología asesina que es nazismo.

Liu Xiaobo
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 14 Julio 2017

La verdadera historia del comunismo es la de sus víctimas. Sus verdugos son la historia real de su Mentira, la que les permite matarlas. Pero la verdadera historia de la banda comunista ETA se resume en la de Miguel Ángel Blanco. Y la del comunismo chino, el más poderoso del mundo, se actualiza cada día en la muerte de sus presos políticos. Ayer, tras un mes desahuciado -no era Bolinaga, síntesis de la verdadera historia de Rajoy y la ETA- murió Liu Xiaobo, el más famoso disidente del régimen comunista chino, que ha logrado unir lo peor de Occidente y de Oriente en el Capitalismo de Camaradas, el mismo que rige en Cuba, Venezuela o la antigua URSS, y que es lo que aquí llamamos capitalismo de amiguetes, pero con un seguro de retorno: Gulag, Laogai, La Cabaña o Ramo Verde.

El Capitalismo de Camaradas, mafia de Hijos del Partido que explota en régimen de monopolio el Estado comunista, pasa en los lobbies de Occidente por ser un régimen de propiedad privada. Falso. No hay propiedad donde no hay libertad para usarla, empezando por el derecho a disponer de uno mismo, su familia, su obra y sus ideas. Es lo que se negó a Liu Xiaobo y se niega a su esposa Liu Xia.

Recordando a los caídos de Tienanmen en sus Elegías del 4 de Junio (Ed. Kailas), dice Xiaobo: "Los vivos deberían, realmente, cerrar sus bocas y dejar hablar a las tumbas; dejar a las almas de los muertos enseñar a los vivos lo que significa vivir, lo que significa morir, lo que significa estar muerto pero todavía vivo".

EcuRed, una de las infinitas páginas de propaganda castrista, tal vez actualizada por Zapata -guionista en la isla-cárcel que ayer dejó Podemos para no pagar la cuota del Kapitalismo de Kamaradas-, dice de Xiaobo: "En entrevista concedida en 2006 manifestó que, celebra la guerra estadounidense contra Irak como medio de exportación de la democracia. O sea, estamos en presencia de un personaje que invoca directamente la dominación colonial contra su propio país y también, indirectamente, la guerra de agresión, esas palabras evidencian el verdadero carácter de sus sueños. Un sueño que le ha valido tanto para hallarse detenido en las prisiones chinas como para recibir el "Premio Nóbel de la Paz" (resic).

Los sepulcros blanqueados del comunismo (los podemitarras) están condenados a injuriar eternamente a sus muertos.

Icono de libertad en el atroz régimen chino
EDITORIAL El Mundo 14 Julio 2017

La muerte del disidente chino Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz, vuelve a poner en primer plano la brutalidad del régimen de Pekín, una feroz dictadura que pisotea los derechos humanos. Liu Xiaobo padecía un cáncer en fase muy avanzada, motivo por el que las autoridades comunistas le trasladaron de la prisión a un hospital a finales de junio, sin permitirle salir del país para tratarse en el exterior. Pekín hizo caso omiso a las peticiones de organizaciones internacionales y de Gobiernos como el alemán que reclamaban ese mínimo gesto humanitario.

Las dolencias del intelectual se habían agravado por las duras condiciones de la cárcel, en la que permanecía desde 2009, acusado de "subversión" por participar en la redacción de la famosa Carta 08, un manifiesto que exigía reformas democráticas en China. Para entonces, Xiaobo ya era un relevante icono universal en la lucha por las libertades. Por lo mismo, se había convertido en una de las ovejas negras del régimen de Pekín, que le impidió en 2010 acudir a Oslo a recoger el Nobel de la Paz. Las instantáneas de la silla vacía en la ceremonia de entrega evocaban la sinrazón de las autoridades chinas, que en la última década han abierto completamente la mano en lo económico para abrazar el capitalismo, pero no se han movido un ápice en materia de libertades.

De hecho, la represión contra la disidencia ha aumentado desde la llegada al poder del actual presidente, Xi Jinping, respecto al mandato de su predecesor. Hay cientos de presos políticos en las cárceles y se ha redoblado el hostigamiento contra los activistas de derechos humanos, con una terrible campaña de detenciones arbitrarias y torturas. Lo peor es la absoluta impunidad de China. La comunidad internacional no se atreve a ejercer presión sobre una potencia tan importante, haga lo que haga.

La eliminación de la Literatura, un atentado contra nuestro patrimonio histórico y cultural
Sergio de Fuente Garrido Periodista Digital 14 Julio 2017

Hace tan solo unas semanas, conocí a través de la prensa la abrumadora noticia de que el Partido Popular tiene en mente realizar nuevas reformas educativas para iniciar el nuevo curso de Bachillerato 2017/2018. Entre estas austeras reformas se encuentra la eliminación de la Literatura Española, así como la asignatura de Literatura Universal.

Muchos alumnos/as, conocedores de esta noticia respiran aliviados por esta reforma; ya que al menos al año que viene no tendrán que aprenderse como un papagayo ocho temas de literatura, y los nombres de todos los literatos que componen cada generación. Sin embargo, para todas aquellas personas amantes de la lengua y la literatura; este hecho es un agravio no solo hacia la cultura española, sino también hacia nuestra historia.

Me resulta curioso ver como las personas de talante conservador que gobiernan este país, que se jactan de ser patriotas y defensores de la cultura y la tradición española; lleven a cabo estas asoladoras y austeras reformas. Parece ser que para estos señores el término "patriota" solo se limita a lucir una pulsera con la bandera de España, ¡eso no es así! Como bien dijo el señor José Pedro Cruz Sanz, orador de la Falange Española de las JONS; ser patriota y amar a España, es proteger nuestra historia, nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestros derechos y nuestra libertad; así como mantener encendida la figura y el nombre de todas aquellas personas que pasaron a la historia y cambiaron el rumbo de nuestro país, haciendo que seamos lo que somos hoy; ya sea para bien o para mal, pero siempre desde un espíritu crítico.

Puede que para muchas personas la literatura sea una asignatura o una disciplina inservible, que solo sirve para perder el tiempo. Se equivocan quienes lo dicen; pues esta, al igual que la paleontología permite conocer mediante estratos la historia de España; yendo desde los remotos tiempos romanos con autores hispanorromanos como Marco Anneo Lucano, hasta nuestros días con grandes autores como Miguel Delibes o Almudena Grandes, entre muchos otros.

Dada la situación, una vez más, asistimos a otra de las muchas reformas que han contribuido a la decadencia de nuestro sistema educativo, así como al aniquilamiento del patrimonio histórico y cultural de nuestro país. Es por ello por lo que nunca dejaré de preguntarme ¿hasta dónde van a llegar las enmiendas de estos señores?, ¿qué pretenden conseguir con ello?



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El referéndum sólo es una etapa más.
José Javier Esparza Gaceta.es 14 Julio 2017

No os equivoquéis. El “prusés” del separatismo catalán no empezó con Puigdemont, ni siquiera con Artur Mas. Empezó en 1980, cuando Jordi Pujol llegó a la presidencia de la Generalitat y se aplicó a un metódico trabajo de ocupación del poder para construir una conciencia nacional catalana: control absoluto del presupuesto regional, de los medios de comunicación, de la educación, de la vida social, de la función pública, de la vida financiera (incluido su lado oscuro), de la conciencia de una generación, de todos los resortes políticos de Cataluña. Y aún más hábil: no sólo ocupación del poder en Cataluña, sino también en la estructura del Estado en su conjunto, implicando a todos, de izquierdas y de derechas, desde la Corona hasta los ministerios, la banca y la judicatura, en la tolerancia, la anuencia o la abierta complicidad con la construcción de una “realidad nacional catalana” que antes no existía. Pujol no sólo creó un polo de poder intocable, sino que además trufó de separatismo catalán la oligarquía española –en la industria, la finanza, los medios de comunicación-. Así el separatismo iba construyendo su proyecto nacional mientras las bocas fofas de España, frecuentemente alimentadas por dinero de origen inconfesable, elogiaban la contribución de Pujol a la “gobernabilidad del Estado”.

De aquellos polvos, los presentes lodos. Entended esto: todo lo que hoy estamos viendo no es la causa, sino la consecuencia. Visto con esta perspectiva, el presente episodio del referéndum no es más que un accidente. Lo más probable es que no haya referéndum. Y si lo hay, no tendrá consecuencias institucionales. Pero ¿de verdad creéis que esto se terminará el 2 de octubre? No, queridos: esto no es más que una etapa en el camino. Un camino que seguirá inalterable mientras España, la nación de todos, no sea capaz de oponer una fuerza centrípeta a la fuerza centrífuga del separatismo. Pero ese es justamente el trabajo que ninguno de nuestros partidos “nacionales” tiene valor para emprender.

Independencia: ¡sálvese quién pueda!
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  14 Julio 2017

En su extenso, ocasionalmente lírico y políticamente ambicioso discurso ante las dos Cámaras reunidas en Congreso en el fastuoso marco de Versailles, Emmanuelle Macron se refirió en varias ocasiones al “principio de realidad” y al hecho inevitable de que la acción pública no puede ignorarlo, salvo que desee acabar en el fracaso o, lo que es peor, en el ridículo. Desde esta perspectiva freudiana en la que el principio aludido por el Presidente francés se contrapone al principio del placer, el Gobierno separatista de Cataluña, la mayoría parlamentaria –que no social– que lo sustenta, los medios domesticados que lo jalean y las diversas asociaciones satélite generosamente subvencionadas que pastorean las multitudes rugientes, están poseídos por la embriaguez del segundo de ellos. Este frenesí neurótico les aparta, efectivamente, del mundo tangible, y les impide advertir no sólo las consecuencias de sus actos, sino la absoluta inviabilidad de su absurdo empeño.

Como incluso en el más poblado de los manicomios siempre hay un cierto número de internos que, sea por el éxito de la terapia aplicada, sea por una mejora espontánea de sus afecciones mentales, se dan cuenta de lo desorbitado de su conducta y de la demencia de sus delirios, también en las filas del secesionismo algunos de los hasta ahora enajenados han empezado a reaccionar y se resisten a sufrir inhabilitación, a tener que pagar multas o a responder con su pecunio de las malversaciones incurridas a lo largo del malhadado “procés”.

Los que siguen inmersos en la insania, con el estadista Puigdemont a la cabeza, se han apresurado a cortar de raíz, antes de que la infección de la cordura se propague, y de ahí la purga implacable en el seno del Consejo Ejecutivo de la Generalitat. Nada menos que cuatro consejeros/as, Empresa y Conocimiento en un primer golpe de guadaña, y Gobernación, Presidencia y Portavocía y Educación, en una tacada posterior, han sido fulminantemente cesados por el Molt Psicoanalitzable, por no mostrar una adhesión suficientemente irracional al desmadre en curso. Y para no dejar cabos sueltos, también ha rodado la cabeza del Secretario del Gobierno, otro peligro potencial al presentar síntomas de lucidez.

Empieza a cundir la impresión de que estas dolorosas incidencias son el principio de una maniobra de lanzamiento masivo por la borda provistos del indispensable salvavidas de muchos representantes públicos, altos cargos y funcionarios destacados, antes de que la nave de la desconexión naufrague entre cantos de Els Segadors. Dado que, lógicamente, el ex-alcalde de Gerona, hoy comandante del extraviado barco, será el último en abandonarlo, que se prepare a cargar con el máximo fardo penal y financiero. En eso, hay que señalar que su comportamiento no es propiamente catalán y que, en cambio, el primer fulminado, Jordi Biaget, es un ejemplar más genuino del hecho diferencial, que como todo el mundo sabe y describió magistralmente Josep Ferrater Mora, se caracteriza por una combinación equilibrada de continuidad, mesura, seny e ironía.

Es obvio que cuando a uno un tribunal de justicia le puede exigir un pedazo sustancial de su patrimonio o dejarle privado de por vida de ocupar un puesto en la Administración, las cuatro virtudes en cuestión se ven seriamente dañadas porque que nos digan Junqueras, Forcadell y compañía como se puede ser mesurado, constante, razonable e irónico instalado en la pobreza o la marginación. Ferrater consideraba, naturalmente, la famosa rauxa como lo que es, una psicopatía importada y nada catalana. Así que, al final, después de tanta manifestación, despliegue de esteladas, exhibiciones patrióticas y estadios sediciosos, los catalanes de verdad no son Puigdemont, Mas, el clan Pujol, Llach y Guardiola, sino Boadella, Azúa, Espada, yo y un poco, aunque tarde y vergonzantemente, el decapitado Biaget. El “procés” queda reducido, una vez diseccionado correctamente, a una extraña locura ajena a la patria de, por citar a dos catalanes de pura cepa, Dalí y Plá.

Lo curioso de esta esperpéntica historia es que el Estado, esa máquina parsimoniosa, gigantesca e imbatible, va a liquidar la aventura subversiva de una pandilla de mediocres ansiosos de gloria impostada, sin apenas despeinarse, como un elefante que espanta una mosca con la trompa. No hay que olvidar que Hegel ya vio al Estado como la culminación del devenir humano y no va a ser la alianza de cuatro dirigentes de un partido amortizado y una pandilla de fingidos sans-culotte la que le desmienta. Se podría pensar que la desbandada en la recta de meta de la tropa separatista ante la envergadura lenta pero segura de lo que se les viene encima, representa el triunfo de la tesis de Rajoy sobre la impasibilidad como el método ideal de resolver problemas. Esa halagadora tesis para el impávido inquilino de La Moncloa cae por su peso si se considera que una acción decidida de las instancias centrales de la Nación a su debido tiempo utilizando las armas legales a su disposición, y no digamos la adopción de una estrategia adecuada por las dos grandes fuerzas nacionales a partir de la Transición, nos hubiera ahorrado mucho dinero y no pocos sinsabores.

El “procés” está ya en fase de ¡Sálvese quien pueda! y su derrumbe será tan patético como han sido su gestación y su desarrollo. Independencia, R.I.P.



Consejeros de la Generalidad, patriotas del patrimonio

EDITORIAL Libertad Digital 14 Julio 2017

Algunos miembros del Gobierno regional catalán han entrado en pánico al constatar que en el golpe de Estado separatista no sólo arriesgan penas de inhabilitación sino su propio patrimonio. Los mismos dirigentes políticos que han hecho gala de una mayúscula y delictiva irresponsabilidad, que han dividido a la sociedad catalana, que han puesto en riesgo la convivencia, la estabilidad, la economía y el futuro de millones de personas, se han dado cuenta ahora de que las consecuencias de sus actos pueden tener repercusiones económicas que no están dispuestos a asumir en absoluto, ni siquiera por un Estado independiente en forma de república.

El patriotismo perfectamente descriptible de estos individuos se ha desmoronado como un castillo de naipes a la que el Tribunal de Cuentas ha abierto un expediente relativo a las responsabilidades de los inhabilitados del 9-N, Artur Mas, Joana Ortega, Irene Rigau y Francesc Homs, sobre la malversación de los más de cinco millones de euros que en teoría costó la organización de aquel referéndum. El cálculo es muy benéfico para los nominados, pues en el programa separatista de la Generalidad se han enterrado miles de de millones de euros de todos los españoles en propaganda, adoctrinamiento, erradicación del español, embajadas y subvenciones a medios y entidades dedicadas al fomento y propagación del odio a España y a los ciudadanos españoles.

El riesgo de embargo de las propiedades de los aludidos para hacer frente a la malversación cifrada en esos cinco millones ha disparado las alarmas en el PDeCAT, la vieja Convergencia con siglas de conveniencia. La primera víctima de la caza de brujas en el Gobierno golpista, Jordi Baiget, exconsejero de Empresa y Conocimiento, fue muy clara: la inhabilitación sería un honor e incluso baladronó que podría aceptar la cárcel por el golpe al Estado, pero el patrimonio es sagrado. Hasta ahí podíamos llegar.

Muchos de los consejeros, también de ERC, son de la misma opinión, pero de momento tienen más miedo a ser destituidos y sometidos al escarnio de los suyos por cobardes que a la acción de la justicia. Además, a falta de 79 días para el referéndum del 1 de octubre, nadie del Govern, salvo la ya investigada consejera de Gobernación Meritxell Borràs, ha puesto su firma en papel alguno que pueda incriminarle. Pero los plazos se acortan, se acerca la hora de la verdad y las filas ya no están tan prietas.

Artur Mas, en la cocina de la estrategia separatista, quiere forzar la máquina hasta el final. Puigdemont, colocado por la CUP, aspira a pasar a la historia y Oriol Junqueras, preso de sus promesas y soflamas, sólo acepta la cicuta de encabezar la organización del referéndum si se consuma una purga en el Ejecutivo y todos los consejeros se comprometen a dejar su huella en el papeleo en una suerte de inmolación colectiva.

El PDeCAT pidió a Puigdemont que descargara en Junqueras la consulta para evitar más bajas en campo propio, pero el dirigente republicano sólo renunciará a ser el próximo presidente de la Generalidad si se lleva por delante al Gobierno autonómico en pleno. En ese contexto, algunos de los individuos que han jugado sin reparos con las haciendas y destinos de los ciudadanos empiezan a flojear o hiperventilar.

Prueba de ello es el número montado este jueves por Lluís Llach, Jordi Turull y Marta Rovira, el tridente de Junts pel Sí. Agentes de paisano de la Guardia Civil entregaron un auto judicial en el denominado Teatre Nacional de Catalunya, dependiente de la Generalidad y donde el grupo parlamentario y el Gobierno regional presentaron al alimón la ley del referéndum, por orden del Juzgado de Instrucción número 13, donde se investiga al exjuez y exsenador de ERC Santi Vidal por sus revelaciones en una conferencia de la ANC sobre la obtención ilegal de datos de los ciudadanos por parte de la Generalidad. El juez reclama la documentación del acto, que según Junts pel Sí costó 16.000 euros, abonados a costa de la asignación parlamentaria, para saber quién contrató y pagó la presentación de la ley, mitin en el que Puigdemont y Junqueras se jactaron de disponer de censo (como confesó Vidal) y urnas.

Un trámite judicial de menor rango ha sido aireado por Junts pel Sí como si la Guardia Civil hubiera practicado una entrada y registro en un recinto sagrado de la cultura catalana con el aparataje propio de las redadas del 3%. Nada más lejos de la realidad, pero sirve como otra excusa tanto para los desertores con más patrimonio como para aquellos que no tienen nada que perder porque ya han cambiado de nombre sus posesiones.
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