AGLI Recortes de Prensa   Domingo 16 Julio 2017

Ante la radicalización separatista, Rajoy modera su moderación
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  16 Julio 2017

Pasan tantas cosas en España y pasan tan rápido las malas que ya nos hemos olvidado del aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que se ha saldado con el éxito rotundo de sus asesinos gracias a la consensuada cobardía de los miedócratas. El acuerdo para sacrificar de nuevo a las víctimas de la ETA en el ara del pacto del Gobierno con el PNV es total e incondicional. Catalá pondrá en libertad, poco a poco o mucho a mucho, a todos los asesinos y, mientras los suelta, los irá acercando a la puerta de casa, para asustar a los que ya asustaban y hacerse a la idea del homenaje merecidísimo que les espera. A las víctimas profesionales, heroínas de la subvención, que trincan hasta del PNV, se les subirá el reconocimiento de su constructivo silencio. Y las que ni cobran ni se callan, se jorobarán. Ha dicho Mariano que Urkullu es un ejemplo para Puigdemont, así que chitón.

La purga de los purgantes cargantes
El agradecimiento de Rajoy es siempre interesado e instantáneo, así que el elogio al jefe del partido racista y separatista fundado por los Arana se debe al mismo impulso que le llevaba a elogiar al nacionalismo catalán, -de profesión, cobrar su moderación-, frente al atroz radicalismo del PNV, de vocación y profesión sus pactos con la ETA, hace muy pocos años. Pero va siempre tan justo de fuerzas Mariano que le basta un relevo en la cabeza del golpismo antiespañol para que agradezca al que se queda detrás que no pase delante. Ve algo o a alguien frenarse y enseguida se identifica con él. El día que descubra al turolense Miguel de Molinos y su doctrina quietista, entrará en éxtasis y, sin prisas, dejando un leve aroma a nada, se evaporará.

Pero la purga de los anteayer purgantes en la Generalidad de la ayer CiU, ha aumentado el afán de Rajoy por premiar, siquiera con adjetivos, a los que, siendo tan antiespañoles como la Esquerra, la CUP y los pedecatos cocomochistas, no se dan tanta prisa en manifestarlo. No se les pide que cambien de costumbre o de dirección, tan sólo que no corran. Y, sobre todo, que no corran juntos. La verdad es que viendo a Podemos y al PSOE corriendo junto a los velocistas del Prusés, ¿qué prisa va a tener el PNV?

Mientras, Rajoy ya ha puesto en marcha su famosa máquina de parar y está claro que no dejará de detenerse si los demás no dejan de acelerar. Así lo ha hecho saber, de forma elocuente y contundente: "Haremos lo contrario que hacen los que quieren romperlo todo. Si violan la ley, nosotros la cumpliremos y la haremos cumplir. Si se deslizan por la peligrosa pendiente de la radicalidad, nosotros responderemos con la razonable fuerza de la ley, la sensatez y la moderación".

Lo que no sabemos es cómo hará lo que dice hará, porque la última vez que los otros hicieron algo parecido, el referéndum del 9N, él no hizo absolutamente nada. Dijo tres días antes que no iba a pasar absolutamente nada. Pasó. Como si no hubiera pasado. "No tiene ningún valor jurídico", dijo, y se quedó tan fresco. Luego trabajaron en la sombra fiscales al dente y jueces medio hechos para dejar a los golpistas sin más golpe judicial que algún pequeño coscorrón, cuando además yacían alejados del poder. ¿Para qué ensañarse con Mas, si ya lo habían devorado las fieras de la CUP?

En la guerra psicológica, hay que reconocer que Rajoy no tiene rival: ¿que los golpistas de la Generalidad se proclaman en abierta rebelión contra la Ley y el Estado que representan? Mariano les mantiene el sueldo. ¿Que declaran nulos la Constitución, el Estatuto de Autonomía, el vigía del Ejecutivo, léase Parlamento de Cataluña y la Ley Electoral para hacer otra? Mariano se muestra, "como siempre, abierto al diálogo". ¿Y la dialoguera Soraya? Algo menos que al abrir despacho en Barcelona, pero también. ¿Y el PP de Cataluña? ¡Bah! Albiol ha vuelto a decir que esto es un golpe de Estado, pero ya se sabe que Albiol pinta poco. Al lado de Millo, casi nada. Lo que importa es lo que diga el Gobierno. ¿Y qué ha dicho su portavoz? Pues que siguen permanentemente abiertos al diálogo, pero siempre desde la moderación, nunca desde la radicalidad. Eso, para otros, Ellos, quietos.

Los "algunos" algo "autoritarios"
Lo que pasa con esta Sociedad de amigos de la Siesta es que nos están tranquilizando tanto de mentira que empezamos a intranquilizarnos de verdad. Sobre todo porque hace un mes, por alguna razón que todavía desconocemos, se mostraron públicamente preocupados, más aún, muuuy preocupados, por la deriva radical y rupturista del nacionalismo catalán, al que incluso empezaron a llamar separatismo. Tremendo. Cinco ministerios, cinco, tocaron a rebato, y Soraya casi se quitó el zapato. Temimos lo peor: que Mariano se despertara. Afortunadamente, fue una falsa alarma. Unas horas después, de la Moncloa salía con toda claridad el "zzzzzz" de los durmientes de los antiguos tebeos, antes de que se despertaran cómics.

Ayer, mientras dormía, Rajoy dijo, sin embargo, algo que podría preocuparnos: "La deriva autoritaria que se está produciendo hoy por parte de algunos en Cataluña es algo que no había ocurrido en España desde hace décadas".

¿Quiénes son esos "algunos"? ¿Y de cuántas décadas hablamos? ¿Siete, o sea, desde 1937? ¿Tres y tres cuartos, o sea, desde que Pujol llegó al poder en 1980? ¿Y lo que hicieron los que hoy mandan en la Generalidad, los algunos de la CUP, cuando cercaron el Parlamento de Cataluña? ¿No fue un acto levemente "autoritario"? Tampoco es que el referéndum del 9N en contra del Constitucional fuera un acto de respeto a las leyes. Ni la manifestación contra el TC cuando afeitó ligeramente el nuevo Estatuto de Autonomía, precedida del editorial unánime del alguno Juliana. Pero si el Estatuto ya no rige, pelillos a la mar. Como Pujol no está, adiós a Pujol. Y como Mas es menos, dejémoslo en paz.

No nos asustes, Mariano
Lo que no debería hacer Rajoy es darnos estos sustos antes de las vacaciones, si es que puede distinguirlas del resto del año. Empieza uno a darle vueltas a frases como "La ley se va a cumplir, el Estado de derecho va a prevalecer y el referéndum no se va a celebrar" y puede temer que el Gobierno haga algo en defensa de la legalidad vigente. Se rompería así una línea de continuidad ejemplarmente horizontal que nos ha llevado a crear tantos empleos y a una tranquilidad que no viene de tranca sino de Tranquilium, jarabe monclovita para digestiones pesadas.

Es hora de que Rajoy rescate el fabuloso eslogan de 1986 de aquellos democristianos que vivían parasitando a Fraga: "Lo urgente es esperar". Esperaron en vano que les votaran, sí, pero sembraron el desconcierto. ¿Qué se radicaliza el separatismo? Pues a moderar la moderación y a ver quién se cansa antes: ellos del Golpe o nosotros de que nos golpeen. Lo que no debe hacer Mariano es invocar tan a menudo la Constitución, no sea que la gente crea que tarda en aplicarla y tengamos un disgusto.

Simplemente vomitivo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 16 Julio 2017

Escuchar a Pedro Sánchez la cantidad de sandeces por minuto que vomita, provoca el efecto contagio vomitivo en su auditorio, salvo que se disponga de un estómago inmune a este tipo de fenómeno. Que Pedro Sánchez ha venido para darle al PSOE una vuelta como a un calcetín y llevarlo al extremismo radical de PODEMOS, es algo patente por obvio. Que Pedro Sánchez, desde su dimisión en octubre del año pasado, no ha parado de maquinar su venganza, medrar y conspirar contra aquellos que le echaron, manipulando a una crédula militancia hasta conseguir recuperar el poder en unas primarias que nunca debieron de producirse con él como candidato, también es una verdad incuestionable. Que Pedro Sánchez ha eliminado a la débil oposición que aún se lame las heridas y calla mientras él se apodera de un PSOE descompuesto y a la deriva, es una realidad dolorosa y letal para una España que necesita a ese PSOE capaz de movilizar a diez millones de votantes y ser una alternativa de Gobierno real sin necesidad de acudir los radicalismos de la ultra izquierda anti sistema que ahora representa PODEMOS.

Es lamentable el espectáculo que Pedro Sánchez está dando junto a su pareja de baile, el histriónico Miguel Iceta del PSC con motivo del refrendo de la candidatura de este a la Presidencia de la Generalidad en las próximas, quizás muy cercanas, elecciones autonómicas. En ese ambiente de efusión y complicidad mutua entre los dos partidos, pues eso es lo que son el PSOE y el PSC, la puesta en escena es más propia de una cumbre bilateral entre dos Jefes de Estado de dos países, cada uno en su atril sonriéndose y mirándose con arrebol, en un discurso donde se habla de objetivos comunes, de las sociedades española y catalana (como si fueran diferentes), de la plurinacionalidad de España, y sobre todo de la reforma de la Constitución para recoger “las aspiraciones nacionales de la sociedad catalana”. Solo faltaba en el atrezzo haber colocado las banderas de España y la estelada y haber hecho sonar los himnos nacionales de la Internacional y Els Segaors para darle mayor empaque a este infecto acto.

Dice Pedro Sánchez que “El PSOE y el PSC proponemos soluciones y reivindicamos la política”. Entre las soluciones destaca nada menos que cambiar el actual sistema autonómico por uno de corte federal donde existan esas plurinaciones y plurisociedades que deben ser reconocidas por el resto de sociedades que no terminan de definirse ni sentirse como tales. Y aquí entramos de lleno en la destrucción de la propia esencia de lo que ha definido a España como nación desde hace más de 500 años. Porque ya me veo a los murcianos, andaluces, cántabros, riojanos, aragoneses, extremeños, canarios, asturianos castellanos y leoneses, preguntarse sí son naciones y sociedades que deben ser reconocidas a nivel mundial en igualdad a las que se proclaman diferentes y con exigencias históricas de reconocimiento de su singularidad como los vascos, navarros, gallegos y catalanes. En estos últimos cabría preguntarse si los valencianos y los baleares son como dicen los independentistas catalanes parte de esos “paysos” que reivindican.

Pedro Sánchez no pasa de ser el tonto útil de una extrema izquierda radical y de los sediciosos independentistas catalanes, que como ya dije en otro escrito, se hace o se cree el listillo de turno que tiene la solución mágica. Es evidente su afán de protagonismo y de boicotear la política española para forzar un cambio donde él pueda presentarse como la solución de consenso del resto de fuerzas parlamentarias y derrocar al PP. Su ansiedad le lleva a forzar los tiempos y llenar su agenda de actos de partido, de ruedas de prensa con anuncios estrafalarios, o del uso como “okupa” del Congreso como escaparate de sus reuniones políticas publicitadas. EL lunes da comienzo en el Congreso a la escenificación del pacto con PODEMOS para ese fin de acoso y derribo del Gobierno de Mariano Rajoy en un Frente Popular de ultra izquierda que por primera vez ya colabora a nivel de Gobierno de una Autonomía, en este caso la de Castilla la Mancha con el chaquetero oportunista socialista acomodaticio y pragmático Emiliano García Page que ha pasado por la izquierda a su otrora criticado y denostado Pedro Sánchez, para poder aprobar sus presupuestos y no verse forzado a adelantar elecciones donde él no repetiría como candidato.

Yo no sé si actos de partido o entre partidos políticos como el que van a protagonizar Pedro Sánchez y Pablo Iglesias el próximo lunes en dependencias del Congreso de los Diputados pueden celebrarse de forma habitual y menos sin la presencia de portavoces o diputados de ambos grupos parlamentarios. Creo que la Mesa del Congreso debería posicionarse sobre este particular antes de que se celebre esa reunión bipartita.

La militancia del PSOE podrá estar exultante por haber conseguido que toda una nación esté en situación de extremo peligro por culpa de unos personajes tan siniestros, irresponsables y lesivos para la convivencia y las libertades de los ciudadanos como este radicalizado Pedro Sánchez y su admirado Pablo Iglesias. ¡Enhorabuena! Ya tienen su nuevo Frente Popular y el germen de la tercera república, con la amenaza de la secesión unilateral de Cataluña. Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos.

¡Que pasen un buen día!

La nación que unió Ermua se deshizo tras las bombas de Atocha
Jon Juaristi. ABC. Periodista Digital 16 Julio 2017

DE la práctica unanimidad a la disensión y a la bronca, los veinte años transcurridos desde la gran respuesta democrática al asesinato de Miguel Ángel Blanco hasta el barullo municipal y espeso de esta última semana requieren una reflexión urgente, porque España ha cambiado y algunos no se enteran o no quieren enterarse.

Lo que no se debe hacer es ponerle la ocasión tan fácil al enemigo como las proverbiales perdices a Fernando VII, y eso es lo que han hecho María del Mar Blanco, la Fundación de Víctimas del Terrorismo y el Partido Popular en la efemérides del 12 de julio.

Pretender que Miguel Ángel Blanco representa a todas las víctimas del terrorismo no es más que una pretensión de la propia María del Mar Blanco y de sus compañeros de partido, ninguno de los cuales parece haberle aconsejado sensatamente. Una pretensión no es un hecho que vaya más allá de la pura pretensión.

Para que Miguel Ángel Blanco representara, no ya a todas las víctimas del terrorismo, sino tan sólo a las de ETA, debería haberse logrado un consenso sobre el particular.

Un consenso entre las distintas asociaciones de víctimas del terrorismo, para empezar, y mucho me temo que no habría sido suficiente, porque las simpatías de los seguidores del podemismo, de la izquierda neocomunista y de los nacionalismos secesionistas están con los verdugos de Miguel Ángel Blanco, a los que consideran cautivos del para ellos odioso régimen de 1978, y no con María del Mar Blanco ni con las asociaciones de víctimas del terrorismo. Estaba cantado que los dirigentes de ese magma antidemocrático iban a aprovechar la mínima excusa que se les diera para montarla. Y se les ha dado.

Tampoco el PSOE iba a desaprovechar una oportunidad tan generosa y absurdamente deparada por el propio PP para hacer frente común con las alcaldesas y alcaldesos de Podemos y compañía.

El gran movimiento popular de julio de 1997 fue una rebelión municipal contra lo intolerable de una situación podrida que los partidos políticos no conseguían desbloquear y que se manifestaba en la dictadura mafiosa de ETA y sus sicarios legales.

Cuando Carlos Totorica, alcalde socialista de Ermua, a las siete de la tarde de aquel 12 de julio, se puso en marcha al frente de sus vecinos hacia la vecina Éibar, emergió de repente la nación profunda: la España intrahistórica que, como sostenía Unamuno, irrumpe en la historia para rectificar sus derivas erráticas y suicidas. Ermua irradió sobre todos los municipios de España (menos, obviamente, sobre los burgos ocupados por ETA), dando lugar a la mayor revolución democrática de la España contemporánea.

Las erupciones cesan y la lava se petrifica: a Unamuno le gustaban las metáforas geológicas, que son insuficientes para explicar por qué una revolución como la de 1997 es hoy imposible. No se trata de petrificación, sino de una contrarrevolución triunfante. Contémplese el panorama de la España municipal de 2017.

Hoy Carlos Totorica lo habría tenido verdaderamente difícil para hacer oír aquella proclama silenciosa del 12 de julio de 1997, que, como la del alcalde de Móstoles en 1808, despertó a la nación. Hoy Carlos Totorica no despertaría ni a los serenos, porque la nación se dividió y una parte considerable de la misma, entonces mayoritaria, decidió rendirse al terrorismo entre el 12 y el 14 de marzo de 2004. Los consensos se esfumaron y la nación política empezó a cuartearse (la intrahistórica, sencillamente, entró en coma).

La izquierda profundiza en ello, inmersa en sueñecitos sectarios de fosas comunes en las zanjas, y por eso, para Ahora Madrid, Miguel Ángel Blanco no es más que un muerto franquista de una guerra civil interminable.

Entre la conciencia y la decencia
Marta González Isidoro. latribunadelpaisvasco 16 Julio 2017

Hace apenas 70 años los judíos europeos sufrieron el mayor genocidio perpetrado en la Historia contra un grupo humano específico. Casi siete millones de los once que vivían en el continente fueron segregados, seleccionados, marcados, cazados como ratas, despojados de su identidad, ultrajados, encerrados en ghetos, sometidos a hambre, plagas, enfermedades, experimentos médicos y científicos, esclavizados, deportados y asesinados en masa en un proceso paulatino de deshumanización que se fue perfeccionando en el tiempo hasta alcanzar el mayor grado de tecnificación, limpieza y sepsis que ningún poder político antes, ni siquiera la industria asesina que lo diseñó, soñó jamás que alcanzaría. Una limpieza étnica a cielo abierto practicada por gobiernos, empresas e instituciones, consentida por la comunidad internacional y apoyada por la sociedad civil europea, profundamente convencida de que los judíos eran esa raza maldita a la que había que extirpar del cuerpo social de una vez para siempre. Ojos que no ven, corazón que no siente, y por eso las tierras lejanas de la Europa del Este ocupada se abrieron en canal para sepultar los huesos y las almas de los desdichados hijos de un Dios que decidió darles la espalda.

Todavía fresca la memoria de los últimos testigos de aquellos acontecimientos, la Europa que mira al futuro ocultando su pasado y negando su presente paradójicamente parece condenada a ser un continente de mayoría musulmana en pocas décadas. Quién le iba a decir a Robert Schuman, Jean Monnet, Spinelli, Spaak y al resto de líderes visionarios que inspiraron el espacio de paz, prosperidad y libertad en el que vivimos que las generaciones futuras, en clara desventaja demográfica, optarían voluntariamente por el reemplazo de una población que mayoritariamente cuestiona los pilares básicos de nuestra civilización, en una inexorable apuesta por el suicidio colectivo. El paisaje de Europa cambia, y no sólo en su fisonomía. La filosofía de la antigua herencia greco-latina, imbuida del código ético que a trompicones aportó el judeo-cristianismo a lo largo de siglos, se desvanece lentamente en el sueño del olvido. El amor por la cultura, la curiosidad por la ciencia, el principio de rivalidad social que favorece el emprendimiento, el sentimiento de competitividad, de desafío o de disputa transmitido a través de los relatos épicos y los cuentos, las imágenes de los héroes de nuestra infancia, que no conciben la vida sin el deseo de ser los mejores… tiene sus días contados. Occidente renuncia a sus orígenes, fusionado con el espejismo de un mundialismo que desdibuja las fronteras del pensamiento y del marco jurídico nacional en aras a una idílica homogeneización de la humanidad.

Europa, el geriátrico dispensador de servicios sociales para cualquier paria del planeta y convertida en un triste parque temático para la industria del todo a cien, incinera su Historia y su legado y lo sustituye por la fantasía de harenes y danzas arcoíris que en realidad ven el mundo monocolor. Diluidas las fronteras exteriores, vivir de acuerdo con códigos culturales y religiosos excluyentes y reproducir esquemas tribales de origen que transmiten a sus descendientes es posible gracias a los resortes de un sistema político liberal que desprecian, pero del que se aprovechan. La barbarie ya no es exclusiva de África ni de Oriente Medio. La Europa acomplejada por exportar su visón liberal del mundo no se contenta con convivir en su propio territorio con micromundos en los que impera la sharía (ley islámica), sino que habla ya con el lenguaje pervertido de quienes imponen la versión más radical del islam allende sus fronteras y patrocinan su imposición por la violencia, incluso el terrorismo. Todo vale para esta Europa económica y demográficamente desahuciada y sin referentes identitarios, que aún cree que puede ofrecer un paraíso mejor que las vírgenes manoseadas accesibles por mando a distancia.

La guerra de Siria, los conflictos en Oriente Medio y la desestabilización de África ha sido el detonante de la peor crisis migratoria que Europa vive desde la Segunda Guerra Mundial, con 66 millones de refugiados y desplazados en el mundo, según cifras de la ONU. Durante aquella contienda, los nazis deportaron a entre siete y nueve millones de europeos. Tras la rendición de Alemania los aliados repatriaron a sus hogares a más de seis millones de ellos, al tiempo que los países liberados aprovechaban para deshacerse de sus minorías nacionales. Pero hubo un número ingente, entre 1,5 y 2 millones que no quisieron o no pudieron volver a sus lugares de origen. Muchos temían las represalias; otros, como los judíos que habían sobrevivido al Holocausto, seguían sufriendo el azote del antisemitismo, el rechazo de la población local y la usurpación y expoliación de sus propiedades por sus propios vecinos. En esta Europa desmemoriada y solidaria con el negocio que alienta a los sufridores profesionales, pocos se acuerdan de los cerca de 250.000 refugiados judíos encerrados por los aliados en los antiguos campos de concentración nazis habilitados temporalmente hasta encontrar una solución satisfactoria para ellos. Sus países de origen no les querían, los aliados tampoco en los suyos, y los británicos que administraban Oriente Medio tampoco les permitían emigrar a la parte de la Palestina del Mandato adjudicada por la Liga de las Naciones para que establecieran allí su patria judía independiente. Los árabes, ayer como hoy, solidarios antisemitas, fijando la agenda de Occidente. Setenta años después y varias guerras libradas por su supervivencia, el joven Estado de Israel acusa el estigma del judío paria entre las naciones y la deslegitimación constante de sus raíces, su historia y su legado.

Muchas son las razones por las que el ser humano, a lo largo de la Historia, se ha desplazado y se ha integrado en sociedades ajenas a su comunidad de origen. La búsqueda de un lugar mejor donde prosperar en libertad y seguridad con su familia es un derecho individual y una obligación de la comunidad internacional en su conjunto. Precisamente por eso es necesario consensuar entre todos políticas dignas en materia de refugio y asilo, y abordar las causas estructurales que obligan a las personas a dejar sus países y desarraigarse de sus hogares. Pero más allá de la tragedia global que llega a Europa, cuando, en este frágil equilibrio entre la conciencia y la decencia, Occidente pierde el rumbo, reniega de sus raíces y expulsa de su cuerpo social a quienes contribuyen a mejorar el mundo en el que vivimos, y lo sustituye por aquellos que cuestionan las bases de la libertad y nuestro modo de vida, el desafío no es sólo buscar una narrativa alternativa lo suficientemente sugerente como para que la integren en su sistema de valores, sino evitar que los 44 millones de musulmanes que hay hoy en Europa colapsen una civilización en declive pero que, a pesar de los claroscuros, ha sido capaz de conformar una realidad multicultural en riesgo de nuevo en el Viejo Continente.

El islam en Australia: La locura continúa
Judith Bergman latribunadelpaisvasco 16 Julio 2017

Artículo publicado inicialmente en la web del Gatestone Institute

Sólo durante el mes de Ramadán el mundo sufrió 160 atentados islámicos en 29 países, en los cuales se mató a 1.627 personas e hirieron a otras 1.824. Sin embargo, el doble empeño en tratar de negar cualquier vínculo entre el terrorismo islámico y el islam, por un lado, y los esfuerzos por acomodar en la medida de lo posible el islam por otro, parece proseguir sin alteraciones frente a las realidades del terrorismo islámico, también en Australia, que está experimentando su propia cuota de sharia y de yihad.

A finales de mayo, la Asociación de Salud Pública de Australia (PHAA, por sus siglas en inglés) pidió a la Comisión Permanente sobre Asuntos Exteriores, Defensa y Comercio del Congreso que:
incluya una recomendación en su informe que niegue el concepto de que exista cualquier vínculo intrínseco entre el islam y el terrorismo [...] El Comité debería condenar a cualquier político que se refiera en términos divisivos (de forma explícita o implícita) a cualquier grupo religioso o étnico por razones electoralistas.

El presidente ejecutivo de la PHAA, Michael Moore, dijo que no había ningún vínculo inherente entre cualquier religión y los actos de terrorismo:
Si nos fijamos en el terrorismo y el IRA, no creo que mucha gente culpara al cristianismo de terrorista cuando era claramente una cobertura. De hecho, no hay nada intrínseco en el cristianismo que se relacione con el terrorismo.

¿Desde cuándo los funcionarios de la salud pública están cualificados para hacer declaraciones de autoridad sobre la teología del islam o su vinculación con el terrorismo islámico?

El psiquiatra musulmán Tanver Ahmed discrepó. En junio, hablando del desproporcionado foco que ponen los medios australianos en la "islamofobia", dijo:
Aunque pueda haber muchos factores en el origen del terrorismo, los terroristas islámicos, por abominables que sean sus actos, suelen estar haciendo simplemente lo que les dictan las escrituras.

Mientras que las autoridades australianas se apresuran a declarar que el terrorismo islámico no tiene nada que ver con el islam, es elocuente que hayan hecho referencia al islam o a la cultura islámica para exonerar a los musulmanes en varias ocasiones. En abril, pese a declararse culpable de agredir sexualmente a ocho mujeres y chicas en una playa de Queensland, un joven afgano fue absuelto. El motivo de la absolución: "diferencias culturales". Según el juez, "ver a las chicas en bikini es distinto al entorno en que creció". El adolescente recibió una sentencia de dos años de libertad condicional sin ser condenado a cárcel por nada.

Similarmente, en 2014, un delincuente sexual y pedófilo fichado por la policía, Ali Yafari, fue acusado de intento de secuestro de menores. Sin embargo, la policía australiana retiró los cargos contra él después de que un magistrado les dijera a los fiscales que le iba a resultar difícil declarar culpable a Yafari. Según las informaciones de prensa:
El magistrado Ron Saines dijo que, si él juzgase el caso, tendría dudas razonables, citando las "diferencias culturales" como un factor, que le llevarían a desestimar las acusaciones.

En Australia, según los jueces, las mujeres y los niños deben aceptar las agresiones sexuales porque forma parte de la "cultura islámica" de sus atacantes. Parece como si en algunas partes de Australia esta "cultura islámica" hubiese sustituido al Estado de derecho.

Un reciente estudio pagado con dinero público sobre la violencia doméstica es un ejemplo de la tendencia, en ciertas partes de Australia, hacia el reemplazo de los valores australianos por los islámicos. Según el estudio, si bien los refugiados están agradecidos por la "paz, la libertad, la atención sanitaria y la educación", el "principal punto de discordia" es el asunto de los derechos de las mujeres y los niños:

El estudio, realizado a lo largo de tres años, financiado por el Consejo de Investigación Australiano, concluye: "Muchos refugiados consideran algunos derechos humanos, en particular los relacionados con los derechos de las mujeres y los niños, como un obstáculo para lograr asentarse en Australia.

Dice que algunos refugiados sostienen que "los derechos de las mujeres y los niños contravienen los valores culturales, las normas y principios" de sus grupos étnicos.

El estudio apelaba a la "sensibilidad cultural y la comprensión del impacto sobre los refugiados varones y [...] sus sentimientos de aislamiento y desengaño".

La violencia doméstica en los hogares musulmanes ya es un tema candente en Australia. Keysar Trad, expresidente de la Federación Australiana de Consejos Islámicos, le dijo a Sky News en febrero que un marido enfadado puede pegar a su mujer "como último recurso". En abril, la sección femenina de la organización islámica Hizb Ut-Tahrir publicó un vídeo en Facebook de un evento sólo para mujeres en Sídney, en el que dos mujeres hacían una demostración de maltrato a la esposa y lo llamaban "una hermosa bendición".

El acomodamiento del islam en Australia también toma otras formas. Este año, por Ramadán, los presos musulmanes de dos cárceles de máxima seguridad del estado de Victoria recibieron en sus celdas microondas pagados por los contribuyentes para todo el mes, para que pudiesen calentar su comida tras la puesta de sol, cuando pueden romper el ayuno. Al parecer el asunto causó malestar entre los presos no musulmanes.

En Auburn, a las usuarias musulmanas de una piscina se les habilitó una piscina separada con cortinas, para que pudieran bañarse sin que las vieran los usuarios masculinos. Belgravia Leisure, que administra las instalaciones, dijo: "se instaló la cortina para superar las barreras culturales y animar a las mujeres musulmanas a usar la piscina". El director general de la empresa, Anthony McIntosh, dijo que era "una medida para hacer accesible la piscina a todos los grupos culturales".

Nada de lo anterior, sin embargo, parece ser suficiente para apaciguar los sentimientos musulmanes. En marzo, Anne Aly, la primera diputada musulmana de Australia, dijo que las leyes de discriminación racial se deberían ampliar para cubrir las ofensas basadas también en la religión. El gran muftí de Australia, Ibrahim Abu Mohamed, ha expresado opiniones parecidas.

En junio, el Consejo Islámico de Victoria presentó una solicitud de investigación parlamentaria que pedía al Gobierno:
Crear espacios seguros que necesitan urgentemente los jóvenes musulmanes para reunirse y hablar de una variedad de temas en términos emocionales, donde puedan ser sinceros e incluso utilizar palabras que en un espacio público resultarían incendiarias.

Es decir, ¿los musulmanes deberían tener un "espacio seguro" pagado con dinero público donde puedan incitar sin estorbos contra los australianos?

Algunos musulmanes han decidido crear un "espacio seguro" por su cuenta, apartado del resto de la sociedad australiana. En Brisbane, la Universidad Islámica Internacional de Australia prevé crear un enclave exclusivamente musulmán, que incluye: una mezquita de 1.970 metros cuadrados, un centro residencial y de cuidado de ancianos de tres plantas, 3.000 metros cuadrados para espacios comerciales y 120 apartamentos, además de nuevas aulas y centros de atención infantil para 2.000 alumnos. El lugar existente ya acoge la universidad, que da servicio a los alumnos desde el parvulario hasta bachillerato. Hasta ahí llega el "multiculturalismo".

Claramente, el apaciguamiento no está funcionando. Nunca lo ha hecho. El apaciguamiento, en realidad, parece causar por lo general el efecto contrario. He aquí algunos recientes ejemplos de cómo las medidas políticas australianas han funcionado últimamente:
En abril, un cristiano de Sídney que llevaba una cruz fue atacado por una banda de jóvenes musulmanes, quienes, gritando "Alá" y "que le j. a Jesús", lo asaltaron y le tiraron la cruz al suelo con violencia. Según el pastor bautista George Capsis, este era el cuarto ataque de ese tipo contra un cristiano en Sídney en los últimos seis meses.

En el instituto Punchbowl Boys de Sídney —uno de los 19 colegios en Nueva Gales del Sur identificados como en riesgo de radicalizar a los estudiantes musulmanes—, los alumnos fueron "presionados para que asistieran a reuniones de oración diarias, conferencias sobre el Corán e incluso para que se cortasen el pelo, por parte de compañeros que les acosan para que se ajusten al islam".

Los 19 centros escolares en riesgo participan todos en un programa contra la radicalización, pero el director del instituto Punchbowl Boys, Chris Griffiths, converso al islam que desde entonces ha sido despedido, se ha negado a participar en él; dijo que no se sentía cómodo con "con que se vigilase a los grupos de oración o con la 'estigmatización' de la escuela".

Griffiths no tendría que haberse preocupado. Al parecer, esos programas contra la radicalización no funcionan muy bien. En marzo, un adolescente de Sídney que estaba en un programa antirradicalización se declaró culpable de planificar un atentado terrorista el Día ANZAC en 2016. El adolescente fue acusado de intentar conseguir una pistola para su propósito de atentar el 25 de abril; y después, cuando eso le falló, un manual para fabricar una bomba.

En marzo, una profesora de la escuela de primaria de Punchbowl dimitió después de que ella y su familia recibieran amenazas de muerte de los niños de la escuela; en algunas decían que la iban a decapitar:
Dijo que los alumnos la atacaron cuando les prohibió colgar una bandera siria en el aula. [...] Muchos de los estudiantes han hablado de familiares que están librando la guerra en Siria, y ha habido alumnos que se han marchado a mitad de una clase para ir a rezar.

Según las informaciones de los medios, las quejas de la profesora al Departamento de Educación de Nueva Escocia del Sur fueron desestimadas.

La yihad también llegó a Australia en el último Ramadán. Después de que el ISIS les dijera a sus seguidores que atacaran a los infieles "en sus casas", Yacqub Jayre, musulmán australiano, se lo tomó al pie de la letra. El 5 de junio, en un apartahotel de un adinerado barrio de Melbourne, tomó como rehén a una mujer, mató a otro hombre, y después, durante el ataque, llamó a un canal de televisión y dijo que el ataque lo cometía por el ISIS y Al Qaeda. Pero a la policía australiana no se la engaña fácilmente: en su momento dijeron que el terrorismo era sólo una "línea de investigación". Jayre, inmigrante somalí, resultó ser un viejo conocido de las autoridades. De hecho, había sido absuelto de la acusación de preparar un atentado en una base militar de Sídney en 2010; había cumplido penas por provocar incendios premeditados y otros delitos violentos, y se le había concedido la libertad provisional en noviembre de 2016.

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Sánchez, por el camino a ninguna parte del PSC

EDITORIAL El Mundo 16 Julio 2017

Si Pedro Sánchez logró recuperar la Secretaría General del PSOE en el último Congreso Federal fue, en gran medida, gracias al respaldo de los socialistas catalanes. Miquel Iceta fue uno de los principales ganadores de aquella batalla, y de ahí que Ferraz empiece a aceptar casi al completo las tesis de su partido hermano en Cataluña. Tanto el viernes, después de la reunión conjunta de las ejecutivas del PSOE y el PSC, como en el acto de ayer de proclamación de la candidatura autonómica de Iceta, Sánchez defendió el concepto de "nación de naciones", blandió un documento que rebasa la Declaración de Granada de 2013 -el documento que pactaron los barones sobre el modelo territorial- y trató de situarse en una postura equidistante entre el rupturismo de los separatistas y el supuesto inmovilismo del Gobierno. Sánchez comete un error asumiendo el camino a ninguna parte del PSC. Primero porque las ambigüedades y las políticas paliativas ya no sirven en un escenario en el que está en riesgo la unidad nacional. Y, segundo, porque resulta completamente estéril coquetear con el independentismo en materias tan relevantes como la descentralización de la Justicia o la mejora de la financiación para Cataluña.

En realidad, lo que Sánchez está haciendo es llevar al PSOE al marco político en el que lo situó Zapatero en aquella aciaga aventura de la reforma del Estatut. También entonces el PSOE abrazó las tesis del PSC de Maragall -Sánchez aludió ayer expresamente al ex presidente de la Generalitat para defender la plurinacionalidad- y también entonces el PSOE buscó la complicidad de buena parte del nacionalismo a mayor gloria de sus réditos electorales. Pero aquella operación política fue un completo fracaso y, en buena medida, se convirtió en el origen de la deriva que ha conducido a Cataluña a una vía muerta. Sánchez ha comprometido su apoyo al Ejecutivo para frenar el referéndum ilegal y unilateral del 1 de octubre. Pero, a renglón seguido, propone articular soluciones "políticas", la primera de las cuales consiste en iniciar en septiembre una reforma de la Constitución -que sólo podría salir adelante con el apoyo del PP- para sustituir el Estado de las Autonomías, cuyo sustento legal reside en el Título VIII de la Carta Magna, por un sistema federal que los socialistas no han sido capaces de concretar en ninguno de sus documentos. Ni en la Declaración de Granada ni tampoco en ésta última de Barcelona, fraguada en función de los intereses del PSC.

Plantear una reforma constitucional nada menos que para modificar la organización territorial sin contar con el PP es una equivocación de bulto y un brindis al sol. Máxime si el PSOE pretende hacerlo acercándose peligrosamente a algunos de los postulados esgrimidos de manera recurrente por el separatismo catalán. No sólo por aferrarse a la plurinacionalidad del Estado, un concepto que Susana Díaz ha laminado en la ponencia con la que relevará su liderazgo al frente del PSOE andaluz, sino por pretender volver al Estatuto de 2006, que el TC ya declaró parcialmente inconstitucional. Los socialistas proponen ahora aumentar la inversión en Cataluña, eliminar las provincias y crear un Consejo de Justicia. Esta medida supondría la ruptura del Poder Judicial en España y podría generar el riesgo de derivar hacia la impunidad de delitos -especialmente ligados a la corrupción- que arrastra el nacionalismo catalán. Tampoco parece razonable acometer una mejora de la financiación autonómica para Cataluña desde una relación bilateral entre el Gobierno y la Generalitat porque esa es una asignatura pendiente que atañe al cojunto de las comunidades autónomas del régimen común.

El PSOE debería saber que no caben atajos en la defensa de la Constitución. Porque lo que se dilucida en Cataluña, al socaire del delirio independentista, no es un problema político que pueda solucionarse con ocurrencias más o menos reformistas, sino la preservación de la ley, la democracia y la soberanía nacional.

Cataluña: La mano a la cartera
Alfonso Rojo. Periodista Digital 16 Julio 2017

El año pasado, la autoridad competente les cascó 300.000 euros de multa a cada una de las cuatro grandes compañías tabaqueras por promocionarse ‘irregularmente', que no fue otra cosa que pegar a troche y moche cartelitos publicitarios en las máquinas expendedoras.

Hubo algún estanco al que le cayó encima una sanción de 12.000 euros por regalar mecheros y más de cuatro mil bares y restaurantes a los que endiñaron penas de 600 hasta 10.000 euros por dejar fumar a sus clientes, no controlar la venta de cajetillas y nimiedades parecidas.

Les digo esto no porque yo sea aficionado a los habanos y esté frustrado. Tampoco me dedico a la hostelería. Pero ayer escuché al nuevo portavoz del Govern catalán y me acordé de lo del fumar y los riesgos que conlleva.
El tal Jordi Turull aseveró muy serio que cualquier paso que tenga que dar para organizar el eventual referéndum ilegal del 1 de octubre "no será un problema, sino un honor".

Añadió que su determinación es absoluta, por lo que avisa al Estado español de que no lo podrán frenar. La misma chulería con que su colega Joaquim Forn, flamante conseller de Interior, asegura que dará órdenes a los Mossos d'Esquadra para quller e el 1 de octubre garanticen la jornada electoral.

Restan 77 días para el día que Puigdemont, Junqueras, sus compinches de las CUP, Podemos y resto de cuadrillas han fijado como plataforma para declarar a Cataluña independiente de España, pero antes de esa fecha tenemos varias jornadas relevantes.

La primera y más acuciante es la de mañana, cuando la Generalitat ha previsto comprar oficialmente las fatídicas urnas.

Al parecer, las tienen ya almacenadas y son -como no podía ser de otra manera- modelo ‘Made in China'.

Llevo muchos meses sosteniendo que en este embrollo de Cataluña, la mejor opción que tiene el Gobierno de España no está en el Código Penal, que también, sino en eso tan letal que se conoce como ‘sanción administrativa'.

Y doy por supuesto que si por echar unas caladas al cigarrillo en la barra de una taberna te pueden limpiar hasta 10.000 euros de la cuenta corriente, a Turull, Forn y demás ‘compañeros mártires' -todos ellos solidarios en la tropelía independentista- les sacudirán este martes por lo menos 100.000 a cada uno. O un millón, para hacer los números redondos y que el personal entienda de que va la música. Y a quien alegue falta de fondos, pues se le embarga la casa y parte del sueldo, lo que sumado a la inhabilitación para cargo público tiene que escocer bastante.

Junqueras y los nuevos héroes del Fossar de les Moreres
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 16 Julio 2017

“Que nuestro president nos convoque a un referéndum para el que no hay censo, ni junta electoral, ni funcionarios, ni locales, ni urnas, ¿no da risa? Que presida el Gobierno un señor que no se presentó para ese cargo, y su proyecto estrella sea uno que no figuraba en el programa, ¿no es para llorar? Que un Gobierno adopte una iniciativa de inmensa trascendencia, con el evidente fin de que otro Gobierno la prohíba, ¿no parece una broma? Que nos digan que una decisión traumática e irreversible se podrá tomar por un voto, sin umbral mínimo de participación, ¿no es alarmante? Que la voluntad de quienes en esas condiciones nos negamos a votar (el 9-N fuimos el 63%) no cuente para nada, ¿no es motivo de furia?” El explosivo párrafo transcrito pertenece a un artículo aparecido en La Vanguardia este jueves que, firmado por la escritora y ensayista barcelonesa Laura Freixas, resume a la perfección el clima de cabreo y hartazgo que embarga a millones de personas, en Cataluña y en el resto de España, con el infecto vodevil del proceso independentista catalán.

¿Reír o llorar? Esa es la cuestión. La “remodelación”, vulgar corte de cabezas, del Govern llevada a cabo el viernes por Puigdemont y Junqueras, da ciertamente para unas risas. Según la versión del gerundense, los consejeros cesados le habrían ofrecido gentilmente el cargo a la manera que los santos mártires de la Iglesia ofrecían su cabeza al verdugo, San Dionisio de París sin ir más lejos, o le indicaban con la mano, la testa sobre el cepo, el sitio preciso del cuello donde debía pegar le tajo, caso de las santas Felicidad y Perpetua. La realidad es mucho más prosaica. Se trata de una purga en toda regla a la estalinista manera, en la que tibios, pacatos, cobardes o simplemente sensatos, capaces de mostrar alguna duda razonable sobre la locura de esa nueva Albania que una minoría quiere imponer a la mayoría, son pasados por las armas sin miramientos. Algunas reflexiones interesantes al respecto:
A

Por fin el Gobierno Rajoy ha dado con la tecla. Ha tardado 5 años, pero parece que por fin lo ha entendido. Ha comprendido que la clave para combatir al secesionismo está en el bolsillo. En ese dicho tan catalán de “la pela es la pela”. Lo puso en evidencia el consejero Jordi Baiget, no solo al manifestar dudas sobre la viabilidad del referéndum (“el Estado tiene tanta fuerza que probablemente no se podrá hacer”), un secreto a voces, porque sería muy difícil encontrar hoy entre los altos cargos de la Generalitat a alguien que no manifieste la misma desazón con la deriva del prusés, sino, mucho más importante, porque el conseller abrió la caja de los truenos al asegurar que “Yo podría aguantar tener que ir a prisión, pero no si van contra el patrimonio; pensamos en la familia, nuestras decisiones pueden afectar a nuestras familias”.

Ahí le duele. El patrimonio. La pasta. Baiget fue decapitado de inmediato, pero ya era demasiado tarde, ya se había descubierto el pastel, el secreto de Polichinela que a los mentecatos de Moncloa tanto les ha costado descifrar: que nadie se quiere jugar su patrimonio. Nadie quiere que al delito de desobediencia se le sume el de malversación de caudales públicos con la consiguiente responsabilidad subsidiaria afecta al patrimonio personal. Leído este jueves: “El Tribunal de Cuentas ultima sus primeras decisiones sobre la denuncia contra Mas, Ortega y Rigau por supuestas responsabilidades contables en relación con la consulta del 9-N”. Ahí le duele. De donde se infiere que si los Rajoy, Montoro y compañía hubieran sido un poco más estrictos a la hora de financiar el proceso secesionista mediante los FLAs de turno, otro gallo nos hubiera cantado y probablemente no estaríamos ahora en la encrucijada en la que nos hallamos.

Oriol Junqueras es de facto el presidente de la Generalitat. En pleno maremoto provocado por la “revolución Baiget”, el de la mata de pelo estilo fregona Vileda no tuvo mejor idea que pretender nombrar a Junqueras una especie de alto comisionado para la cosa de la organización del referéndum del 1 de octubre, y a Junqueras le dio un ataque de risa. La pelea por ver quién firma y quién no cualquier papel comprometedor se ha convertido desde hace meses en un auténtico pulso entre los capos del prusés. Como era de prever, el líder de ERC dijo que verdes las han segado. Y además contraatacó con una lista de la compra, previamente negociada con Artur Mas, el gran emboscado, que exigía la destitución de los consejeros tibios o acollonados, todos de PDECat, claro está, y el compromiso de los nuevos de asumir de forma colegiada las responsabilidades políticas y judiciales derivadas de la puesta en marcha del fiestón indepe.

Los nuevos héroes del Fossar de les Moreres
Y naturalmente hubo corte de cabezas. La aparición en la rueda de prensa posterior del vicepresidente de la Generalidad en un plano de absoluta igualdad con el president, escenifica lo que es ya un secreto a voces: que Oriol es el gran capo del prusés, que Junqueras reina sobre Puigdemont, de la misma forma que ERC reina sobre los escombros de la antigua Convergencia. Lo más divertido es que el orondo líder de Esquerra, que se ha puesto el hombre como un tonel, no tiene la menor intención de firmar nada, porque ya se ha encargado él de que así sea: será Jordi Turull, un tipo que está en política desde los 16 años, desagradable de trato y fanatizado en extremo, quien se haga cargo desde la consellería de Presidencia de los preparativos del referéndum, del mismo modo que Joaquim Forn, otro independentista de toda la vida, otra cara pétrea a lo Junqueras, se encargará como conseller de Interior de impedir que los Mossos cumplan las órdenes del ministro Zoido llegado el caso. He ahí un par de héroes de nuestro tiempo dispuestos a inmolarse en el Fossar de les Moreres como padres putativos de la patria catalana. Son los camicaces de Puigdemont.

Una crisis cerrada en falso. “El ambiente en el seno del Govern es asfixiante: suspicacias entre compañeros de gabinete, temores expresados a medias por miedo al apelativo de traición y sospechas de escuchas telefónicas que llegan a la paranoia aunque quizá tengan alguna base real”. Así describía este jueves un diario catalán la situación que se vive en el Palau de la Generalitat. Una paranoia que anuncia el principio del fin, y ello porque los planes de Junqueras caminan en dirección contraria a los de ese patético Puigdemont enamorado del cargo que le cayó en suerte. La estrategia del líder de ERC apunta a terminar de hacer añicos al PDECat, para reinar sobre la Cataluña de derechas con un tripartito de izquierdas integrado por el PSC y En Comú Podem. De donde se infiere que don Oriol no va a correr el menor riesgo de ser inhabilitado como candidato a unas Autonómicas, y mucho menos ser imputado por malversación de caudales públicos, con la correspondiente pena de prisión y embargo de patrimonio.

¿Existe riesgo de algaradas callejeras? No es descartable que algo parecido se produzca, consecuencia de la frustración provocada al final de este camino sin retorno por gente como los antisistema de la CUP, esa vanguardia revolucionaria dispuesta a hacer de Cataluña algo más parecido a Siria que a Dinamarca. La aparición en escena de radicales como Joaquim Forn (horno), presagia el final de toda esperanza en lo que a cumplimiento de la legalidad democrática y respeto a las reglas del Estado de derecho se refiere. Los profetas dispuestos a inmolarse no podrán, sin embargo, contar con demasiada ayuda a la hora de la verdad. En Comú Podem (la coalición formada por Podemos, ICV y los “comunes” de Ada Colau) van a tratar de aprovechar el fiasco de la burguesía independentista para convertir Barcelona en la plataforma catalana del 15-M madrileño, trabajando activamente por la formación de un Gobierno de izquierda radical. Ningún interés en implicarse en un referéndum abocado al fracaso.

La gran amenaza se llama ahora Pedro Sánchez
A Mariano Rajoy le vuelve a salir la jugada. La estrategia consistente en dejar que el Movimiento Nacional catalán se cueza a fuego lento en la salsa de su radicalismo le sigue dando buenos frutos, para sorpresa de quienes le reclaman un papel mucho más activo a la hora de combatir el golpe del Estado independentista. El prusés está ya como un buen bacalao al pil-pil: de coge pan y moja. Pero Mariano dejará que la olla termine por explotar en su momento. ¿Cuándo? Cuando su desactivación no le exponga de forma automática a una moción de censura que muy probablemente se prestaría a lanzar el gran Pedro Sánchez en alianza con las tropas de Pablo Iglesias y los restos del independentismo. Ergo cuando a Mariano le convenga, es decir, lo más cerca posible de unas elecciones generales en las que el gallego pueda recoger las nueces de un crecimiento económico ciertamente espectacular como el actual, con la promesa de esos 20 millones de empleos a las puertas del año 2020.

“Artur Mas se lo jugó todo al desastre económico de España, y perdió porque no se esperaba la recuperación”. Con esta ilustrativa frase explicaba días atrás el presidente de Foment y vicepresidente de CEOE, Joaquim Gay de Montellà, lo que ha sucedido en Cataluña en los últimos años. Ahora mismo la tormenta en el horizonte, la principal amenaza que se cierne sobre el futuro de España, muy por encima de Puigdemones y Junqueras, se apellida Sánchez y milita en el PSOE: he ahí un hombre dispuesto, cual nuevo Zapatero, a una reforma de la Constitución que “reconozca las aspiraciones nacionales” de Cataluña. Presto, pues, a hacerle el boca a boca a un independentismo que se ahoga y que fácilmente podría quedar noqueado para los próximos 20 años. Para tranquilidad de catalanes y resto de españoles. El eterno problema del socialismo español.

«Estamos hartos del procés»
Los embajadores en España muestran malestar por un proceso «totalitario»
Salvador Sostres Madrid. ABC 16 Julio 2017

Los embajadores en España están «hartos» del proceso independentista, de las «mentiras y trampas» de sus líderes. Aunque por su cargo tienen que extremar el cuidado en sus manifestaciones públicas, cada vez son más los que entre ellos y en voz alta, en algunos encuentros informales, expresan su malestar por un movimiento que ven «totalitario, populista y sin ninguna posibilidad».

A pesar de que la estrategia de la comunidad internacional en este conflicto ha sido la de limitarse a decir que se trata de «un asunto interno español» para recalcar su apoyo a España y a su legalidad y darle carta blanca para que tome las medidas que tenga que tomar para resolverlo, la mezcla letal del rechazo que produce en Europa la naturaleza misma de cualquier intentona secesionista en un Estado miembro y de la irritación que causa el desprecio por la Ley, las mentiras, la falta de libertad de expresión de los contrarios a la secesión y las malas artes pseudodiplomáticas que practica el gobierno de la Generalitat, han provocado un hartazgo y una animadversión tales que los líderes europeos más relevantes han ido mucho más allá de lo esperable en la explicitación de su oposición al separatismo catalán.

Si Juncker había sido más comedido que Durao Barroso hasta ahora, el miércoles se despachó a gusto dejando claro que salirse de España es lo mismo que salirse de la UE. También la muy prudente y mesurada señora Merkel dijo hace pocas semanas que Cataluña tiene que cumplir las leyes españolas. Para refutar cualquier tentación independentista de acogerse al derecho de autodeterminación, la ONU, tan sensible a las causas más perdidas, ha certificado que Cataluña no es una colonia. La Comisión de Venecia, a la que también los independentistas acudieron, resolvió que solo se puede hacer un referéndum si está dentro del marco legal del país: y cuando Puigdemont quiso darle la vuelta a su inequívoco veredicto, emitió insólitamente otro para aclarar cualquier duda y desautorizar las trampas dialécticas del presidente de la Generalitat.

Todo esto pesa y mucho en la idea que de este conflicto tienen los países de la UE, como la noticia que publicó esta semana «La Vanguardia» explicando que el Gobierno había propiciado un acercamiento a la Generalitat basado en un plan de 45 mejoras para Cataluña y que Puigdemont no se había ni sentado a negociar, quedando retratado ante los países civilizados como un político terco e inflexible.

Pero el fracaso del independentismo no sólo ha sido político, sino también estratégico. «Peor no se podía hacer», dice uno de los embajadores más importantes. «Nos bombardean con mails. Muchos de mis colegas lo borran de su ordenador o lo guardan en carpetas como «fake news» y «freak news». Cuando llama alguien de alguna asociación cultural catalana a una embajada para presentar algo, por muy inocente que parezca, saltan las alarmas porque en el 95 de los casos es una trampa para vender la independencia».

Por eso los embajadores de la UE comentan entre ellos que están absolutamente hartos y detectan con alivio que la independencia está perdiendo adeptos. Lo ven como un asunto de una minoría que puede hacer mucho ruido por las ingentes cantidades de subvención que reciben. Ningún país bien informado –porque una cosa es que Cataluña sea un asunto interno español y la otra es que los Estados serios no estén perfectamente al corriente de lo que ocurre en cada rincón de la Unión– cree que el llamado «procés» sea democrático ni mucho menos que se base en «las sonrisas». Han detectado la evidente violencia que subyace.

Preocupa especialmente la absoluta falta de libertad de expresión de los medios de comunicación catalanes, públicos y privados, lo que se entiende como un recurso absolutamente dictatorial y facilita la compración de los separatistas con movimientos populistas como el Frente Nacional fracés. Siguiendo con Francia, su gobierno ha protestado ya dos veces ante España por la injerencia de los independentistas en el sur de su país. Están profundamente indignados y entiende que una Cataluña independiente les puede causar problemas de contagio.

En Occidente –y es grotesco tenerlo que recordar– no existe democracia sin respeto de la Ley. Por eso la forma de actuar de los políticos separatistas choca con las convicciones de cualquier democracia moderna y tiene su más absoluta reprobación.

Preguntados estos cónsules y embajadores sobre cómo afrontarán –en caso de producirse– la presión de masivas manifestaciones callejeras reclamando el referendo, todos coinciden en recordar que en 1968 el gobierno británico envío tropas a Irlanda del Norte y que en 1971 la Gran Bretaña entró en la UE. En 1998, después de 30 años y 3.000 muertos, se resuelve el conflicto y se retiran las tropas. En los 27 años que los británicos estuvieron con su ejército en su «provincia complicada» –que es como los embajadores consultados se refieren a Cataluña– y fueron al mismo tiempo ser miembro de la UE, ningún Estado miembro interfirió en este asunto interno: nadie se atrevió ni a opinar.

También a propósito del Reino Unido, y preguntados los mismos embajadores por si las empresas de sus países presionaran a sus gobiernos para que a su vez presionen a España en caso de que los independentistas colapse las vías comercial de Barcelona con Europa, su respuesta es igualmente contundente: «En Londres, con el Brexit, están en juego intereses económicos mucho más extraordinarios que en Cataluña y no hay ninguna empresa que esté forzando a su gobierno. Las empresas están acostumbrados a abrir, cerrar, reestructurarse y por supuesto mudar filiales. Es parte del día a día. A nadie le preocupa demasiado. Nunca gusta, pero no crea traumas».

Cualquier esperanza de empatía queda sepultada por la respuesta del embajador de uno de los países a los que tanto suelen referirse los independentistas cuando explican la Cataluña que quieren.

–¿No siente simpatía por un país pequeño como el suyo que quiere votar para decidir su futuro?
–En mi país los independentistas tienen el mismo nivel de popularidad que los testigos de Jehovà.

Seamos claros: aman a Otegi y detestan a Miguel Ángel Blanco
EDUARDO INDA Okdiario 16 Julio 2017

La gran conclusión de toda esta semana de recuerdo a uno de los grandes héroes de nuestra democracia es cómo hemos cambiado. A peor, obviamente. Nuestra sociedad es notablemente más pobre en términos morales que la que hace 20 años, en el verano de 1997, se echó a la calle en toda España como nunca antes para exigir a la banda terrorista ETA que pusiera en libertad a Miguel Ángel Blanco. Un Miguel Ángel Blanco al que habían secuestrado como simple venganza, en aplicación de las leyes mafiosas que imperan en ese imperio del mal. Vendetta por haber conseguido liberar sano y salvo a José Antonio Ortega Lara tras 532 días y 532 noches encerrado en un zulo de dos por uno a cinco metros bajo tierra. Así se las gastaban estos hijoputas cuya trayectoria sanguinaria algunos indeseables quieren borrar de la memoria histórica y del imaginario colectivo. Al punto que escuchando a todas estas hienas parece como si ETA nunca hubiera existido o, al menos, como si fueran mejores de lo malísimos en todos los órdenes que realmente fueron. Mientras unos reescriben la historia otros nos dedicamos a recordarla parafraseando a Cicerón: “Los pueblos que la olvidan están condenados a repetirla”.

Y también forma parte ya del peor de nuestros acervos una maldad que parece inevitablemente acomodada en una parte sustancial de nuestra clase política. Antes había unos políticos razonables, otros menos razonables; unos más fanáticos, otros menos; unos incontrovertiblemente sectarios y otros indiscutiblemente moderados. Pero lo que nunca se vio en nuestra res publica fue maldad, mejor dicho, MALDAD con mayúsculas, exceptuando a esos etarras de Batasuna y sus satélites, algunos de ellos incluso en Cataluña. Es el caso de un Josep Lluís Carod-Rovira, que no dudó en reunirse en la localidad francesa de Perpiñán con el MAL a espaldas de su entonces jefe, Pasqual Maragall. Allí acudían antaño nuestros padres a deleitarse con películas subidas de tono cuando no directamente porno. Y allí que se presentó el a la sazón número 2 del Gobierno de Cataluña para celebrar un encuentro con la cúpula (los multiasesinos Josu Ternera y Mikel Antza) de la banda terrorista, que por aquel entonces acumulaba en su historial cerca de 900 víctimas mortales, el cuádruple o el quíntuple de huérfanos y viudas, decenas de secuestrados, miles de heridos, mutilados o quemados, decenas de miles de extorsionados y 250.000 exiliados. La petición del pájaro Carod-Rovira habla por sí sola: “No atentéis en Cataluña”.

La maldad al cubo ha presidido la política española en general y la de Podemos en particular en vísperas del vigésimo aniversario de ese 12 de julio que quedó incrustado a sangre y fuego en nuestro imaginario. Ese 12 de julio en el que todos los que teníamos uso de razón recordamos dónde nos encontrábamos. Ese 12 de julio en el que un terrorista al que espero Satanás acoja en su gloria a la mayor brevedad posible descerrajó dos tiros a cañón tocante a un concejal de Ermua cuyo salario era de 2,3 euros por Pleno. Miguel Ángel Blanco sobrevivió unas horas en estado comatoso porque el tal Txapote le disparó dos balas de pequeño calibre con un diabólico objetivo: que expirase poco a poco. Que sufriera. Mejor dicho, que sufrieran él y los suyos, que durante un breve lapso de tiempo se aferraron a la idea de que podía salir adelante por el mero hecho de que el óbito no se había producido.

Lo más heavy de todo ha sido, como no podía ser de otra manera, la actitud repugnante y repulsiva de Podemos. Lo esperado en una formación cuyo líder daba mítines con proetarras en herriko tabernas. Lo habitual en un Pablo Iglesias que, según el periodista Fernando Lázaro, era el enlace en Madrid de Herrira, la asociación que agrupa a las ratas etarras encarceladas. Lo normal en una formación política que está de uñas desde hace una semana cuando su amiga y no menos generosa dictadura venezolana sacó de la cárcel a Leopoldo López para, acto seguido, recluirlo en la jaula de oro que es su vivienda de Caracas. No nos engañemos: si por ellos fuera, lo hubieran dejado tres años más en el presidio tercermundista de Ramo Verde. Tres o 30…

Podemos ha negado calles y placas conmemorativas a Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado en 48 horrorosas horas. Y lo ha hecho de norte a sur y de este a oeste. Para empezar, en La Tacita de Plata de ese Kichi que perdió las elecciones pero gobierna gracias a los votos del PSOE. Y para terminar, en la Barcelona de Ada Colau, ciudad maravillosa en la que se han bautizado calles con nombres tan alucinantes como “Movimiento Obrero”, “Olimpiada Popular” o “Sabino Arana”. Hay placa para el racista fundador del Partido Nacionalista Vasco (PNV) pero no para un Miguel Ángel Blanco que representa lo mejor de lo mejor de nuestra convivencia en libertad. Tan o más grave es la actitud del Ayuntamiento de Madrid que ha hecho un tres en uno: “No” a la calle, “no” al homenaje y “nones” también a la pancarta con el rostro del gran demócrata de Ermua en la fachada del Palacio de Cibeles, sede de la soberanía local en la capital de España.

Lo cual tiene bemoles si tenemos en cuenta que en ese mismo lugar luce desde hace dos años una cochambrosa pancarta con un lema que todos secundamos pero que, sobra decirlo, representa menos para los ciudadanos de Madrid que Miguel Ángel Blanco: “Welcome refugees [Bienvenidos refugiados]”. La simbología de un hombre que sacó a las calles de Madrid a cerca de 2 millones de personas es entre 100 y 200 veces superior. Como todas las comparaciones son odiosas, y algunas escandalosas, yo simplemente me cuestiono en voz alta: ¿por qué sí los refugiados, el Día del Orgullo Gay o la bandera de los indígenas bolivianos, lo cual me parece muy bien, y no el hijo de Miguel Blanco y Consuelo Garrido? Nada nuevo bajo el sol en una Manuela Carmena que siendo magistrada excarcelaba etarras prevaliéndose de las más fatuas excusas. Uno de los terroristas que pasó por sus manos quedó en libertad con una excusa de mal pagador que sería para reír si el asunto que estamos tratando no fuera para llorar: “Padece varices esofágicas [sic]”. Varices esofágicas que no le impidieron secuestrar al directivo del Athletic de Bilbao Juan Pedro Guzmán. Varices esofágicas de las que se descojonó literalmente semanas después de la gracia carmenita cuando juró y perjuró que no se arrepentía de nada y que se sentía orgulloso de pertenecer a ETA.

Mención aparte merece el malnacido de Pablo Hasél, el rapero santo y seña del movimiento podemita. El íntimo del sin vergüenza fiscal de Monedero ha acusado a Marimar Blanco de servirse del homenaje a su hermano para “insultar a las víctimas del fascismo”. ¿Se puede ser más gentuza? La verdad es que sí. El Hasél de hace dos semanas se superó a sí mismo: “Muchos temporeros durmiendo al raso están en peores condiciones que Ortega Lara… y sin haber sido carceleros torturadores”. Me pregunto yo si este nearndental suscribiría semejante animalada si lo metieran 532 días en un agujero de 3×2 cinco metros bajo tierra.

Lo de algunos socialistas tiene tela. Éstos no odian a Miguel Ángel Blanco como los podemitas. Entre otras razones, porque muchos compañeros dieron su vida en defensa de la libertad y el Estado de Derecho. ETA segó la vida de gentes como Enrique Casas, Paco Tomás y Valiente, Ernest Lluch, Juan Mari Jauregi y tantos y tantos otros. La explicación es más prosaica: o constituyen la excepción que confirma la regla de un PSOE coherente en esta materia, o son tontos o les puede su odio al PP. Como el miedo, la tontuna y el sectarismo son libres. Lo del PSOE de Lasarte es de expulsión inmediata. En primavera se negaron a condenar el asesinato de Froilán Elespe, ex vicealcalde ¡¡¡socialista!!! de un municipio llamado ¡¡¡Lasarte!!! El colmo de la ignominia habría de llegar este martes cuando también despreciaron pasivamente una moción que censura el terrorismo de ETA en general y rinde homenaje al muchacho que se metió en política en territorio comanche aun a sabiendas de que, como desgraciadamente sucedió, le podía costar la vida misma.

En este asunto no caben medias tintas: o estás con Miguel Ángel Blanco, que es tanto como decir con la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, o estás con sus victimarios. Cuando el dilema es la vida o la muerte, la libertad o la dictadura, la riqueza o la pobreza, el cumplimiento de la ley o la ilegalidad, el maniqueísmo es de obligado cumplimiento. Los que no están con Miguel Ángel Blanco se ponen, voluntaria o involuntariamente, del lado de sus verdugos.

Es lo que acontece con Pablenin, que ama desaforadamente a un Otegi al que definió como “el artífice de la paz en el País Vasco”. Manda huevos pues si ALGUIEN fue artífice de la paz en Euskadi es Miguel Ángel Blanco, cuya terrible peripecia provocó el nacimiento del Espíritu de Ermua, el verdadero tic-tac de los sicarios. El político de los piños color carbón olvida, además, que el que también define al estilo zapateriano como “hombre de paz” es un terrorista convicto y confeso que participó en el secuestro del ucedista y luego popular Javier Rupérez, en el intento de asesinato del padre de la Constitución Gabriel Cisneros y que hará cosa de un lustro fue condenado y encarcelado en su condición de “dirigente de organización terrorista”. Si este tipejo es un “hombre de paz”, yo soy virgen, cura o marciano. Que dejen de tomarnos por gilipollas con sus increíbles explicaciones y rindan homenaje a ALGUIEN que era mucho mejor ética y moralmente no sólo que ellos, eso es fácil, sino que el 99% de la clase política patria. Todos somos Miguel Ángel Blanco por mucho que algunos intenten manchar su recuerdo y apagar una llama, la suya, que es eterna. Ahí les duele a los totalitarios.

SE QUIEREN ACOGER A LOS BENEFICIOS PENITENCIARIOS BAJO DETERMINADAS CIRCUNSTANCIAS
Los terroristas presos de ETA ni se arrepienten ni van colaborar para esclarecer los 200 crímenes sin resolver
OKDIARIO 16 Julio 2017

Los presos de ETA han dejado claro que no van a renunciar a su lucha política ni van a colaborar con la justicia para esclarecer los más de 200 asesinatos de la banda terrorista que todavía quedan por resolver. Será cada recluso el que decida optar o no a los diferentes beneficios penitenciarios pero señala: “Que nadie nos pida ni el arrepentimiento político ni la colaboración para encarcelar o alargar las condenas de otros compañeros”.

El periódico proetarra Gara publica hoy un documento de conclusiones del EPPK tras completar un debate interno en el que se detalla la hoja de ruta para afrontar la vía legal por parte de los presos de ETA para buscar salidas para “la situación de los 330 encarcelados”.

El texto señala que habrá diferentes opciones en base a la situación jurídica de cada preso y será cada recluso quien decida iniciar las diferentes vías legales relacionadas con redenciones, destinos carcelarios, cambios de grado, permisos o libertades condicionales.

Pero el documento deja claro que no aceptarán ningún paso que pueda ir en contra de la militancia política o “que pueda ser políticamente utilizado para dañar el proceso de liberación”.

“Que nadie nos pida ni el arrepentimiento político ni la colaboración para encarcelar o alargar las condenas de otros compañeros. El tiempo de la confrontación armada quiere ser cerrado en el País Vasco y estando de acuerdo con esta oportunidad de futuro que nadie nos pida renunciar ni a nuestras ideas ni a nuestros objetivos políticos”, subraya.

La hoja de ruta marcada por el colectivo de presos etarras para “trabajar la vía jurídica” será la siguiente: cada preso se hará con su dossier jurídico y estudiará con los abogados las opciones que hay en base a la legalidad actual.

Ese informe de cada preso se trasladará en primer lugar a la dirección del colectivo, luego a los ciudadanos “para que en los pueblos sepan” cuál es la situación y posteriormente estará en manos de cada preso los pasos a dar.

En el caso de quienes fueron encarcelados “a raíz de declaraciones obtenidas bajo tortura” se pedirá la revisión de los casos.

“Nos valdremos del recorrido de la vía legal para conseguir nuestra libertad, porque la superación del conflicto así lo exige. Somos conscientes de que la legalidad vigente nos lleva por el camino contrario, que no hay salida”, añade el documento.

El EPPK asegura que, aunque su principal reivindicación es la excarcelación de “todos los rehenes”, pedirán el reagrupamiento de todos los reclusos en la cárcel alavesa de Zaballa y en la francesa de Mont de Marsan.

No obstante, el EPPK daría “por bueno” todo agrupamiento, todo acercamiento, toda excarcelación aunque el agrupamiento “sea parcial, el acercamiento no sea al País Vasco o la excarcelación no sea definitiva”. “Todo aislamiento, todo alejamiento y todo encarcelamiento lo entenderíamos como negativo y le plantaríamos cara luchando”, subrayan.
 


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